Ediciones Antisectarias

En un libro de 1987, el que durante muchos años fuera director de la Biblioteca Nacional, Hipólito Escolar, ya insinuaba el vínculo entre las Ediciones Antisectarias y los orígenes remotos de la editorial Lumen, lo que, dadas las características de una y otra empresa y sobre todo sus muy distintas relaciones con la censura, no es sino una de las paradojas más suculentas de la historia de la edición española.

A las Ediciones Antisectarias de Joan Tusquets i Terrats (1901-1998) se refiere su sobrina Esther Tusquets (1936-2012) en el primer volumen de sus memorias, sin mencionarlas explícitamente, del siguiente modo:

El reverendo Juan Tusquets, más tarde monseñor Tusquets, que había estado en contacto el año 36 con los militares amotinados y mantenía relaciones con Franco, había conseguido, al comenzar la guerra, huir a Burgos, y había iniciado allí una editorial de libros religiosos. Nunca llegué a preguntarle, quizá porque no me había planteado siquiera la cuestión, qué peregrina ocurrencia le había inducido a fundar, en plena contienda, cuando se luchaba en todos los frentes y la gente moría a mansalva y había sin duda cometidos mucho más apremiantes, una empresa de este tipo.

Aun cuando se licenció en Filosofía en Lovaina y Valladolid y en 1926 fue ordenado sacerdote, Joan Tusquets mostró muy pronto un vivo interés por la palabra escrita, y en 1927 publicaba ya El Teosofisme, al que seguiría el año siguiente Assaigs de crítica filosòfica (1928), en las Edicions de la Nova Revista, al tiempo que iniciaba una intensa campaña contra el teosofismo, que posteriormente se ampliaría al rotarismo, el espiritismo, las sociedades nudistas, los vegetarianos, los defensores del esperanto y, por supuesto, a cualquier derivado del marxismo o del anarquismo. Al año siguiente dirigía ya su primera publicación periódica, Formació catequística (1929-1936), de la Junta Superior Catequística de Barcelona, de la que se imprimía también una edición en español; y, lo que es más importante, actuó como censor religioso y su nombre figura al pie de varios libros infantiles de aquellos años entre los que se cuentan, por ejemplo, Faules i moralitats, del sacerdote Joan Puntí i Collell (1886-1962) e ilustrado con cien dibujos del célebre ilustrador de libros [Joan García] Junceda (1881-1948), volumen con el que en 1929 se estrenaba la Col·lecció Roselles de la Editorial Balmes.

Aun así, la fama de Joan Tusquets en Cataluña alcanzó su cénit cuando en dos publicaciones en español de 1932, Orígenes de la Revolución Española  y Los poderes ocultos en España: Los Protocolos y su aplicación a España. Infiltraciones masónicas en el catalanismo ¿El señor Macià es masón?, señalaba falsamente al por entonces ya septuagenario presidente de la Generalitat de Catalunya, Francesc Macià (1859-1933), como perteneciente a la Masonería. Ambas obras, así como Formació catequística, salieron de la Casa de Arte Católico de José Vilamala Galobardes (1876-1959), que por entonces había simplificado ya su nombre a Editorial Vilamala, y dieron pie a una intensa y dura polémica que puede seguirse en El Correo Catalán, del que era colaborador Tusquets, y La Vanguardia.

En ese mismo año Tusquets aparece como director, con Joaquim Guiu Bonastre (1898-1939) como secretario, de la Biblioteca Las Sectas, unos cuadernos anunciados como trimestrales, de unas doscientas páginas, de los que llegaron a aparecer quince números entre 1932 y 1935, cuyos índices pueden consultarse en filosofía.org y que se presentaban como una continuación y ampliación de Orígenes de la Revolución española. Antes de concluir esta colección, en 1934, Tusquets tuvo oportunidad de hacer una visita al recién creado campo de concentración de Dachau durante un viaje auspiciado por la Asociación Antimasónica Internacional.

Anuncio aparecido en La Vanguardia del 12 de junio de 1932.

Al producirse el levantamiento militar el 19 julio de 1936, inicialmente sofocado en Barcelona, huyó el día 30 con pasaporte portugués a bordo de un mercante alemán que le dejó en Génova, de allí pasó a Roma y de la capital italiana, siempre por tierra, viajó hasta la zona dominada por los sublevados. Al parecer, allí puso (y aumentó) los datos que había acumulado sobre indicios que señalaban a los más diversos personajes como masones, judíos o marxistas (acaso ocupándose, con el grado de alférez-sacerdote, de la sección antimasónica del Servicio de Información Militar, los servicios secretos franquistas); con todo, lo que aquí interesa es que publicó e intervino como asesor religioso de la revista juvenil falangista publicada en San Sebastián Pelayos, y posteriormente, en Burgos, además de frecuentar al general Mola y a Franco (de cuya hija Carmen fue preceptor) y afiliarse a la Falange Española, fundó a finales de 1936 las Ediciones Antisectarias.

Portada de un volumen de la Biblioteca Las Sectas.

Los volúmenes, opúsculos y folletos de las Ediciones Antisectarias se imprimían en los talleres burgaleses de los Hijos de Santiago Rodríguez, que da nombre también una de las librerías más antiguas de España, y solían tirar 10.000 ejemplares de los libros, aunque alguno llegó incluso a los 30.000, a un precio muy moderado que oscilaba entre la peseta y la peseta y media (muy consecuente con el propósito propagandístico que las alentaba). Se publicaron una decena de muy elocuentes títulos numerados, empezando con La Francmasonería, crimen de lesa patria, de Tusquets, y concluyendo con La Masonería y la pérdida de las colonias, de Primitivo Ibáñez Argote, quien en 1955 (siendo capellán de la prisión de Vitoria) publicó Yo vi ejecutar al «buen ladrón» del siglo XX en la histórica Imprenta Egaña (donde se había impreso, por ejemplo, la segunda época del decimonónico «periódico católico-monárquico de Vitoria» La Buena Causa, del Círculo Carlista Alavés).

Sin embargo, además de los numerados se publicaron en las Ediciones Antisectarias muchos otros volúmenes (Lágrimas y sonrisas, de Antonio Pérez de Olaguer [1907-1968], Rasgos inéditos de Fernando de los Ríos, de Francisco de Vélez, o Masones y pacifistas, de Tusquets), hasta formar un total de una veintena entre los que los más conocidos quizá sean, además de los mencionados, Masonería y separatismo (1937), de Tusquets, y los de Antonio Pérez de Olaguer (1907-1968) El terror rojo en Cataluña (1937) y El Terror rojo en Andalucía (1938).

No obstante, uno de los libros que resulta más interesante para establecer la continuidad entre esta editorial y Lumen es sin duda la biografía escrita por Pérez de Olaguer del sacerdote de origen mexicano El padre Pro, precursor, centrada en el personaje que ha pasado a la historia por haber gritado, en el momento de ser fusilado, “¡Viva Cristo Rey!”

Anunciado en la contracubierta de varios libros de las Ediciones Antisectarias, la primera edición de esta biografía apareció ya concluida la guerra, en 1940 y en Barcelona, y con el sello de Lumen, cuyo director era Juan Tusquets. Otro dato que refuerza este vínculo es que quien en marzo de 1939 figuraba como propietario de Ediciones Antisectarias y el de Lumen en el verano de 1940 es la misma persona, Carlos Tusquets Terrats, hermano de Juan.

Masones y pacifistas, de Juan Tusquets, con prólogo del cuñado de Carmen Polo (esposa de Francisco Franco), Ramón Serrano Suñer.

