Avatares de una biblioteca legendaria (la de Raymond Foulché-Delbosc)

Si al filólogo Raymond Foulché-Delbosc (1864-1929) se le considera uno de los hispanistas más importantes de todos los tiempos, es en buena medida por la creación y mantenimiento de la muy influyente Revue Hispanique (1894-1920), donde publicó —con su nombre o con diversos seudónimos— numerosísimos e importantes estudios, así como algunas relevantes obras o versiones inéditas de clásicos españoles, pero consecuencias no menos positivas tuvo su faceta como coleccionista de libros y manuscritos.

Raymond Foulché-Delbosch.

Nacido en Tolosa de Llenguadoc, Foulché-Delbosc cursó estudios de Derecho con el propósito de dedicarse a la diplomacia, y el conocimiento de diversas lenguas despertó en él el interés por la filología, fruto del cual escribió antes de haber cumplido treinta años una muy exitosa Grammaire espagnole (1888), con su correspondiente Supplement (1888) y una Liste complète des verbes irréguliers espagnols (1889), y enseguida se estrenó también como traductor con Contes espagnols (1889), donde reunía textos de Vicente Arana (1847-1890), Víctor Balaguer (1824-1901), Arturo de Campión (1854-1937) y Vicente de Febrer, vertidos al francés en colaboración con E. Contamine de Latour, ilustrados por Ogier y publicados por la Société de Publications Internationales. Antes de acabar el siglo traduciría también a Cervantes (El licenciado vidriera en 1892), un volumen de Poesías de Moratín al año siguiente y El estudiante de Salamanca, de Espronceda, también en 1893. Sin embargo, su primer gran éxito comercial fue el método para aprendizaje de lenguas expuesto inicialmente en Écho du français parlé (1890).

Desde 1893, viajó por diversos países europeos, particularmente por España (donde inició el estudio del manuscrito de las Guerras de Granada, de Diego Hurtado de Mendoza) y empezó entonces a comprar numerosos libros y manuscritos antiguos. Al año siguiente (1894) creaba la que con razón se considera su obra magna, la Revue Hispanique, donde dio a conocer muchos de los documentos que había ido descubriendo y recuperando en el transcurso de sus viajes, que le habían puesto además en contacto con numerosos estudiosos e historiadores, a los que en algunos casos incorporó a la revista (Arturo Farinelli, Rufino José Cuervo, Ernest Merimée, Leite de Vasconcellos, James Fitzmaurice-Kelly, Marcelino Menéndez Pelayo…). Su amistad con el filólogo catalán Pompeu Fabra —desde 1902 era corresponsal de la Academia de les Bones Lletres de Barcelona— le llevó a ser una de las estrellas principales del Primer Congrés Internacional de la Llengua Catalana (1906), además de permitirle publicar por primera vez un manuscrito inédito propiedad de Fabra que contenía los sesenta primeros versos del romance «Testament de la Reina Doña Isabel la Católica» (en el tomo XIII de la Revue Hispanique, en 1905). Autores tan distintos, cultivadores de géneros tan dispares y de épocas tan diversas como Rodrigo Cota (1434-1498), Luis de Góngora (1561-1627), Juan Meléndez Valdés (1754-1817), José Cadalso (1741-1782) o Tomás Iriarte (1750-1791) son sólo algunos de los autores de los que publicó en su revista ediciones comentadas de textos hasta entonces inéditos.

Foulché-Delbosc retratado por Ramon Casas.

La entonces recién creada Society of America empezó a subvencionar desde 1905 la Revue, de modo que, incluso durante la primera guerra mundial —pese a que la imprenta en que se publicaba cayó en manos de los alemanes, que se incautaron de dos números a punto de imprimir—, la publicación consiguió seguir apareciendo con relativa regularidad. Se publicaban tres números anuales, de unas trescientas páginas, y durante el período bélico algunos, debido a las dificultades para conseguir colaboraciones, salieron íntegramente de la pluma de Foulché-Delbosc (sólo en la Revue Hispanique publicó unos doscientos artículos, con diversos seudónimos, y 171 ediciones críticas o comentadas).

Por si no bastara con ello, en colaboración con otros hispanistas fundó la colección Bibliotheca Hispanica, en la que se publicaron, por ejemplo, su pionera edición crítica del Lazarillo de Tormes, las ediciones de 1499 y 1501 de la Comedia de Calisto e Melibea, o la Cárcel de Amor, de Diego de San Pedro (¿1437-1498?), así como textos de Pedro Manuel de Urrea (1485-1535), Jorge Manrique (c. 1440-1479) o Luis de Góngora, entre otros muchos.

