Manuel Andújar, agente literario oficioso de Clemente Airó en España

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Manuel Andújar.

Si bien hay pocas dudas de que Clemente Airó (Clemente Arveras Oria, 1918- 1975) llegó a convertirse en uno de los principales adalides de la edición literaria en Colombia, no por ello se atenuó su intención de ver publicada su propia obra narrativa en el país que le vio nacer: Para ello contó además con la colaboración inestimable de Manuel Andújar (Manuel Culebra Muñoz, 1913-1994), quien, a su regreso a España en 1967, gracias a los contactos que había ido estableciendo en sus empleos en el Fondo de Cultura Económica, en González Porto y en Alianza Editorial, se convirtió en un activísimo difusor de la obra de los escritores exiliados como consecuencia del resultado de la guerra civil española, ya fuera mediante su actividad como crítico literario, ya –sobre todo– aprovechando su posición de privilegio como bisagra entre los creadores exiliados y los editores del interior.

A finales de los años sesenta, Clemente Airó había ido publicando ya el grueso de su obra narrativa en Colombia, desde la inicial Yugo de niebla (1948) hasta Cinco… y siete. Cuentos de una misma historia (1967), pero era muy consciente de que en el ámbito hispánico esas ediciones en Espiral apenas tenían ninguna repercusión, más allá del elogio de algunos compañeros de exilio y del aprecio de algunos críticos importantes en el ámbito académico (como es el caso de Marra-López en Narrativa española fuera de España, 1963).

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Dibujo de Judith Márquez para el libro de Airó Cardos como flores (1955).

Antes de 1964 Airó había estado en tratos con Carlos Barral para la publicación de Yugo de niebla, pero no llegaron a buen puerto, según contó al crítico literario y poeta Joaquín Marco. El primer intento serio llevado a cabo por Andújar para dar a conocer en España la obra de Airó se produjo en el marco de su colaboración con Valira, la colección de la Editorial Andorra, para la que gestionó también los contactos con, por lo menos, Manuel Lamana, José Ramón Arana y Simón de Otaola. Aun cuando este primer intento fracasó, al parecer debido a las propias dificultades de la Editorial Andorra de Jaume Aymà, Andújar no se arredró y la de Airó –de la que siempre se destacada el arraigo a la realidad social colombiana, en comparación con la de otros exiliados republicanos españoles–, fue una de las que con mayor tesón defendió Andújar.

En una carta ampliamente citada por Blas Medina Ávila, Andújar expone de un modo muy claro qué respuesta hay que dar a la crucial pregunta que Francisco Ayala se había planteado en 1948 desde su exilio bonaerense: «Para quién escribimos nosotros». Escribe Andújar a su corresponsal bogotano:

Como es natural, me complace ponerme aquí a tu disposición para la novela La ciudad y el viento [Espiral, 1961]. Comprendo tu actitud, esos avatares, por inhibición, de la obra, tu legítimo deseo de que lectores y críticos la conozcan y valoren en España, aparte de la nueva repercusión que en Colombia y en otros países iberoamericanos alcanzaría… [26 de octubre de 1970].

Como no podía ser de otro modo, Andújar era muy consciente de que Barcelona se había convertido en una plataforma que daba patente de calidad –aun cuando en algunos casos efímera– a un buen número de escritores radicados o cuyo origen estaba en Hispanoamérica, y entre los colombianos, junto al caso de Gabriel García Márquez (1927-2014), destacaba el de Eduardo Caballero Calderón (1910-1993) ganador del Premio Nadal con El buen salvaje (1966). También demuestra Andújar un muy buen conocimiento de las corrientes y tendencias editoriales al informar a Airó de que se marca como principales objetivos la colección El Puente, que desde Buenos Aires dirige el también exiliado Guillermo de Torre para Edhasa, la editorial Andorra (que venía dedicando amplio espacio a la literatura del exilio) y Helios (donde el propio Andújar publicaría en 1971 el libro de relatos Los lugares vacíos).

Sin embargo, la voluntad de Clemente Airó (como la de tantos otros exiliados, por otra parte) respondía a la intención más amplia de establecer puentes de comunicación entre las literaturas en lengua española –por ejemplo mediante la revista que dirigía en Bogotá, Espiral–, propósito ante el que detectaba un cierto desinterés por parte de los escritores del interior del que se quejaba ya en abril de 1964 en carta a Joaquín Marco: «La posición firme de Espiral es la unión de la geografía de nuestro idioma –por lo menos en literatura– para hacer frente al desprecio de otras lenguas», a lo que Marco apostilla: «Tenía razón Clemente Airó cuando se lamentaba del escaso interés por parte de los escritores españoles del interior de figurar en revistas o aventuras literarias. De hecho, no existían suficientes puentes».