A partir de los años cuarenta, Juan Tusquets atenuó un poco su antimasonismo para centrarse sobre todo en la catequesis y a partir de 1956 en su cátedra en la Universidad de Barcelona, así como en la escritura y publicación (a menudo en Lumen) de obras como Crítica de las religiones (1948) o Ramon Llull, pedagogo de la Cristiandad (1954), aunque quizás su título más memorable sea la colaboración en Tarzán contra Robot (Oikos-Tau, 1986), pero tuvo también tiempo para ocuparse de la dirección de publicaciones periódicas como Formación catequista o Perspectivas pedagógicas. En algún momento, según recuerda Esther Tusquets sin precisarlo, debió de ceder la dirección de Lumen a otro de sus familiares: «La dirigía el marido de una de mis tías —Guillermo Jurnet, que siguió trabajando con nosotros hasta una tardía jubilación—, la supervisaba mi tío Juan, el cura, y había invertido el dinero otro de mis tíos».

La reimpresión de exitosos catequismos y libros de tema religioso se convirtió en un soporte económico seguro que, en alguna medida, permitió que en los primeros años sesenta un pequeño grupo de entusiastas sin ninguna experiencia en el mundo del libro, con Esther Tusquets a la cabeza, reconvirtiera por completo la editorial Lumen, inicialmente con libros infantiles ilustrados (algunos de ellos traducidos por la propia Esther) y posteriormente con una colección tan rompedora como Palabra e Imagen que daría paso a otras igualmente conocidas, recordadas e incluso añoradas (muchas de ellas, por cierto, toparon a menudo con la censura franquista).

Fuentes:

Lluis Bonada, «Joan Tusquets», Avui, 28 de febrero de 1990, p. 12.

Jordi Canal, «Las campañas antisectarias de Juan Tusquets (1927-1939): Una aproximación a los orígenes del contubernio judeo-masónico-comunista en España», en José Antonio Ferrer Benemeli, coord., La masonería en la España del siglo XX, vol. II, Universidad de Castilla-La Mancha, 1996, pp. 1193-1214; incorporado como capítulo de Jordi Canal, Banderas blancas, boinas rojas. Una historia política del carilsmo, 1876-1939, Madrid, Marcial Pons, 2006, pp. 293-322.

Javier Domínguez Arribas, El enemigo judeo-masónico en la propaganda franquista (1936-1945), Madrid, Marcial Pons, 2009.

Hipólito Escolar, La cultura durante la guerra civil, Madrid, Alhambra (Estudios 38), 1987.

Ana Martínez Rus, ««La represión cultural: libros destruidos, bibliotecas depuradas y lecturas vigiladas», en Julio Arostegui, coord., Franco: la represión como sistema, Madrid, Barcelona, Flor del Viento, 2012, pp. 365-415.

Paul Preston, «Una contribución catalana al mito del contubernio judeo-masónico-bolchevique», traducción del inglés de Sandra Souto Kustrín, Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea, núm. 7 (2007), incorporado luego a España en la guerra civil europea. Contribuciones de un hispanista, Universitat de València, 2017.

Ignasi Riera, Els catalans de Franco, Barcelona, Plaza & Janés, 1998.

Esther Tusquets, Confesiones de una editora poco mentirosa, Barcelona, RqueR, 2005.

Conrad Vilanou Torrano, «La pedagogía culturalista de Juan Tusquets», Revista Española de Pedagogía, núm. 220 (septiembre-diciembre de 2001), pp. 421-437.

 

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La “edición histérica” de Tusquets Editores

A la editorial Círculo de Tiza, con los mejores deseos.

La miríada de pequeñas editoriales independientes surgidas en los últimos diez años en el ámbito de la edición literaria en lengua española (Minúscula, Páginas de Espuma, Libros del Asteroide, Malpaso, Blackie Books, etc.) ha mantenido una relación ambivalente con el trío de editoriales de referencia capitaneadas por miembros de la generación anterior, como Esther Tusquets (Lumen), Beatriz de Moura (Tusquets Editores) y Jorge Herralde (Anagrama), a los que probablemente podrían añadirse otros ejemplos (Manuel Borràs, de Pre-Textos, o Jaume Vallcorba y sus Quaderns Crema y El Acantilado), quienes a su vez han reconocido el magisterio, entre los editores españoles, de Carlos Barral y Josep M. Castellet.

Beatriz de Moura (Tusquets Editores) y Jorge Herralde (Anagrama).

Por un lado, no hay duda de que en muchas ocasiones los editores de estas nuevas iniciativas han dejado constancia de su respeto e incluso de su admiración por sus precedentes, pero en cierto modo surge aquí y allá de vez en cuando una cierta tendencia “matar al padre” que se expresa en forma de un cierto desdén o de una acaso injusta comparación entre el contexto cultural de los años sesenta-setenta y los primeros de este siglo.

Cartas abisinias (1880-1891), seleccionadas, prologadas y anotadas por Francesc Parcerisas (núm. 47; 1974).

Pese a ello, es muy probable que haya un consenso en otorgar un carácter ejemplar y modélico a una de las colecciones con que se presentó en sociedad Tusquets Editores, los Cuadernos Ínfimos (1969-1993), en particular en sus primeros años.

Mientras trabajaba en Lumen con Esther Tusquets, en 1968 Beatriz de Moura había advertido que algunas obras de grandes autores que no carecían en absoluto de interés eran desdeñadas por los editores españoles debido a su exigua extensión. Sin embargo, en Lumen no vieron claro el proyecto que había imaginado Beatriz de Moira a partir de esta constatación (que se plasmaría en Cuadernos Ínfimos y Marginales), así es que la joven editora de origen brasileño se lió la manta a la cabeza y creó, con 165.000 pesetas (1.200 dólares) aportadas por su entonces marido Oscar Tusquets, la editorial necesaria para llevar a buen puerto su proyecto, y adoptó el nombre de Tusquets para evitar posibles coincidencias que pudieran desembocar en demandas. Inicialmente, el buen rollo o fair play hizo que pudiera además distribuirlos a través de Lumen.

La sede inicial de la empresa fue la sala de estar de Beatriz de Moura, quien había alquilado al padre de Esther Tusquets –Magí Tusquets, que se ganó un puesto en la historia editorial al comprar las burgalesas Ediciones Antisectarias Lumen y dejarla en manos de su hija–, una vivienda en el tercer piso en el número 52 de lo que por entonces era la avenida Hospital Militar, y allí permanecería desde el otoño de 1968 hasta finales de la década.

Los poetas surrealistas españoles (núm. 26; 1971), cuya portada es un guiño, nunca mejor dicho, a la peli de Buñuel Un chien andalou.

El estreno de la otra colección que nació simultáneamente, Marginales, fue realmente espectacular: los textos dispersos de Samuel Beckett (1906-1989) reunidos en Residua (“De una obra inacabada”, “Basta”, “Imaginación muerta imagina” y “Bing”), traducidos y prologados por Félix de Azúa. El Premio Nobel de Literatura que ese mismo año 1969 se otorgó al gran dramaturgo irlandés, “por su escritura que, renovando las formas de la novela y el drama, adquiere su grandeza a partir de la indigencia moral del hombre moderno” se encuentra entre los más inesperados que ha concedido la Academia sueca, y sin duda debió de ser un respaldo extraordinario para un libro de semejantes características.

Los Cuadernos Ínfimos, por su parte, se estrenaron con un libro sobre el cineasta Marco Bellochio. Polémica Pasolini-Belocchio. I pugni in Tasca, en selección, traducción y notas de Ricardo Muñoz Suay (1917-1997) y Michele Pousa. Y ese mismo año 1969 la colección empezó a dejar claro por donde iban los tiros:

  1. Buster Keaton, de Marcel Oms (en traducción de J.E. Lahosa).
  2. Tres aspectos de matemáticas y diseño. La estructura del medio ambiente, de Christopher Alexander (traducido por la propia Beatriz de Moura).
  3. Godard polémico, de Román Gubern.
  4. Arquitectura española de la segunda República, de Oriol Bohigas.
  5. La secuestrada de Poitiers, de André Gide (en traducción de Michèlle Pousa y con una introducción de Muñoz Suay).

