Premi Crexells: El asociacionismo como reacción de los jóvenes escritores

A lo largo de toda su ya extensa historia, uno de los premios de narrativa en lengua catalana más importantes, el Premi Crexells, ha ido acompañado de la polémica, y la última hasta la fecha, la desencadenada en 2017 con la concesión a una novela autopublicada (Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades) y sobre todo con las declaraciones posteriores a la concesión del premio hechas por algunos de los miembros del jurado, generó un cierto revuelo entre editores y escritores que recuerda en algunos puntos la que ya se produjo en 1935 y que sirvió de estímulo a lo que pudiera haber sido un fructífero movimiento asociativo de los escritores catalanes, El Club dels Novel·listes.

Aunque sus primeras manifestaciones se produjeron en 1935, hay que retrotraerse algunos años en la historia del Premi Crexells para aquilatar la magnitud y el sentido de ese movimiento de oposición al galardón. Surgido a finales de los años veinte para honrar la memoria de Joan Crexells i Vallhonrat (1896-1926), uno de los principales socios del Ateneu Barcelonès (la institución que lo creó), nació con una cierta polémica, pues si bien su objetivo era premiar la mejor novela publicada el año anterior, en su primera convocatoria (1928) ya quedó desierto. Pero posteriormente se lo llevarían algunas novelas y libros de narrativa importantes en aquellas fechas (Laura a la ciutat dels sants, de Miquel Llor, en 1930; Vida privada, de Josep Maria de Sagarra, en 1932 o Valentina, de Carles Soldevila, en 1933).

Joan Crexells i Vallhonrat.

Sin embargo, Josep M. López Picó suscitó un cierto debate, que recogieron sobre todo los autores jóvenes, cuando con motivo de obtener el Premi Folguera de poesía expresó en voz alta sus dudas acerca de si el objetivo de los premios literarios, en aquel punto de la evolución de las letras y el mercado libresco catalán, debía ser destacar un determinado libro o bien la trayectoria de un autor. Durante el mes de marzo de 1935 se publicaron en las páginas de La Veu de Catalunya las respuestas a una interesante encuesta acerca de la significación que los premios debían tener en aquel momento de la historia cultural catalana, y entre ellas son particularmente interesantes las de una nueva generación de jóvenes escritores que estaban empezando a mover los codos para abrirse paso en el campo literario y editorial catalán (Joan Oliver, Ignasi Agustí, Joan Sales, Joan Teixidor, Xavier Benguerel, Josep Janés i Olivé, Salvador Espriu, Martí de Riquer, Francesc Trabal, etc.).

Ignasi Agustí.

Ya en un artículo asombrosamente poco citado de diciembre de 1931, quien luego sería célebre editor, Josep Janés i Olivé (1913-1959), daba por justo el galardón del Crexells de ese año a Prudenci Bertrana (por una obra menor como L’hereu), considerando que su trayectoria se lo merecía, pero hacía una afilada apreciación acerca de la composición de los jurados:

Tenemos el convencimiento absoluto de que el jurado del Premi Crexells, nuestra máxima distinción literaria, tendría que estar formado por gente de la máxima competencia. A ser posible, si los hubiera lo suficientemente inteligentes, por críticos.

Nos resentimos, aún, de una cierta mezquindad de espíritu que hace que cerremos los ojos a todo aquello que abre nuevos horizontes. Es preciso abandonar los prejuicios anacrónicos y tener en cuenta, más que las dotes literarias, la solvencia crítica de las personas elegidas. Y no creo que constituyan ninguna garantía de la mencionada solvencia unos señores que hoy dan dos votos a Carles Capdevila com L’amor retobat y en cambio eliminan el Víctor de [Agustí] Esclassans, y otros que dan dos votos, también, a Joan Mínguez, y eliminan L’últim combat de Sebastià Joan Arbó.

Los años y los fallos sucesivos no hicieron otra cosa que alimentar esa polémica, y en la mencionada encuesta el por entonces ya editor de los excelentes Quaderns Literaris, y ganador en 1934 de la Flor Natural en los  Jocs Florals de Barcelona (con Tu), se mostraba de nuevo explícito acerca de los problemas que, a su modo de ver (coincidente con el de muchos de los escritores de su generación), aquejaba los premios literarios en catalán, y en particular al Crexells:

De izquierda a derecha, Ignasi Agustí, Joan Teixidor, Félix Ros, Pedro Salinas, Tomàs Garcés y Guillermo Díaz-Plaja.

Creo que dado el carácter de consagración que hasta el momento presente se ha venido concediendo a los premios literarios, es absolutamente necesaria la creación de unos premios literarios para los jóvenes. […] Ya tenemos una experiencia lo suficientemente larga –con el Premi Crexells, particularmente– para que nos hayamos dado cuenta de cuán contraproducente es adjudicar un premio al nombre y la obra total de un autor, tomando la obra concursante como un simple pretexto pero glorificando esa obra concreta. Esto nos ha llevado a la paradoja de encontrarnos presenciando que, salvo una o dos, las obras premiadas sean las más mediocres o incluso la peor de cada autor. Y que una antología de Premis Crexells signifique una antología de nuestra novela inferior.

[…] Otra de las cosas que habría que corregir es la formación de los jurados. Hay que buscar los nombres entre gente solvente y desapasionada. ¡Es tan fácil que un padrino literario, o un amigo, o un enemigo, cambien el rumbo lógico y justo de una votación, por apasionamiento o mezquindad! Tenemos muchos ejemplos de ello, algunos de ellos muy recientes.

Y, para acabar, creo que debería crearse, también, un premio para el mejor primer libro, publicado por autores menores de veinticinco años. Y tal vez fuera conveniente que el Premio consistiera en una espléndida bolsa de viaje. Lo que nos perjudica más, a los escritores catalanes, es que las circunstancias económicas no nos permitan viajar. La literatura aquí no da para nada (y mucho es que no cueste dinero). De un espléndido viaje de juventud un escritor de raza sacaría un  provecho enorme, un provecho que revertiría en nuestra literatura y en Cataluña esencialmente.

Josep Janés i Olivé

Es evidente que Janés llevaba ya algunos años pensando críticamente en las necesidades del sistema literario catalán, y en particular en el funcionamiento de premios literarios importantes, y las propuestas que hace, evidentemente pensando en los escritores de su generación y en sus dificultades para establecerse, son todas ellas muy sensatas y en buena medida extraídas de su experiencia como observador atento de, en particular, el Premi Crexells.

Cuando en 1934 este galardón pasa a adscribirse a los premios instituidos por la Generalitat, por primera vez se otorga a una voz no excesivamente conocida y reputada, y también por primera vez a una voz femenina, la de Teresa Vernet (1907-1974) por Les algues roges, que había publicado en Proa. Quizá sea el primer caso en el que este premio cumplía una de las funciones que muchos jóvenes pensaban que debía tener: consolidar una carrera en progresión, cuando no anunciar una obra en auge.

Sebastià Juan Arbó (1902-1984).

En su artículo para Mirador con motivo de esa convocatoria del premio, Rafael Tasis apunta a que hubo otros dos autores a los que se apuntaban como favoritos y que casi contaban ya con llevarse el premio, curiosamente ambos muy estrechamente vinculados a la editorial Proa, pues casi con toda seguridad se trataba de Joan Puig i Ferreter y, una vez más, Sebastià Juan-Arbó, a quien el Crexells se le resistía.

La importancia de esa edición del Crexells y lo que distinguió esta polémica de las que siempre solía generar el fallo de este premio es sobre todo, como apuntó Josep M. Balaguer, que fue uno de los estímulos iniciales para que los jóvenes escritores empezaran a articular poco menos que un «frente generacional» que aglutinaba a los grupos que habían ido asomando la cabeza en el panorama cultural catalán, que ya se habían ido interrelacionando entre sí y que formaban principalmente los universitarios, los tertulianos del Euzkadi y la Colla de Sabadell, y todo ello cuajaría poco más de un año después en la creación del Club dels Novel·listes.

Joan Sales (1912-1983), quien más tarde, con Xavier Benguerel y Joan Oliver, retomaria el nombre El Club dels Novel·listes para bautizar una célebre colección.

En el número del 14 de noviembre de 1935 de La Publicitat aparecían en la misma página un artículo de Carles Capdevila titulado «Els jurats dels premis literaris» y una nota que anunciaba «Un club de novelistes?», en la que se señalaban como impulsores de la iniciativa algunos autores publicados por la editorial Proa y se enumeraban entre sus propósitos la creación de un premio literario honorífico para la mejor novela del año, cuyo jurado estaría compuesto exclusivamente por novelistas, especificando además que no era una competencia al Crexells, sino un estímulo para lectores y escritores. Aun así, de la lectura de este texto muy bien podría deducirse que la intención de este grupo de escritores era precisamente crear un contrapeso al Crexell, un galardón que permitiera dar a conocer a los jóvenes escritores, además de permitir situar la iniciativa en los aledaños de la editorial Proa.

 

Antoni López Llausàs (1888-1979).

En los meses siguientes, van apareciendo en la prensa nuevas precisiones: la sede se sitúa en el número 34 de la calle Pelayo, será un espacio destinado a debates y lecturas e incluso se describe quién podrá asociarse (quien haya escrito o traducido por lo menos una novela al catalán) y se especifica la cuantía de la cuota de «amigo» (36 pesetas anuales). El 8 de enero La Publicitat, además de anunciar la inauguración formal mediante una cena en el restaurante Catalunya, publica ya una extensa lista de adhesiones, con algunos nombres un poco sorprendentes al lado de los más esperables, como Teixidor (que ciertamente era autor del relato «Coses de tres soldats», publicado en La Revista) u otros a quienes, además de interesar la materia, figuraban posiblemente más como traductores, como Martí de Riquer, J.V. Foix, el editor Antoni López Llausàs o Joan Oliver. Tampoco pasa desapercibido el hecho de que, al lado de nombres como los de Mercè Rodoreda, Xavier Benguerel, Ignasi Agustí, Josep Sol, Juan Arbó o Josep Janés i Olivé figure el de Prudenci Bertrana, lo que puede dar idea de la amplitud del abanico de autores que se reunían alrededor de esa mesa, si bien la iniciativa, como es muy lógico, la tomaran las generaciones jóvenes y muy particularmente el escritor vallesano Francesc Trabal.

Xavier Benguerel (11905-1990).

No se trataba en principio, pues, como pudieran temer ciertos sectores, de dar una réplica al Crexells, a quienes han sido miembros de sus jurados o a quienes se han llevado el galardón, sino que nace con unas intenciones más o menos similares a las que tenían los Amics de la Poesia. Sin embargo, a nadie escapaba tampoco que la creación de un premio que distinguiera a los jóvenes, con lo que ello podía tener de promoción de los nuevos escritores y de difusión de sus obras, no era el menor de los objetivos que movían al Club. En este sentido, resulta sumamente indicativa esta reunión de escritores tan diferentes en muchos aspectos, si se pone en contraste con la situación política de los primeros meses de 1936, con una cesura muy profunda entre la derecha y la izquierda que sólo provisionalmente se resolvería con las elecciones del 16 y 23 de febrero, las últimas de la Segunda República. Lógicamente, la guerra civil española acabó con el Club dels Novel·listes (y con el Premi Crexells).

Fuentes:

Ignasi Agustí, «Les Arts i les Lletres. Els camins de la victòria», L´Instant, 4 de febrero de 1935.

Anónimo, «Un club de novelistes?», La Publicitat, 14 de noviembre de 1935.

