Edición vasca en Buenos Aires

A Txetxu Barandiarán

Logo de Editorial Vasca Egin.

Pocas duda puede haber de que la dictadura franquista, fiel a su consabido lema de «una, grande y libre», hizo cuanto estuvo en su mano para diluir o eliminar toda manifestación de la cultura vasca, y la censura sobre toda lengua que no fuera «la del Imperio» afectó de un modo definitivo a la industria editorial en euskera ya durante la guerra civil. «Se evidencia el fuerte contraste entre los años anteriores al levantamiento militar, período de auténtico renacimiento cultural, y el desierto de la primera posguerra», ha escrito José Ramón Zabala en una sintética panorámica de la cuestón. A raíz de la guerra, algunas publicaciones como el periódico Euzkadi (que lo hizo entre diciembre de 1937 y enero de 1939) se establecieron en ciudades como Barcelona (donde se había trasladado el Gobierno de Euzkadi); lógicamente, allende los Pirineos, en Iparralde, no tardaron en surgir también ya durante la guerra de 1936-1939 algunas publicaciones (revistas, pequeñas editoriales asociadas a imprentas) y es el momento, en 1937, en que Euzko Deya publica en París los poemas en euskara de Miguel de Unamuno. Aun así, la editorial que más proyección e importancia tuvo durante el franquismo fue seguramente la Editorial Vasca Ekin (que puede traducirse por “insistir” o “emprender”), fundada en Buenos Aires en 1942.

Logo del Laurak Bat de Buenos Aires.

En Argentina, y particularmente en Buenos Aires, la presencia de inmigrantes vascos era algo más que significativa desde por lo menos finales del siglo XIX. Ya de 1858 se ha registrado en periódicos bonaerenses un anuncio en euskara del debut del poeta José Maria Iparraguirre, y pocos años después (1877) toma cuerpo una iniciativa de largo aliento que aún hoy sigue en activo, el centro Laurak Bat, que hasta 1888 publicó un periódico homónimo que incluía textos literarios en euskera. Entre las publicaciones argentinas que en el siglo xx aparecieron en euskara están tambien la revista La Baskonia (a partir de 1902); la antología de poemas de Alkar (1904), de Pello Maria Otaño (1857-1910), que se reeditaría en Donostia en 1930; el poema del bertsolari Kepa Enbeita “Urretxindorra” (“Ruiseñor”) (1878-1942) «Eskarrik asko», en respuesta a la «Salutación a Enbeita» que Leopoldo Lugones (1874-1938) había publicado en el suplemento cultural de La Nación en septiembre de 1923…

Kepa Enbeita.

La llegada de los exiliados vascos a Buenos Aires la propician dos circunstancias sobre todo: por un lado, la reputación de “católico” que tenía el nacionalismo vasco (muy alejada de la que tenían los comunistas o anarquistas), cosa que facilitó que tanto la burguesía como las clases dirigentes argentinas, a diferencia de lo que ocurrió en otros casos, no mirara con recelo esta nutrida entrada de exiliados republicanos. Por otro lado, y como se ha señalado, a la altura de 1939 existía ya un importante asentamiento de vascos en Buenos Aires, que contaban además con sus propios centros de cohesión y se ocuparon de contrarrestar la mala prensa de los exiliados, lo cual facilitó la integración de los nuevos emigrantes.

Sebastián de Amorrortu.

En lo que a la vida editorial vasca atañe, es importante en este sentido la existencia ya desde 1915 de la imprenta de Sebastián Amorrortu (1867-1949), quien después de haber tenido una imprenta, librería y editorial  en el País Vasco, donde publicó la obra de Sabino Arana, se trasladó a Argentina contratado por el diario Nueva Provincia, trabajó para la editorial Alfa y Omega, y finalmente creó unos talleres gráficos que no tardaron en adquirir notable importancia. Con el tiempo, además, uno de sus nietos (Horacio M. de Amorrortu) fundaría en 1967 la editorial Amorrortu, especializada en ciencias humanas (Adorno, Deleuze, Bachelard, Baudrillard…), que su hija Agustina introdujo en 2007 en Madrid, donde abrió una sede.