A esta intensísima actividad filológica y editorial se ha atribuido a veces la temprana muerte de Foulché-Delbosc, a la que dejó una biblioteca, según consigna Julio Puyol, de «once mil volúmenes impresos, más de tres mil folletos, otros tantos manuscritos y un número considerable de planos, mapas, estampas y dibujos». ¿Qué pasó y adónde fue a parar esta inmensa, rica y valiosísima biblioteca?

Catálogo de una venta gestionada por Andrieux en 1934.

Entre los días 12 y 17 de octubre de 1936, casi siete años después de su muerte, se anunció en el Hotel Drouot de París una subasta de la biblioteca Foulché-Delbosc cuyo responsable fue un conocido experto en la materia muy versado en estas lides, Georges Andrieux. Se trataba, según el catálogo en que se describían las obras, de una parte mínima de esa biblioteca, unos 1610 volúmenes, ordenados en cinco categorías: libros antiguos (417), ediciones de La Celestina en diversas lenguas (39), libros de bibliografía (80), libros posteriores a 1815 (947) y manuscritos (127). La ausencia de una presencia importante de instituciones culturales españolas en la subasta se explica probablemente por la guerra civil que por entonces proseguía su curso, pero quien mayor interés mostró fue la Biblioteca Nacional de la República Argentina, por entonces presidida por Gustavo Martínez Zuviria y que estuvo representada en la subasta por el diplomático Jorge Máximo Rodhe (que dejó su testimonio de la misma en sus memorias parisinas). Rodhe se había visto envuelto, no hacía aún mucho tiempo, en un sonado escándalo cuando, como jurado del Premio Nacional de Literatura, en 1932 premiaron a Ezequiel Martínez Estrada y Manuel Gálvez se sintió tan ultrajado por ello que le escribió una carta abierta en el periódico La Prensa en el que le afeaba que hubiera roto el trato que tenían para premiarle a él y donde explicaba que «estuvo en mi casa hace quince días sólo para asegurarme que todo estaba arreglado».

Acerca del catálogo de esta subasta parisina escribió Rodhe en sus memorias: «Hojeo el catalogo de la Biblioteca hispànica de Foulché-Delbosc, que el mes próximo se dispersará por el mundo. ¡Cuánto tesoro! La ciencia y el arte españoles hallan aquí magnífica expresión.» Rodhe, que contaba con el apoyo logístico de la embajada argentina en París, tenía el encargo de intentar comprar la colección completa Foulché-Delbosc, y para ello se puso enseguida en contacto con Andrieux para negociarla, pero tal operación fue imposible (al margen de que hubiera desbordado el presupuesto del gobierno argentino) debido a la oposición de la vetusta y muy prestigiosa firma anticuaria inglesa Maggs Brothers, que acudía con la representación de varios clientes británicos y estadounidenses. Aun así, la biblioteca argentina invirtió 283.631 francos de la época en 1281 volúmenes que, paradójicamente, durante muchos años en las bibliografías publicadas se dieron por perdidos, cuando en realidad se embarcaron en diciembre de ese mismo año 1936 y al siguiente se incorporaron a la sección de Reservados de la Biblioteca Nacional (en la llamada Sala del Tesoro). Entre las obras adquiridas se encontraba, por ejemplo, nada menos que una de las tres ediciones de que se tiene noticia de la edición sevillana de 1502 de La Celestina. Tan desconocida fue la existencia de este fondo, que no fue hasta 1996 cuando los profesores Arthur Askins y Harvey Sharrer (de las universidades californianas de Berkeley y Santa Bárbara, respectivamente) identificaron el origen de muchas de las obras allí conservadas e impulsaron un trabajo de catalogación y puesta en línea de semejante información.

Francesc Parserisas cuenta —a medias— adónde fue a parar otra parte importante de la biblioteca Foulché-Delbosc en una conferencia de 2002, en la que relata cómo en 1938 el editor catalán afincado en Londres Joan Gili i Serra llegó a enterarse a través de su esposa de la existencia de una voluminosa biblioteca de libros antiguos que alguien había heredado y cómo en la primavera del año siguiente, en los prolegómenos ya de la segunda guerra mundial, se ocupó del traslado en tren de ciento cincuenta contenedores (ocho toneladas de papel) desde la capital francesa hasta la costa, y posteriormente hasta su librería londinense, The Dolphin Bookshop.

Joan Gili i Serra.

