Acerca de josepmengu

Me licencié en Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde tuve la suerte de que Sergi Beser me enseñara a leer novelas y Alberto Blecua y Manuel Aznar Soler hicieran lo propio con el teatro. Asistí allí al parto del Gexel (Grupo de Estudio del Exilio Literario Español) y desde 1993 me he dedicado a labores editoriales y de docencia, que he combinado con la publicación de trabajos de investigación filológica (en Teatro. Revista de Estudios Teatrales, España Contemporánea, Els Marges), crítica e historia literaria y editorial (Quimera, Lateral, Renacimiento, Cultura/s, Ínsula, Dosssier). He participado en algún que otro libro colectivo y en congresos sobre la literatura española del exilio de 1939 y me ocupé de la edición comentada de Víznar o Muerte de un poeta, de José M. Camps y, en colaboración con Mario Martín Gijón, de la de Cuatro ficciones dramáticas, del mismo autor. La editorial Debate publicó mi biografía de Josep Janés A dos tintas. Josep Janés, poeta y editor.

Día del Libro, 1938: Guerra de cifras durante la guerra civil española

La de 1938 fue, lógicamente, una de las celebraciones del Día del Libro singulares, pero como tantas otras estuvo acompañada por su correspondiente polémica acerca de cuáles habían sido los libros más vendidos.

Entre estas singularidades destacan por ejemplo las fechas en que se celebró. Del mismo modo que en 1937 se había desplazado inicialmente a mayo, y posteriormente, como consecuencia de los conocidos precisamente como Hechos de Mayo, a principios de junio, en 1938 se desarrolló a mediados de año, inicialmente restringido al día 15, si bien posteriormente prolongado al día siguiente, mientras que numerosos actos relacionados con el libro (conferencias, exposiciones, recitales…) se extendieron entre los días 13 y 19 de junio.

Otra de las singularidades, muy probablemente vinculada con el avance de las tropas franquistas que habían ido generando miles de desplazados a tierras aún republicanas, así como al traslado del gobierno español de Valencia a Barcelona (31 de octubre de 1937) y de empresas editoriales como Hora de España y Nuestro Pueblo, es el hecho de que aumentara muy notablemente la circulación de libros publicados en lengua española y consiguientemente el porcentaje que supusieron en el global de las ventas durante estas jornadas.

Cartel de la Fira del Llibre de 1937.Y una tercera singularidad: por parte de las autoridades catalanas, uno de los objetivos más importantes y urgentes de esa feria era obtener libros para el Servei de Biblioteques al Front, cuyos fondos habían sido víctimas de los particularmente duros bombardeos de que había sido objetivo Barcelona en marzo de ese año.

Sin embargo, no sólo acerca de las cifras, sino incluso de los títulos más vendidos es difícil obtener datos fiables, pues muestran una inequívoca intencionalidad por parte de aquellos que los facilitan.

El día anterior a la Diada, casi toda la página 8 de La Vanguardia, que por entonces dirigía de facto Paulí Masip (1899-1963), la ocupaban tres enormes anuncios sobre novedades editoriales que son muy significativos: Uno de Ediciones Europa-América, con un prolijo listado de títulos, con sus correspondientes precios, clasificados temáticamente (Clásicos del Marxismo-Leninismo, El Movimiento Estajanovista, Colección Stalin, La Lucha contra el Trostkismo…); otro de Editorial Nuestro Pueblo con una forma similar y en cuyo catálogo destacaban obras de José Herrera Petere (1909-1977), Federico García Lorca (1898-1936) y Pedro Garfias (1901-1967), entre otros, y un tercer anuncio con las novedades de una singular Estrella, Editorial per a la Juventut, que encabezaban Dubrowski, el bandido, de Pushkin, y dos obras de Antoniorrobles (Antonio Joaquín Robles Soler, 1895-1983): Don Nubarrón en las colas y Don Nubarrón en su tinajón. No es ocioso señalar que estos tres sellos estaban vinculadas a la empresa Distribuidora de Publicaciones, cuya oficina central estaba en el número 260 de la calle Diputació (entresuelo) y con Librería Internacional, en el número 21 del Passeig Maragall (entrada por Diputación); en otras palabras, pertenecían a un mismo conglomerado de empresas vinculado al Partido Comunista, como describe bien Gonzalo Santonja  en Los signos de la noche.

Federico García Lorca.En la página 7 del mismo periódico, aparecían otros anuncios diversos, de las publicaciones del Comisariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya, de las Unitats de xoc de Calders ilustrado con grabados de Enric Cluselles y prologado por Carles Riba o, más sorprendente, de la edición de La Biblia que ponía a la venta por esas fechas la Casa de la Biblia, pero el espacio central lo ocupaba de nuevo un inmenso anuncio en el que se destaca otro libro de Nuestro Pueblo, Madrid es nuestro, que reúne sesenta crónicas firmadas por Jesús Izcaray, Clemente Cimorra, Mariano Perla y Eduardo Ontanón, prologadas por el general José Miaja (1878-1958).

Enric Cluselles.En la plaza Catalunya y sus aledaños, montaron esa jornada sus puestos las Milicias de la Cultura, Mujeres Libres, Mutilados de Guerra, la Asociación de Artistas Teatrales, la Asociación de Amigos de la URSS, Asistencia Infantil, entre otras organizaciones, mientras que en los locales del CADCI (Centre Autonomista de Dependents del Comerç i de la Indústria) pronunció una conferencia Josep Pujols, en el local social de Profesionales Liberales (CNT) se organizó una exposición de libro antiguo (con ejemplares de los siglos XV y XVI) o en la Biblioteca Apel·les Mestres una sobre libro infantil, entre infinidad de otras iniciativas parecidas en todos los barrios de la ciudad.

Si bien en el Dia del Libro de 1937 a la prensa le sorprendió la cuantiosa venta de libros de poesía catalana, al hacer balance de la jornada de 1938 un anómimo redactor de La Rambla aseguraba que «No encontraréis ningún dependiente que no os diga que nunca se habían vendido tantos libros». Sin embargo, el exfutbolista del Barça y el Catalonia, y entonces profesor y periodista, Isidro Corbinos (1894-1966) matizaba esas palabras en La Vanguardia recurriendo al testimonio de un librero con puesto en las Ramblas:

En realidad, esta de hoy es una media fiesta del libro. Porque no hay libros, no hay compradores. No hay, se entiende, el buen libro, agotado y ya inexistente en el mercado; el buen libro que se ha vendido siempre en todas las ferias, todos los años. No queda nada de Galdós, ni de Pereda, ni de Palacio Valdés, ni de Alarcón, ni de los grandes novelistas extranjeros. No queda el libro de calidad literaria. Ni libros de Arte. Ni siquiera libros técnicos… […] Además, el lector ha disminuido, se encuentran en el frente todos aquellos que más leían. [..] Pero no se crea […], se compraría infinitamente más si hubiera todos los libros que se piden.

El mismo Corbinos señala que los actos relacionados con el libro han ganado protagonismo en detrimento de la venta propiamente dicha, pero apunta también el éxito  de las biografías, así como del libro popular de bajo precio y destaca que «algunas ediciones económicas editadas por unas Ediciones para la Juventud se agotaron» y que en general los libros sobre la revolución y la guerra se han vendido «a cataratas». Aun así, incorpora también el testimonio del insigne librero especializado en teatro Àngel Millà i Navarro (1890-1975), que hasta cierto punto lo desmiente pues a media tarde aseguraba haber vendido ya más de mil ejemplares de la edición económica (50 céntimos) de La vida es sueño, de Calderón de la Barca. Téngase en cuenta que la recién aparecida edición de Unitats de xoc mencionada se puso a la venta a 10 pesetas, el mismo precio que el también reciente Infants, de Pere Creixems (1893-1965), una carpeta con trece láminas ilustradas y texto bilingüe (catalán y español). En parte, estas diferencias de precios, se explican por la propiedad del entonces ya escaso papel. Otro de los éxitos en catalán fue la tercera edición del clásico del pacifismo Res de nou a l´Oest, de Erich Maria Remarque (1898-1970), traducida por Joan Alavedra i Segurañas (1896-1981), que acababa de poner a la venta la editorial Proa.

Otra enumeración de títulos estelares la ofrece el periódico El Día Gráfico en un artículo titulado «La jornada de la Feria del Libro», que los clasifica entre clásicos extranjeros y españoles y los ordena de más a menos vendidos: Dostoievski, Zola, Dickens, Dumas y Hugo, por un lado, y Galdós, Valle-Inclán y Blasco Ibáñez, por el otro, pero destaca también el Contraataque de Sender, La España donde se juega el destino de Europa, de André Marty, Dubobski el bandido, de Pushkin, y varios títulos de Romain Rolland. Vale la pena señalar acerca de Valle-Inclán (186-1936) que ese año Nuestro Pueblo acababa de publicar una edición del Tirano Banderas prologada por Enrique Díez-Canedo (1879-1944) y orta de La corte de los milagros con una nota previa de Antonio Machado (1875-1939), con unas tiradas por lo menos cercanas a los 2.500 ejemplares.

Por su parte, El Noticiero Universal toma como fuente la mencionada Distribuidora de Publicaciones de la calle Diputación y le da el siguiente saldo: la lista la encabezan Contraataque, Madrid es nuestro, Acero de Madrid (de José Herrera Petere), Tirano Banderas y el romancero de la guerra civil. Pero más descarado todavía es artículo publicado en el periódico comunista Treball, en el que puede leerse que «Se ha celebrado con un enorme éxito de público y de ventas», «Los temas preferidos han sido los de la guerra y los referidos a la URSS» o que «Los autores favoritos: Lenin y Gorki».

Es evidente que toda feria del libro ha generado siempre unas listas de títulos más vendidos de una seriedad y fiabilidad más que limitada –aunque las intenciones e intereses no siempre han sido tan claros–, y de ahí el acierto de dejar de elaborarlas por parte de la organización de las mismas.

Recogida de libros destinados al frente durante el Día del Libro de 1938.

Fuentes:

La Vanguardia de los días 14, 15 y 16 de junio de 1938.

«La festa d´avui», La Rambla, 15 de junio de 1938.

«La jornada de la Feria del Libro», El Día Gráfico 16 de junio de 1938.

«El Día del Libro», El Noticiero Universal, 16 de junio de 1938.

Màrius Carol, Entre libros y rosas. Sesenta años de una fiesta ciudadana, Barcelona, Federación de Gremios de Editores de España-La Magrana, 1996.

Joan Crexell, El llibre a Catalunya durant la guerra civil, Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, 1990.

Gonzalo Santonja, Los signos de la noche. De la guerra civil al exilio. Historia peregrina del libro republicano entre España y México, Madrid, Castalia (Literatura y Sociedad 76), 2006.

 

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La Pipa Sagrada y la literatura indígena norteamericana en España

La que muchos tienen por la colección española más importante destinada a la literatura de los llamados indios americanos tomó su nombre de un libro cuya historia editorial es bastante rocambolesca.

Alce Negro (Hehaka Sapa).

