La “edición histérica” de Tusquets Editores

A la editorial Círculo de Tiza, con los mejores deseos.

La miríada de pequeñas editoriales independientes surgidas en los últimos diez años en el ámbito de la edición literaria en lengua española (Minúscula, Páginas de Espuma, Libros del Asteroide, Malpaso, Blackie Books, etc.) ha mantenido una relación ambivalente con el trío de editoriales de referencia capitaneadas por miembros de la generación anterior, como Esther Tusquets (Lumen), Beatriz de Moura (Tusquets Editores) y Jorge Herralde (Anagrama), a los que probablemente podrían añadirse otros ejemplos (Manuel Borràs, de Pre-Textos, o Jaume Vallcorba y sus Quaderns Crema y El Acantilado), quienes a su vez han reconocido el magisterio, entre los editores españoles, de Carlos Barral y Josep M. Castellet.

Beatriz de Moura (Tusquets Editores) y Jorge Herralde (Anagrama).

Por un lado, no hay duda de que en muchas ocasiones los editores de estas nuevas iniciativas han dejado constancia de su respeto e incluso de su admiración por sus precedentes, pero en cierto modo surge aquí y allá de vez en cuando una cierta tendencia “matar al padre” que se expresa en forma de un cierto desdén o de una acaso injusta comparación entre el contexto cultural de los años sesenta-setenta y los primeros de este siglo.

Cartas abisinias (1880-1891), seleccionadas, prologadas y anotadas por Francesc Parcerisas (núm. 47; 1974).

Pese a ello, es muy probable que haya un consenso en otorgar un carácter ejemplar y modélico a una de las colecciones con que se presentó en sociedad Tusquets Editores, los Cuadernos Ínfimos (1969-1993), en particular en sus primeros años.

Mientras trabajaba en Lumen con Esther Tusquets, en 1968 Beatriz de Moura había advertido que algunas obras de grandes autores que no carecían en absoluto de interés eran desdeñadas por los editores españoles debido a su exigua extensión. Sin embargo, en Lumen no vieron claro el proyecto que había imaginado Beatriz de Moira a partir de esta constatación (que se plasmaría en Cuadernos Ínfimos y Marginales), así es que la joven editora de origen brasileño se lió la manta a la cabeza y creó, con 165.000 pesetas (1.200 dólares) aportadas por su entonces marido Oscar Tusquets, la editorial necesaria para llevar a buen puerto su proyecto, y adoptó el nombre de Tusquets para evitar posibles coincidencias que pudieran desembocar en demandas. Inicialmente, el buen rollo o fair play hizo que pudiera además distribuirlos a través de Lumen.

La sede inicial de la empresa fue la sala de estar de Beatriz de Moura, quien había alquilado al padre de Esther Tusquets –Magí Tusquets, que se ganó un puesto en la historia editorial al comprar las burgalesas Ediciones Antisectarias Lumen y dejarla en manos de su hija–, una vivienda en el tercer piso en el número 52 de lo que por entonces era la avenida Hospital Militar, y allí permanecería desde el otoño de 1968 hasta finales de la década.

Los poetas surrealistas españoles (núm. 26; 1971), cuya portada es un guiño, nunca mejor dicho, a la peli de Buñuel Un chien andalou.

El estreno de la otra colección que nació simultáneamente, Marginales, fue realmente espectacular: los textos dispersos de Samuel Beckett (1906-1989) reunidos en Residua (“De una obra inacabada”, “Basta”, “Imaginación muerta imagina” y “Bing”), traducidos y prologados por Félix de Azúa. El Premio Nobel de Literatura que ese mismo año 1969 se otorgó al gran dramaturgo irlandés, “por su escritura que, renovando las formas de la novela y el drama, adquiere su grandeza a partir de la indigencia moral del hombre moderno” se encuentra entre los más inesperados que ha concedido la Academia sueca, y sin duda debió de ser un respaldo extraordinario para un libro de semejantes características.

Los Cuadernos Ínfimos, por su parte, se estrenaron con un libro sobre el cineasta Marco Bellochio. Polémica Pasolini-Belocchio. I pugni in Tasca, en selección, traducción y notas de Ricardo Muñoz Suay (1917-1997) y Michele Pousa. Y ese mismo año 1969 la colección empezó a dejar claro por donde iban los tiros:

  1. Buster Keaton, de Marcel Oms (en traducción de J.E. Lahosa).
  2. Tres aspectos de matemáticas y diseño. La estructura del medio ambiente, de Christopher Alexander (traducido por la propia Beatriz de Moura).
  3. Godard polémico, de Román Gubern.
  4. Arquitectura española de la segunda República, de Oriol Bohigas.
  5. La secuestrada de Poitiers, de André Gide (en traducción de Michèlle Pousa y con una introducción de Muñoz Suay).

