Moulines, un librero y editor excepcional

Al término de la guerra civil española, Venezuela fue país de acogida de muchos refugiados republicanos víctimas de la guerra civil española, entre los que suelen destacarse sobre todo a una pléyade de científicos: Manuel Corachán (1881-1942), que fundó en la Universidad de Caracas el Instituto de Cirugía Experimental; August Pi i Sunyer (1879-1965), que impartió diversas materias en la Universidad Central y dirigió el mencionado Instituto de Medicina Experimental; Rossend Carrasco i Formiguera (1892-1990), profesor de fisiología sucesivamente en las universidades de Los Andes (Mérida), Maracay y Central de Caracas; el valeroso Antoni Peyrí (1889-1973), que dirigió la leprosería Isla de Providencia de Maracaibo, o el geógrafo Pau Vila i Vinarès (1881-1980), que desarrolló una ingente y fructífera labor docente, y a éstos podrían añadirse muchos otros. Sin embargo, también hubo entre los exiliados republicanos que fueron a parar a Venezuela alguna gente del libro importante, como es el caso del librero y editor Linus (o Lino) Moulines Gascons (1913-2000).

Pere Pagès i Elies (Victor Alba).

Su compañero de militancia en el BOC (Bloc Obrer i Camperol) Víctor Alba describe de un brochazo al Moulines de principios de los años treinta, en Barcelona, «despechugado y con sandalias», y lo recuerda como quien le descubrió un restaurante de la calle Sitjà donde por 1,25 pesetas diarias los estudiantes podían hacer una comida a mediodía y tomarse un café con leche como cena. Moulines había llegado a Barcelona en 1933 procedente de su Anglès (Girona) natal –tras un breve paso por Terrassa, donde trabajó en la industria textil– con el propósito de presentarse a una oposición convocada por el SMC (Sindicat de Metges de Catalunya), y, según el Diccionario biobibliográfico del exilio republicano de 1939, en esos años se ocupó de la edición de «revistas y folletos de carácter médico-científico» cuyos títulos no precisa.

Al estallar la guerra, este militante del BOC y luego del POUM (Partit Obrer d’Unificació Marxista) participó en la toma de la universidad y posteriormente marchó al frente de Aragón, hasta que el 10 de febrero de 1939 cruzó la frontera con Francia, donde pasó por varios campos de concentración antes de poder evadirse a Luxemburgo. Allí fue detenido por indocumentado y enviado a un campo de trabajo en el Sarre. La que sería su esposa, Otília Castellví (1917-2001), dejó un testimonio impagable e imprescindible para reconstruir estos años del primer exilio –o primera etapa del exilio– en De las checas de Barcelona a la Alemania nazi. Veinte años de una vida (Acantilado, 2008).

Con su llegada en 1946 a Brasil, país desde el que antes de un año pasaría a Venezuela, se abría una nueva etapa en la trayectoria de Moulines en la que una de los primeros hitos fue convertirse ese mismo 1946 en primer secretario de la Asociación Esperantista. La librería Suma, de la que Moulines fue gerente, no tardó en convertirse en uno de los puntos de reunión y difusión de esta lengua, en la que el propio librero tuvo un papel muy destacado como conferenciante y articulista. La dedicación de Moulines a su labor como librero fue lo que le convirtió con el tiempo en un punto de referencia indispensable, y a principios de la década de los cincuenta ya estaba al frente de otra librería, la Politécnica (en la caraqueña calle Villaflor, de Sabana Grande), que se convirtió en agente de ventas de las publicaciones de la Unesco y de la FAO y que, además de mantener contacto frecuente con editores españoles, proveía de material bibliográfico a lo más granado del país. Cuenta su esposa que «Linus se pasaba todo el día en la librería. La élite profesional y política de Caracas iba a comprar sus libros a la librería». Su fluida y frecuente relación con los ambientes universitarios le convirtió además en asesor y proveedor de los más importantes profesores e instituciones culturales (como es el caso por ejemplo del Centro Cultural y de Estudios Sociales), y facilitó también las colaboraciones editoriales. La Politécnica fue además la librería en exclusiva de la facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela, así como de otras varias de la Universidad Católica Andrés Bello, y más adelante coeditó algunas obras con el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (unas Novelas ejemplares de Cervantes en 1969, por ejemplo) o la Academia Nacional de la Historia entre otras instituciones.

