Lara, el tahúr, y notas sobre el Premio Planeta

A menudo se han señalado paralelismos entre editar y el juego, generalmente referido a juegos de azar. Beatriz de Moura (n. 1939) lo comparó con la ruleta, y de Esther Tusquets (1936-1912) es conocida su afición a las partidas de cartas y al bingo porque ella misma dejó constancia de ello en sus libros de memorias (así como en la novela ¡Bingo!). En cambio, a José Manuel Lara Hernández (1914-2003), al parecer, lo que le iban eran los juegos en los que el azar intervenía poco: el billar y más tarde el ajedrez.

Lara y Torrente Ballester.

En mayo de 2003, Salomé Machío dedicó un curioso reportaje a los orígenes de Lara Hernández en el pequeño pueblo sevillano de El Pedroso –por cierto, cuna de otro interesante editor, Antonio Herrero Romero–, y en él recogía algunas declaraciones no muy discretas de compañeros de infancia de quien en 1994 llegaría a ser nombrado Marqués de El Pedroso. Eloísa Neyra, por ejemplo, suelta allí que “Pepe era un golfo, yo no digo más que la verdad”, mientras que Pablo Muñoz recuerda haberle visto en sotana durante su breve etapa en el seminario, rememora que “a Pepe le gustaba mucho jugar, pero nunca pagaba” y añade que “era un poco fullero, porque en las canicas siempre hacía trampas, no le gustaba perder”. Se cuenta que, ya en Barcelona –adonde entró por la Diagonal como legionario con las tropas franquistas del general Yagüe–,  solía enviar a su chófer a buscar café cuando estaban a media partida de ajedrez y las cosas pintaban feas, y cuando regresaba, por ensalmo, la partida había tomado un giro inesperado (un giro favorable a Lara, por supuesto).

Félix Ros (1912-1974)

Félix Ros (1912-1974)

Sin embargo –y si bien sus éxitos son sobradamente conocidos–, en el juego de la edición Lara Hernández también perdió alguna que otra partida. Suele ocultarse que, tras comprar la editorial Tartsesos a Félix Ros y montar una editorial con su nombre (Editorial Lara), al acabar la guerra mundial y ante las consecuentes dificultades para pagar en divisas los derechos de autor Lara acabó vendiéndosela a José Janés para crear un almacén de papel. Según ha referido Manuel Lombardero, durante muchos años mano derecha de Lara Hernández, “Lara se había comprometido con Janés, puede que verbalmente, a dedicarse al negocio del papel y que no pondría una editorial. Pero el negocio del papel se liberalizó y dejó de ser tal negocio, con lo que Lara montó Planeta” (lo cuento con más detalle en A dos tintas, pp. 287-290).

De izquierda a derecha, Ángel González, Joaquina Hoyas, Manuel Lombardero hijo, Juan Marsé y Manuel Lombardero.

También son conocidos, por ejemplo, los fracasos en los intentos de contratar las memorias del futbolista Helenio Herrera, de conceder el Planeta a Delibes, o de fichar a autores tan dispares pero exitosos como Javier Marías o Arturo Pérez-Reverte.

Helenio Herrera (1910-1997)

Como se ha recordado en numerosas ocasiones, a Lara Hernández “le encantaba fotografiarse con sonrisa de oreja a oreja entregando el talón millonario –o un fajo de flamantes billetes de mil pelas encuadernados– al sonrojado ganador [del Premio Planeta]” (Manuel Rodríguez Rivero), y Antonio Prieto ha contado que, en su caso, “el Premio, vamos, el dinero, lo recibí en un acto que se celebró en el Ateneu Barcelonès. Me dieron las 10.000 pesetas en billetes de 100, puestos uno encima del otro en una bandeja de plata”. También es conocido que después de 1959 se produjo un relativo cambio en el modo de proceder a las votaciones del Premio Planeta, aunque quizá lo es menos el motivo de tal cambio. Ese año apoyaban como ganador al que fuera director de Abc Torcuato Luca de Tena (1923-1999), próximo al régimen pese a sus problemas con Arias Salgado, los miembros madrileños del jurado y el propio Lara, pero los barceloneses preferían a Julio Manegat (1922-2011), que quedaría finalista. Eso provocó que, al emplear el llamado método Goncourt (ir eliminado de la lista a los peor calificados en sucesivas votaciones) este enfrentamiento entre los miembros del jurado desembocara en la eliminación de los dos favoritos (y ganara Fernando Bermúdez de Castro con un título que ni hecho aposta, Pasos sin huellas). Escribió entonces Lara a Luca de Tena:

