La traductora Margarita Nelken (con Borges al fondo)

La labor de Margarita Nelken (1894-1968) como traductora ha quedado indisolublemente vinculada a la polémica acerca de la autoría de la primera traducción de La metamorfosis de Franz Kafka, en apariencia obra de Jorge Luis Borges, publicada en los números XXIV (abril-junio de 1925) y XXV (julio-septiembre de 1925) de la Revista de Occidente.

Margarita Nelken.

Sin embargo, ya entonces la políglota Margarita Nelken tenía una pujante obra literaria en marcha, que había arrancado en 1911 con «L’Oeuvre de Julio Romero de Torres», artículo publicado en la revista parisina L’Art Decoratif, si bien muchas fuentes aluden a un primer texto sobre Goya publicado a los quince años en la británica The Studio. Según constata la tesis doctoral de Trinidad Barbero Reviejo, en The Studio se estrena Nelken en el número 235 (de octubre de 1912, pp. 258-262) con un texto titulado simplemente «Eduardo Chicharro», y «Los frescos de Goya de San Antonio de la Florida» aparece en el número 319, de octubre de 1919 (pp. 81-85). Además, había puesto su firma en Mercure de France, Gazzette des Beaux Arts, L’Art et les artistes, Renovación Española, Archivo de Arte Español, Gaseta de les Arts, La Ilustración Española y Americana, Blanco y Negro, La Esfera…

También anteriores a la polémica traducción kafkiana es la aparición de su libro de crónicas Glosario. Obras y artistas (Librería de Fernando Fe, 1917), el ensayo La condición social de la mujer en España (Minerva, 1920) y los de narrativa La trampa del arenal (Editorial Hernando, 1923), El Milagro (Los Contemporáneos, 1924) y El viaje a París (La Novela Corta, 1925).

En cuanto a las traducciones, tampoco eran escasas las que firmó hasta 1925: En 1922 había publicado en Nuevo Mundo (17 de marzo) la del cuento del belga Horace Van Offel «Los cisnes negros», y quizá de esas mismas fechas sea uno de los títulos del ciclo de Pimpinela Escarlata, El primer sir Percy, de la Baronesa de Orczy; al año siguiente, en la colección Breviarios de Ciencias y Letras de la editorial madrileña Calpe, se publica su traducción La cultura romana, de Theodor Brit, y con pie editorial de la Compañía Iberoamericana de Publicaciones (CIAP)-Renacimiento aparecía el primer volumen de los cuatro que tradujo de la Historia del Arte de Elie Faure (el último se publicó en 1928), que en 1944 publicaría Joan Merli (1901-1995) en su bonaerense editorial Poseidón.

En 1924 aparece en la editorial parisina Redier et Cie su traducción al francés de La sensualidad pervertida: ensayos amorosos de un hombre ingenuo en una época de decadencia (Essais amoreux d´un homme ingénue), de Pío Baroja (1872-1956), que cuatro años antes había publicado Caro Raggio. Quizá valga la pena recordar aquí como curiosidad que Borges también tradujo al francés, en su caso en prensa parisina, a Baroja. Y de 1925 son la traducción de Nelken, a partir de la alemana, del De profundis de Oscar Wilde con el título La tragedia de mi vida, así como Anatole France en zapatillas, de Jean-Jacques Brouson (ambas en Biblioteca Nueva), Dominique, de Eugène Fromentin (en Librería y Editorial Madrid), La reencarnada: novela ocultista, de Franz Spunda (en El Adelantado de Sevilla) y, en la editorial Revista de Occidente, La prodigiosa historia de un archipiélago imaginario, de Gerhart Hauptmann, y La decadencia del mundo antiguo. Seis conferencias, de Ludo Moritz Hartmann (como primer número de la colección Historia Breve).

No parece que la polémica sobre la autoría de la traducción de La metamorfosis de Kafka en la Revista de Occidente haya tenido una conclusión unánimemente aceptada, pero está claro que su origen está en el hecho de haberse publicado sin indicación del traductor –añadido, eso sí, a la destrucción del archivo de la editorial durante la guerra civil– y a la publicación de esa misma traducción en 1938 con la firma de Jorge Luis Borges (1899-1986) en la bonaerense colección Pajarita de papel de la Editorial Losada (y luego reimpresa profusamente: en Losada, en Alianza, en las Obras Completas de Emecé…). En 1974 ya circulaban rumores de que Borges no era el autor de esta traducción, y en 1998 Cristina Pestaña Castro dio pie a un cruce de artículos con Fernando Sorrentino que condujo a la hipótesis de que la autora de la traducción era Margarita Nelken (sugerida también por José Ortega Spottorno), pero ni siquiera el cotejo y estudio de las diversas ediciones que Pestaña Castro llevó a cabo en 1999 consiguió acallar tampoco algunas voces reticentes. Aún en 2014 Ana Gargatagli se planteaba y argumentaba la posibilidad de que la traducción de La metamorfosis fuera de Borges, si bien no tenía en cuenta el currículo que en 1964 Nelken mandó a Juana Maíllo en que mencionaba esa traducción como propia. También es cierto que en ese mismo texto menciona como su primera publicación en The Studio el texto sobre Goya, si bien eso quizá pueda responder al hecho de que entre el primer texto escrito y mandado para su publicación no fuera el primero efectivamente publicado. (Para la polémica, veánse más adelante las fuentes.)

