Eudald Canivell, tipógrafo y difusor de las artes gráficas

Eudald Canivell (1858-1928)  entró en el siglo XX con un libro poco común en el contexto cultural del momento bajo el brazo, Heribert Mariezcurrena y la introducció de la fototipia y el fotogravat (1900), en el que biografiaba y reivindicaba la figura de un grabador, introductor de la fotografía al carbón y pionero del fotoperiodismo hoy muy poco conocido pero que, entre otras cosas, fue el creador de la primera figura icónica del poeta Jacint Verdaguer (1845-1902), ya en la década de 1870, y fundador de la novedosa Sociedad Heliográfica Española.  El texto de Canivell parece nacido al calor de la muerte de Mariezcurrena (en mayo de 1898), como resultado de una lectura celebrada en el Ateneu Barceloní en mayo de 1898 y organizada por el Institut Català de les Arts del Llibre (del que Canivell era uno de los fundadores).

Verdaguer retratado por Mariezcurrena.

En aquel momento inicial del siglo, gracias en parte a la seguridad que le proporcionaba su modesto sueldo como director de la Biblioteca Pública Arús, Canivell se encontraba en la cresta de la ola de su trayectoria profesional. En aquel mismo año 1900 se estrenaba la cabecera portavoz del ICAL Revista Gráfica, de la que fue director artístico y literario y cuyos dos primeros números (1900 y 1901-1902) describe Eliseu Trenc como: «Notables tanto por su contenido como por el aspecto formal, hasta el punto que pueden ser considerados como un destacado ejemplo de la riqueza del arte tipográfico modernista». Simultáneamente, Canivell dirigía la publicación del tercer y último volumen de la famosa Biografía crítica de las obras de Miguel de Cervantes Saavedra, que a su muerte había dejado inacabada el bibliófilo y coleccionista Leopoldo Rius de Llosellas (1840-1898) y ordenada posteriormente Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912), para el que Canivell escribió además un documentadísimo prólogo acerca de su autor. Finalmente, esta magna obra del cervantismo hispánico aparecería en Vilanova i la Geltrú en 1904, gracias al buen hacer de los talleres de Joan Oliva i Milà (1858-1911), quien en 1900 había publicado en la Revista Gráfica un importante texto sobre tipografía («Senzill ensaig de classificació dels carácter tiographics»), y se hicieron, según se consigna en la portadilla: «Cinco ejemplares en papel japonés, cinco ejemplares en papel Guarro, cuarenta ejemplares en papel de hilo y cuatrocientos ejemplares en papel verjurado agarbanzado». Ese mismo año aparece otro ensayo importante de Canivell, los Tipos góticos incunables para impresiones artísticas y ediciones de bibliófilo (Oliva de Vilanova, 1904).

Caja de los volúmenes del Quijote de Viader.

Al año siguiente (1905), mientras sigue enfrascado en la restauración de caracteres góticos del siglo XV, se inauguraba la Escola Práctica d’Arts Gráfica, una de las iniciativas más notables e influyentes creadas por el ICAL y donde Canivell fue uno de los primeros docentes, pero además –y mientras proseguía la catalogación de la inmensa biblioteca y archivo de Rossend Arús– dirigía y revisaba la edición de un Don Quijote de la Macha en caracteres góticos impreso sobre corcho laminado que apareció ese mismo año en Sant Feliu de Guíxols gracias a la imprenta especializada en obras cervantinas de Octavi Viader i Margarit (1864-1938), y que Juan Givanel Mas y Luis M. Plaza Escudero describen del siguiente modo en su Catálogo de la colección cervantina de la Biblioteca Central de Cataluña (volumen IV, 1891-1915, p. 192):

Es esta una edición muy curiosa, de cuidada tipografía, sobre materia de uso tan poco frecuente en menesteres de imprenta como es el corcho. Es, al mismo tiempo que una demostración de cervantismo, indicio de la madurez que tiene en la industria corchera la región ampurdanesa.

La tirada, cincuenta y dos ejemplares, está legalizada por acta notarial y se puede considerar como de bibliófilo.

El primer volumen se terminó el 31 de diciembre de 1905, y el segundo el 6 de mayo de 1906.

Las capitulares y los adornos tipográficos son del propio Canivell, y fue tal el éxito que al año siguiente ya se hacía una segunda tirada, con las mismas características y el mismo formato (231 x 165 mm), de cien ejemplares.

