Una errata de campeonato (y la mala pata de Ramón J. Sender)

“Defendía las erratas en nombre de la libertad de imprenta”

Max Aub

Es bien conocida la obsesión de Ramón J. Sender por retocar una y otra vez algunas de sus obras, en algunos casos para afinar cuestiones de estilo, pero más a menudo para reestructurar algunas novelas, fusionar varias de ellas o reconvertirlas, cosa que siempre conlleva el riesgo de arreglar algunas cosas y estropear otras. La cuestión de los cambios de título, en el caso de Sender, son peccata minuta, y seguir el proceso mediante el cual una novela breve como El Tonatio (Historia de un soneto) se convierte en El extraño señor Photynos resulta bastante asombroso, y abundan los casos similares. Como es también conocido, una de las novelas más célebres de Sender, Réquiem por un campesino español (Nueva York, Las Americas Publishing, 1960), se dio a conocer por primera vez en México con el título Mosén Millán en la colección Aquelarre.

Hace ya un tiempo, el escritor Sergio Molino se entretenía en glosar una errata bastante suculenta, y unos años despues Begoña Tauler recogía en su blog Érase una vez, entre otros casos no menos jugosos, ese mismo patinazo procedente de la edición de Editores Mexicanos Unidos que había reconvertido por su cuenta y riesgo el título en la cubierta por Réquiem para un campesino español, y como bien sabe el seguidor de Negritas y Cursivas, cuando una errata se cebaba en una obra de Sender, era difícil erradicarla, por disparatada que ésta fuera. En el caso de esa desafortunada errata, lo realmente asombroso es que se vio repetida en la portada de las ediciones de Editores Mexicanos Unidos hasta los primeros años setenta, aun cuando el diseño de las mismas iba cambiando.

1968.

Sin embargo, la pionera en meter la pata en este asunto parece ser que fue Editores Mexicanos Unidos que la creó en una primera edición de esta novela de Sender prologada por Julia Uceda (n. 1925) y con el texto ya mencionado de Bernadette, en 1968; la mantuvo en la de 1970, la reiteró en 1971, y con un tercer diseño de portada, volvió a repetirla en su edición de 1975. Una marca difícil de superar. Dándole vueltas al asunto, uno podría suponer que el diseño de 1968 y 1970, al disponer de semejante modo “para un campesino español” lo que pretendía era crear un remedo de acróstico en el que se leería “Réquiem PCE”, lo que sin duda podría tener su gracia en ese momento histórico y procedente de un editor anarquista,  pero eso no basta para explicar la errata por/para.

1971. La errata aparece sólo en la cubierta, pero no en la portada, y atribuida a Editorial Puente (Editores Mexicanos Unidos).

A pesar de su nombre, al frente de Editores Mexicanos Unidos había ciertamente un solo editor, el anarquista Fidel Miró (1910-1998), que era catalán de origen, si bien el resultado de la guerra civil española lo había llevado, tras un paso por Francia y por la República Dominicana, a la capital mexicana en 1944. En México se sumergió de inmediato en el mundo del libro, inicialmente en la Unión Distribuidora de Ediciones de su excompañero en las Juventudes Libertarias Ricard Mestre Ventura (1906-1997), quien tras el cese de actividad de la editorial Minerva (1940-1946) se había pasado al ámbito de la distribución. También Miró hizo sus pinitos en este ramo, con la creación de México Lee, como paso previo a la fundación con Bartomeu Costa-Amic (1911-2002) y Pedro Frank de Andrea (n.1912-¿?) de Libro Mex Editores.

Editores Mexicanos Unidos, 1971. Adviértase la mínima diferencia de diseño con la anterior.

Fue sin embargo cuando se cumplía una década de su llegada a México, en 1954, cuando, una vez disuelta la asociación con Costa-Amic, creó Editores Mexicanos Unidos, que aún hoy sigue en funcionamiento en manos de sus descendientes. Además de alguna que otra obra del propio Miró (Cataluña, los trabajadores y el problema de las nacionalidades, entre ellas), desde esta editorial se han dado a conocer algunas obras que han contribuido a divulgar el pensamiento libertario en América, además de a autores tan diversos como Flaubert, Saint-Exupéry, Galdós, Rómulo Gallegos, Hemingway o Rubén Darío, en la colección de Literatura Universal, o antologías poéticas de Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, Nicolás Guillén o Alfonsina Storni entre otros muchos.

 

1975. El año anterior había sido autorizada su publicación en España.

 

Es cierto, como todo corrector más o menos avezado sabe, que las cubiertas, portadas y portadillas son una auténtica trampa, y que la vista tiene una poderosa tendencia a pasar rápidamente sobre ellas, no sólo porque debería ser lo más cuidado, sino también porque el mayor tamaño de la letra hace impensable que se produzca ahí una errata. Pero ese mismo corrector sabe que la errata está siempre agazapada donde menos se la espera dispuesta a saltar a la vista.

Aun así, el caso de la mala pata de Sender con las erratas es digno también de un estudio pormenorizado, porque parece un campo abonado.

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Fuentes:

Teresa Férriz, La edición catalana en México, Jalisco, El Colegio de Jalisco, 1998.

Rafael Maestre Marín y Pilar Molina Beneyto, “Editores Mexicanos Unidos: La obra cultural del exiliado Fidel Miró”, Migraciones & Exilios. Cuadernos de la Asociación para el Estudio de los Exilios y Migraciones Ibéricos Contemporáneos (AEMIC), núm. 2 (diciembre de 2001), pp. 241-247.

Josep Mengual Català, “Intertextualidad y proceso creativo en El extraño señor Photynos”, en Fermín Gil encalbo y Juan Carlos Ara Torralba, eds., El lugar de Sender, Instituto de Estudios Altoaragoneses-Instituto Fernando el Católico, 1997, pp. 527-538.

Sergio del Molino,”Fe de errores“, Blog de Sergio del Molino, 31 de enero de 2011.

Juan Tapia, “Fidel Miró y el movimiento libertario de Cataluña”, Destino, núm 1.967 (14 de junio de 1975), p. 36.

Begoña Tauler, “Portadas con errores… (erratas y otros deslices)Érase una vez, 24 de septiembre de 2013.

Jesús Vived Mayral, Ramón J. Sender. Biografía, Madrid, Páginas de Espuma (Voces/Clásicas), 2000.

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Joan Balagué, editor, y los nuevos escritores

Al abordar la efímera Col·lecció Balagué destinada a principios de la década de 1930 a descubrir nuevos talentos de la literatura catalana, suele evocarse el fragmento de las memorias de Sebastià Juan Arbó (1902-1984) en que expone las gestiones de Ramon Xuriguera (1901-1966) ante el librero Joan Balagué i Pallarés (1893-1965):

Sebastià Juan Arbó.

Xuriguera había convencido al librero Balaguer [sic] para lanzar una colección; se trataría de novelas breves –entre cuento y novela– y cada una con el retrato del autor –tenía su vanidad–, hecho por un artista.

En la colección publicó una obra suya, creo que Espills dormits, para la cual le hizo [Emili] Grau Sala un bonito retrato, donde se le veía, con su cara redonda y su aire satisfecho, interpretado estupendamente.

Me pidió alguna obrita; yo tenía unas notas escritas en momentos de mal humor, en que desahogaba los venenos del alma, las decepciones acumuladas, y me aliviaba. Las reuní, les puse por título Notes d´un estudiant que va morir boig, obra que después, con diferentes títulos, corregida y aumentada, se ha hecho en repetidas ediciones.

Con este motivo, Emilio (Grau Sala) me hizo el retrato.

Rosa M. Arquimbau.

Sin embargo, el librero Joan Balagué ya tenía por aquel entonces una cierta trayectoria como editor al frente de la Editorial Lux, e incluso por aquellos mismos años había iniciado en catalán una Colecció Balagué, que inicialmente y de manera efímera apareció bajo el sello de Lux, como es el caso de  La dona dels ulls que parlaven i altres contes (1930), de una jovencísima Rosa Maria Arquimbau i Cardil (1909-1992) (primer número de una serie Fémina, del que parece fue el único publicado), un volumen de una Serie Nacional iniciada en 1929 con la novela de Josep M. Francès (1891-1966) La rossa de mal pèl, la obra del filósofo bohemio Diego Ruiz El crim dels Reis Catòlics i la fi de la missió de Castella (1931) o tres volúmenes de una Serie Internacional en 1930 entre los que figuraban las obras de Henri Barbusse El foc (en traducción de Santiago Masferrer i Cantó) y Elevació (en traducción del propio Joan Balagué), con cubiertas ilustradas a color por Sáinz de Morales. Posteriormente la colección, con un rumbo un tanto errático, pasó a estar auspiciada por la Librería Vilella.

Segunda edición (o reentape de la primera) de El Foc (Colecció Balaguer. Serie Internacional III, 1930).

 

Bajo el sello de la Librería Vilella se publican, por ejemplo, los dos volúmenes encuadernados en tapa dura y con láminas de la Historia Ilustrada de la Revolución Española, 1870-1931 (1931), de Francisco Caravaca y Antonio Orts-Ramos, o las memorias de Francisco Rispa Perpiñá (Cincuenta años de un conspirador. Memorias político-revolucionarias, 1853-1903), que, aparecidas en 1932, se presentaban como el primer número de una “Serie Biografías” que al parecer no tuvo continuidad.  Del año siguiente son La naturaleza y el hombre: en los fenómenos físicos y biológicos se descubren los fundamentos de la ley moral (1933), de un para mí incógnito A.B. Areny, una reedición del Kyra Kyralina (traducida por Delaville, prologada de Romain Rolland, con una carta de Vicente Blasco Ibáñez, un epílogo de J. Francés y retrato de Shum) que es la misma que ya había aparecido en Lux, con una muy buena cubierta a todo color de Sáinz de Morales.

Y aun paralelamente hay otros títulos en castellano sin otra indicación que su pertenencia a la Colección Balagué y que, salvo una compilación de literatura hispanoamericana que firman Miguel Rivas y el propio Juan Balaguer (y que José Simón Díaz describe como el compendio de “los textos de costumbre, pero llenos de erratas”), son quizá los más interesantes.

Portada de la edición en la Balagué de Imán.