Nelken, pistola al cinto, durante la guerra civil.

En los años previos a la guerra civil, Nelken publica pocas traducciones más (al margen de la de alguna obra teatral y algunas breves en prensa), Historia de la República Romana, de Arthur Rosenberg, como segunda entrega de la mencionada colección Historia Breve de Revista de Occidente y el capítulo dedicado a Cervantes del Montaige et ses trois premiers-nés, de Elie Fauré, pubilcado en Retratos Literarios con una ilustración de Picasso, ambos en 1926, pero en su exilio mexicano vuelve a cultivar el género.

En cuanto a esas traducciones ya en el exilio, en algún caso aislado parece tratarse de traducciones alimenticias, como es el caso de Radiación y radioactividad (1959), de Jack Schubert, en Muchnik Editor- Compañía General Fabril, pero eso quizá sea la excepción. Ya en 1944 colabora en la traducción del libro colectivo Los derechos del hombre en el Fondo de Cultura Económica, con el que establece una cierta relación que la llevará a ocuparse también de La vida literaria en la Edad Media (1958), de Gustave Cohen y de La correspondencia de las artes. Elementos de estéticas comparadas (1965), del filósofo Étienne Souriau. Para Juan Grijalbo, ya sea en las Biografías Gandesa de la editorial Atlante o en la editorial Grijalbo, traduce Leonardo da Vinci, obrero de la inteligencia (1954), de Fred Bérence, Fray Junípero Serra, el último de los conquistadores (1956), de Omer Englebert y La URSS con los ojos abiertos (1958), de Jules Moch, y posteriormente trabaja también para la bonaerense Editorial Sudamericana de López Llausas (Confesiones de un autor dramático y Nuevas confesiones de un autor dramático, de H.R. Lenormand, en 1950 y 1957, respectivamente) y para la Renacimiento mexicana (Vida y pasión creadora de Molière, de Leon Thoorens, en 1964).

Nelken en su exilio mexicano.

Menos constancia ha quedado de su trabajo como colaboradora de Hélène Stassova, a quien, según documentó Trinidad Barbero, entre otras cosas recomendó publicar en la moscovita editorial de la revista Literatura Internacional al venezolano Miguel Otero Silva y a los mexicanos Juan de la Cabada y José Revueltas.

Fuentes:

Trinidad Barbero Reviejo, Margarita Nelken (Madrid 1894- México D.F, 1968). Compromiso político, social y estético, Universitat de Barcelona, 2014.

Carlos García, «Borges y Kafka», versión aumentada del capítulo XVIII de su libro El joven Borges y el expresionismo literario alemán, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 2005.

Ana Gargatagli, «¿Y si La metamorfosis de Borges fuera de Borges?», versión compendiada y ampliada de una serie de artículos publicados previamente en el Centro Virtual Cervantes.

Pelayo Jardón Pardo de Santayana, Margarita Nelken: Del feminismo a la revolución, Alcorcón, Sanz y Torres (Colección Historia), 2013.

De izquierda a derecha, Borges, Sergio Piñero, Carlos Mastronardi y Guillermo de Torre.

Nina Melero, «Los traductores de La metamorfosis», Hyeronimus complutensis: el mundo de la traducción, núm. 12 (2005-2006), pp. 87-92.

Cristina Pestaña Castro, «Intertextualidad de F. Kafka en J. L. Borges», Espéculo. Revista de Estudios Literarios, núm.  7 (noviembre 1997 – febrero 1998).

—«¿Quién tradujo por primera vez La metamorfosis de Kafka?», Espéculo. Revista de Estudios Literarios, núm 11 (1999).

Fernando Sorrentino,  «La metamorfosis que Borges jamás tradujo», La Nación, 9 de marzo de 1977.

—«El kafkiano caso de la Verwandlung que Borges jamás tradujo», Espéculo. Revista de Estudios Literarios, núm. 8 (1998).

—«Borges y Die Verwandlung. Algunas precisiones adicionales», Espéculo. Revista de Estudios Literarios, núm. 12 (1999).

