Libros en francés en México. La segunda etapa de Quetzal.

Exlibris de Costa-Amic.

En su exilio en México, el que llegaría a ser el gran editor Bartomeu Costa-Amic (1911-2002) hizo sin apenas pausa dos tentativas de iniciar negocios editoriales antes de hacerse cargo de Quetzal, la empresa unipersonal creada por el escritor aragonés Ramón J. Sender (1982).

El primero de ellos, Ediciones Libres, fue un proyecto colectivo en que que participaron también Julián Gorkín (Julián Gómez García, 1901-1987), Ermilo Abreu Gómez, José Muñoz Costa y Daniel Castañeda, y contó con la colaboración de Marceau Pivert y Víctor Serge (1890-1947), además de los valiosos conocimientos que podía aportar el legendario impresor y encuadernador Jacob (o Jack) Abrams (1894-1980), quien, residente en México desde 1926, mantenía lazos de amistad con el grupo Tierra y Libertad. Ediciones Libres publicó sólo tres libros, de los que he sido capaz de identificar Retrato de Stalin (1940), de Víctor Serge en traducción y con prefacio de Julián Gorkín, y al año siguiente Balance de Agustín Lara, un libro luego muy apreciado por los musicólogos, del profesor de composición del Conservatorio Nacional Daniel Castañeda.

El segundo intento de Costa-Amic, desbaratado el primero por previsibles dificultades económicas, pudo llevarlo a cabo gracias a la contribución de dos hermanos judíos de origen polaco, los Kluger. Según cuenta Víctor Alba en el segundo volumen de sus memorias (Sísif y el seu temps), la principal ocupación de Sidney Kluger, además de director ejecutivo de la Congregación Shearith Israel de México, era organizar campañas para recaudar fondos para las más diversas iniciativas (entre las que se contaban, por ejemplo, la lucha de grupos terroristas que en Palestina estaban combatiendo a los ingleses), pero más adelante, en 1966, Kluger se haría célebre como fundador del la Book Bank USA, organización destinada a proveer de libros técnicos y escolares a los necesitados.

Sidney Kluger (1912-2006).

Esta segunda empresa de Costa-Amic y Gorkín tomó el nombre Publicaciones Panamericanas, cuyo primer título probablemente fuera De Versalles a Compiegne. ¿A dónde va Francia?, de Marceau Pivert, acompañado de un prefacio de Julián Gorkín y en traducción del pedagogo y dirigente poumista Enric Adroher i Pascual (1908-1987), conocido también como Gironella, De la relación que esta empresa tuvo con Sender es prueba que uno de sus primeros títulos fuera la reedición de  la novela del escritor aragonés Orden Púiblico (1941), aparecida originalmente en la madrileña Cénit en 1931, que en la contraportada se planteaba como el inicio de un proyecto que debía incluir también las reediciones de La noche de las cien cabezas y Viaje a la aldea del crimen, publicadas ambas por Editorial Pueyo en 1934. Publicó también Costa-Amic, con prólogo de Sender, la traducción que Ceferino Palencia (1889-1963) hizo de El indio y su destino, obra del especialista en historia de los indígenas americanos y Premio Pulitzer Oliver La Farge (que por aquel entonces presidía la American Association on Indian Affairs), quien en 1940 acababa de publicar en Inglaterra, nada menos que en la prestigiosa editorial Jonathan Cape, su traducción de la novela de Sender El lugar de un hombre (traducción publicada originalmente en Nueva York por Duell, Sloan & Pierce).

La producción de las Publicaciones Panamericanas, antes de disolverse, se completaron ese mismo año 1941 con Héroes de la civilización, de Joseph Cottler y Haya Jaffee, ¿Qué hará Norteamérica? de Henry A. Wallace, y Retoño, de Jean Giono, en traducción de Julián Gorkín, autor también del prefacio que la acompaña.

