Premi Crexells: El asociacionismo como reacción de los jóvenes escritores

A lo largo de toda su ya extensa historia, uno de los premios de narrativa en lengua catalana más importantes, el Premi Crexells, ha ido acompañado de la polémica, y la última hasta la fecha, la desencadenada en 2017 con la concesión a una novela autopublicada (Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades) y sobre todo con las declaraciones posteriores a la concesión del premio hechas por algunos de los miembros del jurado, generó un cierto revuelo entre editores y escritores que recuerda en algunos puntos la que ya se produjo en 1935 y que sirvió de estímulo a lo que pudiera haber sido un fructífero movimiento asociativo de los escritores catalanes, El Club dels Novel·listes.

Aunque sus primeras manifestaciones se produjeron en 1935, hay que retrotraerse algunos años en la historia del Premi Crexells para aquilatar la magnitud y el sentido de ese movimiento de oposición al galardón. Surgido a finales de los años veinte para honrar la memoria de Joan Crexells i Vallhonrat (1896-1926), uno de los principales socios del Ateneu Barcelonès (la institución que lo creó), nació con una cierta polémica, pues si bien su objetivo era premiar la mejor novela publicada el año anterior, en su primera convocatoria (1928) ya quedó desierto. Pero posteriormente se lo llevarían algunas novelas y libros de narrativa importantes en aquellas fechas (Laura a la ciutat dels sants, de Miquel Llor, en 1930; Vida privada, de Josep Maria de Sagarra, en 1932 o Valentina, de Carles Soldevila, en 1933).

Joan Crexells i Vallhonrat.

Sin embargo, Josep M. López Picó suscitó un cierto debate, que recogieron sobre todo los autores jóvenes, cuando con motivo de obtener el Premi Folguera de poesía expresó en voz alta sus dudas acerca de si el objetivo de los premios literarios, en aquel punto de la evolución de las letras y el mercado libresco catalán, debía ser destacar un determinado libro o bien la trayectoria de un autor. Durante el mes de marzo de 1935 se publicaron en las páginas de La Veu de Catalunya las respuestas a una interesante encuesta acerca de la significación que los premios debían tener en aquel momento de la historia cultural catalana, y entre ellas son particularmente interesantes las de una nueva generación de jóvenes escritores que estaban empezando a mover los codos para abrirse paso en el campo literario y editorial catalán (Joan Oliver, Ignasi Agustí, Joan Sales, Joan Teixidor, Xavier Benguerel, Josep Janés i Olivé, Salvador Espriu, Martí de Riquer, Francesc Trabal, etc.).

Ignasi Agustí.

Ya en un artículo asombrosamente poco citado de diciembre de 1931, quien luego sería célebre editor, Josep Janés i Olivé (1913-1959), daba por justo el galardón del Crexells de ese año a Prudenci Bertrana (por una obra menor como L’hereu), considerando que su trayectoria se lo merecía, pero hacía una afilada apreciación acerca de la composición de los jurados:

Tenemos el convencimiento absoluto de que el jurado del Premi Crexells, nuestra máxima distinción literaria, tendría que estar formado por gente de la máxima competencia. A ser posible, si los hubiera lo suficientemente inteligentes, por críticos.

Nos resentimos, aún, de una cierta mezquindad de espíritu que hace que cerremos los ojos a todo aquello que abre nuevos horizontes. Es preciso abandonar los prejuicios anacrónicos y tener en cuenta, más que las dotes literarias, la solvencia crítica de las personas elegidas. Y no creo que constituyan ninguna garantía de la mencionada solvencia unos señores que hoy dan dos votos a Carles Capdevila com L’amor retobat y en cambio eliminan el Víctor de [Agustí] Esclassans, y otros que dan dos votos, también, a Joan Mínguez, y eliminan L’últim combat de Sebastià Joan Arbó.

