Elicio Muñoz Galache, de labores agrícolas a la impresión y edición de libros

Cuando en 1939 Elicio Muñoz Galache llegó a México procedente del campo de refugiados francés de Saint Cyprien, sus antecedentes difícilmente podían hacer pensar que se convertiría en un importante impresor. Nacido en Fuentelapeña (Zamora) en 1908, Elicio Muñoz se había desempeñado en diversas labores, pero todas ellas bastante alejadas del mundo de las letras: desde trabajos agrícolas en Tordesillas (Valladolid), hasta ayudante de panadero en la capital de la provincia, aunque al parecer había aprendido el oficio de impresor en el hospicio de Valladolid, antes de trasladarse a Barcelona en busca de mejor empleo.

Al poco tiempo de su llegada empezó a trabajar como prensista en una imprenta establecida por el SERE (Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles) situada en la calle Balderas –y que andado el tiempo se convertiría en las Gráficas Panamericanas–, donde también halló empleo su hermano Blas como cajista.

Firma de Elicio Muñoz.

Sin embargo, en cuanto puede, probablemente al filo de la década de 1940, Elicio Muñoz consigue establecerse por su cuenta, en una primera etapa para imprimir las cajas de los Laboratorios Zapata y algunas publicaciones de tipo científico, gracias a su relación con el naturalista de origen madrileño Ignacio Bolívar (1850-1944)  y su hijo el entomólogo Cándido Bolivar Pieltáin (1897-1976), vinculados ambos al Colegio de México y que en 1940 crearon la influyente revista Ciencia (que a partir de 1980 se convertiría en la publicación oficial de la Academia de Ciencias Mexicanas). No tarda tampoco Elicio Muñoz en empezar a imprimir para El Colegio de México y para el Departamento Literario del INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes).

De esta imprenta, que como editora adopta progresivamente los nombres de Imprenta Muñoz, Editorial Muñoz y Editorial Galache, sale por ejemplo en 1953 la compilación de poemas aparecidos en el suplemento de la revista Nueva Polonia compilados por el poeta cordobés Juan Rejano (1903-1976), con pie de Imprenta E. Muñoz Galache. Y del año siguiente es la traducción de la exdiputada por Badajoz y cofundadora de la Unión de Mujeres Antifascistas Margarita Nelken (1894-1968) de la obra de F. Berence Leonardo da Vinci, obrero de la inteligencia, que se publica con pie de Imprenta Muñoz Galache.

Poco posterior es la aparición en los mismos talleres de Un pueblo y dos agonías, cuyo autor, el intelectual de origen asturiano formado en Cuba Luis Amado Blanco (1903-1975), ante las dificultades para publicar este libro en la Cuba de Batista, decidió costeárselo en México y apareció en 1955 en la colección Novelas Atlante de la editorial de Juan Grijalbo (1911-2002). Con una cubierta diseñada por Juan Madrid y creada por Blas Muñoz Galache, el libro se acompañaba de una ilustración de Raúl Martínez.

Entre otros trabajos interesantes de la imprenta Muñoz para la Atlante de Grijalbo se cuenta también una novela de la madrileña Luisa Carnés (1905-1964), Juan Caballero (1956), y de ese mismo año —salvo error— es la publicación del primer libro firmado por el propio Elicio Muñoz, Fuente Abeja: Estampas castellanas, cuya edición en las mismas Novelas Atlante contiene un prólogo de Lusia Carnés (además de ilustraciones de la luego famosa artista mexicana de origen salmantino María Luisa Martín, que firma ya en este caso como Mary Martin).

Inicio de Fuente Abeja, con grabados de la santanderina exiliada en México María Luisa Martín.

Otra editorial importante y prestigiosa para la que trabajó Elicio Muñoz fue el Fondo de Cultura Económica, y muy en particular la colección literaria Tezontle, a cuyo cargo estaba el madrileño Joaquín Díez Canedo (1917-1999). En 1961 se publicó en esa colección el segundo libro de Muñoz, Muros y sombras.

En los años sesenta, aparecen con pie de la Imprenta de la editorial Galache algunos libros también notables por motivos diversos, como De Juan a J. Guadalupe Posada: Esquema de cuatro siglos de grabado en relieve mexicano (1973), de Francisco Díaz de León, para la Academia de Arte, o una Antología de poesía surrealista latinoamericana (1974) de Stefan Baciu para Joaquín Mortiz, la editorial creada por Díez Canedo a su salida del Fondo de Cultura Económica.

Un dato poco recordado acerca de esta imprenta y editorial es que en ella, en sus primeros años, se formó el pintor y diseñador gráfico nacido en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) Miguel Prieto (1907-1956), que también se había visto confinado en el campo de Saint Cyprien, y todo parece indicar que esta primera experiencia profesional dejó su huella. Según contaba el también diseñador Vicente Rojo:

Las ediciones del INBA se imprimían en la imprenta Muñoz, que contaba con los tipos que a Prieto le gustaba utilizar, los clásicos Garamond, Baskerville, Bodoni, Caslon y el estilizado Empire, único tipo moderno que él usaba como contrapunto en sus hermosas composiciones tipográficas.

En su progresiva ampliación y crecimiento empresarial, Elicio Muñoz creó también una librería particularmente centrada en el fondo más que en las novedades, acerca de la que el editor mexicano Alfredo Herrera Patiño recordaba en 2006:

Recuerdo ahora la librería Barma, muy cerca de mis correrías de niño y adolescente. Refugiado español su dueño, tenía el gusto por el buen surtido y los libros poco comerciales. Descubrí en ella a León Felipe, editado entonces por Finisterre, a Gabriel Zaid, a Cortázar, a Octavio Paz, y claro, a Stendhal, a Hesse, a Manuel Alvar y la poesía sefardí, a Juan Valera, a Casona, a García Morente, al buen Kant, a Sartre, a tantos y tantos, y tantas y tantas editoriales, de la Porrúa a Latitudes, de Carlos Isla: las traducciones que hizo Paz de Mallarmé, Zaid de Vidyapati, las Cosillas para el nacimiento de Pellicer, La Sangre de Medusa de Pacheco, en fin. Recuerdo, en vitrina, Poemas en el regazo de la muerte de Isabel Fraire… Una gran librería, perfecta para ese lector en ciernes que era yo… Tardó en desaparecer, pero lo hizo hará unos seis años, y me pareció una pena enorme.

Fuentes:

Manuel Aznar Soler y José-Ramón López García, eds., Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio), 2016.

Lydia Elizalde Valdés, «Intención gráfica en Vicente Rojo», Escritos. Revista del Centro de Ciencias del Lenguaje, núm 32 (junio-diciembre de 2005), pp. 79-94.

Martí Soler, «Miguel Prieto, entre impresores y tipógrafos», en James Valdender et al., Los Refugiados Españoles y La Cultura Mexicana: Actas de las segundas jornadas celebradas en El Colegio De México en noviembre de 1996. El Colegio de México, 1999, pp. 255-266.

Alfredo Herrera Patiño, «Precio único», Erratas eminentes, 18 de marzo de 2006.

Vicente Rojo, «Primeros diseños», en Centro Virtual Cervantes.

Colofón de Libertad bajo palabra, editada al cuidado del autor y Marti Soler e impresa en los talleres gráficos de Editorial Muñoz.

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Laura Riding y la Seizin Press

Quizá Laura Riding (Laura Reichenthal, 1901-1991) pase a la historia como icono del feminismo de principios del siglo XX o bien como poeta tardíamente recuperada por la crítica académica, pero sin duda es menos conocida su vertiente de editora e impresora al frente de Seizin Press, que se inicia casi coincidiendo con su tormentosa y muy cacareada relación con el también poeta, amén de ensayista, traductor y novelista, Robert Graves (1895-1985).

Laura Riding.

Cuando se produjo el encuentro entre Riding y Graves, la poeta estadounidense tenía ya una cierta experiencia editorial en relación con el grupo de escritores reunidos alrededor de la Universidad de Vanderbilt (Nashville, Tennesseee) conocidos como los Fugitives, que se dieron a conocer sobre todo con la revista The Fugitive (1922-1925), cuya importancia va estrechamente ligada al origen del New Criticism, pues entre ellos se contaban personajes clave en este movimiento crítico como John Crowe Ransom (1888-1974), Allen Tate (1899-1979), Robert Penn Warren (1905-1989) o Cleanth Brooks (1906-1944), que años después crearían la muy influyente y aún activa The Southern Review (n.1935). Si bien en 1923 Riding también publicó en revistas como Nomad (el poema «A pair» en el número de otoño), The Lyric West («Adjustment» en noviembre) o The Step Ladder («The Lightning» en diciembre), entre ese año de su estreno y el siguiente aparecieron trece poemas suyos en The Fugitive.

Laura Riding.

Como es bien sabido, sin embargo, una vez divorciada en 1925 del historiador Louis R. Gottschalk (1899-1975), Laura Riding pasó a vivir con Robert Graves y su esposa Nancy Nicholson, primero en Londres y posteriormente en El Cairo, hasta su regreso a Inglaterra, que fue la etapa en que crearon ella y Graves la editorial. Por su parte, Graves contaba con la experiencia previa de la edición de la revista miscelánea The Owl, en la que había contado con la colaboración de su suegro (William Nicholson) y algunas de cuyas ilustraciones firmaba su esposa Nancy.

Sin embargo, la prehistoria de Seizin Press reside en cierto modo en un proyecto que no llegó a cuajar liderado por dos compañeros en Oxford, de fortuna en cuanto a posteridad muy diversa, el arqueólogo y escritor T.E. Lawrence (1888-1935) y el también escritor e impresor Vyvyan Richards (1886-1968), quienes proyectaron crear una editorial, pero, aun cuando apreciaba casi hasta la obsesión el diseño de libros (profundamente influenciado por la obra de William Morrison [1834-1896]), las inquietudes de Lawrence iban por otros derroteros y nunca llegó a concretarse el proyecto común.

La imprenta de Seizen Press en la Casa Robert Graves (Imagen del blog PerdidoenMallorca).

En un determinado momento, a la vista del funcionamiento del sistema editorial británico, Riding y Graves llegaron a la decisión de que era necesario crear una estructura capaz de poner en circulación de obras espiritualmente emparentadas y hacerlo en forma de libros acordes con su estética literaria; era también el modo idóneo de dar a conocer a nuevos autores. La colaboración de Vyvyan Richards fue crucial para que, finalmente, cuajaran las ediciones de Seizin Press. Riding y Graves se habían hecho con una Crown Albion de 1872 que imprimía 8 páginas en octavo a la vez (que aún puede verse en la Casa Robert Graves en Deià, Mallorca) y tipos Calson que instalaron en el domicilio de St Peter’s Square (en el barrio de Hammersmith) al que se habían trasladado en mayo de 1927. Para familiarizarse con el funcionamiento de la imprenta (similar a la de William Morris en Kelmscott Press) y el resto de tareas asociadas a la edición de libros, Riding y Graves se beneficiaron de los consejos e indicaciones que les ofreció Richards, y que ambos posteriormente reconocieron con agradecimiento. En 1927 aparecía el número 1 de Seizin Press, Love as Love, Death as Death, del que se imprimieron, manualmente, 175 copias que se distribuyeron sobre todo a través de la librería de William Bain, quien valoraba muy positivamente tanto la buena y elegante impresión de los volúmenes como el prestigio y la novedad de los autores proyectados. Ese mismo año aparecía también, en la editorial William Heinemann, el primer libro elaborado a cuatro manos por Riding y Graves, A Survey of Modernist Poetry, que Graves había proyectado originalmente con el gran poeta y editor por entonces de Faber & Faber T.S. Eliot como colaborador.

