Ediciones de Jacint Verdaguer en el primer franquismo

A Julia Escobar, editora, traductora y escritora hasta la médula

El centenario del nacimiento de uno de los grandes poetas que ha dado la cultura catalana, Jacint Verdaguer (1845-1902), dio una excelente ocasión al régimen franquista para simular una cierta apertura que de algún modo silenciara las voces que lo tildaban de represor con la cultura catalana. Así, ya en 1943 se autorizó una edición de las obras completas del insigne poeta, pero con una condición que la profesora Montserrat Bacardí califica de «estrambótica y malintencionada», pues:

Debía reeditarse con la irregularidad ortográfica originaria, sin pasar por el cedazo normativizador de la reforma fabriana. El producto resultante, de regusto folklórico manifiesto, no resultaba precisamente apto para atraer a nuevos lectores. Aun así, el libro se agotó enseguida, y tal acogida sirvió de acicate a Josep M. Cruzet, el tenaz artífice de la [editorial] Selecta.

Es realmente asombroso que una obra escrita en una lengua que, en su forma, resultaba ya ajena casi por completo al lector medio pudiera tener un éxito importante, cuando lo habitual es que ese tipo de ediciones, cuando no entran en los planes de estudios, queden restringidas a un público lector altamente especializado. Contribuye además a explicar que en los años posteriores incluso los lectores bilingües prefirieran libros interesantes en (o traducidos al) español que tostones en catalán que presentaban evidentes problemas para su goce.

Muy poco después, en 1944, con las mencionadas restricciones, que al parecer de Manent y Crexell permiten tener a éstas por «ediciones españolas de textos de una lengua considerada muerta», aparecieron pues los libros de Verdaguer L´Atlàntida (con una carta-prólogo de Frederic Mistral), Canigó y Montserrat.

Victor y Joan Seix.

Y al año siguiente se sucedieron las ediciones conmemorativas, e incluso se creó una «comisión oficial» en la que figuraban Gabriel Arias (como vicesecretrario de Educación Popular del Movimiento), Antonio Correa Veglison (en calidad de gobernador civil de Barcelona y jefe provincial del Movimiento), José Pardo (jefe del Departamento de Propaganda), el erudito Martí de Riquer y el eminente editor falangista Luis de Caralt entre algunos otros. El Ayuntamiento de Barcelona costeó una edición facsímil del conocido como manuscrit de Can Tona (1867) de L´Atlàntida; Indústrias Gráficas Seix Barral hizo una edición de cien ejemplares para la Asociación de Bibliófilos de Barcelona de Lo mariner de Sant Pau con ilustraciones de Ramon Fabres; la vigatana Editorial Sala hizo una de Canigó ilustrada por Junceda y con un dibujo en portada de A. Freixes (con el texto y las notas en catalán arcaico); y Casiopea una de Què diuen el ocells con ilustraciones de Alexandre Coll y un asombroso epílogo de Antoni Julià de Capmany escrito en español.

Luis de Queralt durante la guerra civil española.

Es evidente la utilidad que tenía para el régimen franquista esta apropiación de la figura del gran poeta de la Renaixença catalana, sin que por ello supusiera un riesgo importante para la extensión, divulgación o ampliación de la lectura en lengua catalana, que sólo ocasionalmente se autorizaba y predominantemente cuando se trataba de poesía de traducciones de clásicos.

Sin embargo, ese mismo año 1945 aparece también, en México, una edición de L´Atlàntida más legible preparada por Joan Sales para la editorial Minerva, que se publicó precedida de un prefacio de Josep M. Miquel i Vergés. De nuevo en este caso se hace difícil comprender la salida que tuvo una edición hecha en semejantes circunstancias, más allá de la colonia catalana en México y en algunas otras ciudades americanas.