Los años y los fallos sucesivos no hicieron otra cosa que alimentar esa polémica, y en la mencionada encuesta el por entonces ya editor de los excelentes Quaderns Literaris, y ganador en 1934 de la Flor Natural en los  Jocs Florals de Barcelona (con Tu), se mostraba de nuevo explícito acerca de los problemas que, a su modo de ver (coincidente con el de muchos de los escritores de su generación), aquejaba los premios literarios en catalán, y en particular al Crexells:

De izquierda a derecha, Ignasi Agustí, Joan Teixidor, Félix Ros, Pedro Salinas, Tomàs Garcés y Guillermo Díaz-Plaja.

Creo que dado el carácter de consagración que hasta el momento presente se ha venido concediendo a los premios literarios, es absolutamente necesaria la creación de unos premios literarios para los jóvenes. […] Ya tenemos una experiencia lo suficientemente larga –con el Premi Crexells, particularmente– para que nos hayamos dado cuenta de cuán contraproducente es adjudicar un premio al nombre y la obra total de un autor, tomando la obra concursante como un simple pretexto pero glorificando esa obra concreta. Esto nos ha llevado a la paradoja de encontrarnos presenciando que, salvo una o dos, las obras premiadas sean las más mediocres o incluso la peor de cada autor. Y que una antología de Premis Crexells signifique una antología de nuestra novela inferior.

[…] Otra de las cosas que habría que corregir es la formación de los jurados. Hay que buscar los nombres entre gente solvente y desapasionada. ¡Es tan fácil que un padrino literario, o un amigo, o un enemigo, cambien el rumbo lógico y justo de una votación, por apasionamiento o mezquindad! Tenemos muchos ejemplos de ello, algunos de ellos muy recientes.

Y, para acabar, creo que debería crearse, también, un premio para el mejor primer libro, publicado por autores menores de veinticinco años. Y tal vez fuera conveniente que el Premio consistiera en una espléndida bolsa de viaje. Lo que nos perjudica más, a los escritores catalanes, es que las circunstancias económicas no nos permitan viajar. La literatura aquí no da para nada (y mucho es que no cueste dinero). De un espléndido viaje de juventud un escritor de raza sacaría un  provecho enorme, un provecho que revertiría en nuestra literatura y en Cataluña esencialmente.

Josep Janés i Olivé

Es evidente que Janés llevaba ya algunos años pensando críticamente en las necesidades del sistema literario catalán, y en particular en el funcionamiento de premios literarios importantes, y las propuestas que hace, evidentemente pensando en los escritores de su generación y en sus dificultades para establecerse, son todas ellas muy sensatas y en buena medida extraídas de su experiencia como observador atento de, en particular, el Premi Crexells.

Cuando en 1934 este galardón pasa a adscribirse a los premios instituidos por la Generalitat, por primera vez se otorga a una voz no excesivamente conocida y reputada, y también por primera vez a una voz femenina, la de Teresa Vernet (1907-1974) por Les algues roges, que había publicado en Proa. Quizá sea el primer caso en el que este premio cumplía una de las funciones que muchos jóvenes pensaban que debía tener: consolidar una carrera en progresión, cuando no anunciar una obra en auge.

Sebastià Juan Arbó (1902-1984).

En su artículo para Mirador con motivo de esa convocatoria del premio, Rafael Tasis apunta a que hubo otros dos autores a los que se apuntaban como favoritos y que casi contaban ya con llevarse el premio, curiosamente ambos muy estrechamente vinculados a la editorial Proa, pues casi con toda seguridad se trataba de Joan Puig i Ferreter y, una vez más, Sebastià Juan-Arbó, a quien el Crexells se le resistía.

La importancia de esa edición del Crexells y lo que distinguió esta polémica de las que siempre solía generar el fallo de este premio es sobre todo, como apuntó Josep M. Balaguer, que fue uno de los estímulos iniciales para que los jóvenes escritores empezaran a articular poco menos que un «frente generacional» que aglutinaba a los grupos que habían ido asomando la cabeza en el panorama cultural catalán, que ya se habían ido interrelacionando entre sí y que formaban principalmente los universitarios, los tertulianos del Euzkadi y la Colla de Sabadell, y todo ello cuajaría poco más de un año después en la creación del Club dels Novel·listes.

Joan Sales (1912-1983), quien más tarde, con Xavier Benguerel y Joan Oliver, retomaria el nombre El Club dels Novel·listes para bautizar una célebre colección.

