El rescate editorial de Luisa Carnés, mecanógrafa en la CIAP

María Luz Morales (1889-1980).

En las últimas décadas son varias las artistas y escritoras surgidas en los años treinta que, tras un largo periodo en una tercera o cuarta fila, han despertado de nuevo el interés no sólo de los editores, sino también de los lectores. No puede decirse que sea exactamente el caso de Elena Fortún (1886-1952), Rosa Chacel (1898-1994), Concha Méndez (1898-1986), María Teresa León (1903-1988), María Zambrano (1904-1991)  o Mercè Rodoreda (1908-1983), que nunca quedaron por completo en la sombra y que, pese a la acción de la censura española, siguieron leyéndose en otros países o por lo menos en el ámbito universitario, pero sí por ejemplo los de María Luz Morales (1889-1980), Ana Martínez-Sagi (1907-2000), Irene Polo (1909-1942) y Luisa Carnés (1905-1964).

A finales de los años sesenta, el editor gallego afincado en México Alejandro Finisterre le había publicado en poco tiempo tres obras teatrales a Carnés en su mítica colección Ecuador 0º 0’ 0’’, Los vendedores del miedo (1966),  Cumpleaños. Monólogo (1966), que previamente se había publicado en la Revista Mexicana de Cultura (suplemento de El Nacional), y el mismo editor incluía en el primer número (de 908 páginas) de Compostela. Revista de Galicia (1967) su ensayo Rosalía. Raíz apasionada de Galicia, que previamente había aparecido en las editoriales mexicanas Rex (Coleccción Vidas Españolas e Hispanoamericanas, 1945), Clavileño (1946) y en 1964 en la colección ya mencionada Ecuador 0º 0’ 0’’. En su exilio mexicano, pues, la obra de Carnés la publicó sobre todo otro exiliado republicano, editor también de muchos otros escritores españoles, así como editoriales mexicanas en las que había una importante presencia de exiliados.

Los vendedores del miedo.

El silencio editorial de Luisa Carnes, fallecida en 1964, se prolonga –salvo error– hasta el año 2002, en que aparecen casi simultáneamente El eslabón perdido. Novela del destierro (en la Biblioteca del Exilio, en edición de José Plaza Plaza) y las tres obras dramáticas Cumpleaños, Los bancos del Prado y Los vendedores de miedo, en edición de José María Echazarreta, publicadas en un volumen por la Asociación de Directores de Escena de España, con prólogos de Antonio Plaza Plaza y José María Echazarreta. En su introducción a El eslabón perdido Antonio Plaza hace un atento recorrido a la atención crítica que despertó en esos años la obra literaria de Carnés, que en realidad se redujo al ámbito casi estrictamente universitario aunque dio pie a tesis doctorales que más adelante aparecerían en forma de ensayo (como es el caso de la de Iliana Olmedo Muñoz Itinerarios de exilio), pero a partir de esos primeros años del siglo XXI se diría que el interés por la obra carnesiana se sostuvo en un bajo sostenido. Este primer impulso tras casi cincuenta años de silencio, le llega a la obra de Carnés de la mano del Gexel (Grupo de Estudio del Exilio Literario), entre cuyos objetivos programáticos «se plantea como tarea prioritaria y urgente la reconstrucción de la memoria histórica, cultural y literaria del exilio español de 1939, tarea de evidentes implicaciones éticas y políticas», y que, entre otras muchas cosas, se concretó en la creación de la colección Biblioteca del Exilio puesta en marcha por Manuel Aznar Soler (Associació d’Idees-Gexel), Isaac Díaz Pardo (Ediciós do Castro), José Esteban (José Esteban Editor) y Abelardo Linares (Renacimiento), y en el caso de la obra de Carnés tuvo también una particular influencia el trabajo de Antonio Plaza.