A principios de los años sesenta, un libro publicado originalmente en 1953 por el antropólogo Joseph Epes Brown (1920-2000) en la editorial de la Universidad de Oklahoma, The Sacred Pipe: Black Elk’s Account of the Seven Rites of the Oglala Sioux, experimentó un momento de inesperada atención, propiciado sobre todo por el resurgir de los movimientos ecologistas, de los que se convirtió en poco menos que un libro de referencia (en los setenta se divulgó sobre todo la edición en bolsillo de Penguin). A su vez, el libro de Epes Brown hubiera sido imposible sin la aparición previa en 1932 de Black Elk Speaks, las palabras recogidas por John Neihard del conocido como Alce Negro o, en lengua siux, Hehaka Sapa (1863-1950), el «médico» o «chamán» que en 1876 había participado en la celebérrima batalla de Little Big Horn y posteriormente resultaría herido en la masacre de Wounded Knee (19 de diciembre 1890), donde las fuerzas estadounidenses mataron a más de un centenar de hombres, mujeres y niños lakota y dejaron heridos a varias decenas, en la reserva de Pine Ridge (Dakota del Sur). Al parecer, Black Elk Speaks, publicado originalmente por la Universidad de Nebraska en una tirada muy reducida, fue posteriormente objeto de una edición de la neoyorkina William Morrow & Co., pero las restricciones de la guerra mundial hicieron que se destruyeran las planchas, y tampoco esta edición llegó al gran público. En español, aún puede encontrarse algún ejemplar de la edición que hizo en 1971 Noguer, en traducción del arabista Juan Antonio Larraya.

La edición española en Noguer.

Así pues, no fue hasta que se publicó la segunda edición de libro de Joseph Epes Brown que la filosofía de Hehaka Sapa llegó al gran público, pero entonces tuvo un gran impacto y en España se hizo conocido en los ochenta sobre todo gracias a la edición en la colección Biblioteca de Estudios Tradicionales de la editorial Taurus. Tampoco es de extrañar, pues, que la que muchos tienen por la mejor y más completa colección sobre la cultura indígena norteamericana tome por nombre La Pipa Sagrada.

Esta colección apareció ya a principios de los años noventa gracias a la feliz iniciativa de José J. de Olañeta Editor, que se había dado a conocer entre 1976 y 1977 con una serie de títulos que estaban en otra frecuencia de onda. En 1977, en los primeros pasos de la transición española a la democracia, este sello barcelonés y posteriormente mallorquín se presenta con dos obras del revolucionario Piotr Kropotkin (1842-1921), Las prisiones y La moral anarquista, y una por aquellos años provocativa edición de la Constitución de la República Española, y al año siguiente le siguen títulos como Polémica Maurín-Carrillo. Problemas de la unificación revolucionaria, de Joaquín Maurín, o Criterio libertario, de Anselmo Lorenzo, si bien ese año ya aparecen otros títulos que apuntan en otras direcciones, como Dalí o el anti-oscurantismo, del surrealista René Clevel (1900-1935) o, en catalán, Cants jubilosos, del poeta mallorquín Miquel Bauçà (1940-2005).

Cants jubilosos (1977), de la que se tiraron 200 ejemplares numerados, abría la colección Pentaleu (dirigida por Jaume Bover).

Con el tiempo, Olañeta va abriendo el abanico de intereses, al tiempo que el libro de combate político no tarda en desaparecer, y en 1993 se publican las primeras entregas de la colección La Pipa Sagrada. Se estrena con el autor más emblemático, el célebre fotógrafo y etnógrafo Edward S. Curtis (1868-1952) y el primer volumen de su serie sobre el El Indio Americano, Los beduinos de América, en traducción de la muy prolifacética y prolífica Silvia Komet (de J.G. Ballard a Mary Higgins Clark y de Edmund Dullac a Danielle Steel), cuya firma aparece en diversos volúmenes de esta serie.

Los otros cuatro traductores habituales al español de esta colección serán Esteve Serra (el habitual también de Titus Burckhardt para Olañeta), José Manuel Álvarez Flórez (quien además de autor de Girar de Anarcos, publicado en 1981 por Muchnik y descrito por Carlos Baral como «El himno en falsete para la liturgia de los ancestros», es un traductor todo terreno que ha firmado desde el Hitler de Ian Kershaw al Wilt de Tom Sharpe y de John Steinbeck y William Faulner a Albert Einstein), Maru Villavicencio (que tanto ha  traducido a Suzzane Foster como a Boris Vian, y varios títulos de tema indígena para Olañeta) y Francesc Gutiérrez (el grueso de cuya obra está también en Olañeta).

Sin embargo, más allá de la veintena larga de títulos imprescindibles de La Pipa Sagrada, en Olañeta la presencia de la cultura indígena norteamericana está muy presente en otras colecciones del catálogo, sobre todo a partir de los años noventa. En la colección Terra Incógnita, por ejemplo, aparece en 1995 como número 84 la traducción de Francesc Gutiérrez de las memorias de William Cody (1846-1917), más conocido como Búfalo Bill, Mi vida en las praderas, y en Los Pequeños Libros de la Sabiduría la presencia de este ámbito temático es muy notable.

Contra de Hielos, bosques y desiertos.

El número 20 de esta colección es Madre Tierra, padre Cielo, el breve (111 páginas) pero intenso libro creado con fotografías de Edward S. Curtis, acompañadas de una selección de textos de Joseph Epes Brown, traducidos por Serra, y a este siguieron La tradición del indio norteamericano (núm. 40), de E. Thompson Seton y J. M. Seton (traducción de Bartolomé Gili), la traducción de Manuel Serrat Crespo (1942-2014) de El pequeño libro de las noches (núm. 77), de Lawrence E. Fristch, así como textos fundamentales y tan influyentes como Hermano, el Gran Espíritu nos ha creado a todos (núm. 93) del jefe Casaca Roja, en traducción de Ángela Pérez; Mis palabras son como estrellas. Mensajes de tres grandes jefes indios (núm. 96), de Jefe Casaca Roja, Jefe Joseph y Jefe Seattle, ; Nosotros somos una parte de la tierra. Mensaje del gran jefe de Seattle al presidente de los Estados Unidos de América en el año 1855 (núm. 98), traducido por la filóloga y folclorista Carmen Bravo-Villasante (1918-1994); Éramos como el ciervo. Discurso en Washington en 1879 (núm. 118), en traducción de Ángela Pérez; El cazador de caballos (núm. 141), de la muy laureada historiadora Mari Sandoz (1896-1966)…, de los cuales además en algunos casos se publicó simultáneamente la traducción al catalán.

A tenor de todo ello, y más allá de La Pipa Sagrada (véase el apándice), no hay duda de que no existe en español un catálogo mejor para conocer más y mejor las culturas indígenas norteamericanas que el de José J. de Olañeta Editor.

Apéndice: La Pipa Sagrada

1 Edward S. Curtis, Los beduinos de América, traducción de Sílvia Komet, 1993.

2 Edward S. Curtis, Entre el desierto y el Gran Cañón, traducción de José Manuel Álvarez Flórez, 1993.

3 Edward S. Curtis, El pueblo del águila, traducción de Ángela Pérez, 1993.

4 Edward S. Curtis, Los guerreros de la danza del sol, traducción de Maru Villavencio, 1993.

5 Edward S. Curtis, Las tortugas sagradas, traducción de Victoria Llorente, 1993.

6 Edward S. Curtis, Cazadores de la pradera, traducción de Francesc Gutiérrez, 1993.

7 Edward S. Curtis, Tipis en la montaña, traducción de Maru Villavicencio, 1994.

8 Edward S. Curtis, Guerreros de antaño, traducción de Sílvia Komet, 1994.

9 Edward S. Curtis, Los pueblos de las canoas, traducción de Francesc Gutiérrez, 1997.

10 Edward S. Curtis, Chamanes y deidades, traducción de Ángela Pérez, 1994.

11 Edward Curtis, Los arponeros de Nootka, traducción de Ángela Pérez, 2003.

12 Edward S. Curtis, La danza de las serpientes, traducción de Esteve Serra, 1996.

13 Edward S. Curtis, El coyote y el castor, traducción de Esteve Serra, 1998.

14 Edward S. Curtis, Cabañas de Tule, traducción de Francesc Gutiérrez, 1997.

15 Edward S. Curtis, Misiones de California, traducción de Francesc Gutiérrez, 1996.

16 Edward S. Curtis, Imploración de la lluvia en Río Grande, traducción de José Manuel Álvarez Flórez y Antonio-Prometo Moya Valle, 1994.

17 Edward S. Curtis, Danzantes y sociedades secretas, traducción de José Manuel Álvarez Flórez, 1994.

18 Edward S. Curtis, En los bosques y las llanuras de Canadá, traducción de Maru Villavicencio, 1995.

19 Edward S. Curtis, Las flechas sagradas, traducción de Francesc Gutiérrez, 1994.

20 Edward S. Curtis, En kayak entre los hielos, traducción de Ángela Pérez, 1999.

21 Edward S. Curtis, El espíritu de la llanura y el desierto. Suplemento gráfico a los volúmenes I-V, prólogo de Edward K. Flager, traducción de Ángela Pérez, 2002.

24 Edward S. Curtis, Hielos, bosques y desiertos. Suplemento gráfico a los volúmenes XVI-XX, traducción de Esteve Serra, 2002.

25 George Catlin, Los indios de Norteamérica, traducción de Ángela Pérez.

Fuentes e información adicional:

Catálogo de José J. de Olañeta Editor.

Vídeo de Rita Brugnara sobre la filosofía de Alce Negro “We are organic”-Says Aaron SeSersa Black Elk.

La obra fotográfica completa de Edward S. Curtis sobre los indígenas de Norteamérica puede verse en la web de la Northwestern University.

Las libérrimas Contraseñas de Anagrama como antecedente de la «movida madrileña»

La colección de Anagrama Contraseñas fue la primera que esta editorial dedicaba específicamente a la prosa narrativa, y desde el primer momento quedó claro, tanto por los autores y los títulos seleccionados como por la estética de sus cubiertas, su vocación de romper moldes. Los seis libros publicados en su primer año de andadura (1977), son bastante orientativos de por dónde iban los tiros: A la rica marihuana y otros sabores, de Terry Southern (1924-1995), hoy quizá recordado más como coguionista de Easy Rider, pese a la publicación en 2012 de El cristiano mágico en Impedimenta; El Nuevo Periodismo, del ya entonces muy famoso Tom Wolfe (1930-2018) y de quien en 1973 Anagrama había publicado La Izquierda exquisita & Mau-mauando al parachoques en la colección Serie Informal; Viajando con los Rolling Stones, de Robert Greenfeld (n. 1946), en una época en que, por supuesto, las revistas en las que este crítico y profesor de música colaboraba asiduamente (Playboy, Esquire, CQ, Rolling Stones) aún no tenían versión en español; Filosofías del underground, de Luis Racionero (n. 1940), cuya obra anterior se limitaba por entonces a la selección y edición de los textos de Cohn-Bendit, Fromm, Marcuse y otros que componen Ensayos sobre el Apocalipsis (Kairós, 1973); A vuelo de buen cubero (y otras crónicas), de Alfredo Bryce Echenique (n. 1939), un casi desconocido en España en aquellos tiempos, y la traducción de Carlos Trías de El libro de la Yerba, editado por George Andrews y el poeta y traductor al neerlandés de William Burroughs Simon Vinkenoog (1928-2009), cuya primera edición había publicado Groove Press con el subtítulo An Anthology of Indian Hemp y que incluía a Rabelais, Baudelaire, Hesse, Huxley, Michaux, Alan Watts, Alexander Trocchi…

Beatriz de Moura y Jorge Herralde.

Simultáneamente, y es significativo del ambiente cultural, ese mismo año aparecían también los primeros libros de las Ediciones de La Piqueta: La autogestión en la España revolucionaria, de Frank Minz; De qué va el rock macarra, de Diego A. Manrique; Miguel Bakunin: La Internacional y la alianza en España (1868-1873), de Max Nettlau; De qué va el rollo, de Jesús Ordovás; los cinco volúmenes de las Obras completas de Bakunin, Nacionalismo y cultura, de Rudolf Rocker (en la traducción de Diego Abad de Santillán), los textos situacionistas recogidos por Julio González del Río Rams en La creación abierta y sus enemigos…, mientras que en la editorial «hermana» de Anagrama, Tusquets, Beatriz de Moura ponía ese 1977 en marcha la colección La Sonrisa Vertical con La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona, de Camilo José Cela (1916-2002), a la que seguirían Las memorias de una cantante alemana, de Wilhelmine Schröder-Devrient (1804-1860), prologadas por Apollinaire, y Madame Edwarda, de Georges Bataille (1897-1962), ilustrado por el surrealista Hans Bellmer (1902-1975).

