Edición de género (femenino)

A Mireia Sopena y a Pura Fernández,

a ambas con un guiño.

 

Cuando a finales de 1987 Silvia Lluís Rovira inició su actividad al frente de Circe, en el seno del Grupo Océano pero con capital independizado, lo hizo, significativamente, definiéndose como directora general y editora de la empresa, en lo que cabe interpretar en cierto modo como una asunción de la doble vertiente de lo que en el mundo anglosajón se define como publisher y editor. Es decir, no sólo se ocuparía de llevar el timón de la empresa en cuanto a la gestión, sino que se responsabilizaba también de los títulos que seleccionaría y editaría. En el momento de presentar el proyecto, se anunciaba con tres colecciones (narrativa, ensayo y biografía), y con la intención de publicar entre 3.500 y .4000 ejemplares de cada título.

No era un propósito tan osado como a primera vista pudiera parecer si se tiene en cuenta que contaba con un padre de amplísima experiencia en el mundo editorial que además hay constancia de que le dio buenos consejos. Josep Lluís Monreal (hijo a su vez de un périto industrial y periodista aficionado apasionado la letra impresa) se había fogueado con el legendario editor Josep Janés i Olivé antes de acabar por poner en pie en 1959 la editorial Danae, donde dio muestras de su talento como editor, para posteriormente asumir una función más de empresario con la creación en 1972 de Ediciones Océano, que con el tiempo se transformarían en el Grupo Océano. Por ello sabía muy bien lo que se decía cuando le recomendó a su hija Silvia algo que puede parecer una perollugrada pero no lo eso: «Si quieres publicar un tercer libro, por lo menos de los dos primeros vende uno, porque si no vendes ninguno de los dos primeros, entonces el tercero no lo vas a publicar».

Lo cierto es que Silvia Lluis arrancó ya a lo grande, y en 1988 salía a la palestra con una excelente biografía firmada por Rauda Jamis de Frida Kahlo, que según declaraba la propia editora en 2003 fue uno de sus mayores y más continuados éxitos: «Sirvió para lanzar en la editorial la colección de biografías y la hizo un referente. Es nuestro libro más vendido y también sobre el que recibo más cartas de lectores que, que me explican cómo ha cambiado sus vidas.» Muestra de la implicación personal de la editora en este libro en particular es el azaroso origen de la decisión de publicarlo. En 1985, durante un viaje profesional a México, había quedado fascinada por una visita a la Casa Azul de la pintora y a la vista de lo expuesto surgió en ella el convencimiento que la de Kahlo era una historia que valía la pena divulgar y dar a conocer más ampliamente. Y quizá no sea exagerado vincular la publicación del libro de Jamis con el auge que experimentó en esos años el interés en el ámbito hispánico por la vida y la obra de Frida Kahlo.

La fecha en que arranca el proyecto es además indicativa, por lo menos retrospectivamente, de un interés de los editores españoles por el género biográfico en aquellos años, pues coincide de modo significativo con la creación del que pronto se convirtió en el galardón de referencia en el mundo hispánico dedicado al género, el Comillas de Tusquets Editores.

Los títulos que lo acompañaron al Frida Kahlo de Rauda Jamis, a un ritmo además altísimo, pronto configuraron una idea muy clara de Circe como editorial profundamente comprometida con una mirada femenina del mundo y con una operación de rescate de vidas femeninas poco o mal conocidas, llevada a cabo con tesón pero sin cerrazones excluyentes. Así, se sucedieron biografías dedicadas a la editora Sonia Brownell, obra además de la reputadísima Hillary Spurling, a Coco Chanel, a Patricia Highsmith, a Dora Maar, a Irène Nemirovsky, a Sylvia Plath, a Susan Sontag o a Tamara de Lampicka, pero también a Jackson Pollock, Francis Bacon o a Jaime Gil de Biedma.

La de Dora Maar, aparecida en 2012, tiene la singularidad de ser la primera ocasión en que respondió a un encargo de la propia Silvia Lluís, pues lo más habitual en Circe era que esa búsqueda de biografías respondiera al propósito de rescatar vidas de luchadoras a partir de libros preexistentes en inglés y, en menor medida, en francés, pero en este caso se le propuso a la historiadora y crítica Victoria Combalía. Al año siguiente aparecía la primera biografía de una mujer española, Maruja Mallo (que en 1995 había inspirado una novela de Ana Rodríguez Fischer, Objetos extraviados, significativamente publicada en la Lumen de Esther Tusquets), en esa ocasión obra de la hispanista estadounidense Shirley Mangini, a quien en el lector español conocía bien porque había publicado ya el volumen dedicado a Gil de Biedma en la colección de Júcar Los Poetas (en 1980), Rojos y rebeldes, la cultura de la disidencia durante el franquismo (en Anthorpos, en 1987) y Las modernas de Madrid, las grandes intelectuales españolas de la vanguardia y Recuerdos de la resistencia, la voz de las mujeres de la guerra civil española (ambos en Península, en 2001 y en 2004, respectivamente).

Sin embargo, si bien siempre será recordada por haber puesto en un lugar preeminente la biografía como género, también se cuentan entre los méritos de Circe haber dado a conocer al lector en español a escritoras tan relevantes y significativas como Amélie Nothomb (Higiene del asesino, 1996; Las catilinarias, 1998, y Atentado, 1999) o Siri Hustvedt (Los ojos vendados, 1992; El hechizo de Lili Dahl, en 1996, y En lontananza, 1998), del mismo modo que es poco recordada como la primera y constante editora de Don DeLillo en los años noventa (Los nombres y Mao II, 1992; Ruido de fondo, 1994; Americana, 1999; Submundo, 2000…) o de Emmanuel Carrère (Fuera de juego, en 1989, y Una semana en la nieve, en 1996), o de títulos tan singulares y exitosos como Las siete cajas, de la barcelonesa Dora Sontheimer, Cisnes salvajes, de Jung Chang, o La pasión de ser mujer (2016), de Eugenia Tusquets y Susana Frouchtmann, por donde desfila una pléyade de mujeres muy en sintonía con los intereses de Circe (Hannah Arendt, Emilia Pardo Bazán, Maria Callas, Anaïs Nin, Eleanor Roosevelt o Mercè Rodoreda) y cuyo título quizá defina por sí solo el catálogo de Circe.

Fuentes:

Web de Circe

Iloveherstory, «Entrevista a Silvia Lluís, editora de Circe», 29 de marzo de 2015.

Amaya Prieto, «Viajamos con arte o por amor al arte. Entrevista a Silvia Lluís y Pilar Rubio», Viaje al centro de la noche, Radio Nacional de España, 6 de marzo de 2013.

Redacción, «El Grupo Océano crea la Editorial Circe, para narrativa y ensayo», El País, 2 de febrero de 1988.

Sergio Vila-Sanjuán, Pasando página. Autores y editores en la España democrática, Destino (Imago Mundi 26), 2003.

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La edición clandestina, de Minuit a Negra Nit

Uno de los retos más complejos, por razones evidentes, a los que se enfrenta la historia de la edición, es el deber de reconstruir, en la medida en que sea posible, la trayectoria de las ediciones clandestinas, de las que en el caso de la historia española, como en otros muchos en que la censura se cebó en la obra editorial, es posible que existan más ejemplos de los que hasta ahora son comúnmente conocidos.

