Los presos y los libros

«No hay mayor dolor que no tener libertad.»

Marcos Ana (1920-2016)

 

La ingente cantidad de literatura no ficcional referida a la vida carcelaria, ya sea en forma de memorias, testimonios o biografías, casi puede considerarse ya un subgénero que, quizá no tenga un gran atractivo comercial, pero ha experimentado una presencia constante y sostenida y ha encontrado en algunas editoriales marcadamente de izquierdas, como es el caso de Virus Editorial o Txalaparta, a corajudos y tenaces valedores.

X.Tarrío.

De hecho, uno de los libros de mayor divulgación publicados por Virus es un libro de muy complejo y azaroso proceso de edición, Huye, hombre, huye. Diario de un preso FIES (1997), del activista anarquista y escritor gallego Xosé Tarrío (1968-2005), apodado Che, que se publicó originalmente acompañado de un prólogo del profesor de Derecho Penal en la Universitat de Barcelona (y director del Observatorio del Derecho Penal y de los Derechos Humanos) Iñaki Rivera, del que se hicieron numerosas ediciones, incluso en traducción al inglés, y que está disponible en abierto en la red. En realidad, pues, quizá no se trate de un best séler, pero sí de un long séler muy ilustrativo de la experiencia en las cárceles españolas en los años ochenta y noventa, y en particular entre los presos FIES (Fichero Interno de Especial Seguimiento).

Quinto hijo de una muy modesta familia marcada por un padre dado a la bebida y a la violencia machista del barrio coruñés de Kananga, Xosé Tarrío conoció la reclusión desde muy joven, a los once años ya era internado en un colegio del Opus y posteriormente en correccionales, pero fue al ser condenado en 1987 a una primera pena de dos años, cuatro meses y un día cuando inició un periplo que lo llevó a conocer de primera mano los aspectos  más duros de las cárceles españolas, la impune violencia ejercida por sus custodios y la solidaridad, en un ambiente de violencia muy dura, entre los presos, así como los aislamientos durante años en celdas individuales durante hasta veinticuatro horas.

Interesado inicialmente en el independentismo gallego marxista leninista a través de sus lecturas, Tarrío no tardó sin embargo en acercarse al anarquismo, y colaboró muy activamente con el coruñés Colectivo Libertario Oveja Negra cuando salió de prisión, al reducírsele la condena a una sola de veinte años y ser liberado por haber cumplido ya tres cuartas partes de la misma.

Con este escenario, resulta asombroso que, gracias a la mediación y ayuda de algunos abogados particularmente sensibles, poco a poco pudieran ir saliendo al exterior de la prisión los textos que acabarían conformando su estremecedor libro de memorias, mecanografiados, como se indica en la página de agradecimientos de las mismas, por Javier Ávila Navas (uno de los promotores de la Asociación de Presos en Régimen Especial y autor de Un resquicio para levantarse. Historia de la APRE) y Carlos Esteve García (conocido por su fuga de la prisión de Huesca en el coche de su director y colaborador también de Juan José Garfia en Adiós, prisión, publicado en 1995 en Txalaparta). Una primera versión del texto fue corregida, según se cuenta en la mencionada página de agradecimientos, por el también preso y licenciado en Historia del Arte Juan José Garfia, que llegó a pasar año y medio solo las veinticuatro horas en una celda de seis metros cuadrados en el penal de El Dueso.

Finalmente, el editor de Virus Editorial Patric de San Pedro, fundador también con Marina Steen de la pequeña editorial destinada al público infantil Takatuka, fue quien se ocupó del proceso de edición del texto que acabaría convirtiéndose en Huye, hombre, huye, que apareció en 1997. Cuenta Patric de Pedro que su proceso de edición fue de los que vivió «con mucha intensidad, un libro que recibíamos por entregas, con muchas trabas por parte de las instituciones penitenciarias, y con el que abrimos una línea de denuncia de la prisión que luego tendría continuidad con la revista Panóptico y con otras publicaciones».

