Olga Sacharoff, una artista genial y su relación con la bibliofilia

Cuando la pintora de origen georgiano Olga Sacharoff se establece en Barcelona en 1940, no sólo era ya una de las vanguardistas europeas que contaba con mayor reconocimiento internacional, sino que además ya tenía un buen conocimiento de Catalunya, pues durante la primera guerra mundial había residido en Céret y en Barcelona con su primer marido (el pintor y fotógrafo londinense Otho Lloyd) y posteriormente, desde París, había viajado en diversas ocasiones a la capital catalana, donde progresivamente fue abriéndose camino en los ambientes artísticos.

Ya entre 1918 y 1919,Sacharoff había formado parte de la Agrupació Courbet, que, en el seno del Cercle Artístic de Sant Lluc e impulsada por el ceramista Josep Llorens i Artigas (1892-1980) y el arquitecto y pintor Josep Francesc Ràfols (1889-1965), aglutinó a toda una serie de creadores muy diversos (Francesc Domingo, Josep Obiols, Joan Miró, Enric C. Ricard, Joaquim Torres-Garcia…) a los que unía la intención de dar un auténtico revolcón a la estética un tanto acartonada que había caracterizado al Noucentisme.

Por aquellos mismos años, Sacharoff había colaborado curiosa y episódicamente en 391, la mítica revista dadaísta creada en Barcelona por Francis Picabia (1879-1953), financiada por el galerista Rafael Dalmau i Ferreres (1867-1937) y en la que se publicó obra gráfica de Otho Lloyd, Marie Laurencin (1883-1956) y el propio Picabia y textos de Gabrielle Buffet (1881-1985), Max Jacob (1876-1944), Georges Ribemont Dessaignes (1884-1974), Maximilien Gauthier (Max Goth, 1893-1977), Guillaume Apollinaire (1880-1918) y de nuevo Laurencin y Picabia. La colaboración de Sacharoff se limitó al parecer a una ilustración en el segundo número, acompañando poemas de Jacob y Goth, pero, acaso para desorientación de algunos críticos e historiadores del arte, su nombre quedó así en alguna medida vinculado al dadaísmo.

En una interesantísima tesis presentada en 2018, Tránsitos entre París y Barcelona en la primera mitad del siglo XX: Obra y trayectoria de Olga Sacharoff, Elina Norandi ha dejado, además un recorrido por su cosmopolita trayectoria biográfica, una detallada descripción y una propuesta de interpretación de las no muy abundantes pero sí significativas participaciones de esta artista en la creación de libros, todos ellos llevados a cabo en Barcelona.

Cronológicamente, su primer trabajo como ilustradora de libros se publicó en 1943: La casa de Claudina, de Colette (1873-1954), en traducción de la periodista y escritora María Luz Morales (1889-1980) y con elementos decorativos ‒básicamente, capitulares y folios‒ debidos a Evarist Mora (1904-1987). La edición corrió a cargo de Ediciones Mediterráneas ‒de las que Mora se había convertido en uno de los puntales gráficos, gracias a sus cubiertas de los Sonetos del portugués o Leyendas de la Virgen‒ en los talleres de los prestigiosos talleres Juan Sallent de Sabadell, que imprimieron unos pocos ejemplares sobre papel Japón, Holanda y papel de hilo y otros mil cuatrocientos noventa numerados sobre papel offset. El libro, de 24 x 18 cm y encuadernado en rústica, incluye ocho delicadas acuarelas de Sacharoff cuyos originales se expusieron en la librería-galería Galerías Mediterránea durante la segunda quincena de marzo de 1944 pero que, al parecer, se encuentran en paradero desconocido.

Este proyecto editorial había surgido poco tiempo antes como ampliación de la galería adjunta a la Librería Mediterránea, donde ya en 1940 había acogido una exposición de acuarelas y gouaches de Sacharoff, y en 1941 habían expuesto Manolo Hugué y Opisso, por ejemplo, y estaban a su frente Margarida Gabarró y Antoni Vancells. Además de los ya mencionados, Ediciones Mediterráneas (fundadas en 1935 por Dalmau) se distinguieron por proporcionar una interesante fuente de ingresos como traductores a algunos de los más importantes escritores catalanes de antes de la guerra; publicaron, por ejemplo, ediciones de Éramos siete hermanas (1942), de Karin Michaelis, traducida por Carles Soldevila, Las florecillas de San Francisco (1946), en traducción de Marià Manent, etc., además de Tristán, un amor de Ricardo Wagner (1943), de Josep Palau, y Aventuras de un aviador (1943), de Carles Soldevila e ilustrado por el gran Junceda o Prímula, de Ester de Andreis.

Casi como curiosidad, en 1944 Sacharoff ilustró con un dibujo titulado «Un bello rincón» el texto dedicado a «San Gervasio, Sarià, Pedralbes» que el poeta y editor Joan Teixidor (1913-1992) aportó al número especial de la revista Destino dedicado a la ciudad de Barcelona y sus diversos barrios aparecido el 18 de marzo de ese año (y que incluye también ilustraciones de Pere Pruna, Emili Grau Sala y José Miguel Serrano, además de viñetas humorísticas de Valentí Castanys).

Apenas dos años más tarde aparecía el poemario Donde las lilas crecen (1946), de Juan Eduardo Cirlot, en Helikón (que al año siguiente le publicaría a Cirlot Susan Lenox). Se trataba de nuevo de una edición de bibliógrafo, de 170 ejemplares, encuadernada en rústica y estuchada, en cuarto mayor (26 x 18) y con ocho ilustraciones a color de Sacharoff y los poemas impresos con tipos Ibarra sobre papel de hilo de Guarro. De Helikón, creada por el traductor y poeta simbolista José Miguel Velloso Coca (1921-1982) es conocida también la edición biblingüe de Epipsychidion, de Shelley, con traducción del ya mencionado Marià Manent (1898-1988) y aguafuertes de Domènec Olivé Busquets (1892-1959), pero Masid Valiñas destaca esta edición, supervisada por el propio Velloso y Joaquim Horta, como «una de las obras mejor editadas de Juan Eduardo Cirlot».

También de 1946 es Sempre i ara, el poemario con el que Clementina Arderiu (1889-1976) había obtenido el Premi Joaquim Folguera en 1938, pero la guerra y el exilio habían impedido hasta entonces su publicación. De este libro, que contiene veintiséis poemas y cinco litografías, se tiraron solo 150 ejemplares, con el texto impreso en Antigua Menhart y también sobre papel de hilo de Guarro. Elaborado en la S.A.D.A.G. (Sociedad Alianza de Artes Gráficas), se presentaba en estuche con los pliegos por un lado y las ilustraciones protegidas con papel de seda por otro (al parecer, para que éstas pudieran ser enmarcadas si así se deseaba).

Mientras que, en opinión de Norandi, «contemplando la obra, es fácil deducir que Arderiu y Scharoff trabajaron en un proyecto que sintieron como común, que les entusiasmaba y pusieron en él un amoroso cuidado», según Masid Valiñas «las ilustraciones nunca llegaron a entusiasmar a la propia Clementina Arderiu, que no veía en la delicadeza de estas ilustraciones la fuerza y la gracia especial de [Josep] Obiols o de [Enric Cristòfor] ]Ricart», pero ninguno de los dos aporta mayores especificaciones o documentación a favor de sus argumentos. Sí parece acertada la suposición de Masid Valiñas acerca de que, muy probablemente, se trató de una edición de mecenazgo.

El que probablemente sea el último trabajo editorial de Sacharoff lo hizo para la edición de José Janés de la novela Netochka Nezvanova, de Dostoievski, traducida por Juan G. de Luaces e «ilustrada con diez aguafuertes originales compuestos y grabados por Olga Sacharoff». Según el pie editorial de esta edición, encuadernada en cartoné y presentada en estuche, se hizo en los talleres de la S.A.D.A.G. una tirada de 122 ejemplares sobre papel Royal Amman, los grabados al aguafuerte los tiró el prestigioso impresor y grabador Francesc Mèlich (muy vinculado a Grau Sala, Picasso y Miró) y la dirección artística corrió a cargo de Édouard Chimot (1880-1959), que se ocupó también de los otros libros de bibliofilia, fuera de comercio, que en esos años editó Janés (los Cent sonnets français y los Cants d’amor de Ausiàs March en 1945 y las Rimas de Bécquer en 1946). Este libro de Dostoievski resultaba relativamente caro, pues el primer ejemplar («con las composiciones originales de los aguafuertes») salió a la venta a 8000 pesetas, mientras que los once siguientes («con una carpeta que comprende los bocetos y los dibujos originales de una de las planchas de Olga Sacharoff, la serie completa de los estados de los grabados y una punta seca no puesta a la venta») a 2000.

Al hacer balance de la trayectoria de Sacharoff en relación a los libros, Elina Norandi concluye que «la mayoría de su producción como ilustradora data de la década de los años cuarenta del siglo pasado. Los libros ilustrados por Sacharoff, o bien con acuarelas o bien con grabados en diferentes técnicas, actualmente constituyen obras muy representativas de la cultura editorial catalana de mediados del siglo XX y su capacidad para crear atmósferas ensoñadoras en un tiempo triste y con ansias de belleza». A la vista del grueso de su obra pictórica, resulta un poco intrigante pero muy atractiva su dedicación a una muy determinada tipología de libros.

Fuentes:

Natàlia Farré, «Una rusa cubista en el Putxet», El Periódico, 21 de noviembre de 2017 (y actualizada el 29 de diciembre de 2017).

Elina Norandi, «La pintora Olga Sacharoff: Una historia d’exili i acollida», Biblioteca Virtual de Investigación Duoda, 8 de febrero de 2017 (última modificación el 10 de septiembre de 2019).

Tránsitos entre París y Bacelona en la primera mitad del siglo XX. Obra y trayectoria de Olga Sacharoff, tesis doctoral presentada en la Facultad de Geografía e Historia de la Universitat de Barcelona en 2018.

Anónimo, «Olga Sajaroff», Interactius Ara, s/f.

Germán Masid Valiñas, La edición de bibliófilo en España (1940-1965), Madrid, Ollero y Ramos, 2008.

Sergio Vila-Sanjuán, «La colla, vista por un superviviente», La Vanguardia, 28 de marzo de 1994.

Vicenç Riera Llorca, trabajos editoriales brillantes (y los puramente alimenticios)

Vicenç Riera Llorca.

La que probablemente sea la mejor novela de Vicenç Riera Llorca (1903-1991), Tots tres surten per l’Ozama, tardó más de veinte años en publicarse en su país natal, después de su primera edición en el país que le acogió en su exilio tras la guerra civil española. Inicialmente la publicó en México Avel·lí Artís i Balaguer en su Col·lecció Catalònia en 1946 y, por razones obvias de censura, su aparición en Barcelona se retrasó hasta que en 1967 Edicions 62 la incorporó a su colección El Balancí.

Al concluir la guerra civil, y tras el consabido paso por Francia, Riera Llorca se trasladó a Santo Domingo, donde uno de sus primeros empleos fue como camarero en el café restaurante Hollywood, que, debido a su clientela mayoritariamente estadounidense, contrató asimismo a otros sindicados en la FOSIG (Federació d’Organitzacions Sindicals de la Indústria Gastronòmica) capaces de hablar en inglés. Fue durante esos meses cuando Riera Llorca compartió por primera vez faenas con el caricaturista y pintor surrealista valenciano Toni (Antoni Bernad Gonzálvez, 1917-2011), con quien volvería a coincidir más tarde en la redacción de la revista Confidencias, antecedente en México de las revistas del corazón.