 

Precedentes del primer gran grupo editorial español (la CIAP).

logociapsEntre los últimos años de la década de los veinte y los primeros de la siguiente, la Compañía Ibero Americana de Publicaciones se constituyó en el primer gran grupo editorial mediante la voraz compra de cabeceras de revistas (La Gaceta Literaria), editoriales (Renacimiento, Mundo Latino, Ediciones Atlántida, Hoy, Mercurio, Estrella), librerías (la Librería Fe y sus diez subsidiarias) e incluso creó grandes imprentas y talleres, así como con el diseño de una enorme red de distribución de todo tipo de material impreso, que además obtuvo en exclusiva la distribución de editoriales de avanzada pujantes como Zeus, Ulises o Signo. Es evidente que la Compañía Anónima de Librería, Publicaciones y Ediciones (Calpe), creada en 1918 por Papelera Española, se puede considerar un intento más sostenido de crecimiento en la misma dirección, pero en la base de la CIAP, con una política más agresiva (y apresurada), se encontraba una curiosa empresa puesta en pie por un audaz periodista e historiador jerezano Manuel L.[uis] Ortega Pichardo (1888-1943).

Con apenas veintiún años, Ortega Pichardo empieza a actuar ya en 1909 como director de una cabecera aún hoy en activo, el Diario de Jerez, periódico creado por los hermanos José y Federico Joly Höhr, y poco después publicaba una primera compilación de críticas políticas y literarias con el título Frivolidades (1910), a la que seguiría el año siguiente otra de artículos costumbristas, El amor y la vicaría, películas de cine (Diario de Jerez, 1911) y más adelante La vida que pasa (Empresa Editora Andalucía, 1916). En los años siguientes, además de cubrir como corresponsal la conocida como Guerra del Rif, dejaría una estela de diarios y publicaciones periódicas, pero quizá una de las más interesantes en relación a la CIAP sea la Revista de la Raza. Publicación de Estudios Internacionales (1915-1930), creada en colaboración con Ignacio Bauer Landauer, hijo (y heredero) del banquero Gustavo Bauer Morpurgo (1865-1916), representante a su vez de los Rothschild en España.

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Manuel L. Ortega Pichardo.

Entre algunas de las curiosidad que a lo largo de su historia publicó la Revista de la Raza, se cuenta una breve obra narrativa titulada «En los tentáculos de los siglos» y firmada con el seudónimo Isabel Inghirami, que es el que empleaba al principio la escritora María Teresa León (10903-1988) (número 119, febrero de 1925, pp. 18-19), o también diversos artículos de la escritora y periodista Carmen de Burgos (1867-1932), en ambos casos ya a principios de los años veinte. A partir precisamente de 1924 esta cabecera se convertiría en la portavoz de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, y serían frecuentes en sus páginas las firmas de Ana de Castro Osorio (1872-1935), Emilia de Sousa Costa, (1877-1959), Micaela Díaz Rabaneda (1827-1931), Elena de Arizmendi (1884-1949), María de La Rigada, Nurie Gabay de Estrugo, etc.

logoiberoafroSin embargo, antes de acabar la segunda década del siglo XX, Ortega Pichardo había creado una Editorial Ibero-Africano-Americana que, por lo menos desde 1917, se había ocupado de publicar en Marruecos unos anuarios que se presentaban como la «guía oficial de Marruecos», y en esa misma fecha aparece en una Colección Hispano-Marroquí de la misma editorial España en Marruecos: el Raisuni, firmada por el propio Ortega Pichardo. Al año siguiente aparecía en la misma colección e impreso en la Tipografía Moderna el que sin duda es el título más conocido del prolífico Ortega Pichardo, Los hebreos en Marruecos. Estudio histórico, político y social, que en la primera edición incorporaba un prólogo del alto comisario de España en Marruecos Francisco Gómez Jordana (1852-1918) y que tuvo diversas reediciones (CIAP, 1929, con prólogo de Pedro Sáinz y Rodríguez; reimpreso en la Ediciones Nuestra Raza, 1934) antes de que en 1994 la reeditara Algazara con prólogo del historiador Víctor Morales Lezcano.