En el número del 14 de noviembre de 1935 de La Publicitat aparecían en la misma página un artículo de Carles Capdevila titulado «Els jurats dels premis literaris» y una nota que anunciaba «Un club de novelistes?», en la que se señalaban como impulsores de la iniciativa algunos autores publicados por la editorial Proa y se enumeraban entre sus propósitos la creación de un premio literario honorífico para la mejor novela del año, cuyo jurado estaría compuesto exclusivamente por novelistas, especificando además que no era una competencia al Crexells, sino un estímulo para lectores y escritores. Aun así, de la lectura de este texto muy bien podría deducirse que la intención de este grupo de escritores era precisamente crear un contrapeso al Crexell, un galardón que permitiera dar a conocer a los jóvenes escritores, además de permitir situar la iniciativa en los aledaños de la editorial Proa.

 

Antoni López Llausàs (1888-1979).

En los meses siguientes, van apareciendo en la prensa nuevas precisiones: la sede se sitúa en el número 34 de la calle Pelayo, será un espacio destinado a debates y lecturas e incluso se describe quién podrá asociarse (quien haya escrito o traducido por lo menos una novela al catalán) y se especifica la cuantía de la cuota de «amigo» (36 pesetas anuales). El 8 de enero La Publicitat, además de anunciar la inauguración formal mediante una cena en el restaurante Catalunya, publica ya una extensa lista de adhesiones, con algunos nombres un poco sorprendentes al lado de los más esperables, como Teixidor (que ciertamente era autor del relato «Coses de tres soldats», publicado en La Revista) u otros a quienes, además de interesar la materia, figuraban posiblemente más como traductores, como Martí de Riquer, J.V. Foix, el editor Antoni López Llausàs o Joan Oliver. Tampoco pasa desapercibido el hecho de que, al lado de nombres como los de Mercè Rodoreda, Xavier Benguerel, Ignasi Agustí, Josep Sol, Juan Arbó o Josep Janés i Olivé figure el de Prudenci Bertrana, lo que puede dar idea de la amplitud del abanico de autores que se reunían alrededor de esa mesa, si bien la iniciativa, como es muy lógico, la tomaran las generaciones jóvenes y muy particularmente el escritor vallesano Francesc Trabal.

Xavier Benguerel (11905-1990).

No se trataba en principio, pues, como pudieran temer ciertos sectores, de dar una réplica al Crexells, a quienes han sido miembros de sus jurados o a quienes se han llevado el galardón, sino que nace con unas intenciones más o menos similares a las que tenían los Amics de la Poesia. Sin embargo, a nadie escapaba tampoco que la creación de un premio que distinguiera a los jóvenes, con lo que ello podía tener de promoción de los nuevos escritores y de difusión de sus obras, no era el menor de los objetivos que movían al Club. En este sentido, resulta sumamente indicativa esta reunión de escritores tan diferentes en muchos aspectos, si se pone en contraste con la situación política de los primeros meses de 1936, con una cesura muy profunda entre la derecha y la izquierda que sólo provisionalmente se resolvería con las elecciones del 16 y 23 de febrero, las últimas de la Segunda República. Lógicamente, la guerra civil española acabó con el Club dels Novel·listes (y con el Premi Crexells).

Fuentes:

Ignasi Agustí, «Les Arts i les Lletres. Els camins de la victòria», L´Instant, 4 de febrero de 1935.

Anónimo, «Un club de novelistes?», La Publicitat, 14 de noviembre de 1935.

Anónimo [¿Ignasi Agustí?], «S´ha fundat el Club dels Novel·listes», L´Instant, 9 de enero de 1936.

Rafael Tasis (1906-196).

Josep M. Balaguer, «El Club dels Novel·listes i els fils de la història», Els Marges, núm. 57 (1996), pp. 15-35.

Margarida Casacuberta, «Gènesi i primera adjudicació del Premi Crexells. Notes sobre cultura i novel·la en el tombant dels anys vint als trenta», Els Marges, núm. 52 (1995), pp. 19-42.