Al mismo tiempo, en 1953, como miembro del Centre Català de Caracas –en cuya revista Senyera dejó algunas colaboraciones–, participó activamente en la organización de los Jocs Florals de la Llengua Catalana de ese año, celebrados en el Teatro Municipal de Caracas y en el que, por conseguir por tercera vez la Englantina, se proclamó al poeta Agustí Bartra (1908-1992) mestre en gai saber.

Guillermo Meneses.

La firma de Linus Moulines aparece junto a las de Macario Fernández, Jaime Gelpi Lago, Alfredo León Luprón, José Ramón Martín, José María Pachón, Gerónimo Puig Pérez, José Rivas Rivas, Violeta Roffe, Julio Vázquez, Luis Yépez en el acta de constitución de la Cámara Venezolana del Libro, fechada el 7 de noviembre de 1953, y unos pocos años anteriores (¿1950?) son las primeras ediciones de la empresa que Moulines acababa de crear, la editorial Nueva Cádiz, que arrancó con un Atlas escolar de Venezuela (1951)  y con la ambiciosa colección Biblioteca de Escritores Venezolanos, donde recuperó varios títulos de Manuel Díaz Rodríguez (1871-1927) (Sensaciones de viajes, Confidencias de psiquis prologadas por Pedro Emilio Coll, Cuentos de color, Camino de perfección y otros ensayos) e hizo una segunda edición de la obra del cronista y tipógrafo venezolano Casto Fulgencio López (1893-1962), Lope de Aguirre, el Peregrino, primer caudillo de América, así como La voz de los cuatro vientos (poemas), de Fernando Paz Castillo (18931971),  El falso cuaderno de Narciso Espejo, de Guillermo Meneses (1911-1978), Humanismo y romanticismo, de Luis Beltrán Guerrero (1914-1996), Juan Bautista Picornell y la conspiración de Gual y España. Narración documentada de la pre-revolución de independencia venezolana, también de Casto Fulgencio López, y, en 1955, un Compendio histórico de la literatura de Venezuela preparado por el abogado y político José Ramón Barrios Mora (1913-¿?).

Una cuestión que no he podido esclarecer es a qué responde el hecho de que el pie de estas ediciones indique Caracas (Venezuela)-Barcelona (España) como lugar de publicación, pero quizá la estrecha relación entre Moulines y el editor, escritor y traductor catalán de Terrasa Ferran Canyameres (1898-1964), con quien había coincidido también en Francia, sea una posible vía de explicación. Canyamares, que había regresado a Barcelona en 1949, se encontraba en una situación financiera bastante complicada pese a contar con los derechos de traducción y edición de las obras de George Simenon, y sobre todo después de haber sido detenido y encarcelado entre 1951 y 1955, por lo cual a finales de 1955, según su biógrafo Gustau Erill i Pinyot, «intenta colocar libros sobre todo a los amigos de Sudamérica, como Linus Moulines, de Venezuela, que es librero, y Emili Pla, en el mismo país, a quien propone entrar como socio en la editorial [Albor] y le pide que haga de mediador con otras editoriales y distribuidores». Y durante el año siguiente:

Llegó a ser tan mala la situación de la editorial que suerte tuvieron de la ayuda que les llegaba de Venezuela. Pla y Moulines les mandaban cada mes mil quinientas pesetas (que Canyameres tuvo que pedir que mandaran a nombre de Fernando Cañameras porque si no no las podía cobrar en Correos), teóricamente a cuenta de libros del fondo de Aymà. Libros que, por otra parte, muy probablemente Linus Moulines tampoco vendía con la fluidez suficiente para justificar mensualmente ese dinero, y mucho menos Emili Pla, que no tenía ningún negocio directamente relacionado con el mundo del libro.