En 1946 están fechadas una segunda edición en Selecta de las Obras completas, así como una edición de 125 ejemplares no venales de Oda a Barcelona, acompañada de un comentario de Josep Pin y Soler e impresa en la Sallent de Sabadell, a cargo de la Asociación de Bibliófilos de Barcelona, y la primera edición crítica de L´Atlàntida, llevada a cabo por Eduard Junyent y Martí de Riquer partir de los manuscritos autógrafos y de las ediciones de 1877 y 1878, y de cuya impresión se ocupó Horta por encargo del Ayuntamiento de Barcelona (se tiraron novecientos cincuenta ejemplares). A raíz de esta última edición escribía en la edición del 9 de junio de 1946 de La Vanguardia Española Ana Nadal de Sanjuán unas palabras que producen poco menos que vergüenza ajena: «Gran acierto este acuerdo rendido a la memoria de Verdaguer, que repercute al eterno espíritu de nuestra patria, ya que nadie puede negar la españolidad de Mosén Cinto»

Aun en agosto de 1947 se autorizaría a Montaner y Simón y Editorial Casiopea una edición de bibliófilo de Flors de Maria, de Verdaguer, de la que se hizo una tirada de cuatrocientos ejemplares.

Y al año siguiente se publicaba una versión de Canigó transcrita, anotada y prologada por Joan Sales, en esta ocasión en la Biblioteca Catalana del insigne editor poumista establecido en México Bartomeu Costa-Amic. Sales, además, pudo partir ya de un texto con la ortografía modernizada, pues contaba con un ejemplar manuscrito preparado por el profesor catalán Antoni Bargés (exiliado también en México y que impartía clases en el colegio Cervantes).

La paradoja, pues, quizá resida en el hecho de que en Cataluña se publicaban ediciones que difícilmente podían encontrar su público, mientras que las que podían satisfacer a esos lectores se publicaban en tales condiciones que resultaban prácticamente inaccesibles.

Fuentes:

Sello andorrano.

Montserrart Bacarrdí, La traducció catalana sota el franquisme, Lleida, Punctum (Quaderns 5), 2012.

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Jalisco, El Colegio de México, 1998.

Maria Josepa Gallofré i Virgili, L´edició catalana i la censura franquista (1939-1951), Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 99), 1991.

Albert Manent y Joan Crexell, Bibliografía catalana: cap a la represa (1944-1946), Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Serra d´Or 90), 1989.

Joan Samsó, La cultura catalana: entre la clandestinitat i la represa pública, 2 vols., Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 141 y 147), 1994 y 1995.

Francesc Vilanova i Vila-Abadal, Repressió política i coacció económica, Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 216), 1999.

 

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Los planes de Josep M. Cruzet, editor de Josep Pla

El gran exemple de la lluita tenaç de Josep M. Cruzet

 és una cosa que impressiona pel seu dramatisme.

Jordi Rubió i Balaguer

 

Josep M. Cruzet.

Es lamentable, ante la evidencia del brillante material archivístico que legó el editor Josep M. Cruuzet (1903-1962), que no dispongamos todavía de una biografía de este sensacional promotor de la cultura catalana en los años más negros de la censura franquista, pero hay quien ha sabido sacar un enorme rendimiento a los papeles que dejó Cruzet.

El profesor Manuel Llanas tuvo el acierto de recopilar y poner a disposición de los lectores el epistolario entre el alma máter de Edicions Selecta y Agustí Calvet (1887-1964), Gaziel, y ya puso de manifiesto también el interés de ese enorme conjunto de cartas de Cruzet al publicar en 1997 en la Revista de Catalunya una exigua selección de las remitidas por Josep Pla (1897-1981) al editor.

María Josepa Gallofré Virgili, a quien nunca se agradecerán bastante sus afinados estudios sobre la censura de libros en catalán, dotó a los investigadores de una herramienta –una navaja suiza, en realidad–, para conocer los entresijos de la relación entre uno de los prosistas más importantes del siglo xx y Josep M. Cruzet.

 

No es empresa menor escribir un prólogo a la altura de un material tan interesante, sugestivo y jugoso como el que ofrece Gallofré Virgili en Amb les pedres disperses (Destino, 2003), pero a ese mérito añade además una metodología de anotación que tiene en mente sólo al lector, ofreciéndole únicamente los datos útiles e imprescindibles, sin hojarasca ni florituras, e incluso tiene el buen criterio, por su genuino interés, de intercalar allí donde corresponde cronológicamente un texto ajeno en sentido estricto al epistolario, pero de innegable pertinencia, como es una sentida dedicatoria de Josep Pla en el libro de firmas de Josep M. Cruzet.

Logo de Editorial Selecta.