Portada de Poems 1929, de Robert Graves, en la edición londinense de Seizin.

Aún en el mismo apartamento alquilado se compusieron e imprimieron los dos números siguientes de la editorial, que aparecieron ambos en 1929 y con tiradas de 225 copias: An Acquaintance with Description, de Gertrude Stein (1874-1946), y Poems 1929, de Robert Graves. En el ínterin, en enero de 1928 Riding y Graves habían publicado en Jonathan Cape su segunda publicación conjunta, A Pamphlet Against Anthologies. En el viaje que concluiría en Deià, Riding y Graves visitaron en París a su amiga recién publicada Gertrude Stein, y una vez en la isla encomendaron el envío de la Crown Albion; poco tiempo después recibieron ya en la isla a otra figura importante en Seizin Press, el diseñador y cineasta neozelandés Len Lye (Leonard Charles Huia Lye, 1901-1980), que llegó acompañado de su esposa Jane Thompson.

Lye venía procedente de Londres, adonde había llegado en 1926 y donde había contado en su carrera con el apoyo de Riding, Graves y el narrador irlandés Georges Moore, entre otros. Para entonces, Lye aún no había iniciado su colaboración con Hours Press (1928-1931), la imprenta establecida por Nancy Cunard en Normandía, ni había ilustrado portadas de libros de sus amigos, pero sí había aparecido anunciado en el primer número de Seizin Press su exquisito libro No Trouble, que fue el primero que apareció ya en la isla, en 1930. Ese mismo año aparece en Seizin también Though Gently, de Riding, y esta etapa se cierra al año siguiente con la publicación de To Whom Else?, de Graves, y Laura and Francisca, de Riding.

Con el establecimiento de un acuerdo con la histórica editorial Constable, fundada en 1795 por Archibald Constable (1774-1827), continuada por sus hijo Thomas y su nieto Archibald, y conocida por haber sido la editora de Sir Walter Scott, de la Encyclopaedia Britannica y del Drácula de Bram Strocker (1847-1912), inició Seizin una nueva etapa cuyo primer resultado, siempre impreso a mano en Deià por Riding, fue su Progress of Stories, ya en 1935, año en que también aparecieron The Natural Need, la primera obra de creación de James Reeves (John Morris Reeves, 1909-1978), quien hasta entonces sólo había editado la colección de poesía tradicional Songs for Sixpence (1929), y el anónimo A Mistake Somewhere (atribuido a Honor Wyatt, Gordon Glover y una no identificada Molly a la que se supone que añadieron pasajes Riding y/o Graves). Honor Wyat había visitado a los editores de Seizin en Deià en 1933 con su marido Gordon, y de nuevo lo hicieron ese mismo 1935.

Cubierta de Whom Else?, obra de Lye.

Antes de que la guerra civil española les empujara a marcharse aún publicaron en Deià la novela de Riding, firmada como Madeline Vera, Convalescent Conversations (1936), la interesantísima novela de Graves Antigua Penny Puce (1936), la traducción al inglés que llevaron a cabo al alimón Riding y Graves del libro de su vecino alemán Georges Schwarz Almost Forgotten Germany (1936), The Heathen (1937), de Honor Wyatt, y la novela de Riding A Trojan Ending (1937). En cualquier caso, parece bastante evidente que la selección de títulos respondía a la voluntad de los editores de dar a conocer sobre todo la obra propia y la de sus amigos más cercanos, aunque ello no fuera obstáculo para seguir publicando en otras editoriales, y Riding publicó tanto en comerciales (Poems. A Jocking Word en 1928 y Anarchism is not enough en 1930, ambos en Jonathan Cape en 1930, The Life of the Death y Poet A Lying Word en Arthur Barker ambos en 1933, etc.), como en imprentas privadas (Twenty Poems Less y Four Unposted Letters to Catherine en las ya mencionadas Hours, en 1933 ambos).

Al margen de los libros, y también en asociación con Constable, de la vieja Crown Albion salieron tres números de una revista de periodicidad más o menos anual (otoño de 1935, verano de 1936 y primavera de 1937) titulada Epilogue y subtitulada A Critical Summary en la que Riding figuraba como editora y Graves como editor asociado, y que en la publicidad que insertaron en algunas revistas (en la New Verse de Geoffrey Grigson, por ejemplo) se presentaba con el «propósito de insertar las corrientes críticas modernas en una visión de la vida y un pensamiento coherente» y en el Prelimiar del primer número ya hacía una declaración de intenciones: «Un examen crítico, sea cual sea el tema, debe empezar por lo que tiene de más confuso, y emprenderse con el objetivo más simple posible». No es de extrañar que entre los temas abordados se cuenten desde la publicidad o la fotografía hasta el concepto de realidad, la tauromaquia, la fama, la dramaturgia o la ficción detectivesca. En sus páginas pueden encontrarse firmas poco sorprendentes a estas alturas, además de, por supuesto, las de Riding y Graves: James Reeves, Len Lye, etc.

El cuarto volumen de Epilogue, casi un colofón,  resulta bastante singular con respecto a los otros tres, pues se trata de un monográfico dedicado a cartas de 65 corresponsales de profesiones muy diversas en las que comentan la situación mundial, con algunas apostillas y comentarios de Riding, y que se publicó ya en Londres y en asociación con Chatto & Windus en 1938. Todo induce a pensar que se trataba ya de una obra concebida, diseñada, compuesta e incluso impresa por Laura Riding en solitario.

De izquierda a derecha: Gordon Glover (tapado por el perro Solomon), Laura Riding, Honor Wyatt, Mary Phillips, Karl Goldschmidt y Robert Graves en Deià.

Fuentes

Roger Burford Mason, «The Siezin Press of Laura Riding & Robert Graves», Dalhousie Review, vol. 68, núm. 4 (1989), pp. 402-405.

Robert Graves y Camilo José Cela durante las Conversaciones de Formentor (adviértase el distinto grado de formalidad en el vestir).

Robert Graves, Adiós a todo eso, traducción de Sergio Pitol, Barcelona, Edhasa, 1985.

Richard P. Graves, Robert Graves. Biografía, 1895-1940, traducción de Lucía Graves y Elena Lambea, Barcelona, Edhasa, 1992.

Christina Cain Whitney, «Editorial Collaboration and Control: Laura Riding and the Seizin Press Years», Electronic Theses and Dissertations, 703 (2003).

Jean Moorcroft Wilson, Robert Graves: From Great War Poet to Good-Bye to all that (1895-1929), Londres, Bloomsbury Publishing, 2018.

Candida Ridler, «Len Lye, Robert Graves and Laura Riding: Designing Books for the Seizin and Hours Press», en Dunstand Ward, ed., The Art of Collaboration: Essays on Robert Graves and his Contemporaries, Universitat de les Illes Balears, pp. 93-116.

 

Manuel Altolaguirre, última aventura editorial

Cuando a mediados de marzo de 1943 el exiliado republicano español Manuel Altolaguirre (1905-1959), gracias a la ayuda del poeta y ensayista Ángel Augier (1910-2010), llegó a México procedente de La Habana, gozaba ya del aprecio de los connaisseurs en el ámbito de la tipografía y la impresión, quizá más por su buen gusto que por su destreza, pero en cualquier caso, desde los tiempos de la mítica Imprenta Sur hasta su etapa más recientemente al frente de La Verónica en Cuba, era muy bien conocido como editor e impresor.

No es de extrañar por tanto que una de las primeras cosas que hiciera fuese incorporarse al equipo que se puso al frente de la dirección de la tercera época de la legendaria revista de poesía, pintura y música Litoral, con José Moreno Villa (1887-1955), Emilio Prados (1899-1962), Francisco Giner de los Ríos (1917-1995) y Juan Rejano (1903-1976). Sin embargo, es sintomático que cuando esta publicación periódica se acercaba a su fin, tras la publicación de tan sólo tres números, Giner de los Ríos creara, con la colaboración del talentoso Joaquín Díez-Canedo Manteca (1917-1999), la colección Nueva Floresta (en la editorial Stylo de Antonio Caso), y Altolaguirre, por su parte, con el apoyo de la adinerada cubana María Luisa Gómez Mena (1907-1959) pusiera en marcha una nueva iniciativa personal, Ediciones Isla, si bien en esos mismos años se está introduciendo ya en el mundo del cine en la productora Posa-Films.

Desde el principio tuvo Isla problemas administrativos, si bien disponía de un taller espacioso y moderno, de imprenta propia (Manuel Altolaguirre Impresor), de un equipo de obreros tipográficos e incluso de un acuerdo con una sede en La Habana para distribuir en Cuba los libros que se publicaran.

Sin embargo, también desde el primer momento la editorial parecía disponer de un programa de publicaciones muy ambicioso y perfectamente estructurado. Al margen de algunas ediciones importantes fuera de colección, las numerosas ediciones que empiezan a imprimirse se encuadran en cuatro colecciones eminentemente literarias: Los Clásicos, El Siglo de Oro, Los Románticos y los Modernos, de lo que puede deducirse al primer vistazo la voluntad de revisar el canon de los principales autores de la literatura en lengua española, aunque la presencia de autores no peninsulares (caso del nicaragüense Rubén Darío) fue casi residual. En cambio, entre las obras publicadas fuera de colección es muy notable la presencia de escritores republicanos españoles.

En la revista El Hijo Pródigo, fundada en 1943 por iniciativa de los poetas Octavio G. Barreda (1897-1964) y Octavio Paz (1914-1998), se publica en el número 32 (del 15 de noviembre de 1945) un anuncio en que se describe Isla del siguiente modo: «En esta colección bella y originalmente presentada irán apareciendo todas y cada una de las obras más famosas del Siglo de Oro, de la edad romántica, así como de la moderna» y, además de una breve reseña de la edición de Mariana Pineda, de Federico García Lorca (1898-1936), aparece la siguiente lista de volúmenes publicados:

Juan Ruiz de Alarcón, El tejedor de Segovia

Calderón de la Barca, La vida es sueño

Miguel de Cervantes, Entremeses

Tirso de Molina, Don Gil de las calzas verdes

Miguel de Cervantes, El cerco de Numancia

José Zorrilla, Don Juan Tenorio

Manuel Tamayo, Locura de amor

Carlos Arniches, Las estrellas

Benito Pérez Galdós, La loca de la casa

Ricardo de la Vega, La verbena de la Paloma

José Bergamín, La niña de Dios y La niña guerrillera

Fray Luis de León, La perfecta casada

Gustavo Adolfo Bécquer, Rimas

Juan Valera, Pepita Jiménez

Garcilaso de la Vega, Poesía

Rubén Darío, Canto de vida y esperanza

Lope de Vega, Fuente Ovejuna

Duque de Rivas, Don Álvaro o la fuerza del sino

Carlos Arniches, Don Verdades

Por el mismo anuncio, puede saberse que la Librería Madrid del distrito federal ofrecía la posibilidad de obtener veinte volúmenes con un pago inicial de 7,50 dólares y cinco abonos mensuales de 10, mientras que cada volumen individual tenía un precio de 2,50. Además de los consignados, Isla publicó también, por ejemplo, el original libro y que dice mucho sobre la integración de Moreno Villa en México Navidad: villancicos, pastorelas, posadas, piñatas, antologada e ilustrada por el propio Moreno Villa, y en el que se conjugan obras del folklore español con otras de la tradición teatral mexicana (posadas piñatas), así como Lo que sabía mi loro. Una colección folklórica infantil.