En este ámbito particular, existen bastantes datos dispersos acerca de Edicions Negra Nit, nacidas en 1945 de la mano de Esteve Albert (1914-1995), quien en 1942 había salido de la prisión de Ondarreta, y Josep Benet (1920-2008), militante del clandestino Front Universitari de Catalunya, y cuyo nombre parece cuando menos inspirado en las Éditions de Minuit del ilustrador Jean Bruller (1902-1991), hijo del editor húngaro Louise Brüller, y el periodista de origen algeriano Pierre de Lescure (1891-1963). Éditions de Minuit había surgido unos pocos años antes en la Francia ocupada, y el 20 de febrero de 1942 sacó un primer libro, Le silence de la mer, firmada por Bruller empleando el seudónimo Vercors. A su vez, en La bataille du silence, Bruller contó que el origen del nombre de este proyecto editorial, cuyo objetivo inicial era dar salida a su propia obra, estuvo en algunas obras de Georges Duhamel y Pierre MacOrlan, pero aun así la leyenda ampliamente divulgada lo atribuye al hecho de que imprimían los libros por la noche. Sería una bella historia, pero lo cierto es que el mencionado primer libro de Éditions de Minuit lo imprimió muy lentamente Claude Odeville, a plena luz del día aunque con las precauciones pertinentes, y los siguientes libros corrieron a cargo de Ernest Aulard, que los imprimía los domingos. Entre los méritos extraordinarios de Éditions de Minuit en sus primeros años se cuenta el hecho de que fue la primera editorial (y hasta el momento de escribir estas líneas, que se sepa, la única) que, como tal, fue galardonada con el Premio Fémina, en 1944, por el conjunto de su obra durante la guerra. Al término de la misma, en 1946, empezó a dirigir la editorial el celebérrimo y reputadísimo Jérôme Lindon (1925-2001), y desde su muerte la hija de éste, Iréne Lindon.

Logo de Éditions de Minuit.

Edicions de Negra Nit, nacida con el propósito de publicar en catalán en tiempos particularmente difíciles, se estrenó con La subterrània deu, como primera entrega de una serie de Poesia de Resistència y encuadrada en la colección Rat Penat («murciélago» en catalán). Se trata de una publicación en un formato de 8 x 11 de apenas 24 páginas, lo que facilitaba enormemente su distribución de tapadillo y su ocultación. Lógicamente, el único canal para dar a conocer estas obras era la prensa también clandestina, y aparecieron algunos textos sobre ellos en la revista Horitzons, una publicación adherida al Front Nacional de Catalunya  que imprimía el mismo Albert con la misma imprenta con que publicaba los libros. Con la venta de una primera tirada de cien ejemplares en papel de hilo y numerados se financiaba una tirada más modesta cuyos ejemplares se regalaban de mano en mano, con el propósito evidente de fomentar la continuidad de la lectura en catalán.

Logo de Edicions de Negra Nit.

De hecho, es muy probable que Petita vall, un libro un poco más extenso (124 páginas) aparecido en 1946 en Dosrius sin pie editorial y firmado por Esteve Albert i Corp, se imprimiera del mismo modo. Sin embargo, su anterior Única amor (1945), había aparecido en la Imprenta Aquitania y con pie falso en Montepellier (se imprimió en Mataró). En cualquier caso, también de 1946 es el segundo volumen de las Edicions Negra Nit, Himnes patriòtics, como número II de la Poesia de Resistència y con el que se estrenaba la colección Pàtria i Llibertat. Se trata de un libro colectivo de 32 páginas con el mismo formato que el anterior, si bien se indica como lugar Barcelona, y que puede verse digitalizado en el blog de Pere Plana Panyart.

El tercer y último libro de esta efímera editorial apareció también en 1946, Sonets dels temps difícils, presentado como anónimo pero obra de Maurici Serrahima, abogado y poco menos que mentor de Benet, con quien poco después colaboró estrechamente en el también clandestino grup Miramar (creado en 1947 para mantener la memoria histórica a la espera de tiempos propicios). Se anunciaron en las Edicions de Negra Nit unas Commemoracions nostrades que ya no llegaron a publicarse.

Placa en homenaje a Esteve Albert i Corp en la placeta de Sant Esteve de Andorra la Vella.

 

Puede aventurarse que el abrupto fin de esta iniciativa, antes de que Esteve Albert se trasladara a vivir a Andorra, donde prosiguió una fecunda labor de divulgación cultural y de resistencia antifascista, se debió muy probablemente a la progresiva apertura de pequeños resquicios que permitían la publicación de determinadas obras en catalán, como es el caso particularmente de la poesía, de las traducciones de literatura griega y latina o las obras de algunos clásicos, si bien siempre con algunas restricciones. Ese año 1946 aparece el primer libro inédito en catalán con permiso de la censura y publicado por una editorial, Mosaic, de Victor Català, que no se ajustaba a las normas gramaticales de Pompeu Fabra; la primera reedición de un libro juvenil, en la editorial Baguñà o el primer diccionario en catalán impreso desde 1939 (el de la editorial Pal·las, que se distribuyó sobre todo en 1947). Es pues el momento que retrospectivamente se ha denominado la represa, la reanudación.

 

Fuentes:

Pierre Assouline, L´Épuration des intellectuells, Bruselas, Complexe, 1985.

Pascal Fouché, L´Édition Française sous l´Occupation 1940-1944, Bibliothèque de Littérature Française Contemporaine (Université de París-7),vol. I, 1987.

Maria Josepa Gallofré i Virgili, L´edició catalana i la censura franquista (1939-1951), Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 99), 1991.

Albert Manent y Joan Crexell, Bibliografía catalana: cap a la represa (1944-1946), Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Serra d´Or 90), 1989.

Pere Plana Panyart, “La Negra Nit“, en De les golfes, ves! Quina troballa

Joan Samsó, La cultura catalana: entre la clandestinitat i la represa pública, 2 vols., Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 141 y 147), 1994 y 1995.

Ediciones de Jacint Verdaguer en el primer franquismo

A Julia Escobar, editora, traductora y escritora hasta la médula

El centenario del nacimiento de uno de los grandes poetas que ha dado la cultura catalana, Jacint Verdaguer (1845-1902), dio una excelente ocasión al régimen franquista para simular una cierta apertura que de algún modo silenciara las voces que lo tildaban de represor con la cultura catalana. Así, ya en 1943 se autorizó una edición de las obras completas del insigne poeta, pero con una condición que la profesora Montserrat Bacardí califica de «estrambótica y malintencionada», pues:

Debía reeditarse con la irregularidad ortográfica originaria, sin pasar por el cedazo normativizador de la reforma fabriana. El producto resultante, de regusto folklórico manifiesto, no resultaba precisamente apto para atraer a nuevos lectores. Aun así, el libro se agotó enseguida, y tal acogida sirvió de acicate a Josep M. Cruzet, el tenaz artífice de la [editorial] Selecta.

Es realmente asombroso que una obra escrita en una lengua que, en su forma, resultaba ya ajena casi por completo al lector medio pudiera tener un éxito importante, cuando lo habitual es que ese tipo de ediciones, cuando no entran en los planes de estudios, queden restringidas a un público lector altamente especializado. Contribuye además a explicar que en los años posteriores incluso los lectores bilingües prefirieran libros interesantes en (o traducidos al) español que tostones en catalán que presentaban evidentes problemas para su goce.

Muy poco después, en 1944, con las mencionadas restricciones, que al parecer de Manent y Crexell permiten tener a éstas por «ediciones españolas de textos de una lengua considerada muerta», aparecieron pues los libros de Verdaguer L´Atlàntida (con una carta-prólogo de Frederic Mistral), Canigó y Montserrat.

Victor y Joan Seix.

