La “edición histérica” de Tusquets Editores

A la editorial Círculo de Tiza, con los mejores deseos.

La miríada de pequeñas editoriales independientes surgidas en los últimos diez años en el ámbito de la edición literaria en lengua española (Minúscula, Páginas de Espuma, Libros del Asteroide, Malpaso, Blackie Books, etc.) ha mantenido una relación ambivalente con el trío de editoriales de referencia capitaneadas por miembros de la generación anterior, como Esther Tusquets (Lumen), Beatriz de Moura (Tusquets Editores) y Jorge Herralde (Anagrama), a los que probablemente podrían añadirse otros ejemplos (Manuel Borràs, de Pre-Textos, o Jaume Vallcorba y sus Quaderns Crema y El Acantilado), quienes a su vez han reconocido el magisterio, entre los editores españoles, de Carlos Barral y Josep M. Castellet.

Beatriz de Moura (Tusquets Editores) y Jorge Herralde (Anagrama).

Por un lado, no hay duda de que en muchas ocasiones los editores de estas nuevas iniciativas han dejado constancia de su respeto e incluso de su admiración por sus precedentes, pero en cierto modo surge aquí y allá de vez en cuando una cierta tendencia “matar al padre” que se expresa en forma de un cierto desdén o de una acaso injusta comparación entre el contexto cultural de los años sesenta-setenta y los primeros de este siglo.

Cartas abisinias (1880-1891), seleccionadas, prologadas y anotadas por Francesc Parcerisas (núm. 47; 1974).

Pese a ello, es muy probable que haya un consenso en otorgar un carácter ejemplar y modélico a una de las colecciones con que se presentó en sociedad Tusquets Editores, los Cuadernos Ínfimos (1969-1993), en particular en sus primeros años.

Mientras trabajaba en Lumen con Esther Tusquets, en 1968 Beatriz de Moura había advertido que algunas obras de grandes autores que no carecían en absoluto de interés eran desdeñadas por los editores españoles debido a su exigua extensión. Sin embargo, en Lumen no vieron claro el proyecto que había imaginado Beatriz de Moira a partir de esta constatación (que se plasmaría en Cuadernos Ínfimos y Marginales), así es que la joven editora de origen brasileño se lió la manta a la cabeza y creó, con 165.000 pesetas (1.200 dólares) aportadas por su entonces marido Oscar Tusquets, la editorial necesaria para llevar a buen puerto su proyecto, y adoptó el nombre de Tusquets para evitar posibles coincidencias que pudieran desembocar en demandas. Inicialmente, el buen rollo o fair play hizo que pudiera además distribuirlos a través de Lumen.

La sede inicial de la empresa fue la sala de estar de Beatriz de Moura, quien había alquilado al padre de Esther Tusquets –Magí Tusquets, que se ganó un puesto en la historia editorial al comprar las burgalesas Ediciones Antisectarias Lumen y dejarla en manos de su hija–, una vivienda en el tercer piso en el número 52 de lo que por entonces era la avenida Hospital Militar, y allí permanecería desde el otoño de 1968 hasta finales de la década.

Los poetas surrealistas españoles (núm. 26; 1971), cuya portada es un guiño, nunca mejor dicho, a la peli de Buñuel Un chien andalou.

El estreno de la otra colección que nació simultáneamente, Marginales, fue realmente espectacular: los textos dispersos de Samuel Beckett (1906-1989) reunidos en Residua (“De una obra inacabada”, “Basta”, “Imaginación muerta imagina” y “Bing”), traducidos y prologados por Félix de Azúa. El Premio Nobel de Literatura que ese mismo año 1969 se otorgó al gran dramaturgo irlandés, “por su escritura que, renovando las formas de la novela y el drama, adquiere su grandeza a partir de la indigencia moral del hombre moderno” se encuentra entre los más inesperados que ha concedido la Academia sueca, y sin duda debió de ser un respaldo extraordinario para un libro de semejantes características.

Los Cuadernos Ínfimos, por su parte, se estrenaron con un libro sobre el cineasta Marco Bellochio. Polémica Pasolini-Belocchio. I pugni in Tasca, en selección, traducción y notas de Ricardo Muñoz Suay (1917-1997) y Michele Pousa. Y ese mismo año 1969 la colección empezó a dejar claro por donde iban los tiros:

  1. Buster Keaton, de Marcel Oms (en traducción de J.E. Lahosa).
  2. Tres aspectos de matemáticas y diseño. La estructura del medio ambiente, de Christopher Alexander (traducido por la propia Beatriz de Moura).
  3. Godard polémico, de Román Gubern.
  4. Arquitectura española de la segunda República, de Oriol Bohigas.
  5. La secuestrada de Poitiers, de André Gide (en traducción de Michèlle Pousa y con una introducción de Muñoz Suay).