Del prólogo al Quijote de Viader.

Ese año 1906, Canivell se encontraba trabajando ya en la edición y composición de otra obra ambiciosa, un Lazarillo de Tormes al estilo de las del siglo XVI, para la que incluso había escrito el prólogo, con la que debía arrancar una colección de Joies de la Bibliografia Espanyola que no tuvo continuidad. Y al mismo tiempo se ocupaba de una edición facsímil del único ejemplar conocido de la Gramática latino-catalana de Bartolomé Mates (ICAL, 1906), cuya supuesta fecha de impresión (que el colofón declara de fecha tan temprana como 1468 y por tanto sería la primera composición tipográfica de la Península Ibérica y anterior incluso a las imprentas veneciana y parisina) Canivell defendió en un extenso prólogo, interviniendo así en una densa polémica –que merecería por sí misma un estudio monográfico– en la que años más tarde recibió el apoyo del ilustre estudioso del libro Ramon Miquel i Planas (1874-1950) en «El incunable barcelonés de 1468» (Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, 1930) y luego el de Casas Homs en «Sobre la Gramàtica de Mates» (Butlletí de la Real Academia de Bones Lletres, 1950). Y por si no bastara, también de 1906 es la iniciativa de estampar en La Académica una serie de fascículos con grabados inspirados en las ediciones incunables y góticas, con tipos dibujados por Canivell y fundidos especialmente para la ocasión por la Societat Catalana de Bibliòfils.

El tipo gótico incunable creado por Canivell.

Al margen de estos y otros trabajos de edición de obras de bibliófilo (Iconografía del rey Don Jaume I el Conquistador, por ejemplo), en esa primera década del siglo XX Canivell va perfilándose como uno de los mayores divulgadores de las muy diversas artes del libro: pasa a ocuparse también de la corresponsalía de la revista especializada dirigida por August Hofer Allgemeine Anzeige für Druckereien, y a partir de 1910, con el cargo de director artístico, se convierte en el alma y principal redactor del Anuario Tipográfico Neufville (seis volúmenes entre 1910 y 1922), actividades que compagina con la colaboración en el Diccionario enciclopédico de la lengua catalana (1905-1910) y con la redacción de todas las entradas referidas a las artes del libro en la Enciclopedia Espasa. Y actividades que tendrán además continuidad en la Crónica Poligráfica (1920-1925) y en El Mercado Poligráfico (1926-1928), en cuyas páginas dejó numerosos artículos sobre figuras relevantes de la bibliografía española (la estirpe de los Ibarra, Manel Henrich i Girona, José Enrique Serrano y Morales, Joan Russell i Anglarill) y sobre temas generales muy diversos (desde la relación de Cervantes con las imprentas barcelonesas hasta los orígenes del papel en Europa o, en fecha tan temprana como 1927, «El cubismo en el arte tipográfico»).

Portada del Álbum caligráfico universal (J. Romà, 1901), con textos y caligrafía de Canivell y orlas a pluma d Nicanor Vázquez.

A esta torrencial actividad polígrafa hay que añadir aún sus gestiones en la organización de iniciativas asociativas en el ámbito de la industria del libro, entre las que destacan la organización del I Primer Congreso Nacional de las Artes Gráficas (1911) y su papel decisivo en la trabajosa y polémica organización de la presencia catalana en la Feria de Leipzig de 1914, etc.

Eudald Canivell.

Así, pues, Eliseu Trenc hace lo que parece un balance muy justo de la importancia de la figura y el papel desempeñado por el erudito autodidacta Eudald Canivell en el campo de las artes gráficas del siglo XX:

Los tipógrafos anarquistas modernistas, influidos por el pensamiento de William Morris, tanto por sus ideas políticas como por su ejemplo de retorno a la artesanía y a una tipografía gótica, pretendían cambiar el libro como pretendían cambiar el mundo, deseaban cambiar la sociedad y querían renovar las reglas de la composición tipográfica […]

Canivell era consecuente con sus ideas, con su vida: por un lado, ponía sus conocimientos y su erudición al servicio de la recuperación y perfecta reedición de textos catalanes o hispánicos antiguos, en una línea forzosamente elitista de la bibliofilia; pero por otra parte propiciaba y llevaba a cabo una propagación de la estética modernista en todo tipo de trabajos, desde el libro popular hasta la invitación o el anuncio de un baile de sociedad obrera, con lo cual se proponía educar a la sociedad urbana en su totalidad.