Del principal editor de sus obras en catalán, Josep Pla dejó una magnífica estampa en su serie de Homenots, en la que se percibe la estrecha coincidencia de visión respecto a la vida cultural catalana en los años que comprende el epistolario recopilado por Gallofré Virgili, y además, cosa rara en Pla, una genuina admiración por la labor cultural llevada a cabo. Escribe Pla, por ejemplo:

Desde el primer momento estableció como método de trabajo un pesimismo que se demostró muy sano. Fue de este modo como Cruzet, obseso frío y apasionado, se lanzó a la aventura de la edición en un momento depresivo, cerrado y bajo.

Josep Pla (1897-1981).

 

De entre los muchos puntos de interés y las vías de estudio que señala Gallofré Virgili en su introducción, uno de los más atractivos es advertir hasta qué punto la empresa de Cruzet responde a un perfecto y muy meditado plan a largo plazo, que en algunos aspectos recuerda el que estableció Josep Janés (1913-1959) y que se vio truncado por la guerra civil. Retomando palabras de Pla en su Homenots, “Cruzet había elaborado un plan. Lo había elaborado minuciosamente con su letra clara, pequeña y alineada de un modo perfecto y indesviable”. En el caso de Cruzet, fueron sobre todo la imposibilidad de crear instrumentos para ampliar el público lector (revistas, actos públicos, presencia en radio, publicidad) y la censura de libros los elementos que impidieron que llevara a cabo una obra aún mayor que la que puso en pie. Y también para su modo de enfrentarse a la censura tiene unos comentarios el escritor ampurdanés:

Cuando no le autorizaban la edición de una obra que consideraba lo suficientemente importante que le aprobasen, no se resignaba nunca. Organizaba entonces una ofensiva abrumadora para conseguir lo que quería. No escatimaba nada: cartas, visitas, viajes, recomendaciones, presiones coincidentes, gestiones de todo tipo…

Pla saludando a Sagarra.

A lo largo de 463 cartas recopiladas en el volumen preparado por Gallofré Virgili, es posible ver cómo va alterándose y adaptándose a las necesidades de autor y editor el famoso proyecto de las Obras Completas de Pla, que de por sí tiene un enorme interés, y además puede advertirse cómo Cruzet va ingeniándoselas para llevar a cabo su muy ambicioso plan, que parte de una premisa ineludible que no es otra que la necesidad de poner a disposición de los lectores cuanto antes las grandes obras y los textos de los grandes autores de la literatura catalana: “las circunstancias por las que atraviesa el país obligaban a poner en el mercado el mayor número de libros catalanes y en el menor tiempo posible” (carta de Cruzet a Pla del 10 de noviembre de 1952).

En una carta del 10 de enero de 1949, Cruzet afirma que aspira a convertir la Selecta en “una larga colección clásica (tipo Austral de Espasa-Calpe, Crisol de Aguilar, etc.)”, y dos años más tarde concreta algunos aspectos adicionales:

La Selecta tiene que ser la colección catalana más extensa de todas las publicadas y en ella han de ir los títulos más importantes que aún faltan en ella (La febre d´or [de Narcís Oller], Les multituds [de Raimon Casellas], Solitud [de Victor Català], Laura [Laura a la ciutat dels sants, de Miquel Llor] y la obra conjunta de los autores que pueda incluir en cada uno de sus volúmenes (Duran i Reynals, Arxiduc, Raventós, toda la obra poética de Manent, etc., etc.). ¿Me comprende?

Narcís Oller (1846-1930).

Sin embargo, a lo largo de las cartas se hace evidente que si bien, pese a las trabas que Censura pone al proyecto, poco a poco va afianzando la publicación de los grandes nombres de la literatura catalana (Verdaguer, Eugeni d´Ors, Santiago Rusiñol, Carles Soldevila), las piedras de toque serán, por un lado, el descubrimiento de nuevos autores catalanes y, por otro, conseguir que la censura permita la reedición de las grandes traducciones al catalán y traducir a autores contemporáneos.

Carles Soldevila.

Cruzet es muy consciente de ello, y a la altura de 1951 escribe a quien ya se había convertido en su autor estrella:

Todo obedece a un plan preconcebido y ahora –publicados más de ochenta títulos en le Biblioteca Selecta– puedo empezar a respirar, porque estará en mis manos ir afinando la proporción entre los antiguos y los nuevos que valgan la pena, cosa que reconozco que hasta el momento ha sido uno de mis puntos déblies como editor de libros catalanes (Cruzet a Pla, 12 de junio de 1952).

