El arranque de una colección universal de bolsillo: El Cangur

A la altura de 1974, con una trayectoria de más de una década, Edicions 62 lanzó la que en ocasiones se ha considerado la primera colección de bolsillo en lengua catalana. Obviamente, no se trata de la primera cronológicamente, pero su importancia es indiscutible y por lo menos doble. Por un lado, porque, gracias en buena medida a su precio de venta al público, fue eficaz en la difusión de obras y autores de la literatura universal entre los lectores en lengua catalana, pero, además, por el prestigio de los escritores que reunió.

A título orientativo, el mismo mes en que se estrenaba El Cangur, se ponía a la venta la quinta edición de la novela La punyalada de Joaquim Vayreda (1853-1903) en la Biblioteca Selecta (trescientas páginas, encuadernada en rústica con solapas) a un  precio de 150 pesetas. Los primeros ejemplares de El Cangur (18,5 x 11,5 encuadernados en rústica pero todos ellos de autores por entonces vivos), se vendían a 80: Narracions de Salvador Espriu (1913-1985), El pa dels anys joves, de Heinrich Böll (1917-1985) —la primera traducción  de Böll al catalán— y L’art d’estimar, de Erich Fromm (1900-1980), de 147, 108 y 149 páginas, respectivamente, y todos ellos con cubiertas diseñadas por Jordi Fornas.

La intención universalista explicitada ya en el nombre de la colección (Col·lecció Universal de Butxaca El Cangur) es evidente ya con estos títulos iniciales, como lo es también la voluntad de introducir entre los grandes nombres de la literatura universal contemporánea la de algunos autores insignes en lengua catalana que, implícitamente, se consideran de un rango similar o parecido, así como combinar el ensayo con la novela y el relato breve.

Aún en 1974 aparece un volumen con dos novelas de Aleksandr Solzhenitsyn (1918-2008) traducidas por Josep M. Güell, La casa de Matriona y Tot sigui per la causa; un columen con las entrevistas de Woodrow Wyatt (1918-1997) al filósofo Bertrand Russell (1872-1970), La meva concepció del món; el libro de cuentos de Mercè Rodoreda (1908-1983) La meva Cristina i altres contes; la novela de Georges Simenon (1903-1989) L´home que mirava pasar els trens, que se publicó como volumen doble (171 páginas), en traducción de Ramon Folch i Camarasa (1926-2019), quien se ocupó también del número siguiente y último aparecido en 1974, la recopilación de Francisco Candel (1925-2007) como volumen triple (217 páginas) Trenta mil pessetes per un home i altres contes. Lo cierto es que en sus primeros años, la colección parece mantenerse bastante fiel a la panorámica y la apertura de miras que parecen trazar estos primeros títulos, que procedían de colecciones previas de Edicions 62 pero a menudo tenían un atractivo adicional por sí mismas (más allá del precio y, por tanto, la mayor accesibilidad).

Las Narracions de Espriu, por ejemplo, se habían publicado originalmente en la colección Antologia Catalana y se habían hecho de ella once ediciones, pero se amplía en esta ocasión con nuevos textos. Entre los misterios aparentes de la colección se cuenta el caso del prólogo al mencionado libro de cuentos de Rodoreda, que en la edición de Antologia Catalana, en 1967, iba precedido de un prólogo firmado por Joaquim Batllori, mientras que en la de El Cangur quien figura como prologuista es Joaquim Molas. No hay misterio, o se aclara enseguida mediante el cotejo entre ambos prólogos: se trata de dos versiones de un mismo texto (la segunda más matizada y pulida), obra de quien era director de algunas colecciones en Edicions 62 (como Clàssics Catalans del Segle XX y la propia Antologia Catalana), Joaquim Molas i Batllori (1930-2015).