Anónimo [¿Ignasi Agustí?], «S´ha fundat el Club dels Novel·listes», L´Instant, 9 de enero de 1936.

Rafael Tasis (1906-196).

Josep M. Balaguer, «El Club dels Novel·listes i els fils de la història», Els Marges, núm. 57 (1996), pp. 15-35.

Margarida Casacuberta, «Gènesi i primera adjudicació del Premi Crexells. Notes sobre cultura i novel·la en el tombant dels anys vint als trenta», Els Marges, núm. 52 (1995), pp. 19-42.

Josep Janés, «La nostra enquesta sobre la significació literaria dels premis literaris», La Veu de Catalunya, 13 de marzo de 1933.

Josep Janés i Olivé, «Del Premi Crexells, 1931», Flama, núm. 7 (25 de diciembre de 1931), p. 7.

Rafael Tasis, «Premi Crexells 1934. Maria Teresa Vernet», Mirador, 4 de abril de 1935.

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Entregar las traducciones a tiempo (sobre Martí de Riquer)

En su célebre conferencia «Aventuras y desventuras de un editor», ahora de fácil acceso en la revista Texturas, el editor Josep Janés i Olivé (1913-1959) hacía un breve recuento de algunos problemas que había tenido con traductores a lo largo de su carrera y se detenía, con respetuosa discreción, en el caso concreto de un traductor que durante varios años tuvo pendiente de entrega una traducción importante, los cuentos de Hoffmann, que finalmente no pudo publicar:

TamaJanés

En mi primera época de editor, un amigo que tenía fama, merecida por cierto, de muy inteligente entre sus compañeros de universidad, me ofreció una traducción de los cuentos de Hoffmann y me pidió con gran insistencia que la anunciase como de próxima aparición. Durante más de dos años la lista de obras en preparación tuvo una línea fija: «Los Cuentos de Hoffmann, traducidos directamente del alemán por Fulano de Tal». De esta inexistente traducción el pretendido traductor obtuvo fama, ya que no provecho. Cuando en algún periódico se publicaba alguna referencia al joven ensayista, siempre se aseguraba que era el brillante traductor de Hoffmann. […] ¡Traductor de Hoffman, directamente del alemán! Los compañeros le admiraban sinceramente. Pero la traducción, la misteriosa traducción, no llegó a publicarse. […] Han pasado veinte años. Este amigo ha tenido tiempo de casarse, de tener hijos y de escribir una ponencia para un congreso internacional de abogados […] Y sobre su mesa de trabajo siguen existiendo un gran pliego de cuartillas, de aquellas cuartillas del Ateneo [Barcelonès] de antes de la guerra, que empiezan ahora a adquirir un tono amarillento.

Vale la pena añadir que, curiosamente, en la preciosa novela del bibliófilo Ramon Miquel i Planas (1874-1950), publicada originalmente en 1927 como segundo número de la colección Amor del Llibre, ya se alude a la carencia que supone el hecho de que no exista en catalán una traducción ni siquiera parcial de los cuentos de Hoffmann. Y a estas alturas y en este contexto, quizá no sea ya preciso ser tan discreto como lo fue en su momento Janés: el traductor Fulano de Tal del que se anunció reiteradamente la traducción de Els millors contes de Hoffman era Alfons Serrallach, estudiante de Derecho tras haber pasado por el colegio alemán, que en 1935 había publicado en Les Edicions de la Revista Evolució constant de les cultures. Un assaig sobre l’hora present y que, finalmente, paradojas del destino, en 1968 apareció como responsable de la traducción de algunos textos sobre Goethe incluidos en las obras completas de Thomas Mann publicadas por Plaza & Janés.

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Ramon Miquel i Planas.

Volviendo a los años treinta, el por entonces joven estudioso y, desde las páginas de La Publicitat, divulgador de la filología y de los clásicos Martí de Riquer (1914-2013) dedicó el 9 de abril de 1935 un reportaje a los Quaderns Literaris de Janés (con motivo de su primer aniversario), dentro de una serie muy interesante –que tal vez valdría la pena recuperar– que había iniciado con la editorial Barcino, y que posteriormente seguiría con Publicacions de La Revista, Biblioteca Univers, Edicions Proa, Editorial Alpha y las Monografies Mèdiques, y en la que destacaba de la labor de Janés, junto a la recuperación de obras originales en catalán y traducciones a esta lengua, la publicación de nuevos autores y de haber traducido por primera vez obras hasta entonces poco conocidas, con el siguiente balance:

Josep Janés i Olivé

Josep Janés i Olivé

En total son veinte volúmenes de Quaderns Literaris totalmente inéditos [traducidos] publicados en el transcurso de un año. Hay que confesar que pocas empresas editoriales catalanas pueden vanagloriarse en estos últimos años de una obra tan vasta dirigida al gran público. […] El criterio seleccionador de las obras es excelente, la presentación de los volúmenes esmerada. Al mismo tiempo, la colección presenta un carácter eminentemente patriótico y educador.

Al lado de las traducciones llevadas a cabo por primera vez de obras (con lo que quedaba representado un amplio abanico de la literatura universal) de Merimée, Stevenson, Tolstoi, Alfred de Vigny, Thackeray, Sterne, Stendhal, Saadi, Twain o Pushkin, Martí de Riquer menciona su propia traducción del Viatge a la lluna, de Hercule-Savinien Cyrano de Bergerac (1619-1655), que se había publicado como número 25 de esta colección, precedido de un breve prólogo, una serie de anécdotas acerca del autor y una bibliografía, y que en 2009 recuperó la editorial Adesiara en una versión revisada y completada por Jordi Raventós y con el título L’altre món.

En la publicidad incluida en la última página de la obra de Cyrano de Bergerac se presenta del siguiente modo:

Es una divertida historia que, bajo un fino y elegante humorismo, encierra la sátira más acertada y viva de los malos filósofos del siglo XVII, entre los cuales se formó Cyrano de Bergerac. El elemento maravilloso es tan sutil que a veces parece avanzarse a invenciones modernas (globos aerostáticos, electricidad, etc.). Toda esta historia está llena de una gran comicidad que mantiene vivo el interés del lector de cabo a rabo.

Sin embargo, en ese misma edición de 1934 de Viatge a la lluna se anunciaban otras traducciones asumidas por Martí de Riquer que nunca llegaron a ver la luz, y algunas de ellas siguieron anunciándose durante bastante tiempo. Es el caso, por ejemplo, de La pobra gent, de Dostoievski, que debía llevar a cabo en colaboración con Nicolau Ivanovich de Hartong. Se anuncia también en el número 25 de los Quaderns Literaris la versión de Martí de Riquer de La vida nova, de Dante Alighieri, que tampoco llegó a aparecer jamás, si bien pocos números después ésta deja de anunciarse como de próxima publicación. Y aun hay una tercera obra, que se anuncia en las últimas páginas de los Quaderns Literaris de 1936, que se supone que debía traducir Martí de Riquer, el Napoleón de Stendhal.

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Ilustrador: Fermí Altimir, autor también de la de Laia, de Salvador Espriu, como número 19 de Quaderns Literaris.

Ciertamente, la faceta de traductor de Martí de Riquer tal vez sea la menos conocida, aun cuando uno de sus primeros proyectos, siendo todavía muy joven, fue precisamente la traducción de los Diálogos de Luciano de Samosata, que aún en 2007 seguía considerando como la mejor obra cómica de los todos los tiempos y «una excelente burla de la mitología». Todavía no había cumplido los dieciocho años cuando en febrero de 1932 Riquer ya publicó en la revista Juventus una selección de los diálogos de la muerte (I y II), con comentarios al texto, y posteriormente añadió los números III a V en la entrega de la misma revista correspondiente a marzo. Unos años después, en la revista Rosa dels Vents que durante su efímera trayectoria dirigió Janés, ofreció una versión ampliada y revisada de estas mismas traducciones, que, añadidas a la de Cyrano de Bergerac, pueden presentar a un Riquer sumamente interesado por entonces en la literatura humorística, algo de lo que daría muestras también en las dos obras teatrales en catalán que se le conocen (Spinoza i els gentils y El troimf de la fonética). En cualquier caso, entre esa deriva hacia el arte dramático, el desarrollo de su interés por los estudios clásicos y, cómo no, el estallido de la guerra, nada se supo ya de esas traducciones prometidas a Janés.

Fuentes:

AA.VV., Martí de Riquer i els valors clàssics de les lletres. Vocació literària i filología en el centenari del seu naixement, Barcelona, Barcino-Institució de les Lletres Catalanes, 2014.

Coberta_RiquerValorsAntonio Rivero Taravillo, «Aventuras y desventuras de un editor», Fuego con nieve, 8 de enero de 2016.

Josep Janés i Olivé, «Aventuras y desventuras de un editor», conferencia pronunciada en la Biblioteca Central de la Diputación de Barcelona con motivo de la Exposición de la Fiesta del Libro de 1955 y publicada como anexo al Catálogo de la producción editorial barcelonesa entre el 23 de abril de 1954 y el de 1955, Barcelona, Diputación de Barcelona,1955. Reimpreso en Texturas, núm. 18 (diciembre de 2015).

Martí de Riquer, «La tasca de les editorials catalanes: Quaderns Literaris», La Publicitat, 9 de abril de 1935, p. 4.

Martí de Riquer, «El canon secreto de Martí de Riquer», El Cultural, 4 de octubre de 2007.

Ramon Miquel i Planas, El llibreter assassí de Barcelona, edición de Josep Sarret, Barcelona, Montesinos, 1991.

Salvador Espriu, editor

En su estudio de la vida y la obra de quien sin duda fue el mejor amigo de juventud del escritor Salvador Espriu (1913-1985), Roberto Mosquera cita tres fragmentos de su epistolario que permiten atisbar algunos aspectos del funcionamiento de la colección que, junto con algunos compañeros de universidad, puso en marcha Espriu.

Salvador Espriu.

En el último número de 1934, la revista Mirador hacía balance de lo que había sido el año literario y anunciaba ya la aparición de esta iniciativa, destinada a dar a conocer a la nueva promoción de jóvenes escritores que estaba gestándose en los aledaños de la Universitat de Barcelona, mencionando específicamente la próxima aparición de novela breve de Espriu Miratge a Citerea y explicando que se sostendría económicamente mediante un sistema de suscripción. La publicación del pequeño y distinguido volumen de poemas El veler de Ignacio Agustí (1913-1974), que había empleado este mismo sistema, probablemente les había servido de banco de pruebas, así que se intentó aplicar a una colección que en principio estaba abierta a todos los géneros literarios y en cuyo nombre convivían las resonancias de la cultura clásica con el acrónimo de Les Edicions D´Ara (las ediciones de ahora), así como el título de un poema reciente de Rosselló-Pòrcel (1913-1938). Muy poco después, el 18 de enero de 1935, aparece una nota en la cuarta página del periódico La Publicitat en que se presenta de nuevo esta colección, no vinculada a ninguna editorial y en la que, con Espriu a la cabeza, participan también Ignasi Agustí, Joan Teixidor (1913-1992), Bartomeu Rosselló-Pòrcel  y Tomàs Lamarca.

Joan Teixidor (1913-1992)

Joan Teixidor (1913-1992)

En Rosselló-Pòrcel. Vida y poesía, Mosquera reproduce el siguiente fragmento de una carta del poeta mallorquín fechada el 22 de julio de 1935, que sin duda es respuesta a una anterior de Espriu:

Y segundo, pasemos a LEDA. Todo lo que me cuentas me parece muy juicioso y lo apruebo in totum y por escrito, si es que hacía falta, porque ya sabes hasta qué punto estoy de tu parte. De mi propuesta, vista tu intención de publicar dos libros al año, y teniendo en cuenta nuestra lamentable situación administrativa, olvídalo. Se trataba de un proyecto para este mismo verano.