Posteriormente Huye, hombre, huye se distribuiría también en México gracias a las Ediciones sin Nombre, se haría una edición en las bonaerenses Individualidades Anarquistas (en otoño de 2008 y con prólogo del célebre anarquista español Gabriel Pombo da Silva) y en los LBC Books, de Berkeley, en 2014, entre otras, y acaso sea uno de los textos en español más conocidos en su género de los publicados en las últimas décadas el siglo XX. Ya en 2015 apareció un segundo libro con la firma de Tarrío, Que la lucha no muera. Ante la adversidad, rebeldía y amistad, con una introducción escrita por su madre, Pastora González Vieites, y publicada por Editorial Imperdible, que también recuperó Huye, hombre, huye en 2017. Y de la vitalidad del género y de la vigencia de su interés por parte de los lectores es buena muestra también, por ejemplo, la reedición corregida y ampliada, aún en 2017, de las Memorias del calabozo, de Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro, con prólogo de Eduardo Galeano, en Txalaparta.

Fuentes:

Anónimo, «Quién fue Xosé Tarrío», Plaza Xosé Tarrío, s/f.

Txema Bofill i Okupem les Dones, «Virus Editorial. Vint anys de publicacions anticapitalistes i llibertàries», Catalunya (Òrgan d´Expresió de les CGT de Catalunya i de Balears), núm 126 (marzo de 2011), pp. 16-17.

Elena del Estal Martínez, «Xosé Tarrió: “Odié, odié, odié. Odié porque había aprendido a odiar”», La Huella Digital, 6 mayo 2011.

 

Una alianza de editores combativos: Era, Lom, Trilce y Txalaparta

Corría el año de 1998, cuando empezó a gestarse una iniciativa de colaboración internacional entre editoriales independientes que desempeñó un papel destacado en el asentamiento en la lengua española del término bibliodiversidad. En mayo de ese año establecían acuerdos de colaboración, y sobre todo de búsqueda de espacios de cooperación, las Ediciones Era (México), Lom Ediciones (Chile), Txalaparta (Euskal Herria) y Trilce (Uruguay), que con el paso del tiempo llevaron a cabo coediciones, así como la coordinación de actividades culturales y de publicaciones.

Lógicamente, había detrás una coincidencia en la concepción de la función que debe desempeñar el editor y una conciencia común de los retos a los que se enfrentaba la edición independiente a finales del siglo xx, en un escenario en que las grandes corporaciones de la comunicación habían ido ganando terreno. Una primera coincidencia evidente, a simple vista, era la edad muy similar que por entonces tenían estas editoriales, con la salvedad de Ediciones Era, la más veterana, creada en 1960 por los hermanos Quico, Jordi y Neus Espresate, Vicente Rojo y José Azorín.

Editorial Trilce, 1994.

La inmediatamente menor, Trilce (cuyo nombre remite al título del célebre poemario del peruano César Vallejo), se creó en 1985 y en sus primeros años se decantó principalmente por la narrativa (novela y cuento), pero poco a poco fue dedicando mayor atención al ensayo en un sentido muy amplio (cultural, político, económico, filosófico), así como a la poesía (André Breton, Jorge Palma, Fernando Aínsa) y al teatro (Molière, Beckett, Koltès). Entre sus primeros títulos se contaban, por ejemplo, Son cuentos chinos (1986), de Luisa Futoransky,  La rebelión de los niños (1987), de Cristina Peri Rossi, con prólogo de Julio Cortázar, Anticonfesiones de un cristiano (1988), de Luis Pérez Aguirre, una amplia antología de literatura erótica (Cuentos de nunca acabar, 1988), que reunía obra de Fernando Butazzi, Eladio Rodríguez Barilari, Alfredo Zitarrosa, Elena Rojas, Elvio Gandolfo, Juan Capagorry, Teresa Porzecanski, Miguel Ángel Campodonico. Mario Benedetti, Silvia Lago, Víctor Cunha y Juan Carlos Mondragón, o Recuerdos olvidados (1988), de Benedetti.