En cuanto a Sender, después de haber publicado Proverbio de la muerteEl lugar del hombre, Hernán Cortés y Mexciayótl, acompañados de algunos libros de Marcel Prenant y Mauricio Magdaleno, mediado 1941 tenía la firme intención de establecerse en Estados Unidos, por lo que traspasó por 100 o 150 dólares sus Ediciones Quetzal a la sociedad creada a tal efecto por Costa-Amic, Gorkín y Michel Berveiller, Quetzal, S.A., que contaban con el respaldo financiero de personalidades con las que Berveiller mantenía contactos profesionales y de amistad . Una de las primeras cosas que hizo ese mismo año la editorial fue abrir una librería, que no tardó en convertirse en centro de reunión de los franceses establecidos en la capital mexicana (como consecuencia de la guerra mundial), así como la revista Análisis. Revista de Hechos e Ideas (primer número de enero de 1942, pero de publicación irregular), en la que reaparecen los nombres de Gorkín, Pivert, Regles, Serge..

Se hace difícil precisar qué libros son los primeros de esta nueva etapa de las Ediciones Quetzal, porque es posible que aparecieran obras programadas por Sender cuando éste ya no se encontraba en México; muy probablemente es el caso de Torbellino (un hombre de treinta años), de Alejandro Gómez Maganda (1910-1984), de Hombres contra Hitler, de Fritz Max Cahen (1891-1966), en traducción de Concha de Albornoz (1900-1972), y de Páginas del destierro, de Álvaro de Albornoz Liminiana (1879-1954).

Julián Gorkín.

El libro fronterizo o gozne entre una etapa y la otra es quizás el por entonces inédito en francés Hitler contra Stalin. La fase decisiva de la guerra mundial, de Victor Serge, aparecido también en 1941. Acerca de su publicación, el propio Gorkín dejó un testimonio valioso:

Coincidiendo con el asesinato de Trotski, publiqué su Retrato de Stalin en una pequeña editorial fundada con mucha voluntad y escasos medios [Ediciones Libres]. Fracasó la empresa, pero ahí quedaba el libro. Media docena de miembros de la rica colonia francesa, que querían encenderle una vela en público a la Francia Libre mientras le encendían otra en privado a la Francia de Vichy, me proporcionaron unos miles de pesos para la fundación de otra editorial [Ediciones Quetzal]. Acababa de llegar Serge a Santo Domingo cuando invadió Hitler a la URSS por sorpresa. Le cablegrafié: «Prepárame el texto de un libro a toda prisa». Agobiado por el calor tropical y por el sentimiento de que «durante estos mismos días, se fusila en las prisiones de Rusia a mis últimos camaradas», escribió en un mes un libro fuerte y ágil: Hitler contra Stalin.

Por su parte, en carta al artista y escritor español exiliado en la República Dominicana Eugenio Granell (1912-2001) fechada el 10 de junio de 1941, escribía Costa-Amic: «Personalmente creo que sería mejor poner una tienda de abarrotes (comestibles y bebestibles), pero mientras haya gente que quiera exponer dinero, pues nosotros adelante».

André Bretón y Eugenio Granell.

Según contó él mismo, Sender había conocido a Victor Serge en casa del director del Banco Nacional de México, Eduardo Villaseñor, cuya esposa convocaba tertulias “afrancesadas” en las que tuvo ocasión de conocer también a a Romain Rolland, a Gustav Regler y coincidió con exiliados republicanos como Enrique Díez-Canedo y León Felipe. Estos círculos eran los que frecuentaba también Berveiller, director del Liceo Francés, en cuya casa conoció Sender a Jules Romains y André Maurois, y a esos mismos círculos de patrocinadores parece aludir Gorkín.

Hitler contra Stalin pertenece, pues, a esa segunda etapa de Ediciones Quetzal, en la que los cambios más evidentes son la desaparición de la serie Un Hombre y una época y  el desplazamiento de la narrativa a una posición residual, si bien el mayor éxito de Quetzal  fue precisamente Clochemerle, de Gabriel Chevalier (con la que se estrenaba la colección Novelas y Cuentos, que venía a sustituir a Las Mejores Novelas de Publicaciones Panamericanas). Costa-Amic describía así la novela satírica de Chevalier:

un libro francés muy cachondo, muy divertido… Este libro fue un éxito porque pronto se agotó una edición [la segunda es de 1942 y tercera de 1947)… Nunca habíamos visto esto en México, los libros se vendían máximo 100 y los demás se tiraban en bodega.

