Pareja Editor sin pareja

José María Pareja entró en el mundo de la edición de la mano de Rafael Borràs Betriu, quien andaba buscando a alguien que se ocupara de la parte administrativa de un proyecto personal, pero cuando, tras menos de un año de actividad en común, Borràs le propuso comprarle su parte o venderle la suya propia, Pareja optó por quedarse con la editorial y rebautizarla como Pareja Editor, si bien es muy probable que los primeros títulos que aparecieron con este sello (quizá todos) ya estuvieran programados y preparados mientras trabajaban juntos como Pareja y Borràs Editores.

Luys Santa Marina.

Por un lado, aparecen bajo el sello de Pareja Editor los dos títulos con que se completa la decena que forman la colección de narrativa El Reloj de Sol, sin duda y con diferencia la más longeva e importante, hasta el punto de constituir el fundamento principal de la empresa. A quien fuera director y cabeza visible de la revista Azor, Luys Santa Marina, le publica Pareja Ada y Gabrielle (1959), un conjunto de prosas muy en la línea de los de Karla y otras sombras (Luis de Caralt, 1956), y la colección se cierra con Mientras esperamos, del filósofo y posteriormente editor Carlos Gurméndez, que aparece ya en 1960. El hecho mismo de que en la segunda mitad de 1959 sólo aparezca un título en esta colección ya es indicativo de la fase en la que estaba entrando este proyecto.

También de 1959 es la publicación del segundo y último número de la colección Moneda al Aire (que había abierto Jurado Morales), La nave de Pedro, de Teresa R. Valdés, obra cuya mayor singularidad es sin duda la aparición del prólogo una vez iniciada ya la narración de la novela, aduciendo que “los prólogos son siempre odiados por el lector y casi nunca se leen”, por lo que decide “intercalarlo en el preciso momento en que mi novela empieza a interesarte”.

José Jurado Morales.

Sin duda el proyecto más ambicioso, y del que más ejemplares se encuentran hoy en las librerías de viejo, es la publicación de todos los galardonados con el Premio de Novela Ciudad de Barcelona, de los que sólo llegaron a aparecer dos volúmenes, ambos en 1959. El primero contenía las obras vencedoras en las ediciones  1943 a 1953, es decir, Patapalo, de Bartolomé Soler, Cuando voy a morir, de Ricardo Fernández de la Reguera, Don Ramiro el Grande, de Joaquín Montaner, Amorrortu, de Juan Antonio Espinosa, y Cuerda de presos, de Tomás Salvador, mientras que en el segundo (1954-1958), después de un prólogo del crítico y traductor Enrique Sordo Lamadrid, aparecían las obras premiadas de Carmen Kurtz (Duermen bajo las estrellas), Mario Lacruz (La tarde), Mercedes Salisachs (Una mujer llega al pueblo), José María Castillo Navarro (Las uñas del miedo) y Carlos Rojas (El asesino del César).

Adro Xavier (1910-1998).

La última obra publicada en 1959 por Pareja Editor es La otra fraternidad, del polígrafo franciscano Alejandro Rey-Stolle Pedrosa, de mucho éxito en esos años con el seudónimo Adro Xavier. Apenas dos años más tarde, en 1961, y una vez desaparecida la editorial Pareja, este mismo título volvía a estar en las librerías gracias a Juan Flors.

Resulta cuanto menos curioso que un autor que Borràs Betriu había publicado con muy poca confianza, José Jurado Morales, uno de los principales miembros del grupo de Azor, sea el que a fin de cuentas publicara más obras en esta editorial. Tras la publicación de La hora de anclar en la colección Moneda al Aire, en 1960 aparece como segundo título de una muy breve colección La Llave el poemario Cuenco de arcilla.

Ignacio Agustí (1913-1974).

Ignacio Agustí (1913-1974).