Por esos mismos años parece que la editorial va cobrando envergadura, quizás gracias a la colaboración de Ignacio Bauer. Así, en 1920 se publica una edición de El Diablo Mundo, de José de Espronceda, acompañado de un juicio crítico del hispanista escocés James Fritzmaurice-Kelly (1858-1923); en 1922, una biografía del por entonces aún vivo doctor y senador vitalicio Ángel Pulido Fernández (1852-1932) Figuras Ibéricas, escrita por Ortega Pichardo y prologada por Ignacio Bauer, que aparece en una Biblioteca Hispano-Sefardí, y también de 1922 son tres libros preparados por Ignacio Bauer: los seis volúmenes recopilatorios de las Relaciones de África, los Apuntes para una bibliografía de Marruecos y la Carta de Roma. Don Juan de Zúñiga a Felipe II (1577); de 1923 son los Apuntes para la historia de las cofradías musulmanas del arabista y diplomático Clemente Cerdeira Fernández (1887-1942), y del año siguiente El convidado de piedra, de Tirso de Molina, que ejemplifica una de las derivas que empieza a tomar ya la editorial en esos años, la publicación de obras clásicas españolas.

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Pedro Sainz Rodríguez.

En noviembre de 1924 se produce un acontecimiento que lo cambia todo: la constitución de la CIAP (que se escritura ante notario el 28 de enero de 1925). Entre sus fundadores, Ignacio Bauer Landauer (presidente), José Francos Rodríguez, Antonio Goicoechea y Alberto Bandelac de Pariente (como vicepresidentes), Manuel Luis Ortega Pichard (como consejero delegado y director gerente), Pedro Sainz Rodríguez, (consejero y director literario) e Isaac Toledano, José Arango, Rodrigo Saavedra Vinent, Ángel Arpón de Mendívil, Carlos E. Montañés, Menhakent Coriat y Jacques Bentata como consejeros.

En un muy detallado y completo artículo acerca de la trayectoria de la CIAP, Miguel Á. López-Morell y Alfredo Molina Abril hacen una perfilada caracterización de este grupo fundacional y de las consecuencias del mismo:

En el primer Consejo de Administración y en sus posteriores incorporaciones destacó, como ha mostrado Molina, un significativo grupo de personas vinculadas a la comunidad judía norteafricana, como Toledano, Coriat o Bandelac, junto a personalidades importantes de la vida cultural madrileña, como los exministros Goicoechea y Francos Rodríguez, presidente este último de la Asociación de la Prensa, o los catedráticos universitarios [Rafael] Altamira y Sainz Rodríguez, interesados también en las relaciones con la comunidad judía o en el estudio de la influencia cultural hebrea, lo que reportaría a la institución algunas críticas de sectores filorracistas y ultraconservadores en los años siguientes.

perraultAun así, parece ser que la Editorial Ibero-Africano-Americana siguió una trayectoria más o menos paralela pero independiente a la de la CIAP, sin integrarse a ella, y en los años siguientes continuaron apareciendo títulos bajo ese sello, entre los que se cuentan, por ejemplo, una traducción de Agustín Aguilar de La vida amorosa de Luis XIV (1926), de Louis Bertrand (186-1941), en una colección llamada Los Amores, donde se publica también una traducción de Rafael de Morales de La vida amorosa de Casanova (1926), de Maurice Rostand; una traducción no firmada de los Cuentos de viejas (1928) de Charles Perrault prologada por Ignacio Bauer con la que se estrenaba una colección de Las Cien Mejores Obras de la Literatura Universal, que tenía también una equivalente en Las Cien Mejores Obras de la Literatura Española, donde se publica un Lazarillo (1927) prologado por uno de los historiadores que colaboraban asiduamente en la Revista de la Raza, Rodolfo Gil Benumeya (1901-1975) o, incluso una vez ya desmembrada la CIAP, una monumental Colección de documentos inéditos para la historia de Ibero América, 1927-1932 publicada en catorce volúmenes en 1934 bajo la dirección de Rafael Altamira, que no había tardado en entrar en el consejo de administración de la CIAP.

wallacenuestrarazaDe todos modos, el momento que suele señalarse como el arranque de la expansión de la CIAP, el año 1928, va precedido de una cesión de relativa importancia, por lo menos por las consecuencias que tiene en las cabeceras que se ven afectadas por ella. En los últimos meses de 1927, Ortega Pichardo cede a la CIAP, junto a la Guía de Balnearios y Casas de Descanso de España, la Revista de la Raza, en la que por esos tiempos la sección «Mundo Sefardí» ocupaba un tercio de la revista y en la que colaboraba con más o menos asiduidad, Alejandro Lerroux, Niceto Alcalá-Zamora o José Antonio de Sangróniz.