Gabriel Chevalier (1895-1969).

También pueden situarse en esta segunda etapa los títulos de la colección Nuestro Tiempo, que había nacido en el seno de las fugaces Publicaciones Panamericanas, como es el caso de ¿Qué hará Norteamérica?, del por aquel entonces secretario de Agricultura de Estados Unidos Henry A. Wallace, ¿Adónde va Francia?, de Marceau Pivert, y uno de los mayores éxitos de esta empresa: Cómo conseguir y conservar un marido, de Dorothy Dix, traducido por Ernestina de Champurcín y del que se llegaron a vender 40.000 ejemplares.

Teresa Férriz, quien más y mejor ha estudiado la obra de Costa-Amic, atribuye a Michel Berveiller la dirección de Quetzal, S.A. en unos primeros meses, tras los cuales en 1942 y hasta 1944 la asume Gorkín. Sin embargo, da la impresión de que el primero se ocupara de las publicaciones de origen francófono, en calidad quizá de director editorial, mientras que el segundo de las obras del ámbito hispánico (quizá fuera el principal impulsor o valedor de la colección Nuestro Tiempo) y Costa-Amic se hiciera cargo fundamentalmente de la producción editorial y de las tareas administrativas y de gestión.

Bartomeu Costa-Amic.

Si uno de los puntales era la colección dedicada a los temas de actualidad (Nuestro Tiempo), lo singular de Quetzal en esos años es su dedicación a dobles ediciones (en lengua original y en traducción al español) de libros importantes de la literatura francesa con los que se pretendía, por un lado, divulgar en México la mejor literatura francesa, y por el otro  suplir el parón de la edición en Francia como consecuencia de la Ocupación alemana. Además, un cliente prioritario era la legendaria librería neoyorkina Brentano´s, fundada en 1853 y especializada en literatura francesa, así como los lectores francófonos de Canadà. Así explica Férriz el éxito relativo de esta línea editorial:

funcionó durante unos cuantos años, sobre todo gracias a sus exportaciones a la región francófona del Canadá, donde la casa Valiquette no satisfacía ya toda la demanda de libros en francés, incrementada considerablemente a consecuencia de la segunda guerra mundial y la consiguiente anulación de las exportaciones francesas. Ediciones Quetzal publicó, tanto para este mercado canadiense como para el nacional, una colección de más de quince clásicos franceses, cuyos primeros títulos fueron la edición original y la traducción, en volúmenes distintos, de Le misanthrope de Molière (en traducción de Florisel), Candide ou l’optimisme traducido por F. G. Ascot (1942), Le petit bois de Jules Supervielle (1942) y La faiseur de prestiges de Michel Berveiller (1943).

La Librería Brentano´s en la Quinta Avenida (Nueva York).

No es de extrañar tampoco, que junto a este amplio y diversificado catálogo (ver anexo), fuera en Quetzal donde en 1942 apareciera otra de las novelas fundamentales de Sender, Epitalamio del prieto Trinidad.

Interior de Epitalamio del Prieto Trinidad en Quetzal.

Fuentes:

Fabienne Bradu, “Bartomeu Costa-Amic”, Vuelta, núm. 253 (1997), pp. 41-45.

Francisco Carrasquer, La Integral de ambos mundos. Sender, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 1994.

Teresa Férriz Roure, “Bartomeu Costa-Amic, un editor catalá a Mèxic”, Revista de Catalunya, octubre de 1997, pp. 113-137.

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Jalisco, El Colegio de Jalisco, 1998.

Teresa Férriz Roure, “Bartomeu Costa-Amic, in memoriam (1911-2002)”, Migraciones y Exilios núm. 3 (2002), pp. 235-264.

Julián Gorkín, “La muerte en México de Victor Serge” (París, marzo de 1957), en los Archivos de la Fundación Andreu Nin.

José Carlos Mainer, “Resituación de Sender”, en AA.VV., Ramón J. Sender. In memoriam, Zaragoza, Diputación de Aragón, 1983, pp. 5-23.