De algunos de esos libros y documentos adquiridos por Gili puede seguirse incluso la pista de su destino final. Así, por ejemplo, Álvaro Piquera Rdríguez resiguió con minucia los sucesivos cambios de mano y el recorrido del Arte de putear, de Nicolás Fernández de Moratín.

A finales de los años cincuenta, por ejemplo, el hispanista Nigel Glendinning (1929—2013) explicaba en «Ortelio en la poesía y en la vida de Cadalso. Una nueva teoría sobre su identidad y datos sobre la amistad de Casimiro Gómez Ortega y Cadalso» la procedencia del material con el que había trabajado y que le había permitido hacer aportaciones significativas en su campo:

Los papeles de Cadalso que pertenecían a M. Foulché-Delbosc pasaron después de su muerte al señor J. Gili del Dolphin Book Company, Oxford, que actualmente los tiene. Muy amablemente el señor Gili me ha dejado consultar con entera libertad estos interesantes documentos. Los he aprovechado aquí.

Los testimonios de la eficiencia y la generosidad de Gili i Serra con los hispanistas que se interesaban por los volúmenes y manuscritos que poseía son abundantes en libros y artículos de filología de esos años, y ya en julio de 1936, en el influyente Bulletin of Spanish Studies el eminente Edgar Allison Peers (1891-1952) se había referido al brío y diligencia del librero y editor catalán y a los buenos servicios que prestaba a los hispanistas que le visitaban.

Nigel Glendinning.

El legajo al que se refería Glendinning en su artículo de 1958 es sin duda el que aún aparece en el catálogo 39 de Dolphin Books de 1963, donde se describe como «la mayor colección de manuscritos autógrafos de Cadalso existente», junto con obra de Meléndez Valdés, Iglesias y Moratín, que se ponía a la venta al precio de 155 libras esterlinas. Este lote formaba originalmente por lo menos parte de un envío que en la primavera de 1775 Cadalso había hecho a Meléndez Valdés para que, en caso que falleciera en la guerra que entonces emprendía, su obra se conservara, y contenía varias piezas, además de cartas y unas veinte páginas impresas de Ocios de mi juventud con correcciones autógrafas. Parte de este material lo había dado ya a conocer Foulché-Delbosch en el primer número de la Revue Hispanique («Obras inéditas de Cadalso») y casi simultáneamente en el volumen impreso por la librería Murillo Obras inéditas de D. José Cadalso (1894), pero no así la veintena de páginas impresas en 1775 por Antonio de Sancha de Ocios de mi juventud y corregidas de puño y letra de Cadalso (probablemente, porque no se consideraron, en sentido estricto, inéditas). Y las correcciones son importantes porque indicaban con qué enmiendas y cambios debía reeditarse, si fuera el caso, los Ocios de mi juventud.

Según la descripción del mencionado catálogo de Dolphin, los manuscritos procedían sobre todo de las colecciones de Salvá y Heredia y del propio Cadalso, y su importancia, según el mismo catálogo, estriba en el hecho de que «existen pocos autógrafos de Cadalso, aparte del de Don Sancho García, en la Biblioteca Nacional, y algunas cartas».

José Cadalso retratado por Pablo de Castas Romero.

Pocos años después de la publicación del catálogo 39 de Dolphin, algunos estudiosos de la literatura del XVIII español consultaron parte de estos mismos documentos en la Universidad de Utrecht en 1966, lo que sin duda permite deducir adónde fue a parar esta pequeñísima parte de la inmensa biblioteca Foulché-Delbosc (y que lo hizo entre 1963 y 1966). Y puede deducirse también que, originalmente, su grueso se dividió entre la Biblioteca Nacional de la República Argentina y la Dolphin Books de Joan Gili i Serra.

En 2013, Miguel Ángel Lama concluía un artículo titulado «Cadalso leyéndose a sí mismo» subrayando la importancia que tenían esas veinte páginas corregidas para tener una edición de sus Ocios de mi juventud que por primera vez

…respeta la voluntad del autor expresada genéricamente a su amigo Meléndez Valdés y materializada sobre el papel en la veintena de páginas que hemos podido conservar gracias a filólogos como Foulché-Delbosc, libreros como Joan Gili e investigadores como Nigel Glendinning.

Quizá los Ocios de mi juventud no sea una obra de principal importancia en el conjunto de la literatura española del siglo XVIII, ensombrecida incluso en el conjunto de la obra de Cadalso por las Noches lúgubres y las Cartas marruecas, pero el episodio es significativo o ilustrativo de cómo los editores fijan los textos y de cómo es posible que los lectores estemos leyendo durante décadas ediciones «deficientes» por falta de filólogos, libreros e investigadores tan escrupulosos y generosos como lo fueron Foulché Delbosc, Joan Gili o Nigel Glendinning.

