La novelesca vida de una correctora y traductora: Carmen López Landa

Es difícil pensar en una traductora y correctora de estilo con una biografía más novelesca que Carmen López Landa (1931-2006), y aun así su historia está todavía por contar como merece, pese a haber legado un nutrido fondo documental al Arxiu Nacional de Catalunya.

Matilde Landa Vaz.

Hija de dos miembros destacados del Partido Comunista de España —Francisco López Ganivet (1907-1961) y Matilde Landa Vaz (1904-1942)—, antes de cumplir seis años la guerra civil pilló a Carmen en San Fiz de Vixoi (Galicia), y luego pasó por Villagordo del Júcar y Valencia, antes de poder reunirse con su madre en Barcelona. Desde allí, partió en 1938 con destino a Leningrado y poco después Moscú —donde fue alumna de quien había sido en España pionera del hockey sobre hierba Clara Sancha, esposa del escultor Alberto Sánchez (1895-1962)—, para embarcarse en agosto de 1939 rumbo a México.

Allí se formó en los centros educativos creados por los exiliados republicanos (pasó por la Academia Hispano-Mexicana, el Ruiz de Alarcón y el instituto Luis Vives) y supo de la muerte de su madre a manos de las autoridades franquistas (en una cárcel mallorquina). Acabada la guerra mundial aterriza em Londres, donde se había exiliado su padre, y completa los estudios secundarios en la Paddington and Maida Vale High School, pero abandona sus planes de iniciar estudios universitarios en Biología para entrar a trabajar durante cuatro meses en una empresa del sector textil, Goodman & Son Ltd.

Paddington and Maida Vale High School

Miembro ya por entonces de las Juventudes Socialistas Unificadas y del PCE, en enero de 1951 Carmen López viaja a Praga para incorporarse como traductora e intérprete de la Unión Internacional de Estudiantes (fundada en 1946). Según cuenta en una interesantísima entrevista de Eduardo Mateo Gambarte, además de completar dos cursos de Ciencias Biológicas, en Praga «traducíamos el boletín [de la UIE] directamente al esténcil, o cartas interminables de 5 o 6 folios a un espacio, originales en los que no podías cometer la menor errata. Si cometías una, a copiarla otra vez».

A principios de la década de los sesenta malvive un par de años en España. Según cuenta en la referida entrevista:

En [la editorial] Aguilar le dieron a Ramiro [López Pérez, veterano de la guerra civil y la resistencia, y su esposo desde 1958] un trabajo de venta de libros por las casas. ¡No vendía ni uno! Fue Pradera quien me proporcionó una traducción de Tecnos (Lógica de las matemáticas, de Whitehead). Cada 2 o 3 días yo le llevaba a Pradera los folios, él me pagaba en efectivo y yo hacía la compra… Pasamos hambre de verdad, y la situación no mejoraba.

Como es sabido, Javier Pradera (1934-2011) entró en Tecnos como agente comercial en 1959 por intercesión de un compañero de universidad, Gabriel Tortella. Probablemente sea un fallo de memoria lo que impide identificar esa traducción a la que alude Carmen López en la entrevista. Lo más probable es que se trate en realidad de El pensamiento científico, de C.D. Broad (1887-1971), publicado por Tecnos en 1963 en la colección que por entonces dirigía Enrique Tierno Galván (1918-1986) y cuya traducción se acredita a R. L. Pérez y C. L. Landa (sin duda, Ramiro López Pérez y Carmen López Landa). Antes había aparecido en la editorial Vergara de Barcelona la traducción de la biografía que Roger Manvell y Frankel Heinrich habían escrito de Goebbels (1961), que el padre de Carmen dejó inacabada cuando se suicidó en abril de ese año y ella se ocupó de concluir (aunque en los créditos sólo aparece Francisco López Ganivet).

Ante estas enormes dificultades para establecerse en España, en 1962 viaja de nuevo a México, donde el poeta republicano Juan Rejano (1903-1976) le consigue un trabajo como secretaria del agregado cultural de la embajada checa. Prosigue además su labor como traductora y, según dice, se ocupa de «tres libros (uno para UTEHA y otro para Trillas)», hasta que es contratada en Aguilar como correctora. De nuevo parece una simple y comprensible traición de la memoria (o un cruce de números y títulos), pues aparecen firmadas con su nombre completo las traducciones de Las zonas subdesarrolladas (Trillas, 1964), de Pentony DeVere, el voluminoso Educación para la salud (Trillas, 1965), de Berenice Moss, Warren Southworth y John Lester Reichert, y  Cómo enseñar a leer en las escuelas elementales (Manual UTEHA Breve, 1968), de Caroline Foley Vogts.

La década de 1970 la inicia regresando de nuevo a Madrid, donde empieza a colaborar como correctora para Alianza Editorial (fundada cuatro años antes por José Ortega Spottorno):

Ramiro encontró trabajo de corrector y maquetista en editoriales. Yo trabajaba en casa para Alianza. Los directores eran Spottorno y Pradera. Por cierto que Spottorno se portó muy bien. Yo le dije que podía seguir trabajando en la cárcel y él le dijo a Mariano que no me preocupase, que pasase lo mejor que pudiera ese tiempo y que sin armar mucho revuelo pasara a cobrar como si nada hubiera pasado.

