Una errata de campeonato (y la mala pata de Ramón J. Sender)

“Defendía las erratas en nombre de la libertad de imprenta”

Max Aub

Es bien conocida la obsesión de Ramón J. Sender por retocar una y otra vez algunas de sus obras, en algunos casos para afinar cuestiones de estilo, pero más a menudo para reestructurar algunas novelas, fusionar varias de ellas o reconvertirlas, cosa que siempre conlleva el riesgo de arreglar algunas cosas y estropear otras. La cuestión de los cambios de título, en el caso de Sender, son peccata minuta, y seguir el proceso mediante el cual una novela breve como El Tonatio (Historia de un soneto) se convierte en El extraño señor Photynos resulta bastante asombroso, y abundan los casos similares. Como es también conocido, una de las novelas más célebres de Sender, Réquiem por un campesino español (Nueva York, Las Americas Publishing, 1960), se dio a conocer por primera vez en México con el título Mosén Millán en la colección Aquelarre.

Hace ya un tiempo, el escritor Sergio Molino se entretenía en glosar una errata bastante suculenta, y unos años despues Begoña Tauler recogía en su blog Érase una vez, entre otros casos no menos jugosos, ese mismo patinazo procedente de la edición de Editores Mexicanos Unidos que había reconvertido por su cuenta y riesgo el título en la cubierta por Réquiem para un campesino español, y como bien sabe el seguidor de Negritas y Cursivas, cuando una errata se cebaba en una obra de Sender, era difícil erradicarla, por disparatada que ésta fuera. En el caso de esa desafortunada errata, lo realmente asombroso es que se vio repetida en la portada de las ediciones de Editores Mexicanos Unidos hasta los primeros años setenta, aun cuando el diseño de las mismas iba cambiando.

1968.

Sin embargo, la pionera en meter la pata en este asunto parece ser que fue Editores Mexicanos Unidos que la creó en una primera edición de esta novela de Sender prologada por Julia Uceda (n. 1925) y con el texto ya mencionado de Bernadette, en 1968; la mantuvo en la de 1970, la reiteró en 1971, y con un tercer diseño de portada, volvió a repetirla en su edición de 1975. Una marca difícil de superar. Dándole vueltas al asunto, uno podría suponer que el diseño de 1968 y 1970, al disponer de semejante modo «para un campesino español» lo que pretendía era crear un remedo de acróstico en el que se leería «Réquiem PCE», lo que sin duda podría tener su gracia en ese momento histórico y procedente de un editor anarquista,  pero eso no basta para explicar la errata por/para.

1971. La errata aparece sólo en la cubierta, pero no en la portada, y atribuida a Editorial Puente (Editores Mexicanos Unidos).

A pesar de su nombre, al frente de Editores Mexicanos Unidos había ciertamente un solo editor, el anarquista Fidel Miró (1910-1998), que era catalán de origen, si bien el resultado de la guerra civil española lo había llevado, tras un paso por Francia y por la República Dominicana, a la capital mexicana en 1944. En México se sumergió de inmediato en el mundo del libro, inicialmente en la Unión Distribuidora de Ediciones de su excompañero en las Juventudes Libertarias Ricard Mestre Ventura (1906-1997), quien tras el cese de actividad de la editorial Minerva (1940-1946) se había pasado al ámbito de la distribución. También Miró hizo sus pinitos en este ramo, con la creación de México Lee, como paso previo a la fundación con Bartomeu Costa-Amic (1911-2002) y Pedro Frank de Andrea (n.1912-¿?) de Libro Mex Editores.

Editores Mexicanos Unidos, 1971. Adviértase la mínima diferencia de diseño con la anterior.

Fue sin embargo cuando se cumplía una década de su llegada a México, en 1954, cuando, una vez disuelta la asociación con Costa-Amic, creó Editores Mexicanos Unidos, que aún hoy sigue en funcionamiento en manos de sus descendientes. Además de alguna que otra obra del propio Miró (Cataluña, los trabajadores y el problema de las nacionalidades, entre ellas), desde esta editorial se han dado a conocer algunas obras que han contribuido a divulgar el pensamiento libertario en América, además de a autores tan diversos como Flaubert, Saint-Exupéry, Galdós, Rómulo Gallegos, Hemingway o Rubén Darío, en la colección de Literatura Universal, o antologías poéticas de Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, Nicolás Guillén o Alfonsina Storni entre otros muchos.

 

1975. El año anterior había sido autorizada su publicación en España.

 

Es cierto, como todo corrector más o menos avezado sabe, que las cubiertas, portadas y portadillas son una auténtica trampa, y que la vista tiene una poderosa tendencia a pasar rápidamente sobre ellas, no sólo porque debería ser lo más cuidado, sino también porque el mayor tamaño de la letra hace impensable que se produzca ahí una errata. Pero ese mismo corrector sabe que la errata está siempre agazapada donde menos se la espera dispuesta a saltar a la vista.