Así, de nuevo en la Biblioteca del Exilio aparecía en 2014 el libro de memorias De Barcelona a la Bretaña francesa: episodios de heroísmo y martirio de la evacuación española, de nuevo en edición de Antonio Plaza, y ese mismo año aparecía en la misma editorial el amplio estudio ya mencionado Itinerarios del exilio, prologado por Neus Samblancat. Aun de ese mismo año 2014 es una edición facsímil de novecientos ejemplares numerados de Tea rooms: Mujeres obreras (novela reportaje), a cargo de la Asociación de Libreros de Lance de Madrid en conmemoración de la XXXVII edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Madrid, que reproduce la edición de 1934 en Pueyo, precedida de un prólogo de Antonio Plaza y que por tanto podemos considerar destinada a coleccionistas y bibliófilos. A ello puede añadirse, casi como curiosidad, que también en 2014 aparece en la Colección Aniversario Losada la traducción carnesiana de Los dos viejos y otros cuentos, de Tosltoi, con un breve texto introductorio.

Diseño de la cubierta de Tea Rooms (2014).

Dos años más tarde, en 2016, la intrépida editorial asturiana Hoja de Lata hacía una nueva edición de Tea rooms como número 24 de su colección Sensibles a las Letras, con epílogo, una vez más, de Antonio Plaza, que obtuvo una estruendosa acogida por parte de la crítica de actualidad, lo cual amplió muchísimo el número de lectores de Carnés y el interés de su obra (y el de sus coetáneas). La aparición en una editorial de estas características, más desligada del ámbito académico y con aspiraciones a tener una distribución muy amplia, y en una colección además que se define como «una colección de narrativa que busca el equilibrio entre obras de autores contemporáneos, clásicos e inéditos. Una apuesta por la literatura de calidad que sorprenda y haga propuestas diferentes», en la que figuran desde La señorita Pyme dispone, de Josephine Tey (Elizabeth Mackintosh, 1896-1952) a Lluvia de agosto, de Francisco Álvarez (n. 1970), marca una cierta diferencia y subraya el interés, por razones casi exclusivamente estéticas, de la obra carnesiana para el lector de nuestro tiempo, lo cual supone un escalón en el proceso de reconocimiento de la obra de Carnés. Y sin embargo, el grueso de la bibliografía de esta autora sigue inaccesible.

Desde mediada la década de 1920 se acumulan los textos de Carnes localizados hasta la fecha en prensa (el cuento «Mar adentro» en La Voz, 22 de octubre de 1926), y su obra narrativa breve previa a la guerra civil se encuentra dispersa en revistas de esos años. Tampoco se han reeditado en el momento de escribir estas líneas su primer libro, de 1928 y sin pie editorial, Peregrinos de Calvario (que reúne las novelas breves «El pintor de los bellos horrores», «El otro amor» y «La ciudad dormida»), ni su primera novela, Natacha (Mundo Latino, 1930), así como varias novelas y cuentos escritos en esos años que quedaron inéditos. De su única obra teatral anterior a 1939, Así empezó…, queda poca más noticia que el de su estreno el 23 octubre de 1936 en el Teatro Lara, con decorados del esposo de Carnés, Ramón Puyol, en una sesión en la que también subieron a escena Bazar de la Providencia, de Rafael Alberti, y La conquista de la prensa, de Irene Falcón, y que, en palabras de Robert Marrast, «evocaba las primeras horas del 19 de julio». Como puede verse, Luisa Carnés se da a conocer en el ámbito cultural de las llamadas editoriales de combate surgidas a finales de los años treinta y vinculadas a las organizaciones políticas de izquierda que impulsaban la literatura social de preguerra, ambiente en el que también llevó a cabo la autora su labor periodística (Ahora, Mundo Obrero, Altavoz del Frente, etc.).

En cuanto a su producción literaria en el exilio, Antonio Plaza ofrece el siguiente apretado resumen: «De su etapa mexicana nos queda una notable producción, formada por una biografía [la ya aludida de Rosalía de Castro], cuatro novelas largas, tres novelas cortas, más de treinta cuentos, cuatro obras de teatro –una inacabada– y dos composiciones poéticas», al que añade el dato de que sólo entre 1940 y 1960 escribió una cuarentena, tanto de temática española como mexicana.

