Los libros de Cristal

A Anna Portabella,

que entenderá el guiño del título.

Al poco tiempo de concluir la guerra civil española, el por entonces aún joven editor José Janés (1913-1959) consiguió reunir en una misma colección (Cristal) a algunos de los más interesantes artistas del libro que habían permanecido en Barcelona tras la entrada de las tropas franquistas en la ciudad. Una de las descripciones más interesantes que tenemos del nacimiento de esta colección es la que hizo el estrecho colaborador de Janés Fernando Gutiérrez en el curso de la conferencia “Recuerdo de José Janés” en 1960, en la que establecía un claro vínculo entre el uso del papel de barba y la carencia de papel en la inmediata posguerra.

[Janés] Creó colecciones para la falta de papel, valga la frase. Hizo libros con recortes y postetas. Así salió la colección que llamó Grano de Arena, y los hizo también con el único papel asequible: el papel de barba. En lugar de pegarle una póliza de 1,50 le imprimía El baile del conde de Orgel, de Radiguet, y le ponía un nombre a la colección: Cristal.

Masako en la colección Cristal, un placer para la vista y para el tacto.

La presentación que hacía el propio editor describe muy sucinta pero claramente el público al que va destinada esta colección, el grado de exigencia estética y la forma que tendrán los volúmenes: “Una colección de novelas especialmente seleccionadas para un público femenino. La originalidad y riqueza de la presentación va unida a la calidad excepcional de sus textos. Todos los volúmenes están impresos a dos tintas y decorados con orlas especiales para cada uno de ellos”.

El señor de Halleborg en la colección Cristal.

El señor de Halleborg en la colección Cristal.

Vistos hoy, y teniendo en cuenta la fecha en que aparece esta colección y el modo en que se publicaba por entonces, resulta doblemente asombrosa la opción de Janés de editar este tipo de libros con semejante esmero y buen gusto. Estos pequeños volúmenes de 16 x 12 cm, encuadernados en cartoné y con sobrecubierta ilustrada y con relieves e iluminados por artistas del rango de Pedro de Valencia, Clavé, Mallol Suazo, Miquel Planas i Bach, Narro o Francesc Domingo, eran realmente una rareza en el panorama de la edición española de 1942 sólo equiparable a otra colección janesiana de por entonces, Grano de Arena (encantadores volúmenes de 6 x 9 cm, pequeñas joyitas menos suntuosas que albergaron textos de Goethe, Heine, Bocaccio, Flaubert, Balzac, Dostoievski, Poe, E.T.A. Hoffman, Conrad, Stevenson, De Amicis, H.G. Wells…).

Treinta años, de Marise Ferro

Treinta años, de Marise Ferro

El primer número aparecido en Cristal en 1941 es Treinta años, de Marise Ferro (María Luisa Ferro, 1907-1991), una novela que había aparecido originalmente en italiano el año anterior y que tradujo el poeta catalán Agustí Esclasans (1895-1967). Resulta una coincidencia bastante asombrosa, pero treinta años es precisamente la pena que en octubre de 1940 el fiscal franquista pedía a Esclasans por su “auxilio a la rebelión”. Afortunadamente, Esclasans se libró de esa pena y en octubre de ese año salía de prisión, por lo que es muy probable que esta traducción fuera uno de los primeros trabajos que llevó a cabo una vez liberado. La relativa originalidad de la obra de Ferro es que, siendo una novela centrada en el tema del amor, no se trate del amor pasional, ni siquiera del amor romántico, sin duda mucho más novelescos, sino del amor en el seno del matrimonio: “¡Oh!, lo sé muy bien: el amor, cuando es verdadero, no termina nunca. Pasados los tumultos juveniles, la adoración de los cuerpos, la avidez, los celos, los miedos, me quedará la parte más bella del amor, aquella que parece más imaginada que verdadera”, dice en un momento la protagonista.

Frontispicio de Treinta años

Frontispicio de Treinta años.

El pasaje citado puede hacer pensar que estaba en la línea de novelas de tema amoroso que el régimen, apuntalado por Falange y por la Iglesia católica, podía aceptar sin censura, pero el hecho es que incluso en 1948 esta novela de Ferro aparecía en el Índice de Libros prohibidos entre las “novelas inmorales o dañosas que no deben leerse”. Por otra parte, Ferro pertenece al nutrido grupo de escritores y periodistas (Raffaele Calzini y Lanocita entre ellos) que dejaron de colaborar en el Corriere della Sera –en su caso alegando problemas familiares– cuando en los años cuarenta en este periódico empezó a hacerse notar la presión del fascismo.

