Acerca de josepmengu

Me licencié en Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde tuve la suerte de que Sergi Beser me enseñara a leer novelas y Alberto Blecua y Manuel Aznar Soler hicieran lo propio con el teatro. Asistí allí al parto del Gexel (Grupo de Estudio del Exilio Literario Español) y desde 1993 me he dedicado a labores editoriales y de docencia, que he combinado con la publicación de trabajos de investigación filológica (en Teatro. Revista de Estudios Teatrales, España Contemporánea, Els Marges), crítica e historia literaria y editorial (Quimera, Lateral, Renacimiento, Cultura/s, Ínsula). He participado en algún que otro libro colectivo y en congresos sobre la literatura española del exilio de 1939 y me ocupé de la edición comentada de Víznar o Muerte de un poeta, de José M. Camps y, en colaboración con Mario Martín Gijón, de la de Cuatro ficciones dramáticas, del mismo autor. La editorial Debate publicó mi biografía de Josep Janés A dos tintas. Josep Janés, poeta y editor.

El lenguaje como virus

En 1962, el inclasificable escritor estadounidense William Burroughs (1914-1997) publicaba en las parisinas ediciones de Maurice Girodias (1919-1990), Olympia Press, la novela de carácter distópico El tíquet que explotó, en la que puso en circulación el concepto del lenguaje como virus, que a su vez popularizó años más tarde la artista Laurie Anderson (Laura Phillips Anderson, n. 1947) en el tema musical y vídeo Language is a virus (1986). Esta sería a grandes rasgos la genealogía del nombre de una de las experiencias editoriales más efectivas y firmes en la línea de dar voz a los movimientos políticos anticapitalistas y de izquierda en España, Virus Editorial.

Los orígenes de Virus Editorial están asimismo estrechamente vinculados con la asociación cultural barcelonesa El Lokal, nacida en 1987 y que, entre otras muchas cosas, ha creado una distribuidora de fanzines, revistas y otros tipos de materiales culturales. El propósito que se plantearon en 1991 era dar un paso adelante en esa misma dirección, empezando a distribuir, pero también a editar, libros que pudieran recuperar la memoria histórica de los movimientos sociales y políticos que se movían en los márgenes, y, desde unas oficinas en la calle Aurora (más tarde se trasladarían a la calle Comerç), en 1992 se daban a conocer los primeros títulos de Virus Editorial: Sabaté. Guerrilla urbana en España (1945-1960), de Antonio Téllez Solà (del que en 2013 se haría una edición en catalán); El descubrimiento del 92. Expo, Olimpiadas… La otra cara del espectáculo, de autoría colectiva; La insumisión encarcelada, coordinado por Carlos Martín Beristáin, pero también de autoría colectiva mediante la recopilación de testimonios; ¡Viva el mal! ¡Viva el capital!, que recopila guiones televisivos de Santiago Alba Rico para «Los electroduendes», y 92. Lo que se nos viene encima, con obras de 29 dibujantes, entre los cuales Lusmore, Achota Gol, Nazario, Montse Clavé, Azagra, Juanito Garrafa, Fer, Toni Garcés, etc.

Antonio Téllez (1921-2005), uno de los historiadores no académicos más conocidos de su generación, daba con ese primer libro mencionado, que estrenaba la colección Memoria, las pautas o modelos que marcarían esa serie, una de las colecciones señeras de Virus, y se convirtió además en uno de los autores emblemáticos de esta línea de la editorial, con títulos como Historia de un atentado aéreo contra el general Franco (1993), La red de evasión del Grupo Ponzán. Anarquistas en la guerra secreta contra el franquismo y el nazismo (1936-1994) (1996) o Facerías, guerrilla urbana (1936-1945). La lucha antifranquista del Movimiento Libertario en España y en el exilio (2005), entre otros.

Lo que caracteriza a Virus entre las iniciativas editoriales surgidas en Barcelona en los primeros años de la década de los noventa es su por entonces muy singular organización en cuanto empesa y sus procesos de trabajo editorial, que en 2012 Patric de San Pedro describió el siguiente modo:

Funcionamos como cooperativa, aunque no lo somos oficialmente; en la práctica, somos más cooperativistas que muchas cooperativas. […] Todo se propone en asamblea de Virus y allí se decide. La razón principal para publicar un libro es su contenido, y luego se tiene en cuenta si el libro es viable económicamente o no, si el libro es demasiado extenso, si es necesario traducirlo, el público potencial, colectivos a los que puede interesar trabajar políticamente el texto, etc. […] Actualmente en Virus somos seis personas y todos decidimos. Funcionamos asambleariamente en todos los niveles. Todas las decisiones, tanto económicas, como de edición o de distribución, se deciden entre todos. Las decisiones importantes se toman en asamblea.

Vale la pena subrayar que, a diferencia de lo que ocurre en otros casos de editoriales independientes, esas seis personas trabajan a tiempo completo, todos ellos con el mismo sueldo y que no se establecen distinciones de ningún tipo entre ellos en razón de antigüedad en el proyecto ni de ningún otro tipo. Es evidente que se enfrentan a unas dificultades sobre todo en el ámbito económico muy severas, y eso les llevó a crear una serie de iniciativas destinadas a asegurar lectores, en forma socios y de suscriptores, pero en cualquier caso han conseguido publicar sostenidamente unos diez libros anuales desde entonces, encuadrados sobre todo en cuatro colecciones: Memoria, Arcadia, Ensayo y Folletos, a las que posteriormente se añadieron otras (y en reediciones se reposicionaron títulos) como Narrativa (en la que publicaron por ejemplo Siete domingos rojos, que Carlos Seco Serrano describe como «una de las novelas más definitorias, tanto en lo político como en lo estilístico» de Ramón J. Sender), Crónica (donde figura, por ejemplo, ¡Zapata Vive!, de Guiomar Rovira), Libélula (El derecho a la pereza, de Paul Lafargue, apareció en ella), Hojas de Hierba (de explícito nombre), Acracia (dedicada a biografías de personajes como Teresa Claramunt, Lola Iturbe o Anselmo Lorenzo), etc. Títulos como ¡Huye, hombre, huye!, de Xose Tarrío (que a su vez dio pie a la revista Panóptico), o El lado oscuro de Google, del colectivo Ippolita, además, se convirtieron en más que notables éxitos que contribuyeron a dar a conocer sus trabajos bastante más allá de sus círculos originales.

Por su parte, la distribuidora, que trabaja sobre todo con editoriales afines en sus planteamientos y orientaciones (Bellaterra Ediciones, Ediciones de Oriente y del Mediterráneo, Cambalache, Traficantes de Sueños, La Felguera, Pepitas de Calabaza, Pantera Rosa, etc.), se desdobla a su vez en distribución comercial (librerías convencionales) y distribución alternativa (ateneos, centros y ferias del ámbito alternativo, libertario y de los movimientos sociales), con implantación en toda Cataluña, con particular presencia en Barcelona.

Con más de un cuarto de siglo de historia a sus espaldas y una enorme y densa red de colaboradores, Virus fue convirtiéndose progresivamente en una editorial de referencia en su ámbito, y tal vez eso contribuyó a que saliera airosa del auge de la cultura digital y de los planteamientos anticopyright, ante los que sucumbieron algunos de sus pares, anteponiendo la voluntad de divulgar las obras (la mayoría de ellas disponibles en abierto, salvo las traducciones) y confiando en que el grado de compromiso de sus lectores les permitiría seguir adelante. Y ahí siguen.

Fuentes:

Web de Virus.

Adrián Crespo, «Veinte años contagiando antagonismo», Diagonal, 21 de noviembre de 2012.

Txema Bofill y Okupem les Ones, «Virus Editorial: 20 anys de publicacions anticapitalistes i llibertàries», Catalunya. Òrgan d´Expressió de les CGT de Catalunya i Balears, núm. 126 (marzo de 2011), pp. 16-17.

Álvaro Hilario, «Virus Editorial, más de veinte años creando cultura del libro», Gara, 11 de marzo de 2005.

Entrevista con Fran, de Virus Editorial, Estudios. Revista de pensamiento libertario, 7 de octubre de 2012 (originalmente en CNT, núm. 393 [octubre de 2012]).