Sospechosa habitual a ojos de las autoridades franquistas y objetivo frecuente de sus ansias punitivas, Carmen López Landa fue encarcelada en Yeserías durante dos meses en 1975 por no poder pagar las 200.000 pesetas de multa (por no haber pagado a su vez una que tenía pendiente desde 1962 de 10.000 pesetas). Previamente, en 1972, apareció uno de los megaéxitos que López Landa corrigió para Alianza y uno de los libros en español más vendidos de todos los tiempos, 1080 recetas de cocina (no 180, como se indica en la entrevista), de Simone Klein Ansaldy (1919-2008), quien por ser esposa de Ortega Spottorno lo firmó como Simone Ortega.

El caso es que Carmen López entró finalmente como correctora fija en Alianza, lo que suponía una cierta estabilidad laboral, pero su activismo sindical, como le advirtió Pradera, la había puesto en el punto de mira de Spottorno. En este punto entró en escena Jaime Salinas (1925-2011):

Entonces es cuando Jaime Salinas me dice: «Mira, Carmen, yo quiero hacer una empresa modelo —pobrecillo, cómo salió todo después—. A mi estilo, aquí vas a estar mucho más cómoda…» Y a los dos o tres años Alfaguara, zas, se viene abajo. Se fue todo al garete. Despido colectivo y todos a la calle. Jaime estaba muy preocupado por mí. Yo tenía cuarenta y ocho años, no estaba ni para encontrar trabajo ni para jubilarme. Abrazados, llorando, él me decía: «Carmen es tu caso el que me preocupa». Yo le contestaba: «No te preocupes Jaime que de peores situaciones hemos salido». No me faltó trabajo, los de Alfaguara me siguieron dando trabajo para casa.

Carmen López Landa.

La editora Felisa Ramos (receptora de la famosa última carta escrita por Julio Cortázar y luego editora en Destino) siguió proporcionándole trabajo, pero llegó un punto en que Carmen López se vio desbordada por las quince horas o más diarias que se veía en la necesidad de trabajar como correctora para poder pagar la hipoteca en la que se había embarcado, así que devolvió el trabajo que tenía entre manos, aunque siguió haciendo algunos trabajos para Planeta, Nuestra Cultura, el Museo Universal, estuvo unos meses contratada en Anaya y justo antes de jubilarse hizo el último trabajo para Imelda Navajo (a quien conocía de los tiempos de Alianza), cuando esta creó en 1987 Temas de Hoy. En sus años finales se dedicó con ahínco al activismo por la memoria histórica en el seno de la Asociación Archivo Guerra y Exilio (AGE).

Ni siquiera identificar las obras que tradujo Carmen López Landa es del todo fácil, ni hablar ya siquiera de las que corrigió, pero no estaría mal que alguien se animara a investigarlo en profundidad y en serio. Igual acababa escribiendo una novela…

Fuentes:

Inmaculada de la Fuente, «Carmen Landa, “niña de la guerra”», El País, 25 de enero de 2006.

David Ginard i Féron, «Carmen López Landa, Exiliada y Militante Antifranquista, (1931-2006)», Ebre 38: Revista Internacional de la Guerra Civil, 1936-1939, núm. 3 (febrero 2008) pp. 77-83.

Eduardo Mateo Gambarte, «Entrevista con Carmen López Landa», Laberintos. Revista de Estudios sobre los Exilios Culturales Españoles, 22 (2020), pp. 435-451.

Ramon Masats, del libro artístico y literario al turístico

Cuando en 1965 Ramón Masats (n. 1931) se estrenó como director cinematográfico con El que enseña (un reportaje sobre la vida de un profesor de escuela en la España rural) y Prado vivo y triunfó luego con la comedia musical protagonizada por la cantante Guillermina Motta (n. 1942) y el grupo Los Íberos Topical Spanish (1970), tenía ya a sus espaldas una más que notable producción bibliográfica que le había convertido en una de las puntas de lanza de la fotografía española. Sus primeros pasos como aficionado los había dado a principios de los años cincuenta en el ámbito de la Asociación Fotográfica del Casino de Comerç de Terrassa (que tenía su origen en el Casino dels Artistes y publicaba un boletín mensual) y en 1953 ya llamaron mucho la atención sus reportajes sobre Las Ramblas.

Al año siguiente ingresó en la AFC (Agrupació Fotogràfica de Catalunya), donde coincidió con quienes serían los fotógrafos señeros de la llamada gauche divine, Oriol Maspons (1928-2013), Xavier Miserachs (1937-1998) y Colita (Isabel Steva Hernández, n. 1940), y con los dos primeros participó en su primera exposición, en la sede de la mencionada AFC. Fueron precisamente estas relaciones las que propiciarían una etapa de intensa colaboración con iniciativas editoriales.

Sin embargo, a partir de 1955 se embarca en un encargo de la Gaceta Ilustrada consistente en expresar mediante imágenes los principales «valores patrios», muy en sintonía con las consignas que llegaban desde el Ministerio de Educación y Turismo franquista, y es también en estos años cuando trabaja a menudo en el tema de la tauromaquia, de donde saldrá alguna de sus fotografías más famosas.