Sin embargo, de esta segunda etapa de la editorial fundada por Rafael Borràs Betriu y José María Pareja destaca sobre todo un único título publicado en catalán, El vas transparent, de Joan Arús, ganador del Premi de Poesia Catalana en los Premios Ciudad de Barcelona, del que se hizo una tirada de cien ejemplares impresos sobre papel de hilo y firmados por el autor, de una tirada total de trescientos, y que aparece precedido de un prólogo firmado por Ignasi Agustí, cuyos mayores éxitos quedaban ya un poco lejanos (Mariona Rebull es de 1943 y El viudo Rius de 1944). Lo cierto es que su prosa resulta aquí tan chirriante como ditirámbica:

Esos versos de auténtica fuerza que tiempo ha quedaron sonando en mi espíritu y en él se mantienen firmes, inmortales, indiferentes a las efímeras veleidades de los estilos, de las corrientes y de las modas, porque son más fuertes que la historia, más duros que el paso de los días, más estables que todos los cambios de decoración. Los versos que recordamos de este puro y original poeta son como monumentos que llevamos dentro y cuyo peso sentimos»

Joan Arús.

Finalmente, la “aventura” a que se refiere Borràs Betriu en sus memorias, llegó a su fin ya en 1961, capitaneada ya por Pareja en solitario, con Caravaca de la Cruz, de Gregorio Javier (Gregorio Javier Gómez López), que además de haber entrado en la terna final del Premio Planeta en 1959, tiene como extraordinaria singularidad haber dado nombre oficial a la población murciana que hasta entonces se llamaba simplemente Caravaca, y que, naturalmente, hoy cuenta con una “calle Gregorio Javier”. Para que luego haya quien diga que los libros no cambian el mundo…

Caravaca de la Cruz.

Sin embargo, aún hay un dato para acabar de perfilar este proyecto editorial iniciado por Rafael Borràs Betriu que resulta interesante. En un trabajo reciente (“La censura en la novela de los años treinta de Sebastià Juan Arbó“, de próxima publicación en Represura)*, Josep Miquel Ramis analiza las relaciones del novelista catalán con la censura y comenta la solicitud que hizo Pareja Editor en junio de 1959 de publicación de La hora negra (aparecida previamente en varias ediciones), así como su posterior y muy rápida autorización por parte de lo que solía llamarse, con jocoso oxímoron, las “autoridades competentes”. Sin embargo, como señala también Josep Miquel Ramis esa obra de Juan Arbó nunca llegó a ver la luz en Pareja Editor.

 

Fuentes:

Rafael Borràs Betriu, La batalla de Waterloo. Memorias de un editor, Barcelona, Ediciones B, 2003.

Josep Miquel Ramis, “La censura en las novelas de lo años treinta de Sebastià Juan Arbó”, en Represura*En cuanto esté publicado crearé el enlace.

 

 

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Joan Balagué, editor, y los nuevos escritores

Al abordar la efímera Col·lecció Balagué destinada a principios de la década de 1930 a descubrir nuevos talentos de la literatura catalana, suele evocarse el fragmento de las memorias de Sebastià Juan Arbó (1902-1984) en que expone las gestiones de Ramon Xuriguera (1901-1966) ante el librero Joan Balagué i Pallarés (1893-1965):

Sebastià Juan Arbó.

Xuriguera había convencido al librero Balaguer [sic] para lanzar una colección; se trataría de novelas breves –entre cuento y novela– y cada una con el retrato del autor –tenía su vanidad–, hecho por un artista.

En la colección publicó una obra suya, creo que Espills dormits, para la cual le hizo [Emili] Grau Sala un bonito retrato, donde se le veía, con su cara redonda y su aire satisfecho, interpretado estupendamente.

Me pidió alguna obrita; yo tenía unas notas escritas en momentos de mal humor, en que desahogaba los venenos del alma, las decepciones acumuladas, y me aliviaba. Las reuní, les puse por título Notes d´un estudiant que va morir boig, obra que después, con diferentes títulos, corregida y aumentada, se ha hecho en repetidas ediciones.

Con este motivo, Emilio (Grau Sala) me hizo el retrato.