Kikou Yamata (1897-1975) en una postal promocional.

El segundo número de Cristal, aparecido también en 1941, fue la traducción que Gabiel Miró había hecho de El señor de Halleborg, del destacado representante de la “Juventud Sueca” Alfred von Hedenstjerna (1879-1906), y que la barcelonesa Editorial Domènech había publicado ya en 1910. Y a continuación se publica en Cristal una traducción firmada por Berta Curiel de Masako, la historia de la joven japonsesa que, tras su paso por un internado católico, se enamora del muchacho que sus tías le eligen como marido. A la autora de esta novela, la escritora japonesa de expresión francesa Kikou Yamata (1897-1975), le había publicado Janés ya antes de la guerra en sus Quaderns Literaris (número 62), donde le presentaba del siguiente modo: “Yamata tiene treinta y ocho años. Su obra está traducida al inglés, al noruego y al alemán. Hoy entra en Cataluña  con su libro más característico, Masako”, que se había publicado originalmente en 1925 y que tradujo al catalán Ramon Xuriguera. En su momento, a raíz de la publicación de Masako, en Éditions Stock habían apostado fuerte por Yamata y habían inundado París de postales que la mostraban en el típico quimono japonés. En 1953 obtendría un gran éxito Yamata con La Dame de Beauté (finalista del premio Femina que se llevó Zoe Oldenbourg con La piedra angular), pero hoy, como Marise Ferro, es una autora bastante olvidada.

El baile del conde de Orgel

El baile del conde de Orgel

También de 1941 es el mucho más conocido y reeditado El baile del conde de Orgel, de Raymond Radiguet (1903-1923), traducido por Luis Igancio Bertrán, con ilustración de cubierta a color y frontispicio de Pedro de Valencia y relieves y capitulares obra de Enric Cluselles. Sin duda uno de los libros más cuidados y bellos de esta colección. Repito para no  perder la referencia: ¡hablamos de 1941! El siguiente título que aparece en Cristal es Victoria. Una historia de amor, del Premio Nobel de 1920 Knut Hamsun (1859-1952), que en 2009 recuperó la editorial Nórdica en traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. La edición de Janés, obviamente empleando una edición puente (quizá francesa), aparecía en una traducción firmada por Berta Curiel.

Darby y Joan

Darby y Joan

Ya de 1942 es Darby y Joan, de Maurice Baring, traducido por Alfonso Nadal, con cubierta y frontispicio pintado a mano por Francesc Domingo y portada y capitulares de Enric Cluselles. Maurice Baring (1874-1945) es otro de los autores que Janés había publicado ya en catalán en los Quaderns Literaris antes de la guerra civil (Mig minut de silenci, en traduccion  de Ros-Artigues) y que a lo largo de las décadas siguientes, pese a las dificultades con la censura, se convertiría en uno de los autores más reiteradamente publicado por Janés.

Carme Barba fotografió el ejemplar de Dos minutis de silenci que Jacqueline Hurtley pasó entre el púbico durante el Homenaje a Josep Janés celebrado en la Biblioteca Sagrada Familia (Barcelona) el 26 de septiembre de 2013.

Dos minuts de silenci. Foto de Carme Barba (se amplía al clicar en ella).

El caso de la fama de Baring en los años cuarenta, incluso en Gran Bretaña, es bastante extraño y merecedor de análisis más detenido. Ricardo Gullón acababa un artículo que le dedicó ese mismo año 1942 con las siguientes palabras:

La sencillez es la más admirable característica del Baring escritor; el optimismo y salud espiritual, la más consoladora cualidad del hombre: Ni la ironía de un Meredith, ni la violencia de D. H. Lawrence, ni la fuerza de evocación de un Conrad; pero a todos ellos les supera en el sentimiento de optimismo vital, en fe en las posibilidades del hombre, en la dignidad de la lección ofrecida.