Una vez llega a México, en febrero 1942, Riera Llorca se incorpora al equipo de A. Artís Impresor como corrector de pruebas, trabajo que ya había llevado a cabo a finales de los años veinte en Barcelona, y más tarde seguiría corrigiendo para la Editorial Minerva (donde también tradujo) y en la Imprenta Sícoris.

En cuanto le surge la oportunidad, interviene en la fundación de una editorial, Ediciones Fronda, cuyo recorrido fue más bien breve y trompicado y ya ha sido resumido.

Estaba ya un paso de poder poner en pie las diversas iniciativas editoriales que desarrollaría en México, pero a lo largo de toda la década de los cuarenta no deja de intervenir en todo tipo de aventuras editoriales y ocupándose de las más diversas tareas. Por aquel entonces, por ejemplo, colabora en la fundación de la revista Lletres (1944-1947) con el aún emergente poeta Agustí Bartra (1908-1982), que ese mismo año publicaba su Oda a Catalunya des dels tròpics. Lletres se caracterizó por un grado de exigencia literaria superior a la media de las revistas del exilio, y no es de extrañar que pronto dispusiera de un sello editorial propio (Edicions Lletres), en el que se publicó al ilustrador Xavier Nogués (50 ninots, 1944), Anna Murià (Via de l’Est, 1946), al «sabio catalán» Ramon Vinyes (Pescadors d’anguiles, 1947), al joven hispanomexicano Manuel Duran (Ciutat i figures, 1952) y al propio Riera Llorca (Giovanna i altres contes, 1945), además de, obviamente, diversos poemarios de Bartra.

Vicenç Riera Llorca.

Sin embargo, 1944 es también el año de fundación de una importante revista humorística mexicana que combinaba chistes, caricaturas y poemas satíricos, Don Timorato, en la que Riera Llorca tuvo una participación menos conocida, como dibujante. Ya en los años treinta el polifacético grafómano catalán había dibujado chistes para publicaciones tan distintas como L’Esquella de la Torratxa y Rambla, pero en Don Timorato se unió a una pléyade de espléndidos ilustradores mexicanos que luego tendrían, en algunos casos, dilatadas y exitosas carreras. En esta revista, en cuya fundación intervinieron Ernesto García Cabral (1890-1968), Renato Leduc (1897-1986), Carlos León, Antonio Arias Bernal (1913-1960) y dirigió el ilustrador de libros Héctor de Falcón (1905-1990), sobresalieron como escritores Salvador Novo y el mencionado Leduc, pero la revista se hizo célebre sobre todo gracias a ilustradores como Abel Quezada, Alberto Isaac, Rafael Freyre, Alberto Huici de la Torre, X-Peña, Bismarck Mier, Ram (Héctor Ramírez Bolaños), etc., así como por la presencia de los exiliados españoles Antoniorrobles (Antonio Joaquín Robles Soler, 1895-1983) y Lucio López Rey (1904-1957). Por intervención precisamente de Riera Llorca, entró también como colaborador de Don Timorato Avel·lí Artís Gener (1912-2000), que no firmaba las caricaturas con su nombre, probablemente debido a que la revista la financiaba (muy generosamente) Miguel Alemán Valdés con la oculta intención de promover su candidatura a la presidencia de la República Mexicana.

Marilyn Monroe en Confidencias.

Como ya se ha mencionado, en 1946 Riera Llorca coincide de nuevo con Toni cuando se pone al frente de la revista Confidencias, una publicación semanal de gran éxito destinado a las amas de casa (con consejos de belleza, recetas de cocina, biografías de personajes famosos, etc.), en la que colaboraron otros exiliados republicanos españoles, como es el caso de la feminista socialista Matilde Cantos (1898-1987), que firmaba como Márgara Seoane. Asimismo de agosto de 1946 es el único número de la revista Endavant, órgano del MSC (Moviment Socialista de Catalunya), que dirigió Ángel Estivill y del que Riera Llorca fue el único redactor.

Victor Alba.

Sin embargo, dos años después ya está poniendo en marcha una nueva revista de muy distinto signo, Cròniques. Víctor Alba, que completaba el trío de promotores de esta iniciativa con Costa-Amic, la describe del siguiente modo:

Una especie de carta confidencial, impresa en papel biblia, que se mandaba a Catalunya por avión desde diversos puntos de America (gracias a los amigos de S [el propio Victor Alba]. Querían informar sobre la situación internacional, sobre lo que pasaba en España, pero recibieron algunas quejas de destinatarios que tenían miedo y, finalmente, pensando que era muy cómodo hacer oposición desde el exterior, decidieron suprimir Cròniques al cabo de tres números que se habían pagado con aportaciones de cuatro o cinco compañeros.

Pasarán unos años antes de que, en compañía del político, librero y escritor Ramon Fabregat (1894-1985), el escultor y pintor  Josep Maria Giménez Botey (1911-1974) y el político e historiador Josep Soler i Vidal (1908-1999), crearan una de las mejores revistas literarias que pusieron en pie los exiliados republicanos catalanes en México, Pont Blau (1952-1963), que no sólo es una fuente indispensable para aquilatar la literatura catalana de aquellos años, sino que, además de publicar textos explícitamente censurados en España, fue escenario de algunas polémicas importantes; valga como ejemplo la generada por la Antologia de la poesia catalana, 1900-1950, de Joan Triadú (publicada por la Editorial Selecta de Josep Maria Cruzet en 1951), y en la que intervinieron escritores como Pere Calders, Joan Fuster, Antoni Ribera y Rafael Tasis.

No es ocioso añadir ‒porque es indicativo de las intenciones de restablecer el diálogo transoceánico‒ que también de 1952 es la aparición de una revista de nombre con connotaciones muy similares llevada a cabo por el editor Miquel Arimany (1920-1996), en cuyos primeros números, al igual que en Pont Blau, también convergieron escritores de diversas generaciones del exilio (Jordi Arbonés, Agustí Bartra Pere Calders, Josep Ferrater Mora, Domènec Guansé, Odó Hurtado, Rafael Tasis, etc.) con los del interior (Maria Aurèlia Capmany, Josep Maria Espinàs, J.V. Foix, Rosa Leveroni, Manuel de Pedrolo, Carles Riba, Jordi Sarsanedas…).

Apenas tres años después de arrancar la revista aparece el primer libro publicado por quienes la animaban, Unes quantes dones (1955), que reunía diversos cuentos publicados por Odó Hurtado (1902-1965) en Pont Blau y que aparece bajo el sello de Editorial Xaloc. No llegarían a la decena los libros de Xaloc, pero entre ellos se cuentan una joya para los historiadores de la política catalana, Quaranta anys d’advocat, de Amadeu Hurtado (1875-1950), con prólogo de su hijo Odó, quien más tarde publicaría en esa misma editorial su primera novela, L’Araceli Bru (1958).   

Riera Llorca siguió al frente de la revista hasta su desaparición (si bien un año después la relevaba Xaloc, en la que también colaboró), y en cuanto regresó a su país, en 1969 (dos años después de la publicación en Barcelona de Tots tres surten per l’Ozama), relanzó su carrera como escritor y encontró un nuevo público para su obra, con novelas como Amb permís de l’enterramorts (1970), galardonada con los premios Prudenci Bertrana y de la Crítica Serra d’Or, Fes memòria, Bel (1971), Premi Sant Jordi, y Oh, mala bèstia! (1972), entre otras, e interesantísimos libros de evocación y testimonio, como Nou obstinats (1971), El meu pas pelt temps (1979) o, ya póstumamente, Els exiliats catalans a Mèxic (1994).

Fuentes principales:

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Jalisco, El Colegio de Jalisco, 1998.

Vicente Lloréns, Memorias de una emigración. Santo Domingo, 1939-1945, Barcelona, Ariel (Horas de España), 1975.

El poeta Juan Panadero, el ilustrador Toño Salazar y el editor Rafael Alberti

«La caja de mi guitarra

no es caja, que es calabozo,

penal donde pena España»

Rafael Alberti, Coplas de Juan Panadero

 

De izquierda a derecha, Alberti, María Teresa León y Luis Buñuel.

Ha quedado en los anales de la historia del teatro, el estreno en Montevideo de la adaptación de El ladrón de niños de Jules Superville (1884-1960), llevada a cabo a cuatro manos por María Teresa León (1903-1988) y Rafael Alberti (1902-1999). El estreno tuvo lugar en el Estudio Auditorio del Sodre (Servicio Oficial de Representaciones y Espectáculos) el 1 de octubre de 1943.

Se enmarcaba en la temporada que había programado la actriz española Margarita Xirgu al hacerse cargo de la dirección del Sodre, que se abrió con La Numancia de Cervantes, adapatada también por Alberti, e incluía Alto alegre de Justino Xavala Muñiz, El matrimonio de Gogol y El enfermo imaginario de Molière, entre otras, y se cerraba con la Mariana Pineda de Federico García Lorca, y participaron en ella algunos de los actores y técnicos habituales de la Xirgu, como Edmundo Barbero (1899-1982), Enrique Álvarez Diosdado (1910-1983), Amelia de la Torre (1905-1987) o Santiago Ontañón (1903-1989).

No obstante, en la bibliografía de Alberti Montevideo quedará asociado a las Coplas de Juan Panadero, aparecidas en 1949 con el extenso título Coplas de Juan Panadero recopiladas y ordenadas por Rafael Alberti. 10 aleluyas de Toño Salazar y publicadas por la editorial comunista Pueblos Unidos, fundada en 1942 por Ettore Quagliarini (1893-1953), conocido también como Pablo Bono.

El caricaturista e ilustrador salvadoreño Toño Salazar (1897-1986) —«el príncipe de los caricaturistas», según lo definió Enrique Gómez Carrillo—, tras su paso por México, París, Nueva York y Argentina, había empezado ya entonces a publicar algunas muy celebradas caricaturas de los principales dictadores de esos años bélicos (Mussolini, Franco, Hitler, Perón) pero había hecho también algunas colaboraciones editoriales. De 1930 es su libro Caricaturas (1930), al que precede un prólogo del pintor neerlandés Kees Van Dongen (1877-1968).

 

Una vez concluida la guerra mundial, había ilustrado las Leyendas de Guatemala de Miguel Ángel Asturias (1948), con quien había trabado amistad en París, en una edición que incluía la carta de Paul Valéry en que expresaba una opinión que se ha hecho célebre: «En cuanto a las leyendas, me han dejado traspuesto. Nada me ha parecido más extraño —quiero decir a mi espíritu, a mi facultad de alcanzar lo inesperado— que estas historias-sueños-poemas».

Toño Salazar.

La obra de Asturias ilustrada por Salazar se publicó en la editorial Pleamar, acerca de la que Emilia de Zulueta dejó escrito:

Pleamar fue otra empresa donde los españoles cumplieron una función protagónica. Fundada en 1941 por Manuel Hurtado de Mendoza, editó diversas colecciones como «Conocimiento», El ceibo y la encina, Mirto. En la segunda de ellas salieron obras de autores españoles como Alarcón, Galdós y Valera cuya novela Pepita Jiménez, llevaba prólogo de Rafael Alberti y viñetas de Gori Muñoz, talentosísimo pintor y escenógrafo valenciano de vasta actuación en Buenos Aires desde el momento de su exilio en 1939.