Durante la etapa de expansión de la CIAP, además de la Revista de la Raza, tiene continuidad pues la Editorial Ibero-Africana-Americana, e incluso  una vez que la CIAP se empieza a saldar el stock en 1931 siguen apareciendo algunos títulos, cabe suponer que debido a que Ortega Pichardo mantuvo la propiedad del sello sin vincularlo a la CIAP. Por otra parte, en unas llamadas Ediciones Nuestra Raza aparece, por ejemplo, la edición ya mencionada de Los hebreos en Marruecos prologada por Sainz Rodríguez en 1934, o al año siguiente el Maimónides, un sabio de la Edad Media, de Ignacio Bauer, en una colección llamada Los Hombres de Nuestra Raza, y Las pinturas negras de Goya, del crítico literario y por entonces patrono del Museo Municipal de Madrid Emiliano M.[artín]. Aguilera (1905-1975), así como El Zohar en la España musulmana y cristiana, de Ariel Bension (1880-1932), con prólogo de Miguel de Unamuno (1864-1936), o textos que previamente habían aparecido en la Biblioteca Cervantes de la CIAP, como una edición de La Política de Aristóteles, las Doloras, poemas y humoradas, de Ramón de Campoamor, seleccionadas por Agustín Aguilar, o los dos tomos de la Historia de los movimientos, separación y guerra de Cataluña, que el escritor y militar portugués Francisco Manuel de Melo (1608-1666) había firmado como Clemente Libertino.

nuestrarazaPor el camino, Ortega Pichard había creado diversas publicaciones periódicas (El Heraldo de Marruecos en Larache y el ceutí Mediterráneo, ambos en 1925), y posteriormente, durante la guerra civil, como conocido monárquico, fue objeto de persecución, encarcelamiento, enviudó en 1938 y se refugió en la embajada de Finlandia. Esteban Salazar Chapela, que trabajó unos años en la CIAP y a quien Ortega Pichard había presentado a Unamuno, ofrece la siguiente explicación de cómo se salvó el editor jerezano en su novela en clave En aquella Valencia:

–Socorrito y yo –le dije a Palomino– trabajamos juntos unos años en la editorial Carabela [CIAP]…

–Hombre, la Carabela –contestó Palomino–. El gerente de esa editorial, don Manuel Picazo [Ortega Pichardo], estuvo si lo pasean o no lo pasean. Se salvó por chiripa, no sé si usted lo sabe.

–No he sabido nada de él desde mucho antes de la guerra.

–Sí, estuvo en capilla y lo sacó de allí ese escritor de teatro… ¿cómo se llama?, ese escritor que estrenó dos obras que hicieron mucho ruido, Santa Isabel de Ceres, Los gorriones del Prado…

– [Alfons] Vidal y Planas.

–Ése. Él me lo contó pocos días antes de venirme a Valencia. Desde su prisión, donde ya llevaba dos días, don Manuel consiguió enviarle unas líneas a Vidal y Planas. Este Vidal es un anarquista de lo más sentimental, bondadoso y puro que puede darse.

[…]

Como les decía, Vidal recibió las líneas, corrió al sitio donde tenían metido a don Manuel y preguntó a sus correligionarios, pues todos eran allí anarquistas: «¿Y por qué lo vais a matar? Este hombre no se ha metido en nada ni es peligro ninguno para la causa» «Pero sabemos (le explicaron) es un inmoral…». Lo iban a matar por inmoral. La réplica de Vidal fue muy buena: «Compañeros, si vamos a matar en España a todos los inmorales no quedaremos nadie para contarlo». El razonamiento surtió efecto y le dieron el preso.

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La carabela que aparece tanto en el logo de la CIAP como en el de las Ediciones Nuestra Raza sirve a Salazar Chapela para asignar el nombre en clave a la editorial en su novela.

Casado en segundas nupcias con la hija de un militar, Mery del Olmo, Ortega Pichardo moriría apenas cuatro años después del final de la guerra.

Fuentes:

eslabonLuisa Carnés, El eslabón perdido, edición de Antonio Plaza Plaza, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio 9), 2002.

Francisco Fuster García, «Compañía Ibero Americana de Publicaciones (CIAP)», en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED.

José Luis Jiménez García, «El periodista jerezano Manuel Luis Ortega Pichardo, autor del libro Los hebreos en Marruecos», Tarbur Sefarad, 10 de agosto de 2010.

Miguel Ángel López-Morell y Alfredo Molina Abril, «La Compañía Iberoamericana de Publicaciones, primera gran corporación editorial en castellano», Revista de Historia Industrial, núm. 49 (febrero de 2012), pp. 111- 145.

Jesús A. Martínez Martín, dir., Historia de la Edición en España, 1836-1936, Madrid, Marcial Pons, 2001.

enaquellavalenciaFrancisca Montiel Rayo, Esteban Salazar Chapela en su época: obra literaria y periodística (1923-1939), tesis doctoral leída en la Universitat Autònoma de Barcelona en 2005.

Francisca Montiel Rayo, «Esteban Salazar Chapela (Málaga, 190- Londres, 1965)», en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED.