Antonio Villanueva, “Un prólogo olvidado de Ramón J. Sender”, Trébede, núm. 45 (diciembre de 200), pp. 66-70.

Jesús Vived Mayral, Ramón J. Sender. Biografía (Páginas de Espuma (Voces 14),2002.

Víctor Alba, Sísif i el seu temps II Costa amunt, Barcelona, Laertes, 1990.

ANEXO. OBRAS LOCALIZADAS DE QUETZAL

Ramón J. Sender, Proverbio de la muerte, impreso en Cooperación Gráfica, 1939.

Ramón J. Sender, El lugar del hombre, 1939.

Jean Cassou, Cervantes, Un hombre y una época, 1939.

Ramón J. Sender, Hernán Cortés. Retablo en dos partes y once cuadros, 1940.

Ramón J. Sender, Mexicayotl, con viñetas de Darío Carmona, 1940.

Marcel Prenant, Darwin. Un hombre y una época, traducción de Francisco Pina, 1940.

Mauricio Magdaleno, Fulgor de Martí, colección Un hombre y una época, 1940.

Alejandro Gómez Maganda, Torbellino (un hombre de treinta años), prólogo del autor, 1941.

F.M. Cahen, Hombres contra Hitler, traducción de Aurora de Albornoz, 1941.

Álvaro de Albornoz, Páginas del destierro, 1941.

Dorothy Dix, Cómo conseguir y conservar un marido, traducción de Ernestina de Champurcín (colección Nuestro Tiempo), 1941.

Julián Gorkín, Caníbales políticos. Hitler y Stalin en España, ¿1941?

Victor Serge, Hitler contra Stalin. La fase decisiva de la guerra mundial, traducción de Enric Adroher a partir de un original por entonces inédito en francés (L´empire nazi contre le peuple russe), 1941.

Según declaraciones de Costa-Amic, la imagen es de Remedios Varo. No sé yo.

Gabriel Chevalier, Clochemerle, colección Oeuvres Eternelles, 1942. Portada de Remedios Varo. Más de 2.000 ejemplares vendidos.

Clara Leiser, Refugiados a través de Europa en fuego, relato personal de dos arios a quienes la brutalidad nazi no logró aplastar (colección Nuestro Tiempo), traducción de Elli R. y Julio Luelmo, marzo de 1942.

Denis Diderot, Sobrino de Rameau, con introducción y notas de R. Sánchez de Ocaña, 1942.

Alfred de Musset, Caprices de Marianne & Fantasio, Les Oeuvres eternelles, 1942.

Molière, Misanthrope, comédie en cinq actes en vers, avec un avantpropos et notes historique et critiques (El Misántropo, traducción de Ricardo Valcárcel), colección Las Obras Eternas 1 (Sección Clásicos Franceses), 1942.Colección Las Obras Eternas, 1942.

Jules Romains, Misión o dimisión de Francia, texto de una conferencia dada en el Teatro Palacio Bellas Artes de México el 7 de mayo de 1942, traducción de Pablo Macedo, colección Nuestro Tiempo, 1942.

Jules Romains, Mission ou démission de la France, Collection Renaissance 1, 1942.

Jules Supervielle, Ce petit bois et autres contes, ilustraciones de Ramón Gaya, Collection Renaissance 2, edición limitada y numerada de 1.200 ejemplares, 1942.

Paul Reaynaud, Advertencia a Francia (Le problème militaire français), 1942.

Ramón J. Sender, Epitalamio del Prieto Trinidad, 1942.

Capital von Rinteler, El oscuro invasor, colección Nuestro Tiempo, 1942.

Margarita Urueta, San Lunes (incluye las obras teatrales: San Lunes, Una hora de vida y Mansión para turistas), 1943.

Rafael Bernal, Improperio a Nueva York y otros poemas, 1943.

Manha Garreau-Dombasle, Masque, collection Renaissance 3, 1943.

Roger Caillois, La communion des forts. Études de sociologie contemporaine, colección Renaissance 4, 1943.

Michel Berveiller, Le faisseur de prestiges, pièce en trois actes et neuf tableaux, Renaissance, 1943.