 

Y aun así, que se sepa, todavía no se ha escrito una biografía completa y en profundidad de tan fascinante personaje.

Fuentes:

Joan Givanel i Mas y Luis Plaza Escudero, Catálogo de la Colección Cervantina, volumen IV, años 1891-1915, Diputación Provincial de Barcelona, 1959.

Manuel Llanas (amb la col·laboració de Montse Ayats), L’edició a Catalunya: el segle XIX, Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2004.

Ex libris de Canibell.

Manuel Llanas, con la colaboración de Montse Ayats, L’edició a Catalunya: el segle XX (fins a 1939), Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2005.

Josep Termes, Anarquismo y sindicalismo en España. La Primera Internacional (1864-1881), Barcelona, Crítica (Biblioteca de Bolsillo 34), 2000.

Nuria F. Rius, «Heribert Mariezcurrena i Corrons, retratista de Jacint Verdaguer i pioner del fotoperiodisme a Espanya (1847-1898)», nuriafrius.com.

Eliseu Trenc, «Eudald Canivell i Masbernat, impresor, polígraf i promotor», en AA.VV., Bibliofilia a Catalunya. Des del segle XIX, Barcelona, Fundació Jaume I, 2002, pp. 70-73.

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La Tramontana y el entorno de Eudald Canivell

 A Ainara LeGardon y David García Aristegui,

escritores necesarios

El 16 de febrero de 1881 aparecía en Barcelona uno de los primeros semanarios anarquistas en lengua catalana de larguísima trayectoria, La Tramontana, a cuyo frente se encontraba el polífacético poeta, tipógrafo y editor Josep Llunas  i Pujals (1852-1905), que acababa de ver fracasar el intento en la misma dirección de la cabecera La Teula (1881). La Tramontana era inicialmente propiedad del ampurdanés Evarist Ullastres i Dillet, que a finales de la década de 1870 se había establecido en la Ronda Universitat de Barcelona como impresor en La Academia, cuya dirección estaba a cargo del prestigioso tipógrafo e introductor de las tiradas en combinación de tintas Rafael Farga i Pellicer (1844-1890), que fue también uno de los principales difusores del pensamiento de Bakunin en la capital catalana.

La cabecera de La Tramontana es bastante elocuente: una alegórica cabeza tocada con barretina, quitándose de enfrente el clericalismo, el militarismo, el capitalismo o la burguesía, y más explícito es aún el subtítulo con el que expresan sus intereses: «salut pública, interessos populars y arts y lletras». La historia de esta publicación en la que venían a confluir el anticlericalismo, el republicanismo federal, el librepensamiento, la masonería, el anarquismo colectivista y el catalanismo popular y progresista no sería en absoluto plácida (denuncias, sanciones, una supresión gubernamental durante todo el año 1894, encarcelamiento de varios de los redactores), lo que hace más relevante si cabe su prolongada vida.

En los años en que nace La Tramontana acababa de crearse la Sociedad Tipográfica de Barcelona (29 de junio de 1879), organización con vocación sindical y asistencial apolítica, en la que militaron entre otros Anselmo Lorenzo, el Abuelo del Anarquismo Español (1841-1914), el dibujante y tipógrafo Eduald Canivell o Canibell (1858-1928) y el ya mencionado Llunas y Pujals, y que entre febrero de 1880 y noviembre de 1882 publicó un Boletín Oficial de la Sociedad Tipográfica de Barcelona. Sin embargo, no tardaron en surgir fricciones como consecuencia del pretendido apoliticismo y a mediados de 1882 nacería el sindicato anarquista de tipógrafos Societat Solidaria dels Obrers Impressors de Barcelona, entre cuyos primeros dirigentes figuraron el dramaturgo y primo hermano de Rafael Farga Antoni Pellicer i Paraire (1851-1916), Josep Llunas i Pujals, el tipógrafo de La Academia Lluis Gili Peladí, Canivell, Francisco Fo, A. Serra, el traductor Emilio Guanyabens o Guanyavents (1860-1941) y Pere Esteve (1866-1926).

