El encuadernador y editor Enric Messeguer y sus circunstancias

El término «novela gráfica» se ha asentado en el ámbito editorial, quizá para evitar la connotación humorística, popular, infantil o comercial de lo que hasta no hace tanto tiempo conocíamos como «historietas», «tebeos» o más tarde «cómics». Sin embargo, ya en 1904 había aparecido una revista (Monos. Semanario Humorístico Ilustrado), que añadió como subtítulo a la serie «Travesuras de Bebé», de Frank Lagendorf, este término a modo de caracterización («La primera novela gráfica española»). Unos cuantos años después, en 1948, las barcelonesas Ediciones Reguera lanzaron una colección con exactamente este término, y explicaban en la presentación: «La Novela Gráfica os dará a conocer las mejores novelas de la literatura mundial por medio de dibujos explicados. Cada número contendrá el argumento completo de una novela de amor, aventuras, pasión o intriga, siempre dedicado a personas mayores.»

Resulta bastante curiosa la génesis de las Ediciones Reguera, que empieza a publicar con ese sello en 1942, pero su reconstrucción obliga a retrotraerse hasta por lo menos las primeras décadas del siglo y a centrarse en la figura del encuadernador Enric Messeguer Fàbregas, que impartió con Hermenegild Alsina Munné (1889-1980) clases de encuadernación artística en la Escola d’Arts i Oficis i Belles Arts de Barcelona y tuvo como alumno, entre otros muchos, al luego celebérrimo encuadernador Emili Brugalla (1901-1987).

En 1925, Messeguer se asoció con uno de los grandes editores de su tiempo, José Zendrera Flecha (1894-1969), que dos años antes había creado la Editorial Juventud, S.A. con Concepción Massana y su hijo Julio del Molino, Juli Gibert, José Fernández de la Reguera y otros accionistas con los que previamente se había relacionado en la editorial Hymsa.

De esta asociación entre Juventud y Molino nace Encuadernaciones Messeguer, que inicialmente tiene como razón social el mismo edificio en el que se encontraba la editorial (el número 214 de la calle Provença), y prueba de la estrecha relación que establecen es que unos años después Messeguer se convierte también en socio de Edita, S.A. (otra iniciativa de Zendrera) y en 1931 entra a formar parte del consejo de administración de la editorial, que, obviamente, era uno de sus clientes preferentes, pero no el único.

Aun así, va configurándose un entramado en el que aparecen, vinculados por sus fundadores, accionistas y miembros de los consejos de administración, la editorial Hymsa, Edicions Mentora, Juventud, etc., y que Mónica Baró explica del siguiente modo (la traducción, del catalán, es mía):

De este modo se creaba una especie de consorcio editorial que disponía de una imprenta muy moderna (la de la Sociedad General de Publicaciones), varias editoriales que permitían publicar productos diversos (revistas, libros técnicos, libros de gran consumo, libros infantiles, obras en catalán) y una empresa de encuadernación. El nexo común entre todas ellas son Juli Gibert y Josep Zendrera, que se iba perfilando ya como el empresario que sería en el futuro.

No abunda la información sobre la actividad de Messeguer en los años siguientes, pero el 9 de abril de 1926 aparece en La Vanguardia la esquela de doña Adela Pérez de la Reguera, en la que, junto a su viudo, José Fernández de la Reguera y sus hijos, agradecen la asistencia a la misa por su alma la Sociedad General de Publicaciones, la Editorial Juventud y las Encuadernaciones Messeguer, S.A., lo cual deja constancia de la continuidad de la empresa.

Parece evidente que estos vínculos se mantuvieron durante la década siguiente, y ya en la inmediata postguerra (¿en 1943?) se publicaron un par de libros infantiles con ilustraciones de Emilio Freixas (1899-1976) titulados El sueño de una noche de verano, narrado por Àngel Puigmiquel (1922-2009), y Los pastorcillos, adaptado por el mismo autor, ambos publicados por «Sucesores de Enrique Meseguer [sic]». Con ellos se iniciaba una serie de libros entre los que triunfarían especialmente los muy conocidos Manuales Messeguer. Sin embargo, lo interesante en este contexto es que en esos mismos años, Freixas, que antes de la guerra civil española (1936-1939) había colaborado en las publicaciones de Hymsa El Hogar y la Moda y Lecturas, además de colaborar con Meseguer (donde publica también Lecciones de dibujo artístico en 1944) crea una efímera Editorial Mosquito con el mencionado Puigmiquel y su hijo Carlos en 1943, pero sobre todo que en los años siguientes se convertiría en uno de los dibujantes habituales de Reguera, lo que lleva a pensar que, o bien al término de la guerra se reanudaron los vínculos establecidos a través de ese «consorcio» al que alude Baró, o bien que nunca se rompieron por completo como consecuencia de la guerra. Sería interesante reconstruir la historia y aquilatar las dimensiones y derivadas de este «consorcio», que parece tener mayor importancia de la que hasta ahora se le ha dado.