En Un día en la vida de un editor (Anagrama, 2019), Jorge Herralde recupera un pasaje en el que retrató la colección Contraseñas con motivo de los veinticinco años de la editorial, en el que subraya:

…apareció en 1977, en una época en la que aún resonaban ecos libertarios despertados tras la muerte de Franco, pero ya empezaba a despuntar un escéptico rechazo hacia las insípidas peripecias de la previsible Realpolitik española. Quizá por ello, cierto tipo de lectores sintonizaron de inmediato con el descaro, la insolencia y el temible humor de la propuesta de Contraseñas.

También ha mencionado el editor que esta colección, y en particular la obra de Bukowski que en ella publicaría regularmente (léase sin falta «Visita a Bukowski desde el Château Marmont», en Opiniones mohicanas), contribuyeron de forma decisiva al asentamiento de una cierta aunque precaria estabilidad financiera, y es muy probable que a ello ayudara en alguna medida la entusiasta acogida que tuvo desde el principio entre los fanzines y la prensa urderground en general, tanto catalana como madrileña. En este aspecto, es probable que mucho tuviera que ver el diseño de las cubiertas, que en algún lugar Herralde describió genialmente como «percutantes», con imágenes con un punto lisérgico y fácilmente emparentables con el grafismo underground sesentero, obra del sempiterno anagramático Julio Vivas y que sólo muy a principios de los ochenta sufrieron una reformulación, consistente sobre todo en un resideño (¿una moderación?) en la disposición de los textos de cubierta.

La nómina de autores publicados en Contraseñas el segundo año (1978) no hacía sino confirmar el sentido del fogonazo inicial: el franco-argentino de expresión francesa Copi (El baile de las locas y Las viejas travestis & El uruguayo), a quien en París ya había publicado en 1973 un editor muy en la onda anagramática, Christian Bourgois, Charles Bukowski (Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones, La máquina de follar y Escritos de un viejo indecente) y Nora Ephron (Ensalada loca). Es decir, en cierto modo, estertores del punk para conformar la colección que antes de la muerte del dictador era imposible, la literatura y los temas que hasta entonces la censura franquista había procurado evitar que  tuvieran difusión en la sociedad española, así que en cierto modo Contraseñas puede insertarse perfectamente en un movimiento cultural (pero también social y político) que iba mucho más allá de la literatura. Valga el ejemplo, como contexto musical, la irrupción de la nueva ola madrileña, con grupos como Kaka de Luxe, significativamente creado por autores de fanzine para ganar dinero y que en 1978 publicaban su primer disco homónimo, la aparición de los Radio Futura de Santiago Auserón, que formaba ya parte del colectivo de críticos musicales Corazones Automáticos, la creación del grupo Tos, germen de Los Secretos…, o el estreno de ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este?, de Fernando Colomo, con banda sonora de Burning y con Pedro Almodóvar asomando aquí y allá como extra.

De algún modo, con la ayuda de los más efímeros fanzines y el movimiento que se movía a su alrededor, la colección Contraseñas se convirtió hasta cierto punto en un puente –o quizá mejor, en un túnel subterráneo– que conectó el ambiente cultural barcelonés con la movida madrileña que estaba a punto de brotar, además de ser el principal introductor de los libros sobre el entonces llamado Nuevo Periodismo. Tiene toda la lógica del mundo que en ella puedan encontrarse, por ejemplo, además de a Copi, tanto a los barceloneses Quim Monzó (Melocotón de manzana ya en 1981, Gasolina en 1984, La isla de Maians en 1987…), Andreu Martín (El caballo y el mono, en 1984) o el argentino Raúl Núñez (Sinatra, novela urbana en 1984 y La rubia del bar en 1986) como la Guía de pecadores/as (1986) de Francisco Umbral, a Pedro Almodóvar (Patty Diphusa y otros textos, 1989), a El Gran Wyoming (Te quiero personalmente, 1993) o a Moncho Alpuente (Bienvenido Farewell o El turista insular, 1995).

En 1979 habían aparecido en Madrid los primeros títulos de Ediciones Libertarias (luego Ediciones Libertarias Prodhufi, germen de la editorial Huerga & Fierro de Antonio José Huerga y Charo Fierro): Música, cariño, de Poppy (José Saavedra, 1948-1987), con prólogos de Fernando Savater y Leopoldo María Panero; El Estado y sus criaturas, de Fernando Savater; Comunidades de Castilla y Mayo del 68, de Antonio J. Huerga…; en 1980 Pedro Almodóvar estrena Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón y se celebra el mítico concierto de homenaje a Canito (José Enrique Cano Leal, 1959-1980), que a menudo se ha considerado el pistoletazo inicial de la movida madrileña (actuaron Tos, Nacha Pop, Alaska y los Pegamoides, Mermelada, los Paraíso de Fernando Márquez El Zurdo…), dos años después nacía la muy leída La Luna de Madrid, otros dos más tarde (en 1984) el Madrid me mata de Oscar Mariné, Moncho Alpiente, Jordi Socias, Pepo Fuentes y Juan Antonio Moreno y se celebra la famosa Tertulia de Creadores titulada Narrativa de la Posmodernidad, que da carta de naturaleza y asienta una determinada estética literaria.

Mientras tanto, Contraseñas había estado publicando, además de otras obras de los ya mencionados, a Patti Smith (Babel, 1979), Ian McEwan, Roald Dahl, Philip José Farmer, Hunter S. Thompson, Tom Sharpe (Wilt en 1983), y en los años siguientes incorporaría a Matin Amis (El libro de Rachel en 1985), Bret Easton Ellis (Las leyes de la atracción en 1990, si bien antes Menos que cero había aparecido en Panorama de Narrativas), recuperó la obra de Jack Kerouac (En el camino y Los subterráneos en 1986, en la traducción de Jorge Rodolfo Wilcock, con el prólogo de Henry Miller y con una introducción de Fernanda Pivano traducida por Ignacio Martínez de Pisón) y posteriormente también recuperaría la de William Burroughs, dio a conocer a Tama Janowitz (Esclavos de Nueva York, 1987), publicó a Hanif Kureishi (Mi hermosa lavandería & Sammy y Rosie se lo montan en 1991), a Irving Welsh (Transpointing en 1996 y Acid House al año siguiente)… Así, pues, Contraseñas se convirtió también en un puente con la colección que situaría a Anagrama de nuevo en primera línea de la edición de literatura, Panorama de Narrativas, donde se reubicarían luego algunos de estos autores e incluso la reedición de varias de estas obras.

A su vez, Contraseñas dio el relevo en 2017 a Contraseñas Ilustradas, donde de John Waters —a quien en la primigenia colección Contraseñas se le había publicado en 1990 Majareta. Las obsesiones del autor de «Pink Flamingos»—, apareció Cómo liarla.

Fuentes:

Web de Anagrama.

Anagrama. 45 Años, 1969-2014, Barcelona, Anagrama, 2014, edición no venal.

Ana Cabello, «Semblanza de Anagrama (1969- )». En Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI)- EDIRED (2017).

Jorge Herralde, Una día en la vida de un editor y otras informaciones fundamentales, prólogo de Silvia Sesé, Barcelona, Anagrama (Biblioteca de la memoria 39), 2019.

Jorge Herralde, Opiniones mohicanas, prólogo de Sergio Pitol, Barcelona, El Acantilado, 43,  2001.

Raquel Jimeno, Entrevista a Jorge Herralde en el Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI)- EDIRED (14 de marzo de 2015).

Abel Pascual Soriano, «Rediseño de la colección “Contraseñas” (Ed. Anagrama)», Domestika.

Redacción La Vanguardia, «Anagrama recupera con “Contraseñas ilustradas” su colección de humor gráfico», La Vanguardia, 22 de junio de 2017.

 

Letras Hispánicas, una colección para aprender a leer

La ambición de un proyecto como el de la colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra es ya a simple vista tremenda: reunir las principales obras de las diversas literaturas en lengua española, abarcado todos los géneros y considerándolas desde sus orígenes hasta un pasado relativamente reciente, y hacerlo además tras un trabajo ecdótico riguroso para fijar un texto con vocación de definitivo y con un aparato crítico que, en particular en algunos casos, estará sometido a necesaria actualización. En este tipo de empresas se hace más evidente que en otras las ventajas de la edición electrónica o incluso en línea, que permite incorporar inmediatamente a la bibliografía las novedades importantes o enmendar y/o añadir información de las notas a pie (incluso a la bibliografía), que en otros tipos de libros.

La colección Letras Hispánicas nace durante lo que por entonces parecían los últimos años del franquismo, en 1973, en principio para dar continuidad a la Biblioteca Anaya que habían dirigido en Salamanca el escritor, historiador y periodista falangista Evaristo Correa Calderón (1899-1986) y el profesor y filólogo Fernando Lázaro Carreter (1923-2004). Esta continuidad se pone de manifiesto de un modo palmario en el hecho de que algunos de los primeros títulos eran reedición de los aparecidos previamente en su antecesora.

Sin embargo, cuando el empresario y propietario de Ediciones Anaya Germán Sánchez Ruipérez (1926-2012)  impulsa la creación de las editoriales Pirámide y, al principio integrada en esta, Cátedra (constituida el 28 de noviembre de 1973), al frente de la segunda pone a Gustavo Domínguez, cuya sintonía con el Partido Comunista no le había impedido hacer sus primeros pinitos como ayudante de cátedra de Lázaro Carreter.

Sus primeros veinte números (véase el Apéndice más adelante) ya permiten hacerse una idea cabal de la ambición de Letras Hispánicas mencionada al principio. Junto a autores y títulos clásicos bastante indiscutidos (La Celestina, Espronceda o Machado), algunos otros de segunda fila (Vicente García de la Huerta o Bretón de los Herreros) y otros aún vivos cuya inclusión podía ser más arriesgada y que a menudo se ocupaban de editar su propia obra (Blas de Otero o Gabriel Celaya, y más adelante José Ruibal o Gloria Fuertes), cuestión esta última también polémica, así como la inclusión de algún que otro escritor hispanoamericano (Alfonso Reyes, y más adelante la Summa poética de Nicolás Guillén [núm. 36] o El túnel de Ernesto Sábato [núm. 55]). Precisamente la incorporación a una colección de estas características de autores recientes se ha señalado como uno de los principales rasgos que singularizaban Letras Hispánicas y por entonces la distinguían de sus competidoras (la Castalia de Amparo Soler, en particular), si bien de la mayoría de las ediciones de autores vivos se encargaron por lo general a filólogos y especialistas en lugar de dejarlas en manos de sus autores; de La tejedora de sueños y Llegada de los dioses, de Antonio Buero Vallejo, que fue el número 45, por ejemplo, se ocupó Luis Iglesias Feijoo; de El túnel, Ángel Leiva; de la Antología lírica de Salvador Espriu (núm. 56), su traductor José Batlló (1939-2016); de las obras Pic-Nic. El triciclo. El laberinto, de Fernando Arrabal (núm. 63), Ángel Berenguer…

Esta variedad o diversidad cabe atribuirla al terceto director de la colección, formado inicialmente, en el primer centenar de títulos, por Lázarro Carreter, Domingo Ynduráin (1943-203) y Francisco Rico (n. 1942). En los primeros tiempos, y sobre todo en los casos de obras que entraban en los planes de estudios universitarios, las tiradas iniciales rondaban los 3.000 ejemplares, y muchos títulos se reimprimían constantemente e incluso de algunos, pasado un tiempo, se hicieron nuevas ediciones. Una docena de sus títulos han sobrepasado los 400.00 ejemplares vendidos, e incluso tres de ellos (El lazarillo de Tormes, en edición de Francisco Rico; El árbol de la ciencia, de Baroja, en edición de Pío Caro Baroja, y La casa de Bernanda Alba, de García Lorca, en edición de Allen Josephs y Juan Caballero) han superado los 700.000.