Andrés de Irujo.

La editorial Ekin nace en 1941 del impulso de Andrés de Irujo (1907-1993) e Isaac López Mendizábal (1879-1977)  con el apoyo económico y logístico de Amorrortu y la colaboración de Manuel de Irujo (1891-1981) y Bernardo Estornés Lasa (1907-1999), y establece su sede en la que lo era también del Laurak Bat (Belgrano 1144). Así explicó ese momento de gestación del proyecto María Elena Etcheberry de Irujo:

El proceso surge de la situación en la que vivían los exiliados tras la guerra. Mi marido pensó que la manera de dar a conocer a la gente la causa vasca y dar espacio de expresión a los intelectuales vascos era a través del libro. Él hizo esta propuesta a la delegación [del gobierno] vasca en Argentina y le dijeron que era una idea estupenda pero que hacían falta recursos económicos de los que no disponían. Andrés [de Irujo] siguió buscando recursos y gente que le acompañase en el proyecto, así se vinculó con Isaac López Mendizabal, que tenía una tradición de librero de varias generaciones y también con Sebastián Amorrortu, que fue una especie de mecenas que apoyó el proyecto. Él dio el crédito durante toda su vida, adelantaba el capital antes de editar el libro y luego, una vez que se empezaban a vender ejemplares, la editorial se lo devolvía. De esta forma y con un sistema de suscriptores que tenían voluntad de apoyar el proyecto se empezaron a editar los primeros títulos de Ekin.

Isaac López Mendizábal.

La colección quizá más importante de la editorial, la Biblioteca de Cultura Vasca (conocida popularmente como “colección Ekin”) emprende su andadura con la reedición de El genio de Nabarra, de Arturo Campion, y da ya una idea de cuáles son los objetivos, el público y la orientación de la editorial. Según lo interpreta Óscar Álvarez Gila:

…se entendió desde el comienzo que su principal -por no decir único y natural- destinatario no era otro que el público vasco, no sólo el del exilio, sino también el del interior, es decir, el que permanecía sojuzgado por la dictadura franquista […] en el fondo, se trataba de un medio para llevar a cabo y fortalecer desde el exterior la resistencia contra el régimen de Franco, ofreciendo además un refugio para el cultivo y la difusión de la cultura vasca en su más amplia acepción, en unos momentos en que se hallaba fuertemente reprimida en el propio País Vasco. Ekin, por lo tanto, nacía mirando hacia Euskal Herria, y siempre desde una óptica próxima al nacionalismo, dos rasgos ambos que, en buena lógica, vinieron a determinar profundamente el alcance y contenido de su Biblioteca de Cultura Vasca.

Joañixio, Buenos Aires, de Jon Andoni Irazusta (Buenos Aires, Ekin, 1946).

La viuda de Andrés de Irujo, en la entrevista ya citada, va incluso un poco más allá en esta explicación: «el público al que se dirigían los libros no eran sólo vascos, sino que también se pretendía dar a conocer al mundo la realidad vasca. Además, Ekin era el espacio para que los creadores e intelectuales vascos pudieran dar a conocer sus trabajos». En este sentido –y teniendo en cuenta que la guerra civil española estalla en un momento en que desde el punto de vista normativo el euskara no era una lengua unificada– algunas de las de las ediciones más importantes fueron las obras de Isaac López Mendizábal, entre ellas, La Lengua vasca. Gramática. Conversación. Diccionario (1943),  La lengua vasca (1949), Gramática vasca abreviada. Con vocabularios vasco-castellano y castellano-vasco (1954).

Teatro Vasco, de Ruiz Añibarro (Buenos Aires, Ekin, 1954).

Tras una primera etapa en la que predomina la actualidad y el pasado más inmediato de guerra y exilio (Los Vascos y la República Española, de A. de Lizarra, pseudónimo de Andrés de Irujo, o el testimonio Los vascos en el Madrid sitiado, de Jesús Galíndez, por ejemplo), otro ámbito de actuación importante de Ekin fue, pues, la divulgación de la historia cultural vasca.