Julio Saez Angulo y Dolores Gallardo, «Manuel Luis Ortega Pichardo, periodista, escritor y editor de la CIAP», La Mirada Actual, 23 de enero de 2011.

Esteban Salazar Chapela, En aquella Valencia, edición de Francisca Montiel Rayo, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio 4), 2001.

 

Esteban Salazar Chapela: la honradez no sirve para la inmortalidad

Al Gexel, celebrando sus primeros veinte años

(y  con el deseo de que cumpla muchos más).

Acerca del corrector, periodista, crítico literario, novelista y editor Esteban Salazar Chapela (1900-1965) dejó escrito Max Aub:

 ¡Ay, Esteban Salazar Chapela!, tan amigo de la libertad, ¿quién se va a acordar de ti? Un par de novelas que los historiadores españoles se empeñarán en oscurecer como todo lo que no es “lo suyo”. Tú, el más ortodoxo de los liberales, te verás convertido en lo contrario. Tu humor, ¿a qué vendrá? ¿Habrás vivido en vano como tantos que no intentan luchar contra el olvido?

En aquella Valencia (1995)

En el excelente libro que Martínez de Pisón dedicó a la amistad de John Dos Passos con su traductor al español José Robles Pazos, Enterrar a los muertos, una de las fuentes importantes empleadas para la documentación y recreación de la Valencia de 1937 es precisamente una obra que este malagueño dejó inédita a su muerte y que sólo gracias al tesón de quien quizá sea su más constante vindicadora, Francisca Montiel Rayo, vio finalmente la luz, En aquella Valencia. Y tras una primera edición “de batalla”, con más líneas viudas de las deseables, aún se reeditaría en edición mejorada en la Biblioteca del Exilio. Discrepo de la opinión de Andrés Trapiello en Las armas y las letras de que esta novela no tenga “otra valor que el documental y biográfico, un tanto idealizado”, sino que me parece, además de una obra con un punto de humor delicioso, una novela repleta de diálogos jugosos y escenas magníficamente resueltas. En cualquier caso, pues, si bien en una medida sin duda no proporcional a sus méritos literarios, sí ha habido quien se ha acordado de Salazar Chapela.

En sus diarios personales, en la misma línea dejó también anotado Max Aub:

¿Qué quedará de esa excelente persona, periodista honrado, honrado prosista, autor de un par de novelas honorables, que vivió con honra?

La situación política le llevó al exilio, donde murió. Si no se vuelve a escribir la historia de la literatura española quedará olvidado entre tantos enterrados en su tierra natal. Decididamente, la honradez no sirve para la inmortalidad.

Basta leer Después de la bomba (Edhasa, 1966) o En aquella Valencia (Gexel, 1995), para advertir la flagrante desproporción entre la calidad de la prosa de Salazar Chapela y su conocimiento, aprecio e influencia de su obra en nuestros días, pero mucho más olvidada aún es su carrera dentro del mundo editorial, que se inició antes de la guerra en la madrileña Compañía Ibero Americana de Publicaciones (CIAP), fundada en 1925 por los hermanos Alfredo e Ignacio Bauer (los representantes en España de los Rothschild) con un capital social de 600.000 pesetas y el propósito más o menos declarado de controlar el negocio editorial español.

Después de unas incipientes publicaciones en las revistas Ambos (de Souvirón, Hinojosa y Altolaguirre) y El Estudiante (de Giménez Siles), ya en Madrid la firma de Esteban Salazar Chapela empieza a asomar por las páginas de la Revista de Occidente, La Gaceta Literaria, La Voz y El sol (al tiempo que se convierte en un habitual de las tertulias culturales de finales de los veinte), antes de su entrada en 1929 en la CIAP.

