Una editora a la sombra de Orwell

Sonia Brownell y Lys Lubbock

A Sardiflor, de veras agradecido.

Las viudas de grandes escritores, salvo contadas excepciones, nunca han gozado de muy buena fama entre los editores, y tampoco a menudo entre los lectores. Han corrido no pocos rumores acerca de las de Borges (María Kodama), Cela (Marina Castaño) o Bolaño (Carolina López) y, por ejemplo, acerca de la de Rafel Alberti, María Asunción Mateo –de quien se ha dicho que antes le tiró los tejos, sin fortuna, a Francisco Ayala–, Mario Muchnik ha detallado sus desafortunadas intervenciones en la edición del quinto volumen de memorias del poeta para borrar el nombre de Aitana Alberti, Luis García Montero o Luisito Muñoz, entre otras personas, y presionar para que se empleara como fotografía de portada una en la que aparecía ella particularmente favorecida junto a Alberti.

Hilary Spurling

Hilary Spurling, que probablemente quedará para siempre asociada a los dos impresionantes volúmenes en que recreó la vida del pintor Henri Matisse (The Unknown  Matise, 1869-1909, en 1989, y Matisse the Master: The Conquest of Colour, 1909-1954, en 2005), es autora de un interesante y revelador libro dedicado a la trayectoria de Sonia Brownell (1918-1980), quien ha pasado a la historia como Sonia Orwell, y que si no fuera por Spurling lo hubiera hecho sólo como otra viuda de escritor desalmada y avariciosa, dilapidadora de fortunas, que es poco más o menos como la retrataron Michael Selden (en Orwell. Biografía autorizada, publicada en 1993 en Emecé en traducción de César Aira) y Jeffrey Meyers (Orwell, la conciencia de una generación, Vergara, 2002, en traducción de María Dulcinea Otero).

Cyril Connolly

Sonia Brownell entra en contacto con el mundo editorial en otoño de 1939, cuando le llegan noticias de que Stephen Spender (1909-1995) y Ciryl Connolly (1903-1974) están preparando una revista hoy mítica (Horizon), que irrumpiría en el panorama de la Inglaterra en guerra en enero de 1940 y de la que se dice en la introducción a la Obra selecta de Connolly: “Sacar a la calle una publicación literaria mensual en plena Segunda Guerra, con escasez de medios, escritores exiliados y un país en ruina representó todo un reto”. En el comentario de presentación del primer número exponía el director las principales líneas rectoras de esta importante revista cultural de explícito subtítulo (“Una revista de literatura y arte”):

Una revista debería ser reflejo de su tiempo, y aquella que deje de serlo debería desaparecer. […] El objetivo de Horizon es ofrecer a los escritores un lugar donde expresarse, y a los lectores los mejores textos que podamos conseguir. Nuestros criterios son estéticos; nuestras opiniones políticas están en suspenso. No será siempre así, porque con el desarrollo de los acontecimientos las opiniones políticas de los artistas e intelectuales serán más evidentes.

A lo largo de su trayectoria, que se extendió entre 1940 y 1949, estamparon su firma en las páginas de Horizon escritores de la categoría de W.H. Auden, Paul Bowles, T.S. Eliot, Graham Greene, Arthur Koestler, Henry Miller, George Orwell, Vita Sackville-West, Dylan Thomas, Virginia Woolf…

Fue Spender, al encargar a Sonia el proyecto de un número sobre los jóevenes pintores británicos, quien le abrió las puertas de esta publicación. “Durante la primavera y el verano de 1940 –escribe Spurling–, Sonia pasaba textos a máquina, hacía recados y otras minucias para Spender, quien de vez en cuando le costeaba el billete de tren en lugar de darle algo de dinero para sus gastos”. Y según explicó Connolly en la introducción a La tumba inquieta (1944), Sonia y Lys Lubbock fueron quienes, “con una dedicación incomparable”, pusieron orden y dieron forma definitiva a “las treinta largas galeradas cortadas en pequeños trozos, como una ristra de morcillas, cubiertas por comentarios y tachaduras y extendidas por el suelo para ser colocadas y recolocadas en una especie de mosaico” que tenía Connolly.

Primera edición de La tumba inquieta, que Connolly firmó como Palinuro y publicó en Horizon.

Sonia, pues, se vio en la necesidad de compaginar otros empleos con el vocacional trabajo en Horizon, donde en una primera etapa publicó ensayos y artículos sobre arte hasta 1941 (coincidiendo con la salida de Spender de la revista), cuando se pasó a la Penguin New Writing de John Lehmann (1907-1987), quien habló de la “inteligencia tan certera y alegremente cínica” de Sonia. Después de la guerra, sin embargo, volvió como secretaria editorial a Horizon, a cuyo frente estaban entonces Connolly como cabeza pensante y Peter Watson como hombre de los cheques. El hecho de que ambos editores desaparecieran del mapa a menudo hizo que fuera Sonia quien, de facto, llevara adelante la revista en muchos momentos. Acabada la guerra, durante una estancia en París estableció amistad con lo más granado de la cultura francesa del momento: Raymond Queneau, Marguerite Duras, Georges Bataille, Jacques Lacan, Maurice Merleau-Ponty…, y hacia 1947 se había acostumbrado ya a ser ella quien llenara las páginas de la revista.

