El editor de los represaliados (en el centenario de Charles Orengo, segunda parte)

Con la Liberación de París, un buen número de pequeñas editoriales que estaban publicando a escritores franceses fuera de Francia se enfrentaron a un problema que parece que no querían ver: la desaparición progresiva de esos autores de sus catálogos y su regreso a las grandes casas editoriales parisinas.

Edición en Charlot de Le mas théotime, de Henri Bosco.

El caso más famoso quizá sea el de las Éditions Charlot, creadas en 1936 en Argel por Edmond Charlot, que, pese a publicar a Henri Bosco (premiado con el Renaudot en 1945 con Le Mas Théotime, del que se vendieron 300 000 ejemplares), a Jules Roy (Premio Renaudot en 1946 con La Vallée Hereuse) o a Emmanuel Roblès (Premio Fémina en 1948 con Les Hauteurs de la Ville) y a haberse establecido en París a finales de 1944, seis años más tarde desaparecían completamente. Situaciones similares afrontan en esos años las editoriales suizas Ides et Calendes, Les Portes de France o la Librairie de l´Université de Friburg, las monegascas Éditions Chauvet y las Éditions du Rocher, de quien fuera censor de manga ancha Charles Orengo.

Lógicamente, sin embargo, estos cambios tienen un desarrollo progresivo, y es el caso de la empresa de Orengo, que gracias a los acuerdos establecidos durante la guerra con Plon, entre 1944 y 1946 sigue publicando a Aldous Huxley (La Croisière de la Priscilla, Joli-coeur y L´éminence grise en 1945), François Mauriac (Pages de journal en 1945) o reeditando a los hermanos Jerôme y Jean Tharaud (Le chemin de Damas y Miracle de Théophile en 1945). Al mismo tiempo, sigue con sus recuperaciones de clásicos anotados en la colección Grands et petits chefs-d´oeuvre (Stendhal, Merimée, Flaubert) o, entre las curiosidades de la efímera colección de ensayo Le Monde d´ajourd´hui, el Journal d´un expatrié catalán, 1936-1945 (1946), del conde de Güell y marqués de Comillas (Joan Antoni Güell i López), del que se tiran tan solo treinta ejemplares numerados. Sin embargo, si en 1945 aparecen 18 títulos en Éditions du Rocher y en 1946, 28, se publican 27 en 1947, 22 en 1948, 17 en 1949, 7 en 1950, sólo cinco en 1951…

De izquierda a derecha, Bernard Grasset, Bernard Probat y Jean Blanzat.

En Francia, las restricciones de papel acaban en 1947, lo que supone ya un gran cambio, pero más notable en ese ámbito es el que provoca la creación del Comité de Depuración de la Edición. Grandes editores, como muy particularmente Grasset, aparecen en su punto de mira una y otra vez, pero el hecho incontrastable es que casi todos los editores franceses, exactamente 140, habían firmado la famosa y vergonzante Lista Otto nazi. Se proscribe, pues, en 1944 a Louis-Ferdinand Céline, a Henri Béraud, a Pierre Drieu de La Rochelle, a Pierre Benoit, a Charles Maurras, a Henry de  Montherlant, a André Thérive, pero los editores apenas salen salpicados. El muy polémico caso Gallimard queda archivado en junio de 1948, Bernard Grasset (detenido desde septiembre de 1944) se enzarza en una serie de largos procesos y no llega a ser amnistiado hasta 1949), Robert Denoël es suspendido en 1944 y su editorial embargada (murió en plena calle con una bala en la espalda el 2 de diciembre de 1945)…

Robert Denoël (1902-1945)