A falta de la carta previa de Espriu, Mosquera deduce con buen criterio que muy probablemente Espriu había puesto a disposición de Rosselló-Pòrcel la colección para que diera a conocer su nueva obra, pero no podrían publicarla hasta el año siguiente (1936), puesto que en ese momento, además de la novela breve del propio Espriu, acababa de salir también la pieza teatral de Agustí Benaventurats els lladres, y el sistema de financiación elegido no debía de dar para muchas alegrías.

Benaventurats els lladre, de Ignasi Agustí.

Benaventurats els lladre, de Ignasi Agustí.

En otra carta del mes siguiente (1 agosto de 1935), Rosselló-Pòrcel proporciona información adicional y se refiere a esa aparición de la obra de Agustí:

De LEDA, no se hable más. Eres el amo. Haz lo que quieras. ¡Ojo!, si hay dinero. Dime en qué situación estamos, porque quizá te haría una propuesta. De los otros qué podría decirte que no fuera repetirme. Tú mismo abrevias el capítulo, así que yo te sigo. Espero los lladres benaventurats.

Pero más interesante que esta alusión es el postscriptum a esta misma carta escrita desde Mallorca, que permite constatar la intención de Espriu de ampliar el sistema de distribución, o acaso buscar salida a libros impresos y no vendidos, mediante un sistema de goteo a librerías que estuvieran en disposición de quedarse en depósito ejemplares, contando quizá con que del transporte de los ejemplares se ocuparan los propios miembros del grupo, pues de otro modo no podía ser en ningún caso rentable: «De ledas no venderíamos muchos por aquí. Manda algunos a la Librería Escolar. Plaza Cort. Es la mejor y vende los Quaderns Literaris.»

Letizia en los míticos Quaderns Literaris de Janés.

Letizia, otra de las obras de Espriu, en los míticos Quaderns Literaris de Janés.

Este último pasaje permite aventurar que quizá en algún sentido uno de los modelos de este grupo de escritores metidos a editores fueran los Quaderns Literaris de Josep Janés i Olivé (1913-1959), que en realidad ni en presentación (mucho más modesta), ni en catálogo (mucho más abierto) ni en distribución (mucho más profesionalizada) se parecía en nada a LEDA, si bien muy pronto empezó a acoger tanto obra propia como traducciones de este grupo de escritores, hasta el punto que sabemos que el 21 de julio de 1934 Espriu ya había revisado pruebas de la reedición en los Quaderns janesianos de su obra Laia (cuya primera edición es del año anterior) y, a decir de la estudiosa de Espriu Rosa Delors, «Con Josep Janés, Espriu entra en la nómina de los escritores del momento».

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Josep Janés i Olivé.

Con estos breves pasajes del epistolario basta para ver hasta qué punto Espriu llevaba las riendas de este proyecto más o menos colectivo, que no tardó en fracasar estrepitosamente. Pese a lo esmerado de las ediciones, de las tiradas numeradas y firmadas impresas sobre papel especial, etcétera, lo más probable es que el sistema de suscripción no fuera sostenible, y que para los autores implicados publicar en LEDA fuera poco menos que autofinanciarse la edición, algo que no todos los implicados en esta aventura podían permitirse con la misma despreocupación con que sí podía hacerlo Espriu, cuyas primeras ediciones (Israel, El doctor Rip, Laia y Aspectes) corrieron a cargo de su padre, si bien en algunos casos se hizo cargo de la distribución la Llibreria Catalònia de Antoni López Llausàs. Rosselló-Pòrcel, por ejemplo, estaba viviendo en la Residencia de Estudiantes y cursando estudios en la Universitat de Barcelona gracias a una beca, y Agustí estaba también solo en Barcelona porque su familia, a raíz del descalabro del negocio paterno, se había trasladado a Madrid, así que en principio el sistema de las suscripciones podía parecer muy oportuno. El problema es que, siendo el público potencial el grupo de estudiantes y profesores amigos, pese a la difusión de la obra que pudieran llevar a cabo en las plataformas periodísticas a las que estaban vinculados algunos de estos posibles suscriptores (Guillermo Díaz-Plaja, Teixidor, Agustí, etc.), difícilmente el proyecto tenía posibilidades de crecer y establecerse como negocio. Por ello, es muy lógico que, cuando estos jóvenes escritores empezaron a entrar en tratos con editoriales bien dirigidas, abandonaran este proyecto. No deja de ser también significativo que los autores hayan postergado estas obras iniciales al olvido, e incluso en el caso de Espriu dejó constancia de los defectos en la edición de estas obras, muy resultonas como objetos pero con más errores de los aceptables en una edición profesional. Escribía en el volumen de sus obras completas acerca de El doctor Rip:

No sabía apenas nada del catalán gramatical. No lo había aprendido porque nadie, durante la dictadura de Primo de Rivera, nos lo había enseñado […] La venta, a tres pesetas el ejemplar –un precio no precisamente barato–, y la distribución en la Llibreria Catalònia, salió el año 1931 […] Además de tratarse de un error en esencia, está llena de descuidos, de errores de lenguaje, a pesar del anónimo corrector de pruebas, que no fue muy escrupuloso.

Ignacio Agustí (1913-1974).

Ignasi Agustí.

Por supuesto, no faltó quien se cebara en esos errores e incluso los especificara en el momento de escribir las primeras reseñas a este estreno de Espriu en el panorama de las letras catalanas.

A veces, echando la vista atrás en la historia editorial uno se encuentra con situaciones e iniciativas que resultan muy actuales. Sólo que ahora empleamos términos como «crowdfunding», «indy» y «autoedición» y así parecen más novedosas.

 

Fuentes:

Rosa M. Delors i Muns, Salvador Espriu. Els anys d´aprenentatge, 1929-1943, Barcelona, Edicions 62 (Estudis i Documents 47), 1993.

Salvador Espriu, Obres completes 3 (Narrativa 1), edición a cargo de Francesc Vallverdú, Barcelona, Edicions 62, 1986.

Roberto Mosquera, Rosselló-Pòrcel. Vida i poesía, Palma de Mallorca, Documenta Balear (Menjavents 111), 2013.

Tanto de la revista Mirador como del periódico La Publicitat publicados en los años treinta puede accederse a una edición digitalizada en ARCA.

Otra carrera literaria truncada por la guerra: Lluis Palazon i Beltran

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Lluís Palazón i Beltran (1914-1953).

Como consecuencia del resultado de la guerra civil española, son muy pocos los datos asequibles acerca de Lluis Palazon i Beltran (1914-1953), quien sin embargo llevó a cabo una incipiente pero muy interesante labor como narrador, una obra periodística que está aún por aquilatar y una imprescindible carrera como editor y director literario –al lado de Josep Janés i Olivé (1913-1959) –, de la que es también muy poco lo que se conoce.

La información más detallada y ordenada a la que se puede acceder con facilidad es el muy útil Diccionari de la traducció catalana, que ofrece algunos datos fundamentales. Según este texto, firmado por Annacris Mora i Figuera, Lluís Palazon nace en Barcelona y se estrena en el mundo de las letras en la muy exquisita publicación de creación literaria La Revista (1915-1936), que, bajo la dirección del poeta Josep Maria López-Picó (1886-1959), aglutinaba a escritores en general bastante mayores que Palazon y más o menos vinculados al Noucentisme que iban de Carles Riba (1893-1967) y J.V. Foix (1893-1987) a Josep Obiols (1894-1967), Agustí Esclassans (1895-1967) o Tomás Garcés (1901-1993), entre muchos otros.

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Josep Janés i Olivé.

Con apenas diecinueve años, en La Revista Palazon publica –salvo error– sólo dos textos ensayísticos en prosa, «Ideal i carácter» (julio-diciembre de 1933, pp. 62-63) y «Entre les aules i el carrer» (enero-junio de 1934, pp. 7-78), pero por esos mismos años ya ha iniciado una incipiente carrera en el periodismo, de la mano del aún más joven Josep Janés i Olivé, que cuando en los primeros meses de 1932 se convirtió en editor del Diari Mercantil renovó a sus colaboradores incorporando a jóvenes como Pere Calders (1912-1994), Avel·lí Artís Gener (1912-2000), Joan Teixidor (1913-1992), Ignasi Agustí (1913-1974), Enric Cluselles (1914-2014) y Palazón, que contribuyeron a dar un sesgo más cultural y alegre al periódico. Así cuenta Calders su trabajo, y el de Palazon:

De veras que no sé cómo se podría calificar el trabajo que hacía [en el Diari Mercantil], si de mozo de redacción o de colaborador literario. En cualquier caso, fue un período muy breve, porque el Diari Mercantil, editado en nuestra lengua duró desde el 1 de febrero de 1932 hasta el 5 de agosto de 1933. Mi ocupación principal consistía en recibir al ciclista que nos traía las noticias servidas por la agencia Havas. Venían copìadas en unas hojas de papel vegetal, casi transparentes, en una tinta decolorada que a menudo hacía difícil su lectura, pero nos las apañábamos. Otro compañero (Lluís Palazón, ya muerto) y yo teníamos la misión de seleccionar las informaciones que nos parecían más interesantes, traducirlas del castellano y ponerles título. A continuación las pasábamos a los linotipistas, que eran tres en total, uno para cada máquina.

AvuiJanés

Palazón estuvo en primera línea también en la creación del efímero periódico Avui. Diari de Catalunya, una aventura de Janés cuya cabecera diseñó Calders y cuyo primer número apareció el 14 de octubre de 1933; figuraban como redactores Calders, Vicenç Verni y Palazón. De nuevo es Calders quien ha dejado un testimonio impagable del funcionamiento de esa disparatada iniciativa juvenil (en la que publicaron Ignasi Agustí, Farran y Mayoral, Sebastià Juan Arbó e incluso se estrenó Calders como narrador), que concluyó abruptamente cuando los empleados se cansaron de no cobrar: «[Janés] persuadió a los que hacían funcionar la imprenta y a unos cuantos redactores y colaboradores para que hicieran el periódico sin cobrar hasta que hubiera beneficios».

Pere Calders

Pere Calders.

Coincidiendo con esta aventura juvenil, encontramos ocasionalmente la firma de Palazón en las páginas del periódico de Manresa El Pla de Bages (donde firma por ejemplo una defensa de la conveniencia de instituir un premio de periodismo) y en un Avui. Diari de notícies editado en Reus que nada tiene que ver con el anterior. En esta última publicación aparece, por ejemplo, una completa reseña del poemario Glosari de Pietat, de Camil Genís, publicado en la Biblioteca Sabadellenca («Una nova obra de Camil Genís», 18 de octubre) y, aún más interesante, dos importantes textos acerca de Proust, uno sobre el epistolario («Evocació de Marcel Proust», 22 de nociembre de 1933) y el otro sobre la concepción del tiempo en su narrativa («La noció de temps en la estètica de Marcel Proust», 12 de diciembre de 1933), que ponen de manifiesto la lucidez y completa formación literaria que tenía ya por entonces Palazón, que le permitía hacer reflexiones y emitir juicios muy atinados. Y aún encuentra tiempo además para traducir nada menos que a Balzac para los Quaderns Literaris que pone en marcha su amigo Janés en 1934.

Interior

Interior de Variacions sobre el crim.

