Los libros de Cristal

A Anna Portabella,

que entenderá el guiño del título.

Al poco tiempo de concluir la guerra civil española, el por entonces aún joven editor José Janés (1913-1959) consiguió reunir en una misma colección (Cristal) a algunos de los más interesantes artistas del libro que habían permanecido en Barcelona tras la entrada de las tropas franquistas en la ciudad. Una de las descripciones más interesantes que tenemos del nacimiento de esta colección es la que hizo el estrecho colaborador de Janés Fernando Gutiérrez en el curso de la conferencia “Recuerdo de José Janés” en 1960, en la que establecía un claro vínculo entre el uso del papel de barba y la carencia de papel en la inmediata posguerra.

[Janés] Creó colecciones para la falta de papel, valga la frase. Hizo libros con recortes y postetas. Así salió la colección que llamó Grano de Arena, y los hizo también con el único papel asequible: el papel de barba. En lugar de pegarle una póliza de 1,50 le imprimía El baile del conde de Orgel, de Radiguet, y le ponía un nombre a la colección: Cristal.

Masako en la colección Cristal, un placer para la vista y para el tacto.

La presentación que hacía el propio editor describe muy sucinta pero claramente el público al que va destinada esta colección, el grado de exigencia estética y la forma que tendrán los volúmenes: “Una colección de novelas especialmente seleccionadas para un público femenino. La originalidad y riqueza de la presentación va unida a la calidad excepcional de sus textos. Todos los volúmenes están impresos a dos tintas y decorados con orlas especiales para cada uno de ellos”.

El señor de Halleborg en la colección Cristal.

El señor de Halleborg en la colección Cristal.

Vistos hoy, y teniendo en cuenta la fecha en que aparece esta colección y el modo en que se publicaba por entonces, resulta doblemente asombrosa la opción de Janés de editar este tipo de libros con semejante esmero y buen gusto. Estos pequeños volúmenes de 16 x 12 cm, encuadernados en cartoné y con sobrecubierta ilustrada y con relieves e iluminados por artistas del rango de Pedro de Valencia, Clavé, Mallol Suazo, Miquel Planas i Bach, Narro o Francesc Domingo, eran realmente una rareza en el panorama de la edición española de 1942 sólo equiparable a otra colección janesiana de por entonces, Grano de Arena (encantadores volúmenes de 6 x 9 cm, pequeñas joyitas menos suntuosas que albergaron textos de Goethe, Heine, Bocaccio, Flaubert, Balzac, Dostoievski, Poe, E.T.A. Hoffman, Conrad, Stevenson, De Amicis, H.G. Wells…).

Treinta años, de Marise Ferro

Treinta años, de Marise Ferro

El primer número aparecido en Cristal en 1941 es Treinta años, de Marise Ferro (María Luisa Ferro, 1907-1991), una novela que había aparecido originalmente en italiano el año anterior y que tradujo el poeta catalán Agustí Esclasans (1895-1967). Resulta una coincidencia bastante asombrosa, pero treinta años es precisamente la pena que en octubre de 1940 el fiscal franquista pedía a Esclasans por su “auxilio a la rebelión”. Afortunadamente, Esclasans se libró de esa pena y en octubre de ese año salía de prisión, por lo que es muy probable que esta traducción fuera uno de los primeros trabajos que llevó a cabo una vez liberado. La relativa originalidad de la obra de Ferro es que, siendo una novela centrada en el tema del amor, no se trate del amor pasional, ni siquiera del amor romántico, sin duda mucho más novelescos, sino del amor en el seno del matrimonio: “¡Oh!, lo sé muy bien: el amor, cuando es verdadero, no termina nunca. Pasados los tumultos juveniles, la adoración de los cuerpos, la avidez, los celos, los miedos, me quedará la parte más bella del amor, aquella que parece más imaginada que verdadera”, dice en un momento la protagonista.

Frontispicio de Treinta años

Frontispicio de Treinta años.