John Halas, Joy Batchelor, Bordon Mace y Sonia Orwell en el Hotel Dorchester.

En 1949 Sonia se comprometió con Orwell, que la había convertido ya en Julia, “la chica del Departamento de Ficción del Ministerio de la Verdad” en su distopía 1984, y quien estaba ya internado en el sanatorio de Gloucester. Posteriormente, trasladado al University College Hospital, se casó con Sonia el 13 de octubre, unos tres meses antes de morir (el 21 de enero de 1950). Pocos días antes Orwell pide a Sonia que nadie escriba su biografía y la nombra heredera y albacea. Fue ella quien, en colaboración con Ian Angus, se ocupó de la ingente tarea de publicar los cuatro volúmenes de textos de no ficción y cartas que componen The Collected Essays, Journalism and Letters of George Orwell, publicados originalmente en Nueva York por Harcourt, Brace & World en 1968: An Age Like This (1920–1940),My Country Right or Left( 1940–1943), As I Please (1943–1945) y In Front of Your Nose (1945–1950). En cierto modo, ero lo más parecido a una biografía que podía hacerse, dadas las estrictas indicaciones de Orwell.

Spurling hizo justicia finalmente a Sonia Orwell, investigando con la escrupulosidad que le caracteriza los pormenores de la creación y gestión de George Orwell Productions Ltd. y el papel que en esta empresa tuvo el asesor fiscal Jack Harrison. Quizá sea uno de los pasajes más clarificadores acerca de la relación entre la editora y el autor ya fallecido, y por si mismo justifica la lectura de este espléndido librito.

Tras la muerte de Orwell, Sonia se estableció en París y fue requerida por el gran editor de libros de arte Albert Skira (1904-1973), que conocía bien su labor en Horizon, y por George Weidenfeld (n. 1919), para quien trabajó como lectora y posteriormente editora de ficción en Weidenfeld & Nicolson, y en cuyo catálogo incorporó nombres del calibre de Mary McCarthy, Saul Bellow, Sybille Bedford o Norman Mailer. Tradujo además a Michel Leris y Marguerite Dumas al inglés, escribió en The Sunday Times y rechazó una oferta de la New York Review of Books por haberse comprometido previamente con Art and Literature (donde fue la responsable de que se dieran a conocer los primeros fragmentos de la “precuela” de la novela Jane Eyre Ancho mar de los Sargazos, de Jean Rhys).

Sonia murió completamente arruinada como consecuencia de los litigios que desde 1979 la enfrentaban a Harrison, destinados a recuperar el control de George Orwell Production y hacer valer las últimas voluntades del autor. Una muy triste historia con un final tardío.

Fuentes:

Cressida Connolly, “A woman and wife vindicated”, The Spectator, 18 de mayo de 2002.

Cyril Connolly, Obra selecta, (traducción de Miguel Aguilar, Mauricio Bach y Jordi Fibla), Barcelona, Lumen (Ensayo), 2005. En particular, la introducción y los artículos “George Orwell” (Sunday Times, 1968), pp. 748-754, y “Comentario (del primer número de Horizon)” (1939), pp. 809-813.

Jenn Díaz, “Viudas literarias“, ElDiaro.es, 2 de abril de 2013.

Jemi Diski, “Don´t think about it”, London Review of Books, 25 de abril de 2002.

La revista Horizon puede leerse en buena medida aquí.

Frank Kermode, “The Girl From the Fiction Department: A Portrait of Sonia Orwell” (reseña), The New Republic, 11 de agosto de 2003.

Hilton Kramer, “Ciryl Connolly´s Horizon”, The New Criterion, septiembre de 1989.

Mario Muchnik, “Rafael Alberti y las viudas”, en Lo peor no son los autores. Autobiografía editorial, 1966-1997, Madrid, Del Taller de Mario Muchnik, 1999 (3a ed.), pp. 17-25.

Mónica Maristain, “De profesión, viuda de escritor”, Planeta Ellas, 18 de junio de 2012.

Tom Rosenthal, “Orwell´s most ferocious defender” (reseña), The Sunday Times, 12 de mayo de 2002.

Trinidad Sotelo de León, “Sonia Orwell” (reseña), en Abc 16 de enero de 2006.

Hilary Spurling,  Sonia Orwell. La chica del departamento de Ficción (traducción de Xoan Abeleira), Barcelona, Circe (Testimonio), 2005.

Hilary Spurling, “In defense of Sonia Orwell”, Times Literary Supplement, 15 de mayo de 2002.

Peter Stanford, “Keppers of the flame. The literary widow´s lot“, The Independent, 25 de octubre de 2010.

D.J. Taylor, “The Girl From the Fiction Department: A Portrait of Sonia Orwell” (reseña), The Sunday Times, 12 de mayo de 2002.

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