 

Mujer en el espejo… (núm. 40; 1973).

Umberto Eco, Antonio Gramsci, Tom Wolfe, Serguei Eisenstein, James Joyce, Jonathan Swift, Witold Gombrowicz William Faulkner, Juan José Arreola, Mario Benedetti, Antonin Artaud, Tristan Tzara, Roland Barthes, Robert Musil, E. M. Cioran o Severo Sarduy fueron sólo algunos de los autores que se publicaron en esta colección antes de la muerte del dictador Francisco Franco, pero los primeros títulos sirven ya para toparse con algunos de los nombres importantes que contribuyeron activa y desinteresadamente en el éxito de esta colección, que no tardó en estructurarse en series que fueron temporalmente dirigidas por Xavier Sust (Arquitectura), Ricardo Muñoz Suay (serie Cotidiana), Joan Enric Lahosa y Pere Fages  (Cine, entendido como arte) y a los que se unirían luego Alicia Roig (Psicoanálisis) y Sergio Pitol (Los Heterodoxos).

La propia Beatriz de Moura ha recurrido al sintagma “colección histérica” para describir esta heterogeneidad dentro de la heterodoxia que pregonaba la editorial y esta colección en particular, pero explica también en detalle los objetivos que se planteaba inicialmente como editora:

reivindicar las vanguardias literarias de nuestro siglo [el xx) y la literatura que, no por marginada,  minoritaria e incluso “maldita”, deja de ser menos importante; aportar elementos para un debate vivo, activo, en el terreno de la cultura, de las ideas, mediante textos refractarios a las ortodoxias vigentes y que suscitaran polémica, y publicar la narrativa de autores españoles e hispanoamericanos.

Homenaje a King Kong (núm. 41; 1973). Al tirar de la lengüeta superior, King Kong mueve la lengua.

Sin duda, queda claro el espacio que venían a ocupar los Caudernos Ínfimos, cuyo diseño, el mismo año de su estreno, les valió a los arquitectos Lluis Clotet y Oscar Tusquets el premio FAD de la Agrupación de Diseño Industrial. Fieles a su nombre, y fácilmente reconocibles por el predominio del color plata en sus cubiertas, se trata de pequeños y breves volúmenes (11 x 18 cm de alrededor de cien páginas) encuadernados en rústica y fresados (sólo a partir de 1985 empiezan a publicarse cosidos), que poco a poco van presentando portadas con algunas novedades muy pop, muy irónicas y comercialmente atractivas (troquelados, cortes, juegos con el color…). Así lo ha contado Oscar Tusquets:

Una edición de textos ínfimos que decidimos caracterizar no por su diseño sino por su material: cartulina plateada. En ella, limitados por unos medios precarios y un escaso conocimiento gráfico, pero llevados por cierta osadía juvenil, arriesgamos varios experimentos […]. No creo que hoy pudiésemos hacer algo mejor.

Y también la propia Beatriz de Moura se ha referido a ello y a estos “experimentos”:

En los primeros años intentamos suplir la carencia económica con un gran derroche imaginativo: libros cuya tapa debe leerse reflejada en un espejo [alude a Mujer en el espejo contemplando el paisaje (1973), de Enrique Vila-Matas], libros en perspectiva, troquelados [Groucho y yo (1972); Manera de una psique sin cuerpo (1973), de Macedonio Fernández)], rasgados [Poetas surrealistas españoles (1971), de Vittorio Bodini y traducido por Carlos Manzano] e incluso con movimiento [Homenaje a King Kong (1974), libro colectivo preparado por Romà Gubern] Ahora bien, papel, impresión y encuadernación eran simplemente lamentables, reventaban todos los presupuestos; en realidad, hasta entrados los años ochenta no hemos podido alcanzar en la producción el nivel de calidad que hubiéramos deseado desde el principio.

Cubierta de Groucho y yo (núm 79; 1972), troquelada en la parte correspondiente a las gafas, en la que puede verse la imagen del personaje.

A Clotet y Tusquets habría que agregar los nombres de Loredano (autor de algunas ilustraciones de cubierta y de material promocional de la colección) y Enric Satué (que diseñó pósters promocionales), entre otros. Las tiradas rondaban inicialmente los 3.000 ejemplares, y si la joya que permitió la continuidad de Marginales fue el enorme éxito del Diario de un náufrago, de Gabriel García Márzquez (aún hoy empleado en institutos de enseñanza por los valores éticos y literarios que transmite), en el caso de la colección plateada los mayores impulsores, quienes permitieron dar continuidad a la colección, fueron sobre todo los disparatados libros de Groucho Marx y los textos humorísticos y guiones de Woody Allen, bastante antes de que se convirtiera en un cineasta de masas.

Portada de Gorucho y yo, en la que puede verse al autor.

Esos éxitos permitieron llevar a cabo otra de las líneas señaladas por Beatriz de Moura, publicar  autores españoles e hispanoamericanos nuevos o cuya obra tenía por entonces poca repercusión, como Enrique Vila-Matas, Héctor Bianciotti, Saúl Yurkievich, Manuel Serrat Crespo, Leopoldo María Panero o Cristina Fernández Cubas, quien ha contado las circunstancias que desembocaron en la publicación de su primer libro de cuentos:

Yo soñaba precisamente con Tusquets, con la colección Cuadernos ínfimos, aquellos libritos plateados que ocupaban un lugar importante en mis estanterías y que se me aparecían, sobre todo, como el lugar idóneo para publicar los cuatro cuentos reunidos en Mi hermana Elba. (…) Y aunque tuve que esperar un cierto tiempo, también en este punto tuve suerte. Woody Allen y Groucho Marx, involuntarios padrinos de mi obra, se encargaron de acortar el plazo. Sus libros habían resultado un éxito, y la editorial –una pequeña-gran editorial entonces– pudo permitirse el lujo, en malos tiempos, de apostar por una perfecta desconocida. Mi Hermana Elba, pues, apareció finalmente en octubre de 1980, en Cuadernos ínfimos, aquellos libritos plateados, con una sugerente cubierta de Claret Serrahima. En el momento en que la vi me pareció “mágica”. Hoy, tantísimos años después, sigo pensando lo mismo.

La asesina ilustrada, de Vila-Matas (núm. 80; 1977).

No es el caso en cambio de Juan Marsé, cuya publicación de Señoras y señores (núm. 136, 1987) cuando ya tenía una sólida reputación como novelista responde más a la estrategia de publicar obra olvidada de grandes autores que ya definía a la colección desde sus primeros tiempos. La publicación de los cuentos que componen Mi hermana Elba llegó además poco después de que la obra de Michel Dansel Nuestras hermanas las ratas (núm. 90, 1979) fuera galardonada por el Instituto de Investigaciones Leprológicas de Rosario (Argentina), lo que da fe de la incombustible heterogeneidad de la colección. Pero no todo fue un camino de rosas para llegar hasta allí. Ateniendo a las fechas de publicación de las obras se advierten ciertos vaivenes sin duda significativos: en 1969 se publican los seis títulos ya mencionados, y a partir de entonces la cadencia es la siguiente: 1970 (12), 1971 (8), 1972 (11), 1973 (9), 1974 (11), 1975 (11), 1976 (7), 1977 (4), 1978 (4), 1979 (4), 1980 (4), 1981 (8), 1982 (2), 1983 (9), 1984 (12), 1985 (3), 1986 (3), 1987 (4) y un solo título en 1988, 1992 y 1993: Lady sings the Blues, de Billie Holiday, y los guiones de Woody Allen Delitos y faltas y Maridos y mujeres, respectivamente.