Fuentes:

Catálogo núm. 35 de la Dolphin Books (1957).

Isabel Foulché-Delbosc y Julio Puyol, Bibliografía de R. Foulché-Delbosc (1864-1929), Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1931.

Miguel Ángel Lama, «Cadalso leyéndose a sí mismo. Notas para una edición», Romanica Olomucensia, 24/II (2012), pp. 1659-168.

Francisco A. Marcos Marín, «La colección Foulché-Delbosc de la Biblioteca Nacional de la República Argentina: catalogación y edición electrónica», 1998.

—«La recuperación de la Colección Foulché-Delbosch de la Biblioteca Nacional de la República Argentina», La Coronica, 19/II (primavera de 2001), pp. 147-157.

Georgina Olivetto, «El fondo medieval de la colección Foulché-Delbosch», Letras. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires, núm. 40-41 (junio de 1999-junio de 2000), pp.158-165.

Álvaro Piquero Rodríguez,«El ejemplar perdido del Arte de putear de Moratín (c. 1815-1820): nuevos datos ecdóticos y bibliográficos», Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, 34 (2016), pp. 279-310.

Francesc Parcerisas, The Irish Poet and the British Gentleman, Sheffield, The Anglo-Catalan Society- Hallamshire Press, 2002.

Jorge Máximo Rodhe, Cinco años de París: 1935-1939, Buenos Aires, Emecé, 1948.

«El público» de Federico García Lorca y su azarosa historia editorial

Resulta asombrosa la cantidad de años que pasaron entre el asesinato del artista multidisciplinar que fue Federico García Lorca (1898-1936) y el momento en que se pudo tener acceso a su obra literaria completa, si bien por el camino se publicaron compendios que se pretendían y presentaban como tales.

Federico García Lorca.

Al margen de poemas de juventud que en su día el poeta prefirió no publicar y de los textos y entrevistas que pudieran quedar dispersos en publicaciones periódicas, más interesantes parecen los casos de las obras teatrales Yerma,  La casa de Bernarda Alba (publicada en Losada en 1945 por iniciativa del editor español Guillermo de Torre y estrenada en el Teatro Avenida de Buenos Aires ese mismo año), Así que pasen cinco años y, sobre todo, El Público, cuya primera edición tardó muchos años en estar a disposición de sus lectores, si bien unos breves pasajes se habían publicado ya en junio 1933 en el tercer número de la revista Cuatro Vientos (pp. 61-78), con la indicación «De un drama en cinco actos» que durante mucho tiempo se dio por inacabado o por perdido. Es más, a partir de la correspondencia entre Dámaso Alonso y Jorge Guillén, el lorquista Antonio Monegal reconstruye un proyecto de publicación de la obra en la editorial Signo, que quedó en el aire debido a que un viaje a la Argentina impidió a Lorca llegar a firmar el contrato.

Rafael Martínez Nadal.

En la revista mexicana Residencia, Rafael Martínez Nadal (1903-2001) publicó en 1963 un importante y polémico artículo titulado «El último día de Federico García Lorca en Madrid» en el que cuenta la jornada que pasó con Lorca ante la inminencia del golpe de Estado de julio de 1936, y cómo el poeta, antes de viajar a Granada, le entregó una serie de papeles personales con instrucciones de destruirlos si le pasaba algo, y entre los que se encontraba el único manuscrito conocido de El Público, que ha sido objeto de enrevesados debates acerca de si le falta o no un cuadro. A su vez, Martínez Nadal puso en manos de un amigo el manuscrito y no lo recuperó hasta 1958, cuando se encontraba ya exiliado en Londres. Ya entonces proyectó una edición facsímil y mostró el manuscrito a la familia Lorca, en particular a su hermano Francisco García Lorca (1902-1976), pero este se opuso, al parecer con la esperanza de localizar una versión más definitiva de la obra (de cuya existencia tampoco había datos fiables).

La aparición de ese artículo en México debió de desatar todo tipo de pesquisas para publicarlo, y uno de los que se puso a ello fue el grafómano y editor Max Aub (1903-1972), que por entonces había puesto en marcha una original y espléndida revista internacional, Los Sesenta, cuyo propósito era publicar inéditos sólo de autores que hubieran cumplido cuanto menos esa edad, y entre los que se contaron a Juan Ramón Jiménez (1881-1958), León Felipe (1884-1968), Américo Castro (1885-1972), Julio Torri (1898-1970), Vicente Aleixandre (1898-1984), André Malraux (1901-1976), Ramón J. Sender (1901-1982), Rafael Alberti (1902-1999), Salvador Novo (1904-1974), Manuel Altolaguirre (1905-1959), etc.