Volviendo a Messeguer, según anota Manuel Martínez Barrero en su tesis doctoral (Sistemática de la Historieta, 2015) tomando como fuente la Guía de Editores y Libreros de España del INLE de 1952, «Ediciones Reguera era la misma empresa que Encuadernaciones Messeguer, S. A., afincada en Barcelona pero con delegación también en Madrid». Sin embargo, y aunque no está del todo claro que en los años cuarenta se tratara de la misma empresa (con sede en la calle Borrell, 245), es evidente que el consorcio, más o menos difuminado, seguía funcionando.

De 1943 es un volumen que contiene «Las tres naranjas de las hadas (cuento oriental)» y «La tabaquera de oro (cuento inglés)», traducidos por el prolífico escritor de novela popular H.C. Granch (1892-1970), que se publica con pie editorial de Enrique Meseguer. Y de ese mismo año es también una edición de Gobseck, de Honoré de Balzac, que se publica con pie editorial de Ediciones Reguera (en la colección Oasis) y se presenta como «versión directa del francés de E. Meseguer», lo cual redunda en la idea de la continuidad o identidad de esa pléyade de nombres comerciales.

En el año 1944 se concentran el grueso de las ediciones de Messeguer, empezando con una edición del Romeo y Julieta, en la versión de Luis Astrana Marín (1889-1959) e ilustrada por Freixas y siguiendo con varios títulos de Francisco Pérez-Dolz con los que se estrenaban los Manuales Messeguer (Teoría de los colores y Historia y técnica de la cerámica), a los que se añadían títulos, aún en 1944 de Emilio Freixas (Vicente Navarro (Técnica de la escultura), Emilio Freixas (Lecciones de dibujo artístico) y Adolfo Oller (El arte de la fotografía), pero también de 1944 es un título con el que parece arrancar una colección Amapola: Un tesoro para la mujer (breviario de la mujer moderna), firmado por Rosa de Nancy. Rosa de Nancy era uno de los diversos seudónimos empleados por la periodista y musicóloga Regina Opisso i Sala (18791965), hermana del célebre dibujante Ricard Opisso, que se había estrenado como novelista rosa en los años veinte en colecciones como La Novela Ideal, La Revista Blanca y en 1926 había publicado en La Novela Femenina  (colección creada por Aurora Bertrana y Maria Carme Nicolau) Mar adentro, con prólogo de Carmen Karr (1865-1943); aún antes de la guerra civil, en 1930 y en la colección Rocío, había aparecido su novela La muchacha del Oeste.

En 1946, ya con pie de Sucesor de E. Messeguer, aparecen solo un segundo número de la colección Amapola, La felicidad dura seis horas, de uno de los primeros biógrafos de Imperio Argentina y luego célebre periodista radiofónico, Antonio Losada (1921-1990), y otro manual de Pérez-Dolz, Procesión de los Ismos, pero a partir de entonces la Meseguer se centrará ya casi exclusivamente en los manuales: Arte del hierro en España (1947), de A. Ruiz Castillo, Pintura mural (1953), de Pérez Dolz, Decoración manual de tejidos (1954), de Pérez-Dolz…

Sin ser una excepción, pues encaja perfectamente en la idea de los Manuales Meseguer, un caso singular es El Cant (1955), del muy popular tenor Emili Vendrell (1893-1962), que acaso sea el único libro publicado en catalán en esta editorial.

Una fuente de confusión en relación con la Messeguer/Meseguer es la labor que como agente comercial llevo a cabo en ella quien fuera editor de las Publicaciones de la Escuela Moderna, la Editorial Progreso y la Biblioteca Séneca, Alfredo Meseguer Roglán (1885-¿?), que mediada la década de los cuarenta hacía las mismas labores para Francisco Alum (que en los años treinta había iniciado una lujosa edición de las obras completas de Manuel Rivas) y para Sintes (que desde los años veinte se dedicaba al libro práctico). Al parecer, no guardaba parentesco con Enric Messeguer, que falleció en 1962 a los setenta y dos años.

