Letras Hispánicas, una colección para aprender a leer

La ambición de un proyecto como el de la colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra es ya a simple vista tremenda: reunir las principales obras de las diversas literaturas en lengua española, abarcado todos los géneros y considerándolas desde sus orígenes hasta un pasado relativamente reciente, y hacerlo además tras un trabajo ecdótico riguroso para fijar un texto con vocación de definitivo y con un aparato crítico que, en particular en algunos casos, estará sometido a necesaria actualización. En este tipo de empresas se hace más evidente que en otras las ventajas de la edición electrónica o incluso en línea, que permite incorporar inmediatamente a la bibliografía las novedades importantes o enmendar y/o añadir información de las notas a pie (incluso a la bibliografía), que en otros tipos de libros.

La colección Letras Hispánicas nace durante lo que por entonces parecían los últimos años del franquismo, en 1973, en principio para dar continuidad a la Biblioteca Anaya que habían dirigido en Salamanca el escritor, historiador y periodista falangista Evaristo Correa Calderón (1899-1986) y el profesor y filólogo Fernando Lázaro Carreter (1923-2004). Esta continuidad se pone de manifiesto de un modo palmario en el hecho de que algunos de los primeros títulos eran reedición de los aparecidos previamente en su antecesora.

Sin embargo, cuando el empresario y propietario de Ediciones Anaya Germán Sánchez Ruipérez (1926-2012)  impulsa la creación de las editoriales Pirámide y, al principio integrada en esta, Cátedra (constituida el 28 de noviembre de 1973), al frente de la segunda pone a Gustavo Domínguez, cuya sintonía con el Partido Comunista no le había impedido hacer sus primeros pinitos como ayudante de cátedra de Lázaro Carreter.

Sus primeros veinte números (véase el Apéndice más adelante) ya permiten hacerse una idea cabal de la ambición de Letras Hispánicas mencionada al principio. Junto a autores y títulos clásicos bastante indiscutidos (La Celestina, Espronceda o Machado), algunos otros de segunda fila (Vicente García de la Huerta o Bretón de los Herreros) y otros aún vivos cuya inclusión podía ser más arriesgada y que a menudo se ocupaban de editar su propia obra (Blas de Otero o Gabriel Celaya, y más adelante José Ruibal o Gloria Fuertes), cuestión esta última también polémica, así como la inclusión de algún que otro escritor hispanoamericano (Alfonso Reyes, y más adelante la Summa poética de Nicolás Guillén [núm. 36] o El túnel de Ernesto Sábato [núm. 55]). Precisamente la incorporación a una colección de estas características de autores recientes se ha señalado como uno de los principales rasgos que singularizaban Letras Hispánicas y por entonces la distinguían de sus competidoras (la Castalia de Amparo Soler, en particular), si bien de la mayoría de las ediciones de autores vivos se encargaron por lo general a filólogos y especialistas en lugar de dejarlas en manos de sus autores; de La tejedora de sueños y Llegada de los dioses, de Antonio Buero Vallejo, que fue el número 45, por ejemplo, se ocupó Luis Iglesias Feijoo; de El túnel, Ángel Leiva; de la Antología lírica de Salvador Espriu (núm. 56), su traductor José Batlló (1939-2016); de las obras Pic-Nic. El triciclo. El laberinto, de Fernando Arrabal (núm. 63), Ángel Berenguer…

Esta variedad o diversidad cabe atribuirla al terceto director de la colección, formado inicialmente, en el primer centenar de títulos, por Lázarro Carreter, Domingo Ynduráin (1943-203) y Francisco Rico (n. 1942). En los primeros tiempos, y sobre todo en los casos de obras que entraban en los planes de estudios universitarios, las tiradas iniciales rondaban los 3.000 ejemplares, y muchos títulos se reimprimían constantemente e incluso de algunos, pasado un tiempo, se hicieron nuevas ediciones. Una docena de sus títulos han sobrepasado los 400.00 ejemplares vendidos, e incluso tres de ellos (El lazarillo de Tormes, en edición de Francisco Rico; El árbol de la ciencia, de Baroja, en edición de Pío Caro Baroja, y La casa de Bernanda Alba, de García Lorca, en edición de Allen Josephs y Juan Caballero) han superado los 700.000.

Más allá de la consolidación (o esclerotización, según se mire) de un canon de la literatura en lengua española, un valor apreciado de la colección fue también la introducción de ejemplos prácticos de aplicación de las teorías literarias en boga a finales del siglo xx, y en este sentido se ha destacado como ejemplo el análisis de actantes que, siguiendo el modelo del semiólogo francés Algirdas Julien Greimas (1917-192), empleó Benito Varela Jacome (1919-2010) en su estudio introductorio a El estudiante de Salamanca de Espronceda. En cualquier caso, sobre todo desde el momento en que la colección pone la mirada en el interesante sistema de compra de las universidades estadounidenses, Cátedra (también en esta colección) fue uno de los canales de introducción de lo que se estaba haciendo en el ámbito de los estudios y la teoría literaria más allá de la estilística y de los ámbitos universitarios españoles, en particular en el caso de las teorías de raigambre estructuralista, y no son pocos los hispanistas extranjeros que ya en los primeros tiempos de la colección se ocuparon de algunos o varios títulos: Bruno Mario Damiani (La Celestina, núm. 4), Cyrus De.Coster (Genio y figura, de Juan Valera, núm. 29), Colin Smith (Poema de mio Cid, núm, 34), Philip W. Silver (Mientras el aire es nuestro, de Jorge Guillén, núm 89) o Jon Jay Allen (Don Quijote de La Mancha, núms. 100-101), entre otros muchos.