Artur Bladé i Desumvila.

Gracias sobre todo a los premios literarios que en esos años empezaron a autorizarse muy tímidamente y siempre y cuando no tuvieran una excesiva repercusión pública, poco a poco pudo ir incorporando a la colección autores como Sebastià Juan Arbó (1902-1984), Artur Bladé i Desumvila (1907-1995), exiliado en México, Maria Aurèlia Capmany (1918-1991), Joan Fuster (1922-1992)  o Josep M. Espinàs (n. 1927), que sin duda se encuentran entre los más importantes de sus respectivas generaciones.

Sin embargo, con buena parte de lo que publicaba, y en particular con los jóvenes, que constituían una apuesta a largo plazo, perdía mucho dinero: “Yo trato de mantener un amplio plan de conjunto, pero la edición de libros tipo [Ramon] Raventós, [Eudald] Duran i Reynals, etc., y la de la mayor parte de los otros, principalmente los jóvenes, me producen cuantiosos déficits, unas angustias económicas terribles.”

Jerome K. Jerome (1859-1927).

En cuanto a las traducciones, la censura era inflexible, salvo con lo clásicos griegos y latinos, y dura en particular cuando existía una traducción al español. Sin embargo, Cruzet informa a Pla en carta del 12 de enero de 1952 que tiene aprobadas traducciones de El llibre de la jungla, de Rudiyard Kipling (en traducción de Marià Manent),  Maria Chapdelaine, de Louise Hemon (traducción de Tomàs Garcés, abogado de la Selecta) y la de Tres anglesos s´esbargeixen de Jerome K. Jerome (traducción de M. Ferrando y J. M. Mustieles), un autor que gracias sobre todo a las ediciones de Janés era junto con Wodehouse uno de los humoristas británicos más exitosos en España en esos años. Y explica:

Mi intención era incluir las traducciones en la Biblioteca Selecta, al estilo de las grandes colecciones en otras lenguas. Al fin y al cabo, si en el primer centenar de la Selecta no hay traducciones ha sido por causa de fuerza mayor, pero, cuando hayan salido unos cuantos centenares más, sería la cosa más natural del mundo.

A esas alturas la introducción de autores extranjeros en la colección la hubiera descompensado, por lo que contra su voluntad inicial, Cruzet se ingenió una Biblioteca Selecta Universal, sólo de traducciones pero con la misma apariencia que la colección destinada a la literatura catalana.

Tampoco fallaba Cruzet al señalar el mayor problema, junto al de la censura, con el que debía enfrentarse, las enormes dificultades para ampliar el público lector en lengua catalana. La imposibilidad de normalizar la enseñanza de la lengua entre los niños y jóvenes, la ausencia de conferencias y otros actos públicos de promoción de la lengua y la literatura, las sucesivas prohibiciones a la publicación de revistas y periódicos en catalán, etc., hacían inviable el proyecto, que ya tenía en mente, de ganarse al público de menor recursos económicos, pero eso implicaba la necesidad de hacer grandes tiradas:

No he tenido más remedio que subir el precio de la Biblioteca [de 30 a 35 pesetas); la subida de la composición, el papel y, en general, de todos los costos, me han obligado a ello. Pero ahora quisiera atrincherarme en el nuevo precio y aguantarlo hasta allí donde las circunstancias me lo permitan.

[…] Haré los máximos esfuerzos en este sentido. De todos modos, si algún día la cosa cambiara y hubiera las posibilidades que había antes de la guerra de que las clases más modestas pudieran interesarse por el libro en catalán, yo tengo una buena carta en la manga y es la de destinarles una edición en rústica de la Selecta. Pero, hoy por hoy, eso es impensable. (Cruzet a Pla, 1 de marzo de 1952)

Conciso y sentencioso como siempre, Pla dejó uno de las definiciones más acabadas del talante y de la consideración de la labor cultural de Cruzet en muchas menos palabras: “Su tenacidad le hará resolver lo que se proponga” (Pla a Cruzet, 23 de diciembre de 1960).

