La entidad editorial en activo más antigua del mundo*

*(Véase, sin embargo, nota en comentarios).

Desde por lo menos la segunda mitad del siglo XX, para cualquiera que hubiera escrito alguna tesis o estudio sobre algún aspecto de la cultura catalana, o incluso para quienes deseaban ver publicadas las actas de algún encuentro, simposio o congreso sobre esta materia era un aval de primer orden que apareciera auspiciado por las Publicacions de l’Abadia de Montserrat, que ha ido construyendo un impresionante fondo heterogéneo y al mismo tiempo compacto con un alto grado de exigencia. Ha abierto espacio a estudios muy de detalle, o incluso muy marcadamente locales o dirigidos a un nicho muy estrecho de lectores, siempre y cuando la calidad de la investigación lo justificara, pero a estas alturas lleva recorrido un camino muy extenso en el que esto no siempre ha sido así.

El nacimiento del monasterio de Montserrat como entidad editorial puede remontarse a finales del siglo XV, pues fechadas ya en 1488 publica estampas, si bien impresas en Barcelona, y a principios de febrero de 1499 se instaló en el monasterio una primera imprenta por iniciativa del abad García Jiménez de Cisneros (¿1455?-1510), quien en 1500 publicaba en ella su Exercitatorio de la vida spiritual.

El primer maestro de esta imprenta fue inicialmente Joan Luschner (¿?-1512), que hasta entonces había trabajado para diversos impresores establecidos en Barcelona, y entre ellos el famoso Joan Rosembach o Rosenbach (¿?-1530), que también trabajó a menudo para el monasterio.  Del talento de Luschner son responsables los primeros libros del monasterio, sobre todo litúrgicos, musicales y de promoción del santuario, caracterizados por la austeridad en términos generales, el pequeño formato y unos grabados y tipos que otorgaron enseguida personalidad propia a las ediciones del monasterio. En consecuencia, ya en mediado el siglo XVI se establecería una marca tipográfica propia, un sello editorial cuyo diseño se basa en los sellos de las bulas y opúsculos impresos en esos primeros años.

Marca del Impresor J. Rosembach.

El 30 de julio de 1518 se abre una segunda etapa de la imprenta de Montserrat, cuando se hace cargo de ella el mencionado Rosembach, considerado el impresor litúrgico por antonomasia, y entre cuyos méritos se cuenta el que muy probablemente sea el primer libro ilustrado de la imprenta catalana (Lo cárcel de amor, de Diego de San Pedro, traducido por Bernardí Balmanya, 1493), varias obras del célebre humanista Antonio de Nebrija (1441-1522) o un muy divulgado diccionario que se publicó en Perpiñán con el título Vocabulari molt profitos per aprendre lo catalan alamany y lo alamany catalan (1502). Destaca en esos años entre las publicaciones de Montserrat una edición de quinientos ejemplares de un Missale Benedictinum, del que no se ha conservado ningún ejemplar con colofón, que marca un cambio de tendencia que Altés i Aguiló explica del siguiente modo:

Es una obra ambiciosa por el lujo de los grabados, las orlas y las capitulares historiadas, al estilo de los grandes misales monásticos de la época estampados en Venecia y de los misales impresos en Lyon. Los grabadores del taller de Rosembach, Joan Pere i Dionís, se inspiraron en ellos y los copiaron, si no es que adquirieron algunos grabados en Italia. Como consecuencia de ello, el taller de Rosembach emprendió un nuevo estilo en el grabado, abandonando el grabado de tradición gótica y popular, y dando paso al grabado renacentista de influencia italiana. Aun así, en este misal aún se estampa en el inicio del canon de la misa la gran xilografía gótica del Calvario que Joan Rosembach había empleado en los misales diocesanos de Girona (1493), de Vic (1496), de Tarragona (1499) y de Elna (1501).

Con más o menos altibajos, la producción de libros religiosos, de teología, de latinidad, de música sacra, de historia y promoción del monasterio, etc., así como opúsculos e impresos menores de la misma temática, tuvo continuidad hasta principios del siglo XIX, cuando la convulsa situación bélica marcada por la primera guerra carlista (1833-1840) obligó a un periodo de silencio que no se rompió hasta 1844 mediante sobre todo reimpresiones, gracias al impulso del abad Miquel Muntadas i Romaní (1855-1885), autor a su vez de una Historia de Monserrat (1867), impresa por Pau Roca en Manresa.