Cuando alguien como Joseph Epstein escribía en Criterion en 1992 de este muy popular autor que, “si hoy aún viviera, los editores no tendrían nada que hacer con él, no encontraría plaza en ninguna universidad e incluso es dudoso que consiguiera algunos centenares de lectores”, es que algo pasa. Valga como último dato añadido por ahora que Miracle publicó de este autor Dafne Adanae en 1941 y que por esas fechas Salavador Pérez Valiente lo definía como “el novelista extranjero más leído en España”. A Baring le publica también en esta colección La solitaria de Dulwich, que Janés ya había publicado en la editorial que había creado con Félix Ros, Emporion, como primer número de la colección La Rosa de Piedra (en 1940). Ambas contienen la traducción firmada por José Aguirre (seudónimo de Janés) y las ilustraciones de Evaristo Mora.

Los tres grandes polemistas católicos: Conversation piece (G.K. Chesterton, Maurice Baring e Hilaire Belloc) (1932), de Sir James Gunn, en la página de la National Portrait Gallery de Londres.

También aparece en 1942 en Cristal El amor es mucho más que el amor, en traducción de José Luis del Río, en el que se recopilan frases sobre el amor entresacadas del conjunto de la obra de Jacques Chardonne (1884-1968), un Sido, de Colette (1873-1954) traducido por Julio Gómez de la Serna, con frontispicio pintado a mano por Mauricio de la Torre de Javea y cubierta de Cluselles y las Cartas de una novicia de quien fuera marido de Marise Ferro, Guido Piovene (1907-1974), que se publica en traducción de Luis Horno Liria, con frontispicio a mano pintado por la hija de Feliu Elias, Elvira Elias, y cubierta y decoración de Cluselles. Ya de 1943 el Luciana de Jules Romains (1885-1972), con cubierta de Cluselles y frontispicio de Clavé; la traducción es la que en 1926 publicara Biblioteca Nueva, que aquí se atribuye a Antonio Marichalar y a un J.B que oculta a José Bergamín (por entonces exiliado).

Se podrían hacer todo tipo de reflexiones y comentarios sobre los autores publicados en esta colección, en apariencia inocua para la censura de la época, pues incluye a un miembro de los húsares, a un autor bienquisto por el régimen como era Hamsun, y a autores italianos en lugar de los tan habituales ingleses en las colecciones de Janés (algo que le afeaban por estar Inglaterra en plena guerra contra Hitler), e incluso podría debatirse acerca del hecho de que sea una colección destinada “a mujeres”. De todos modos, más interesante parece constatar cómo, recién acabada la guerra civil, era posible hacer libros tan bellos con tan poco medios. Por lo menos, Janés lo hacía posible. Y quizá sea una lección para el presente.

Fuentes:

Joseph Epstein, “Maurice Baring and the good high-brow”, The New Criterion, octubre de 1992.

Ricardo Gullón, “El novelista Mauricio Baring”, Escorial, Año 6, núm. 15 (enero 1942), pp. 145-149.

Fernando Gutiérrez, «Recuerdo de José Janés», conferencia pronunciada en la Biblioteca Central de la Diputación de Barcelona con motivo de la Exposición de la Fiesta del Libro de 1959 y publicada como anexo al Catálogo de la Producción Editorial Barcelonesa comprendida entre el 23 de abril de 1958 y el de 1959, Barcelona, Diputación de Barcelona,1960. Una versión muy abreviada de esta conferencia se publicó con el mismo título en La Vanguardia Española.

Pier Pauls Read, “What becomes of Baring?“, The Spectator Magazine, octubre de 2007.

Salvador Pérez Valiente, “Seis Delfines”, Cuadernos de Literatura Contemporánea, núm. 5-6, p. 317, citado en José María Martínez Cachero, La novela española entre 1936 y el fin de siglo. Historia de una aventura, Madrid, Castalia (Literatura y Sociedad 59), 1997, p. 85.

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El editor de los represaliados (en el centenario de Charles Orengo, segunda parte)

Con la Liberación de París, un buen número de pequeñas editoriales que estaban publicando a escritores franceses fuera de Francia se enfrentaron a un problema que parece que no querían ver: la desaparición progresiva de esos autores de sus catálogos y su regreso a las grandes casas editoriales parisinas.

Edición en Charlot de Le mas théotime, de Henri Bosco.