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El epistolario de un traductor (el de Jordi Arbonès)

Los epistolarios cruzados entre los muy diversos profesionales que intervienen en la edición de los libros constituyen una de las fuentes privilegiadas para conocer cómo eran –incluso más allá de las apariencias– las relaciones entre ellos y muchos pequeños detalles que los documentos procedentes de la prensa e incluso los archivos de las editoriales –caso de conservarse– muy raramente pueden ofrecernos con el mismo grado de precisión. Son, por ejemplo, fuente de primera mano para conocer por qué motivos la aparición de un determinado título se retrasó, cómo se negociaban las tarifas entre editores y traductores, cómo un determinado editor llegó a tener conocimiento de la existencia de una obra que encajaba como un guante en la colección que se disponía a crear… Valgan como buena muestra de ello, por ejemplo, el epistolario entre Gregorio Mayans i Siscar y el barón de Schönberg estudiado por Santiago Axeitos y Antonio Mestre (Universitat de València, 2002), las Cartes completes Joan Sales Mercè Rodoreda, 1960-1983 (Club Editor, 2008) editadas por Montserrat Casals o los recogidos por Ana Gallego Cuñas y Erika Martínez en Queridos todos. El intercambio epistolar entre escritores hispanoamericanos (Bruselas, Peter Lang, 2013), entre muchísimos otros posibles.

El riquísimo y bastante extraordinario caso del epistolario de Jordi Arbonès (1929-2001), que se conserva en la Biblioteca d´Humanitats de la Universitat Autònoma de Barcelona, es otro caso particularmente revelador y útil en este sentido. Afortunadamente, además, el Grup dEstudi de la Traducció Catalana Comtemporània lleva ya unos años editando bastante regularmente en la leridana Punctum los cruces más importantes de Jordi Arbonès, entre los que se cuentan los del escritores, eruditos y editores Manuel de Pedrolo (1918-1990), Albert Manent (1930-2014), Matthew Tree (n. 1958), Joaquim Carbó (n. 1932), Francesc Parcerisas (n. 1944) y, en 2017, Antoni Clapés (n. 1948), que quizá sea de toda la relación precedente el menos conocido pero sin embargo uno de los más necesarios, porque a partir de su epistolario con Arbonès se pueden reconstruir (y Pep Sanz Datzira se ocupa de ello con pormenor, incluyendo un imprescindible anexo) algunas aventuras editoriales comercialmente muy modestas pero culturalmente muy exigentes de las que, de otro modo, quizás apenas tendríamos noticia. Es el caso, sobre todo, de las Edicions dels Dies (1980-1986) y, con el también poeta y editor Victor Sunyol (n. 1955), de Cafè Central (n. 1989), cuyos catálogos albergan en ambos casos nombres bastante impresionantes.

Mientras que Jordi Arbonès, afincado en Argentina, es hoy uno de los traductores a la lengua catalana más reputados del siglo XX y con una obra más que notable también en lengua española, habiéndose especializado en textos dramáticos y en clásicos contemporáneos (Kipling, Henry James, Hemingway, Henry Miller, Lawrence Durrell, Nabokov, Faulkner, Paul Bowles, Doctorow…), tal vez el conocimiento de la obra editorial de Clapés haya quedado más restringida al círculo de connaisseurs, cosa que se explicaría sólo en parte por el carácter mismo de algunas de sus iniciativas.

Su estreno como editor se produjo en Sabadell, escenario de notables vocaciones editoriales, y se inició simultáneamente en diciembre de 1976 con la creación de la librería Els Dies (en lo que hoy es la calle del Sol, 55). Estrenadas con el Diari 1973 de Feliu Formosa (n. 1934), precedido de una nota introductoria de Joan Oliver (Pere Quart, 1899-1986), pero ese arranque fue seguido de una larga pausa que no se retomó hasta 1980, y a partir de ese momento, en palabras de Pep Sanz Datzira:

Las Edicions dels Dies, aun con un catálogo reducidísimo, tienen el mérito de haber dado a la luz obras y traducciones de Vicenç Altaió, Miquel Bauçà, Joan Borrell, Jordi Coca, Feliu Formosa, Joan Fortuny, Albert Ràfols-Casamada, Joaquim Sala-Sanahuja, Imma Sarduc, Serge Sautreau, Víctor Sunyol o Jordi Vintró, además de acoger el primer libro de Clapés y la traducción de Henry Miller [En tombar de la vuitantena] hecha en Argentina. […] todos los números de la colección Plecs, con una tirada regular de mil ejemplares, mantuvieron un diseño muy cuidado y unificado, con la particularidad de emplear tintas de diversos colores para la impresión del texto. Algunos títulos incorporaban colaboraciones de artistas plásticos como Alfons Borrell, Joan Rabascall, Albert Ràfols-Casamada o Antoni Taulé.

Sin embargo, no menos interesante es la segunda iniciativa editorial de Clapés, más ambiciosa aunque continuadora de la filosofía que animó la primera y, según la declaración que figura en su presentación en su web, siguiendo un modelo de «edición de inmediatez, sin intermediarios, en la línea del DIY (Do It Yourself). Con un Mac clásico y una impresora láser por toda estructura, Café Central se adentró en la edición de plaquettes, que se vendían en las lecturas organizadas en bares, simbólicamente, al precio de un café.»  Se indica, además, que desde entonces se han llevado a cabo más de mil actos públicos (recitales, performances, lecturas, presentaciones…), en los sitios más diversos (Salamanca, Madrid, Francia, Argentina, Chile, Estados Unidos…).

Por el camino, además de la incorporación temprana del ya mencionado poeta vinculado a la editorial EumoVictor Sunyol, cuando Clapés llevaba apenas un año bregando con la idea, se han ido incorporando al equipo la traductora Dolors Udina (n. 1955), el poeta Jaume C. Pons Alorda (n. 1984) y, desde Montreal, la poeta Diane Régimbald.

En el impresionante catálogo de la colección de plaquettes del Cafè Central alternan los nombres Jordi Coca, Perejaume, Màrius Serra, Enric Sòria, Agustí Bartra o Matthew Tree con los de Ángel Crespo, Juan Antonio Masoliver Ródenas, Ana Rosetti, José Corredor-Matheos, Enrique Badosa o José Carlos Cataño, así como con los de David Rosenthal, Maria Luisa Spaziani, Ignacio Delogu, Dylan Thomas… y, por supuesto, Jordi Arbonès, con un Henry Miller (1990) cuyos pormenores en todo el proceso de creación y edición puede seguirse al dedillo en este epistolario.

A las plaquettes hay que añadir aún las colecciones Els Ulls de Tirèsies (Biel Mesquida, Gertrude Stein traducida por Sam Abrams, Francesc Parcerisas, Jordi Nopca…) la Black Mountain (Robert Creeley traducido por Udina, Charles Olson por Abrams, Carles Hac Mor, etc.), la Balbec (Adan Kovacsis, Laura Borràs, Selma Ancira, etc.), Poètiques (Daniel Calabrñes, Rosa Alice Branco traducida por Clapés, Rolf Dieter Brinkmann traducido por Ramón Farrés, Mallarmé traducido por Margarida y Rosina Ballester, etc.) o las más breves Cop de Daus, Paisatge involuntari (cuyo único título es el Fora de lloc de Tree), Altazor (con solo la Antología de Jorge Folch, seleccionada y precedida de una introducción de Enrique Badosa) y algunos títulos fuera de colección entre los que se cuenta, por poner solo un ejemplo más, Inger (1994), de Juan-Eduardo Cirlot.

Sin embargo, además de la creación del Premi Jordi Domènech de Traducció de Poesia o los seminarios de traducción de poesía Anna-Tornada (que promueven la traducción entre autores quebequenses y catalanes), es de justicia destacar también la colección Jardins de Samarcanda, iniciada en 1992 en colaboración con Eumo y que constituye, en palabras de nuevo de Sanz Datzira, «una colección esencial en el panorama poético de las últimas décadas […] que consolidó el modo de hacer inicial de Cafè Central.»

Fuentes:

Web de Cafè Central.