Editorial Nuestro Pueblo, 1938.

Entre los autores no españoles se publica al poeta mexicano Elías Nandino (1900-1993) Espejo de mi muerte (1945), pero la presencia de exiliados republicanos es bastante más nutrida, desde el ensayo de tema literario Los designios de Dios, vistos a través de El condenado por desconfiado y otras comedias españolas (1945) de José Manuel Gallegos Rocafull (1895-1963) hasta el poemario De mar a mar, de María Enciso (María Dolores Pérez Enciso, 1908-1949), prologado por Concha Méndez. Entre ellos, y casi simultáneamente, una nueva edición de la novela que José Herrera Petere (José Herrera Pérez, 1909-1977) había publicado ya en Barcelona durante la guerra, Cumbres de Extremadura. Novela de guerrilleros (1945) o la primera novela que se publicaba del espléndido ciclo narrativo Lares y Penares de Manuel Andújar (1913-1994), Cristal herido, con prólogo de José Ramón Arana (1905-1993) y una nota de Benjamín Jarnés (1888-1949).

La aventura no duró más de un año y medio, pero después del poemario del propio Altolaguirre Nuevos poemas de las islas invitadas, con cubierta y dibujo de portada de Moreno Villa en 1946, aún tuvo un pilón en 1949 con Fin de un amor. Sin embargo, en realidad Isla había dejado de funcionar como editora en 1946 y, si bien entonces Altolaguirre se asoció con el impresor Roberto Barrié y con él publica los dos números de la revista Antología de España en el Recuerdo, ya había empezado a decantarse cada vez más por la cinematografía.

Si ya en 1947 Carlos Orellana había estrenado la película La casa de Troya, cuyo guión había adaptado Altolaguirre a partir de la novela romántica homónima del coruñés Alejandro Pérez Lugín (1870-1926), en 1950 había podido crear ya la compañía cinematográfica Producciones Isla, uno de cuyos trabajos fue Yo quiero ser tonta, adaptación de Las estrellas de Arniches (publicada en Isla), que se estrenó eso mismo año dirigida por el guipuzcoano Eduardo Ugarte (1901-1955), para quien Altolaguirre adaptó también la obra de los Álvarez Quintero Doña Clarines y le produjo El puerto de los siete vicios.

Manuel Altolaguirre.

Sin embargo, lo más probable es que fuera sobre todo el éxito internacional de Subida al cielo (Luis Buñuel), de cuyo guión Altolaguirre era coautor, lo que acabó por apartarlo por completo de las imprentas.

Fuentes:

García Chacón, Irene (2015). «Semblanza de Manuel Altolaguirre (1905- 1959)». En Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED:  http://www.cervantesvirtual.com/portales/editores_editoriales_iberoamericanos/obra/semblanza-de-manuel-altolaguirre-bolin/

Julio Neira, Manuel Altolaguirre. Impresor y editor, Consejo Social Universidad de Málaga y Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, Málaga-Madrid, 2009.

Gonzalo Santonja, Un poeta español en Cuba. Manuel Altolaguirre, Barcelona, Círculo de Lectores, 1995.

James Valender, Manuel Altolaguirre y Concha Méndez. Poetas e impresores, Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2001.

 

Ediciones Fronda, una efímera editorial de circunstancias

Las Ediciones Fronda fueron una iniciativa de corta vida encabezada por dos hombres de letras de larga y brillante trayectoria, lo cual, paradójicamente, contribuyó a que este proyecto quedara aún más sepultado en el olvido.

Vicenç Riera Llorca.

Vicenç Riera Llorca (1903-1991) se estrenó en el periodismo en la Barcelona de los años treinta (en L’Esquella de la Torratxa, El cor del poble, Justícia Social, etc.), después de haber ejercido como profesor de catalán, pero fue en su exilio en México tras la guerra civil cuando, además de iniciar una notable carrera como narrador (Tots tres surten per l´Ozama, Giovanna i altres contes, Roda de malcontents, etc.), entró como corrector de pruebas y más tarde como traductor en la imprenta que regentaba Avel·lí Artís i Balaguer (1881-1954).

El prolífico dramaturgo, periodista e impresor-editor Artís i Balaguer tenía ya una muy larga trayectoria cuando llegó a México, y es lógico que una de las primeras tareas que se le encomendaran al llegar a América fuera la dirección de un periódico en Saltillo, que sin embargo nunca llegó a publicarse. Así, a mediados de 1940 decide trasladarse al Distrito Federal, donde su primer empleo es como cajista en la imprenta de la escritora y pionera periodista feminista Emilia Enriquez de Rivera (1881-1963), que hacía ya muchos años que había fundado y dirigía la longeva revista El Hogar (1913-1942), y con quien se asoció para crear A. Artís Impresor (en la calle Durango, 290), en la que, como señala Teresa Férriz:

 …dio trabajo a muchos operarios refugiados, un buen número de ellos de origen catalán: Marià Martínez Cuenca, prensista; Joan Margelí, linotipista; Joan Falcó, minervista; Miquel Fustagures, cajista; Lluís Branzuela, administrador; Elvira Tella i Lucrècia Ivan, encuadernadoras; Bartomeu Rosique y Lois –antiguo cónsul de España en Lyon–, cajista, Pere Matalonga y, más tarde, Vicenç Riera Llorca, corrector de pruebas, etc.

Avel·lí Artís i Balaguer.

Añade Férriz que el primer encargado del taller fue Marian Roca (1886-1976), «quien había aprendido el oficio antes de la guerra, en su antiguo taller de Reus» y había llegado a presidir el sindicato Societat Tipogràfica, y a quien sustituyó el tipógrafo madrileño José Castillo tras un episodio bastante asombroso que Riera Llorca reconstruyó en su libro Els exiliats catalans a Mèxic. Al parecer, al mencionado cajista Rosique, que aspiraba a dirigir el taller, le sentó muy mal la entrada del ugetista Castillo para ocupar ese puesto y tuvo con él un agrio enfrentamiento en el Sindicato de Artes Gràficas, y unos días después el jefe de taller apareció muerto mientras de dirigía a su puesto de trabajo. Tras las preceptivas investigaciones, que incluyeron interrogatorios a Artís y a Rosique, en palabras de Riera Llorca:

Nunca se aclaró oficialmente el caso, pero enseguida se supo que los instigadores –no los asesinos materiales, pero sí quienes habían dado la orden de asesinar a Castillo- eran los dirigentes del Sindicato de Artes Gráficas […] En el fondo de la cuestión había el asunto de unas máquinas de imprenta, un asunto sórdido y miserable.

Logo de Ediciones Fronda.

La asociación entre Artís i Balaguer y Enriquez de Rivera no duró mucho tiempo, entre otras cosas porque la salida de la periodista de El Hogar fue tormentosa y la abocó a una serie de problemas económicos que coincidieron con la intensificación de sus labores como activista del feminismo. Para entonces había entrado ya como cajista Vicenç Riera Llorca, que sustituyó como corrector de pruebas al periodista y escritor Pere Matalonga (1907-1947), cuando éste, que en 1941 había fundado con el poeta Josep Carner (1884-1970) la revista Full Català, entró a trabajar como corrector en la UTEHA (Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana) del gallego José González Porto.

Artís i Balaguer y buena parte de su equipo (Roca, Riera Llorca, Joan B.Climent) pasaron entonces a las Ediciones Minerva, fundadas en 1940 por los también exiliados Miquel Àngel Marín, el librepensador y marido de la escritora Silvia Mistral Ricard Mestre Ventura (Ricarditu) (1906-1997) y el médico y político Ramon Pla Armengol (1880-1956).

Por el camino, Artís i Balaguer había creado la Impresora Insurgentes, donde se prepararon los volúmenes que las Edicions Catalonia hacían para el Comité de Propaganda Interaliado, muchos de los cuales traducía Riera Llorca, y  a finales de 1942 o principios de 1943 se asocian y, si bien no la registran oficialmente, ponen en marcha una editorial con el propósito inicial de publicar libros sobre la guerra en curso.

Empezamos con Una francesa en la tormenta, de Madeleine Gex Le Verrier –ha contado Riera Llorca–, que traduje yo y otro libro que tradujo el matrimonio Joan Sales-Núria Folch. Artís pagó la traducción a los Sales pero como yo era socio de la editorial no vi ni un peso por mi trabajo.

No he sabido hallar constancia de cuál era el libro traducido por Sales y Folch –que  tal vez no llegó a publicarse en estas Ediciones Fronda o, cómo apunta Lluís Agustí en su tesis, quizá se ocultaron tras un seudónimo– , pero sí en cambio aparecieron otros libros de escasa relevancia literaria, sin indicación del año de publicación, bastante apartados de los propósitos iniciales y firmados todos ellos por traductores sospechosos: Amor que todo lo vence, de Jean de La Brète, en versión de Florencio González (que no puede ser el escritor argentino homónimo que vivió entre 1818 y 1839); La boda de Gerardo, de André Theuriet, en traducción firmada también por Florencio González; Diario de Nesta: la muchacha que se declaró, de Berta Ruck, en traducción de Enrique de Cisneros (que por las fechas en que vivió tampoco puede ser el dramaturgo y senador español: 1826-1898), y  Noviazgo de prueba, de Henry Bordeaux, en versión de un ilocalizado Rodrigo Fernández de la Vega (aun cuando Bordeaux había sido profusamente traducido en Barcelona en los años veinte y treinta).

Lluís Agustí apunta también la posibilidad de que haya incluso algunos títulos de Ediciones Fronda por localizar, pues se distinguen dos colecciones, Ahora (en la que al parecer solo se publicó Una francesa en la tormenta) y La Novela Blanca, numerada, en la que se encajan Amor que todo lo vence (núm. 1), La boda de Gerardo (núm. 2), Noviazgo de prueba (núm. 5) y Mi prima Antonieta (núm. 6), por lo que faltarían los números 3 y 4, si es que llegaron a publicarse. Si no llegaron a publicarse, podría conjeturarse acerca del salto en la numeración.

Más importancia tiene Misterio de Quanaxhuata, de Josep Carner, que levantó entre la comunidad catalana en el exilio cierto revuelo –y la amarga crítica de escritores como Lluís Ferran de Pol, que tituló su reseña en Quaderns de l´Exili «Contra la obra de Josep Carner el Misterio de Quanaxhuata»– porque era la primera obra en español de uno de los grandes poetas catalanes, de la que la versión catalana, con el título El ben cofat i l´altre, no aparecería hasta 1951 (en la etapa de la editorial Proa en Perpinyà, después de haberla rechazado la Selecta de Josep M. Cruzet).