Lom Ediciones, 1998.

Lom (que en lengua yagán significa “sol”) se funda en 1990 (cinco años después que Trilce), con el objetivo principal de recuperar la memoria histórica, en un sentido amplio, del Chile de finales del siglo xx. Apoyándose en un amplio y prestigioso comité editorial (Mario Garcés, Tomás Moulián, Hernán Soto, Ximena Valdés, Verónica Zóndek, etc.), entre los primeros títulos que publicó se cuentan Tahuashando. Lectura mestiza de César Vallejo (1991), de Jorge Guzmán; Gigantes con pies de barro. Análisis del sistema de partidos en Chile (1992), de Claudio Quiróz, o Antihistoria de un luchador, libro de Mónica Echevarría dedicado a la figura del activista y dirigente sindical Clotario Blest (Clotario Leopoldo Blest Riffo, 1899-1990), a los que más adelante se añadiría una pléyade de obras literarias importantes de Federico García Lorca (Romancero gitano, 1998), Augusto Monterroso (Llorar orillas del Mapuche, 1999), César Aira (La serpiente, 2001, y Un episodio en la vida del pintor viajero, 2002), Mijail Bulgakov (Morfina, 2002; Corazón de perro, 2004, y Relatos satíricos, 2014), Mia Couto (Ángeles borrachos, 2005), Georges Perec (una nueva traducción, de Gloria Casanueva y Hernán Soto, de W o el recuerdo de la infancia, 2005), León Tolstói (Hadzi Murak, 2006), Walter Benjamín (La dialéctica del suspenso, 2009)…, además de alguna perla sobre el mundo de la edición y la lectura como es ¿La muerte del libro? (2011), de Roger Chartier.

Un poco más complejos son los primeros años de Txalaparta (nombre del tradicional instrumento de percusión vasco), que si bien se crea dos años después que Trilce (en 1987), se refunda tres años después del nacimiento de Lom (es decir, en 1993).

Su origen está en Altaffaylla, una sociedad cultural creada en 1985 y destinada sobre todo a la publicación de libros de tema navarro, de la que algunos éxitos (particularmente el del libro colectivo De la esperanza al terror. Navarra 1936) llevaron al escritor José Mari Esparza a unirse a Juanjo Marco para crear una editorial más ambiciosa y profesionalizada.

Txalaparta arrancó con una serie de ensayos muy rompedores y combativos, como es el caso de ETA, historia política de una lucha armada (1988), de Luigi Bruni, Herrera, prisión de guerra (1990), de Anjel Rekalde o Hacia la libertad de Irlanda (1991), del presidente del Sinn Féin Gerry Adams, pero también con algunas novelas, como Sofía de los presagios (1991), de la nicaragüense Gioconda Belli.

Desde entonces ha desarrollado una enorme actividad que ha cristalizado en los formidables catálogos de colecciones como Txoi (“esperar”), dedicada al libro infantil ilustrado, Axuri Beltza (“oveja negra”), literatura juvenil, Rabel, centrada en el ámbito de la música, Klasikoak (John Reed, Jesús Galíndez, Baroja), y sobre todo, quizá las más conocidas, Gebara, donde ha publicado en español a autores como Chomsky y Edawrd Said, entre otros, y Amaiur (“madre tierra”), donde ha aparecido la versión en euskera del exitoso Made in Galiza, de Sechu Sende, un buen puñado de traducciones al español de la escritora de origen caribeño Jamaica Kincaid (n. 1949), así como traducciones al euskera de obras de Chuck Palahniuk, Hanif Kureishi, Yasar Kemal, George Orwell, Charles Bukowski, Ray Bradbury, Irene Nemirovsky, si bien sin duda los lectores duros de novela negra la conocen sobre todo por las impactantes novelas de Paco Ignacio Taibo (entre las que se cuentan las dedicadas a la entrañable Olga Lavanderos Sintiendo que el campo de batalla, 1997, y Que todo es imposible,1998).