Y al año siguiente se sucedieron las ediciones conmemorativas, e incluso se creó una «comisión oficial» en la que figuraban Gabriel Arias (como vicesecretrario de Educación Popular del Movimiento), Antonio Correa Veglison (en calidad de gobernador civil de Barcelona y jefe provincial del Movimiento), José Pardo (jefe del Departamento de Propaganda), el erudito Martí de Riquer y el eminente editor falangista Luis de Caralt entre algunos otros. El Ayuntamiento de Barcelona costeó una edición facsímil del conocido como manuscrit de Can Tona (1867) de L´Atlàntida; Indústrias Gráficas Seix Barral hizo una edición de cien ejemplares para la Asociación de Bibliófilos de Barcelona de Lo mariner de Sant Pau con ilustraciones de Ramon Fabres; la vigatana Editorial Sala hizo una de Canigó ilustrada por Junceda y con un dibujo en portada de A. Freixes (con el texto y las notas en catalán arcaico); y Casiopea una de Què diuen el ocells con ilustraciones de Alexandre Coll y un asombroso epílogo de Antoni Julià de Capmany escrito en español.

Luis de Queralt durante la guerra civil española.

Es evidente la utilidad que tenía para el régimen franquista esta apropiación de la figura del gran poeta de la Renaixença catalana, sin que por ello supusiera un riesgo importante para la extensión, divulgación o ampliación de la lectura en lengua catalana, que sólo ocasionalmente se autorizaba y predominantemente cuando se trataba de poesía de traducciones de clásicos.

Sin embargo, ese mismo año 1945 aparece también, en México, una edición de L´Atlàntida más legible preparada por Joan Sales para la editorial Minerva, que se publicó precedida de un prefacio de Josep M. Miquel i Vergés. De nuevo en este caso se hace difícil comprender la salida que tuvo una edición hecha en semejantes circunstancias, más allá de la colonia catalana en México y en algunas otras ciudades americanas.

En 1946 están fechadas una segunda edición en Selecta de las Obras completas, así como una edición de 125 ejemplares no venales de Oda a Barcelona, acompañada de un comentario de Josep Pin y Soler e impresa en la Sallent de Sabadell, a cargo de la Asociación de Bibliófilos de Barcelona, y la primera edición crítica de L´Atlàntida, llevada a cabo por Eduard Junyent y Martí de Riquer partir de los manuscritos autógrafos y de las ediciones de 1877 y 1878, y de cuya impresión se ocupó Horta por encargo del Ayuntamiento de Barcelona (se tiraron novecientos cincuenta ejemplares). A raíz de esta última edición escribía en la edición del 9 de junio de 1946 de La Vanguardia Española Ana Nadal de Sanjuán unas palabras que producen poco menos que vergüenza ajena: «Gran acierto este acuerdo rendido a la memoria de Verdaguer, que repercute al eterno espíritu de nuestra patria, ya que nadie puede negar la españolidad de Mosén Cinto»

Aun en agosto de 1947 se autorizaría a Montaner y Simón y Editorial Casiopea una edición de bibliófilo de Flors de Maria, de Verdaguer, de la que se hizo una tirada de cuatrocientos ejemplares.

Y al año siguiente se publicaba una versión de Canigó transcrita, anotada y prologada por Joan Sales, en esta ocasión en la Biblioteca Catalana del insigne editor poumista establecido en México Bartomeu Costa-Amic. Sales, además, pudo partir ya de un texto con la ortografía modernizada, pues contaba con un ejemplar manuscrito preparado por el profesor catalán Antoni Bargés (exiliado también en México y que impartía clases en el colegio Cervantes).

La paradoja, pues, quizá resida en el hecho de que en Cataluña se publicaban ediciones que difícilmente podían encontrar su público, mientras que las que podían satisfacer a esos lectores se publicaban en tales condiciones que resultaban prácticamente inaccesibles.

Fuentes:

Sello andorrano.

Montserrart Bacarrdí, La traducció catalana sota el franquisme, Lleida, Punctum (Quaderns 5), 2012.

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Jalisco, El Colegio de México, 1998.

Maria Josepa Gallofré i Virgili, L´edició catalana i la censura franquista (1939-1951), Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 99), 1991.

Albert Manent y Joan Crexell, Bibliografía catalana: cap a la represa (1944-1946), Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Serra d´Or 90), 1989.

Joan Samsó, La cultura catalana: entre la clandestinitat i la represa pública, 2 vols., Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 141 y 147), 1994 y 1995.

Francesc Vilanova i Vila-Abadal, Repressió política i coacció económica, Barcelona, Publicacions de L´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva 216), 1999.

 

Enric Borràs i Cubells y la edición independentista catalana en los ochenta

En el volumen con que cierra su monumental historia de la edición en Catalunya, Manuel Llanas establece ciertos paralelismos entre el origen y la orientación de iniciativas como Edicions de l´Arc de Berà y Edicions Mediterrània o, posteriormente, La Magrana y las de la editorial El Llamp, de la que cita el siguiente propósito procedente de un catálogo de 1989: «[Publicaremos] obras en muchos casos comprometidas, siempre con el pensamiento puesto en Cataluña, génesis y objetivo de nuestra tarea editorial». Sin embargo, también indica Llanas que, de todas las que menciona, El Llamp fue la que a lo largo de su trayectoria más fiel se mantuvo a estos principios ideológicos fundacionales.

Aunque el nombre remite a una histórica y combativa revista publicada entre 1921 y 1934, El Llamp empieza a gestarse durante el verano de 1980, y, salvo en los trámites iniciales para constituirse, nunca pagó tasas ni impuestos directos a la agencia tributaria ni a la seguridad social españolas, lo que ya es sobradamente indicativo de esta fidelidad al compromiso declarado. Un tiempo después, el 22 de febrero de 1982, está fechado en los obradores de Gràfiques Diamant el primer libro de El Llamp, Manual d’orientació, de Ferran Pàmies.

La iniciativa había surgido de Enric Borràs i Cubells (1920-1985) y de su hijo Enric Borràs Calvo. El primero tenía ya por entonces una larga experiencia en el mundo editorial, que había iniciado al poco de salir de prisión, pues como consecuencia de su compromiso político pasó en la cárcel Modelo los años que van de febrero de 1946 a mayo de 1950. Después de una temporada haciendo colaboraciones externas como corrector y redactor, en 1952 Borràs i Cubells entró en la editorial Teide, donde con el tiempo se convirtió en mano derecha del célebre historiador y editor Jaume Vicens Vives (1910-1960), además de en prolífico traductor. Y coincidiendo con el arranque de El Llamp empezaba a aparecer además una de las iniciativas importantes en las que se comprometió, la colección en catalán de Joan Grijalbo (1911-2002) Plec de Setze, que puso a disposición de los lectores catalanes a algunos nombres importantes de la literatura universal contemporánea gracias a la labor de escritores y traductores tan destacados como Xavier Benguerel, Avel·lí Artís-Gener, Quim Monzó o Francesc Parcerisas.

A los dos años del arranque de El Llamp aparecía además una revista homónima, inicialmente dirigida por el escritor e intelectual Joan Crexells (18961-1926), que avanzaba en paralelo y con los mismos objetivos y planteamientos que la editorial.

A lo largo de sus trece años de existencia la editorial El Llamp publicó alrededor de trescientos títulos encuadrados en diversas colecciones entre las que destaca por su extensión L’Aplec, dedicada a libros periodísticos, memorias, ensayos históricos y textos de narrativa obra de autores catalanes como Josep Espunyes, Joan Barceló o Maria Mercè Marçal, y sobre todo La Rella, centrada en textos más reflexivos y memorialísticos de tipo político e ideológico.

Es muy recordada también como pionera de la novela erótica en catalán gracias a la colección La Cuca al Cau, donde abundan los textos firmados con seudónimo y de atribución dudosa, como es el caso de Els quaderns d’en Marc (que a menudo se supuso obra del prolífico Manuel de Pedrolo [1918-1990]) e Historieta Gràfica, donde se abordaba la historia y la actualidad política en forma de cómic en una iniciativa que hoy puede considerarse pionera. Y a ellas deberían añadirse aún otras de título tan inequívoco como Antropología, La Franja, Sociolingüística o Comunicació.

