Domingo Viau, primer editor de Cortázar

Julio Cortázar

En una conversación a tres voces con Pierre Lartigue (1936-2008) y Saúl Yurkievich (1931-2005), recogida luego por este último en Julio Cortázar: mundos y modos, decia el escritor argentino: “Los dos primeros libros que publiqué fueron de poesía, una colección de sonetos y Los Reyes, que siempre consideré como un poema en prosa.” Y más adelante, añade: “Que yo tenga una conciencia vergonzosa respecto a la poesía procede de que ninguno de mis amigos gustara de mis poemas y que se entusiasmaran inmediatamente con mi prosa. Ellos, al igual que los críticos argentinos, me clasificaron como prosista. Eso me hizo considerar mi poesía como actividad privada”.

Ese primer libro de Julio Cortázar (1914-1984) es uno de los más buscados y cotizados de su bibliografía: una reducida edición del poemario Presencia (1938), compuesto por cuarenta y tres sonetos dispuestos en 104 páginas y que firma con uno de los seudónimos tras los que se ocultó inicialmente, Julio Denis. En cuanto su obra narrativa contó con el reconocimiento internacional de lectores y críticos, Cortázar intentó hacer olvidar ese libro, cosa no muy difícil porque se tiraron apenas doscientos cincuenta ejemplares. Entrevistado por J. G. Santana en 1971, lo calificaba de “un pecado de juventud que nadie conoce y que a nadie le muestro. Está bien escondido…”. Es de suponer que en el marco de los actos de conmemoración del centenario de Cortázar en el Salón del Libro de París, habrá ocasión de ver en Europa ésta y otras joyas de la bibliografía cortazarariana.

Ejemplar de Presencia

Quizás el “Julio Denis” que aparece en la portada de Presencia no fuera el primer nombre que empleó el jovencísimo Julio Cortázar, pues en los dos números que aparecieron en 1934 de la revista Addenda (del Centro de Estudiantes Normal de Profesores Mariano Acosta) aparece en calidad de subdirector de la misma como J. Florencio Cortázar, y en los números de 1935 (con dibujos en la portada de su amigo Jonquières) en calidad de director, y el mismo nombre aparece al pie del poema “Bruma” que se publica en el número 11 de esta revista. Pero en los años finales de la década de 1930 y siguientes Cortázar firma como Julio Denis varios textos: en 1941 un artículo sobre Rimbaud en la revista Huella, el año siguiente el cuento “Llama el teléfono, Delia” (en el periódico El despertar de Chivilcoy) y el prólogo a Erques y Cajas (poemas de un indio), así como numerosas cartas dirigidas a Mercedes Arias y a Narecela Duprat, lo que ha llevado a pensar en Julio Denis como un heterónimo de Cortázar, más que en un seudónimo.

Por otra parte, sus traducciones de los años cuarenta (obras de Giono, Gide, Chesterton, etc.) sí los firma como Julio Cortázar. Y en 1944 el cuento “Bruja”, en El Correo Literario, va firmado como Julio F. Cortázar, mientras que del mismo año es el poema “Distraída”, firmado como Julio Denis en la revista Oeste. Así pues, en el mismo período alternan las diversas firmas. Y no será hasta 1949 cuando firme su primer libro, el poema dramático Los Reyes, publicado por Ediciones de Ángel Gulab y Aldabahor (sello creado por Daniel Devoto y Luis M. Baudissone), como Julio Cortázar.

Dedicatoria de Jules Supervielle a Julio Denis en el ejemplar de la biblioteca de Cortázar de Oblieuse Memoire (Gallimard, colección Metamorphoses, 37).

En cualquier caso, en los inicios de la carrera literaria de Cortázar parece que desempeñó un papel importante el gran poeta, editor y erudito Daniel Devoto (1916-2001), quien –a decir del catálogo del librero Alberto Casares correspondiente a las Navidades de 1998–antes de llevar a cabo la edición de algunas obras primerizas de Cortázar, había contribuido a financiar, junto a Freddi Guthman, la edición de Presencia, que apareció bajo los auspicios de la Librería El Bibliófilo, sita en la calle Florida, e impresa en los talleres de Plantié y Cía. Según declaraciones del propio Cortázar, sin embargo, “la costeó a medias con un amigo que había llegado a ser gerente de una librería” (alusión muy probablemente a Jorge D’Urbano Viau), pero la fiabilidad de estas evocaciones es dudosa, pues fecha el libro en 1940 o 1941. Es difícil no recordar respecto a esta cuestión el comentario, en apariencia impersonal, que hizo Cortázar a Luis Harss en el famosísimo libro fundacional del boom (Los Nuestros, 1968): “un jovencitio de veinte años que había escrito un puñado de sonetos, se precipita a publicarlos; si un editor no los aceptaba, él pagaba la edición”.

