La Biblioteca Silenciada de la Editorial Ayuso

En los años finales del franquismo, la emblemática librería Fuentetaja, situada inicialmente en el número 24 de la calle San Bernardo (posteriormente en el 48), fue un extraordinario punto de irradiación de iniciativas editoriales de muy diverso signo pero siempre con un toque políticamente izquierdista. De allí surgieron, en distintos momentos y por iniciativa de diferentes intelectuales españoles, sellos como Ciencia Nueva, Hyperion, Orbe, Artiach, La Piqueta, Endymion… y Ayuso.

Jesús Ayuso.

Jesús Ayuso Jiménez, nacido en Moratilla de los Meleros (Guadalajara) en 1940, fundó en Madrid en 1957 la librería Fuentetaja, que no tardó en hacerse célebre por disponer de libros prohibidos por la censura española, que se ocupaba de conseguir clandestinamente sobre todo a través de las editoriales Ebro, Ruedo Ibérico y de la Librería Española de Antonio Soriano (1913-2005) y además, según informe de la Dirección General de Seguridad de 1974, tenía a la vista libros «de matiz político social» de editoriales de «tendencias marxistas o izquierdistas» españolas.

Con la librería ya más o menos asentada, el 17 de junio de 1969 Ayuso solicitó registrar la editorial que tomó su nombre, con un patrimonio declarado de quinientas mil pesetas —se le autorizó el 14 de octubre de ese mismo año—, y en la que contó como su mano derecha con el editor vallisoletano Jesús Moya, formado en la comunista editorial Ebro.

Ya desde el principio se trataba de un proyecto heterogéneo en cuanto a los géneros (ensayos y manuales, sobre todo, pero también narrativa, obras divulgativas y poesía) y a las tématicas (sociología, filosofía, historia, economía, etc.).

Los títulos publicados por la Editorial Ayuso en su primer año de andadura (1970) dan ya una imagen de por dónde iba el proyecto: Prosas encontradas (1924-1942), de Rafael Alberti, recogidas y presentadas por Robert Marrast y prologadas por Pablo Corbalán, Recientes descubrimientos sobre el origen del hombre, de Jean Herniaux, El tiempo en el hombre, de Petro Kuropulos, con el prólogo a la edición francesa de Jacques Guillamaud y un apéndice de Antonio Márquez, Aspectos sociales de la psicología moderna, de diversos autores (J.F. Le Ny, Haïn Sella, Gerard Vergnaud y Bernard Muldworf) y prologado por Julián Mesa, El joven Unamuno (influencia hegeliana y marxista), de Manuel Pizán, La filosofía de Esquilo, de Georges Thomson, Posibilidad de la estética como ciencia, de Eloy Terrón, Ernst Fischer y «el hombre sin atributos», de Fischer y con un prólogo de Roger Gauraudy,  y una reedición corregida y aumentada en cinco volúmenes de El desarrollo de la sociedad, de Mauro Olmeda. Probablemente no es ajeno al carácter de estos primeros títulos el hecho de que Fuentetaja había abierto una sucursal en la Facultad de Sociología y Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, desde la que proveía a los estudiantes de lecturas más allá de las canónicas.

Julián Zugazagoitia.

A los diez años de su creación, Ayuso ponía en marcha un proyecto bastante singular que acaso respondía en buena medida al interés por la historia literaria de los años treinta, pero con unos textos que a simple vista difícilmente conectarían con la sensibilidad de los lectores de por entonces, la Biblioteca Silenciada, que tal vez deba interpretarse más como un acto de reparación histórica que como una iniciativa comercial.

Dirigida por el crítico e historiador de la literatura salmantino Gonzalo Santonja y con cubiertas del luego prestigioso diseñador gráfico conquense Roberto Turégano, la Biblioteca Silenciada recuperó a una serie de escritores y obras realistas que siempre han estado en la órbita de los intereses de su director —Ángel Samblancat (1885-1963), Joaquín Arderius (1885-1969), César Arconada (1898-1964), etc.—, que quizá desde antes de la guerra no se publicaban en España, entre otras cosas porque sus autores —si no muertos— estaban exiliados o habían sido víctimas de la represión franquista y sus textos eran además inasumibles por la censura nacional-católica, pero a la altura de 1979 la inexistencia en las librerías españolas de estos autores, que en los años treinta representaban, con Sender, lo más granado de la llamada «novela social», era sin duda una anomalía, como se explicitaba en el texto de presentación:

Al margen de las ultimas y frecuentemente innecesarias traducciones que desde hace ya demasiados años invaden el panorama editorial español, la «Biblioteca Silenciada» se centrará exclusivamente en la recuperación de obras y autores españoles de las cuatro primeras décadas del siglo XX con el firme propósito de contribuir a restablecer una relación literaria artificialmente interrumpida.