No obstante, el primer libro importante que publicó iba en una dirección muy distinta. En Confesiones de una editora poco mentirosa, Esther Tusquets explica las gestiones asociadas a los primeros títulos de la colección Palabra e Imagen y comenta acerca de Neutral Corner (1962):

Me sorprendió un poco que Ignacio [Aldecoa] propusiera un libro sobre boxeo. Pero el texto, los breves textos, son buenísimos. Y también lo fueron las fotos de Ramón Masats, gran fotógrafo catalán —amigo y compañero de otros dos grandes fotógrafos catalanes: Oriol Maspons y Xavier Miserachs— recién instalado en Madrid, en cuyo piso a medio amueblar conocí a Carlos Saura con su primera mujer.

El libro, de 23 cm y treinta y ocho páginas sin numerar, con numerosas ilustraciones (algunas a doble página), lo diseñaron los arquitectos Luís Clotet (n. 1941) y Oscar Tusquets (n. 1941) y lo imprimió la Sadag (Sociedad Alianza de Artes Gràficas); sin duda constituye uno de los números más rompedores y atractivos de la colección.

Del año siguiente, 1963, es la publicación del resultado de su colaboración para un libro gestado en Espasa Calpe por el que obtuvo el Premio Ibarra al libro mejor editado, Los sanfermines, con textos del célebre periodista y escritor falangista Rafael García Serrano (1917-1988) y que se inscribe en la tremenda campaña de conmemoración de los llamados «veinticinco años de paz». En consecuencia, el texto que acompaña a las centenar y medio de fotografías de Masats (en blanco y negro y en color) se reproduce tanto en español como en francés, inglés y alemán (en traducciones de Claude Martin, Alfred Dire y Francisco de A. Caballero, respectivamente). Se trata de un libro de 29 x 23 y 275 páginas, que maquetó el mismo Masats.

Al año siguiente vuelve a publicar en la prestigiosa colección de Lumen Palabra e Imagen ilustraciones fotográficas para Viejas historias de Castilla la Vieja, de Miguel Delibes (1920-2010), en un libro diseñado por Hans Romberg y Oscar Tusquets con un formato de 21,5 x 22,5 . En contra de lo inicialmente proyectado para esta colección, y que constituía su principal signo de identidad, en este caso no fue el texto lo que se adaptó a unas imágenes preexistentes sino que Delibes ya disponía de unos textos inéditos que habían sido elogiados por Pedro Laín Entralgo (1908-2001) y Jualián Marías (1914-2005), entre otros (véase «Miguel Delibes, ilustrador ilustrado». La opinión de Esther Tusquets no es sin embargo entusiasta:

…es muy hermoso, y espléndidas las fotos. Pero Masats da en ellas, o eso me parece a mí, una imagen negra de la España mesetaria y profunda, que contrasta, creo, con la visión nostálgica y entrañable de los textos, y me sorprende que Delibes, tan receloso con el pobre Maspons, acusado de fotografiar a las perdices fuera de temporada y desde un coche [para La caza de la perdiz roja, en esta misma colección], no pusiera en esta ocasión ningún reparo.

Edición en Palabra e Imagen, la mítica colección de Lumen. Foto de Marcelo Caballero en Miradas Cómplices.

Según escribió en un número monográfico de Los olviddos Jesús García de Dueñas:

Neutral corner (1926), Los Sanfermines (1963) y Viejas historias de Castilla la Vieja (1964) forman una trilogía ejemplar y constituyen un prodigioso retablo de la España que a trancas y barrancas despegaba de un tradicionalismo servil, de unos márgenes de libertad que parecía que nunca se podrían saltar, de un ahogo moral y del sofoco y la vergüenza que producía una dictadura interminable.

Unos años más tarde —durante los cuales Masats había ido engrosando su obra en revistas como Gaceta Ilustrada, Destino o Actualidad Española, así como en periódicos conservadores como Ya o Arriba—, en 1967 se entregaban al depósito legal procedentes de la imprenta de la Sadag los primeros ejemplares de una edición de cuatro mil del Quijote en dos volúmenes elaborada en Alfaguara que venía a sumarse a la conmemoración del 350 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes (1547-1616). El proyecto era realmente de empaque, pues el texto cervantino, fijado por Martín de Riquer (1914-2013), iba precedido de un extenso prólogo, unas ciento cincuenta páginas, del historiador español exiliado en Estados Unidos Américo Castro (1885-1972) e ilustrado con gran cantidad de fotografías en blanco y negro. El libro apareció en dos tomos de 713 y 626 páginas, respectivamente, encuadernado en imitación de piel y con el corte superior dorado. Se incluyó en la por entonces recién estrenada colección Puerto Seguro, de la que los primeros números había aparecido en 1966 y dedicados a obras de Camilo José Cela: Caminos inciertos. La colmena (con litografías de Eduardo Vicente), Viaje a la Alcarria (con fotografías de Karl Wlasak).

En esa época empieza a intensificarse la dedicación de Masats al cine y la televisión, y en particular sus obras de no ficción para la cadena estatal española, de modo que el siguiente libro no aparecería hasta 1984. Se trata de Madrid es más que Madrid, en el que sus fotografías acompañan textos del periodista Luis Carandell (1929-2002) y publica en su campaña de captación de turistas la Comunidad de Madrid (luego ese material se reciclaría una y otra vez con diversos títulos y formatos).