Los dos últimos libros publicados en las Ediciones Fronda aparecieron bastantes años después, la mencionada Mi prima Antonieta (1947), de Mario Uchard, en versión de una incógnita María Luisa del Olmo, y la obra del sindicalista anarquista Pere Foix (1893-1978) Cárdenas, su actuación, su país (1947), del que luego se hicieron varias ediciones en la editorial Trillas.

En cualquier caso, la relación entre Riera Llorca y Artís i Balagué en México fue muy estrecha y tuvo continuidad luega en proyectos como la editorial Colecció Catalonia (iniciada en 1944 y reconvertida en 1946 en Edicions Catalònia), donde Riera Llorca vio publicada su Tots tres surten per l’Ozama (1946); compartiendo vocalía en la Unió de Periodistes de Catalunya o en la Nostra Revista, fundada en 1946 y dirigida por Artís i Balaguer y en la que Riera Llorca actuó como secretario hasta que la abandonó por discrepancias sobre política internacional con Artís, lo que le dio pie a iniciar por su cuenta y riesgo una de las mejores revistas del exilio catalán en México, Pont Blau (1952-1963).

Fuentes:

Lluís Agustí, L’edició espanyola a l’exili de Mèxic: 1936-1956. Inventari i propostes de significat, tesis doctoral presentada en la Facultat de Biblioteconomia i Documentació de la Universitat de Barcelona en julio de 2018. Agradezco al autor que me facilitara copia de las páginas en que reúne la información sobre esta editorial, así como los datos adicionales que me proporcionó.

Manuel Aznar y José Ramón López García, eds., Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, 4 vols., Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio (Anejos 30), 2016.

Óscar Fernández Poza, Avel·lí Artís i Balaguer (1881-1954), comediógrafo e impresor-editor. Entre la plenitud del cambio de siglos y el exilio, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2016.

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Jalisco, El Colegio de Jalisco, 1998.

Marcela Lucci, «Semblanza de Vicenç Riera Llorca (Barcelona, 1903- Barcelona, 1991)», en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED, 2017.

Tea Lautrec y el grafismo psiscodélico

Mediada la década de 1960, empezó a gestarse en el ámbito de las artes gráficas una cierta agitación que acabaría por concretarse en el diseño psicodélico, con representantes muy exitosos e importantes en Gran Bretaña, como es el caso del equipo Hypgnosis (formado inicialmente por Storm Thorgeson y Aubrey Powell, que en 1968 se daba a conocer con la carátula del disco de Pink Floyd A saucerful of secrets), Karl Feris (a quien se tiene por creador de la «fotografía psicodélica» y diseñador de las mejores carátulas para Jimi Hendrix) o  Roger Dean (colaborador habitual de Yes y diseñador de su logo, y del de Virgin), pero sin duda el movimiento tuvo su epicentro en Estados Unidos, más en concreto en San Francisco y muy específicamente en el carismático distrito de Haight Ashbury, cuna del hipismo y donde tuvieron su base desde bandas como Grateful Dead, los Big Brother and the Holding Company de Janis Joplin o los Jefferson Airplane, hasta negocios dedicados más o menos abiertamente a las drogas como Ron and Jay Telin´s Psychedelic Shop o The Blue Unicorn, pasando por agrupaciones tan singulares como la compañía de activismo teatral anarquista Diggers de Emmet Grogan y Peter Coyote.

Carátula de A Sarcerful of Secrets, de Hypgnosis.

Tal vez sólo en un lugar y un momento como ese podían surgir una serie de ilustradores y diseñadores que a partir de la experimentación dieran un vuelco a la imagen sobre todo de los diseños vinculados con la música, pero también, por contagio, a las cubiertas de libros (en particular en ámbitos como la ciencia ficción), y que llegarían a ser conocidos como los Big Five: el californiano Rick Griffin (1944-1991), el dibujante de Maine Alton Kelley (1940-2008), el estadounidense nacido en Oleiros (Galicia) Victor Moscoso (n. 1936), que en 1959 se había trasladado de Nueva York a San Francisco, y los también californianos Stanley Mouse (Stanley Miller, n. 1940), formado sin embargo en Detroit, y Wes Wilson (Robert Wesley, n. 1937), que en 1969 crearían en Petaluma una agencia de distribución, Berkeley Bonaparte.

Casi simultáneamente, en 1966 Rick Griffin (que en 1961 se había estrenado con la serie  «Murphy»para la revista de cómics Surfin), exponía por primera vez su obra inspirada en las culturas nativoamericanas en el festival psicodélico de Jook Savage, Moscoso sorprendía con el empleo de collages y colores fosforescentes en los pósters para la compañía  Family Dog y Wes Wilson creaba la muy conocida fuente psychedelic que hace que parezca que las letras se «mueven» y se «mezclan».

Fuente creada por Wes Wilson.

Los prerrafaelitas, el art nouveau y el simbolismo (Klimt, Moreau, Rédon), el surrealismo y las culturas indígenas americanas son sólo algunas de las influencias más evidentes del diseño psicodélico, con su interés por llenar el espacio, la idea de movimiento, la recreación onírica, los diseños llamativos y el objetivo de alterar la percepción habitual y rutinaria de las imágenes, invitando al espectador a ensimismarse en la lectura para poder descodificiar el mensaje. En este último sentido, son también palmarias las relaciones con el Op art y su interés por las ilusiones ópticas.

Póster de Wes Wilson característico de su empleo de la tipografía y su disposición.

Vinculados muchos de los Big Five a fanzines y publicaciones periódicas underground, todos ellos lograron captar la atención a través de la difusión de su obra mediante pósters, en cuyo éxito también tuvieron mucho que ver tanto algunos empresarios artísticos (y particularmente el promotor Bill Graham, mánager de la San Francisco Mime Troupe) como algunas empresas de artes gráficas legendarias, como Cal Litho, Bindweed Press, West Coast Litho y Tea Lautrec Litho.

Ilustración de Moscoso para el cómic para adultos Zap.

Bindweed, por ejemplo, ya desde 1962 había publicado, además de pósters, libros a algunos artistas singulares como George Hitchcock (1850-1913) (Poems and prints, 1962, y Tactics of survival and other poems, 1964) o el cineasta y escritor John William Corrington  (1932-1988) (Mr. Clean and other poems, 1964), guionista más adelante del peculiar film Boxcar Bertha (1972), de Martin Scorsesse, y de algunas series televisivas célebres, como es el caso de Hospital General (desde 1963).

Póster de Stanley Mouse publicado por Bindweed en 1966 anunciando un concierto de Joan Baez, Mimi Farina, Grateful Dead y Quicksilver Messenger Service, entre otros. Litografía a color.

Tea Lautrec la creó el maestro impresor Levon Mosgofian (1913-1994), que se había iniciado en 1925 en Los Ángeles, pero como consecuencia del crack de 1929 se desplazó a San Francisco y trabajó allí primero en la administración y posteriormente en Neal, Statford & Kerr, una imprenta conocida por su calidad en la impresión pero que hasta entonces desdeñaba la litografía. Mosgofian se ocupó de cambiar esta situación, y vio abrirse una puerta cuando a través de su compañero de trabajo Joseph Butchwald (1917-2012), cuyo hijo Marty Balin acababa de fundar el grupo de rock Jefferson Airplane, entró en contacto con el ya mencionado Bill Graham, que le proveyó de tal cantidad de trabajo que decidió crear una sección específica dedicada a pósters de rock. La presencia de melenudos no siempre bien aseados creaba ciertas dificultades a la empresa, así que no tardó en crearse aparte una «Toulouse Lautrec Posters, a división of Neal, Statford & Kerr», que cuando a finales de 1967 la empresa matriz cerró se abrevió a Tea Lautrec (es muy dudoso que sea casualidad que tea sea uno de los términos con los que se designaba la marihuana).

Póster de Wes Wilson para un concierto en el Fillmore de la Paul Bitterfield Blues Band y The Quicksilver Messenger Service.

Bill Graham fue el puente entre una serie de artistas experimentales y Mosgofian, sobre todo a través de los encargos para los famosos conciertos en el Fillmore Auditorium desde el momento que se asoció con Chet Helms and Family Dogs, cuya primera sesentena de pósters diseñó Wes Wilson. La intensa actividad musical desarrollada durante esos años en San Francisco por estos promotores, que gestionaban también el Avalon Ballroom y Winterland, hizo que las jornadas en Tea Lautrec, siempre con prisas, generaran más de doscientos pósters de grupos representativos del momento, como Jefferson Airplane, The Sparrow (luego rebautizados Steppenwolf), Grateful Dead, y ya en los setenta grupos británicos como los Stones, Pink Floyd o Paul McCartney. Y no sólo se distinguían cada uno de ellos por los diseños, también el papel marca diferencias y los destinados al Avalon, por ejemplo, en los primeros años se imprimían sobre papel vitela, que resulta más caro y absorbe más tinta pero permite, al ser liso y sin grano, una reproducción más detallada de las líneas finas. Rick Griffin empezó diseñando los pósters anunciando las actuaciones en el Avalon de los Charlatans, considerados a menudo la primera banda de acid rock.

Póster de Griffin para un concierto de Jimi Hendrix y John Mayall.

Como continuidad a este trabajo, sin dejar de colaborar con la prensa underground, varios de los Big Five ampliaron su trabajo al diseño de carátulas de discos, y Moscoso tiene una notable producción en este campo para Steve Miller (Children of the future, 1968), Colours (Atmosphere, 1969), Manfred Mann (The Mighty Quinn, 1968), Steve Cooper (With a Little help of my friends, 1969) o incluso para un músico inesperado en este contexto como es el jazzman Herbie Hancock (Head hunters, 1973).

Cubierta de Aoxomoxoa, de Grateful Dead, a partir de un póster de Griffin.

Pese a que Griffin ilustraba con regularidad para el San Francisco Oracle, entre cuyos colaboradores se encontraba la plana mayor de la beat generation y algunos adláteres (William Burroughs, Gary Snyder, Allen Ginsberg, Alan Watts, etc.), fueron los diseñadores británicos quienes mayor relación establecieron con la industria editora de libros, y en particular en el ya mencionado caso de Hypgnosis, que además de diseñar algunas de las cubiertas más recordadas de Pink Floyd hicieron trabajos también para algunos libros importantes (como, por ejemplo, la primera edición de la novela cómica de ciencia ficción La guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams, en 1979).

Una de las dos Miehle 292 para imprimir a color de que disponía Tea Lautrec.

Fuentes:

Web del Fine Arts Museum de San Francsico.

Alex Bigman, «Tripping out: the history of psychedelic design», 99 Designs, 2015.

Póster creado a cuatro manos por Griffin y Moscoso para una serie de conciertos de la Jimi Hendrix Experience, Buddy Miles Express y Dino Valenti (cantante conocido también como Chet Powers como cantante de Quicksilver Messenger Service).

Robert John Dickins, The birth of psychedelic literature. Drug writing and the rise of LSD therapy, 1954-1964, tesis de master en Filosofía en la Universidad de Exeter, septiembre de 2012.

Mario Maffi, La cultura undergroud. Vol II: La producción artística underground, traducción de Joaquín Jordá, Barcelona, Anagrama (Ediciones de Bolsillo. Opinión e Informe 417), 1975.