Pero fue, sin duda, la colección Mirto, dirigida por Rafael Alberti, una de sus más memorables aportaciones. Sus volúmenes encuadernados en tela blanca, con letras verdes y un ramo dorado en la cubierta y en el lomo, constituyen una de las más bellas series de poesía española. Entre las primeras obras publicadas figuran las poesías de Fray Luis de León, Garcilaso, Góngora, dos volúmenes de Églogas y Fábulas castellanas, con prólogo de Rafael Alberti y algunos textos contemporáneos que acompañan a los clásicos. Debemos mencionar, también, la Obra poética (1944) de Antonio Machado, con poemas extraídos de sus libros en prosa y textos sobre la guerra civil; y las Rimas de Bécquer (1944), con un retrato del poeta por su hermano Valeriano, y autógrafos y dibujos originales, un poema de Alberti y un texto en prosa de Juan Ramón Jiménez. Otra edición memorable, dentro de la misma colección Mirto fue la de Animal de fondo, de Juan Ramón Jiménez, que reúne los poemas escritos durante su viaje a Buenos Aires, en 1948, y que aparecieron en 1949, en edición bilingüe, traducidos al francés por el poeta argentino Lisandro Z. D. Galtier.

La obra de Asturias apareció en la mencionada colección dirigida por Alberti Mirto, y una vez publicada el artista salvadoreño estuvo creando ilustraciones para unas proyectadas pero nunca publicadas ediciones del Quijote y de La isla del tesoro.

No es de extrañar, pues, que fuera Salazar quien se ocupara de los dibujos que enriquecen las coplas de su ¿heterónimo? Juan Panadero, una de las obras más emblemáticas de la poesía política de Alberti, en cuyo colofón puede leerse: «Realizada para Ediciones Pueblos Unidos (Colonia y Tacuarembó, Montevideo- Uruguay), por la Corporación Gráfica (Reconquista, 624) y expedida de sus talleres el día 25 de noviembre de 1949».

Fuentes:

Emilia de Zulueta, Españoles en la Argentina. El exilio literario de 1936, Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002 (a partir de la de Buenos Aires, Ediciones Atril, 1999).

Luis García Montero, «Rafael Alberti, pasando por Cervantes, admira por fin a Benito Pérez Galdós», Cuadernos Hispanoamericanos, 27 de junio de 2020.

Miguel Huezo Mixco, «Toño Salazar. Expedicionario del siglo XX», Letras Libres, núm. 41 (febrero de 2005).

Yves Lissorgues, «La poética de Juan Panadero», Dr. Rafael Alberti, El poeta en Toulouse, Université de Toulouse-Le Mirail, Service des Publications, 1984.

Evarist Mora, ilustrador de libros

Los conocedores del diseño español probablemente asocien el nombre de Evarist Mora i Rosselló (1904-1987) a la célebre butaca de inspiración art déco Coliseum o a la decoración del conocido como Consulat del Mar (en el Ayuntamiento de Barcelona), pero este muy polifacético artista, de proverbial profesionalidad, intervino en muchos otros campos y, en el ámbito de las artes gráficas, dejó algunos libros ilustrados de notable interés.

Nacido en la barcelonesa calle Petritxol, en el seno de una familia que confeccionaba vestuario para teatro, Mora se formó inicialmente en La Llotja, pero luego fue ampliando conocimientos vinculándosee a centros tan prestigiosos como la Escola Superior de Bells Oficis de la Mancomunitat (en el seno del Cercle Artístic de Sant Lluc) y el Foment de les Arts Decoratives, pero también mediante una estancia en París, en la que completó su formación con el ceramista y crítico de arte catalán  Josep Llorens i Artigas (1892-1980). A su regreso a Barcelona, Mora abrió un estudio en un piso situado en el muy céntrico y elegante Passeig de Gràcia en el que se presentaba como decorador.

Sin embargo, ya en los años veinte, combinándolo con una ingente obra en proyectos de decoración y exposiciones de su obra, empezó Mora a dibujar y pintar tanto carteles como folletos y anuncios publicitarios para diversas empresas (entre ellas las Industrias Gráficas Seix y Barral Hnos.), y es muy recordado también su cartel ya de 1930, destinado a los excursionistas, acerca de los riesgos de hacer fuego en el bosque. Un poco anteriores son sus trabajos para revistas ilustradas como Patufet, destinada a iniciar los niños catalanes en la lectura, o las bastante más ácidas El senyor Daixonses (1926) i La senyora Dallonses (1926).


Aun así, es probable que sus primeras ilustraciones de cubiertas de libros sean las que empezaron a publicarse, ya a principios de los años treinta, en la colección Ideal de la por entonces muy popular Bauzá, que en el aspecto gráfico es recordada sobre todo por las célebres ilustraciones de Helios Gómez (1905-1956) pero que también contó con la colaboración de otros artistas notables, como el el caso de Shum (Alfons Vila i Franquesa, 1897-1967).

Entre las cubiertas que en esos años hace Mora para Bauzá se cuentan, por lo menos, las de Dante no vio nada (La vida en los presidios militares) (1930), del pionero del periodismo de investigación Albert Londres (1884-1932), El amor en las prisiones (1931), de la fundadora de Psiqué Mary Choisy (1903-1979), Isabel y Beatriz. Novela del tercer sexo (1931), de la también periodista francesa y conocida feminista Maria Laparcerie y El alimento de los dioses (1933) de H. G. Wells (1866-1946).

De ese mismo año 1933 son algunas colaboraciones para el intrépido y muy efímero periódico dirigido por Josep Janés i Olivé (1913-1959) Avui. Diari de Catalunya (octubre-diciembre de 1933), en el que Mora coincidió con otros artistas importantes, como Francesc Domingo (1893-1974) o Josep Maria Mallol Suazo (1910-1986).

Poco posterior, de 1934, es la edición de Els vells, font de poesía, un bello librito  de 46 páginas que incluye ilustraciones de Mora a los poemas de temática común firmados por Jaume Bofill (1879-1933), Victor Català (Caterina Albert, 1869-1966), Ignasi Iglesias (1871-1928) y Apel·les Mestres (1854-1936), entre otros, y que sufragó la Caixa de Pensions per a la Vellesa i d’Estalvi con el propósito de regalarlo a sus clientes, como «Obra dels homenatges a la vellesa» y del que se hizo una segunda edición en 1936. Con todo, acaso la imagen más vista de Mora ese año, y también el siguiente, fue la publicidad que creó para la cadena de corte y confección El Dique Flotante, que se reprodujo con profusión en la elegante y cosmopolita revista D’Ací i d’Allà, entre otros muchos medios impresos.

Iniciada la guerra civil española, uno de sus carteles fue premiado en octubre de 1936 en la Trienal de Artes Decorativas e Industrias Modernas, pero esa época la dedica Mora sobre todo a colaborar con el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya. Colaboró asimismo con la Revista Estel (1937), pero también tuvo tiempo para ilustrar una edición de los Cuentos de Navidad del escritor y periodista francés G. Lenotre (Théodore Gosselin,1855-1935) que se publicó en 1938 en adaptación de Marià Manent (1898-1988) en la Editorial Lucero.

También en Lucero se publicaron dos obras de Lope de Vega, Los pastores de Belén, donde a las ilustraciones de Mora iban acompañadas de otras de Josep M. Junoy (1887-1955) y Los reyes magos, ambas de 1939. 

Y en cuanto acabó la contienda, ya en 1939 Evarist Mora se asoció con Josep Mir i Virgili (1904-1974), conocido interiorista cuya familia tenía una amplia vinculación con las artes gráficas y él mismo hizo, ocasionalmente algún cartel y portada de revista en los años veinte (aunque quizá su cartel más conocido sea el que hizo para la empresa Uralita). De esta asociación saldrían obras de decoración tan recordadas como las que hicieron para el Salón Rosa (más tarde reconvertido en Boulevard Rosa) y para algunas de las tiendas del Dique Flotante.

Aun así, ya de junio de 1940 son la cubierta y las ilustraciones interiores de La solitaria de Dulwich, de Maurice Baring (1874-1945), que aparece en la editorial que por aquel entonces llevaban al alimón José Janés (1913-1959) y Félix Ros (1912-1974), Emporion, y concretamente en la exquisita colección La Rosa de Piedra. Muy poco más tarde ese mismo año, en cuanto se disolvió la asociación, Janés publicó también esa misma traducción (firmada como José Aguirre, pero obra del propio Janés), en su colección Los Libros de Cristal e incorporó a ella de nuevo esas ilustraciones de Mora. Se retomaba así una colaboración más o menos esporádica entre el polifacético decorador y los proyectos editoriales de Janés que tendría continuidad en los años sucesivos.

Menos conocida sea quizás la edición de bibliófilo de Retablos, de Victor Català, llevada a cabo por Ediciones Mediterráneas ya en 1944 (si bien en un catalán previo a las normas de Fabra, y por consiguiente difícilmente legible para el lector de esos años). Aunque las ilustraciones son obra de Joan Colom i Agustí (1879-1969), Mora se ocupó de enriquecer el libro con sutiles elementos decorativos. Pero ya el año anterior (1943) había ilustrado con seis láminas una edición de Jane Eyre, de Charlotte Brontë (1816-1855) para la editorial Iberia de Joaquín Gil y en traducción del ya mencionado Juan G. de Luaces.

Y en los años previos había hecho para las Ediciones Mediterráneas las portadas de algunos otros libros, entre los cuales Sonetos del portugués, de Elizabeth Barret Browning (1806-1861), traducidos por Ester de Andreis (1901-1989), y Leyendas de la Virgen, de Jérome y Jean Tharaud, con ilustraciones interiores de Mercè Llimona (1914-1997) y traducidas por Marià Manent.

Y también de 1943 es uno de los libros que mayor fama dieron a Mora, El viaje, de Charles Morgan, cuya traducción a cargo de Alfonso Nadal (1886-1943) publicó Janés en las Ediciones Lauro. En este caso el éxito quedó corroborado por el hecho de que la británica editorial Macmillan, como la prensa española del momento se ocupó de subrayar, había decidido comprar las planchas de esa edición con el propósito de incorporar las ilustraciones a las siguientes versiones en inglés.

En 1945 está fechada la edición de la novela Intemperie (The Weather in the Streets), de la controvertida Rosamond Lehmann (1901-1990), que Janés publica traducida por el ya mencionado Juan G. de Luaces y con seis litografías de Mora. Años más tarde (en 2017) la editorial Errata Naturae recuperaría esta misma novela con el título A la intemperie y en una traducción firmada por Regina López Muñoz (sin ilustraciones).

Del año siguiente (1946) es la publicación en Astarté –nada que ver con el sello creado en el siglo XXI por Lucía Echevarría– de unas Narraciones y cuentos de Oscar Wilde (1854-1900), con traducción de Antonio Ribera Jordá y con grabados dentro y fuera de texto de Mora.

Ya más avanzada la postguerra vale la pena mencionar también de Evarist Mora las ilustraciones para Les figures del pessebre de l’Atmetlla del Vallès, un libro del poeta Carles Sindreu (1900-1974) publicado en 1960, precedido de un prólogo de Félix Millet i Maristany, con colofones de J. V. Foix y Jeroni de Moragas y que asimismo incluía dibujos de Amador Garrell (1916-2000) y de Josep Maragall i Noble (1900-1982). Se trata de un volumen de apenas 127 páginas, con un formato de 25 x 18 que se distribuía en estuche, editado por Els Amics de la Poesia y con el que Sindreu había ganado el Premio P. Maspons i Camarasa en 1957.

Fuentes:

Carles Figols, «Evarist Mora Roselló (1904-1987)», i Dibuixants catalans, 6 de septiembre de 2015.

Jacqueline Hurtley, José Janés: Editor de literatura inglesa, Barcelona, Publicaciones Universitarias  (Letras, Ciencias, Técnica 28), 1992.

