El editor como ladrón de guante blanco: Cámara y Galdós

A Joaquim Parellada, reconocido,

y a M. Belén Martínez, afortunada..

Céline.

Es muy probable que el demoledor retrato que, mediante el personaje de Aquiles, Louis-Ferdinand Céline (1894-1961) hace de Gaston Gallimard (1881-1975) en sus novelas Norte y Rigodón se cuente entre las más duras y ácidas diatribas jamás escritas contra un editor, y no hay duda de que quizá injustamente la de editor no es una profesión que despierte demasiadas simpatías entre quienes la observan a cierta la distancia. Pero no es menos cierto que la historia, también la de la edición en España, nos ha legado ejemplos más que sobrados que alimentan esa mala fama, aunque no siempre salgan a la luz pública.

En la trayectoria editorial de Benito Pérez Galdós (1843-1920) ocupa un lugar central el sonado y prolongado juicio en el que se enfrentó a uno de sus primeros editores, el ingeniero Miguel Honorio de la Cámara y Cruz (1840-1830), de origen canario como Galdós (tinerfeño concretamente) e impresor de cierto éxito gracias a la cofundación con Jerónimo Morán (1817-1872), entre otros, de La Guirnalda, subtitulado “periódico quincenal dedicado al bello sexo” y entre cuyos colaboradores más famosos hoy se cuentan Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873), Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880) y José Ortega Munilla (1856-1922).

Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Por su parte, como es sobradamente sabido, Galdós empieza escribiendo en 1862 crítica literaria y teatral, textos teñidos de costumbrismo y columnas políticas en las páginas de cabeceras como El Ómnibus, La Nación, la Revista del Movimiento Intelectual de Europa, La Ilustración de Madrid (donde publica por entregas su traducción de Los papeles del Club Pickwick) o a partir de 1870 en la Revista de España (donde publica Observaciones sobre la novela contemporánea en España), al tiempo que da a la imprenta algunas ficciones breves de carácter folletinesco o fantástico, como “Un viaje redondo” (1861) o La novela en el tranvía (aparecida entre noviembre y diciembre de 1871).

En cuanto a sus novelas, pueden tomarse como las primeras publicadas La Sombra, aparecida inicialmente en las páginas de la Revista de España a partir de noviembre de 1870, y El Audaz. Historia de un radical de antaño, ambas publicadas en volumen bajo el sello de la Imprenta de José Noguera y Castellano, situada en la calle Bordadores número 7 de Madrid, en 1871.

Pérez Galdós.

Así se iniciaba una carrera que partir de 1874 se estabilizó cuando pasó a manos de Honorio de la Cámara, quien, a la muerte de Jerónimo Morán el 21 de diciembre de 1872, había pasado a ocupar el cargo de editor de La Guirnalda. En cuanto su amigo canario toma las riendas de esta revista, Galdós empieza casi de inmediato a publicar en ella, a partir de enero de 1873 una sección dedicada a “Biografías de damas célebres españolas”, posteriormente, a finales de año, los primeros Episodios nacionales, así como artículos de anécdotas bajo el título común “Figuras de cera”.

Edición de 1871 de José Noguera y Castellano.

Sin embargo, de una de las primeras obras de Galdós plenamente logradas, La Fontana de oro, existe una edición en la Biblioteca Nacional fechada en 1870 con el pie de imprenta de La Guirnalda, lo que podría hacer pensar que constituye el primer volumen que del autor canario se publicó. A partir de este ejemplar, en 1890 la Editorial Hernando publicó una edición facsímil en dos volúmenes, con el facsímil del manuscrito y un estudio introductorio de Pedro Ortiz Armengol (“Entrando en La fontana de oro“) como añadidos. Parece un poco complejo llegar a demostrar que La fontana de oro no se publicó en La Guirnalda de Miguel Honorio de la Cámara en 1870, pero para acercarse a ello es imprescindible no perder de vista que ese ejemplar de la Biblioteca Nacional de España es el único con esa fecha y pie de imprenta del que parece haber noticia y es incluso muy probable que sea el único existente en todo el mundo.

