El Escritor y la Crítica (Taurus)

A finales de los años sesenta, la editorial Taurus estaba sobradamente afianzada como una de las referencias en la edición de libros de Humanidades en lengua española, acaso con una mirada muy predominantemente peninsular, y en un momento de ebullición tras ponerse al frente de ella Jesús Aguirre (1934-2001) y la entrada muy poco después, por recomendación de Javier Pradera (1934-2011), del escritor y editor José María Guelbenzu (n. 1944). Una de las más originales colecciones lanzadas por el entonces en Taurus fue El Mirlo Blanco, creada por Francisco García Pavón (1919-1989), que reunía varios textos de un mismo dramaturgo, precedidos de un prólogo de presentación (generalmente, del director de la revista Primer Acto y de la colección, José Monleón) y seguidos de algunos estudios en profundidad de críticos o escritores prestigiosos. Así, tras un primer número en 1968 dedicado a Carlos Muñiz (1927-1994) (El Tintero, Solo de saxofón y Las viejas difíciles) con textos de Monleón, Antonio Buero Vallejo, Manolo Ruiz Castillo, Alfonso Sastre, Ricardo Rodríguez Buded, Francisco García Pavón, José María Rincón, y el propio Muñiz, seguirían otros con obras destacadas de Alfonso Sastre (n. 1926), Antonio Buero Vallejo (1916-2000), José Ricardo Morales (1915-2016), José Martín Recuerda (1926-2007), Miguel Mihura (1905-197), Fernando Arrabal (n. 1932), etc.

Juan Ramón Jiménez (1981-1958).

Puede advertirse cierto parentesco, en cuanto a la estructura y la idea general, entre El Mirlo Blanco y la serie El Escritor y la Crítica, dirigida inicialmente por Ricardo Gullón (1908-1991), cuya vinculación con Taurus se remontaba por lo menos a la preparación de las Conversaciones con Juan Ramón Jiménez (1958) y la publicación en Taurus de las segundas ediciones de sus ensayos Las secretas galerías de Antonio Machado (1958), con la que estrenaba otra colección muy valiosa (Cuadernos Taurus) y Galdós, novelista moderno (1960). Posteriormente se le uniría en la dirección su hijo Ricardo, quien ya en 1974 se había estrenado en Taurus como coeditor con su esposa Agnés de Teoría de la novela y luego con la publicación de su El narrador en la novela del XIX (1977).

Enmarcada en la colección Persiles, la serie El Escritor y la Crítica pretendía, en palabras del propio Gullón, reunir en un volumen monográfico: «Los artículos y ensayos más selectos dedicados a la vida y la obra de un escritor español o hispanoamericano actual, entendiendo por actual lo que tiene vigencia activa, operante para el hombre de hoy, y no sólo lo rigurosamente contemporáneo».  La intención era sobre todo dotar a estudiantes y profesores de letras de un selecto compendio de lo mejor que se había escrito sobre un determinado tema o autor, lo cual (en una época previa a internet) le permitía acceder a una serie de textos críticos valiosos cuya localización y hallazgo podían de otro modo suponer varias horas —si no días—de búsqueda y captura por bibliotecas. Naturalmente, era también un punto determinante la capacidad y el rigor de quienes elaboraban la selección, siempre firmas de reconocida autoridad en su materia (por lo general docentes en Estados Unidos) y con razón pudo escribir Darío Villanueva que fue «un instrumento que todos los amantes de la Literatura, por no decir los estudiosos o los profesionales de su enseñanza, han utilizado alguna vez».

En estos libros, perfectamente manejables y diseños de cubierta de Antonio Jiménez, tenía especial importancia también la disposición de los materiales, que muy a menudo incorporaban los primeros testimonios críticos acerca del autor o materia objeto de estudio, así como, cuando era preciso, la traducción de artículos aparecidos en revistas o formando parte de libros de difícil acceso para el lector español. Se estrenó la serie en 1973 con tres títulos que ya daban idea del grado de exigencia y la orientación en la selección: Un Benito Pérez Galdós preparado por Douglas M. Rogers (profesor en la Universidad de Texas); Antonio Machado, a cargo del propio Ricardo Gullón en colaboración con Allen W. Phillips (1922-2011), formado en la Universidad de Michigan (Ann Arbor) y posteriormente profesor en la Universidad de Texas; y Federico García Lorca, editado por Ildefonso-Manuel Gil (1912-2003), profesor de la Rutgers University y quien ya en 1934 había coincidido con Gulllón en la fundación de la revista Literatura.