Portada, a color, de El Caníbal (Ceremonia antropofágica), (núm. 45, volumen doble, 1973).

Por fortuna, una treintena larga de los libros de esta colección siguen aún hoy disponibles en el catálogo de Tusquets, y muchos otros de los textos se han pasado a otras colecciones (Metatemas y Fábula, sobre todo) y están también disponibles, en algunos casos en volúmenes que compendian varios de los cuadernos. Es evidente que en la concepción de una colección hoy mítica como Cuadernos Ínfimos está el germen –o como mínimo un ilustre antecedente– de muchos planteamientos que han contribuido al merecido éxito de algunas editoriales literarias independientes.

Sobre la estupidez, de Musil y prologado por Aloisio Rendi (núm. 49, medio volumen; 1974).

Fuentes:

Beatriz de Moura: Como antes, como siempre, web Tusquets (vídeo).

Big bang (núm. 57; 1974).

AA.VV., Conversaciones con editores en primera persona, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2006, pp. 173-206.

Luisa Bonilla, “La vida de los libros. Entrevista con Beatriz de Moura“, Letras Libres, enero de 2010.

José Ignacio Fernández, “Beatriz de Moura, la chica de los leotardos negros”, Círculo Cultural Faroni, 24 octubre 1212.

Ángel S. Hardinguey, “El placer de vivir entre libros (entrevista a Beatriz de Moura)“, El País, 1 de ocutubre de 2006.

Xavier Moret, “Tusquets Editores”, en Tiempo de editores. Historia de la edición en España, 1939-1975, Barcelona, Destino (Imago Mundi 19), 2002.

Tusquets Editores, Tusquets Editores 40 años. 1969-2009, Barcelona, Tusquets Editores (edición no venal), 2009.

Fernando Valls, “La fiesta de Tusquets”, La nave de los locos, 18 de junio de 2009.

Fenomenología del kitsch. Una aportación antropológica, de Ludwig Giesz (núm. 39, volumen doble; 1973).

El maquetista (o diagramador) creativo y sus excesos

 

La colección de Lumen Palabra e Imagen es sin duda una de las cumbres de la edición española del siglo xx, una colección casi legendaria, y probablemente han contribuido a ello dos motivos en particular. Por un lado, como dejó escrito su editora, a que “fue seguramente, sobre todo por el diseño, la más hermosa que se hizo en Lumen”, pero también porque el planteamiento general por el que se regía era original, acertado y tan atinado como oportuno en los años sesenta, y que explicado por un compañero generacional de Tusquets, Jorge Herralde, se resume en que fue “una estupenda y gloriosa colección en la que el texto, programáticamente, tendría igual importancia que la imagen, una colección que sólo una editorial amateur, amateur en el mejor sentido, podría atreverse a emprender”.

Lomos de Palabra e Imagen

Lomos de Palabra e Imagen

En un análisis más detenido y técnico de la colección, Pedro Fernández Melero (bibliotecario de la Real Sociedad Fotográfica) lo explica del siguiente modo:

Lo más novedoso de la colección es que los autores literarios y los fotográficos no mantienen una relación de dependencia de los unos sobre los otros, los literatos no acompañan con sus palabras unas fotografías mejor o peor elegidas, ni los fotógrafos ilustran unos textos de grandes escritores, que lo son; la cuestión es más bien que ambos artistas, con sus medios, nos dan su visión personal, a veces complementaria pero nunca uniforme, de los temas elegidos, la mayoría de ellos políticamente incorrectos (caza, boxeo, putas, toros…), sobre todo si tenemos en cuenta la época.

Uno de los libros emblemáticos de esta colección, crème de la crème, es el número 17 con el que se cerró durante varios años la colección, Luces y sombras del flamenco, con 144 páginas con texto de José Maria Caballero Bonald (n. 1926) impreso en papel de color naranja teja, y 108 de fotografías en blanco y negro de Colita (Isabel Steva, 1940) sobre papel cuché. Galderich destacó recientemente la fuerza expresiva de las imágenes, la belleza del libro en su conjunto y el interés sociológico de la obra en Luces y sombras del flamenco, de Caballero Bonald i Colita, l´essència del flamenc, donde pueden verse varias, muy buenas y espléndidamente reproducidas imágenes del libro.

Cubierta de la primera edición

En el año 1988, la editorial sevillana Algaida hizo una edición sólo del texto, revisado, ampliado y actualizado por el autor (149 pp. 20 cm), y en 2006, la Fundación José Manuel Lara llevó a cabo una auténtica nueva edición de esta obra, con fotos adicionales fechadas hasta en 2003 y una nueva actualización del texto publicado por Algaida (344 pp. 26 cm). Sin embargo, menos conocida es una segunda edición el Lumen de 1997 (281 pp+ fe de erratas, 31 cm) que una sentencia del 10 de septiembre de 2001 de la Audiencia Provincial de Barcelona obligó a retirar y destruir.

Tras una primera sentencia del Juzgado de Primera Instancia n. 43 de Barcelona dictada por Juan F. Garnica Martín, el 10 de septiembre de 2001 José Ramón Ferrándiz Gabriel firmaba una sentencia en la sección 15 de la Audiencia Provincial de Barcelona en base al peritaje que habían llevado a cabo el técnico editorial Antoni Campaña y el ingeniero Pere Arderiu. La demanda oartía del hecho de que, contraviniendo la Ley de la Propiedad Intelectual vigente, Colita no había tenido oportunidad de ver pruebas de la maqueta, y por consiguiente no se había podido corregir ni la alteración del orden de las fotografías, que respondía al criterio de un nuevo maquetista, ni los errores en algunos pies de foto, ni la modificación del encuadre de varias imágenes, así como una impresión en la que se había perdido la escala de grises de las fotografías originales.

Francisco Hidalgo

La fotógrafa había aportado informes sobre los errores en el texto del flamencólogo y director de la colección de flamenco de Ediciones Carena Francisco Hidalgo, sobre las deficiencias de la impresión del director de la editorial Focal (especializada en fotografía) Salvador Rodés y sobre las alteraciones en los encuadres del reputado fotógrafo Miquel Galmés, y, tras el peritaje aludido, además de declarar resuelto el contrato, se aceptaba la petición de retirada y destrucción de los ejemplares existentes de esa edición, así como una indemnización a la autora, por vulneración del derecho moral al haber alterado su obra tal como ella la había concebido.

Como consecuencia de todo ello, a las especiales circunstancias que rodean tanto la colección como este título en particular, el hecho de que de esta segunda edición de Luces y sombras del flamenco fuera retirada de circulación hace que sea más rara y vaya más buscada incluso que la primera.

Fuentes:

Marcelo Caballero, “Palabra e Imagen: una combinación iniciática”, en Miradas complices el 12 de diciembre de 2011.

Pedro Espinosa, “Los buenos tiempos del arte“, El País, 2 de febrero de 2007.

Pedro Fernández Melero, “Serie Palabra e Imagen. Editorial Lumen” (Noviembre de 2008).

Galderich,  Luces y sombras del flamenco, de Caballero Bonald i Colita, l´essència del flamenc, PiscolabisLibrorum, 5 de julio de 2013.

Jorge Herralde, “Esther Tusquets editora”, texto leído en el homenaje de la Asociación Colegial de Escritores de Catalunya y publicado en Cuarto Poder aquí.

Galletas conmemorativas del cincuentenario de Lumen (1960-2010), de Florentine Cupcackes & Cookies. Tipografia perfecta sobre chocolate blanco.