Josep Janés i Olivé, «Aventuras y desventuras de un editor», conferencia pronunciada en la Biblioteca Central de la Diputación de Barcelona con motivo de la Exposición de la Fiesta del Libro de 1955 y publicada como anexo al Catálogo de la producción editorial barcelonesa entre el 23 de abril de 1954 y el de 1955, Barcelona, Diputación de Barcelona,1955. Reimpreso en Texturas, núm. 18 (diciembre de 2015).

Pilar Soler García, La marqueteria artística: El taller J. Sagarra. Barcelona (1940-1965), tesis doctoral presentada en el Departament de Història de l’Art de la Universitat de Barcelona en julio de 2012.

El novelista, traductor y editor Ricardo Bastid Peris (1919-1966)

Si por alguna cosa aparece el nombre de Ricardo Bastid Peris en los libros de historia de la cultura, a menudo ocupando apenas una mención en alguna nota a pie, es por su obra pictórica, pese a que tuvo un momento de modesta gloria a raíz de la publicación en 1959, en la editorial bonaerense Losada, de la novela Puerta del Sol.

Formado como pintor en la Real Academia de Bellas Artes San Carlos de Valencia y afiliado muy pronto a la Federación Universitaria Escolar (FUE), en la primavera de 1936 entró en el Partido Comunista de España y, al producirse el levantamiento nazifascista que desencadenó la guerra civil, se alistó en el Ejército Republicano y sirvió en el frente de Madrid. Al concluir la guerra, con el grado de teniente, permaneció durante casi seis años confinado en Valencia ocultándose de las autoridades franquistas, hasta que en 1945 se trasladó con Ricardo Muñoz Suay (1917-1997) a Madrid y colaboró en la clandestinidad en la reconstrucción de la FUE (con Nicolás Sánchez Albornoz, Manuel Lamana y Manuel Tuñón de Lara, entre otros). Como consecuencia de ello, en 1946 la policía `franquista los detuvo a casi todos por «rebelión y auxilio a la rebelión» y, además de torturado, Bastid pasó tres años encerrado en la cárcel de Alcalá de Henares a la espera de juicio. Una vez celebrado el juicio, en el penal de Ocaña, fue encarcelado de nuevo en Alcalá donde, gracias a redimir pena como profesor de presos comunes, en marzo de 1949 obtuvo el «certificado de liberación provisional».

Empezó entonces a trabajar como grafista (cartelista y ayudante de decoración) en los Estudios Sevilla Films, creados en 1941 y cuyo primer proyecto, frustrado, había sido una adaptación de la obra de Juan Ignacio Luca de Tena (1897-1975) A Madrid 682 (exaltación del golpe falangista, publicada en 1938 por Santarén en Valladolid con ilustraciones de Kemer). También en esa época, además de dedicarse a la pintura, diseña Ricardo Bastid la publicidad de la librería madrileña Club Clan (en Espoz y Mina, 15).

Sin embargo, durante el estado de excepción de 1955 fue detenido de nuevo y hasta diciembre de ese año no obtuvo la libertad condicional, así que en julio de 1956 viajó hasta la frontera y, con el pretexto de pintar al natural, obtuvo un permiso por una hora para dedicarse a su arte y cruzó la frontera con pasaporte falso con un caballete y los enseres de pintar por todo equipaje. Se desplazó enseguida a París y, al cabo de un año, a Buenos Aires, donde sabía que podría contar con la ayuda de algunos de sus antiguos compañeros de la FUE. Así lo explica Nicolás Sánchez Albornoz en Cárceles y exilios:

Finalizada la guerra europea sin caer Franco, muchos refugiados varados en Francia aprovecharon la reanudación de las comunicaciones transatlánticas para emigrar a América cumpliendo un sueño frustrado […] Varios compañeros de la FUE acabamos por reunirnos en Buenos Aires. El segundo en recalar fue Manuel Lamana, mi socio de fuga. A él siguieron Manuel de Rivacoba, el mencionado delegado de la FUE en Barcelona, y Ricardo Bastid, ambos después de cumplir su condena y salir de la cárcel.

En Argentina, además de exponer su obra pictórica y dar conferencias, colaboró como ilustrador con varias editoriales, y desempeñó también labores editoriales diversas, en particular con Códex, Losada y Compañía Fabril Editora. Fernando Larraz identifica precisamente en la entrada de jóvenes españoles como Bastid en Losada una de las principales razones de un marcado cambio de rumbo en la línea editorial de esa empresa:

En el catálogo de Losada vemos cómo hacia 1956, coincidiendo con la cesión de responsabilidades de [Guillermo] de Torre, el predominio de la «literatura responsable» cede en favor de la «literatura comprometida». […] Durante varios años, De Torre no tendrá sustituto claro. [Gonzalo] Losada toma las riendas de la editorial, pero lo hace con un criterio principalmente mercantil, que lo lleva a rechazar la publicación de libros que él considera riesgosos desde el punto de vista comercial. Al mismo tiempo, se apoyará en algunos jóvenes que, casi siempre por su disidencia política, han salido de la España franquista: Ricardo Bastid, Manuel Lamana, Fernando Morán y Víctor Sainz.

Además de asesoraría literaria, en Losada publica Bastid su primera y única novela, Puerta del Sol (1959). El año anterior, la editorial había convocado el Premio Internacional de Novela Editorial Losada, a la que se presentó por ejemplo el español exiliado en Inglaterra Esteban Salazar Chapela con Desnudo en Picadilly pero ganó el también español, y falangista, Cecilio Benítez de Castro con La iluminada, y el jurado recomendó asimismo la publicación de las obras de los argentinos David Viñas (Los dueños de la tierra) y Mundin Schaffter (La otra mejilla), el colombiano Manuel Mejía Vallejo (Al pie de la ciudad) y la mencionada de Ricardo Bastid, que apareció publicada en 1959. También ese año presenta al barcelonés Premio Nadal (que ganaría Ana María Matute con Primera memoria) la novela Los años enterrados, que hasta el momento de escribir estas líneas permanece inédita.

El año siguiente se publican la traducción, debida también a Bastid, del ensayo de René Bulman Introducción a la política en la colección de la Compañía General Fabril Los libros del Mirasol. Una entrada del diario de Rosa Chacel fechada asimismo en 1960 (concretamente del 4 de abril) permite confirmar que por aquel entonces desarrollaba labores de edición para Losada, pues consigna Chacel que Peris le ha solicitado una foto y un resumen biográfico para su inclusión en el boletín de novedades de esta editorial.

Rosa Chacel.

Por último, de 1961 es la publicación de Alemania, un libro de texto de Joseph Rovan aparecido también en la Fabril, traducido por Ricardo Bastid, pero, sin bien prosiguió con su obra pictórica y con la escritura literaria de diversas obras que siguen inéditas, no parece que firmara Bastid nuevas traducciones.

De nuevo es Larraz quien mejor ha analizado la trascendencia del trabajo de los exiliados españoles en Losada, y en particular del de Ricardo Bastid, que en cierto modo lastran el papel renovador que había tenido esta editorial en el panorama novelístico americano:

 Lo cierto es que los jóvenes mencionados, además de ver publicados sus propios libros, promueven la publicación de los autores del interior [de la España franquista], como José Hierro, y otros cuyo valor es muy cuestionable. […] Pese a su afán de novedad, estos jóvenes carecen de la cultura literaria de De Torre. Se han educado en los axiomas del realismo social y, aunque en las novelas que escriben en el exilio y publican en Losada se alejan de las consignas objetivistas que, en aquellos finales de los cincuenta, están en pleno auge en España, no se despojan de un compromiso fuerte con la coyuntura de su tiempo.

Y más adelante, en relación al discurso de Bastid con motivo de la entrega del premio de 1960 a Augusto Roa Bastos por Hijo del hombre, añade: «Encarece más que la potencialidad artística de su lenguaje, su compromiso con los oprimidos por el poder». Así pues, parece bastante palmaria la incidencia de este grupo de profesionales de la cultura en industria editorial argentina y en la divulgación de la literatura española y de un determinado tipo de narrativa.

La muerte en accidente de tráfico, cercenó en 1966 la trayectoria de Ricardo Bastid Peris.

Fuentes:

Rosa Chacel, Diarios, en Obra completa, vol. IX, edición de Carlos Pérez Chacel y Antonio Piedra, prólogo de Ana Rodríguez-Fischer, Dueñas, Fundación Jorge Guillén, 2004.

Fernando Larraz, «Guillermo de Torre y el catálogo de la editorial Losada», Kamchatka. Revista de Análisis Cultural, núm. 7 (junio 2016), pp. 59-71.

Fernando Larraz, «Bastid Peris, Ricardo (1919-1966)» en Manuel Aznar Soler y José-Ramón López García, eds., Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio), 2016, vol. 1, pp. 306-307.

Fernando Larraz, Editores y editoriales del exilio republicano de 1939, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio), 2018.

Nicolás Sánchez Albornoz, Cárceles y Exilios, Anagrama (Biblioteca de la Memoria), 2012.

 

Edición fachista durante la guerra civil española: Jerarquía

Es muy probable que las enormes diferencias entre las características físicas de los libros y revistas editados durante la guerra civil española en la zona controlada por el gobierno y las capturadas por las fuerzas sublevadas merezca un análisis más pormenorizado de los que, al parecer, se han publicado hasta el momento, pues la mayoría de los estudios en este ámbito se han centrado sobre todo en los títulos, los autores y la ideología subyacente en los textos que se publicaban en una y otra zona. Pero quizá no sea menos indicativo que mientras en la zona republicana abundaron los libros en encuadernados en rústica, en papel barato y de mala calidad, en la controlada por las fuerzas rebeldes se pusiera mayor esmero en el libro como objeto, en la calidad del papel y la impresión, en el uso del color, al margen de que el diseño tomara también como referentes tradiciones muy distintas.

La revista Jerarqvía, fundada y dirigida en Pamplona por el cura falangista Fermín Yzurdiaga (1903-1981) inspirándose en la Gerarchia de Mussolini y subtitulada «Revista Negra de la Falange», es un excelente ejemplo de atención a esos detalles de impresión y encuadernación. Además de una muy característica cubierta en riguroso color negro y con el título estampado en oro, el primoroso cuidado en la tipografía, el empleo del color y la generosidad en los márgenes convierten esta publicación en algo muy fuera de lo común. Así lo resume Antonio Duplá Ansuategui:

 Ofrecía una presentación muy cuidada, con impecable tipografía de fuerte impronta clasicista (versales muy cesáreas y romanas, sustitución de las U por V, números romanos, etc.), formato de infolio, cuatro tintas (rojo, azul, negro y purpurina) y buen papel, de modo que su precio era alto (5 ptas. cada número).