Cortázar y Jonquières

El grupo de amigos que se formó en la Escuela de Profesores Mariano Acosta de Buenos Aires (Devoto, Cortázar, Francisco Reta…) rondaba a menudo por la mencionada librería, punto de curioseo y de tertulia habitual en la época en que empieza a popularizarse el término “floridear”. También los primeros libros de Eduardo Jonquières (1918-2000) estuvieron vinculados a esta casa: La sombra (Viau, 1941) y Permanencia del ser (El Bibliófilo, 1945). El fundador de esa librería, o uno de ellos,  era uno de los más excepcionales y legendarios hombres del libro del siglo XX, Domingo Viau (1884-1964), quien bajo su propio nombre se creó un enorme prestigio como editor de libros de lujo, de coleccionista o de bibliófilo. En un trabajo tan diligente como esmerado, Max Velarde ofreció en El editor Domingo Viau y otros escritos las principales claves para conocer a quien tuvo a su cargo la edición del primer libro que publicó Cortázar.

Nacido el 30 de julio de 1884 en el seno de una familia de origen francés, Domingo Juan Ramón Viau llegó de muy joven a Buenos Aires y se formó en el Colegio Nacional de Buenos Aires y en la Asociación Estímulo de Bellas Artes. En 1911, obtuvo una beca de estudios para viajar por Europa que le llevó a España, Italia, Francia Bélgica e Inglaterra, Francia, y a lo largo de su vida adulta viajaría anualmente a París, donde en algunas etapas pasaba nueve meses al año, y se convirtió en el impulsor de un sólido puente cultural entre la capital francesa y la argentina. Pintor, dibujante, crítico de artes plásticas, marchand, empresario cultural, Domingo Viau empieza a destacar en el mundo cultural bonaerense cuando en 1925 crea con Alejandro Zona la empresa Zona y Viau, que se concreta en la librería El Bibliófilo, y que antes de un año crea el Salón de Arte, un espacio destinado a la exposición y subasta de libros y obra gráfica que Viau traía de sus viajes a París. No tardan en asociarse con los hermanos Antonio y Ramón Santamaría para crear Viau y Zona (una simple inversión de los factores), empresa que abre una galería-librería en Florida 530, que en los años cuarenta sería muy frecuentada por intelectuales del calibre de Pedro Henríquez Ureña (1884-1946), Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964), Jorge Luis Borges (1899-1986), Adolfo Bioy Casares (1914-1999)… En 1926 arriendan el edificio de Florida 637-641 (sótano, planta y cuatro pisos), y se intensifican las exposiciones de artistas tanto extranjeros como locales, al tiempo que se convierten en representantes de la galeria parisina de George Petit y en uno de los principales focos de introducción del gusto francés en Buenos Aires.

Decía la publicidad de la librería:

El Bibliófilo. Librería Antigua y Moderna. Ediciones antiguas y raras. Libros de lujo. Obras de arte. Literatura en general. Publicaciones nacionales, españolas y francesas. El verdadero lujo de un libro se debe entender en la superioridad de la obra escrita; de la belleza en la ilustración; de la apropiación de la tipografía; de la perfección del tiraje; del papel y del número limitado de ejemplares.

De 1927 es la primera edición de Viau, que editará bajo distintos sellos, Crítica estéril, de Ricardo Victoria (como Viau y Zona), a las que siguen entre otras La gloria de Don Ramiro, de Enrique Larreta, con ilustraciones de Alejandro Sirio e impreso en las prensas Frazier-Soyer de París, una edición de los Recuerdos de provincia de Sarmiento y una curiosa Fuga de Navidad, de Alfonso Reyes, ilustrada por Norah Borges de Torre (1901-1998), hermana de Jorge Luis y esposa de Guillermo de Torre (1900-1971).

Poco antes de la aparición de estas últimas ediciones mencionadas, en 1928 se había hecho realidad uno de los proyectos más ambiciosos de Viau, la creación de una Sociedad de Bibliófilos Argentinos, que cuenta inicialmente con 95 socios con la intención de hacer tiradas de cien ejemplares de libros particularmente lujosos. En palabras de Buonocuore, “Textos en gran papel, con amplios márgenes, caracteres exclusivamente diseñadors, tintas de calidad a dos o más colores e ilustraciones originales a cargo de artistas de notoria reputación”. Seguramente esa misma pasión por la vertiente estética de la edición es la que le llevaría más adelante a convertirse en director del Museo Nacional de Bellas Artes (entre 1941 y 1944, período durante el cual se remodeló y amplió el edificio y la institución adquirió carácter público).