El caso más famoso quizá sea el de las Éditions Charlot, creadas en 1936 en Argel por Edmond Charlot, que, pese a publicar a Henri Bosco (premiado con el Renaudot en 1945 con Le Mas Théotime, del que se vendieron 300 000 ejemplares), a Jules Roy (Premio Renaudot en 1946 con La Vallée Hereuse) o a Emmanuel Roblès (Premio Fémina en 1948 con Les Hauteurs de la Ville) y a haberse establecido en París a finales de 1944, seis años más tarde desaparecían completamente. Situaciones similares afrontan en esos años las editoriales suizas Ides et Calendes, Les Portes de France o la Librairie de l´Université de Friburg, las monegascas Éditions Chauvet y las Éditions du Rocher, de quien fuera censor de manga ancha Charles Orengo.

Lógicamente, sin embargo, estos cambios tienen un desarrollo progresivo, y es el caso de la empresa de Orengo, que gracias a los acuerdos establecidos durante la guerra con Plon, entre 1944 y 1946 sigue publicando a Aldous Huxley (La Croisière de la Priscilla, Joli-coeur y L´éminence grise en 1945), François Mauriac (Pages de journal en 1945) o reeditando a los hermanos Jerôme y Jean Tharaud (Le chemin de Damas y Miracle de Théophile en 1945). Al mismo tiempo, sigue con sus recuperaciones de clásicos anotados en la colección Grands et petits chefs-d´oeuvre (Stendhal, Merimée, Flaubert) o, entre las curiosidades de la efímera colección de ensayo Le Monde d´ajourd´hui, el Journal d´un expatrié catalán, 1936-1945 (1946), del conde de Güell y marqués de Comillas (Joan Antoni Güell i López), del que se tiran tan solo treinta ejemplares numerados. Sin embargo, si en 1945 aparecen 18 títulos en Éditions du Rocher y en 1946, 28, se publican 27 en 1947, 22 en 1948, 17 en 1949, 7 en 1950, sólo cinco en 1951…

De izquierda a derecha, Bernard Grasset, Bernard Probat y Jean Blanzat.

En Francia, las restricciones de papel acaban en 1947, lo que supone ya un gran cambio, pero más notable en ese ámbito es el que provoca la creación del Comité de Depuración de la Edición. Grandes editores, como muy particularmente Grasset, aparecen en su punto de mira una y otra vez, pero el hecho incontrastable es que casi todos los editores franceses, exactamente 140, habían firmado la famosa y vergonzante Lista Otto nazi. Se proscribe, pues, en 1944 a Louis-Ferdinand Céline, a Henri Béraud, a Pierre Drieu de La Rochelle, a Pierre Benoit, a Charles Maurras, a Henry de  Montherlant, a André Thérive, pero los editores apenas salen salpicados. El muy polémico caso Gallimard queda archivado en junio de 1948, Bernard Grasset (detenido desde septiembre de 1944) se enzarza en una serie de largos procesos y no llega a ser amnistiado hasta 1949), Robert Denoël es suspendido en 1944 y su editorial embargada (murió en plena calle con una bala en la espalda el 2 de diciembre de 1945)…

Robert Denoël (1902-1945)

Es entonces cuando las Éditions du Rocher empiezan, sorprendentemente, a reeditar en lujo a algunos de los autores “apestados”. Henry de Montherlant (1895-1972), autor de Grasset cuyas Les Jeunes filles le habían convertido a los cuarenta y un años en uno de los escritores más célebres de los años treinta, era uno de los muchísimos nombres que aparecían en la lista que elaboró a finales de 1944 el Comité Nacional de Escritores y publicó en dos partes la revista Les Lettres Françaises el 9 de septiembre y el 11 de octubre de ese año, a causa sobre todo del contenido de sus colaboraciones y entrevistas en la prensa colaboracionista, así como de ciertos pasajes de Soltice de juin. Abandonó a la carrera su piso de la calle Voltaire y permaneció oculto hasta que volvió a la palestra en las páginas de la revista La Table Ronde (dirigida, como la editorial del mismo nombre, por Roland Laudenbach), donde su nombre alternaría con los Mauriac, Jouhandeau, Thierry Maulner y con los de los jóvenes que formarían el grupo conocido como los Húsares, caso de Roger Nimier. Antes, en 1946, reedita en Éditions du Rocher ediciones lujosas de 3000 ejemplares de Le Songe (originalmente en Grasset en 1922) y Les Bestiaires (Grasset, 1926).