Aun sin la más mínima prueba, ¿se puede especular que quizá, desde el momento de su regreso a la península, Canyameres colaboraba de algún modo en las ediciones de Nueva Cádiz? El epistolario entre Moulines y Canyameres refleja la voluntad del primero de regresar a Barcelona y crear una librería especializada en libros técnicos como la que tan bien le funcionaba en Caracas, mientras que el segundo tenía arrendados los bajos de una torre en Vallcarca (donde guardaba los libros de Simenon del fondo Aymà) que quizá le podría convenir a su amigo, pero antes de poder concretar nada, Canyameres se quedó sin local (y consiguió que una fábrica de Terrassa le cediera un rincón donde dejar los libros).

Portada de una edición Nueva Cádiz con el doble pie.

En el verano de 1958, tras un nuevo paso por prisión, Canyameres consiguió llegar a un acuerdopara alquilar la parte del piso donde había estado la editorial Albor a Moulines y Otilia Castellví (que lo aprovecharían en las temporadas que pasaran en la capital catalana) y además se convirtió en representante en Barcelona de la empresa de su amigo. Explica Erill i Pinyot:

Sin serlo legalmente, ni con una remuneración específica, Canyameres salía a hacer gestiones y encargos a las editoriales y librerías de Barcelona por cuenta de su amigo: era un modo de devolverle el gran favor económico que desde Venezuela les había hecho, y todavía les estaba haciendo, desde que se encontraban en aquella situación.

Unos años después, en junio de 1963, el matrimonio Moulines pasó en compañía de su amigo una semana de reposo en el monasterio de Montserrat, que Canyameres aprovechó para proseguir con la escritura de su propia obra literaria. Por su parte, Moulines, que participaría también en la organización de los Jocs Florals de 1966 en Caracas, presididos por Rómulo Gallegos (1884-1969), obtendría un importante éxito unos años después con una recopilación del argot caraqueño, que firmó como Julio Cáceres y publicó en 1974 en Nueva Cádiz, Malas y peores palabras.

Ferran Canyameres.

Más allá de las diversas facetas profesionales de Moulines Gascons (esperantista, librero y difusor de la cultura y el conocimiento, editor de literatura y de bibliografía científica y académica, etc.), una primera aproximación panorámica ya permite entrever una calidad humana excepcional, que viene a confirmar la que ofrecen las memorias de su esposa, recomendables sin reparos.

Fuentes:

Esther Barachina, «Lino Moulines Gascons», en Manuel Aznar Soler y José Ramón López García, eds., Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Gexel-Renacimiento, 2017, vol. 3, p. 372.

Otilia Castellví, De las checas de Barcelona a la Alemania nazi: veinte años de una vida, Barcelona, Acantilado, 2008. Hay una versión previa (1997), también en español, en la editorial Oikos-Tau y el título 1926-1946: Vint anys d’història

Gustau Erill i Pinyot, Ferran Canyameres. Entre la memòria i l´oblit, Barcelona, Baula, 1999.

Lino Moulines, «Orígenes o inicios del esperanto en Venezuela», conferencia reproducida en el blog de Ricardo Coutinho el 10 de junio de 2011.

Rafael Tasis y la librería como trinchera

A Montserrat Bacardí

Rafael Tasis

Rafael Tasis.

Rafael Tasis i Marca (1906-1966) fue sin duda uno de esos personajes del mundo del libro que llevan la tinta en las venas, pero sobre todo un activista cultural de una lucidez, tesón y empenta muy poco usuales, en unos tiempos particularmente difíciles.

Con tan sólo quince años ya publica una primera colaboración en la revista infantil de Avel·lí Artís i Balaguer (1881-1954) La Mainada, cuya cabecera era de Joan d’Ivori (Joan Vila i Pujol, 1890-1947) y entre cuyos dibujantes se cuentan Opisso, Xavier Nogués, Apel·les Mestres o Lola Anglada, ilustrando a dos tintas textos de Josep M. López-Picó, Carles Riba, Josep Carner o Salvat Papasseit, y al año siguiente ya aparece su relato El daltabaix (1923) en la colección semanal La Novel·la d’Ara (1923-1927), que era la de mayor difusión entre las colecciones catalanas populares de esos años. Sin embargo, progresivamente, y mientras dedica buena parte de su tiempo a trabajar en la librería-papelería-imprenta familiar, empieza a destacar como crítico literario y a acumular una obra ensayística, narrativa, poética y teatral, además de como traductor, que superará los sesenta títulos (adviértase que salen a más de uno por año vivido, y dejó además obra inédita y un voluminoso epistolario).