Buena parte de estos hombres de letras formarían a su vez la redacción y el grueso de colaboradores de La Tramontana, pero entre ellos empezaba a destacar como tipógrafo Canivell, quien en 1881 ya había dado a conocer un tipo de creación propia basado en la letra de Tortis (o gótica rotunda). Ya desde los doce años, Canivell se había formado como iluminador de naipes antes de iniciarse como impresor mientras seguía estudios nocturnos de dibujo en la Llotja (Escola d’Arts Nobles) y frecuentaba el Ateneu Català de la Classe Obrera, del que por entonces era secretario Rafael Farga y que es considerado el germen del bakunismo en Barcelona (fue clausurado en 1874 a raíz del golpe de Estado de Manuel Pavía, y renació en 1881 como Ateneu Obrer de Barcelona). Fue precisamente a raíz del golpe de Pavía y la consecuente persecución de activistas anarquistas que Canivell tuvo que pasar a Francia (donde trabaja un tiempo como maquinista impresor), de donde regresó un año más tarde.

Eudald Canivell (o Canibell).

De nuevo en Barcelona empieza una intensa colaboración en publicaciones periódicas de diverso signo, como el semanario literario-humorístico Bandera Catalana o el semanario ilustrado L’Escut de Catalunya, dirigido por el escritor Josep Fiter i Inglés (1857-1815) y entre cuyos colaboradores se encontraban el popular dramaturgo Frederic Soler, Pitarra, (1839-1895) o el arqueólogo  Pere de Palol i Poch (1860-1935), bisabuelo del conocidísimo poeta Miquel de Palol (n. 1953). No tarda en convertirse también en redactor de El Diari Català del político y ensayista republicano federalista Valentí Almirall (1841-1904), entre 1879 y 1881; de La Ilustració Catalana, de marcada tendencia catalanista, entre 1880 y 1883, y sobre todo de la importantísima revista L’Avens, cabecera que se declaraba continuadora del positivismo de El Diari Català, donde su colaboración se extiende entre 1881 y 1883. Es también la época en que Canivell forma parte de la Comisión Federal de la Federación de Trabajadores de la Región Española (F.T.R.E.), aprovechando la libertad de asociación anunciada por el gobierno de Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903), aún bajo el reinado de Alfonso XII. En palabras de Josep Termes, con el nacimiento de la F.T.R.E., que al cabo de un año contaba ya con 218 federaciones locales y 58.000 afiliados, acababa «la historia de la Federación Regional española de la A.I.T. [Asociación Internacional de Trabajadores], para dar paso a la reconstrucción de un movimiento sindical potente, cosa que hicieron los mismos hombres de la Alianza [Internacional de la Democracia Socialista], los anarcosindicalistas barceloneses, obreros de oficio, que se imponían a los anarquistas insurreccionalistas poco proclives a la acción sindical pública».

Rossend Arús.

En consonancia con ello, Canivell colabora también muy activamente con algunas de las principales publicaciones anarquistas de Barcelona, como es el caso por ejemplo de Acracia, dirigida por ya mencionado Farga Pellicer, y, con la muerte del dramaturgo y filántropo Rossend Arús (1845-1891) y el posterior legado de su extensa biblioteca a la ciudad, se convierte en el primer bibliotecario y director de la Biblioteca Pública Arús, cargo que le permite adquirir un destacadísimo papel en la promoción y divulgación de las artes del libro en la última década del siglo XIX y, por otra parte, contribuye a explicar el riquísimo legado de prensa y documentos sobre movimientos obreros y anarquismo que conserva aún hoy esa biblioteca (donde destacan, por ejemplo, las actas, circulares y comunicaciones de la Primera Internacional, cuya donación, según Termes, es prácticamente seguro que hay que atribuir a Canivell).

Ya en 1891 se convirtió en casi el redactor único del primer número de El Arte de la Imprenta (1891), y muy poco después inicia el estudio y hace fundir los caracteres conocidos como góticos incunables (en cuerpo 14). Mayor influencia tendrá sin embargo la creación del Institut Català de les Arts Gràficas, que fundó la primera escuela especializada en la materia de la Península y puso en circulación la muy celebrada Revista Gràfica, donde el papel de Canivell, como escribió Eliseu Trenc, fue fundamental: «Canivell es el director artístico y literario, y publica en ella artículos importantes sobre la introducción de la litografía y de la fotografía en España (1900), dibuja viñetas de la portadilla y las letras iniciales de textos.»