Sin éxito en estas gestiones iniciales, Airó vuelve a la carga en enero de 1973, cuando en carta a Andújar insiste en la particular situación de los escritores exiliados (considerados extranjeros tanto en su país de origen como en su tierra de acogida):

Mi posición de exiliado empecinado no es la más indicada para que a uno le «pongan bolas» por estas latitudes. Uno está al final de la cola, y ese final rara vez tiene «chance». Tú muy bien sabes de esto, has sido compañero de exilio. Si se trata de una lista de novelistas para editar, pues yo por acá no entro o quedo de último por ser español. Y si se trata por allá, España, pues nadie me conoce. Hace falta tener muchos arrestos para seguir escribiendo, pero no desmayo, y algún que otro pequeño pellizco voy logrando. [carta a Andújar del 19 de enero de 1973]

Manuel Andújar (1913-1994)

Manuel Andújar.

Tres meses más tarde escribe de nuevo a su amigo para solicitarle que emprenda gestiones para la novela que acaba de concluir, La rueda del molino, de la que Andújar propone cambiar el título por el de Todo nunca es todo, y habla de ella al crítico y profesor Santos Sanz Villanueva y al director de la editorial Novelas y Cuentos Manuel Cerezales (1909-2005), pero le propone a Airó además que la presente a algún premio literario, y menciona específicamente el Premio Nadal.

Según el fallo de este certamen, en la convocatoria de 1973, con el título Todo nunca es todo, la obra de Clemente Airó pasó una primera criba (con un voto), pero ya entonces destacaron con cinco votos las novelas de José Antonio García Blázquez, Gabriel G. Badell y Aquilino Duque (ganó Blázquez con El rito y fue finalista Aquilino Duque con El mono azul).

La misma obra, con el título La rueda del molino, obtuvo una mención honorífica en la convocatoria de 1974 del Premio Puente Colgante (convocado por los ayuntamientos de Getxo y Portugalete y dotado con 250.000 pesetas), al igual que las obras presentadas por Antonio Petit Caro, Ricardo Laustalet y Juan Antonio Fernández Serrano, y se llevó el premio grande el crítico literario del periódico Unidad Santiago Aizarna con Los zamuros.

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Manuel Caballero Bonald.

Andújar recurrió también al consejo de la agente literaria Carmen Balcells, de la que fue cliente durante un breve tiempo, para intentar colocar esa novela de Airó en Seix Barral o en Plaza & Janés, pero también sin resultados tangibles. Del mismo modo, se la propuso a Francisco García Pavón (de Taurus), a Aymà, a Fernando Gutiérrez (por entonces en Noguer), a José Vergés (de Destino) y pareció encarrilar la publicación cuando consiguió que la leyera José Manuel Caballero Bonald, por entonces en Júcar, sobre quien le comunica:

Acabo de hablar con J. M. Caballero Bonald, que en breve te escribirá… Me complace adelantarte su concepto de que se trata de obra valiosa y digna (y que era justa la apreciación que yo le había dado), así como que piensa incluirla en su programa editorial para publicación, probablemente, a fines de este año o principios del próximo. Ya te lo concretará él. En consecuencia, queda invalidada cualquier otra presunta gestión. ¡Afortunadamente y con mis más cordiales felicitaciones! [carta a Clemente Airó, de 2 de abril de 1975].

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Firma de Manuel Andújar.

Tan avanzadas estaban las gestiones con Caballero Bonald, que, como recoge Fernando Larraz, cuando en enero de 1975 Airó viaja a España se anuncia en la prensa la próxima recuperación en España de La ciudad y el viento y la primera edición de Todo nunca es todo. Sin embargo, por un lado la salida ese año de Caballero Bonald de Júcar, y por otro y sobre todo la muerte de Airó en julio de 1975 acabaron por desbaratar el largamente ansiado contacto entre el autor y sus lectores. Aun así, tanto Andújar y Caballero Bonald como su viuda, Solita Bello, siguieron insistiendo sin descanso.