LaMainadaEl hecho de que la empresa familiar se desdoblara en pequeña imprenta artesanal (Imprenta La Industria Manuel Tasis, a cuyo frente estuvo el grabador Bartolomé Tasis) debió de ponerle en contacto desde muy pronto con esas labores, si bien limitadas a modestos impresos comerciales, pues raramente se dedicó la Tasis a los libros, si bien en los primeros años del siglo había publicado La máquina locomotora (1905), de Edouard Sauvage (para la Llibreria Penella y Bosch), y sobre todo obras teatrales: Don Juan Curda parodia del drama de Don José Zortilla Don Juan tenorio escrita en siete actos y en verso (1908), de Julio de las Cuevas, o las obras, adaptaciones o refundiciones teatrales de Lluis Sunyer Casademunt La Font dels Enamorats (1901), Els mals esperits (1901), Los plomos de Venecia (1901), Un vividor (1901), El capitán de la Marta (1901), La bohème (1905) o Ingènua: idil·li en un acte y en prosa (1906), así como las de Francisco Xavier Godó Els dos crepúscles (1905), Mala partida (1905), Botifarras dolsas (1906), Fugint del niu (1907), Ánimas perdidas (1908), etc.

Canyameres

F. Canyameres.

Sin embargo, los primeros contactos estrechos de Rafael Tasis con la producción de libros de los que tenemos noticia se produce ya en el exilio parisino, donde vivió la ocupación nazi, cuando colaboró con Ferran Canyameres (1898-1964). Con este animoso editor, además de traducir para su empresa una docena larga de novelas de George Simenon, trabaja en uno de los primeros libros bibliográficamente importantes del exilio, Tot l’any. Dotze estampes barcelonines (1943), ilustrado por Antoni Clavé (1913-2005) con doce litografías y con el que se estrena la editorial Albor de Canyameres. Posteriormente publicará un soneto en el libro colectivo de Albor, formalmente más modesto, Ofrena a París dels intel·lectuals catalans a l’exili (1948), cuyo frontispicio de Pablo Picasso da entrada a textos en prosa y verso de Pere Corominas, Josep Carner, Ramon Xuriguera, con 35 ilustraciones a pluma de autoría no menos destacada (Feliu Elies, Emili Grau-Sala…).

Durante esos años asesoró literariamente al cartelista y pintor exiliado también en París Carles Fontserè (1916-2007) en sus ediciones de bibliófilo, e incluso prologó uno de los libros que le había recomendado, La fi del món a Girona, de Joaquim Ruyra, publicado con litografías de Fontserè en 1946.

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Carles Fontserè.

Al morir su padre, Tasis regresa a Barcelona y se pone al frente del negocio familiar, que pronto se convierte en uno de los epicentros de la resistencia cultural catalana, pues los contactos que el escritor mantenía con todo tipo de intelectuales, con la prensa y las editoriales en el exilio y con la resistencia clandestina del interior, lo convertían en una fuente de información privilegiada. Enumerar siquiera las actividades de todo tipo en las que se implicó, comprometió o lideró en esos años (conferencias, artículos, intervención en agrupaciones relacionadas con el teatro, con la traducción, con la cultura en un sentido muy amplio) sería ya extensísimo, pero valga como ejemplo su incorporación a la tertulia de Joan Santamaria, con los escritores Josep Sol, Joan Oller i Rabassa y Rosa María Arquimbau, el librero Joan Ballester o los editores Rafael Dalmau i Ferreres y Miquel Arimany, entre otros muchos, que unos años después desembocaría en la creación, a propuesta suya, del Premi Joan Santamaria, destinado a estimular la producción de literatura en lengua catalana. La primera edición galardonó en 1955 el relato «Carnaval», de Mercè Rodoreda, que después se publicaría en Vint-i-dos contes (en 1988 se publicó en Mondadori la traducción de Ana María Moix de este libro), y posteriormente premiaría, por ejemplo, a Manuel de Pedrolo (1918-1990), Ramón Folch i Camarassa (n. 1924) y Baltsar Porcel (1937-2009).

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Miquel Arimany.