En 1932 aparece la primera edición de Siete domingos rojos, de Ramón J. Sender (1901-1982), de la que sólo se había anticipado un fragmento con el título “Sabotaje” en la revista valenciana Orto en septiembre de ese mismo año. En 1933 se publica en esta misma colección otro libro de Sender, Imán. Novela de la Guerra de Marruecos, de la que sólo había una edición anterior (la de Cénit, de 1930), y la apuesta por Sender prosigue aún en 1933 con la edición del opúsculo Ramón Sender y la novela social, que recoge la serie de seis artículos que Rafael Cansinos Assens (1882-1964) había publicado con este título general en la madrileña revista La Libertad entre el 4 de enero y el 9 de febrero de 1933. El año siguiente este librito se distribuyó gratuitamente entre los lectores con motivo de la Feria del Libro.

El referido comentario de Sebastià Juan Arbó se refiere específicamente a una Nova Serie de la Col·lecció Balagué, de la que se publicaron tan sólo cuatro títulos de jóvenes autores emergentes: Espills dormits (1932), de Ramon Xuriguera; Notes d´un estudiant que va morir boig (1933), de Juan Arbó; La vida d´Olga (1934), de Xavier Benguerel, y Peikea, princesa caníbal  i altres contes oceànics (1934), de Aurora Bertrana (1892-1974)  a los que podrían sumarse, aunque en sentido estricto no pertenecen a ella, la novela Al marge (1933), de Rosa Maria Arquimbau y Desembre. La novela de la Revolució espanyola (1934), del hermano de Ramon, Joan Baptista Xuriguera (1908-1987), entre algunos otros títulos.

En su tesis sobre Ramon Xuriguera, Josep Camps i Arbós especifica que se hacía una doble edición (rústica y tapa dura con sobrecubierta, y como es natural con dos precios distintos) y recoge interesante material epistolar en que se ponen de manifiesto las más que agobiantes dificultades económicas por las que pasaba Balagué para conseguir llevar adelante su proyecto editorial.

Ramon y Joan Baptista Xuriguera.

El mismo epistolario le permite identificar como una de las obras en preparación que no llegaron a ver la luz novela Diagonal, la primera de Ignacio Agustí y la única en catalán, que aparecería en 1934 en la Imprenta Altés, y tampoco pasa por alto Camps i Arbós la poca coincidencia que supone que Josep Janés i Olivé (1913-1959) incorporara poco después a sus Quaderns Literaris tres de las obras publicadas en la Balagué (las de Ramon Xuriguera, Benguerel y Juan Arbó), pues la colección janesiana tenía como uno de sus puntales la misma idea e intenciones que se expresaba en la publicidad de esta Nova Serie de la Col·lecció Balagué: “Los autores más destacados de la actual generación” y “Las corrientes más significativas de la moderna producción catalana”.

Cubierta y portada de la edición de 1936 d´Espills adormits en los Quaderns Literaris de Josep Janés.

Fuentes:

Just Arévalo, “Notes sobre editors, col·leccions i obres populars i de consum que sí varen existir a la Barcelona del primer terç del segle.” Marges, Els: revista de llengua i literatura, núm. 67 (2000), pp. 107-124.

Josep Camps i Arbós, Ramon Xuriguera (1901-1966). Ideología, activitat cultural y literatura, tesis doctoral presentada en el Departament de Filologia Catalana de la Universitat Autònoma de Barcelona en septiembre de 2004, publicada con el mismo titulo en Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, 2007.

Josep Miquel Ramis, “Autotraducció i història d’un text literari. Hores en blanc. Notes d’un estudiant que va morir boig, de Sebastià Juan Arbó”, Revista de Filología Románica, núm. 2, vol. 29, pp. 319-336.

Ignacio C. Soriano y Francisco Madrid, Bibliografía del anarquismo en España, 1868-1939. Enriquecida con notas y comentarios, esdocs.org

 

Libros en francés en México. La segunda etapa de Quetzal.

Exlibris de Costa-Amic.

En su exilio en México, el que llegaría a ser el gran editor Bartomeu Costa-Amic (1911-2002) hizo sin apenas pausa dos tentativas de iniciar negocios editoriales antes de hacerse cargo de Quetzal, la empresa unipersonal creada por el escritor aragonés Ramón J. Sender (1982).

El primero de ellos, Ediciones Libres, fue un proyecto colectivo en que que participaron también Julián Gorkín (Julián Gómez García, 1901-1987), Ermilo Abreu Gómez, José Muñoz Costa y Daniel Castañeda, y contó con la colaboración de Marceau Pivert y Víctor Serge (1890-1947), además de los valiosos conocimientos que podía aportar el legendario impresor y encuadernador Jacob (o Jack) Abrams (1894-1980), quien, residente en México desde 1926, mantenía lazos de amistad con el grupo Tierra y Libertad. Ediciones Libres publicó sólo tres libros, de los que he sido capaz de identificar Retrato de Stalin (1940), de Víctor Serge en traducción y con prefacio de Julián Gorkín, y al año siguiente Balance de Agustín Lara, un libro luego muy apreciado por los musicólogos, del profesor de composición del Conservatorio Nacional Daniel Castañeda.

El segundo intento de Costa-Amic, desbaratado el primero por previsibles dificultades económicas, pudo llevarlo a cabo gracias a la contribución de dos hermanos judíos de origen polaco, los Kluger. Según cuenta Víctor Alba en el segundo volumen de sus memorias (Sísif y el seu temps), la principal ocupación de Sidney Kluger, además de director ejecutivo de la Congregación Shearith Israel de México, era organizar campañas para recaudar fondos para las más diversas iniciativas (entre las que se contaban, por ejemplo, la lucha de grupos terroristas que en Palestina estaban combatiendo a los ingleses), pero más adelante, en 1966, Kluger se haría célebre como fundador del la Book Bank USA, organización destinada a proveer de libros técnicos y escolares a los necesitados.

Sidney Kluger (1912-2006).

Esta segunda empresa de Costa-Amic y Gorkín tomó el nombre Publicaciones Panamericanas, cuyo primer título probablemente fuera De Versalles a Compiegne. ¿A dónde va Francia?, de Marceau Pivert, acompañado de un prefacio de Julián Gorkín y en traducción del pedagogo y dirigente poumista Enric Adroher i Pascual (1908-1987), conocido también como Gironella, De la relación que esta empresa tuvo con Sender es prueba que uno de sus primeros títulos fuera la reedición de  la novela del escritor aragonés Orden Púiblico (1941), aparecida originalmente en la madrileña Cénit en 1931, que en la contraportada se planteaba como el inicio de un proyecto que debía incluir también las reediciones de La noche de las cien cabezas y Viaje a la aldea del crimen, publicadas ambas por Editorial Pueyo en 1934. Publicó también Costa-Amic, con prólogo de Sender, la traducción que Ceferino Palencia (1889-1963) hizo de El indio y su destino, obra del especialista en historia de los indígenas americanos y Premio Pulitzer Oliver La Farge (que por aquel entonces presidía la American Association on Indian Affairs), quien en 1940 acababa de publicar en Inglaterra, nada menos que en la prestigiosa editorial Jonathan Cape, su traducción de la novela de Sender El lugar de un hombre (traducción publicada originalmente en Nueva York por Duell, Sloan & Pierce).

La producción de las Publicaciones Panamericanas, antes de disolverse, se completaron ese mismo año 1941 con Héroes de la civilización, de Joseph Cottler y Haya Jaffee, ¿Qué hará Norteamérica? de Henry A. Wallace, y Retoño, de Jean Giono, en traducción de Julián Gorkín, autor también del prefacio que la acompaña.

En cuanto a Sender, después de haber publicado Proverbio de la muerteEl lugar del hombre, Hernán Cortés y Mexciayótl, acompañados de algunos libros de Marcel Prenant y Mauricio Magdaleno, mediado 1941 tenía la firme intención de establecerse en Estados Unidos, por lo que traspasó por 100 o 150 dólares sus Ediciones Quetzal a la sociedad creada a tal efecto por Costa-Amic, Gorkín y Michel Berveiller, Quetzal, S.A., que contaban con el respaldo financiero de personalidades con las que Berveiller mantenía contactos profesionales y de amistad . Una de las primeras cosas que hizo ese mismo año la editorial fue abrir una librería, que no tardó en convertirse en centro de reunión de los franceses establecidos en la capital mexicana (como consecuencia de la guerra mundial), así como la revista Análisis. Revista de Hechos e Ideas (primer número de enero de 1942, pero de publicación irregular), en la que reaparecen los nombres de Gorkín, Pivert, Regles, Serge..

Se hace difícil precisar qué libros son los primeros de esta nueva etapa de las Ediciones Quetzal, porque es posible que aparecieran obras programadas por Sender cuando éste ya no se encontraba en México; muy probablemente es el caso de Torbellino (un hombre de treinta años), de Alejandro Gómez Maganda (1910-1984), de Hombres contra Hitler, de Fritz Max Cahen (1891-1966), en traducción de Concha de Albornoz (1900-1972), y de Páginas del destierro, de Álvaro de Albornoz Liminiana (1879-1954).

Julián Gorkín.

El libro fronterizo o gozne entre una etapa y la otra es quizás el por entonces inédito en francés Hitler contra Stalin. La fase decisiva de la guerra mundial, de Victor Serge, aparecido también en 1941. Acerca de su publicación, el propio Gorkín dejó un testimonio valioso:

Coincidiendo con el asesinato de Trotski, publiqué su Retrato de Stalin en una pequeña editorial fundada con mucha voluntad y escasos medios [Ediciones Libres]. Fracasó la empresa, pero ahí quedaba el libro. Media docena de miembros de la rica colonia francesa, que querían encenderle una vela en público a la Francia Libre mientras le encendían otra en privado a la Francia de Vichy, me proporcionaron unos miles de pesos para la fundación de otra editorial [Ediciones Quetzal]. Acababa de llegar Serge a Santo Domingo cuando invadió Hitler a la URSS por sorpresa. Le cablegrafié: «Prepárame el texto de un libro a toda prisa». Agobiado por el calor tropical y por el sentimiento de que «durante estos mismos días, se fusila en las prisiones de Rusia a mis últimos camaradas», escribió en un mes un libro fuerte y ágil: Hitler contra Stalin.

Por su parte, en carta al artista y escritor español exiliado en la República Dominicana Eugenio Granell (1912-2001) fechada el 10 de junio de 1941, escribía Costa-Amic: «Personalmente creo que sería mejor poner una tienda de abarrotes (comestibles y bebestibles), pero mientras haya gente que quiera exponer dinero, pues nosotros adelante».