Nota adicional:

Las sentencias a que se hacen referencia aluden a los artículos 14.4 (daño moral infligido a la reputación deñ autor por alteración de la obra original sin su consentimiento) y 64.2 (obligación de somenter las pruebas a la aprobación del autor) de la Ley de la Propiedad Intelectual. Sólo he hallado una nota de la redacción de L´Agenda de la Imatge (año VII, n. 26, cuarto trimestre de 2001, p. 49-50), publicación de la Unió de Profesionals de la Imatge i la Fotografia de Catalunya, que se hiciera eco en su momento de la resolución final de este conflicto. Para una descripción más detallada de cada uno de estas ediciones me he servido del catálogo de la Biblioteca Nacional de España.

Lara, Janés y la vocación de Santiago Lorén

“[José Manuel] Lara [Hernández] dijo que es lo mismo hacer libros que chorizos; para mí, y para muchos, no. Editar es algo más.” Hay que haber oído la contundencia con que Esther Tusquets pronunciaba estas palabras para hacerse una idea cabal de la indignación con que lo hacía, e incluso ante la aducción de que probablemente la afirmación de Lara tenía sólo una intención provocadora, insistía Tusquets: “Pues yo recojo la provocación y digo que no, que de ninguna manera. Hay libros que editamos que son muy importantes y que tienen unos gastos que posiblemente no se van a cubrir”.

La editora Esther Tusquets (1936-2012)

Esa misma idea de que el editor debe financiar el fogueo de nuevos (o no tan nuevos) autores innovadores o interesantes con las ganancias que obtiene de los autores de best séllers la expresó ya en 1955 José Janés (1913-1959) en la interesantísima conferencia “Aventuras y desventuras de un editor”, y era también Janés uno de los muchísimos editores con vocación cultural que se las tuvieron tiesas con Lara Hernández (1914-2003).

Tan exquisito y elegante, Janés, con ese humor tan fino, tan británico, y con una trayectoria en el sector editorial iniciada manchándose los dedos de tinta en la imprenta, compaginando periódicos, capitaneando elegantes revistas culturales como Rosa dels Vents… Un hombre cuyo pudor le llevaba en la posguerra a encargar traducciones que sabía que la censura le impediría publicar –y a pagarlas muy bien y anticipadamente– para ayudar así a represaliados, exiliados, presos y depurados, etc. que lo necesitaban. Y, por otro lado, un Lara Hernández al que le gustaba que le fotografiaran entregando en metálico la dotación de sus premios literarios… En pocas palabras, un editor completamente distinto.

José Manuel Lara Hernández (1914-2003)

Tal como lo explicaba Francisco Candel  (1925-2007), parece ser una cuestión de evidente incompatibilidad de caracteres, :

Janés y Lara se tenían verdadera inquina […] Janés fue un editor culto, refinado, romántico y humanista […] Un editor de trato amistoso y personal con sus autores que ahora ya no se da. En aquellos escabrosos tiempos de posguerra ayudó a prohombres catalanes abatidos, derrotados y arrinconados contra las cuerdas del desespero por el franquismo […] Lara editor era todo un fenómeno al revés. Lara dijo, en entrevista a Del Arco, periodista que te hacía firmar sus entrevistas para que luego no te retractaras: “Yo he triunfado en la vida porque he dado muchos golpes bajos”.

Uno de los primeros y más serios conflictos que enfrentaron a Lara y Janés fue la compra de la editorial Lara por parte de Janés, cosa que impidió que Lara pudiera emplear su apellido para bautizar ninguna empresa en el ámbito editorial. Incluso Manuel Lombradero (n. 1924), que trabajó muchos años junto a Lara, se ha referido a un acuerdo verbal mediante el cual Lara se comprometía a dedicarse sólo al negocio del papel y no crear nunca una empresa editorial. Sin embargo, después de este episodio de la venta de la Editorial Lara, las armas entre Janés y Lara siguieron en alto aún durante mucho tiempo. Y Lara creó Planeta.

Alrededor de 1950, Santiago Lorén (1918-2010), un ginecólogo de Calatayud hijo de un pastelero, mandaba al editor barcelonés e hijo de un panadero José Janés una novela que –diga lo que diga la faja– podía leerse como una amable parodia de una de las novelas más exitosas de cuantas publicó Janés a lo largo de toda su carrera, Cuerpos y almas, del escritor francés Maxence van der Meersch (1907-1951).

Imagen de sobrecubierta de Cuerpos y almas, de Maxence van der Meersch (Lauro, 1946).

A Janés le gustó la novela de Lorén (Cuerpos, almas y todo eso), que Antón Castro ha descrito como “una radiografía de personajes inspirados en Calatayud”, y en su carta de respuesta al joven médico y escritor, bromeaba Janés: “¿Está usted seguro de que nunca ha publcado nada antes?”. Sin embargo, como contó en alguna ocasión Lorén y recogió José Ramón Miranda, no fue fácil llegar a ver el libro en la calle, pero entonces mostró su innegable vocación de triunfar:

Un día –cuenta Lorén– para mi desesperación me devolvió (refiriéndose a Janés) el foliado original en el que la censura de aquellos tiempos (se refiere a 1951 y la censura férrea ejercida por Arias Salgado, ministro de Información) se había ensañado con cruel animosidad. […] No me rendí, sin embargo, y hablando con el que era entonces alcalde de Calatayud y procurador en Cortes, me dio una tarjeta de recomendación para el secretario del Ministerio que me permitió introducirme en la covachuela de la censura de la calle Génova… etcétera”. en resumidas cuentas, tras las pertinentes tachaduras en rojo, pudo publicarla medio año más tarde.

Imagen de sobrecubierta y faja de Cuerpos, almas y todo eso (1952).

La primera edición de la novela, efectivamente, apareció en José Janés Editor en 1952, y si bien no tuvo una gran repercusión, se presentó al Premio Ciudad de Barcelona, donde no fue descartada hasta la quinta votación, en la que Amorrortu, de Juan Antonio Espinosa, se llevó 7 votos, Hijos de algo, de Manuel Vela Jiménez, 6, la obra de Lorén, 5, y Vendaval en el centro, de Francisco Bernaldo, 2. En Calatayud, en cambio, sí armó cierto revuelo la novela de Lorén, pues enfadó a quienes se vieron convertidos en personajes literarios e indignó a quienes no tuvieron ese honor y se creían con méritos para ello. Sin embargo, las dos reediciones siguientes de la obra se publican en la editorial Corinto, de la que Manuel Lombradero era uno de los fundadores y que se hizo conocida sobre todo por su colección Vocación Juvenil.

Imagen de sobrecubierta de Una casa con goteras (Planeta, 1953)

Y no sólo eso, sino que la segunda novela de Santiago Lorén (Una casa con goteras) la publicó Lara como consecuencia de haber obtenido ésta el Premio Planeta en su segunda edición (1953), en la que había pasado de suponer 40.000 pesetas a convertirse en un galardón de 100.000. Las circunstancias en que se produjo esto las expuso Lorén en diversas ocasiones y aquí las tomo de Antón Castro: “se presentó en la sede de Planeta con el manuscrito, pidió ver a José Manuel Lara y le espetó: “Si en este galardón no valen las recomendaciones, ahí tiene la novela ganadora de este año””. En alguna ocasión contó Lorén que no se la mandó a su descubridor porque por entonces Janés estaba pasando una crisis (como si, de considerar que era una crisis pasajera, no la estuviera pasando ya cuando le mandó su primera novela).

Se da la curiosa coincidencia de que por esas mismas fechas Manuel Lombardero había recibido una propuesta de Lara para entrar a trabajar con él, y muy sensatamente decidió consultarlo con dos editores a los que respetaba y que le dieron respuestas muy distintas: “Si te firma ese contrato, lo cumple” (Alfredo Herrero Romero, de la editorial AHR y nacido, como Lara, en El Pedroso, Sevilla) y “Antes se asocia usted con el diablo que con ése” (José Janés, por supuesto).