Un auténtico lujo, la revista Los Sesenta, que se publicaba en los años sesenta y en la que sólo podían colaborar quienes hubieran cumplido esa edad (cosas de Max Aub y su sentido del humor).

Lo primero que intentó Max Aub fue recabar información a través de su amigo Esteban Salazar Chapela (a quien escribe al respecto en octubre de 1964), que al igual que Martínez Nadal se encontraba exiliado en Londres, así como del propio Martínez Nadal, de quien recibe respuesta en diciembre de ese mismo año y a quien en el cuarto número de Los Sesenta publicó «Dos viñetas» acerca de Unamuno.

Arturo del Hoyo.

Salazar Chapela, después de abordar directamente el tema con Martínez Nadal, informa a Aub de que el crítico no deseaba que la obra se incluyera en las Obras completas de Lorca –que venía preparando Arturo del Hoyo (1917-2004) en Aguilar a partir de las ediciones de Losada– porque la consideraba una versión no definitiva, deficiente, y que, puesto que esa editorial tenía por contrato (desde mayo de 1952) derecho a publicar cualquier obra que saliera a la luz del escritor granadino, estaba dispuesto a esperar a que ese contrato venciera.

Sin embargo, hay testimonios también de que en los círculos literarios del exilio republicano se rumoreaba acerca de otras motivaciones, que resultan también bastante plausibles. En la entrevista que Max Aub mantuvo con Rafael Alberti mientras preparaba lo que debía ser su biografía del cineasta Luis Buñuel, le preguntó con falsa ingenuidad si él creía que El Público existía realmente, a lo que Alberti responde que él cree que si Francisco García Lorca no autoriza su publicación es simplemente porque la obra es expresión inequívoca de la homosexualidad de su hermano, razón que, en la misma entrevista, Aub da por buena.

Sin embargo, en la misma extensa carta de diciembre de 1964 ya aludida, Martínez Nadal ofrece a Aub la posibilidad de cederle un texto que está preparando sobre El Público, si puede publicarlo antes de que aparezca en Inglaterra. Según dice, este estudio exige largas y abundantes citas de la obra, lo que confía en que obligue a los hermanos de Federico, o bien a autorizar la edición íntegra del manuscrito, o bien a publicar la edición íntegra si ésta realmente existe. El caso es que cuando Martínez Nadal estuvo en disposición de mandar a México el primer capítulo de su estudio, en 1968, Los Sesenta había desaparecido.

Aun así, Aub no se había quedado de brazos cruzados al respecto, y el 30 de marzo de 1965 había escrito directamente a Francisco García Lorca para tantearlo y, además de pedirle alguna colaboración para la revista, le dice: «Supongo que es inútil preguntarte si tienes algún inédito de Federico».

Como es bien sabido, este silencio se rompió en 1970 con la publicación del libro de Martínez Nadal «El Público». Amor, teatro y caballos en la obra de Federico García Lorca, que editó lujosamente en Gran Bretaña el exiliado catalán Joan Gili i Serra (1907-1998) en sus Dolphin Books Co. (que publicaron otros facsímiles de autógrafos de García Lorca en los años siguientes, preparados también por Martínez Nadal), y apenas pasaron cuatro años antes de que se publicara en México, gracias a la editorial Joaquín Mortiz, «El Público». Amor y muerte en la obra de Federico García Lorca, que era una versión corregida, ampliada y más asequible de la edición de Doplhin.

La primera edición destinada al gran público corrió a cargo de nuevo de Martínez Nadal y se ocupó de ella Seix Barral en marzo de 1978, en la que El Público aparecía acompañada de la inacabada Comedia sin título, según se indica, con «introducción, transcripción y versión depurada por Rafael Martínez Nadal y Marie Laffranque [1921-2006]»

No obstante, mayor fortuna comercial tuvo la edición que María Clementa Millán preparó para la colección Letras Hispánicas de Cátedra, casi inmediatamente después de que la revista Cuadernos de El Público dedicara un número monográfico a esta obra lorquiana con contribuciones de Ángel García Pintado, Ian Gibson, Ángel Sahquillo, Juanjo Guerenabarrena, Rafael Martínez Nadal y la propia María Clementa Millán. Es significativo en este caso que en Cátedra se eligiera como ilustración de la cubierta un dibujo coloreado del propio García Lorca, «Hombre y joven marinero», fechado en Nueva York  entre 1929 y 1930 y perteneciente a la colección personal de Camilo José Cela, porque a Clementa Millán debemos la catalogación y estudio de buena parte de la obra gráfica lorquiana, de la cual se intercalan también algunos otros ejemplos en el interior del libro.