André Bretón y Eugenio Granell.

Según contó él mismo, Sender había conocido a Victor Serge en casa del director del Banco Nacional de México, Eduardo Villaseñor, cuya esposa convocaba tertulias “afrancesadas” en las que tuvo ocasión de conocer también a a Romain Rolland, a Gustav Regler y coincidió con exiliados republicanos como Enrique Díez-Canedo y León Felipe. Estos círculos eran los que frecuentaba también Berveiller, director del Liceo Francés, en cuya casa conoció Sender a Jules Romains y André Maurois, y a esos mismos círculos de patrocinadores parece aludir Gorkín.

Hitler contra Stalin pertenece, pues, a esa segunda etapa de Ediciones Quetzal, en la que los cambios más evidentes son la desaparición de la serie Un Hombre y una época y  el desplazamiento de la narrativa a una posición residual, si bien el mayor éxito de Quetzal  fue precisamente Clochemerle, de Gabriel Chevalier (con la que se estrenaba la colección Novelas y Cuentos, que venía a sustituir a Las Mejores Novelas de Publicaciones Panamericanas). Costa-Amic describía así la novela satírica de Chevalier:

un libro francés muy cachondo, muy divertido… Este libro fue un éxito porque pronto se agotó una edición [la segunda es de 1942 y tercera de 1947)… Nunca habíamos visto esto en México, los libros se vendían máximo 100 y los demás se tiraban en bodega.

Gabriel Chevalier (1895-1969).

También pueden situarse en esta segunda etapa los títulos de la colección Nuestro Tiempo, que había nacido en el seno de las fugaces Publicaciones Panamericanas, como es el caso de ¿Qué hará Norteamérica?, del por aquel entonces secretario de Agricultura de Estados Unidos Henry A. Wallace, ¿Adónde va Francia?, de Marceau Pivert, y uno de los mayores éxitos de esta empresa: Cómo conseguir y conservar un marido, de Dorothy Dix, traducido por Ernestina de Champurcín y del que se llegaron a vender 40.000 ejemplares.

Teresa Férriz, quien más y mejor ha estudiado la obra de Costa-Amic, atribuye a Michel Berveiller la dirección de Quetzal, S.A. en unos primeros meses, tras los cuales en 1942 y hasta 1944 la asume Gorkín. Sin embargo, da la impresión de que el primero se ocupara de las publicaciones de origen francófono, en calidad quizá de director editorial, mientras que el segundo de las obras del ámbito hispánico (quizá fuera el principal impulsor o valedor de la colección Nuestro Tiempo) y Costa-Amic se hiciera cargo fundamentalmente de la producción editorial y de las tareas administrativas y de gestión.

Bartomeu Costa-Amic.

Si uno de los puntales era la colección dedicada a los temas de actualidad (Nuestro Tiempo), lo singular de Quetzal en esos años es su dedicación a dobles ediciones (en lengua original y en traducción al español) de libros importantes de la literatura francesa con los que se pretendía, por un lado, divulgar en México la mejor literatura francesa, y por el otro  suplir el parón de la edición en Francia como consecuencia de la Ocupación alemana. Además, un cliente prioritario era la legendaria librería neoyorkina Brentano´s, fundada en 1853 y especializada en literatura francesa, así como los lectores francófonos de Canadà. Así explica Férriz el éxito relativo de esta línea editorial:

funcionó durante unos cuantos años, sobre todo gracias a sus exportaciones a la región francófona del Canadá, donde la casa Valiquette no satisfacía ya toda la demanda de libros en francés, incrementada considerablemente a consecuencia de la segunda guerra mundial y la consiguiente anulación de las exportaciones francesas. Ediciones Quetzal publicó, tanto para este mercado canadiense como para el nacional, una colección de más de quince clásicos franceses, cuyos primeros títulos fueron la edición original y la traducción, en volúmenes distintos, de Le misanthrope de Molière (en traducción de Florisel), Candide ou l’optimisme traducido por F. G. Ascot (1942), Le petit bois de Jules Supervielle (1942) y La faiseur de prestiges de Michel Berveiller (1943).

La Librería Brentano´s en la Quinta Avenida (Nueva York).

No es de extrañar tampoco, que junto a este amplio y diversificado catálogo (ver anexo), fuera en Quetzal donde en 1942 apareciera otra de las novelas fundamentales de Sender, Epitalamio del prieto Trinidad.

Interior de Epitalamio del Prieto Trinidad en Quetzal.

Fuentes:

Fabienne Bradu, “Bartomeu Costa-Amic”, Vuelta, núm. 253 (1997), pp. 41-45.

Francisco Carrasquer, La Integral de ambos mundos. Sender, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 1994.

Teresa Férriz Roure, “Bartomeu Costa-Amic, un editor catalá a Mèxic”, Revista de Catalunya, octubre de 1997, pp. 113-137.

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Jalisco, El Colegio de Jalisco, 1998.

Teresa Férriz Roure, “Bartomeu Costa-Amic, in memoriam (1911-2002)”, Migraciones y Exilios núm. 3 (2002), pp. 235-264.

Julián Gorkín, “La muerte en México de Victor Serge” (París, marzo de 1957), en los Archivos de la Fundación Andreu Nin.

José Carlos Mainer, “Resituación de Sender”, en AA.VV., Ramón J. Sender. In memoriam, Zaragoza, Diputación de Aragón, 1983, pp. 5-23.

Antonio Villanueva, “Un prólogo olvidado de Ramón J. Sender”, Trébede, núm. 45 (diciembre de 200), pp. 66-70.

Jesús Vived Mayral, Ramón J. Sender. Biografía (Páginas de Espuma (Voces 14),2002.

Víctor Alba, Sísif i el seu temps II Costa amunt, Barcelona, Laertes, 1990.

ANEXO. OBRAS LOCALIZADAS DE QUETZAL

Ramón J. Sender, Proverbio de la muerte, impreso en Cooperación Gráfica, 1939.

Ramón J. Sender, El lugar del hombre, 1939.

Jean Cassou, Cervantes, Un hombre y una época, 1939.

Ramón J. Sender, Hernán Cortés. Retablo en dos partes y once cuadros, 1940.

Ramón J. Sender, Mexicayotl, con viñetas de Darío Carmona, 1940.

Marcel Prenant, Darwin. Un hombre y una época, traducción de Francisco Pina, 1940.

Mauricio Magdaleno, Fulgor de Martí, colección Un hombre y una época, 1940.

Alejandro Gómez Maganda, Torbellino (un hombre de treinta años), prólogo del autor, 1941.

F.M. Cahen, Hombres contra Hitler, traducción de Aurora de Albornoz, 1941.

Álvaro de Albornoz, Páginas del destierro, 1941.

Dorothy Dix, Cómo conseguir y conservar un marido, traducción de Ernestina de Champurcín (colección Nuestro Tiempo), 1941.

Julián Gorkín, Caníbales políticos. Hitler y Stalin en España, ¿1941?

Victor Serge, Hitler contra Stalin. La fase decisiva de la guerra mundial, traducción de Enric Adroher a partir de un original por entonces inédito en francés (L´empire nazi contre le peuple russe), 1941.

Según declaraciones de Costa-Amic, la imagen es de Remedios Varo. No sé yo.

Gabriel Chevalier, Clochemerle, colección Oeuvres Eternelles, 1942. Portada de Remedios Varo. Más de 2.000 ejemplares vendidos.

Clara Leiser, Refugiados a través de Europa en fuego, relato personal de dos arios a quienes la brutalidad nazi no logró aplastar (colección Nuestro Tiempo), traducción de Elli R. y Julio Luelmo, marzo de 1942.

Denis Diderot, Sobrino de Rameau, con introducción y notas de R. Sánchez de Ocaña, 1942.

Alfred de Musset, Caprices de Marianne & Fantasio, Les Oeuvres eternelles, 1942.

Molière, Misanthrope, comédie en cinq actes en vers, avec un avantpropos et notes historique et critiques (El Misántropo, traducción de Ricardo Valcárcel), colección Las Obras Eternas 1 (Sección Clásicos Franceses), 1942.Colección Las Obras Eternas, 1942.

Jules Romains, Misión o dimisión de Francia, texto de una conferencia dada en el Teatro Palacio Bellas Artes de México el 7 de mayo de 1942, traducción de Pablo Macedo, colección Nuestro Tiempo, 1942.

Jules Romains, Mission ou démission de la France, Collection Renaissance 1, 1942.

Jules Supervielle, Ce petit bois et autres contes, ilustraciones de Ramón Gaya, Collection Renaissance 2, edición limitada y numerada de 1.200 ejemplares, 1942.

Paul Reaynaud, Advertencia a Francia (Le problème militaire français), 1942.

Ramón J. Sender, Epitalamio del Prieto Trinidad, 1942.

Capital von Rinteler, El oscuro invasor, colección Nuestro Tiempo, 1942.

Margarita Urueta, San Lunes (incluye las obras teatrales: San Lunes, Una hora de vida y Mansión para turistas), 1943.

Rafael Bernal, Improperio a Nueva York y otros poemas, 1943.

Manha Garreau-Dombasle, Masque, collection Renaissance 3, 1943.

Roger Caillois, La communion des forts. Études de sociologie contemporaine, colección Renaissance 4, 1943.

Michel Berveiller, Le faisseur de prestiges, pièce en trois actes et neuf tableaux, Renaissance, 1943.

Giuseppe Garretto, Serpa Pinto, pueblos en la tormenta (versión española de Félix Samper y Cabello), 1943.

Jacques Maritain, El crepúsculo de la civilización, traducción de Agustí Bartra, colección Nuestro Tiempo, 1944.

Claudio de Souza, Les derniers jours de Stefan Zweig, prefacio de André Maurois, colección Lettres Facsímile, 1944.

Mallarmé, Poesies,  realizada a partir de una edición de Émilie Noulet, 1944.

Pierre Mabille, Le Merveilleux, Impreso en Biblioteca Catalana, 1945.

Charles Baudelaire, Mon Coeur mis à un. Fusées, Choix de maximes consolantes sur l´amour, prefacio de M. Mespoulet, 1945.

 

Autopublicación. El caso de Ramón J. Sender

Todavía no había concluido la guerra civil española cuando, tras su fugaz paso por Francia y Estados Unidos, Ramón J. Sender (1901-1982) llegaba a México, y, como no podía ser de otra manera, uno de sus primeros objetivos era publicar el libro que había estado escribiendo en el barco que le trasladó a América (Proverbio de la muerte) y el que escribió inmediatamente al llegar (El lugar del hombre).