Tras una nómina de autores igualmente deslumbrantes (Miguel de Unamuno, por Antonio Sánchez Barbudo, y Pío Baroja, por Javier Martínez Palacio, en 1974, y César Vallejo, por Julio Ortega, en 1975), el volumen dedicado al poeta chileno Vicente Huidobro (1893-1948) anuncia en el título la primera ampliación del campo, Vicente Huidobro y el Creaciónismo, preparado por René de Costa (Universidad de Chicago) y ese mismo año 1975 llegaría el dedicado a El Modernismo, a cargo de la profesora en la Universidad de Texas Lily Litvak (n. 1938), al que seguirían algunos otros temáticos, como el centrado en los Novelistas hispanoamericanos de hoy (Onetti, Agustín Yáñez, Carpentier, etc.), coordinado por el profesor de la Universidad de Michigan Juan Loveluck, el primero de dos volúmenes dedicados a los Novelistas españoles de postguerra, preparado por Rodolfo Cardona (Univerdidad de Washington) —del segundo se ocupó José Schraibman (también de la Universidad de Washington)—, El Simbolismo, del profesor de origen cubano José Olivio Jiménez (1926-2003), El Surrealismo, a cargo de Víctor García de la Concha, los dos volúmenes sobre La novela lírica, por Darío Villanueva, o los dedicados incluso a obras concretas de singular importancia (el Quijote, editado por George Haley, y Fortunata y Jacinta, preparado por Germán Gullón, por ejemplo). Entre los dedicados a escritores, tuvieron mucha presencia los escritores de la generación del 27 (Jorge Guillén, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Aleixandre, Cernuda…), así como los novelistas del boom y sus aledaños (Borges, Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa…), por muy poca los anteriores al siglo XIX (sólo los dedicados a Lope de Vega. El teatro I, a cargo de Antonio Sánchez Romelano, del que no llegó a salir la previsible segunda parte, y Francisco de Quevedo, en edición de Gonzalo Sobejano).

Entre los títulos anunciados que no llegaron a publicarse resultan particularmente interesante el Teatro español contemporáneo que debía preparar Ricardo Domenech (1938-2010), quien en 1988 se había ocupado del de Ramón María del Valle-Inclán,  y un volumen dedicado al Naturalismo, del que debía hacerse cargo José María Martínez Cachero (1924-2010), quien en 1978 había preparado para Taurus la Antología crítica clariniana.

Relacionado también con Clarín es el curioso caso del volumen sobre La Regenta publicado en 1988 y preparado por Frank Duran, un volumen acerca del cual dejaba escrito Germán Gullón en «La mirada masculina y la conciencia en La Regenta»:

Es un hecho que el mejor volumen de crítica sobre la obra de Leopoldo Alas «Clarín», editado por Frank Durand, La Regenta de Leopoldo Alas, Taurus, Madrid, 1988, apenas aparece citado en las notas y trabajos sobre el autor asturiano, mientras hay una increíble ponderación del trabajo erudito, que contribuye a adelantar el conocimiento de la obra clariniana en una sola dirección. Mejor suerte ha tenido, aunque no excepcional, el tomo de Sergio Beser, Clarín y La Regenta, Barcelona, Ariel, 1982.

Dadas las fechas de publicación, es de suponer que Frank Durand ya estaría trabajando en su propia obra cuando apareció en la colección Letras e Ideas (dirigida por Francisco Rico) la de Beser, compuesta también de artículos temáticos de diversos autores, y vale la pena mencionar que en la antología crítica de Ariel aparecen dos textos de Durand («Leopoldo Alas Clarín: Coherencia entre sus ideas críticas y La Regenta» y «La caracterización en La Regenta: punto de vista y tema»), mientras que la de Taurus incorpora el texto de Beser «Espacio y objetos en La Regenta» y que sólo coincide en ambos libros un texto («Un estudio de La Regenta», de Segundo Serrano Poncela) y tres autores (Gonzalo Sobejano, además de Durand y Beser). Por otra parte, el libro de Taurus preparado por Durand recoge una selección más amplia (veinticinco textos frente a los nueve de Ariel).