 

Mujer en el espejo… (núm. 40; 1973).

Umberto Eco, Antonio Gramsci, Tom Wolfe, Serguei Eisenstein, James Joyce, Jonathan Swift, Witold Gombrowicz William Faulkner, Juan José Arreola, Mario Benedetti, Antonin Artaud, Tristan Tzara, Roland Barthes, Robert Musil, E. M. Cioran o Severo Sarduy fueron sólo algunos de los autores que se publicaron en esta colección antes de la muerte del dictador Francisco Franco, pero los primeros títulos sirven ya para toparse con algunos de los nombres importantes que contribuyeron activa y desinteresadamente en el éxito de esta colección, que no tardó en estructurarse en series que fueron temporalmente dirigidas por Xavier Sust (Arquitectura), Ricardo Muñoz Suay (serie Cotidiana), Joan Enric Lahosa y Pere Fages  (Cine, entendido como arte) y a los que se unirían luego Alicia Roig (Psicoanálisis) y Sergio Pitol (Los Heterodoxos).

La propia Beatriz de Moura ha recurrido al sintagma “colección histérica” para describir esta heterogeneidad dentro de la heterodoxia que pregonaba la editorial y esta colección en particular, pero explica también en detalle los objetivos que se planteaba inicialmente como editora:

reivindicar las vanguardias literarias de nuestro siglo [el xx) y la literatura que, no por marginada,  minoritaria e incluso “maldita”, deja de ser menos importante; aportar elementos para un debate vivo, activo, en el terreno de la cultura, de las ideas, mediante textos refractarios a las ortodoxias vigentes y que suscitaran polémica, y publicar la narrativa de autores españoles e hispanoamericanos.

Homenaje a King Kong (núm. 41; 1973). Al tirar de la lengüeta superior, King Kong mueve la lengua.

Sin duda, queda claro el espacio que venían a ocupar los Caudernos Ínfimos, cuyo diseño, el mismo año de su estreno, les valió a los arquitectos Lluis Clotet y Oscar Tusquets el premio FAD de la Agrupación de Diseño Industrial. Fieles a su nombre, y fácilmente reconocibles por el predominio del color plata en sus cubiertas, se trata de pequeños y breves volúmenes (11 x 18 cm de alrededor de cien páginas) encuadernados en rústica y fresados (sólo a partir de 1985 empiezan a publicarse cosidos), que poco a poco van presentando portadas con algunas novedades muy pop, muy irónicas y comercialmente atractivas (troquelados, cortes, juegos con el color…). Así lo ha contado Oscar Tusquets:

Una edición de textos ínfimos que decidimos caracterizar no por su diseño sino por su material: cartulina plateada. En ella, limitados por unos medios precarios y un escaso conocimiento gráfico, pero llevados por cierta osadía juvenil, arriesgamos varios experimentos […]. No creo que hoy pudiésemos hacer algo mejor.

Y también la propia Beatriz de Moura se ha referido a ello y a estos “experimentos”:

En los primeros años intentamos suplir la carencia económica con un gran derroche imaginativo: libros cuya tapa debe leerse reflejada en un espejo [alude a Mujer en el espejo contemplando el paisaje (1973), de Enrique Vila-Matas], libros en perspectiva, troquelados [Groucho y yo (1972); Manera de una psique sin cuerpo (1973), de Macedonio Fernández)], rasgados [Poetas surrealistas españoles (1971), de Vittorio Bodini y traducido por Carlos Manzano] e incluso con movimiento [Homenaje a King Kong (1974), libro colectivo preparado por Romà Gubern] Ahora bien, papel, impresión y encuadernación eran simplemente lamentables, reventaban todos los presupuestos; en realidad, hasta entrados los años ochenta no hemos podido alcanzar en la producción el nivel de calidad que hubiéramos deseado desde el principio.

Cubierta de Groucho y yo (núm 79; 1972), troquelada en la parte correspondiente a las gafas, en la que puede verse la imagen del personaje.

A Clotet y Tusquets habría que agregar los nombres de Loredano (autor de algunas ilustraciones de cubierta y de material promocional de la colección) y Enric Satué (que diseñó pósters promocionales), entre otros. Las tiradas rondaban inicialmente los 3.000 ejemplares, y si la joya que permitió la continuidad de Marginales fue el enorme éxito del Diario de un náufrago, de Gabriel García Márzquez (aún hoy empleado en institutos de enseñanza por los valores éticos y literarios que transmite), en el caso de la colección plateada los mayores impulsores, quienes permitieron dar continuidad a la colección, fueron sobre todo los disparatados libros de Groucho Marx y los textos humorísticos y guiones de Woody Allen, bastante antes de que se convirtiera en un cineasta de masas.

Portada de Gorucho y yo, en la que puede verse al autor.