Mención aparte merecen algunos exiliados republicanos, como es el caso de Vicente Gaos, que muy pronto se ocupa de editar la Antolojía poética de Juan Ramón Jiménez (núm. 18) y poco después la Antología del grupo poético de 1927, núm. 30 (luego actualizada por Carlos Sahagún), o Joaquín Casalduero , que editó De tal palo tal astilla, de Pereda (núm. 34) y El burlador de Sevilla y convidado de piedra (núm. 58). En cuanto a la obra creativa de autores exiliados como consecuencia del resultado de la guerra civil, algunos de los cuales habían ya regresado, el primero en ser publicado fue Juan Ramón Jiménez, pero pronto le siguieron Francisco Ayala (La cabeza del cordero, en edición de Rosario Hiriart, núm. 83), Jorge Guillén, Pedro Salinas (Aventura poética, editada por David L. Stixrude, núm, 135) y, en 1981, Rafael Alberti (Sobre los ángeles, preparado por C. B. Morris, núm. 136)

La labor en cuanto a la edición de textos teatrales de Letras Hispánicas se vio reconocida en 1982 con la Plaketa de Oro en la IV Trienal Internacional de Libros y Revistas de Teatro que, bajo los auspicios del parisino Instituto Internacional de Teatro, se celebró en Novi Sad ese año, y tiempo después le llegaría a Cátedra el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial, sin duda en buena medida en reconocimiento a esta colección.

En 1999 saltó a las páginas de la prensa especializada la noticia de la destrucción de entre 9.000 y 14.000 ejemplares de la colección (entre 600 y 700 ejemplares de unos quince o veinte títulos), que Gustavo Domínguez se ofreció a donar a cualquier biblioteca que estuviera dispuesta a irlos a recoger a sus almacenes y justificó porque se trataba de libros que «fueron editados con una ilusión enorme y vendieron en su momento 4.000 o 5.000 ejemplares, pero de los que ahora no se venden más de 20 al año».

Poco después de ser incorporada Cátedra al Grupo Havas, Domínguez decidió que ya había lidiado bastante y fue inicialmente sustituido por Emilio Pascual, entre 2001 y 2008, antes de que se pusiera al frente de la editorial Josune García, que llevaba trabajando en la editorial desde 1983 (había sido editora de la colección Teorema) y quien se ha declarado discípula del filósofo, traductor y editor Manuel Garrido (1925-2015).

Apéndice. Los primeros veinte títulos de Letras Hispánicas

1 Alfonso Rodríguez Castelao, Cuatro obras (Teatro, relatos, fantasía macabra, ensayos), edición de Jesús Alonso Montero.

2 Miguel Hernández, El hombre y su poesía, edición de Juan Cano Ballesta.

3 Blas de Otero, Verso y prosa, edición del autor.

4 Fernando de Rojas, La Celestina, edición de Bruno Mario Damiani.

5 Vicente García de la Huerta, Raquel. Tragedia española en tres jornadas, edición de Joseph G. de Fucilla.

6 José de Espronceda, El estudiante de Salamanca, edición de Benito Varela Jácome.

7 Ramón Gómez de la Serna, Descubrimiento de Madrid, edición de Tomás Borrás.

8 Diego de San Pedro, Cárcel de amor, Enrique Moreno Báez.

9 Pedro Antonio de Alarcón, El sombrero de tres picos, edición de Arcadio López-Casanova.

10 Antonio Machado, Campos de Castilla, edición de José Luis Cano.

11 Tirso de Molina, El condenado por desconfiado, edición de Ciriaco Morón y Roleba Adorno.

12 Jacinto Benavente, Los intereses creados, edición de Fernando Lázaro Carreter.

13 Manuel Bretón de los Herreros, El pelo de la dehesa, edición de José Montero Padilla.

14 Lírica española, edición de José Luis Cano.

15 Calderon de la Barca, El gran teatro del mundo. El gran mercado del mundo, edición de Eugenio Frutos.

16 Rosalía de Castro, Cantares gallegos, edición de Ricardo Carballo Calero.

17 Gabriel Celaya, Itinerario poético, edición del autor.

18 Alfonso Reyes, Prosa y poesía, edición de James Willis Robb.

19 Juan Ramón Jiménez, Antolojía poética, edición de Vicente Gaos.

20 Miguel de Cervantes, El rufián dichoso, edición de Edward Nagy.

Fuentes:

Catálogo de Letras Hispánicas (hasta 2013).

s/f, «Ediciones Cátedra, los clásicos en la mochila», blog de Imprenta CG, 23 de mayo de 2014.

José Antonio Millán, «Cincuenta años (o así) de oficio editorial», Libros y bitios, 19 de febrero de 2011 (publicado previamente en El Libro del 50, Anaya, 2009, edición no venal)

Javier Rodríguez-Marcos, «Los textos inmortales arrastran una mala salud de hierro», El País, 14 de junio de 2011.

Miguel Signes, «Entrevista a Josune García, directora de la editorial Cátedra», Leer Teatro, núm. 4.

Fernando Valls, «Semblanza de Editorial Cátedra (Madrid, 1973- )», en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED, 2018.

Sergio Vila-Sanjuán, Pasando página. Autores y editores en la España democrática, Barcelona, Destino (imago mundi 26), 2003.

 

3 pensamientos en “Letras Hispánicas, una colección para aprender a leer

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