A partir de los años ochenta, coincidiendo con su salida de la televisión pública, establece una estrecha colaboración con la editorial Lunwerg, que por entonces empezada a dar sus primeros pasos (se había fundado en 1979), y empieza a publicar ya constantemente fotografías en color. De este modo, Masats haría algunos otros los trabajos editoriales, pero por entonces ya no existía una colección como Palabra e Imagen ni nada lejanamente similar, así que se trató sobre todo de libros más convencionales, muchos de ellos centrados en la capital de España (Madrid es más que Madrid, Un paseo por Madrid, El agua de Madrid, Del cielo a Madrid…) y a menudo con un marcado carácter propagandístico.

Fuentes:

AA.VV., «Ramón Masats, Iberia inédita», Los Olvidados, 2000.

AA.VV., «De vocación, fotógrafo» (entrevista), Minerva (Círculo de Bellas Artes de Madrid), 2008 (entrevista realizada en1999).

Eva María Contreras, «Ramon Masats: “Me gustan los tópicos”» (entrevista), Baobab, núm. 6 (6 de enero de 2001).

Luismi Romero Carrasco, «Fotografía española contemporánea (22): Ramon Masats: tópicos e ironía al servicio de la ironía», Rinconete, 5 de mayo de 2021.

Publio López Mondejar, Ramón Masats, magia y realidad, Centro Virtual Cervantes.

José Ángel Montañés, «El buen ojo de Ramon Masats», El País, 7 de mayo de 2017.

Esther Tusquets, Confesiones de una editora poco mentirosa, Barcelona RqueR, 2005.

La prodigiosa memoria de Fabrizio del Dongo

Rafael Borràs Betriu, La batalla de Waterloo, Ediciones B, Barcelona, 2003, 546 páginas. (Reseña publicada originalmente en Quimera, núm. 243 [2004])

El 18 de junio de 1816, al cumplirse un año de la batalla de Waterloo, y según consigna el conde de Las Cases en el Mémorial de Sainte Hélène, Napoleón Bonaparte hacía la siguiente reflexión sobre tan decisivo acontecimiento: «Singular derrota, que, pese a ser la mayor catástrofe, no menoscabó la gloria del vencido, ni aumentó la del vencedor. El recuerdo de uno [Napoleón] sobrevivirá a su destrucción; la memoria del otro [Wellington] quedará quizá sepultada por su triunfo».

Cuando Rafael Borràs Betriu (Barcelona, 1935) titula la primera entrega de sus memorias La batalla de Waterloo, evocando la magistral apertura de La cartuja de Parma, se está definiendo como un observador que, inmerso en el combate, no alcanza a ver ni comprender la magnitud ni mucho menos las consecuencias de la batalla. La contienda de la que nos habla el autor es la lucha por la Cultura («las verdaderas conquistas son las que se obtienen sobre la ignorancia», dejó escrito el célebre corso), una batalla que en el mundo editorial se libra a diario y en la que durante décadas uno de los principales rivales, pero no el único, fue la censura.

José Manuel Lara Hernández y Rafael Borràs Betriu.

La brillante y laureada carrera de Rafael Borràs Betriu (de la Casa del Libro a Ediciones B, pasando sucesivamente por Luis de Caralt, Plaza, Ariel, Alfaguara, Planeta y Plaza & Janés, entre otras empresas) le ha mantenido siempre en primera línea de fuego, y a lo largo de su trayectoria ha sido tanto protagonista e instigador como testigo de hechos de armas notables en el acontecer de la industria editorial española. Sin embargo –y además de a la célebre revista La Jirafa (1956-1959) –, su gloria irá siempre unida a su condición de creador e impulsor de dos colecciones míticas: Espejo de España (en Planeta, 1973-1995) y su sucesora Así fue. La Historia Rescatada (Plaza & Janés, 1995-1998). A tenor del heterogéneo catálogo de estas dos colecciones, no sería de extrañar que

Victor Alba.

Borràs Betriu suscribiera la rotunda declaración que hiciera Peter Mayer (capitán general de Penguin Books durante muchos años), referente a la conveniencia de apoyar ciertos libros necesarios: «a veces publico libros que me desagradan, me irritan, incluso me repugnan, pero son obras escritas por gente inteligente que deben ser difundidas» (La Vanguardia, 8/VII/2000), si bien el autor de estas memorias señala ya en el prólogo que el principio rector de su labor editorial procede de Marañón («Ser liberal consiste en estar dispuesto a admitir que el otro puede tener razón»). Es precisamente la pasión por la historia contemporánea y el talante republicano y liberal lo que transmiten con una rara pureza e intensidad las páginas de este libro, cuyos dos subtítulos («Memoria de un editor» y «Una reflexión políticamente incorrecta con el mundo de la letra impresa como trasfondo») son verdaderamente acertados y esclarecedores. Nos encontramos ante un mosaico de impresiones, escenas y anécdotas que, sin atenderse rigurosamente al orden cronológico, en su conjunto nos ofrecen una amplia imagen de la vida cultural y política española entre el final de la década de los cuarenta y las postrimerías del franquismo. Abundan las anécdotas jugosas o significativas tratadas con una acerada ironía –antológicas algunas sobre la falta de método de la censura–, y a menudo dan pie a reflexiones o divagaciones acerca de la evolución histórica y política del país en las que Borràs Betriu opina con absoluta libertad y sin cortapisas sobre acontecimientos y sobre todo sobre protagonistas importantes de la dictadura primorriverista, los años republicanos, la guerra civil y la postguerra: Ricardo de la Cierva, Victor Alba, Antonio Maura, Jorge Semprún, Manuel de Pedrolo, Camilo José Cela, José Maria de Areilza, Alfonso XIII, Juan de Borbón, Ramón Serrano Súñer, José Bergamín, Manuel Azaña, Serrano Suñer, Rafael Sánchez Mazas…