Ben Marks, «Was Levon Mosgofian of Tea Lautrec Litho the most psychedelic printer in rock», Collectors Weekly, 22 de septiembre de 2014.

Sarah Shelburn, «Psychedelic Concert Posters», Swan, 12 de mayo de 2017.

Tomás Herreros Miquel, pionero del libro obrero

En Leer en rojo. Auge y caída del libro obrero (1917-1931), Alejandro Civantos Urrutia pone orden a un enorme caudal de información sobre la edición underground anarquista de principios de siglo en España, en la que entre otras cosas identifica los antecedentes de algunas innovaciones en cuanto a distribución, política de precios o diseño gráfico (que luego se generalizarían en la seguramente mal llamada «edición de avanzada»), pero, entre otros valores, su libro tiene además el mérito de rescatar y reconstruir la trayectoria de personalidades más influyentes que conocidas, como es el caso del librero, tipógrafo y editor Tomás Herreros Miquel (1877-1937).

No es fácil establecer la cronología de sus primeros pasos, y en particular el momento en que empezó a regir uno de los pequeños quioscos de ventas de libros establecidos en la Rambla de Santa Mònica, muy cerca del cuartel de Ataranzas barcelonesas ante el que el 19 de julio de 1936 moriría su amigo Francisco Ascaso (1901-1936). Aun así, todo parece indicar que su despegue profesional en Barcelona en el ámbito del papel impreso (salvo por la publicación de algún que otro texto) la inició como tipógrafo hacia 1908 en El Progreso, órgano del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, donde coincidió con anarquistas muy conocidos como Josep Negre i Oliveres (1875-1939) y Adolfo Bueso (1889-1979), pero, en cualquier caso, mayor importancia tiene la creación hacia 1910 de la Imprenta Germinal. Previamente, su compromiso político, además de numerosos problemas con la justicia, le había llevado a participar en 1910 en la fundación de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), de cuyo consejo de dirección formó parte bajo el seudónimo Timoeto Herrer, con Josep Negre como secretario general. Su actividad en este ámbito merecería una atención por sí misma.

Tomás Herreros Miquel.

Si bien hasta entonces se habían ocupado de ello la de J[osé] Ortega y la del concejal republicano Félix Costa, a partir de ese momento Germinal cobró importancia sobre todo como impresora del periódico Tierra y Libertad, que a finales de 1911 empieza también a publicar folletos y libros. Además de colaborar con cierta regularidad en el periódico, éste da también noticia de las intermitentes encarcelaciones de las que fue víctima Herreros, así como de la actividad vehemente y digna que llevo a cabo en los centros penitenciarios. Así, por ejemplo, en el número 111 (correspondiente al 15 de mayo de 1912) de Tierra y Libertad, puede leerse:

El sábado último, con motivo de la visita general de cárceles, se personó en la misma la Audiencia en pleno y al comparecer ante ella los compañeros Arnall, Negre, Salud, Herreros, Miranda, Cardenal y Coll, y manifestarles que el proceso que se les seguía era por rebelión, contestaron: «Eso no es cierto; podrá ser esa la verdad oficial, pero la verdad única es que estamos siendo víctimas de una infamia policíaca o gubernativa. […]  y creemos que este proceso es un proceso anormal y que sobre él pesa, más que el espíritu de justicia, la influencia del gobernador, que es a quien se han dirigido cuantos se han interesado por nosotros».

1915.

Pese a estas detenciones, que no fueron infrecuentes, en Germinal tuvo tiempo Tomás Herreros de ponerse al frente de la Biblioteca Tierra y Libertad, además de ocuparse de gran cantidad de libros y folletos de diversos grupos y organizaciones políticas y sindicales y, con particular acierto, de los almanaques de Tierra y Libertad.

El desarrollo de la Biblioteca llega a su punto culminante en 1917, en el que, en palabras de Civantos Urrutia a la vista del catálogo de ese año:

El conjunto de las publicaciones de Biblioteca Tierra y Libertad en 1917 es, en efecto, un buen resumen del proyecto cultural anarquista en toda su dimensión. Textos clásicos del anarquismo reeditados (Kropotkin, Malatesta); primeras ediciones de obras divulgativas, sobre higiene o salud, y libros práctico en general (como el del doctor [Fernand] Élosu); divulgación de historia, de arte o de literatura, desde una perspectiva consciente fuera esta ácrata o no (como en el volumen de [Fernand] Pelloutier); pacifismo internacional ([Pierre] Chardon), intelectuales libertarios españoles ([Ricardo] Mella); o literatura en general puesta al alcance del gran público ([Octave]Mirbeau).

1918.

No puede decirse que el proyecto no fuera ambicioso, y no contento con la ingente y a menudo exitosa Biblioteca Tierra y Libertad, publicaba Herreros, con pie de Imprenta Germinal, varios otros títulos, como la traducción llevada a cabo por Anselmo Lorenzo (1841-1914) de las Déclarations del anarquista individualista francés Georges Etiévant (1865-1900), del que previamente se habían hecho ya varias ediciones y que en este caso responde a la iniciativa de la Agrupación de Cultura Racional de Barcelona, fundada ese mismo año 1918 en Sant Cugat del Vallès, cuyo objetivo era «propagar la cultura y al efecto combatirá todos los sofismas políticos, religiosos y sociales para cooperar al perfeccionamiento moral, material e intelectual de la clase obrera». Y también en 1919 publica Herreros, de nuevo como Imprenta Germinal y con sello del Sindicato Obrero del Ramo del Transporte de Barcelona, una compilación de artículos de Josep Negre, ¿Qué es el sindicalismo? De la colaboración con Bonafulla, El Productor y Toribio Taberner con Herreros salió adelante además la colección Biblioteca Germinal.

Y a ellos pueden añadirse todavía otros títulos, a menudo conferencias, de Anselmo Lorenzo y otros personajes importantes del obrerismo del pasado reciente que eran ya puntos de referencia, así como folletos para organizaciones no sólo anarquistas. Una labor a todas luces ingente a la que Civantos Urrutia ha puesto orden en su libro y que, en lo que atañe exclusivamente a la editorial, el propio Herreros cifró en cuatro millones de copias (entre novedades y reimpresiones).

1919.

La imprenta se fue a pique después de ser víctima de varios ataques por parte del entorno tanto de la policía como del pistolerismo blanco. El 30 de marzo de 1919, al encontrarlo en su casa que era también donde estaba domiciliada la imprenta (en la Ronda Sant Pau, 36), la policía lanzó por la ventana buena parte de sus muebles. Posteriormente, el 3 de marzo de 1923 fue detenido y acusado de complicidad en un robo, aunque tuvo que ser liberado por falta de pruebas. Poco después se exilió durante un tiempo en París, pero el 14 de julio de ese mismo año volvía a estar en Barcelona, donde fue herido de gravedad, frente a su quiosco de libro viejo, en un ataque con arma blanca por parte de León Simón Sanz, del Sindicato Libre (quien más tarde sería el jefe de guardaespaldas de José María Albiñana, líder del Partido Nacionalista Español).

Tomás Herreros.

Durante la dictadura de Primo de Rivera (septiembre de 1923-enero de 1930), Tomás Herreros llevó a cabo una actividad de difusor en la Península de la revista de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) La Protesta (en la que colaboraron José Prats, Eduardo García Gilimón, Antoni Pellicer i Paraire, etc,), así como de enlace entre los anarquistas españoles y los argentinos. En tiempos de la II República, Herreros volvió de nuevo a actuar como impresor de folletos y hojas volanderas para organizaciones sindicales y políticas hasta que, al parecer, le quemaron el negocio, y empezó entonces una etapa mucho más diluida como librero de viejo en su puesto en la rambla de Santa Mónica, si bien siguió también estrechamente vinculado al movimiento ácrata. En 1933 figura como administrador de la histórica cabecera Solidaridad Obrera, y al parecer su última participación pública importante fue su intervención en el homenaje a Ascaso en septiembre de 1936. Moría el 22 de febrero del año siguiente y, en lo que quedaba de guerra, dio nombre a una calle barcelonesa (que ya nunca lo recuperó).

Puestos de venta de libros en la rambla de Santa Mónica.

Fuentes:

Manel Aisa, «Tomás Herreros Miquel» (corrección de un artículo publicado previamente en ORTO. Revista cultural de ideas ácratas, núm. 99 [enero/ febrero de 1997]), Libros Aisa, s.f.

Ateneu Llibertari Estel Negre, «Tomás Herreros i Miquel (1877-1937)».

Alejandro Civantos Urrutia, Leer en rojo. Auge y caída del libro obrero (1917-1931), Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo,  (Colección Investigación 3), 2017.

Joselito, «Tomás Herreros Miquel (Vida y obra)», Sobre la anarquía y otros temas (Vida, obra y biografías de activistas, luchadoras y luchadores anarquistas), 15 de septiembre de 2017.

Ignacio C. Soriano y Francisco Madrid, Antología documental del anarquismo español. Bibliografía del anarquismo en España, 1868-1939, Centre de Documentació Antioautoritari i Llibertari, 2016 (8ª ed.).

El taller parisino de Lluís Jou, arquitecto del libro

Parece haber un acuerdo más o menos unánime en señalar la etapa comprendida entre el fin de la primera guerra mundial y el inicio de la segunda como la más brillante de Lluís Jou (1882-1968), a quien André Suarès (1868-1948) caracterizó ya para siempre en Plaisir de Bibliophile (1925) como uno de los mejores «arquitectos de libros», buen conocedor de las tintas y papeles, excelente xilógrafo y habilidoso tipógrafo. No hay quien no le reconozca a Jou su habilidad, buen gusto y savoir faire en casi todos los procesos implicados en la creación de un libro bello.

Lluís Jou.

Para entonces, bajo la orientación inicial de Eudald Canivell y posteriormente por su cuenta y riesgo en París, Jou había atesorado ya una más que notable experiencia en las más diversas disciplinas artísticas vinculadas al libro, pero con el fin de la guerra le llegaron algunos golpes de suerte. No es el menor haberse convertido en el artífice del primer libro de gran lujo publicado en la prestigiosa Nouvelle Revue Française (Le retour de l´enfant prodigue, de André Gide, en 1919), en un momento en que Gallimard aprovechaba las nuevas condiciones del fin de la guerra para poner los cimientos de sus grandes éxitos en el siglo XX, y que puede interpretarse como un antecedente de la asombrosa colección Una oeuvre, un portrait, creada más por iniciativa del comité de lectura que del propio Gaston Gallimard (1881-1975) y cuya política y objetivos ha resumido Pierre Assouline:

Una colección de semilujo de la que cada tirada –con una media de 800 ejemplares– es casi totalmente vendida con antelación mediante suscripción a una clientela de bibliófilos. De vez en cuando se publica un libro de autor reconocido –Gide, Claudel, Rivière o Valéry–, pero lo más frecuente es que aparezcan en la colección obras de debutantes que hacen en ella sus primeras armas. Dada la especificidad de la colección –tirada, precio… – el riesgo corrido por Gallimard es limitado. Pero esta maniobra le permite publicar los primeros textos de autores jóvenes con menores gastos, así como hacerles firmar un contrato y comprometerles para futuros libros; si prometen, aparecerán en las colecciones «normales».

Autorretrato de Lluís Jou (izquierda) junto a Anatole France.

