Doctorow en España I. Un recorrido por la publicación de su obra

A raíz de la muerte de E[dgar] L[awrence]. Doctorow (1931-2015) se generó en twiter un interesante debate en el que intervinieron, entre otros, los editores Pere Sureda y José Antonio Millán y las editoras Patricia Escalona y Julieta Lionetti, acerca de las causas o motivos de la desproporción existente entre la enorme calidad de la obra de este escritor estadounidense y la muy modesta repercusión que ha tenido siempre su obra entre la crítica literaria española y sobre todo las exiguas ventas que han tenido sus libros.

Más con la intención de proseguir un debate que las limitaciones de twiter estrangulaba que con el ánimo de hallar una única respuesta, las dos editoras que más constantes han sido en la publicación de Doctorow aceptaron trasladar y proseguir ese diálogo a Negritas y cursivas, replanteándolo a partir del modo en que esta obra fue dándose a conocer en España (y por extensión en los países de habla hispana).

El aterrizaje de Doctorow en España se produce en 1976 con una edición en Grijalbo de Ragtime, que el año anterior había obtenido el Premio del Círculo Nacional de Críticos  (National Book Critics Circle Award)  en la categoría de ficción en la que era su primera convocatoria. Por aquel entonces, Doctorow hacía ya unos cuantos años que había abandonado su puesto como director editorial (editor-in-chief) en Dial Press (en 1964), e incluso había publicado ya en Estados Unidos tres novelas (y entre ellas The Book of Daniel).

Tras esta primera traducción en España, obra de la escritora Marta Pessarrodona, aún en Grijalbo aparecieron dos traducciones de Antoni Puigrau, las de El libro de Daniel (1979) y El malo de Brodie (1981; Welcome to hard times), pero es muy probable que los resultados no satisficieran las expectativas, porque la siguiente obra de Doctorow en España la publica Argos Vergara en una de las ingeniosas colecciones creadas por Mario Lacruz, Las Cuatro Estaciones, y se trata de Loon Lake, que apareció en traducción de Iris Menéndez como El lago.

Julieta Lionetti se sirve de una comparación que ilustra muy bien los motivos que pudieron llevar a los editores de Grijalbo a desistir de proseguir con la apuesta por Doctorow:

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Julieta Lionetti FOTO: © M. Campins.

Tratemos de imaginar por un instante –aunque hará falta un esfuerzo de imaginación casi extenuante– que los flujos editoriales no se iniciaran casi exclusivamente en la industria editorial concentrada de Nueva York. O simplemente que no fueran unidireccionales.

En ese caso, habría scouts en Madrid y Barcelona que podrían ganar bien su vida haciendo recomendaciones de traducción a las grandes editoriales de Nueva York.

Ahora imaginemos a una scout bisoña en 1966. El editor de Nueva York para el que trabaja ha visto que Cinco horas con Mario ha trepado al número 1 en las listas de más vendidos (porque como el flujo editorial no es unidimensional, se mira las listas de más vendidos en España) y le pregunta a la scout bisoña: “¿Deberíamos tener en cuenta este libro para su traducción?” Y ella, entusiasmada, traslada las cifras de venta de España a la escala americana y le da un sí rotundo. El editor de Nueva York ha ganado un gran escritor y un gran agujero en su cuenta de resultados.

Los lectores americanos se acercarían a la obra con la expectativa de un bestseller y se sentirían defraudados. No conocerían en absoluto la tradición con la que dialoga Miguel Delibes. Además, la mitad de su poder literario se habría perdido en la traducción.

La obra de E. L. Doctorow entró en España con esa expectativa de bestseller por parte de sus primeros editores, que a su vez la trasladaron a sus departamentos de márketing, y estos a los libreros y, finalmente, al lector. Fue un fracaso.

Aparecen aquí por lo menos dos elementos sobre los que valdrá la pena volver, el desconocimiento de la tradición en la que se inserta la obra de Doctorow y los problemas de traducir a determinados autores literarios. Sin embargo, acaso los cambios de editor no expliquen gran cosa:

La política de autor ayuda a consolidar a un escritor –señala Patricia Escalona–, pero no lo crea a ojos del público. Es decir: si Doctorow hubiera tenido uno o varios best sellers que lo hubieran situado en el Olimpo de los autores literarios vendedores, no hubiera importado que su obra hubiera estado diseminada en tres o veinte editoriales. Su nombre hubiera sido reconocido por los lectores y hubiera tenido el suficiente tirón vendedor de por sí.