Con todo, no deja de ser tampoco curioso el hecho de que en 1980 hubiera aparecido el primer volumen de un muy ambicioso proyecto dirigido por Francisco Rico, Historia y Crítica de la Literatura Española (en la editorial Crítica, descendiente directa de Ariel), pues guarda parecidos razonables con la idea de El Escritor y la Crítica.

Fuentes:

Germán Gullón, «La mirada masculina y la conciencia en La Regenta», en Antonio Vilanova, Adofo Sotelo Vázquez (eds.), Leopoldo Alas “Clarín”, Actas del Simposio Internacional : (Barcelona, abril de 2001), Barcelona, Universidad de Barcelona, 2002, pp.325-336.

Javier Huerta Calvo, «Medio siglo de gran literatura», en Antonio Largo Carballo, coord., Taurus. Cincuenta años de una editorial (1954-2004) (edición no venal), Madrid, 2004, pp. 199-233.

Pedro Rújula López, «El ensayo y los libros de ciencias sociales», en Jesús A. Martínez Martín, dir., Historia de la edición en España, 1939-1975, Madrid, Marcial Pons, 2015, pp. 783-805.

Sergio Vila-Sanjuán, Pasando página. Autores y editores en la España democrática, Barcelona, Detino (Imago Mundi 26), 2003.

Darío Villanueva, «Ricardo Gullón, crítico literario», en Javier Huerta Calvo, coord., La Escuela de Astorga: Luis Alonso Luengo, Ricardo Gullón, Leopoldo Panero, Juan Panero, Astorga, Ayuntamiento- Diputación de León, 1993, pp. 199-210.

Anuncios

Vintila Horia, mentor de Carmen Balcells

A raíz de la muerte de la superagente Carmen Balcells (1930-2015), se han escrito y dicho muchas cosas no rigurosamente ciertas o acaso un poco exageradas sobre la aparición en España de las primeras agencias literarias.

Gabriel García Márquez y Carmen Balcells.

En la década de los cincuenta nacen por lo menos tres agencias literarias importantes: International Editors, ACER (creada por Vintilia Horia) y, desgajada de ésta, ya a finales de la década, la encabezada por Carmen Balcells. Aun así, en los años cuarenta hay testimonio de las gestiones del también traductor y editor de origen húngaro Ferenc Oliver Brachfeld (1908-1967) como representante ante los editores españoles de diversos escritores europeos (sobre todo húngaros, franceses y suecos, con varios premiados con el Nobel entre ellos). En el Arxiu Nacional de Catalunya se conserva un epistolario que permite reconstruir algunos de los conflictos que tuvo Oliver Brachfeld en su labor de gestión de los derechos, en particular la de autores que, durante la guerra mundial, quedaron un tanto aislados del mundo editorial, como es el caso en particular de André Maurois.

Vintila Horia.

La trayectoria zigzagueante del rumano Vintila Horia (1915-1992) se inicia, tras su graduación en Derecho por la Universidad de Bucarest, como diplomático. Sus destinos como agregado cultural en las embajadas rumanas en Roma y Viena los aprovechó para cursar estudios de Filosofía y Letras en las universidades de Perugia y Viena, al tiempo que se iniciaba en el periodismo cultural en las páginas de Gandirea con artículos acerca de personajes tan diversos como Spengler o Cervantes. Cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, mientras ejercía en esa última ciudad, la integración de su país al bando de los Aliados hizo que en agosto de 1944 las autoridades nazis lo arrestaran y, tras su paso por Karpacz, fue a recalar al campo de Mariapfarr, adonde también fue a parar otro ilustre rumano, el músico y director de orquesta Ionel Perlea (1900-1970), célebre sobre todo por haber seguido dirigiendo tras la pérdida de la movilidad del brazo derecho como consecuencia de un derrame cerebral en 1957.

Giovanni Papini (1881-1956).

Liberados por las tropas británicas en mayo de 1945, tanto Perlea como Horia se establecieron episódicamente en Italia, donde ambos hacen amistades importantes. En el caso de Perlea, el compositor Nino Rota (1911-1979), cuya fama ha quedado asociada a la música de películas como El gatopardo o El padrino; en el de Horia, el escritor Giovanni Papini (1881-1956), quien en 1937 ya había sido honrado con un puesto en la Real Academia de Italia y en 1942 se había convertido en vicepresidente de la Federación Europea de Escritores. Ni uno ni otro intelectual rumano tenían ninguna posibilidad de regresar a un país en proceso de “socvietización”, y en el caso concreto de Horia, pesaba sobre él una condena in absentia a “trabajos forzados de por vida” que naturalmente no estaba dispuesto a cumplir.