Títulos del epistolario de Jordi Arbonès publicados hasta diciembre de 2017 (vale la pena consultar la web de Punctum para actualizar esta información):

Epistolari Jordi Arbonès & Manuel de Pedrolo, edición de M. Elena Carné, Lleida, Punctum (Visions 1), 2011.

Epistolari Jordi Arbonès & Albert Manent, edición de Ramon Farés, Lleida, Punctum (Visions 2), 2011.

Epistolari Jordi Arbonès & Mattehw Tree, edición de Josefina Caball, Lleida, Punctum (Visions 3), 2013.

Epistolari Jordi Arbonès & Joaquim Carbó, edición de Montserrat Bacardí, Lleida, Punctum (Visions 5), 2014.

Epistolari Jordi Arbonès & Francesc Parcesisas, Lleida, Punctum (Visions 6), 2016.

Epistolari Jordi Arbonès & Antoni Clapés, edició de Pep Sanz Datzira, Lleida, Punctum (Visions 9), 2017.

A ellos puede añadirse, además:

Susana Álvarez y Montserrat Bacardí, «Epistolari Jordi Arbonès-Joan Triadú (1964-1967)», Quaderns. Revista de Traducció, 12 (2005), pp. 85-113.

Los presos y los libros

«No hay mayor dolor que no tener libertad.»

Marcos Ana (1920-2016)

 

La ingente cantidad de literatura no ficcional referida a la vida carcelaria, ya sea en forma de memorias, testimonios o biografías, casi puede considerarse ya un subgénero que, quizá no tenga un gran atractivo comercial, pero ha experimentado una presencia constante y sostenida y ha encontrado en algunas editoriales marcadamente de izquierdas, como es el caso de Virus Editorial o Txalaparta, a corajudos y tenaces valedores.

X.Tarrío.

De hecho, uno de los libros de mayor divulgación publicados por Virus es un libro de muy complejo y azaroso proceso de edición, Huye, hombre, huye. Diario de un preso FIES (1997), del activista anarquista y escritor gallego Xosé Tarrío (1968-2005), apodado Che, que se publicó originalmente acompañado de un prólogo del profesor de Derecho Penal en la Universitat de Barcelona (y director del Observatorio del Derecho Penal y de los Derechos Humanos) Iñaki Rivera, del que se hicieron numerosas ediciones, incluso en traducción al inglés, y que está disponible en abierto en la red. En realidad, pues, quizá no se trate de un best séler, pero sí de un long séler muy ilustrativo de la experiencia en las cárceles españolas en los años ochenta y noventa, y en particular entre los presos FIES (Fichero Interno de Especial Seguimiento).

Quinto hijo de una muy modesta familia marcada por un padre dado a la bebida y a la violencia machista del barrio coruñés de Kananga, Xosé Tarrío conoció la reclusión desde muy joven, a los once años ya era internado en un colegio del Opus y posteriormente en correccionales, pero fue al ser condenado en 1987 a una primera pena de dos años, cuatro meses y un día cuando inició un periplo que lo llevó a conocer de primera mano los aspectos  más duros de las cárceles españolas, la impune violencia ejercida por sus custodios y la solidaridad, en un ambiente de violencia muy dura, entre los presos, así como los aislamientos durante años en celdas individuales durante hasta veinticuatro horas.

Interesado inicialmente en el independentismo gallego marxista leninista a través de sus lecturas, Tarrío no tardó sin embargo en acercarse al anarquismo, y colaboró muy activamente con el coruñés Colectivo Libertario Oveja Negra cuando salió de prisión, al reducírsele la condena a una sola de veinte años y ser liberado por haber cumplido ya tres cuartas partes de la misma.

Con este escenario, resulta asombroso que, gracias a la mediación y ayuda de algunos abogados particularmente sensibles, poco a poco pudieran ir saliendo al exterior de la prisión los textos que acabarían conformando su estremecedor libro de memorias, mecanografiados, como se indica en la página de agradecimientos de las mismas, por Javier Ávila Navas (uno de los promotores de la Asociación de Presos en Régimen Especial y autor de Un resquicio para levantarse. Historia de la APRE) y Carlos Esteve García (conocido por su fuga de la prisión de Huesca en el coche de su director y colaborador también de Juan José Garfia en Adiós, prisión, publicado en 1995 en Txalaparta). Una primera versión del texto fue corregida, según se cuenta en la mencionada página de agradecimientos, por el también preso y licenciado en Historia del Arte Juan José Garfia, que llegó a pasar año y medio solo las veinticuatro horas en una celda de seis metros cuadrados en el penal de El Dueso.

Finalmente, el editor de Virus Editorial Patric de San Pedro, fundador también con Marina Steen de la pequeña editorial destinada al público infantil Takatuka, fue quien se ocupó del proceso de edición del texto que acabaría convirtiéndose en Huye, hombre, huye, que apareció en 1997. Cuenta Patric de Pedro que su proceso de edición fue de los que vivió «con mucha intensidad, un libro que recibíamos por entregas, con muchas trabas por parte de las instituciones penitenciarias, y con el que abrimos una línea de denuncia de la prisión que luego tendría continuidad con la revista Panóptico y con otras publicaciones».

Posteriormente Huye, hombre, huye se distribuiría también en México gracias a las Ediciones sin Nombre, se haría una edición en las bonaerenses Individualidades Anarquistas (en otoño de 2008 y con prólogo del célebre anarquista español Gabriel Pombo da Silva) y en los LBC Books, de Berkeley, en 2014, entre otras, y acaso sea uno de los textos en español más conocidos en su género de los publicados en las últimas décadas el siglo XX. Ya en 2015 apareció un segundo libro con la firma de Tarrío, Que la lucha no muera. Ante la adversidad, rebeldía y amistad, con una introducción escrita por su madre, Pastora González Vieites, y publicada por Editorial Imperdible, que también recuperó Huye, hombre, huye en 2017. Y de la vitalidad del género y de la vigencia de su interés por parte de los lectores es buena muestra también, por ejemplo, la reedición corregida y ampliada, aún en 2017, de las Memorias del calabozo, de Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro, con prólogo de Eduardo Galeano, en Txalaparta.

Fuentes:

Anónimo, «Quién fue Xosé Tarrío», Plaza Xosé Tarrío, s/f.

Txema Bofill i Okupem les Dones, «Virus Editorial. Vint anys de publicacions anticapitalistes i llibertàries», Catalunya (Òrgan d´Expresió de les CGT de Catalunya i de Balears), núm 126 (marzo de 2011), pp. 16-17.

Elena del Estal Martínez, «Xosé Tarrió: “Odié, odié, odié. Odié porque había aprendido a odiar”», La Huella Digital, 6 mayo 2011.

 

La recuperación (o la quema) editorial de Ramón J. Sender en España

En su documentadísima biografía de Ramón J. Sender (1901-1982), Jesús Vived Mairal cita una carta bastante interesante en relación al Premio Planeta, que el escritor aragonés mandó al profesor Francisco Carrasquer el 13 de abril de 1969: «Las novelas que acabo de terminar son En la vida de Ignacio Morel (la mandaré probablemente a Destino) y Tanit, que irá también allí». Conociendo esta intención de publicarla en la editorial de Josep Vergés (1910-2001), dando pie a una abrumadora operación por publicar su obra y cuando Destino aún no formaba parte del entramado planetario ¿cómo es posible que En la vida de Ignacio Morel acabara alzándose con el Premio Planeta en la edición de 1969, a cuya ceremonia de entrega no asistió el autor y cuyo finalista fue el novelista peruano Manuel Scorza (1928-1983) con Redoble por rancas?

Vived Mairal da algunas claves para comprender cómo y quién le invitó a participar (vale la pena leerlas), pero en cualquier caso a partir de ese momento se ponía en marcha, propiciado sobre todo por el cambio de actitud de la censura española hacia la obra y la persona de Sender, lo que el ya mencionado Francisco Carrasquer describió como  «un pequeño alud de títulos» senderianos y José-Carlos Mainer como «una avalancha». Lejos quedaban los años en que, sin ningún género de duda por el solo hecho de llevar la firma de Sender, la circulación de sus libros era impedida tajantemente por la censura. De hecho, la prohibición de Florentino Pérez-Embid (secretario general de Información) a que José Janés pudiera publicar en un volumen los tres primeros libros de Crónica del Alba, después de haber sido autorizada por el censor Javier Dieta (en lo que Fernando Larraz considera «una de las declaraciones más contundentes que pueden encontrarse de veto a un autor con independencia del carácter de sus obras»), databa del entonces lejano 1956.