Aun así, el caso de la mala pata de Sender con las erratas es digno también de un estudio pormenorizado, porque parece un campo abonado.

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Fuentes:

Teresa Férriz, La edición catalana en México, Jalisco, El Colegio de Jalisco, 1998.

Rafael Maestre Marín y Pilar Molina Beneyto, “Editores Mexicanos Unidos: La obra cultural del exiliado Fidel Miró”, Migraciones & Exilios. Cuadernos de la Asociación para el Estudio de los Exilios y Migraciones Ibéricos Contemporáneos (AEMIC), núm. 2 (diciembre de 2001), pp. 241-247.

Josep Mengual Català, “Intertextualidad y proceso creativo en El extraño señor Photynos”, en Fermín Gil encalbo y Juan Carlos Ara Torralba, eds., El lugar de Sender, Instituto de Estudios Altoaragoneses-Instituto Fernando el Católico, 1997, pp. 527-538.

Sergio del Molino,»Fe de errores«, Blog de Sergio del Molino, 31 de enero de 2011.

Juan Tapia, “Fidel Miró y el movimiento libertario de Cataluña”, Destino, núm 1.967 (14 de junio de 1975), p. 36.

Begoña Tauler, “Portadas con errores… (erratas y otros deslices)Érase una vez, 24 de septiembre de 2013.

Jesús Vived Mayral, Ramón J. Sender. Biografía, Madrid, Páginas de Espuma (Voces/Clásicas), 2000.

El enigmático caso de la pertinaz errata o Las barbas de la reina (divertimento narrativo)

A Alberto Ibarrola Oyón, que me dio la idea.

Sobrecubierta de la edición de Destino.

Sobrecubierta de la edición de Destino.

En más de una ocasión había oído elogiar la narrativa breve de Ramón J. Sender (1901-1982), escritor conocido sobre todo por su abundante obra novelística (Réquiem por un campesino español, El lugar de un hombre, Crónica del Alba…), así que finalmente, una noche fría y desapacible, enfundado en mi confortable bata, me senté ante la chimenea en mi butaca preferida, encendí una pipa de tabaco holandés, con mi fiel perro labrador a los pies, y abrí la edición en Áncora y Delfín (Destino) de El extraño señor Photynos y otras novelas americanas (1973). Empecé a leer con fruición el estupendo relato que da título al libro, que se estructura mediante la exégesis de un soneto que el narrador, según dice, “compuso inspirándose en la visión de un hombre fumando marihuana, que recordaba a esos indios yanquis, altos, sin bautizo ni nombre español, que pasean sus largas piernas desnudas por Sonora” (p. 10) ¡¡¿Cómo que «indios yanquis»?!! ¡Y en Sonora! Realmente, demasiada marihuana (recordé de pronto haberle leído a Sender una obrita titulada Donde crece la marihuana, y me aseguré entonces de que mi pipa sólo contuviera tabaco de importación).

Sobrecubierta de la edición de Aymá (la madre del cordero), con la faja en la que se lee: "Ramón Sender... es el más importante escritor de nuestro tiempo en lengua castellana" London Times (3 de abril 1961)

Sobrecubierta de la edición de Aymá (la madre del cordero), con la faja en la que se lee: «Ramón Sender… es el más importante escritor de nuestro tiempo en lengua castellana» London Times (3 de abril 1961)

Intuyendo algún azaroso misterio, decidí apartar al fiel labrador y acercarme de un salto a la estantería donde guardo la edición que del mismo título había hecho en 1968 la editorial Delos-Aymà. Para mi desolación, resultó ser exactamente igual que la de Destino (“indios yanquis” incluidos). Así, pues, no me quedaba otro remedio que recurrir a otras ediciones anteriores de ese cuento para desfacer el entuerto. Pero ¿cuáles? Editores Mexicanos Unidos había publicado en 1965 (colofón de diciembre) la colección de relatos senderianos Cabrerizas Altas en la que aparece uno titulado “El Tonatiu (Historia de un soneto)”, y pensé que tal vez el soneto en cuestión podía ser el mismo que actúa de hilo conductor o más bien de desencadenante de la trama de «El extraño señor Photynos». Y más o menos. El argumento es aproximadamente el mismo, pero cambian personajes, desaparecen o se alteran pasajes bastante extensos, e incluso en buena medida cambia el sentido de la historia, pero, por fin, mi tesón halló recompensa y el enigma solución: “indios yaquis”. Bien.

Pese a mi bien conocida modestia, debo reconocer que bastante satisfecho de mí mismo se me ocurrió entonces hojear el tercer número de la estupenda revista que dirigió Max Aub Los Sesenta (donde publicó a León Felipe, a Salazar Chapela, a Alfonso Reyes, a

Cubierta de Cabrerizas Altas, en la que no aparece la J (que corresponde a José) en el nombre del autor.