 

Mujer en el espejo… (núm. 40; 1973).

Umberto Eco, Antonio Gramsci, Tom Wolfe, Serguei Eisenstein, James Joyce, Jonathan Swift, Witold Gombrowicz William Faulkner, Juan José Arreola, Mario Benedetti, Antonin Artaud, Tristan Tzara, Roland Barthes, Robert Musil, E. M. Cioran o Severo Sarduy fueron sólo algunos de los autores que se publicaron en esta colección antes de la muerte del dictador Francisco Franco, pero los primeros títulos sirven ya para toparse con algunos de los nombres importantes que contribuyeron activa y desinteresadamente en el éxito de esta colección, que no tardó en estructurarse en series que fueron temporalmente dirigidas por Xavier Sust (Arquitectura), Ricardo Muñoz Suay (serie Cotidiana), Joan Enric Lahosa y Pere Fages  (Cine, entendido como arte) y a los que se unirían luego Alicia Roig (Psicoanálisis) y Sergio Pitol (Los Heterodoxos).

La propia Beatriz de Moura ha recurrido al sintagma “colección histérica” para describir esta heterogeneidad dentro de la heterodoxia que pregonaba la editorial y esta colección en particular, pero explica también en detalle los objetivos que se planteaba inicialmente como editora:

reivindicar las vanguardias literarias de nuestro siglo [el xx) y la literatura que, no por marginada,  minoritaria e incluso “maldita”, deja de ser menos importante; aportar elementos para un debate vivo, activo, en el terreno de la cultura, de las ideas, mediante textos refractarios a las ortodoxias vigentes y que suscitaran polémica, y publicar la narrativa de autores españoles e hispanoamericanos.

Homenaje a King Kong (núm. 41; 1973). Al tirar de la lengüeta superior, King Kong mueve la lengua.

Sin duda, queda claro el espacio que venían a ocupar los Caudernos Ínfimos, cuyo diseño, el mismo año de su estreno, les valió a los arquitectos Lluis Clotet y Oscar Tusquets el premio FAD de la Agrupación de Diseño Industrial. Fieles a su nombre, y fácilmente reconocibles por el predominio del color plata en sus cubiertas, se trata de pequeños y breves volúmenes (11 x 18 cm de alrededor de cien páginas) encuadernados en rústica y fresados (sólo a partir de 1985 empiezan a publicarse cosidos), que poco a poco van presentando portadas con algunas novedades muy pop, muy irónicas y comercialmente atractivas (troquelados, cortes, juegos con el color…). Así lo ha contado Oscar Tusquets:

Una edición de textos ínfimos que decidimos caracterizar no por su diseño sino por su material: cartulina plateada. En ella, limitados por unos medios precarios y un escaso conocimiento gráfico, pero llevados por cierta osadía juvenil, arriesgamos varios experimentos […]. No creo que hoy pudiésemos hacer algo mejor.

Y también la propia Beatriz de Moura se ha referido a ello y a estos “experimentos”:

En los primeros años intentamos suplir la carencia económica con un gran derroche imaginativo: libros cuya tapa debe leerse reflejada en un espejo [alude a Mujer en el espejo contemplando el paisaje (1973), de Enrique Vila-Matas], libros en perspectiva, troquelados [Groucho y yo (1972); Manera de una psique sin cuerpo (1973), de Macedonio Fernández)], rasgados [Poetas surrealistas españoles (1971), de Vittorio Bodini y traducido por Carlos Manzano] e incluso con movimiento [Homenaje a King Kong (1974), libro colectivo preparado por Romà Gubern] Ahora bien, papel, impresión y encuadernación eran simplemente lamentables, reventaban todos los presupuestos; en realidad, hasta entrados los años ochenta no hemos podido alcanzar en la producción el nivel de calidad que hubiéramos deseado desde el principio.

Cubierta de Groucho y yo (núm 79; 1972), troquelada en la parte correspondiente a las gafas, en la que puede verse la imagen del personaje.