Torcuato Luca de Tena (1923-1999)

He decidido cambiar el sistema de votación por ser éste peligrosísimo y prestarse a cosas como la acontecida en esta última edición del premio, donde una novela como la tuya [Edad prohibida] , que llevábamos como ganadora cinco de los miembros del jurado, fue eliminada en la tercera votación.

Un poco más complicado fue el lío que se produjo unos años después, en 1962, cuando entre 178 obras un jurado formado por Ignacio Agustí, Joaquín de Entrambasaguas, Ricardo Fernández de la Reguera, José María Gironella, Sebastián Juan-Arbó, Carmen Laforet, José Manuel Lara y Manuel Lombardero (secretario) eligió como vencedora una novela de Concha Alós (El sol y las bestias) que con el título Los enanos tenía comprometida ya con la colección de Plaza & Janés Selecciones Lengua Española que dirigía Tomás Salvador (ganador del Planeta en 1960, por cierto), quien montó un pollo al anunciarse el fallo y la publicó ese mismo

Concha Alós (1926-2011) vista por Manuel del Arco (1909-1971)

año 1962. Como es de suponer, el asunto se resolvió al estilo Lara: Alós ganaría el Planeta en 1964 con Las hogueras y todos contentos.  De hecho, el Premio Planeta, entre cuyos galardonados se encuentran también firmas del renombre de Santiago Lorén (1953), Andrés Bosch (1959), Ángel Vázquez (1962), Rodrigo Rubio (1965), Marta Portal (1966), Manuel Ferrand (1968), Marcos Aguinis (1970) o Jesús Zárate (1972), le permitió a Lara Hernández alguna que otra buena jugada. Así, en 1957, cuando apenas hacía un año que Lombardero (n. 1924) había montado para Lara Crédito Internacional del Libro, obtuvo un gran éxito al conseguir que el Ministerio de Trabajo les hiciera una importante compra de libros de consulta y enciclopedias destinadas a las universidades laborales. El problema era que el susodicho ministerio retrasaba mucho el pago, lo que ponía a Planeta en jaque, así que ese año ganó el Planeta La paz empieza nunca, de Emilio Romero (por entonces director de Pueblo y personaje influyente tanto en el Sindicato Vertical como, de rebote, en el Ministerio de Trabajo). Antes de acabar el año, la deuda estaba –¿milagrosamente? – saldada.

Emilio Romero (1917-2003)

Es bastante dudoso, como se ha proclamado machacona e insistentemente desde Planeta (y la prensa ha repetido) que el premio haya contribuido a acrecentar los hábitos de lectura de los españoles, sino que más bien les ha vendido algo parecido a melones –melones que debían rentabilizar el oneroso esfuerzo de promoción, eso sí–, porque al fin y al cabo hay que abrirlos para saber si son buenos o putrefactos, incluso cuando el autor es alguien con una carrera ya hecha y de cierta solvencia (pienso en los Planeta de Cela o de Vargas Llosa, por ejemplo). Con lo cual, sin duda, se distorsiona el papel prescriptor que los premios literarios acostumbran a tener en las sociedades más o menos cultas.