A modo de colofón, en 1988 la Universitat Autònoma de Barcelona publicó a Montserrat Lamarca i Morell un Catàleg de Revistes de la reserva Marca, en cuya página de créditos se indica que se encuadernó en Encuadernaciones Meseguer, S. A., con sede en Comte Borrell, 241.

Fuentes:

Manuel Barrero Martínez, Sistemática de la Historieta. Aplicación al caso de la historieta y el humor gráfico en Sevilla, 1864-2000, tesis doctoral presentada en el Departamento de Comunicación, Publicidad y Literatura de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, 2015.

Mònica Baró, Les edicions infantils i juvenils de l’Editorial Joventut (1923-1969), tesis doctoral presentada en el Departament de Biblioteconomia i Documentació la Universitat de Barcelona, 2005.

Álvaro G. Marhuenda, «Alfredo Meseguer: Las bibliotecas perdidas», Alacant Obrera, 24 de agosto de 2010.

Catálogo de la Biblioteca Nacional de España.

Tebeosfera.

De la fundación de la Editorial Juventud a la creación de Molino

A Marta Graupera Sanz, agradecido

 

La creación en 1933 de la Editorial Molino por iniciativa de Pablo del Molino Mateus (1900-1968) es el desenlace de un desencuentro larvado a lo largo de varios años en el seno de la editorial Juventud y para desentrañarlo hay que remontarse, como hizo con particular acierto Mònica Baró en su tesis sobre ediciones de literatura infantil y juvenil, a la relación entre los miembros de su consejo de administración.

La fundación de la Editorial Juventud como sociedad anónima puede fecharse con precisión el 5 de octubre de 1923, cuando se constituye con la participación de la Sociedad General de Publicaciones, Concepció Mateus Massana y su hijo Pablo del Molino (que acababa de heredar de su tío abuelo Agustí Massana, creador de la Escola Massana) y, actuando además como director gerente, Josep Zendrera Fecha (1894-1969). Al formarse el consejo de administración, hay un nuevo reparto de acciones, en el que entran el editor e impresor y primo de Concepció Mateu Juli Gibert Massana (1880-1956), el impresor Joan Pijoan i Claramunt, Josep M. Borràs de Quadras—que ya habían coincidido en la fundación de la Sociedad General de Publicaciones e Hymsa—, quien fuera colaborador de Barcelona Cómica (1898) y director de La Semana Cómica (1888-1894) José Fernández de la Reguera y el abogado Raimon Duran i Ventosa (1858-1933).

Obra de Enric Ricard.

 

Pablo del Molino, pues, entró con veintitrés años a bordo de la nave que pilotaba Josep Zendrera, quien a su vez contaba con la experiencia en la revista Hogar y Moda de la Sociedad General de Publicaciones, donde trabajaba desde los catorce años y donde creó además diversas colecciones (la más popular de las cuales destinada a novela rosa).

Apenas tres años después de su fundación, estrechamente vinculado a este grupo se crea un sello editorial, Mentora, destinado a obras infantiles en catalán y en cuyo consejo de administración figuraba Julio del Molino, así como Edita, que publica libros ilustrados más lujosos, tanto orientados al público infantil como al adulto, y en cuyo consejo de administración de nuevo Julio del Molino aparecía como vocal.

Sin embargo, la ruptura que desembocará en la salida de la familia Molino y la creación  de su propia editorial empieza a gestarse iniciada ya la década de los treinta y Manuel Llanas la atribuye, básicamente, a «desacuerdos en la línea de las publicaciones».

Además de esos desacuerdos, ya en 1930 creó tensión en el consejo de administración la compra de un nuevo edificio más amplio (en la calle Provença 101), así como la absorción de la editorial Mentora y muy poco después la de Edita. En el seno del consejo de administración, estas iniciativas de Zendrera se advertían como audaces asunciones de riesgos, por lo que se le impuso como contrapartida el nombramiento de Pablo del Molino, que por entonces contaba veintitrés años, como subdirector de la empresa, entre otras condiciones sobre las cuales escribe Mònica Baró:

Además, se le obliga de recortar los gastos de funcionamiento —lo cual acaba conllevando finalmente el despido de cuatro trabajadores en 1931—, impone un control más riguroso —mensual— de los planes editoriales e, incluso, llegan a desestimar algunas de las propuestas de Zendrera que, no se olvide, se había ido convirtiendo en un socio importante. Forzosamente, estas decisiones no debieron de gustar a Zendrera —que, no obstante, las acata— y debían de producir disensiones importantes entre los miembros del Consejo, aunque no se manifiesten explícitamente en las actas.