 Se publicaron cuatro números con una cadencia irregular, sin duda como consecuencia de los avatares de la guerra: invierno 1936-1937, octubre de 1937, marzo de 1938 y el último fechado simplemente 1938. A Yzurdiaga lo caracteriza Andrés Trapiello como «un cura energúmeno» y añade que «más que un cura, era un curita, joven gerifalte, pálido e inquisitorial, violento y remontado, con mucha afición a echar sermones» , mientras que, según José-Carlos Mainer, «en la figura de Yzurdiaga confluían elementos falangistas y simplemente reaccionarios pero expresados en un tono de exaltación mística que llegaban a lo ridículo». Sin embargo, también hay que atribuir buena parte del mérito de la revista al periodista y escritor Ángel María Pascual (1911-1947), que se había formado como tipógrafo en el Diario de Navarra y que en Jerarqvia actuó como editor. Ese mismo 1937 se acabó en la Imprenta de Regino Bescansa (de Pamplona) un libro ornamentado y con viñetas de Pascual que se cuenta entre sus méritos más reconocidos, El coqueto don Sancho Sánchez, del diplomático de origen uruguayo Gabriel de Biurrun Garmendia (1889-1969). También el resto del equipo de colaboradores de Jerarqvia (autodenominado «escuadra») tenía cierto fuste y prestigio: Agustín de Foxá, Rafael García Serrano, Ernesto Giménez Caballero, Pedro Laín Entrando, Eugenio Montes, Eugenio d’Ors, Dionisio Ridruejo, Luis Rosales…

En esta revista está el origen de la editorial homónima, cuyo plan de publicaciones se anuncia en las páginas finales desde el primer número y que se planteó la creación de cuatro colecciones o líneas: La Sabiduría, Las Letras, Las Artes y La Vida Nueva, bajo la dirección del poeta Luis Rosales (1910-1992), con Francisco García Valdecasa como segundo. Si bien no completamente, el plan anunciado se cumplió en cierta medida, y en 1937 ya aparecieron con pie de Jerarquía Discurso al silencio y Voz de la Falange, discurso pronunciado por Yzurdiaga en Vigo en diciembre de 1937, y Exaltaciones sobre Madrid hechas a los pueblos de España y a los pueblos del mundo, de Giménez Caballero. Sin embargo, poco tenían que ver formalmente con el cuidado puesto en la revista y, en general, ya el diseño de las cubiertas, incluso cuando aludía inequívocamente a la orientación ideológica de los textos, era más sobrio y alejado del churriguerismo cargante de la revista.

Al año siguiente, 1938, se publicó media docena larga de títulos, entre ellos la famosa novela de Agustín de Foxá (1903-1959) Madrid de corte a cheka, en abril, que se publicó simultáneamente en la Librería Internacional de San Sebastián pero impresa en Aldus, S. A. de Artes Gráficas de Santander, y Genio de España. Exaltaciones a una resurrección nacional, y del mundo, de Ernesto Giménez Caballero, que al mismo tiempo aparecía en Zaragoza en las prensas del periódico El Heraldo de Aragón; según ha explicado Ana Martínez Rus:

 Este fenómeno fue muy común en la zona sublevada debido a la fragmentación de la industria editorial. El mismo título salía en prensas de distintos lugares para fomentar su difusión, y además, según iban conquistando nuevas localidades, iban ampliando su radio de acción para contrarrestar la enorme labor editora de la España controlada por el gobierno republicano.

 También de ese mismo año es el primer libro de Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999), la pieza teatral El viaje del joven Tobías, «milagro representable en siete coloquios», de cuya primera lectura pública dejó escrito Laín Entralgo que durmió a todos sus amigos; se publicó con ilustraciones de Juan Cabanas y su colofón reza del siguiente modo: Gundisalvus auctor fecit * Ioannes Cabanas pinxit * Typis Griielmi in Bilbao * Anno Dom. MCMXXXVIII

Aún de 1938 es el Poema de la Bestia y el Ángel, de José María Pemán (1897-1981), ilustrado con diez láminas alegóricas a plumilla fuera de texto del ilustrador tangerino Carlos Sáenz de Tejada (1897-1958), impresas en Industrias Gráficas Uriarte Zaragoza. Y de 1939 destaca sobre todas la Corona de sonetos en honor de José Antonio Primo de Rivera, impresa en el Instituto Gráfico Oliva de Vilanova y del que se hizo la siguiente tirada:

Uno, numerado con el núm. 1 editado en papel de hilo verjurado agarbanzado dedicado al Excelentísimo señor don Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado y Caudillo de España.

Uno, numerado con el núm. 2, editado con el mismo papel que el anterior y dedicado al Excelentísimo señor don Ramiro Serrano Suñer, Ministro de la Gobernación.

Uno, numerado con el núm. 3 editado también papel de hilo verjurado agarbanzado dedicado el Excelentísimo señor don Raimundo Fernández Cuesta, Ministro de Agricultura y Secretario General de Falange Tradicionalista y de las J.O.N.S.

250, numerados del 4 al 253, editados en papel de hilo blanco verjurado y encuadernados en tela.

6000, sin numerar y con márgenes reducidos, editados en papel dibujo superior acremado alisado.

La producción de las Ediciones Jerarquía prosiguió hasta un poco más allá del fin de la guerra, hasta que en 1941 se subsumió en la Editora Nacional, al igual que pasaría con las Ediciones Fe que dirigía Luis Felipe Vivanco (1907-1975). Es muy probable que el último de los títulos publicados fuera el segundo volumen de las obras completas de José Antonio Primo de Rivera (1903-1936) Frente el Parlamento (1941).

 Títulos identificados:

Fermin Yzurdiaga Lorca, Discurso al silencio y Voz de la Falange, discurso pronunciado en Vigo en diciembre de 1937, Pamplona, 1937 (tuvo cinco ediciones).

Ernesto Giménez Caballero, Exaltaciones sobre Madrid hechas a los pueblos de España y a los pueblos del mundo, 1937.

Rafael García Serrano, Eugenio o proclamación de la Primavera [ésta es como la historia del muerto que yo hubiera querido ser], 1938.

Paul Claudel, El libro de Cristóbal Colón, versión de Felipe Vivanco, dibujos de Pedro Pruna, Bilbao, 1938.

José María Pemán, Poema de la Bestia y el Ángel, ilustrado con láminas fuera de texto con diez alegóricos plumilla de Carlos Saez de Tejada, Industrias Gráficas Uriarte Zaragoza, 1938.

José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, Discursos, prólogo de Raimundo Fernández Cuesta, ilustrado con un retrato de José Antonio Primo de Rivera y un autógrafo facsímil de Francisco Franco, Santander, Aldus, junio de 1938. (1938).

Gonzalo Torrente Ballester, El viaje del joven Tobías. Milagro Representable en Siete Coloquios, ilustraciones de Juan Cabanas, Bilbao, 1938.

Agustín de Foxá, Madrid de corte a checa. Episodios Nacionales I, simultáneamente en Librería Internacional de San Sebastián, Aldus, S. A. de Artes Gráficas de Santander abril de 1938.

Ernesto Giménez Caballero, Genio de España. Exaltaciones a una resurrección nacional, y del mundo, 1938, simultáneamente en Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1938.

José María Castroviejo Blanco Cicerón, Altura. Poemas de guerra, introducción de Juan Aparicio, 1939.

Ernesto Giménez Caballero, Roma madre, Madrid, Talleres Gráficos E. Giménez, 1939.

Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco, La mejor reina de España. Figuración dramática en un prólogo y tres actos en verso y en prosa, Madrid, Imprenta de Silverio Aguirre, 1939.

Constantino Bayle, S. I., España en Indias, Barcelona, 1939.

Germán Prado, Antología litúrgica de las distintas liturgias orientales y occidentales, Burgos, Imprenta Aldecoa, 1939.

Ramón de Basterra, Antología poética, Los navíos de la ilustración, Papeles inéditos y dispersos, edición de J.M.B. [¿José Manuel Blecua Teijeiro?] y prólogo de José María de Areilza, Barcelona, 1939.

Fuero del Trabajo, Ed. Jerarquía en el colofón y Ed. Nacional en la cubierta poste, Barcelona, 1939. También: Pamplona, 1938. 54 p, 1 h. Cuidada impresión a dos tintas.

Varios autores, Corona de sonetos en honor de José Antonio Primo de Rivera, Barcelona, 1939. Autores: Antonio Tovar, Ignacio Agustí, José María Alfaro, Manuel Augusto, Álvaro Cunqueiro, Gerardo Diego, Manuel Díez Crespo, Carlos Foyaca, Román Jiménez de Castro, Pedro Laín Entralgo, Eduardo Llosent y Marañón, Manuel Machado, Eduardo Marquina, Eugenio Montes, Alfonso Moreno, Eugenio D Ors, Leopolso Panero, José María Pemán, Fray Justo Pérez de Urbel, P. Pérez Clotet, Dionisio Ridruejo, Félix Ros, Luis Rosales, Juan Sierra, Adriano del Valle, Luis Felipe Vivanco.

Varios autores, Dolor y memoria de España en el segundo aniversario de la muerte de José Antonio, con textos de José Mª de Areilza, Francisco Casares, Melchor Fernández Almagro, Raimundo Fernández Cuesta, Agustín de Foxá, Rafael Garcerán, Ernesto Giménez Caballero, Antonio Goicoechea, José Antonio Jiménez Arnau, Pedro Laín Entralgo, Lula de Lara, Luis Legaz, José Féliz de Lequerica, Juan Ignacio Luca de Tena, Manuel Machado, J. Miquelarena, Eugenio Montes, José Pemartín, José Mª Pemán, Dionisio Ridruejo, Samuel Ros, Nieves Sáenz de Heredia, José Mª Salaverría, Ramón Serrano Suñer, Antonio Tovar, Mercedes Werner, Felipe Ximénez de Sandoval, y Barcelona, 1939.

de Iriarte, S. I., El doctor Huarte de San Juan y su examen de ingenios. Contribución a la Historia de la Psicología Diferencial, 1940.

Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco, antología y prólogos, Poesía heroica del imperio, dos volúmenes, Barcelona, Institución Gráfica Oliva de Vilanova y Madrid, Gráficas Ultra, 1940-1943.

Dionisio Ridruejo, Poesía en armas, Madrid, 1940.

Manuel Machado, Poesía. Opera Omnia lyrica, contiene elogios, en forma poética de Gerardo Diego, Enrique Frax, Pedro Laín Entralgo, Eduardo Llosent y Marañón Alfonso Moreno, Leopoldo Panero, José María Pemán, Luis Rosales, Dionisio Ridruejo, Luis Felipe Vivanco y Antonio de Zayas 1940.

José Antonio Primo de Rivera, Obras completas tomo II, Frente el Parlamento, 1941.

Fuentes:

Antonio Duplá Ansuátegui, «La revista falangista Jerarqvia y el modelo imperial romano», Vasconia, núm. 38 (2012), pp. 813-837.

José-Carlos Mainer, Falange y literatura, Barcelona, Labor, 1971.

Índice de autores de la Corona.

Ana Martínez Rus, «Expolios, hogueras, infiernos. La represión del libro (1936-1951)» Represura, núm. 8 (febrero de 2013).

Eduardo Ruiz Bautista, «La Editora Nacional (1941-1945): primeros pasos y traspiés», Historia y política: ideas, procesos y movimientos sociales, núm. 13 (2005), pp. 99-120.

Andrés Trapielo, Las armas y las letras. Literatura y guerra civil, Barcelona, Destino (Imago Mundi 167), 2010.

Andrés Trapiello, Imprenta moderna. Tipografía y literatura en España, 1874-2005, València, Campgràfic, 2006.

 

 

LaSal Edicions de les Dones, pionera del feminismo postfranquista

¿Cuántos proyectos editoriales no se habrán gestado en un bar? Lo curioso y meritorio es que algunos de ellos incluso llegaron a hacerse realidad, como es el caso de la editorial feminista LaSal Edicions de les Dones.

Aunque registrada oficialmente en 1978, los orígenes de esta iniciativa editorial se remontan al 6 de julio de 1977, cuando en el número 8 de la barcelonesa calle Riereta (en el barrio del Raval) abre las puertas un peculiar establecimiento gestionado por mujeres y que Katia Almerini —que lo contextualiza con una ajustada panorámica del feminismo barcelonés inmediatamente posterior a la muerte del dictador—, ha descrito como «una experiencia híbrida a medio camino entre el bar, el centro cultural y el espacio de reflexión feminista». Teatro (el Teatrí de les Dones), performances, pases de cine (Boy meets Girl, de Eugènia Balcells), conciertos y recitales (Txiky con Anna Subirana y Teresa, la Titi, el grupo La Traca) y exposiciones de arte pictórico fueron la sal de unos tiempos un poco sosos que no tardarían en amenizar también, en una onda parecida, la Tribuna Feminista de la editorial Debate.