Ramón J. Sender.

En años inmediatamente previos a la concesión del Planeta, la Editorial Magisterio Español había contado con La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (aparecida en Las Américas Publishing en 1964), con prólogo de Carmen Laforet, para reactivar su colección Novelas y Cuentos en 1967 bajo la dirección de Manuel Cerezales, y luego añadiría a su heterogéneo catálogo la exitosa y divertida serie sobre Nancy y La llave y otras narraciones. Es decir, su política parecía ser la recuperación de textos ya publicados en el exilio, y el éxito de La tesis de Nancy les llevó a ocuparse de la edición de los tres siguientes, pero, paradójicamente, el volumen con el ciclo completo de Nancy lo publicaría en 1984 Destino.

De hecho, desde 1965 Destino había sido quien había publicado en España el grueso de la obra de Sender: la a ojos de la censura inocua novela del Oste El bandido adolescente (1965), Tres novelas teresianas (1967), la extravagante novela histórica Las criaturas saturnianas (1968), los relatos de El extraño señor Photynos y otras novelas americanas (1968) y la Comedia del diantre y otras dos (1969), si bien es cierto que a aquellas alturas la obra de Sender en el exilio era lo suficientemente amplia y variada para que aparecieran también muestras de ella en Gredos (Valle-Inclán y la dificultad de la tragedia, en 1965), Delós-Aymà (Crónica del Alba, en tres tomos, en 1965), Magisterio Español (el ya mencionado volumen La llave y otras narraciones, de 1967) o Alianza Editorial (Tres ejemplos de amor y una teoría, en 1969).

Sobrecubierta de la edición de Destino.

La acaso sorprendente concesión del Planeta a Sender no hizo sino acrecentar hasta límites abrumadores ese asombroso ritmo de publicación de una obra que, en su conjunto, era literariamente muy desigual y en cuanto a géneros muy diversa. Tras la publicación de En la vida de Ignacio Morel Planeta le publicaría hasta cuatro novelas más a un ritmo casi anual: Zu, el ángel anfibio (1970), Tánit (1970), El fugitivo (1972) y La mesa de las tres moiras (1974). Y el hecho de que algunos de estos títulos pasaran posteriormente a la colección de bolsillo y el número de ediciones dan fe de la distinta suerte de las obras de Sender publicadas por Planeta, entre cuyos éxitos destaca, junto a la novela premiada, una novela en apariencia poco apreciada por la crítica senderiana pero bastante jugosa: Tánit.

Por entonces dirigía la Colección Popular de Planeta Rafael Borrás Betriu con un consejo de redacción de lujo formado por Mª Teresa Arbó, Marcel Plans, Carlos Pujol y Xavier Vilaró. La Popular se alimentaba básicamente de los éxitos de la colección Autores Españoles e Hispanoamericanos y era el destino final de las novelas premiadas por la editorial (antes del resurgir de las colecciones de quiosco). Entre sus cien primeros títulos figuran, además de Tánit (núm. 31) y En la vida de Ignacio Morel (núm. 68), tanto las obras de Álvaro de Laiglesia, Ángel Palomino y Torcuato Luca de Tena como textos literariamente más ambiciosos de Ignacio Aldecoa, Gonzalo Suárez, Juan Marsé, Ana María Matute o Carmen Laforet y, entre los extranjeros, Juan Rulfo, Hemingway, Steinbeck y Kippling. Se trata de una colección de grandes éxitos, como queda claro en el empeño de indicar (impreso en la cubierta) el número de ejemplares vendidos. A título de ejemplo, en la cubierta de la segunda edición de Tánit (1982) se declara haber vendido 45.000 ejemplares de la primera, y en la segunda de Las uvas de la ira se señalan 90.000 ejemplares vendidos (la 1ª ed. es de junio de 1978).

Además, eso no detuvo la publicación de otros libros senderianos en otras editoriales, particularmente en Destino (La antesala en 1970, Túpac Amaru en 1973, Las Tres Sorores en 1974…), pero también en Escelicer (Donde crece la marihuana, 1973) y Akal (Cronus y la señora con rabo), además de las ya consignadas novelas de Nancy en Magisterio Español.

Cuando finalmente en 1974 Sender regresó por primera vez a España, invitado por la Fundación General Mediterránea para dar un ciclo de conferencias en diversas ciudades, y para someterse también a una enorme cantidad de entrevistas y actos promocionales de su obra, el lector español se encontraba sometido al asfixiante ritmo al que se le ofrecían novedades bibliográficas del polígrafo aragonés. Aunque no pudo entrar en la Real Academia Española, pese al intento de Dámaso Alonso, por el hecho de no tener pasaporte español, quizá si finalmente hubiera obtenido el Nobel (como solicitó el Spanish Institute de Nueva York), a la larga la suerte de la obra senderiana hubiera sido otra.

En cualquier caso, en tales circunstancias de bombardeo editorial, no es de extrañar que la obra de Sender haya sido de digestión lenta y que aún hoy depare inesperadas sorpresas (ya sean sus obras teatrales, sus novelas policíacas o sus relatos) a quienes de pronto descubren alguno de sus títulos que, en su momento, pasaron inevitablemente desapercibidos. Hoy tal vez podríamos decir que, pese a la supervivencia del puñado de títulos de primer rango (Imán, Mr. Witt en el Cantón, El lugar de un hombre, Crónica del alba, Réquiem por un campesino español) esas desenfrenadas políticas editoriales «quemaron» al autor, sepultando buena parte de su obra.

Fuentes:

Luz C. de Watts, Veintiún días con Sender en España, Barcelona, Destino (Áncora y Delfín 480), 1976.

Fernando Larraz, Letricidio español. Censura y novela durante el franquismo, Gijón, Trea, 2014.

Jesús Vived Mairal, Ramón J. Sender. Biografía, Madrid, Páginas de Espuma (Voces Clásicas 14), 2002.

Samarán, una estirpe de impresores y editores

En 1951 alcanzó en España un resonante éxito un libro entre las memorias y el ensayo más o menos histórico de Josep Maria Fontana Tarrats (1911-1984), por entonces diputado en las Cortes franquistas y jefe del Sindicato Nacional del Textil, con el que se daba a conocer también una editorial, Samarán.

Una de las muchísimas reediciones de la obra de Fontana (la de Acervo, de 1977).

Sin embargo, Samarán aparece por lo menos desde principio de siglo como pie de imprenta de los más diversos impresos. Sin indicación de fecha, pero probablemente de la primera década del siglo XX existen algunos títulos de la madrileña Biblioteca Escolar Recreativa (El premio de la virtud, con ilustraciones de F. Alberti, y Cuentos de Fernandillo, con ilustraciones de Méndez Bringa) que se declaran como a cargo de «S[aturnino] Calleja, March y Samarán» y algunos títulos de la Editorial Saturnino Calleja (de la segunda serie Salgari, por ejemplo) aparecen en los años cuarenta impresos por «Samarán y Compañía».

En los años veinte y treinta, esa madrileña Imprenta de Samarán y Compañía aparece como pie editorial de varios carteles taurinos, así como de los más diversos tipos de discursos académicos, del Anuario del observatorio meteorológico de Madrid, o de revistas como la socialista Juventud o Ritmo, revista musical ilustrada. Quizá más interesantes en el ámbito literario sean dos títulos de 1922, Jardines de Francia, una antología en la que figuran poemas de Baudelaire, Francis Jammes, Verlaine, Verhaeren y la Condesa de Noailles entre otros, en traducción de E. González Martínez (y de la que hay una edición previa, de 1918, de Editorial América) y sobre todo el del escritor y editor estadounidense Isaac Goldberg (1887-1938) La literatura hispanoamericana. Estudios críticos, en traducción de Rafael Cansinos Assens (1882-1964) y precedido de unas «Palabras críticas» del poeta y prestigioso crítico literario Enrique Díez-Canedo (18791-944). Unos años después moría Felipe Samarán y Fernández (1883-1929), miembro de la Asociación General del Arte de Imprimir de la UGT desde los dieciséis años, con lo que tomaba el relevo una nueva generación de una estirpe de impresores cuyos límites no están de momento claros.