Ya se habrán advertido ciertos lazos de parentesco entre estos catálogos (con los que también está hermanado el de Era), pero por supuesto no acaban tampoco aquí las coincidencias. Txalaparta define del siguiente modo sus objetivos:

dar a conocer la realidad cultural y social de Euskal Herria, mantener la memoria histórica, defender la diversidad, promover la solidaridad de los pueblos y acercar a sus lectores otras realidades del mundo, por medio de la literatura, el ensayo o la biografía.

Y, de hecho, con muy ligeras variaciones (apenas un cambio de topónimo, en realidad) esta explicación bien podría valer para caracterizar a los cuatro miembros de Editores Independientes (y en alguna medida también L´Alliance des Éditeurs Indépendents, a la que pertenecen).

Iniciativas como una muy bien seleccionada colección de libros de bolsillo (similar a la célebre Enlace barcelonesa, si bien en este caso el mayor peso lo lleva Era), o un política de coediciones, en que a veces se alían dos, tres o las cuatro editoriales, ha dado como resultado un excelente catálogo en que figuran Elena Poniatowska, Isaac Babel, Pushkin, José Revueltas, Roy Berocay y Hugo Achugar, entre otros autores que no siempre han tenido la proyección que merecen.

Otra coincidencia la constituyen las iniciativas y estrategias destinadas a facilitar el acceso a la lectura y la búsqueda de una fidelización de los lectores, que a estas alturas han podido hacerse una clara idea de los diversos proyectos como para saber si están interesados y dispuestos a dar su apoyo. En el caso de Txalaparta, su Club de Lectores, nacido inicialmente como un servicio de libros a domicilio, ha crecido para incluir ofertas de otras editoriales independientes, sobre todo vascas, con descuentos del 20 % y sin gastos por suscripción. En el caso de  Lom se trata de la Comunidad de Lectores, con un planteamiento similar pero con una cuota de suscripción (a partir de una revista da acceso a un libro mensual). Esta misma filosofía inspiradora se manifiesta, en el caso de Trilce,en su servicio –destinado sobre todo a investigadores y estudiosos– de libros de sus autores que se ofrecen de forma gratuita en pdf con la única petición de ser informados de ello (y, obviamente, siempre que se descarguen sin ánimo de lucro).

Como consignan en su presentación estos Editores Independientes:

En el punto de partida de Editores Independientes hay varios denominadores comunes. Principalmente, una concepción editorial con un fuerte carácter cultural, la convicción de que la inteligencia y la crítica son indispensables en cualquier sociedad y de que los libros valiosos deben apoyarse por encima de su desempeño en el mercado.

Visto con cierta perspectiva, es realmente meritorio el camino recorrido por esta alianza de editores combativos.

Txalaparta, 2003.

 

Fuentes:

Web Alliance des Éditeurs Indépendants.

Web Editores Independientes.

Web Ediciones Era.

Web Ediciones Trilce.

Web Lom Ediciones.

Web Txalaparta.

“L´Alliance des éditeurs indépendents”, La voix des Libraires, n. 29 [noviembre de 2003).

Anna Damnieli “Edición independiente: estrategias para la diversidad”, en Carlos Moneta,

ed., El jardín de los senderos que se encuentran: Políticas públicas y diversidad cultural en el Mercosur, Montevideo, Unesco, 2006.

Itsaso Millán, “Txalaparta cumple veinte años“, procedente de Diario de Noticias, consultado en la entrada del 7 de diciembre de 2008 en Gerinda Bai.

Edición vasca en Buenos Aires

A Txetxu Barandiarán

Logo de Editorial Vasca Egin.