Apenas había transcurrido un año desde su inauguración cuando la activista Mari Chordá, Mariló Fernández, Isabel Martínez y la luego importante agente literaria Isabel Monteagudo se rascaron el bolsillo y un poco más allá para poder abrir casi justo enfrente (en Riereta, 13) una librería y editorial, LaSal Edicions de les Dones, un proyecto al que una vez empezó a andar se unieron la poeta mallorquina Maria Bauçà, Mª José Quevedo, Carme Cases, la poetisa Montserrat Abelló (1918-2014), la escritora y traductora catalana nacida en Chile Mireia Bofill, Mercè Fernàndez, Isabel Segura y Goya Vivas.

Los propósitos y ambiciones quedaron claramente establecidos en lo que puede considerarse poco menos que un manifiesto fundacional:

Somos una editorial feminista: LaSal Edicions de les Dones. Publicaremos libros escritos por mujeres que sean expresión de las mujeres. En este sentido, queremos recuperar textos de autoras ya reconocidas por otras publicaciones, pero olvidadas en su creación literaria más íntima. También iremos sacando a la luz, en la medida en que lleguen a nuestras manos, los textos de tantas mujeres que se expresan silenciosamente, sin posibilidades de ser conocidas y leídas. Sacaremos novela, ensayo, actualidad, testimonio, cuento, poesía, libros gráficos, y mantendremos una periodicidad de publicación.

En buena medida gracias al éxito de la Agenda de les Dones, que empezó a publicarse ese mismo año 1978 (y lo hizo hasta 1990, con una segunda etapa entre 1996 y 2009), añadido al apoyo y las colaboraciones desinteresadas, se pudo dar continuidad a la iniciativa. Uno de los primeros libros publicados fue La bolchevique enamorada, de la activista marxista Aleksandra Kolontái (1872-1952), una edición de 170 páginas encuadernada en rústica de la traducción firmada por Vasilisa Malyguina publicada en 1928 por Ediciones Oriente (y reeditada en laSal por lo menos en dos ocasiones), a la que siguió el libro de artista Quadern del cos i l’aigua, con poemas de Mari Chordá e ilustraciones de la pionera del cómic español Montse Clavé (que ese mismo año había ilustrado el Cuaderno feminista. Introducción al self-help, de Leonor Taboada, publicado por Fontanella).

De 1979 es el ensayo de la periodista alemana y directora de la revista Emma Alice Schwarcer La pequeña diferencia y sus grandes consecuencias. Las mujeres hablan de sí mismas. Comienzo de una liberación y la novela Pan de boda, de Nuria Amat, y del año siguiente el poemario con el que Rosa Fabregat había ganado el Premio Vila de Martorell 1978, Estelles, así como Poemas encintos, de Carmen Ruiz y una traducción de Mari Chordá de La Celina, de la escritora, periodista y acrtiz feminista (e hija de un brigadista internacional) Christianne Rochefort (1917-1998).

Se creó enseguida un sistema de suscripción, de poco más de mil pesetas, que se reembolsaba con libros, y eso aseguró además la continuidad de las ediciones, que se distribuían en varios apartados o colecciones: la muy popular Agenda, Poesía, Narrativa, Ensayo, Cuadernos Inacabados y una interesantísima colección de Clàssiques Catalanes, dirigida por Isabel Segura, en la que aparecieron, entre otros títulos (hasta un total de catorce), L’Abisme/L’Huracà (1983), de Carme Monturiol i Puig (1892-1966); La infanticida i altres textos (1984), de Victor Català (Caterina Albert, 1869-1966); Del mon (1983), de Dolors Monserdà de Macià (1845-1919); Cartes a l’Anna Murià, 1939-1956 (1985), de Mercè Rodoreda (1908-1983); Contraclaror. Antologia poètica (1985), de Clementina Arderiu (1889-1976), seleccionada y precedida de un prólogo de Maria Mercè Marçal (1952-1998); Contes (1985), de Rosa Leveroni (1910-1985), con una introducción de Helena Valentí (1940-1990); Les aigües roges (1986), de Maria Teresa Vernet (1907-1974), con introducción de Maria Campillo; Paradisos oceànics (1988), de Aurora Bertrana (1892-1974), con prólogo de Maria Aurèlia Capmany (1918-1991)…

A partir de principios de los años ochenta, otra colección muy combativa fueron los Cuadernos Inacabados, en los que se publicó El no de las niñas. Feminario antropológico (1981), de Martha I[sabel] Moia —a quien sin duda recordarán los lectores de los diarios de Alejandra Pizarnik—, y, bastante más adelante, El arquetipo viril protagonista de la historia: ejercicio de lectora no androcénrica, de Amparo Moreno. Esta peculiar colección no tardó en encontrar quien le diera continuidad, la editorial madrileña Horas y Horas (otra interesante iniciativa del grupo de trabajo de la Librería de Mujeres, Lola Pérez López, Elena Lasheras Pérez y Ana Domínguez Loschi, creada con el arranque de la década de 1990).

A mediados de los años ochenta, tanto la editorial como la librería se trasladaron a una zona más céntrica, en la calle València (al número 226), y en 1988, coincidiendo con la primera década de LaSal, cuando las libreras feministas se encontraban en un proceso de asociación que cristalizó en la Asociación de Librerías de Mujeres, a ojos del común de los lectores tuvieron visibilidad con la convocatoria del Primer Premio de Narrativa de Mujeres Una Palabra Otra, en cuya primera edición un jurado formado por Maria José Obiols, Dolors Ollé, Soledad Puértolas y Elena Soriano, otorgaron el galardón a Carmen Gómez Ojeda por La novela que Marien no terminó, que se le entregó en un acto presidido por Rosa Montero y cuya publicación recayó en LaSal. En las siguientes convocatorias fueron premiadas Teresa Pámies (por Cómo nos fregaron, Dora, en 1989), publicada también por LaSal, y Elisabeth Bertran (por Nadie sabe, en 1990).

Otro ejemplo de la colaboración entre colectivos feministas en esos años es la edición de 1789-1793. La voz de las mujeres en la Revolución Francesa. Cuadernos de quejas y otros textos, con una introducción de Isabel Alonso y Mila Belinchón y un prólogo de Paule Maie-Duhet, traducido por Antònia Pallach i Estela, que se publicó gracias a la cooperación entre LaSal, el Institut Valencià de la Dona y las Éditions des Femmes Antoinette Fouque.

Sin embargo, con el inicio de la década de los noventa, tanto la librería como la editorial tuvieron que echar el cierra —por razones de insostenibilidad económica, como no podía ser de otra manera— si bien hay quienes interpretan el nacimiento poco después de la Llibreria Pròleg (que abrió el 22 de mayo de 1991 en la calle Sant Pere Més Alt, 46) como la continuidad natural del espacio que ocupaba laSal, entre otras cosas porque entre el colectivo de jóvenes feministas que la pusieron en marcha se cuenta Núria Monrós (hija de Àngels Grases, muy vinculada en su momento al grupo de laSal).

Fuentes:

AA.VV., «Racons i raconets: laSal, bar-biblioteca feminista», Ca La Dona, núm. 53 (junio de 206), pp. 20-21.

Katia Almerini, «La Sal, bar-biblioteca feminista en Barcelona. Empoderamiento femenino y cultura visual», Boletín de Arte (Departamento de Historia del Arte, Universidad de Málaga), núm. 35 (2014), pp. 83- 100.

Centre de Documentació de Ca La Dona, Dossier Els llibres de laSal i les nostres lectures, 9 de abril de 2014. 

Rosa María Piñol, «Cierra laSal, única editorial feminista que existía en España», La Vanguardia, 10 de marzo de 1990, p.

Los Pliegos Sueltos de Marte

Es posible que haya que atribuir a la azarosa y prematuramente truncada trayectoria vital de Carmen Mieza (Carmen Farrés Sirvent, 1930-1976) que su obra literaria haya quedado en el olvido, pese a algunos esfuerzos de estudio y recuperación —como por ejemplo el de Luis A. Esteve «El exilio en las novelas de Carmen Mieza (desde fuera y desde dentro)»— y que en particular su novela de 1962 La imposible canción (cuyo título alude al famoso verso de León Felipe) fue profusamente reeditada y aún es fácil encontrarla en el mercado de segunda mano. También Una mañana cualquiera (Prisma, 1964) fue objeto de reediciones, por Prisma en 1956 y, con prólogo firmado [Federico Carlos] S [áinz] de R [obles Correa], por el Círculo de Amigos de la Historia, pero menos suerte tuvo el libro de entrevistas póstumo La mujer del español (Ediciones Marte, 1977).

Menos conocida aún, por supuesto, es su condición de copropietaria y abnegada editora en las Ediciones Marte, con Tomás Salvador (1921-1984), quien actuaba como director gerente, y donde trabajaría como corrector más o menos fijo el escritor valenciano Raúl Carbonell Sala. Las Ediciones Marte se ubicaban en Galerías Comerciales 18 de la calle Concilio de Trento de Barcelona y acaso empezaron su andadura en 1964. Sin embargo, la existencia de una serie de títulos de tema bélico con ese mismo pie editorial con domicilio en la calle Casanova 136 (y recuérdese que Salvador pasó por la División Azul) suscita la duda de si se trató de la compra de una editorial preexistente a la que se cambió por completo el rumbo. Véanse los casos de El alamein (1962), de Hernert Eschbach; V-2 La muerte silenciosa (1962), de Hans Reburg; El Alcázar de Toledo. El cerco de Madrid (1962), de Volker Nerburg, todos ellos encuadrados en una colección llamada Relatos de soldados, dirigida por Tomás Salvador.

Una de las primeras colecciones de lo que tiene pinta de ser más bien una nueva etapa, fue la destinada a publicar ediciones ilustradas a color y numeradas de grandes clásicos de la literatura universal, que se inició con el volumen colectivo (Paul Féval, Gogol, Joseph Le Fanu) Vampiros, con textos adaptados y prologados por Javier Tomeo (1932-2013) e ilustrados por el popular Serafín (Serafín Rojo Caamaño, 1926-203), y Poemas satíricos, de Francisco de Quevedo (1580-1645) ilustrados por quien fuera célebre cartelista durante la guerra civil Lorenzo Goñi (1911-1992).

En 1965 aparece la versión de Albert Manent de La tragedia de Romeo y Julieta de Shakespeare (la misma que en 1960 publicaría la editorial Juventud), con ilustraciones obra de Raimundo Cobos, de la que se hace una tirada de 5.000 ejemplares numerados en papel offset ahuesado de Papelera Catalana, una decisión un tanto sorprendente, no sólo porque las ediciones de lujo y las ediciones de bibliófilo habían entrado ya por entonces en un marcado declive, sino por la aparente contradicción entre el hecho de numerar los ejemplares y la enormidad de la tirada. Ese mismo año se publicaba en Pliegos de Cordel la Carmen de Merimée, de nuevo con ilustraciones de Serafín, y una compilación de Comedias de Aristófanes (Lisístrata y La Asamblea de las Mujeres), acompañadas de un prólogo de su traductor, Jesús Lizano (1931-2015), y en ambos casos con ilustraciones de Serafín y con tiradas numeradas de 5 000 ejemplares.

Interior del Heptamerón.