Tampoco ha tenido una reedición reciente Juan Caballero, la novela con la que Luisa Carnés ganó el premio de los Talleres Gráficos de La Nación en su edición de 1948, si bien la publicación en la editorial Atlante (fundada por los exiliados republicanos Juan Grijalbo y Estanislau Ruiz Ponsetí) no se produjo hasta 1956 y unos años después apareció traducida al rumano por Vlaicu Virne y Maria Ioanovici. Y más cuantiosa y variada es aún la obra que permanece inédita, si bien en algún caso asomó a la prensa. Un capítulo de la novela breve La Aurelia, por ejemplo, apareció con el título «Gris y rojo» en el número del 1 de septiembre de 1940 de la mítica revista del conocido como «Grupo de Hora de España» (Sánchez Barbudo, José Herrera Petere, Lorenzo Varela, Adolfo Sánchez Vázquez…) y apoyada por Giménez Siles Romance, donde también aparecieron el cuento «Los mellizos» (núm 5, p. 5, 1 de abril de 1940) y  «El bloqueo del hombre. Novela de la guerra de España» (15 de agosto de 1940).

Luisa Carnés entrevistando al escritor y traductor Ciro Bayo (1859-1939).

Abundan además, como pone de manifiesto Antonio Plaza en la entrada que dedica a la autora en el impresionante Diccionario biobibliográfico del exilio republicano, las obras absolutamente inéditas, en algunas de las cuales Carnés estuvo trabajando y corrigiendo a lo largo de muchos años, algunas de las cuales incluso desde los años treinta, y, a tenor de las descripciones que éste autor ofrece, el conjunto de la obra carnesiana presenta una variedad temática (de las condiciones de la mujer trabajadora en los años treinta a la vida de los refugiados en México, pasando por la guerra civil pero también por algunos relatos de tema mexicano) de la que los lectores interesados apenas pueden tener una idea aproximada hasta ahora, por lo que es de suponer, y de desear, que Luisa Carnés está en camino de crearse su espacio en el canon de la literatura en español de nuestro tiempo.


Fuentes:

Robert Marrast, El teatre durant la guerra civil espanyola. Assaig d’història i documents, traducción de Irene Peypoch, Barcelona, Edicions 62- Publicacions de l’Institut del Teatre (Monografies de Teatre 8), 1978.

Iliana Olmedo, «Divergencias generacionales entorno a la idea del exilio: la propuesta de Luisa Carnés», en Manuel Aznar Soler y José Ramón López García, eds., El exilio republicano de 1939 y la segunda generación, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio, Anejos 15), 2012, pp. 1088-1095.

Iliana Olmedo «Nuestro silencio nos hará criminales. La obra dramática de Luisa Carnés», en Juan Pablo Heras y José Paulino Ayuso, eds., El exilio teatral republicano de 1939 en México, Sevilla, Renacimiento, 2014, pp.

Antonio Plaza Plaza, «Teatro y compromiso en la obra de Luisa Carnés», Acotaciones, 25, enero-junio 2010, pp. 95-122.

Antonio Plaza Plaza, «Carnés Caballero, Luisa», en Manuel Aznar Soler y José Ramón López García, eds., Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, vol. 1, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio, Anejos 30), 2017, pp.

Neus Samblancat, «Una obrera toma la palabra», en Iliana Olmedo, Itinerarios de exilio: la obra narrativa de Luisa Carnés, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio, Memoria del Exilio, Anejos 17), 2014, pp. 9-11.

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Los inicios de Grijalbo

Juan Grijalbo Serres

Juan Grijalbo (1911-2002) fue un editor autodidacta, y quizás resulte un poco asombrosa la brillantez de su carrera como editor al recordar el hecho de que abandonó la escuela con poco más de quince años  y se formó sobre todo con la lectura de periódicos (El Sol, Abc, La Vanguardia y La Veu de Catalunya). En más de una ocasión dijo que se convirtió en editor por casualidad. Sin embargo, su Gandesa natal es tierra de editores. Allí nacieron Josep Lluís Monreal (n. 1932), que creó Danae y más tarde el Grupo Océano, y Enric Borras Cubells (1920-1985), que trabajó en Teide, con Grijalbo y posteriormente fundó la editorial El Llamp.