Así pues, se inicia un exilio que le llevará a un periplo cuya primera etapa fue Argentina, adonde llegó en 1948 y donde, tras una etapa como escribiente en un banco, impartió clases de lengua y literatura rumanas en la Universidad de Buenos Aires. Según sus propias declaraciones, fue a partir de 1952 cuando empezó a pensar en la que acabaría siendo, en francés, una de sus novelas más famosas, Dios ha nacido en el exilio (Destino, 1960), donde se sirve de la historia personal Ovidio para plantear el tema del desgarro interior de los refugiados.

Vintila Horia.

Sin haber publicado aún ningún libro, se embarcó en el Monte Udala con destino a España en 1953, inicialmente becado por el Instituto de Cultura Hispánica y luego con un puesto como profesor en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid (llegaría a ser catedrático de Literatura Universal en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares), al tiempo que empezaba una extensísima obra como colaborador en periódicos, a veces firmando como Juan Dacio (el argentino Bahía Blanca, el chileno El Mercurio, el francés Nouvelle Vie, el español El Alcázar…).

Rafael Gutiérrez Girardot.

Mediada la década, Horia entra en contacto con el núcleo fundador de la editorial Taurus, el editor de origen argentino Francisco Pérez González (1926) y el colombiano Rafael Gutiérrez Girardot (1928-2005), y les convence de la necesidad de crear una agencia literaria, y a partir de ahí nace en 1956 A.C.E.R. (Argentina, Colombia, España, Rumanía), centrada en la representación de autores extranjeros y entre cuyos primeros y principales colaboradores se encuentran Miguel Sánchez López (procedente de Editora Nacional e implicado también en la fundación de Taurus y en su exitosa colección humorística El Club de la Sonrisa) y, como corresponsal en Barcelona, Carmen Balcells.

En el ámbito del ensayo, Horia se dio a conocer en la editorial Escélicer con la recopilación Presencia del mito (1956), pero su actividad se amplió a la traducción (sobre todo en la colección ya legendaria Ser y Tiempo, de Taurus) y a la dirección de una colección tan influyente en su época como Omega (de Ediciones Guadarrama), que en 1957 consiguió publicar los tres tomos de la mítica Historia social de la literatura y el arte de Arnold Hauser (en traducción de Antonio Tovar y F. P. Varas-Reyes).

Sin embargo, decida trasladarse a París, cuando en 1960 (en plena Guerra Fría) se le concede a su novela Dios ha nacido en el exilio, el Premio Goncourt, galardón al que tuvo que renunciar debido a una intensa campaña encabezada por L´Humanité, que centraba sus críticas en unos poemas de juventud que consideraba antisemitas y en el hecho de haber participado en revistas de la extrema derecha rumana (como, por otra parte, también hicieran Ionesco, Mircea Eliade o Cioran, por poner tres ejemplos célebres). Al parecer, el agregado cultural de la embajada rumana fue quien, tras solicitarle una declaración de adhesión al régimen soviético de Rumanía –a lo que Horia se negó–, se ocupó de divulgar esas pretendidas pruebas de filofascismo, que algunos intelectuales franceses acogieron con entusiasmo.

Vintila Horia.

El hecho es que cuando Horia decide trasladar su residencia a París, inicia gestiones para vender la agencia. Carmen Balcells tuvo que renunciar a comprarla por no disponer de las 100.000 pesetas que pedía por ella, así que finalmente la agencia pasó inicialmente a manos del aristocrático coleccionista y agente francés Marcel Laignoux. Por su parte, Balcells aprovechó su aprendizaje y, con un enfoque distinto, centrado en la representación de autores en lengua española, se lanzó a la aventura de crear una agencia literaria que hoy es una institución histórica y un punto de referencia ineludible al hablar de agencias literarias.

Al cabo de cuatro años en París, Horia se reintegró a su labor académica e intelectual en España, y alternó en el francés y el español en su notable y variadísima producción literaria (Journal d´un paysan du Danube, La septième letre, Literatura y disidencia, Persecutez Boèce, Un sepulcro en el cielo…), además de fundar la revista cultural Futuro presente (41 números entre 1971 y 1978) en la que se publicaron artículos eruditos de Konrad Lorenz, García Durango, Marinetti, Alain de Benoist, etc. Y posteriormente aun contribuiría a la creación de otra revista, Punto y coma (1983-1989), de Isidro-Juan Palacios (vinculado al grupo neonazi CEDADE).

