Shum, ilustrador antifascista

La biografía del dibujante popularmente conocido como Shum (pero también como Joan Baptista Acher, El poeta de las Manos Rotas o El Poeta), quizá no suficientemente conocida, constituye un ejemplo de lo que fueron muchas otras trayectorias vitales de creadores anarquistas del siglo XX que, debido al empleo de seudónimos y al paso a la clandestinidad, apenas han dejado rastro o este es muy difícil de seguir.

shum

Alfons Vila i Franquesa.

Tras la firma Shum que empleaba en su obra gráfica se ocultaba Alfons Vila i Franquesa (1897-1967), quien antes de cumplir los doce años, a la muerte de su madre, se trasladó de su Sant Martí de Maldà a Terrassa y posteriormente a Barcelona, malviviendo del dibujo (retratos y caricaturas) en los cafés. En los años finales de la Gran Guerra (1914-1918) se encontraba en París, donde se imbuyó del ideario anarquista, antes de su regreso a la península en los primeros años veinte. Comprometido con el anarquismo activo, en 1921 participó en el atentado contra el concejal carlista barcelonés Salvador Anglada y, tras el fallido contra Martínez Anido, posteriormente fue detenido y encarcelado a raíz de un accidente mientras manipulaba explosivos en un piso franco. Condenado a muerte, pasó entonces por la prisión Modelo y por el Penal de El Dueso, desde donde empezó a mandar ilustraciones para publicaciones periódicas catalanas como la efímera El Senyor Daixonses/ La Senyora Dallonses (1926) y la más consolidada L´Esquella de la Torratxa (1872-1939), además de iniciarse como ilustrador de libros con cubiertas como la de Quinet, de Felipe Alaiz en HOY en 1924 o con nueve dibujos a color y uno a tinta que aparecieron en la traducción que el también preso José Donday (alias «Pildorita») hizo de El fantasma de Canterville. Cuento panteoidealista, de Oscar Wilde, impreso en la Juan Sallent de Sabadell en 1926. Del año siguiente es la cubierta para La ascensión de Maria. Novela de los bajos fondos barceloneses, de Ángel Samblancat (1885-1963), en la Colección Ideal de Bauzá. Ya en esos años fue un ilustrador muy prolífico de las editoriales y colecciones anarquistas barcelonesas (La Novela Ideal, La Novela Social…).

lirarebeldeTambién de los años veinte, es la cubierta que dibujó para Letras. Lira Rebelde, un volumen de poemas de Elías García, prologado por Ramon Magre y con algunas láminas del pintor uruguayo establecido en L´Hospitalet Rafael Barradas (1890-1929) para la Editorial Lux, que en 1927 reapareció reentapado en tela en la editorial Vértice. Resulta un poco chocante que fuera la escritora Concha Espina (1869-1955) quien emprendiera una intensa campaña para obtener el indulto para el joven Shum, a la que se sumaron enseguida diversos periódicos (con Solidaridad Obrera a la cabeza) y destacadas personalidades del mundo de la cultura como Ramón Mª del Valle Inclán, los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, Jacinto Benavente, Henri Barbusse, Rafael Altamira, Santiago Ramón y Cajal y un larguísimo etcétera. Liberado finalmente en 1931, después de haberle sido conmutada la pena capital por cadena perpetua, regresa a Barcelona, momento que Victor Alba recordó del siguiente modo: «a mediados de febrero, con la amnistía [empezaron a dejarse ver] nombres de exiliados que volvían o de presos que salían de prisión: el dibujante Shum, con una mano lisiada por una bomba de estar por casa que le había explotado». Una vez en Barcelona, crea el Grup dels Sis, con Hélios Gómez (1905-1956), Josep Bartolí (1910-1995), Marcel·lí Porta (1903-1979), Lluis Elias (1896-1953) y Alfred Pascual i Benigani (1902-1995) y colabora en publicaciones políticas, satíricas y humorísticas vinculadas a las izquierdas como L´Opinió, La Humanitat, La Campana de Gracia, etc. Con Maroto, es también uno de los principales ilustradores de la cabecera madrileña Post-guerra (1927-1928).

fantasmas

Cubierta de 1932.

De 1928 deben de ser sus colaboraciones en el hebdomadario fundado por el comunista Henri Barbusse Monde de París, que menciona Vicente Llorens en Memorias de una emigración, y cuyo comité de redacción da buena muestra de su vocación internacional: Albert Einstein, Mathias Morhardt, Upton Sinclair, P. Fireman, Miguel de Unamuno, Maxim Gorki, Mihaly Karoly y Manuel Ugarte. Pero ya en los años treinta empieza a publicar en Papitu y en algunas cabeceras próximas a la CNT, y 1934 es nombrado vocal de la Junta de Museos de Barcelona, cargo que ocupa hasta el inicio de la guerra civil española, cuando entra a formar parte del Sindicat Professional de Dibuixants; pero no tarda en alistarse y combatir en el frente de Aragón (concretamente en Tardienta), si bien de esos años son también muchas cubiertas para la colección Los Pensadores de las valencianas Ediciones Estudios.

Concluida la guerra, pasa a Francia con su compañera Montserrat Ventós y sus hijos, donde iniciaron un periplo por tierras francesas (Chartres, Toulouse, Perpiñán, París), y allí llega a un acuerdo con la Societé Stock para publicar un libro de dibujos que, estando ya listas las planchas, queda en el limbo debido al avance de las tropas nazis y a la caída de la línea del Sena. Finalmente, pues, embarca con destino a Santo Domingo, donde, en palabras de Llorens:

Llevó una vida muy estrecha, lo que no le impidió compartir su pobreza con otros compatriotas refugiados que estaban peor que él. No pudo acoger en su casa a más de catorce, según dice [el periodista también exiliado] Fraiz Grijalva, «pues al llegar a este número la parva economía de su hogar dio quiebra. Entonces él y su familia partieron al interior y se instalaron en La Vega, durante un año, comiendo yuca y arroz, ha realizado una extensa colección de obras». Volvió luego a la capital de Santo Domingo y allí participó en varias exposiciones y, gracias a una de ellas en que en cinco horas vendió todo lo expuesto, en 1942 se trasladaron a Cuba.

Aparte de exponer en el Casal Català de Cuba y en el Country Club, la obra de Shum es abundante en los números de la revista cubana Lux en 1942 y 1943, así como en El Día Gráfico y Minerva, pero sin duda su publicación más importante en la isla caribeña es la del libro que había quedado en el aire en París, 15 dibujos de Shum, a los que acompañan textos del dramaturgo también exiliado Francisco Parés y que publica nada más y nada menos que Manuel Altolaguirre (1905-1959) en su voluntariosa imprenta La Verónica en 1942. Decía el propio Altolaguirre en una conferencia en el Centro Asturiano de Cuba ese mismo año 1942: «Toda la obra de Shum es una invitación a la poesía. Después de admirar sus cuadros me siento más inclinado a ilustrar poéticamente cada uno de sus dibujos que a escribir un ensayo crítico sobre su arte».

escaner_20170127

Caricatura firmada por Shum para Por esas Españas.

En 1944 se encuentra en Estados Unidos, y a partir de esos años, al parecer menos documentados, colabora a menudo con los estudios de la Metro Goldwin Mayer dibujando carteles, tarjetas y todo tipo de material propagandístico, así como haciendo también escenografías. Sin embargo, uno de sus trabajos más lucrativos de esa etapa fueron las ilustraciones de Por esas Españas. Cuentos tragicómicos ([Henry] Holt, Rinehart & Winston, 1944), un libro destinado a la enseñanza del español redactado por Pedro Villa Fernández que gozó de una espectacular acogida en los centros de enseñanza estadounidenses.

Establecido durante mucho tiempo en Estados Unidos, finalmente se trasladó a México, concretamente a Cuernavaca, y en marzo de 1965 expuso en la galería Mer-Kuk 35 óleos en una exposición conjunta con la escultora de origen ruso Dina Frumin (1914-1981). Y finalmente falleció dos años más tarde en Cuernavaca, donde fue enterrado en un féretro envuelto en la bandera catalana.

 

Fuentes:

MemosEmigraciónJaume Capdevila i Herrero, «Dibuixant amb l´esquerra. Els ninotaires de la prensa d´ERC durant la República», Gazeta vol, 2 (2010), pp. 43-53.

José Domingo Cuadriello, El exilio republicano español en Cuba, Madrid, Siglo XXI, 209.

Julià Guillamon, El dia revolt, Barcelona, Editorial Empúries, 2008.

Humoristán, Shum.

Vicente Llorens, Memorias de una emigración. Santo Domingo, 1939-1945, Barcelona, Ariel (Horas de España), 1975.

Sílvia Senz, «El Sindicat de Dibuixants Professionals, la contribució dels cartellistes, dibuixants i ninotaires catalans a la construcció i defensa de la Segona República Espanyola», De Editione, 14 de abril de 2011.

Víctor Alba, Sísif i el seu temps. I-Costa avall, Barcelona, Laertes, 1990.

Edición vasca en Caracas y en Guatemala

Parece haber un acuerdo bastante generalizado en que la primera publicación íntegramente en euskara después de la guerra civil española tuvo lugar en la capital venezolana, en forma de la revista Argia. Euskaldunak euskarak («Luz. Los vascos en su lengua»), iniciativa del polifacético editor, músico y escritor Jon Oñatibia (1911-1979), en onatibiacolaboración con el periodista y dramaturgo Andoni Arozena (1907-1989). Aparecida en abril de 1946, esta breve revista bimensual ilustrada, de carácter bastante convencional en cuanto a los temas (política, cultura, deportes, vida social, etc.), no renuncia a un cierto afán pedagógico, que se hace más evidente sobre todo a partir del quinto número, que se publica, debido a los vaivenes biográficos de Oñatibia, en Nueva York (con fecha de agosto de 1946). El papel satinado, la llamativa cabecera en rojo y el cuidado en la reproducción de las imágenes hacían de esta una publicación de rara calidad en semejante contexto. El profesor Zabala Aguirre resume de un modo muy claro algunos de los rasgos principales de esta revista, que atribuye a la participación de colaboradores expertos, como es el caso del linotipista Joxe Mari Etxezarreta: «Experiencia, sentido estético y capacidad pedagógica son algunas de las claves que podrían explicar esta sorprendente modernidad en la concepción de la revista». En Estados Unidos, donde entre otras cosas Oñatibia publicaría el disco The Basques. Euzkadi. Songs and dances of the basques (Folkway Records, 1954), se publicaron hasta 1948 los números siguientes hasta el total de catorce que componen la colección completa.

euzkoLa aparición ya en 1941 de la editorial vasca Ekin en Buenos Aires dio un impulso a la edición en euskara en América, pero no por ello dejaron de ponerse en marcha otras publicaciones periódicas que albergaron tanto traducciones importantes como obras de creación. En este sentido el relevo de la empresa de Oñatibia lo toma el poeta Jokin Zaitegi Plazaola (1906-1979) con la revista Euzko-Gogoa («Alma vasca»), aparecida en diciembre de 1949 y con sede en Guatemala, en la que cuenta desde el principio con la colaboración del escritor y traductor residente en Francia Andima Ibiñagabeitia (1906-1967). El hecho de que estos dos escritores concibieran la traducción de los clásicos del pensamiento occidental como el modo idóneo para que la lengua vasca alcanzara su plenitud como lengua de cultura influyó decisivamente tanto en el contenido como en las iniciativas paralelas que se desarrollaron a partir de Euzko-Gogoa, cuyos números distribuían el contenido en las siguientes secciones: olerti (poesía), elerti (prosa), ereserti (música y canto), antzerti (teatro), euskera (vascuence), yakintza (saber), gizarte (sociología) e idazti deuna (sagradas escrituras).

Iokin

Jokin Zaitegi.

Tras su paso por Panamá en 1937 y posteriormente por El Salvador (1937-1944), donde había sido profesor de Teología en el Seminario Central, Jokin Zaitegi se había establecido en 1945 en Guatemala, de cuyo Instituto América llegó a ser director técnico, pero llevaba ya a sus espaldas una notable labor en el campo de la cultura, que se remontaba por lo menos a 1934, cuando su poema «Tori nire edontzia» es galardonado en los Eusko Olerti Egunak, y además acababa de ver publicada en 1946 en México un primer volumen de traducciones al euskara del teatro de Sófocles Sopokel’en antzerkiak I, en la editorial de breve vida Pizkunde («Renacimiento»), que el año anterior se había estrenado con el poemario de Telésforo de Monzón Urrundik. Bake Oroi (en una lujosa edición ilustrada por Juan de Aranoa y traducción al español de Germán de Iñurrategui). Y de 1946 es también, en la mexicana Pizkunde, el poemario de Zaitegi Goldaketan («Arando»), donde alternan las traducciones de autores muy diversos (Verdaguer, Maragall, Baudelaire, Horacio) con composiciones propias que contribuyen a perfilar la concepción que de la lengua literaria tenía Zaitegi. Escribe Zabala:

…son poemas muy influenciados por Lizardi, en los cuales la naturaleza tiene una presencia destacada, pero que también evidencian otras lecturas como Lauaxeta y Orixe. De nuevo, la temática es tradicional y, además, religiosa, con especial hincapié en la nostalgia de quien se halla lejos de su país, utilizando para ello un idioma muy culto y elaborado. De hecho, Zaitegi va a representar durante la posguerra la tendencia más purista en la defensa del idioma.

monzonAdemás, unos años antes, en 1945,  había publicado ya en Guatemala, en los Talleres Imprenta Hispania, su traducción del poema épico Évangeline or a Tale of Acadie del escritor estadounidense Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882). La creación de Euzko-Gogoa fue precedida de una extensa labor de preparación, y se concretó en primer lugar en un texto, «Asmoa» («Intención»), que constituía un llamamiento de Zaitegi a la colaboración de escritores e intelectuales vascos de toda tendencia, tanto estética como ideológica, dispersos por toda América en un proyecto común de salvaguarda de la cultura y la lengua vasca. Al parecer, su llamamiento tuvo poco eco y el primer número fue escruto casi por completo por el propio Zaitegi. Sin embargo, los índices de Euzko-Gogoa son un reflejo del éxito que finalmente obtuvo en este propósito integrador, pues en ellos confluyen escritores de muy diversas generaciones: Ibiñagabeitia, Salvador Michelena (1919-1965), Xavier Diharce Iratzeder (1920-2008), etc., e incluso ya de nuevo en Europa consiguió la colaboración, en ocasiones bajo seudónimo, de jóvenes escritores residentes en la Península como Federiko Krutwig (1921-1998), Jon Mirande (1925-1972), José Luis Alvarez Enparantza «Txillardegi» (1929-2012), Txomin Peillen (n. 1932) o Gabriel Aresti (1933-1975), quien se inició precisamente como escdritor en esta revista, lo que llevará incluso a Euzko-Gogia a asumir un papel importante en el renacer de la actividad literaria en el interior. Según ha escrito Zabala, «Euzko-Gogoa era una revista plural, abierta, de contenidos intelectuales, ensayísticos y literarios, sobre todo».

anuncieuzko

Página de Euzko-Gogoa en la que aparece uno de los escasos textos (publicitario) en español.