Uno de los primeros sellos identificativos de las Publicaciones de Montserrat.

Las Publicacions de l’Abadia de Montserrat, sin embargo, empiezan a tomar trazas de una editorial moderna mediante el empuje del abad Antoni M. Marcet (1878-1946), y ya en 1907 es indicio de los nuevos tiempos la publicación de la bilingüe Revista Montserratina (1907-1917),  a la que sucedería, íntegramente en catalán, Analecta Montserratina, publicación casi unipersonal del por entonces archivero del monasterio Anselm M. Albareda (1892-1966), que Massot i Muntaner describe como de «gran prestigio científico y de una gran dignidad tipográfica, de la cual salieron siete volúmenes, íntegramente dedicados a temas de historia de Montserrat, entre 1918 y 1928». A ellas hay que añadir aún Montserrat. Butlletí del Santuari, cuya dirección recaía en Antoni Ramon i Arrufat (1900-1973), durante muchos años responsable también de las publicaciones de libros.

Desde 1918 se había establecido de nuevo una imprenta, cuyos operarios se formaban en la imprenta de Francesc Xavier Altés, y en ella empezó a prepararse del número inicial de la colección Biblioteca Monástica (Regla de sant Benet, 1920), en la que entre ese año y 1934 aparecerían hasta diez volúmenes, entre originales y traducciones, clásicas y modernas, tanto de temas espirituales como históricos. Sin embargo, el gran proyecto que se inicia en esta etapa, a iniciativa del orientalista y biblista Bonaventura Ubach (1879-1960), es la traducción a partir del hebreo o el griego de la Biblia, acompañada de la versión en latín, de la que en 1926 apareció ya El Gènesi. Muchos fueron los avatares con los que tuvo que lidiar la que durante la dictadura del general Primo de Rivera era conocida como la «Biblia separatista», cuya publicación quedó interrumpida con motivo de la guerra civil española (1936-1939). También la obra de Gregori M. Sunyol  Introducció a la Paleografía Musical Gregoriana (1925), representativa de otra de las líneas editoriales, tuvo sus trompazos con la censura primorriverista como consecuencia evidente de la ignorancia de ésta, en su caso por referirse en sus páginas un término específico de musicología, la notació catalana, con la que se designa una grafía de notación del canto gregoriano.

Ejemplo de notación catalana.

Del mayor interés son también las gramáticas de lenguas orientales, como la del hebreo, Legisne Toram? (19818-1919), del propio Ubach, la Grammatica Syriaca (1931), de Luis Palacios, la Grammatica Aramaico-Biblica (1933), también de Palacios, o El grec del Nou Testament (1928-1929), de Salvador Obiols.

Durante la guerra civil, convertido el monasterio en hospital y gestionado por la Generalitat de Catalunya, de sus imprentas salieron tres libros míticos con sello de las Ediciones Literarias del Comisariado del Ejército del Este gracias al tesón de Manuel Altolaguirre (1905-1959), que contó con la colaboración de Bernabé Fernández Canivell (1907-1990) y Juan Gil-Albert (1904-1994): quinientos ejemplares de España en el corazón. Himno a las glorias del pueblo en la guerra, de Pablo Neruda, Cancionero menor para el combatiente (1936-1938), de Emilio Prados, y España, aparta de mí ese cáliz, de César Vallejo, con un dibujo original de Picasso y un texto introductorio de Juan Larrea, del que se tiraron 1.100 ejemplares, 250 de ellos numerados, quedando pendiente un gran libro de Emilio Prados, de unas mil páginas, que ya estaba compuesto pero no pudo llegar a imprimirse.

Una vez concluida la guerra, Montserrat figura enseguida entre las editoriales adscritas a la Cámara del Libro de Barcelona, publicando la revista Música Sacra Española (1943-1947) y las ediciones clandestinas o de circulación restringida en catalán de Regla de sant Benet y Vida de sant Benet treta de Sant Gregori, junto a obras como una reedición de la Història de Montserrat, fechada según el colofón en 1935 pero que contiene un apéndice que abarca de 1931 a 1945.