Sin embargo, y sin entrar en el valor cultural de las filias del autor (Mercedes Salisachs, Dionisio Ridruejo o Carlos Rojas entre los más evidentes) sorprenden, cuanto menos, algunos de los juicios vertidos sobre el mundo editorial, como por ejemplo la insistente reivindicación de la labor de Luis de Caralt. Cierto es que Caralt publicó a Bernanos, Faulkner, Steinbeck, Hesse, Greene, Kerouac o Nabokov, pero no lo es menos que, en general, se trata de traducciones abominables se mire como se mire y en ediciones muy poco cuidadas, lo que más bien resultó ser un flaco favor a la Cultura, y por ende sitúa a Caralt unos cuantos pasos por detrás de Manuel Aguilar, Josep Janés, José Vergés o Mario Lacruz. O Rafael Borràs Betriu, a quien en más de una reseña a este libro se ha caracterizado como «El Napoleón de la edición española» (P. Montero y R. Conte, por ejemplo).  Vive alors l´Empereur, y quedamos a la espera de la prometida segunda entrega, que debe cubrir su etapa como mariscal de campo de Planeta. [Efectivamente, en los años posteriores a la publicación original de este primer volumen le siguieron La guerra de los Planetas. Memorias de un editor II, Ediciones B, 2005, y La razón frente al azar. Memorias de un editor III, Flor del Viento, 2010]

Camilo José Cela y la bibliofilia en Alfaguara: Amans Amens

El epistolario entre Camilo José Cela (1916-2002) y Rafael Alberti (1902-1999), residente por entonces en Roma, permite recabar bastante información sobre el libro que estrenó una de las colecciones más ambiciosas y cuidadas surgidas de la muy fructífera colaboración entre el grabador y bibliófilo Jaume Pla (1914-1995) y el escritor de Iria Flavia: Amans Amens. Se trataba de una colección que debía reunir en ediciones de lujo una antología de poemas amorosos, sobriamente decorada con puntas secas, de los más importantes poetas en lengua española del siglo XX.

ALBERTIVenusPríapoEl proyecto de este libro en concreto se remonta, por lo menos, al primer trimestre de 1965, y en él tuvo un papel importante Pla, quien incluso visitó al poeta malagueño para comentar el proceso de grabación en seco de las ilustraciones que debían acompañar el volumen. Ese mismo epistolario permite descubrir, por ejemplo, las dudas que le planteaba a Alberti la censura, dudas que le llevaron a descartar una de las composiciones inicialmente seleccionadas, “Poema de Venus y Príapo” (“Diálogo de Venus y Príapo”, publicado por primera vez en las Obras Completas de Losada de 1960, formando parte de entre El clavel y la espada) y dos años más tarde se hizo una selecta edición (14 pp., 23 cm) con pie de Ediciones La Arboleda Perdida con un diseño de portada distinto, obra de Alberti, para cada uno de los veintinueve ejemplares. En ciertos aspectos eso lleva a pensar en el volumen que en el por entonces ya lejano 1947 había  publicado La Botella en el Mar de El ceñidor de Venus desceñido (que reunía la poesía erótica de Alberti anterior a su llegada a Argentina), del que se hizo una tirada de cien ejemplares firmados por el autor e ilustrados por Luis Seoane (1910-1979).

ALBERTIVenusPriamo

Adviértase la diferencia del dibujo de portada de un ejemplar a otro de Ediciones La Arboleda Perdida.

Cuando menos en parte, el hecho de que el proceso de edición que tuvo el primer libro de Amans Amens se demorara tanto cabe atribuirlo al hecho de que, aun residiendo en Roma, Alberti fue mandando fragmentariamente los textos, a lo que se añadió el se empeñó del poeta en revisar pruebas, aun en contra de las recomendaciones que le hacía al respecto Cela, asegurándole que lo harían expertos que pondrían en ello los cinco sentidos, lo cual permitiría acelerar un poco el proceso. Temeroso de las erratas, Alberti insiste en corregir pruebas personalmente, y comprometiéndose incluso a devolverlas en veinticuatro horas para minimizar la demora.

En carta fechada el 7 de junio de 1967 en Roma, escribe Alberti:

¡Al fin! Hermoso y perfecto Poemas de amor! Muy contentos María Teresa [León] y yo. […] Estoy de enhorabuena. Muestro el libro a mis amigos italianos. Grandes elogios. Un éxito. […] Felicite a todos los que cuidaron de la edición. Es una maravilla. Muchas gracias.