Las memorias y epistolarios de la gente de letras catalanas de posguerra están salpicados de referencias a la poco menos que mítica librería Tasis, sede de numerosas tertulias más o menos improvisadas. Así, por ejemplo, explica Sebastià Gasch a Ferran Canyameres el 3 de julio de 1948: «Veo a menudo a Tasis, reintegrado a su librería en la Rambla, donde trabaja todo el día. Tranquilo, vigoroso, animado». Se trataba de un comercio que en su propias tarjetas se presentaba como «Imprenta. Papelería. Objetos de Escritorio. Librería Tasis. Especialidad en trabajos comerciales. Rambla Capuchinos, 33» –en los anuncios del premio se da como dirección postal el número 42–, pero sus existencias eran variadas: Si bien había un amplio espacio de estanterías móviles dedicadas a novela policíaca y de ciencia ficción, era también una de las pocas librerías que en Barcelona apoyó desde el principio al editor Josep Pedreira aceptando en depósito ejemplares de su ambiciosa colección de poesía Els Llibres de l’Óssa Menor.

LogoOssaMenorA mediados de los cincuenta, fue allí donde el poeta y traductor irlandés Pearse Hutchinson (1927-2012) consiguió su primera gramática catalana (publicada en tiempos de la república, por supuesto), sin lo que probablemente jamás hubiera existido el volumen Josep Carner: poems (Oxford, The Dolphin Press, 1962). Y muestra de su apoyo a la introducción de las revistas del exilio (con muchas de las cuales colaboraba asiduamente, en ocasiones con seudónimo) lo constituye el episodio recreado por Miquel Guinart, director de Vida Nova (1954-1978), recordando que «durante algunos años, la tienda de Tasis se convirtió en una fidelísima agencia de la publicación occitano-catalana», y añadiendo la siguiente respuesta de Tasis al plantearle ciertos problemas con la censura y con la administración de las suscripciones del interior:

Intentad enviarme veinte ejemplares en un paquete que no muestre qué periódico contiene. Si los recibo, a partir de entonces haréis eso mismo con cada número. Yo me ocuparé de que se vendan cuanto antes. Y en referencia a lo que me contáis de que los pocos suscriptores que tenéis en Cataluña no os pagan porque temen el castigo del franquismo, advertidles de que pueden hacerlo en mi librería y yo mismo les haré el recibo.

PearseHutchinson

Pearse Hutchinson.

En la misma línea se sitúa el comentario de Albert Manent acerca del papel de aglutinador de fuerzas y de difusor de proyectos que llevó a cabo Tasis desde su librería:

No es fácil imaginar cómo tenía que actuar Tasis en ese mundo aún lleno de prohibiciones contra la lengua y la cultura, sin plataformas públicas, haciendo de puente con el exilio, dando conferencias sobre temas no políticos que a veces acababan en multa. Y sobre todo debiendo dedicar muchas horas a la papelería y a la pequeña imprenta artesanal. Recibía no sólo la visita de amigos y de «conspiradores» ávidos de noticias o de conocer algún rumor por boca del mismo Tasis, sino también de clientes o de quienes lo llamaban para saber cuándo acababa el plazo para presentar trabajos a los Jocs Florals de Molins de Rei. [El editor Miquel] Arimany recuerda que era usual la frase: «Cuando no sepáis algo, preguntándselo a Tasis»

RafaTasisA principios de los años sesenta, fue uno de esos visitantes, Ferran Canyameres, quien le presentó a Tasis a Josep Fornas, y con la colaboración de Albert Manent formaron el trío que, en el aspecto intelectual, puso en pie una de las editoriales culturalmente importantes de la época, Pòrtic. En consonancia con ello, el propio Tasis prologó el primer título que publicaron, las Memòries polítiques (1890-1917) del periodista y político Claudi Ametlla (1883-1968), además de ofrecer a Fornas el enlace con el agente ante la censura Bernardo Crespo Bellido (agente también de diversas editoriales catalanas, Rafael Dalmau, Nova Terra y Estela entre ellas), quien después de saltar a las páginas de la prensa con sólo trece años como acusado por el conocido como «Crimen de Huerta», hizo la Guerra del Rif en el regimiento de Infantería de Ceriñola.