 

 

El grueso de la documentación acerca de la labor editorial de Josep M. Cruzet se encuentra, en el momento de publicar este texto pendiente de reordenación y descripción, en la Biblioteca de Catalunya. Sin embargo, en un incendio en la sede de la Editorial Selecta y la Casa del Libro el 22 de agosto de 1979 se perdió parte, en apariencia no substancial, del material que formaba el archivo Cruzet original.

Tanto las traducciones de las citas de “Josep Maria Cruzet, editor”, de Josep Pla, como las de las cartas entre Pla y Cruzet son mías.

 

Josep Pla-Josep M. Cruzet, Amb les pedres disperses. Cartes 1946-1962, edición y prólogo de Maria Josepa Gallofré Virgili, Barcelona, Destino (L´Àncora 172), 2003.

 

Bibliografía adicional:

Manuel Llanas, ed., Gaziel i Josep M. Cruzet (i l´Editorial Selecta). Correspondència (1951-1964), Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Textos i Estudis de Cultura Catlana 189), 2013.

Miracle, Josep, Quatre coses del meu temps (Memòries), Barcelona, Edicions de la Paraula Viva, 1976.

Josep Pla, “Josep Maria Cruzet, editor (1903-1962)”, en Homenots. Segona Serie, volumen 16 de Obra Completa de Josep Pla, Barcelona, Edicions Destino, 1970 (depósito legal de 1966), pp. 561-595.

Jordi Rubió i Balaguer, “L´exemple de Josep M. Cruzet”, en Mestres, companys i amics, Barcelona, Publiacions de l´Abadia de Montserrat, 1991.

 

Acuerdos y desacuerdos entre autor y editor (Gaziel y Cruzet).

Mediado el siglo XX, Gaziel (Agustí Calvet, 1887-1964) formaba una tríada de periodistas catalanes forjadores de una prosa fuera de serie con Eugeni Xammar (1888-1973) y Josep Pla (1897-1981). Curiosamente, en las primeras décadas del siglo XXI, ha sido Gaziel quien con más frecuencia ha sido objeto de traducciones al castellano, pues si bien Guillermo de Torre le había publicado en la colección de Edhasa El Puente Castilla adentro (1963) y Portugal lejano (1964), fue a partir de 2005 cuando aparecieron sus obras Meditaciones en el desierto (Destino, 2005), En las trincheras (Diéresis, 2009), De París a Monastir (Libros del Asteroide, 2014) y Diario de un estudiante. París, 1914 (Diéresis, 2014). Quizás en parte este interés renovado se explique por haberse localizado en la obra de Gaziel algunas claves interesantes para evaluar y enjuiciar las relaciones entre las diversas naciones ibéricas (Portugal, España, Galicia y Cataluña en particular).

Manuel Llanas, a quien los aficionados a la historia editorial debemos una más que notable bibliografía sobre la materia (publicada en su mayor parte por el Gremi d´Editors de Catalunya, y por consiguiente no muy fácilmente accesible), después de haber publicado una monografía sobre la labor periodística y literaria de Gaziel (Gaziel: Vida, periodismo i literatura) se ocupó de reunir y anotar el excepcional epistolario que éste mantuvo con su editor en la Editorial Selecta, Josep Maria Cruzet (1903-1962).

Tres rasgos principales son los que quizá dotan de un interés particular a este epistolario.

Agustí Calvet, Gaziel.

Por un lado, permite un acercamiento de primera mano a lo que eran los procesos editoriales de la época, muy condicionados por la dificultad, por ejemplo, para obtener copias de las obras, ya que, salvo en el caso de las mecanografiadas con papel carbón, a cada nueva copia existía el riesgo de que se introdujeran nuevos errores. Y una vez fijado el definitivo, los componedores y cajistas podían también hacer de las suyas. Otra cosa poco usual es asistir a las negociaciones acerca de quién debía cubrir los gastos de edición del texto, que para las empresas editoriales en lengua catalana en la época que cubre este epistolario (1951-1964) no era un problema menor. El interés de estas conversaciones se ve incrementado por el hecho de que en este caso el autor (Gaziel) es alguien que tiene ya una sólida experiencia no sólo como autor, sino además como gerente de la editorial radicada en Madrid Plus Ultra, y por lo tanto sabía muy bien de lo que hablaba y estaba en condiciones inmejorables para comprender las razones de Cruzet cuando tomaba determinadas decisiones.