Más allá de la consolidación (o esclerotización, según se mire) de un canon de la literatura en lengua española, un valor apreciado de la colección fue también la introducción de ejemplos prácticos de aplicación de las teorías literarias en boga a finales del siglo xx, y en este sentido se ha destacado como ejemplo el análisis de actantes que, siguiendo el modelo del semiólogo francés Algirdas Julien Greimas (1917-192), empleó Benito Varela Jacome (1919-2010) en su estudio introductorio a El estudiante de Salamanca de Espronceda. En cualquier caso, sobre todo desde el momento en que la colección pone la mirada en el interesante sistema de compra de las universidades estadounidenses, Cátedra (también en esta colección) fue uno de los canales de introducción de lo que se estaba haciendo en el ámbito de los estudios y la teoría literaria más allá de la estilística y de los ámbitos universitarios españoles, en particular en el caso de las teorías de raigambre estructuralista, y no son pocos los hispanistas extranjeros que ya en los primeros tiempos de la colección se ocuparon de algunos o varios títulos: Bruno Mario Damiani (La Celestina, núm. 4), Cyrus De.Coster (Genio y figura, de Juan Valera, núm. 29), Colin Smith (Poema de mio Cid, núm, 34), Philip W. Silver (Mientras el aire es nuestro, de Jorge Guillén, núm 89) o Jon Jay Allen (Don Quijote de La Mancha, núms. 100-101), entre otros muchos.

Mención aparte merecen algunos exiliados republicanos, como es el caso de Vicente Gaos, que muy pronto se ocupa de editar la Antolojía poética de Juan Ramón Jiménez (núm. 18) y poco después la Antología del grupo poético de 1927, núm. 30 (luego actualizada por Carlos Sahagún), o Joaquín Casalduero , que editó De tal palo tal astilla, de Pereda (núm. 34) y El burlador de Sevilla y convidado de piedra (núm. 58). En cuanto a la obra creativa de autores exiliados como consecuencia del resultado de la guerra civil, algunos de los cuales habían ya regresado, el primero en ser publicado fue Juan Ramón Jiménez, pero pronto le siguieron Francisco Ayala (La cabeza del cordero, en edición de Rosario Hiriart, núm. 83), Jorge Guillén, Pedro Salinas (Aventura poética, editada por David L. Stixrude, núm, 135) y, en 1981, Rafael Alberti (Sobre los ángeles, preparado por C. B. Morris, núm. 136)

La labor en cuanto a la edición de textos teatrales de Letras Hispánicas se vio reconocida en 1982 con la Plaketa de Oro en la IV Trienal Internacional de Libros y Revistas de Teatro que, bajo los auspicios del parisino Instituto Internacional de Teatro, se celebró en Novi Sad ese año, y tiempo después le llegaría a Cátedra el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial, sin duda en buena medida en reconocimiento a esta colección.

En 1999 saltó a las páginas de la prensa especializada la noticia de la destrucción de entre 9.000 y 14.000 ejemplares de la colección (entre 600 y 700 ejemplares de unos quince o veinte títulos), que Gustavo Domínguez se ofreció a donar a cualquier biblioteca que estuviera dispuesta a irlos a recoger a sus almacenes y justificó porque se trataba de libros que «fueron editados con una ilusión enorme y vendieron en su momento 4.000 o 5.000 ejemplares, pero de los que ahora no se venden más de 20 al año».

Poco después de ser incorporada Cátedra al Grupo Havas, Domínguez decidió que ya había lidiado bastante y fue inicialmente sustituido por Emilio Pascual, entre 2001 y 2008, antes de que se pusiera al frente de la editorial Josune García, que llevaba trabajando en la editorial desde 1983 (había sido editora de la colección Teorema) y quien se ha declarado discípula del filósofo, traductor y editor Manuel Garrido (1925-2015).

Apéndice. Los primeros veinte títulos de Letras Hispánicas

1 Alfonso Rodríguez Castelao, Cuatro obras (Teatro, relatos, fantasía macabra, ensayos), edición de Jesús Alonso Montero.

2 Miguel Hernández, El hombre y su poesía, edición de Juan Cano Ballesta.

3 Blas de Otero, Verso y prosa, edición del autor.

4 Fernando de Rojas, La Celestina, edición de Bruno Mario Damiani.

5 Vicente García de la Huerta, Raquel. Tragedia española en tres jornadas, edición de Joseph G. de Fucilla.

6 José de Espronceda, El estudiante de Salamanca, edición de Benito Varela Jácome.

7 Ramón Gómez de la Serna, Descubrimiento de Madrid, edición de Tomás Borrás.

8 Diego de San Pedro, Cárcel de amor, Enrique Moreno Báez.

9 Pedro Antonio de Alarcón, El sombrero de tres picos, edición de Arcadio López-Casanova.

10 Antonio Machado, Campos de Castilla, edición de José Luis Cano.

11 Tirso de Molina, El condenado por desconfiado, edición de Ciriaco Morón y Roleba Adorno.

12 Jacinto Benavente, Los intereses creados, edición de Fernando Lázaro Carreter.

13 Manuel Bretón de los Herreros, El pelo de la dehesa, edición de José Montero Padilla.

14 Lírica española, edición de José Luis Cano.

15 Calderon de la Barca, El gran teatro del mundo. El gran mercado del mundo, edición de Eugenio Frutos.

16 Rosalía de Castro, Cantares gallegos, edición de Ricardo Carballo Calero.

17 Gabriel Celaya, Itinerario poético, edición del autor.

18 Alfonso Reyes, Prosa y poesía, edición de James Willis Robb.

19 Juan Ramón Jiménez, Antolojía poética, edición de Vicente Gaos.

20 Miguel de Cervantes, El rufián dichoso, edición de Edward Nagy.

Fuentes:

Catálogo de Letras Hispánicas (hasta 2013).

s/f, «Ediciones Cátedra, los clásicos en la mochila», blog de Imprenta CG, 23 de mayo de 2014.

José Antonio Millán, «Cincuenta años (o así) de oficio editorial», Libros y bitios, 19 de febrero de 2011 (publicado previamente en El Libro del 50, Anaya, 2009, edición no venal)

Javier Rodríguez-Marcos, «Los textos inmortales arrastran una mala salud de hierro», El País, 14 de junio de 2011.

Miguel Signes, «Entrevista a Josune García, directora de la editorial Cátedra», Leer Teatro, núm. 4.

Fernando Valls, «Semblanza de Editorial Cátedra (Madrid, 1973- )», en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED, 2018.

Sergio Vila-Sanjuán, Pasando página. Autores y editores en la España democrática, Barcelona, Destino (imago mundi 26), 2003.

 

La traductora Margarita Nelken (con Borges al fondo)

La labor de Margarita Nelken (1894-1968) como traductora ha quedado indisolublemente vinculada a la polémica acerca de la autoría de la primera traducción de La metamorfosis de Franz Kafka, en apariencia obra de Jorge Luis Borges, publicada en los números XXIV (abril-junio de 1925) y XXV (julio-septiembre de 1925) de la Revista de Occidente.

Margarita Nelken.

Sin embargo, ya entonces la políglota Margarita Nelken tenía una pujante obra literaria en marcha, que había arrancado en 1911 con «L’Oeuvre de Julio Romero de Torres», artículo publicado en la revista parisina L’Art Decoratif, si bien muchas fuentes aluden a un primer texto sobre Goya publicado a los quince años en la británica The Studio. Según constata la tesis doctoral de Trinidad Barbero Reviejo, en The Studio se estrena Nelken en el número 235 (de octubre de 1912, pp. 258-262) con un texto titulado simplemente «Eduardo Chicharro», y «Los frescos de Goya de San Antonio de la Florida» aparece en el número 319, de octubre de 1919 (pp. 81-85). Además, había puesto su firma en Mercure de France, Gazzette des Beaux Arts, L’Art et les artistes, Renovación Española, Archivo de Arte Español, Gaseta de les Arts, La Ilustración Española y Americana, Blanco y Negro, La Esfera…

También anteriores a la polémica traducción kafkiana es la aparición de su libro de crónicas Glosario. Obras y artistas (Librería de Fernando Fe, 1917), el ensayo La condición social de la mujer en España (Minerva, 1920) y los de narrativa La trampa del arenal (Editorial Hernando, 1923), El Milagro (Los Contemporáneos, 1924) y El viaje a París (La Novela Corta, 1925).

En cuanto a las traducciones, tampoco eran escasas las que firmó hasta 1925: En 1922 había publicado en Nuevo Mundo (17 de marzo) la del cuento del belga Horace Van Offel «Los cisnes negros», y quizá de esas mismas fechas sea uno de los títulos del ciclo de Pimpinela Escarlata, El primer sir Percy, de la Baronesa de Orczy; al año siguiente, en la colección Breviarios de Ciencias y Letras de la editorial madrileña Calpe, se publica su traducción La cultura romana, de Theodor Brit, y con pie editorial de la Compañía Iberoamericana de Publicaciones (CIAP)-Renacimiento aparecía el primer volumen de los cuatro que tradujo de la Historia del Arte de Elie Faure (el último se publicó en 1928), que en 1944 publicaría Joan Merli (1901-1995) en su bonaerense editorial Poseidón.

En 1924 aparece en la editorial parisina Redier et Cie su traducción al francés de La sensualidad pervertida: ensayos amorosos de un hombre ingenuo en una época de decadencia (Essais amoreux d´un homme ingénue), de Pío Baroja (1872-1956), que cuatro años antes había publicado Caro Raggio. Quizá valga la pena recordar aquí como curiosidad que Borges también tradujo al francés, en su caso en prensa parisina, a Baroja. Y de 1925 son la traducción de Nelken, a partir de la alemana, del De profundis de Oscar Wilde con el título La tragedia de mi vida, así como Anatole France en zapatillas, de Jean-Jacques Brouson (ambas en Biblioteca Nueva), Dominique, de Eugène Fromentin (en Librería y Editorial Madrid), La reencarnada: novela ocultista, de Franz Spunda (en El Adelantado de Sevilla) y, en la editorial Revista de Occidente, La prodigiosa historia de un archipiélago imaginario, de Gerhart Hauptmann, y La decadencia del mundo antiguo. Seis conferencias, de Ludo Moritz Hartmann (como primer número de la colección Historia Breve).

No parece que la polémica sobre la autoría de la traducción de La metamorfosis de Kafka en la Revista de Occidente haya tenido una conclusión unánimemente aceptada, pero está claro que su origen está en el hecho de haberse publicado sin indicación del traductor –añadido, eso sí, a la destrucción del archivo de la editorial durante la guerra civil– y a la publicación de esa misma traducción en 1938 con la firma de Jorge Luis Borges (1899-1986) en la bonaerense colección Pajarita de papel de la Editorial Losada (y luego reimpresa profusamente: en Losada, en Alianza, en las Obras Completas de Emecé…). En 1974 ya circulaban rumores de que Borges no era el autor de esta traducción, y en 1998 Cristina Pestaña Castro dio pie a un cruce de artículos con Fernando Sorrentino que condujo a la hipótesis de que la autora de la traducción era Margarita Nelken (sugerida también por José Ortega Spottorno), pero ni siquiera el cotejo y estudio de las diversas ediciones que Pestaña Castro llevó a cabo en 1999 consiguió acallar tampoco algunas voces reticentes. Aún en 2014 Ana Gargatagli se planteaba y argumentaba la posibilidad de que la traducción de La metamorfosis fuera de Borges, si bien no tenía en cuenta el currículo que en 1964 Nelken mandó a Juana Maíllo en que mencionaba esa traducción como propia. También es cierto que en ese mismo texto menciona como su primera publicación en The Studio el texto sobre Goya, si bien eso quizá pueda responder al hecho de que entre el primer texto escrito y mandado para su publicación no fuera el primero efectivamente publicado. (Para la polémica, veánse más adelante las fuentes.)

