La celda del traductor

A Carme Barba, escritora sitgeana

VAlba

Victor Alba (Pere Pagès i Elies, 1916-2003).

Cuatro editoriales catalanas (Maucci, Janés, Nausica y Aymà) publicaron en la inmediata postguerra traducciones escritas por un preso. En aquellos años de censura y miedo, si publicar la obra de autores represaliados era ya arriesgado, más todavía lo era publicar a un preso condenado por “auxilio a la rebelión” (en otras palabras, mantenerse fiel a la legalidad republicana), por lo que, lógicamente, esos textos iban firmados con seudónimos: Boyd, Del Haya o Pedro Elías fueron tres de los que empleó en esa época Pere Pagès i Elies, más conocido como Víctor Alba, mientras estaba preso, primero en el Palacio de Misiones de Montjuïc y posteriormente en la cuarta galería de la cárcel Modelo. El método para crear o elegir el seudónimo del que se sirvió Víctor Alba como traductor no era por entonces muy original y es el mismo o muy parecido al que emplearon Pedro Pellicena Camacho (Pedro Camacho), Juan González Luaces (Juan G. de Luaces) o Lluis Palazón i Bertràn (Luis Ignacio Bertrán).

Según el mismo Víctor Alba contó, en cuanto fue encarcelado, recién terminada la guerra, “en Misiones había hecho prácticas con Maurice Baring y Chesterton. Para Nausica traduje a las tres hermanas Brönte, la serie de los inocentes de Mark Twain y unos cuentos de Georges Moore”. Sin embargo, bastante más estremecedor es el escalofriante ardid que se ingenió el joven periodista y activista del POUM para conseguir un espacio donde traducir y, además, escribir obra propia. Según lo cuenta el mismo Víctor Alba en sus originalísimas memorias, se cortaba las encías con una hoja de afeitar para hacer creer que era tísico y así lograba que le aislaran en una celda propia, que con el tiempo llegó a proveer de libros y diccionarios. Y como el tiempo era precisamente lo que le sobraba, lo aprovechó bien.

Me puse a escribir novelas del Oeste y rosas, que Maucci publicaba con nombres de autores falsos y novelas propias: una sobre un valle habitado por ciegos (inspirada en un cuento de Wells), otra sobre un resistente perseguido (que se publicó años después, como anónima, con el título “La vida inviolable” [México, Costa-Amic, 1957]) y muchos cuentos Recuerdo una serie, “Los barrios”, con un relato por cada barrio de Barcelona, cuentos para niños, “Leyendas imposibles”, y sátira, “Fábulas inoportunas”. Excepto las traducciones, nada de esto se publicó [en realidad, varios de los cuentos escritos en prisión se publicaron luego en revistas catalanas de América].

Víctor Alba escribía apretadamente en el papel que conseguía hacer entrar en prisión (previo pago al mutilado de guerra de turno), y luego su esposa pasaba los originales a máquina, por los que le pagaban 500 pesetas cada una de las tres editoriales para las que traducía (Nausica, Aymà y Janés).

Cubierta de La época de los tres Jorges a través de la correspondencia de Horace Walpole, cuya traducción y notas firma un Pedro Elías que no es otro que Víctor Alba (es decir, Pere Pagès i Elies).

El contacto con Josep Janés i Olivé lo estableció a través de quien había sido uno de sus profesores en la mítica Escola del Mar, el doctor Alfonso Nadal Sauquet (hijo de un buen traductor del ruso, Alfonso Nadal, y cuñado de Janés), quien, en cuanto supo que estaba buscando traducciones hizo de puente para que, además de traducir a Mark Twain (Un yanqui en la corte del rey Artús, septiembre de 1943, y La vida dura, 1944), el teatro de Bontempelli (Nuestra diosa comedia, 1942) o las cartas, anotadas por el mismo Alba, de Horace Walpole (La época de los tres Jorges, 1943), les propusiera obras libres de derechos.

Imágenes de sobrecubierta, lomo y portada de la Historia de la penicilina, de Alfonso Nadal Sauquet, que Janés le publicó en 1946 en la colección La Aventura del Hombre, de Ediciones Lauro.

Cuando salió de prisión, y mientras dirigía la revista clandestina Solidaridad Obrera, de la que entre 1943 y 1945 se publicaron dieciocho números que pueden consultarse en la Casa de l´Ardiaca, Víctor Alba prosiguió su relación profesional con Janés, y de ello ha dejado un testimonio que pone de manifiesto el exquisito trato que por entonces tenía Janés con sus colaboradores, aun cuando se trataba de gente ideológicamente tan alejada

En 1996, Laertes publicó Sísifo y su tiempo. Memorias de un cabreado (1916-1996), las excelentes e interesantísimas memorias de Víctor Alba, que en catalán había publicado la misma editorial en dos volúmenes: Costa avall (1990) y Costa amunt (1990).

de él: “Cuando iba a entregar alguna traducción, Janés me hacía pasar al comedor a tomar café con su esposa Esther [Nadal Sauquet], una de las mujeres más deslumbrantes que he conocido. Me parecía imposible que me tomaran en serio, aun cuando ya tenía veintiséis años”. Además de traducir a Defoe, Maurois y otros para los Aymà, inició tratos también con Josep Miracle, a quien se lo presentó telefónicamente Janés, y para él tradujo un Tobias Smollet que no llegó a publicarse y un relato de Richard Jefferies.

A aquellas alturas, Víctor Alba era capaz de manejarse lo suficientemente bien, pues, con el español, el francés, el inglés y el italiano, lenguas todas ellas en las que más adelante escribiría, pero la primera traducción que hizo en el exilio fue del catalán al francés, y nada menos que el Cant espiritual y Soleiada, de Joan Maragall, que publicó Le Cheval de Troie (revista de Gallimard) y que escribió a cuatro manos con un colaborador de lujo: su amigo de Combat Albert Camus (de quien en 1913 se cumple el centenario). Quien, todo sea dicho ni que sea de paso, calificó de merde la novela escrita en prisión por Víctor Alba, La vida inviolable.

Fuentes:

Víctor Alba me concedió una extensa entrevista en su casa de Sitges el primero de febrero de 1996 que conservo grabada en cinta magnetofónica y de la que procede parte de la información aquí recogida.

Víctor Alba, “Quan Janés donava feina als escriptors malvistos”, Avui (17 de septiembre de 1986), p. 18.

Víctor Alba, Sísif i el seu temps I. Costa avall, Barcelona, Laertes, 1990.

Victor Alba” en  Manuel Aznar Soler, dir., Diccionario bio-bibliográfico de los escritores del exilio republicano de 1939.

Hurtley, “Josep Janés periodista”, Serra d´Or núm. 304 (15 de enero de 1985), pp. 43-45.

Vicenç Riera Llorca, “Víctor Alba”, en Nou obstinats, Selecta (Biblioteca Selecta 449; Assaigs XLI), 1971, pp. 149-173.

Anuncios

3 pensamientos en “La celda del traductor

    • Certament, les seves memòries es poden llegir com una novel·la, són molt apassionants i tenen un estil molt propi. Em sembla un personatge riquíssim i una persona inoblidable. Quan jo el vaig conèixer, ja gran, tenia muntada una tertulia a l´Ateneu Barcelonès no pas amb velles patums sino només amb joves universitaris. Va ser un xaval tota la vida!

  1. Pingback: Joaquín Maurín, el traductor y su sombra | negritasycursivas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s