Además de Antologia Catalana, El Cangur se nutre de otras colecciones (La cua de palla, Trapezi), pero sobre todo de El Balancí, de donde procede por ejemplo la traducción de Carme Serrallonga de la novela ya mencionada de Böll, que se publicó originalmente en 1965 y fue una de las primeras traducciones que llevaba a cabo quien luego trasladaría al catalán a autores de la categoría de Brecht, Döblin, Dürrenmatt, Goethe, Handke, Schintzler… Así se anunciaba en 1965 El Balancí, que se estrenó con Crònica dels pobres amants, de Vasco Pratolini (1913-1991), y fue la principal colección a la hora de configurar la identidad de El Cangur:

 La colección de novelas más representativa de todas las corrientes mundiales de nuestros días: el noveau roman francés, la gran literatura de Estados Unidos, la moderna literatura alemana, el neorrealismo italiano, el establishment literario inglés y los actuales novelistas catalanes.

El año 1975 se inició con otra obra de Espriu (Primera historia d’Esther), de quien poco después se publicó Laia. Unes esvaides ombres del nostre mar (número 22) y se repitieron también enseguida otros nombres, como Simenon (La pell d’un home) y Fromm (Marx i Freud, en traducción de Jordi Solé Tura, que al año siguiente vería también en El Cangur su traducción de la Iniciació a la filosofía, de Bertrand Russell, como número 30). Sin embargo, uno de los autores más representados en la colección fue Manuel de Pedrolo (el que fuera director de la ya mencionada colección La Cua de Palla).

Ese año 1975 aparecieron de Pedrolo Avui es parla de mi (núm. 11) y Joc brut (núm. 15) y el año siguiente la distopía Mecanoscrit del segon origen (núm. 23), además de su traducción de La ruta del tabac, de Erskine Caldwell (1903-1987). Mecanoscrit del segon origen, había sido traducida de inmediato al occitano (1975), pero fue a partir de 1984, después de traducirla al español el pionero de la ciencia ficción española Domingo Santos (Pedro Domingo Mutiñó, 1941-2018) cuando desencadenó una retahíla de traducciones: al inglés (1985), al neerlandés (1986), al euskera (1989), al gallego (1992), al francés (1993)…, convirtiéndose en una de las novelas más leídas de la literatura catalana del siglo XX. A la altura de 1986, se habían hecho, sólo en catalán, más de veinticinco ediciones del Mecanoscrit.

Sin embargo, la importancia de la edición de El mecanoscrit del segon origen en El Cangur reside en que, a diferencia de la publicada en 1974 en la colección El Trapezi (destinada al público juvenil), en esta ocasión se publicó la versión íntegra, restituyendo los cortes que había impuesto inicialmente la censura franquista. La sorpresa, sin embargo, surgió con una edición de 1986. Por aquel entonces aún se conservaba una tradición —que hoy parece irremediablemente perdida— consistente en que todas las oficinas bancarias regalaban a sus clientes una rosa y un libro la Diada de Sant Jordi, lo cual suponía un estímulo para las editoriales, que hacían tiradas especiales (con el logo de la entidad bancaria bien visible) para cumplir con tal compromiso. La Caixa regaló ese año ejemplares del Mecanoscrit, pero para asombro de sus lectores se trataba de la versión censurada, cosa que es probable que se debiera a que se emplearon los fotolitos de la edición de Trapezi, en lugar de los de El Cangur, para ajustarse así a un determinado formato más resultón para los clientes de La Caixa.

Es también llamativa en esta colección la notable presencia entre los primeros números de textos en prosa no narrativa, como es el caso de Llengua i cultura als Països Catalans, del filólogo Antoni M. Badia i Margarit (1920-2014) o los ya mencionados de Russell y Fromm, y es muy notable el nivel de los autores extranjeros: Gorki (La meva infantesa, Caminant pel món, Les meves universitats), Cesare Pavese (El company, La lluna i les fogueres, La meva terra), William Saroyan (con el libro de cuentos Em dic Aram, de nuevo en traducción de Folch i Camarasa), así como la entidad de los escritores en lengua catalana (Avel·lí Artís-Gener, Prudenci Bertrana, Pere Calders, Joan Fuster, Montserrat Roig…), aunque tal vez puedan ponerse más reparos a la suerte que ha dispensado la posteridad a algunos de los escritores catalanes publicados en esos los primeros años (casos de Oriol Pi de Cabanyes o Pere Verdaguer, por ejemplo).