Nelken, pistola al cinto, durante la guerra civil.

En los años previos a la guerra civil, Nelken publica pocas traducciones más (al margen de la de alguna obra teatral y algunas breves en prensa), Historia de la República Romana, de Arthur Rosenberg, como segunda entrega de la mencionada colección Historia Breve de Revista de Occidente y el capítulo dedicado a Cervantes del Montaige et ses trois premiers-nés, de Elie Fauré, pubilcado en Retratos Literarios con una ilustración de Picasso, ambos en 1926, pero en su exilio mexicano vuelve a cultivar el género.

En cuanto a esas traducciones ya en el exilio, en algún caso aislado parece tratarse de traducciones alimenticias, como es el caso de Radiación y radioactividad (1959), de Jack Schubert, en Muchnik Editor- Compañía General Fabril, pero eso quizá sea la excepción. Ya en 1944 colabora en la traducción del libro colectivo Los derechos del hombre en el Fondo de Cultura Económica, con el que establece una cierta relación que la llevará a ocuparse también de La vida literaria en la Edad Media (1958), de Gustave Cohen y de La correspondencia de las artes. Elementos de estéticas comparadas (1965), del filósofo Étienne Souriau. Para Juan Grijalbo, ya sea en las Biografías Gandesa de la editorial Atlante o en la editorial Grijalbo, traduce Leonardo da Vinci, obrero de la inteligencia (1954), de Fred Bérence, Fray Junípero Serra, el último de los conquistadores (1956), de Omer Englebert y La URSS con los ojos abiertos (1958), de Jules Moch, y posteriormente trabaja también para la bonaerense Editorial Sudamericana de López Llausas (Confesiones de un autor dramático y Nuevas confesiones de un autor dramático, de H.R. Lenormand, en 1950 y 1957, respectivamente) y para la Renacimiento mexicana (Vida y pasión creadora de Molière, de Leon Thoorens, en 1964).

Nelken en su exilio mexicano.

Menos constancia ha quedado de su trabajo como colaboradora de Hélène Stassova, a quien, según documentó Trinidad Barbero, entre otras cosas recomendó publicar en la moscovita editorial de la revista Literatura Internacional al venezolano Miguel Otero Silva y a los mexicanos Juan de la Cabada y José Revueltas.

Fuentes:

Trinidad Barbero Reviejo, Margarita Nelken (Madrid 1894- México D.F, 1968). Compromiso político, social y estético, Universitat de Barcelona, 2014.

Carlos García, «Borges y Kafka», versión aumentada del capítulo XVIII de su libro El joven Borges y el expresionismo literario alemán, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 2005.

Ana Gargatagli, «¿Y si La metamorfosis de Borges fuera de Borges?», versión compendiada y ampliada de una serie de artículos publicados previamente en el Centro Virtual Cervantes.

Pelayo Jardón Pardo de Santayana, Margarita Nelken: Del feminismo a la revolución, Alcorcón, Sanz y Torres (Colección Historia), 2013.

De izquierda a derecha, Borges, Sergio Piñero, Carlos Mastronardi y Guillermo de Torre.

Nina Melero, «Los traductores de La metamorfosis», Hyeronimus complutensis: el mundo de la traducción, núm. 12 (2005-2006), pp. 87-92.

Cristina Pestaña Castro, «Intertextualidad de F. Kafka en J. L. Borges», Espéculo. Revista de Estudios Literarios, núm.  7 (noviembre 1997 – febrero 1998).

—«¿Quién tradujo por primera vez La metamorfosis de Kafka?», Espéculo. Revista de Estudios Literarios, núm 11 (1999).

Fernando Sorrentino,  «La metamorfosis que Borges jamás tradujo», La Nación, 9 de marzo de 1977.

—«El kafkiano caso de la Verwandlung que Borges jamás tradujo», Espéculo. Revista de Estudios Literarios, núm. 8 (1998).

—«Borges y Die Verwandlung. Algunas precisiones adicionales», Espéculo. Revista de Estudios Literarios, núm. 12 (1999).

 

Elicio Muñoz Galache, de labores agrícolas a la impresión y edición de libros

Cuando en 1939 Elicio Muñoz Galache llegó a México procedente del campo de refugiados francés de Saint Cyprien, sus antecedentes difícilmente podían hacer pensar que se convertiría en un importante impresor. Nacido en Fuentelapeña (Zamora) en 1908, Elicio Muñoz se había desempeñado en diversas labores, pero todas ellas bastante alejadas del mundo de las letras: desde trabajos agrícolas en Tordesillas (Valladolid), hasta ayudante de panadero en la capital de la provincia, aunque al parecer había aprendido el oficio de impresor en el hospicio de Valladolid, antes de trasladarse a Barcelona en busca de mejor empleo.

Al poco tiempo de su llegada empezó a trabajar como prensista en una imprenta establecida por el SERE (Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles) situada en la calle Balderas –y que andado el tiempo se convertiría en las Gráficas Panamericanas–, donde también halló empleo su hermano Blas como cajista.

Firma de Elicio Muñoz.

Sin embargo, en cuanto puede, probablemente al filo de la década de 1940, Elicio Muñoz consigue establecerse por su cuenta, en una primera etapa para imprimir las cajas de los Laboratorios Zapata y algunas publicaciones de tipo científico, gracias a su relación con el naturalista de origen madrileño Ignacio Bolívar (1850-1944)  y su hijo el entomólogo Cándido Bolivar Pieltáin (1897-1976), vinculados ambos al Colegio de México y que en 1940 crearon la influyente revista Ciencia (que a partir de 1980 se convertiría en la publicación oficial de la Academia de Ciencias Mexicanas). No tarda tampoco Elicio Muñoz en empezar a imprimir para El Colegio de México y para el Departamento Literario del INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes).

De esta imprenta, que como editora adopta progresivamente los nombres de Imprenta Muñoz, Editorial Muñoz y Editorial Galache, sale por ejemplo en 1953 la compilación de poemas aparecidos en el suplemento de la revista Nueva Polonia compilados por el poeta cordobés Juan Rejano (1903-1976), con pie de Imprenta E. Muñoz Galache. Y del año siguiente es la traducción de la exdiputada por Badajoz y cofundadora de la Unión de Mujeres Antifascistas Margarita Nelken (1894-1968) de la obra de F. Berence Leonardo da Vinci, obrero de la inteligencia, que se publica con pie de Imprenta Muñoz Galache.

Poco posterior es la aparición en los mismos talleres de Un pueblo y dos agonías, cuyo autor, el intelectual de origen asturiano formado en Cuba Luis Amado Blanco (1903-1975), ante las dificultades para publicar este libro en la Cuba de Batista, decidió costeárselo en México y apareció en 1955 en la colección Novelas Atlante de la editorial de Juan Grijalbo (1911-2002). Con una cubierta diseñada por Juan Madrid y creada por Blas Muñoz Galache, el libro se acompañaba de una ilustración de Raúl Martínez.

Entre otros trabajos interesantes de la imprenta Muñoz para la Atlante de Grijalbo se cuenta también una novela de la madrileña Luisa Carnés (1905-1964), Juan Caballero (1956), y de ese mismo año —salvo error— es la publicación del primer libro firmado por el propio Elicio Muñoz, Fuente Abeja: Estampas castellanas, cuya edición en las mismas Novelas Atlante contiene un prólogo de Lusia Carnés (además de ilustraciones de la luego famosa artista mexicana de origen salmantino María Luisa Martín, que firma ya en este caso como Mary Martin).

Inicio de Fuente Abeja, con grabados de la santanderina exiliada en México María Luisa Martín.

Otra editorial importante y prestigiosa para la que trabajó Elicio Muñoz fue el Fondo de Cultura Económica, y muy en particular la colección literaria Tezontle, a cuyo cargo estaba el madrileño Joaquín Díez Canedo (1917-1999). En 1961 se publicó en esa colección el segundo libro de Muñoz, Muros y sombras.

En los años sesenta, aparecen con pie de la Imprenta de la editorial Galache algunos libros también notables por motivos diversos, como De Juan a J. Guadalupe Posada: Esquema de cuatro siglos de grabado en relieve mexicano (1973), de Francisco Díaz de León, para la Academia de Arte, o una Antología de poesía surrealista latinoamericana (1974) de Stefan Baciu para Joaquín Mortiz, la editorial creada por Díez Canedo a su salida del Fondo de Cultura Económica.

Un dato poco recordado acerca de esta imprenta y editorial es que en ella, en sus primeros años, se formó el pintor y diseñador gráfico nacido en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) Miguel Prieto (1907-1956), que también se había visto confinado en el campo de Saint Cyprien, y todo parece indicar que esta primera experiencia profesional dejó su huella. Según contaba el también diseñador Vicente Rojo:

Las ediciones del INBA se imprimían en la imprenta Muñoz, que contaba con los tipos que a Prieto le gustaba utilizar, los clásicos Garamond, Baskerville, Bodoni, Caslon y el estilizado Empire, único tipo moderno que él usaba como contrapunto en sus hermosas composiciones tipográficas.

En su progresiva ampliación y crecimiento empresarial, Elicio Muñoz creó también una librería particularmente centrada en el fondo más que en las novedades, acerca de la que el editor mexicano Alfredo Herrera Patiño recordaba en 2006:

Recuerdo ahora la librería Barma, muy cerca de mis correrías de niño y adolescente. Refugiado español su dueño, tenía el gusto por el buen surtido y los libros poco comerciales. Descubrí en ella a León Felipe, editado entonces por Finisterre, a Gabriel Zaid, a Cortázar, a Octavio Paz, y claro, a Stendhal, a Hesse, a Manuel Alvar y la poesía sefardí, a Juan Valera, a Casona, a García Morente, al buen Kant, a Sartre, a tantos y tantos, y tantas y tantas editoriales, de la Porrúa a Latitudes, de Carlos Isla: las traducciones que hizo Paz de Mallarmé, Zaid de Vidyapati, las Cosillas para el nacimiento de Pellicer, La Sangre de Medusa de Pacheco, en fin. Recuerdo, en vitrina, Poemas en el regazo de la muerte de Isabel Fraire… Una gran librería, perfecta para ese lector en ciernes que era yo… Tardó en desaparecer, pero lo hizo hará unos seis años, y me pareció una pena enorme.

Fuentes:

Manuel Aznar Soler y José-Ramón López García, eds., Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio), 2016.

Lydia Elizalde Valdés, «Intención gráfica en Vicente Rojo», Escritos. Revista del Centro de Ciencias del Lenguaje, núm 32 (junio-diciembre de 2005), pp. 79-94.

Martí Soler, «Miguel Prieto, entre impresores y tipógrafos», en James Valdender et al., Los Refugiados Españoles y La Cultura Mexicana: Actas de las segundas jornadas celebradas en El Colegio De México en noviembre de 1996. El Colegio de México, 1999, pp. 255-266.

Alfredo Herrera Patiño, «Precio único», Erratas eminentes, 18 de marzo de 2006.

Vicente Rojo, «Primeros diseños», en Centro Virtual Cervantes.