Dejando de momento al margen ese ejemplar, son conocidas como ediciones iniciales de esta novela, con un final descrito unánimemente por la crítica como “desgraciado” o “trágico”, la llevada a cabo en 1871 por la misma imprenta de José Noguera que se había ocupado de las obras anteriores de Galdós, a la que siguieron dos con texto con diferencias de carácter menor en Leipzig a cargo de la longeva editorial alemana F. A. Brockhaus (fundada en 1805) que la publicó en su nutrida Colección de Autores Españoles en 1872 y en 1883. Vale la pena tener en cuenta, sin embargo, que de la existencia de estas ediciones en las que los dos protagonistas, Lázaro y Clara, mueren en su intento de huida hacia a Aragón, la crítica especializada no tuvo noticia hasta alrededor de 1955. A estas dos ediciones alemanas, sigue una en La Guirnalda en 1885 en la que por primera vez aparece un final feliz (Clara y Lázaro llegan a Aragón, se casan y viven felices) si bien, dado que fue la que a partir de ese momento se reimprimió una y otra vez hasta nuestros días, es la que durante muchos años se tuvo por la versión única. Sin embargo, desde mediado el siglo XX ese cambio en el desenlace dio pie a que la crítica diera muy diversas explicaciones a esa alteración del argumento, relacionándolo a menudo con la recepción que tuvo la novela tanto en los epistolarios galdosianos como en las reseñas que se publicaron cuando apareció la novela.

Antonio Maura.

La existencia del ejemplar de 1870 puede explicarse atendiendo al texto mismo y dando un salto en el tiempo para situarnos en el momento en que Pérez Gadós entró en conflicto con Honorio de la Cámara. Según el mencionado contrato entre ambos, Galdós se comprometía a publicar toda su producción novelística a partir del momento de la firma con Cámara, y el pleito en el que años después se enzarzaron, y en el que defendió al editor el abogado tinerfeño Miguel Villalba Hervás (1837-1899) y al escritor, Antonio Maura (1853-1925), fue largo, difícil y penoso.

En primer lugar, el texto de la supuesta edición de 1870 es una reproducción exacta de una de las ediciones que hizo Cámara, concretamente la de 1892, y por tanto con el desenlace feliz. En caso de ser una edición realmente de 1870, se plantearían muy serias dudas acerca de cuál podía ser el proceso que llevara a Galdós a imprimir en 1870 una novela de final feliz (la supuesta 1870), publicar luego tres versiones de la misma novela con final desgraciado (1871, 1872 y 1883), y luego , hasta nuestros días, volver a publicar la versión con el final feliz. Véase la sucesión propuesta si se toma como auténtica la edición de la Biblioteca Nacional:

1870: La Guirnalda: Clara y Lázaro llegan a destino y se casan.

1871: Imprenta de José Noguera: Lázaro es asesinado en su huida y Clara muere cuatro días después.

1872: F. A. Brockhaus: Lázaro es asesinado en su huida y Clara muere cuatro días después.

1883: F. A. Brockhaus: Lázaro es asesinado en su huida y Clara muere cuatro días después.

1885: La Guirnalda: Clara y Lázaro llegan a destino y se casan.

Demasiadas pistas, así que lo más lógico es concluir que la de 1870 se “cocinó” en fecha posterior a 1892.

Galdós.

Evidentemente, como señaló por primera vez Walter Patison, la edición de 1870 con pie de imprenta de La Guirnalda (o de Cámara) es una edición falsa, un ejemplar de la edición de 1892 a la que pusieron como portada una falsa y creada ex profeso. La experiencia de Cámara como impresor avezado bastaría para reforzar la tesis del profesor Patison y señalarlo como principal sospechoso. Sin embargo, a lo que no acaba de atreverse Patison es a ir un paso más allá y precisar, porque no parece que haya elementos para demostrarlo fehacientemente, que la repugnante treta fue obra de Cámara a la altura de 1896 y que respondía a la intención de “demostrar”, mediante la existencia de ese ejemplar, que su acuerdo con Galdós era anterior a 1871, y que por consiguiente La fontana de oro también pertenecía al conjunto de novelas cuyos beneficios debían repartirse si, como resultado del letigio, se disolvía la relación contractual entre ellos. En otras palabras, según esta hipótesis, Cámara pretendía mostrar esa falsa edición a quienes en 1896 debían resolver en un sentido u otro el litigio que los enfrentaba como prueba de que también los ejemplares de La fontana de oro debían repartirse a partes iguales. Añádase a ello que, al igual que las novelas de Galdós que mayor éxito comercial tenían (los Episodios Nacionales), La fontana de oro tiene un evidente parentesco con el género de la novela histórica (si no es que podemos considerarla como tal). Eso explicaría el interés y las molestias que se tomó Cámara en el caso de esta obra en particular.

Galdós visto por Joaquín Sorolla (1863-1923).

Por otra parte, el caso es que como consecuencia del pleito y del laudo en que se resolvió, Galdós se encontró con un buen montón de ejemplares publicados por Cámara pero con una deuda difícil de asumir. El hecho de que durante tantos años hubiera aceptado un pago periódico por las ventas de sus obras era un arma de doble filo, pues en los veinte años de relación había recibido unas 80.000 pesetas de más, porque no se informaba puntualmente de cuánto llevaba vendido, así que de pronto se encontró con un saldo en contra, a lo que había que añadir la mitad de los 60.000 ejemplares de sus obras que Cámara mantenía como fondo y sin vender. En total, pues, el asunto le supuso al escritor, por un lado la recuperación del derecho a gestionar sus obras ya publicadas, pero por el otro una deuda en concepto de indemnización al editor de casi 100.000 pesetas y, como consecuencia de ella, la necesidad de convertir cuanto antes los 30.000 ejemplares que le correspondían en dinero contante y sonante.