La producción parecía haberse establecido en tres títulos anuales, que en 1966 fueron el Hamlet ilustrado por Cobos, el Heptamerón de la reina Margarita de Navarra, en versión de Josefina Martínez Gastoy, y La vida del buscón llamado don Pablos, de Quevedo, ilustrado por Goñi, pero a partir del año siguiente se incrementó el número de títulos y, además, una parte de la tirada de cada título empezó a comercializarse con los libros encuadernados en rústica pero estuchados, como es el caso del Retrato de la lozana andaluza de Francisco Delicado, la Obra completa del Conde de Villamediana preparada por Juan Manuel de Rozas y acompañada de 67 ilustraciones de Rafael Munoa (1930-2012) o las Aventuras del barón de Munchausen, y además a hacerse aparte tiradas de mayor empaque, encuadernadas en goflex e igualmente comercializadas en estuche.

De este modo se presentaba por ejemplo el compendio de relatos breves Floresta varia de gracias y desgracias Joaquin Buxó Montesinos, conocido también como Braulio Sigüenza, prologado por un ficticio Fabián Tuño y con un comentario de Joan Perucho e ilustrado por A. Claube, que luego tendría varias reediciones (para mayores aclaraciones sobre el juego de autorías y prologuistas, véase el cuento de Perucho «Noticia de Madama Edwarda y un desconocido escritor»); así como también El libro de sonetos antologados por Jesús Lizano e iluminado por el escultor, pintor e ilustrador de selectas ediciones de bibliófilo Òscar Estruga Andreu (n. 1933), o la traducción de Josefina Ferrer de Los cuentos de Canterbury de Chaucer, presentados con ilustraciones a color del pintor Ramon Aguilar Moré (1924-2015). Con la Floresta… se abría una cierta fisura en el criterio mantenido hasta entonces de publicar textos clásicos y antiguos, que enseguida se ensancharía.

Las tiradas se habían reducido a unos 3000 aproximadamente, y todo hace suponer que ya no todos los ejemplares se numeraban, pero por su significación en el contexto de la España franquista y por la ampliación del criterio de la colección, mayor relevancia tiene la edición en 1968 de la Antología poética de Antonio Machado (1875-1939), seleccionada, editada y prologada por el poeta madrileño José Hierro (1922-2002) e ilustrada por el muy prestigioso Will Faber (1901-1987). De ese mismo año es la edición de La Celestina, adaptada por el escritor y editor Antonio Prieto (n. 1929) —que toma como guía el texto crítico establecido por Manuel Criado del Val— y con ilustraciones que firma F. Ezquerro, así como una edición en dos volúmenes de El libro de Buen Amor, en versión modernizada, con prólogo y notas de Nicasio Salvador Miguel e ilustraciones de nuevo de Òscar Estruga.

No es de sorprender que el final de la década marcara el parón en esta iniciativa, pero ya en 1972 se recuperaba con la publicación del conocido como Quijote de Avellaneda, ilustrado por Cobos, Rubaiyat, de Omar Kheyyán, y —acaso el título más sorprendente— Estación sin nombre, una compilación de sonetos de la escritora y política mexicana Griselda Álvarez (1913-2009), estos dos últimos ilustrados por Estruga, y en todos los casos con tiradas de unos 3 000 ejemplares.

Los cuentos de Canterbury, encuadernados en goflex y en estuche.

Finalmente, tras un nuevo año en blanco, en 1974 aparecieron los Nuevos Pliegos de Cordel, de los que puede deducirse, por los títulos publicados, que se enfocaba más en la poesía y preferentemente por los nuevos autores: Apuntes para otra historia (1965-1974), del poeta Florentino Huerga Martín (1935-2005) e ilustrado por Antonio Beneyto, Canto por vosotros, de Matías Sánchez Carrasco (1929-1998) ilustrado por Bartolomé Liarte, y, ¿en 1975?, una Antología romántica de José de Espronceda preparada y prologada por Jordi Mustieles y Mercedes Salvador con ilustraciones de Liarte.

A tenor de la estrecha amistad e incluso colaboración que mantuvieron durante muchos años Josep Janés (1913-1959) y Tomás Salvador, es casi inevitable advertir que tanto algunos de los títulos como las características de las ediciones bien podrían estar inspiradas en el modo de enfocar algunas de las primeras colecciones de postguerra janesianas, como es el caso de Cristal (rustica ilustrada) o El Libro del Mes (tapa dura, estuchado), pero no parece que, ni en lo estético ni en lo comercial, la empresa de Mieza y Salvador obtuviera resultados similares, entre otras cosas, acaso porque los parámetros y el mercado de la bibliofilia se había distanciado ya muchísimo de las ediciones corrientes, y estas iniciativas pretendían situarse a medio camino.

Ilustración de Aguilar Moré para Los cuentos de Canterbury.

Fuentes:

Francisco Candel, Patatas calientes, prólogo de Joan J. Gilabert, Barcelona, Ronsel (Colección Pérgamo, serie Crónicas 65), 2003.

Versión en rústica de Los cuentos de Canterbury.

José Cruset, «Tomás Salvador: Generoso discípulo de la vida», La Vanguardia Española, 20 de junio de 1968.

Luis A. Esteve, «El exilio en las novelas de Carmen Mieza (desde fuera y desde dentro)», en Manuel Aznar Soler, ed., Las literaturas del exilio republicano de 1939. Sesenta años después, Sant Cugat del Vallès, Gexel, 2000, vol. 2, pp. 261-272.

Cristina Fanjul, «Este es un libro de epifanías (entrevista a Marcos Ordóñez)», Diario de León, 28 de febrero de 2013.

Marcos Ordóñez, «Me acuerdo de Tomás Salvador», en Bulevares periféricos, 15 de febrero de 2012.

Javier Tomeo, «Primera memoria», El Cultural, 27 de diciembre de 207.

Y los catálogos de la Biblioteca Nacional de España.

Las Ediciones Chapultepec de Barcelona

El 10 de mayo de 1962 se acabó de imprimir en Barcelona una tirada de sesenta ejemplares numerados de La luna nueva y Regalo de amante, del premio Nobel Rabindranath Tagore (1861-1941), con un pie editorial un tanto curioso, Ediciones Chapultepec, en referencia al bosque más famoso de Ciudad de México. El texto de La luna nueva se ofrece en la traducción ya por entonces clásica de Zenobia Camprubí (1887-1956) cuya primera edición había aparecido en 1915 en la Imprenta Clásica Española, mientras que la de Regalo de amante, también de Camprubí, se había publicado ya en 1919 en la también madrileña imprenta Fortanet y en esta ocasión se acredita como «versión de Zenobia Camprubí de Jiménez, en colaboración con Juan Ramón Jiménez».

De izquierda a derecha, Emilia Llanos, Federico García Lorca, Zenobia Camprubí, Isabel García Lorca, Juan Ramón Jiménez y Concha García Lorca.

La iniciativa de publicar la obra había surgido de dos jóvenes alumnos del Conservatorio de las Artes del Libro (Escola La Llotja), Miquel Vilà Burgos (n. 1940), que ese mismo 1962 obtenía un accésit en grabado de la Real Academia de Bellas Artes Sant Jordi, y Juan José Torralba García (1937-2010), quien había llegado a Barcelona en 1958 procedente de México (donde se había formado en la Escuela Superior de Bellas Artes y que, además, posiblemente da razón del enigmático nombre elegido como pie editorial de esta empresa).

Para llevar a buen puerto su proyecto se pusieron en contacto con el sobrino y albacea del poeta de Moguer, Francisco Hernández-Pinzón Jiménez (1919-2010), que les cedió los derechos a cambio de un determinado número de ejemplares, y con el estudioso de la obra juanramoniana y también poeta de Moguer él mismo Francisco Garfias (1921-2010), y mientras Miquel Vilà se ocupó de crear diez xilografías para La luna nueva y de componer a mano el texto en Bodoni, Torralba ilustró Regalo de amante con otras diez xilografías a color. Se estampó a mano en el propio Conservatorio en una prensa tipográfica que databa del siglo XVIII.

Entre los compradores de la edición se encontraban el escultor y coleccionista, y exalumno de la Llotja, Frederic Marés (1893-1991) y el coleccionista barcelonés Miguel Lerín (1914-1984), así como la pintora y grabadora Maria Josepa Colom (n. 1924), exalumna también de La Llotja, y el crítico de arte, traductor y poeta Rafael Santos Torroella (1914-2002), miembro de la Real Academia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi, pero también la Biblioteca Nacional de México y el músico e historiador del arte Salvador Moreno (1916-1999), un mexciano muy vinculado a los ambientes culturales catalanes desde que se trasladó a Barcelona para convertirse en uno de los más conocidos discípulos de David Segovia y Cristòfor Taltabull y que en 1983 ingresaría también en la Real Academia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi.

 

A iniciativa de Hernández-Pinzón, Chapultepec tuvo continuidad al año siguiente (1964) con una obra de Juan Ramón Jiménez, Poemas revividos del tiempo de Moguer, del que se tiraron un ejemplar único que se acompaña de los originales de los dieciocho dibujos de Torralba que contiene (xilografiados al hilo, en madera de cerezo), quince ejemplares numerados del II al XVI que contienen las pruebas xilográficas antes de su versión definitiva, 184 ejemplares numerados del 17 al 200 y cinco ejemplares destinados a los colaboradores e identificados de la A a la E. El texto, de nuevo compuesto a mano, se imprimió en Gráficas Gravil y sobre papel de hilo Luis Guarro y los grabados en la misma prensa tipográfica a brazo, del siglo XVIII. No sorprenderá tampoco que en este caso el prólogo lo firme Francisco Garfias, que enseguida se convirtió en colaborador habitual.

De hecho, el tercer título con el sello Chapultepec del tándem Vilà-Torralba fue el poemario de Garfias Cerro del Tío Pío (1964), en el que se empezó a trabajar en agosto de 1963 y se culminó en diciembre del año siguiente. Se hizo de este libro una edición de 560 ejemplares distribuidos del siguiente modo: diez numerados del I al X, que contienen un dibujo original y una prueba de cada uno de los grabados; otros diez del 11 al 60, todos ellos sobre papel de hilo Guarro, y los restantes impresos sobre papel offset de Torras Tuvinyá encuadernados en rústica, a los que hay que añadir los destinados a colaboradores (en este caso, veinticinco).  Este tercer título de Chapultepec iba ilustrado con diez xilografías al hilo coloreadas, obra de Vilà, y de nuevo con el texto compuesto a mano, estampado en los barceloneses talleres de C. N. Gisbert

Paralelamente, los creadores de Chapultepec decidieron crear su propio taller de estampación, que pronto alcanzó cierta fama y no tardó en ocuparse de la estampación de obra de artistas de la importancia de Antoni Clavé (1913-2005), Antoni Tapies (1923-2012), Roser Bru (n. 1923), Joan Ponç (1924-1984), Montserrat Gudiol (1933-2015), etc. La distribución de las ediciones de Chapultepec la llevaban en buena medida a cabo los propios directores de las ediciones aprovechando sus contactos entre artistas, literatos, críticos y coleccionistas, pero también a través de un corredor, por lo que la inmensa mayoría de estos ejemplares quedaron en Barcelona, y buena parte de las matrices de las xilografías de Miquel Vilà fueron donados por él mismo a la Biblioteca de Catalunya en 2013.