El pasaje citado puede hacer pensar que estaba en la línea de novelas de tema amoroso que el régimen, apuntalado por Falange y por la Iglesia católica, podía aceptar sin censura, pero el hecho es que incluso en 1948 esta novela de Ferro aparecía en el Índice de Libros prohibidos entre las “novelas inmorales o dañosas que no deben leerse”. Por otra parte, Ferro pertenece al nutrido grupo de escritores y periodistas (Raffaele Calzini y Lanocita entre ellos) que dejaron de colaborar en el Corriere della Sera –en su caso alegando problemas familiares– cuando en los años cuarenta en este periódico empezó a hacerse notar la presión del fascismo.

Kikou Yamata (1897-1975) en una postal promocional.

El segundo número de Cristal, aparecido también en 1941, fue la traducción que Gabiel Miró había hecho de El señor de Halleborg, del destacado representante de la “Juventud Sueca” Alfred von Hedenstjerna (1879-1906), y que la barcelonesa Editorial Domènech había publicado ya en 1910. Y a continuación se publica en Cristal una traducción firmada por Berta Curiel de Masako, la historia de la joven japonsesa que, tras su paso por un internado católico, se enamora del muchacho que sus tías le eligen como marido. A la autora de esta novela, la escritora japonesa de expresión francesa Kikou Yamata (1897-1975), le había publicado Janés ya antes de la guerra en sus Quaderns Literaris (número 62), donde le presentaba del siguiente modo: “Yamata tiene treinta y ocho años. Su obra está traducida al inglés, al noruego y al alemán. Hoy entra en Cataluña  con su libro más característico, Masako”, que se había publicado originalmente en 1925 y que tradujo al catalán Ramon Xuriguera. En su momento, a raíz de la publicación de Masako, en Éditions Stock habían apostado fuerte por Yamata y habían inundado París de postales que la mostraban en el típico quimono japonés. En 1953 obtendría un gran éxito Yamata con La Dame de Beauté (finalista del premio Femina que se llevó Zoe Oldenbourg con La piedra angular), pero hoy, como Marise Ferro, es una autora bastante olvidada.

El baile del conde de Orgel

El baile del conde de Orgel

También de 1941 es el mucho más conocido y reeditado El baile del conde de Orgel, de Raymond Radiguet (1903-1923), traducido por Luis Igancio Bertrán, con ilustración de cubierta a color y frontispicio de Pedro de Valencia y relieves y capitulares obra de Enric Cluselles. Sin duda uno de los libros más cuidados y bellos de esta colección. Repito para no  perder la referencia: ¡hablamos de 1941! El siguiente título que aparece en Cristal es Victoria. Una historia de amor, del Premio Nobel de 1920 Knut Hamsun (1859-1952), que en 2009 recuperó la editorial Nórdica en traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. La edición de Janés, obviamente empleando una edición puente (quizá francesa), aparecía en una traducción firmada por Berta Curiel.

Darby y Joan

Darby y Joan

Ya de 1942 es Darby y Joan, de Maurice Baring, traducido por Alfonso Nadal, con cubierta y frontispicio pintado a mano por Francesc Domingo y portada y capitulares de Enric Cluselles. Maurice Baring (1874-1945) es otro de los autores que Janés había publicado ya en catalán en los Quaderns Literaris antes de la guerra civil (Mig minut de silenci, en traduccion  de Ros-Artigues) y que a lo largo de las décadas siguientes, pese a las dificultades con la censura, se convertiría en uno de los autores más reiteradamente publicado por Janés.

Carme Barba fotografió el ejemplar de Dos minutis de silenci que Jacqueline Hurtley pasó entre el púbico durante el Homenaje a Josep Janés celebrado en la Biblioteca Sagrada Familia (Barcelona) el 26 de septiembre de 2013.

Dos minuts de silenci. Foto de Carme Barba (se amplía al clicar en ella).

El caso de la fama de Baring en los años cuarenta, incluso en Gran Bretaña, es bastante extraño y merecedor de análisis más detenido. Ricardo Gullón acababa un artículo que le dedicó ese mismo año 1942 con las siguientes palabras:

La sencillez es la más admirable característica del Baring escritor; el optimismo y salud espiritual, la más consoladora cualidad del hombre: Ni la ironía de un Meredith, ni la violencia de D. H. Lawrence, ni la fuerza de evocación de un Conrad; pero a todos ellos les supera en el sentimiento de optimismo vital, en fe en las posibilidades del hombre, en la dignidad de la lección ofrecida.