Portada de la edición en bolsillo de Cuerpos, almas y todo eso, en Planeta.

La tercera edición de Cuerpos, almas y todo eso (1963) se publicó ya en Planeta, lo mismo que el grueso de la obra de Lorén, quien dio una explicación cuando menos curiosa al ser preguntado en 1978 si no supuso una relativa decepción para él quedar sólo finalista (con Memoria parcial) del Premio Espejo de España que ganó Baltasar Porcel con La revuelta permanente.

No. Ya me había advertido Lara que, en cierto modo, mi libro no se atenía a las bases del premio, pero que me presentara, puesto que como fondo en mi libro aparece la preguerra vista por un adolescente y en cierta forma es un espejo de aquel acontecer. Sólo por la calidad literaria, cosa que consta en el acta del Jurado, me dieron el accésit. La calidad literaria venció a cierta legalidad del premio.

¿Quizás debamos interpretar que en el Premio Espejo de España sí “valían recomendaciones” y en el Premio Planeta no? Por cierto, que sin que esté muy claro el motivo, en numerosas biografías de Lorén (en la de la web de Planeta, en la de wikipedia), se le atribuye erróneamente a Memoria parcial el Premio Espejo de España de 1985, año en el que, de modo extraordinario, se otorgó a otros dos autores también afectos al régimen, Emilio Romero y Ernesto Giménez Caballero.

Fuentes:

Castro, Antón, “Dos autores nonagenarios que sueñan”, Heraldo de Aragón, 1 de marzo de 2010.

Castro, Antón, “Fallece el escritor, médico, guionista y periodista aragonés Santiago Lorén”, Heraldo de Aragón, 26 de noviembre de 2010.

José Janés, «Aventuras y desventuras de un editor», anexo al Catálogo de la producción editorial barcelonesa entre el 23 de abril de 1954 y el de 1955, Barcelona, Diputación de Barcelona, 1955.

Josep Mengual Català, “Editoras para el siglo XXI. Pilar Beltrán y Esther Tusquets ante el futuro”, Quimera 223 (diciembre de 2002), pp. 44-51.

Santiago Lorén

J. Morán, Entrevista a Manuel Lombardero, Asturama, 23 de julio de 2012.

José Ramón Miranda, “Un recuerdo para Santiago Lorén“, A la intemperie, 25 de noviembre de 2010.

Pilar Trenas,  “Santiago Lorén y su Memoria parcial”, Abc,  11 de abril de 1978, p. 44.

Con «la familia» hemos topado

En lo que llevamos de siglo XXI, quizás uno de los conflictos más sonados que ha vivido el siempre burbujeante mundo editorial español haya sido el que suscitó la biografía del ex president de la Generalitat de Catalunya Pasqual Maragall, que, en palabras de Miquel Noguer y Carles Geli, “rozó la puerta de los juzgados”, y según Esther Tusquets fue “una historia en sí rocambolesca y siniestra”.

Mercedes Vilanova recibiendo la Creu de Sant Jordi de manos de Pasqual Maragall en 2005.

Sin duda, la repercusión que tuvo este conflicto se justifca tanto por el relumbrón del personaje biografiado como por la trayectoria de las autoras de Pasqual Maragall. El hombre y el político (Ediciones B, 2008), la editora y escritora (nunca sé en qué orden poner eso) Esther Tusquets y la reputada historiadora y antropóloga Mercedes Vilanova, convencida defensora del empleo de fuentes orales para reconstruir la historia y autora de España en Maragall (Península, 1968).

En sus Confesiones de una vieja dama indigna (Ediciones B, 2009), Esther Tusquets contó que fue ella quien, durante una conversacion con Vilanova acerca de su amistad con la familia Maragall, le sugirió que pusiera por escrito las historias que les estaba contando, y que su amiga aceptó, siempre y cuando la escribieran a cuatro manos. Para ello, la familia Maragall les dio todo tipo de facilidades, se grabaron una cincuentena de horas de entrevistas y sobre todo se puso a su disposición material gráfico y en particular material escrito, entre el que se contaban unas “memorias intimistas” del padre de Pasqual, Jordi Maragall, a las que el periodista Lluis Foix se había referido ya en La Vanguardia el 15 de agosto de 1999.  Paralelamente al trabajo de las dos autoras, el político estaba trabajando en unas memorias que publicaría RBA.

Todo se aceleró a partir del verano de 2008, cuando se hizo público que las memorias aparecerían en las librerías el 20 de noviembre (¿quién elegiría una fecha tan simbólica? ¿Acaso alguien que pensaba en la muerte de Durruti?). Esto decidió a Tusquets, Vilanova y a su editor a acelerar por todos los medios el proceso final del libro para poder sacarlo en octubre. Vale la pena retomar en este punto las Confesiones:

Exactamente el 2 de octubre [Diana Garrigosa, esposa de Maragall] me reclama en un e-mail –supongo que por consejo del abogado, para utilizarlo si se llega a un juicio– las fotos y me pregunta: “¿Cuándo quedamos para decidir cuáles saldrán en el libro?”, como si nunca las hubiéramos mirado juntas, como si no supiera que el libro está terminado y que en la rueda de prensa, fijada para el 10, se había comprometido Pasqual a participar. En un e-mail del 20 de septiembre me había escrito Diana: “Me alegra que ya esté fijada la fecha. ¿te parece bien que me ponga el salakof y la chaqueta safari?” Obviamente, entre el 20 de septiembre y el 2 de octubre la situación había dado un vuelco considerable.

Así pues, con una tirada de 10.000 ejemplares ya impresa y algunos de esos ejemplares mandados ya a la prensa (se sabe que disponían de un ejemplar Arcadi Espada y Lluís Basssets, por ejemplo), el director editorial de Ediciones B, Ricardo Artola, anunció que “por problemas en la cubierta y en la calidad de la impresión” se habían destruido un número indeterminado de ejemplares. Parece bastante evidente que la familia Maragall se salió con la suya, que era que la publicación de la biografía fuera posterior a la de las memorias.

Quizá no haya motivos para pensar que fuese porque los derechos de autor de la primera eran de Tusquets y Vilanova y en cambio los de las memorias eran, evidentemente, de Maragall. El argumento que esgrimió la familia fue que se sintieron traicionados por las autoras, que no les remitieron pruebas para aprobarlas (cosa que alegaban que se había pactado sólo verbalmente y que cuesta mucho de creer) y, ahí estaba el quid de la cuestión, que se reproducían fragmentos de los diarios del padre de Pasqual, Jordi Maragall, que la familia había puesto a disposición de las autoras. No deja de ser un poco sorprendente, por muchas vueltas que se le dé, que sobre todo Esther Tusquets no cayera en la cuenta de que, con la Ley de la Propiedad Intelectual en la mano, no podían demostrar que estaban autorizadas a reproducir fragmentos de ese diario intimista y lo fiara todo al buen rollo y al feeling que reinó durante las entrevistas. El caso es que, para evitar males mayores, se decidió suprimir una veintena de páginas del libro, aun a riesgo de que sobre todo el relato de los antecedentes familiares se trompicara. Y de ahí el retraso,

Sin embargo, cuando la familia –y en particular Diana Garrigosa– empezó a dar su versión de los hechos y a descalificar en público la biografía y a sus autoras, Ricardo Artola hizo público un texto en siete puntos en el que ponía por escrito su propia visión de los acontecimientos y en el que afirmaba:

Las autoras jamás se comprometieron a someter su manuscrito a la aprobación de la familia Maragall (ni mucho menos a “pactar” con ella asuntos que escapaban a su control, como podía ser la fijación de la fecha de publicación del libro, que competía en exclusiva a Ediones B). […] la familia Maragall, no contenta con el esfuerzo editorial por hacer caso a sus peticiones iniciales, ha pretendido posteriormente: 1) someter el manuscrito a un nuevo proceso de edición, sistemático y rayano en la censura; 2) acusar a la editorial de incumplir el acuerdo que impulsamos de buena fe y que hemos respetado al pie de la letra, y 3) tildar de mentirosas a las autoras, cuyo único delito ha sido confiar en quienes no han sabido sino mostrar un comportamiento errático.