Finalmente, en 1982, Todo nunca es todo se publicó en Plaza & Janés; concretamente, sin embargo, en la sucursal de esta empresa en Bogotá y en la colección Narrativa colombiana, junto a Marco Tulio Aguilera Garramuño, Germán Arciniegas, Rodrigo Parra Sandoval, Plinio Apuleyo Mendoza…

Fuentes:

Fernando Larraz, «La “operación retorno” de la narrativa en el exilio en la prensa diaria del Franquismo (1966- 1975). Los casos de ABC, Informaciones y Pueblo», Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, vol. 29, pp. 171-195.

Antonio Mancheño Ferreras, «Cartas siguen siendo cartas (un espigueo en la correspondencia de Manuel Andújar)», en Manuel Aznar Soler, ed., El exilio literario español de 1939. Actas del Primer Congreso Internacional, Sant Cugat del Vallès, Cop d´Idees-Gexel, 1998, vol. I, pp. 504-515.

Joaquín Marco, «Entre España y América», en Joaquín Marco y Jordi Gracia, eds, La llegada de los bárbaros. La recepción de la literatura hispanoamericana en España, 1960-1981, Barcelona, Edhasa (El Puente), 2004, pp. 19-40.

Blas Medina Ávila, Manuel Andújar, su correspondencia, fe de vida y de obra, Facultad de Filología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2014.

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Una colección emblemática de la Transición: Crónica General de España

A Jesús del Campo (y a Jack Bosco).

Las muy prolíficas Ediciones Júcar son un claro ejemplo de la desproporción entre la importancia e influencia de algunas iniciativas editoriales y su presencia en las historias de la edición modernas. Como apunté en cierta ocasión, muy probablemente ello se deba en buena parte a la dificultad, si no imposibilidad, de acceder a la información necesaria, en contraste con lo que ocurre con otras empresas de las que, aun siendo menos importantes, disponemos de cuantiosa información. Tal vez en estos casos un modo de ponerse manos a la obra sea empezar por reconstruir algunas de sus colecciones más nutridas.

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Silverio Cañada.

Al frente de Júcar se encontraba Silverio Cañada (1938-2002), que se había estrenado en el mundo del libro vendiendo de matute en la Universidad de Oviedo libros de pensamiento político prohibidos por la censura franquista, y con su esposa Tina Estébanez fundó luego en Gijón la Librería Universal, hasta que en 1967 creó la editorial Júcar, que además de contar con José Manuel Caballero Bonald (n. 1926) como director literario, tuvo entre sus colaboradores al periodista Juan Cueto (n. 1942), al escritor y prestigioso traductor literario Mariano Antolín Rato (n. 1943) como punto de anclaje en Madrid, al sociolingüista y poeta Xesús Alonso Montero (n. 1928) y al también poeta Ángel Pariente (Ángel Manuel Aragón Pariente, n. 1937), entre otros nombres destacados.

51b7943dbe5c8dc6f1c6ad63547955Probablemente, entre las colecciones más recordadas de Júcar se encuentra Poetas, conocida como “la colección amarilla”, dirigida por Manuel Aragón y construida a partir de monografías acompañadas de antologías representativas y de algunos pliegos de fotografías que estrenó con Rosalía de Castro (a cargo de Xesús Alonso Montero) y Jorge Luis Borges (Marcos Ricardo Barnatán) e incluyó a Bécquer (por Gabriel Celaya),Juan Ramón Jiménez (por Ángel González), Jorge Guillén (por Carlos Meneses y Silvia Carretero), José Hierro (Aurora de Albornoz), Gerard de Nerval (Ramón Gómez de la Serna), Leopardi (Antonio Colinas), Alfonso Costafreda (Jaime Ferran), así como antologías dedicadas a la poesía portuguesa contemporánea (al cuidado de Angel Crespo), la poesía culterana (Ángel Pariente) o la poesía surrealista (también a cargo de Pariente), entre otras muchas.

Desgajada o derivada de esta muy bien nutrida colección, con portadas firmadas por J. M. Domínguez a partir de un diseño de Jas Hayden, nació Los Poetas-Serie Mayor, dirigida también por Manuel Aragón y consistente en antologías de estudios críticos y de historia literaria centrados en escritores tan diversos como Antonio Machado (en edición de Francisco López), o bien en antologías de textos breves de diversos autores, como Rosa Chacel (La lectura es secreto, con estudio preliminar de Ana Rodríguez-Fischer) o Corpus Barga (Crónicas literarias, presentadas por Arturo Ramoneda Salas).