A Clotet y Tusquets habría que agregar los nombres de Loredano (autor de algunas ilustraciones de cubierta y de material promocional de la colección) y Enric Satué (que diseñó pósters promocionales), entre otros. Las tiradas rondaban inicialmente los 3.000 ejemplares, y si la joya que permitió la continuidad de Marginales fue el enorme éxito del Diario de un náufrago, de Gabriel García Márzquez (aún hoy empleado en institutos de enseñanza por los valores éticos y literarios que transmite), en el caso de la colección plateada los mayores impulsores, quienes permitieron dar continuidad a la colección, fueron sobre todo los disparatados libros de Groucho Marx y los textos humorísticos y guiones de Woody Allen, bastante antes de que se convirtiera en un cineasta de masas.

Portada de Gorucho y yo, en la que puede verse al autor.

Esos éxitos permitieron llevar a cabo otra de las líneas señaladas por Beatriz de Moura, publicar  autores españoles e hispanoamericanos nuevos o cuya obra tenía por entonces poca repercusión, como Enrique Vila-Matas, Héctor Bianciotti, Saúl Yurkievich, Manuel Serrat Crespo, Leopoldo María Panero o Cristina Fernández Cubas, quien ha contado las circunstancias que desembocaron en la publicación de su primer libro de cuentos:

Yo soñaba precisamente con Tusquets, con la colección Cuadernos ínfimos, aquellos libritos plateados que ocupaban un lugar importante en mis estanterías y que se me aparecían, sobre todo, como el lugar idóneo para publicar los cuatro cuentos reunidos en Mi hermana Elba. (…) Y aunque tuve que esperar un cierto tiempo, también en este punto tuve suerte. Woody Allen y Groucho Marx, involuntarios padrinos de mi obra, se encargaron de acortar el plazo. Sus libros habían resultado un éxito, y la editorial –una pequeña-gran editorial entonces– pudo permitirse el lujo, en malos tiempos, de apostar por una perfecta desconocida. Mi Hermana Elba, pues, apareció finalmente en octubre de 1980, en Cuadernos ínfimos, aquellos libritos plateados, con una sugerente cubierta de Claret Serrahima. En el momento en que la vi me pareció “mágica”. Hoy, tantísimos años después, sigo pensando lo mismo.

La asesina ilustrada, de Vila-Matas (núm. 80; 1977).

No es el caso en cambio de Juan Marsé, cuya publicación de Señoras y señores (núm. 136, 1987) cuando ya tenía una sólida reputación como novelista responde más a la estrategia de publicar obra olvidada de grandes autores que ya definía a la colección desde sus primeros tiempos. La publicación de los cuentos que componen Mi hermana Elba llegó además poco después de que la obra de Michel Dansel Nuestras hermanas las ratas (núm. 90, 1979) fuera galardonada por el Instituto de Investigaciones Leprológicas de Rosario (Argentina), lo que da fe de la incombustible heterogeneidad de la colección. Pero no todo fue un camino de rosas para llegar hasta allí. Ateniendo a las fechas de publicación de las obras se advierten ciertos vaivenes sin duda significativos: en 1969 se publican los seis títulos ya mencionados, y a partir de entonces la cadencia es la siguiente: 1970 (12), 1971 (8), 1972 (11), 1973 (9), 1974 (11), 1975 (11), 1976 (7), 1977 (4), 1978 (4), 1979 (4), 1980 (4), 1981 (8), 1982 (2), 1983 (9), 1984 (12), 1985 (3), 1986 (3), 1987 (4) y un solo título en 1988, 1992 y 1993: Lady sings the Blues, de Billie Holiday, y los guiones de Woody Allen Delitos y faltas y Maridos y mujeres, respectivamente.

Portada, a color, de El Caníbal (Ceremonia antropofágica), (núm. 45, volumen doble, 1973).

Por fortuna, una treintena larga de los libros de esta colección siguen aún hoy disponibles en el catálogo de Tusquets, y muchos otros de los textos se han pasado a otras colecciones (Metatemas y Fábula, sobre todo) y están también disponibles, en algunos casos en volúmenes que compendian varios de los cuadernos. Es evidente que en la concepción de una colección hoy mítica como Cuadernos Ínfimos está el germen –o como mínimo un ilustre antecedente– de muchos planteamientos que han contribuido al merecido éxito de algunas editoriales literarias independientes.

Sobre la estupidez, de Musil y prologado por Aloisio Rendi (núm. 49, medio volumen; 1974).

Fuentes:

Beatriz de Moura: Como antes, como siempre, web Tusquets (vídeo).

Big bang (núm. 57; 1974).

AA.VV., Conversaciones con editores en primera persona, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2006, pp. 173-206.