De izda. a dcha., Luis Bollarin, Aurelio Rauta, Vintila Horia, Alexandru Gregorian, Radu Enescu y Mihai Fotin Enescu, en 1983.

Vintila Horia murió víctima de un derrame cerebral en la casa que tenía en Collado Villalba en 1992, dejando tras de sí una extensísima producción literaria que abarca todos los géneros.

Fuentes:

Julia Escobar “Dragones y mazmorras. Algunas quisicosas”, en Silva de varia lección, 28 de mayo de 2000.

María González Rouco, “”Rusos” en la Argentina”, en monografías.com.

Elisa Martín Mayo, Los agentes literarios en España, ISSUU.

“Francisco Pérez González conversa con Federico Ibáñez”, en Felicidad Orquí, ed., Conversaciones con editores en primera persona, Madrid, Siruela, 2007, pp. 65-88.

Rodica Popa, “Vintila Horia y el escándalo del Premio Goncourt”, Radio Romania International, 8 de abril de 2014.

Marta Portal, “Sin palabras”, Abc, 5 de abril de 1992.

Santiago Rivas, “Vintila Horia o el pensamiento detrás de lo visible”, en Abril. Anotaciones de pensamiento y crtítica.

Pueden leerse algunos artículos de prensa escritos por Horia, aquí.

El humor en Editorial Taurus

Vida del repelente niño Vicente (1955)

Vida del repelente niño Vicente (1955)

Se hace hoy difícil pensar en la editorial Taurus como idónea para una colección humorística, pero aun así, en palabras de uno de sus fundadores, Francisco Pérez González (1926-2010), a mediados de los cincuenta “las cosas de humor funcionaban, al menos hasta la Transición, y nos diversificamos en esa dirección con el concurso de los humoristas de La Codorniz; se publica la colección El Club de la Sonrisa, que es una suerte de libros de fácil venta, y vivimos una etapa en la que se intensifica el trabajo en equipo”. Así se estrenó en 1955 lo que otro de los hombres clave en Taurus, Javier Pradera (1934-2011), definió como “una innovadora colección de humor bautizada como “El Club de la Sonrisa”, y añade que, “aunque sólo fuera por haber publicado Vida del repelente niño Vicente de Rafael Azcona, su mención sería necesaria”.

Cubierta de la edición de Por qué nos gustan las guapas (Pepitas de Calabaza)

Desde 1951, Rafael Azcona, venía publicando su poesía en la revista Berceo y colaborando, por mediación de Chumi Chúmez, en La Codorniz, la cabecera de literatura humorística por antonomasia de aquellos años. Posteriormente esta exitosa novela la reeditarían El Mascarón (1984) y Aguilar (2005). Afortunadamente, la obra literaria de Azcona (1926-2008) ha ido siendo en buena medida recuperada a principios del siglo XXI por diversas editoriales, si bien no todas ellas han dado la suficiente difusión a sus publicaciones o no disponen de una distribución en concordancia con el meritorio trabajo editorial que están llevando a cabo: hasta ahora (como Taurus), en el Grupo Prisa: Alfaguara (Estrafalario, en 1999, que incluye Los muertos no se tocan, nene, El pisito y El cochecito, con un prólogo de Josefina Aldecoa), pero además, Tusquets (Los europeos en 2006), Ediciones del Viento (Los ilusos, revisada por el autor, y Pobre, paralítico y muerto en 2008) y sobre todo Pepitas de Calabaza, que hasta el momento de escribir estas líneas ha publicado Memorias de un señor bajito (2011) y Por qué nos gustan las guapas. Todo Rafael Azcona en La Codorniz (1952-1955) (2011), en edición de Víctor Sáenz-Díez, José Ignacio Foronda y Julián Lacalle y con prólogo de Bernardo Sánchez, y tiene anunciados para dentro de 2013 los segundo y tercer volúmenes: ¿Son de alguna utilidad los cuñados? (1956-1958) y Repelencias. Dibujos y viñetas (1953-1956). Pendiente en cambio parece la edición de una rareza, la primera novela escrita por Azcona, Cuando el toro se llama Felipe, publicada en Tetuán en una colección dirigida por Ángel Palomino, Buenas Noticias.