Entre sus mayores éxitos, a veces polémicos, se cuentan, por ejemplo, varias obras del propio Crexells, como Si és boig, que el tanquin! Poesia popular anónima, 1977-1982 (1983), antología en cuya preparación contó con la colaboración del poeta y editor Pere Quart (Joan Oliver [1899-1986]), Origen de la bandera independentista (1984), El monument a Rafael Casanova (1985) o Premsa catalana clandestina i d’exili, 1917-1938 (1986), así como textos tan importantes o que han dejado una huella profunda en el pensamiento independentista como es el caso de Anarquisme i alliberament nacional (1987), obra de un colectivo encabezado por Ricard de Vargas Golarons (excompañero de Salvador Puig Antich en el Moviment Ibèric d’Alliberament y posteriormente militante de Olla [Organització de la Lluita Armada]), en el que figuraban entre otros Joan A. Montesinos, Joan Casares y Enric Cabra, y que, prologado, ampliado y actualizado, por su pertinencia y vigencia fue rescatado por Virus Editorial en 2007.

Fenecida la revista, que tenía una tirada de unos dos mil ejemplares (la mitad destinada a suscriptores), dos años después le siguió el cierre de la editorial (que previamente se había convertido en sociedad anónima), debido al parecer al cierre de la distribuidora y a la dificultad por aquel entonces para obtener créditos bancarios. Aun así, en cierto modo la revista ha tenido una segunda vida, dispersa, en internet.

Si sin duda puede considerarse El Llamp como una de las editoriales más insignes entre todas las independentistas surgidas en el siglo XX en Cataluña, tampoco parece muy discutible que fue la más radicalmente independiente de las últimas décadas del siglo.

Fuentes:

Enric Borràs, «El Llamp: doble aniversari», El Llamp, 22 de febrero de 2012.

Ferran Dalmau «30 anys de la fundació d’El Llamp», Llibertat.cat, 26 de enero de 2012.

Manuel Llanas, Historia de l’edició a Catalunya. El segle XX (els darrers trenta anys). 1975-2007, Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2007.

Roger Palà, «La nissaga Borràs. De l’editorial independentista el Llamp al fotoperiodisme contra la extrema dreta», La nevera, 13 d’octubre de 2016.

 

 

Libertad de imprenta

Proyecto de Ley sobre la Libertad de Imprenta, presentado en las Cortes y Leído en el Congreso de los Señores Diputados de Orden de su Magestad la Reina Gobernadora por el Ministro de Gobernación de la Península el 14 de septiembre de 1839 (Madrid, Imprenta Nacional, 1839).

Real Decreto sobre el ejercicio de la libertad de imprenta publicado el 5 de abril de 1852 en la Imprenta Nacional de Madrid.

Cosas sobre Ontañón, Mada Carreño y la editorial Xóchitl

La relativamente breve historia de la editorial Xóchitl (1941-1948) dejó una estela de interesantes libros repartidos en tres colecciones de cuyo conjunto puede inferirse una interesante perspectiva acerca de la integración de los intelectuales republicanos exiliados en México como consecuencia del resultado de la Guerra Civil.

Este empresa creada por Eduardo de Ontañón (1904-1949), Mada Carreño (1914-2000), con la que se había casado durante la guerra (en 1938), y el mexicano Joaquín Ramírez Cabañas (1886-1945) toma su nombre de una palabra náhuatl (cuyo significado es flor) que posteriormente dio lugar a un nombre de persona. Eduardo de Ontañón ya tenía a sus espaldas una asentada carrera como periodista y editor cuando llegó a México, pues como hijo del librero burgalés Jacinto Ontañón (propietario de la librería que llevaba su apellido, además de editor de la revista satírica El Papa-Moscas), estuvo desde muy joven en contacto con la letra impresa. A los trece años ya publicaba Eduardo de Ontañón en la revista de su padre, pero sobre todo una vez concluidos estudios de periodismo su firma es frecuente en periódicos y revistas de la época como El Diario Español, La Voz de Madrid, Crisol, Luz, Estampa o El Sol, si bien sin duda una de las más importantes fue Parábola, entre cuyos colaboradores se contaban César Arconada, José María Alfaro, Francisco Ayala, Juan Chabás, Pedro Garfias, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Concha Méndez, Pedro Salinas…

Mada Carreño, por su parte, de formación autodidacta, se estrenó ya durante la guerra civil como escritora en periódicos vinculados a las Juventudes Socialistas Unificadas como Alerta, y fue sobre todo en México donde forjó su prestigio como escritora tan prolífica como versátil. Y en cuanto al poeta e historiador Ramírez Cabañas, ya en 1918 había publicado un primer poemario, La sombra de los días, al que habían seguido la novela La fruta del cercado ajeno (1921) y los libros de poemas Remanso de silencios (1922) y Esparcimiento (1925), así como el libro de ensayos Estudios históricos (1935), pero además había figurado como editor de la revista Tiempo, con Francisco Gamoneda había fundado la Librería Biblos (que actuaba ocasionalmente como editorial) y luego desarrollaría una importante labor como editor de textos históricos para la editorial Pedro Robredo.

A la derecha, Eduardo de Ontañón.

Xóchitl se estrena con un libro de impacto, potencialidad comercial y además supieron lograr una buena distribución: una biografía de Hernán Cortes escrita por el prestigioso escritor José Vasconcelos (1882-1959) y con obra gráfica del ilustrador y escenógrafo mexicano Julio Prieto (1912-1977), con la que nacía la colección Vidas Mexicanas (que tomaba como modelo las Vidas Españolas e Hispanoamericanas del Siglo XIX de Espasa-Calpe) acerca de cuya distribución explica Mada Donato en sus memorias:

Cuando tuvimos en nuestras manos el Hernán Cortés de Vasconcelos, con una atractiva portada del escenógrafo Julio Prieto y varios grabados en el texto, fui a ver a los libreros y editores más importantes de México, los Porrúa. Eran –y siguen siéndolo– un clan numeroso de tíos y sobrinos, hermanos y cuñados, tres generaciones por lo menos de una familia de procedencia mallorquina, personas de gran probidad y prestigio. […]

Me ofrecieron adquirir al contado cien ejemplares de cada libro. Con eso teníamos suficiente para pagar los gastos del último y emprender la impresión del siguiente. Visité, con igual fortuna, otra rama de los Porrúa, los dueños de la Librería Robredo.

Si bien este título inicial lo había financiado Ramírez Cabañas, a partir de ese momento arrancó una trayectoria que puso en pie otras colecciones, como la Biblioteca Mexicana de Libros Raros y Curiosos, destinados a bibliófilos y por consiguiente en tiradas más cortas, o, inspirada por Mada Carreño, Historias Apasionadas, acerca de la que cuenta que empezaron a «atesorar todo lo que “de apasionado” figura en la literatura clásica, y obtuvimos resultados excelentes», y así publicaron obra de Rousseau, Dostoyevski, Merimée, Conrad, Nerval, Chateaubriand…

Razones personales, nada menos que la separación del matrimonio de los fundadores, acabó con el proyecto demasiado pronto, pero dejaban una treintena de títulos como testimonio, y en cuanto Ontañón regresó a España Mada Carreño liquidó la empresa y saldó las existencias dejando en manos de la Librería Patria las de la colección Vidas Mexicanas y las de Historias Apasionadas en las del editor de origen catalán Francesc Sayrols, conocido en México sobre todo por ser uno de los pioneros del cómic, en 1934, con la revista Paquín, que en esos momentos acababa de desaparecer (en 1947).