Pocas duda puede haber de que la dictadura franquista, fiel a su consabido lema de «una, grande y libre», hizo cuanto estuvo en su mano para diluir o eliminar toda manifestación de la cultura vasca, y la censura sobre toda lengua que no fuera «la del Imperio» afectó de un modo definitivo a la industria editorial en euskera ya durante la guerra civil. «Se evidencia el fuerte contraste entre los años anteriores al levantamiento militar, período de auténtico renacimiento cultural, y el desierto de la primera posguerra», ha escrito José Ramón Zabala en una sintética panorámica de la cuestón. A raíz de la guerra, algunas publicaciones como el periódico Euzkadi (que lo hizo entre diciembre de 1937 y enero de 1939) se establecieron en ciudades como Barcelona (donde se había trasladado el Gobierno de Euzkadi); lógicamente, allende los Pirineos, en Iparralde, no tardaron en surgir también ya durante la guerra de 1936-1939 algunas publicaciones (revistas, pequeñas editoriales asociadas a imprentas) y es el momento, en 1937, en que Euzko Deya publica en París los poemas en euskara de Miguel de Unamuno. Aun así, la editorial que más proyección e importancia tuvo durante el franquismo fue seguramente la Editorial Vasca Ekin (que puede traducirse por “insistir” o “emprender”), fundada en Buenos Aires en 1942.

Logo del Laurak Bat de Buenos Aires.

En Argentina, y particularmente en Buenos Aires, la presencia de inmigrantes vascos era algo más que significativa desde por lo menos finales del siglo XIX. Ya de 1858 se ha registrado en periódicos bonaerenses un anuncio en euskara del debut del poeta José Maria Iparraguirre, y pocos años después (1877) toma cuerpo una iniciativa de largo aliento que aún hoy sigue en activo, el centro Laurak Bat, que hasta 1888 publicó un periódico homónimo que incluía textos literarios en euskera. Entre las publicaciones argentinas que en el siglo xx aparecieron en euskara están tambien la revista La Baskonia (a partir de 1902); la antología de poemas de Alkar (1904), de Pello Maria Otaño (1857-1910), que se reeditaría en Donostia en 1930; el poema del bertsolari Kepa Enbeita “Urretxindorra” (“Ruiseñor”) (1878-1942) «Eskarrik asko», en respuesta a la «Salutación a Enbeita» que Leopoldo Lugones (1874-1938) había publicado en el suplemento cultural de La Nación en septiembre de 1923…

Kepa Enbeita.

La llegada de los exiliados vascos a Buenos Aires la propician dos circunstancias sobre todo: por un lado, la reputación de “católico” que tenía el nacionalismo vasco (muy alejada de la que tenían los comunistas o anarquistas), cosa que facilitó que tanto la burguesía como las clases dirigentes argentinas, a diferencia de lo que ocurrió en otros casos, no mirara con recelo esta nutrida entrada de exiliados republicanos. Por otro lado, y como se ha señalado, a la altura de 1939 existía ya un importante asentamiento de vascos en Buenos Aires, que contaban además con sus propios centros de cohesión y se ocuparon de contrarrestar la mala prensa de los exiliados, lo cual facilitó la integración de los nuevos emigrantes.

Sebastián de Amorrortu.

En lo que a la vida editorial vasca atañe, es importante en este sentido la existencia ya desde 1915 de la imprenta de Sebastián Amorrortu (1867-1949), quien después de haber tenido una imprenta, librería y editorial  en el País Vasco, donde publicó la obra de Sabino Arana, se trasladó a Argentina contratado por el diario Nueva Provincia, trabajó para la editorial Alfa y Omega, y finalmente creó unos talleres gráficos que no tardaron en adquirir notable importancia. Con el tiempo, además, uno de sus nietos (Horacio M. de Amorrortu) fundaría en 1967 la editorial Amorrortu, especializada en ciencias humanas (Adorno, Deleuze, Bachelard, Baudrillard…), que su hija Agustina introdujo en 2007 en Madrid, donde abrió una sede.