Es posible que la firma de Palazón se agazape en alguna otra publicación que no he sabido localizar, y que sea también entonces cuando se incorpora a la Metro Goldwyn Mayer, tal vez como traductor. En cualquier caso, en el verano de 1936 aparece un asombroso conjunto de relatos, Variacions sobre el crim, que anuncian un prosista y narrador de fuste, con una marcada preferencia por los ambientes cosmopolitas, artísticos y literarios como escenario, un ágil empleo de las referencias y guiños culturales y una desinhibición temática muy refrescante. Así le presenta su editor, Josep Janés, en el frontispicio a este libro aparecido en la colección de La Rosa dels Vents Quaderns Literaris como número 120:

Lluís Palazon i Bertran pertenece a la generación de los novísimos. Nació en Barcelona y es el escritor más joven al que habremos incorporado a los Quaderns Literaris. Variacions sobre el crim es la primera de las obras que pubica, pero no la primera que ha escrito; todos los trabajos literarios llevados a cabo con anterioridad a este libro permanecen todavía inéditos, salvo algunos ensayos […].

La labor inédita de Palazon abarca los campos más diversos; ha escrito novela, poesía, ensayo, crítica; ha hablado de cine, de filosofía, de arte, de catalanismo… Siempre, sin embargo, poniendo su obra de imaginación bajo el signo del surrealismo, particularmente grato a nuestro autor acaso porque sus más altos vuelos coincidieron con los primeros pasos de Palazon en el mundo de las letras.

Bio

Original en catalán del texto de presentación de Variacions sobre el crim.

Por desgracia, la guerra truncó una carrera cuyo inicio era muy prometedor, y en la posguerra su pista aparece como mano derecha única e indispensable de los primeros pasos de Janés como editor cuando, a su regreso del exilio y el correspondiente paso por prisión, se establece en Barcelona (el mítico Muntaner, 316). Al lado de Janés hasta su muy prematuro fallecimiento, Palazon llevará a cabo tanto gestiones administrativas (varias peticiones de autorización a Censura llevan su firma), como de edición de mesa o de poco menos que dirección literaria, amén de dejar una nada desdeñable cantidad de traducciones –en la inmediata posguerra con seudónimo– publicadas en las diversas empresas que durante aquellos años puso en pie Janés. Así lo contaba el linotipista Joan Bonet i Martorell:

El único colaborador que tenía en sus sueños editoriales era Lluís Palazon. En lo que más parecía un trastero me mostró todo lo que había hecho hasta entonces. Aquellas colecciones de El Grano de Arena, Cristal, etc. Editadas muchas de ellas con restos de papel que pudiera haber de resmas en la fabricación de los papeleros, con papel de barba incluso, mientras se pudiera imprimir.

Según el testimonio de Manuel Martínez, cuando el 22 de agosto de 1942 se incorpora a la editorial para ocuparse de las tareas administrativas, descubre que la plantilla de esa asomborsa empresa que no paraba de publicar libros seguía estando compuesta sólo por Josep Janés, su hermano Ángel y Palazón.

El hermano de Lluís, Ramon Palazon i Beltran, que durante la guerra fue nombrado presidente del tercer tribunal popular de Barcelona y presidió la Audiencia de Lleida –por lo que Artís le bautizó como «Palazón de Justicia» para distinguirlo de su hermano–, fue uno de los muchos exiliados que se beneficiaron de la generosidad de Janés, y estando aún en Nimes, antes de su traslado casi definitivo a México, tradujo para él uno de los primeros títulos de Wodehouse, que apareció en las Ediciones Ánfora en 1943 firmado con el seudónimo Raymon Mayoral. Mucho más tarde, yCovertaVariacionsCrima en México, Ramon publicaría la traducción de la conocida y a menudo reimpresa Breve historia de la primera guerra mundial de Vincent J. Esposito (Diana, 1966), además de participar activamente en las iniciativas culturales del Consell Nacional de Catalunya.

Sin embargo, resulta muy lamentable, tras la lectura de Variacions sobre el crim, que no llegaran al lector las obras que su hermano Lluís habría sido capaz de dar a imprenta de no haber sido por el alzamiento y la consecuente guerra civil (y su resultado). E incluso en el improbable caso de que algún día se recuperaran y se publicaran esos trabajos inéditos a los que alude Janés (o los que pudiera haber escrito después), es difícil saber cómo se leerían en un contexto ya tan distinto. Llaman la atención los temas de los relatos de Palazon, pero sobre todo los ambientes y personajes que recrea y con qué precisión, la variedad de ecos que resuenen en sus tramas, quizás hoy un tanto demodés (Wilde, Baudelaire, Proust, Conan Doyle), pero también una cierta sintonía menos evidente con algunas de los cuentos sobre el príncipe Zaleski de M. P. Shield (1865-1947), y todo ello en una prosa ciertamente trabajada, pero que aun así hoy puede resultar añeja pese a su equilibrio y sobriedad. ¿O quizá no?

ANEXOS:

Traducciones de Ramon Palazon i Beltran

Traducciones al español

G. Wodehouse, El tío Fred en primavera (firmada como B. Palazón), Barcelona, Ánfora, 1942.

Maurice Constantin-Weyer, Una cuerda sobre el abismo (firmada Raimundo Mayoral), Barcelona, Ediciones Pal·las (Rosa de los Vientos), 1942.

Émile Dermenghen, Vida de Mahoma (firmada como Raimundo Mayoral), Barcelona, Lauro, 1942.

754366Abel Hermant, Eugenia de Montijo: La española que fue emperatriz de los franceses (firmada como Raimundo Mayoral), Barcelona, s.l. [Barcelona]/ s.n. [José Janés Editor] Colección Historia, Imprenta Moderna, s.a. [1943]

Jacques de Lacretelle, Silbermann y El regreso de Silbermann (firmada como Raimundo Mayoral) Barcelona, Aymà (Bahía I), 1943.

Joseph Peyre, El escuadrón blanco (firmada como Raimundo Mayoral), ilustraciones de Ricard Giralt-Miracle, Lauro (La Vuelta al Mundo en Ochenta Libros: Sáhara), 1944; reimpresa en Ediciones G.P. (colección Guada. Libros Alcotán 38), 1958.

Bibliografía de Lluis Palazon i Beltran:

(No se registra la obra en las publicaciones periódicas mencionadas)

Narrativa en catalán:

Tres variacions sobre el crim. Tres històries morals, Barcelona, Edicions de la Rosa dels Vents (Quaderns Literaris 120), 1936.

Traducciones al catalán:

Honoré de Balzac, El rector de Tours, Barcelona, Quaderns Literaris 15, 1934; reimpresa en El coronel Cubert [traducida por Domènec Guansé] y El rector de Tours, Barcelona, Destino, 1985.

Portada de El baile del conde de Orgel, de Radiguet, en la colección Cristal.

Portada de El baile del conde de Orgel, de Radiguet, en la colección Cristal.

Traducciones al español:

Raymond Radiguet, El baile del conde de Orgel (firmada como Luis Ignacio Bertrán), Barcelona, Cristal, 1941.

Paul Valéry, Las Quintaesencias, selección, traducción e introducción (firmadas como Luis Ignacio Bertrán), con ilustraciones de Joan Palet, Madrid-Barcelona, Ediciones de la Gacela, 1941.

François Maurois, Las Quintaesencias, selección, traducción e introducción (firmada como Luis Ignacio Bertrán), Barcelona, Ediciones de la Gacela, 1942.

Charles Morgan, Sparkenbroke (firmada como Luis Ignacio Beltrán), Barcelona, Ediciones de la Gacela, 1943; reimpresa con el título La llamada infinita por Plaza & Janés (colección El Arca de Papel 42) en 1973.

Robert Louis Stevenson, El secreto del buque Náufrago (firmada como Luis Ignacio Bertrán), Ediciones Pal·las (Rosa de los Vientos), 1943.

Maurice Baring, Recuerdo inquietante (firmada como Luis Ignacio Bertrán), Barcelona, Ánfora, 1942.

G. Wodehouse, Guapo, rico y distinguido (firmada como Luis Ignacio Bertrán), La Pléyade. Novelistas Ingleses, 1944; reimpresa en una versión revisada por Hugo Mariano, Anagrama, 1993.

Clament Richard Attlee, Hacia una nueva estructura social (firmada como Luis Palazón Bertrán), Barcelona, José Janés Editor (Los Libros de Nuestro Tiempo), 1946.

Retrato y portadilla de Las Quintaesencias de André Maurois

Retrato y portadilla de Las Quintaesencias de André Maurois

Patrick Hamilton, Luz de gas. Un guiñol victoriano (firmada como Luis Ignacio Bertrán), José Janés Editor (El Manantial que no cesa) 1947; reimpresa en Ediciones G.P., 1959, y posteriormente en Plaza & Janés.

Jack London, Una hija de las nieves (firmada Luis Ignacio Beltrán), con ilustraciones de Ricard Giralt-Miracle, Barcelona, Ediciones Lauro (La Vuelta al Mundo en Ochenta Libros: Alaska), 1949.

Winston Churchill, Memorias. La Segunda Guerra Mundiall III: La Gran Alianza (dos volúmens, firmado el primero como Luis Palazon y el segundo obra de Manuel Bosch Barrett), José Janés Editor (Los Libros de Nuestro Tiempo), 1950.

Winston Churchill, Memorias. La Segunda Guerra Mundial VI: El gozne del destino (dos volúmenes, firmados ambos como Luis Palazon), José Janés Editor (Los Libros de Nuestro Tiempo), 1951.

Fuentes:

La biblioteca de los hermanos Ramon y Lluís Palazon, compuesta de unos dos mil volúmenes, fue donada a la Biblioteca Pere Vergés de Badalona.

diccionari-de-la-traduccio-catalana_s.f., «El fundador del primer Avui dona la seva biblioteca», Avui, 27 de octubre de 1982, p. 42.

Joan Bonet i Martorell, Josep Janés i Olivé: Poeta i editor present en el record de l´amistat. Dietari de les hores grises, Barcelona, Imprenta Moderna, 1963.

Jacqueline Hurtley, Josep Janés. El combat per la cultura, Barcelona, Curial (Biblioteca de Cultura Catalana 60), 1986.

Josep Mengual, A dos tintas. Josep Janés, poeta y editor, Barcelona, Debate, 2013.

Annacris Mora i Figuera, «Lluis Palazon i Beltran», en Montserrat Bacardí i Pilar Godayol, dirs., Diccionari de la traducció catalana, Vic, Eumo-Universitat Autònoma de Barcelona-Universitat de les Illes Balears-Universitat Jaume I-Universitat de Vic, 2011.

Lluis Palazon, Variacions sobre el crim. Tres històries morals (Incluye los relatos «Variacions sobre el crim», «Decebuts» y «El secret de l´homosexual»), Barcelona, Quaderns Literaris 120, 1936.

Joan Solà i Drachs, Història dels diaris en català, 1879-1976, Barcelona, Edhasa, 1978.

Joan Palet y la bibliofilia entre amigos en los años cincuenta.

A la altura de 1950 Joan Palet era uno de los ilustradores de libros barceloneses más conocidos, y por entonces empezó además a ampliar el número de editores para las que trabajaba. Es posible que su primera exposición individual, en otoño de 1949 en la Galería Argos y presentada por el crítico y estrecho colaborador de Janés Fernando Gutiérrez, algo tuviera que ver en ello.

Joan Palet pintando al aire libre en 1973.