En cuanto a la financiación, ante la dificultad de cobrar de los suscriptores, fue de particular importancia la obtención de fondos mediante la puesta en marcha de algunas iniciativas de Zaitegi, y en particular del colegio Liceo Landibar, que más adelante se convertiría en la sede del Centro Vasco de Guatemala, y de la residencia para estudiantes Santa Mónica, ambas instituciones en pleno centro de la capital guatemalteca.

Para llevar adelante el proyecto, pudo además contar muy pronto con la colaboración del poeta y ensayista Nikolás Ormaetxea «Oritxe» (1881-1961), aunque esa colaboración se agotó a los seis meses cuando Oritxe prosigue su periplo por tierras americanas trasladándose a El Salvador. Años más tarde, en 1954, después de estar todo el año 1953 sin aparecer, la revista experimentó un cierto relanzamiento con la llegada a Guatemala de Ibiñagabeitia, que sin embargo también fue breve. Las dificultades para contactar con el público natural de una publicación como esta, a la que por otra parte las autoridades franquistas prohibían el acceso, añadido a las dificultades y encarecimiento que suponía la distribución de la revista en los distintos países americanos, acabaron por decidir a su director a trasladarse a Euskal Herria (donde proseguirá, no sin altibajos, hasta 1960, más de 4.000 páginas en total), no sin antes haber dado a la imprenta la tercera parte del célebre poema de Mitxelena Arantzazu, «Bizi Nai», cuya publicación en la Península era a todas luces imposible.

ibinazaitegioritxe1954

De izquierda a derecha: Ibinigabeitia, Zaitegi y Oritxe en 1954.

La amplia representación de traducciones de clásicos griegos y latinos al euskara dan fe de la voluntad de mantener y pulir la lengua literaria, dignificándola como lengua de cultura, y entre los autores publicados se cuentan Cicerón y Plino el Joven (en traducción de Vicente de Amézaga), Ovidio y Virgilio (por Ibinagabeitia, y en el caso de Virgilio también por Santiago Onaindía), Fedro (anónima), Petronio (por Miguel de Arruza), etc., así como de diversas obras de Shakespeare vertidas al euskara por Bedita Larrakoetxea (1894-1990), como El rey Lear, La Tempestad o Macbeth, cuentos procedentes de Las mil y una noche traducidos bajo el seudónimo G. Larrañaga o también autores menos esperables, como Jacinto Benavente (de quien Andima tradujo La fuerza bruta)… Y es interesante constatar que en muchos de estos casos constituyeron la base o el punto de partida para proyectos de traducción más amplios que se publicaron posteriormente en España, como es el caso de las obras completas de Shakespeare o de Virgilo en euskara. Tan o más interesante que la publicación de la revista fue la distribución, en forma de separatas o de muy breves volúmenes, de textos en euskara desde Guatemala, que de todos modos se enfrentaban a los mismos problemas de distribución y de prohibición en España y de los que sin embargo, debido a su propio carácter breve, efímero y perseguido, apenas parecen haber quedado registros.

euzkogoroa

Fuentes:

Euzko-Gogoa (1950-1959).

Iñaki Anasagasti, «La prensa nacionalista en Venezuela», en su blog.

Gorka Aulestia, «Un siglo de literatura vasca (III)», Sancho el Sabio. Revista de cultura e investigación vasca, núm. 7 (1997), pp. 13-77.

euzko-gogoa

Ejemplar publicado ya en Bayona, con nuevo formato y presentación.

Gabino Garriga, «El euskera en América», Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos, núm. 44 (1958), pp. 67-79.

Josep Mengual, «La edición bonaerense de libros en gallego, euskara y catalán (hasta la entrada de España en la OTAN)», Kamchatka. Revista de análisis cultural, núm. 7 (junio de 2016), pp. 97-119.

José Ramón Zabala Agirre, «Contra el silencio impuesto. Las publicaciones en lengua vasca del exilio de 1936», en Iker González-Allende, ed., El exilio vasco: Estudios en homenaje al profesor José Ángel Ascunce Arrieta, Bilbao, Universidad de Deusto, 2016, pp. 99-116.

José Ramon Zabala Agirre, «La lengua desterrada. La literatura del exilio en euskara», en Manuel Aznar Soler, ed., Las literaturas exiliadas de 1939, Sant Cugat del Vallès, Gexel (Sinaia 1), 1993, pp. 51-56.

Camilo José Cela y la industria editorial andorrana

No es probable que la relación del escritor y editor Camilo José Cela (1916-2002) con Andorra haya sido objeto de un interés particular, del mismo modo que a la historia de la industria editorial andorrana se le ha prestado una atención más bien escasa, y sin embargo ambos son temas que ofrecen algún que otro fruto muy interesante.

98448-foto_17508_cas

Camilo José Cela.

Acerca de la edición en Andorra existe una bibliografía bastante exigua, pero en cambio Carme Ortiz ofreció un muy útil repertorio de todo lo publicado entre 1940 y 1980 en Andorra como tesis de final de carrera, y a ello, para completar las décadas previas, puede añadirse los Materials per a una bibliografía dAndorra preparados por Lídia Armengol y Mònica Batlle entre otros y, para lo que se refiere a sus relaciones con la Península, el libro de Pere-Miquel Fonolleda Pérez, Editorials i societat a Andorra, 1945-1994, i relacions amb Catalunya sota el règim franquista. De la consulta de este material es fácil advertir la importancia que tuvo el país pirenaico como centro de edición en dos etapas cruciales de la historia europea del siglo XX: durante la Ocupación de Francia por parte de las tropas nazis, en que se convirtió en lugar de edición de obras en francés malquistas por el régimen alemán (y que se introducían de matute en Francia), y durante el franquismo, en particular en sus primeras décadas, en que se convirtió en sede de la edición, impresión y publicación de material impreso que en España hubiera sido perseguida, y que igualmente se colaban en la España franquista oculta a los ojos de la policía de aduanas.

camilojoseNo respondieron a esta intención los contactos de Cela con la industria editorial andorrana, sino más bien al aprovechamiento de las muy modernas instalaciones que había puesto en pie la que probablemente sea la editorial más importante de andorra, Casal i Vall. Fundada en 1956 en Sant Julià de Loria (la primera población al cruzar la frontera) por los hermanos Jaume, Joan y Narcís Casal i Vall, después de una década de labor dedicada principalmente al libro religioso (tanto en español como, en francés, con la Encyclopédie Liliput), la empresa se dotó de la más moderna maquinaria disponible para crear unos imponentes talleres gráficos, imprenta y talleres de encuadernación. Al lado de las industrias similares que pudiera haber en España, sujetas a restricciones de papel, con problemas en el flujo de electricidad y enfrentadas a las dificultades para comprar material en el extranjero debido al cambio y a la escasez de divisas, Casal i Vall no tardó en convertirse en un santuario para muchos editores peninsulares, de los que pretendían publicar libros susceptibles de entrar en conflicto con la censura (y ahí entran un buen número de editoriales en catalán) y de los deseosos de publicar los mejores libros posibles. Este fue el caso, entre otros muchísimos (Luis de Caralt, Luis Miracle, López Llausàs, etc.) de Camilo José Cela.

El problema que pudiera representar la exportación de libros, porque no todo lo que se editaba entraba en España de contrabando, se salvó de un modo de lo más asombroso. Dados los acuerdos comerciales entre Andorra y España, que autorizaban al país pirenaico a exportar sólo productos con materia prima andorrana, los envíos de libros se declaraban como fabricados con pasta de papel extraído a partir de la rica masa forestal andorrana, cuando todo el mundo sabía, o podía saber a poco que se esforzara en ello, que Andorra carecía de industria papelera, y mucho menos de la importancia suficiente como para poder publicar unos quinientos libros diarios, que es lo que Pere-Miquel Fonolleda calculó que, entre 1956 y 1976, se imprimía en Andorra, con destino al mercado español (en total, calcula que se exportaron libros de un millar de títulos distintos en ese mismo período).

espinascela

Cela con el también escritor Josep M. Espinàs a cuestas.

En 1966 los Talleres Gráficos Casal i Valls se ocuparon de la primera edición en catalán del libro de Cela Viatge al Pirineu de Lleida. Notes d’una passejada a peu pel Pallars Sobirà, la Vall d’Aran i el comtat de Ribagorça, que se publicó en traducción del polifacético poeta y editor mallorquín Josep Mª Llompart (1925-1993). Se trató de una edición de cierto empaque, de 20,5 x 14,5 y 326 páginas, encuadernada en tela editorial con sobrecubierta y con las mismas ilustraciones fotográficas en blanco y negro fuera de texto que contenía la edición en castellano, y con la que se abría la colección de Alfaguara en catalán Ara i Ací. Dos años más tarde, también en Casal i Vall, se hizo una reimpresión de 3.000 ejemplares.

viatgepirineucela

De hecho, ese mismo año 1966 la empresa andorrana trabajó muchísimo para Alfaguara, ocupándose de algunos libros que, ya por su título, podría preverse que podían tener algunas dificultades con la censura franquista, así como de varios de los títulos que por entonces Alfaguara publicaba en catalán (Aril Avall, de Guillem Viladot, por ejemplo). Es el caso también, otro ejemplo, de la Travesía de Madrid, de Francisco Umbral (1932-2007) o sobre todo de De raptos, violaciones y otras inconveniencias, del exiliado español Francisco Ayala (1906-2009).

ayalaraptosSin embargo, de mayor ambición bibliográfica fue el proyecto que el año siguiente salió de Casal i Valls, los Poemas de Amor, con dos puntas secas del autor, y era este autor nada menos que Rafael Alberti (1902-1999). Se trató de la edición con la que se estrenaba la colección celiana Amans Amens, cuyo segundo número (los Poemas de amor, de Miguel Hernández, prologados por Leopoldo de Luis), también salió de los talleres de Casal i Vall, pero acerca de Amans Amens ya hay una entrada en Negritas y Cursivas.

La sede de Casal i Valls, que en 1961 se había establecido en la capital y acabó por cerrar en 1988, era obra del arquitecto catalán en el exilio Domènec Escorsa, inspirándose en la sede barcelonesa de la editorial Gustavo Gili, y lo singularizaba una chimenea que la historiadora del arte Raquel Lacuesta describe como «de planta lobulada y que remite a diseños de Le Corbusier y de Álvaro Aalto», que se demolió para parcelarla. Sin embargo, los fondos de la editorial y de los talleres (un total de 1385 libros y documentos, entre los cuales casi trescientos 297 discos) fueron en buena medida preservados, y durante las Jornadas de Patrimonio europeo de este año 2016 (18 de septiembre) se ofrecieron visitas guiadas de los mismo en un despacho del edificio Marginets (que la Biblioteca Nacional de Andorra comparte con otros departamentos de Cultura), que incorporaban además obras singulares de la biblioteca familiar.

arilavallviladot

Entre las curiosidades de este fondo, además de algunas matrices tipográficas (entre ellas la de los pasaportes andorranos), se cuenta el reglamento interno de la empresa, que llegó a tener una setentena de empleados, en el que se informa de que la jornada laboral es de setenta horas diarias, con una pausa de dos para comer, sábados incluidos, con quince días de vacaciones al año, y despido libre con ocho días de anticipación, así como la terminante prohibición de colgar en las paredes de los talleres «láminas, grabados y papeles que, además de ser desagradables a la vista, son de un gusto muy dudoso». Y no menos curioso es el material relativo a la impresión de los pasaportes andorranos.

Fuentes:

Vídeo en el que puede verse cómo era la sede de Casal i Vall en la capital andorrana, aquí.

Pere Miquel Fonolleda Pérez, Editorials i societat a Andorra, 1945-1994, i relacions amb Catalunya sota el règim franquista, Andorra la Vella, Editorial Andorra (Biblioteca d’Andorra), 2006.

A.L., «Casal i Vall, a terra», El Periódico, 3 de octubre de 2013.

Luengo, A., «El que queda de Casal i Vall», Bon Dia, 19 de septiembre de 2016.

«La Biblioteca Nacional exhibeix el fons de la editorial Casal i Vall», Diari dAndorra, 26 de octubre de 2016.

Neus Ràfols, «Un refugi durant el franquisme», Avui, 23 de abril de 2007, pp. 26 y 28.

Redacció «L’arxiu de Casa Molines i el fons de Casal i Vall, estrelles de les Jornades de Patrimoni», Bon Dia, 10 de septiembre de 2016.

Àlvar Valls, «Aproximació al fet literari a Andorra», en Eliseu Trenc Ballester, ed.,Els Pirineus, Catalunya i Andorra (Actes del Tercer Col·loqui Interancional de la Associació Francesa de Catalanística), Barcelona, Abadia de Montserrat, 2006, pp. 125-138.

pabrep37

Domingo Escorsa Badia había sido uno de los colaboradores de Josep Lluis Sert y Luis Lacasa en el diseño del Pabellón de la República de París en 1937.

La azarosa aventura de editar en catalán en Chile

A tenor de las evidentes dificultades con que se encontraron, resulta bastante asombrosa la labor que consiguieron llevar a cabo los editores catalanes que como consecuencia del resultado de la guerra civil española se convirtieron en refugiados en los países que les acogieron. Baste como ejemplo los más de doscientos libros en catalán publicados en México, de los que casi una cuarta parte corresponden a la Biblioteca Catalana organizada y publicada por Bartomeu Costa-Amic (1911-2002), a los que para según qué propósitos sería conveniente añadir las numerosas y en algunos casos muy notables publicaciones periódicas. Sin embargo, como subrayó en su momento Maria Campillo refiriéndose a las ediciones chilenas de El Pi de les Tres Branques, quizá el criterio cuantitativo no es el más pertinente.

Visto con perspectiva, si la producción de «El Pi» no pudo ser cuantitativamente extensa, el conjunto, en cambio, es significativo. Constituye, por un lado y probablemente sin ningún tipo de intención deliberada, un compendio muy equilibrado, a escala reducida, de autores, géneros y modelos literarios muy representativos de la década de los cuarenta: tres volúmenes de poesía y uno traducido, un ensayo filosófico y tres de diferentes géneros narrativos y de tres modelos distintos (que suponen diferentes eslabones de la relación tradición/modernidad) dentro del psicologismo en boga. Del otro, indica la transición hacia la década de los cincuenta.

LOGOPi3B

Logo de El Pi de les Tres Branques.

Valdrá la pena por tanto señalar cuáles eran estos siete libros y un opúsculo a los que alude Campillo, y que constituyen el exiguo catálogo completo de El Pi de les Tres Branques:

Pere Quart, Saló de tardor [POESÍA], ilustraciones de Roser Bru, Santiago de Chile, El Pi de les Tres Branques (Sèrie Literària Catalana 1), 1947. Poesia. Veinte ejemplares en papel especial.