Félix Ros (1912-1974)

El éxito comercial de Samarán como empresa editora llega en 1951, con Los catalanes en la guerra de España, de Fontana, cuando figura como director de la misma el poeta y traductor catalán Félix Ros (1912-1974), que se había forjado una cierta fama como editor de la mano de Josep Janés i Olivé (1913-1959) en Emporion y con la creación de la Editorial Tartessos, que posteriormente había vendido a José Manuel Lara Hernández (1914-2003).

Podría deducirse que ese resonante éxito, tan enorme como quizás inesperado, animó el ritmo de producción de Samarán, que después de una segunda obra de Fontana, En el Pirineo se vive de pie (1953) y una primera novela firmada por Cargel Blaston (Yo, rey del hampa, 1954), se acreciente de un modo espectacular en los años siguientes y en particular en 1956. De Cargel Blaston, seudónimo Carlos Lestón (1922-2000), publicó Samarán en 1955 Los cuatro mancos, y ese mismo año la novela del prolífico polígrafo catalán Noel Clarasó La ciudad de los hombres buenos. Novela de la vida posible, encuadradas ya en una colección Hipocampo, que será junto con Borní la más importante de la editorial.

Por otra parte, muy probablemente sea muestra de la vinculación de Fontana con Samarán el hecho que en la imprenta de ese mismo nombre se publique Textil Mensual, la revista profesional del Sindicato Nacional Textil. Y probablemente sea en algunas de las ediciones de Samarán donde se publican las primeras ilustraciones de sobrecubierta de quien fuera secretario de Izquierda Republicana y colaborador de la almeriense Lucha, Manuel Prieto Muriana (n. 1931), que en 1947 había salido de prisión y que más adelante se haría célebre con cubiertas para tebeos y para algunas colecciones populares de Rollán, Bruguera y, en el extranjero, para The Black Horse Western, The Lindford Western Library, Alfred Hitchcock’s Library, Bastei Verlag o Il Giallo Mondadori.

Ilustración de sobrecubierta de Prieto Muriana para La esfinge de Maragata.

Entre los traductores que colaboraron con Samarán, uno de los asiduos fue el manresano Joan Francesc Vidal i Jové (1899-1978), que en tiempos de la República había sido secretario general de Orden Público de la Generalitat de Catalunya, y que ha pasado a la historia de la traducción por ser el primero en verter a una lengua peninsular el Ulises de James Joyce (en 196), si bien su mecanoscrito permaneció en el Archivo General de la Administración hasta que el profesor Alberto Lázaro la dio a conocer en 2007.

De 1956 es por ejemplo la edición de Sonia, los otros y yo, de Pierre Daninos, en traducción de Vidal Jové, así como, en la misma colección Hipocampo (en tapa dura y con sobrecubierta ilustrada), el libro de relatos Las aguas de Arbeloa y otras cuestiones, del escritor falangista y por entonces presidente del Patronato del Museo del Prado Rafael Sánchez Mazas (1895-1966), Cita en Berlín, del escritor francés José Van den Esch, Para usted, Fantasía, del periodista y dramaturgo falangista Tomás Borrás (1891-1976), Granados, de Antonio Fernández Cid, una reedición de la exitosa novela La esfinge Maragata, de la célebre novelista entonces recién fallecida Concha Espina (1869-1955), una traducción de Veinticuatro horas en Le Mans, de Jean Albert Gregoire (1899-1922) o, sorprendentemente, la recuperación de La familia de León Roch, de Benito Pérez Galdós (1843-1920).

La dificultad para advertir una línea editorial más o menos clara en este catálogo de Hipocampo construido por Félix Ros tras el éxito inicial de Los catalanes en la guerra de España bien podría hacer pensar que en la creación del mismo influían desde la voluntad de no perder dinero, y eso explicaría la inclusión de novela popular y de obras que ya habían demostrado su potencia comercial, hasta las ganas de quedar bien con personalidades afectas al régimen franquista.

Más allá de esquivar la ficción, tampoco es mucho más firme la línea editorial de la colección Borní o de Samarán en general, donde también en 1956 conviven Van Gogh según Van Gogh, del oscuro doctor F. Gipson-Müller, con La conquista de los polos, de Roger Vergel o, fuera de colección pero con un aspecto muy similar al de los Hipocampo, Los españoles ante el año 2000. Cosmología de España, de nuevo de Fontana e Interpol (La policía internacional), de A.J. Forrest.

Este frenético ritmo de publicación se ralentiza abruptamente ya en 1957, año en que en la colección Borní aparece la traducción de Vidal Jové de Vivir bajo los faraones, del periodista y divulgador de la arqueología como guionista de la BBC Leonard Cottrell (1913-1974), en una edición profusamente ilustrada con fotografías en blanco y negro fuera de texto y dibujos intercalados en el texto. También en Borní y en 1957 aparece Con dinero rueda el mundo, del furibundo antimasón, antisemita y antiglobalización Henry Coston (1910-2001).

Más difícil es aún encontrar títulos de Samarán ediciones en los años posteriores, aunque en 1958 parece que sigue viva la colección Hipocanto, pues en ella aparecen los cuentos Yo, tu, ella, del ya mencionado Tomás Borrás, y a principios de los años sesenta aún aparecen con pie de Samarán Ediciones los dos libros del arquitecto y narrador Román Aldasoro Campoamor, Brumas de un pasado (1961) y Estirpe de raza (1962), y al año siguiente aún aparecería un libro luego repetidamente reeditado, San Sebastián, biografía sentimental de una ciudad, encuadernado en tapa dura, con guardas ilustradas con una fotografía y profusamente ilustrado y con una carta final del dramaturgo Joaquín Calvo Sotelo (1905-1993) como apéndice. Su autor, el también dramaturgo vasco Jesús María de Arozamena (1918-1972), era consejero delegado nacional de la Sociedad General de Autores (de la que llegaría a ser director general) y cronista oficial de San Sebastián.

Curiosamente, y aunque en años posteriores aún aparecerían otros libros en la Imprenta Samarán y Compañía, parece que el declive en la producción coincide con la compra en 1958 por parte de la familia Samarán de un local madrileño que a principios del siglo XXI saltaría a las páginas de la prensa, el de la calle Amparo 103 (en Lavapiés). A la muerte del último propietario de la imprenta, en 1982, el local fue abandonado, hasta que fue okupado y albergó El Laboratorio, un espacio artístico autogestionado que montó un pequeño museo de la imprenta y que se mantuvo en activo hasta que la justicia española obligó a su desalojo.

En cualquier caso, si poco se sabe de Samarán Ediciones, más allá de la etapa en que estuvo a su frente el editor catalán Félix Ros, la estirpe de los impresores Samarán y sus avatares a lo largo del siglo XX siguen estando en muy buena medida en la sombra.

Fuentes:

Enrique Fernández de Córdoba y Calleja, Saturnino Calleja y su editorial. Los cuentos de Calleja y mucho más, Madrid, Ediciones de la Torre, 2006.

Vicente Alberto Serrano, «Félix Ros o las afinidades electivas», La luna de Alcalá, 1 de octubre de 2017.

Edición de género (femenino)

A Mireia Sopena y a Pura Fernández,

a ambas con un guiño.

 

Cuando a finales de 1987 Silvia Lluís Rovira inició su actividad al frente de Circe, en el seno del Grupo Océano pero con capital independizado, lo hizo, significativamente, definiéndose como directora general y editora de la empresa, en lo que cabe interpretar en cierto modo como una asunción de la doble vertiente de lo que en el mundo anglosajón se define como publisher y editor. Es decir, no sólo se ocuparía de llevar el timón de la empresa en cuanto a la gestión, sino que se responsabilizaba también de los títulos que seleccionaría y editaría. En el momento de presentar el proyecto, se anunciaba con tres colecciones (narrativa, ensayo y biografía), y con la intención de publicar entre 3.500 y .4000 ejemplares de cada título.