Para Josep Janés al abrirse la década continúa ilustrando las sobrecubiertas de la excelente colección Leda (Los Escritores de Ahora), cuyas cubiertas diseña su amigo Ricard Giralt-Miracle, y que responde perfectamente a las características de edición noble y hasta cierto punto lujosa pero destinada al comercio regular que caracterizó buena parte de la obra editorial de Janés ya desde la década anterior. De 1950, por ejemplo, son las sobrecubiertas de La máquina de leer los pensamientos, de André Maurois, Vientos de terror, de Hodding Carter, Galahad, de John Erskine, Sangre de rey, de Sinclair Lewis, El sello que naufragó (luego editada como El sello de Antigua), de Robert Graves…

Robert Graves, El sello que naufragó, trad. de Manuel Bosch Barrett, José Janés Editor (Los Escritores de Ahora), 1950.

De muy distinto signo, en cambio, es la edición ese mismo año de 25 ejemplares numerados de Retorn a la vall, de Maria Dolors Orriols, con ilustraciones en el texto de Palet e impreso sobre papel de hilo y presentado con funda y petaca, con  el sello de Editorial Juris.

Joseo Romeu i Fugueras (1917-2004).

Para la admirable empresa de Josep Pedreira (iniciado como editor al lado de Janés) Edicions de l´Óssa Menor ilustra Palet también en 1950 un volumen de poesías del director de la revista clandestina Ariel. Revista de las Arts, Josep Romeu i Figueras, que se publica con un prólogo del reputado crítico Jaume Bofill i Ferro y con el título Sonets. Elegia del mite. Nits. Més enllà del somni.

Y del año siguiente es otra interesante edición con uno de sus grandes amigos de juventud en La Llotja, Ricard Giral Miracle, con quien ilustra La pedra de toc, de Rabindranath Tagore, para el sello Filograf que había puesto en marcha su viejo amigo.

De su también buen amigo y en cierta medida mentor Josep Janés prepara una edición muy cuidada del poemario Combat del somni que se publica en 1952 en la colección de Pedreira Els Llibres de les Quatre Estacions. Son apenas 73 páginas de 31 x 24 con dibujos en el texto y siete aguafuertes a página, de la que se hizo una tirada de 215 ejemplares numerados, impresos en papel de hilo royal Annan (con filigrana Fénix) por Horta y presentada también en funda y petaca.

También 200 ejemplares numerados se tiraron de una de las ediciones más legendarias ilustradas por Palet, Poemes de l´alquimista (1952) de Josep Palau i Fabre, que se publicó en la editorial de éste, La Sirena, y para cuya portada Palet toma como referencia el motivo del hombre alquímico de El Bosco.

 

En gran formato, tapa dura e ilustraciones a color a página completa (impares) se publica al año siguiente en José Janés Editor La princesita que tenía los dedos mágicos, de Maria Luisa Gefaell, que había obtenido Premio Nacional de Literatura en 1952 y que acababa de publicar un artículo importante sobre la materia, “Hay que dar dignidad al libro infantil”, en Correo Literario. Como “una de las ediciones más cuidadas” de Janés describe Jaime García Padrino esta obra en gran formato y encuadernada en tapa dura cuyas páginas impares incorporan a sangre ilustraciones a color de Joan Palet. (Jaime García Padrino, “Libros infantiles y juveniles”, en Jesús A. Martínez Martín, dir., Historia de la Edición en España, Madrid, Marcial Pons, 2015, pp. 699-721).

Paralelamente, va creciendo en la sombra la obra pictórica de Palet, que no sería ampliamente divulgada hasta su muerte, pero vale la pena mencionar aún la edición del libro de Miquel Coll i Alentorn La llegenda de Guillem Ramon de Montcada, publicada en Aymà como número 12 de la colección Guió d´Or en 1958. Con capitulares de Giralt-Miracle y grabados a la madera de Palet, ocho de ellos fuera de texto, se publicó una tirada de 330 ejemplares numerados en papel de hilo verjurado romaní.

Con estos antecedentes tan espectaculares, no es de extrañar que las barcelonesas Ediciones Comar confiaran en Palet para que ilustrara su conocida edición ilustrada de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1964).

Joan Palet, “Mujer con marionetas javanesas” (1940), óleo sobre tela (80 x 65 cm).

Fuentes:

Joan Palet. Una mirada íntima, libro catálogo con textos de Josep Palau i Fabre (“Presentació”), Olga Palet (“Joan Palet. Una mirada íntima” y “Joan Palet. Notes biogràfiques”), y Pere Secorún (“Un estiu a Mallorca”), con bibliografía y traducciones de los textos al español y al inglés de Discobole, Caldes d´Estrac, Fundació Palau-Centre d´Art, 2006.

Germán Masid Valiñas, La edición de bibliófilo en España (1940-1965), Madrid, Ollero y Ramos, 2008.

 

Primera aproximación a la obra de Joan Palet como ilustrador de libros

En la vieja sede de Plaza & Janés hubo en un tiempo un enorme cuadro al óleo, casi un mural, que bajo el título Los importantes de la literatura catalana presentaba una escena imposible, un encuentro entre Jacint Verdaguer (1845.1902), Joan Maragall (1860-1911), Ángel Guimerà (1845-1924) y Carles Riba (1893-1959), que nunca pudieron coincidir por razones cronológicas obvias. Es un misterio, al menos para mí, dónde fue a parar ese cuadro cuando se abandonó la sede, pero tiene mucho sentido que se tratara de una obra fechada en 1970 por el pintor y excelente dibujante Joan Palet Batiste (28 de marzo de 1911-19 de agosto de 1996), pues su labor como ilustrador de libros y su papel en la edición española es extraordinaria e, incomprensiblemente, muy poco reconocida.

Autorretrato de Joan Palet (1911-1996) en 1976 (óleo sobre madera, 30 x 41 cm).

Nacido en el seno de una familia de escultores y tallistas de la madera con taller en Barcelona, Palet se inició muy pronto en el mundo artístico en la pequeña empresa familiar, y su precocidad le llevó con apenas dieciocho años a participar en la Exposición Internacional de Barcelona (1929) y a hacer unas primeras colaboraciones para la celebérrima revista infantil Patufet.

A la derecha, cabecera de Joan Palet para Patufet.

Matriculado en 1930 como alumno nocturno en la Escola de Belles Arts de Barcelona, conocida popularmente como La Llotja, no tardó en formar grupo, una “colla”, con algunos jóvenes que no tardarían en destacar en el mundo de la ilustración y el diseño, como Josep M. Mallol Suazo (1910-1986), Manuel Ricart Serra (1913-2014) o Ricard Giralt-Miracle (1911-1994), entre otros. Dos años después, el fallecimiento de su padre le llevó a iniciarse profesionalmente en el mundo de la publicidad en una de las agencias pioneras catalanas, Publicitats, al tiempo que, sin abandonar los estudios nocturnos en La Llotja, se hizo socio del Reial Cercle Artístic de Barcelona y del Cercle de Sant Lluc.

Giralt per Palet

Ricard Giralt-Miracle (1951), retratado por Joan Palet (pluma sobre papel, 14 x 11 cm).

Como sucedió a tantos miembros de su generación, la guerra civil española hizo picadillo su prometedora carrera ascendente. Tras ver morir a su hermano en sus propios brazos en los primeros compases de la contienda, fue movilizado y pasó la guerra en el servicio cartográfico, para cruzar en febrero de 1939 la frontera con Francia y ser internado en el campo de refugiados de Barcarès. No volvió a cruzarla, en sentido contrario, hasta cinco meses después.

Janés per Palet

Retrato de Josep Janés i Olivé, grabado a la punta seca (1952).

A su regreso, al parecer, el reencuentro con sus compañeros, y en particular con el poeta y editor Josep Janés i Olivé (1913-1959), fue fundamental para su integración en el entonces muy asfixiado mundo editorial y cultural catalán. Según lo cuenta perfectamente su hija Olga:

Palet encuentra en el oficio de ilustrador una salida a sus necesidades artísticas, pero con Janés y su círculo también descubre una calidez humana y cultural que, recién terminada la guerra, parece un milagro. Conoce un ambiente que, a pesar de las dificultades del momento, se mantiene fuerte gracias a la colaboración entre pintores, poetas y escritores catalanes […] Janés se rodeó de colaboradores de gran valía artística y con inquietudes y cualidades manifiestas que habían quedado un poco huérfanos tras la guerra. Grau Sala, Giralt-Miracle, Mallol Suazo… los viejos amigos de la Llotja son algunos de los artistas que coinciden en aquella época en torno al editor; entre todos potencian un interesante clima creativo. Fruto de este ambiente son las ediciones de bibliófilo en las que colaborarán artistas plásticos –que realizan los grabados– y escritores. Todos ellos son hijos de una tradición novecentista, cuentan con un gran bagaje literario y cultural y son grandes lectores y amantes de la poesía, con Maragall y Carner como referentes.

En la década de los cuarenta Palet se dedica más a ilustrar libros y portadas de libros comerciales que a la edición propiamente de bibliófilo (en la que trabajará sobre todo a partir de los años cincuenta), pero fue muy destacada ya en la inmediata posguerra su edición de Retrato en un espejo, de Charles Morgan, que en El Español Darío Fernández Flórez describió como “un libro perfecto que acaso hoy día valga la capitanía maestra, la flor espléndida de la edición actual española”.

Forntispicio y portada de Retrato en un espejo.

Sin embargo, más interesante e ilustrativo de la singularidad de esta edición resulta el relato que hizo el muy estimado impresor Joan Bonet acerca del momento en que el libro se puso a la venta:

 Un libro caro, de literatura, una maravilla de presentación, a dos tintas, el precio del cual pronosticaban los entendidos en la materia que era inaccesible a la disponibilidad del público al que iba destinado. Lo miraban [a Josep Janés] como si fuera un demente. Era Retrato en un espejo, de Charles Morgan, con estuche y celofán, y, en el interior, unas ilustraciones exquisitas [litografiadas] de Joan Palet. El libro llevaba una sobrecubierta que era una maravilla. En apenas un mes se agotó esa edición.

A esta edición seguirían algunas otras muy notables, como las muchísimas sobrecubiertas que ilustró para la colección Leda, diseñada por Giralt Miracle para la editorial Lauro también de Janés, o las excelentes ilustraciones para el libro de Planas i Bach La meva vida en el llac (de la renacida colección Rosa dels Vents), o la sobrecubierta y el fronstispicio de Elisabeth vuela conmigo, Walter Ackerman, de la colección La Pleyade, que incorporaba en el interior dibujos de Ernst Daniel, o tantos otros títulos de colecciones janesianas como La Rosa de Piedra, La Pleyade o de las Ediciones de la Gacela para las que dibujó memorables forntispicios.

Portada de La meva vida en el llac (José Janés, 1948).

La labor de Palet para las ediciones de Janés y algunos otros editores en la década de los cuarenta (Aymà, Selene) fue enorme, pero, además de para su obra pictórica, aun encontró tiempo para intervenir además en algunas de las más destacadas ediciones emprendidas por la resistencia cultural catalana, como es el caso de la obra de Ramon Tor L´hereu Riera, de la que, con prólogo de Maria Aurèlia Capmany, variaciones melódicas de Joan Massip y cuatro láminas coloreadas a mano por Joan Palet, salieron de la Imprenta Joan Sallent 500 ejemplares numerados y falsamente fechados en 1938 (con lo que se pretendía engañar a la censura haciéndolo pasar por un libro anterior a la derrota republicana).

Interior de La meva vida en el llac.

De unos pocos años después es la colaboración con Josep Palau i Fabre (1917-2008), que conoció a Palet a través de Janés, para la revista clandestina Poesia, de la que entre marzo de 1944 y diciembre de 1945 (aunque evidentemente sin indicación de fechas) se publicaron veinte números con pie editorial de La Sirena impresos en la imprenta Gràfica Catalana, de cien ejemplares numerados en papel de hilo Guarro. De Palet es el diseño y realización de la cabecera, así como alguna que otra ilustración de esta mítica revista.