También a principios de los sesenta la imprenta de los Tasis toma un nuevo impulso, y no sólo para hacer exquisitas felicitaciones navideñas. Ya de 1956 es la edición de Libreros y bibliófilos barceloneses del siglo XIX. Apuntes para su pequeña historia, de Ángel Millá, un volumen de 70 páginas con cubierta y cabeceras de cubierta de Antonio Roca, algunas ilustraciones y láminas, encuadernado en rústica, del que se tiraron cien ejemplares en papel de hilo y que era un encargo del Gremio de Libreros de Barcelona.

De 1960 son el volumen de Lluis Valeri (1891-1971) Requiem per a Carles Riba (70 páginas en octavo mayor encuadernadas en rústica) y Frases célebres adaptadas al libro con un poco de humor, 23 páginas en octavo encuadernadas en rústica, con ilustraciones de Antonio Roca entre el texto, que se obsequiaba a los colaboradores de la IX Feria Anual del Libro de Ocasión Antiguo y Moderno.

Poemes de tardaEn 1964 está fechado Centenario del nacimiento de Miquel S. Oliver, 1864-1964, Discurso leído el día 31 de diciembre de 1920, por encargo del Ayuntamiento de Palma en el acto solemne de ser proclamado Hijo Ilustre de Mallorca, texto biográfico escrito por Joan Alcover (1854-1926) que se acompaña de «Mi padre y yo», de Joana Oliver, así como los Poemes de tarda de Miquel S. Salarich Torrents (con prólogo de Leandre Amigó), y las navidades del año siguiente la Tasis felicita a sus clientes y amigos con un texto del propio Tasis titulado Història d’una penya literaria, que reconstruía la trayectoria de la conocida como Penya Oasis, y en las de 1964, del mismo autor, La saviesa del poble, 52 páginas en octavo menor encuadernadas ambas en rústica, numeradas y nominales.

Más curioso es el último de los textos, también de Tasis, que he localizado impreso en su imprenta: Discurs de gràcies no pronunciat en un acte no celebrat per a commemorar els seixanta anys de Rafael Tasis, apenas doce páginas de las el Club d’Amics de la Unesco de Barcelona hizo una edición facsímil fechada el 12 de marzo de 1966.

Con todo, quizá la mejor caracterización de lo que significó la peculiar librería Tasis en la posguerra sea la que hizo el librero, escritor y gestor cultural Salvador Balcells:

Este espacio se convirtió en un centro neurálgico del catalanismo cultural y literario de la posguerra. En los años cincuenta y sesenta, con un hombre como él al frente –un divulgador cultural, un intelectual comprometido y un luchador constante– la librería se convirtió en un punto de encuentro y en un centro de iniciativas patriotas de todo tipo. Ya se recibían originales que se presentaban a los premios Joan Santamaria, como se reunían los miembos del Institut d’Estudis Catalans o se vendían boletos para asistir a una cena de homenaje a Carles Riba. Como el Barça, era más que una librería.

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De izquierda a derecha: Rafael Tasis, Sebastià Gasch, Antoni Vancells, Andreu-Avel·lí Artís i Tomàs (Sempronio) y Josep M. Boixareu.

Nota: Todas las traducciones de las citas son mías. El legado documental de Rafael Tasis se ecuentra en la Biblioteca d’Humanitats de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Fuentes:

Montserrat Bacardí y Francesc Foguet, «Teoria d’exili», en Rafael Tasis, Les raons de l’exili, Valls, Cossetània (Memòria del Segle XX 19), pp. 5-40.

Salvador Balcells, «Rafael Tasis, els fonaments d´un gènere», Ítaca. Revista de Filologia, núm. 5 (2014), pp. 215-227.

Ferran Canyameres, Obra completa VI: Epistolari, 1939-1951, Barcelona, Columna, 2006.

Escáner_20160302Sílvia Coll-Vinent, «Rafael Tasis, traductor i divulgador literari», Quaderns. Revista de Traducció, núm. 14 (2007), pp.  95-104.

Carles Fontserè, «La fi del món a París», Revista de Girona, Girona, Año XXXV, núm. 136 (septiembre-octubre de 1989), pp. 49-51.