Josep Janés, «La nostra enquesta sobre la significació literaria dels premis literaris», La Veu de Catalunya, 13 de marzo de 1933.

Josep Janés i Olivé, «Del Premi Crexells, 1931», Flama, núm. 7 (25 de diciembre de 1931), p. 7.

Rafael Tasis, «Premi Crexells 1934. Maria Teresa Vernet», Mirador, 4 de abril de 1935.

Alfaguara y sus traducciones del español al catalán (la colección Ara i Ací)

A la memoria de quienes, durante el franquismo,

impartieron clases de catalán en la clandestinidad.

 

Con una cierta intermitencia resurge un debate de baja intensidad acerca de la necesidad o incluso la conveniencia de traducir al catalán –y lo mismo valdría para el gallego o el euskera– obras literarias escritas originalmente en lengua española. Se produjo, por ejemplo, al aparecer en 2003 la versión catalana de Ponç Puigdevall de Soldados de Salamina, de Javier Cercas, pero contaba con antecedentes tan interesantes como la de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, que Avel·lí Artís Gener tradujo en 1970 para poner a prueba su dominio del catalán, pero sin pretensiones de publicarla, y muy bien podría haberse suscitado la misma cuestión en 1966, cuando apareció la versión del Viaje al Pirineo de Lérida, de Camilo José Cela, traducida por Josep M. Llompart (quien se vio en la necesidad de justificar de un modo un tanto singular su trabajo mediante un prólogo a la obra):

Traducir del castellano al catalán es una pérdida de tiempo y de energías, un rotundo disparate. […] Vana tortura de la que yo jamás habría aceptado ser agente ejecutivo si no fuera por una causa incontrastable: la voluntad del autor.

Edición dirigida por Pere Antoni Serra de la que se hicieron 400 ejemplares sobre papel de hilo Ingres, numerados, y 50 del I al L, todos firmados por el autor. En 2004 se subastó en El Remate (Madrid) por 400 euros.

A nadie extrañará que, acaso con la mirada puesta ya en el Premio Nobel, Camilo José Cela tuviera mucho interés en que su obra se tradujera a cuantas más lenguas mejor (ya de 1956 es la edición en Palma de Mallorca, con prólogo de Villalonga y traducción de Miquel M. Serra Pastor, de La familia d´en Pascual Duarte; anterior a la gallega); y tampoco sorprenderá a nadie que cuando tuvo la ocasión se sirviera para ello de la editorial que él mismo había contribuido a fundar, Alfaguara, que mediados los años sesenta había abierto en Barcelona una sede con el propósito de, por un lado, publicar en catalán (lo que dio pie a dos colecciones efímeras) y por el otro, captar autores en catalán para su traducción al español (lo que no llegó a suceder). Así lo contó su artífice, Rafael Borràs Betriu:

 En abril de 1966, a los seis meses de hacerme cargo de la delegación en Cataluña, se inició en Alfaguara la publicación de La Novel·la Popular Catalana, a semejanza de la que se publicaba en Madrid dirigida por Jorge C. Trulock: La Novela Popular. Inédita. Popular. Española.

X. Benguerel.

La Novel·la Popular Catalana, dirigida por Manuel Costa-Pau (luego conocido escritor y editor de Llibres de l´Índex y Llibres del Segle), se dedicó a la narrativa breve, con la pretensión inicial de publicar en edición de bolsillo un título mensual, y se estrenó con una obra de Ramon Folch i Camarassa, Adéu abans d´hora, al que seguirían autores como por ejemplo Joaquim Amat-Pinella, Miquel Arimany, Pere Calders, Félix Cucurull, Víctor Mora, Robert Saladrigas, Manuel de Pedrolo… Y hay constancia de textos que no llegaron a publicarse, pues a Llorenç Villalonga se le pidió sin éxito algún texto breve, y a Manuel de Pedrolo se le rechazaron dos textos (uno de ellos, por previsibles problemas con la censura).