Al igual que luego muchas de las ediciones de esta colección, los quinientos ejemplares numerados de Le retour de l´enfant prodigue se imprime sobre papel de Arches, con xilografías a una tinta de Jou. Pero mayor suerte todavía para Jou fue recibir como herencia de una admiradora cien mil francos, que le permitieron poner en funcionamiento un taller propio en el número 13 de la calle du Viex Colombier, aunque las ediciones que salen en 1926 de Cartes persanes, de Montesquieu, y Petit recuil de paroles de circonstance, de Paul Valery, ambas para los Bibliophiles du Palais, así como L’île des Pingouins, de Anatole France, son anteriores a la puesta en marcha del taller. Acerca de este período comprendido entre 1925 y 1940 escribe Jordi Estruga:

La selección de los autores fue muy cuidadosa: Anatole France, Paul Valéry, La Fontaine, Montesquieu, Montaigne, entre otros. En general, todas las ediciones de esta etapa muestran un gran ingenio de planteamiento tipográfico y de recursos artísticos: dibujos, grabados, ornamentos, capitulares, viñetas, culs de lampe, colofones, etc. Las alabanzas a esta parte de su obra, procedentes de reputados intelectuales, son constantes.

Portada al boj a dos tintas de Turmell del boc en flames (1921).

Y a los nombres mencionados podrían añadirse los de Shakespeare, Baudelaire, Bocaccio, Marimée o Perrault. Sin embargo, hay dos libros con una peculiaridad un poco sorprendente: el hecho de haber sido publicados fuera de Francia: El primero, ya antes de crear taller propio, fue la cubierta xilográfica de Turmell i el boc en flames, de Joan Pérez Jorba (1878-1928), crítico literario que había recalado en París como consecuencia de su vinculación con el anarquismo y que fue muy activo como puente entre las vanguardias francesa y catalana (en particular en el caso de Miró). Por aquellas fechas Pérez Jorba había visto fracasar la revista L´Instant. Revue franco-catalane d’art et littérature (1819-1919), en la que colaboraron Josep Carner, Carles Riba y Josep M. Junoy junto a Louis Aragon, Blaise Cendrars, Philippe Soupault o Tristan Tzara y la ilustraron nombres del calibre de  Josep Obiols, Pablo Picasso o Torres-García. Turmell i el boc en flames fue impreso en en 1921 en la barcelonesa Imprenta J. Horta.

Edición facsímil del segundo número de L´Instant parisina (no confundir con la revista homónima de los años treinta).

Quizá mayor interés incluso tiene una edición de Recuerdos de provincia, de Domingo F. Sarmiento, publicado en Buenos Aires por quien acaso sea el primer editor de Julio Cortázar (si bien con el seudónimo Julio Denis), Domingo Viau (1884-1964), en colaboración con Alejandro Zona. El libro de Sarmiento es uno de los 68 que Viau y Zona publicaron en el breve período comprendido entre 1927 y 1937, concretamente en 1929, en que aparece también, por ejemplo, una edición de La gloria de Don Ramiro, de Enrique Larreta, profusamente ilustrado a dos tintas y con capitulares de Alejandro Sirio (Nicanor Balbino Álvarez Díaz, 1890-1953), con una parte de la tirada impreso sobre papel Japón nacarado y la otra parte sobre Vélin de Rives por la imprenta parisina Frazier-Soye.

En el caso de Recuerdos de provincia, Jou dibujó un retrato a color en el frontispicio, además de elementos ornamentales en xilografía (viñetas, capitulares, culs de lampe, filetes, etc.) a lo largo de sus 334 páginas. Se tiraron en este caso 255 ejemplares, treinta de ellos sobre papel Japón y el resto en Montval filigranado V-Z Bibliófilo, lo que establece el vínculo con la librería homónima creada por Viau y Zona, si bien entre 1937 y 1945 Domingo Viau publicaría diecinueve títulos con ese pie (El Bibliófilo). El libro se imprimió en los Talleres Ducros y Colas, también de París, por lo que cabe deducir que Viau los recibía en Buenos Aires completamente acabados.

Durante esos quince años que van de 1925 a 1940, Lluís Jou trabaja en su propio taller, en el que llegó a contar con siete empleados, tanto haciendo obras por encargo de clientes como la Académie des Psychologues du Goût, Bibliophiles du Palais, Les Editions d’Art Devambez, Médecins Bibliophiles o la Societé des Bibliophiles de Provence como publicando sus propias ediciones como «Les Livres de Louis Jou» y sus plaquettes como, simplemente, «Louis Jou».

A la vista del catálogo de obras de Lluís Jou, en un momento en que incluso durante la guerra civil española consigue papel suficiente de su proveedor por entonces (la barcelonesa Guarro) para llevar adelante tres robustos volúmenes de los Essais de Montaige (1934, 1935 y 1936), o llega a publicar hasta tres libros en 1938 y 1939, es muy llamativo el hiato en su producción entre 1939 y 1943. El estallido de la segunda guerra mundial, y la consecuente movilización general, hizo que se quedara sin empleados, lo que le empujó a trasladarse en marzo de 1940 a Baux en Provence, donde pasaría el resto de su vida en una relativo aislamiento, si bien dando aún algún libro extraordinario, como es el caso de su Quijote en cuatro volúmenes (1948-1950) o los tres con las obras de Rabelais (1951-1952) para el galerista Gerald Cramer (1917-1991), que en 1942 se había convertido en Ginebra en uno de los principales editores de arte.

La preparación del primero de estos dos libros, traducido por Francis de Mionandre (François Félicien Durand, 1880-1959), le llevó a viajar por los escenarios de la novela cervantina durante dos meses en busca de inspiración, aun cuando se da la casualidad de que la primera obra que compuso Lluis Jou durante su aprendizaje en la imprenta Tasso había sido un Quijote.

Fuentes:

Anónimo, «Louis Jou, le typographe inventeur», Apostilles Éditions Plein Chant.

Pierre Assouline, Gaston Gallimard. Medio siglo de edición francesa, prólogo de Rafael Conte, traducción de Anna Montero Bosch, València, Edicions Alfons el Magnànim, 1987.

Jordi Estruga, Tres arquitectes del llibre. Lluís Jou, Jaume Pla, Miquel Plana, prólogo de Manuel Ribas Piera y textos de Pilar Vélez y Josep M. Pujol, Cardona, Ziggurat Editors, 2004 (libro en rama compuesto en tipo Pradell, creado por el diseñador Andreu Bailus, e impreso en la Imprenta Aubert de San Joan de las Fonts en una tirada de 333 ejemplares numerados).

Germán García Valiñas, La edición de bibliófilo en España (1940-1965), Madrid, Ollero & Ramos, 2008.

José Ramón Penela, «Lluís Jou, arquitecto del libro», UnosTiposDuros, 1 de mayo de 2015.

Max Velarde, El editor Domingo Viu y otros escritos, Alberto Casares Editor, Buenos Aires, 1998.

La rentabilidad del pago justo: Evarist Ullastres y la imprenta La Academia

El tipógrafo Josep Llunas i Pujals (1850-1905) fue una de las figuras clave en el movimiento obrero y popular catalán en el último cuarto del siglo XIX, pero entre sus méritos se encuentra además la creación del pionero semanario anarquista La Tramontana (1881-1896), en cuyo número 277 (correspondiente al 8 de octubre de 1886) publicó Llunas una «Necrologia» dedicada a otro de los fundadores de esta publicación, el bisbalense Evarist Ullastres i Dillet, en la que ofrece información muy valiosa acerca del talante de ese impresor y editor con fama de ser en su tiempo el que mejor trataba a sus empleados en la imprenta La Academia.

Josep Llunas.

El origen remoto de La Academia se encuentra en una publicación periódica ilustrada homónima que dirigían en Madrid Francesc M. Turbino y Juan de Dios de la Rada y Delgado, pero cuyo propietario era Pere Comas i Figueras. Hacia 1877 Ullastres se casó con una hermana de Comas, e invirtió la dote en poner una imprenta en Barcelona, con el acuerdo por parte de su nuevo cuñado de trasladar la revista a la capital catalana (donde se imprimió a partir del tercer número), y esto conllevó una participación mayor de xilógrafos catalanes en la revista, entre los que se contaron el famoso Celestí Sadurní i Deop (1830-1896), recién llegado de París, así como Enric Gómez y el dibujante Frabcisco García Vilamala, entre muchos otros.

Se desconocen los motivos por los cuales en 1879 Comas decidió cerrar la revista, pero la imprenta de Ullastres, que había tomado el mismo nombre, tuvo una gloriosa continuidad. E incluso la revista La Academia tuvo una cierto modo de vida posterior: al quedarse sin empleo, su administrador en Barcelona, Carles Sampons, compró todos los grabados y, con la ayuda desinteresada de un nutrido grupo de colaboradores (Ramon E. Bassegoda, Jacint Laporta, Josep Franquesa i Gomis) y el apoyo del célebre tipógrafo y dibujante Eudald Canivell (1858-1928) la reconvirtió en la rompedora La Ilustració catalana  (1880-1894). Y, además, Sampons no tardó en convertirse en socio de Ullastres, en cuyos talleres se imprimía esta revista.

Eudald Canibell (o Canivell).

Desde el primer momento, La Academia, que llegó a dar trabajo a sesenta obreros, contó con profesionales de primer nivel. Un año después de su apertura, contaba ya con 19 oficiales cajistas, 4 aprendices de cajista, 2 maquinistas, 3 marcadores de máquina y 5 aprendices de máquina. Desde 1879, fue su gerente el dibujante, tipógrafo y pintor anarquista Rafael Farga i Pellicer (1844-1890), conocido también por el seudónimo Justo Pastor de Pellico, quien ese mismo año creaba con Canivell la Sociedad Tipográfica de Barcelona, y  en la década siguiente publicaría con pie editorial de La Academia sus Prolegómenos de la composición tipográfica. A él se atribuye la introducción de tiradas con combinación de tintas. Otro empleado célebre, si bien debe su fama más a su actividad política y sindical, es Anselmo Lorenzo (1841-1914), pero en otros casos los empleados de La Academia harían su contribución propia a la industria impresora catalana. Jaume Torrents Ros, por ejemplo, creó tras el cierre de La Academia una modesta imprenta donde se imprimieron los dos únicos números del periódico de Emili Hugas El Ariete Anarquista (1896), pero poco después fue uno de los cuatrocientos encausados (como Lorenzo y Llunas y Pujals) en los tristemente famosos procesos de Montjuic. Apenas un año antes, el tipógrafo Cayetano Oller i Miguella (que como consecuencia de los mismos procesos en 1879 sería desterrado a Liverpool) se había establecido también por su cuenta e impulsado la creación de la revista Ciencia Social. Sociología, artes y letras, que dirigía Lorenzo y que contó entre sus colaboradores al pionero del anarquismo José Prat (1867-1932). Una vez cerrada ya La Academia, tres aprendices en ella le rindieron en cierto modo tributo al crear la Tipografía La Académica de Serra Hermanos y [Joan] Russell.

Anselmo Lorenzo.