Pero, siguiendo con la progresiva llegada de la obra de Doctorow a España, el inicio de los años ochenta es interesante porque coincide con el estreno de las primeras adaptaciones cinematográficas. Cuando en 1982 se estrena Ragtime, dirigida por Milos Forman y de la que dijo Doctorow que “durante los primeros diez minutos era una película brillante, pero por desgracia tenía muchos más”, Grijalbo publica una reedición de esta obra, pero a partir de entonces se inicia un silencio que durará casi seis años y que coincide más o menos con un silencio de Doctorow como novelista, si bien es un autor que siempre se ha tomado su tiempo para publicar, ajeno –caso de haberlas– a las presiones de agentes, editores y de la industria del libro en general.

Por supuesto, el estreno en 1983 de Daniel, la película que Sidney Lumet dirigió a partir de un guión del propio Doctorow, quien la definió como “uno de los mayores desastres comerciales de todos los tiempos”, nada hizo por revitalizar la presencia de la obra del escritor estadounidense en España.

Resulta un tanto curiosa la trayectoria de la obra de Doctorow cuando se reemprende su publicación tras ese silencio: en 1988 Anagrama publica una recopilación de sus cuentos que había aparecido en EE.UU. cuatro años antes (Vidas de los poetas. Seis cuentos y una novela breve) y en 1990, además de aparecer en la colección El Espejo de Tinta de Grijalbo una nueva reedición de Ragtime, es en Planeta donde se publica otra de sus novelas más famosas, Billy Bathgate, que el mismo año publica Círculo de Lectores precedida de un prólogo de Javier Tomeo. Ese año 1990 Doctorow no paraba de recibir importantes galardones (el National Book Critics Award, el PEN/Faulkner, la William Dean Howells Medal), sobre todo por Billy Bathgate, precisamente. Además, es probable que actuara como estímulo la versión cinematográfica que preparaba Robert Benton (conocido sobre todo por su oscarizada Kramer contra Kramer) a partir de un guión del célebre dramaturgo Tom Stoppard y con un reparto de lujo en que figuraban Dustin Hoffman, Nicole Kidman, Steven Hills y Bruce Willis, entre otros, que se estrenó en  1991 coincidiendo con la segunda y última novela de Doctorow en Planeta, La feria del mundo. ¿Cómo influyeron las adaptaciones cinematográficas?

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Patricia Escalona.

En 2014 –explica Escalona– asistí en Washington a una ponencia en que Doctorow, junto a otros autores cuyas obras habían sido llevadas al cine, como Paul Auster o Alice McDermott, hablaba de esto precisamente. Su respuesta era más o menos la que se puede esperar de alguien sensato: depende. Depende de tantas cosas como que la película sea buena, que la novela sea buena, que los actores lo hayan hecho bien, que el guion sea una adaptación adecuada y que se escojan los fragmentos que se dejan fuera y los que entran con acierto. Es decir: ni idea. A él le gustó Ragtime, no tanto Daniel ni Billy Bathgate, pero en ninguno de los tres casos les achacaba el éxito o el fracaso de sus novelas. A lo mejor ayudaron a hacer su nombre algo más reconocido y ganar algunos lectores, pero para cuando las películas llegaron en Estados Unidos él ya era un autor reconocido por la crítica y apreciado por los autores

A partir de 1991, un nuevo silencio, que se rompe fugazmente en 1995 con una reedición en Círculo de Lectores de Ragtime (de nuevo con prólogo de Tomeo), pero sobre todo con la entrada en escena de Julieta Lionetti, que lo cuenta del siguiente modo:

Entré con la obra de Doctorow en la contienda editorial en el año 1995. Fue con El arca de agua y, a partir de allí, me dediqué a la recuperación de una obra que estaba agotada y dispersa. Me interesaba especialmente El libro de Daniel, que es en mi opinión uno de sus mejores logros. Tuve que pagar un anticipo que estaba en los límites de las posibilidades de una editorial literaria aunque exitosa. Porque la expectativa bestsellerística también la compartían sus agentes literarios y el autor. Fue distinto luego.