 

Cubierta ilustrada por Chumi Chúmez de Don Clorato de Potasa, de Edgar Neville, como número 34 de El Club de la Sonrisa, publicado en 1957.

Hasta 1960, llegarían a publicarse una sesentena larga de números de El Club de la Sonrisa, unos volúmenes encuadernados en rústica con solapas, de 19 x 12 cm, y que oscilan entre las 150 y las 300 páginas. Al inicial de Azcona seguiría en los números siguientes: Este mundo, de la Baronesa Alberta (Mercedes Ballesteros), Pepe. Novela con interferencias, de Rafael Castellano, Los náufragos del “Queen Enriqueta”, de Óscar Pin [Fernando Perdiguero Pérez], Un par de lechuguinos, de Edward Burke, en traducción de Eloísa Castellano de la Fuente, ¿Está en casa el Sr. Brambilla?, de Carlo Manzoni, traducida por Fernando Perdiguero, Papá, mamá, la muchacha y yo del por entonces célebre humorista francés Robert Lamoureaux, Aventuras inéditas del caballero Artagnan, de Cero [seudónimo de Fernando Perdiguero, padre] El doctor en su casa, de Richard Gordon, en traducción de Miseha, y Romeo y Julieta, de Tono [Antonio Lara de Gavilán), todos ellos en 1955 (ver Apéndice). Evaristo Acevedo, Ramón Gómez de la Serna, Julio Camba, Edgar Neville, Miguel Mihura, Santiago Lorén (que había publicado su primer libro con Janés y con el segundo obtuvo el Premio Planeta), Chumi Chumez o Luis García Berlanga son algunos de los nombres que a día de hoy más destacan en el catálogo del Club de la Sonrisa, y que trazan un panorama bastante elocuente de la literatura de humor de esos años. En definitiva, constituyen la mejor selección posible de la literatura de humor española del siglo xx, y a menudo se publicaban con portadas de otro insigne colaborador de La Codorniz, Chumi Chúmez..

Portada del primer número de La Codorniz

Parece bastante evidente que el nombre de la colección procede la colección El Club de la Alegría creada por José Janés en el seno de la editorial Lauro, donde ya en 1946 había publicado a Bob Hope (Nunca salí de mi casa, 1946), Ralph Temple (Cucos y otros pájaros de cuenta), Noel Clarasó (Cuarto creciente, luna llena, cuarto menguante) y Jerome K. Jérome (El arte de cuidar y gobernar a las mujeres), así como varias obras de Wodehouse del ciclo de Míster Muliner (Les presento a Mr. Mulliner, Mr. Mulliner tiene la palabra, Las noches de Mulliner y Sam el brusco). Probablemente esto por sí solo, este tipo de competencia, ya no le haría ninguna gracia a José Janés, pero además por aquel entonces él llevaba algunos años dando a conocer la obra literaria de los principales colaboradores de La Codorniz y había contribuido en no pequeña medida a que estos fueran conocidos más allá de los lectores de la genial revista fundada en 1941 por Mihura (que en determinadas zonas de la Península nunca consiguió tener muy buena distribución). Así, entre los principales colaboradores de la revista a los que Janés había publicado libros se contaban a mediados de la década Edgar Neville (La familia Mínguez [1945], Don Clorato de Potasa [1947], que más tarde publicaría El Club de la Sonrisa, y Torito Bravo [1955]); Álvaro de Laiglesia (Un náufrago en la sopa [1947], El baúl de los cadáveres [1948] y La gallina de los huevos de plomo [1951]); Miguel Mihura (Mis memorias [1948]); Tono (Diario de un niño tonto [1948] y Automentirobiografía [1949]); la Baronesa Alberta (Así es la vida [1953, reeditada en 1955]), y Óscar Pin (Cuando no hay guerra da gusto [1953]). Por ello, no resulta en absoluto extraño encontrar ya en 1947 a Janés como uno de los protagonistas de la célebre encuesta que solía publicar La Codorniz, donde, entre otras cosas graciosas, nos enteramos de que veraneaba en la calle Muntaner, 316; es decir, que los períodos vacacionales los pasaba en la sede de la editorial.

Probablemente, la primera edición de Wodehouse en España, en la colección La Novela Aventura (Hymsa).

Probablemente, la primera edición de Wodehouse en España, en la colección La Novela Aventura (Hymsa).