Luisa Bonilla, “La vida de los libros. Entrevista con Beatriz de Moura“, Letras Libres, enero de 2010.

José Ignacio Fernández, “Beatriz de Moura, la chica de los leotardos negros”, Círculo Cultural Faroni, 24 octubre 1212.

Ángel S. Hardinguey, “El placer de vivir entre libros (entrevista a Beatriz de Moura)“, El País, 1 de ocutubre de 2006.

Xavier Moret, “Tusquets Editores”, en Tiempo de editores. Historia de la edición en España, 1939-1975, Barcelona, Destino (Imago Mundi 19), 2002.

Tusquets Editores, Tusquets Editores 40 años. 1969-2009, Barcelona, Tusquets Editores (edición no venal), 2009.

Fernando Valls, “La fiesta de Tusquets”, La nave de los locos, 18 de junio de 2009.

Fenomenología del kitsch. Una aportación antropológica, de Ludwig Giesz (núm. 39, volumen doble; 1973).

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Esther Tusquets, editora confesa (y la Censura)

A Pilar Beltran,

tot recordant “aquella” entrevista amb l´Esther Tusquets

La creación de colecciones inolvidables como Palabra e Imagen, Palabra en el Tiempo o Lumen Femenino le ganaron a quien Carmen Balcells describió como “la gran dama de la edición” un lugar importante en la historia editorial española, del mismo modo que sus novelas y relatos (El mismo mar de todos los veranos, Correspondencia privada, Siete miradas en un mismo paisaje…) le aseguran un puesto entrañable en la memoria de los lectores de literatura. Pero Esther Tusquets (Barcelona, 1936-2012) dejó escritos además algunos libros muy útiles para todo aquel que se interese por la edición española. De 2005 son las deliciosas Confesiones de una editora poco mentirosa, aparecidas originalmente en RqueR, la aventura que emprendió con Milena Tusquets y Oscar Tusquets tras lo que Esther describió como “triste despedida” de Lumen.

Segunda edición en RqueR de las Confesiones de una editora...

Segunda edición en RqueR de las Confesiones de una editora…

Desde el limpio diseño de la portada, pasando por las guardas (en que se reproduce la página 44 de las galeradas con correcciones autógrafas), la selección de fotografías (en pliego) y el colofón, hasta la genial fotografía que ilustra la solapa (de Daniel Mordzinski), es todo él un libro de una belleza sencilla, sin estridencias, que le cuadra perfectamente a un texto del que la propia autora dejó escrito que “no es en absoluto un libro revanchista, ni un libro que pretenda poner al descubierto las lacras miserables del mundo del libro”. Por él desfilan Miguel Delibes, Ana María Matute, Camilo José Cela, Mario Vargas Llosa, Carmen Balcells, Carmen Martín Gaite, Juan Benet, Carlos Barral, Pablo Neruda, Gustavo Martín Garzo y un largo etcétera, al hilo de un relato (en 27 breves capítulos), ameno y preñado de enseñanzas, un buen humor muy refrescantre y lecciones provechosas.

La en su momento muy comentada portada de Habíamos ganado la guerra

La en su momento muy comentada portada de Habíamos ganado la guerra

Tuvo dos ediciones, y una vez desmantelada RqueR se reeditó en Ediciones B después de haberse publicado otro libro de memorias más personales en Bruguera (Habíamos ganado la guerra). Pero luego estas Confesiones quedaron subsumidas (y por tanto comercialmente heridas de gravedad) en la continuación de las memorias, publicadas también en Bruguera con el irónico título Confesiones de una vieja dama indigna. El excelente ilustrador Finn Campbell Notman creó entonces una portada alusiva a la galería de personajes que desfilan por el texto y se agradece en esta edición la ampliación del pliego de ilustraciones, reproducido en este caso en papel satinado y a color, añadiendo por ejemplo una foto de Colita que reúne a Esther Tusquets, Magda Oliver, Ana María Moix, Max Aub y su esposa Peua, Carmen Balcells y Alastair Reid o una divertidísima felicitación navideña del estudio Maspons-Ubiña, pero en cambio no se reproduce la que abría el pliego en la edición de RqueR (fechada quizás erróneamente en el verano de 1960), que muestra a unos jovencísimos Herralde y Oscar Tusquets, con sombrero y guitarreando, y a Esther con una sonrisa impagable. Y la fotografía de la autora en la solapa es en este caso una foto carmet a color bastante insulsa, que queda además estropeada por los reflejos en las gafas de la autora.