La impresión, de mil ejemplares, había corrido a cargo de Casal i Vall, y se había previsto una edición corriente en la colección El Gallo en la Torre que, en el caso del libro de Alberti, no llegó a realizarse. Sobre los detalles de la tirada, las que se conocen respecto al segundo título de la colección pueden ser orientativos.

El número 2 de la colección fue el dedicado a los Poemas de amor del poeta de Orihuela Miguel Hernández (1910-1942), seleccionados, prologados y anotados por el crítico y también poeta Leopoldo de Luis (1918-2005) y aparecidos en mayo de 1969. En este caso las dos puntas secas sobre papel hilo con filigraba que incorpora fueron obra del pintor y grabador canario Millares (Manuel Millares, 1926-1972), y al igual que el anterior se imprimieron en Casal i Vall, una empresa fundada en 1956 en San Julián de Loria y trasladada en 1961 a la capital de Andorra que actuó también como editorial y que tenía entre sus principales clientes a Caralt, Vergara y Nauta, además de Alfaguara.

Miguel Hernández (1910-1942).

De este volumen de 161 páginas, encuadernado en arpillera con lomo de pergamino, sabemos que, además de los mil ejemplares numerados para la colección Amans Amens, sobre papel alisado, se tiraron sesenta y cuatro para la colección El Gallo de la Torre los siguientes sobre papel fabricado exprofeso por Guarro:

-Un ejemplar único con los dibujos originales de las dos puntas secas, el cobre de la ilustración y una prueba de cada uno de los grabados en sanguina y otra tirada con las planchas inutilizadas (lo que impide su posterior reimpresión y, por tanto, que más adelante puedan ponerse en circulación más ejemplares que los originalmente impresos). Todas las pruebas de los grabados, en estos ejemplares y en los que se mencionan a continuación, iban acompañados de la firma del grabador.

-Diez ejemplares (numerados 1-10) con una prueba de los grabados en sanguina y otra con las planchas inutilizadas.

-Cuarenta y tres ejemplares (numerados 11 al 53).

-Diez ejemplares para cada uno de los colaboradores (marcados de la A a la I).

En una entrevista concedida a Jorge Burgos y publicada en Abc el 26 de febrero de 1970, el novelista y editor de Alfaguara Jorge Cela Trulock declaraba:

En la colección Amans Amens están ya en la calle Alberti y Hernández. Ahora [Manuel]Viola [José Viola Gamón, 1916-1987] está haciéndonos las puntas secas que ilustrarán el libro de Aleixandre. Como usted sabrá, estos libros pasan luego a la colección La Palma de la Mano, más asequible, que es donde ha salido lo de Otero.

Blas de Otero (1916-1979).

El libro de Blas de Otero al que se refiere Cela Trulock  es Expresión y reunión (1941-1969). A modo de antología (1969), que era el segundo volumen de la colección La Palma de la Mano, tras la publicación de la reedición corregida y aumentada de la Poesía social. Antología (1939-1968), preparada por Leopoldo de Luis y publicada en Alfaguara en 1965 y pronto convertida en obra de referencia en la materia. Sin embargo, bastante más interesante parece la mención del libro en proceso de Vicente Aleixandre (1898-1984), que no parece haber dejado otro rastro (o no he sabido encontrarlo). Parece claro que no llegó a culminarse la edición de este libro de poesía amorosa de Aleixandre ni en Amans Amens ni en ninguna otra colección de Alfaguara. No es fácil identificar esta obra, de la que podemos suponer que el título sería Poemas de amor o algo muy similar. Aun así, quizá pueda identificarse con el libro al que alude un rumor, ni muy fiable ni muy extendido, según el cual existe una edición de un único ejemplar de cierto libro de Aleixandre que se llevó a cabo para la Unesco. No me consta que exista tal ejemplar único ni he hallado más noticia sobre él.

Fuentes:

Antonio Burgos, “El Mundo de los Libros. Declaraciones del novelista-editor Jorge Cela Trulock”, Abc, 26 de febrero de 1970, p. 18.

Camilo José Cela, Correspondencia con el exilio, Barcelona, Destino, 2009.

Fernando Huarte Morton, «Camilo José Cela, bibliófilo y editor», Actas de la VIII Escuela de Verano del CREPA, Madrid, Comunidad de Madrid, 2006, pp. 45-56.

Germán Masid Valiñas, La edición de bibliófilo en España (1940-1965), Madrid, Ollero & Ramos, 2008.

Alfaguara y sus traducciones del español al catalán (la colección Ara i Ací)

A la memoria de quienes, durante el franquismo,

impartieron clases de catalán en la clandestinidad.