Esos éxitos permitieron llevar a cabo otra de las líneas señaladas por Beatriz de Moura, publicar  autores españoles e hispanoamericanos nuevos o cuya obra tenía por entonces poca repercusión, como Enrique Vila-Matas, Héctor Bianciotti, Saúl Yurkievich, Manuel Serrat Crespo, Leopoldo María Panero o Cristina Fernández Cubas, quien ha contado las circunstancias que desembocaron en la publicación de su primer libro de cuentos:

Yo soñaba precisamente con Tusquets, con la colección Cuadernos ínfimos, aquellos libritos plateados que ocupaban un lugar importante en mis estanterías y que se me aparecían, sobre todo, como el lugar idóneo para publicar los cuatro cuentos reunidos en Mi hermana Elba. (…) Y aunque tuve que esperar un cierto tiempo, también en este punto tuve suerte. Woody Allen y Groucho Marx, involuntarios padrinos de mi obra, se encargaron de acortar el plazo. Sus libros habían resultado un éxito, y la editorial –una pequeña-gran editorial entonces– pudo permitirse el lujo, en malos tiempos, de apostar por una perfecta desconocida. Mi Hermana Elba, pues, apareció finalmente en octubre de 1980, en Cuadernos ínfimos, aquellos libritos plateados, con una sugerente cubierta de Claret Serrahima. En el momento en que la vi me pareció “mágica”. Hoy, tantísimos años después, sigo pensando lo mismo.

La asesina ilustrada, de Vila-Matas (núm. 80; 1977).

No es el caso en cambio de Juan Marsé, cuya publicación de Señoras y señores (núm. 136, 1987) cuando ya tenía una sólida reputación como novelista responde más a la estrategia de publicar obra olvidada de grandes autores que ya definía a la colección desde sus primeros tiempos. La publicación de los cuentos que componen Mi hermana Elba llegó además poco después de que la obra de Michel Dansel Nuestras hermanas las ratas (núm. 90, 1979) fuera galardonada por el Instituto de Investigaciones Leprológicas de Rosario (Argentina), lo que da fe de la incombustible heterogeneidad de la colección. Pero no todo fue un camino de rosas para llegar hasta allí. Ateniendo a las fechas de publicación de las obras se advierten ciertos vaivenes sin duda significativos: en 1969 se publican los seis títulos ya mencionados, y a partir de entonces la cadencia es la siguiente: 1970 (12), 1971 (8), 1972 (11), 1973 (9), 1974 (11), 1975 (11), 1976 (7), 1977 (4), 1978 (4), 1979 (4), 1980 (4), 1981 (8), 1982 (2), 1983 (9), 1984 (12), 1985 (3), 1986 (3), 1987 (4) y un solo título en 1988, 1992 y 1993: Lady sings the Blues, de Billie Holiday, y los guiones de Woody Allen Delitos y faltas y Maridos y mujeres, respectivamente.

Portada, a color, de El Caníbal (Ceremonia antropofágica), (núm. 45, volumen doble, 1973).

Por fortuna, una treintena larga de los libros de esta colección siguen aún hoy disponibles en el catálogo de Tusquets, y muchos otros de los textos se han pasado a otras colecciones (Metatemas y Fábula, sobre todo) y están también disponibles, en algunos casos en volúmenes que compendian varios de los cuadernos. Es evidente que en la concepción de una colección hoy mítica como Cuadernos Ínfimos está el germen –o como mínimo un ilustre antecedente– de muchos planteamientos que han contribuido al merecido éxito de algunas editoriales literarias independientes.

Sobre la estupidez, de Musil y prologado por Aloisio Rendi (núm. 49, medio volumen; 1974).

Fuentes:

Beatriz de Moura: Como antes, como siempre, web Tusquets (vídeo).

Big bang (núm. 57; 1974).

AA.VV., Conversaciones con editores en primera persona, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2006, pp. 173-206.

Luisa Bonilla, “La vida de los libros. Entrevista con Beatriz de Moura“, Letras Libres, enero de 2010.

José Ignacio Fernández, “Beatriz de Moura, la chica de los leotardos negros”, Círculo Cultural Faroni, 24 octubre 1212.

Ángel S. Hardinguey, “El placer de vivir entre libros (entrevista a Beatriz de Moura)“, El País, 1 de ocutubre de 2006.

Xavier Moret, “Tusquets Editores”, en Tiempo de editores. Historia de la edición en España, 1939-1975, Barcelona, Destino (Imago Mundi 19), 2002.

Tusquets Editores, Tusquets Editores 40 años. 1969-2009, Barcelona, Tusquets Editores (edición no venal), 2009.

Fernando Valls, “La fiesta de Tusquets”, La nave de los locos, 18 de junio de 2009.

Fenomenología del kitsch. Una aportación antropológica, de Ludwig Giesz (núm. 39, volumen doble; 1973).

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