 Fuentes:

Anónimo, “José Manuel Lara”, Qué Leer, junio de 2003, p. 20.

Rafael Borrás Betriu, La guerra de los Planetas, Barcelona, Ediciones B, 2005.

Antoni Capilla, “Medio siglo creando mitos”, suplemento Libros de El Periódico, 12 de octubre de 2001, pp. 1-3.

Màrius Carol, “José Manuel Lara Hernández”, en Noms per a una història de l´edició a Catalunya, Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2001, pp. 9-40.

Manuel del Arco, “Mano a mano. Concha Alós“, La Vanguardia Española, 16 de octubre de 1962.

Ignacio Echevarría, “El tinglado de los premios“, Babelia, 10 de mayo de 2003.

Julio Fernández, “José Manuel Lara: Quisiera empezar de nuevo”, El Periódico, 31 de agosto de 1981.

Fernando González Ariza, Literatura y sociedad: El premio Planeta, tesis de doctorado presentada en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid en

Josep Maria Huertas, “El Premio Planeta no viene de París”, suplemento Libros de El Periódico, 13 de octubre de 2000, pp. 1-3.

Josep Maria Huertas (1939-2007)

Josep Maria Huertas, “Las obras favoritas de Lara”, suplemento Libros de El Periódico, 13 de octubre de 2000, p. 4.

Óscar López, “Planeta, el oro de la familia Lara”, suplemento Libros de El Periódico, 28 de mayo de 1999, pp. 4.

Óscar López, “La última morada del gigante”, suplemento Libros de El Periódico, 16 de mayo de 2003, pp. 20-21.

Salomé Machío, “Una vida de best-seller”, suplemento Libros de El Periódico, 16 de mayo de 2003, pp. 18-19.

Claudi Pérez, “Un astro que amplía su universo”, suplemento Libros de El Periódico, 16 de mayo de 2003, p. 19.

Manuel Rodríguez Rivero, “La muerte del faraón”, suplemento Blanco y Negro de Abc, 17 de mayo de 2003.

Julio Rodríguez-Puértolas, Historia de la literatura fascista española, Madrid, Akal, 2008.

Ricard Ruiz Garzón, “Las 5 bases del premio”, suplemento Libros de El Periódico, 6 de enero de 2005, pp. I-III.

José Serrano Belmonte, “Los premios literarios: la sombra de una
duda”, en José Manuel López de Abadía, Neuschäfer Hans-Jörg López Bernasocchi Augusta eds., Entre el ocio y el negocio: industria editorial y literatura en la España de los 90, Madrid, Verbum, 2001, pp. 43-53.

Julio Trenas, “Veinte años de historia de un premio literario“, Abc, 15 de octubre de 1971,

José Manuel Lara Hernández (1914-2003).

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4 pensamientos en “Lara, el tahúr, y notas sobre el Premio Planeta

    • Bien visto. Es muy ilustrativo en este sentido el libro de Hipólito Escolar “Gente del libro”, donde describe a Lara en el café Gijón con una cartera cerrada con gomas, “como un tratante de ganado”, contratando a autores.

  1. Enhorabuena por su trabajo imprescindible para la historia de la edición en España, asignatura “pendiente” en el panorama académico. Me permito indicarle una referencia a mi trabajo UNA COLECCION PARA LA TRANSICION (Trea, 2012) sobre la coleccion Espejo de España y la labor de Rafael Borràs Betriu en PLANETA, secuela de la tesis doctoral que defendí en Francia.
    He aquí el enlace:
    http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00001169

    • Muchísimas gracias, tanto por los piropos como por la información adicional. Y soy optimista en cuanto a que ¡cada vez somos más los que trabajamos para aprobar esa asignatura! En ese sentido,l trabajo de editoriales como Trama o Trea es estupendo y contribuye de un modo decisivo a que algún día podamos disponer de una historia completa y seria de la edición española (por lo menos la del siglo XX). Gracias de nuevo.

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