Evidentemente, tampoco puede decirse que Janés hubiera descubierto a Jerome K. Jérome (1859-1927), a quien ya había publicado por ejemplo Gustavo Gili, o a Wodehouse, de quien, sin embargo, la única edición anterior en español de la que tengo noticia es la de Las genialidades de Sam en Hymsa, en 1935 (una traducción de Guillermo López Hipkiss), e incluso la historia de las primeras colecciones de humor cabría remortarla quizás a los primeros años del siglo, pero sí que acaso se puede considerarse a Janés el impulsor de una cierta moda editorial de la novela de humor en la década de los cincuenta, recuperando a autores aun hoy  intereseantes, sobre todo británicos, y publicando las obras narrativas de humoristas fogueados en otros frentes. Además, a tenor de las reediciones, resulta que tuvo una excelente respuesta por parte de los lectores. Y no sólo en El Club de la Alegría, sino ya incluso antes en colecciones como Al Monigote de Papel o La Hostería del Buen Humor. Sin embargo, en una entrevista con Luis Quesada publicada en 1959, explicaba Janés que ese filón se estaba agotando: “tuvo su momento, [pero] ahora ya no tiene tanta fuerza como antes”.

Aun así, incluso de las antologías que se publicaron en El Club de la Sonrisa (de los “humoristas franceses contemporáneos”, “del humor español” o la “del humor universal” seleccionada por Andrés Guilman) se puede identificar con facilidad un antecedente janesiano ya en 1947, La risa en el mundo. Antología del humor universal, preparado por Ángel Marsá, o incluso antes en obras como la Antología de humoristas húngaros contemporáneos, de Andrés Revész y José García Mercadal, la Antología de humoristas ingleses contemporáneos, de Simón Santainés, o la Antología de Humoristas Italianos contemporáneos, seleccionados por Andrés Guilman, G.B. Ricci y José Janés, y publicadas entre 1942 y 1946 en Al Monigote de Papel.

En cualquier caso, parece que los cincuenta fueron, editorialmente, unos años bastante divertidos, aunque acaso no tan innovadores en cuanto a la creación de colecciones…

Apéndice: Registro de los títulos de El Club de la Sonrisa localizados (salvo error u omisión, se indica número, título y fecha; siguen faltando datos acerca del número 29).