Jean de la Varende (1887-1959)

Jean de La Varende (1887-1959), autor de Plon y Gran Premio de la Academia en 1938 con Le Centaure de Dieu, había tenido su mayor éxito con Nez-Cuir (Plon, 1937) y durante la Ocupación, además de colaborar en Le Petit Parisien, Je suis partout o Gringoire, fue de los autores franceses más traducidos en la Alemania nazi. Éditions du Rocher encadenan al final de la guerra varios títulos de La Varende, hasta que en 1951 el éxito de la versión cinematográfica de Nez-Cuir (de Yves Allegret, con Jean Marais como protagonista), propicie su regreso a Plon.

Al editor de Stock, Jacques Chardonne (1884-1968), uno de los autores más significados de entre los colaboracionistas, le publican las Éditions du Rocher varias obras. Además de la segunda edición en 1947 de Le Bonheur de Barbezieux (Stock, 1947), las Chimériques (1948), que señalan su regreso a las librerías, entre otras.

Jacques Chardonne (1884-1968)

El pacifista Jean Giono (1895-1970), veterano (como Montherlant) de la primera guerra mundial, también aparecía en las listas del CNE, a causa de su participación en La Nouvelle Revue Française dirigida por Drieu de La Rochelle durante la Ocupación (junto a Chardonne, Jouhandeau o Morand), pero probablemente lo que más daño le hiciera fue un vitriólico artículo publicado el 27 de octubre de 1944 en Les Lettres Françaises firmado por Triztan Tzara (“Un romancier de la lâcheté: Jean Giono”, “Un novelista de la cobardía: J.G.”), en el que, entre otras lindezas, podía leerse: “Por todas partes donde se manifestaban los boches, donde la traición se servía de la lengua de Diderot, de Baudelaire, de Rimbaud, Giono se mostró con toda la desnudez de su ignominia”. En 1947 Charles Orengo acoge en sus Éditions du Rocher una obra teatral inédita de Giono, Le Voyage en Calèche, prohibida durante la Ocupación y estrenada en diciembre de 1947, y en junio de 1949 firma también un contrato por unos Fragments d´un journal que nunca llegó a publicar.

Jean Giono (1895-1970)

En 1947 queda al frente de la sede monegasca de la editorial el especialista en Malaparte René Novella (que ocuparía luego importantes cargos diplomáticos en el principado), mientras que Charles Orengo se convierte en 1949 en “consejero técnico adjunto a la dirección de la Librairie Plon”, si bien con un despacho desde donde llevar sus asuntos monegascos. Poco a poco, Novella deja la empresa para convertirse en editor del Servicio de las Ediciones de la Imprimerie Nationale de Mónaco y director de la Biblioteca de Mónaco; el propio Charles Orengo, gracias  la compra de los derechos de las obras de Jean Cocteau, tendrá un final también bastante tranquilo, al convertir Éditions du Rocher en sociedad anónima, con fuerte participación de Plon. Una trayectoria curiosa, la de Charles Orengo.

Fuentes:

Pierre Assouline, L´Épuration des intellectuells, Bruselas, Complexe, 1985.

Jérome Dupuis “Le livre noir de l´édition“, entrevista a Jean-Yves Mollier en L´Express. Existe una traducción en Anaclet Pons, “Historia del libro y de los editores que lo publican“,  en Clionauta. Blog de historia, fechada el 20 de octubre de 2008.

Pascal Fouché, L´Édition Française sous l´Occupation 1940-1944, Bibliothèque de Littérature Française Contemporaine (Université de París-7),vol. I, 1987.

Pascal d´Ory, Les collaborateurs. 1940-1945, París, Seuil, 1976.

Pascal d´Or y Jean François Sirinelli, Los intelectuales en Francia: del caso Dreyfus a nuestros días, Universitat de València, 2007.

Winock, Michel, Le siècle des intellectuels, París, Éditions du Seuil (Points, Série Histoire), 1999. Existe traducción al castellano de Ana Herrera (El siglo de los intelectuales, Barcelona, Edhasa, 2010).

De las dos partes de este texto se hizo una edición en papel que se publicó en diciembre de 2013 en la revista Trama & Texturas, número 22.