Giuseppe Garretto, Serpa Pinto, pueblos en la tormenta (versión española de Félix Samper y Cabello), 1943.

Jacques Maritain, El crepúsculo de la civilización, traducción de Agustí Bartra, colección Nuestro Tiempo, 1944.

Claudio de Souza, Les derniers jours de Stefan Zweig, prefacio de André Maurois, colección Lettres Facsímile, 1944.

Mallarmé, Poesies,  realizada a partir de una edición de Émilie Noulet, 1944.

Pierre Mabille, Le Merveilleux, Impreso en Biblioteca Catalana, 1945.

Charles Baudelaire, Mon Coeur mis à un. Fusées, Choix de maximes consolantes sur l´amour, prefacio de M. Mespoulet, 1945.

 

Autopublicación. El caso de Ramón J. Sender

Todavía no había concluido la guerra civil española cuando, tras su fugaz paso por Francia y Estados Unidos, Ramón J. Sender (1901-1982) llegaba a México, y, como no podía ser de otra manera, uno de sus primeros objetivos era publicar el libro que había estado escribiendo en el barco que le trasladó a América (Proverbio de la muerte) y el que escribió inmediatamente al llegar (El lugar del hombre).

En un país donde no disponía de los contactos necesarios y en un ambiente cultural que aún no dominaba, no es raro que pronto optara por crear una editorial en la que dar salida a las obras que por aquellos años estaba escribiendo, en la que era además una de sus mejores rachas creativas.

Sin embargo, no contaba con los fondos necesarios para llevar a cabo una empresa semejante, pues mientras residía en la calle Niza, 40 de la capital mexicana solicitó el 9 de septiembre de 1939 al Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles un préstamo de 40.000 pesos (que se le denegó con fecha de 30 de abril de 1940), pero en el ínterin el escritor aragonés ya había puesto en pie las Ediciones Quetzal, que publicaría sus primeras obras en México.

Sir Peter Chalmers-Mitchell (1864-1945), traductor al inglés de Contraataque, Mr. Witt en el Cantón y Siete domingos rojos.

Hay constancia de que la prestigiosa editorial londinense Faber & Faber (bajo la égida de T. S. Eliot) le envió el importe de liquidaciones atrasadas, y es posible que otras editoriales hicieran lo mismo, pues a esas alturas sus novelas eran ampliamente publicadas –y con muy buena crítica– en diversos países: en 1934 Imán había aparecido en traducción de James Cleugh simultáneamente en Inglaterra (en Wishart & Company) y Estados Unidos (en Houghton Miffin Co.), que Paul Allen elogió en el New York Herald Tribune; al año siguiente Horace Liveright había publicado en Nueva York Siete domingos rojos, en versión de sir Peter Chalmers Mitchell, obra que en 1938 se incorporaría al catálogo de Penguin; en 1937 Houghton Miffin Co. había dado a la imprenta en Boston la traducción al inglés de Contraaataque y en Les Éditions Sociales de París había aparecido la versión francesa de Georges Bénichou, mientras que ese mismo año Faber and Faber ponía a la venta la traducción de sir Peter Chalmers-Mitchell de Mr. Witt en el Cantón (que al año siguiente publicaría Houghton Mifflin en Estados Unidos) y a ello hay que añadir las publicaciones en las mejores revistas de sus cuentos y relatos (la Partisan Review, donde por entonces publicaban Auden, Saul Below o Edmund Wilson, o la Kenion Review, donde son habituales las firmas de Penn Warren, Cleanth Books y otros grandes de la Fraternidad de Escritores del Sur).

Robert Penn Warren (1905-1985), de pie, con Saul Bellow (1915-205) en 1972.

Entrevistado por Baltasar Porcel para Personajes excitantes (Plaza & Janés, 1978), el propio Sender aludiría a que esos ingresos procedentes sobre todo de editoriales estadounidenses (aún no afectadas de pleno por la guerra mundial) y en menor medida inglesas, le ayudaron a subsistir en la capital mexicana:

México nos ayudó mucho, aunque yo no gané un solo peso mexicano en todo el tiempo que estuve allí. Vivía de ocasionales derechos de autor que llegaban de Inglaterra o Estados Unidos. Por eso, sintiéndolo mucho –porque yo amo a México de veras– tuve que salir para Estados Unidos, donde enseguida las universidades me buscaron.