  • 1.Rafael Azcona, Vida del repelente niño Vicente (abril de 1955)
  • 2. Evaristo Acevedo, Los ancianitos son una lata (1955)
  • 3. Rafael Castellano, Pepe, novela con interferencias (1955)
  • 4. Oscar Pin, Los náufragos del Queen Enriqueta (1955)
  • 5. Edward Burkes, Un par de lechuguinos (1955)
  • 6. Carlo Manzoni, ¿Está en casa el Sr. Brambilla? (1955)
  • 7. Robert Lamoureux, Papá, mamá, la muchacha y yo (1955)
  • 8. Cero (¿Fernando Perdiguero?), Aventuras inéditas del caballero Artagnan (1955)
  • 9. Richard Gordon, El doctor en su casa (1955) 2ª ed: Un  médico en la familia.
  • 10. Tono, Romeo y Julita (1955)
  • 11. Arthut Conte, Un yanqui en auto stop (1955)
  • 12. Mercedes ballesteros, Este mundo (1955)
  • 13. Matthew Finch, La muela en boca ajena (1955)
  • 14. Remedios Orad, Matar a una mujer no es nada fácil (1956)
  • 15. Edgar Neville, La familia Mínguez (1956)
  • 16. Jean Paul Lacroix, El hombre que no quería ser ganster (1956)
  • 17. Rafael Azcona, Los muertos no se tocan, nene (1956)
  • 18. Noel Clarasó, Historia de una familia histérica. Novela de malas costumbres (1956)
  • 19. Jorge Llopis, Lo malo de la guerra es que hace pum (1956)
  • 20, Randal Lemoine, Dos pequeños ejemplares (1956)
  • 21. Chumi Chúmez (José María González Castillo), El manzano de tres patas (1956)
  • 22. Giuseppe Marotta, Quinientos millones (1956)
  • 23. Edgar Neville, Producciones García, S. A. (1956)
  • 24. Gonzalo Vivas, Todos los tímidos visten de gris. Método para perder la timidez y hacerse un pillín de aúpa con las mujeres (1956)
  • 25. Juan Pablo Ortega, Olimpo, siglo xx (1956)
  • 26. Robert Lamnoureaux, Papa, mama, mu mujer y yo (1956)
  • 27. ÓScar Pin, El pobre de pedir millones (1956)
  • 28. Carlo Manzoni, Don Venerando (1956)
  • 29.
  • 30. Tono, Conchito (1956)
  • 31. Richard Gordon, El doctor en el mar (1956)
  • 32 Giuseppe Marotta, Todas para mí (1957)
  • 33. Randal Lemoine, Tejas y hombres (1957)
  • 34. Edgar Neville, Don Clorato de Potasa (1957)
  • 35. W.E. Bowman, Al asalto de Khili-Khili (1957)
  • 36. Rafael Azcona, El pisito. Novela de amor e inquilinato (1957)
  • 37. Víctor Vadorrey, ¡Que venga la bruja! (1957)
  • 38. Julio Camba, Ni Fuh ni Fah (1957)
  • 39. Wenceslao Fernández Flórez, De portería a portería. Impresiones de un hombre de buena fe (1957)
  • 40. Richard Gordon, Ánimo, doctor (1957)
  • 41. Evaristo Acevedo, Enciclopedia del despiste nacional (1957)
  • 42. Ramón Gómez de la Serna, El incongruente (1957)
  • 43. Jorge Llopis, ¿Quiere usted ser tonta en diez días? Manual de la mujer moderna (1957)
  • 44. AA.VV., Antología del humor ruso, 1800-1957 (1957)
  • 45. Edgar Neville, La piedrecita angular (1958)
  • 46. Santiago Lorén, Diálogos con mi enfermera (1958)
  • 47. Luis García Berlanga, El jueves, milagro (1958)
  • 48. Cástulo Carrasco, A bordo de un teléfono (1958)
  • 49. Pierre Daninos, La vuelta al mundo de la risa
  • 50. AA. VV., Almanaque 1958 (1957)
  • 51. Jorge Llopis, Operación Paquita (1958)
  • 52. Chumi Chúmez, Mi tío Gustavo, que en gloria esté (1958)
  • 53. Geoffroy Williams, ¡Abróchense los cinturones! Una guía para todos los que viajan por el mundo en super-confortables y super-lujosos super-aeroplanos (1958)
  • 54. Miguel de Salabert, selecc. y prólogo, Antología de humoristas franceses contemporáneos (1958)
  • 55. Carlo Manzoni, ¡Qué gente! (1958). Prólogo de Mosca
  • 56. Jean Duché, Tres sin techo (1959)
  • 57. Andrés Guilman, selecc., Antología del humor universal (1959)
  • 58. Domingo Medrano Balda, Este muerto es un pelmazo (1959)
  • 59. Jean Kerr, Nos os comais las margaritas (1959)
  • 60. Evaristo Acevedo, Cuarenta y nueve españoles en pijama y uno en camiseta (1959)
  • 61. Rafael Castellano, La tasca de Tipsy (1959)
  • 62. Orad Remedios, El pobre seductor (1959)
  • 63. Marco A. Almazan, El arca de José (1959)

Fuentes: 

La Academia de Humor

Rafael Azcona: biblioteca en Cervantesvirtual: http://www.cervantesvirtual.com/bib/bib_autor/azcona/

Rafael Azcona en sus palabras (video: 20.42)

Félix de Azúa, La Codorniz, según Félix de Azúa”, El País, 26 de enero de 2012.

Jorge Herralde, “Aterrizaje español del humor inglés”, en Letras Libres (agosto de 2003)

Irreverendos, el blog de humor, recoge varios artículos interesantes sobre Azcona.

Antonio Lago Carballo, coord., Taurus. Cincuenta años de una editorial (1954-2004), Madrid, Santillana, 2004 (edición no venal). Incluye textos de Jean Bécarud, Rafael Gutiérrez Girardot, Javier Huerta Calvo, Emilio Lledó, Antonio Morales Moya, Francisco Pérez Gonzáez, Javier Pradera, Fernando Savater y Ángel Vives, entre otros.

 Xavier Moret, Tiempo de editores. Historia de la edición en España, 1939-1975, Barcelona, Destino (Imago mundi 19), 2002, que reproduce parcialmente las declaraciones de Francisco Pérez González a Rafael Martínez Alés en “Así es y así era la edición española”, Delibros 128 (enero de 2002).

Quesada, Luis, “Editores españoles: José Janés”, Índice, febrero de 1959.

Sociedad de Fomento de los Zánganos (sobre Wodehouse)