Colofón de Libertad bajo palabra, editada al cuidado del autor y Marti Soler e impresa en los talleres gráficos de Editorial Muñoz.

Laura Riding y la Seizin Press

Quizá Laura Riding (Laura Reichenthal, 1901-1991) pase a la historia como icono del feminismo de principios del siglo XX o bien como poeta tardíamente recuperada por la crítica académica, pero sin duda es menos conocida su vertiente de editora e impresora al frente de Seizin Press, que se inicia casi coincidiendo con su tormentosa y muy cacareada relación con el también poeta, amén de ensayista, traductor y novelista, Robert Graves (1895-1985).

Laura Riding.

Cuando se produjo el encuentro entre Riding y Graves, la poeta estadounidense tenía ya una cierta experiencia editorial en relación con el grupo de escritores reunidos alrededor de la Universidad de Vanderbilt (Nashville, Tennesseee) conocidos como los Fugitives, que se dieron a conocer sobre todo con la revista The Fugitive (1922-1925), cuya importancia va estrechamente ligada al origen del New Criticism, pues entre ellos se contaban personajes clave en este movimiento crítico como John Crowe Ransom (1888-1974), Allen Tate (1899-1979), Robert Penn Warren (1905-1989) o Cleanth Brooks (1906-1944), que años después crearían la muy influyente y aún activa The Southern Review (n.1935). Si bien en 1923 Riding también publicó en revistas como Nomad (el poema «A pair» en el número de otoño), The Lyric West («Adjustment» en noviembre) o The Step Ladder («The Lightning» en diciembre), entre ese año de su estreno y el siguiente aparecieron trece poemas suyos en The Fugitive.

Laura Riding.

Como es bien sabido, sin embargo, una vez divorciada en 1925 del historiador Louis R. Gottschalk (1899-1975), Laura Riding pasó a vivir con Robert Graves y su esposa Nancy Nicholson, primero en Londres y posteriormente en El Cairo, hasta su regreso a Inglaterra, que fue la etapa en que crearon ella y Graves la editorial. Por su parte, Graves contaba con la experiencia previa de la edición de la revista miscelánea The Owl, en la que había contado con la colaboración de su suegro (William Nicholson) y algunas de cuyas ilustraciones firmaba su esposa Nancy.

Sin embargo, la prehistoria de Seizin Press reside en cierto modo en un proyecto que no llegó a cuajar liderado por dos compañeros en Oxford, de fortuna en cuanto a posteridad muy diversa, el arqueólogo y escritor T.E. Lawrence (1888-1935) y el también escritor e impresor Vyvyan Richards (1886-1968), quienes proyectaron crear una editorial, pero, aun cuando apreciaba casi hasta la obsesión el diseño de libros (profundamente influenciado por la obra de William Morrison [1834-1896]), las inquietudes de Lawrence iban por otros derroteros y nunca llegó a concretarse el proyecto común.

La imprenta de Seizen Press en la Casa Robert Graves (Imagen del blog PerdidoenMallorca).

En un determinado momento, a la vista del funcionamiento del sistema editorial británico, Riding y Graves llegaron a la decisión de que era necesario crear una estructura capaz de poner en circulación de obras espiritualmente emparentadas y hacerlo en forma de libros acordes con su estética literaria; era también el modo idóneo de dar a conocer a nuevos autores. La colaboración de Vyvyan Richards fue crucial para que, finalmente, cuajaran las ediciones de Seizin Press. Riding y Graves se habían hecho con una Crown Albion de 1872 que imprimía 8 páginas en octavo a la vez (que aún puede verse en la Casa Robert Graves en Deià, Mallorca) y tipos Calson que instalaron en el domicilio de St Peter’s Square (en el barrio de Hammersmith) al que se habían trasladado en mayo de 1927. Para familiarizarse con el funcionamiento de la imprenta (similar a la de William Morris en Kelmscott Press) y el resto de tareas asociadas a la edición de libros, Riding y Graves se beneficiaron de los consejos e indicaciones que les ofreció Richards, y que ambos posteriormente reconocieron con agradecimiento. En 1927 aparecía el número 1 de Seizin Press, Love as Love, Death as Death, del que se imprimieron, manualmente, 175 copias que se distribuyeron sobre todo a través de la librería de William Bain, quien valoraba muy positivamente tanto la buena y elegante impresión de los volúmenes como el prestigio y la novedad de los autores proyectados. Ese mismo año aparecía también, en la editorial William Heinemann, el primer libro elaborado a cuatro manos por Riding y Graves, A Survey of Modernist Poetry, que Graves había proyectado originalmente con el gran poeta y editor por entonces de Faber & Faber T.S. Eliot como colaborador.

Portada de Poems 1929, de Robert Graves, en la edición londinense de Seizin.

Aún en el mismo apartamento alquilado se compusieron e imprimieron los dos números siguientes de la editorial, que aparecieron ambos en 1929 y con tiradas de 225 copias: An Acquaintance with Description, de Gertrude Stein (1874-1946), y Poems 1929, de Robert Graves. En el ínterin, en enero de 1928 Riding y Graves habían publicado en Jonathan Cape su segunda publicación conjunta, A Pamphlet Against Anthologies. En el viaje que concluiría en Deià, Riding y Graves visitaron en París a su amiga recién publicada Gertrude Stein, y una vez en la isla encomendaron el envío de la Crown Albion; poco tiempo después recibieron ya en la isla a otra figura importante en Seizin Press, el diseñador y cineasta neozelandés Len Lye (Leonard Charles Huia Lye, 1901-1980), que llegó acompañado de su esposa Jane Thompson.

Lye venía procedente de Londres, adonde había llegado en 1926 y donde había contado en su carrera con el apoyo de Riding, Graves y el narrador irlandés Georges Moore, entre otros. Para entonces, Lye aún no había iniciado su colaboración con Hours Press (1928-1931), la imprenta establecida por Nancy Cunard en Normandía, ni había ilustrado portadas de libros de sus amigos, pero sí había aparecido anunciado en el primer número de Seizin Press su exquisito libro No Trouble, que fue el primero que apareció ya en la isla, en 1930. Ese mismo año aparece en Seizin también Though Gently, de Riding, y esta etapa se cierra al año siguiente con la publicación de To Whom Else?, de Graves, y Laura and Francisca, de Riding.

Con el establecimiento de un acuerdo con la histórica editorial Constable, fundada en 1795 por Archibald Constable (1774-1827), continuada por sus hijo Thomas y su nieto Archibald, y conocida por haber sido la editora de Sir Walter Scott, de la Encyclopaedia Britannica y del Drácula de Bram Strocker (1847-1912), inició Seizin una nueva etapa cuyo primer resultado, siempre impreso a mano en Deià por Riding, fue su Progress of Stories, ya en 1935, año en que también aparecieron The Natural Need, la primera obra de creación de James Reeves (John Morris Reeves, 1909-1978), quien hasta entonces sólo había editado la colección de poesía tradicional Songs for Sixpence (1929), y el anónimo A Mistake Somewhere (atribuido a Honor Wyatt, Gordon Glover y una no identificada Molly a la que se supone que añadieron pasajes Riding y/o Graves). Honor Wyat había visitado a los editores de Seizin en Deià en 1933 con su marido Gordon, y de nuevo lo hicieron ese mismo 1935.

Cubierta de Whom Else?, obra de Lye.

Antes de que la guerra civil española les empujara a marcharse aún publicaron en Deià la novela de Riding, firmada como Madeline Vera, Convalescent Conversations (1936), la interesantísima novela de Graves Antigua Penny Puce (1936), la traducción al inglés que llevaron a cabo al alimón Riding y Graves del libro de su vecino alemán Georges Schwarz Almost Forgotten Germany (1936), The Heathen (1937), de Honor Wyatt, y la novela de Riding A Trojan Ending (1937). En cualquier caso, parece bastante evidente que la selección de títulos respondía a la voluntad de los editores de dar a conocer sobre todo la obra propia y la de sus amigos más cercanos, aunque ello no fuera obstáculo para seguir publicando en otras editoriales, y Riding publicó tanto en comerciales (Poems. A Jocking Word en 1928 y Anarchism is not enough en 1930, ambos en Jonathan Cape en 1930, The Life of the Death y Poet A Lying Word en Arthur Barker ambos en 1933, etc.), como en imprentas privadas (Twenty Poems Less y Four Unposted Letters to Catherine en las ya mencionadas Hours, en 1933 ambos).

Al margen de los libros, y también en asociación con Constable, de la vieja Crown Albion salieron tres números de una revista de periodicidad más o menos anual (otoño de 1935, verano de 1936 y primavera de 1937) titulada Epilogue y subtitulada A Critical Summary en la que Riding figuraba como editora y Graves como editor asociado, y que en la publicidad que insertaron en algunas revistas (en la New Verse de Geoffrey Grigson, por ejemplo) se presentaba con el «propósito de insertar las corrientes críticas modernas en una visión de la vida y un pensamiento coherente» y en el Prelimiar del primer número ya hacía una declaración de intenciones: «Un examen crítico, sea cual sea el tema, debe empezar por lo que tiene de más confuso, y emprenderse con el objetivo más simple posible». No es de extrañar que entre los temas abordados se cuenten desde la publicidad o la fotografía hasta el concepto de realidad, la tauromaquia, la fama, la dramaturgia o la ficción detectivesca. En sus páginas pueden encontrarse firmas poco sorprendentes a estas alturas, además de, por supuesto, las de Riding y Graves: James Reeves, Len Lye, etc.

El cuarto volumen de Epilogue, casi un colofón,  resulta bastante singular con respecto a los otros tres, pues se trata de un monográfico dedicado a cartas de 65 corresponsales de profesiones muy diversas en las que comentan la situación mundial, con algunas apostillas y comentarios de Riding, y que se publicó ya en Londres y en asociación con Chatto & Windus en 1938. Todo induce a pensar que se trataba ya de una obra concebida, diseñada, compuesta e incluso impresa por Laura Riding en solitario.

De izquierda a derecha: Gordon Glover (tapado por el perro Solomon), Laura Riding, Honor Wyatt, Mary Phillips, Karl Goldschmidt y Robert Graves en Deià.

Fuentes

Roger Burford Mason, «The Siezin Press of Laura Riding & Robert Graves», Dalhousie Review, vol. 68, núm. 4 (1989), pp. 402-405.

Robert Graves y Camilo José Cela durante las Conversaciones de Formentor (adviértase el distinto grado de formalidad en el vestir).

Robert Graves, Adiós a todo eso, traducción de Sergio Pitol, Barcelona, Edhasa, 1985.

Richard P. Graves, Robert Graves. Biografía, 1895-1940, traducción de Lucía Graves y Elena Lambea, Barcelona, Edhasa, 1992.

Christina Cain Whitney, «Editorial Collaboration and Control: Laura Riding and the Seizin Press Years», Electronic Theses and Dissertations, 703 (2003).

Jean Moorcroft Wilson, Robert Graves: From Great War Poet to Good-Bye to all that (1895-1929), Londres, Bloomsbury Publishing, 2018.

Candida Ridler, «Len Lye, Robert Graves and Laura Riding: Designing Books for the Seizin and Hours Press», en Dunstand Ward, ed., The Art of Collaboration: Essays on Robert Graves and his Contemporaries, Universitat de les Illes Balears, pp. 93-116.

 

De la fundación de la Editorial Juventud a la creación de Molino

A Marta Graupera Sanz, agradecido

 

La creación en 1933 de la Editorial Molino por iniciativa de Pablo del Molino Mateus (1900-1968) es el desenlace de un desencuentro larvado a lo largo de varios años en el seno de la editorial Juventud y para desentrañarlo hay que remontarse, como hizo con particular acierto Mònica Baró en su tesis sobre ediciones de literatura infantil y juvenil, a la relación entre los miembros de su consejo de administración.