Al margen de ocuparse como albacea de la obra de su buena amiga Magda Donato (1898-1966), a partir de ese momento Carreño ya no volvió a intervenir en el mundo editorial y dedicó sus energías a las más diversas disciplinas (la literatura infantil, la interpretación dramática, el periodismo…), y tampoco Ontañón, gravemente enfermo, tuvo ocasión de hacerlo, e incluso la obra con la que llegó a cuestas, Larra, el español desesperado, no llegó a publicarse nunca, del mismo modo que la gran obra editorial de Carreño, la traducción y revisión de textos de la Biblia del nuevo milenio, no vería la luz hasta el año 2000, en la editorial Trillas.

Fuentes:

Manuel Aznar Soler y José Ramón López García, Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio), 4 vols., 2016.

Concepción Bados Ciria, «Republicanas exiliadas en México (I) Mada Carreño», Rinconete, 15 de julio de 2007.

Francisco Blanco, «La revista Parábola y la tertulia del ciprés», Burgospedia, 21 de octubre de 2014.

Mada Carreño, Memorias y regodeos, Universidad Nacional Autónoma de México, 1998.

Los primeros años de la editorial Ariel, la literatura infantil, la censura…

Los orígenes de la editorial Ariel, que en el momento de escribir estas líneas cumple la muy respetable edad de 75 años, tiene justa fama de cantera propicia de grandes nombres de las letras y de la edición, pues en algún momento u otro de su historia desempeñaron en ella funciones de mayor o menor responsabilidad desde el filósofo y traductor Manuel Sacristán (1925-1985) a los editores Xavier Folch i Recasens (n. 1938), Gonzalo Pontón Gómez (n. 1944) y Joan Sales (1912-1983), así como el conocido corrector y editor de mesa Josep Poca i Gaya (n. 1940), pasando por el abogado y economista Jordi Petit Fontseré (1937-2004), el mediático economista Fabià Estapé (1923-2012) , el célebre abogado penalista Octavio Pérez-Vitoria (1912-2010) –a quien se atribuye más de un regate a la censura franquista– o los prestigosos historiadores Josep Fontana (n. 1931) y Jordi Nadal i Oller (n. 1929), entre no pocos otros de similar relieve.

De izquierda a derecha: Manuel Sacristán, Calsamiglia, Mario Bunge y Argullós.

Sin embargo, el origen de la editorial Ariel estuvo en la confluencia de lo que Gonzalo Pontón ha descrito como «una pareja extraña» que se había conocido en la Universidad Autònoma de Barcelona anterior a la guerra, el tándem formado por el licenciado en Derecho Alexandre Argullós (1912-1996) y el licenciado en Filosofía Josep Maria Calsamiglia (1913-1982), que había sido ayudante del celebérrimo profesor y poeta Ramon Xirau (1924-2017). A Argullós la guerra civil le había pillado en una estancia de ampliación de estudios en Milán, pero en 1937 regresó a Barcelona, por lo que no podía tener ninguna esperanza de poder proseguir su carrera como abogado, mientras que a Calsamiglia, aunque intentó depurarse, se le prohibió la docencia superior por un período de ocho años.

Así pues, en 1941 aunaron esfuerzos para comprar una de las imprentas históricas en Barcelona, la de los herederos de Domingo Casanovas, situada en el número 67 de la Ronda de Sant Pau, y al parecer durante un breve tiempo operaron con el nombre Demos. Sin embargo, no tardaron en trasladarse en 1946 a un local en los bajos del edificio modernista que ocupaba la también histórica Montaner y Simon (que hoy alberga la Fundació Tàpies), en un momento en que ésta atravesaba por serios problemas económicos, y pudieron ampliar así un poco su maquinaria, hasta el punto que unos años más tarde (en 1953) se trasladaron allí también las oficinas. En palabras de nuevo de Gonzalo Pontón:

adquirieron una vieja maquinaria tipográfica que estaba pidiendo a gritos la jubilación: una enorme máquina plana de imprimir LM, un par de Koenig Bauer mediocres, dos linotipias Mergenthaler, una cizalla y cajas y chibaletes con tipos que manipulaban con destreza dos viejos cajistas honrados de insigne tradición. Imprimían allí, aparte de la remendería del barrio, los (pocos) libros y revistas que se editaban en la Barcelona de posguerra. Pero también los apuntes de clase de sus compañeros de promoción que habían sido premiados con cátedras y prebendas por su fidelidad a la España eterna.

Al parecer, la elección del nombre con el que esta empresa se convertiría en legendaria en el ámbito de las humanidades se debe a un ensayo ya famoso en esos años de un ensayo del escritor católico francés André Maurois (1885-1967) de Ariel ou la vie de Shelley (1923), que en España habían publicado las Ediciones Oriente (1930) en traducción de Luis Calvo y que en 1951 publicaría también José Janés, que concuerda con la ideología que profesaban los propietarios de Ariel.

Entre los primeros libros que llevan pie editorial de Ediciones Ariel se cuentan títulos muy alejados de los que la harían famosa, como fueron por ejemplo La lección de San Juan de la Cruz. Episodios, doctrina y poesía de un resurgimiento espiritual (1942), de Enrique Chandebois, con un prólogo a la edición española de Luis Araujo-Acosta (1885-1956) y encuadernado en tela o Lo que vi en América (¿1942?), de Benigno Varela, pero en los años cuarenta el peso lo llevaban los Talleres Tipográficos Ariel, responsables entre otros títulos igualmente alejados de los que harían famosa a la editorial, como En la soledad del tiempo, de Dionisio Ridruejo, ilustrada por Ramón de Capmany, o la Poesía (1924-1944) de César González-Ruano, ambas para Montaner y Simon, o El paquebot de Noé del igualmente escritor de derechas Félix Ros, en este caso para la Editorial LARA (la primera empresa editorial de José Manuel Lara Hernández).

Cuando en mayo de 1946 empezó a publicarse la revista clandestina Ariel de Josep Palau i Fabra, Joan Triadú, Frederic-Pau Verrié, etc., que no tenía ningún tipo de vínculo con la editorial, surgieron inicialmente algunas confusiones entre los lectores, pero precisamente por su carácter minoritario y su trompicada distribución no se consideró que valiera la pena molestarse por ello (aunque incluso hoy se generan a veces equívocos).

Escribe Francisco Luis del Pino sobre la primera década de Ariel y su tremendo contexto político y social: «Mientras el decenio de 1940 a 1950 se caracterizó por ser años de penuria, represión y censura: “Franco manda y España obedece” sentenciaba una consigna de la dictadura, Ariel se especializó en títulos de medicina, economía, derecho y filosofía», y también hubo espacio para la sociología, la geografía o la historia, lo que marcaba ya desde el principio su vocación de editorial universitaria (incluso en el sentido de tener la vocación de sustituir o paliar las carencias de la universidad franquista). Es significativo en este sentido que la ya aludida publicación de apuntes, que se constituían prácticamente la única lectura promovida por la universidad.