Ara i Ací [Ahora y Aquí] tenía una presentación más lujosa, y llegó a constituirse en un catálogo muy interesante y bastante curioso, en el que Xavier Benguerel, como explica Borràs Betriu en sus memorias, ocupó un lugar particularmente destacado, con cuatro títulos de los catorce publicados en esta colección. Con el primero de los libros ya se puso de manifiesto el acierto de tal elección. Como se cuenta en las memorias ya citadas:

Gorra de plat obtuvo un éxito fulminante: se agotaron 3.000 ejemplares (recuérdese, en catalán; recuérdese, en 1967) la tarde del Dia del Libro de aquel año. Dos meses después sacábamos la segunda edición (recuérdese, también, que las técnicas de impresión y encuadernación no eran entonces lo que son hoy), de 3.000 ejemplares más, y todavía una tercera edición, revisada y corregida.

Posteriormente Busquets i Grabulosa ha calculado en 14.000 los ejemplares vendidos sólo en catalán de este título (en 1969 se publicó, también en Alfaguara, la traducción de Luis Carandell). La siguiente obra de Berenguel en Ara i Ací, Els vençuts (1969), fue una creación bastante singular. Consta de una primera parte que es una reelaboración de una novela que había publicado en 1956 en la Editorial Selecta de Josep M. Cruzet con el título Els fugitius, y de una segunda titulada La fam i les fúries. Pero el caso es que fue un éxito todavía mayor.

Tras Viatge al Pirineu de Lleida, L´estiu més bonic, de Folch i Camarassa, y Gorra de plat, el cuarto título, en 1967, fue una novela de Aurora Bertrana (1892-1974), Vent de grop, escrita o por lo menos concluida a instancias de la también escritora Caterina Albert (Víctor Català”), según se dice en la dedicatoria: “A Caterina Albert, verdadera promotora y animadora de esta obra, la cual probablemente no hubiera escrito sin su afectuosa insistencia.” Tres años más tarde, en 1970, se estrenaba una versión cinematográfica a partir de un guión elaborado por Francesc Rovira-Beleta y Joaquim Jordà, con el título La larga agonía de los peces fuera del agua, dirigida por el propio Rovira-Beleta, que se hizo famosa sobre todo porque en ella aparecía cantando algunas piezas Joan Manuel Serrat.

Francisco Rovira Beleta (1912-1999).

 

El quinto número de Ara i Ací fue la novela de Concepció G. Maluquer (1914-2004) Aigua tèrbola, que en declaraciones a El Correo Catalán describió como la que más satisfacciones le dio, por el trato profesional que le dispensó el editor, por la promoción de la obra y, en particular, por el respeto a la integridad de la obra. Maluquer tenía una experiencia previa, poco satisfactoria, con el responsable de El Club dels Novel·listes, Joan Sales, en relación con su novela Gent del Sud (1964), hasta el punto que en el año 2001, con prólogo de Francisco Candel, consiguió por fin publicar la obra que había publicado tal como la había concebido (en la colección Biblioteca Pirinenca de Garsineu Edicions). El año anterior, Maluquer había recibido de Costa-Pau el encargo de una obrita para La Novel·la Popular Catalana, que se concretó en Què s’ha fet d’en Pere Cots? (1966), y le había puesto en contacto con Alfaguara.

También Josep Maria Espinàs, que publicó como número 6 de Ara i Ací La collita del diable, que originalmente se titulada, más explícitamente, Els desterrats, llegó a Alfaguara después de cierto roce con Joan Sales, quien en 1956 le había publicado Tots som iguals. Así lo contó Espinàs:

 Llegó un momento en que terminé una novela […] y se la llevé aa Joan Sales. Entonces va Sales i se lanzó en su estilo: lleno de una profundísima buena fe armada de tozudería. Creyó que la novela “ganaría mucho con algunas alusiones estratégicamente colocadas acerca de los horrores de la guerra en el Priorato. Jo le decía que era partidario de prescindir de “qué novela se hubiera podido escribir”, pero el replicaba “Si antes de imprimir el autor tiene tiempo de mejorarla, me parece que esto es en beneficio de todos: autor, editor y público” […] Su vehemencia chocó contra mi pereza.