Cubierta de Novenari líric, con unas golondrinas que recuerdan las de los Quaderns Literaris de Janés.

De 1945 es la muy singular edición que hizo Aymà de Tú y yo, de Paul Géraldy, con cuatro láminas a color de Palet y de la que se tiraron tan solo 36 ejemplares. Por esas mismas fechas, ya mediada la década y gracias a una ayuda económica del Instituto Francés, se planteó salir clandestinamente del país y establecerse en París, donde contaba con reunirse con sus amigos Josep Palau i Fabre y Antoni Clavé (1913-2005), pero el contacto que debía ayudarle a traspasar los Pirineos no se presentó a la cita y Palet ya nunca más volvió a intentarlo.

A los trabajos ya mencionados puede añadirse aún la colaboración con la revista clandestina dirigida por Josep Romeu (1917-2004) Ariel. Revista de las Arts, o su participación como uno de los diversos ilustradores del Primer llibre de goigs firmado por Hilari, pare d´Arenys de Mar, publicado en 1949 por Montaner y Simón.

Quizá sea muy osado o ambicioso en exceso pretender crear un registro de todos los trabajos editoriales llevados a cabo por el muy prolífico Joan Palet, y son de prever ya grandes dificultades para localizar sus trabajos de preguerra, pero probablemente en algún momento, alguien, debería intentarlo para poder justipreciar la labor de un hombre importante en la ilustración de libros en los años cuarenta y cincuenta, tanto en ediciones de bibliófilo como en ediciones corrientes.

 Fuentes:

Joan Palet. Una mirada íntima, libro catálogo con textos de Josep Palau i Fabre (“Presentació”), Olga Palet (“Joan Palet. Una mirada íntima” y “Joan Palet. Notes biogràfiques”), y Pere Secorún (“Un estiu a Mallorca”), con bibliografía y traducciones de los textos al español y al inglés de Discobole, Caldes d´Estrac, Fundació Palau-Centre d´Art, 2006.

Página web a medio crear dedicada a la memoria y obra de Joan Palet Batiste.

Fernando Gutiérrez, “Juan Palet en Galería Anglada”, La Vanguardia, 6 de abril de 1974, p. 49.

Joan Bonet i Martorell, Josep Janés i Olivé: Poeta i editor present en el record de l´amistat. Dietari de les hores grises, Barcelona, Imprenta Moderna, 1963.

Darío Fernández Flórez, “Trance y fortuna de la edición actual española”, El Español, 2 de enero de 1943, p. 11.

Juan Ramón Masoliver, “Salones jóvenes, “Artes y Artistas”, La Vanguardia, 29 de septiembre de 1949, p.40.

J.V., “El facsímil de Poesía, primer revista clandestina impresa en català”, La Vanguardia, 13 de enero de 1977, p. 40.

Ignacio Vidal-Foclh, “Palet, Palau i Picasso”, El País, 26 de diciembre de 2011.

Plaza & Janés Editores, S.A.”, en el blog Fotogramas del Pasado.

 

 

De premiados y premios (divertimento autobiográfico)

A Nona, en el seu aniversari.

El jueves 26 de septiembre tuve el inmenso placer de conducir un acto de homenaje al poeta y editor Josep Janés i Olivé (1913-1959) con motivo de haberse cumplido su centenario. Confiaba en poder controlar los nervios, pero no hay mejor manera de desbaratar ese propósito que advertir de pronto que uno se encuentra en una zona con tantos premiados por metro cuadrado.

Momento de la intervención de Jordi Gracia captado por Pilar Mengual.

Momento de la intervención de Jordi Gracia captado por Pilar Mengual. (Clicando en ella se amplía la imagen)

Tenía a mi izquierda a un galardonado con el Premio Nacional de la Crítica (Antoni Marí) compartiendo su análisis de la lengua poética de Josep Janés i Olivé, a una galardonada con el Premio de Investigación Enrique García y Díez de la AEDEAN (Jacqueline Hurtley) dispuesta a disertar sobre la lucha contra la censura apoyándose en imágenes de galeradas tachadas por censura y de ejemplares de la colección Grano de Arena que pasaría entre los asistentes, a un premio Anagrama de Ensayo (Jordi Gracia) que esbozó un retrato de la relación de José Janés con la literatura española de su tiempo, y si miraba a mi derecha veía al último ganador del Premio Nadal (Sergio Vila-Sanjuán) cruzando lo que me parecieron miradas de complicidad con alguien que, al Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural y una Creu de Sant Jordi, añade una Targa d´Argento y es Commandeur de l´Ordre des Arts et des Lettres y Honorary Officer of the Order of the British Empire (Jorge Herralde).

Foto de la escritora Carme Barba que recoge un instante de la Intervención de Jorge Herralde durante el homenaje.

Carme Barba recogió un instante de la intervención de Jorge Herralde durante el homenaje.

Supuse que esa densidad de premios era ya insuperable, hasta que subió al escenario, para poner el colofón al acto con la lectura de un poema –y leerlo muy bien– una Premio Nacional de Traducción que además ha obtenido en dos ocasiones el Premio Ciudad de Barcelona (Clara Janés). Desde mi situación en el escenario apenas podía distinguir los rostros de los asistentes, pero en cuanto concluyó la lectura tuve ocasión de abrazar a un Chevalier dans l´Ordre des Palmes Academiques y Officier des Arts et des Lettres (Manuel Serrat Crespo), enterarme de que allí estaba un ganador del Premio Internacional de Cuentos Max Aub y de novela Ciudad de Barbastro (Javier Quiñones), conocer a la última ganadora del Premio de Relato Corto Eugenio Carvajal para jóvenes escritores (Elisenda Hernández Janés), estampar un par de besos a quien, entre otros reconocimientos, cuenta con una Flor Natural en los Jocs Florals de la Gent Gran del Vallès Occidental (Pilar Català)…¿Es que estaban todos allí?

Foto de David Trías de un momento en la lectura de Clara Janés.

Antes de abandonar la Sala de Actos (la de la Biblioteca Sagrada Familia de Barcelona), la galardonada con el Premi de Recerca Humanística, el Premi Rafael Cornellà y el Premi Crítica Serra d´Or Montserrat Bacardí me presentó a quien se ganó a pulso un Premio Carles Rahola con un espléndido libro sobre el editor Josep Pedreira (Mireia Sopena) y a un poeta y editor que este mismo año ha sumado a su nutrida colección de galardones el Llibreters de narrativa (Francesc Parcerisas), y a continuación me obsequió con un ejemplar del discurso leído por el archipremiado e insigne traductor Ramon Folch i Camarasa en la ceremonia en que fue investido doctor honoris causa por la Universitat Autònoma de Barcelona. Más reconocimientos.

Ramon Folch i Camarasa entre Miquel Truyols y Montserrat Bacardí durante la presentación de un libro en el Castell de Plegamans.

Esa noche, acelerado como estaba no lograría conciliar el sueño, así que abrí el elegante y sobrio ejemplar que me habían regalado, que se inicia con la presentación del investido a cargo de Montserrat Bacardí, y por ella me enteré de que en una de las novelas de Folch i Camarasa, La visita (por cierto, Premi Sant Jordi 1964), aparece como personaje un trasunto de Josep Janés i Olivé, de nombre Sirvent. En una de esas extrañas asociaciones de ideas a que inducen la falta de sueño añadida al subidón adrenalínico, recordé un pasaje de las llamémoslas memorias de Antonio Rabinad (El hombre indigno) en que se evocan algunos encuentros entre ellos en la sede de José Janés Editor. Escribe acerca de su primera conversación Rabinad (añado: Premio Internacional de Primera Novela):

 –¿Folk? –vacilo yo–. ¿Cómo folklore?

–Folch, Folch –repite él–. ¿Ha oído usted hablar de Folch i Torres, ese escritor de novelitas cursis?

Yo sonrío.

–Inevitablemente.

–Era mi padre –añade él, con sonrisa también inevitable.

Folk, digo Folch, espera algún día independizarse, dejar la editorial. Se está construyendo en el campo una casita, nada, un techo, unas paredes, pero a él le gusta.

–Además –me guiña un ojo–, sé dónde está el agua.

El deliberado cinismo de Folch, que es una manera de esconder la ternura que parece ser vitalicia en la familia, de huir de la cursilería paterna y decir las mismas cosas en el fondo, pero de otro modo.

A la mañana siguiente, mal dormido, me levanté a una hora idónea para ir a dar un garbeo –de un humor honesto y vago, que diría Vila-Sanjuán parafraseando a Pla–, por la Fira del Llibre Antic i d´Ocasió, instalada a cuatro o cinco paradas de autobús de donde vivo, y, con tiempo por delante, me dediqué a un escrutinio parsimonioso. Confieso que últimamente me pasa como a las embarazadas: que siempre les parece que cuando ellas lo están abundan más de lo normal las mujeres encintas, sólo que en mi caso lo que veo por todas partes son ejemplares publicados por Janés. Así, vi y toqué ejemplares de la colección Al Monigote de Papel (entre ellos La señora Panduro sirve pan blando), una pila de los Quaderns Literaris a sólo 3 euros cada uno, un ejemplar del primer y único volumen de Presencia de Catalunya (1938), que seleccionó Janés para los Serveis de Cultura al Front durante la guerra… Sin embargo, es fácil suponer que lo que me llevé bajo el brazo fue la primera edición de La visita (publicada como número 370 de la Biblioteca Selecta dirigida por Josep Mª Cruzet), y, como es áun más fácil de suponer, la devoré persiguiendo la sombra del tal Sirvent. Me topé además con la casita en el campo a la que alude Rabinad, que el protagonista de la novela, un atribulado traductor que trabaja episódicamente en una editorial, tiene en gran estima.

Carme Barba fotografió el ejemplar de Mig minut de silenci que Hurtley pasó al público.

Carme Barba fotografió el ejemplar de Mig minut de silenci que Hurtley pasó al público.

Debo reconocer que mi lectura apresurada no hizo justicia al interés que tiene la novela de Folch i Camarasa, pero me pareció que en el tal Sirvent no es inequívocamente reconocible José Janés, a no ser que uno sepa de antemano que la obra de Folch i Camarasa suele tener una fuerte impronta autobiográfica y que, además de traducir al castellano con seudónimo para Janés, desde 1951 trabajó en su editorial con intermitencias (en las que se dedicó a traducir como colaborador externo).

Un grano de arena (de Huxley nada menos) recogido por Carme Barba.

Un grano de arena (de Huxley nada menos) recogido por Carme Barba.

Repasando luego la enorme y exigente obra como traductor de Folch i Camarasa que se detalla en la ya mencionada edición de la UAB, me di de bruces con un título de Paco Candel, quien también coló a Janés como personaje en alguno de sus libros (¡Dios, la que se armó!, Patatas calientes). Y caí en la cuenta de que lo mismo hizo José M. Camps en El corrector de pruebas. Y, como es muy natural, Josep Janés –como también Nona– aparecen asimismo en las memorias de infancia y juventud de Clara Janés que en 1990 publicó la benemérita editorial Debate con el título Jardín y Laberinto. Y en las iconoclastas de Víctor Alba, y en las de Juan Arbó, y en las de Rafael Borràs Betriu, y en las de Carles Pi i Sunyer…. Se me ocurrió entonces que Josep Janés como personaje literario era un tema que podría dar mucho juego –quizás abordándolo un poco a la manera del brillante maestro Sergi Beser en el artículo  “La novel·la d´un personatge sense novel·la. El Josep Rodón de Narcís Oller” –, y que bien pudiera desarrollarlo en este blog.