Años más tarde, superados ya los 150 títulos, mediada la década de los noventa el abanico de textos se amplió a diccionarios, atlas y sobre todo a una derivada de El Cangur, El Cangur Plus, destinada muy específicamente al ámbito escolar, donde la colección había entrado con cierta fluidez, sobre todo gracias a la exitosa novela de Pedrolo. Pero esa es ya otra historia.

Anexo: Los treinta primeros títulos de El Cangur

1- Salvador Espriu, Narracions, 1974.

2- Heinrich Böll, El pa dels anys joves, traducción de Carme Serrallonga, 1974.

3- Erich Fromm, L’art d’estimar, traducción de Jordi Monés, 1974.

4- Aleksandr Soljenitsin, La casa de matrona. Tot sigui per la causa, traducción de Josep M. Güell, 1974.

5- Bertrand Russell, La meva concepció del món, trad. Llorenç Carbonell i Torras,1974.

6- Mercè Rodoreda, La meva cristina i altres contes, 1974.

7- Georges Simenon, L´home que mirava pasar els trens, traducción de Ramon Folch i Camarasa, 1974.

8- Francesc Candel, Trenta mil pessetes per un home i altres contes, traducción de Ramon Folch i Camarasa, 1974.

9- Salvador Espriu, Primera història d’Esther, 1975.

10- Oriol Pi de Cabanyes, Oferiu flors als rebels que fracassaren, 1975.

11- Manuel de Pedrolo, Avui es parla de mi, 1975.

12- William Saroyan, Em dic Aram, traducción de Ramon Folch I Camarasa, 1975.

13- George Simenon, La pell d’un home, traducción de Gabriel Bas, 1975.

14- Maxim Gorki, La meva infantesa, traducción de Josep M. Güell, 1975.

15- Manuel de Pedrolo, Joc brut, 1975.

16- Antoni M. Badia i Margarit, Llengua i cultura als Països Catalans, 1975.

17- Cesare Pavese, El company, traducción de Francesc Parcerisas, 1975.

18- Friederich Durrenmatt, Grec busca grega, traducción de Lluís Solà, 1975.

19- Erskine Caldwell, La ruta del tabac, traducción de Manuel de Pedrolo, 1976.

20- Jaume Fuster, De mica en mica s’omple la pica, 1976.

21- Erich Fromm, Marx i Freud, traducció de Jordi Solé Tura, 1976.

22- Salvador Espriu, Laia. Unes esvaides ombres del nostre mar, 1976.

23- Manuel de Pedrolo, Mecanoscrit del segon origen, 1976.

24- Maxim Gorki, Caminant pel món, traducción de Helena Vidal, 1976.

25- Montserrat Roig, Ramona, adéu, 1976.

26–Baltasar Porcel, La lluna i el Cala Llamp, 1976.

27- Màxim Gorki, Les meves universitats, traducción de Josep M. Güell, 1976.

28- Dashiell Hammett, El falcó maltès, traducción de Marga García de Miró, 1976.

29- Manuel de Pedrolo, Tocats pel foc, 1976.

30- Bertrand Russell, Iniciació a la filosofía, traducción de Jordi Solé Tura, 1976.

La relación (mala) entre dos escritores y editores: Pedrolo y Sales

Manuel de Pedrolo.

En el ámbito de la edición, Manuel de Pedrolo (1918-1990) es recordado sobre todo como creador en 1963 de una impactante colección de novela policíaca en el seno de Edicions 62, La cua de palla, cuyo propósito evidente era –dando así respuesta a una reivindicación ya añeja de críticos como Rafael Tasis (1906-1966)–, normalizar la lengua y la literatura catalana mediante la publicación de novela de género de éxito, con buenas traducciones de autores clásicos (Chandler, Hammett. Chester Himes, Simenon) y la incorporación de algunos escritores más o menos jóvenes (el propio Pedrolo) a los que se pretendió sin éxito incentivar en el cultivo del género. Sin embargo, ya antes había hecho Pedrolo trabajos como corrector, traductor y asesor para Bruguera (entre otras cosas, corrigió novelas de Corín Tellado), y en 1951 empezó a desempeñar las mismas tareas para la editorial Albor de Ferran Canyameres (1898-1964).