Además de Cela, aunque sin duda por motivos bien distintos, se tradujo en Ara i Ací a otro autor en lengua española, el por entonces muy famoso Francisco Candel, y semejante tarea recayó en Ramon Folch i Camarassa (quien al año siguiente publicaría en la misma colección El Rusc, es decir, La colmena). El libro de Candel, Trenta mil pessetes per un home i altres narracions (1968), toma el título de un relato que había aparecido en el número inicial de la revista Tintín (16 de noviembre de 1967) y, a decir de una nota aparecida en Triunfo el 21 de febrero de 1970, de la versión en español de este volumen de dieciocho relatos, que apareció  Alfaguara con posterioridad a la traducción al catalán, en 1969, en  se hizo una tirada realmente asombrosa de diez mil ejemplares.

En realidad, casi todos los catorce títulos publicados en esta colección tienen detrás una historia curiosa o divertida, o están asociados a jugosas anécdotas, y por ejemplo la elaboración y publicación de la Antologia de la poesía social catalana, preparada por Ángel Carmona, es digna de capítulo aparte.

 Apéndice. La colección Ara i Ací (Alfaguara).

 1 Camilo José Cela, Viatge al Pirineu de Lleida, traducció i pròleg de Josep M. Llompart, 1966.

2 Ramón Folch i Camarassa, L´estiu més bonic, 1966.

3 Xavier Benguerel, Gorra de plat, 1967 (2ª ed. 1967; 3ª revisada, 1973) Se calcula que se han tirado 14.00 ejemplares sólo en catalán.

4 Aurora Bertrana, Vent de grop, 1967.

5 Concepció G. Maluquer, Aigua tèrbola, 1967.

6 Josep M. Espinàs, La collita del diable, 1968.

7 Jaume Picas, Tren de matinada, 1968.

8 Francisco Candel, Trenta mil pesetes per un home i altres narracions, traducción de Ramon Folch i Camarassa, 1968.

9 Camilo José Cela, El rusc, versió de Ramon Folch i Camarassa, 1969.

10 Xavier Benguerel, Els vençuts, 1969. Se le calculan unos 25.000 ejemplares sólo de la versión en català.

11 Ángel Carmona, ed., Antologia de la poesía social catalana, 1970.

12 Vicenç Riera Llorca, Joc de xocs, 1970.

13 Xavier Benguerel, Memòries 1905-1940, prólogo de Pere Calders, 1971.

14 Xavier Benguerel, 1939. Segona part de Els vençuts, 1973. Se calculan 6.000 ejemplares vendidos.

Fuentes:

Montserrat Bacardí (traducida como, “La traducció del català al castella. Una història aleatìoria“, 1611. Revista de Historia de la traducción, núm. 1 (2007).

Montserrat Bacardí, “La traducció del castellà al català al segle XX. Esbós d’una història accidentada”, Visat, núm. 9 (abril de 2010).

Lluis Busquets i Grabulosa, Xavier Benguerel, la màscara i el mirall, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, 1995.

Josep M. Espinàs, “Record de Joan Sales”, Avui, 18 de noviembre de 1983.

M. Landrón, “Treinta mil pesetas por un hombre (1968)”, en la web El Candel.

Joaquim Molas,  “Dotze cartes inèdites de Llorenç Villalonga”, en Germà Colón, Tomás Martínez Romero y Maria Pilar Perea, eds., La cultura catalana en projecció de futur. Homeantge a Josep Massot,  Castelló de la Plana, Universitat Jaume I, 2004.

 

 

Creatividad y subversión de un editor

Joan Sales (1912-1983) se ha ganado a pulso un lugar en la historia de la edición peninsular por su labor sobre todo en la obra de dos de los autores más importantes de la literatura catalana del siglo xx: Llorenç Villalonga y Mercè Rodoreda. La imagen que nos ha quedado de él es la de un editor muy intervencionista en los textos de los autores a los que decidía publicar, centrado en particular en los aspectos estilísticos y lingüísticos, pero los trabajos de Marta Pasqual (n. 1983) revelan otras facetas de Sales y ponen de manifiesto lo que viene a ser un compendio programático del editor de mesa dedicado a la literatura. En el libro Joan Sales, la ploma contra el silenci (Barcelona, Acontravent, 2012),  Marta Pasqual resume y aligera la tesis Creativitat i subversió en les reescriptures de Joan Sales, en la que ofrece un análisis más pormenorizado acerca de los criterios lingüísticos y de traducción de Sales, y sobre todo unos apéndices realmente muy valiosos: un extenso artículo de Sales sobre literatura catalana, una copia del expedientes de censura de la novela inédita escrita a cuatro manos entre Xavier Benguerel y Sales El patriarca y una amplia selección de los jugosos epistolarios inéditos Sales-Benguerel y Sales-Ferran de Pol.