De ese mismo año es su primera novela publicada, en la colección fundada por Artemio Precioso, La Novela de Hoy, de la editorial Atlántida, perteneciente a su vez a la CIAP desde su número 330 y dirigida desde entonces por Pedro Sainz Rodríguez (catedrático de Bibliología en la Universidad Central de Madrid). La novela incluida en esta colección, como número 380 y con colofón del 23 de agosto, es La burladora de Londres, con portada (el rostro de una mujer rubia) e ilustraciones de Garrán, a la que seguiría en 1931 Pero sin hijos en la editorial Renacimiento, también perteneciente a la CIAP. Es probable que ambas obras fueran productos de encargo, y si bien  Rafael Conte opinaba que la segunda de ellas “no carecía de interés, pues reflejaba en cierto modo abstracto el cambio de régimen”, es sabido que más adelante Salazar Chapela destruyó los ejemplares que encontró de ellas. El único rastro que dejó otra de sus novelas de esta época, Dos hombres y una mujer en una isla, es el fragmento que apareció en el quinto número de la revista Ágora (del 1 de febrero de 1932) con el titulo “Sobrenatural aparición de la prostituta”. Dada la enormidad de esta multinacional y la amplitud de sus ramificaciones (las editoriales Fe, Mundo Latino, Mercurio, Estrella y Hoy, además de las ya mencionadas y toda una red de librerías) y de la consideración del libro como un producto comercial que debía publicitarse por todos los medios, es fácil suponer que de la pluma de Salazar Chapela salían muchos de los textos de contraportada de los libros de CIAP y textos para boletines y anuncios, además de las numerosas reseñas de libros de esta empresa que, como crítico literario de la casa, publicó en las revistas de las que la CIAP era propietaria (y en particular en La Gaceta Literaria que dirigía Giménez Caballero). Escribió también varios prólogos para la colección Las Mejores Obras de la Literatura Universal (Las noches blancas, de Dostoievski; Viaje sentimental de un inglés en Francia, de Sterne; El anticuario, de Walter Scott; Aventuras de un fanfarrón, de Thackeray; Robinson Crusoe, de Defoe; El vicario de Wackerfield, de Goldsmith; Dr. Jekill y Mr. Hyde, de Stevenson).

Se sabe que a iniciativa de Salazar Chapela su amigo Francisco Ayala reunió sus artículos sobre cine que ese mismo 1929 le publicaría Mundo Latino con el título Indagación del cinema, en un trato muy ventajoso para el autor. Si por algo es recordada la CIAP es por su asombroso (y suicida) modo de captar en exclusiva a los autores más exitosos, sobre todo desde el momento en que tomó las riendas Sainz Rodríguez, quien les asignaba sueldos que las ventas de sus libros, pese a las exorbitantes tiradas, difícilmente podrían sufragar. En el caso de Ayala, sin embargo, fue de los relativamente modestos: se llevó el 15 % sobre una tirada de 5.000 ejemplares.

Y a estas tareas de Salazar Chapela se puede añadir la de corrector de estilo. En aquella Valencia está salpicada de referencias a una Editorial Carabela cuyo nombre apenas oculta el de la CIAP, y el trasunto del autor, llamado Sebastián Escobedo y que aparece en otras de sus novelas, explica:

A Socorrito no la veía yo desde hacía justamente un año, esto es, desde que dimití de mi puesto en la Editorial Carabela S.A., donde habíamos trabajado ambos tres años seguidos en departamentos distintos pero igualmente aburrentes. Yo estaba en aquella editora para revisar las obras traducidas –novelas sobre todo- y me llamaban por entonces con prosopopeya “corrector de estilo”. Las versiones más frecuentes allí eran de francés, inglés, alemán e italiano, pero yo no tenía que cotejar nada con los originales, ni tampoco habría podido hacerlo con todos, pues mi poliglotismo nunca se extendió a tanto, sino simplemente a corregir en el texto hispano sus faltas de sindéresis y de sintaxis, no pocas veces sus faltas de ortografía.

Los años veinte y treinta tienen fama entre los especialistas de ser una etapa de traducciones al español bastante incompletas, apresuradas y mediocres en cuanto a calidad, sobre todo en el caso de la literatura coetánea, y si a eso se añade una ausencia de cotejos con los originales y una corrección tan somera como la descrita por Escobedo, que refleja bien los criterios eminentemente comerciales de la CIAP, se explican fácilmente los motivos. Sin ir más lejos, retomando el caso de Robles Pazos, si se ha discutido su traducción de Manhatan Transfer tal como se publicó originalmente, más lo ha sido todavía la de Babbit de Sinclair Lewis, donde rara es la página en la que no falta alguna frase del original. La firma de Salazar Chapela aparece en una edición en la colección El Mensaje (de la barcelonesa Juventud) de la traducción de La Aventura del hombre: sinopsis de la historia del mundo, del pedagogo Frederick Crossfield Happold. Desconozco si Salazar Chapela firmó otras traducciones.

Cubierta de la edición en Losada de Desnudo en Piccadilly.