En cuanto a la línea editorial, era muy evidente desde sus primeros pasos la voluntad de Juventud de cubrir el ámbito de las ediciones populares, en muchos casos mediante la explotación de los derechos de edición de la Sociedad General de Publicaciones, y dando incluso continuidad a la ya mencionada colección La Novela Rosa, por ejemplo, y con colecciones como la mensual La Aventura (1925) o la más lujosa Obras Maestras, dándose el caso de que un mismo autor u obra aparecía en más de una de estas colecciones. De nuevo es Baró quien ofrece cifras contundentes acerca del éxito de estas ediciones: «en cinco años, la editorial ha vendido 300.000 ejemplares de diversos títulos y, de la obra El rosario, de Florence L. Barclay, se han vendido más de 120.000 ejemplares».

A medida que fueron ampliándose los ámbitos de edición debieron de empezar a surgir los problemas, pero es evidente, tanto por los autores (Salgari, Sabatini, Victor Hugo, Zane Grey) como por la periodicidad y las características de los libros, el tipo de público popular y del lector infantil y juvenil al que se dirigían. Cuando finalmente Pablo del Molino presenta su renuncia para crear su propia editorial, no choca con una oposición en el seno del consejo de administración de Juventud, pero sí se le impone como condición que, en caso de crear una nueva empresa editorial, el catálogo de esta no entre en competencia directa con el de Juventud, cosa que es muy discutible que no sucediera ya desde el primer momento (y que, por lo menos en España, ha venido siendo una cláusula habitual en este tipo de casos).

Algunos de los autores de la inicial y muy célebre Biblioteca Oro (1933-1970) no hubieran desentonado en absoluto en Juventud, cuando no se daba el caso de que ya habían figurado en su catálogo: Julio Verne, Alejandro Dumas, Rex Stout, Emilio Salgari…, novelas de aventuras y del Oeste de carácter popular destinadas a un público muy amplio, en cualquier caso insertadas en series debidamente marcadas: Serie Azul (piratas y westerns), Serie Roja (novelas de capa y espada) y Serie Amarilla (novela detectivesca), a las que en 1935 se añadiría el espectacular éxito de la versión española de revista de Walt Disney Mickey (1935-1936), dirigida por Josep Maria Huertas Ventosa (1907-1967), padre de un periodista que se haría célebre y quien ya contaba con experiencia como colaborador de la revista infantil Alegría (1925-1934) y redactor jefe de Pocholo (1931-1951), de la editorial Santiago Vives.

El mismo acuerdo tomado en relación a la salida de Pablo del Molino de Juventud establecía que, en caso de incumplir con la condición de no competir con Juventud, saldría del consejo de esta empresa, pero al parecer, aun con las evidencias en la mano, esto no llegó a cumplirse. Como consecuencia de la guerra civil, en 1938 Pablo del Molino se trasladó a Buenos Aires, donde creó Molino Argentina (desmantelada con motivo de su regreso a Barcelona en 1952), mientras que su hermano Luis (1907-1990) se hacía cargo de la casa matriz barcelonesa, que tuvo continuidad en la posguerra con una línea editorial sin grandes variaciones, en la que siguió compitiendo con la de Juventud.

Fuentes:

Mònica Baró, Les edicions infantils i juvenils de l’editorial Juventut (1923-1969), tesis doctoral Departament de Biblioteconomia i Documentació, Universitat de Barcelona, 2005.

Raquel García Fuentes, «Semblanza de Editorial Molino (Barcelona, 1933- )». En Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED: http://www.cervantesvirtual.com/obra/editorial-molino-barcelona-1933– semblanza-928709/

Jaime García Padrino, «Libros infantiles y juveniles», en Jesús A. Martínez Martín, dir., Historia de la edición en España (1939-1975), Madrid, Marcial Pons, 2015, pp.699-721.

Manuel Llanas, L’edició a Catalunya: el segle XX (fins a 1939), Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2005.

De publicaciones femeninas a diccionarios: Algunos de los primeros libros vinculados a Hymsa

Si bien debe su fama a la publicación de una de las revistas españolas más famosas y leídas de todos los tiempos (Lecturas), la historia de Hymsa –siglas de Hogar y Moda, S.A.– se remonta a la primera década del siglo XX y tiene unos antecedentes que hoy pueden resultar una tanto sorprendentes.