Aun así, el contenido de los pasajes que muy cautelosamente el historiador Ricardo García Cárcel describe como objeto de la “presunta censura impuesta por la familia” salieron a la luz, como no podía ser de otra manera, y en realidad no resultan tan escandalosos como uno podría esperar.

Portada de Montxo Algora para Star, revista cuya última directora fue Karmele Marchante y en la que era habitual la firma de Pau Malvido (Pau Maragall).

Que Diana Garrigosa tuviera en no muy buen concepto a su suegra es casi un tópico gracioso que la humaniza. Los problemas de salud de algunos hermanos de Maragall no son ningún secreto, como tampoco lo es que su hermano Pau se suicidó con una sobredosis. Que Pasqual Maragall se vio empujado a declarar públicamente que padecía alzheimer por presiones procedentes de su propio partido es algo que todos pudimos seguir en directo por televisión, y a nadie escapó que la imprevisible “renuncia a petición propia” de Raimon Martínez Fraile como representante de la Generalitat en Madrid fue precedida (el 8 de mayo de 2007) de su alusión a la enfermedad del president en declaraciones a  Radio 4. Y que la “renuncia a petición propia” se le aceptó en cuestión de horas.

Lo que ya resulta un poco disparatado es que se pusiera tanto empeño en evitar que se reprodujeran los fragmentos del diario de Jordi Maragall en que cuenta cómo se escaqueó de ir al frente durante la guerra civil española y que la pasó leyendo a Thomas Mann, o aquellos pasajes en que alude a la entrada de las tropas franquistas en la capital catalana como “la liberación de Barcelona”.

Al camarada Manuel Fernández Cuesta (1963-2013) debió de hacerle mucha gracia semejante episodio censorio de la familia de un presunto izquierdoso tratando de ocultar sus orígenes familiares. Sin embargo, lo peor es que, en palabras de Mercedes Vilanova, “lo que era un estudio de rigor histórico y una síntesis interpretativa del ex president hoy se puede decir que ha quedado en la biografía que quería la familia de Maragall”.

Fuentes:

Lluis Foix, “Una peña de amigos y compañeros”, La Vanguardia, 15 de agosto de 1999, p. 19.

Las autoras de la biografía de Maragall acusan a la familia de censurar algunos fragmentos“, El Mundo, 29 de octubre de 2008.

Miquel Noguer y Carles Geli, “La accidentada biografía de Maragall”, El País, 25 de octubre de 2008.

Esther Tusquets, Confesiones de una vieja dama indigna, Barcelona, Bruguera, 2009.

Fernando Valls, “Esther Tusquets, Mercedes Vilanova, Ediciones B y los Maragall“, La Nave de los Locos, 29 de octubre de 2008.

 

Esther Tusquets, editora confesa (y la Censura)

A Pilar Beltran,

tot recordant “aquella” entrevista amb l´Esther Tusquets

La creación de colecciones inolvidables como Palabra e Imagen, Palabra en el Tiempo o Lumen Femenino le ganaron a quien Carmen Balcells describió como “la gran dama de la edición” un lugar importante en la historia editorial española, del mismo modo que sus novelas y relatos (El mismo mar de todos los veranos, Correspondencia privada, Siete miradas en un mismo paisaje…) le aseguran un puesto entrañable en la memoria de los lectores de literatura. Pero Esther Tusquets (Barcelona, 1936-2012) dejó escritos además algunos libros muy útiles para todo aquel que se interese por la edición española. De 2005 son las deliciosas Confesiones de una editora poco mentirosa, aparecidas originalmente en RqueR, la aventura que emprendió con Milena Tusquets y Oscar Tusquets tras lo que Esther describió como “triste despedida” de Lumen.

Segunda edición en RqueR de las Confesiones de una editora...

Segunda edición en RqueR de las Confesiones de una editora…

Desde el limpio diseño de la portada, pasando por las guardas (en que se reproduce la página 44 de las galeradas con correcciones autógrafas), la selección de fotografías (en pliego) y el colofón, hasta la genial fotografía que ilustra la solapa (de Daniel Mordzinski), es todo él un libro de una belleza sencilla, sin estridencias, que le cuadra perfectamente a un texto del que la propia autora dejó escrito que “no es en absoluto un libro revanchista, ni un libro que pretenda poner al descubierto las lacras miserables del mundo del libro”. Por él desfilan Miguel Delibes, Ana María Matute, Camilo José Cela, Mario Vargas Llosa, Carmen Balcells, Carmen Martín Gaite, Juan Benet, Carlos Barral, Pablo Neruda, Gustavo Martín Garzo y un largo etcétera, al hilo de un relato (en 27 breves capítulos), ameno y preñado de enseñanzas, un buen humor muy refrescantre y lecciones provechosas.

La en su momento muy comentada portada de Habíamos ganado la guerra

La en su momento muy comentada portada de Habíamos ganado la guerra

Tuvo dos ediciones, y una vez desmantelada RqueR se reeditó en Ediciones B después de haberse publicado otro libro de memorias más personales en Bruguera (Habíamos ganado la guerra). Pero luego estas Confesiones quedaron subsumidas (y por tanto comercialmente heridas de gravedad) en la continuación de las memorias, publicadas también en Bruguera con el irónico título Confesiones de una vieja dama indigna. El excelente ilustrador Finn Campbell Notman creó entonces una portada alusiva a la galería de personajes que desfilan por el texto y se agradece en esta edición la ampliación del pliego de ilustraciones, reproducido en este caso en papel satinado y a color, añadiendo por ejemplo una foto de Colita que reúne a Esther Tusquets, Magda Oliver, Ana María Moix, Max Aub y su esposa Peua, Carmen Balcells y Alastair Reid o una divertidísima felicitación navideña del estudio Maspons-Ubiña, pero en cambio no se reproduce la que abría el pliego en la edición de RqueR (fechada quizás erróneamente en el verano de 1960), que muestra a unos jovencísimos Herralde y Oscar Tusquets, con sombrero y guitarreando, y a Esther con una sonrisa impagable. Y la fotografía de la autora en la solapa es en este caso una foto carmet a color bastante insulsa, que queda además estropeada por los reflejos en las gafas de la autora.

La edición en Bruguera de las Confesiones de una vieja dama indigna, presentada como segunda parte de Habíamos ganado la guerra, ilustrada por Finn Campbell Notman.

La edición en Bruguera de las Confesiones de una vieja dama indigna, presentada como segunda parte de Habíamos ganado la guerra, ilustrada por Finn Campbell Notman.

Significativo de la orientación de las ampliaciones de texto en este nuevo libro es que el capítulo “Primer encuentro con un autor importante: Ana María Matute” se convierte en “Primer encuentro con Ana María Matute y primeras escapadas a Madrid” o “Delibes, Castilla, las perdices rojas” en “Viajo a Valladolid para hablar de perdices y me libero allí por fin de la virginidad”. Ya no se trata, queda claro, de unas memorias de editora, que también, sino que Esther Tusquets muestra aquí otros aspectos de su personalidad que van bastante más allá y que constituyen una veta que reaparece en el texto memorialístico escrito a cuatro manos con su hermano Oscar, Tiempos que fueron (Bruguera, 2012). La”editora poco mentirosa” se detiene en algunos aspectos del proceso creativo que supone la elaboración de un libro y de sus condicionantes que, lógicamente, son marginales o quedan fuera de los intereses de la “dama indigna”.