 

Miguel Ángel Asturias en 1932.

Pese a esas dificultades económicas, en 1939 conseguía sacar a la luz tres libros de sus recién creadas Ediciones Quetzal: sus novelas Proverbio de la muerte y El lugar del hombre e iniciaba una colección titulada Un hombre y una Época con la traducción de Francisco Pina Brotóns del Cervantes escrito por el hispanista francés Jean Cassou (1897-1986), quien en 1937 había publicado en Gallimard una traducción de Las novelas ejemplares cervantinas. Algún testimonio de los apoyos recibidos por Sender en esta empresa sí existe, y se refiere nada menos que a quien llegaría a ser Premio Lenin de la Paz y Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias (1899-1984), acerca de cuya obra ya en 1930 había publicado Sender “Un poeta de Guatemala” (El Imparcial, 26 de julio):

Gracias a la intervención de Miguel Ángel Asturias cerca del monopolio del papel se consiguió buen papel y en mayor cantidad del que esperábamos. Le dije que no tenía dinero para el pago. “No te preocupes”, me dijo, “me firmarán unas letras que iremos renovando”. Y así lo hicimos, hasta que unos meses después dejaron de reclamarlas.

Sólo puede conjeturarse acerca de si en la estancia, en cualquier caso breve, de Sender en Guatemala tuvo alguna intervención Miguel Ángel Asturias. En cualquier caso, apenas llevaba tres meses en México cuando Sender ya estaba gestionando su traslado a Estados Unidos, que veía difícil a raíz del hecho de que un funcionario le retuviera el pasaporte para tramitarle la naturalización, y, aparentemente, lo extraviara (lo que dificultaba la posibilidad de acceder a un visado de entrada en Estados Unidos). Jesús Vived Mairal recrea ese episodio en la excelente biografía que dedicó a Sender y detalla la intervención decisiva para resolverlo del poeta y alto funcionario de la Secretaría de Relaciones Exteriores Jaime Torres Bodet, a quien Sender conocía de su etapa como secretario de la embajada mexicana en España en los años veinte. Finalmente, mediado 1941 pudo Sender viajar al país vecino, donde residiría hasta el final de sus días.

Los siguientes títulos que aparecieron en Ediciones Quetzal fueron, ya en 1940 y en la colección Un hombre y una Época , Hernán Cortés, “retablo en dos partes y once cuadros”, que Sender había escrito en respuesta a la petición que en sus primeras semanas en México le había hecho el actor vasco  Benito Cibrián (1890-1974), quien deseaba estrenar en el Teatro Bellas Artes una obra que tratara la historia común de España y México con la compañía que tenía con su esposa Pepita Melià (1893-1990); y en la misma colección se publicaba ese mismo año Darwin, de Marcel Prenant (traducido por el crítico cinematográfico exiliado Francisco Pina Brotóns) y Fulgor de Martí, de Mauricio Magdaleno, de cuyo volumen de Teatro revolucionario (Madrid, Cénit, 1933), Sender había escrito una elogiosa reseña para el periódico madrileño Libertad en 1933 que propició el encuentro personal en la capital madrileña; y en diciembre de 1940 aparecía en Quetzal el libro de cuentos de Sender Mexicayót,(con viñetas del pintor y escritor malagueño Darío Carmona), donde se expresa con enorme fuerza la asimilación que el escritor aragonés estaba llevando a cabo de la historia, la cultura y las costumbres del país que le acogía. Unos años más tarde (en 1945), uno de los cuentos incluidos en este libro, “El zopilote”, lo traduciría para The Modern Magazine nada más y nada menos que Paul Bowles (1910-1999).