De El arca de Agua tiramos 5.000 ejemplares, de los cuales vendimos poco más de 3.000. Para mí eso es un éxito en términos de autores literarios. Que es como había decidido publicarlo. Todo lo que supere la mitad de la edición es un éxito en la edición literaria. Se hizo una edición especial para América Latina, que funcionó peor: unos 900 ejemplares vendidos, aproximadamente: hace ya muchos años e Hispanoamérica nunca fue un mercado que trabajamos a fondo.

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Julieta Lionetti FOTO: © M. Campins.

A partir de ese momento, Julieta Lionetti publicó continuadamente en Muchnik Editores S. A. (no confundir con Anaya/Mario Muchnik), además de El arca de agua (1995), las traducciones del muy reputado Jordi Arbonés (1929-2001) de Poetas y presidentes (1996), y El libro de Daniel (1997). A esas alturas de su vida, Arbonés contaba con un currículo impresionante que incluía traducciones, al catalán y al castellano, de autores como Faulkner, Nabokov, Bowles o Bellow, aunque siempre quedará asociado a sus elogiadas traducciones de Henry Miller al catalán. Por su parte Mª José Rodellar se ocupó de una nueva versión de Ragtime (1996) y Damián Alou de La ciudad de Dios (2002) que apareció ya en Muchnik-El Aleph, que además reeditó ese mismo año la traducción de Lionetti de El arca de agua. Sin embargo, a partir de ese momento se abrió otro paréntesis de silencio.

En esta ocasión, fue Patricia Escalona quien reanudó en Roca Editorial la publicación de Doctorow, con enorme satisfacción, como ella misma cuenta, pues además pudo acabar reuiniéndola en Miscelánea:

Si mañana dejara de ser editora, me iría con la satisfacción de haberle publicado, lo que bien vale una carrera. Cuando Roca Editorial comenzó su andadura en 2003, fui a las oficinas de sus agentes con Blanca Rosa Roca. Hojeando su catálogo bromeé con la posibilidad de publicarlo si es que alguna vez quedaba libre y aunque todo se quedó en unas risas, su agente me llamó un par de años después: La gran marcha no tenía editor y ella había apuntado mi interés. Negocié la recuperación de toda su obra anterior y publicamos todas las novedades que nos iban enviando. Para una editora tan joven como yo era entonces, era un sueño hecho realidad contar con un maestro como él en mi lista, alguien a quien había leído de todavía más joven y que había contribuido a crear en mi cabeza a Nueva York, una ciudad mítica literariamente hablando.

Así, se sucedieron las traducciones en Puzzle y en Miscelánea que Isabel Ferrer y Carlos Milla hicieron de las novelas La gran marcha (2006), que les valió el Premio Esther Benítez 2007, El libro de Daniel (2009), Homer y Langley (2010), Todo el tiempo del mundo (2012) y El cerebro de Andrew (2014), además de las traducciones preexistentes de Billy Bathgate (2006), Ragtime (2006) y  El arca de agua (2014), a las que aún deben añadirse, también en Miscelánea, la antología Creadores. Ensayos escogidos 1993-2006 (2007).

Por esos años, además, con una intención muy similar las Edicions de 1984 de Josep Cots habían empezado a ofrecer en catalán Història de la dolça terra (2007), Ragtime (2008), Tot el temps del món (2012) y El cervell de l´Andrew (2014), con lo que se completa esta panorámica de la obra de Doctorow en español, a la que recientemente se ha añadido una antología de los cuentos, precedida de un prólogo de Eduardo Lago, aparecida en 2015 en Malpaso, de la que Patricia Escalona es ahora editora:

Un análisis pormenorizado podría, supongo, arrojar datos concretos sobre por qué algunos autores llegan a tener éxito cuando otros, con las mismas cualidades o calidad, se quedan a medio camino, pero muchas veces es una cuestión de estar en el momento justo con la novela adecuada, y no hay esfuerzo de marketing, de prensa o de prescripción que pueda arreglar eso.

No creo que esté descubriendo América cuando digo que el tiempo es, en realidad, el que decide qué puesto le reserva a cada quién. […] Creo que muchos lectores más tendrán el placer de “descubrirlo” en años venideros.

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Patricia Escalona.