Pero prueba estremecedora de la radical franqueza de Tusquets al hablar de su profesión es el siguiente pasaje de la edición de RqueR (suprimida por la “dama indigna”, como todo el capítulo en que se incluye): “Tal vez no fuera muy honesto ofrecer al público obras incompletas y alteradas, pero, de no hacerlo así, la mitad de la literatura que se publicaba en el mundo hubiera quedado inédita en castellano o nos hubiera llegado clandestinamente, como ocurría con frecuencia, en ediciones de América Latina. Así pues, a menos que las supresiones fueran brutales, nos doblegábamos a la más o menos caprichosa decisión del censor de turno” (pp. 65-66). Es realmente lamentable, además de los largos años de censura de libros franquista, que esa censura siga teniendo efecto hoy sobre quienes seguimos leyendo esos mismos libros, sea en bibliotecas públicas o en la red (y peor y más grave: en reimpresiones presentadas como reediciones).

Primera edición de las Confesiones de una editora en Ediciones B

Primera edición de las Confesiones de una editora en Ediciones B

Pocos editores españoles han dejado textos tan interesantes, jugosos y aleccionadores sobre su labor como Esther Tusquets; ninguno hay con tanta gracia, chispa e ironía (que echaremos de menos) como las Confesiones de una editora poco mentirosa. Por lo que yo sé, el mejor de todos ellos.

Y leídos los libros más o menos en la misma órbita de sus compañeros Carlos Barral, Jorge Herralde, Josep M. Castellet o Rafael Borràs Betriu, ¿no será razonable esperar que no tarde en llegar el de Beatriz de Moura? Veremos.

Fuentes:

Esther Tusquets, Confesiones de una editora poco mentirosa, Barcelona, RqueR, 2005.

Esther Tusquets, Habíamos ganado la guerra, Barcelona, Bruguera, 2007.

Esther Tusquets, Confesiones de una vieja dama indigna, Barcelona, Bruguera, 2009.

Esther y Oscar Tusquets, Tiempos que fueron, Bruguera, 2012.

Miguel Delibes, ilustrador ilustrado

En edición distinta los libros dicen cosas diferentes.

Juan Ramón Jiménez

Entre finales de 1959 y principios de 1960, el artista grabador Jaume Pla había hecho una serie de diecisiete grabados al buril con Castilla como tema con el propósito de hacer un libro para las selectas ediciones de la Rosa Vera. El primer escritor en el que pensó como autor del texto fue Camilo José Cela, pero no llegaron a un acuerdo y el escritor catalán Josep M. Espinàs le sugirió entonces a Pla proponer el proyecto a Miguel Delibes. En carta a Delibes del 13 de junio de 1960, Espinàs presenta la colección como “una extraordinaria iniciativa para revalorar –casi resucitar– el noble, antiguo y difícil arte del grabado”, a Jaume Pla como “un artista admirable” y la tarea que se le encomienda como “interpretaciones literarias de Castilla, como los grabados son interpretaciones gráficas”.

Pasado un tiempo, Jaume Pla y su esposa Nerina Bacin viajaron a Valladolid para entrevistarse con el escritior, mostrarle los grabados y contarle el proyecto: “quería que sobre cada uno de aquellos grabados que había hecho él escribiera un texto que los ilustrara”. Delibes se mostró inicialmente reacio y le propuso a cambio un inédito con el que seguramente la censura franquista se mostraría más benevolente si se presentaba en edición de bibliófilo (y por tanto en una tirada corta y dirigida a un público minoritario) que en edición comercial. El texto en cuestión era Las ratas. Pla aprovechó el tiempo para hacer un grabado más, pero deseaba unos textos inspirados por las imágenes, y finalmente logró convencer al Delibes.

Las breves historias de juventud evocadas por un campesino castellano emigrado a América que escribió el autor vallisoletano (“Las piedras negras”, “Los nublados de Virgen a Virgen”, “Sisinia, mártir de la pureza”…) se convertirían en el libro de gran formato (apaisado) Castilla (1960), prologado por Pedro Laín Entralgo, del que se tiraron 150 ejemplares (con doce preferentes que incluían encartadas las cuartillas manuscritas de Delibes) y se expuso en las galerías Syra de Barcelona y en la Sala Biosca de Madrid.

Evocando esa edición, el escritor consignó en sus obras completas (en Destino), que “no fue, pues, Pla quien ilustró mis textos, sino mis textos los que ilustraron los grabados de Pla”. Es interesante esta precisión porque poco tiempos después estos mismos textos se publicaron en lo que Jorge Herralde describió como “una estupenda y gloriosa colección en la que el texto, programáticamente, tendría igual importancia que la imagen”. En esta colección, Palabra e Imagen, Esther Tusquets había obtenido en Lumen un primer éxito inesperado de ventas con La caza de la perdiz roja (1963), con textos de Delibes y fotografías de Oriol Maspons, y para la que en carta de marzo de 1962 Delibes propone a Tusquets: “Ya sabes, aquel mamotreto de grabados que te enseñé. Julián Marías, Laín Entralgo y varias personas más creen que es lo mejor que he escrito”. El libro apareció en 1963 con el título Viejas historias de Castilla la Vieja, en el formato más habitual de la colección (21,5 x 22,5 cm), diseñado por Hans Romberg y Oscar Tusquets, con fotografías en blanco y negro de Ramon Masats impresas sobre papel cuché y el texto impreso sobre un papel acartulinado de un color terroso, entre grisáceo y verdoso. La cubierta, en cartoné, la ocupa una única fotografía apaisada.

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Edición en Palabra e Imagen, la mítica colección de Lumen.
Foto de Marcelo Caballero en Miradas Cómplices.

En este segundo caso, pues, el texto ya existente de Delibes fue ilustrado fotográficamente por Ramos Masats, y en 2010 La Fábrica lo recuperó con una portada distinta y algunas otrs diferencias. Obviamente, el texto luego se incluyo en las obras completas (que como es lógico y habitual homogeneizan todos los textos que contienen) y tuvo muchas otras ediciones, incluso de bolsillo. A partir de un mismo texto, que además el autor siempre consideró una de sus mejores obras, el lector (o el bibliómano) dispone de por lo menos tres libros bastante diferentes, es decir, de tres propuestas de experiencias estéticas notablemente distintas.

Edición de La Fábrica (2010)

Edición de La Fábrica (2010)

Fuentes:

Sobre Jaume Pla i Pallejà (1914-1995), vale mucho la pena visitar su página (en catalán) aquí, que contiene textos, bibliografías e imágenes.

Marcelo Caballero, “Palabra e Imagen: una combinación iniciática”, en Miradas complices el 12 de diciembre de 2011.

Pedro Fernández Melero, “Serie Palabra e Imagen. Editorial Lumen” (Noviembre de 2008).

Román García Domínguez, El quiosco de los helados. Miguel Delibes de cerca, Barcelona, Destino (Imago Mundi 81), 2005.

Jorge Herralde, “Esther Tusquets editora”, texto leído en el homenaje de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluya y publicado en cuarto poder aquí.

Jaume Pla, “Miguel Delibes” en Famosos i oblidats. 38 retrats de primera mà, Barcelona, La Campana (Serie Documents/Societat), 1989, pp. 71-75.

Esther Tusquets, “Delibes, Castilla, las perdices rojas”, en Confesiones de una editora poco mentirosa, Barcelona, RqueR, 2005, pp. 51-58. Hay edición en Bruguera, y una versión un poco distinta en “Miguel Delibes en el recuerdo y en el presente“, en El País, 10 de mayo de 2003.