 

Con una cierta intermitencia resurge un debate de baja intensidad acerca de la necesidad o incluso la conveniencia de traducir al catalán –y lo mismo valdría para el gallego o el euskera– obras literarias escritas originalmente en lengua española. Se produjo, por ejemplo, al aparecer en 2003 la versión catalana de Ponç Puigdevall de Soldados de Salamina, de Javier Cercas, pero contaba con antecedentes tan interesantes como la de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, que Avel·lí Artís Gener tradujo en 1970 para poner a prueba su dominio del catalán, pero sin pretensiones de publicarla, y muy bien podría haberse suscitado la misma cuestión en 1966, cuando apareció la versión del Viaje al Pirineo de Lérida, de Camilo José Cela, traducida por Josep M. Llompart (quien se vio en la necesidad de justificar de un modo un tanto singular su trabajo mediante un prólogo a la obra):

Traducir del castellano al catalán es una pérdida de tiempo y de energías, un rotundo disparate. […] Vana tortura de la que yo jamás habría aceptado ser agente ejecutivo si no fuera por una causa incontrastable: la voluntad del autor.

Edición dirigida por Pere Antoni Serra de la que se hicieron 400 ejemplares sobre papel de hilo Ingres, numerados, y 50 del I al L, todos firmados por el autor. En 2004 se subastó en El Remate (Madrid) por 400 euros.

A nadie extrañará que, acaso con la mirada puesta ya en el Premio Nobel, Camilo José Cela tuviera mucho interés en que su obra se tradujera a cuantas más lenguas mejor (ya de 1956 es la edición en Palma de Mallorca, con prólogo de Villalonga y traducción de Miquel M. Serra Pastor, de La familia d´en Pascual Duarte; anterior a la gallega); y tampoco sorprenderá a nadie que cuando tuvo la ocasión se sirviera para ello de la editorial que él mismo había contribuido a fundar, Alfaguara, que mediados los años sesenta había abierto en Barcelona una sede con el propósito de, por un lado, publicar en catalán (lo que dio pie a dos colecciones efímeras) y por el otro, captar autores en catalán para su traducción al español (lo que no llegó a suceder). Así lo contó su artífice, Rafael Borràs Betriu:

 En abril de 1966, a los seis meses de hacerme cargo de la delegación en Cataluña, se inició en Alfaguara la publicación de La Novel·la Popular Catalana, a semejanza de la que se publicaba en Madrid dirigida por Jorge C. Trulock: La Novela Popular. Inédita. Popular. Española.

X. Benguerel.

La Novel·la Popular Catalana, dirigida por Manuel Costa-Pau (luego conocido escritor y editor de Llibres de l´Índex y Llibres del Segle), se dedicó a la narrativa breve, con la pretensión inicial de publicar en edición de bolsillo un título mensual, y se estrenó con una obra de Ramon Folch i Camarassa, Adéu abans d´hora, al que seguirían autores como por ejemplo Joaquim Amat-Pinella, Miquel Arimany, Pere Calders, Félix Cucurull, Víctor Mora, Robert Saladrigas, Manuel de Pedrolo… Y hay constancia de textos que no llegaron a publicarse, pues a Llorenç Villalonga se le pidió sin éxito algún texto breve, y a Manuel de Pedrolo se le rechazaron dos textos (uno de ellos, por previsibles problemas con la censura).

Ara i Ací [Ahora y Aquí] tenía una presentación más lujosa, y llegó a constituirse en un catálogo muy interesante y bastante curioso, en el que Xavier Benguerel, como explica Borràs Betriu en sus memorias, ocupó un lugar particularmente destacado, con cuatro títulos de los catorce publicados en esta colección. Con el primero de los libros ya se puso de manifiesto el acierto de tal elección. Como se cuenta en las memorias ya citadas:

Gorra de plat obtuvo un éxito fulminante: se agotaron 3.000 ejemplares (recuérdese, en catalán; recuérdese, en 1967) la tarde del Dia del Libro de aquel año. Dos meses después sacábamos la segunda edición (recuérdese, también, que las técnicas de impresión y encuadernación no eran entonces lo que son hoy), de 3.000 ejemplares más, y todavía una tercera edición, revisada y corregida.

Posteriormente Busquets i Grabulosa ha calculado en 14.000 los ejemplares vendidos sólo en catalán de este título (en 1969 se publicó, también en Alfaguara, la traducción de Luis Carandell). La siguiente obra de Berenguel en Ara i Ací, Els vençuts (1969), fue una creación bastante singular. Consta de una primera parte que es una reelaboración de una novela que había publicado en 1956 en la Editorial Selecta de Josep M. Cruzet con el título Els fugitius, y de una segunda titulada La fam i les fúries. Pero el caso es que fue un éxito todavía mayor.

Tras Viatge al Pirineu de Lleida, L´estiu més bonic, de Folch i Camarassa, y Gorra de plat, el cuarto título, en 1967, fue una novela de Aurora Bertrana (1892-1974), Vent de grop, escrita o por lo menos concluida a instancias de la también escritora Caterina Albert (Víctor Català”), según se dice en la dedicatoria: “A Caterina Albert, verdadera promotora y animadora de esta obra, la cual probablemente no hubiera escrito sin su afectuosa insistencia.” Tres años más tarde, en 1970, se estrenaba una versión cinematográfica a partir de un guión elaborado por Francesc Rovira-Beleta y Joaquim Jordà, con el título La larga agonía de los peces fuera del agua, dirigida por el propio Rovira-Beleta, que se hizo famosa sobre todo porque en ella aparecía cantando algunas piezas Joan Manuel Serrat.

Francisco Rovira Beleta (1912-1999).