Su primer empleo, a los dieciséis años, fue en el Banc de Reus, donde su principal ocupación era registrar letras, y de allí pasó al cabo de pocos años al Banco Zaragozano. La militancia en el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) le llevó más tarde a ocupar importantes cargos en el Consell d´Economia de la Generalitat (en representación de UGT) y a ser director general de Comercio, y en calidad de tal Estanislau Ruiz Ponsetí (1889-1967) le pidió ayuda para evitar que durante la guerra civil un grupo de anarquistas quemara un stock de libros de tema religioso de la editorial en la que trabajaba, Gustavo Gili. A raíz de su decisiva intervención en este asunto, Ramón Sopena, Santiago Salvat y el propio Gustavo Gili le avalaron como delegado de la Generalitat en la Cámara del Libro de Barcelona.

Joan Comorera

Una vez acabada la guerra, estando en Francia con la pensión que recibía de la Generalitat compró una máquina para abrir cartas, y ello le permitió convertirse en jefe de correspondencia del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE). También en París interviene en la creación por parte del PSUC de la editorial Atlante, cuya gestación resume Martín Ramos citando un informe titulado “EL PSUC en el exranjero” atribuido al dirigente comunista Joan Comorera (1894-1958):

A primeros de mayo [de 1939] era inminente la fundación de una editorial francesa para la publicación de nuestra prensa y propaganda ordinaria y de una editorial americana de tipo comercial para publicar nuestros libros y ver la manera de rehacer el tesoro del partido.

Estanislau Ruiz i Ponsetí

Para llevar a cabo esta labor, Comorera recabó la colaboración del geógrafo Leandro Martín Echevarría (1894-1958) y del abogado Manuel Sánchez Sarto (1897-1980), que había sido director de la Editorial Labor y quien a su vez cooptó a Grijalbo. La marcha de Comorera a Moscú retrasó la fundación de esta empresa, que se formalizó finalmente el 1 de julio de 1939 en la sede del Consulado de los Estados Unidos Mexicanos con un capital inicial de medio millón de pesos mexicanos aportados por el partido y con Ruiz Ponsetí y Miquel Serra Pàmies (1902-1968) como directores-gerentes, Martín Echevarría como subdirector, Serra Pàmies como representante del capital aportado y Grijalbo como administrador.

Miquel Serra i Pàmies en 1937.

Con las 6.000 libras esterlinas (algo más de millón y medio de pesetas) que Ruiz Ponsetí entregó a Grijalbo, éste se ocupó de la creación definitiva de Atlante en México, el 25 de septiembre, a la espera de recibir el resto del capital, que quedó en la Banque Commerciale de París y no tardó en ser bloqueado. Aun así, Atlante no se desvió de un ambicioso plan inicial que se explicitaba del siguiente modo en el artículo segundo de la sociedad:

La sociedad tendrá una finalidad productiva y su objetivo será editar por cuenta propia o en administración, obras de reconocida valía, mediante las cuales se contribuya a elevar el nivel de la cultura, y con cuyo rendimiento económico, obtenido conforme una rigurosa observancia de los costos, queden justamente remunerados todos los colaboradores intelectuales y materiales, y se asigne a quienes aporten los medios de financiación, una participación proporcionada de los posibles beneficios.

Portada de Destierro (1942) de Domenchina en Atlante. 17,5 x 12, 124 pp.

Atlante ayudó en los primeros años del exilio a muchos intelectuales españoles, pero cuando Comorera llegó a México la empresa ya estaba al borde del abismo. El 18 de septiembre el consejo de administración censuró por ello a Ruiz Ponsetí, que tuvo que dimitir como gerente (más tarde sería gerente de la editorial UTEHA), y, en palabras de Martín Ramos:

La empresa del PSUC recompuso su situación financiera mediante el artificio de la recompra de la mitad de las acciones por parte de un supuesto nuevo grupo encabezado por Abel Martín Echevarría [hermano de Leandro] que no hizo otra cosa que actuar como testaferro del partido, y en la práctica del propio Comorera, que iba a asumir el pleno control.