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Rosa Chacel (1898-1994).

Un libro singular en Júcar, cuyo interés por la cultura y la literatura gallega de la etapa republicana es evidente, fue la edición a cargo de Xesús Alonso Montero del álbum de Castelao Nós (1974), cuya reproducción de los dibujos es realmente muy deficiente (al margen de que faltan dos ilustraciones con respecto al original publicado en 1931 e impreso en la madrileña Casa Hauset y Menet, de la que unos años después Akal hizo una edición facsimilar). La singularidad se la otorga el hecho de que las traducciones de los pies de las ilustraciones a las principales lenguas de España son obra de los dramaturgos Antonio Buero Vallejo (al castellano), Ricard Salvat (al catalán) y al poeta Gabriel Aresti (vascuence).

Otras colecciones muy recordadas son Etiqueta Negra, dedicada a la novela policíaca en español o traducida (Juan Madrid, Paco Ignacio Taibo II, Andreu Martín, J.P. Manchete, Donald Westlake…), su hermana dedicada a la ciencia ficción Etiqueta Futura (Orson Scott Card, Frederik Pohl, Phillip K. Dick), Los Juglares, destinada a la biografía de músicos, acompañada de una antología con las letras de sus principales temas (Jim Morrison, Bob Dylan, Jimi Hendrix Bob Marley, Boris Vian, Miguel Ríos, Aute o Serrat) o la tan heterogénea como heterodoxa La Vela Latina, dirigida por Caballero Bonald (y que incluyó a José Luis Cano, Paco Ignacio Taibo I, Jenaro Talens, Jacinto Benavente, Antonio Espina, León Felipe, Antonio Sánchez Albornoz, José Bergamín).

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Caballero Bonald en 1963.

En sus memorias (o pseudomemorias), Caballero Bonald ha estacado que fue gracias al extraordinario éxito de la edición por fascículos de la Gran Enciclopedia Asturiana (1970), dirigida por el propio Cañada, Luciano Castañón y José Antonio Mases, y la Gran Enciclopedia Gallega Silverio Cañada (1974), dirigida por Perfecto Conde, Arturo Reguera López y Xosé Ramón Fandiño Veiga, que Júcar pudo ampliar su radio de acción, abrir oficinas en Madrid (a cuyo frente se pusieron Mariano Antolín y su esposa María Calonge), y a ese mismo empuje atribuye otra de las colecciones que él dirigió, la Crónica General de España, dedicada a textos políticos y que curiosamente abrió fuego en 1976 con La revolución y la guerra civil española, de Stanley G. Payne, para a continuación dedicarse a la recuperación de textos que el franquismo había intentado retirar por completo de circulación (Francisco Ferrer, Ilya Ehrenbug, Trotski, Albert Camus), así como de autores exiliados como consecuencia del resultado de la guerra civil española (José Peirats, Diego Abad de Santillán, Gustavo Durán, Valentín González El Campesino, Victor Alba o Claudio Sánchez Albornoz). Así lo cuenta el propio Caballero Bonald:

Empecé a trabajar por aquel entonces, no más de tres o cuatro horas matinales, en la editorial Júcar, una empresa de incipiente despegue familiar con sede en Gijón, planteada un poco a ojo y con intermitentes baches financieros, a la que me enrolé como director literario a propuesta de Ángel Pariente -también llamado Manuel Aragón […] Su dueño era un tal Silverio Cañada, librero y animador de proyectos varios, que había editado sendas enciclopedias por fascículos de Asturias y Galicia. Eso le otorgó cierto aparente desahogo económico […].

[El] puesto ni me ofrecía demasiadas compensaciones ni me resultaba particularmente halagüeño, sobre todo porque nunca llegué a entenderme con Cañada. Pero me tomé el trabajo en serio y, aparte de alentar las colecciones ya existentes -Los Poetas, Los Juglares, Biblioteca Júcar- o la de narrativa que dirigían Juan Cueto y Fernando Corujedo -Azanca-, puse en marcha otras dos: Crónica General de España y La Vela Latina. La primera estaba orientada a los estudios históricos y la segunda acogía preferentemente ensayos literarios, y creo que funcionaron bastante bien, dentro siempre de las no escasas irregularidades emanadas de la central gijonesa.