En un país donde no disponía de los contactos necesarios y en un ambiente cultural que aún no dominaba, no es raro que pronto optara por crear una editorial en la que dar salida a las obras que por aquellos años estaba escribiendo, en la que era además una de sus mejores rachas creativas.

Sin embargo, no contaba con los fondos necesarios para llevar a cabo una empresa semejante, pues mientras residía en la calle Niza, 40 de la capital mexicana solicitó el 9 de septiembre de 1939 al Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles un préstamo de 40.000 pesos (que se le denegó con fecha de 30 de abril de 1940), pero en el ínterin el escritor aragonés ya había puesto en pie las Ediciones Quetzal, que publicaría sus primeras obras en México.

Sir Peter Chalmers-Mitchell (1864-1945), traductor al inglés de Contraataque, Mr. Witt en el Cantón y Siete domingos rojos.

Hay constancia de que la prestigiosa editorial londinense Faber & Faber (bajo la égida de T. S. Eliot) le envió el importe de liquidaciones atrasadas, y es posible que otras editoriales hicieran lo mismo, pues a esas alturas sus novelas eran ampliamente publicadas –y con muy buena crítica– en diversos países: en 1934 Imán había aparecido en traducción de James Cleugh simultáneamente en Inglaterra (en Wishart & Company) y Estados Unidos (en Houghton Miffin Co.), que Paul Allen elogió en el New York Herald Tribune; al año siguiente Horace Liveright había publicado en Nueva York Siete domingos rojos, en versión de sir Peter Chalmers Mitchell, obra que en 1938 se incorporaría al catálogo de Penguin; en 1937 Houghton Miffin Co. había dado a la imprenta en Boston la traducción al inglés de Contraaataque y en Les Éditions Sociales de París había aparecido la versión francesa de Georges Bénichou, mientras que ese mismo año Faber and Faber ponía a la venta la traducción de sir Peter Chalmers-Mitchell de Mr. Witt en el Cantón (que al año siguiente publicaría Houghton Mifflin en Estados Unidos) y a ello hay que añadir las publicaciones en las mejores revistas de sus cuentos y relatos (la Partisan Review, donde por entonces publicaban Auden, Saul Below o Edmund Wilson, o la Kenion Review, donde son habituales las firmas de Penn Warren, Cleanth Books y otros grandes de la Fraternidad de Escritores del Sur).

Robert Penn Warren (1905-1985), de pie, con Saul Bellow (1915-205) en 1972.

Entrevistado por Baltasar Porcel para Personajes excitantes (Plaza & Janés, 1978), el propio Sender aludiría a que esos ingresos procedentes sobre todo de editoriales estadounidenses (aún no afectadas de pleno por la guerra mundial) y en menor medida inglesas, le ayudaron a subsistir en la capital mexicana:

México nos ayudó mucho, aunque yo no gané un solo peso mexicano en todo el tiempo que estuve allí. Vivía de ocasionales derechos de autor que llegaban de Inglaterra o Estados Unidos. Por eso, sintiéndolo mucho –porque yo amo a México de veras– tuve que salir para Estados Unidos, donde enseguida las universidades me buscaron.

 

Miguel Ángel Asturias en 1932.

Pese a esas dificultades económicas, en 1939 conseguía sacar a la luz tres libros de sus recién creadas Ediciones Quetzal: sus novelas Proverbio de la muerte y El lugar del hombre e iniciaba una colección titulada Un hombre y una Época con la traducción de Francisco Pina Brotóns del Cervantes escrito por el hispanista francés Jean Cassou (1897-1986), quien en 1937 había publicado en Gallimard una traducción de Las novelas ejemplares cervantinas. Algún testimonio de los apoyos recibidos por Sender en esta empresa sí existe, y se refiere nada menos que a quien llegaría a ser Premio Lenin de la Paz y Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias (1899-1984), acerca de cuya obra ya en 1930 había publicado Sender “Un poeta de Guatemala” (El Imparcial, 26 de julio):

Gracias a la intervención de Miguel Ángel Asturias cerca del monopolio del papel se consiguió buen papel y en mayor cantidad del que esperábamos. Le dije que no tenía dinero para el pago. “No te preocupes”, me dijo, “me firmarán unas letras que iremos renovando”. Y así lo hicimos, hasta que unos meses después dejaron de reclamarlas.

Sólo puede conjeturarse acerca de si en la estancia, en cualquier caso breve, de Sender en Guatemala tuvo alguna intervención Miguel Ángel Asturias. En cualquier caso, apenas llevaba tres meses en México cuando Sender ya estaba gestionando su traslado a Estados Unidos, que veía difícil a raíz del hecho de que un funcionario le retuviera el pasaporte para tramitarle la naturalización, y, aparentemente, lo extraviara (lo que dificultaba la posibilidad de acceder a un visado de entrada en Estados Unidos). Jesús Vived Mairal recrea ese episodio en la excelente biografía que dedicó a Sender y detalla la intervención decisiva para resolverlo del poeta y alto funcionario de la Secretaría de Relaciones Exteriores Jaime Torres Bodet, a quien Sender conocía de su etapa como secretario de la embajada mexicana en España en los años veinte. Finalmente, mediado 1941 pudo Sender viajar al país vecino, donde residiría hasta el final de sus días.

Los siguientes títulos que aparecieron en Ediciones Quetzal fueron, ya en 1940 y en la colección Un hombre y una Época , Hernán Cortés, “retablo en dos partes y once cuadros”, que Sender había escrito en respuesta a la petición que en sus primeras semanas en México le había hecho el actor vasco  Benito Cibrián (1890-1974), quien deseaba estrenar en el Teatro Bellas Artes una obra que tratara la historia común de España y México con la compañía que tenía con su esposa Pepita Melià (1893-1990); y en la misma colección se publicaba ese mismo año Darwin, de Marcel Prenant (traducido por el crítico cinematográfico exiliado Francisco Pina Brotóns) y Fulgor de Martí, de Mauricio Magdaleno, de cuyo volumen de Teatro revolucionario (Madrid, Cénit, 1933), Sender había escrito una elogiosa reseña para el periódico madrileño Libertad en 1933 que propició el encuentro personal en la capital madrileña; y en diciembre de 1940 aparecía en Quetzal el libro de cuentos de Sender Mexicayót,(con viñetas del pintor y escritor malagueño Darío Carmona), donde se expresa con enorme fuerza la asimilación que el escritor aragonés estaba llevando a cabo de la historia, la cultura y las costumbres del país que le acogía. Unos años más tarde (en 1945), uno de los cuentos incluidos en este libro, “El zopilote”, lo traduciría para The Modern Magazine nada más y nada menos que Paul Bowles (1910-1999).

Se hace difícil fechar con precisión cuándo desistió Sender de sus intentos editoriales, que tuvieron sin embargo continuidad en manos de una sociedad anónima capitaneada por Bartomeu Costa-Amic, Julián Gorkín y Michel Berveiller, con el apoyo económico de un grupo de inversores franceses establecidos en México como consecuencia de la guerra mundial. Por ello, es difícil establecer qué títulos publicados entre 1941 y 1944 (fecha en que la sociedad se disolvió) corresponden a decisiones y desvelos del escritor aragonés. Aun así, parece deberse a Sender la publicación en 1941 de Torbellino (un hombre de treinta años), del político y escritor mexicano Alejandro Gómez Maganda (1910-1984), de Hombres contra Hitler, de Fritz Max Cahen (1891-1966), en traducción de Concha de Albornoz (1900-1972) y de Páginas del destierro, de Álvaro de Albornoz Salas (a quien conocía desde por lo menos los años veinte en su época de periodista en Madrid), mientras que es más difícil aún dilucidar si pertenece ya a la segunda etapa de Ediciones Quetzal la publicación de Victor Serge, Hitler contra Stalin. La fase decisiva de la guerra mundial, en traducción del maestro poumista Enric Adroher i Pascual (“Gironella”) (1908-1987)  a partir de un original por entonces inédito en francés (L´empire nazi contre le peuple russe) ese mismo año 1941. Lo cierto es que Sender conocía bien no sólo a Serge, sino también a Adorher, pero quizá este texto llegara ya a través de Costa-Amic o de Berveiller.

En cualquier caso, más adelante aún apareció en Quetzal la primera edición de la novela de Sender Epitalamio del prieto Trinidad (1942), con cubierta de Carmona, que Francisco Carrasquer consideró “la más completa orquestración de las partituras senderianas de ultramar. Sobre todo, atendiendo a las modulaciones de contrapunto”, y Manuel Andújar “una de las contribuciones más importantes del exilio republicano [que] ocupa aún hoy sitio preferente en cualquier recuento de América Latina, a pesar de que el reconocimiento popular y el oficial dique académico incurran en semejantes distracciones”. Ese mismo año la poderosa editorial Doubleday (cuando aún estaba a su frente Nelson Doubleday), publicaba la traducción que de esta novela hizo Eleanor Clark, que a su vez provocó una reseña entusiasta del gran Lionel Trilling (1905-1975) en Nation. Se anunció también en Quetzal un Valle Inclán, presumiblemente en la colección Un hombre y una Época, que no llegó a buen puerto.

Es significativo que esta producción literaria de los años iniciales del exilio publicada en sus propias Ediciones Quetzal se viera Sender en la necesidad de reelaborarla de cabo a rabo en años sucesivos. Así, reescribió Proverbio de la muerte hasta convertirla en La esfera (Buenos Aires, Ediciones Siglo XX, 1947),  El lugar del hombre fue sometida a una revisión que cambió incluso el título: El lugar de un hombre (México, Ediciones CNT, 1958); la obra teatral Hernán Cortés se reconvirtió y diluyó su forma teatral en Jubileo en el Zócalo (Nueva York, Appleton Century Crofts, 1964), y sólo algunos de los  cuentos de Mexciayótl se aprovecharon, reelaborados y en algún caso con títulos nuevos, al incorporarlos a Novelas ejemplares de Cíbola (Nueva York, Las Americas Publishing, 1961).

Podría concluirse, pues, que si económicamente la empresa de Sender fue poco menos que un desastre absoluto, como escritor acumuló un material muy valioso que, sin embargo, al parecer no fue inicialmente objeto del proceso de edición que merecía, y en consecuencia pasado el tiempo tuvo que someterlo a revisiones, en algunos casos notablemente severas o de bastante calado.