En 1909 se fundó con un capital de 5.000 pesetas la compañía editora e impresora Juli Gibert i Cia.,  por iniciativa del propio Juli Gibert Mateus (1880-1956), su hermano el periodista y escritor Salvador (1882-1919), que hacía apenas dos años había regresado de su exilio en México (como consecuencia de sus artículos en La Tralla del Carreter y Metralla), y el impresor Joan Pijoan i Claramunt, y ese mismo año, concretamente el 7 de junio, ponía ya a la venta el primer resultado de sus esfuerzos, el número inicial de la revista El Hogar y la Moda, pero los acontecimientos de ese mes de julio conocidos, como Setmana Trágica, hicieron que el arranque fuera difícil. Aun así, logró crearse un público, distribuirse por toda España y en 1910 ampliaban capital y se les unía el empresario del mundo del libro Josep Maria Borràs de Quadras, así como el entonces responsable de las obras sobre contabilidad, el luego gran editor Josep Zendrera (1894-1969) y José Fernández de la Reguera, que se ocupaba de la Colección Hogar. Fue entonces cuando la redacción se trasladó a la amplia nave del número  211 de la calle Diputació de Barcelona, donde reunieron redacción, talleres de impresión y almacén (pagaban 25 pesetas de alquiler y 5 por la electricidad) y el nombre de la empresa cambió a Sociedad General de Publicaciones. Con el arranque de los años veinte, asociados a las páginas de El Hogar y la Moda, que en 1921 incluiría como suplemento artístico y cultural Lecturas, aparecerían las firmas de periodistas y escritores famosos, como María Luz Morales (1889-1980), que se convirtió en su directora, Carmen Karr (1865-1943), Eduardo Zamacois (1873-1971), Narcís Oller (1846-1930) o Ramón Pérez de Ayala (1880-1967), entre otros, o de un ilustrador de larga trayectoria en el mundo editorial como Lorenzo Oliván. Lecturas se convirtió en revista autónoma en 1925, coincidiendo más o menos con la creación de Hymsa, que continuó imprimiendo en los talleres de la Sociedad General de Publicaciones.

Sin embargo, los libros que salieron de esos talleres eran muy distintos y diversos. De finales de la primera década del siglo son, por ejemplo, una novedosa Biblioteca Ciencia para Todos, en la que aparecen títulos como El universo al día, de C.G. Dolmage, con prólogo del célebre astrónomo José Comas i Solà (1868-1937), entre otras cosas descubridor de once asteroides entre marzo de 1915 y diciembre de 1929 y fundador de la Sociedad Astronómica Española, o La mecánica al día: inventos mecánicos actuales, de Thomas W. Corbin, La electricidad al día, de Charles Gibson, La aviación al día, de Charles C. Turner o El mar al día. Ingeniería y guerra submarina, de Fife C. Domville, con introducción del padre de la oceanografía española, y divulgador del darwinismo, Odón de Buen (1863-1945), por poner algunos ejemplos. Aún con pie de la Sociedad General de Publicaciones aparecieron colecciones como la Biblioteca de Conocimientos Útiles o la Biblioteca Enciclopédica de Ciencias Comerciales (con series como La práctica de los negocios o Altos Estudios Comerciales), pero también la Biblioteca de la Madre de Familia, la colección Novelas Hogar o Las Grandes Novelas de la Pantalla.

En 1923, Zendrera y algunos de los accionistas crean –según Mònica Baró, con el objetivo de ganarse también al público masculino y más tarde  al infantil y juvenil–, la Editorial Juventud, que a diferencia de la anterior publicará tanto en español como en catalán, y en 1925 se desgaja de la empresa Hymsa, cuyas primeras publicaciones, ya a partir de ese año, son una serie de libros dedicados a las capitales de provincia españolas, que procedían de la serie firmada por Antonio Cárcer de Montalbán, quien (¿quién?) desde enero de 1929 los había ido publicado como folletín ilustrado acompañando la revista Lecturas con el título genérico Geografía física de España.

Aun así, Hymsa publicó también uno dedicado a Suecia, de Jaime Alemany, y un Tratado de medicina que se presentaba como «Redactado por un cuerpo de reputados médicos e higienistas, bajo la dirección» del por entonces famoso autor en la materia Doctor Saimbraum, que no era otro que el pedagogo y polígrafo todo terreno Joan Bardina i Castarà (1877-1950).

Título de diez acciones de El Hogar y la Moda.