Con posterioridad a estas tres obras, aún aparecieron con el sello de Chapulepec dos carpetas de tiradas aún más cortas: Valle de México (1965), con diez grabados a punta seca de Torralba, y los tres sonetos de Santos Torroella agrupados como Trilogía del vagabundo, el soñador y el solitario (1966), para la que Vilà creó una docena de aguafuertes. Llegados a este punto, Torralba inició una prestigiosa carrera como grabador, que le llevaría a trabajar con Joan Miró (1893-1983) y Henry Moore (1898-1986), entre otros, mientras que Vilà se centró sobre todo en su obra pictórica, pero ilustró ocasionalmente algunos libros, entre los que suelen destacarse los treinta grabados de Barcelona, front de mar (Edicions Rosembach, 1992), con textos de Joan Perucho y Salvador Oliva.

En palabras de Germán Masid Valiñas, que es sin duda quien mejor ha analizado estas ediciones y su historia:

Los libros de Chapultepec supusieron una clara novedad en las ediciones barcelonesas de la época en lo que se refiere a las ilustraciones: por su estilo renovador y, sobre todo, por el carácter y frescor de las xilografías al hilo, que fueron una clara novedad en medio de la auténtica inundación de xilografías a la testa que poblaron gran parte de las ediciones de bibliófilo de esos años. Fue un anticipo de la técnica que se impondría entre los artistas en las dos décadas siguientes.

Sobrará ya decir que nada tiene que ver este proyecto con las Ediciones Chapultepec que ya desde los años cuarenta estaban en activo en México (en 1945 publicaron unos famosos Sonetos mexicanos) y en las que trabajó Francisco González Guerrero (1889-1963), antes de hacerse cargo de la Imprenta Universitaria (1952-1957).

Fuentes:

Antonio Campoamor González, Bibliografía general de Juan Ramón Jiménez, Madrid, Taurus, 1982.

Associació Cultural Catalano Mexicana, «Ens deixa Juan José Torralba», 24 de octubre de 2010.

Germán Masid Valiñas, La edición de bibliófilo en España (1940-1965), Madrid, Ollero y Ramos, 2008.

Jordi Rodríguez Amat, artículos sobre Juan José Torralba publicados en la revista Bonart y para un díptico de una exposición y recogidos en su web.

Web de Miquel Vilà.

 

 

Los primeros diez años de Contraseña Editorial

Desde los años finales del siglo xx, las entonces llamadas nuevas tecnologías propiciaron que empezaran a surgir en España una buena cantidad de pequeñas editoriales con específica vocación literaria alejadas geográficamente de la que tradicionalmente había sido la capital editorial en este ámbito, Barcelona: Renacimiento en Sevilla, Pre-Textos en Valencia; Hoja de Lata en Gijón, Menoscuarto en Palencia, El Olivo Azul entre Córdoba y Sevilla… A ellas se unió en 2010 la editorial Contraseña, que venía a reforzar un panorama editorial aragonés de edición literaria que albergaba, entre otras, a Xordica, Certeza, Gara, Libros del Innombrable, Mira Editores, Sariñena, la editorial de libro infantil y álbum ilustrado Cosquillas y las extintas Eclipsados y Tropo Editores.

Portada de la edición de Pelletan.

De un vistazo a los diez primeros años de la trayectoria de Contraseña, destacan, junto a la evidente voluntad de crear y fortalecer en Aragón una comunidad interesada en el libro, una muy potente ambición estética que se manifiesta no solo en la selección de títulos sino también en la forma que estos adquirieron desde el primer momento, y en particular en unas características y esmeradas cubiertas que enseguida llamaron la atención del sector y que ilustraron algunos de los artistas más destacados en la materia.

Del primor con que edita Contraseña ya fue buena muestra su estreno, una edición de El procurador de Judea, el irónico cuento que Anatole France (1844-1924) publicó originalmente en Le Temps en 1891 y que luego incluiría en la compilación El estuche de Nácar (1892), pero que dignificó en 1902 el impresor y editor Edouard Pelletan (1854-1912) con una lujosa edición que incorporaba catorce dibujos de Eugène Grasset (1841-1917) grabados por el artista también suizo Ernest Florian (1863-1914). Ya a finales del siglo XX, el célebre escritor italiano Leonardo Sciascia (1921-1989) contribuyó de un modo decisivo a un resurgir del interés por este cuento —en el que se ha identificado una de las principales inspiraciones del cuento de James Joyce incluido en Dublineses «Los muertos»—, mediante la traducción y escritura de un prólogo para la edición de esta obra de Anatole France en Sellerio Editore.

Interior de la edición ilustrada de Pelletan.

La edición de Contraseña no sólo incorpora el texto de Sciascia, sino que le añade otro de uno de los narradores aragoneses más leídos en el cambio de siglo, Ignacio Martínez de Pisón, pero aun así el primer impacto para el lector es la ilustración de cubierta, en este caso de Alberto Aragón (quien tras pasar por la prestigiosa Escuela de Arte de Zaragoza, se convirtió en diseñador gráfico del Heraldo de Aragón y ya en 2007 se llevó el concurso al cartel de las fiestas del Pilar). También la traducción se puso en manos de profesionales expertos y ampliamente reconocidos, María Teresa Gallego Urrutia (Premio Nacional Fray Luis de León en 1997, Orden de las Letras y las Artes en 2003, Premio Nacional en 2008, Premio Mots Passants en 2011, Premio Esther Benítez en 2013…), en el caso del texto en francés, y Pepa Linares (Premio Ángel Crespo en 2014), en el de Sciascia.

Afortunadamente, este esmero en el modo de editar obtuvo enseguida reconocimiento, y aún no habían llegado a la decena de títulos publicados cuando con el segundo, Eugene Pickering, de Henry James (1843-1916), traducido por Ismael Attrache (Edith Wharton, Dickens, Stevenson, Bruce Chartwin…), prologado por el cineasta y escritor Vicente Molina Foix e ilustrado a color por el artista aragonés afincado en México Jesús Cisneros (Premio Lazarillo 2007), Contraseña se llevó primero el Premio al Libro Mejor Editado en Aragón en 2010 y luego el premio equivalente, en la categoría de obras generales y de divulgación otorgado por el Ministerio de Cultura al Libro Mejor Editado.

A la vista de ello, a nadie sorprenderá que los fundadores e impulsores de la editorial, Alfonso Castán y Francisco Muñiz, se hubieran formado ambos como filólogos en la Universidad de Zaragoza, donde el supermaestro José Carlos Mainer era desde 1982 un faro y ejemplo. Precisamente Mainer prologó dos libros para Contraseña, pero, quizá contra lo previsible o cómodo, ninguno de los que la editorial publicó de Ramón J. Sender (autor que Mainer conoce al dedillo y al que ha dedicado amplia y jugosa bibliografía), sino los del narrador ruso Vsévolod Garshin (1855-1888)  La señal y otros relatos (2010) y Los osos (2012), ambos traducidos por Sara Gutiérrez y con cubiertas ilustradas por Alberto Aragón e Isidro Ferrer, respectivamente.

En cuanto a los prólogos a las obras de Sender, del de El bandido adolescente (2013) se ocupó el filósofo Fernando Savater (quien ya en 1995 había dedicado a esta novela su intervención en el Primer Congreso sobre Ramón J. Sender en Huesca), mientras que el de Contrataque (2016) corrió a cargo del historiador aragonés Alberto Sabio Alcutén, y en ambos casos el diseño de las cubiertas quedó en manos del ilustrador y pedagogo alcañizano Alberto Gamón (formado en la Escuela de Artes Aplicadas de Zaragoza).

Alberto Gamón es también el responsable del diseño de cubierta de la antología de cuentos con la que Contraseña recuperó la obra del guionista y narrador británico John Collier (1901-1980) Fiesta en una botella (2011). Ya en 1975 Anthony Bugess (1917-1993) había llamado la atención sobre el talento literario de este escritor prologando su The best of John Collier (Pocket Books), y más tarde insistió en ello Ray Bradbury (1920-2012) prologando con evidente empatía en 2003 la compilación reiteradamente reimpresa Fancies and Goodnights (New York Review Books Classics), que originalmente había aparecido en 1951 en Doubleday; en la edición de Contraseña el breve texto de Bradbury aparece como postfacio, de modo que en esta ocasión el prólogo va a cargo del escritor peruano Fernando Iwasaki. Quizá sea el único caso en que la traducción, en este caso de Daniel Gascón, ha sido objeto de reparos, pues si bien Vicente Molina Foix la califica de «brillante», no hay unanimidad en cuanto a esta valoración. Pero del mayor interés es también el bello texto ilustrado que Alberto Gamón dedicó en su blog al proceso de concepción y elaboración de esta espléndida cubierta. También de Gamón son, por ejemplo, las dos cubiertas de obras de Dorothy Baker (1907-1968) publicadas en Contraseñas, El chico de la trompeta (2013) y Cassandra en la boda (2015), traducidas ambas por Isamel Attrache, y de la primera de las cuales, inspirada en la biografía del cornetista y compositor de jazz Bix Beiderbecke (1903-1931), existe una célebre versión cinematográfica protagonizada por Lauren Bacall (1924-2014), Doris Day (1922-2019) y Kirk Douglas (1916-2020). Otra excelente cubierta de Gamón de tema más o menos musical es la de la novela La acompañante, de Nina Berbérova (1901-1993), traducida por Marta Rebón, autora también del epílogo, con Ferran Mateo.

 

Nella Larsen.

También Sara Morante, quizá conocida sobre todo por sus cubiertas de los libros Carson McCullers para la editorial Seix & Barral, ha ido dejando un buen número de excelentes muestras de su trabajo en Contraseña, como es el caso de la traducción de Elena Gallego de Amistad, de Saneatsu Mushanoköji (1885-1976) o las de Pepa Linares de Xingú, de Edith Warthon (1863-1937), La abadesa de Crewe, de Muriel Spark (1918-2006), Claroscuro, de Nella Larsen (1891-1964)…

Menos prolífico ha sido, por ejemplo, el escritor y magnífico ilustrador Iban Barrenetxea, pero no menos excelentes son sus cubiertas de La señora Jenny Treibel, de Theodor Fontane (1819-1898), en traducción de la muy prestigiosa Carmen Gauger (Premio Nacional de Traducción en 2018), y Buen comportamiento, de Molly Keane (1904-1996), vertida al español por el no menos fiable y excelente Gregorio Cantera.

En el ámbito de la literatura española, Sender al margen, destaca sobre todo en el catálogo de Contraseña la edición de los relatos de Emilia Pardo Bazán (1851-1921) reunidos en Encaje roto. Antología de cuentos de violencia contra las mujeres, en edición y prologados por la profesora de la Universidad de Santiago Cristina Patiño Eirín y con una expresiva ilustración de cubierta obra de Elisa Arguilé (Premio Nacional de Ilustración Infantil y Juvenil en 2007 y Premio Junceda en 2008, entre otros),.

Aun así, como reza la declaración de intenciones de los editores en su web (de muy recomendable visita), lo que caracteriza a Contraseña es el equilibrio entre la recuperación de obras poco menos que olvidadas de autores muy famosos (Henry James, Dumas, E.T.A. Hoffmann, etc.), con el descubrimiento para el lector en lengua española de escritores de diversos ámbitos que permanecían inéditos en español, y todo ello con la ayuda del deslumbrante equipo de colaboradores que han ido forjando a lo largo de estos diez primeros años de una historia brillante.

Fuentes:

Web de Contraseña Editorial

Olivia Carballar, «Y colorín colorado, este cuento no ha acabado», LaMarea 19 de diciembre de 2018.

Alberto Gamón, «Fiesta en una botella», Gamonadas (blog), 6 de junio de 2011.

Javier, «Editorial Contraseña consigue el Premio Nacional al Libro Mejor Editado», La librería de Javier (blog), 23 de mayo de 2011.

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