Es entonces cuando las Éditions du Rocher empiezan, sorprendentemente, a reeditar en lujo a algunos de los autores “apestados”. Henry de Montherlant (1895-1972), autor de Grasset cuyas Les Jeunes filles le habían convertido a los cuarenta y un años en uno de los escritores más célebres de los años treinta, era uno de los muchísimos nombres que aparecían en la lista que elaboró a finales de 1944 el Comité Nacional de Escritores y publicó en dos partes la revista Les Lettres Françaises el 9 de septiembre y el 11 de octubre de ese año, a causa sobre todo del contenido de sus colaboraciones y entrevistas en la prensa colaboracionista, así como de ciertos pasajes de Soltice de juin. Abandonó a la carrera su piso de la calle Voltaire y permaneció oculto hasta que volvió a la palestra en las páginas de la revista La Table Ronde (dirigida, como la editorial del mismo nombre, por Roland Laudenbach), donde su nombre alternaría con los Mauriac, Jouhandeau, Thierry Maulner y con los de los jóvenes que formarían el grupo conocido como los Húsares, caso de Roger Nimier. Antes, en 1946, reedita en Éditions du Rocher ediciones lujosas de 3000 ejemplares de Le Songe (originalmente en Grasset en 1922) y Les Bestiaires (Grasset, 1926).

Jean de la Varende (1887-1959)

Jean de La Varende (1887-1959), autor de Plon y Gran Premio de la Academia en 1938 con Le Centaure de Dieu, había tenido su mayor éxito con Nez-Cuir (Plon, 1937) y durante la Ocupación, además de colaborar en Le Petit Parisien, Je suis partout o Gringoire, fue de los autores franceses más traducidos en la Alemania nazi. Éditions du Rocher encadenan al final de la guerra varios títulos de La Varende, hasta que en 1951 el éxito de la versión cinematográfica de Nez-Cuir (de Yves Allegret, con Jean Marais como protagonista), propicie su regreso a Plon.

Al editor de Stock, Jacques Chardonne (1884-1968), uno de los autores más significados de entre los colaboracionistas, le publican las Éditions du Rocher varias obras. Además de la segunda edición en 1947 de Le Bonheur de Barbezieux (Stock, 1947), las Chimériques (1948), que señalan su regreso a las librerías, entre otras.

Jacques Chardonne (1884-1968)

El pacifista Jean Giono (1895-1970), veterano (como Montherlant) de la primera guerra mundial, también aparecía en las listas del CNE, a causa de su participación en La Nouvelle Revue Française dirigida por Drieu de La Rochelle durante la Ocupación (junto a Chardonne, Jouhandeau o Morand), pero probablemente lo que más daño le hiciera fue un vitriólico artículo publicado el 27 de octubre de 1944 en Les Lettres Françaises firmado por Triztan Tzara (“Un romancier de la lâcheté: Jean Giono”, “Un novelista de la cobardía: J.G.”), en el que, entre otras lindezas, podía leerse: “Por todas partes donde se manifestaban los boches, donde la traición se servía de la lengua de Diderot, de Baudelaire, de Rimbaud, Giono se mostró con toda la desnudez de su ignominia”. En 1947 Charles Orengo acoge en sus Éditions du Rocher una obra teatral inédita de Giono, Le Voyage en Calèche, prohibida durante la Ocupación y estrenada en diciembre de 1947, y en junio de 1949 firma también un contrato por unos Fragments d´un journal que nunca llegó a publicar.

Jean Giono (1895-1970)

En 1947 queda al frente de la sede monegasca de la editorial el especialista en Malaparte René Novella (que ocuparía luego importantes cargos diplomáticos en el principado), mientras que Charles Orengo se convierte en 1949 en “consejero técnico adjunto a la dirección de la Librairie Plon”, si bien con un despacho desde donde llevar sus asuntos monegascos. Poco a poco, Novella deja la empresa para convertirse en editor del Servicio de las Ediciones de la Imprimerie Nationale de Mónaco y director de la Biblioteca de Mónaco; el propio Charles Orengo, gracias  la compra de los derechos de las obras de Jean Cocteau, tendrá un final también bastante tranquilo, al convertir Éditions du Rocher en sociedad anónima, con fuerte participación de Plon. Una trayectoria curiosa, la de Charles Orengo.

Fuentes:

Pierre Assouline, L´Épuration des intellectuells, Bruselas, Complexe, 1985.