Fuentes:

Fabienne Bradu, “Bartomeu Costa-Amic”, Vuelta, núm. 253 (1997), pp. 41-45.

Francisco Carrasquer, La Integral de ambos mundos. Sender, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 1994.

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Jalisco, El Colegio de Jalisco, 1998.

aedf6-ramon-senderJosé Carlos Mainer, “Resituación de Sender”, en AA.VV., Ramón J. Sender. In memoriam, Zaragoza, Diputación de Aragón, 1983, pp. 5-23.

Jesús Vived Mayral, Ramón J. Sender. Biografía (Páginas de Espuma (Voces 14),2002.

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Editar es divertido (la colección Aquelarre)

Escribe Roberto Calasso en uno de los textos incluidos en La marca del editor (Anagrama, 2014) que, “si la actividad del editor no es sacudida con frecuencia por una carcajada quiere decir que hay algo que no funciona”, y la explicación que dio Francisco Rivero Gil (1899-1972) de cómo se llegó a crear la editorial hispanomexicana Aquelarre, a partir de la tertulia homónima, le da toda la razón: “El Aquelarre lo estamos tomando como lo que es, una cosa seria; de vez en cuando, para divertirnos publicamos un libro”.

Otaola.

Simón Otaola Oyarzábal (1907-1980), “Ota” para los amigos, narró con mucho gracejo en La librería de Arana la historia de la tertulia del Aquelarre, cuyo nacimiento puede fecharse con exactitud el 17 de diciembre de 1949 alrededor de una olla de callos (en las cocinas del Ateneo Español de México) y formada fundamentalmente por exiliados españoles: el propio Otaola,  publicista cinematográfico, el librero y promotor cultural José Ramón Arana (Ramón Ruiz Borau) (1905-1973), el periodista, traductor y crítico literario y cinematográfico Francsico Pina (1900-1972) y el profesor de literatura Isidoro Enríquez Calleja (1900-1971), a los que, en cuanto fijaron el restaurante El Hórreo como lugar de encuentro los viernes por la noche, no tardaron en añadirse otros más o menos habituales (León Felipe, Álvaro de Albornoz Salas, Manuel Bonilla, Anselmo Carretero, Manuel Andújar, Pedro Garfias, Arturo Perucho, un joven José de la Colina) e incluso algunos eventuales (Efraín Huerta, Manuel Altolaguirre, Luis Rius, etc.).

La tertulia del Aquelarre.

Aquelarre fue una colección destinada a la publicación de textos relativamente diversos obra de los contertulios, financiada como dios daba a entender y con la colaboración de todos los compañeros. Tal como lo cuenta José de la Colina en la introducción a la obra de Otaola ya citada:

Como la literatura era, aparte de España, una pasión central del grupo, surgió pronto el espejismo de los escritores: la editorial para publicarse ellos. En la colección Aquelarre, en la que se cobijaban ediciones de autor y cuyo emblema, dibujado por Rivero Gil, era un escudo en el que una bruja cabalgaba su escoba en un cielo nocturno.

Apenas tarda en llegar este “espejismo”, pues en 1950 ya aparecen por lo menos dos de los libros iniciales de la Colección Aquelarre, firmados por los promotores principales de la tertulia: el libro de Otaola titulado Unos hombres, precedido de prólogo del grafista Juan Renau (1913-1990), en el que lo describe como una “galería de hombres cualesquiera”, y de sendos textos introductorios de los contertulios Efraín Huerta y Francisco Pina, que aparece bajo el ala de las Ediciones Corzo, y la que a menudo la crítica literaria ha considerado entre lo mejor sobre la guerra civil española, el relato de José Ramón Arana, El cura de Almuniaced, una novela corta que se publica acompañada de cuatro cuentos y de la que se tiraron 500 ejemplares.

José Ramón Arana.

La colección se caracteriza por una encuadernación en rústica con solapas, portadas impresas a dos tintas y un tamaño de 13 x 19,5 cm., y en cuanto al contenido hay un cierto predominio de los textos de carácter memorialístico y autobiográfico, pero muy relativo, pues cada libro era un caso particular que se encarga a la imprenta que en ese momento más conviene. El caso concreto de uno de los libros más importantes publicados en la Colección Aquelarre, Charles Chaplin, genio de la desventura y la ironía, de Francisco Pina, y sus vicisitudes con los Talleres de Impresora Juan Pablos, con contados con cierto pormenor en La librería de Arana, del mismo modo que algunos detalles acerca del libro memorialístico de Juan Renau  (Colección Pasos y sombras. Autopsia, que prologa precisamente Pina. Esta promiscuidad en la escritura de prólogos, proemios, textos introductorios e ilustraciones entre los miembros del grupo o tertulia es otra de las características que definen la colección como un proyecto desenfadado y con escasa vocación comercial.

Juan Renau (1911-1990).

Así, por ejemplo, el prolífico Otaola escribe textos para Los niños, las niñas y mi perra (1951), de Álvaro de Albornoz, para . La espiga y el racimo (1951), de Paulita Brook, para Veturian. Drama en un acto (1951), de Arana y para Nuevo retablo, del abogado y político Mariano Granados (1897-1972); un ocasional de la tertulia, Pere Bosch Gimpera, prologa la edición ampliada y anotada por Anselmo Carretero y Jiménez de Las nacionalidades españolas, de Luis Carretero y Nieva, que se publica en 1952, y el joven Luis Rius prologa la edición de Las tres celdas de Sor Juana (1953), de  Isidoro Enriquez Calleja, ilustrada por la pintora soriana Elvira Gascón (1911-2000), artista dilecta de Alfonso Reyes que ilustró mucha obra del Fondo de Cultura Económica, además de colaborar con publicaciones como El Nacional y Novedades. Por no mencionar siquiera las colaboraciones de Juan Renau, José de la Colina, López Cortés, Ras (Eduardo Robles), Esplandíu como ilustradores de la edición en Aquelarre de La librería de Arana de Otaola.

J.A. Balbotín (1893-1977).

Las tiradas de estos títulos eran variables pero nunca muy grandes, como es fácil suponer. Con los datos que he podido recabar, y que nunca son demasiado fiables en estas cuestiones, se puede aventurar que oscilaban entre los 500 de El cura de Almuniaced y La espiga y el racimo, y los 1.000 del libro del exiliado en Gran Bretaña José Antonio Balbotín, La España de mi experiencia (reminiscencias y esperanzas de un español en el exilio), cuyo colofón lo fecha el 31 de diciembre de 1952 (la tirada de la Librería de Arana, por ejemplo, se situaría en los 700 y, aunque sin datos precisos, de Los niños y las niñas se hizo una edición en 1951 y una segunda al año siguiente).

A partir de 1954 parece que decae el impulso editorial de la colección, pero el único libro que publica ese año es muy significativo y muy importante en la historia de la literatura española, Mosén Millán, de Ramón J. Sender, que, como puede comprobarse por el epistolario que mantiene por esos años con Joaquín Maurín, estaba pasando dificultades para conseguir publicar sus libros. Mosén Millán, cuyo título cambiaría en las siguientes ediciones por el de Réquiem por un campesino español, escrito en apenas una semana, cabe deducir, pues, que se publicó a expensas del propio autor, que por entonces había obtenido estabilidad económica gracias a sus clases en la universidad, a los artículos que le colocaba Maurín a través de la agencia ALA y a los derechos de traducción de sus obras.

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Manuel Andújar.

En la decisión de Sender de publicar en Aquelarre debió de pesar su amistosa relación personal con José Ramón Arana. En 1943, Arana había creado una revista destinada a los aragoneses en México que tuvo una vida bastante breve (cinco números entre octubre de 1943 y 1945), y en ella, además de al editor de la revista, Juan Vicens de la Llave (ex colaborador del eminente librero Sánchez Cuesta en su Librairie Espagnole), pueden encontrarse algunos textos de Sender, junto a otros de José Ignacio Mantecón, Manuel Sánchez Sarto o Benjamín Jarnés. Además, desde mayo de 1947 Sender había ido colaborando en otra de las iniciativas mayores puestas en pie por Arana, la prestigiosa revista Las Españas, creada en colaboración con Manuel Andújar (1913-1994).

Ramón J. Sender.

Ramón J. Sender.

De que Sender confiaba en Arana hay prueba también en la carta a Maurín del 7 de marzo de 1953: “Arana tiene talento y pelea recio para vivir y para publicar además cosas interesantes con las que casi siempre pierde dinero: Las Españas y una colección literaria con el título general Aquelarre”, que por las fechas puede quizá vincularse directamente con la publicación de Mosén Millán en esa colección.

Más asombroso incluso es que en 1955, cuando la colección parece ya definitivamente abandonada, aún aparezcan en ella, como únicos títulos, dos obras más de Sender, Ariadna  (relato incluido en 1957 en  Los cinco libros de Ariadna, que se publicó en la Editorial Ibérica que dirigía Victoria Kent en Nueva York) e Hipogrifo violento, una de las partes que acabarían por conformar Crónica del Alba.

Mariano Granados.

Serían los últimos títulos de una colección que, quizás un poco por casualidad, indujo a la publicación de algunos títulos muy oportunos escritos por autores que sin duda tenían cosas que decir (Renau, Arana, Granados…). Como dejó escrito el propio Otaola:

Una de las cosas que habrá que agradecer a la colección Aquelarre será esa de haber despertado, en ciertos amigos, una curiosa pasión creadora, un fervoroso deseo de escribir y publicar libros.

 

Anexo. Títulos localizados de la Colección Aquelarre

Simón Otaola, Unos hombres, prólogo de Juan Renau, Corzo (Aquelarre), 1950.

José Ramón Arana (Ramón Ruiz Borau), El cura de Almuniaced, 1950.

Ramón de Belausteguigoitia, La sombra del Mezquite, Editorial Latina (Aquelarre), 1951.

Paulita Brook (Lucila Harmony), La espiga y el racimo, prólogo de Otaola, 1951.

José Ramón Arana, Veturian. Drama en un acto, presentación de Simón Otaola, 1951.

Carmen Alcázar, Mi soledad y yo. Poemas, prologo de Isidoro Enríquez Calleja, 1951.

Álvaro de Albornoz, Los niños, las niñas y mi perra, prólogo de Simón Otaola, 1951 (2º 1952).