Andrés de Irujo.

La editorial Ekin nace en 1941 del impulso de Andrés de Irujo (1907-1993) e Isaac López Mendizábal (1879-1977)  con el apoyo económico y logístico de Amorrortu y la colaboración de Manuel de Irujo (1891-1981) y Bernardo Estornés Lasa (1907-1999), y establece su sede en la que lo era también del Laurak Bat (Belgrano 1144). Así explicó ese momento de gestación del proyecto María Elena Etcheberry de Irujo:

El proceso surge de la situación en la que vivían los exiliados tras la guerra. Mi marido pensó que la manera de dar a conocer a la gente la causa vasca y dar espacio de expresión a los intelectuales vascos era a través del libro. Él hizo esta propuesta a la delegación [del gobierno] vasca en Argentina y le dijeron que era una idea estupenda pero que hacían falta recursos económicos de los que no disponían. Andrés [de Irujo] siguió buscando recursos y gente que le acompañase en el proyecto, así se vinculó con Isaac López Mendizabal, que tenía una tradición de librero de varias generaciones y también con Sebastián Amorrortu, que fue una especie de mecenas que apoyó el proyecto. Él dio el crédito durante toda su vida, adelantaba el capital antes de editar el libro y luego, una vez que se empezaban a vender ejemplares, la editorial se lo devolvía. De esta forma y con un sistema de suscriptores que tenían voluntad de apoyar el proyecto se empezaron a editar los primeros títulos de Ekin.

Isaac López Mendizábal.

La colección quizá más importante de la editorial, la Biblioteca de Cultura Vasca (conocida popularmente como “colección Ekin”) emprende su andadura con la reedición de El genio de Nabarra, de Arturo Campion, y da ya una idea de cuáles son los objetivos, el público y la orientación de la editorial. Según lo interpreta Óscar Álvarez Gila:

…se entendió desde el comienzo que su principal -por no decir único y natural- destinatario no era otro que el público vasco, no sólo el del exilio, sino también el del interior, es decir, el que permanecía sojuzgado por la dictadura franquista […] en el fondo, se trataba de un medio para llevar a cabo y fortalecer desde el exterior la resistencia contra el régimen de Franco, ofreciendo además un refugio para el cultivo y la difusión de la cultura vasca en su más amplia acepción, en unos momentos en que se hallaba fuertemente reprimida en el propio País Vasco. Ekin, por lo tanto, nacía mirando hacia Euskal Herria, y siempre desde una óptica próxima al nacionalismo, dos rasgos ambos que, en buena lógica, vinieron a determinar profundamente el alcance y contenido de su Biblioteca de Cultura Vasca.

Joañixio, Buenos Aires, de Jon Andoni Irazusta (Buenos Aires, Ekin, 1946).

La viuda de Andrés de Irujo, en la entrevista ya citada, va incluso un poco más allá en esta explicación: «el público al que se dirigían los libros no eran sólo vascos, sino que también se pretendía dar a conocer al mundo la realidad vasca. Además, Ekin era el espacio para que los creadores e intelectuales vascos pudieran dar a conocer sus trabajos». En este sentido –y teniendo en cuenta que la guerra civil española estalla en un momento en que desde el punto de vista normativo el euskara no era una lengua unificada– algunas de las de las ediciones más importantes fueron las obras de Isaac López Mendizábal, entre ellas, La Lengua vasca. Gramática. Conversación. Diccionario (1943),  La lengua vasca (1949), Gramática vasca abreviada. Con vocabularios vasco-castellano y castellano-vasco (1954).

Teatro Vasco, de Ruiz Añibarro (Buenos Aires, Ekin, 1954).

Tras una primera etapa en la que predomina la actualidad y el pasado más inmediato de guerra y exilio (Los Vascos y la República Española, de A. de Lizarra, pseudónimo de Andrés de Irujo, o el testimonio Los vascos en el Madrid sitiado, de Jesús Galíndez, por ejemplo), otro ámbito de actuación importante de Ekin fue, pues, la divulgación de la historia cultural vasca.