Janés, Chardonne doblemente censurado, una muerte muy libresca y otras minucias

Sobrecubierta de El amor es mucho más que el amor en Cristal, una colección de corta vida que se presentaba en la publicidad del siguiente modo: “Una colección de novelas especialmente seleccionadas para un público femenino. La originalidad y riqueza de la presentación va unida a la calidad excepcional de sus textos. Todos los volúmenes están impresos a dos tintas y decorados con orlas especiales para cada uno de ellos”. Se trata de elegantes volúmenes de 16,2 x 11,6 cm., encuadernados en tapa dura y con sobrecubierta, e ilustrados muchos de ellos por artistas con los que Janés venía trabajando desde antes de la guerra (Mallol Suazo, Miquel Planas i Bach, Narro, Francesc Domingo…).

En la inmediata postguerra, José Janés publicó en muy breve espacio de tiempo tres obras de Jacques Chardonne (Jacques Boutelleau, 1884-1968): Menos que un sueño (1942) fue el sexto número de la colección Aretusa, El amor es mucho más que el amor (1942) apareció en la colección Cristal y Canto nupcial (1943) se publicó en las Ediciones de la Gacela.

Además, en la solapa de La última alegría, de Knut Hamsun, cuyo colofón lleva fecha de marzo de 1942, se anuncia como en preparación la novela de Chardonne Eva, y en mayo del mismo año sigue figurando como pendiente de publicar en la solapa de Las Quintaesencias, de Bernard Shaw. La solicitud de publicación de esta obra remitida a la Vicesecretaría de Educación Popular está fechada en marzo de 1942. Jacqueline Hurtley, que es quien ha analizado mejor el expediente de esta edición (expediente 2-548 [1942]) reproduce, además de dos juicios contradictorios acerca de la calidad literaria de esta obra, pasajes de una carta de Janés dirigida al por entonces delegado nacional de Prensa, Patricio González de Canales, en que se subraya la importancia de esta novela en las letras francesas, y propone hacer “una edición de pocos ejemplares, en papel de hilo, numerados y a un precio elevado, de suerte que el libro no pudiese ir a parar a todas las manos, lo que parece que surtió efecto, porque la obra se autorizó con fecha del 6 de abril, indicando sin embargo que debía “constar visiblemente en la edición su calidad de Gran Premio de Novela de la Academia Francesa”. Constituye éste otro ejemplo ilustrativo de cómo, mediante un engorroso juego de prueba-error, los editores que se enfrentaban al capricho de la censura franquista tenían que ingeniárselas para atisbar brechas por las que colar sus obras. Abundan los casos en que el precio elevado (y/o la tirada reducida) posibilita la edición de una obra, y, además del prestigio literario y los premios, esta parece ser la baza que jugó Janés en esta ocasión. Pero, de todos modos, la exigencia de la censura le ponía en un brete, pues, al fin y al cabo, Eva nunca había sido galardonada con el Gran Premio de la Academia (sí lo había sido su anterior novela Claire, en 1931, que en 1945 publicaría Luis de Caralt).

Jacques Chardonne

En aquella época, y pese a ser el mundo de la pareja su tema dilecto, Jacques Chardonne, autor hoy casi olvidado por completo, no parecía un escritor susceptible de chocar con la censura franquista. Perteneciente al llamado “Grupo de Barbezieux”, del que también en esos años publicaría Janés a Geneviève Fauconnier (Claudia en Aretusa y Las Lagunas de la Double en Ánfora, ambas en 1942) y su hermano Henri (Malasia en Rosa de los Vientos en 1944), Jacques Chardonne era tenido por un notorio colaboracionista. De hecho, ese mismo año 1942 había aceptado presidir un viaje de escritores franceses a la Alemania nazi, que por si fuera poco venía a sumarse al que el octubre anterior había realizado con Jouhandeau, Drieu La Rochelle, Brasillach, Ramon Fernandez, André Fraigneau y Abel Bonnard, invitados por el Instituto Alemán, que les llevó a Viena y Berlín para participar en el Congreso de Escritores Europeos de Weimar y durante el que fueron recibidos por el ministro de la Propaganda nazi, Joseph Goebbels. Es de suponer que la deportación de su hijo Gérard al campo de Oranienburg-Sach-Senhausen en marzo de 1943 enfriaría el ardor filonazi de Chardonne, pero al parecer no demasiado, acaso porque fue precisamente gracias a las gestiones del teniente de la Propaganda Staffel y encargado de la censura de libros Gerhard Heller que Gérard Boutelleau recuperó finalmente la libertad (relativa, claro está, pues regresó a la Francia ocupada).