La fundación de la Editorial Juventud como sociedad anónima puede fecharse con precisión el 5 de octubre de 1923, cuando se constituye con la participación de la Sociedad General de Publicaciones, Concepció Mateus Massana y su hijo Pablo del Molino (que acababa de heredar de su tío abuelo Agustí Massana, creador de la Escola Massana) y, actuando además como director gerente, Josep Zendrera Fecha (1894-1969). Al formarse el consejo de administración, hay un nuevo reparto de acciones, en el que entran el editor e impresor y primo de Concepció Mateu Juli Gibert Massana (1880-1956), el impresor Joan Pijoan i Claramunt, Josep M. Borràs de Quadras—que ya habían coincidido en la fundación de la Sociedad General de Publicaciones e Hymsa—, quien fuera colaborador de Barcelona Cómica (1898) y director de La Semana Cómica (1888-1894) José Fernández de la Reguera y el abogado Raimon Duran i Ventosa (1858-1933).

Obra de Enric Ricard.

 

Pablo del Molino, pues, entró con veintitrés años a bordo de la nave que pilotaba Josep Zendrera, quien a su vez contaba con la experiencia en la revista Hogar y Moda de la Sociedad General de Publicaciones, donde trabajaba desde los catorce años y donde creó además diversas colecciones (la más popular de las cuales destinada a novela rosa).

Apenas tres años después de su fundación, estrechamente vinculado a este grupo se crea un sello editorial, Mentora, destinado a obras infantiles en catalán y en cuyo consejo de administración figuraba Julio del Molino, así como Edita, que publica libros ilustrados más lujosos, tanto orientados al público infantil como al adulto, y en cuyo consejo de administración de nuevo Julio del Molino aparecía como vocal.

Sin embargo, la ruptura que desembocará en la salida de la familia Molino y la creación  de su propia editorial empieza a gestarse iniciada ya la década de los treinta y Manuel Llanas la atribuye, básicamente, a «desacuerdos en la línea de las publicaciones».

Además de esos desacuerdos, ya en 1930 creó tensión en el consejo de administración la compra de un nuevo edificio más amplio (en la calle Provença 101), así como la absorción de la editorial Mentora y muy poco después la de Edita. En el seno del consejo de administración, estas iniciativas de Zendrera se advertían como audaces asunciones de riesgos, por lo que se le impuso como contrapartida el nombramiento de Pablo del Molino, que por entonces contaba veintitrés años, como subdirector de la empresa, entre otras condiciones sobre las cuales escribe Mònica Baró:

Además, se le obliga de recortar los gastos de funcionamiento —lo cual acaba conllevando finalmente el despido de cuatro trabajadores en 1931—, impone un control más riguroso —mensual— de los planes editoriales e, incluso, llegan a desestimar algunas de las propuestas de Zendrera que, no se olvide, se había ido convirtiendo en un socio importante. Forzosamente, estas decisiones no debieron de gustar a Zendrera —que, no obstante, las acata— y debían de producir disensiones importantes entre los miembros del Consejo, aunque no se manifiesten explícitamente en las actas.

En cuanto a la línea editorial, era muy evidente desde sus primeros pasos la voluntad de Juventud de cubrir el ámbito de las ediciones populares, en muchos casos mediante la explotación de los derechos de edición de la Sociedad General de Publicaciones, y dando incluso continuidad a la ya mencionada colección La Novela Rosa, por ejemplo, y con colecciones como la mensual La Aventura (1925) o la más lujosa Obras Maestras, dándose el caso de que un mismo autor u obra aparecía en más de una de estas colecciones. De nuevo es Baró quien ofrece cifras contundentes acerca del éxito de estas ediciones: «en cinco años, la editorial ha vendido 300.000 ejemplares de diversos títulos y, de la obra El rosario, de Florence L. Barclay, se han vendido más de 120.000 ejemplares».

A medida que fueron ampliándose los ámbitos de edición debieron de empezar a surgir los problemas, pero es evidente, tanto por los autores (Salgari, Sabatini, Victor Hugo, Zane Grey) como por la periodicidad y las características de los libros, el tipo de público popular y del lector infantil y juvenil al que se dirigían. Cuando finalmente Pablo del Molino presenta su renuncia para crear su propia editorial, no choca con una oposición en el seno del consejo de administración de Juventud, pero sí se le impone como condición que, en caso de crear una nueva empresa editorial, el catálogo de esta no entre en competencia directa con el de Juventud, cosa que es muy discutible que no sucediera ya desde el primer momento (y que, por lo menos en España, ha venido siendo una cláusula habitual en este tipo de casos).

Algunos de los autores de la inicial y muy célebre Biblioteca Oro (1933-1970) no hubieran desentonado en absoluto en Juventud, cuando no se daba el caso de que ya habían figurado en su catálogo: Julio Verne, Alejandro Dumas, Rex Stout, Emilio Salgari…, novelas de aventuras y del Oeste de carácter popular destinadas a un público muy amplio, en cualquier caso insertadas en series debidamente marcadas: Serie Azul (piratas y westerns), Serie Roja (novelas de capa y espada) y Serie Amarilla (novela detectivesca), a las que en 1935 se añadiría el espectacular éxito de la versión española de revista de Walt Disney Mickey (1935-1936), dirigida por Josep Maria Huertas Ventosa (1907-1967), padre de un periodista que se haría célebre y quien ya contaba con experiencia como colaborador de la revista infantil Alegría (1925-1934) y redactor jefe de Pocholo (1931-1951), de la editorial Santiago Vives.

El mismo acuerdo tomado en relación a la salida de Pablo del Molino de Juventud establecía que, en caso de incumplir con la condición de no competir con Juventud, saldría del consejo de esta empresa, pero al parecer, aun con las evidencias en la mano, esto no llegó a cumplirse. Como consecuencia de la guerra civil, en 1938 Pablo del Molino se trasladó a Buenos Aires, donde creó Molino Argentina (desmantelada con motivo de su regreso a Barcelona en 1952), mientras que su hermano Luis (1907-1990) se hacía cargo de la casa matriz barcelonesa, que tuvo continuidad en la posguerra con una línea editorial sin grandes variaciones, en la que siguió compitiendo con la de Juventud.

Fuentes:

Mònica Baró, Les edicions infantils i juvenils de l’editorial Juventut (1923-1969), tesis doctoral Departament de Biblioteconomia i Documentació, Universitat de Barcelona, 2005.

Raquel García Fuentes, «Semblanza de Editorial Molino (Barcelona, 1933- )». En Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED: http://www.cervantesvirtual.com/obra/editorial-molino-barcelona-1933– semblanza-928709/

Jaime García Padrino, «Libros infantiles y juveniles», en Jesús A. Martínez Martín, dir., Historia de la edición en España (1939-1975), Madrid, Marcial Pons, 2015, pp.699-721.

Manuel Llanas, L’edició a Catalunya: el segle XX (fins a 1939), Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2005.

Antonio Machado y algunas ediciones raras

Tanto la primera como las últimas obras que vio publicadas en vida Antonio Machado (1875-1939) tienen algunas singularidades dignas de mención.

En 1903 aparecía de la Imprenta A. Álvarez (con sede en la calle Barco, 20), la primera edición de las Soledades (Poesías), un volumen de 112 páginas con un formato de 11 x 16,5 cm, que reunía obra publicada previamente en revistas (Electra, Revista Ibérica) y sin un sentido orgánico muy trabado. Ese mismo año aparecía con pie de esa misma imprenta, por ejemplo, las Páginas sueltas con las que también se estrenaba como autora de libros M. Pilar Contreras de Rodríguez (1861-1930).

Según se indica en la contrabierta, el libro de Machado se insertaba en una Colección de la Revista Ibérica, de la que todo parece indicar que fue el único número publicado. Dirigida por Francisco Villaespesa (1877-1936) y con Pedro González Blanco (1879-1961) como jefe de redacción y el dibujante barcelonés Ricardo Marín (1874-1955) como ilustrador, esta efímera Revista Ibérica —heredera en cierto sentido de Electra—había desaparecido ya en 1903, después de la aparición quincenal de sus cinco números entre el 20 de junio y el 30 de septiembre de 1902 (con textos de Francisco Giner de los Ríos, Juan Ramón Jiménez, Jacinto Benavente, Valle-Inclán), y nadie parece haber aclarado si se propuso convertirse en editora de libros y fracasó o bien había iniciado el proceso de publicación de las Soledades machadianas antes de desaparecer.

En cualquier caso, al año siguiente apareció en Barcelona una edición idéntica (¿acaso empleando las mismas planchas y con un papel idéntico?) presuntamente impresa por Valero Díaz y publicada por Lezcano y Cía Editores —cuya especialidad era la literatura erótica—, como tercer número de la Colección de Escritores Jóvenes que se había estrenado con Amores, del narrador y periodista cántabro Ramón Sánchez Díaz (1869-1960). En realidad, todo induce a pensar que esta segunda edición de las Soledades era un reentape de la misma edición con el propósito de aumentar unas ventas que habían sido más bien magras.

Las Soledades, galerías y otros poemas (1907) los publicó ya una empresa editorial de cierto fuste, la Librería de Pueyo en su Biblioteca Hispano-Americana, y en 1919 iniciaba Machado su relación con sus más fieles editores, Calpe, que se ocuparon de la segunda edición de este libro en su Colección Universal.

Además de varias otras obras —Juan de Mañara en 1927, Poesías completas (1899-1925) y  Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel en 1928, Poesías completas (1899-1933) en 1933—, en los años finales de su vida Machado vio publicadas tres obras singulares vinculadas a Espasa-Calpe, empresa creada en 1925 como resultado de la fusión de las dos editoriales que le daban nombre.

De 1937, cuando tanto los talleres gráficos como la editorial habían sido asumidos por un comité obrero (que la subsumieron en la editorial Nuestro Pueblo) y sus fundadores se hallaban en zona nacional (en San Sebastián), es La Guerra (1936-1937), que aparece aún con pie de Espasa-Calpe en Madrid y cuya edición sorprende el contexto en que se lleva a cabo. Se trata de un volumen de 115 páginas con un formato de 17 x 24,5, muy cuidado en cuanto a la tipografía e impreso sobre papel de hilo de la casa Guarro, con una portada a dos tintas (azul y rojo). Una edición de lujo que Ian Gibson supone «apoyada oficialmente por las agencias de propaganda republicana».

Contiene La Guerra siete textos de Machado y cuarenta y ocho dibujos a pluma de su hermano José. Los textos, aparecidos previamente en las publicaciones que se indican son los siguientes y en este orden:

  • «Los milicianos de 1936», fechado en Madrid, agosto de 1936, y publicado por primera vez en la etapa valenciana de la revista Hora de España (núm. 8, agosto de 1937).
  • «El crimen fue en Granada», aparecido el 17 de octubre de 1936 en el periódico Ayuda y pocos días después en El Mono Azul y el murciano El Liberal.
  • «Apuntes», publicados con el título «Notas de actualidad» en el primer número de la valenciana Madrid. Cuadernos de la Casa de la Cultura (Valencia) en febrero de 1937.
  • «Meditación del día», salvo error, inédito hasta entonces.
  • «Carta a David Vigodsky» en el número de abril de 1937 de Hora de España (20 de febrero de 1937).
  •  «Al escultor Emiliano Barral», que es una versión corregida y aumentada del publicado en Nuevas canciones (Mundo Lartino, 1924).
  • «Discurso a las Juventudes Socialistas Unificadas», inédito si bien leído en Valencia el Primero de Mayo de 1937.