David Trías captó la portada del Stevenson que pasó J. Hurtley.

Cuando me senté frente al ordenador con el propósito de ponerme a ello, descubrí en la bandeja de entrada de mi correo electrónico unos cuantos mensajes (no pocos) elogiando con genuino entusiasmo el encuentro de janesianos y adjuntando incluso algunos de ellos fotografías tomadas durante el transcurso del mismo. Miré la hermosa planta que al concluir el acto de homenaje a Janés me había regalado la superagente literaria Maru de Montserrat. Entrañable. Sólo puedo añadir: De todo corazón, muchas gracias a todos los que participasteis, ¡menudo premio!

Por razones de salud, no pudimos contar con la anunciada presencia de Javier Aparicio Maydeu.

Algunas ideas y sugerencias:

Información curiosa sobre el homenaje a Josep Janés puede consultarse en la etiqueta #JanésEditor, aquí.

Sergi Beser, “La novel·la d´un personatge sense novel·la. El Josep Rodón de Narcís Oller”, Serra d´Or, Any IX, Núm. 3 (marzo de 1967), pp. 53-58.

José M. Camps, El corrector de pruebas, Barcelona, Tartessos, 1946.

Francisco Candel, ¡Dios, la que se armó!, Barcelona, Ediciones Marte, 1964.

Francisco Candel, Patatas calientes, prólogo de Joan J. Gilabert, Barcelona, Ronsel (Colección Pérgamo, serie Crónicas 65), 2003.

Edición con la cubierta de Ballestar.

Ramón Folch i Camarasa, La visita, Selecta, 1965. En Círculo de Lectores existe una edición de 1965 de la traducción al castellano (o reescritura), de Ramón Hernández (seudónimo del propio Folch i Camarasa), con un excelente diseño de cubierta del buen amigo Vicente Ballestar (Puede vérsele dibujando aquí).

Ramon Folch i Camarasa. Doctor Honoris Causa, incluye la presentación de Ramon Folch i Camarasa por Montserrat Bacardí, que actuó como padrina (“Ramon Folch i Camarasa, la dèria de (re)escriure”), el discurso del doctor Folch i Camarasa (“La traducció, el país i les circumstàncies”) y un currículun vitae, Bellaterra, Servei de Publicacions de la UAB, s.f. (2006). Puede verse un vídeo completo de la ceremonia de investidura, celebrado en la sala de actos del Rectorado el 26 de octubre de 2006, aquí.

Clara Janés, Jardín y Laberinto, Madrid, Debate (Literatura 43), 1990.

Antonio Rabinad, El hombre indigno. Una vida de posguerra, Barcelona, Alba Editorial (Colección Literaria), 2000.

Victor Alba, Sísisf i el seu temps I. Costa avall, Barcelona, Laertes, 1990.

Hacia una bibliografía janesiana

El artículo de Albert Manent «Josep Janés i Olivé, promotor cultural i poeta», aparecido en la revista Serra d´Or, es muy probable que sea el primer texto publicado en papel que conmemoraba el centenario del poeta y editor Josep Janés i Olivé (1913-1959). A este siguió en agosto un irritante y muy poco afortunado artículo de Oriol Pi de Cabanyes al que no tardaron en dar réplica (en mi modesta opinión, justifícadísimamente indignadas) las hijas del gran editor, Clara, Alfonsina y Elisenda Janés Nadal.

Josep Janés i Olivé

Josep Janés i Olivé

El centenario puede ser un buen pretexto para hacer balance de la bibliografía existente sobre este gran poeta y editor, para ampliar y profundizar en el conocimiento de la inmensa y muy influyente obra editorial de Janés, y un modo de invitar a ello podría ser emprender una bibliografía y hemerografía lo más exhaustiva posible sobre su vida y trayectoria profesional, que puede resultar útil sobre todo a quienes deseen abordar el estudio del editor español más importante del siglo xx, así como a quienes quieran acercarse a algún aspecto parcial de su vida o obra. La creación poética de Janés, en particular, parece hasta el momento una de sus facetas menos atendidas por los investigadores, algo que no se justifica ni por la brevedad ni mucho menos por el valor estético de su obra.

Un joven Candel ante su propia caricatura por Del Arco.

Un joven Candel ante su propia caricatura por Del Arco.

La bibliografía que se presenta a continuación se ha dividido en dos secciones (libros por un lado y artículos, capítulos de libro, entradas en blogs y otros textos por el otro) y del que, naturalmente, se han excluido los textos publicados sobre Janés a lo largo de este año en negritasycursivas debido a la facilidad para consultarlos desde aquí. Siempre que ha sido posible, se ha añadido un enlace directo a los textos cuando estos estaban disponibles en red, pero hay que tener en cuenta que también continenen información muy útil los libros de memorias publicados por los numerosos amigos y colaboradores de Janés (Victor Alba, Rafael Borràs Betriu, Francisco Candel, Agustí Esclasans, Sebastià Juan Arbó, Maurici Serrahima, Antonio Rabinad, Josep Palau i Fabre, Francisco González Ledesma, Ignacio Agustí, Juan Goytisolo, Agustín Núñez…), que inicialmente tampoco se han incluido en esta relación de títulos.

La intención es mantener viva y periódicamente actualizada esta entrada de negritasycursivas, de modo que resulte una herramienta útil, fiable y de referencia, por lo que se agradecerá la colaboración de quienes puedan y quieran contribuir a resolver las carencias, descuidos, omisiones y errores que muy probablemente tiene esta compilación en su versión inicial. Gracias de antemano por las aportaciones.

Nota de actualización: Posteriormente se ha añadido una sección de material audiovisual.

Libros:

Bonet i Martorell, Joan, Josep Janés i Olivé: Poeta i editor present en el record de l´amistat. Dietari de les hores grises, Barcelona, Imprenta Moderna, 1963.

Candel, Francisco, ¡Dios, la que se armó!, Barcelona, Ediciones Marte, 1964.

Hurtley, Jacqueline, La literatura inglesa del siglo xx en la España de la posguerra: la aportación de José Janés, tesis de doctorado, Departamento de Filología Inglesa de la Universitat de Barcelona, 1983.

Hurtley, Jacqueline, Josep Janés. El combat per la cultura, prólogo de Jordi Castellanos, Barcelona, Curial (Biblioteca de Cultura catalana 60), 1986.

La bella cubierta de Nora Grosse para “A dos tintas”.

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Logo del Club de los Lectores.

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Trapiello, Andrés, “GTR (Grandes Tópicos Reunidos)”, en Imprenta Moderna. Tipografía y literatura en España, 1874-2005, València, Campgràfic, 2006, pp. 237-243.

Trapiello, Andrés, “De qué estamos hablando (1)“, Magazine La Vanguardia, 24 de octubre de 2013.

Vila-Sanjuán, Sergio, «La poesía del editor Janés, recuperada en su cincuentenario», La Vanguardia, 11 de marzo de 2009, p. 32

Vila-sanjuán, Sergio, «Janés, editor de humor», Cultura|s 590 (La Vanguardia, 9 de octubre de 2013), p. 7.

Villena, Luis Antonio, «Josep (José) Janés, poeta y editor»,  web del autor y, con un título distinto y sin ilustraciones, en El Cultural, 27 de septiembre de 2013, p. 19.

Zuloaga, Manuel, «José Janés», El País, 15 de agosto de 1986, p. 8.

Material audiovisual:

Ignasi Gay, “Centenari del naixement de fundador de Plaza & Janés“, TV3,

Enric Gil, Josep Janés, editor. Centenari del seu naixement. L´H Digital. En cinc minuts, 16 de noviembre de 2013.

Josep Anton Muñoz, Cinco muestras de Janés, Viaje a Ítaca, semana del 6 de noviembre de 2013.

Firmar obra ajena para esquivar la censura franquista

Sobrecubierta de la antología de poesía catalana preparada por el poeta y editor Josep Pedreira y firmada por Fernando Gutiérrez, publicada por Josep (con P) Janés, Editor.

Sobrecubierta de la antología de poesía catalana preparada por el poeta y editor Josep Pedreira y firmada por Fernando Gutiérrez, publicada por Josep (con P) Janés, Editor.

Que La poesía catalana. Antologia històrica. Els contemporanis que publicó  Josep Janés en 1947 la había elaborado en realidad el editor Josep Pedreira (1917-2003) –pese a que la firmara Fernando Gutiérrez (1911-1985)– era cosa bastante sabida desde hace ya algunos años. Joan Samsó, por ejemplo, en su brillante estudio sobre La cultura catalana: entre la clandestinitat i la represa pública insiste en ello y lo menciona tanto en el primer volumen (p. 120) como en el segundo (p. 41), y ya antes, en otro libro muy útil sobre la materia (L´edició catalana i la censura franquista, 1939-1951), Maria Josepa Gallofré i Virgili había explicado que, ante la petición de una tirada de 2750 ejemplares de esta antología, a cien pesetas el volumen, el correspondiente informe de censura consideró que era una “obra de valor literario en el idioma original” y no encontró en ella “nada censurable”, por lo que en septiembre de 1947 se autorizó a Janés su publicación.

Premiado con el Carles Rahola de ensayo en 2011 y publicado por Proa como número 87 de la colección La Mirada ese mismo año.

Lo que probablemente era casi por completo desconocido es que en su momento Pedreira ni siquiera se cuestionara firmar el libro: “Yo ya me daba por pagado con mi trabajo y, además, me había incluido como uno de los [poetas antologados] novísimos” (la traducción es mía). Pedreira no era precisamente un “bienquisto del régimen”, mientras que Fernando Gutiérrez era poco sospechoso y había firmado algunas peticiones a censura para Janés. Aun así, la declaración de Pedreira resulta bastante asombrosa, pero es sólo una de las muchas sorpresas que contiene el excelente estudio que sobre la obra editorial de Pedreira publicó Mireia Sopena (Barcelona, 1975), quien entre otras cosas encomiables ha hecho un uso muy fructífero del impresionante fondo Pedreira (del que se ha hecho cargo la Universitat Autònoma de Barcelona), que contiene varios textos memorialísticos y autobiográfcos inéditos de enorme interés. Escribe Mireia Sopena que a Pedreira le disgustó que Janés “le confirmara que los poemas de tres simpatizantes del régimen (Ignasi Agustí, Sebastià Sánchez Juan y Joan Prats) tenían que aparecer en la antología”, a lo que se añadía el hecho de que firmara el libro Fernando Gutiérrez, sobrino del conocido escritor y falangista Luys Santa Marina. De ello se desprendería quizá que Pedreira sintió algún resquemor hacia Janés y Gutiérrez, pero no parece que así fuera.

Roja&Negra

Soldats catalans a la Roja i Negra (1936-1939), de Pedreira.

Recoge también este suculento libro sobre Pedreira el despectivo epíteto que en carta a Xavier Benguerel dedicó Joan Oliver a quien por entonces pensaba que realmente era el autor de la antología, “un esbirro de Janés”. Pedreira, en cambio, reconocía a Gutiérrez el mérito de, al concluir la guerra y mientras era lector de censura en la Jefatura de Propaganda y se ocupaba de evaluar los fondos antiguos, haberse opuesto “(y lo consiguió) a la pira que las autoridades que nos impusieron en los primeros años de la Victoria querían hacer con los fondos editoriales de la Fundació Bernat Metge”, célebre por sus esmeradísimas traducciones de los clásicos grecolatinos.