Galdós, en el centro, en una manifestación anticlerical.

Así es como nació la editorial y librería Obras de Pérez Galdós, situada en el entresuelo de un edificio de la calle Hortaleza número 132, que corresponde a la actual número 104 que, en un acto de paradójica justicia poética, hoy alberga el centro creativo Hotel Kafka. No duró muchos años esa empresa galdosiana, y en 1904 volvía a firmar un contrato de edición, en ese caso con la Editorial Hernando y limitado a tres años, lo que puede interpretarse, en palabras de Jean-François Botrel, como el fracaso de “una de las tentativas más significativas por parte de un productor de obras literarias de emanciparse de la tutela o de la mediación del editor o administrador profesional para la reproducción y distribución de éstas”.

Carta sobre papel de Obras de Pérez Galdós.

En cierto modo, además de ofrecer un retrato bastante siniestro de Cámara, este episodio muestra como colofón las enormes dificultades en que se encontró Galdós cuando intentó prescindir de un editor que gestionara y produjera sus obras, lo que quizá en el momento actual, en que la autopublicación parece estar en auge, trascienda un poco lo que de otro modo podría interpretarse sólo como una curiosa y rocambolesca anécdota de la historia editorial española.

Sin duda, para los lectores españoles de una cierta edad, esta es una de las imágenes más populares de Galdós.

Fuentes:

La Guirnalda puede leerse aquí.

Jean-François Botrel, “Sobre la condición del escritor en España: Galdós y la casa Editorial Perlado, Páez y Cía., sucesores de Hernando (1904-1920)“, Letras de Deusto, vol. 4, núm. 8 (julio-diciembre de 1974), pp. 261-270.

Jean-François Botrel, “Proyección y recepción de Galdós: la cornucopia del texto y de la obra”, Actas del Quinto Congreso Internacional de Estudios Galdosianos, tomo II, Las Palmas, Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, 1995, pp. 9-21.

Joaquín Gimeno Casalduero, “Los dos desenlaces de La fontana de oro: origen y significado”, Anales Galdosianos. Anejo, 1976.

Louis-Ferdinand Céline, Norte (traducción de Carlos Manzano), Barcelona, Lumen, 1980.

Louis-Ferdinand Céline, Rigodón (traducción de José Elías), Barcelona, Barral Editores, 1971.

Otra de las imagenes más conocidas de Galdós.

 

Guimerá Peraza, “El pleito de Galdós, 1896-1899”, en Actas del Primer Coloquio Internacional de Estudios Galdosianos, Las Palmas, Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, 1977, pp. 80-105.

Marcos Guimerá Peraza, Maura y Galdós, Las Palmas, 1967.

Walter T. Patison, “La Fontana de Oro. Its Early History», Anales Galdosianos, XV, 1980, págs. 5-9.

Benito Pérez Galdós, Ensayos de crítica literaria (selección, introducción y notas de Laureano Bonet), Barcelona, Ediciones Península (Ediciones de Bolsillo 190), 1972.

Jesús A. Martínez Martín, “La edición artesanal y la construcción del mercado”, en Jesús A. Martínez Martín, dir., Historia de la edición en España, 1836-1936, Madrid, Marcial Pons, 2001, pp. 29-71.

José F. Montesinos, “Galdós en busca de la novela”, Ínsula, XVIII, núm. 202 (septiembre de 1963), pp. 1 y 16.

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5 pensamientos en “El editor como ladrón de guante blanco: Cámara y Galdós

    • Desde luego, quien lo mira desde lejos no siempre se da cuenta de hasta qué punto puede ser divertido e intrigante la investigación. ¡Aun cuando falten pruebas concluyentes del “delito”! Quizá se corresponde poco la imagen del filólogo con su realidad. Muchísimas, gracias, Javier, y hasta pronto.

  1. ¡Enhorabuena Josep! Magnífico artículo sobre el contrato leonino de Cámara a Galdós. Pruebas concluyentes no, pero sobrados indicios desde luego.
    Con razón decía Riquer que la lectura de Conan Doyle le había sido muy útil en sus pesquisas filológicas.
    Recordad que tenemos una cita pendiente los tres comentaristas.
    Mil gracias por la dedicatoria. Un abrazo.
    Joaquim

  2. Pingback: Política Fahrenheit del PP contra la cultura - EL ASOMBRARIO & Co.

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