En esta etapa cobran sobre todo impulso las publicaciones periódicas (Germinans, La Veu de Montserrat, Via vitae, Noticiari) que anticipan la aparición ya en la década de los cincuenta de publicaciones tan influyentes en la cultura catalana de la época como Germinabit (1949-1959), donde se creó un equipo muy potente formado por Josep Benet, Max Cahner y Ramon Bastardes, y sobre todo Serra d’Or, nacida en 1946 y con una segunda etapa desde 1959 que llega hasta la actualidad. En ello tuvo mucho que ver el empuje como encargado de las publicaciones del lingüista y romanista Jordi Bruguera i Talleda (1926-2010), quien además se puso al frente de la reanudación de la Biblia de Montserrat como director literario entre 1957 y 1970. Fue entonces cuando Bruguera pasó largas etapas en Andorra, donde la empresa Casal i Vall (que en esos años imprimió otros libros españoles importantes) se ocupaba de la preparación de Tobit, Judit i Esther (1960), Evangeli segons sant Mateu (1963), Salms (1965), Profetes (1967), Pentateuc (1969) y Llibres històrics (1969).

También en estos años, por iniciativa de Martí Roig y Maur Boix, empieza la publicación de libros y publicaciones periódicas destinadas al público infantil y juvenil, entre las que destaca por su popularidad Tretzevents (1973, aunque retoma L’Infantil, creado en 1951), y a partir de los setenta (Josep Massot i Muntaner asume la dirección en 1971) Publicacions de l’Abadia de Montserrat, conocidas popularmente como las PAM, empiezan a perfilar la identidad que todavía hoy mantienen, con colecciones dedicadas a la literatura infantil, la historia local y a la cultura catalana en un sentido muy amplio, entre las que quizá las más conocidas sean la Biblioteca Abad Oliva, La Xarxa, Espiga, Estudis de Llengua i Literatura Catalana o Biblioteca Serra d’Or, con las que alberga un total de muchos más de 3.000 títulos, al margen de las publicaciones periódicas que siguen en activo y de las muchísimas coediciones con las más diversas instituciones y universidades catalanas.

Fuentes:

Francesc Xavier Altés i Agulló, Josep Massot i Muntaner y Josep Faulí, Cinc-cents anys de Publicacions de l’Abadia de Montserrat, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat (Biblioteca Serra d’Ór), 2005.

Manuel Llanas, con la colaboración de Montse Ayats, L’edició de Catalunya: el segle XX (fins 1939), Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2005.

Mireia Sopena, «Los satélites de la curia diocesiana. Censores eclesiásticos en la Barcelona de los setenta», Represura (Nueva Época), núm 1 (2015), pp. 66-92.

Marco Aurelio Torres H. Mantecón, «Poetas en guerra: Neruda, Prados y Vallejo en un curioso sello editorial: las “Ediciones Literarias del Comisariado del Ejército del Este” (1938-1939)», en Congreso Internacional La Guerra Civil Española 1936-1939, celebrado en Madrid el 27, 28 y 29 de mayo de 2006, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales.

Laura Vilardell, ed., Traducció i censura en el franquisme, Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, 2016.

Marco Zouvek, «Los libros perdidos de la República española», blog de Marco Zouvek, 15 de mayo de 2014.

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4 pensamientos en “La entidad editorial en activo más antigua del mundo*

    • Gracias por el apunte, que me gustaría aclarar, aun cuando sea un dato un poco baladí. ¿Sabe cuál es ese libro de 1486 y si hay datos para atribuírselo a la universidad? Gracias de antemano.

  1. Me informa vía tuit Ángel Redero de la existencia de un texto inédito de Alberto Ramos («Aproximación a la historia y catálogo del servicio de publicaciones de la Universidad de Salamanca», 2014) en que se señala indicios para pensar que la Universidad de Salamanca publicó los primeros libros unos años antes del establecimiento de la imprenta en Montserrat, y en fechas muy similares a las primeras impresiones encargadas por el monasterio. Añade también que lLa pérdida de los libros del claustro de entre 1480 y 1500 dificulta la confirmación inequívoca de estos indicios acerca de las primeras ediciones de libros en la Universidad de Salamanca.

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