Simón Otaola, La librería de Arana. Historia y fantasía, ilustraciones de Juan Renau, José de la Colina, López Cortés, Ras (Eduardo Robles), Esplandíu y del autor, 1952.

Luis Carretero y Nieva, Las nacionalidades españolas (edición ampliada y anotada por Anselmo Carretero y Jiménez; prólogo de Pedro Bosch Gimpera), Colección Aquelarre, 1952.

Mariano Granados, Nuevo retablo, prólogo de Simón Otaola, de Talleres Gráficos de la Editorial Intercontinental (Aquelarre), 1952.

Francisco Pina, Charles Chaplin, genio de la desventura y la ironía, Talleres de Impresora Juan Pablos (Colección Aquelarre), 1952.

José Antonio Balbotín, La España de mi experiencia (reminiscencias y esperanzas de un español en el exilio), 1952.

Juan Renau, Pasos y sombras. Autopsia, prólogo de Francisco Pina, 1953.

Simón Otaola, Los tordos en el pirul, 1953.

Isidoro Enriquez Calleja, Las tres celdas de Sor Juana, con ilustraciones de Elvira Gascón y prólogo de Luis Rius, 1953.

Ramón J. Sender, Mosén Millán, Aquelarre, 1953.

Ramón J. Sender, Hipogrifo violento, Aquelarre, 1954.

Ramón J. Sender, Ariadna, 1955.

Fuentes:

Javier Barreiro, “José Ramón Arana“, en su blog personal, 14 de abril de 2012.

Fulgencio Castañar, “Un enfoque diferente sobre los exiliados republicanos: Otaola, la épica de los cotidiano desdramatizada”, en en Manuel Aznar Soler, ed., Escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Renacimiento (biblioteca del Exilio. Anejos IX), 2006, pp. 729-737.

Francisco Caudet, ed., Correspondencia Ramón J. Sender-Joaquín Maurín, Madrid, Ediciones de La Torre (Nuestro Mundo), 1995.

Francisco Caudet, “Sender en Albuquerque: la soledad de un corredor de fondo”, en Juan Carlos Ara Torralba y Fermín Gil Encabo, eds., El lugar de Sender, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1995, pp. 141-159.

Ricardo Crespo, “Cambio ideológico y trascendencia: Sender en la American Literary Agency”, en José Domingo Dueñas Lorente, ed., Sender y su tiempo. Crónica de un siglo, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2001, pp. 527-534.

Luis Antonio Esteve Juárez, “Los “primeros” libros de José Ramón Arana”, en Manuel Aznar Soler, ed., Escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Renacimiento (biblioteca del Exilio. Anejos IX), 2006, pp. 873-882.

Otaola, La librería de Arana. Historia y fantasía (incluye las ilustraciones y textos de la edición de Aquelarre, a lo que añade un texto inicial de José de la Colina y un muy útil índice onomástico), Madrid, Ediciones del Imán, 1999.

Javier Quiñones, “Elvira Godás y José Ramón Arana”, De ahora en adelante, 1 de abril de 2009.

Jesús Vived Mairal, Ramón J. Sender. Biografía (Páginas de Espuma (Voces 14),2002.

 

Joaquín Maurín, el traductor y su sombra

Acerca de lo que David Paradela llamó “Todos los hombres de Janés”, es decir la pléyade de ilustradores, correctores y sobre todo traductores a los que el editor catalán auxilió encargándoles trabajos en lo más duro de la posguerra, siguen habiendo algunos de los que sabemos poco más que el nombre, pese a que es un tema que se explora y analiza en casi todos los libros y artículos que se han dedicado a Josep Janés, y sobre el que aparece también referencias dispersas en numerosos textos memorialísticos y autobiográficos.

J. Maurín.

En el rico espistolario entre quien fuera secretario general de la CNT y del POUM, Joaquín Maurín (1896-1973), y el escritor exiliado Ramón J. Sender (1901-1982) que editó Francisco Caudet, hay una anotación interesante en este sentido. Cuando en funciones de agente literario no oficial, Maurín estimulaba a Sender a intentar publicar su obra en España, le dice en dos cartas separadas por casi dos años:

Podría ver si algún editor con el que yo estuve en contacto en España –hacía traducciones– podría interesarse por algo suyo. Usted verá, y podría ser algo a explorar, sin que me atreva a prever los resultados. [Carta del 7 de septiembre de 1953]

Creo como tú –más que tú– que tus novelas en España se venderían –se venderán– muchísimo.

La primera proposición la haría al editor de Barcelona –José Janés– que edita el libro de Bertram D. Wolfe [Tres que hicieron una revolución, 1956, traducido por Manuel Bosch Barrett y Fernando Barangó Solís]. Es un antiguo amigo mío: me dio trabajo cuando salí de prisión. Espero que –si no hay “veto” político– acepte la propuesta que le haga. [Carta del 9 de junio de 1955]

Ramón J. Sender.

Esa amistad entre Janés y Maurín, que explica que el editor barcelonés estuviera en un tris de convertirse en el editor en España de la obra de Sender –si la censura no se hubiera interpuesto– hay que situarla en el año 1946, cuando, después de un periplo por cárceles españolas (ocultando su auténtica identidad para evitar males mayores), Maurín, condenado a treinta años por inducción a la rebelión, fue indultado y salió en libertad vigilada y con la obligatoriedad de residir en Madrid.

Fue la madre de otro militante del POUM que traducía para Janés ya en la cárcel (Víctor Alba) quien propuso a Maurín que se pusiera en contacto con el editor y aprovechara sus amplios conocimientos lingüísticos para ofrecerse como traductor.

Sherwood Anderson

Naturalmente, el nombre de Joaquín Maurín no figura en ningún libro publicado por Janés, pero hay un buen indicio para identificarlo, por lo menos, como el traductor de una obra del corresponsal de guerra e historiador Alan Moorehead (1910-1983), un conjunto de relatos del narrador escocés A.J. Cronin (1896-1981), una novela de Phyllis Bottome (1884-1963) y otra semiautobiográfica del maestro de la pieza breve Sherwood Anderson (1876-1941).

En una entrevista publicada originalmente en 1977, Luis Portela recordaba haber coincidido con Maurín en 1946 y, ante el ofrecimiento de ayuda económica del partido para paliar las evidentes estrecheces por las que pasaba, Maurín la rechazó alegando que iba defendiéndose a base de traducciones. Preguntado acerca de los títulos en los que podía estar trabajando, declara Portela: “Una de las cosas que tradujo fue un libro sobre el mariscal Montgomery, porque me habló justamente del tipo, del personaje. Otras cosas no sé”.

Inédita, 2009.

Para un conocedor de los catálogos janesianos esa referencia remite sin duda posible a la biografía de Alan Moorehead que publicó Janés en el año 1947 en la colección Los Libros de Nuestro Tiempo, que apareció firmada por un inexistente Mario G. Alcántara. Ese mismo título, Montgomery, fue mucho más recientemente publicado en la editorial Inédita (en traducción firmada, curiosamente, por “Mario G. Alcántara y Miquel Salarich“) en 2009.

Los otros tres libros existentes en los catálogos de Janés firmados por Mario G. Alcántara son: Señal de peligro (1947), de Phyllis Bottome, el libro de relatos Las aventuras de un maletín negro (1947), de A. J. Cronin, y la novela de Sherwood Anderson Tar (en el original inglés, con el subtítulo “A Midwest Childhood”), publicada ya en 1948.

Sobrecubierta de Joan Palet para Señal de peligro.

Por tanto, de entrada podemos añadir un nuevo pseudónimo a los que hasta ahora se le conocían a Maurín (Silivio Kosti, Máximo Uriarte, J.M. Julià, etc.).

Por otra parte, en carta a Manuel Sánchez fechada el 12 de marzo de 1947, escribe Maurín:

Recibí tu carta a su debido tiempo. Perdóname que te conteste con algún retraso. La verdad es que no me queda materialmente tiempo. El trabajo de traductor es absorbente. Lo hago por fuerza, porque no me queda otro remedio.

Teniendo en cuenta la extensión de las obras firmadas como Mario G. Alcántara, y si tan intensamente trabajaba Maurín en estas labores, cabe incluso la posibilidad (tampoco muy probable) de que sea también el autor de alguna otra traducción firmada con otro seudónimo o sin indicación del traductor.

Sin embargo, cuando finalmente ese año 1947 Maurín consigue salir de España y establecerse definitivamente en Nueva York, no cesa el contacto con Janés. Francisco Caudet reproduce un fragmento de una carta de Maurín a Janés, que fecha en enero de 1950, que pone de manifiesto la participación del entonces agente literario y periodista en el Premio Internacional de Novela que Janés había instituido (y que se caracterizó por premiar obras que luego eran censuradas e imposbles de publicar: Rabinad, González Ledesma, etc.):

Tal como le dije verbalmente, deseo que mi novela Los compañeros de prisión vaya al concurso organizado por usted llevando la firma Mario Tiznel. En caso de salir premiada, si por razones editoriales fuese más conveniente darla con mi nombre, podríamos estudiarlo.

Janés, 1947.

En 1999, el Instituto de Estudios Altoaragoneses recuperó dos obras narrativas de Maurín,¡Miau!: historia del gatito Miscelánea (narraciones escritas en la prisión de Jaca) y May: rapsodia infantil (escrita en las de Salamanca y Modelo de Barcelona), y en 2003 la exquisita colección Larumbe publicó Algol en edición preparada por Anabel Bonsón Aventín, pero se sabe además de otras obras narrativas escritas en esos años por Maurín, entre ellas: “Valentín”, el primer relato de En las prisiones de Franco (México, Costa-Amic, 1974, con prólogo de Germán Arciniegas), y Amor y comedia (manuscrito en la Biblioteca del  Bryn Mawr College).

Víctor Alba (1916-2003), correligionario y buen amigo de Maurín, con quien coincidió en la Modelo, dejó escrito en sus memorias acerca de uno de sus primeros encuentros en la prisión:

Un día Kim [Maurín] me dijo que estaba escribiendo un libro (en hojas de papel higiénico, para poder ocultarlo si era preciso). Pude leerlo unos años después (me encargué de sacarlo del país) y lo encontré acertado en muchos aspectos”.

Victor Alba

Víctor Alba no menciona ningún título, pero es posible que aluda a lo que entonces era Los compañeros de prisión y que acabaría publicándose en México como En las prisiones de Franco.