Por su parte, Joan Sales (1912-1983) había dejado atrás una época de formación en México durante su exilio y estaba al frente del Club Editor cuando trabó contacto con Pedrolo.

Núria Folch y Joan Sales.

Es sabido que, como consecuencia de sus diferencias sobre en qué debía consistir la labor del editor, no llegaron a un acuerdo para incorporar ninguna novela de Manuel de Pedrolo al catálogo del Club Editor. De hecho, las diferencias en este sentido eran tan abismales que lo extraño hubiera sido cualquier otra cosa. Así lo explica Marta Pasqual, en su análisis del Sales editor:

Fueron bastantes los autores que no llegaron a publicar las novelas previstas. Algunos, como Manuel de Pedrolo, debido al hecho de que, según Sales, escribía para sí mismo y no tanto para los lectores y, en consecuencia, no estaba dispuesto a aceptar ninguno de los cambios propuestos por el editor.[la traducción de esta cita, como de todas las demás, es mía]

La apreciación parece bastante acertada, y Àlex Milian y Xavier Aliaga han resumido bien el meollo del problema en un reportaje en El Temps, sirviéndose del utilísimo estudio de Bel Zaballa:

Sales pretendía más concreción y contención de Pedrolo para extraer lo mejor de su talento, obras más condensadas. De más reescritura que escritura compulsiva. Esos consejos y sugerencias ofendieron a Pedrolo. La relación con el responsable de Club Editor no acabó bien: la correspondencia entre Sales i Rodoreada es prueba de ello. Pero, como recuerda Zaballa, el escritor «tenía claro que, si continuaba escribiendo, lo haría a su manera, “pese a objeciones, obstáculos y trabas de todo tipo, porque no podía, ni quería, dejar de ser quien era».

Manuel de Pedrolo era un autor prolífico que no estaba en absoluto dispuesto a aceptar sugerencias de nadie para retocar sus obras, por muy buena intención que se pusiera al hacérsele, y lo cierto es que tampoco fue muy receptivo a las críticas que, sin ambages y muy abiertamente, le hizo Sales cuando tuvo oportunidad de leer sus inéditos.

Cuenta Zaballa que, un año después de quedar impresionado por la puesta en escena de la pieza de Pedrolo Cruma (1957), Sales escribió al novelista solicitándole su colaboración en Club Editor porque tenía mucha fe en él, y que como respuesta obtuvo el envío de la obra escrita en 1953 y por entonces inédita Un de nosaltres (que se publicaría en 1963 en Selecta como Balanç fins a la matinada). Ante la negativa a trabajar sobre un texto que a Sales le pareció –y así se lo dijo a su autor– un tostón, Pedrolo replicó que no escribía para «distraer a la gente, sino todo lo contrario», pero aun así le mandó (con la misma suerte) una segunda obra: Avui es parla de mi, escrita también en 1953 y que Edicions 62 publicaría en 1966. Sales le propuso algunos cambios, que Pedrolo tampoco aceptó, y les mandó una novela escrita en 1952, Cendra per Martina (que según Zaballa finalmente publicaron, aunque no he encontrado una edición de Club Editor y la primera parece ser la de Proa en 1965).

Sin embargo, según contó el también editor y escritor Carlos Pujol (1936-2012), traductor además al español de la Incerta glòria de Sales, éste le dio una versión bastante distinta de este mismo asunto:

Sales me contó que un día fue a verle Pedrolo y le dijo: «Es una vergüenza que a un autor de tanto éxito como yo, el Club no le haya publicado nunca nada». «Tráigame algo y lo hablamos», le dijo Sales. Le mandó quince novelas inéditas, me explicó. Y me dijo «¿Puede creerse que no me gustó ni una? Tuve que decirle que no».