Benguerel

Xavier Benguerel.

Xavier Benguerel, La Máscara (Tres contes) [CUENTOS: «La màscara», «L’home dels prismàtics» y «El fugitiu»], Santiago de Chile (Sèrie Literària Catalana 2), 1947, 124 pp.

Josep Ferrater Mora, El llibre del sentit [ENSAYO], ilustraciones de Albert Junyent, Santiago de Chile, El Pi de les Tres Branques (Série Literaria Catalana. 3), 1948. 108 pp. Tirada de 400 ejemplares.

Carles Riba, Elegies de Bierville [POESÍA], Santiago de Chile, El Pi de les Tres Branques (Sèrie Literària Catalana 4), 1949. 68 pp. Edición de 230 ejemplares (200 en papel de medio hilo y 30 sobre papel especial y numerado). Por aquel entonces existía sólo una hoy mítica edición clandestina publicada en Barcelona con pie editorial falso (Buenos Aires 1942), que en esta edición chilena Riba corrigió y prologó.

Cèsar August Jordana, El Rusio i el Pelao [NOVELA], Santiago de Chile, El Pi de les Tres Branques (Sèrie Literària Catalana 5), 1950. Edición que consta de 470 ejemplares en papel medio hilo, y 30 ejemplares en papel especial, numerados del 1 al 30.

Domènec Guansé, La pluja d’or [NOVELA], Santiago de Chile, El Pi de les Tres Branques (Sèrie literària catalana 6), 1950. Rústica. 154 pp. Edición de 470 ejemplares en papel medio hilo, y 30 ejemplares en papel especial, numerados del 1 al 30. Premi Concepció Ravell en los Jocs Florals de la Llengua Catalana 1950 (celebrados en Perpiñán, Francia).

Josep Carner, Llunyania [POESÍA], Santiago de Chile, El Pi de les Tres Branques (Sèrie Literària Catalana 7), 1952. 130 pp.

Paul Valéry, El cementiri marí [POESÍA], traducción de Xavier Benguerel e ilustraciones de Carles Fontserè, Santiago de Chile, El Pi de les Tres Branques, diciembre de 1947 (previamente había aparecido en la revista Germanor).

carles_fontsere1

Carles Fontserè, exiliado en París.

En sus memorias, Xavier Benguerel (1905-1990) cuenta el arranque de este proyecto, al tiempo que describe con cierto pormenor el primer volumen y da unos datos interesantes: «El 19 de julio del 1947, Saló de tardor de Pere Quart inauguró las ediciones de El Pi de les Tres Branques: volumen de 116 páginas con treinta y cinco poemas y media docena de ilustraciones de Roser Bru, bien impreso en los obradores de la Imprenta Mediterránea». A la por entonces joven pintora y grabadora nacida en Barcelona Roser Bru (n. 1923), colaboradora también de Cruz del Sur, Pere Quart le había encargado el logo para El Pi de les Tres Branques, y en cuanto a la Imprenta Mediterránea (con sede en la Avenida Matta 320), de sus prensas habían salido por aquellos años títulos como Mosaico. Poemas líricos y romances de la Guerra Española (1944), del extremeño Cesáreo Vázquez Ambrós, exiliado de la dictadura primorriverista (1923-1930), que regresó a España en 1934 y volvió de nuevo a Chile en 1939; Instituciones políticas del antiguo estado catalán (1945), del abogado gerundense Lluís Franquesa i Feliu (1908-1951); las piezas escénicas Noche oscura de España y El retiro de Don Juan (1946), del abogado y escritor gallego Celso Romero Peláez, que posteriormente haría carrera también como traductor en Venezuela…

Lluís Franquesa i Feliu.

Como ya puede intuirse, fueron los escritores Pere Quart (Joan Oliver, 1899-1989), que contaba con la experiencia previa en las Edicions La Mirada, y Xavier Benguerel quienes tomaron las riendas del proyecto, si bien contaron con un patronato formado por Joaquín Sabaté, Pere Mir, Joan Juanet y Salvador Sarrà, y con el apoyo de los círculos que se movían alrededor del Centre Català de Santiago de Chile y de la revista Germanor (1912-1963), que desde 1945 y hasta su desaparición dirigió Domènec Guansé (1894-1978) y en particular del también editor en La Mirada Francesc Trabal (1899-1957).

Sin embargo, ya en 1948 Pere Quart decidió regresar a Barcelona, lo que hizo que a partir de ese momento Benguerel tuviera la última palabra en la decisión sobre qué y cómo publicar y quedara así como la única cabeza visible de la empresa, cuya significación cultural es notable, como ha puesto de manifiesto también Campillo:

..sobre todo en el momento de su aparición, en 1947, supone un viraje, una vez desaparecida la esperanza de que la victoria aliada modificara de forma substancial la situación española. Las pulcras ediciones de El Pi de les Tres Branques, que recuerdan, incluso formalmente, las de la Institució de les Lletres Catalanes durante la guerra, pueden interpretarse como la respuesta a una demanda, la que hacía Josep Carner en el editorial de abre el número de la represa, en París, de la Revista de Catalunya ([núm. 102], abril-junio de 1947). Exponía el poeta la necesidad, común al exilio y el interior, de proseguir a cualquier precio la vida literaria y reclamaba, para la literatura, los principios de la exigencia y el rigor, de la universalidad y la lealtad, de la fidelidad a un propósito.

Rafael Tasis

Rafael Tasis.

En el mismo texto mencionado por Campillo, escribe el poeta Josep Carner, otro de los publicados en El Pi de les Tres Branques, refiriéndose a la reaparición de la Revista de Catalunya, pero perfectamente aplicable a la editorial chilena: «Sin garantizar maravillas, lo cual sería imprudente en cualquier programa, queremos hacer, como dice el pueblo, imposibles para que la manifestación de nuestras letras y nuestro pensamiento se muestre, tanto como se pueda, honorable y honorada». Por otra parte, de la pulcritud de las ediciones y el acierto en la selección de títulos, así como del interés por distribuir esta colección entre los exiliados desperdigados por el mundo, da también testimonio el siempre exigente cuando de libros se trata Rafael Tasis (1906-1966), quien el 8 de mayo de 1948 escribe desde París a su amigo también exiliado Ramon Xuriguera (1901-1966): «Como tal vez te interesará, te remito el catálogo de nuevas ediciones de El Pi de les Tres Branques. He recibido unos pocos ejemplares de los primeros títulos publicados, y los marco con el precio de venta correspondiente. Del Saló de tardor me queda ya un solo ejemplar, pero si lo deseas te lo reservo. Hay cosas realmente buenas, de lo mejor que se ha hecho en poesía catalana en el exilio».

Elegies-de-Bierville

Retrato de Riba obra de Joaquim Sunyer (impreso sobre papel cuché y encolado en el lomo) i portada de las Elegies de Bierville.

Fue también gracias al estudio de los epistolarios que Lluís Busquets i Grabulosa pudo aportar información muy interesante acerca de títulos que en algún momento se sometieron a la consideración de Benguerel, que estuvieron a punto de publicarse o que incluso entraron en proceso de edición. En la revista Germanor llegaron incluso a anunciarse, por ejemplo, títulos de Pere Calders (acaso por mediación de Joan Oliver) y de Caterina Arderiu (1889-1976), pero podemos precisar además que fue su esposo, el poeta Carles Riba, que ya había publicado en El Pi de les Tres Branques, tras una notable labor de edición de sus Elegies de Bierville gracias a la colaboración epistolar de Benguerel, quien le insistió para que publicara el poemario Sempre i ara de Arderiu, que en 1938, en plena guerra civil, había obtenido el Premi Joaquim Folguera. En 1946, se hizo finalmente una elegante edición clandestina de cincuenta y un ejemplares de Sempre i ara en la barcelonesa SADAG (Societat d’Aliança d’Arts Gràfiques), con cinco litografías de la artista de origen georgiano Olga Sacharoff (1889-1967). Riba, además, intentó también que Benguerel publicara en Chile ensayos de crítica literaria, en particular los de Jaume Bofill i Ferro (1893-1968), que hasta 1955 no reuniría su excelente crítica literaria (publicada originalmente en en La Revista, Revista de Catalunya y La Nova Revista, entre otras) en Vint-i-cinc anys de crítica literaria, y Marià Manent (1898-1988). Pero hubo muchos otros casos, como explica Busquets i Grabulosa:

[Joan] Oliver pide a Benguerel que publique en la colección el libro de relatos Tota la saviesa d’aquest món, de Pous i Pagès (libro que se corrigió y preparó en Chile y que sólo el hado impidió que viera la luz), así como una de estas dos obras de Manuel Cruells, L’onze de setembre o Biografia de Pere el Gran […] Algunos autores ofrecen libros por su cuenta, como es el caso de Carner Ribalta, del propio Marià Manent, que pone a su disposición nuevas versiones de poesía china, o de Albert Junyent, covencido de que le interesará una evocación de la guerra en el frente de Aragón.

LlunyaniaCARNER

Albert Junyent intervino además en la búsqueda de financiación, por lo menos para el libro de Carner, cuya edición, en la que colaboró también Cèsar August Jordana (1893-1958) mediante intervención postal desde Buenos Aires, al parecer fue tan agotadora. También en el epistolario quedan reflejados los esfuerzos de Benguerel para encontrar financiación para proseguir con la publicación de nuevos título, pero finalmente las insuperables dificultades económicas hicieron que el proyecto del Pi de les Tres Branques acabara por fenecer. Como concluye Campillo al hacer balance de la contribución de los editores catalanes exiliados en América:

Por lo que se refiere al campo editorial, hay que tener en cuenta, en primer lugar, la aportación catalana al mundo de la edición latinoamericana, ya que entre los exiliados había un buen contingente de profesionales de todo tipo familiarizados con la industria del libro; desde editores a correctores de estilo, pasando por traductores, revisores de originales, ilustradores, además de toda la gama de especialistas en las artes gráficas (un sector mayoritariamente adscrito a la CNT y que se exilió masivamente). Así, la edición en lengua castellana se vio renovada y amplió su oferta […] En lo que atañe a la edición en lengua catalana, la producción no es completamente descorazonadora, si tenemos en cuenta las condiciones anómalas en que se produce.

 

Fuentes:

Xavier Benguerel, Memòria dun exili. Xile, 1940-1952, Barcelona, Edicions 62 (Cara i Creu 34), 1982.

Lluís Busquets i Grabulosa, «Epistolaris de Xavier Benguerel: un pou d’informacions», en Manuel Aznar Soler, ed., El exilio literario español de 1939 (Actas del Primer Congreso Internacional (Bellaterra, 27 de noviembre-1 de diciembre de 1995), Sant Cugat del Vallès, Gexel- Cop d’Idees, vol. I, pp. 555-568.

Maria Campillo, «Breve informe sobre el exilio literario catalán», en Manuel Aznar Soler, Las literaturas exiliadas en 1939, Sant Cugat del Vallès, Gexel- Cop d’Idees (Sinaia 1), 1995, pp. 37-42.

Maria Campillo, «L’exili a la literatura catalana», en AA.VV., L’exili republicà: política i cultura (Actes de les Jornades d’Estudi celebrades al Centre de la Cultura Misericòrdia, Palma 18-20 de noviembre de 2009), Palma de Mallorca, Colsell Insular de Mallorca-Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2011, pp. 75-92.

Josep Camps i Arbós, ed., Lespantós és el buit, el desert. La correspondencia entre Rafael Tasis i Ramon Xuriguera, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat (Biblioteca Serra d’Or 432), 2010.

Josep Carner, «Represa», Revista de Catalunya, núm. 102 (abril-juny de 1947), pp. 3-5.

Juan Francisco Escalona, «Editores españoles en el exilio», en Editores del exilio republicano de 1939. Exposición en la Sala de Revistes de la Biblioteca dHumanitats de la Universitat Autònoma de Barcelona, diciembre de 1999, pp. 7-39.

Galderich, «La també rara segona edició de les Elegies de Bierville», Piscolabis&Librorum, 12 de julio de 2009.

El magisterio de Manuel Borrás y la editorial Pre-Textos

La biografía de un editor es su catálogo, reza lo que se ha convertido ya casi en un adagio, que en expresión de Manuel Borrás se convierte en que «el mejor libro que un editor puede escribir es su catálogo». No sólo por su catálogo, que también, Manuel Borrás se ha ido convirtiendo en las últimas décadas en una de las voces más respetadas entre los editores con vocación literaria. Su proverbial generosidad ha hecho además que haya ido acumulando una notable cantidad de textos en los que reflexiona sobre el oficio y que andan diseminados en revistas y publicaciones, a menudo bisoñas o de corta vida, a las que aun así jamás entrega textos de compromiso para cumplir el expediente, sino más bien textos comprometidos y bien meditados; y a ello hay que añadir incontables entrevistas en publicaciones periódicas y blogs en los que ha dejado también sus agudas y siempre interesantes reflexiones sobre el panorama editorial en lengua española. Muuchos de ellos están disponibles en la sección Palabra de Editor del web de la editorial Pre-Textos.

Logo

Ya el hecho de surgir en Valencia, en un momento en que la edición española estaba muy acusadamente concentrada en Madrid y Barcelona –o viceversa– anunciaba la singularidad de su talante. Según cuenta Sergio Vila-Sanjuán en Pasando página, Manuel Borrás fue un editor muy precoz cuyos primeros intentos, a principios de los años setenta, quedaron frustrados por problemas administrativos debido a que todavía no era mayor de edad (en la España franquista la mayoría de edad estaba fijada en los 21 años).

BorrásPratdesabaRamírez

Manuel Borrás, Silvia Pratdesaba y Manuel Ramírez.

Con Manuel Ramírez, a quien conocía desde sus tiempos en el colegio alemán de Valencia y que se ocupó de la producción, y Silvia Pratdesaba, a quien conoció en la Universitat de València y se hizo cargo de la parte administrativa, tras un primer intento que fracasó por el suicidio de uno de los socios (el joven poeta Eduardo Hervás, conocido entre sus amigos como La Bola), Manuel Borrás puso en pie Pre-Textos en 1976 (ahora cumple cuarenta años, por tanto) con unas líneas bastante claramente definidas, en las que ocupaba un papel central la recuperación de la cultura republicana que el franquismo había extirpado de la tradición española, lo que enfrentó a la inicial Pre-Textos a un problema inesperado que el propio Borrás contaba del siguiente modo:

Para nosotros era determinante recuperar la tradición española interrumpida por el franquismo. Así que escribimos a todos los pensadores españoles dispersos que nos parecieron interesantes. Al principio no encontramos respuesta. Todos nos animaban, pero para enviarnos originales nos pedían un catálogo confirmado, y nosotros no lo teníamos.