De ello puede deducirse que Maurín y Janés seguían en contacto ininterrumpido, y permite interpretar razonablemente el ofrecimiento que Maurín hizo de la obra narrativa de Sender precisamente a Janés como un modo de agradecer la ayuda que en su día el editor prestó al político recién excarcelado (y con muy pocas posibilidades de ganarse el sustento). Como tantas otras cosas, la censura impidió que ese bello gesto de Joaquín Maurín llegara a buen puerto. E incluso cabe atribuir a la censura el empleo del pseudónimo y, por consiguiente, que estemos tardando tanto en conocer la obra de quienes llevaron a cabo su labor en la España en tiempos de Franco.

Fuentes:

Víctor Alba (Pere Pagès i Elias), «Quan Janés donava feina a escriptors malvistos», Avui dels Llibres IV, 17 de septiembre de 1986, p. 18.

Víctor Alba, Sísif i el seu temps. II. Costa amunt, Barcelona, Laertes, 1990.

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s.f., “Asuntos laborales nada “inéditos”“, Adenda&Corrigenda, ¿febrero de 2009?

Joaquín Maurín, agente literario de Ramón J. Sender

Cubierta de Cabrerizas Altas, en la que no aparece la J (que corresponde a José) en el nombre del autor.

Cubierta de Cabrerizas Altas, en la que no aparece la J (que corresponde a José) en el nombre del autor.

Como ya es sabido, la obra pseudoautobiográfica de Ramón J. Sender (1901-1982) Crónica del Alba se compone de nueve libros publicados a lo largo de más de veinte años, pero el material narrativo del que se sirvió para escribirlos había ido apareciendo parcialmente en obras como El verdugo afable (Santiago de Chile, Nascimiento, 1951), Los héroes (San Juan de Puerto Rico, Between Worlds, 1960) y Cabrerizas Altas (México, Editores Mexcianos Unidos, 1965), entre otras. La secuencia en que aparecieron los títulos que forman esta gran obra fue la siguiente:

  • 1942 Crónica del Alba (México, Nuevo Mundo)
  • 1954 Hipogrifo violento (México, Aquelarre)
  • 1957 La Quinta Julieta (México, revista Panoramas y Editorial Costa-Amic)
  • 1960 El mancebo y los héroes (México, Atenea)
  • 1963 Con el título Crónica del Alba, Las Americas Publishing Co. de Nueva York publica un primer tomo con los tres primeros libros y un segundo con El mancebo y los héroes y los nuevos La onza de oro y Los niveles del existir.
  • 1965: Aparecen en Delos-Aymà, bajo el título general Crónica del Alba dos volúmenes correspondientes a los publicados por Las Americas. Gana el Premio Ciudad de Barcelona 1966.
  • 1966: Delos-Aymà añade un tercer volumen con Los términos del presagio, La orilla donde los locos sonríen y La vida comienza ahora.

Cuando en octubre de 1953 Sender reanuda el proyecto iniciado en 1942, ya había tomado como agente para sus ensayos a Joaquín Maurín Julià (1896-1973), quien le animó a intentar publicar en España una obra que inicialmente, por su nulo contenido político, no era susceptible de chocar con las prohibiciones de la censura franquista. La interesantísima correspondencia entre Sender y Joaquín Maurín, editada y anotada por Francisco Caudet en 1995 y publicada por Ediciones de la Torre y el Instituto de Estudios Altoargoneses, permite ver cómo se gestó ese proyecto y el papel que en su forma definitiva tuvo Joaquín Maurín, quien en calidad de agente literario (en American Literary Agency) gestionaba los derechos de los artículos periodísticos de Sender, así como los de Miguel Ángel Asturias, Alfonso Reyes y Ramón Gómez de la Serna, entre otros.

El que fuera secretario general de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) entre 1921 y 1922, y posteriormente secretario general del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) entre 1935 y 1936 y diputado a Cortes por Barcelona entre febrero de 1936 y febrero de 1939, había llegado a Nueva York tras unas muy novelescas peripecias que le habían llevado, incluso de incógnito, por diversas cárceles franquistas.

Para evitar que lo expulsaran de Estados Unidos y poder crear una empresa (pues había entrado como turista), el por entonces presidente de Costa Rica, José Figueres (1906-1990), nombró a Maurín asesor de su país en la ONU. Por falta de recursos, Maurín estableció en 1948 su oficina en su apartamento frente al río Hudson. Lo gracioso es que pronto figuraron dos trabajadores en la empresa: Joaquín Maurín, como representante del director, y J.M. Julià (burdo seudónimo) como director. La idea rectora de esta agencia creada por Maurín era extender y generalizar entre los periódicos de habla hispana la costumbre en los periódicos europeos y estadounidenses de contar con artículos de fondo firmados por autores de prestigio. A los autores, por su parte, eso les permitiría unos ingresos adicionales y una mayor visibilidad en países donde su obra tenía escasa presencia o eran poco conocidos. Los primeros clientes de ALA fueron Maurín, Anderson (seudónimo de Maurín), Roy (seudónimo de Maurín), Mayo (seudónimo de Maurín) y el escritor colombiano Germán Arciniegas (1900-1999), a los que más adelante se fueron añadiendo, además de los ya mencionados, autores como Salvador de Madariaga, José Vasconcelos, Alejandro Casona,Víctor Alba, Pablo Neruda…

Joaquín Maurín

Inicialmente se ocupaba sólo de los derechos de artículos para prensa, pero no fue así en el caso de Sender. Resulta por tanto un poco sorprendente lo que escribe el escritor aragonés en carta a su agente del 26 de febrero de 1958:

Yo creo que no necesito agentes. La parte comercial de mi pequeña carrera nunca me ha proporcionado mucho. Algunos años me ha dado bastante dinero (para mis costumbres), otros poco. Pero no me siento capaz de atender la cosa como un negocio.

Aun así, en los años precedentes, Maurín había actuado “de hecho” como agente literario de Sender. Las intervenciones del agente en la publicación de libros de Sender fueron en realidad fruto de la amistad que fue surgiendo entre ellos, como lo demuestra el hecho de que, cuando se le ofreció, el agente rechazara un porcentaje por los derechos de las Novelas ejemplares de Cibola si conseguía colocarlas: “De lo de la comisión –escribe Maurín a Sender en octubre de 1953–, ni hablar. Se ha empeñado usted en hacerme comisionista y no quiero serlo de los amigos”.

Las Américas Publishing Co., 1961.

En agosto de 1953 Sender había intentado sin éxito que la argentina Editorial Sudamericana le publicara ese magnífico libro de relatos, y atribuía las dificultades con que se encontraba a la intervención del escritor español Guillermo de Torre (1900-1971), ante lo cual Joaquín Maurín le ofreció intermediar personalmente, puesto que mantenía una cierta amistad con uno de los accionistas de esta empresa. Posteriormente, en abril de 1954, intervendría también en el intento de colocar el libro en editorial chilena Zig-Zag. Al parecer, estas gestiones no tuvieron el éxito deseado, pues el libro no apareció hasta 1961 en las estadounidenses Las Americas Publishing. Si embargo, desde el primer momento, Maurín le planteó a Sender una posibilidad que el escritor aragonés no podía dejar escapar de ninguna manera:

A propósito: ¿Usted no ha pensado en la posibilidad de editar en España? Quizá la pregunta le sorprenda. A mi modo de ver, espiritualmente habría que ir entrando en España para ponerse en contacto con lo bueno de España, que es la mayoría… [carta del 7 de septiembre de 1953)]

Ramón J. Sender.

Aunque, ciertamente, a Sender pudiera sorprenderle la propuesta de intenar que la Censura framquista permitiera publicar en España la obra de un escritor exiliado como él, pocos meses después Maurín vio enseguida claro que el gran libro pseudoautobiográfico era la oportunidad idónea para intentar reintroducir a Sender en el ámbito editorial español. Sender le escribió a su agente acerca de sus planes el 7 de junio de 1955:

He pensado que mejor que escribir la novela histórica [Bizancio] por ahora, será escribir el tercer tomito de la serie que comencé con Crónica del Alba y con Hipogrifo violento. Creo que los tres volúmenes (el tercero se titulará La Quinta Julieta) podrías ofrecerlos con mi nombre (es decir, sin seudónimo) a alguien en España cuando llegue el momento. Como en esos libros no hay nada político, tal vez no tendrán inconveniente. Y los tres juntos en un solo volumen con el título general Crónica del Alba se venderían en España muchísimo.

El epistolario está lleno de pasajes en que vemos a Maurín informando a Sender acerca de circunstancias del mundo editorial español que Sender desconoce, dándole consejos referidos a su carrera literaria, y pidiéndole en consecuencia comprensión y paciencia, aclarándole las muchas dificultades a que se enfrentan los editores en España y subrayando la importancia de lograr que se publique algo suyo en España, lo cual puede abrir la puerta a otros libros. La respuesta a la última carta citada fue inmediata:

Creo que haces bien decidiéndote a editar en España. Los editores no son Franco y la Falange, sino empresas comerciales, la mayor parte de ellas –o ellos– adversarios de Franco y la Falange. Además, la industria editorial española ha vuelto a reconquistar el mercado de Hispanoamérica. Sólo editando en España se puede tener una difusión general en toda Hispanoamérica. Las editoriales de México, Buenos Aires y Chile han quedado rezagadas y ahogadas en su estrechez.

Me dispongo, pues, a buscarte editor para tus novelas. [carta del 9 de junio de 1955]

Ramón J. Sender.

Las gestiones fueron largas, llenas de tropiezos y dificultades, por razones sobre todo de censura, que era especialmente dura con los autores exiliados, lo que provocó periódicos momentos de desilusión del escritor y frecuentes palabras de aliento y estímulo del agente, quien concedía una enorme importancia al éxito de esa misión. Incluso intervino Maurín haciendo propuestas y sugerencias para conseguir salvar las previsibles objeciones de la censura al prólogo, que de haber sido aceptadas por el escritor hubieran ayudado además a clarificar la estructura de la obra:

Puesto que la novela va a tener tres partes y el título de la primera será Crónica del Alba, el de la segunda Hipogrifo violento y el de la tercera La Quinta Julieta, creo que debieras dar al todo un nuevo título.

A mi modo de ver, seria un error estratégico querer publicar el prólogo [de Lluis Capdevila], que se refiere, aunque indirectamente, a la guerra civil española. La presencia del prólogo puede matar la publicación sin más, por parte de la censura.