Miquel Guinart, Memòries d’un militant catalanista, Barcelona, Publicacions de l Abadia de Montserrat (Biblioteca Serra d’Or 73), 1988.

Francesc Parcerisas, «The Irish Poet and the British Gentleman», The Anglo-Catalan Society, 2002.

Mireia Sopena, Editar la memoria. L’etapa resistent de Pòrtic (1963-1976), Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat (Història Contemporània 366), 2006.

Rafael Tasis, «L’escriptor Joan Santamaria i el Premi Joan Santamaria», en Ferran Canyamares, El gos udolà a la mort, Barcelona, 1959, pp.7-32.

Canyameres, Simenon y Picasso en París

El 26 de junio de 1942 está fechado un documento por el cual el escritor y editor Ferran Canyameres (1898-1964) se hizo, por 40.000 francos, con los derechos de traducción al catalán y al castellano de las obras del narrador belga de expresión francesa Georges Simenon (1903-1989), a quien por carta había consultado acerca de la situación de esos derechos a principios de ese mismo año. Por muy poco, al parecer, Canyameres se adelantó a las intenciones de Carlos Sentís.

Georges Simenon

Según cuenta Gustau Erill i Pinyot en la minuciosa biografía que dedicó a Canyameres, finalmente se conocieron el 5 de marzo de 1942 cuando, al saber que el creador de Maigret estaba descontento con las traducciones peninsulares y deseoso de contar con un único traductor para su obra, le visitó en La Vendée.

Canyameres en su época bohemia.

Hasta entonces, la experiencia como editor de Canyameres (“un personaje de veras novelesco”, en palabras de Salvador Cardús) se limitaba a la obtenida durante su primera estancia en Francia en la preparación de la revista Plançons. Revue franco-catalane d´Art et de Litterature, de la que el número de marzo (en cuyo índice figuraban Marcel Sauvage, Guillaume Apollinaire, Joseph Rivière y el propio Canyameres entre otros) fue el único que llegó a publicarse, pese a anunciarse una periodicidad mensual. Sin embargo, Canyameres acumulaba una amplísima y heterogénea experiencia laboral, entre en la que en el ámbito de las letras se contaba su actividad como articulista, autor de novelas sentimentales y pornográficas (con seudónimo), como “negro” (o autor fantasma) de traductores y autores, empleado en Hachette primero como mensajero y posteriormente –a instancias de Vicente Blasco Ibáñez– como traductor, y como poeta.

Exiliado como consecuencia del resultado de la guerra civil española, y regresado a una Francia muy distinta a la que había conocido en sus años de bohemia, a Canyameres los derechos sobre las obras de Simenon le permitieron empezar a pensar seriamente en la posibilidad de convertirse en editor. Tras enrolar como administrador a Pere Ballbé, creó en París Edicions Albor, y en agosto de 1942 ya recibía la traducción de Joaquim Ventalló de Diario de Katherine Mansfield, una autora a la que Josep Janés había dado a conocer en la Península durante la guerra civil en su Biblioteca de la Rosa dels Vents.

La intención de editar en París traducciones al catalán con el propósito de poner a disposición de los exiliados y sobre todo de los catalanes del interior obras de calidad, y con la perspectiva de, en cuanto terminara la guerra y –convencido como estaba de que los aliados liberarían a España de Franco– proseguir su labor en Barcelona.

Rafael Tasis

Erill reproduce en su libro una interesantísima carta de julio de 1943 en la que Canyameres expone el proyecto al escritor Rafael Tasis (1906-1966):

Esta editorial, para las materias que lo requieran, se asesorará para los elementos técnicos que considere oportunos y solicitará la colaboración de ilustradores y escritores catalanes exiliados, tanto para las ediciones de sus obras inéditas como para la reedición de algunos autores clásicos o modernos de la literatura catalana.