La excepción fue el singular poeta y ensayista Juan Larrea (1895-1980), a quien en 1980 publicaron su edición de Al amor de Vallejo (obra y comentarios), y al que se añadiría más adelante Rubén Darío y la nueva cultura americana (curso en seis lecciones dictado en las universidades de Santiago de Chile y de Córdoba [Argentina]):

LarreaEn la primera etapa fue muy importante que un personaje como Juan Larrea confiase en un proyecto que llevaban unos jovencitos entusiastas en España –contaba Borrás a Emma Rodríguez–. Él fue el único, dentro de esa estela de la diáspora republicana del exilio español, que confió sin condiciones en nosotros. Otros como Jorge Guillén, María Zambrano, Julio Caro Baroja (que no estaba en el exilio, pero sí pertenecía al exilio interior, que también queríamos reivindicar) nos animaron y nos dijeron que el proyecto les parecía estupendo, pero que nos darían con mucho gusto un libro cuando tuviésemos un catálogo. Pero, ¿cómo íbamos a construir ese catálogo si ellos no nos confiaban sus obras?, les respondíamos.

Así pues, tras unos Materiales para la historia de las ciencias en España (siglos XVI-XVII) fimados en 1976 por J.M. López Piñero, V. Navarro Brotons y E. Portela Marco del que tiraron 3.000 ejemplares (y se pillaron los dedos), Posiciones, de Jacques Derrida (1930-2004) y Rizoma, una introducción, de Gilles Deleuze y Félix Guattari, en 1977 seguían sin poder incorporar a ninguno de estos escritores silenciados por la dictadura Debordfranquista, pero confeccionaron los fundamentos de un catálogo bastante elocuente: El jabón, del surrealistizante creador del poema ensayístico, Francis Ponge (1899-1988); El cuerpo lesbiano, de la teórica del feminismo Monique Witting (1935-2003); El metro blanco, del inclasificable experimentalista beat William Burroughs (1914-1997); Falsos pasos, texto de crítica y teoría literaria publicado en 1943 por el filósofo y narrador francés Maurice Blanchot (1907-2003), a quien tanto deben Gilles Deleuze y Michel Foucault; Teoría y práctica revolucionarias, libro construido a partir de las cuestiones planteadas por Jean Louis Houdebine a Ch Bettelheim a propósito de su libro Las luchas de clases en la URSS (1917-1923); un ensayo colectivo titulado Artaud; El pequeño, del magistral pensador Georges Bataille (1897-1962); Lautrémont, de Marcelin Pleynet (n. 1933), por entonces director de la influyente revista Tel Quel… Como se ve, una mirada muy teñida por el pensamiento francés y por una serie de autores que se convertirían en referentes de las corrientes postestrtucturalistas, pero que, como era de esperar, no atrajo a un público mayoritario:

Durante bastante tiempo –prosigue Vila-Sanjuán– los impulsores de Pre-Texto vivían de las ayudas familiares. El padre de Borrás les daba de cuando en cuando cien mil pesetas «que reponía cuando se agotaban, porque quería que aprendiéramos a administrarnos». Pero el resultado era gratificante, la editorial marchaba.

 

IstratiSin embargo, la intención de recuperar la cultura republicana, tras el impulso que dio al catálogo un nombre como el de Larrea, finalmente consiguió abrirse paso y se materializó en una enorme lista de autores sobre todo exiliados en la que figuran tanto epistolarios como ensayos, memorias, obras para la escena, narraciones y poemarios de Ramón Gaya (del que publicaron la obra completa en tres volúmenes), María Zambrano, Juan Gil-Albert, Teresa Gracia, Vicente Aleixandre, Enrique de Rivas, Pedro Salinas, José Moreno Villa, Emilio Prados, Francisco Ayala, Tomás Segovia, así como ensayos sobre la materia tales como La patria imagina de Máximo José Kahn y Una poesía de la presencia: José Herrera Petere en el surrealismo, la guerra y el exilio, de Mario Martín Gijón o Vanguardia, revolución y exilio, la poesía de Arturo Serrano Plaja, de José Ramón López García.

Prados

Uno de los grandes éxitos de la editorial llegó de la mano de la concesión del Premio Nobel de Literatura de 1981 a Elias Canetti (1905-1994), a quien ese mismo año habían publicado Las voces de Marrakesh, al que añadirían luego otros galardonados con el mismo premio, como Iván Bunin, Juan Ramón Jiménez, Yeats, Eliot o Kippling, entre otros. Pero el caso de Canetti, a quien venía publicando por entonces Mario Muchnik (n. 1931), llegó en un momento particularmente oportuno, cuando, después de cinco años de batallar para establecer unos ciertos valores literarios, los impulsores de Pre-Textos se encontraban al borde del desaliento:

Nosotros estábamos ya casi a punto de tirar la toalla porque veíamos que seguíamos dependiendo del apoyo económico de nuestras familias respectivas y que no encontrábamos la forma de consolidar un espacio autosuficiente. Además, habíamos sufrido una serie de contratiempos. La distribuidora que nos llevaba fracasó y nos dejó colgados con un débito importante, sin poder recuperar tampoco parte del fondo

KalmanBarsyPreTextosMás o menos por entonces empezó a afianzarse la voluntad también inicial de actuar como puente con la literatura americana y de descubrir a nuevos autores peninsulares (a menudo a través de la colaboración con premios literarios) o afianzar carreras un poco sinuosas o en ciernes (de Andrés Trapiello a Kalman Barsy, de Darío Jaramillo a Juan Bonilla), aun cuando a menudo esos descubrimientos desembocaron en algunos casos en que, en palabras del propio Borrás, se sintieron “ojeadores” de editoriales económicamente más fuertes:

levantamos las piezas para que otros las abatan –contaba a Nuria Azancot en 2001–. Por ejemplo, nosotros «descubrimos» a Bonilla, pero Ediciones B le hizo una oferta mareante que no pudimos igualar. Nos pidió consejo y sólo le dimos uno: que no dejara que las presiones le pudieran. ¡Es terrible lo que llegan a hacer! Me asquea saber que hay autores a sueldo de las editoriales, obligados por contrato a escribir un libro al año, bueno o malo. Es una perversión deleznable que condena al lector, al editor, y, sobre todo, al autor.

34068-aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa03af1

Beatriz de Moura.

Si en algo insiste Manuel Borrás en su obra escrita es en la necesidad de tiempo, de ahí que durante muchos años hayan llegado a vender un 70 % de obras de fondo frente al 30 % de novedades, lo cual tiene varias lecturas posibles. Por un lado, que la inversión inicial quizá tardaban mucho más en cubrirla de lo que era habitual en editoriales mayores (y eso generaba unos gastos de almacenamiento), pero por otro lado, lo que también les diferenciaba del grueso de editoriales de finales del siglo XX, que eran más constructores de long sellers que de best sellers, el importante puñado de títulos que han reeditado, algunos reiteradamente, confirman que sus elecciones eran al fin y al cabo acertadas, si bien en algunos casos incluso se avanzaban en mucho al interés de un número suficiente de lectores. Del mismo modo que Borrás reconoce en editoriales como Visor, Hiperión y en editores como Jorge Herralde, Esther Tusquets y Beatriz de Moura a sus “hermanos mayores”, aun siendo muy consciente respecto a la diversidad de su proyecto con los mencionados, tanto la obra editorial como los textos y las entrevistas que Borrás ha ido dejando por el camino son un material muy útil, y probablemente muy inspirador, para los editores de literatura de las generaciones posteriores. Valga un último ejemplo, en una entrevista con el poeta y narrador ecuatoriano Fernando Escobar Páez:

Está muy bien publicar a Shakespeare, está muy bien publicar a Balzac, a Carrera Andrade, pero esos son valores ya consensuados por la propia historia de la literatura. Si nosotros no sabemos apostar por jóvenes valores, el editor no sirve. Aquí es donde espero entren los jóvenes editores, esos editores incipientes, quienes todavía no pueden apostar porque carecen de los medios suficientes, porque apostar por un joven autor conlleva una apuesta económica que hay que saberla mantener. Yo he tenido montón de autores que no han vendido ni lo mínimo para amortizar el costo, pero los hemos publicado, uno y otro y otro libro, hasta que al final esos autores no solo han amortizado, sino que con ellos hemos ganado plata y nos han permitido publicar a otros talentos emergentes.

Auserón

Fuentes y sugerencias de lectura (una selección):

Nuria Azancot, «Manuel Borrás “Hay demasiados caínes en la edición española [entrevista]», El Cultural, 12 de septiembre de 2001, pp. 26-27.

Manuel Borrás, «Líneas de sentido de la edición», Diablotexto, núm. 1 (1994), pp. 127-134.

Manuel Borrás, «25 años de Pre-Textos», Palabra de Editor,  diciembre de 2001.

Manuel Borrás, «Pretextos para el goce», Archipiélago. Cuadernos de Crítica de la Cultura, núm. 51 (2002), pp. 11-15.

Quimera 223 (diciembre de 2002) Los mundos de la edición

Quimera 223.

Manuel Borrás, «Editar de orilla a orilla», Lateral, núm. 90 (2002), p. 17.

Manuel Borrás, «De las cartas matutinas a las lecturas de tarde», El Ciervo. Revista mensual de pensamiento y cultura, núm. 29 (marzo de 2002), pp. 29-30.

Manuel Borrás, «Un vendedor de palabras ajenas», Quimera núm. 223 (diciembre de 2002), pp. 11-13.

Manuel Borrás, «A editar se aprende editando», Palabra de editor, 5 de noviembre de 2001.

Manuel Borrás, «La posesión del miedo», Palabra de Editor, 25 de julio de 2002.

Manuel Borrás, «La soledad del editor», Palabra de editor, 30 de noviembre de 2002.

Manuel Borrás, «Carta a un joven editor», Palabra de editor, 28 de mayo de 2003.

Manuel Borrás, «Nosotros los solitarios solidarios», Palabra de editor, 1 de abril de 2003.

Manuel Borrás, «El mejor libro que puede escribir un editor es su catálogo», Quimera, núm. 281 (abril de 2007), pp. 80-83.

Manuel Borrás, «Discurso de agradecimiento por el Premio de la FIL de Guadalajara», 28 de noviembre de 2008.

Manuel Borrás, «Aprender a aprender», Alabe. Revista de Investigación sobre Lectura y Escritura, núm. 1 (2010), p. 3.

Manuel Borrás, «Desde las dos orillas o mi pasión americana», Lateral, vol III, núm 2 (2010), pp. 1-3.

Pasando páginaFernando Escobar Páez, «La cultura no es una cuestión de egotistas», La barra espaciadora.

Jorge Fronderbider, «Manuel Borrás, fundador de Pre-Textos [entrevista]» Función Lenguaje. Centro de Literatura Aplicada de Madrid, s/f.

Luis García, «Manuel Borrás-Pre-Textos», Péndulo del milenio, núm. 20 (2001), pp. 40-44.

Alfons García, «Hoy no existe justificación para la incultura [entrevista]», La Opinión e Málaga, 7 de diciembre de 2015.

Daniel Heredia, «Manuel Borrás. “Un editor o lo es por vocación, ama la lectura y apuesta por los valores sin consensuar, o no es nada [entrevista]», ¡A los libros!, 1 de julio de 2014.

Emma Rodríguez, «Se ha desvirtuado la naturaleza lenta de la literatura [entrevista]», lecturasumergidas.com,. 29 de enero de 2016.

Solodelibros, «Nosotros no editamos para el público, nosotros lo hacemos para los lectores», 3 de octubre de 2009.

Sergio Vila-Sanjuán, Pasando página. Autores y editores en la España democrática, Barcelona, Destino (Imago Mundi 26), 2003.

Alfonso Villa Francés, «Editar en tiempos revueltos: Pre-Textos», Jot Down, s/f.

Editar para dar fe: las iniciativas de Norbert Orobitg

«Tancar els ulls a una realitat que la volem aparedar

perqué ens fa mal als ulls, no es esborrar aquesta realitat.»

Norbert Orobitg

 

Cuando el pintor Norbert Orobitg i Carné (1915-1995) se puso por primera vez al frente de una iniciativa editorial, contaba ya, aparte de con su formación en Magisterio, con una notable experiencia en el mundo de las letras, entre la que se contaba la de miembro de la Comisión de Cultura y responsable de las bibliotecas que los cuáqueros organizaron en el campo de refugiados de Saint Cyprien, al que Orobitg había ido a parar al final de la guerra civil española.

Saint Cyprien

Campo de Saint Cyprien.

El camino que le había conducido al campo estuvo jalonado por su afiliación en 1931, de la mano de Manuel de Pedrolo y de Josep Magí, a las Juventuts d’Estat Català, su entrada luego en la Federación Española de Estudiantes de Magisterio (1935) y posteriormente en el Partit Socialista Unificat de Catalunya (1936) y, ya durante la guerra civil, su actividad como conseller de Transportes y Obras Públicas en el Ayuntamiento de su Tárrega natal (1938), antes de ser nombrado ese mismo año para el Tribunal Especial Contra el Sabotaje y la Alta Traición en la misma ciudad.

Así, pues, su exilio en los momentos finales de la contienda se inicia en el campo de Saint Cyprien, del que posteriormente pasará en 1940 al de Argelès, desde donde puede empezar a salir enrolándose en uno de los batallones de trabajadores españoles con que los franceses suplían a los agricultores y obreros enviados al frente. Al cabo de poco tiempo, en 1941 cruza la frontera con Andorra, donde se establece primero como jornalero y luego, en cuanto se decretó la expulsión de Andorra de todos los indocumentados, como profesor particular. Al concluir la guerra mundial, se traslada durante unos años a Perpiñán, hasta que en 1949 regresa a Andorra y al año siguiente crea la Escola Particular. Seis años más tarde, entra de nuevo en Cataluña, donde alterna su tarea de maestro y la venta de libros a domicilio con la ayuda a los grupos comunistas en la clandestinidad. Hasta que el 28 de abril de 1964 es detenido por la temida Brigada Social por posesión de «propaganda clandestina» y condenado a dos años.

N Orobitg i Carne, 1970

Una de las primeras ediciones de Orobitg en Andorra, en 1970.

Cuando una vez conseguido el pasaporte, regresa a Andorra, una de las primeras cosas que hace es asociarse con un socio capitalista con nacionalidad andorrana, Josep Mestres, para poder así poner legalmente en marcha Publicitat Andogràfica con unos muy exitosos Anuaris-guía, extensos volúmenes en los que los directorios de empresas andorranas alternan con breves artículos de historia, ocio y cultura, firmados por personajes de cierto fuste en los ambientes culturales del país, como el pintor Albert Ràfols i Cullerés (1892-1986; padre del célebre pintor y poeta Albert Ràfols-Casamada), el periodista y escritor catalán exiliado en Andorra Lluís Capdevila (1895-1980) o el historiador y escritor Pere Canturri (1935-2015).

LluisCapdevila

Lluís Capdevila durante la guerra civil.