Dos años después se incluyó como número 32 en la Colección Teatral de Autores Españoles de la Biblioteca Antonio Machado de Teatro, y en los años sucesivos se publicó en compañía de otras obras de García Lorca, más o menos pertinentes (en 1993, por ejemplo, Derek Harris preparó como número 32 de la colección Clásicos Taurus una edición muy divulgada que incluía el Romancero gitano, Poeta en Nueva York y El Público).

Tal vez las últimas ediciones importante de esta serie sean la preparada por Miguel García Posada para su inclusión en el segundo volumen de las Obras completas de Lorca (desde luego, bastante más completas que las de Aguilar) que coeditaron Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores en 1997, y la del mencionado Antonio Monegal para Alianza en el año 2000, que pone título a la conocida hasta entonces como Comedia sin nombre: Sueño de la vida.

Fuentes:

María José Blas Ruiz, «Las obras completas de Federico García Lorca en Aguilar», Blog Antigua Editorial Aguilar, 5 de junio de 2013.

Mariano de Paco, «El teatro en las revistas de vanguardia: Los Cuatro Vientos», Monteagudo, núm. 7 (2002), pp. 115-124.

Federico García Lorca, El Público, edición de María Clementa Millán, Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas 272), 1987.

Ian Gibson, «El insatisfactorio estado de la cuestión», Cuadernos de El Público, núm. 20 (enero de 1987), pp. 12-17.

Rafael Martínez Nadal, «El público»: Amor y muerte en la obra de Federico García Lorca, edición de Enrique Ortiz Aguirre, Comunidad de Madrid, 2019.

Josep Mengual, «Historia de “un maduro Litoral”: Los Sesenta», en Cecilio Alonso, coord., Max Aub y El laberinto español, Ajuntament de València, 1996, vol. 2, pp. 715-724.

Aún más delfines. Joan Gili i Serra y sus Dolphin Books

A Francesc Parcerisas, un cop més, agraït.

Cuando se habla de los libreros que a lo largo del siglo XX divulgaron el libro español en Europa, suele ocupar un lugar preeminente el valenciano Antonio Soriano (1913-2005) y su Librería Española de París, que, junto con la editorial de José Martínez Guerricabeitia Ruedo Ibérico, no sólo aglutinó a buena parte de los intelectuales antifranquistas residentes o de paso por París, sino que facilitó además su contacto con los españoles y latinoamericanos que recalaban en la capital francesa, y a este mérito no menor hay que añadir su labor como editora de unos pocos pero importantes y oportunos libros.

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Muy distinto es el enfoque que dio a la divulgación del libro español Joan Gili i Serra (1907-1998) –no confundir con Joan Gili i Montblach (1850-1905) origen de Editorial Litúrgica Española, S.A.–, que constituye un eslabón importante en una de las estirpes más insignes de la edición moderna. Con el modesto pero importante apoyo de Henry Warren, que aportó cincuenta libras, en octubre de 1934 Joan Gili fundó en la Cecil Court de Londres, no lejos de Charing Cross Road, la editorial The Dolphin Book Company y la librería The Dolphin Bookshop –no confundir tampoco con la histórica librería independiente Dolphin Bookstore, creada en Port Washington (Nueva York) en 1946–, empresas ambas que más adelante Joan Gili se llevaría consigo a Oxford, en cuya universidad se encontraban buena parte de sus compradores potenciales en Inglaterra.

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One hundred manuscripts relating to Latin America, Oxford, The Dolphin Book Co. Ltd. (Catálogo n.º 35, 1957).

La Dolphin Bookshop se especializó en bellos y buenos libros ingleses (“those English books which you will not only want to read but to keep”, según anunciaba) y sobre todo en obras en lengua española, tanto penínsulares como americanas, y en lengua catalana. Y ya con la primera edición que llevó a cabo subrayó esa personalidad de la empresa: Prosa diversa, de Miguel de Unamuno (Londres, 1938), seleccionada por el propio Gili y con un texto de presentación de quien fuera el primer profesor de español de la Universidad de Cambridge e insigne musicólogo John Brande Trend (1887-1958), al que seguiría un volumen de poemas de Federico García Lorca, traducidos por Gili y Stephen Spender, cuya selección e introducción corrió a cargo del eminente crítico lorquiano Rafael Martínez Nadal (1903-2001).