 

El quinto número de Ara i Ací fue la novela de Concepció G. Maluquer (1914-2004) Aigua tèrbola, que en declaraciones a El Correo Catalán describió como la que más satisfacciones le dio, por el trato profesional que le dispensó el editor, por la promoción de la obra y, en particular, por el respeto a la integridad de la obra. Maluquer tenía una experiencia previa, poco satisfactoria, con el responsable de El Club dels Novel·listes, Joan Sales, en relación con su novela Gent del Sud (1964), hasta el punto que en el año 2001, con prólogo de Francisco Candel, consiguió por fin publicar la obra que había publicado tal como la había concebido (en la colección Biblioteca Pirinenca de Garsineu Edicions). El año anterior, Maluquer había recibido de Costa-Pau el encargo de una obrita para La Novel·la Popular Catalana, que se concretó en Què s’ha fet d’en Pere Cots? (1966), y le había puesto en contacto con Alfaguara.

También Josep Maria Espinàs, que publicó como número 6 de Ara i Ací La collita del diable, que originalmente se titulada, más explícitamente, Els desterrats, llegó a Alfaguara después de cierto roce con Joan Sales, quien en 1956 le había publicado Tots som iguals. Así lo contó Espinàs:

 Llegó un momento en que terminé una novela […] y se la llevé aa Joan Sales. Entonces va Sales i se lanzó en su estilo: lleno de una profundísima buena fe armada de tozudería. Creyó que la novela “ganaría mucho con algunas alusiones estratégicamente colocadas acerca de los horrores de la guerra en el Priorato. Jo le decía que era partidario de prescindir de “qué novela se hubiera podido escribir”, pero el replicaba “Si antes de imprimir el autor tiene tiempo de mejorarla, me parece que esto es en beneficio de todos: autor, editor y público” […] Su vehemencia chocó contra mi pereza.

Además de Cela, aunque sin duda por motivos bien distintos, se tradujo en Ara i Ací a otro autor en lengua española, el por entonces muy famoso Francisco Candel, y semejante tarea recayó en Ramon Folch i Camarassa (quien al año siguiente publicaría en la misma colección El Rusc, es decir, La colmena). El libro de Candel, Trenta mil pessetes per un home i altres narracions (1968), toma el título de un relato que había aparecido en el número inicial de la revista Tintín (16 de noviembre de 1967) y, a decir de una nota aparecida en Triunfo el 21 de febrero de 1970, de la versión en español de este volumen de dieciocho relatos, que apareció  Alfaguara con posterioridad a la traducción al catalán, en 1969, en  se hizo una tirada realmente asombrosa de diez mil ejemplares.

En realidad, casi todos los catorce títulos publicados en esta colección tienen detrás una historia curiosa o divertida, o están asociados a jugosas anécdotas, y por ejemplo la elaboración y publicación de la Antologia de la poesía social catalana, preparada por Ángel Carmona, es digna de capítulo aparte.

 Apéndice. La colección Ara i Ací (Alfaguara).

 1 Camilo José Cela, Viatge al Pirineu de Lleida, traducció i pròleg de Josep M. Llompart, 1966.

2 Ramón Folch i Camarassa, L´estiu més bonic, 1966.

3 Xavier Benguerel, Gorra de plat, 1967 (2ª ed. 1967; 3ª revisada, 1973) Se calcula que se han tirado 14.00 ejemplares sólo en catalán.

4 Aurora Bertrana, Vent de grop, 1967.

5 Concepció G. Maluquer, Aigua tèrbola, 1967.

6 Josep M. Espinàs, La collita del diable, 1968.

7 Jaume Picas, Tren de matinada, 1968.

8 Francisco Candel, Trenta mil pesetes per un home i altres narracions, traducción de Ramon Folch i Camarassa, 1968.

9 Camilo José Cela, El rusc, versió de Ramon Folch i Camarassa, 1969.

10 Xavier Benguerel, Els vençuts, 1969. Se le calculan unos 25.000 ejemplares sólo de la versión en català.

11 Ángel Carmona, ed., Antologia de la poesía social catalana, 1970.

12 Vicenç Riera Llorca, Joc de xocs, 1970.

13 Xavier Benguerel, Memòries 1905-1940, prólogo de Pere Calders, 1971.

14 Xavier Benguerel, 1939. Segona part de Els vençuts, 1973. Se calculan 6.000 ejemplares vendidos.

Fuentes:

Montserrat Bacardí (traducida como, «La traducció del català al castella. Una història aleatìoria«, 1611. Revista de Historia de la traducción, núm. 1 (2007).

Montserrat Bacardí, “La traducció del castellà al català al segle XX. Esbós d’una història accidentada”, Visat, núm. 9 (abril de 2010).

Lluis Busquets i Grabulosa, Xavier Benguerel, la màscara i el mirall, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, 1995.

Josep M. Espinàs, “Record de Joan Sales”, Avui, 18 de noviembre de 1983.

M. Landrón, “Treinta mil pesetas por un hombre (1968)”, en la web El Candel.

Joaquim Molas,  “Dotze cartes inèdites de Llorenç Villalonga”, en Germà Colón, Tomás Martínez Romero y Maria Pilar Perea, eds., La cultura catalana en projecció de futur. Homeantge a Josep Massot,  Castelló de la Plana, Universitat Jaume I, 2004.