A partir de ese momento, la actividad literaria se entrelaza con la dedicación a la edición de libros: de febrero de 1970 es la publicación de su poemario De l’amor a la Terra Alta, del 4 de marzo la legalización de la empresa Edicions del Mirador del Pirineu y de octubre de ese mismo año la aparición de su primera novela, La Pau dins la Guerra (escrita en la sexta galería de la prisión de Carabanchel y, obviamente, por ello mismo, impublicable en España).

Edicions del Mirador del Pirineu venía a sumarse al auge editorial del país, que representaban en aquellos años sobre todo iniciativas como Editorial Andorra o la muy sólida Casal i Valls con obras que en muchos casos pretendían dar fe de los acontecimientos políticos y militares de las últimas décadas. Entre sus principales títulos, todos ellos muy combativos, se cuentan por ejemplo las ya mencionadas La Pau dins la Guerrra y De l’amor a la terra alta; Els camins de la por (1971), de Miquel Lladó; Fui del mixto de artillería de Melilla (1972), de Magí Riart Birbe; Por qué fui secretario de Buenaventura Durruti (1972), de Jesús Arnal; Contrapunts al Camí de l’Opus Dei (1973), de Josep Dalmau, de la que Pòrtic había hecho una primera edición que la censura española secuestró, y la misma suerte corrió esta segunda; o el volumen de memorias de quien fuera secretario de Lluis Nicolau d’Olwer, Domènec de Bellmunt Cinquanta anys de periodisme català (1975), de quien previamente había publicado también Boires i Candelers (novel·la de l’Urgell). Els prrimers records (narracions en prosa) (1973).

Memorias

La creación en 1972 de sus propios talleres gráficos en Andorra (Gràficas Tobira) y una librería que se convirtió en punto de peregrinaje para las compradores peninsulares de las ediciones de Ruedo Ibérico (LEsquetlla) permitían a Orobitg esquivar, más o menos, la censura. En 1973 había añadido a su actividad la creación de una revista estrictamente cultural, Claror, de la que llegó a publicar once números, pero la censura española hizo inviable la continuidad de esta publicación, y la posterior retirada de la empresa de Josep Mestres, que actuaba casi como mecenas más que como inversor, acabó por dar al traste con todos estos proyectos.

Norbert Orobitg visto por el grabador Lluís Trepat.

Así las cosas, en 1977 Norbert Orobitg regresa de nuevo a Tárrega y posteriormente se traslada a Arcalís, donde además de una galería de arte (Claris) pone en marcha una Fundació Mirador donde publica varios de sus libros hasta su muerte, dejando aún una buena cantidad de inéditos entre los cuales una trilogía de novelas breves ambientadas en el campo de refugiados de Saint Cyprien titulada D’un temps de vent i salobre o Unes vides més o menys?, formada por El pobre Jeroni, La llibreta del mestre d’escola y El Brillante, para la cual incluso dejó escrito un preámbulo de presentación pero continua inédita.

Fuentes:

Anónimo, «Norbert Orobitg i Carné, un dels camins habituals dels exiliats a França», en Núria Bonet Baqué, Amanda Cardona Alcaide y Gerard Corbella López, eds., Tárrega. 1939-1962. Aproximació a la repressió, l´exili i la vida quotidiana, pp. 28-29.

Sergi Mas,« Norbert Orobitg (1915-1995), apóstol laic», ExLibris Casa Bauró. Fulls de bibliografía, núm 18 (abril de 2015), pp. 3-5.

LaLlumFaNosaRamon Miró «L´autobiografia de Norrbert Orobitg», Culturàlia. Centre Cultural de Tárrega, núm. 21 (verano 2001), pp. 5-6.

Pere Miquel Fonolleda Pérez, Editorials i societat a Andorra, 1945-1994, i relacions amb Catalunya sota el règim franquista, Andorra la Vella, Editorial Andorra (Biblioteca dAndorra), 2006.

Enric Orobitg Kiko Orobitg, Meritxell Orobitg y Jordi Orobitg, «Pare, escriptor, mestre i pintor», ExLibris Casa Bauró. Fulls de bibliografía, núm 18 (abril de 2015), pp. 6-8.

Antoni Pol, «Norbert Orobitg i Carné, seductor cultural», ElPeriódic.ad, 5 de mayo de 2015.

J. V., «La llum fa nosa, de Norbert Orobitg», La Vanguardia, 13 de julio de 1972, p. 72.

Àlvar Valls, «Aproximació al fet literari a Andorra», en Eliseu Trenc Ballester, ed., Els Pirineus, Catalunya i Andorra (Actes del Tercer Col·loqui Interancional de la Associació Francesa de Catalanística), Barcelona, Abadia de Montserrat, 2006, pp. 125-138.

Para una ampliación, convendría ver y contrastar con Per a la llibertat i la democràcia: autobiografia de Norbert Orobitg i Carné (1915-1995), edición de Ramon Miró, Lleida, Institut d’Estudis Ilerdencs, 2001.

 

 

 

Todo mucho más claro: los Argumentos de Anagrama y su partitura

Tantas luchas que ha costado,

tantos afanes en vela,

tantos bordes de fracaso

junto a este esplendor sereno

ya son nada, se olvidaron.

Pedro Salinas, fragmento de «El poema»

 

Del mismo modo que el canon está sujeto a vaivenes y cambia con el paso del tiempo (cada vez menos tiempo), también los géneros literarios, como la Bolsa, experimentan subidas y bajadas, no siempre fáciles de justificar ni de prever. En las últimas décadas, el ensayo, como la biografía, la crónica periodística o el relato breve –y a diferencia de la novela–, ha estado intermitentemente en lugares preeminentes, a menudo en función de los temas de actualidad. Sin embargo, se ha extendido tanto el sentido del término “ensayo”, que en algunos casos resulta poco orientativo y es poco menos que un cajón de sastre. En otros casos: la cuestión está muy clara.

ProcMoscú En abril de 1969 salían a la luz las colecciones fundacionales de la Editorial Anagrama: Textos (1969-1970, dedicada al ensayo traducido al catalán: Pavese, Sartre, Lévi-Strauss, Artaud), Documentos (1969-1982, que se estrenó con Los procesos de Moscú, de Pierre Broué y se cerró con La nueva derecha norteamericana de Alain Finkieltraut) y Argumentos, que en conjunto y en su contexto trazaban el perfil de una editorial claramente de izquierda heterodoxa y a contracorriente dedicada de un modo preferente a la no ficción de marcado carácter político, sociológico y artístico. No tardarían en sumarse a éstas otras colecciones (Cuadernos, Cinemateca Anagrama, Ibérica, Debates) que subrayaban y matizaban esta misma imagen, si bien es también cierto que desde el principio reservó espacio a la literatura de creación, tanto en los Cuadernos (Sacher-Massoch, Marqués de Sade, Gombrowicz, Jacques Vaché), como sobre todo en la Serie Informal (1970-1989: Donald Barthelme, Stendhal, Luis Goytisolo, André Breton, José Donoso, Juan García Ponce, Tom Wolfe…).

DetallesA

Cubierta de la primera edición de Detalles (aún sin el logo).

La colección Argumentos se estrenó con Detalles, de Hans Magnus Enzesberger, y en el momento de escribir estas líneas está a un paso de llegar a la asombrosa cifra de quinientos títulos, pero más asombra la firmeza con que, aun dando cabida a los temas más diversos, esta colección ha mantenido contra viento y marea un rumbo bien definido cuya mejor exposición sea probablemente la que desde su fundación en 1973 rige el Premio Anagrama de Ensayo, «el jurado preferirá los trabajos de imaginación crítica a los de carácter erudito o estrictamente científico», a lo que el propio Jorge Herralde añade a modo de precisión: «Es decir, aspirábamos a estimular y convocar ensayos creativos o imaginativos en lugar de mamotretos académicos, tesis, tesinas y similares». Sin embargo, como no podía ser de otra manera, este talante propició diversos choques con la censura que, ciñéndose al período 1970-1971, Carmen Menchero resume del siguiente modo:

Anagrama es la editorial que, junto a Estela, acumula el mayor número de rechazos, junto a dos secuestros que en una de las ocasiones le supuso al editor, Jorge de Herralde Grau, un procesamiento, siendo finalmente indultado en septiembre de 1971. La obra que le hizo valedor de tal atención fie Los Tupamaros [Documentos 9] de Antonio Mercader y Jorge de Vera, revisada por Ordenación Editorial bajo el expediente 833-71. Revuelo insospechado levantó también la publicación de la primera obra de Vicente Verdú, Si usted no hace regalos lo asesinan [Serie Informal 4], en el mismo año, llegando los censores a elucubrar interpretaciones mucho más allá de la intencionalidad real de la obra, causando el incidente tal impacto en el autor que no volvió a publicar hasta tres años después.

Detalles

Una edición ya con el logo en cubierta.

Y el hecho de optar por pasar por alto la consulta previa y arriesgarse a la denuncia, hizo que fueran unos tiempos de pugna constante (a veces muy cara en términos económicos) con la censura tardofranquista.

El diseño gráfico original de las cubiertas de la colección –obra de Julià Mumbrú (que se dio a conocer en Proa y Aymà y creó también el logo de Anagrama) y actualmente realizado por Estudio A– es muy marcado y está presidido por una imagen (fotografía, dibujo) centrada sobre un fondo cuyo color se ha estabilizado en distintos tonos de marrón o gris (con algunas excepciones, cómo no, como Diez mil millones, por ejemplo), y apenas cambió a lo largo del tiempo más que en la tipografía y el añadido del logo, pero el diseño de Siete breves lecciones de física parece anunciar un cambio más acusado, por lo menos en cuanto a los títulos de carácter más científico que de humanidades, si bien pudiera tratarse también de una excepción.

Cuando a finales de los años setenta el ensayo político perdió buena parte del interés de los lectores españoles (coincidiendo, curiosamente, con el fin de la censura), se presentaron nuevas dificultades. Anagrama potenció y acrecentó entonces su línea de narrativa, tanto traducida como originalmente escrita en español, hasta el punto que no son pocos los lectores para los que el nombre de Anagrama va asociado más a la novela y el cuento que al ensayo. Sin embargo, y sobre todo gracias a los textos surgidos desde 1973 del Premio Anagrama, la colección Argumentos ha continuado avanzando con las velas desplegadas, y en buena medida es otra de las bases de este premio lo que más puede contribuir a explicarlo: «No habrá limitación formal alguna, aunque se valorarán especialmente aquellos trabajos que representen una apertura en concepto literario de ensayo», que se acompaña de la exclusión de las «simples recopilaciones de artículos».

Ruedo2000La sola lista de títulos galardonados o finalistas del Premio Anagrama (de Rubert de Ventós a Enrique Gil Calvo, pasando por Eugenio Trías, Fernando Savater, Manuel Delgado, Jordi Gracia o Miguel Morey) bastaría para componer una imagen bastante fiel del alcance y los rasgos más definitorios de la colección Argumentos, pero dejaría fuera a la impresionante cantidad de traducciones.

Leyendo a lo largo la colección, es posible por ejemplo seguir la evolución intelectual de un humanista de nuestro tiempo de primer orden como es Hans Magnus Enzesberger, que estrenó la colección y publica Ensayos sobre las discordias como número 500, después de haber aparecido en Argumentos lo más granado de su obra ensayística; o bien, en consecuencia con la idea que Herralde tiene de lo que debe ser un catálogo editorial creativo, invita o sugiere hacer determinadas lecturas que tanto pueden resultar complementarias como contrapuestas: valga como ejemplo, la de Rastros de carmín. Una historia secreta del siglo xx, de Greil Marcus, publicada en 2005, con la más reciente de Dadá. El cambio radical del siglo xx (2016), de Jed Rasula. En otras palabras, se cumple el principio según el cual un catálogo no es sólo la suma de los títulos que lo componen, sino un discurso nuevo (cuyo autor es sin duda el editor) que no surge mecánicamente de su acumulación, sino que más bien es, en cierto modo, un nuevo sentido y significado que nace de una mirada transversal de ese listado de títulos.

35be5-ricardo_piglia_respiracion_artificial_argentina

Ricardo Piglia (n.1941), otro de los insignes presentes en Argumentos (con Crítica y ficción y Por un relato futuro).

En consecuencia, señalar que se trata de una colección de Humanidades, de pensamiento o que los temas predominantes en la colección pueden inscribirse en la estética, la crítica literaria y artística, la sociología, la politología o la sociología, será siempre inexacto o insuficiente –del mismo modo que lo sería definir un poema por la suma de sus versos–, tanto como señalar el predominio del pensamiento francés (Lévi-Strauss, Foucault, Deleuze, Glucksmann, Debord, Bourdieu, Lipovetsky, etc.), porque es una colección muy viva. Y aun así, para seguir perfilándola es indispensable añadir aún algunos nombres insignes y títulos estelares a los ya mencionados: Juan Villoro, José Antonio Marina, Alan Pauls, Josep Martínez Guerricabeitia: la epopeya de Ruedo Ibérico (de Albert Forment), Jean Baudrillard, Roberto Bolaño, Alessando Braicco, Claudio Magris, Lecturas de Octavio Paz (de Pere Gimferrer), Oliver Saks, Edward W. Said, W.G. Sebald, La Escuela de Barcelona (de Carme Riera), Harold Bloom, Noam Chomsky… No se trata de otro dream team, ¡sino de una all-stars big band!

André Schiffrin con Jorge Herralde en el programa televisivo de Emili Manzano L´hora del lector

Jorge Herralde con el también editor André Schiffrin en el programa televisivo de Emili Manzano L´hora del lector.

Apéndice los 10 primeros Argumentos y los núms. 490-500, que dan idea tanto de la coherencia como de la vitalidad de Argumentos.

1 Hans Magnus Enzesberger, Detalles, traducción de N. Ancochea Millet, 1969.

2 Roger Vailland, Laclos (Teoría del libertino), traducción de Joaquín Jordà, 1969.

Edición en Anagrama de La industria del libro, de Jason Epstein

Edición en Anagrama de La industria del libro, de Jason Epstein

3 Georges Mounin, Saussure. Presentación y textos, traducción de Joan A. Argenté y Amado Alonso, 1969.

4 Barrington Moore Jr., Poder político y teoría social, traducción de José R. Llobera, 1969.

5 Paolo Caruso, Conversaciones con Lévi-Strauss, Foucault y Lacan, traducción de Francisco Serra Cantarell, 1969.

6 Roger Mucchiello, Introducción a la psicología estructural, traducción de Ramón García, 1969.

7 Jürgen Habermas, ed., Respuestas a Marcuse (textos de Alfred Schmidt, Fritz Hang, Claus Offe, Joachim Bergmann, Heide Berdnt, Reimut Reiche y Paul Breines), prólogo y traducción de Manuel Sacristán, 1969.