 

Los inicios de Grijalbo

Juan Grijalbo Serres

Juan Grijalbo (1911-2002) fue un editor autodidacta, y quizás resulte un poco asombrosa la brillantez de su carrera como editor al recordar el hecho de que abandonó la escuela con poco más de quince años  y se formó sobre todo con la lectura de periódicos (El Sol, Abc, La Vanguardia y La Veu de Catalunya). En más de una ocasión dijo que se convirtió en editor por casualidad. Sin embargo, su Gandesa natal es tierra de editores. Allí nacieron Josep Lluís Monreal (n. 1932), que creó Danae y más tarde el Grupo Océano, y Enric Borras Cubells (1920-1985), que trabajó en Teide, con Grijalbo y posteriormente fundó la editorial El Llamp.

Su primer empleo, a los dieciséis años, fue en el Banc de Reus, donde su principal ocupación era registrar letras, y de allí pasó al cabo de pocos años al Banco Zaragozano. La militancia en el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) le llevó más tarde a ocupar importantes cargos en el Consell d´Economia de la Generalitat (en representación de UGT) y a ser director general de Comercio, y en calidad de tal Estanislau Ruiz Ponsetí (1889-1967) le pidió ayuda para evitar que durante la guerra civil un grupo de anarquistas quemara un stock de libros de tema religioso de la editorial en la que trabajaba, Gustavo Gili. A raíz de su decisiva intervención en este asunto, Ramón Sopena, Santiago Salvat y el propio Gustavo Gili le avalaron como delegado de la Generalitat en la Cámara del Libro de Barcelona.

Joan Comorera

Una vez acabada la guerra, estando en Francia con la pensión que recibía de la Generalitat compró una máquina para abrir cartas, y ello le permitió convertirse en jefe de correspondencia del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE). También en París interviene en la creación por parte del PSUC de la editorial Atlante, cuya gestación resume Martín Ramos citando un informe titulado “EL PSUC en el exranjero” atribuido al dirigente comunista Joan Comorera (1894-1958):

A primeros de mayo [de 1939] era inminente la fundación de una editorial francesa para la publicación de nuestra prensa y propaganda ordinaria y de una editorial americana de tipo comercial para publicar nuestros libros y ver la manera de rehacer el tesoro del partido.

Estanislau Ruiz i Ponsetí

Para llevar a cabo esta labor, Comorera recabó la colaboración del geógrafo Leandro Martín Echevarría (1894-1958) y del abogado Manuel Sánchez Sarto (1897-1980), que había sido director de la Editorial Labor y quien a su vez cooptó a Grijalbo. La marcha de Comorera a Moscú retrasó la fundación de esta empresa, que se formalizó finalmente el 1 de julio de 1939 en la sede del Consulado de los Estados Unidos Mexicanos con un capital inicial de medio millón de pesos mexicanos aportados por el partido y con Ruiz Ponsetí y Miquel Serra Pàmies (1902-1968) como directores-gerentes, Martín Echevarría como subdirector, Serra Pàmies como representante del capital aportado y Grijalbo como administrador.

Miquel Serra i Pàmies en 1937.

Con las 6.000 libras esterlinas (algo más de millón y medio de pesetas) que Ruiz Ponsetí entregó a Grijalbo, éste se ocupó de la creación definitiva de Atlante en México, el 25 de septiembre, a la espera de recibir el resto del capital, que quedó en la Banque Commerciale de París y no tardó en ser bloqueado. Aun así, Atlante no se desvió de un ambicioso plan inicial que se explicitaba del siguiente modo en el artículo segundo de la sociedad:

La sociedad tendrá una finalidad productiva y su objetivo será editar por cuenta propia o en administración, obras de reconocida valía, mediante las cuales se contribuya a elevar el nivel de la cultura, y con cuyo rendimiento económico, obtenido conforme una rigurosa observancia de los costos, queden justamente remunerados todos los colaboradores intelectuales y materiales, y se asigne a quienes aporten los medios de financiación, una participación proporcionada de los posibles beneficios.

Portada de Destierro (1942) de Domenchina en Atlante. 17,5 x 12, 124 pp.

Atlante ayudó en los primeros años del exilio a muchos intelectuales españoles, pero cuando Comorera llegó a México la empresa ya estaba al borde del abismo. El 18 de septiembre el consejo de administración censuró por ello a Ruiz Ponsetí, que tuvo que dimitir como gerente (más tarde sería gerente de la editorial UTEHA), y, en palabras de Martín Ramos:

La empresa del PSUC recompuso su situación financiera mediante el artificio de la recompra de la mitad de las acciones por parte de un supuesto nuevo grupo encabezado por Abel Martín Echevarría [hermano de Leandro] que no hizo otra cosa que actuar como testaferro del partido, y en la práctica del propio Comorera, que iba a asumir el pleno control.