Como quizá se haya ido advirtiendo ya, en La Academia, cuyos talleres se convirtieron además en punto de reunión, fue convergiendo lo que sería el núcleo barcelonés del bakunismo y del anarquismo en general catalán en las décadas finales del siglo XIX, que quedó muy seriamente descabezado como consecuencia de los mencionados procesos de Montjuic. Sin embargo, antes de que se llegara a este extremo tuvieron tiempo —por lo que atañe estrictamente al ámbito de las artes gráficas— de fundar en agosto de 1879 la Sociedad Tipográfica de Barcelona de Socorros Mutuos por Cuestiones de Trabajo y Enfermedad, embrión de la Societat Tipográfica, cuyo Boletín (1880-1883) se imprimía en La Academia, al igual que sucedió en 1883 cuando se creó La Asociación (1883-1889), portavoz de la recién creada Federación Nacional de Tipógrafos.

Láminas interiores de Dermatología quirúrgica (1880), de Joan Giné i Partagas, con pie del Establecimiento Tipográfico La Academia de Evaristo Ullastre.

Además de la ya mencionada La Tramontana, entre las más famosas cabeceras que se imprimieron en los talleres de La Academia se cuentan por ejemplo, la revista del republicano catalanista Valentí Almirall L´avens desde 1881, el semanario en el que colaboraba Canivell L´escut de Catalunya (1879-1880), el periódico  El Federalista de Josep Maria i Vallès i Ribot (1849-1911), órgano del Consejo Federal del que formaba parte Ullastres,  el semanario Acracia (1886-1888) que dirigían Lorenzo, Farga Pellicer y el escritor cubano Fernando Tarrida del Mármol (1861-1915) o la primera etapa del periódico y luego semanario El Productor (1889-1893) que dirigía Lorenzo y en el que confluían las firmas de Pellicer, Joan Baptista Esteve, Tarrida el Marmol, Eliseo Reclús (Jacques Élisée Reclus, 1830-1905), y Federico Urales (Joan Montseny i Claret, 1864-1942) entre otros.

Revista frenopática barcelonesa, también impresa en La Academia.

En su vertiente como editorial, La Academia se ocupó de algunos libros imponentes, como son por ejemplo los dos volúmenes de Pi y Margall y la política contemporánea (1886), de Enrique Vera y González (1861-1916), en los que figura el pie Evaristo Ullastres Editor, y en los que se abogaba, en palabras de Culla y Duarte, por un «proyecto de Constitución del Estado catalán, muy avanzado social y políticamente, que afirmaba la completa soberanía catalana». Álvaro Girón Sierra ha enjuiciado globalmente esta labor en los siguientes términos:

Las publicaciones de La Academia no sólo son imprescindibles para entender el desarrollo del movimiento obrero catalán de la época (y buena parte del catalanismo de izquierdas). Son igualmente relevantes para dar cuenta del desarrollo incipiente de una lectura peculiar —¿podríamos decir que propiamente anarquista?— del darwinismo en España, y ello es algo que quizás tenga que ver con el acceso privilegiado que tenían los tipógrafos a la cultura científica.

Dibujo firmado por Farga i Pellicer del congreso de la AIT en Basilea (1869).

Cuando en 1886 murió Ullastres, pasó a hacerse cargo de la editorial, como era lógico suponer, Farga i Pellicer, pero la continuidad de la empresa cuando este también falleció ya se hizo imposible. Decía acerca del talante de Ullastres Farga i Pellicer en el texto necrológico mencionado al principio:

A pesar de que Evaristo Ullastres era amo de una de los más importantes establecimientos industriales y mercantiles de Barcelona y a pesar de que las modernas aspiraciones sociales del cuarto estado hacen que el capital y el trabajo, es decir el obrero y el industrial capitalista, estén siempre como el perro y el gato como consecuencia de los irreconciliables que son sus respectivos intereses, él había logrado por rara excepción y como resultado de su carácter y sus ideas que en su casa todos los trabajadores lo consideraran no como en casa de un amo, sino de un verdadero amigo, hasta allí adonde puede llegar la siempre defectuosa perfección humana.

En su establecimiento tipográfico La Academia siempre se ha trabajado menos horas que en las demás imprentas de Barcelona y se han pagado mejor los jornales. Esto ha hecho que ese establecimiento no pudiera competir en baratura con aquellos otros que esclavizaban en exceso a sus operarios, pero se ha compensado sobradamente de esta deficiencia conquistándose el primer lugar entre las tipografías de buen gusto, originalidad y verdadera intuición artística de Barcelona, cualidades debidas sin duda a ser escaso en la retribución del trabajo de los buenos artistas que en general pueblan sus talleres.

Aunque no son muchos los datos biográficos que conocemos sobre Ullastres, los testimonios de sus empleados, en esta y otras necrológicas, son bastante ilustrativas de su peculiar carácter.

Fuentes:

Joan B. Culla y Ángel Duarte, La Premsa republicana,  Barcelona, Col·legi de Periodistes, 1990.

Álvaro Girón Sierra, «Evolucionismo, política y disidencia religiosa en la Barcelona de fines del xix: El círculo de La Luz», en Luis Calvo, Álvaro Girón y Miguel Ángel Puig-Samper, eds., Naturaleza y laboratorio, Barcelona, Residència d’Investigadors-CSIC-Generalitat de Catalunya, 2013, pp. 205-230.

Manuel Llanas, con la colaboración de Montse Ayats, L’edició a Catalunya: el segle XIX, Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2004.

Josep Llunas, «Necrologia», La Tramontana, núm. 277 (8 de octubre de 1886), pp. 1-2.

Marcelo Taló Martí, La Academia, «Más que una imprenta: el taller tipográfico La Academis (1878-1892) y la cultura republicana», Espacio, tiempo y forma, núm. 28 (2016), pp. 117-138.

Paco Zugasti, La clase obrera hace historia. Raíces históricas (1840-1910), Salamanca, Fundación Emmanuel Mounier-SOLITEC-IMDESOC-Instituto Social Obrero (Colección Sinergia-Serie Roja), 2008.

Dos conflictos laborales en la Imprenta de Luis Tasso

Cuando al inicio de la guerra civil española, el Sindicato de Artes Gráficas de la CNT expropió la que había sido una de las imprentas más importantes y técnicamente más avanzadas del momento, la Tasso, apareció enseguida en las páginas de Solidaridad Obrera un extenso reportaje titulado «Historia de un despido en masa. El espíritu constructivo de la CNT», que en apariencia debía servir como justificación o cuanto menos de explicación de esa expropiación, y ya en sus primeros párrafos anunciaba por dónde iban los tiros:

Muerto [Luis] Tasso, débil su anciana viuda, el clásico yerno se había instaurado amo y señor. Curioso tipo. Balzac lo hubiera inmortalizado, si se puede inmortalizar la estupidez humana. No conocía «su» industria, no conocía la literatura, no tenía la menor idea de las artes del libro, ni del libro, ni apenas del alfabeto… ¡pero era un gran señor! ¡Con qué destreza montaba a caballo! […] Pero como no era más que todo un señor, la industria se le moría en las manos sin que él lo pudiera remediar. En los últimos tiempos, como quien da coces contra el aguijón, el yerno se afanaba trabajosamente en descubrir la enfermedad de «su» industria.

Luis Tasso i Gonyalons.

El yerno aludido es Alfons Vilardell Portuondo, quien a la larga acabaría por hacer un negocio redondo con la venta del edificio y la maquinaria en él acumulada durante la guerra, pero la empresa venía de una larga trayectoria. La inició Lluis Tasso i Gonyalons (1817-1880), nacido en Mahón y trasladado a Barcelona en 1835, quien tras formarse en la imprenta de Pedro Antonio Serra, y casarse con la hija del patrón, fue afianzándose primero como impresor y más tarde como impresor y editor, y de quien sabemos que ya en enero de 1861 disponía de cuatro imprentas mecánicas (concretamente de la marca Koënig), de las veinticuatro que había en Cataluña. En 1877, enfermo el fundador, se hizo cargo de la gerencia su hijo Luis Tasso i Serra (¿?-1906), quien pone al día la empresa en  el aspecto técnico y, entre otras innovaciones, añade una sección de fotograbado a color y crea diversas publicaciones periódicas (entre las cuales la revista ilustrada La Ilustración, cuya dirección cedió en 1890 a su hermano Torcuato, conocido sobre todo como traductor [entre otros, valga la paradoja, de Balzac]).  Muerto Tasso i Serra, la empresa pasó a manos de su esposa, Elena Matamala, con el nombre Viuda de Lluís Tasso, quien puso al cargo de la empresa al marido de su hija Magdalena, Alfons Vilardell.

Imagen de los talleres de composición.

De Vilardell, con la contribución de uno de los descendientes de la saga, nos ha dejado un perfilado retrato Romà Arranz en su excelente tesis:

Con él se inicia una etapa de crisis que llevará a la desaparición del establecimiento. Parece que su implicación en el negocio familiar no era muy intensa y que tanto la viuda como su esposa le dejaban absoluta libertad de actuación.

Había sido empleado de la casa. Su carrera política le alejaba de la mayoría de los trabajadores tipógrafos –de tendencia anarquista– por el hecho de ser un hombre de derechas, ultraconservador. Su actitud –según me explica Joan Tasso– era la de un comodón. De hecho, su imprenta dejaba mucho que desear.

En cuanto a la actividad económica, parece ser que sus inversiones no se dirigían hacia ningún otro lado que a los locales nocturnos. La belle époque y los felices veinte debieron de hacer el resto.

Eudald Canivell.

Lo cierto es que a lo largo de su historia la empresa ya había tenido que enfrentarse a momentos de conflictos con los empleados, y en particular lo que el propio Arranz, tomando el término de la prensa de la época, define como el «caso Tasso» y cuya primera aparición en prensa sitúa en el Boletín de la Sociedad Tipográfica a finales de 1881. Y es significativo que sea en el boletín de una sociedad destinada a aglutinar a cajistas, maquinistas y marcadores de clara tendencia libertaria, en la que figuraban, entre otros, Eudald Canivell (1858-1928), Anselmo Lorenzo (1841-1914) y Antoni Pellicer (1851-1916). Al parecer, la dirección había conminado a todos sus empleados, o bien a darse de baja de la tal sociedad, o bien a dejar la empresa, lo cual, lógicamente, fue fuente de roces y conflictos que se trasladaron enseguida a la prensa, pues los empleados mandaron una carta explicativa que fue reproducida, por lo menos, por El Diluvio y La Publicidad el 13 de diciembre de 1881, y en la que se explicaba también que para un total de diez máquinas y dos minervas se contaba con sólo seis ayudantes y ningún maquinista. Acababa explicando la carta:

Y como pudiera extraviarse la opinión pública creyendo que aquella casa había sido víctima de una colisión de sus operarios asociados, damos publicidad a estos hechos, poniendo al público por juez para que decida en esta cuestión quién ha sido el agresor y quiénes los agredidos.

El edificio de la popularmente conocida como “Casa Tasso”.

Los asociados, con el apoyo económico de la sociedad, deciden entonces abandonar la Tasso y se inicia entonces una serie de réplicas y contrarréplicas en la prensa entre los asociados y la empresa, de la que puede deducirse que el conflicto tenía su raíz en la negativa de Tasso a asumir las tarifas acordadas entre impresores, autoridad civil y los trabajadores en octubre de 1872, y ello conllevó luego, dada además la repercusión del conflicto en la prensa especializada nacional e internacional, que a Tasso le costara encontrar a profesionales dispuestos a trabajar con él, pues entre otras cosas los posibles postulantes sabían que sus nombres serían publicados en el Boletín de la Sociedad Tipográfica, del mismo modo que lo habían sido los de quienes habían optado por mantener el empleo y darse de baja de la Sociedad Tipográfica.