8 André Glucksmann, El Discurso de la Guerra, traducción de Miquel Martí i Pol, 1969.

9 Georges Mounin, Claves para la lingüística, traduccíon de Felisa Marcos, 1970.

10 Marthe Robert, Acerca de Kafka. Acerca de Freud, traducción de José Luis Giménez Frontín y Jaume Pomar, 1970.

DemasiadosLibros1996

490 Ricardo Piglia, Por un relato futuro. Conversaciones con Juan José Saer, 2015.

491 Thomas Piketty, La crisis del capital en el siglo XXI. Crónicas de los años en que el capital se volvió loco, traducción de Hebes Ostroviesky, 2015.

492 Oliver Sacks, En movimiento. Una vida, traducción de Damià Alou, 2015

493 Julia Cagé, Salvar los medios de comunicación, presentación de Thomas Piketty, traducción de Joan Riambau, 2016.

494 Oliver Sacks, Gratitud, traducción de Damià Alou, 2016.

495 Jed Rasula, Dadá. El cambio radical del siglo XX, traducción de Daniel Najmías, 2016.

496 Eric Jarosinski, Nein. Un manifiesto, traducción de Juan de Sola, 2016.

497 Carlo Rovelli, Siete breves lecciones de física, traducción de J. Ramos Mena, 2016.

Epstein2001498 Žižek Slavoj, La nueva lucha de clases, traducción de Damià Alou, 2016.

499 Philip-Joseph Salazar, Palabras armadas, traducción de Ignacio Vidal-Folch, 2016.

500 Hans Magnus Enzesberger, Ensayos sobre las discordias, traducción de Michael Faber-Kaiser, Richard Gross y Francesc Rovira, 2016.

Fuentes:

Pueden consultarse los títulos vivos de la colección Argumnentos aquí.

Página web de Anagrama.

Anagrama. 25 años. 1969-1994, Barcelona, Anagrama, 1994. Edición no venal.

Anagrama. 40 años. 1969-2009, Barcelona, Anagrama, 2009. Edición no venal.

MarcaEditor4Jorge Herralde, Biblioteca Anagrama. 40 años de labor editorial, Barcelona, Anagrama, 2009.

Jorge Herralde, «Premio Anagrama de Ensayo: 25º aniversario» (julio de 1997), en Opiniones mohicanas, prólogo de Sergio Pitol, Barcelona, El Acantilado 43, 2001, pp. 119-122.

Carmen Menchero de los Ríos, «Editoriales disidentes y el libro político», en Jesús A. Martínez Martín, Historia de la edición en España 1939-1975, Madrid, Marcial Pons (Historia), 2015, pp. 809-834.

Xavier Moret, Tiempo de editores. Historia de la edición en España, 1939-1975, Barcelona, Destino (Imago Mundi 19), 2002.

 

Otra carrera literaria truncada por la guerra: Lluis Palazon i Beltran

retratPalazon

Lluís Palazón i Beltran (1914-1953).

Como consecuencia del resultado de la guerra civil española, son muy pocos los datos asequibles acerca de Lluis Palazon i Beltran (1914-1953), quien sin embargo llevó a cabo una incipiente pero muy interesante labor como narrador, una obra periodística que está aún por aquilatar y una imprescindible carrera como editor y director literario –al lado de Josep Janés i Olivé (1913-1959) –, de la que es también muy poco lo que se conoce.

La información más detallada y ordenada a la que se puede acceder con facilidad es el muy útil Diccionari de la traducció catalana, que ofrece algunos datos fundamentales. Según este texto, firmado por Annacris Mora i Figuera, Lluís Palazon nace en Barcelona y se estrena en el mundo de las letras en la muy exquisita publicación de creación literaria La Revista (1915-1936), que, bajo la dirección del poeta Josep Maria López-Picó (1886-1959), aglutinaba a escritores en general bastante mayores que Palazon y más o menos vinculados al Noucentisme que iban de Carles Riba (1893-1967) y J.V. Foix (1893-1987) a Josep Obiols (1894-1967), Agustí Esclassans (1895-1967) o Tomás Garcés (1901-1993), entre muchos otros.

Janésn-9_foto

Josep Janés i Olivé.

Con apenas diecinueve años, en La Revista Palazon publica –salvo error– sólo dos textos ensayísticos en prosa, «Ideal i carácter» (julio-diciembre de 1933, pp. 62-63) y «Entre les aules i el carrer» (enero-junio de 1934, pp. 7-78), pero por esos mismos años ya ha iniciado una incipiente carrera en el periodismo, de la mano del aún más joven Josep Janés i Olivé, que cuando en los primeros meses de 1932 se convirtió en editor del Diari Mercantil renovó a sus colaboradores incorporando a jóvenes como Pere Calders (1912-1994), Avel·lí Artís Gener (1912-2000), Joan Teixidor (1913-1992), Ignasi Agustí (1913-1974), Enric Cluselles (1914-2014) y Palazón, que contribuyeron a dar un sesgo más cultural y alegre al periódico. Así cuenta Calders su trabajo, y el de Palazon:

De veras que no sé cómo se podría calificar el trabajo que hacía [en el Diari Mercantil], si de mozo de redacción o de colaborador literario. En cualquier caso, fue un período muy breve, porque el Diari Mercantil, editado en nuestra lengua duró desde el 1 de febrero de 1932 hasta el 5 de agosto de 1933. Mi ocupación principal consistía en recibir al ciclista que nos traía las noticias servidas por la agencia Havas. Venían copìadas en unas hojas de papel vegetal, casi transparentes, en una tinta decolorada que a menudo hacía difícil su lectura, pero nos las apañábamos. Otro compañero (Lluís Palazón, ya muerto) y yo teníamos la misión de seleccionar las informaciones que nos parecían más interesantes, traducirlas del castellano y ponerles título. A continuación las pasábamos a los linotipistas, que eran tres en total, uno para cada máquina.

AvuiJanés

Palazón estuvo en primera línea también en la creación del efímero periódico Avui. Diari de Catalunya, una aventura de Janés cuya cabecera diseñó Calders y cuyo primer número apareció el 14 de octubre de 1933; figuraban como redactores Calders, Vicenç Verni y Palazón. De nuevo es Calders quien ha dejado un testimonio impagable del funcionamiento de esa disparatada iniciativa juvenil (en la que publicaron Ignasi Agustí, Farran y Mayoral, Sebastià Juan Arbó e incluso se estrenó Calders como narrador), que concluyó abruptamente cuando los empleados se cansaron de no cobrar: «[Janés] persuadió a los que hacían funcionar la imprenta y a unos cuantos redactores y colaboradores para que hicieran el periódico sin cobrar hasta que hubiera beneficios».

Pere Calders

Pere Calders.

Coincidiendo con esta aventura juvenil, encontramos ocasionalmente la firma de Palazón en las páginas del periódico de Manresa El Pla de Bages (donde firma por ejemplo una defensa de la conveniencia de instituir un premio de periodismo) y en un Avui. Diari de notícies editado en Reus que nada tiene que ver con el anterior. En esta última publicación aparece, por ejemplo, una completa reseña del poemario Glosari de Pietat, de Camil Genís, publicado en la Biblioteca Sabadellenca («Una nova obra de Camil Genís», 18 de octubre) y, aún más interesante, dos importantes textos acerca de Proust, uno sobre el epistolario («Evocació de Marcel Proust», 22 de nociembre de 1933) y el otro sobre la concepción del tiempo en su narrativa («La noció de temps en la estètica de Marcel Proust», 12 de diciembre de 1933), que ponen de manifiesto la lucidez y completa formación literaria que tenía ya por entonces Palazón, que le permitía hacer reflexiones y emitir juicios muy atinados. Y aún encuentra tiempo además para traducir nada menos que a Balzac para los Quaderns Literaris que pone en marcha su amigo Janés en 1934.

Interior

Interior de Variacions sobre el crim.

Es posible que la firma de Palazón se agazape en alguna otra publicación que no he sabido localizar, y que sea también entonces cuando se incorpora a la Metro Goldwyn Mayer, tal vez como traductor. En cualquier caso, en el verano de 1936 aparece un asombroso conjunto de relatos, Variacions sobre el crim, que anuncian un prosista y narrador de fuste, con una marcada preferencia por los ambientes cosmopolitas, artísticos y literarios como escenario, un ágil empleo de las referencias y guiños culturales y una desinhibición temática muy refrescante. Así le presenta su editor, Josep Janés, en el frontispicio a este libro aparecido en la colección de La Rosa dels Vents Quaderns Literaris como número 120:

Lluís Palazon i Bertran pertenece a la generación de los novísimos. Nació en Barcelona y es el escritor más joven al que habremos incorporado a los Quaderns Literaris. Variacions sobre el crim es la primera de las obras que pubica, pero no la primera que ha escrito; todos los trabajos literarios llevados a cabo con anterioridad a este libro permanecen todavía inéditos, salvo algunos ensayos […].

La labor inédita de Palazon abarca los campos más diversos; ha escrito novela, poesía, ensayo, crítica; ha hablado de cine, de filosofía, de arte, de catalanismo… Siempre, sin embargo, poniendo su obra de imaginación bajo el signo del surrealismo, particularmente grato a nuestro autor acaso porque sus más altos vuelos coincidieron con los primeros pasos de Palazon en el mundo de las letras.

Bio

Original en catalán del texto de presentación de Variacions sobre el crim.

Por desgracia, la guerra truncó una carrera cuyo inicio era muy prometedor, y en la posguerra su pista aparece como mano derecha única e indispensable de los primeros pasos de Janés como editor cuando, a su regreso del exilio y el correspondiente paso por prisión, se establece en Barcelona (el mítico Muntaner, 316). Al lado de Janés hasta su muy prematuro fallecimiento, Palazon llevará a cabo tanto gestiones administrativas (varias peticiones de autorización a Censura llevan su firma), como de edición de mesa o de poco menos que dirección literaria, amén de dejar una nada desdeñable cantidad de traducciones –en la inmediata posguerra con seudónimo– publicadas en las diversas empresas que durante aquellos años puso en pie Janés. Así lo contaba el linotipista Joan Bonet i Martorell:

El único colaborador que tenía en sus sueños editoriales era Lluís Palazon. En lo que más parecía un trastero me mostró todo lo que había hecho hasta entonces. Aquellas colecciones de El Grano de Arena, Cristal, etc. Editadas muchas de ellas con restos de papel que pudiera haber de resmas en la fabricación de los papeleros, con papel de barba incluso, mientras se pudiera imprimir.

Según el testimonio de Manuel Martínez, cuando el 22 de agosto de 1942 se incorpora a la editorial para ocuparse de las tareas administrativas, descubre que la plantilla de esa asomborsa empresa que no paraba de publicar libros seguía estando compuesta sólo por Josep Janés, su hermano Ángel y Palazón.

El hermano de Lluís, Ramon Palazon i Beltran, que durante la guerra fue nombrado presidente del tercer tribunal popular de Barcelona y presidió la Audiencia de Lleida –por lo que Artís le bautizó como «Palazón de Justicia» para distinguirlo de su hermano–, fue uno de los muchos exiliados que se beneficiaron de la generosidad de Janés, y estando aún en Nimes, antes de su traslado casi definitivo a México, tradujo para él uno de los primeros títulos de Wodehouse, que apareció en las Ediciones Ánfora en 1943 firmado con el seudónimo Raymon Mayoral. Mucho más tarde, yCovertaVariacionsCrima en México, Ramon publicaría la traducción de la conocida y a menudo reimpresa Breve historia de la primera guerra mundial de Vincent J. Esposito (Diana, 1966), además de participar activamente en las iniciativas culturales del Consell Nacional de Catalunya.

Sin embargo, resulta muy lamentable, tras la lectura de Variacions sobre el crim, que no llegaran al lector las obras que su hermano Lluís habría sido capaz de dar a imprenta de no haber sido por el alzamiento y la consecuente guerra civil (y su resultado). E incluso en el improbable caso de que algún día se recuperaran y se publicaran esos trabajos inéditos a los que alude Janés (o los que pudiera haber escrito después), es difícil saber cómo se leerían en un contexto ya tan distinto. Llaman la atención los temas de los relatos de Palazon, pero sobre todo los ambientes y personajes que recrea y con qué precisión, la variedad de ecos que resuenen en sus tramas, quizás hoy un tanto demodés (Wilde, Baudelaire, Proust, Conan Doyle), pero también una cierta sintonía menos evidente con algunas de los cuentos sobre el príncipe Zaleski de M. P. Shield (1865-1947), y todo ello en una prosa ciertamente trabajada, pero que aun así hoy puede resultar añeja pese a su equilibrio y sobriedad. ¿O quizá no?

ANEXOS:

Traducciones de Ramon Palazon i Beltran

Traducciones al español

G. Wodehouse, El tío Fred en primavera (firmada como B. Palazón), Barcelona, Ánfora, 1942.

Maurice Constantin-Weyer, Una cuerda sobre el abismo (firmada Raimundo Mayoral), Barcelona, Ediciones Pal·las (Rosa de los Vientos), 1942.

Émile Dermenghen, Vida de Mahoma (firmada como Raimundo Mayoral), Barcelona, Lauro, 1942.

754366Abel Hermant, Eugenia de Montijo: La española que fue emperatriz de los franceses (firmada como Raimundo Mayoral), Barcelona, s.l. [Barcelona]/ s.n. [José Janés Editor] Colección Historia, Imprenta Moderna, s.a. [1943]

Jacques de Lacretelle, Silbermann y El regreso de Silbermann (firmada como Raimundo Mayoral) Barcelona, Aymà (Bahía I), 1943.

Joseph Peyre, El escuadrón blanco (firmada como Raimundo Mayoral), ilustraciones de Ricard Giralt-Miracle, Lauro (La Vuelta al Mundo en Ochenta Libros: Sáhara), 1944; reimpresa en Ediciones G.P. (colección Guada. Libros Alcotán 38), 1958.

Bibliografía de Lluis Palazon i Beltran:

(No se registra la obra en las publicaciones periódicas mencionadas)

Narrativa en catalán:

Tres variacions sobre el crim. Tres històries morals, Barcelona, Edicions de la Rosa dels Vents (Quaderns Literaris 120), 1936.

Traducciones al catalán:

Honoré de Balzac, El rector de Tours, Barcelona, Quaderns Literaris 15, 1934; reimpresa en El coronel Cubert [traducida por Domènec Guansé] y El rector de Tours, Barcelona, Destino, 1985.

Portada de El baile del conde de Orgel, de Radiguet, en la colección Cristal.

Portada de El baile del conde de Orgel, de Radiguet, en la colección Cristal.

Traducciones al español:

Raymond Radiguet, El baile del conde de Orgel (firmada como Luis Ignacio Bertrán), Barcelona, Cristal, 1941.

Paul Valéry, Las Quintaesencias, selección, traducción e introducción (firmadas como Luis Ignacio Bertrán), con ilustraciones de Joan Palet, Madrid-Barcelona, Ediciones de la Gacela, 1941.