En Atlante predominaron las obras afines a la ideología del partido “desde clásicos del marxismo hasta las obras literarias rusas, traducidas con frecuencia de la lengua original”, según Maite Férriz, pero también tuvo espacio para una prestigiosa y deficitaria revista científica (Ciencia. Revista hispanoamericana de ciencias puras y aplicadas), para las dos primeras ediciones del fundamental Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora (1941 y 1944) e incluso para algunas obras de creación literaria, como la Antología de la poesía española contemporánea, 1900-1936, preparada por Juan José Domenchina (1898-1959), varias obras del propio Domenchina o los mayores éxitos de Atlante: El motín del “Caine” (1952), de Herman Wouk, y las memorias del duque de Windsor. Entre las curiosidades, la colección de biografias Gandesa, cuyo logo diseñó Pere Calders basándose en el guante que aparece en el escudo de la ciudad natal de Juan Grijalbo.

Portada de Acolmán, un convento del siglo XVI. Texto y fotografías de Pere Calders y dibujos de Tísner y Pere Calders (Atlante, 1945)

Ante nuevas dificultades, la aportación de cincuenta millones de pesos por parte del director del Banco de México, Eduardo Villaseñor, y del muy célebre galerista y publicista Alberto Misrachi, añadido a un crédito de la Comisión Técnica de Ayuda a los Refugiados Españoles permitieron alargar unos meses la trayectoria de Atlante. Fue entonces cuando Grijalbo compró a plazos las acciones de la compañía (en manos de Villaseñor, Misrachi y Matilde Legorreta), liquidó las deudas y puso en pie Exportadora de Publicaciones Mexicanas, germen de la Editorial Grijalbo.

De izquierda a derecha, Carlos Barral, Juan Grijalbo y José Martínez Guerricabeitia (Ruedo Ibérico) en la Feria de Frankfurt en 1976.

Fuentes

Fundación Juan Grijalbo Serres, cuyo lema es “Impulsamos el desarrollo de lo futuros editores y de los lectores del mañana”, aquí.

Juan Escalona, “Editores españoles en el exilio”, en Catálogo de la Exposición Editores del Exilio Republicano de 1939, Sant Cugat del Vallès, Associació d´Idees-Gexel, 1999, pp. 7-40.

Josep Maria Espinàs, Entrevista a Juan Grijalbo en el programa de TV3 Personal i intransferible, 28 de abril de 1994. Con documentación gráfica muy interesante y poco accesible de su archivo personal.

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Jalisco, Colegio de Jalisco, 1998.

Jorge Herralde, “Grijalbo, “homenot” del 90””, La Vanguardia, 3 de julio de 2001. Recogido en Por orden alfabético, Barcelona, Anagrama (Biblioteca de la Memoria), 2006.

Antonio Lago Carballo y Nicanor Gómez Villegas, eds., Un viaje de ida y vuelta. La edición española e iberoamericana (1936-1975), Madrid, Siruela (El Ojo del Tiempo 9), 2006.

Manuel Llanas, La edició a Catalunya. Segle XX (fins a 1939), Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2005.

D.M., “El editor barcelonés Juan Grijalbo falleció ayer a los 91 años de edad“, Abc, 23 de noviembre de 2002, p. 63.

José Luis Martín  Ramos, Rojos contra Franco. Historia del PSUC, 1939-1947, Barcelona, Edhasa (Ensayo Histórico), 2002. El documento citado en el texto, y atribuido a Comorera, en el Archivo Histórico del Partido Comunista de España (Madrid).

Xavier Moret, “Muere a los 91 años Juan Grijalbo, editor de best sellers y de textos marxistas”, El País, 23 de noviembre de 2002, p. 36.

F.L. del Pino, “Juan Grijalbo. “Yo soy autodidacta”” (entrevista), Diario de Tarragona, 24 de octubre de 1995, p. 39.

Gonzalo Pontón, “Ocho líneas de enciclopedia”, El País, 23 de noviembre de 2002, p. 36.

Gonzalo Santonja, Los signos de la noche. De la guerra al exilio. Historia peregrina del libro republicano entre España y México, Madrid, Castalia (Literatura y Sociedad 76), 2003.