Ya del siglo XX es la continuación de la restauración de los caracteres góticos incunables del siglo XV (cuerpos 8, 12 y 24), a las que añadió las iniciales monacales diseñadas por Rosenbach en cuerpo 24, en bicolor y policromas, que la Societat Catalana de Bibliòfils empleó en algunas de sus publicaciones, y gracias a ello fue muy empleada e imitada en todo tipo de invitaciones, tarjetas de felicitación, pequeños grabados, etc., consiguiéndose así una amplia divulgación en ámbitos distintos al de la bibliofilia.

A partir de ese momento, Canivell se asentó como uno de los tipógrafos y estudiosos y divulgadores de las artes del libro de referencia, que en las primeras décadas del siglo XX pudo llevar a cabo, mientras ponía orden al inmenso legado que conserva la Biblioteca Pública Arús.

Entrada a la Biblioteca Pública Arús, en el Passeig de Sant Joan de Barcelona.

Fuentes:

Versión digitalizada de La Tramontana.

Algunos dibujos de Canivell pueden verse aquí.

Manuel Llanas (con la colaboración de Montse Ayats), L’edició a Catalunya: el segle XIX, Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2004.

Josep Termes, Anarquismo y sindicalismo en España. La Primera Internacional (1864-1881), Barcelona, Crítica (Biblioteca de Bolsillo 34), 2000.

Eliseu Trenc, «Eudald Canivell i Masbernat, impresor, polígraf i promotor», en AA.VV., Bibliofilia a Catalunya. Des del segle XIX, Barcelona, Fundació Jaume I, 2002, pp. 70-73.

 

La formación de los editores en España, el ICAL y la Feria de Leipzig de 1914.

Según datos recogidos por Jesús A. Martínez Marín en «La edición artesanal y la construcción del mercado»: «En 1879, del total de 51 editores censados en el padrón fiscal [español], 41 tenían domiciliada su actividad en Madrid, 7 en Barcelona y 3 en las provincias de Guadalajara, Lérida y Sevilla, respectivamente». A tenor de estas cifras, resulta bastante asombroso constatar que, según las mismas fuentes, «al terminar el siglo Madrid y Barcelona son los dos centros de la edición, con 44 y 35 editores respectivamente», pues de ser fiables esos datos resulta espectacular el crecimiento en número de editores en la capital catalana, tanto en términos absolutos como en porcentuales en el conjunto de los españoles.

Eudald Canivell i Masbernat.

Es probable que algo tuviera que ver en ello la iniciativa que empezó a fraguarse en otoño de 1897 en una reunión convocada por el dibujante, tipógrafo, impresor y bibliotecario anarquista Eudald Canivell i Masbernat (1858-1928) en casa del cajista e impresor Josep Cunill, con la participación también del excajista, dibujante y cronista gráfico anarquista Josep Lluís Pellicer i Fenyé (1842-1901), con el propósito de crear un centro que diera una formación más completa y rápida que la que hasta entonces obtenían los profesionales, que se basaba casi exclusivamente en la experiencia acumulada desde el puesto de aprendiz hasta el de maestro.

Un año más tarde, en noviembre de 1898, se constituía formalmente el Institut Català de les Arts del Llibre (ICAL), con la participación también del impresor y editor Josep Thomàs i Bigas (1852-1910), el librero y editor Àlvar Verdaguer, el impresor Fidel Giró Brouil (1849-1926), el escritor y editor Joaquim Casas Carbó (1858-1943) y el tipógrafo e impresor Joan Rusell i Anglarill (1862-1923); como puede advertirse, todos ellos rondando la cuarentena en aquel entonces.

Dos años después de su fundación formal ya contaba con una cabecera que les serviría de portavoz, la Revista Gráfica, cuyo primer director fue el mencionado Pellicer y que se publicó periódicamente entre 1900 y 1928 (salvo los años 1924 a 1927), en los primeros años en la prestigiosa imprenta especializada en libros de bibliófilo Oliva de Vilanova, fundada apenas unos años antes (en 1899) por Joan Oliva i Milà (1858-1911). Paralelamente, en 1900 los editores habían creado el Centre de la Propietat Intel·lectual, la primera asociación de estas características en España y entre cuyos primeros asociados figuraba uno de los dos fundadores de la editorial Montaner y Simon,  Francesc Simon i Font (1843-1923) y otros editores importantes, como Manuel Maucci (1859-1937), Josep Espasa i Anguera (1840-1911), los hermanos Joan y Gustau Gili, Antoni López i Benturas (1861-1931), Francesc Seix i Faya o el impresor Manuel Tasso i Serra, entre otros.