Rosa M. Arquimbau.

Sin embargo, el librero Joan Balagué ya tenía por aquel entonces una cierta trayectoria como editor al frente de la Editorial Lux, e incluso por aquellos mismos años había iniciado en catalán una Colecció Balagué, que inicialmente y de manera efímera apareció bajo el sello de Lux, como es el caso de  La dona dels ulls que parlaven i altres contes (1930), de una jovencísima Rosa Maria Arquimbau i Cardil (1909-1992) (primer número de una serie Fémina, del que parece fue el único publicado), un volumen de una Serie Nacional iniciada en 1929 con la novela de Josep M. Francès (1891-1966) La rossa de mal pèl, la obra del filósofo bohemio Diego Ruiz El crim dels Reis Catòlics i la fi de la missió de Castella (1931) o tres volúmenes de una Serie Internacional en 1930 entre los que figuraban las obras de Henri Barbusse El foc (en traducción de Santiago Masferrer i Cantó) y Elevació (en traducción del propio Joan Balagué), con cubiertas ilustradas a color por Sáinz de Morales. Posteriormente la colección, con un rumbo un tanto errático, pasó a estar auspiciada por la Librería Vilella.

Segunda edición (o reentape de la primera) de El Foc (Colecció Balaguer. Serie Internacional III, 1930).

 

Bajo el sello de la Librería Vilella se publican, por ejemplo, los dos volúmenes encuadernados en tapa dura y con láminas de la Historia Ilustrada de la Revolución Española, 1870-1931 (1931), de Francisco Caravaca y Antonio Orts-Ramos, o las memorias de Francisco Rispa Perpiñá (Cincuenta años de un conspirador. Memorias político-revolucionarias, 1853-1903), que, aparecidas en 1932, se presentaban como el primer número de una “Serie Biografías” que al parecer no tuvo continuidad.  Del año siguiente son La naturaleza y el hombre: en los fenómenos físicos y biológicos se descubren los fundamentos de la ley moral (1933), de un para mí incógnito A.B. Areny, una reedición del Kyra Kyralina (traducida por Delaville, prologada de Romain Rolland, con una carta de Vicente Blasco Ibáñez, un epílogo de J. Francés y retrato de Shum) que es la misma que ya había aparecido en Lux, con una muy buena cubierta a todo color de Sáinz de Morales.

Y aun paralelamente hay otros títulos en castellano sin otra indicación que su pertenencia a la Colección Balagué y que, salvo una compilación de literatura hispanoamericana que firman Miguel Rivas y el propio Juan Balaguer (y que José Simón Díaz describe como el compendio de “los textos de costumbre, pero llenos de erratas”), son quizá los más interesantes.

Portada de la edición en la Balagué de Imán.

En 1932 aparece la primera edición de Siete domingos rojos, de Ramón J. Sender (1901-1982), de la que sólo se había anticipado un fragmento con el título “Sabotaje” en la revista valenciana Orto en septiembre de ese mismo año. En 1933 se publica en esta misma colección otro libro de Sender, Imán. Novela de la Guerra de Marruecos, de la que sólo había una edición anterior (la de Cénit, de 1930), y la apuesta por Sender prosigue aún en 1933 con la edición del opúsculo Ramón Sender y la novela social, que recoge la serie de seis artículos que Rafael Cansinos Assens (1882-1964) había publicado con este título general en la madrileña revista La Libertad entre el 4 de enero y el 9 de febrero de 1933. El año siguiente este librito se distribuyó gratuitamente entre los lectores con motivo de la Feria del Libro.

El referido comentario de Sebastià Juan Arbó se refiere específicamente a una Nova Serie de la Col·lecció Balagué, de la que se publicaron tan sólo cuatro títulos de jóvenes autores emergentes: Espills dormits (1932), de Ramon Xuriguera; Notes d´un estudiant que va morir boig (1933), de Juan Arbó; La vida d´Olga (1934), de Xavier Benguerel, y Peikea, princesa caníbal  i altres contes oceànics (1934), de Aurora Bertrana (1892-1974)  a los que podrían sumarse, aunque en sentido estricto no pertenecen a ella, la novela Al marge (1933), de Rosa Maria Arquimbau y Desembre. La novela de la Revolució espanyola (1934), del hermano de Ramon, Joan Baptista Xuriguera (1908-1987), entre algunos otros títulos.