De un carácter muy distinto es otra edición de 1938, una carpeta (520×400) con veinte dibujos con grabados del pintor de la generación del 27 Gregorio Prieto (1897-1992), más portada, página de dedicatoria (“A los estudiantes españoles”) y justificación de tirada (100 ejemplares sobre papel de hilo) firmada por el autor.

La carpeta Prieto.

Sin embargo, el estallido de la segunda guerra mundial y los primeros bombardeos sobre Londres llevaron a Gili, recién casado con Elizabeth McPherson, a trasladarse a Oxford (14 de Fyfield Road), hay quien dice que por las amenazas recibidas por la embajada franquista (que sabía muy bien que la librería era un punto de encuentro de notables republicanos y que entre sus clientes estuvieron Juan Negrín, Pere Bosch Gimpera, Salvador de Madariaga, Josep Trueta, Luis Araquistáin y Carles Pi Sunyer), hay quien lo vincula con la voluntad de proteger la impresionante biblioteca del bibliógrafo e hispanista francés Raymond Foulché-Delbosc, fundador de la célebre Revue Hispanique, que se había subastado entre el 12 y el 17 de octubre de 1936 en el Hotel Drouot de París y de la que Gili se había hecho con una parte (en total se subastaron cerca de once mil volúmenes, además de trescientos cincuenta manuscritos, tres mil folletos y un número indeterminado de dibujos, estampas, mapas, planos, etc.).

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Imagen central del pliego de “One hundred…”, que muestra un nombramiento del arzobispo Juan de los Barrios fechado en 1556.

Al margen de la muy asombrosa labor de la editorial, entre la que se cuentan por ejemplo la primera edición, a cuenta del autor,  del Ocnos (1942), de Luis Cernuda, con 31 poemas; la Anthology of catalan lyric poetry (1953) preparada por Joan Triadú (1921-2010), la traducción de William y Mary Roberts del Platero y yo (1956) del Nobel español Juan Ramón Jiménez, con dibujos de Baltasar Lobo (1910-1993), o la alucinante obra en diez volúmenes del bibliógrafo y filólogo Antonio Rodríguez Moñino Floresta: joyas poéticas españolas (1953-1966),  o incluso de su más extraordinaria faceta de traductor de poesía catalana (Josep Carner, Carles Riba, Salvador Espriu), es sobre todoo muy notable la labor de Gili como divulgador y promotor de la lengua, la literatura y los libros españoles y catalanes.

La edición de Ocnos de 1942.

Si bien ya en 1937 había participado en la exposición bibliográfica anual que organizaba el Sunday Times con un stand de libros catalanes, una de las herramientas más importantes que empleó para ello, y para extender su radio de acción, fueron los encantadores catálogos que publicó (de los cuales por lo menos una parte fueron impresos en la Tipografía Moderna de Valencia), que no sólo reflejan el buen gusto de la Dolphin, sino que dan fe también de unas existencias realmente excepcionales.

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Catálogo de 1959.

Sólo a título de ejemplos ilustrativos tomados casi al azar, en el número 38 de Old and rare books relating to Latin America and Spain Overseas (including many unrecorded ítems), puede encontrarse la descripción de un ejemplar de la Despedida del Libertador [Simón Bolívar] a los Guayaquileños, impresa por la Imprenta de la Ciudad [Guayaquil], 1822; un Repertorio pintoresco sobre Yucatán obra del editor y litógrafo José Espinosa Rendón y redactado por Crescencio Carrillo, fechado en Mérida en 1863 profusamente ilustrado con litografías coloreadas; el Primer ensayo de Gramática de la lengua Yap (Carolinas Occidentales), con un pequeño Diccionario y varias frases, fechado en Manila (Filipinas) en 1888, o los catorce volúmenes de una Historia General de Philipinas, de Juan de la Concepción, ampliamente ilustrada con mapas e impresa también en Manila entre 1788 y 1792.

El número 40, A fine collection of old and rare Spanish Books and books relating to Spain ofrece un ejemplar impreso en Salamanca en 1542 de El cortesano, de Baltasar Castiglione, en la muy celebrada (por Garcilaso entre otros) traducción de Boscán; una primera edición de la Parte perfecta de las comedias del Fénix de España [Lope de Vega], impresa por la Viuda de Juan González en Madrid en 1635; un ejemplar de la Idea de un Principe Politico Christiano de Diego de Saavedra Fajardo impreso en Mónaco por Nicolao Enrico en 1640 (salvo los grabados, impresos en Munich) con la peculiaridad de conservar dos páginas de fe de erratas al final; una edición impresa en 1543 por Carles Moros Prouençal de Les Obres de Mossen Ausias March, que se tiene por la primera completa, o una primera edición del Tesoro de la Lengua Castellana (Luis Sánchez, 1611) de Sebastián de Cobarrubias, entre otras muchas y asombrosas joyas.