Josep M. Cruzet.

Igualmente rico es este cruce de misivas en cuanto a las prácticas censorias, tanto en lo referente a los procedimientos existentes para salvarla (búsqueda de recomendaciones, negociaciones con los órganos censorios, dilaciones interminables, etc.) como acerca de un aspecto del que es raro encontrar rastro, como es la autocensura. Las cartas de Gaziel a su editor son una fuente riquísima para ver cómo el autor retocaba sus originales teniendo muy presentes la posibilidad de que le tacharan determinados pasajes, e hizo todo lo posible para evitarlo, y planteándose sólo la posibilidad de publicar fuera de España (con lo que su obra tendría mucha menor repercusión entre los lectores a los que pretendía dirigirse), cuando lo que deseaba expresar era inaceptable de plano para el régimen. Además, una vez hecho esto, la experiencia de Cruzet como editor curtido en mil batallas contra la censura solía instarle a añadir todavía nuevas correcciones que hicieran digeribles sus textos (en particular su conocida como Trilogía Ibérica (forrnada por los libros Castella endins, Portugal enfora y La península inacabada).

Como es fácil suponer, otro de los puntos fuertes es poder leer los entresijos de la relación entre autor y editor, en este caso basada en una confianza de tal grado que permite, por ejemplo, ver cómo se establece un plan de publicaciones, que ha de moverse necesariamente entre los deseos del autor y las conveniencias del editor (que por su parte ha de contentar a diversos autores); o nos permite también enterarnos de cómo se iniciaban  trabajos de edición (con el consecuente gasto) antes no ya de firmarse el contrato, sino incluso antes de haberse pactado siquiera sus condiciones (algo que hoy en día es, creo, impensable). Y esa confianza no quita que queden por escrito también las negociaciones, las peticiones del autor, las contrapropuestas del editor, todo un conjunto de diálogos epistolares que son fuente de información muy valiosa para cualquier interesado en la materia. Manuel Llanas tiene el acierto además de adjuntar la copia final de los acuerdos e incluso contratos de edición.

Tampoco es menor la información que se ofrece a la organización interna de la Editorial Selecta (a la que en una intempestiva carta al autor el asesor literario Josep Miracle pone de vuelta y media) y a las funciones que en ella desempeñaban célebres colaboradores como Bartomeu Bardagí (1915-2003), Tomás Tebé, Josep Miracle (1904-1998), Maria Borràs de Quadras, Manuel Borràs Tey (1930-1993), Maria Victòria Sandiumenge, Jesús Piña Coma y Jesús Vernís.

Constituye esta aportación de Llanas a la historia editorial el complemento idóneo al epistolario de esa misma época entre Josep Pla y Cruzet que hace ya unos años editó Maria Josepa Gallofré y publicó Destino (Amb les pedres disperses. Cartes, 1946-1961), pero al estudioso de la obra de Gaziel, además, le ofrece muchas pistas acerca de manuscritos originales que fueron podados para presentarse a censura (y que al parecer, por lo menos en su mayoría, han desaparecido para siempre) y acerca de aquellas ideas que nunca publicó por temor a las decisiones de los  órganos censorios.

Aunque, como cualquier epistolario, hay pasajes que no puede decirse que sean amenos, la recuperación de semejante material es un festín para los lectores interesados en Gaziel, pero sobre todo para quien desee conocer de primera mano cómo eran los hábitos y costumbres editoriales en la segunda mitad del siglo XX en España en el ámbito de la literatura catalana.

Fuentes:

Manuel Llanas.

Pere Guixà, “Gaziel i l´arrelament”, Núvol, 18 de septiembre de 2014 (publicado originalmente en la revista Serra d´Or (junio de 2014)).

Manuel Llanas, ed., Gaziel i Josep M. Cruzet (i l´Editorial Selecta). Correspondència (1951-1964), Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Textos i Estudis de Cultura Catlana 189), 2013.

Albert Manent, “Tomàs Tebé i els temps de la Selecta”, en Solc de les hores. Retrats d´escriptors i de polítics, Barcelona, Destino, 1988, pp. 141-148.