François Maurois, Las Quintaesencias, selección, traducción e introducción (firmada como Luis Ignacio Bertrán), Barcelona, Ediciones de la Gacela, 1942.

Charles Morgan, Sparkenbroke (firmada como Luis Ignacio Beltrán), Barcelona, Ediciones de la Gacela, 1943; reimpresa con el título La llamada infinita por Plaza & Janés (colección El Arca de Papel 42) en 1973.

Robert Louis Stevenson, El secreto del buque Náufrago (firmada como Luis Ignacio Bertrán), Ediciones Pal·las (Rosa de los Vientos), 1943.

Maurice Baring, Recuerdo inquietante (firmada como Luis Ignacio Bertrán), Barcelona, Ánfora, 1942.

G. Wodehouse, Guapo, rico y distinguido (firmada como Luis Ignacio Bertrán), La Pléyade. Novelistas Ingleses, 1944; reimpresa en una versión revisada por Hugo Mariano, Anagrama, 1993.

Clament Richard Attlee, Hacia una nueva estructura social (firmada como Luis Palazón Bertrán), Barcelona, José Janés Editor (Los Libros de Nuestro Tiempo), 1946.

Retrato y portadilla de Las Quintaesencias de André Maurois

Retrato y portadilla de Las Quintaesencias de André Maurois

Patrick Hamilton, Luz de gas. Un guiñol victoriano (firmada como Luis Ignacio Bertrán), José Janés Editor (El Manantial que no cesa) 1947; reimpresa en Ediciones G.P., 1959, y posteriormente en Plaza & Janés.

Jack London, Una hija de las nieves (firmada Luis Ignacio Beltrán), con ilustraciones de Ricard Giralt-Miracle, Barcelona, Ediciones Lauro (La Vuelta al Mundo en Ochenta Libros: Alaska), 1949.

Winston Churchill, Memorias. La Segunda Guerra Mundiall III: La Gran Alianza (dos volúmens, firmado el primero como Luis Palazon y el segundo obra de Manuel Bosch Barrett), José Janés Editor (Los Libros de Nuestro Tiempo), 1950.

Winston Churchill, Memorias. La Segunda Guerra Mundial VI: El gozne del destino (dos volúmenes, firmados ambos como Luis Palazon), José Janés Editor (Los Libros de Nuestro Tiempo), 1951.

Fuentes:

La biblioteca de los hermanos Ramon y Lluís Palazon, compuesta de unos dos mil volúmenes, fue donada a la Biblioteca Pere Vergés de Badalona.

diccionari-de-la-traduccio-catalana_s.f., «El fundador del primer Avui dona la seva biblioteca», Avui, 27 de octubre de 1982, p. 42.

Joan Bonet i Martorell, Josep Janés i Olivé: Poeta i editor present en el record de l´amistat. Dietari de les hores grises, Barcelona, Imprenta Moderna, 1963.

Jacqueline Hurtley, Josep Janés. El combat per la cultura, Barcelona, Curial (Biblioteca de Cultura Catalana 60), 1986.

Josep Mengual, A dos tintas. Josep Janés, poeta y editor, Barcelona, Debate, 2013.

Annacris Mora i Figuera, «Lluis Palazon i Beltran», en Montserrat Bacardí i Pilar Godayol, dirs., Diccionari de la traducció catalana, Vic, Eumo-Universitat Autònoma de Barcelona-Universitat de les Illes Balears-Universitat Jaume I-Universitat de Vic, 2011.

Lluis Palazon, Variacions sobre el crim. Tres històries morals (Incluye los relatos «Variacions sobre el crim», «Decebuts» y «El secret de l´homosexual»), Barcelona, Quaderns Literaris 120, 1936.

Joan Solà i Drachs, Història dels diaris en català, 1879-1976, Barcelona, Edhasa, 1978.

Papel 451: Laia bajo la égida de Ray Bradbury

WELLECK

Encuadernadas en rústica con solapas, Papel 451 lucía cubiertas diseñadas y realizadas por Enric Satué.

A Jorge Portland, que sin saberlo me dio la idea.

Para por lo menos toda una generación, Historia literaria. Problemas y conceptos (1983), libro del crítico literario checo René Wellek (1903-1995), supuso el primer contacto con el germen de lo que años más tarde sería la literatura comparada, con la teoría literaria e incluso, en muchos casos, el primer enfrentamiento crítico con los fundamentos y problemas teóricos que presenta la historia y la periodización literaria como disciplinas. Sin embargo, el libro se incluía en una colección de la editorial Laia, Papel/451, que, si bien concedía un espacio notable a los temas literarios, se había centrado desde el principio en las humanidades en un sentido muy amplio que daba cabida a la historia, a la sociología, la psicología y sobre todo a la política, pero preferentemente con un enfoque teórico o una mirada amplia hacia las diferentes disciplinas.

El nombre de la colección ya presupone una determinada lectura de la obra de Ray Bradbury quien, en general, en esos años era considerado en España como poco más que un autor de género por el común de los lectores. Si bien dentro de la colección se distinguieron series específicas (historia, literatura), la numeración de Papel 451 era consecutiva y se presentaba del siguiente modo: «Textos básicos, imprescindibles para acceder al conocimiento de las estructuras culturales del mundo contemporáneo. Una colección de textos no numerarios en aula libre.»

Sin embargo, el nacimiento de la colección es un poco anterior a la creación de Laia, y sus inicios se remontan a finales de los años sesenta en el seno de la editorial Estela, cuya trayectoria, a su vez, está íntimamente vinculada a la de Nova Terra. Procedamos pues por partes, como decía Jack el Destripador.

LOGO

Nova Terra la funda en 1957 un grupo vinculado a la Juventut Obrera Cristiana (JOC) en el que se cuentan el entonces vicario de la Barceloneta Joan Carrera (1930-2008), Anton Cañellas (1923-2006), Joaquim Pibernat (1924-1984), Alfons Carles Comín (1933-1980), Josep Verdura o Ignasi Riera (n. 1940), que muy pronto empezó a publicar indistintamente en catalán y castellano obras de orientación religiosa destinadas tanto al público adulto como al infantil y juvenil, tomando como modelo Les Editions Ouvrieres de Paris (del servicio de publicaciones del JOC francés) e incluso traduciendo varias de las obras publicadas originalmente por su partenaire francés. Los choques de Nova Terra con la censura fueron frecuentes, y Francisco Rojas Carlos resume del siguiente modo el expediente que se le abrió (núm. 1.307, sin fecha):

Los informes del Ministerio estudiaron concienzudamente las líneas ideológicas de la editorial, y así se dictaminó entre otras cosas: “Examinada la línea general de sus ediciones y estudiados algunos de sus numerosos títulos característicos, puede afirmarse que Nova Terra tiene, en lo religioso, una marcada orientación peligrosamente progresista y, en lo político, una clara tendencia filomarxista. Como también «editorial de actividades progresistas, de matiz catalanista y rotunda oposición al Régimen». Entre sus integrantes, los informes destacaban las figuras de los sacerdotes Jorge Bertrán Quintana y Casimiro Martí Martí, junto a Josep Verdura y Alfonso Comín Ros, «todos los cuales sustentan una línea política de avanzada tendencia libertaria».

COBB

Adviértase la muy sutil diferencia en el diseño del frontis de la cubierta.

El Ministerio encabezado por Manuel Fraga Iribarne (1948-1996) se abocó entonces a una labor de presión para que Verdura y Comín fueran apartados de la editorial y sustituidos por personas más moderadas, cosa que consiguieron durante el estado de excepción de 1969 (un momento además de graves dificultades económicas y de liderazgo en la editorial), a lo que se añadiría en abril de 1973 el ataque que recibió Nova Terra cuando la ultraderecha incendió su almacén, causando graves pérdidas económicas adicionales al arrasar con varias ediciones completas antes de que se pusieran a la venta.

Los dos «expulsados» de Nova Terra, Verdura y Comín, decidieron entonces convencer al abogado, empresario y mecenas Josep Maria Vilaseca i Marcet (1919-1995) para que en 1970 comprara los fondos de la editorial Estela, una editorial nacida en 1958 y de características similares a las de Nova Terra (divulgación de textos católicos en castellano y catalán), entre cuyos autores se contaban los muy célebres autores de literatura juvenil Josep Vallverdú (n. 1923) y Joaquím Carbó (n. 1932). Martínez Martín consigna que Estela «contaba con un capital de seis millones de pesestas y 35 accionistas, con Jaume Carner [Suñol, 1925-1992] como presidente del consejo de administración, y con un fondo de 700 títulos», y añade que el suyo representó «uno de los procesos donde se manifestó con mayor endurecimiento la política censora del Régimen».

Escáner_20160410

Sobrecubierta (en no muy buen estado y sin mostrar las solapas) de uno de los escasos libros de la colección encuadernados en tapa dura.

Así pues, Verdura se convirtió en el nuevo gerente de Estela y Comín, en cuanto salió de la cárcel, en el nuevo director literario, y ambos emprendieron un severo rediseño de la línea editorial. Del carácter muy combativo de Comín ha dejado un ilustrativo relato el mestre Josep Maria Castellet refiriéndose a sus visitas a los despachos del Ministerio de Información y Turismo (Censura):

La cosa era tan aburrida y siniestra que necesitábamos la compañía mútua. Alfonso desplegaba una táctica determinada y yo otra distinta. Visto en la distancia, no sabría decir quién lo hacía peor. Él atacaba de frente, lanzando invectivas y acabando por tratarlos a todos de reaccionarios. De vez en cuando, salvaba algún libro, pero su justificada irritación, añadida a sus actividades políticas, acabaron por hacer inviable la editorial que dirigía con Verdura.

A la altura de 1971, después de varios topetazos con la Censura, que canceló su inscripción en el registro de empresas editoriales por considerar que el plan editorial era de «contenido subversivo e incitación a la revolución social», el por entonces ministro Alfredo Sánchez Bella firmó una resolución por la que se obligaba al cierre de Estela, cuyos últimos títulos habían sido La historia del Primero de Mayo, de Maurice Dommanget, Literatura y Arte nuevo en Cuba de Miguel Barnet, Benedetti, Carpentier y Cortázar, entre otros, y  Los que nunca opinan, de Francisco Candel (conocido como el autor español más censurado por las autoridades franquistas), que fue secuestrado SAVAGE(retirado tras haber llegado a librerías), y se abrió expediente también al libro humorístico de Perich Autopista (cuya alusión en el título a El camino de Escrivá de Balaguer no pasó desapercibido al Opus). Cuenta la leyenda que el cierre se acompañó de una retorcida sentencia de un alto cargo de censura: «¡Catalanistas, católicos y rojos no puede ser!».

Sin embargo, fue en Estela donde tuvieron tiempo de aparecer los primeros números de Papel 451, a menudo con esos extensos títulos muy del gusto de la izquierda de la época: en 1970, El conflicto de las clases técnicas, un falso problema. La profesión de aparejador y la estructura de clase de las profesiones técnicas en España, de Jesús A. Marcos Alonso, y ya en 1971, Populismo y marxismo en Rusia (la teoría de los populistas rusos: controversia sobre el capitalismo), de Andrzej Walicki y traducido por Ricard Domingo, Del yo al nosotros (lectura de “Fenomenología del Espíritu” de Hegel), de Ramon Valls Plana, y La evolución de la agricultura en España, de José Manuel Neredo, todos ellos recuperados entre los primeros números de la colección una vez nació ya en 1972 Laia.

IntPueblo

Pliego de ilustraciones de La cultura y el pueblo, en el que, junto a un anuncio aparecido en El Sol en 1928, se reproducía la portada de febrero de 1933 de Sin Dios, órgano de la Liga Atea.

Junto a textos de carácter marcadamente político pero muy variados en su concepción, desde análisis críticos, libros colectivos y antologías de textos de diversos autores, y otros tan dispares como los Fundamentos de Aritmética de Gottlob Frege, la Fonología general de Zarko Mulacic o La Medicina impugnada de Guy Caro, ya entre los primeros números destacan en el muy nutrido catálogo de Papel 451 algunos muy interesantes libros en las series de historia y literatura, como el Dostoievski (1821-1881) de E.H. Carr (núm. 8), El realismo francés (Stendhal  Balzac, Flaubert, Zola, Proust), de Harry Levin (núm. 25), La reproducción, de Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron (núm. 39), los tres volúmenes colectivos dirigidos por Jacques Le Goff y Pierre Nora Hacer la historia (núms. 42, 47 y 50), la antología preparada y comentada por Christopher H. Cobb La cultura y el pueblo. España 1930-1939 (núm. 52), la Introducción al estudio de la novela, de Jacques Sauvage (núm. 53), El rapto de la cultura, de Carlos Paris (núm. 59), La novela OLEZAdel XIX. Del parto a la crisis de una ideología, de Juan Oleza (núm. 65)… En cierto modo, durante la Transición Papel 451 se convirtió para sus lectores en una colección complementaria, con una mirada más abierta e internacional, a algunas otras del tipo de la Crónica General de España de Júcar.

No estuvo ni mucho menos exenta de problemas, como puede suponerse dado el talante de su director literario y sus posicionamientos respecto a la censura, la trayectoria de Laia, que había solicitado su inscripción en 1971 y no lo obtuvo hasta 1974 y aun así, paradójicamente, con la obligación de presentar a «consulta voluntaria» (como se hizo con Edicions 62) todo título que se propusiera publicar. A los problemas con la censura se añadían otros más singulares, como el amargo conflicto generado con el librero y editor exiliado en París Antonio Soriano (1913-2005) a raíz de la publicación en Laia de los libros de Manuel Tuñón de Lara La España del siglo XIX y La España del siglo XX en 1973 y 1974 respectivamente, que Ana Martínez Rus ha documentado con rigor y detalle y estudiado con lucidez en su artículo dedicado al segorbino fundador de la Librairie Espagnole.

carlosalfnscomin

Alfons Carles Comín (1932-1980), a quien la muerte impidió tomar posesión de su cargo como diputat al Parlament de Catalunya.

Poco después de la muerte de Comín, Laia fue adquirida en 1981 por el exiliado navarro Benito Milla (1916-1987), que a su vez la legó a su muerte a su hijo Leonardo como presidente del consejo de administración, y a finales de esa década, tras sucesivos problemas financieros, acabó por desaparecer abrupta, confusa y conflictivamente, cuando el por entonces gerente, Hugo García Robles (que había sido colaborador de Benito Milla en la editorial Alfa), regresó a Uruguay dejando un agujero de doscientos millones, y los tres miembros restantes del consejo de administración (Miquel Xancó, Maria Josepa Font y Joan García Grau) interpusieron una querella criminal contra él, contra el apoderado Félix Palomar (que acababa de presentar su dimisión) y contra el asesor fiscal Enric Teixidor. Poco después, en 1990, el grueso del fondo en catalán de Laia pasó a manos de Edicions 62. Por su parte, Hugo García Robles, nacido en 1931, falleció en Uruguay en 2013 tras haber colaborado con el pseudónimo Sebastián Elcano en diversos medios radiofónicos y de prensa, entre ellos El País.