Sin embargo, resultan muy interesantes también las reediciones y ediciones de literatura, que muy a menudo no andan lejos de esa línea de reflexión sobre el pasado. Pueden mencionarse, a título puramente ilustrativo, la primera novela del exilio, Joanixio (1946), de Jon Andoni Irazusta (1882-1952); la  novela sobre la guerra de José Eizagirre Ekaitzpean (1948); Bizia garratza ba (1950) de Irazusta; un volumen de Teatro vasco (1954), del guipuzcoano Victor Ruiz Añibarro, que incluía El bardo de Itzaltu, El árbol dio una canción y la pieza humorística Mujeres en berrigorría (estrenada en el Casal Català de Buenos Aires el 6 de agosto de 1949) o ya años más tarde, en 1963, la pieza en dos actos de Enrique García Velloso (1880-1938)  Gerniako Arbola, en edición bilingüe (versión en euskara de Jaka Kortejarena) y prólogo de Leonidas de Vedia.

Jesús de Galíndez, a quien Vázquez Montalbán dedicó una famosa novela.

Finalmente, traducciones al euskara como la del Martín Fierro de José Hernández que llevó a cabo Jaka Kortejarena o la del Hamlet que firmó Bingen Amézaga constituyen otras muestras de un empeño muy notable por conservar viva la lengua y mantener el hilo de continuidad con el patrimonio cultural heredado. Otra cuestión era la logística necesaria para lograr que esos libros, sobre todo a través de los Pirineos, llegaran a los vascos de que permanecían en el interior o que habían regresado a él, una historia que esta llena de anécdotas legendarias.

El acuerdo establecido con la editorial Txalaparta ha permitido que en los últimos años estas pequeñas joyas bibliográficas llegaran a la Península e incluso que se iniciara un proceso de reedición de estas obras, entre cuyos primeros resultados se cuentan obras tan importantes como Inglaterra y los vascos, de Manuel de Irujo, y Los vascos en el Madrid sitiado, de Galíndez, prologado por Josu Chueca.

Fuentes:

Web de Ekin: http://editorialvascaekin-ekinargitaletxea.blogspot.com.es/

Web de Amorrortu Editores: http://www.amorrortueditores.com/quienes_somos.php

Gerniako Arbola, de García Velloso (Buenos Aires, Ekin, 1963).

Carlos Alfieri, “Editoriales argentinas: el viaje inverso”, Abc, 1 de abril de 2007.

Óscar Álvarez Gila, “La Editoral Ekin de Buenos Aires”, Euskonews & Media, núm. 72 (24-31 de marzo de 2000), y también en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes 2002.

Enrique Aramburu y Mikel Eskerro, “Historia del euskara en la Argentina”, juandegaray.org, 6 de junio de 2002.

José Ángel Ascunce Arrieta, “El teatro en el exilio vasco: fenómeno dramático y género literario”, en AA.VV., El exilio teatral republicano de 1939, Sant Cugat del Vallès, Gexel, 1999, pp. 97-117.

Hamaika Bide Alkarteia. La cultura de los exilios vascos.

Mikel Ezkerro, “Rubén Darío, Leopoldo Lugones y los vascos de Argentina”, euskosare.org, 12 de julio de 2007.

María Luisa San Miguel, “Historia y filosofía de una revista del exilio: Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos”, en Manuel Aznar Soler, ed., Escritores, editoriales y revistas del Exilio Republicano de 1939, Sevilla, Gexel-Renacimiento, 2006, pp. 1049-1056.

José Ramón Zabala, “La lengua desterrada. Literatura del exilio en euskara”, en Manuel Aznar Soler, Las literaturas exiliadas en 1939, Sant Cugat del Vallès, Gexel- Cop d´Idees (Sinaia 1), 1995, pp.51-56.