En cualquier caso, lo que es evidente es que los conocimientos adquiridos, esta experiencia de las diversas fases del proceso de producción editorial (desde idear un libro al trato con los autores, el márketing y la publicidad, pasando por el llamado “trabajo de mesa”) tuvo que serle de gran utilidad a Salazar Chapela cuando, en su exilio londinense, al frente del Instituto Español se ocupó de la edición del Cancionero musical español (1948), preparado por Eduardo Martínez Torner, de sus Lecturas clásicas españolas (1949) y sus Advanced Modern Spanish proses (1951), así como de la dirección del ambicioso  boletín de esta institución. Entre los muchos proyectos de Salazar Chapela que no llegaron a ver la luz se cuentan volúmenes encargados a  Antonio Espina, José Luis Trincado y Luis Cernuda, o una antología preparada por Juan José Domenchina, pero sin embargo más frustrantes tuvieron que ser para él los manuscritos que iba escribiendo y que tantas dificultades tenía para publicar. Resulta bastante lógico que, pese a la intercesión de Max Aub, Joaquín Díez-Canedo considerara En aquella Valencia una obra demasiado local –esto es: española– para el público mexicano y se negara a publicarla en su editorial, Joaquín Mortiz, pues incluso para el lector español de hoy las anotaciones de Montiel en su edición respecto a acontecimientos, organizaciones políticas y contexto y personajes históricos resultan muy útiles para aquilatar las intenciones de la novela y comprenderla en toda su magnitud y profundidad. Como también es comprensible  que de su Perico en Londres, publicada gracias a las gestiones de Guillermo de Torre y Francisco Ayala, Losada tirara en 1947 sólo 2.000 ejemplares y nunca la reeditara, pues el tema del primer exilio era tabú en la España franquista y poco mercado había para él. Más suerte tuvo con Desnudo en Picadilly, publicada también por Losada y, en inglés, por Abelard-Schuman Limited (que hizo en 1961 una edición en cartoné y en 1966 una en bolsillo). Pero la publicación de Después de la bomba, de la que había intentado publicar un fragmento en la revista de Max Aub Los Sesenta, es posterior a la muerte del autor, y El milagro del Támesis, que se la había rechazado Antonio Soriano (Librería Española de París) sigue inédita, del mismo modo que tampoco llegó a ver sus proyectadas Cartas de Londres y otros papeles.

Cualquiera que haya leído a Salazar Chapela sabe que es tiempo y esfuerzo bien invertido, y resulta un poco enojoso que sus libros no sean más fácilmente accesibles. Así que resulta muy reconfortante que –parafraseando a Aub– haya algunos historiadores españoles empeñados en sacar a la luz su obra y “volver a escribir la historia de la literatura española” para subsanar esas injustificadas ausencias; en definitiva, en recuperar “lo suyo”.

Fuentes:

Josefa Bauló, “Valle Inclán a través de Julio Sanz Rodríguez”, en El Pasajero (otoño 2002).

Santiago Belausteguigoitia, “La edición de En aquella Valencia saca del olvido al novelista Salazar Chapela”, El País, 18 de junio de 2001.

Rafael Conte, “Esteban Salazar Chapela, un oxímoron”, El País, 31 de marzo de 2007.

Ana María López Mancebo, “El humor en la obra narrativa de Esteban Salazar Chapela”, en Manuel Aznar Soler, ed., El exilio literario español de 1939. Actas del Primer Congreso Internacional, Sant Cugat del Vallès, Associació d’Idees/GEXEL (Serpa Pinto II), 1998), vol. 2, pp. 143-149.

Francisca Montiel Rayo, Esteban Salazar Chapela en su época: obra periodística y literaria (1923-1939), tesis defendida en la Universitat Autònoma de Barcelona.

Francisca Montiel Rayo,“Una visión del exilio republicano en Gran Bretaña: Perico en Londres, de Esteban Salazar Chapela”. Exils et migrations ibériques au XXe siècle. 60 ans d’exil républicain: des écrivains espagnols entre mémoire et oubli, número 6 (1999), pp. 209-226.

Francisca Montiel Rayo, “Una revista del exilio republicano en Gran Bretaña: El Boletín del Instituto Español”, en Manuel Aznar Soler, ed., Las literaturas del exilio republicano de 1939. Actas del Congreso Plural “Sesenta años después”, Sant Cugat del Vallès, Associació d’Idees-Gexel (Serpa Pinto 3), 2000, vol. 1, pp. 243-269.

Francisca Montiel Rayo, Esteban Salazar Chapela, en Diccionario Bio-Bibliográfico de los Escritores del Exilio Republicano de 1939.

Esteban Salazar Chapela, Ensayos, artículos y narraciones, selección, introducción y notas de Francisca Montiel Rayo, Madrid, Fundación Banco de Santander, 2007.

Esteban Salazar Chapela, Después de la bomba, Barcelona, Edhasa (El Puente), 1966.

Esteban Salazar Chapela, En aquella Valencia, edición de Francisca Montiel Rayo, Sant Cugat del Vallès, Gexel-Associació d´Idees, 1995. Edición con prólogo ampliado, actualizada y mejorada: Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio), 2001.

Andrés Trapiello, Las armas y las letras, Barcelona, Destino (Imago Mundi 167), 2010.