No era un propósito tan osado como a primera vista pudiera parecer si se tiene en cuenta que contaba con un padre de amplísima experiencia en el mundo editorial que además hay constancia de que le dio buenos consejos. Josep Lluís Monreal (hijo a su vez de un périto industrial y periodista aficionado apasionado la letra impresa) se había fogueado con el legendario editor Josep Janés i Olivé antes de acabar por poner en pie en 1959 la editorial Danae, donde dio muestras de su talento como editor, para posteriormente asumir una función más de empresario con la creación en 1972 de Ediciones Océano, que con el tiempo se transformarían en el Grupo Océano. Por ello sabía muy bien lo que se decía cuando le recomendó a su hija Silvia algo que puede parecer una perollugrada pero no lo eso: «Si quieres publicar un tercer libro, por lo menos de los dos primeros vende uno, porque si no vendes ninguno de los dos primeros, entonces el tercero no lo vas a publicar».

Lo cierto es que Silvia Lluis arrancó ya a lo grande, y en 1988 salía a la palestra con una excelente biografía firmada por Rauda Jamis de Frida Kahlo, que según declaraba la propia editora en 2003 fue uno de sus mayores y más continuados éxitos: «Sirvió para lanzar en la editorial la colección de biografías y la hizo un referente. Es nuestro libro más vendido y también sobre el que recibo más cartas de lectores que, que me explican cómo ha cambiado sus vidas.» Muestra de la implicación personal de la editora en este libro en particular es el azaroso origen de la decisión de publicarlo. En 1985, durante un viaje profesional a México, había quedado fascinada por una visita a la Casa Azul de la pintora y a la vista de lo expuesto surgió en ella el convencimiento que la de Kahlo era una historia que valía la pena divulgar y dar a conocer más ampliamente. Y quizá no sea exagerado vincular la publicación del libro de Jamis con el auge que experimentó en esos años el interés en el ámbito hispánico por la vida y la obra de Frida Kahlo.

La fecha en que arranca el proyecto es además indicativa, por lo menos retrospectivamente, de un interés de los editores españoles por el género biográfico en aquellos años, pues coincide de modo significativo con la creación del que pronto se convirtió en el galardón de referencia en el mundo hispánico dedicado al género, el Comillas de Tusquets Editores.

Los títulos que lo acompañaron al Frida Kahlo de Rauda Jamis, a un ritmo además altísimo, pronto configuraron una idea muy clara de Circe como editorial profundamente comprometida con una mirada femenina del mundo y con una operación de rescate de vidas femeninas poco o mal conocidas, llevada a cabo con tesón pero sin cerrazones excluyentes. Así, se sucedieron biografías dedicadas a la editora Sonia Brownell, obra además de la reputadísima Hillary Spurling, a Coco Chanel, a Patricia Highsmith, a Dora Maar, a Irène Nemirovsky, a Sylvia Plath, a Susan Sontag o a Tamara de Lampicka, pero también a Jackson Pollock, Francis Bacon o a Jaime Gil de Biedma.

La de Dora Maar, aparecida en 2012, tiene la singularidad de ser la primera ocasión en que respondió a un encargo de la propia Silvia Lluís, pues lo más habitual en Circe era que esa búsqueda de biografías respondiera al propósito de rescatar vidas de luchadoras a partir de libros preexistentes en inglés y, en menor medida, en francés, pero en este caso se le propuso a la historiadora y crítica Victoria Combalía. Al año siguiente aparecía la primera biografía de una mujer española, Maruja Mallo (que en 1995 había inspirado una novela de Ana Rodríguez Fischer, Objetos extraviados, significativamente publicada en la Lumen de Esther Tusquets), en esa ocasión obra de la hispanista estadounidense Shirley Mangini, a quien en el lector español conocía bien porque había publicado ya el volumen dedicado a Gil de Biedma en la colección de Júcar Los Poetas (en 1980), Rojos y rebeldes, la cultura de la disidencia durante el franquismo (en Anthorpos, en 1987) y Las modernas de Madrid, las grandes intelectuales españolas de la vanguardia y Recuerdos de la resistencia, la voz de las mujeres de la guerra civil española (ambos en Península, en 2001 y en 2004, respectivamente).

Sin embargo, si bien siempre será recordada por haber puesto en un lugar preeminente la biografía como género, también se cuentan entre los méritos de Circe haber dado a conocer al lector en español a escritoras tan relevantes y significativas como Amélie Nothomb (Higiene del asesino, 1996; Las catilinarias, 1998, y Atentado, 1999) o Siri Hustvedt (Los ojos vendados, 1992; El hechizo de Lili Dahl, en 1996, y En lontananza, 1998), del mismo modo que es poco recordada como la primera y constante editora de Don DeLillo en los años noventa (Los nombres y Mao II, 1992; Ruido de fondo, 1994; Americana, 1999; Submundo, 2000…) o de Emmanuel Carrère (Fuera de juego, en 1989, y Una semana en la nieve, en 1996), o de títulos tan singulares y exitosos como Las siete cajas, de la barcelonesa Dora Sontheimer, Cisnes salvajes, de Jung Chang, o La pasión de ser mujer (2016), de Eugenia Tusquets y Susana Frouchtmann, por donde desfila una pléyade de mujeres muy en sintonía con los intereses de Circe (Hannah Arendt, Emilia Pardo Bazán, Maria Callas, Anaïs Nin, Eleanor Roosevelt o Mercè Rodoreda) y cuyo título quizá defina por sí solo el catálogo de Circe.

Fuentes:

Web de Circe

Iloveherstory, «Entrevista a Silvia Lluís, editora de Circe», 29 de marzo de 2015.

Amaya Prieto, «Viajamos con arte o por amor al arte. Entrevista a Silvia Lluís y Pilar Rubio», Viaje al centro de la noche, Radio Nacional de España, 6 de marzo de 2013.

Redacción, «El Grupo Océano crea la Editorial Circe, para narrativa y ensayo», El País, 2 de febrero de 1988.

Sergio Vila-Sanjuán, Pasando página. Autores y editores en la España democrática, Destino (Imago Mundi 26), 2003.

La edición clandestina, de Minuit a Negra Nit

Uno de los retos más complejos, por razones evidentes, a los que se enfrenta la historia de la edición, es el deber de reconstruir, en la medida en que sea posible, la trayectoria de las ediciones clandestinas, de las que en el caso de la historia española, como en otros muchos en que la censura se cebó en la obra editorial, es posible que existan más ejemplos de los que hasta ahora son comúnmente conocidos.

En este ámbito particular, existen bastantes datos dispersos acerca de Edicions Negra Nit, nacidas en 1945 de la mano de Esteve Albert (1914-1995), quien en 1942 había salido de la prisión de Ondarreta, y Josep Benet (1920-2008), militante del clandestino Front Universitari de Catalunya, y cuyo nombre parece cuando menos inspirado en las Éditions de Minuit del ilustrador Jean Bruller (1902-1991), hijo del editor húngaro Louise Brüller, y el periodista de origen algeriano Pierre de Lescure (1891-1963). Éditions de Minuit había surgido unos pocos años antes en la Francia ocupada, y el 20 de febrero de 1942 sacó un primer libro, Le silence de la mer, firmada por Bruller empleando el seudónimo Vercors. A su vez, en La bataille du silence, Bruller contó que el origen del nombre de este proyecto editorial, cuyo objetivo inicial era dar salida a su propia obra, estuvo en algunas obras de Georges Duhamel y Pierre MacOrlan, pero aun así la leyenda ampliamente divulgada lo atribuye al hecho de que imprimían los libros por la noche. Sería una bella historia, pero lo cierto es que el mencionado primer libro de Éditions de Minuit lo imprimió muy lentamente Claude Odeville, a plena luz del día aunque con las precauciones pertinentes, y los siguientes libros corrieron a cargo de Ernest Aulard, que los imprimía los domingos. Entre los méritos extraordinarios de Éditions de Minuit en sus primeros años se cuenta el hecho de que fue la primera editorial (y hasta el momento de escribir estas líneas, que se sepa, la única) que, como tal, fue galardonada con el Premio Fémina, en 1944, por el conjunto de su obra durante la guerra. Al término de la misma, en 1946, empezó a dirigir la editorial el celebérrimo y reputadísimo Jérôme Lindon (1925-2001), y desde su muerte la hija de éste, Iréne Lindon.