Josep Lluís Pellicer i Fenyé.

Según la detallada reconstrucción que hace Manuel Llanas de los pasos iniciales del ICAL, en 1905 empieza a funcionar activamente la Escola Pràctica de les Arts del Llibre en la misma sede que el ICAL (en los bajos de lo que hoy es el número 153 de la calle Claris) y con el siguiente programa:

Tipografía (subdividida en dos secciones: cajas y máquinas), composición a máquina, litografía, encuadernación, dibujo y gramática castellana. —Y prosigue Llanas—: Y si el profesorado lo integraban, en ocasiones, prestigiosos impresores y tipógrafos (Ceferí Gorchs, Ramon Tobella, Fidel Giró, Joan Russell), el alumnado asistía, por mandamiento estatutuario, de forma totalmente gratuita. De media, oscilaba alrededor de los doscientos matriculados, la gran mayoría aprendices en diversos talleres gráficos; por eso las clases se hacían entre las 20 y las 21.30 h., de lunes a sábado, y alguna vez incluso las mañanas de los domingos. Los únicos requisitos que se exigían para entrar eran haber cumplido los trece años y saber leer y escribir.

Bajo la presidencia del mencionado Francesc Simon i Font (1843-1923), que desde su fundación y hasta 1903 había presidido la junta directiva del Centre de la Propietat Intel·lectual, el ICAL experimenta un notable impulso y se aprueban unos nuevos estatutos que definen del siguiente modo el segundo de sus objetivos (el primero es la docencia): «Establecer solidaridad y facilitar las relaciones profesionales cuando éstas se relacionen con las Artes del Libro».

Logo de Montaner y Simon.

Además de organizar el I Congrés Internacional de les Arts del Llibre (1911), como consecuencia del cual nació la Unió Patronal de les Arts del Llibre (germen a su vez de la Unió Sindical de les Indústries del Llibre) y procurar la participación de sus socios en algunas ferias internacionales y presentar conjuntamente sus reivindicaciones ante las autoridades, uno de los mayores logros del ICAL fue la participación de los profesionales catalanes en la importante Feria de Leipzig en 1914, que conmemoraba el quinto centenario de la Real Academia de Artes Gráficas y de la Industria del Libro, y cuya organización y desarrollo, en cuanto atañe a la participación española, Philippe Castellano ha reconstruido con mucho detalle.

Ya en octubre de 1912 Ludwig Wolkmann, como presidente tanto de la Sociedad Alemana de Artes Gráficas como de la Junta Directiva de la Exposición, propuso que se organizara una representación española al editor español que mejor conocía, el madrileño Enrique Bailly-Baillière y Plano, quien se había formado como librero-editor en Alemania y había sido uno de los promotores de la conocida –para abreviar– como Asociación de la Librería de España (Asociación de la Librería, de la Imprenta, del Comercio de la Música, de los Fabricantes de Papel y de todas las Industrias y Profesiones que concurren en la fabricación del Libro y a la publicación de obras de literatura, ciencia y arte); incluso lo nombra presidente de la Junta Organizadora para España.

Sin embargo, pese a iniciar gestiones (infructuosas) para obtener financiación, Bailly-Bailliere topa enseguida con la oposición del editor catalán Manuel Henrich Girona, por entonces presidente de la Federació de les Arts del Llibre, lo cual le lleva a dimitir en noviembre de ese mismo año, lo que ofrece al gobierno español el pretexto idóneo para desentenderse del asunto y evitar comprometer ningún tipo de partida presupuestaria para la participación española en la exposición.

Así las cosas, el ICAL decide participar en la feria por su cuenta y riesgo, y en septiembre de 1913 crea un comité organizador con Manuel Henrich, August Heinrich Höfer, Ramon Miquel i Planas, A. Cardunets, P. Cruells, J. Fabré, J. Furnells, F. Mestres y Russell. Aun así, Bailly-Ballière, también extraoficialmente tras su dimisión, seguía haciendo gestiones y manteniendo correspondencia con el comité organizador alemán incluso en el verano de 1913. Por su parte, la Revista Gráfica se había hecho eco de la vergüenza que suponía que un país con una industria editorial como la española no participara en una feria tan importante como la de Leipzig, y esa misma queja se repite en diversos números de la revista del ICAL, siempre en vano.