La edición en Bruguera de las Confesiones de una vieja dama indigna, presentada como segunda parte de Habíamos ganado la guerra, ilustrada por Finn Campbell Notman.

La edición en Bruguera de las Confesiones de una vieja dama indigna, presentada como segunda parte de Habíamos ganado la guerra, ilustrada por Finn Campbell Notman.

Significativo de la orientación de las ampliaciones de texto en este nuevo libro es que el capítulo “Primer encuentro con un autor importante: Ana María Matute” se convierte en “Primer encuentro con Ana María Matute y primeras escapadas a Madrid” o “Delibes, Castilla, las perdices rojas” en “Viajo a Valladolid para hablar de perdices y me libero allí por fin de la virginidad”. Ya no se trata, queda claro, de unas memorias de editora, que también, sino que Esther Tusquets muestra aquí otros aspectos de su personalidad que van bastante más allá y que constituyen una veta que reaparece en el texto memorialístico escrito a cuatro manos con su hermano Oscar, Tiempos que fueron (Bruguera, 2012). La”editora poco mentirosa” se detiene en algunos aspectos del proceso creativo que supone la elaboración de un libro y de sus condicionantes que, lógicamente, son marginales o quedan fuera de los intereses de la “dama indigna”.

Pero prueba estremecedora de la radical franqueza de Tusquets al hablar de su profesión es el siguiente pasaje de la edición de RqueR (suprimida por la “dama indigna”, como todo el capítulo en que se incluye): “Tal vez no fuera muy honesto ofrecer al público obras incompletas y alteradas, pero, de no hacerlo así, la mitad de la literatura que se publicaba en el mundo hubiera quedado inédita en castellano o nos hubiera llegado clandestinamente, como ocurría con frecuencia, en ediciones de América Latina. Así pues, a menos que las supresiones fueran brutales, nos doblegábamos a la más o menos caprichosa decisión del censor de turno” (pp. 65-66). Es realmente lamentable, además de los largos años de censura de libros franquista, que esa censura siga teniendo efecto hoy sobre quienes seguimos leyendo esos mismos libros, sea en bibliotecas públicas o en la red (y peor y más grave: en reimpresiones presentadas como reediciones).

Primera edición de las Confesiones de una editora en Ediciones B

Primera edición de las Confesiones de una editora en Ediciones B

Pocos editores españoles han dejado textos tan interesantes, jugosos y aleccionadores sobre su labor como Esther Tusquets; ninguno hay con tanta gracia, chispa e ironía (que echaremos de menos) como las Confesiones de una editora poco mentirosa. Por lo que yo sé, el mejor de todos ellos.

Y leídos los libros más o menos en la misma órbita de sus compañeros Carlos Barral, Jorge Herralde, Josep M. Castellet o Rafael Borràs Betriu, ¿no será razonable esperar que no tarde en llegar el de Beatriz de Moura? Veremos.

Fuentes:

Esther Tusquets, Confesiones de una editora poco mentirosa, Barcelona, RqueR, 2005.

Esther Tusquets, Habíamos ganado la guerra, Barcelona, Bruguera, 2007.

Esther Tusquets, Confesiones de una vieja dama indigna, Barcelona, Bruguera, 2009.

Esther y Oscar Tusquets, Tiempos que fueron, Bruguera, 2012.

Miguel Delibes, ilustrador ilustrado

En edición distinta los libros dicen cosas diferentes.

Juan Ramón Jiménez

Entre finales de 1959 y principios de 1960, el artista grabador Jaume Pla había hecho una serie de diecisiete grabados al buril con Castilla como tema con el propósito de hacer un libro para las selectas ediciones de la Rosa Vera. El primer escritor en el que pensó como autor del texto fue Camilo José Cela, pero no llegaron a un acuerdo y el escritor catalán Josep M. Espinàs le sugirió entonces a Pla proponer el proyecto a Miguel Delibes. En carta a Delibes del 13 de junio de 1960, Espinàs presenta la colección como “una extraordinaria iniciativa para revalorar –casi resucitar– el noble, antiguo y difícil arte del grabado”, a Jaume Pla como “un artista admirable” y la tarea que se le encomienda como “interpretaciones literarias de Castilla, como los grabados son interpretaciones gráficas”.