Y antes de que acabara la década, con la que concluye también una primera etapa de Ariel, se inicia la publicación de libros en catalán, gracias a la iniciativa de Joan Sales, que luego tendría continuidad y frutos tan asombrosos y perennes como los diez volúmenes de Historia de la Literatura Catalana dirigida por Martí de Riquer, Manuel Comas y Joaquim Molas. Así, en 1949 aparecen una edición de bibliófilo y una destinada al comercio regular del primer volumen de rondalles populars, un volumen de 150 páginas con textos de Ramon Llull, Frederic Mistral y Jacint Verdaguer, prologados por Carles Riba y con dibujos a tres tintas de Elvira Elies, y a este seguirían tres volúmenes más cuya importancia radica sobre todo en ser la primera publicación específicamente dirigida al público infantil (en su edición regular) que conseguía la aceptación de la censura española. Sin embargo, no sucedió lo mismo con el intento Sales y Noel Clarasó de crear una publicación periódica al estilo de la muy célebre Patufet de preguerra, para la que incluso habían elegido ya el nombre, Antonet, y se mandó una primera maqueta a censura, pero estuvieron a punto. Tal como lo cuenta Òscar Samsó, una anécdota acompañó a este fracaso:

Un primer ejemplar y un memorial enviados a la Secretaría de Educación Popular en tiempos del ministro de Educación Ibáñez Martín fueron a parar a la Secretaria del Pardo, residencia de Franco. De allí fueron remitidos al organismo competente que, al ver quién era el último remitente, lo interpretaron como una recomendación. La confusión se disipó y el Antonet permaneció prohibido.

De hecho, los sobresaltos e incluso los conflictos de Ariel en las décadas siguientes serían frecuentes y serias, como ejemplifica por ejemplo otra obra magna, ya de la década siguiente, los ocho volúmenes de la Historia de España de Ferran Soldevila, que sin embargo fue uno de los primeros grandísimos éxitos de Ariel, con el que incluso puede decirse que se abría una nueva etapa.

Fuentes:

Jordi Amat, «Historia en combate», Cultura/s La Vanguardia, 18 de marzo de 2017, pp. 8-9.

Manuel Llanas, con la colaboración de Montse Ayats, L’edició a Catalunya. El segle XX (1973-1975), Barcelona, Gremi d Editors de Catalunya, 2006.

Francisco Luis del Pino Olmedo, «Editorial Ariel. Feliz 70 cumpleaños», Clío, núm. 132 (2012), pp. 29-34.

Gonzalo Pontón [Gómez], «Tiempo de aprendizaje», Tiempo de Ensayo. Revista Internacional sobre el Ensayo Hispánico, núm. 1 (2017), pp. 240-256.

Francisco Rojas Claros, Dirigismo cultural y disidencia cultural en España (1962-1973), Universidad de Alicante, 2013.

Joan Samsó, La cultura catalana. Entre la clandestinitat i la repressa pública (1939-1951), Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva), 1995.

 

Eudald Canivell, tipógrafo y difusor de las artes gráficas

Eudald Canivell (1858-1928)  entró en el siglo XX con un libro poco común en el contexto cultural del momento bajo el brazo, Heribert Mariezcurrena y la introducció de la fototipia y el fotogravat (1900), en el que biografiaba y reivindicaba la figura de un grabador, introductor de la fotografía al carbón y pionero del fotoperiodismo hoy muy poco conocido pero que, entre otras cosas, fue el creador de la primera figura icónica del poeta Jacint Verdaguer (1845-1902), ya en la década de 1870, y fundador de la novedosa Sociedad Heliográfica Española.  El texto de Canivell parece nacido al calor de la muerte de Mariezcurrena (en mayo de 1898), como resultado de una lectura celebrada en el Ateneu Barceloní en mayo de 1898 y organizada por el Institut Català de les Arts del Llibre (del que Canivell era uno de los fundadores).

Verdaguer retratado por Mariezcurrena.

En aquel momento inicial del siglo, gracias en parte a la seguridad que le proporcionaba su modesto sueldo como director de la Biblioteca Pública Arús, Canivell se encontraba en la cresta de la ola de su trayectoria profesional. En aquel mismo año 1900 se estrenaba la cabecera portavoz del ICAL Revista Gráfica, de la que fue director artístico y literario y cuyos dos primeros números (1900 y 1901-1902) describe Eliseu Trenc como: «Notables tanto por su contenido como por el aspecto formal, hasta el punto que pueden ser considerados como un destacado ejemplo de la riqueza del arte tipográfico modernista». Simultáneamente, Canivell dirigía la publicación del tercer y último volumen de la famosa Biografía crítica de las obras de Miguel de Cervantes Saavedra, que a su muerte había dejado inacabada el bibliófilo y coleccionista Leopoldo Rius de Llosellas (1840-1898) y ordenada posteriormente Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912), para el que Canivell escribió además un documentadísimo prólogo acerca de su autor. Finalmente, esta magna obra del cervantismo hispánico aparecería en Vilanova i la Geltrú en 1904, gracias al buen hacer de los talleres de Joan Oliva i Milà (1858-1911), quien en 1900 había publicado en la Revista Gráfica un importante texto sobre tipografía («Senzill ensaig de classificació dels carácter tiographics»), y se hicieron, según se consigna en la portadilla: «Cinco ejemplares en papel japonés, cinco ejemplares en papel Guarro, cuarenta ejemplares en papel de hilo y cuatrocientos ejemplares en papel verjurado agarbanzado». Ese mismo año aparece otro ensayo importante de Canivell, los Tipos góticos incunables para impresiones artísticas y ediciones de bibliófilo (Oliva de Vilanova, 1904).

Caja de los volúmenes del Quijote de Viader.

Al año siguiente (1905), mientras sigue enfrascado en la restauración de caracteres góticos del siglo XV, se inauguraba la Escola Práctica d’Arts Gráfica, una de las iniciativas más notables e influyentes creadas por el ICAL y donde Canivell fue uno de los primeros docentes, pero además –y mientras proseguía la catalogación de la inmensa biblioteca y archivo de Rossend Arús– dirigía y revisaba la edición de un Don Quijote de la Macha en caracteres góticos impreso sobre corcho laminado que apareció ese mismo año en Sant Feliu de Guíxols gracias a la imprenta especializada en obras cervantinas de Octavi Viader i Margarit (1864-1938), y que Juan Givanel Mas y Luis M. Plaza Escudero describen del siguiente modo en su Catálogo de la colección cervantina de la Biblioteca Central de Cataluña (volumen IV, 1891-1915, p. 192):

Es esta una edición muy curiosa, de cuidada tipografía, sobre materia de uso tan poco frecuente en menesteres de imprenta como es el corcho. Es, al mismo tiempo que una demostración de cervantismo, indicio de la madurez que tiene en la industria corchera la región ampurdanesa.

La tirada, cincuenta y dos ejemplares, está legalizada por acta notarial y se puede considerar como de bibliófilo.

El primer volumen se terminó el 31 de diciembre de 1905, y el segundo el 6 de mayo de 1906.

Las capitulares y los adornos tipográficos son del propio Canivell, y fue tal el éxito que al año siguiente ya se hacía una segunda tirada, con las mismas características y el mismo formato (231 x 165 mm), de cien ejemplares.

Del prólogo al Quijote de Viader.

Ese año 1906, Canivell se encontraba trabajando ya en la edición y composición de otra obra ambiciosa, un Lazarillo de Tormes al estilo de las del siglo XVI, para la que incluso había escrito el prólogo, con la que debía arrancar una colección de Joies de la Bibliografia Espanyola que no tuvo continuidad. Y al mismo tiempo se ocupaba de una edición facsímil del único ejemplar conocido de la Gramática latino-catalana de Bartolomé Mates (ICAL, 1906), cuya supuesta fecha de impresión (que el colofón declara de fecha tan temprana como 1468 y por tanto sería la primera composición tipográfica de la Península Ibérica y anterior incluso a las imprentas veneciana y parisina) Canivell defendió en un extenso prólogo, interviniendo así en una densa polémica –que merecería por sí misma un estudio monográfico– en la que años más tarde recibió el apoyo del ilustre estudioso del libro Ramon Miquel i Planas (1874-1950) en «El incunable barcelonés de 1468» (Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, 1930) y luego el de Casas Homs en «Sobre la Gramàtica de Mates» (Butlletí de la Real Academia de Bones Lletres, 1950). Y por si no bastara, también de 1906 es la iniciativa de estampar en La Académica una serie de fascículos con grabados inspirados en las ediciones incunables y góticas, con tipos dibujados por Canivell y fundidos especialmente para la ocasión por la Societat Catalana de Bibliòfils.