En el número de diciembre de 1937 de Hora de España (pp. 68-74), la escritora y filósofa María Zambrano (1901-1991) ya dedica una reseña a esta obra; «Sin melancolía y con austero dolor nos habla a lo más hondo de nosotros este libro, La Guerra, ofrenda de un poeta a su pueblo», escribe, sin aludir apenas a las obras en prosa. Esto debería bastar para fechar su publicación a finales de 1937, pero también cabe la posibilidad, incluso a la vista del contenido, que Zambrano leyera los textos antes de su edición en forma de libro (muchos de los cuales publicados precisamente en Hora de España), porque resulta un poco asombroso que no haga la más mínima mención ni a los dibujos de José Machado (1879-1958) ni a las llamativas características de la edición. Desconozco, sin embargo, si existe documentación que acredite o desmienta esa suposición, aunque el caso es que aún en 1937 Antonio Machado agradece por carta esta reseña.

Sin embargo, Andrés Trapiello da la siguiente explicación acerca de los motivos de que esta edición pasara tan desapercibida, pese a la reseña de una intelectual como Zambrano en una publicación tan leída como lo era Hora de España: «por razones que desconocemos, los editores nunca lo distribuyeron y sólo circularon algunos pocos ejemplares, causa de su extrema rareza. Al terminar la guerra, la edición completa, guardada en los almacenes de Espasa-Calpe en Madrid, fue destruida.»

De fechas muy cercanas tiene que ser La tierra de Alvargonzález y Canciones del Alto Duero, de nuevo ilustrado por José Machado, que compila el largo romance ya aparecido en 1933 en una edición a cargo de Manuel Altolaguirre (1905-1959) con un dibujo de Santiago Ontañón (1903-1989) y unas canciones de aire folcórico y tradicional («A un olmo seco», «Canciones de tierras altas» y «Canción de mozas»). Según el pie editorial, este volumen de 76 páginas y un formato de 11,5 x 15,5 se imprimió sobre papel basto en Barcelona en los Talleres Gráficos de la Editorial Ramón Sopena, colectivizada, y bajo el sello de Nuestro Pueblo, cuyo destino eran los combatientes en el frente, y Gonzalo Santonja subraya las tremendas tiradas que hacía esta editorial de este tipo de obras:

Los datos asentados en inventarios, actas notariales y diversos documentos de índole comercial certifican que Nuestro Pueblo ponía en circulación tiradas bastante superiores a las normalizadas con anterioridad a la guerra: diez mil ejemplares (frente a dos mil quinientos o tres mil), hasta veinticinco mil en casos como los de Sender (Contraataque), Valle-Inclán o Machado.

Sin duda, eso contribuye a explica que este volumen —aun sin contarse entre los más divulgados y, por supuesto, mucho menos los más representativos del autor— sea ampliamente más conocido que La Guerra.

Fuentes:

Edición digitalizada de La Guerra.

Jordi Doménech, «Machado vs. Espasa-Calpe», Ínsula, núm. 622 (octubre de 1988), pp. 26-27.

Ian Gibson, Ligero de equipaje. La vida de Antonio Machado, Madrid, Aguilar, 2006.

Fernando Larraz, «Política y cultura. Biblioteca Contemporánea y Colección Austral, dos modelos de difusión cultural», Orbis Tertius, vol. 14, núm. 15 (2009).

Jaume Pont, «Sobre La guerra de Antonio Machado», Abel Martín. Revista de Estudios sobre Antonio Machado, 1997.

Gonzalo Santonja, Los signos de la noche. De la guerra al exilio. Historia peregrina del libro republicano entre España y México, Madrid, Castalia (Literatura y Sociedad 76), 2003.

Suárez, Cristina Suárez, «Semblanza de Sociedad Anónima Espasa-Calpe (1925)» (2006), en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED: http://www.cervantesvirtual.com/obra/sociedad-anonima-espasa-calpe1925-semblanza/

Andrés Trapiello, Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939), Barcelona, Destino (Imago Mundi 167), 2010.

María Zambrano, «La Guerra de Antonio Machado», Hora de España, núm. XII (diciembre de 1937), pp. 68-74.

Manuel Altolaguirre, última aventura editorial

Cuando a mediados de marzo de 1943 el exiliado republicano español Manuel Altolaguirre (1905-1959), gracias a la ayuda del poeta y ensayista Ángel Augier (1910-2010), llegó a México procedente de La Habana, gozaba ya del aprecio de los connaisseurs en el ámbito de la tipografía y la impresión, quizá más por su buen gusto que por su destreza, pero en cualquier caso, desde los tiempos de la mítica Imprenta Sur hasta su etapa más recientemente al frente de La Verónica en Cuba, era muy bien conocido como editor e impresor.

No es de extrañar por tanto que una de las primeras cosas que hiciera fuese incorporarse al equipo que se puso al frente de la dirección de la tercera época de la legendaria revista de poesía, pintura y música Litoral, con José Moreno Villa (1887-1955), Emilio Prados (1899-1962), Francisco Giner de los Ríos (1917-1995) y Juan Rejano (1903-1976). Sin embargo, es sintomático que cuando esta publicación periódica se acercaba a su fin, tras la publicación de tan sólo tres números, Giner de los Ríos creara, con la colaboración del talentoso Joaquín Díez-Canedo Manteca (1917-1999), la colección Nueva Floresta (en la editorial Stylo de Antonio Caso), y Altolaguirre, por su parte, con el apoyo de la adinerada cubana María Luisa Gómez Mena (1907-1959) pusiera en marcha una nueva iniciativa personal, Ediciones Isla, si bien en esos mismos años se está introduciendo ya en el mundo del cine en la productora Posa-Films.

Desde el principio tuvo Isla problemas administrativos, si bien disponía de un taller espacioso y moderno, de imprenta propia (Manuel Altolaguirre Impresor), de un equipo de obreros tipográficos e incluso de un acuerdo con una sede en La Habana para distribuir en Cuba los libros que se publicaran.

Sin embargo, también desde el primer momento la editorial parecía disponer de un programa de publicaciones muy ambicioso y perfectamente estructurado. Al margen de algunas ediciones importantes fuera de colección, las numerosas ediciones que empiezan a imprimirse se encuadran en cuatro colecciones eminentemente literarias: Los Clásicos, El Siglo de Oro, Los Románticos y los Modernos, de lo que puede deducirse al primer vistazo la voluntad de revisar el canon de los principales autores de la literatura en lengua española, aunque la presencia de autores no peninsulares (caso del nicaragüense Rubén Darío) fue casi residual. En cambio, entre las obras publicadas fuera de colección es muy notable la presencia de escritores republicanos españoles.

En la revista El Hijo Pródigo, fundada en 1943 por iniciativa de los poetas Octavio G. Barreda (1897-1964) y Octavio Paz (1914-1998), se publica en el número 32 (del 15 de noviembre de 1945) un anuncio en que se describe Isla del siguiente modo: «En esta colección bella y originalmente presentada irán apareciendo todas y cada una de las obras más famosas del Siglo de Oro, de la edad romántica, así como de la moderna» y, además de una breve reseña de la edición de Mariana Pineda, de Federico García Lorca (1898-1936), aparece la siguiente lista de volúmenes publicados:

Juan Ruiz de Alarcón, El tejedor de Segovia

Calderón de la Barca, La vida es sueño

Miguel de Cervantes, Entremeses

Tirso de Molina, Don Gil de las calzas verdes

Miguel de Cervantes, El cerco de Numancia

José Zorrilla, Don Juan Tenorio

Manuel Tamayo, Locura de amor

Carlos Arniches, Las estrellas

Benito Pérez Galdós, La loca de la casa

Ricardo de la Vega, La verbena de la Paloma

José Bergamín, La niña de Dios y La niña guerrillera

Fray Luis de León, La perfecta casada

Gustavo Adolfo Bécquer, Rimas

Juan Valera, Pepita Jiménez

Garcilaso de la Vega, Poesía

Rubén Darío, Canto de vida y esperanza

Lope de Vega, Fuente Ovejuna

Duque de Rivas, Don Álvaro o la fuerza del sino

Carlos Arniches, Don Verdades

Por el mismo anuncio, puede saberse que la Librería Madrid del distrito federal ofrecía la posibilidad de obtener veinte volúmenes con un pago inicial de 7,50 dólares y cinco abonos mensuales de 10, mientras que cada volumen individual tenía un precio de 2,50. Además de los consignados, Isla publicó también, por ejemplo, el original libro y que dice mucho sobre la integración de Moreno Villa en México Navidad: villancicos, pastorelas, posadas, piñatas, antologada e ilustrada por el propio Moreno Villa, y en el que se conjugan obras del folklore español con otras de la tradición teatral mexicana (posadas piñatas), así como Lo que sabía mi loro. Una colección folklórica infantil.

Editorial Nuestro Pueblo, 1938.

Entre los autores no españoles se publica al poeta mexicano Elías Nandino (1900-1993) Espejo de mi muerte (1945), pero la presencia de exiliados republicanos es bastante más nutrida, desde el ensayo de tema literario Los designios de Dios, vistos a través de El condenado por desconfiado y otras comedias españolas (1945) de José Manuel Gallegos Rocafull (1895-1963) hasta el poemario De mar a mar, de María Enciso (María Dolores Pérez Enciso, 1908-1949), prologado por Concha Méndez. Entre ellos, y casi simultáneamente, una nueva edición de la novela que José Herrera Petere (José Herrera Pérez, 1909-1977) había publicado ya en Barcelona durante la guerra, Cumbres de Extremadura. Novela de guerrilleros (1945) o la primera novela que se publicaba del espléndido ciclo narrativo Lares y Penares de Manuel Andújar (1913-1994), Cristal herido, con prólogo de José Ramón Arana (1905-1993) y una nota de Benjamín Jarnés (1888-1949).

La aventura no duró más de un año y medio, pero después del poemario del propio Altolaguirre Nuevos poemas de las islas invitadas, con cubierta y dibujo de portada de Moreno Villa en 1946, aún tuvo un pilón en 1949 con Fin de un amor. Sin embargo, en realidad Isla había dejado de funcionar como editora en 1946 y, si bien entonces Altolaguirre se asoció con el impresor Roberto Barrié y con él publica los dos números de la revista Antología de España en el Recuerdo, ya había empezado a decantarse cada vez más por la cinematografía.

Si ya en 1947 Carlos Orellana había estrenado la película La casa de Troya, cuyo guión había adaptado Altolaguirre a partir de la novela romántica homónima del coruñés Alejandro Pérez Lugín (1870-1926), en 1950 había podido crear ya la compañía cinematográfica Producciones Isla, uno de cuyos trabajos fue Yo quiero ser tonta, adaptación de Las estrellas de Arniches (publicada en Isla), que se estrenó eso mismo año dirigida por el guipuzcoano Eduardo Ugarte (1901-1955), para quien Altolaguirre adaptó también la obra de los Álvarez Quintero Doña Clarines y le produjo El puerto de los siete vicios.

Manuel Altolaguirre.

Sin embargo, lo más probable es que fuera sobre todo el éxito internacional de Subida al cielo (Luis Buñuel), de cuyo guión Altolaguirre era coautor, lo que acabó por apartarlo por completo de las imprentas.

Fuentes:

García Chacón, Irene (2015). «Semblanza de Manuel Altolaguirre (1905- 1959)». En Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED:  http://www.cervantesvirtual.com/portales/editores_editoriales_iberoamericanos/obra/semblanza-de-manuel-altolaguirre-bolin/

Julio Neira, Manuel Altolaguirre. Impresor y editor, Consejo Social Universidad de Málaga y Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, Málaga-Madrid, 2009.

Gonzalo Santonja, Un poeta español en Cuba. Manuel Altolaguirre, Barcelona, Círculo de Lectores, 1995.

James Valender, Manuel Altolaguirre y Concha Méndez. Poetas e impresores, Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2001.