Entre ese año y el inicio de la guerra civil española, Hymsa diversifica sus publicaciones de libros y antes de acabar la década ya está publicando obras muy bien encuadernadas y de cierto lujo, como, en la colección Algo, Teatro Clásico (Calderón, Lope, Ruiz de Alarcón, Véle de Guevara…) en 1929, que reunía piezas antes publicadas independientemente, o ya al año siguiente el asombroso  y profusamente ilustrado Arte y costumbres de los pieles rojas, de Julian Harris Salomon (1896-1987), y Panorama de la pintura española, del por entonces joven crítico Emiliano M. Aguilera (1905-1975), que en la posguerra dirigiría la Editorial Iberia.

Probablemente, la primera edición de Wodehouse en España, en la colección La Novela Aventura (Hymsa).

No obstante, el campo donde mayores éxitos obtuvo en esos años Hymsa fue el de la literatura popular, y muy particularmente con la muy famosa colección La Novela Aventura, donde muy probablemente se publicó en español por primera vez a autores tan diversos como Georges Simenon (1903-1989) y P.G. Wodehouse (1881-1975), así como la muy popular serie sobre el detective Sexton Blake creada por Harry Blyth empleando el seudónimo Hal Meredeth, o diversas novelas de Agatha Christie (1890-1976).

También vale la pena consignar de esa época el inicio con Biografías de Hombres Célebres de una colección dedicada a un género que vivió un esplendor que se extendió hasta bastante más allá de 1939. De 1931 es un Lope de Vega firmado por Ismael Sánchez Estevan, al que seguirían Murillo (1932), de Santiago Montoto; Wagner (1932), de Renato Dumesnil;  Napoleón (1933), de José Poch Noguer; Leonardo de Vinci (1933), de Tristan Klingsor [Tristan Leclerc]; Rodin (1934), de Leoncio Bénedite o, entre otros, El Greco (1934), del hispanista francés Jean Cassou (1897-1986), que periódicamente se reunían en volúmenes mayores, con el título Vidas de Hombres ilustres, en lo que parece ser una práctica bastante habitual de Hymsa.

De 1934 son también Teatro Clásico Extranjero (Shakespeare, Molière, Goldoni, Goethe, Schiller…), un volumen ilustrado de España Histórica,  del ya mencionado pero no identificado Antonio Cárcer de Montalbán, y una edición de La mujer del porvenir, de la pionera del feminismo español Concepción Arenal (1820-1893), y también dos años más tarde Mil ideas para las madres (1936), de Helen Jackson Miller.

Cubierta con el logo de los diccionarios Cuyas.

Otro ámbito explotado ya antes de la guerra por Hymsa fueron los libros sobre gramática y en particular los muy populares diccionarios manuales, entre los que destaca por su difusión el de quien fuera director de la revista catalana Llumanera de Nueva York (el medio más importante de los catalanes en América) Arturo Cuyàs Armengol (1845-1925), de quien en 1936 se publicitaba un Gran Diccionario Inglés-Español completado y revisado por Antonio Cuyàs Armengol, que durante muchos años fue objeto de constantes actualizaciones y reediciones. De quien en la posguerra se convertiría en interesante escritor de novela popular, prolífico traductor y doblador de películas Guillermo López Hipkiss (autor por ejemplo en 1935 de la de Las genialidades de Sam, de Wodehouse), es el libro Las dificultades del idioma inglés. Complemento de gramáticas y diccionarios ingleses (1935).

Sin embargo, como es fácil suponer, tanto antes como después de la guerra los pilares de Hymsa fueron siempre las publicaciones periódicas, y muy en particular la celebérrima Lecturas.

Fuentes:

Mònica Baró, Les edicions infantils i juvenils de l’editorial Juventut (1923-1969), tesis doctoral Departament de Biblioteconomia i Documentació, Universitat de Barcelona, 2005.

Juana Gallego Ayala, Mujeres de papel. De «¡Hola!» a «Vogue». La prensa femenina en la actualidad, Barcelona, Icaria Editorial (Serie Antrazyt, 57), 1990.

Manuel Llanas, con la colaboración de Montse Ayats, L’edició a Catalunya: el segle XX (fins a 1939), Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2005.

Miriam Soriano, «Feminal, El Hogar y la Moda i La Dona Catalana. La construcción d’un mercat femení a través de nous productes (1900-1936)», en Anna Calvera, coord., La formació del sistema Disseny Barcelona (1914-2014), un camí de modernitat. Assaigs d’historia local, Gracmon (Grup de Recerca en Histìoria de l’Art i del Disseny Contemporanis)-Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2014, pp. 129-156.