Colofón del segundo volumen de Revista Gráfica.

En septiembre de 1913 desde el ICAL se empiezan a solicitar propuestas de participación en la feria alemana y a crear un comité organizador, con lo que se da la paradójica situación de que avanzan en paralelo dos líneas de trabajo para un mismo fin (una en Barcelona y otra en Madrid), ambas sin contar con un compromiso en firme de participación estatal. Y, en una nueva vuelta de tuerca, al enterarse de la existencia de un comité en Madrid, el del ICAL se disuelve, poco antes de que, ante la nueva imposibilidad de obtener fondos del gobierno, Bailly-Ballière renunciara por segunda vez a presidir el comité organizador. De todos modos, el ICAL sigue adelante con la organización de una presencia extraoficial en la feria y en la primavera de 1914 la Revista Gráfica publica ya un listado de 55 participantes comprometidos, y la iniciativa es saludada con entusiasmo por parte de la prensa barcelonesa.

No tardan en sumarse a la iniciativa del ICAL diversas empresas de otros puntos de la península, y en su número de mayo el órgano de la Federación Nacional de las Artes del Libro ensalza el empeño y el empuje que están poniendo los profesionales catalanes en esa iniciativa:

El Instituto Catalán de las Artes del Libro de Barcelona ha tomado la iniciativa de organizar una Exposición colectiva de sus socios, a la cual se han adherido varias casas del ramo gráfico de Madrid […] Actualmente se está trabajando febrilmente en Leipzig en la instalación y decorado de la sección española […]; de modo que es de esperar que la sección española se presentará dignamente en aquel certamen internacional de cultura, al cual acudirán todas las naciones del mundo. Hay que felicitar calurosamente al Instituto Catalán de las Artes del Libro y a los organizadores de la Exposición española por su altruista labor y trabajo en favor del ramo gráfico de España, que han conseguido, por fin, que sea un hecho la participación y representación de España en la Exposición Internacional de Leipzig.

Finalmente fueron setenta los expositores representados: 51 barceloneses, 1 de Sabadell, 1 de Sant Feliu d Guíxols, 1 de València y 15 de Madrid, desproporción que en su imprescindible estudio de este caso Castellano atribuye tanto a la asunción de la organización por parte del ICAL como al desplazamiento que ya se había producido en cuanto a la capitalidad editorial en España de Madrid a Barcelona, y que en alguna medida cabe atribuir al evidente interés por formar a buenos profesionales que permitieran ofrecer una calidad equiparable, por ejemplo, a la de la industria editorial alemana.

Espacio del ICAL en la Feria de Leipzig de 1914.

Fuentes:

Anónimo, «La Exposición de Artes Gráficas de Leipzig», Federación Nacional de las Artes del Libro, Año I, núm. 2 (marzo de 1914), p. 10.

Anónimo, «Exposición de Leipzig», Federación Nacional de las Artes del Libro, Año I, núm. 4 (mayo de 1914), pp. 8-12.

Eudald Canivell, «Ecos. El Temps», El Poble Català, núm. 3299 (28 de marzo de 1914), p. 1.

Philippe Castellano, «La Sala Espanyola en l’Exposició Internacional de les Arts Gràfiques i de la Industria del Llibre, Leipzig 1914 (o com va voler fer-se Pàtria mitjançant el llibre)», traducción de Anna Carreras, Els Marges, núm. 71 (desembre de 2002), pp. 89-106.

Manuel Llanas, con la colaboración de Montse Ayats, L’edició a Catalunya: el segle XX (fins a 1939), Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2005.

Manuel Llanas, Caires de l’edició catalana en el segle xx, Lección inaugural del curso 2011-2012 de la Facultat d’Educació, Traducció i Ciències Humanes de la Universitat de Vic.

Jesús A. Martínez Martín, «La edición artesanal y la construcción del mercado», en Jesús A. Martínez Martín, dir., Historia de la edición en España (1836-1936), Madrid, Marcial Pons, 2001, pp. 29-71.