Si das a la novela un título general y pones como subtítulo Memorias de José Garcés, el prólogo ya no es necesario.

Tú verás. [carta del 15 de julio de 1955]

Joaquín Maurín.

Maurín era muy consciente, y acertaba de pleno, de cuán importante podía ser que Sender consiguiera publicar en alguna editorial española, y buscó los resquicios que podían facilitarlo sin perder la esperanza y buscando argumentos para convencer además a Sender de que Crónica del Alba era la obra idónea con la que hacerlo (como así se demostró, aunque años más tarde). A finales de enero de 1956, por ejemplo, Maurín seguía pidiendo paciencia y exponía cuál era la situación en España de los editores que seguían bregando con la situación económica y cultural impuesta por el franquismo:

Tú no sabes las dificultades en que se mueven los editores españoles: censura, papel, crédito, mercado de América, derechos de autor, etc. En principio, la mayor parte de los editores son anti-régimen, pero no son contra-régimen, lo cual es muy distinto.

Una imagen muy acertada de cómo, desde el exilio, se juzgaba el mundo editorial en España.

La edición, en tres volúmenes (y muy probablemente versión censurada), en Alianza.

La edición completa en Alianza. Muy sutil la alusión a la bandera republicana (rojo, amarillo, morado). La imagen se amplía al clicar en ella.

 Fuentes:

Víctor Alba, Sísif i el seu temps. II Costa amunt, Barcelona, Laertes, 1990.

Francisco Caudet, “Sender en Albuquerque: la soledad de un corredor de fondo”, en Juan Carlos Ara Torralba y Fermín Gil Encabo, eds., El lugar de Sender, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1995, pp. 141-159.

Francisco Caudet, ed., Correspondencia Ramón J. Sender-Joaquín Maurín, Madrid, Ediciones de La Torre (Nuestro Mundo), 1995.

Ricardo Crespo, “Cambio ideológico y trascendencia: Sender en la American Literary Agency, en José Domingo Dueñas Lorente, ed., Sender y su tiempo. Crónica de un siglo, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2001pp. 527-534.

Luis Antonio Esteve, “El destino de Pepe Garcés y Ramón J. Sender en la Crónica de 1942”, en ibídem, pp.237-248.

Joaquín Roy, ALA- Periodismo y Literatura, Madrid, Hijos de E. Minuesa S.L., 1985.

Jesús Vived Mairal, Ramón J. Sender. Biografía, Madrid, Páginas de Espuma (Voces clásicas 14), 2002.

El enigmático caso de la pertinaz errata o Las barbas de la reina (divertimento narrativo)

A Alberto Ibarrola Oyón, que me dio la idea.

Sobrecubierta de la edición de Destino.

Sobrecubierta de la edición de Destino.

En más de una ocasión había oído elogiar la narrativa breve de Ramón J. Sender (1901-1982), escritor conocido sobre todo por su abundante obra novelística (Réquiem por un campesino español, El lugar de un hombre, Crónica del Alba…), así que finalmente, una noche fría y desapacible, enfundado en mi confortable bata, me senté ante la chimenea en mi butaca preferida, encendí una pipa de tabaco holandés, con mi fiel perro labrador a los pies, y abrí la edición en Áncora y Delfín (Destino) de El extraño señor Photynos y otras novelas americanas (1973). Empecé a leer con fruición el estupendo relato que da título al libro, que se estructura mediante la exégesis de un soneto que el narrador, según dice, “compuso inspirándose en la visión de un hombre fumando marihuana, que recordaba a esos indios yanquis, altos, sin bautizo ni nombre español, que pasean sus largas piernas desnudas por Sonora” (p. 10) ¡¡¿Cómo que “indios yanquis”?!! ¡Y en Sonora! Realmente, demasiada marihuana (recordé de pronto haberle leído a Sender una obrita titulada Donde crece la marihuana, y me aseguré entonces de que mi pipa sólo contuviera tabaco de importación).

Sobrecubierta de la edición de Aymá (la madre del cordero), con la faja en la que se lee: "Ramón Sender... es el más importante escritor de nuestro tiempo en lengua castellana" London Times (3 de abril 1961)

Sobrecubierta de la edición de Aymá (la madre del cordero), con la faja en la que se lee: “Ramón Sender… es el más importante escritor de nuestro tiempo en lengua castellana” London Times (3 de abril 1961)

Intuyendo algún azaroso misterio, decidí apartar al fiel labrador y acercarme de un salto a la estantería donde guardo la edición que del mismo título había hecho en 1968 la editorial Delos-Aymà. Para mi desolación, resultó ser exactamente igual que la de Destino (“indios yanquis” incluidos). Así, pues, no me quedaba otro remedio que recurrir a otras ediciones anteriores de ese cuento para desfacer el entuerto. Pero ¿cuáles? Editores Mexicanos Unidos había publicado en 1965 (colofón de diciembre) la colección de relatos senderianos Cabrerizas Altas en la que aparece uno titulado “El Tonatiu (Historia de un soneto)”, y pensé que tal vez el soneto en cuestión podía ser el mismo que actúa de hilo conductor o más bien de desencadenante de la trama de “El extraño señor Photynos”. Y más o menos. El argumento es aproximadamente el mismo, pero cambian personajes, desaparecen o se alteran pasajes bastante extensos, e incluso en buena medida cambia el sentido de la historia, pero, por fin, mi tesón halló recompensa y el enigma solución: “indios yaquis”. Bien.

Pese a mi bien conocida modestia, debo reconocer que bastante satisfecho de mí mismo se me ocurrió entonces hojear el tercer número de la estupenda revista que dirigió Max Aub Los Sesenta (donde publicó a León Felipe, a Salazar Chapela, a Alfonso Reyes, a

Cubierta de Cabrerizas Altas, en la que no aparece la J (que corresponde a José) en el nombre del autor.

Cubierta de Cabrerizas Altas, en la que no aparece la J (que corresponde a José) en el nombre del autor.

André Malraux, a Guillén y a Rafael Alberti, entre otros), porque me sonaba que ahí se publicó un cuento de Sender de título ligeramente distinto, “El Tonatio. Historia de un soneto”. Pero me sorprendió descubrir que en esa revista, fechada en 1965, aparecía la misma versión del cuento publicada en Delos-Aymà (salvo, afortunadamente, por la errata), en lugar de la versión de Cabrerizas Altas. Recurrí finalmente a uno de mis autores de cabecera para cuestiones senderianas, Francisco Carrasquer, quien no me resolvió la duda pero consigna en su tesis una edición, ¡de 1964!, de “The Tonatiu” en Tales of Cibola (Nueva York, Las Americas Publishing); puedo dar fe de que en la correspondiente edición española en Destino, Novelas ejemplares de Cibola (1974), ese cuento no aparece.

Puestas así las cosas, para establecer las fechas de cada una de las versiones no quedaba otra que rastrear las cartas entre Sender y Aub; esto es: acudir al Centro de Estudios Senderianos (en Huesca) o a la Fundación Max Aub (en Segorbe). Por el epistolario aubiano que alberga la segunda de esas insitituciones, supe que el 22 de junio de 1964, Sender, en respuesta a las reiteradas peticiones de Max Aub, le mandó la versión de “El Tonatio (Historia de un soneto)” que se publicó en Los Sesenta. Por fin creí poder establecer el stemma o el árbol genealógico del cuento: Cabrerizas Altas – Las Américas Publishing – Los Sesenta – Delos-Aymà (donde nace la errata) – Destino (donde ésta persiste con muy buena salud).

Un auténtico lujo, la revista Los Sesenta, que se publicaba en los años sesenta y en la que sólo podían colaborar quienes hubieran cumplido esa edad (cosas de Max Aub y su sentido del humor).

Un auténtico lujo, la revista Los Sesenta, que se publicaba en los años sesenta y en la que sólo podían colaborar quienes hubieran cumplido esa edad (cosas de Max Aub y su sentido del humor).

Quizás fue un desvelo inútil que sólo interesará a ociosos y diletantes, porque al fin y al cabo la historia de la errata como personaje libresco se remonta acaso a los mismos orígenes de la imprenta, pues ya en el Psalmorum Codex (1457), el primer libro que salió con pie de imprenta, de Johannes Fust (1400-1466) y Peter Schöffer (h. 1425- h. 1503), el título aparecía en el colofón como Spaldorum Codex. Sin embargo, completamente desvelado ya para entonces, y por simple curiosidad malsana de gente en exceso ociosa, eché un vistazo a la divertidísima delicia de libro que es Vituperio (y algún elogio) de la errata, de José Esteban, para comprobar si en sus páginas se mencionaba a los “indios yanquis” o a alguna otra edición de Sender. Y, efectivamente, allí me enteré de que en la primera edición de la novela Míster Witt en el Cantón, publicada por Espasa Calpe en 1936, el autor parece atreverse ni más ni menos que a afeitar a la mismísima reina de Inglaterra, pues se imprimió “God shave the Queen” por “God save the Queen”. Y cuando las barbas de la reina veas pelar…

Fuentes:

El resultado de cotejar y analizar las diferentes versiones del cuento se publicó con el pomposísimo y hoy demodé título “Intertextualidad y proceso creativo en El extraño señor Photynos“.

Francisco Carrasquer, Imán y la novela histórica de Sender, Londres, Thamesis Books, 1970.

Epistolario Max Aub- Ramón J. Sender (Aub, una mina para los historiadores de la cultura, conservaba copia de las cartas que enviaba), en la Fundación Max Aub. Sobre Sender, hay que visitar el Centro de Estudios Senderianos.

José Esteban, Vituperio (y algún elogio) de la errata, Sevilla, Renacimiento, 2002.

Luis Antonio Esteve, “Un tanto al margen, la narrativa breve de Ramón J. Sender”, Quimera, 252 (enero de 2005), pp. 42-46.

Ramón J. Sender, “El Tonatiu (Historia de un soneto)”, en Cabrerizas Altas, México D.F., Editores Mexicanos Unidos, 1965, pp. 91-124.

-, “El Tonatio. Historia de un soneto”, Los Sesenta, (México D.F.), núm. 3 (1965), pp. 9-55.

-, El extraño señor Photynos y otras novelas americanas, Barcelona, Delos-Aymá, 1968, pp. 7-53.

-, El extraño señor Photynos y otras novelas americanas, Barcelona, Destino (Áncora y Delfín 409), 1973, pp. 9-55.