En su tesis sobre Ramon Xuriguera, Josep Camps i Arbós especifica que se hacía una doble edición (rústica y tapa dura con sobrecubierta, y como es natural con dos precios distintos) y recoge interesante material epistolar en que se ponen de manifiesto las más que agobiantes dificultades económicas por las que pasaba Balagué para conseguir llevar adelante su proyecto editorial.

Ramon y Joan Baptista Xuriguera.

El mismo epistolario le permite identificar como una de las obras en preparación que no llegaron a ver la luz novela Diagonal, la primera de Ignacio Agustí y la única en catalán, que aparecería en 1934 en la Imprenta Altés, y tampoco pasa por alto Camps i Arbós la poca coincidencia que supone que Josep Janés i Olivé (1913-1959) incorporara poco después a sus Quaderns Literaris tres de las obras publicadas en la Balagué (las de Ramon Xuriguera, Benguerel y Juan Arbó), pues la colección janesiana tenía como uno de sus puntales la misma idea e intenciones que se expresaba en la publicidad de esta Nova Serie de la Col·lecció Balagué: “Los autores más destacados de la actual generación” y “Las corrientes más significativas de la moderna producción catalana”.

Cubierta y portada de la edición de 1936 d´Espills adormits en los Quaderns Literaris de Josep Janés.

Fuentes:

Just Arévalo, “Notes sobre editors, col·leccions i obres populars i de consum que sí varen existir a la Barcelona del primer terç del segle.” Marges, Els: revista de llengua i literatura, núm. 67 (2000), pp. 107-124.

Josep Camps i Arbós, Ramon Xuriguera (1901-1966). Ideología, activitat cultural y literatura, tesis doctoral presentada en el Departament de Filologia Catalana de la Universitat Autònoma de Barcelona en septiembre de 2004, publicada con el mismo titulo en Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, 2007.

Josep Miquel Ramis, “Autotraducció i història d’un text literari. Hores en blanc. Notes d’un estudiant que va morir boig, de Sebastià Juan Arbó”, Revista de Filología Románica, núm. 2, vol. 29, pp. 319-336.

Ignacio C. Soriano y Francisco Madrid, Bibliografía del anarquismo en España, 1868-1939. Enriquecida con notas y comentarios, esdocs.org

 

“Los surcos”: José Janés apuesta por Ignacio Agustí (y pierde)

Ignacio Agustí (1913-1974)

Ignacio Agustí (1913-1974)

Ignacio Agustí es, quizás, el primer nuevo autor español por el que apuesta el editor José Janés cuando decide poner en marcha en 1942 la colección Gacela de Autores Españoles. Para entonces, ya se había consolidado la colección Gacela, que se presentaba en las solapas de los primeros números como la “Publicación periódica de novelas de los más grandes escritores contemporáneos. Volúmenes impresos a dos tintas, ilustrados profusamente por los mejores artistas y ricamente encuadernados”. Se trata de volúmenes en tapa dura con sobrecubierta a tres tintas, y entre sus estrellas se cuentan autores que, tras permanecer mucho tiempo en el olvido, a principios del siglo XXI han experimentado una cierta recuperación: Knut Hamsun, Alberto Moravia, Hans Carossa…

A la versión destinada a los autores españoles se le dedica el mismo esmero en la presentación y se propone reunir “las obras más interesantes de nuestros escritores nacionales de mayor prestigio”. El primer volumen, con ilustraciones intercaladas en el texto de Josep Maria Prim, es Aldeamediana, seguido de la historia de las esparragueras y de Dos notas

Sobrecubierta de Aldeamediana en la colección Gacela de Autores Españoles

sobre la civilización campesina, del ya por entoncces sobradamente establecido académico Eugenio d´Ors, y cuyo origen está en las “Glosas desangeladas” que se habían publicado diez años antes en el periódico madrileño El Debate (concretamente entre el 7 de agosto y el 5 de noviembre de 1932). No puede decirse en ningún sentido que publicar a D´Ors, y menos tratándose de una obra ya conocida, fuera asumir un gran riesgo, sino más bien un modo de dar lustre a los escritores que le acompañaran y a la colección.