Desde luego, de tres a quince va un trecho que difícilmente puede atribuirse a un error de memoria, pero costará averiguar quién camufló la verdad para salir airoso del asunto.

Más tinta han hecho correr las numerosas referencias, más bien despectivas, que Sales hace a la obra de Pedrolo en su epistolario con Mercè Rodoreda, que el editor ya podía prever que tarde o temprano, póstumamente, saldrían a la luz debido a la importancia de ambos corresponsales en el canon de la novela catalana. Tanto el editor como la narradora, por entonces exiliada en Bélgica, tenían a Pedrolo por ejemplo paradigmático del escritor descuidado, y en cierto modo echado a perder, que gozaba de un favor de los lectores que no se correspondía con la calidad de su obra. Y en este caso la maledicencia no puede atribuirse a la típica envidia del escritor frustrado, pues tanto Sales como Rodoreda conocían bien el éxito y sus obras –en particular Incerta glòria y La plaça del Diamant– eran objeto de traducciones a las principales lenguas y además en editoriales muy potentes.

Sebastià Juan Arbó.

Así, por ejemplo, escribe Sales acerca de la situación de la crítica literaria del momento: «Cuando Pedrolo escribe alguna de sus tonterías sin pies ni cabeza, toda la crítica –salvo Joan Fuster, que calla como un muerto– dice que es genial; lo dicen con tanta más convicción y prosopopeya cuanto menos se la han leído» (carta del 6 de enero de 1967); o comentando la composición del Premi Ramon Llull: «El inconveniente es que en el jurado, además de [Sebastià-Joan] Arbó, están Martí de Riquer y Baltasar Porcel, un par que nunca sabes por dónde te saldrán. Los creo capaces de otorgar el premio a un Pedrolo o a Estanislau Torres» (28 de septiembre de 1967); o incluso en fecha tan tardía como 1979: «Hay una novela de Pedrolo que empieza textualmente así: “Caminava pel novell desenvolupament urbà [Caminaba por el bisoño desarrollo urbano]. Después de devanarme los sesos, conseguí descifrar su significado: quería decir que andaba por el Eixample». Sin embargo, lo valiente no quita lo cortés, y cuando Pedrolo es procesado por las autoridades franquistas acusado de «escándalo público» por mostrar en Un amor fora ciutat una relación homosexual, escribe Sales a Rodoreda: «No olvidemos ambos escribir a Pedrolo con motivo de su proceso», y a continuación le adjunta las señas a las que puede hacerlo (calle Calvet, núm. 9, el domicilio particular del escritor).

Pese a que, al parecer, a Núria Folch le habían gustado algunas de las novelas que había leído de Pedrolo antes de conocerlo y que Sales veía en él un gran potencial, fueron sin duda las discrepancias acerca de cuál era la función que debía desempeñar un editor, de sus diferentes conceptos de lo que era y significaba editar, lo que hizo que no cuajara su relación, y sin embargo es posible que haber publicado en Club Editor hubiera facilitado quizá la traducción de algunas novelas de Pedrolo a otras lenguas más allá de las peninsulares.

Fuentes:

Pere Antoni Pons, «Carlos Pujol sobre Joan Sales», Lluc: revista cultural i d’idees, núm. 864 (julio-agosto de 2018), pp. 16-19.

Montserrat Casals, ed., Mercè Rodoreda-Joan Sales. Cartes completes (1960-1983), Barcelona, Club Editor, 2008.

Joan Fontcuberta, «Pedrolo i La Cua de Palla», Quaderns. Revista de Traducció, núm. 14 (2007), pp. 49-55.

Àlex Milian y Xavier Aliaga, «Capmany i Pedrolo, cent anys de dues veus insubornables», El Temps, núm. 1766 (16 de abril de 2018).

Marta Pasqual, Joan Sales, la ploma contra el silenci, Barcelona, A Contra Vent Editors, 2012.

Bel Zaballa, Manuel de Pedrolo, la llibertat insubornable, València, Sembra Llibres, 2018.