Logo de Éditions de Minuit.

Edicions de Negra Nit, nacida con el propósito de publicar en catalán en tiempos particularmente difíciles, se estrenó con La subterrània deu, como primera entrega de una serie de Poesia de Resistència y encuadrada en la colección Rat Penat («murciélago» en catalán). Se trata de una publicación en un formato de 8 x 11 de apenas 24 páginas, lo que facilitaba enormemente su distribución de tapadillo y su ocultación. Lógicamente, el único canal para dar a conocer estas obras era la prensa también clandestina, y aparecieron algunos textos sobre ellos en la revista Horitzons, una publicación adherida al Front Nacional de Catalunya  que imprimía el mismo Albert con la misma imprenta con que publicaba los libros. Con la venta de una primera tirada de cien ejemplares en papel de hilo y numerados se financiaba una tirada más modesta cuyos ejemplares se regalaban de mano en mano, con el propósito evidente de fomentar la continuidad de la lectura en catalán.

Logo de Edicions de Negra Nit.

De hecho, es muy probable que Petita vall, un libro un poco más extenso (124 páginas) aparecido en 1946 en Dosrius sin pie editorial y firmado por Esteve Albert i Corp, se imprimiera del mismo modo. Sin embargo, su anterior Única amor (1945), había aparecido en la Imprenta Aquitania y con pie falso en Montepellier (se imprimió en Mataró). En cualquier caso, también de 1946 es el segundo volumen de las Edicions Negra Nit, Himnes patriòtics, como número II de la Poesia de Resistència y con el que se estrenaba la colección Pàtria i Llibertat. Se trata de un libro colectivo de 32 páginas con el mismo formato que el anterior, si bien se indica como lugar Barcelona, y que puede verse digitalizado en el blog de Pere Plana Panyart.

El tercer y último libro de esta efímera editorial apareció también en 1946, Sonets dels temps difícils, presentado como anónimo pero obra de Maurici Serrahima, abogado y poco menos que mentor de Benet, con quien poco después colaboró estrechamente en el también clandestino grup Miramar (creado en 1947 para mantener la memoria histórica a la espera de tiempos propicios). Se anunciaron en las Edicions de Negra Nit unas Commemoracions nostrades que ya no llegaron a publicarse.

Placa en homenaje a Esteve Albert i Corp en la placeta de Sant Esteve de Andorra la Vella.

 

Puede aventurarse que el abrupto fin de esta iniciativa, antes de que Esteve Albert se trasladara a vivir a Andorra, donde prosiguió una fecunda labor de divulgación cultural y de resistencia antifascista, se debió muy probablemente a la progresiva apertura de pequeños resquicios que permitían la publicación de determinadas obras en catalán, como es el caso particularmente de la poesía, de las traducciones de literatura griega y latina o las obras de algunos clásicos, si bien siempre con algunas restricciones. Ese año 1946 aparece el primer libro inédito en catalán con permiso de la censura y publicado por una editorial, Mosaic, de Victor Català, que no se ajustaba a las normas gramaticales de Pompeu Fabra; la primera reedición de un libro juvenil, en la editorial Baguñà o el primer diccionario en catalán impreso desde 1939 (el de la editorial Pal·las, que se distribuyó sobre todo en 1947). Es pues el momento que retrospectivamente se ha denominado la represa, la reanudación.

 

Fuentes:

Pierre Assouline, L´Épuration des intellectuells, Bruselas, Complexe, 1985.

Pascal Fouché, L´Édition Française sous l´Occupation 1940-1944, Bibliothèque de Littérature Française Contemporaine (Université de París-7),vol. I, 1987.

Maria Josepa Gallofré i Virgili, L´edició catalana i la censura franquista (1939-1951), Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 99), 1991.

Albert Manent y Joan Crexell, Bibliografía catalana: cap a la represa (1944-1946), Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Serra d´Or 90), 1989.

Pere Plana Panyart, “La Negra Nit“, en De les golfes, ves! Quina troballa

Joan Samsó, La cultura catalana: entre la clandestinitat i la represa pública, 2 vols., Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 141 y 147), 1994 y 1995.

Ediciones de Jacint Verdaguer en el primer franquismo

A Julia Escobar, editora, traductora y escritora hasta la médula

El centenario del nacimiento de uno de los grandes poetas que ha dado la cultura catalana, Jacint Verdaguer (1845-1902), dio una excelente ocasión al régimen franquista para simular una cierta apertura que de algún modo silenciara las voces que lo tildaban de represor con la cultura catalana. Así, ya en 1943 se autorizó una edición de las obras completas del insigne poeta, pero con una condición que la profesora Montserrat Bacardí califica de «estrambótica y malintencionada», pues:

Debía reeditarse con la irregularidad ortográfica originaria, sin pasar por el cedazo normativizador de la reforma fabriana. El producto resultante, de regusto folklórico manifiesto, no resultaba precisamente apto para atraer a nuevos lectores. Aun así, el libro se agotó enseguida, y tal acogida sirvió de acicate a Josep M. Cruzet, el tenaz artífice de la [editorial] Selecta.

Es realmente asombroso que una obra escrita en una lengua que, en su forma, resultaba ya ajena casi por completo al lector medio pudiera tener un éxito importante, cuando lo habitual es que ese tipo de ediciones, cuando no entran en los planes de estudios, queden restringidas a un público lector altamente especializado. Contribuye además a explicar que en los años posteriores incluso los lectores bilingües prefirieran libros interesantes en (o traducidos al) español que tostones en catalán que presentaban evidentes problemas para su goce.

Muy poco después, en 1944, con las mencionadas restricciones, que al parecer de Manent y Crexell permiten tener a éstas por «ediciones españolas de textos de una lengua considerada muerta», aparecieron pues los libros de Verdaguer L´Atlàntida (con una carta-prólogo de Frederic Mistral), Canigó y Montserrat.

Victor y Joan Seix.

Y al año siguiente se sucedieron las ediciones conmemorativas, e incluso se creó una «comisión oficial» en la que figuraban Gabriel Arias (como vicesecretrario de Educación Popular del Movimiento), Antonio Correa Veglison (en calidad de gobernador civil de Barcelona y jefe provincial del Movimiento), José Pardo (jefe del Departamento de Propaganda), el erudito Martí de Riquer y el eminente editor falangista Luis de Caralt entre algunos otros. El Ayuntamiento de Barcelona costeó una edición facsímil del conocido como manuscrit de Can Tona (1867) de L´Atlàntida; Indústrias Gráficas Seix Barral hizo una edición de cien ejemplares para la Asociación de Bibliófilos de Barcelona de Lo mariner de Sant Pau con ilustraciones de Ramon Fabres; la vigatana Editorial Sala hizo una de Canigó ilustrada por Junceda y con un dibujo en portada de A. Freixes (con el texto y las notas en catalán arcaico); y Casiopea una de Què diuen el ocells con ilustraciones de Alexandre Coll y un asombroso epílogo de Antoni Julià de Capmany escrito en español.

Luis de Queralt durante la guerra civil española.

Es evidente la utilidad que tenía para el régimen franquista esta apropiación de la figura del gran poeta de la Renaixença catalana, sin que por ello supusiera un riesgo importante para la extensión, divulgación o ampliación de la lectura en lengua catalana, que sólo ocasionalmente se autorizaba y predominantemente cuando se trataba de poesía de traducciones de clásicos.

Sin embargo, ese mismo año 1945 aparece también, en México, una edición de L´Atlàntida más legible preparada por Joan Sales para la editorial Minerva, que se publicó precedida de un prefacio de Josep M. Miquel i Vergés. De nuevo en este caso se hace difícil comprender la salida que tuvo una edición hecha en semejantes circunstancias, más allá de la colonia catalana en México y en algunas otras ciudades americanas.