Se hace difícil fechar con precisión cuándo desistió Sender de sus intentos editoriales, que tuvieron sin embargo continuidad en manos de una sociedad anónima capitaneada por Bartomeu Costa-Amic, Julián Gorkín y Michel Berveiller, con el apoyo económico de un grupo de inversores franceses establecidos en México como consecuencia de la guerra mundial. Por ello, es difícil establecer qué títulos publicados entre 1941 y 1944 (fecha en que la sociedad se disolvió) corresponden a decisiones y desvelos del escritor aragonés. Aun así, parece deberse a Sender la publicación en 1941 de Torbellino (un hombre de treinta años), del político y escritor mexicano Alejandro Gómez Maganda (1910-1984), de Hombres contra Hitler, de Fritz Max Cahen (1891-1966), en traducción de Concha de Albornoz (1900-1972) y de Páginas del destierro, de Álvaro de Albornoz Salas (a quien conocía desde por lo menos los años veinte en su época de periodista en Madrid), mientras que es más difícil aún dilucidar si pertenece ya a la segunda etapa de Ediciones Quetzal la publicación de Victor Serge, Hitler contra Stalin. La fase decisiva de la guerra mundial, en traducción del maestro poumista Enric Adroher i Pascual (“Gironella”) (1908-1987)  a partir de un original por entonces inédito en francés (L´empire nazi contre le peuple russe) ese mismo año 1941. Lo cierto es que Sender conocía bien no sólo a Serge, sino también a Adorher, pero quizá este texto llegara ya a través de Costa-Amic o de Berveiller.

En cualquier caso, más adelante aún apareció en Quetzal la primera edición de la novela de Sender Epitalamio del prieto Trinidad (1942), con cubierta de Carmona, que Francisco Carrasquer consideró “la más completa orquestración de las partituras senderianas de ultramar. Sobre todo, atendiendo a las modulaciones de contrapunto”, y Manuel Andújar “una de las contribuciones más importantes del exilio republicano [que] ocupa aún hoy sitio preferente en cualquier recuento de América Latina, a pesar de que el reconocimiento popular y el oficial dique académico incurran en semejantes distracciones”. Ese mismo año la poderosa editorial Doubleday (cuando aún estaba a su frente Nelson Doubleday), publicaba la traducción que de esta novela hizo Eleanor Clark, que a su vez provocó una reseña entusiasta del gran Lionel Trilling (1905-1975) en Nation. Se anunció también en Quetzal un Valle Inclán, presumiblemente en la colección Un hombre y una Época, que no llegó a buen puerto.

Es significativo que esta producción literaria de los años iniciales del exilio publicada en sus propias Ediciones Quetzal se viera Sender en la necesidad de reelaborarla de cabo a rabo en años sucesivos. Así, reescribió Proverbio de la muerte hasta convertirla en La esfera (Buenos Aires, Ediciones Siglo XX, 1947),  El lugar del hombre fue sometida a una revisión que cambió incluso el título: El lugar de un hombre (México, Ediciones CNT, 1958); la obra teatral Hernán Cortés se reconvirtió y diluyó su forma teatral en Jubileo en el Zócalo (Nueva York, Appleton Century Crofts, 1964), y sólo algunos de los  cuentos de Mexciayótl se aprovecharon, reelaborados y en algún caso con títulos nuevos, al incorporarlos a Novelas ejemplares de Cíbola (Nueva York, Las Americas Publishing, 1961).

Podría concluirse, pues, que si económicamente la empresa de Sender fue poco menos que un desastre absoluto, como escritor acumuló un material muy valioso que, sin embargo, al parecer no fue inicialmente objeto del proceso de edición que merecía, y en consecuencia pasado el tiempo tuvo que someterlo a revisiones, en algunos casos notablemente severas o de bastante calado.

Fuentes:

Fabienne Bradu, “Bartomeu Costa-Amic”, Vuelta, núm. 253 (1997), pp. 41-45.

Francisco Carrasquer, La Integral de ambos mundos. Sender, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 1994.

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Jalisco, El Colegio de Jalisco, 1998.

aedf6-ramon-senderJosé Carlos Mainer, “Resituación de Sender”, en AA.VV., Ramón J. Sender. In memoriam, Zaragoza, Diputación de Aragón, 1983, pp. 5-23.

Jesús Vived Mayral, Ramón J. Sender. Biografía (Páginas de Espuma (Voces 14),2002.

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