Pasado un tiempo, Jaume Pla y su esposa Nerina Bacin viajaron a Valladolid para entrevistarse con el escritior, mostrarle los grabados y contarle el proyecto: “quería que sobre cada uno de aquellos grabados que había hecho él escribiera un texto que los ilustrara”. Delibes se mostró inicialmente reacio y le propuso a cambio un inédito con el que seguramente la censura franquista se mostraría más benevolente si se presentaba en edición de bibliófilo (y por tanto en una tirada corta y dirigida a un público minoritario) que en edición comercial. El texto en cuestión era Las ratas. Pla aprovechó el tiempo para hacer un grabado más, pero deseaba unos textos inspirados por las imágenes, y finalmente logró convencer al Delibes.

Las breves historias de juventud evocadas por un campesino castellano emigrado a América que escribió el autor vallisoletano (“Las piedras negras”, “Los nublados de Virgen a Virgen”, “Sisinia, mártir de la pureza”…) se convertirían en el libro de gran formato (apaisado) Castilla (1960), prologado por Pedro Laín Entralgo, del que se tiraron 150 ejemplares (con doce preferentes que incluían encartadas las cuartillas manuscritas de Delibes) y se expuso en las galerías Syra de Barcelona y en la Sala Biosca de Madrid.

Evocando esa edición, el escritor consignó en sus obras completas (en Destino), que “no fue, pues, Pla quien ilustró mis textos, sino mis textos los que ilustraron los grabados de Pla”. Es interesante esta precisión porque poco tiempos después estos mismos textos se publicaron en lo que Jorge Herralde describió como “una estupenda y gloriosa colección en la que el texto, programáticamente, tendría igual importancia que la imagen”. En esta colección, Palabra e Imagen, Esther Tusquets había obtenido en Lumen un primer éxito inesperado de ventas con La caza de la perdiz roja (1963), con textos de Delibes y fotografías de Oriol Maspons, y para la que en carta de marzo de 1962 Delibes propone a Tusquets: “Ya sabes, aquel mamotreto de grabados que te enseñé. Julián Marías, Laín Entralgo y varias personas más creen que es lo mejor que he escrito”. El libro apareció en 1963 con el título Viejas historias de Castilla la Vieja, en el formato más habitual de la colección (21,5 x 22,5 cm), diseñado por Hans Romberg y Oscar Tusquets, con fotografías en blanco y negro de Ramon Masats impresas sobre papel cuché y el texto impreso sobre un papel acartulinado de un color terroso, entre grisáceo y verdoso. La cubierta, en cartoné, la ocupa una única fotografía apaisada.

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Edición en Palabra e Imagen, la mítica colección de Lumen.
Foto de Marcelo Caballero en Miradas Cómplices.

En este segundo caso, pues, el texto ya existente de Delibes fue ilustrado fotográficamente por Ramos Masats, y en 2010 La Fábrica lo recuperó con una portada distinta y algunas otrs diferencias. Obviamente, el texto luego se incluyo en las obras completas (que como es lógico y habitual homogeneizan todos los textos que contienen) y tuvo muchas otras ediciones, incluso de bolsillo. A partir de un mismo texto, que además el autor siempre consideró una de sus mejores obras, el lector (o el bibliómano) dispone de por lo menos tres libros bastante diferentes, es decir, de tres propuestas de experiencias estéticas notablemente distintas.

Edición de La Fábrica (2010)

Edición de La Fábrica (2010)

Fuentes:

Sobre Jaume Pla i Pallejà (1914-1995), vale mucho la pena visitar su página (en catalán) aquí, que contiene textos, bibliografías e imágenes.

Marcelo Caballero, “Palabra e Imagen: una combinación iniciática”, en Miradas complices el 12 de diciembre de 2011.

Pedro Fernández Melero, “Serie Palabra e Imagen. Editorial Lumen” (Noviembre de 2008).

Román García Domínguez, El quiosco de los helados. Miguel Delibes de cerca, Barcelona, Destino (Imago Mundi 81), 2005.

Jorge Herralde, “Esther Tusquets editora”, texto leído en el homenaje de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluya y publicado en cuarto poder aquí.

Jaume Pla, “Miguel Delibes” en Famosos i oblidats. 38 retrats de primera mà, Barcelona, La Campana (Serie Documents/Societat), 1989, pp. 71-75.

Esther Tusquets, “Delibes, Castilla, las perdices rojas”, en Confesiones de una editora poco mentirosa, Barcelona, RqueR, 2005, pp. 51-58. Hay edición en Bruguera, y una versión un poco distinta en “Miguel Delibes en el recuerdo y en el presente“, en El País, 10 de mayo de 2003.