Según explica Marta Pasqual en Joan Sales, la ploma contra el silenci, “Su verdadera formación empezó en La Nau, de noche, en pleno barrio Chino […). Aunque nunca firmó, Sales era redactor y corrector en el periódico fundado por Macià Mallol y Antoni Rovira i Virgili”. Por su parte, en la entrada dedicada al periódico Diari Mercantil que dirigió en 1932 Josep Janés (y entre cuyos redactores se contaban Artís Gener, Àngel Estivill y Pere Calders), escribe Lluis Solà i Dachs: “En la imprenta, aparte del linotipista, que Avel·lí Artís i Gener dice que era Joan Sales, el editor y novelista de hoy, estaban el corrector (Salvador Marsal i Picas) y un cajista que tenía a su disposición dos juegos de tipos de medidas distintas”.

Sin embargo, es en México, tras colaborar en el periódico en catalán Full Català y poner en marcha la revista Quaderns de L´Exili, cuando Sales empieza a ejercer de editor de libros. A él cabe atribuir las ediciones de dos obras de Jacint Verdaguer, L´Atlàntida (Minerva, 1945) y Canigó (Biblioteca Catalana, 1948), la Antologia completa mínima, de Teodor Llorente (Biblioteca Catalana, 1947), la anotación de Nacionalitat Catalana, de Prat de la Riba (Biblioteca Catalana, 1947) y, quizá la más importante, las Poesies de Màrius Torres (Quaderns de l´Exili, 1947). Se convierte por entonces en uno de los principales colaboradores de quien sin duda es el editor más importante del exilio catalán, Bartomeu Costa Amic.

Un editor legendario, Bartomeu Costa-Amic (1911-2002).

De vuelta en Barcelona, empieza enseguida a trabajar en Ariel, donde destaca por sus versiones de cuentos tradicionales, su adaptación del Tirant lo Blanc, su edición en seis volúmenes de la obra de Carles Cardó o su edición de la Historia de España de Ferran Soldevila, pero su reputacións empieza a forjarse sobre todo al frente del Club dels Novel·listes, colección de la editorial Aymà, que a partir de 1955 codirige con Xavier Benguerel y Joan Oliver, y sobre todo con la creación con Benguerel, en 1959, de Club Editor, que enseguida inició tratos con José Janés para que se ocupara de publicar las versiones en español de las obras más exitosas que ellos editaran en catalán (la muerte de Janés el 11 de marzo de ese mismo año impidió que tal proyecto llegara a buen puerto).

Joan Sales con su esposa y principal colaboradora en El Club Editor, Núria Folch.

La perspicacia de Sales en la selección de autores, al margen de las traducciones de Lampedusa, Salinger o Kazantzakis, no escapará sobre todo a los conocedores de la literatura catalana (además de Rodoreda y Villalonga, publicó a Ferran de Pol, Joaquim Amat-Piniella, Blai Bonet…), pero el acierto de Marta Pasqual en la elección de las citas que retratan al editor de mesa que fue Sales es palmario y muy pertinente:

 Para mí, hacer de editor es ayudar –muy humildemente, borrándose en el anonimato- a los autores a perfeccionar sus obras, a hacerlas sobre todo más legibles, que significa hacerlas triunfar. Obras excelsas, llenas de cosas de primerísimo orden, fracasan a veces por motivos de lo más secundario: porque están desordenadas y resultan difíciles de leer, porque hay capítulos superfluos, porque el argumento general no queda bien trabado, etc. Todos estos fallos, meramente mecánicos y externos, podrían haberse subsanado a tiempo si el editor las hubiera advertido a tiempo, es decir: antes de publicarse. [la traducción de las citas es mía]