Contracubierta de El crimen de Cuenca.

Desde el punto de vista formal, se trata de libros encuadernados en rústica, con un formato de 20 x 30, que visualmente evocan en cierto modo la etapa de preguerra en que fueron escritos y la estética que caracterizó las llamadas editoriales «de avanzada», incluso con unas cabeceras que, si bien fieles al espíritu de las obras, resultan hasta cierto punto anacrónicas.

El primer volumen de la colección recupera Madrid, Carranza, 20, una novela de quien había sido ministro de Gobernación durante la guerra, Julián Zugazagoita (1899-1940), publicada durante su exilio en París antes de que fuera detenido por la Gestapo y traslado a Madrid (donde fue fusilado el 9 de noviembre de 1940). Y a esta seguiría La guerra en Asturias (crónicas y romances), una compilación preparada por Santonja en la que se incluyen tres textos de César Arconada publicados ya durante la guerra en forma de libro como Romances de la guerra (Santander, Unidad, 1937) junto a otros periodísticos de quien había muerto en su exilio en Moscú el 13 de marzo de 1964.

Sin embargo, quizá más ilustrativos de la orientación de la Biblioteca Silenciada son los dos números siguientes, en los que Santonja antologa la famosa colección de las Ediciones Libertad (Augusto Vivero, Hildegart, Ángel Pestaña, José Antonio Balbotín, etc.), y acerca de la que más tarde escribiría:

los relatos de La Novela Proletaria representan un magnífico exponente de los dudosos resultados que acostumbra a producir la desdichada aventura de asignar a las letras un papel reducido a lo propagandístico, aunque por eso mismo  también suponga un valioso testimonio acerca del descontento experimentado por un nutrido grupo de intelectuales y políticos radicales, dotados de un innegable grado de incidencia en la vida del país.

Cubierta de un ejemplar de La Novela Proletaria de Editorial Libertard, Un ensayo revolucionario, de Mauro Bajatierra.

Dieron cuenta de esta voluntad de recuperar una determinada narrativa que había desaparecido con la guerra civil (sobre todo como consecuencia de su resultado), aun cuando para entonces quedaba ya alejada de los gustos del lector, cuatro títulos más, una novela cercana a la distopía de José Más (1885-1941) publicada en 1932 por Pueyo, una de las obras más famosas de Arderíus, aparecida en Zeus en 1931, una extraordinaria primera edición ilustrada de José Luis Gallego (1913-1980), cuyo poemario aquí publicado despertó la curiosidad de Jorge Guillén hasta el punto de escribir a la editorial solicitando más información, y la novela El crimen de Cuenca (1932) de Alicio Garcitoral (1902-2003), residente por entonces en Bostón, después de haberse exiliado originalmente en Buenos Aires.

 

La colección Biblioteca Silenciada de Editorial Ayuso:

1 Julián Zugazagoitia, Madrid Carranza, 20, 1979.

2 César M. Arconada, La guerra en Asturias (crónicas y romances), edición de Gonzalo Santonja, 1979.

3 AA.V., La novela proletaria (1932-1933), tomo I, reedición a cargo de Gonzalo Santonja, 1979.

4 AA.V., La novela proletaria I (1932-1933), tomo II, reedición a cargo de Gonzalo Santonja, 1979.

5 José Mas, En la selvática Bribonicia. Historia de un país que quisieron civilizarlo, prólogo de Francisco Caudet, 1980.

6 Joaquín Arderius, Campesinos, prólogo de José Esteban, Madrid, 1980.

7 José Luis Gallego, Voz última, edición facsímil del manuscrito, introducción de Leopoldo de Luis, 1980.

Imagen interior de Voz última.

8 Alicio Garcitoral, El crimen de Cuenca, prólogo de José Esteban,1980.

Fuentes:

Web de Ediciones Endymion

Alejandro Civantos Urrutia, Leer en rojo. Auge y caída del libro obrero (1917-1931), Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo (Colección Investiogación 3), 2017.

Jorge Guillén, Carta a Leopoldo de Luis fechada el 1 de octubre de 1980. Centro Virtual Cervantes.

Jesús A. Martínez Martín, dir., Historia de la edición en España (1939-1975), Madrid, Marcial Pons, 2015.

Alicio Racionero, «El crimen de Cuenca (Alicio García Toral)», El Rincón de Albalate de las Nogueras, 17 de febrero de 2012.

Francisco Rojas Clarós, Dirigismo cultural y disidencia editorial en España (1962-1973), Universidad de Alicante, 2013.

Gonzalo Santonja, La novela revolucionaria de quiosco, 1905-1939, Madrid, La Productora de Ediciones-El Museo Universal, 1993.

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