Cuando alguien como Joseph Epstein escribía en Criterion en 1992 de este muy popular autor que, “si hoy aún viviera, los editores no tendrían nada que hacer con él, no encontraría plaza en ninguna universidad e incluso es dudoso que consiguiera algunos centenares de lectores”, es que algo pasa. Valga como último dato añadido por ahora que Miracle publicó de este autor Dafne Adanae en 1941 y que por esas fechas Salavador Pérez Valiente lo definía como “el novelista extranjero más leído en España”. A Baring le publica también en esta colección La solitaria de Dulwich, que Janés ya había publicado en la editorial que había creado con Félix Ros, Emporion, como primer número de la colección La Rosa de Piedra (en 1940). Ambas contienen la traducción firmada por José Aguirre (seudónimo de Janés) y las ilustraciones de Evaristo Mora.

Los tres grandes polemistas católicos: Conversation piece (G.K. Chesterton, Maurice Baring e Hilaire Belloc) (1932), de Sir James Gunn, en la página de la National Portrait Gallery de Londres.

También aparece en 1942 en Cristal El amor es mucho más que el amor, en traducción de José Luis del Río, en el que se recopilan frases sobre el amor entresacadas del conjunto de la obra de Jacques Chardonne (1884-1968), un Sido, de Colette (1873-1954) traducido por Julio Gómez de la Serna, con frontispicio pintado a mano por Mauricio de la Torre de Javea y cubierta de Cluselles y las Cartas de una novicia de quien fuera marido de Marise Ferro, Guido Piovene (1907-1974), que se publica en traducción de Luis Horno Liria, con frontispicio a mano pintado por la hija de Feliu Elias, Elvira Elias, y cubierta y decoración de Cluselles. Ya de 1943 el Luciana de Jules Romains (1885-1972), con cubierta de Cluselles y frontispicio de Clavé; la traducción es la que en 1926 publicara Biblioteca Nueva, que aquí se atribuye a Antonio Marichalar y a un J.B que oculta a José Bergamín (por entonces exiliado).

Se podrían hacer todo tipo de reflexiones y comentarios sobre los autores publicados en esta colección, en apariencia inocua para la censura de la época, pues incluye a un miembro de los húsares, a un autor bienquisto por el régimen como era Hamsun, y a autores italianos en lugar de los tan habituales ingleses en las colecciones de Janés (algo que le afeaban por estar Inglaterra en plena guerra contra Hitler), e incluso podría debatirse acerca del hecho de que sea una colección destinada “a mujeres”. De todos modos, más interesante parece constatar cómo, recién acabada la guerra civil, era posible hacer libros tan bellos con tan poco medios. Por lo menos, Janés lo hacía posible. Y quizá sea una lección para el presente.

Fuentes:

Joseph Epstein, “Maurice Baring and the good high-brow”, The New Criterion, octubre de 1992.

Ricardo Gullón, “El novelista Mauricio Baring”, Escorial, Año 6, núm. 15 (enero 1942), pp. 145-149.

Fernando Gutiérrez, «Recuerdo de José Janés», conferencia pronunciada en la Biblioteca Central de la Diputación de Barcelona con motivo de la Exposición de la Fiesta del Libro de 1959 y publicada como anexo al Catálogo de la Producción Editorial Barcelonesa comprendida entre el 23 de abril de 1958 y el de 1959, Barcelona, Diputación de Barcelona,1960. Una versión muy abreviada de esta conferencia se publicó con el mismo título en La Vanguardia Española.

Pier Pauls Read, “What becomes of Baring?“, The Spectator Magazine, octubre de 2007.

Salvador Pérez Valiente, “Seis Delfines”, Cuadernos de Literatura Contemporánea, núm. 5-6, p. 317, citado en José María Martínez Cachero, La novela española entre 1936 y el fin de siglo. Historia de una aventura, Madrid, Castalia (Literatura y Sociedad 59), 1997, p. 85.

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2 pensamientos en “Los libros de Cristal

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