Sin embargo, publicar a Ignacio Agustí, a quien antes de la guerra Janés había incorporado como colaborador del periódico Avui, suponía dar la alternativa como narrador en lengua española a un escritor sólo conocido hasta entonces, y muy relativamente, como autor en catalán de un poemario (El veler, 1932), de algunas obras teatrales de tono muy menor (Idil·li en un parc o el suïcidi de la lluna, La Coronela y Benaventurats els lladres) y de la novela Diagonal, que en el Premi Crexells de 1933 no fue eliminada hasta la cuarta votación (lo ganó Carles Soldevila con Valentina), además haber adquirido cierto relieve como uno de los artífices de la revista Destino.

Ignacio Agustí entra en la literatura española con una obra juzgada en general por la crítica como menor, pero en una presentación casi lujosa. Impresa en los Talleres Gráficos Rex en abril de 1942, su novela Los surcos se publica en un volumen de 18,5 x 12 cm y 190 páginas, más colofón, que acompaña una amplia serie de ilustraciones a tinta del hoy también revalorizado José Miguel Serrano (1912-1982), en su inmensa mayoría al inicio de capítulo o decorando el cierre de los mismos, y en las que alternan los detalles decorativos, los paisajes, los retratos de personajes y las escenas, eligiendo aquellas, muy escasas, con un mínimo de acción. Agustí y Serrano se conocían desde antes de la guerra, cuando los viernes coincidían en la tertulia del marchante y editor de la revista Art (1933-1936) Joan Merli en el barcelonés Café Euzkadi, donde se reunían con algunos de los ilustradores y artistas más prometedores del momento, como el mencionado Prim, Emili Grau Sala, Carme Cortés Lledó o  el escenógrafo y pintor Emili Bosch Roger.

Sobrecubierta de Los Surcos en la colección de José Janés Gacela de Autores Españoles.

Salvo las iniciales de capítulo, las páginas aparecen decoradas con cabeceras en las que, además del folio, se indica el nombre del autor en la página par y el de la obra en la impar. Todos los capítulos se inician en página impar y la primera palabra de todos ellos aparece en versalitas. Pero el cuidado y trabajado diseño no va acompañado de una calidad literaria acorde.

Tanto el ritmo asmático y la prosa relamida como el contenido del primer párrafo de esta novela, si acaso no justifican hoy en día el abandono de la lectura, sí explican los juicios displicentes o someros que se le han dedicado, cuando estos no se han limitado, sin más, a señalar Los surcos como el paso previo en la novelística mayor de Ignacio Agustí:

Vagaba todas las tardes por el cementerio. A la puesta de sol los cipreses se dejaban penetrar como piras por los rayos mordientes. Pedro ya era casi un hombre maduro; mas, salvo las cenizas de sus sienes, su aspecto era el de un hombre joven. Desde la muerte de su mujer el merodeo por el cementerio era, para él, una ocupación. Sentía en la piel, como una brisa, llegar, confidente y lingual, la vida perdida. Todo era entonces mucho más soportable.

Ruralismo trasnochado y de segunda mano, enredos sentimentales, cartas póstumas, romanticismo en el peor sentido, una trama de exacerbado sentimentalismo y “la decimonónica prosa” permiten hacer el chiste fácil de que Los surcos recurren a un camino ya muy trillado. Evoca en el mejor de los casos y en los lectores de manga más ancha la narrativa de autores como Pereda, Alarcón o Pardo Bazán.