Nota: Los fondos de la editoriales Nova Terra, Estela y Laia se encuentran en el Arxiu Nacional de Catalunya y el tercero de ellos sirvió a Dolors Marín para recoger su historia en Editorial Nova Terra (1958-1978): un referent (Barcelona, Mediterrània, 2004); sin embargo, una parte de la documentación de esta editorial se había perdido en el incendio aludido.

Fuentes

Montserrat Casals, «Laia interpondrá querella criminal por estafa contra tres ex directivos de la empresa», El País, 11 de noviembre de 1989.

– «Leonardo Milla: Laia no se ha hundido», El País, 16 de noviembre de 1989.

Josep M. Castellet, «Memòries poc formals d´un director literari» en Edicions 62. Vint-i-cinc anys, Barcelona, Edicions 62, 1987.

Elena Hevia, «Laia anuncia que “probablemente” tendrá que declararse en quiebra», Abc, 5 de noviembre de 1989, p.55.

24c40-sellodecensuradelibrosespac3b1adictaduradefrancoManuel Llanas (con la colaboración de Montse Ayats), L´edició a Catalunya. El segle XX (1939-1975), Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2006.

Manuel Llanas (con la colaboración de Montse Ayats), L´edició a Catalunya. El segle XX (els darrers trenta anys), Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2007.

Jesús A. Martínez Martín, «La Transición editorial. Los años setenta», en J.A. Martínez Martín, dir., Historia de la edición en España, Madrid, Marcial Pona (Historia), 2015, pp. 329-386.

Ana Martínez Rus, «Antonio Soriano, una apuesta por la cultura y la democracia: la Librairie Espagnole de París», Litterae. Cuadernos sobre cultura escrita, núm. 3-4 (2003-2004), pp. 327-348.

Francisco Rojas Carlos, Dirigismo cultural y disidencia editorial en España (1962-1973), Universidad de Alicante, 2013.

René Wellek, Historia literaria. Problemas y conceptos, selección y presentación de Sergio Beser y traducción de Luis López Oliver, Barcelona, Laia (Papel 451/ Literatura 60), noviembre de 1983.

Ingenio y tesón contra censura: los orígenes de Malik-Verlag

????????????????????????????????????

Facsímil de 1966 del catálogo de Malik-Verlag, con el logo original.

En la etapa dorada de la editorial berlinesa Malik, en un período de enormes convulsiones políticas, se convirtió en una de las impulsoras más importantes en Europa de algunos grandes escritores marcadamente progresistas (Franz Jung, Ilya Ehrenburg, Georg Lukács, Upton Sinclair), y se la ha llegado a describir incluso como «el centro de publicaciones más importante de la izquierda progresista alemana». Sin embargo, sus inicios, en el transcurso de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), fueron posibles sólo gracias al ingenio de su fundador, Wieland Herzfelde (1896-1988).

En plena contienda, las autoridades alemanas sometían a todas las publicaciones periódicas a un minucioso y riguroso escrutinio, del que no se salvaban tampoco las culturales o artísticas, lo cual, añadido a las restricciones de papel, dificultaba enormemente que Herzfelde pudiera llevar a cabo su propósito de crear una plataforma que pudiera dar voz a un movimiento artístico o cultural por entonces en gestación, el dadaísmo, que había conocido a través del escritor Hugo Ball (1886-1927) y cuyas enardecidas defensas de la libertad lo convertían en sospechoso ante las autoridades.

neuejugend

Neue Jugend (1914).

Para lograr su objetivo, Herzfelde tuvo la genial idea de comprar en 1916, por 200 marcos, los derechos sobre una agonizante publicación estudiantil de carácter belicista y cuyo nombre le venía al pelo, Neue Jugend («Nueva Juventud»), una revista mensual de aspecto sobrio para la que el joven escritor Heinz Barger y el luego reconocido compositor Friedrich Hollaender (1896-1976) contaban con autorización gubernamental desde 1914.

A partir de mediados de 1916, pues, la cabecera aparece bajo los auspicios del otro gran proyecto de Herzfelde, la editorial Malik –cuyo nombre también serviría más adelante para esquivar la censura–, en cuya financiación y apoyo confluyó una pléyade de nombres que cobrarían mucha importancia en los años siguientes, como el escritor y político Franz Jung (1888-1963), la poeta vanguardista Elsa-Laker Schuller (1869-1945), quien luego publicaría su libro en prosa Der Malik (1919), el sociólogo y traductor germano-estadounidense Julian Gumperz (1898-1972), Johannes Robert Becher (1891-1958), que se haría conocido como ministro de Cultura de la República Democrática Alemana y como compositor del himno nacional de ese país, el talentoso pintor y dibujante George Grosz (1893-1959) o el célebre filósofo y polifacético intelectual Walter Benjamin (1892-1940), además del no menos importante mecenas Harry Kessler (1868-1937), quien, en asociación con el tipógrafo y editor Hans Mardersteig (1892-1977), en 1912 había creado una de las más exquisitas editoriales de libros de artista, Cranach Press.

NJ1916

Neue Jugend (1916)

Sin embargo, como era de suponer, el nuevo giro y los nuevos colaboradores que marcaron esta nueva etapa de la revista mensual Neue Jugend no tardaron en llamar la atención de las autoridades militares, que se apresuraron a prohibirla, lo que creó además una serie de tensiones con Barger que acabaron con su abandono del proyecto. De nuevo el joven Herzfelde dio muestras de audacia y, tomando al pie de la letra la ley y aprovechando un resquicio legal, a partir de mayo de 1917 la reconvirtió en un semanario (aunque su aparición fue irregular), le otorgó un domicilio social falso y emprendió un rediseño de arriba abajo de la revista, que adoptó el formato de un tabloide ilustrado a color, lo que la distinguía de cualquier otra publicación periódica vanguardista. Se tiraron inicialmente 3.000 ejemplares a 50 peniques, y su impacto en los círculos artísticos fue enorme.

NJ17

Neue Jugend (1917).

Richard Huelsenbeck, George Grosz y Franz Jung se convirtieron en los principales artífices de una publicación que, capitaneada por Herzfelde y con un diseño experimental de su hermano John Heartfield (1891-1968), supuso una auténtica revolución en el grafismo de su tiempo y el primer fogonazo del dadá alemán. La composición experimental en la que se combinan fuentes tipográficas, colores,  direcciones y orientaciones y tamaños, chocaba de un modo violento con algo que, por su aspecto y calidad del papel, formaba parte de la experiencia cotidiana de los lectores de periódicos comunes, choque que constituye un perfecto ejemplo de lo que por aquellos mismo años los formalistas rusos –y en particular Viktor Shklovski en su citadísimo artículo «El arte como artificio» (1917)– estaban describiendo como desviación de la norma que creaba un extrañamiento, una percepción peculiar.

Boxeo

Inicio de un combate entre Georg Grosz y John Heartfield, arbitrado por Wieland Herzfelde. Al fondo puede verse a Piscator.

Algo muy similar podría decirse del diseño de las cubiertas de Marlik, en las que destacó sobre todo la labor de John Heartfield, pionero del empleo de fotomontajes como ilustraciones de cubiertas y uno de los hombres fuertes del Dadá en Berlín, y junto a él otros ilustradores también procedentes del Club Dadá berlinés, como el austríaco Raoul Hausmann (1886-1971) o el dibujante y pintor George Grosz, con quien Malik se estrenó ya en 1917 con la publicación de su célebre portafolio con veinte litografías Kleine George («El pequeño George»), al que seguirían en los años sucesivos, ya concluida la guerra, otras carpetas como Gott mit uns (1920), Im Schatten (1921), las 55 litografías de sátira política Das Gesicht der herrschenden Klasse (1921), etc., e ilustró además el libro de Wieland Hertzfelde Tragigrotesken der Nach (1920). Según explicó Walter Benjamín, que da fe de la toma de conciencia del dadaísmo berlinés, las cubiertas de Malik cumplían una función política.

HAM-Malik

Versión alemana de la cubierta (sin las solapas) de Hotel Amerika, de la periodista húngara de expresión alemana Maria Leitner (1892-1942).

En los años treinta, algunas de las cubiertas de Malik-Verlag obra de Heartfield y del artista húngaro László Moholy Nagy ((1895-1946) fueron publicadas en España en la editorial Cénit de Rafael Giménez Siles merced al acuerdo que en 1931 cerraron Wieland Herzfelde y el editor madrileño en el que, además de los textos, se contrataron también los diseños orginales. La trascendencia de este acuerdo se reflejaría en los años sucesivos en la impronta que la obra de Heartfield, y en particular sus fotomontajes de tema político, dejaría en algunos artistas tan relevantes en las artes gráficas españolas de esos años como Josep Renau (1907-1982), Mauricio Amster (1907-1980) o Manuel Monleón (1904-1976), entre otros muchos.

HAM-Cenit

La misma imagen en Cénit, adaptada al español por Mariano Rawicz (1908-1974).

Recién concluida la guerra salió de Malik otra revista artísticamente importante, Jedermann sein eigner Fussball («A cada uno su balón de fútbol»), de la que se publicó un único número (el 15 de febrero de 1919) repleto de fotomontajes y textos, entre otros ya mencionados, del insigne filósofo Mynona (Salomo Friedlaender, 1871-1946) y el genial hombre de teatro Erwin Piscator (1893-1966), y que la policía confiscó enseguida; así como las también efímeras Die Pleite (1919-1920) y la revista mensual de sátira política Der Gegner (1920-1922).

Fussball

Las dificultades económicas padecidas durante la guerra a punto estuvieron de dar al traste con la editorial, pero en cuanto ésta concluyó se sucedieron una serie de éxitos comerciales que coincidían con la progresiva deriva política que iba tomando el proyecto (y la sociedad alemana), al que en la inmediata posguerra se incorporó activamente Piscator. Fueron los años, por ejemplo, en que Malik-Verlag inició colecciones como las incisivas Keine Revolutionäre Bibliotek (Pequeña Biblioteca Revolucionaria, 1920-1923) y Sammlung Revolutionärer Bühnenwerke (Trabajos de la Etapa Revolucionaria, 1921-1923), o, en el campo de la narrativa, la Rote Roman Serie (Colección de Novela Roja, 1921-1924).

En los años veinte Malik dio a conocer en Alemania a los novelistas estadounidenses John Dos Passos (Tres soldados, 1922) y Upton Sinclair (de cuya novela Petróleo, se hicieron más de siete reimpresiones; algunas de ellas de 100.000 ejemplares), así como al ruso Ilya Ehrehnburg (El amor de Juana Ney, 1926), pero también al intelectual húngaro Georg Lukács, de quien en 1923 editaron la primera edición de Historia y conciencia de clase (1923), que de inmediato se convirtió en una de las obras más influyentes del pensamiento marxista.

Grosz y Werzfelde durante un juicio por blasfemia en 1930.

En la década siguiente, como era de esperar, el auge del nacionalsocialismo creó una situación extremadamente difícil para la continuidad de un proyecto de estas características, y finalmente, cuando en 1933 a punto estuvo de caer en manos de la Gestapo, Werzfelde decidio abandonar Alemania y la editorial empezó una historia itinerante, siguiendo los sucesivos exilios de Herzfelde, que le llevó a tener sede en Praga (donde aún tuvo tiempo de iniciar la publicación de las obras completas de Bertolt Brech antes de la entrada de los nazis), posteriormente en Londres (donde publicó, entre otros, a Shólojov) y finalmente en Estados Unidos (1939-1947), donde, hundido en la miseria, gracias al esfuerzo económico de un grupo de autores célebres entre los que se contaban Ernst Bloch, Bertolt Brecht, Lion Feuchtwanger, Heinrich Mann y Alfred Döblin se creó Aurora Verlag y Herzfelde se convirtió en el gran editor de la literatura alemana en el exilio, estrenándose en 1945 nada menos que con Terror y miseria del Tercer Reich, de Brecht, a la que seguiría una de las novelas más influyentes de Anna Seghers, La excursión de las muchachas muertas.

madrid1936

Fotomontaje propagandístico de John Heartfield.

Fueron también en buena medida las dificultades económicas (de nuevo con los países donde sus obras podían distribuirse inmersos en una terrible guerra) lo que hizo que este nuevo proyecto capitaneado por Herzfelde acabara también en fracaso al cabo de tan sólo dos años, así que traspasó los derechos de las obras que había publicado a la naciente editorial berlinesa Aufbau-Verlag (que creó con ellos una muy impresionante colección Aurora Bücherei: Feutchwanger, Döblin, Ehm Welk, Brecht, Ernst Bloch, Seghers…).

 

Reincorporado a la vida berlinesa al concluir la segunda guerra mundial (1939-1945), poco después de llegar a la recién creada República Democrática Alemana Herzfelde se incorporó a la Universidad de Leipzig, donde impartió Sociología de la Literatura Moderna y Crítica literaria y artística. Sin embargo, no por ello abandonó las tareas editoriales. Al margen de llevar a cabo algunas traducciones y labores de asesoría, dedicó los años comprendidos entre 1952 y 1962 a la edición literaria de, nada menos, las obras completas de Leon Tólstoi traducidas al alemán.

De izquierda a derecha, Wieland Herzfelde, Eva y Georg Grosz, Rudolf Schlichter y John Heartfield.

Nota aclaratoria: Los nombres de nacimiento de los hermanos Wieland Herzfelde y John Heartfield eran, respectivamente, Wieland y Helmut Herzfeld.

Fuentes:

Patricia Córdoba, La modernidad tipográfica truncada, València, Campgràfic, 2008.

Victoria Goberna, Eloísa García, Antonieta Grijalbo y Pilar Andrés, «La Biblioteca del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM): fondos bibliográficos sobre montaje tipográfico y fotomontaje», en Lluisa Pons y Conxita Sangenís, eds., Bibliotecas de Arte, Arquitectura y Diseño: Perspectivas actuales, Barcelona, IFLA, 1995, pp. 359-368.

DADA2016Carlos de Landa, «Malik, la editorial, sus autores y sus cubiertas», Encuentros en el subsuelo, 17 de marzo de 2011.

Teresa María Mayor Ferrándiz. «John Heartfield, un artista antinazi», Revista de Claseshistoria, núm. 4 (2011), pp. 1-17.

Jed Radsula, Dadá. El cambio radical del siglo XX, traducción de Daniel Najmías, Barcelona, Anagrama (Colección Argumentos 495), 2016.

s/f, «John Heartfield, 1861-1968», Escuela de Arte 10.

Viktor Shklovski, «El arte como artificio», en Tzvetan Todorov, ed., Teoría de la literatura de los formalistas rusos, prólogo de Roman Jakobson y traducción de Ana María Nethol, Madrid, Siglo XXI (Biblioteca Nueva), 2012, pp. 77-98.