Jacques Chardonne

A la altura de 1942 había transcurrido ya mucho tiempo desde que Chardonne había entrado en el mundo editorial, y lo había hecho de la mano de Stock, una empresa legendaria que guarda ciertos puntos de contacto con las de José Janés (atención preferente a la literatura traducida y en particular a la escandinava, por ejemplo, o publicación de antologías poéticas).

La asombrosa historia de Stock se remonta al 8 de mayo de 1708, cuando André Caillou se estableció como librero-editor en París, y tal vez el célebre hecho de que el sucesor de Caillou, Nicholas Bonaventure Duchesne (¿!711?-1765), tuviera un final tan libresco como es morir aplastado por una pila de publicaciones periódicas cayendo en avalancha haya relegado a lo anecdótico el hecho de que esta germinal Stock fue la casa que publicó las primeras ediciones de libros de autores tan importantes como Voltaire, Rousseau, Diderot, Paul de Kock, Maupassat o traducciones de Goldoni y Tolstoi.

Sede de la legendaria librería Stock.

Con apenas veintidós años, Jacques Chardonne (por entonces aún sólo Boutelleau) se había iniciado en el mundo de los libros como secretario del editor que dio nombre definitivo a la empresa, Pierre-Victor Stock (1861-1943). Y cuando Stock se ve acuciado por las deudas (era un habitual de las soirées de póquer en el Cercle de la Presse), Chardonne se postula para entrar como socio en la empresa aportando 300.000 francos, que no tardan en perderse por el mismo azaroso método. El nuevo socio solicita entonces a los tribunales la disolución de la sociedad, y con el tiempo Stock acabaría arruinado (y empleado en el casino). En 1921 nacía, pues, la Societé Stock, Delamain, Boutelleau et Compagnie, en la que entraba el cuñado de Chardonne, Maurice Delamain, y algunos otros amigos, para dedicarse principalmente a la edición en su sede de la parisina rue du Vieux-Colombier. Mientras que Delamain se ocupó de la parte administrativa y financiera, Chardonne estuvo al frente de las cuestiones literarias en el extenso período que va de 1921 a 1961 (si bien desde 1941 figuraba el hijo de su segunda esposa, André Bay, como director literario), en el que surgieron colecciones como Les Contemporains, La Culture Moderne o los Cent Romans Français, donde, además de Romain Rolland, Jean Cocteau o François Mauriac, aparece en 1930 el gran éxito de Henri Fauconnier Malaisie, que Janés incorporaría a Rosa de los Vientos. La importancia de Malaisie para el prestigio de Stock fue enorme, pues contra todo pronóstico esta primera novela del amigo de la infancia de Chardonne Henri Fauconnier (1879-1973) se llevó el codiciado Premio Goncourt y al poco tiempo, en 1933, la editorial se llevaría el Premio Fémina con otra obra también publicada luego por Janés, Claude, escrita nada más y nada menos que por la hermana de Henri, Geneviève Fauconnier (1886-1969), en lo que es un caso bastante singular de familia galardonada.

Jacques Chardonne

Si embargo, lo que caracterizó esa etapa de Stock con Chardonne al frente fue la promoción en Francia de la mejor novela contemporánea extranjera, y ahí sus pasos vuelven a cruzarse con los de Janés, pues el tándem Chardonne-Delamain publica a Virginia Woolf (Mrs Dalloway en 1927 y La promenade [Al faro] en 1928), Katherine Mansfield (La Garden party en 1926, Felicité y Journal en 1928 y Cahier de notes en 1940), Kenneth Roberts (Le grand passage en 1926), Charles Morgan, Stefan Zweig, Hans Carossa, Kipling o Pearl S. Buck. Otra coincidencia entre las empresas de Janés y la de Chardonne reside en el convencimiento con que apuestan por la literatura escandinava. Bajo el consejo de la traductora Lucien Maury se creó dentro de Cosmpolite una Bibliothèque Scandinave en la que figuran autoras importantes también en el catálogo de Janés, como las premio Nobel Selma Lagerlöf y Sigrid Undset. Hasta tal punto es importante en Stock la edición de literatura extranjera que Chardonne explica en carta a Michel Décon que de la cuarentena de novelas extranjeras que publican cada año dos o tres llegan a los 200.000 o 300.000 ejemplares y que la editorial vive de estos tres o cuatro libros, mientras que el resto no significan económicamente nada.