En 1946 están fechadas una segunda edición en Selecta de las Obras completas, así como una edición de 125 ejemplares no venales de Oda a Barcelona, acompañada de un comentario de Josep Pin y Soler e impresa en la Sallent de Sabadell, a cargo de la Asociación de Bibliófilos de Barcelona, y la primera edición crítica de L´Atlàntida, llevada a cabo por Eduard Junyent y Martí de Riquer partir de los manuscritos autógrafos y de las ediciones de 1877 y 1878, y de cuya impresión se ocupó Horta por encargo del Ayuntamiento de Barcelona (se tiraron novecientos cincuenta ejemplares). A raíz de esta última edición escribía en la edición del 9 de junio de 1946 de La Vanguardia Española Ana Nadal de Sanjuán unas palabras que producen poco menos que vergüenza ajena: «Gran acierto este acuerdo rendido a la memoria de Verdaguer, que repercute al eterno espíritu de nuestra patria, ya que nadie puede negar la españolidad de Mosén Cinto»

Aun en agosto de 1947 se autorizaría a Montaner y Simón y Editorial Casiopea una edición de bibliófilo de Flors de Maria, de Verdaguer, de la que se hizo una tirada de cuatrocientos ejemplares.

Y al año siguiente se publicaba una versión de Canigó transcrita, anotada y prologada por Joan Sales, en esta ocasión en la Biblioteca Catalana del insigne editor poumista establecido en México Bartomeu Costa-Amic. Sales, además, pudo partir ya de un texto con la ortografía modernizada, pues contaba con un ejemplar manuscrito preparado por el profesor catalán Antoni Bargés (exiliado también en México y que impartía clases en el colegio Cervantes).

La paradoja, pues, quizá resida en el hecho de que en Cataluña se publicaban ediciones que difícilmente podían encontrar su público, mientras que las que podían satisfacer a esos lectores se publicaban en tales condiciones que resultaban prácticamente inaccesibles.

Fuentes:

Sello andorrano.

Montserrart Bacarrdí, La traducció catalana sota el franquisme, Lleida, Punctum (Quaderns 5), 2012.

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Jalisco, El Colegio de México, 1998.

Maria Josepa Gallofré i Virgili, L´edició catalana i la censura franquista (1939-1951), Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 99), 1991.

Albert Manent y Joan Crexell, Bibliografía catalana: cap a la represa (1944-1946), Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Serra d´Or 90), 1989.

Joan Samsó, La cultura catalana: entre la clandestinitat i la represa pública, 2 vols., Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 141 y 147), 1994 y 1995.

Francesc Vilanova i Vila-Abadal, Repressió política i coacció económica, Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 216), 1999.

 

Enric Borràs i Cubells y la edición independentista catalana en los ochenta

En el volumen con que cierra su monumental historia de la edición en Catalunya, Manuel Llanas establece ciertos paralelismos entre el origen y la orientación de iniciativas como Edicions de l´Arc de Berà y Edicions Mediterrània o, posteriormente, La Magrana y las de la editorial El Llamp, de la que cita el siguiente propósito procedente de un catálogo de 1989: «[Publicaremos] obras en muchos casos comprometidas, siempre con el pensamiento puesto en Cataluña, génesis y objetivo de nuestra tarea editorial». Sin embargo, también indica Llanas que, de todas las que menciona, El Llamp fue la que a lo largo de su trayectoria más fiel se mantuvo a estos principios ideológicos fundacionales.

Aunque el nombre remite a una histórica y combativa revista publicada entre 1921 y 1934, El Llamp empieza a gestarse durante el verano de 1980, y, salvo en los trámites iniciales para constituirse, nunca pagó tasas ni impuestos directos a la agencia tributaria ni a la seguridad social españolas, lo que ya es sobradamente indicativo de esta fidelidad al compromiso declarado. Un tiempo después, el 22 de febrero de 1982, está fechado en los obradores de Gràfiques Diamant el primer libro de El Llamp, Manual d’orientació, de Ferran Pàmies.

La iniciativa había surgido de Enric Borràs i Cubells (1920-1985) y de su hijo Enric Borràs Calvo. El primero tenía ya por entonces una larga experiencia en el mundo editorial, que había iniciado al poco de salir de prisión, pues como consecuencia de su compromiso político pasó en la cárcel Modelo los años que van de febrero de 1946 a mayo de 1950. Después de una temporada haciendo colaboraciones externas como corrector y redactor, en 1952 Borràs i Cubells entró en la editorial Teide, donde con el tiempo se convirtió en mano derecha del célebre historiador y editor Jaume Vicens Vives (1910-1960), además de en prolífico traductor. Y coincidiendo con el arranque de El Llamp empezaba a aparecer además una de las iniciativas importantes en las que se comprometió, la colección en catalán de Joan Grijalbo (1911-2002) Plec de Setze, que puso a disposición de los lectores catalanes a algunos nombres importantes de la literatura universal contemporánea gracias a la labor de escritores y traductores tan destacados como Xavier Benguerel, Avel·lí Artís-Gener, Quim Monzó o Francesc Parcerisas.

A los dos años del arranque de El Llamp aparecía además una revista homónima, inicialmente dirigida por el escritor e intelectual Joan Crexells (18961-1926), que avanzaba en paralelo y con los mismos objetivos y planteamientos que la editorial.

A lo largo de sus trece años de existencia la editorial El Llamp publicó alrededor de trescientos títulos encuadrados en diversas colecciones entre las que destaca por su extensión L’Aplec, dedicada a libros periodísticos, memorias, ensayos históricos y textos de narrativa obra de autores catalanes como Josep Espunyes, Joan Barceló o Maria Mercè Marçal, y sobre todo La Rella, centrada en textos más reflexivos y memorialísticos de tipo político e ideológico.

Es muy recordada también como pionera de la novela erótica en catalán gracias a la colección La Cuca al Cau, donde abundan los textos firmados con seudónimo y de atribución dudosa, como es el caso de Els quaderns d’en Marc (que a menudo se supuso obra del prolífico Manuel de Pedrolo [1918-1990]) e Historieta Gràfica, donde se abordaba la historia y la actualidad política en forma de cómic en una iniciativa que hoy puede considerarse pionera. Y a ellas deberían añadirse aún otras de título tan inequívoco como Antropología, La Franja, Sociolingüística o Comunicació.

Entre sus mayores éxitos, a veces polémicos, se cuentan, por ejemplo, varias obras del propio Crexells, como Si és boig, que el tanquin! Poesia popular anónima, 1977-1982 (1983), antología en cuya preparación contó con la colaboración del poeta y editor Pere Quart (Joan Oliver [1899-1986]), Origen de la bandera independentista (1984), El monument a Rafael Casanova (1985) o Premsa catalana clandestina i d’exili, 1917-1938 (1986), así como textos tan importantes o que han dejado una huella profunda en el pensamiento independentista como es el caso de Anarquisme i alliberament nacional (1987), obra de un colectivo encabezado por Ricard de Vargas Golarons (excompañero de Salvador Puig Antich en el Moviment Ibèric d’Alliberament y posteriormente militante de Olla [Organització de la Lluita Armada]), en el que figuraban entre otros Joan A. Montesinos, Joan Casares y Enric Cabra, y que, prologado, ampliado y actualizado, por su pertinencia y vigencia fue rescatado por Virus Editorial en 2007.

Fenecida la revista, que tenía una tirada de unos dos mil ejemplares (la mitad destinada a suscriptores), dos años después le siguió el cierre de la editorial (que previamente se había convertido en sociedad anónima), debido al parecer al cierre de la distribuidora y a la dificultad por aquel entonces para obtener créditos bancarios. Aun así, en cierto modo la revista ha tenido una segunda vida, dispersa, en internet.

Si sin duda puede considerarse El Llamp como una de las editoriales más insignes entre todas las independentistas surgidas en el siglo XX en Cataluña, tampoco parece muy discutible que fue la más radicalmente independiente de las últimas décadas del siglo.

Fuentes:

Enric Borràs, «El Llamp: doble aniversari», El Llamp, 22 de febrero de 2012.

Ferran Dalmau «30 anys de la fundació d’El Llamp», Llibertat.cat, 26 de enero de 2012.

Manuel Llanas, Historia de l’edició a Catalunya. El segle XX (els darrers trenta anys). 1975-2007, Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2007.

Roger Palà, «La nissaga Borràs. De l’editorial independentista el Llamp al fotoperiodisme contra la extrema dreta», La nevera, 13 d’octubre de 2016.