Sin embargo, lo cierto es que cuando se produce el  golpe de estado que provocó la guerra 1936, la de Tasso seguía siendo todavía una empresa de muy considerables dimensiones, con un imponente edificio de cinco plantas, aunque ya en graves dificultades que la habían llevado, a principios de julio de 1936 (apenas dos semanas antes del inicio de la guerra), a cerrar sus puertas y a dejar en manos de un Tribunal Mixto la decisión sobre las indemnizaciones a la cincuentena de empleados que por entonces tenía.

Recibo fechado en 1892.

Si hay que creer la versión de Solidaridad Obrera, una vez cerrada y acordadas indemnizaciones de un máximo del equivalente a un año de trabajo, los trámites administrativos se encallaron, y en julio de 1936 el Sindicato de Artes Gráficas decidió tomar las riendas de la empresa de manos de Vilardell, que no tardaría en abandonar el territorio nacional, y ponerla en manos de los obreros, que «nombraron un comité administrativo, formado por un camarada de la sección de cajas, otro de máquinas, otro de encuadernación, un cuarto por la oficina y un delegado con atribuciones directivas», e iniciaron así una etapa en la que contaron como clientes con sindicatos, ateneos, las Juventudes Libertarias y comités diversos dispuestos a pagar, ya no en el momento de la entrega de los trabajos, sino en el del encargo, con lo cual en seis meses pudieron saldarse las deudas pendientes con acreedores y empezar a cobrar los empleados el jornal completo, e incluso realizar algunas compras de maquinaria para trabajos especiales de numerado y timbrado, una guillotina e inició una renovación de los tipos de imprenta. Es sabido también que fue a parar a ese amplio edificio maquinaria diversa procedente de otras empresas requisadas.

El caso es que, al concluir la guerra, a su regreso en 1940 Vilardell pudo cerrar la empresa con un beneficio de nueve millones de pesetas como consecuencia de la venta del local y la maquinaria que contenía. Pas mal.

Fuentes:

Romà Arranz, “De la manufactura gráfica a la industria. La imprenta de Lluís Tasso”, en Pilar Vélez, ed., L’ exaltació del llibre al Vuitcents: art, indústria i consum a Barcelona, Barcelona, Biblioteca de Catalunya, 2008, pp.13-32.

Romà Arranz, Megalomania i obsolescència. Temporalitat de l´art a l´època de la seva reproductibilitat tècnica, tesis en la Facultat de Belles Arts de la Universitat de Barcelona, 2010.

Albert Isern, “Lluis Tasso, un tipògraf amb carrer a Barcelona”, Safaris Tipogràfics. Mon icònic, 7 de marzo de 2015.

Josep Janés i Olivé, “Aventuras y desventuras de un editor”, conferencia pronunciada en la Biblioteca Central de la Diputación de Barcelona con motivo de la Exposición de la Fiesta del Libro de 1955 y publicada como anexo al Catálogo de la producción editorial barcelonesa entre el 23 de abril de 1954 y el de 1955, Barcelona, Diputación de Barcelona,1955.

Manuel Llanas (con la colaboración de Montse Ayats), L´edició a Catalunya: el segle XIX, Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2004.

José March Fierro, “La imprenta de Luis Tasso en el corazón del barrio chino”, No te quejarás por las flores que te he traído, 1 de junio de 2015.

Una aproximación al «gran renovador de las artes del libro en Francia»

Una de las primeras cosas que uno aprende del movimiento de vanguardia futurista es probablemente que le dio carta de naturaleza Filippo Tommasi Marinetti (1876-1944) con el «Manifiesto Futurista», que se publicó por primera vez en Le Figaro el 20 de febrero de 1909. Aun cuando es cierto que el movimiento tenía algún que otro antecedente reciente, sorprende sin embargo toparse con una revista, de la que la Biblioteca de Catalunya conserva los que parecen los tres únicos números publicados, titulada Futurisme. Revista Catalana, aparecida ya el 1 de enero de 1907.

Cubierta de un ejemplar de la conferencia de Alomar (1905).

Más sorprendente es incluso leer en la apertura del tercer número de esta revista un texto de Gabriel Alomar (1873-1941) que sólo cobra sentido sabiendo que, ya en 1904, este poeta mallorquín había empleado el término en una conferencia en el Ateneu Barcelonès que al año siguiente se publicaría, ampliada, en la Colecció de Prosistes Catalans de  L’Avenç.

En realidad, se trata más de una coincidencia de términos que de conceptos en sentido estricto, pues lo que con mayor evidencia se expresa en la revista Futurisme es el anticonservadurismo, el regeneracionismo y la voluntad de reactivar la tradición cultural catalana y despertarla de lo que se interpreta como un anquilosamiento sin ir más allá, y en realidad sus planteamientos están tan cercanos al futurismo italiano como al noucentisme catalán. Aun así, es digna de mención entre los ilustradores del primer número de Futurisme la presencia del artista del libro Lluís Jou (cuyo nombre se ha escrito tambiéna veces como Luis y Louis), que además publica el breve texto «Salutació», al lado del de escritores como Ángel Gumerà (1845-1924), Joaquim Ruyra (1858-1939) o Ignasi Iglesias (1871-1928), que difíclmente emparentaría nadie con el futurismo italiano. En primer lugar, sorprende por la diferencia de edad con estos colaboradores, pero sobre todo porque en el momento en que aparece la revista Jou estaba intentando abrirse camino en el campo de las ediciones de bibliófilo en París.

Taller de composición de Tasso.

 

Lluis Jou había entrado en el mundo de la letra impresa a la temprana edad de ocho años, en los talleres de Lluís Tasso, en los que por entonces era asesor artístico Eudald Canivell (1858-1928). Éste le orientó en su formación como tipógrafo, se convirtió en poco menos que su mentor y luego mantuvo con él frecuente correspondencia epistolar (al parecer, sólo parcialmente conservada). Muy pronto empezó Jou a colaborar con algunas publicaciones periódicas barcelonesas y a trabajar como pintor a las órdenes de un decorador.

Eudald Canivell (escrito también a veces Canibell).

Tras este aprendizaje, hacia 1906 o 1908 Jou se trasladó a París, donde inicialmente vendió algunos dibujos a publicaciones periódicas como Le Rire (1874-1971), de Félix Juven (1862-1947), hasta que entró en contacto con el escritor, tipógrafo y editor François Bernouard (1884-1948), quien en 1909 creó la pequeña imprenta Á la Belle Edition (en un primer momento en la calle Dupuytren, 9), con una tropa de jóvenes izquierdistas de procedencia y destinos diversos como ayudantes: el periodista rumano Adolphe Clarnet (Adolf Burah Cuperman, 1877-1937), el poeta y letrista Francis Carco (François Carcopino Tusoli, 1886-1956), el escritor y periodista Émile Zavie (Émile Boyer, 1884-1943), que corregía pruebas, y el también catalán y muy joven Pere Créixams (1893-1965), llegado a París para iniciar su carrera como pintor.

Según contó uno de los fundadores y jefe de redacción de la revista Le festin d’Essope que dirigía Guillaume Apollinaire,  Jean Mollet (1877-1964), Lluis Jou desempeñó una función esencial en esta singular empresa:

Dos de mis colegas, el grabador Louis Jou y François Bernouard, se habían formado el propósito de renovar el arte de la impresión, no con máquinas modernas, sino todo lo contrario, con un material que bien pudiera haber servido a Gutenberg […] Disponían, pues, de una prensa a mano que Jou manejaba, y de algunos caracteres.

Grabado de Jou en el que se autorretrata (a la izquierda) junto a Anatole France.

A través de Bernouard, Jou entró en contacto con los impetuosos escritores que rondaban por allí, como Jean Cocteau (1889-1963), Léon-Paul Fargue (1876-1947), el ya mencionado Apollinaire (1880-1918) o un poco más adelante André Suarès (1868-1948), y a raíz del traslado a finales de 1910 a la calle Saints-Perès, probablemente se encontraría a diario con sus vecinos de escalera Remy de Gourmont (1858-1915) y su hermano Jean (1877-1928) o con el polifacético artista y escritor Pierre Albert Birot (1876-1967). Aun así, en 1910 el gran acontecimiento para Jou fue la aparición de su realización y estampación del Bestiaire de Apollinaire, en colaboración con Raoul Dufy (1877-1953).

Lluis Jou, en los últimos años de su vida.

Sin embargo, Jou no tardó en intentar establecerse por su cuenta, y emprendió la preparación una extensa serie de grabados, capitulares y viñetas, que había diseñado para Les opinions de Jerôme Coignard, de Anatole France, con la que iniciaría una carrera que le llevaría a convertirse, en palabras de Masid Valiñas, en «el gran renovador de las artes del libro en Francia», y cuya resolución aparece perfectamente resumida en el artículo que sobre Jou publicó José Ramón Penela en Unos Tipos Duros:

Durante meses se dedica a realizar los grabados y los muestra a diferentes editoriales sin conseguir llamar la atención de ninguna de ellas. En un último intento decide llevárselas, sin mucha convicción, al propio escritor quien queda tan impresionado del trabajo de Jou que decide escribir a la Societé des Cent Bibliophiles [concretamente, a Claude Roger-Marx (1888-1977)] recomendando su publicación.

El libro en cuestión apareció en diciembre de 1914, pero ya el año anterior Jou se había dado a conocer como grabador en el Salon d’Automne, donde expuso ocho grabados de tema bíblico, y entre diciembre de 1915 y enero de 1916 su obra se expondría por primera vez en Barcelona, en las galerías Dalmau, donde, coincidiendo con una muestra de Kees Van Dongen (1877-1968), mostró nueve grabados de Les opinions de Jerôme Coignard y treinta y cuatro xilografías independientes. Con motivo de esta exposición se publicó un catálogo con un texto de Canivell que aún hoy ofrece orientaciones muy interesantes para situar el trabajo de aquellos años de Jou y para comprender su evolución posterior, y que tuvo una notable repercusión en la prensa.

Sin embargo, los grandes éxitos de Lluis Jou estaban por llegar, y no lo harían hasta concluida la Gran Guerra.

Placa de entrada al museo Louis Jou en Lei Bauç de Provença (Les-Baux-de-Provence), pueblo clasificado con razón como uno de Les plus beaux villages de France.

Fuentes:

Fundación y Museo Louis Jou.

Anónimo, «Louis Jou, le typographe inventeur», Apostilles Éditions Plein Chant.

Patricia Córdoba, La modernidad tipográfica truncada, València, Campgràfic, 2008.

Francesc Fontbona, La xilografía a Catalunya entre 1800 y 1923, Barcelona, Biblioteca de Catalunya, 1992.

Germán Masid Valiñas, La edición de bibliófilo en España (1940-1965), Madrid, Ollero y Ramos, 2008.

José Ramon Penela, «Lluís Jou, arquitecto del libro», UnosTiposDuros, 1 de mayo de 2015.