La idea inicial era hacer ediciones dobles: una de bibliófilo destinada a la venta inmediata en Francia, y otra general destinada a los lectores de Cataluña, que quedó en agua de borrajas. Pero los primeros títulos responden realmente a los planteamientos anunciados en la carta citada: Tras publicar cincuenta ejemplares de Tot l´any. 12 estampes barcelonines (1945), de Rafael Tasis, con 13 litografías de Antoni Clavé, aparecieron en Arbor otros 55 de Paisatges (1945), que contiene 14 poemas de otros tantos autores (entre ellos, Josep Carner, Gabriel Alomar, Josep M. López-Picó, Joan Maragall…), con 14 litografías de Martí Bas (1910-1966) y prólogo de Feliu Elias (que lo firma como Joan Sacs), pero tiene además en marcha una buena media docena de obras en la que estaban implicados, además del impresor catalán afincado en París Julià Grifé, escritores como Just Cabot, Rafael Tasis, Antoni Romigosao Joan Reventós y artistas como Emili Grau-Sala, Joan Rebull, Pau Planas, Pablo Picasso…

Deux contes (1947), ilustrados por Picasso.

Mientras las traducciones de las obras de Simenon, a las que el propio Canyameres se ocupa de unificar el tono, avanza pero obtiene una moratoria para posponer su publicación hasta que pueda hacerlo en España, Canyameres publicará en Albor algunas obras excepcionales.

De 1947 es la edición de Deux Contes: Le Centaure Picador et Le Crepuscle d´un faune, de Joan Reventós y traducidos por Canyameres. Se trata de un volumen del que se tiraron 250 ejemplares en el que acompañaban los textos 4 grabados al buril a toda página obra de Picasso y otros varios en el texto, y que se distribuía en una bella caja de madera, atada con cinta. Es una versión lujosa del mismo texto que Albor publicó en catalán, y también con la colaboración, más modesta, de Picasso. Roger Lacourier fue quien imprimó esta pequeña joya.

Del año siguiente es Ofrena a París dels intelectuals catalans a l´exili, un volumen de 23 x 18, de 116 páginas, con 36 ilustraciones de Fermí Palau, Ignasi Vidal, Pere Creixams y Pablo Picasso entre otros, y grabados de Picasso, Feliu Elias, Eugeni Foz, etc. Los textos alternan poesía (Carner, Corominas) y prosa (Xuriguera, Pere Vigués).

Y también de 1949 es Barcelona a vol d´infant, de 33 x 26 (46 páginas), con frontispicio, viñetas, capitulares y culs-de-lampe de Emili Grau Sala, una serie de litografías en color que llevaron a cabo en prensa manual los impresores de arte Edmond y Jacques Desjobert, y que acabó Grifé. De este último título se tiraron cien ejemplares numerados en papel de hilo.

El estímulo inicial de Canyameres, publicar la obra Simenon, un valor seguro, y a partir de ahí dar entrada a la gran literatura europea en la Península, se vio frustrada por la actitud de las potencias aliadas ante la dictadura franquista. Ya en 1949, llegó a un acuerdo con la editorial Aymá para que empezaran a publicar en castellano, en una colección Albor, las obras de Simenon que tenía listas para imprimir, a la espera de que pudiera trasladar su Albor a Bareclona (circunstancia que se dio en 1952).

Sin embargo, la espléndida labor que llevó a cabo Canyameres en París como editor de libros excepcionales sigue siendo, pese al excelente trabajo de Erill, muy poco apreciado y valorado.

Fuentes

Canyameres en su madurez.

Jaume Aulet, “Ferran Canyameres. la trayectoria intelectual de un escritor catalán en el exilio francés”, Exils et migrations ibériques au xxe siècle,  núm. 6 (1999), pp. 227-247.

Ferran Canyameres, Diari íntim, Barcelona, Pòrtic, 1972.

Gustau Erill i Pinyot, Ferran Canyameres. Entre la memoria i l´oblit, Barcelona, Òmnium Cultural-Baula, 1999 (2ª ed.).

José Oliva, “Dos cartas inéditas de Simenon destacan en la BCNegra“, La Vanguardia, 31 de enero de 2014.

David Paradela López, “Simenon, entre Canyameres i Sentís“, El Trujumán, 20 de diciembre de 2011.

David Paradela López, “La traducción según Carlos Sentís“, Malapartiana, 27 d enero de 2012.

Xavier Pla, “Ferran Canyameres, la creació de l´Editorial Albor y la fábrica Simenon“, Quaderns. Revista de Traducció, núm. 16 (2009), pp. 75-86.