Henri Fauconnier

Otra afinidad curiosa la constituye la serie de antologías de poesía italiana, española, griega, rusa, etc. de Chardonne, que puede recordar alguna de las iniciativas janesianas. En el caso de Stock, sin embargo, el nacimiento de esta serie de antologías puede interpretarse también como un gesto de ingenio, pues se desarrolló a partir de una Anthologie de la poesie allemande bilingüe con la que pretendían dar respuesta a las exigencias de la propaganda nazi establecida en París de publicar en francés a los autores alemanes bienquistos por Berlín (y después de la guerra se sacó a relucir como una de las pruebas del colaboracionismo de Stock).

Portada de la polémica antología publicada en Stock por presión de (o para complacer a) la censura alemana.

Pero todavía puede añadirse un paralelismo más entre la editorial Stock y las de Janés, pues ambas acabaron en manos de un gran grupo, en el caso de Stock en las de Hachette en 1961.

La paradoja estriba en el hecho de que, después de ser (con Bernard Grasset) uno de los editores considerados más abiertamente colaboracionistas (de hecho, Chardonne figuraba ya en la lista de autores colaboracionistas que en su número del 24 de agosto publicaba en Estados Unidos la revista Life) Jacques Chardonne fue detenido en Jarnac y permaneció varias semanas en la prisión de Cognac hasta que pasó a un régimen de libertad vigilada. Pero estaba en la lista de los escritores a los que “se negaría todo contacto en el plano profesional”. Se prohibió vender e imprimir sus libros en Francia hasta 1946, cuando obtuvo un veredicto absolutorio.

Portada de la biografía de Jacques Chardonne, subtitulada “l´ incandescence sous le givre”, publicada en 2000 por Albin Michel y escrita por Ginette Guitard-Auviste, quien en 1953 ya había publicado en Grasset La Vie de Jacques Chardonne et son Art.

No habrá muchos autores cuya obra haya debido enfrentarse, por un lado, a la censura franquista tras la guerra civil y, por otro, al Consejo Nacional de Escritores y a la Comisión de Depuración de la Edición franceses al término de la guerra mundial. La gran diferencia es que en la Francia liberada lo que pesó sobre Chardonne fue el talante filogermano y petainista de su Chronique privée de l´an 40 (Stock, 1940), que colaborara en la colección del mismo signo de Grasset Á la Recherche de la France (con Voir la figure. Reflexions sûr le temps, 1941) y que se contara entre los participantes o colaboradores de iniciativas como la revista alemana Deutschland Frankreich o en Nouvelle Revue Française en la etapa en que la dirigía Drieu La Rochelle, además de los ya mencionados viajes.

Fuentes:

Una sintética caracterización videográfica del estilo literario de Chardonne, aquí

Pierre Assouline, Gaston Gallimard, València, Edicions Alfons el Magnàmim, 1987, traducción de Anna Montero Bosch, 1987. Hay una edición en Península, 2003, que recupera el subtítulo, Medio siglo de edición en Francia, y mantiene el prólogo de Rafael Conte.

Pierre Assouline, L´Épuration des intellectuells, Bruselas, Complexe, 1985.

Pascal Fouché, L´Édition Française sous l´Occupation 1940-1944, Bibliothèque de Littérature Française Contemporaine (Université de París-7),vol. I, 1987.

Jacqueline Hurtley, La literatura inglesa del siglo xx en la España de la posguerra: la aportación de José Janés, tesis de doctorado, Universitat de Barcelona, 1983.

Pascal d´Ory, Les collaborateurs. 1940-1945, París, Seuil, 1976.

Pascal d´Or y Jean François Sirinelli, Los intelectuales en Francia: del caso Dreyfus a nuestros días, Universitat de València, 2007.

Winock, Michel, Le siècle des intellectuels, París, Éditions du Seuil (Points, Série Histoire), 1999. Existe una muy pulcra traducción al español, de Ana Herrera (El siglo de los intelectuales, Barcelona, Edhasa, 2010).