El tipo gótico incunable creado por Canivell.

Al margen de estos y otros trabajos de edición de obras de bibliófilo (Iconografía del rey Don Jaume I el Conquistador, por ejemplo), en esa primera década del siglo XX Canivell va perfilándose como uno de los mayores divulgadores de las muy diversas artes del libro: pasa a ocuparse también de la corresponsalía de la revista especializada dirigida por August Hofer Allgemeine Anzeige für Druckereien, y a partir de 1910, con el cargo de director artístico, se convierte en el alma y principal redactor del Anuario Tipográfico Neufville (seis volúmenes entre 1910 y 1922), actividades que compagina con la colaboración en el Diccionario enciclopédico de la lengua catalana (1905-1910) y con la redacción de todas las entradas referidas a las artes del libro en la Enciclopedia Espasa. Y actividades que tendrán además continuidad en la Crónica Poligráfica (1920-1925) y en El Mercado Poligráfico (1926-1928), en cuyas páginas dejó numerosos artículos sobre figuras relevantes de la bibliografía española (la estirpe de los Ibarra, Manel Henrich i Girona, José Enrique Serrano y Morales, Joan Russell i Anglarill) y sobre temas generales muy diversos (desde la relación de Cervantes con las imprentas barcelonesas hasta los orígenes del papel en Europa o, en fecha tan temprana como 1927, «El cubismo en el arte tipográfico»).

Portada del Álbum caligráfico universal (J. Romà, 1901), con textos y caligrafía de Canivell y orlas a pluma d Nicanor Vázquez.

A esta torrencial actividad polígrafa hay que añadir aún sus gestiones en la organización de iniciativas asociativas en el ámbito de la industria del libro, entre las que destacan la organización del I Primer Congreso Nacional de las Artes Gráficas (1911) y su papel decisivo en la trabajosa y polémica organización de la presencia catalana en la Feria de Leipzig de 1914, etc.

Eudald Canivell.

Así, pues, Eliseu Trenc hace lo que parece un balance muy justo de la importancia de la figura y el papel desempeñado por el erudito autodidacta Eudald Canivell en el campo de las artes gráficas del siglo XX:

Los tipógrafos anarquistas modernistas, influidos por el pensamiento de William Morris, tanto por sus ideas políticas como por su ejemplo de retorno a la artesanía y a una tipografía gótica, pretendían cambiar el libro como pretendían cambiar el mundo, deseaban cambiar la sociedad y querían renovar las reglas de la composición tipográfica […]

Canivell era consecuente con sus ideas, con su vida: por un lado, ponía sus conocimientos y su erudición al servicio de la recuperación y perfecta reedición de textos catalanes o hispánicos antiguos, en una línea forzosamente elitista de la bibliofilia; pero por otra parte propiciaba y llevaba a cabo una propagación de la estética modernista en todo tipo de trabajos, desde el libro popular hasta la invitación o el anuncio de un baile de sociedad obrera, con lo cual se proponía educar a la sociedad urbana en su totalidad.

 

Y aun así, que se sepa, todavía no se ha escrito una biografía completa y en profundidad de tan fascinante personaje.

Fuentes:

Joan Givanel i Mas y Luis Plaza Escudero, Catálogo de la Colección Cervantina, volumen IV, años 1891-1915, Diputación Provincial de Barcelona, 1959.

Manuel Llanas (amb la col·laboració de Montse Ayats), L’edició a Catalunya: el segle XIX, Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2004.

Ex libris de Canibell.

Manuel Llanas, con la colaboración de Montse Ayats, L’edició a Catalunya: el segle XX (fins a 1939), Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2005.

Josep Termes, Anarquismo y sindicalismo en España. La Primera Internacional (1864-1881), Barcelona, Crítica (Biblioteca de Bolsillo 34), 2000.

Nuria F. Rius, «Heribert Mariezcurrena i Corrons, retratista de Jacint Verdaguer i pioner del fotoperiodisme a Espanya (1847-1898)», nuriafrius.com.

Eliseu Trenc, «Eudald Canivell i Masbernat, impresor, polígraf i promotor», en AA.VV., Bibliofilia a Catalunya. Des del segle XIX, Barcelona, Fundació Jaume I, 2002, pp. 70-73.

Ediciones Antisectarias

En un libro de 1987, el que durante muchos años fuera director de la Biblioteca Nacional, Hipólito Escolar, ya insinuaba el vínculo entre las Ediciones Antisectarias y los orígenes remotos de la editorial Lumen, lo que, dadas las características de una y otra empresa y sobre todo sus muy distintas relaciones con la censura, no es sino una de las paradojas más suculentas de la historia de la edición española.

A las Ediciones Antisectarias de Joan Tusquets i Terrats (1901-1998) se refiere su sobrina Esther Tusquets (1936-2012) en el primer volumen de sus memorias, sin mencionarlas explícitamente, del siguiente modo:

El reverendo Juan Tusquets, más tarde monseñor Tusquets, que había estado en contacto el año 36 con los militares amotinados y mantenía relaciones con Franco, había conseguido, al comenzar la guerra, huir a Burgos, y había iniciado allí una editorial de libros religiosos. Nunca llegué a preguntarle, quizá porque no me había planteado siquiera la cuestión, qué peregrina ocurrencia le había inducido a fundar, en plena contienda, cuando se luchaba en todos los frentes y la gente moría a mansalva y había sin duda cometidos mucho más apremiantes, una empresa de este tipo.

Aun cuando se licenció en Filosofía en Lovaina y Valladolid y en 1926 fue ordenado sacerdote, Joan Tusquets mostró muy pronto un vivo interés por la palabra escrita, y en 1927 publicaba ya El Teosofisme, al que seguiría el año siguiente Assaigs de crítica filosòfica (1928), en las Edicions de la Nova Revista, al tiempo que iniciaba una intensa campaña contra el teosofismo, que posteriormente se ampliaría al rotarismo, el espiritismo, las sociedades nudistas, los vegetarianos, los defensores del esperanto y, por supuesto, a cualquier derivado del marxismo o del anarquismo. Al año siguiente dirigía ya su primera publicación periódica, Formació catequística (1929-1936), de la Junta Superior Catequística de Barcelona, de la que se imprimía también una edición en español; y, lo que es más importante, actuó como censor religioso y su nombre figura al pie de varios libros infantiles de aquellos años entre los que se cuentan, por ejemplo, Faules i moralitats, del sacerdote Joan Puntí i Collell (1886-1962) e ilustrado con cien dibujos del célebre ilustrador de libros [Joan García] Junceda (1881-1948), volumen con el que en 1929 se estrenaba la Col·lecció Roselles de la Editorial Balmes.

Aun así, la fama de Joan Tusquets en Cataluña alcanzó su cénit cuando en dos publicaciones en español de 1932, Orígenes de la Revolución Española  y Los poderes ocultos en España: Los Protocolos y su aplicación a España. Infiltraciones masónicas en el catalanismo ¿El señor Macià es masón?, señalaba falsamente al por entonces ya septuagenario presidente de la Generalitat de Catalunya, Francesc Macià (1859-1933), como perteneciente a la Masonería. Ambas obras, así como Formació catequística, salieron de la Casa de Arte Católico de José Vilamala Galobardes (1876-1959), que por entonces había simplificado ya su nombre a Editorial Vilamala, y dieron pie a una intensa y dura polémica que puede seguirse en El Correo Catalán, del que era colaborador Tusquets, y La Vanguardia.