Portada de la edición en Nauta de Los Surcos.

Portada de la edición en Nauta de Los Surcos.

Edición de Los surcos con El cubilete del diablo en la celebérrima Colección Austral de Espasa Calpe.

Sin embargo, cuesta olvidar la tosquedad en la descripción física de los personajes, la pobre caracterización psicológica de los mismos o la endeble recreación de ambientes. Aun así, y es de suponer que a rebufo del extraordinario éxito del ciclo narrativo La ceniza fue árbol, en 1969 esta novela de la que incluso el autor apenas hablaba, se reeditó en Nauta, usando como ilustración de cubierta una de las ilustraciones hechas por Serrano para la editorial de Janés. Y cinco años más tarde aparecía en la colección Austral de Espasa-Calpe, en un volumen doble en que la acompañaba El cubilete del diablo.

Cubierta del primer volumen de las obras completas editado por Sergi Doria para la Biblioteca Castro en 2007. Se publicó con los dos primeros volúmenes de La ceniza fue árbol (Mariona Rebull y El viudo Rius).

Cubierta del primer volumen de las obras completas editado por Sergi Doria para la Biblioteca Castro en 2007. Se publicó con los dos primeros volúmenes de La ceniza fue árbol (Mariona Rebull y El viudo Rius).

En una de las solapas de la sobrecubierta de Los surcos se anuncia como tercer número de esta colección la novela de otro autor de cierto relieve, La noche de San Juan, de Sebastián Juan Arbó (1902-1984), que no llegó a publicarse. Arbó, uno de los mejores amigos de Janés, quien le había elogiado y publicado profusamente ya en tiempos de la República, había tenido en catalán un éxito tal que Luis Miracle le había contratado Terres de l´Ebre (Premio Fastenrath 1932) para su traducción al castellano, pero su publicación quedó truncada por la guerra.

Literariamente, quiza tenga mucho mayor interés la novela con que se cierra la Gacela de Autores Españoles, Yo, pronombre, del injustísimanete olvidado José M. Camps, que sin embargo ya no recibe un tratamiento tan generoso en cuanto a ilustraciones. Éstas se limitan a un frontispicio a color, obra de uno de los colaboradores más habituales de Janés ya antes de la guerra, Joan Palet (1911-1996).

Imagen que permite ver la ilustración de Joan Palet (1911-1996) y la portada de Yo, pronombre, de José M. Camps (1916-1975)

No obstante, estos primeros intentos a favor de autores españoles llevados  cabo en la inmediata posguerra por Janés, a quien la prensa cultural del momento criticaba a veces durísimamente por publicar tanta literatura traducida, no llegaron a cuajar. La Mariona Rebull de Agustí apareció apenas dos años después y los 2.500 ejemplares de la primera edición se agotaron en apenas una semana, pero la publicó Destino. José Janés, pese a incorporar a sus catálogos en los años sucesivos a Mercedes Salisachs, a Álvaro de Laiglesia, a González Ledesma, a Ildefonso Manuel Gil o a Antonio Rabinad, tardaría bastante aún en dar con un autor español destinado a obtener un gran éxito: Francisco Candel. Y ni así se le ha reconocido esa labor, quizá porque, sobre todo mediante el Premio Nadal, Destino se había hecho suyo ese terreno.

Fuentes:

Ignacio Agustí, Los Surcos, Barcelona, Ediciones de la Gacela, 1942. Ilustraciones de J.M. Prim.

-, Ganas de hablar, Barcelona, Planeta (Espejo de España. Biografías y Memorias 3), 1974.

Jacqueline Hurtley, Josep Janés. El combat per la cultura, Barcelona, Curial (Biblioteca de Cultura Catalana 60), 1986.

Xavier Moret, Tiempo de editores. Historia de la edición en España, 1939-1975, Barcelona, Destino (Imago Mundi 19), 2002.

Helios Rubio, “La fragància inaprehensible de l´efímer“, en la web de Fernando Pinós, Galeria d´Art.