AnarquistasCrisis-191x300Se trató en realidad, pues, de una importante colección que se añadía a la “operación rescate” del legado cultural republicano, con una particular atención a la historia asturiana (véase el apéndice) y que en una muy buena proporción se alimentaba de textos que sin bien había tenido una amplia difusión antes de la guerra había dejado de circular, como es el caso por ejemplo de Trotski o Ehrenburg; o bien de textos que no habían tenido la repercusión que quizá merecían (caso de El arraigo del anarquismo en España, publicado originalmente por A. Redondo Editor en 1973, recogiendo a su vez textos aparecidos en los años veinte y treinta en las revistas L´Opinió, Justcia Social y Leviatán) o, caso de Nueva Era, la reimpresión debidamente contextualizada de una amplia muestra de ensayos políticos aparecidos originalmente de una de las revistas más importantes del pensamiento izquierdista en los años treinta.

De las dificultades y zigzagueos económicos de la editorial hay alguna muestra en el epistolario de Francisco Umbral, si bien los testimonios de autores y colaboradores no suelen ser muy explícitos acerca de los problemas que tuvieran con Cañada (pero al parecer no fueron pocos)..

En cuanto a la Crónica General de España, en cierto modo constituye una reformulación de la fallida Historia de las Revoluciones, una colección que, después de que en los años setenta la censura autorizara unos primeros títulos, en cuanto se desplegó una estridente campala publicitaria que se basaba en incluía pósteres con la imagen del Che, Mao o Lenin pegados por diversos puntos de Madrid, acabó por ser definitivamente prohibida. Probablemente, es de justicia que una colección como esta, o cuanto menos las Ediciones Júcar, ocupen  el lugar que les corresponde en cualquier intento de historiar la edición española reciente.

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Anexo: Crónica general de España:

1 Stanley G. Payne, La revolución y la guerra civil es España, traducción de José Palao, 1976.

Franccisco Ferrer  Guardia, La escuela moderna, prólogo de Carlos Díaz, 1976.

3 Ilya Ehrenburg, España, república de trabajadores, traducción de N. Lebedofi, 1976.

4 José Peirats, Los Anarquistas en la crisis política española, 1976.

5 Nikoz Kazantzakis, España y viva la muerte, traducción de Joaquín Mestre, 1977.

6 Victor Alba, ed.,  La Nueva Era. Antología de una revista revolucionaria, 1930-1936, 1977.

7 León Trotski, La revolución española, prólogo y traducción de Juan Andrade, 1977.

8 Carlos M. Rama, Ideología, religiones y clases sociales en la España contemporánea, 1977.

9 Frank Jellineck, La Guerra Civil en España, traducción de Francisco Velasco, 1978.

Escáner_20160209 (2)10 Manuel Buenacasa, El movimiento obrero español, 1886-1926 (historia y crítica). Figuras ejemplares que conocí (Teresa Claramunt, Joaquín Costa, Ramón Acín, Anselmo Lorenzo, Salvador Seguí, Max Nettlau, Santiago Ramón y Cajal, Eduardo Barriobero y Herrán, Pablo Iglesias, etc), 1977.

11 Claudio Sánchez Albornoz, Historia y libertad. Ensayos sobre historiología, 1979.

12 N. Molins i Fábrega, UHP, la insurrección proletaria de Asturias, prólogo de Wilebaldo Solano, 1978.

13 Victor Alba, ed., La revolución española en la práctica. Documentos del POUM, 1978.

14 Victor Alba, La alianza obrera. Historia y análisis de una táctica de unidad en España, 1978.

15 Albert Camus, ¡España libre!, traducción de Juan Manuel Molina, 1978 (artículos publicados previamente en Combat junto con discursos y entrevistas de entre 1944 y 1956.

16 Diego Abad de Santillán (Sinesio García Fernández), Alfonso XIII, la II República, Francisco Franco, 1979.

17 Ignacio Iglesias, Leon Trotski y España (1930-1939), 1979.

18 Juan Peiró, Trayectoria de la CNT, 1979.

19 Manuel Grossi Mier, La insurrección de Asturias, 1978 (originalmente en La Batalla, con una carta introductoria de Ramón González Peña, prólogo de Joaquín Maurín y epílogo de Julián Gorkin, 1935)

20 Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania, Documentos Secretos sobre España, 1978.