Sin embargo, resultan muy interesantes también las reediciones y ediciones de literatura, que muy a menudo no andan lejos de esa línea de reflexión sobre el pasado. Pueden mencionarse, a título puramente ilustrativo, la primera novela del exilio, Joanixio (1946), de Jon Andoni Irazusta (1882-1952); la  novela sobre la guerra de José Eizagirre Ekaitzpean (1948); Bizia garratza ba (1950) de Irazusta; un volumen de Teatro vasco (1954), del guipuzcoano Victor Ruiz Añibarro, que incluía El bardo de Itzaltu, El árbol dio una canción y la pieza humorística Mujeres en berrigorría (estrenada en el Casal Català de Buenos Aires el 6 de agosto de 1949) o ya años más tarde, en 1963, la pieza en dos actos de Enrique García Velloso (1880-1938)  Gerniako Arbola, en edición bilingüe (versión en euskara de Jaka Kortejarena) y prólogo de Leonidas de Vedia.

Jesús de Galíndez, a quien Vázquez Montalbán dedicó una famosa novela.

Finalmente, traducciones al euskara como la del Martín Fierro de José Hernández que llevó a cabo Jaka Kortejarena o la del Hamlet que firmó Bingen Amézaga constituyen otras muestras de un empeño muy notable por conservar viva la lengua y mantener el hilo de continuidad con el patrimonio cultural heredado. Otra cuestión era la logística necesaria para lograr que esos libros, sobre todo a través de los Pirineos, llegaran a los vascos de que permanecían en el interior o que habían regresado a él, una historia que esta llena de anécdotas legendarias.

El acuerdo establecido con la editorial Txalaparta ha permitido que en los últimos años estas pequeñas joyas bibliográficas llegaran a la Península e incluso que se iniciara un proceso de reedición de estas obras, entre cuyos primeros resultados se cuentan obras tan importantes como Inglaterra y los vascos, de Manuel de Irujo, y Los vascos en el Madrid sitiado, de Galíndez, prologado por Josu Chueca.

Fuentes:

Web de Ekin: http://editorialvascaekin-ekinargitaletxea.blogspot.com.es/

Web de Amorrortu Editores: http://www.amorrortueditores.com/quienes_somos.php

Gerniako Arbola, de García Velloso (Buenos Aires, Ekin, 1963).

Carlos Alfieri, “Editoriales argentinas: el viaje inverso”, Abc, 1 de abril de 2007.

Óscar Álvarez Gila, “La Editoral Ekin de Buenos Aires”, Euskonews & Media, núm. 72 (24-31 de marzo de 2000), y también en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes 2002.

Enrique Aramburu y Mikel Eskerro, “Historia del euskara en la Argentina”, juandegaray.org, 6 de junio de 2002.

José Ángel Ascunce Arrieta, “El teatro en el exilio vasco: fenómeno dramático y género literario”, en AA.VV., El exilio teatral republicano de 1939, Sant Cugat del Vallès, Gexel, 1999, pp. 97-117.

Hamaika Bide Alkarteia. La cultura de los exilios vascos.

Mikel Ezkerro, “Rubén Darío, Leopoldo Lugones y los vascos de Argentina”, euskosare.org, 12 de julio de 2007.

María Luisa San Miguel, “Historia y filosofía de una revista del exilio: Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos”, en Manuel Aznar Soler, ed., Escritores, editoriales y revistas del Exilio Republicano de 1939, Sevilla, Gexel-Renacimiento, 2006, pp. 1049-1056.

José Ramón Zabala, “La lengua desterrada. Literatura del exilio en euskara”, en Manuel Aznar Soler, Las literaturas exiliadas en 1939, Sant Cugat del Vallès, Gexel- Cop d´Idees (Sinaia 1), 1995, pp.51-56.

 

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3 pensamientos en “Edición vasca en Buenos Aires

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