En ese mismo año Tusquets aparece como director, con Joaquim Guiu Bonastre (1898-1939) como secretario, de la Biblioteca Las Sectas, unos cuadernos anunciados como trimestrales, de unas doscientas páginas, de los que llegaron a aparecer quince números entre 1932 y 1935, cuyos índices pueden consultarse en filosofía.org y que se presentaban como una continuación y ampliación de Orígenes de la Revolución española. Antes de concluir esta colección, en 1934, Tusquets tuvo oportunidad de hacer una visita al recién creado campo de concentración de Dachau durante un viaje auspiciado por la Asociación Antimasónica Internacional.

Anuncio aparecido en La Vanguardia del 12 de junio de 1932.

Al producirse el levantamiento militar el 19 julio de 1936, inicialmente sofocado en Barcelona, huyó el día 30 con pasaporte portugués a bordo de un mercante alemán que le dejó en Génova, de allí pasó a Roma y de la capital italiana, siempre por tierra, viajó hasta la zona dominada por los sublevados. Al parecer, allí puso (y aumentó) los datos que había acumulado sobre indicios que señalaban a los más diversos personajes como masones, judíos o marxistas (acaso ocupándose, con el grado de alférez-sacerdote, de la sección antimasónica del Servicio de Información Militar, los servicios secretos franquistas); con todo, lo que aquí interesa es que publicó e intervino como asesor religioso de la revista juvenil falangista publicada en San Sebastián Pelayos, y posteriormente, en Burgos, además de frecuentar al general Mola y a Franco (de cuya hija Carmen fue preceptor) y afiliarse a la Falange Española, fundó a finales de 1936 las Ediciones Antisectarias.

Portada de un volumen de la Biblioteca Las Sectas.

Los volúmenes, opúsculos y folletos de las Ediciones Antisectarias se imprimían en los talleres burgaleses de los Hijos de Santiago Rodríguez, que da nombre también una de las librerías más antiguas de España, y solían tirar 10.000 ejemplares de los libros, aunque alguno llegó incluso a los 30.000, a un precio muy moderado que oscilaba entre la peseta y la peseta y media (muy consecuente con el propósito propagandístico que las alentaba). Se publicaron una decena de muy elocuentes títulos numerados, empezando con La Francmasonería, crimen de lesa patria, de Tusquets, y concluyendo con La Masonería y la pérdida de las colonias, de Primitivo Ibáñez Argote, quien en 1955 (siendo capellán de la prisión de Vitoria) publicó Yo vi ejecutar al «buen ladrón» del siglo XX en la histórica Imprenta Egaña (donde se había impreso, por ejemplo, la segunda época del decimonónico «periódico católico-monárquico de Vitoria» La Buena Causa, del Círculo Carlista Alavés).

Sin embargo, además de los numerados se publicaron en las Ediciones Antisectarias muchos otros volúmenes (Lágrimas y sonrisas, de Antonio Pérez de Olaguer [1907-1968], Rasgos inéditos de Fernando de los Ríos, de Francisco de Vélez, o Masones y pacifistas, de Tusquets), hasta formar un total de una veintena entre los que los más conocidos quizá sean, además de los mencionados, Masonería y separatismo (1937), de Tusquets, y los de Antonio Pérez de Olaguer (1907-1968) El terror rojo en Cataluña (1937) y El Terror rojo en Andalucía (1938).

No obstante, uno de los libros que resulta más interesante para establecer la continuidad entre esta editorial y Lumen es sin duda la biografía escrita por Pérez de Olaguer del sacerdote de origen mexicano El padre Pro, precursor, centrada en el personaje que ha pasado a la historia por haber gritado, en el momento de ser fusilado, “¡Viva Cristo Rey!”

Anunciado en la contracubierta de varios libros de las Ediciones Antisectarias, la primera edición de esta biografía apareció ya concluida la guerra, en 1940 y en Barcelona, y con el sello de Lumen, cuyo director era Juan Tusquets. Otro dato que refuerza este vínculo es que quien en marzo de 1939 figuraba como propietario de Ediciones Antisectarias y el de Lumen en el verano de 1940 es la misma persona, Carlos Tusquets Terrats, hermano de Juan.

Masones y pacifistas, de Juan Tusquets, con prólogo del cuñado de Carmen Polo (esposa de Francisco Franco), Ramón Serrano Suñer.

A partir de los años cuarenta, Juan Tusquets atenuó un poco su antimasonismo para centrarse sobre todo en la catequesis y a partir de 1956 en su cátedra en la Universidad de Barcelona, así como en la escritura y publicación (a menudo en Lumen) de obras como Crítica de las religiones (1948) o Ramon Llull, pedagogo de la Cristiandad (1954), aunque quizás su título más memorable sea la colaboración en Tarzán contra Robot (Oikos-Tau, 1986), pero tuvo también tiempo para ocuparse de la dirección de publicaciones periódicas como Formación catequista o Perspectivas pedagógicas. En algún momento, según recuerda Esther Tusquets sin precisarlo, debió de ceder la dirección de Lumen a otro de sus familiares: «La dirigía el marido de una de mis tías —Guillermo Jurnet, que siguió trabajando con nosotros hasta una tardía jubilación—, la supervisaba mi tío Juan, el cura, y había invertido el dinero otro de mis tíos».

La reimpresión de exitosos catequismos y libros de tema religioso se convirtió en un soporte económico seguro que, en alguna medida, permitió que en los primeros años sesenta un pequeño grupo de entusiastas sin ninguna experiencia en el mundo del libro, con Esther Tusquets a la cabeza, reconvirtiera por completo la editorial Lumen, inicialmente con libros infantiles ilustrados (algunos de ellos traducidos por la propia Esther) y posteriormente con una colección tan rompedora como Palabra e Imagen que daría paso a otras igualmente conocidas, recordadas e incluso añoradas (muchas de ellas, por cierto, toparon a menudo con la censura franquista).

Fuentes:

Lluis Bonada, «Joan Tusquets», Avui, 28 de febrero de 1990, p. 12.

Jordi Canal, «Las campañas antisectarias de Juan Tusquets (1927-1939): Una aproximación a los orígenes del contubernio judeo-masónico-comunista en España», en José Antonio Ferrer Benemeli, coord., La masonería en la España del siglo XX, vol. II, Universidad de Castilla-La Mancha, 1996, pp. 1193-1214; incorporado como capítulo de Jordi Canal, Banderas blancas, boinas rojas. Una historia política del carilsmo, 1876-1939, Madrid, Marcial Pons, 2006, pp. 293-322.

Javier Domínguez Arribas, El enemigo judeo-masónico en la propaganda franquista (1936-1945), Madrid, Marcial Pons, 2009.

Hipólito Escolar, La cultura durante la guerra civil, Madrid, Alhambra (Estudios 38), 1987.

Ana Martínez Rus, ««La represión cultural: libros destruidos, bibliotecas depuradas y lecturas vigiladas», en Julio Arostegui, coord., Franco: la represión como sistema, Madrid, Barcelona, Flor del Viento, 2012, pp. 365-415.

Paul Preston, «Una contribución catalana al mito del contubernio judeo-masónico-bolchevique», traducción del inglés de Sandra Souto Kustrín, Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea, núm. 7 (2007), incorporado luego a España en la guerra civil europea. Contribuciones de un hispanista, Universitat de València, 2017.

Ignasi Riera, Els catalans de Franco, Barcelona, Plaza & Janés, 1998.

Esther Tusquets, Confesiones de una editora poco mentirosa, Barcelona, RqueR, 2005.

Conrad Vilanou Torrano, «La pedagogía culturalista de Juan Tusquets», Revista Española de Pedagogía, núm. 220 (septiembre-diciembre de 2001), pp. 421-437.