En Atlante predominaron las obras afines a la ideología del partido “desde clásicos del marxismo hasta las obras literarias rusas, traducidas con frecuencia de la lengua original”, según Maite Férriz, pero también tuvo espacio para una prestigiosa y deficitaria revista científica (Ciencia. Revista hispanoamericana de ciencias puras y aplicadas), para las dos primeras ediciones del fundamental Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora (1941 y 1944) e incluso para algunas obras de creación literaria, como la Antología de la poesía española contemporánea, 1900-1936, preparada por Juan José Domenchina (1898-1959), varias obras del propio Domenchina o los mayores éxitos de Atlante: El motín del “Caine” (1952), de Herman Wouk, y las memorias del duque de Windsor. Entre las curiosidades, la colección de biografias Gandesa, cuyo logo diseñó Pere Calders basándose en el guante que aparece en el escudo de la ciudad natal de Juan Grijalbo.

Portada de Acolmán, un convento del siglo XVI. Texto y fotografías de Pere Calders y dibujos de Tísner y Pere Calders (Atlante, 1945)

Ante nuevas dificultades, la aportación de cincuenta millones de pesos por parte del director del Banco de México, Eduardo Villaseñor, y del muy célebre galerista y publicista Alberto Misrachi, añadido a un crédito de la Comisión Técnica de Ayuda a los Refugiados Españoles permitieron alargar unos meses la trayectoria de Atlante. Fue entonces cuando Grijalbo compró a plazos las acciones de la compañía (en manos de Villaseñor, Misrachi y Matilde Legorreta), liquidó las deudas y puso en pie Exportadora de Publicaciones Mexicanas, germen de la Editorial Grijalbo.

De izquierda a derecha, Carlos Barral, Juan Grijalbo y José Martínez Guerricabeitia (Ruedo Ibérico) en la Feria de Frankfurt en 1976.

Fuentes

Fundación Juan Grijalbo Serres, cuyo lema es “Impulsamos el desarrollo de lo futuros editores y de los lectores del mañana”, aquí.

Juan Escalona, “Editores españoles en el exilio”, en Catálogo de la Exposición Editores del Exilio Republicano de 1939, Sant Cugat del Vallès, Associació d´Idees-Gexel, 1999, pp. 7-40.

Josep Maria Espinàs, Entrevista a Juan Grijalbo en el programa de TV3 Personal i intransferible, 28 de abril de 1994. Con documentación gráfica muy interesante y poco accesible de su archivo personal.

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Jalisco, Colegio de Jalisco, 1998.

Jorge Herralde, “Grijalbo, “homenot” del 90””, La Vanguardia, 3 de julio de 2001. Recogido en Por orden alfabético, Barcelona, Anagrama (Biblioteca de la Memoria), 2006.

Antonio Lago Carballo y Nicanor Gómez Villegas, eds., Un viaje de ida y vuelta. La edición española e iberoamericana (1936-1975), Madrid, Siruela (El Ojo del Tiempo 9), 2006.

Manuel Llanas, La edició a Catalunya. Segle XX (fins a 1939), Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2005.

D.M., “El editor barcelonés Juan Grijalbo falleció ayer a los 91 años de edad“, Abc, 23 de noviembre de 2002, p. 63.

José Luis Martín  Ramos, Rojos contra Franco. Historia del PSUC, 1939-1947, Barcelona, Edhasa (Ensayo Histórico), 2002. El documento citado en el texto, y atribuido a Comorera, en el Archivo Histórico del Partido Comunista de España (Madrid).

Xavier Moret, “Muere a los 91 años Juan Grijalbo, editor de best sellers y de textos marxistas”, El País, 23 de noviembre de 2002, p. 36.

F.L. del Pino, “Juan Grijalbo. “Yo soy autodidacta”” (entrevista), Diario de Tarragona, 24 de octubre de 1995, p. 39.

Gonzalo Pontón, “Ocho líneas de enciclopedia”, El País, 23 de noviembre de 2002, p. 36.

Gonzalo Santonja, Los signos de la noche. De la guerra al exilio. Historia peregrina del libro republicano entre España y México, Madrid, Castalia (Literatura y Sociedad 76), 2003.