Es una explicación muy elocuente de dónde identifica el valor de un texto Sales cuando se plantea su publicación y sobre todo cuál piensa que debe ser la contribución del editor al resultado final, pero otra de las citas recogidas –y que aparece ya en la portadilla de la tesis de Marta Pasqual como lema– podría interpretarse quizá como una defensa del tan a menudo denostado grado de intervención de Sales (que tanto en sus traducciones como en sus versiones resulta menos defendible):

Yo quiero pertenecer a la escuela formada por el editor de Mark Twain –alude a William Dean Howells–. Era un hombre que se interesaba tanto por la literatura como por los lectores. Tenía enmarcadas en un lugar preferente de su despacho dos cartas que le habían enviado dos autores de su casa. Una decía aproximadamente “Señor editor: estoy desolado por los cambios que habéis hecho en mi manuscrito. Os considero culpable de mi fracaso como escritor. Todo ha terminado para mí y me suicido”. La firmaba un completo desconocido. La otra decía: “Señor editor: dejo en vuestras manos mi manuscrito. Haced con él lo que creáis más oportuno. Atentamente…” La firmaba Mark Twain.

William Dean Howells y Mark Twain

Habría que dilucidar hasta qué punto había una coincidencia real entre lo que Sales escribía y lo que hacía, y para ello el caso más accesible es el de la relación entre Sales y Rodoreda y los testimonios que han quedado de los procesos de trabajo editorial en su epistolario. En palabras de Marta Pasqual, que recoge las de Sales en una carta a Lluis Ferran de Pol de enero de 1971, “Su modelo ideal de autor era Mercè Rodoreda, porque “escuchaba muy atentamente las objeciones que se le hacen y se toma su tiempo para meditarlas; si están bien fundamentadas, las acepta y corrige ella misma los pasajes en cuestión”. Sin embargo, también es evidente que en los años cincuenta y sesenta, el editor, y sobre todo el editor de obras en catalán, se encontraba en una posición “de fuerza” ante el escritor, por lo que, si bien los cambios introducidos por Sales fueron aceptados por los autores  –y sin entrar en si esas alteraciones eran o no acertados (que en general lo parecen)–, habría que ver hasta qué punto estaban convencidos de la conveniencia de que su editor interviniera tanto en los textos,  o bien su aceptación respondía a la voluntad de ser publicados en un contexto de tan graves dificultades y censura.

Joan Sales

Joan Sales nunca dejará de ser en primer lugar el autor de una de las novelas más importantes jamás escrita sobre la guerra civil española, Incerta glòria (1956), pero entre otras cosas, Marta Pasqual demuestra que, espigando en las muchísimas páginas que escribió a lo largo de su vida, puede reconstruirse un remedo de “manual del editor de mesa” que en muchos aspectos resulta acertado, razonable y útil aún en el siglo XXI.

Fuentes:

Sobre Joan Sales, hay algunas páginas interesantes en:

Lletres.net: aquí.

Lletra (UOC): aquí.

Montserrat Bacardí, “Joan Sales i els criteris de traducció“, Quaderns. Revista de Traducció, 1 (1998), pp. 27-38.

Montserrat Casals i Couturier, “La rigurosa gloria de Joan Sales“, La Vanguardia, 18 de abril de 2012.

Julià Guillamon, ed., Continuar el combat. L´aventura del Club Editor (1955-2011), Barcelona, Club Editor, 2011.

Josep Mengual Català, “Una aproximación a las traducciones rodoredianas“, Vasos comunicantes, núm. 40 (otoño de 2008), pp. 13-19.

Marta Pasqual, Joan Sales, la ploma contra el silenci, Barcelona, Acontravent (Abans d´ara, 24), 2012.

Marta Pasqual, Creativitat i subversió en les reescriptures de Joan Sales, tesis doctoral, Universitat de Girona, 2011.

Mercè Rodoreda-Joan Sales, Cartes completes (1960-1983), Barcelona, Club Editor, 2008.

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