21 Miguel Ángel González Muñiz, Constituciones, Cortes y elecciones españolas. Historia y anécdotas(1810-1936), 1978.

22 Alberto Gil Novales, Textos exaltados del Trienio Liberal, 1979/8.

23 José Bullejos, España en la Segunda República, 1979.

24 Ilya Ehrenburg, Corresponsal en la guerra civil española, 1979.

Escáner_2016020925 S. Cánovas Cervantes, Proceso histórico de la revolución española. Apuntes de Solidaridad Obrera, 1979.

26 David Ruiz, El movimiento obrero en Asturias. De la industrialización a la II República, 1979.

27 Albert Balcells, El arraigo del anarquismo en Cataluña, textos de 1926-1934, 1980.

28 Gustavo Durán, Una enseñanza de la guerra española, edición de J. Martín-Artajo, 1980.

29 Valentín González, el Campesino, Comunistas en España y antistalinistas en la U.R.S.S., 1980.

30 Jeanne Maurin Cómo se salvó Joaquín Maurín (Recuerdos y testimonios), 1980.

31 Jacques Delpierre de Bayac, Las Brigadas Internacionales, ¿1978?

32 Philippe Nourry, Francisco Franco: la conquista del poder, traducción de Arturo Collera y Benito Gómez Ibáñez, 1976

ElArraigo-185x30033 Aldo Garosci, Los intelectuales y la guerra de España, traducción de G. Guijarro, 1981.

34 Francisco Carrasquer, ed., Felipe Alaiz. Estudio y antología del primer anaquista español, 1981.

35-36 Paco Ignacio Taibo II, Asturias 1934, 1984.

37 Renée Lamberet y Luis Moreno Herrero, Movimientos obreros y socialistas. España 1700-1939, Cronología y bibliografía, 1985.

 

Fuentes:

Xesús Alonso Montero, «Un editor de noso», La voz de Galicia, 30 de mayo de 2002.

M. Caballero Bonald, La novela de la memoria, Barcelona, Seix Barral, 2010.

Jean-François Botrel, «Enciclopedias, identidad y territorios en la España postfranquista, en Presse, Imprimés, Lecture dans l´Aire Romane, 2002, p. 32-44.

Javier Cuartas, «Silverio Cañada, editor», El País, 21 de mayo de 2002.

Gonzalo Mieres, «Recordando a Silverio Cañada», Las mil caras de mi ciudad, 28 de octubre de 2010.

El maquetista (o diagramador) creativo y sus excesos

 

La colección de Lumen Palabra e Imagen es sin duda una de las cumbres de la edición española del siglo xx, una colección casi legendaria, y probablemente han contribuido a ello dos motivos en particular. Por un lado, como dejó escrito su editora, a que “fue seguramente, sobre todo por el diseño, la más hermosa que se hizo en Lumen”, pero también porque el planteamiento general por el que se regía era original, acertado y tan atinado como oportuno en los años sesenta, y que explicado por un compañero generacional de Tusquets, Jorge Herralde, se resume en que fue “una estupenda y gloriosa colección en la que el texto, programáticamente, tendría igual importancia que la imagen, una colección que sólo una editorial amateur, amateur en el mejor sentido, podría atreverse a emprender”.

Lomos de Palabra e Imagen

Lomos de Palabra e Imagen

En un análisis más detenido y técnico de la colección, Pedro Fernández Melero (bibliotecario de la Real Sociedad Fotográfica) lo explica del siguiente modo:

Lo más novedoso de la colección es que los autores literarios y los fotográficos no mantienen una relación de dependencia de los unos sobre los otros, los literatos no acompañan con sus palabras unas fotografías mejor o peor elegidas, ni los fotógrafos ilustran unos textos de grandes escritores, que lo son; la cuestión es más bien que ambos artistas, con sus medios, nos dan su visión personal, a veces complementaria pero nunca uniforme, de los temas elegidos, la mayoría de ellos políticamente incorrectos (caza, boxeo, putas, toros…), sobre todo si tenemos en cuenta la época.

Uno de los libros emblemáticos de esta colección, crème de la crème, es el número 17 con el que se cerró durante varios años la colección, Luces y sombras del flamenco, con 144 páginas con texto de José Maria Caballero Bonald (n. 1926) impreso en papel de color naranja teja, y 108 de fotografías en blanco y negro de Colita (Isabel Steva, 1940) sobre papel cuché. Galderich destacó recientemente la fuerza expresiva de las imágenes, la belleza del libro en su conjunto y el interés sociológico de la obra en Luces y sombras del flamenco, de Caballero Bonald i Colita, l´essència del flamenc, donde pueden verse varias, muy buenas y espléndidamente reproducidas imágenes del libro.