Cubierta de Cabrerizas Altas, en la que no aparece la J (que corresponde a José) en el nombre del autor.

André Malraux, a Guillén y a Rafael Alberti, entre otros), porque me sonaba que ahí se publicó un cuento de Sender de título ligeramente distinto, “El Tonatio. Historia de un soneto”. Pero me sorprendió descubrir que en esa revista, fechada en 1965, aparecía la misma versión del cuento publicada en Delos-Aymà (salvo, afortunadamente, por la errata), en lugar de la versión de Cabrerizas Altas. Recurrí finalmente a uno de mis autores de cabecera para cuestiones senderianas, Francisco Carrasquer, quien no me resolvió la duda pero consigna en su tesis una edición, ¡de 1964!, de “The Tonatiu” en Tales of Cibola (Nueva York, Las Americas Publishing); puedo dar fe de que en la correspondiente edición española en Destino, Novelas ejemplares de Cibola (1974), ese cuento no aparece.

Puestas así las cosas, para establecer las fechas de cada una de las versiones no quedaba otra que rastrear las cartas entre Sender y Aub; esto es: acudir al Centro de Estudios Senderianos (en Huesca) o a la Fundación Max Aub (en Segorbe). Por el epistolario aubiano que alberga la segunda de esas insitituciones, supe que el 22 de junio de 1964, Sender, en respuesta a las reiteradas peticiones de Max Aub, le mandó la versión de “El Tonatio (Historia de un soneto)” que se publicó en Los Sesenta. Por fin creí poder establecer el stemma o el árbol genealógico del cuento: Cabrerizas Altas – Las Américas Publishing – Los Sesenta – Delos-Aymà (donde nace la errata) – Destino (donde ésta persiste con muy buena salud).

Un auténtico lujo, la revista Los Sesenta, que se publicaba en los años sesenta y en la que sólo podían colaborar quienes hubieran cumplido esa edad (cosas de Max Aub y su sentido del humor).

Un auténtico lujo, la revista Los Sesenta, que se publicaba en los años sesenta y en la que sólo podían colaborar quienes hubieran cumplido esa edad (cosas de Max Aub y su sentido del humor).

Quizás fue un desvelo inútil que sólo interesará a ociosos y diletantes, porque al fin y al cabo la historia de la errata como personaje libresco se remonta acaso a los mismos orígenes de la imprenta, pues ya en el Psalmorum Codex (1457), el primer libro que salió con pie de imprenta, de Johannes Fust (1400-1466) y Peter Schöffer (h. 1425- h. 1503), el título aparecía en el colofón como Spaldorum Codex. Sin embargo, completamente desvelado ya para entonces, y por simple curiosidad malsana de gente en exceso ociosa, eché un vistazo a la divertidísima delicia de libro que es Vituperio (y algún elogio) de la errata, de José Esteban, para comprobar si en sus páginas se mencionaba a los «indios yanquis» o a alguna otra edición de Sender. Y, efectivamente, allí me enteré de que en la primera edición de la novela Míster Witt en el Cantón, publicada por Espasa Calpe en 1936, el autor parece atreverse ni más ni menos que a afeitar a la mismísima reina de Inglaterra, pues se imprimió “God shave the Queen” por “God save the Queen». Y cuando las barbas de la reina veas pelar…

Fuentes:

El resultado de cotejar y analizar las diferentes versiones del cuento se publicó con el pomposísimo y hoy demodé título «Intertextualidad y proceso creativo en El extraño señor Photynos«.

Francisco Carrasquer, Imán y la novela histórica de Sender, Londres, Thamesis Books, 1970.

Epistolario Max Aub- Ramón J. Sender (Aub, una mina para los historiadores de la cultura, conservaba copia de las cartas que enviaba), en la Fundación Max Aub. Sobre Sender, hay que visitar el Centro de Estudios Senderianos.

José Esteban, Vituperio (y algún elogio) de la errata, Sevilla, Renacimiento, 2002.

Luis Antonio Esteve, “Un tanto al margen, la narrativa breve de Ramón J. Sender”, Quimera, 252 (enero de 2005), pp. 42-46.

Ramón J. Sender, «El Tonatiu (Historia de un soneto)», en Cabrerizas Altas, México D.F., Editores Mexicanos Unidos, 1965, pp. 91-124.

-, «El Tonatio. Historia de un soneto», Los Sesenta, (México D.F.), núm. 3 (1965), pp. 9-55.

-, El extraño señor Photynos y otras novelas americanas, Barcelona, Delos-Aymá, 1968, pp. 7-53.

-, El extraño señor Photynos y otras novelas americanas, Barcelona, Destino (Áncora y Delfín 409), 1973, pp. 9-55.