Los orígenes de la escritura, de Ghino Fogli

Como siempre en estos casos, parte del acierto de Viau fue atraerse la colaboración de los mejores profesionales del momento, como el pintor y grabador Héctor Basaldúa (1895-1976), el pintor Enrique Fernández Chelo (1907-¿?), el pintor, ilustrador y escenógrafo Alfredo Guido (1892-1967), el dibujante,  acuarelista y autor del Vocabulario y refranero criollo (1942) Tito Saudibet (1891-1953) o el asturiano que acabaría haciéndose famoso por sus dibujos en la muy popular revista Caras y Caretas Alejandro Sirio (Nicanor Álvarez Díaz, 1890-1953). Sin embargo hay que destacar sobre todo la labor del impresor Ghino Fogli (1892-1954), del Atelier de Artes Gràficas Futura, que había llegado a Buenos Aires en 1923 y que se convertiría en mano derecha de Viau, quien curiosamente nunca llegó a disponer de taller propio. A ellos cabe añadir, en el ámbito de El Bibliófilo, a Josefa Puga e Isabel Torrese, que eran sus principales colaboradoras en la librería (que no cerró hasta 1989).

En el somero balance que hace Velarde en su tan necesario librito, contabiliza las siguientes obras en que intervino Domingo Viau:

-Entre 1927 y 1937, como Viau y Zona publica 68 libros.

-Entre 1934 y 1942, como Domingo Viau y Cía, publica 22 libros.

-Entre 1937 y 1947, como Domingo Viau Editor, publica 35 libros.

-Entre 1937 y 1945, como El Bibliófilo, publica 19, una de ellas el primer libro de quien se convertiría en uno de los narradores más importantes del siglo xx y que, como Viau, establecería estrechos vínculos con París.

Aún hay otro libro en el que aparecen juntos estos dos artistas, la bella edición del Robinson Crusoe de 1945 (en la traducción, incompleta como demostró Enrique de Hériz, de Cortázar), con ilustraciones a color y en blanco y negro de Carybé (Héctor Julio Páride Bernabó, 1911-1947).

Firma de Julio Cortázar.

En 1955, después de sufrir un ataque con adoquines (por motivos políticos) que destrozó las cristaleras y la entrada del local, Domingo Viau trasladó la librería a un primer piso de la calle Esmeralda, número 1262. La policía prohibió tomar imágenes de los destrozos, pero, según testimonio de sus empleadas, Domingo Viau fotografió el estado en que quedó el local con una pequeña cámara, y cabe la posibilidad de que algún día salgan a la luz.

Firma de Julio Denis. No hacen falta conocimientos de grafología para deducir lo evidente.

Fuentes:

Jean L. Andreu, “El primer aquelarre de Julio Cortázar”, Cahiers du monde hispanique et luso-brasilien, núm. 31 (1978), pp. 179-180.

Rafael Conte, “Julio Cortázar, entre la tierra y el cielo”, Informaciones, 2 de septiembre de 1967, p. 16. Recogido en Joaquín Marco y Jordi Gracia, eds., La llegada de los bárbaros. La recepción de la literatura hispanoamericana en España, 1960-1981, Barcelona, Edhasa (El Puente), 2004, pp. 456-459.

María Eugenia Costa, “Tradición e innovación en el programa gráfico de la editorial Guillermo Kraft: Colecciones de libros ilustrados (1940-1959)”, Actas del Primer Coloquio Argentino de Estudios sobre el Libro y la Edición (Universidad Nacional de la Plata, noviembre de 2012).

Silvina Friera, “Yo a veces me pregunto si coleccionar es cronopio o fama” (entrevista a Lucio Aquilanti, coleccionista de libros de Cortázar), Buenos Aires, Pagina 12, 2 de noviembre de 2013.

Cynthia Gabbay, “La poesía de Julio Cortázar: primera fundación intertextual”, IberomaericaGobal, The Hebrew University of Jerusalem, vol I, nº 2 especial, pp. 94-102.

Ernesto González Bermejo, Conversaciones con Cortázar, Barcelona, Edhasa, 1978.

Luis Harss, “Julio Corázar o la cachetada metafísica”, Los Nuestros, Buenos Aires, Sudamericana, 1968.

Daniel Mesa Gancedo, La emergencia de la escritura: para una poética de la escritura cortzariana, Kassel, Reichenberg (Problemata Iberoamericana 13), 1998.

J. G. Santana, “La vuelta a Cortázar en 80 rounds”, Triunfo, n. 477 (20 de noviembre de 1971. En La llegada de los bárbaros, ob. cit., pp. 785-798.

José Luis Trenti Rocamora, Cuando firmó Julio Florencio Cortázar antes que Julio Denis.

Max Velarde, El editor Domingo Viau y otros escritos, Alberto Casares Editor, Buenos Aires, 1998.

Saúl Yurkievich, Julio Cortázar: mundos y modos, Barcelona, Edhasa (Ensayo), 2004.

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