Cubierta de la primera edición

En el año 1988, la editorial sevillana Algaida hizo una edición sólo del texto, revisado, ampliado y actualizado por el autor (149 pp. 20 cm), y en 2006, la Fundación José Manuel Lara llevó a cabo una auténtica nueva edición de esta obra, con fotos adicionales fechadas hasta en 2003 y una nueva actualización del texto publicado por Algaida (344 pp. 26 cm). Sin embargo, menos conocida es una segunda edición el Lumen de 1997 (281 pp+ fe de erratas, 31 cm) que una sentencia del 10 de septiembre de 2001 de la Audiencia Provincial de Barcelona obligó a retirar y destruir.

Tras una primera sentencia del Juzgado de Primera Instancia n. 43 de Barcelona dictada por Juan F. Garnica Martín, el 10 de septiembre de 2001 José Ramón Ferrándiz Gabriel firmaba una sentencia en la sección 15 de la Audiencia Provincial de Barcelona en base al peritaje que habían llevado a cabo el técnico editorial Antoni Campaña y el ingeniero Pere Arderiu. La demanda oartía del hecho de que, contraviniendo la Ley de la Propiedad Intelectual vigente, Colita no había tenido oportunidad de ver pruebas de la maqueta, y por consiguiente no se había podido corregir ni la alteración del orden de las fotografías, que respondía al criterio de un nuevo maquetista, ni los errores en algunos pies de foto, ni la modificación del encuadre de varias imágenes, así como una impresión en la que se había perdido la escala de grises de las fotografías originales.

Francisco Hidalgo

La fotógrafa había aportado informes sobre los errores en el texto del flamencólogo y director de la colección de flamenco de Ediciones Carena Francisco Hidalgo, sobre las deficiencias de la impresión del director de la editorial Focal (especializada en fotografía) Salvador Rodés y sobre las alteraciones en los encuadres del reputado fotógrafo Miquel Galmés, y, tras el peritaje aludido, además de declarar resuelto el contrato, se aceptaba la petición de retirada y destrucción de los ejemplares existentes de esa edición, así como una indemnización a la autora, por vulneración del derecho moral al haber alterado su obra tal como ella la había concebido.

Como consecuencia de todo ello, a las especiales circunstancias que rodean tanto la colección como este título en particular, el hecho de que de esta segunda edición de Luces y sombras del flamenco fuera retirada de circulación hace que sea más rara y vaya más buscada incluso que la primera.

Fuentes:

Marcelo Caballero, “Palabra e Imagen: una combinación iniciática”, en Miradas complices el 12 de diciembre de 2011.

Pedro Espinosa, “Los buenos tiempos del arte“, El País, 2 de febrero de 2007.

Pedro Fernández Melero, “Serie Palabra e Imagen. Editorial Lumen” (Noviembre de 2008).

Galderich,  Luces y sombras del flamenco, de Caballero Bonald i Colita, l´essència del flamenc, PiscolabisLibrorum, 5 de julio de 2013.

Jorge Herralde, “Esther Tusquets editora”, texto leído en el homenaje de la Asociación Colegial de Escritores de Catalunya y publicado en Cuarto Poder aquí.

Galletas conmemorativas del cincuentenario de Lumen (1960-2010), de Florentine Cupcackes & Cookies. Tipografia perfecta sobre chocolate blanco.

Nota adicional:

Las sentencias a que se hacen referencia aluden a los artículos 14.4 (daño moral infligido a la reputación deñ autor por alteración de la obra original sin su consentimiento) y 64.2 (obligación de somenter las pruebas a la aprobación del autor) de la Ley de la Propiedad Intelectual. Sólo he hallado una nota de la redacción de L´Agenda de la Imatge (año VII, n. 26, cuarto trimestre de 2001, p. 49-50), publicación de la Unió de Profesionals de la Imatge i la Fotografia de Catalunya, que se hiciera eco en su momento de la resolución final de este conflicto. Para una descripción más detallada de cada uno de estas ediciones me he servido del catálogo de la Biblioteca Nacional de España.