El episodio de la antología janesiana no sólo no enturbió las relaciones entre Pedreira y Gutiérrez, que siguieron siendo compañeros en la editorial de Janés, sino que, según registra también Mireia Sopena, por lo menos en dos ocasiones Gutiérrez tuvo una intervención decisiva ante las autoridades para que los ambiciosos proyectos editoriales de su compañero llegaran a buen puerto. Uno de los muchos problemas a que se enfrenta Pedreira cuando en 1949 crea la legendaria colección de poesía en catalán Els Llibres de l´Óssa Menor (proyecto en el que inicialmente debía participar también Janés) es sin duda la censura. Galderich dedicó una espléndida entrada en Piscoabis Librorum al delirante caso de Les Elegies de Bierville, de Carles Riba, a sus sucesivas ediciones y a los obstáculos censorios con que topó ese libro antes de que Pedreira lo publicara en 1951. Las intervenciones de Fernando Gutiérrez para ayudar a Pedreira se concretan en cambio ya en el primer título que programa, Les cançons d´Ariadna, de Salvador Espriu, con prólogo de Joan Perucho e ilustración de Francesc Espriu, que Fernando Gutiérrez avaló mediante una carta dirigida a Juan Beneyto (director general de Inspección de Libros) que Mireia Sopena reproduce íntegra antes de relatar también los avatares que pasó tanto el texto poético (objeto de un informe denegatorio de Miguel Piernavieja), como el prólogo (que mandó a censura el propio Fernando Gutiérrez meses más tarde).

Portada del libro con que Pedreira pudo, gracias a la colaboración de Fernando Gutiérrez, iniciar legalmente Els Llibres de l´Óssa Menor.

Pocos años más tarde, en 1953, la intervención de Fernando Gutiérrez evitó que Pedreira, que no nadaba precisamente en la abundancia, se viera en la necesidad de pagar una dura multa (6.000 ptas.) por haber publicado Cant espiritual, de Blai Bonet. Al margen del interés intrínseco de la casi heroica obra de Pedreira que este libro de Mireia Sopena pone de relieve, al sacar a la luz aspectos de las relaciones y la colaboración entre estos dos editores de ideologías tan radicalmente opuestas suscita además una cuestión bastante sugerente acerca de la convivencia en el mundo editorial barcelonés en los años cuarenta y cincuenta. Y no es este sin embargo el mayor valor de Josep Pedreira, un editor en terra de naufragis, que ofrece una espléndida y muy completa imagen tanto de la trayectoria de Els Llibres de l´Óssa Menor como de las circunstancias que rodearon cada uno de sus títulos.

Fuentes:

El vídeo del homenaje que se tributó a Josep Pedreira en el Ateneu Barcelonès el 10 de julio de 2012 (en catalán) puede verse completo aquí. Intervienen en él Joana y Ricard Pedreira Font (hijos de Josep Pedreira), Mireia Sopena, Josep Lluch y Alfred Sargatal, y le sigue una lectura de poesía a cargo de David Castillo, Manuel Forcano, Francesc Garriga, Susanna Rafart y Màrius Sampere.

Galderich, “La també rara segona edició de les Elegies de Bierville, de Carles Riba“, en Piscolabis Librorum (12 de julio de 2009).

Maria Josepa Gallofré i Virgili, L´edició catalana i la censura franquista (1939-1951), Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva, 99), 1991.

Joan Samsó, La cultura catalana: entre la clandestinitat i la represa pública, Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, dos vols. (Biblioteca Abat Oliva 141 y 147), 1994 y 1995.

Mireia Sopena, Josep Pedreira, un editor en terra de naufragis. Els Llibres de l´Óssa Menor (1949-1963), Barcelona, Proa (La Mirada 87), 2011.

La cabeza de Mika Waltari

A Albert Sánchez Piñol,

en recuerdo de un cerveceo en que Waltari salió a colación.

Lo más probable es que Mika Waltari (1908-1979) sea siempre recordado sólo por el megaéxito internacional que tuvo la que sin duda es su mejor novela, Sinuhé el egipcio –que en España tuvo una historia editorial bastante curiosa–, a lo que contribuyó en gran medida el hecho de que Michael Curtiz la llevó a la gran pantalla en 1954 con un lujoso reparto en el que figuraban Jean Simmons, Victor Mature, Peter Ustinov y John Carradine.

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La jugosa trayectoria editorial de este novela en España la narra Rafael Borras en el segundo volumen de sus memorias. Al parecer, en la Editorial Janés surgió muy pronto la sospecha de que la férrea censura de la época no dejaría pasar el libro, por lo que se decidió mandar a examen censorio una edición inglesa que expurgaba los pasajes más conflictivos, mientras que se traducía a partir de una versión íntegra. Y la cosa funcionó.
Del éxito de Sinuhé el egipcio es buena muestra que sea la única que se ha mantenido en el catálogo de Plaza & Janés, que fue desprendiéndose en cambio del grueso de la obra de Waltari, y en particular sus numerosas novelas históricas (S.P.Q.R., El sitio de Constantinopla, Aventuras de Mikael Karvajalka, Aventuras en Oriente de Mikael Karvajalka, etc.), que acabaron confluyendo en la colección Narrativas Históricas Edhasa.

Portada de la edición de 1950 en Los Escritores de Ahora.

Portada de la edición de 1950 en Los Escritores de Ahora.

En 1950, coincidiendo con la publicación de Sinuhé el egipcio en la janesiana colección LEDA (Los Escritores de Ahora), cuyas siglas recuerdan la de la iniciativa de Salvador Espriu, se produjo el que probablemente fuese el primer encuentro en Barcelona entre Mika Waltari y su editor, y aunque en esa ocasión se trataba de una breve escala de camino a Madrid, los viajes de Waltari a la Ciudad Condal se harían frecuentes en los años sucesivos, y a menudo Janés lo invitó a su casa, donde le presentó a figuras relevantes de la vida cultural barcelonesa de por entonces.
Sebastián Juan Arbó, uno de los mejores amigos de Janés ya desde los años treinta, cuenta en su libro de Memorias. Los hombres de la ciudad (editado por Rafael Borrás Betriu en su célebre colección Espejo de España) cómo solían desarrollarse estos viajes de Waltari:

De aquí, tras haber cobrado los derechos –era una suma muy crecida– pasó a Italia, donde debió de cobrar también una importante cantidad –tenía dinero en todos los países–; cogió allí la borrachera consabida, o la continuó, o no la dejó, y un día, lo leí en el periódico, compró sellos por valor de millares de liras, se fue a un parque y estuvo arrojando hojas enteras al aire, ya en pleno delírium trémens.

Estatua a Waltari en Helsinki

Estatua a Waltari en Helsinki

No coincide esta versión con la de Rafael Borrás, quien en el tercer volumen de sus memorias ha ofrecido una explicación bastante asombrosa de estos encuentros. El objetivo del escritor finlandés era cobrar los derechos de publicación de sus obras, que Janés prefería pagarle en mano y en metálico, pero en realidad Waltari nunca lograba cumplir su objetivo, porque, desde el mismo momento que ponía un pie en suelo español, el editor y sus colaboradores se ocupaban de mantenerle en un constante estado de sobrecarga etílica que impedía que reclamara lo adeudado, “y así hasta el año siguiente”, siempre según Borrás. En sus memorias cuenta también Juan Arbó una versión abreviada del frustrado encuentro con Waltari en el restaurante del hotel Colón, de la que sin embargo la versión más pormenorizada la había publicado en La Vanguardia Española el 22 de julio de 1967, con el título “La opinión propia. Reuniones olvidadas”:

A Mika Waltari parece que los periodistas habían de cazarle a la llegada, o después, en algunos, podemos decir, entreactos, si es que los había. El resto del tiempo se lo pasaba en su habitación de hotel, en un completo estado de embriaguez, durmiendo, como se dice vulgarmente, la mona. La historia de nuestra cita fue, cuando menos, digna de esa fama. Nos habíamos citado para cenar en El Colón, donde se hospedaba; había venido con una artista de cine de su país, Finlandia; teníamos que cenar los cuatro y estaba la mesa preparada. Llegamos Janés y yo; el maître del hotel se nos acercó con cara desolada y nos dijo que no habría cena; según él, el novelista había dejado a la artista en el hotel, diciéndole que le esperara; que se había presentado a media tarde, con una borrachera tal que habían tenido que subirle a su habitación en brazos; que la artista, al verle, había hecho las maletas y, tras algunas palabras con él, había tomado el avión y se había vuelto a su país; nos dijo que el escritor estaba durmiendo el disgusto, si es que lo hubo, y la borrachera, que sí la hubo”.

El escritor y traductor Félix Ros, que tras unos años distanciado de quien en la inmediata posguerra había sido su socio, se reconcilió relativamente con Janés, también dejó constancia de la fama de bebedor de Waltari a su paso por Barcelona. En su caso en un artículo titulado “Evocación en la Feria del Libro. Janés”, publicado en Abc: “me contaron en el Ritz de Barcelona, que se desayunaba con una botella de chartreuse amarillo, si bien es cierto que mezclándola con coñac”.

Mika Waltari con Olavi Paavolainen en 1958. Foto de Lasse Holmström

Mika Waltari con Olavi Paavolainen en 1958. Foto de Lasse Holmström

En cualquier caso, cuando en 1954 Janés fue requerido a pronunciar la tradicional conferencia con motivo de la exposición biibliográfica que solía celebrarse en la Biblioteca Central (actual Biblioteca de Catalunya) con motivo de la Feria del Libro, se limitó a comentar acerca de Waltari (a quien describió como “visitante delicioso” y “gran novelista finlandés”) que “la primera vez que subió al Tibidabo y contempló Barcelona a sus pies se echó a llorar y dijo que vista desde lo alto de nuestra montaña Barcelona le parecía la ciudad más bella que había creado Nuestro Señor”. Quizás esta elegante discreción deba relacionarse con las declaraciones del editor barcelonés en la última entrevista que concedió, poco antes de morir, señalando Cuerpos y almas, de Maxence Van der Meersch, y Sinuhé el egipcio como las de mayor éxito de cuantas obras había publicado a lo largo de su muy prolífica trayectoria editorial.
Hay quienes piensan que si Waltari ya no dio una novela histórica de la magnitud y fuerza narrativa de Sinuhé el egipcio fue debido a que el inaudito éxito internacional de esa novela se le subió a la cabeza. Bueno, es un modo de verlo.

Fuentes:

Sebastián Juan Arbó, Memorias. Los hombres de la ciudad, Barcelona, Planeta (Espejo de España 81), 1982.

Sebastián Juan Arbó, La opinión propia. Reuniones olvidadas”, La Vanguardia Española el 22 de julio de 1967.

Rafael Borrás Betriu, La guerra de los planetas. Memorias de un editor 2, Barcelona, Ediciones B, 2005.

Rafael Borrás Betriu, La razón frente al azar Memorias de un editor 3, Barcelona, Flor del Viento, 2010.

Josep Janés i Olivé, Josep, “Aventuras y desventuras de un editor”, conferencia pronunciada en la Biblioteca Central de la Diputación de Barcelona con motivo de la Exposición de la Fiesta del Libro de 1954 y publicada como anexo al Catálogo de la producción editorial barcelonesa entre el 23 de abril de 1953 y el de 1954, Barcelona, Diputación de Barcelona,1954.

Luis Quesada, “Editores españoles: José Janés”, Índice, febrero de 1959.

Félix Ros, “Janés. Evocación en la Feria del Libro”, Abc, 9 de junio de 1959.