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Catálogo de 1961.

No es extraño que en la posguerra la librería de Joan Gili se convirtiera en punto de referencia ineludible de los más tenaces bibliógrafos y bibliómanos españoles y americanos, y buena prueba de ello la tenemos, por ejemplo, en el hecho de que el poeta Carles Riba le dedicara la tercera de las Elegies de Bierville, que testimonia no sólo la amistad que les unía sino también el agradecimiento por los libros extraordinarios que le consiguió, y de lo que hay rastros también en el magnífico epistolario preparado por Carles-Jordi Guardiola entre el poeta y el librero.

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Interior del “One hundred…” (1957), que alterna fichas descriptivas con imágenes de las obras referenciadas.

También en los diarios personales de Max Aub hay constancia de su conocimiento, y en una entrada del 12 de octubre de 1956 lo describe como uno de los “catalanes con vista” y consigna que “su mujer, inglesa, habla catalán, pero no español”. Y no sólo en la España franquista o en los países latinoamericanos eran difíciles de encontrar esos libros que sólo Joan Gili parecía poseer ejemplares, sino que también para muchos hispanistas estadounidenses y canadienses la Dolphin Bookshop se convirtió en irradiadora de libros raros a los más diversos puntos del planeta (mediante un cuidado sistema de envíos postales y cobros mediante cheque o transferencia bancaria, en función del país del destinatario).

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Interior del “One hundred…” (1957).

A nadie sorprenderá, por tanto, que en su rico epistolario aparezcan personajes como F. J. Norton, bibliotecario de la Universidad de Cambridge y autor de Printing in Spain (1501-1520) (1967), Two spanish verse chap-books (1969) y el monumental A descriptive catalogue of printing in Spain and Portugal 1501-1520 (1978), que por sí solo justificaría la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio que se le concedió en 1983, junto a los escritores Pablo Neruda, Carmen Conde o los hispanistas Peter Russell, André Belamich o Frank Pierce (primer presidente de la Anglo-Catalan Society, que también presidió más tarde Gili).

Cambridge- Londres-Nueva York-Melburne, Cambridge University Press, 1978.

Sin duda, la labor de Joan Gili i Serra como editor exquisito y concienzudo, traductor sensible y preciso de la mejor poesía de nuestro tiempo o impulsor de organizaciones divulgadoras de las letras hispánicas bastarían para justificar que ocupe un lugar destacado en la historia del libro español, pero su vertiente de anticuario y coleccionista especializado en libro hispánico (tenía en su colección particular ejemplares de Els usatges de Barcelona, de 1490, y la edición de 1507 del Llibre del Consolat del Mar) lo convierten en un personaje singular, cuya memoria se mantiene, por ejemplo, con la beca que lleva su nombre y que la Universidad de Oxford concede anualmente a un proyecto de investigación en la lengua y la cultura catalana. Muy apropiado.

Fuentes (vénse también los Comentarios):

Los archivos tanto de Joan Gili i Serra como de la Dolphin Books se hallan en la Senate House Library de la Universidad de Londres, salvo excepciones, como su correspondencia con su tío Gustau Gili i Roig, que se conserva en el fondo de la Editorial Gustavo Gili de la Biblioteca de Catalunya.

oan Gili i Serra.

Max Aub, Nuevos diarios inéditos, 1939-1972, edición, prólogo y notas de Manuel Aznar Soler, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio. Memoria del Exilio. Anejos 4), 2003.

Cartes de Carles Riba III: 1953-1959, edición y notas de Carles-Jordi Guardiola, Institut d´Estudis Catalans (Biblioteca Filològica XXVIII), 1993.

Manuel Llanas, El  llibre i la edició a Catalunya. Apunts i esbossos, Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2001.

Ian Michael, “Obituary: J.L. Gili“, The Independent, 8 de mayo de 1998.

Luis Monferrer Catalán, Odisea en Albión: Los repubicanos españoles exiliados en Gran Bretaña, 1936-1977, Madrid, Ediciones de la Torre, 2007.

Rosa Mª Piñol, “Oxford premia a Joan Gili, difusor de las letras hispanas en Inglaterra”, La Vanguardia, 26 de mayo de 1987.

“The J.L Gili Travel Bursary in Catalan Studies”, Exon. The Exeter College Magazine, núm. 6 (otoño de 2003), pp. 10-11.