Jérome Dupuis “Le livre noir de l´édition“, entrevista a Jean-Yves Mollier en L´Express. Existe una traducción en Anaclet Pons, “Historia del libro y de los editores que lo publican“,  en Clionauta. Blog de historia, fechada el 20 de octubre de 2008.

Pascal Fouché, L´Édition Française sous l´Occupation 1940-1944, Bibliothèque de Littérature Française Contemporaine (Université de París-7),vol. I, 1987.

Pascal d´Ory, Les collaborateurs. 1940-1945, París, Seuil, 1976.

Pascal d´Or y Jean François Sirinelli, Los intelectuales en Francia: del caso Dreyfus a nuestros días, Universitat de València, 2007.

Winock, Michel, Le siècle des intellectuels, París, Éditions du Seuil (Points, Série Histoire), 1999. Existe traducción al castellano de Ana Herrera (El siglo de los intelectuales, Barcelona, Edhasa, 2010).

De las dos partes de este texto se hizo una edición en papel que se publicó en diciembre de 2013 en la revista Trama & Texturas, número 22.

El editor censor (en el centenario de Charles Orengo, primera parte)

Es muy difícil que en una trayectoria editorial un poco amplia y con una cierta vocación cultural no se detecte fácilmente una cierta orientación ideológica, e incluso política. Sin llegar a los extremos de Carlo Feltrinelli, en España son elocuentes, por ejemplo, los casos de Crítica, Pasado & Presente, Ruedo Ibérico o, ya en el nombre elegido para la editorial, en el de Ediciones Libertarias. En este sentido, sin embargo, Charles Orengo (1913-1974) resulta en Europa quizás el caso más escurridizo y asombroso. Pero no es extraño que su centenario pase desapercibido incluso en Francia.

Póster publicitario de la época.

La prehistoria de este editor nacido en Mónaco reside en sus muy modestas colaboraciones como redctor en la prensa local en Niza (Le Petit Niçois y L´Éclarieur), antes de entrar en contacto con la Agencia Havas monegasca cuando empieza a trabajar para la revista de promoción turística Rives d´Azur y para la guía telefónica de su país, y es allí donde entra en contacto con Alice Clauvet, directora en Mónaco de la agencia.

Con el inicio de la invasión alemana, conocida como Ocupación (1940), Orengo se convierte en agente de los servicios exteriores del control de prensa creados por el Ministerio de Información en 1939 (con Daladier) para evitar la entrada en Francia de prensa comunista, judía o antinazi. Destinado inicialmente a la forntera franco-suiza y con contrato como jefe adjunto en la CPF (Censure Principal Française), Orengo no tarda en llamar la atención de sus superiores en Vichy por hacer la vista gorda ante algunas obras de Louis Aragon, Paul Claudel o Paul Eluard, y singularmente por las publicadas en la colección Cahiers du Rhône, dirigida por el crítico literario Albert Béguin para las Éditions de La Baconnière. No sólo eso, Orengo hace algunas sugerencias curiosas a los editores suizos para evitar la reacción de Vichy, como por ejemplo cambiar las menciones a Jacques Maritain (exiliado en Estados Unidos) por “M. Jacques”, pues en Francia todo el mundo entendería la alusión.

En otoño de 1942, Orengo es convocado por el ministro Pierre Laval, recibe una reprimenda y a continuación se dispone a regresar a Mónaco, pero, sin que hasta ahora parezcan claramente establecidas las circunstancias, es detenido por los italianos, encarcelado en Cunéo (Piamonte) y luego en un campo de internamiento en Embrun (Hautes-Alpes), de donde sale con la capitulación italiana en septiembre de 1943.

En octubre de 1943 está de nuevo trabajando para el Ministerio de Información, en Annonay, e inmediatamente pone en marcha una Societé Les Livres Merveilleux que tendrá una trayectoria un tanto errática, pero arrancará ese mismo año con tres colecciones de libros que no pagan derechos de autor: Les Reines de France (con obras de Gabriel de la Rachefoucauld, Sixte de Bourbon y Auguste Bailly) y un libro de fotos fuera de colección sobre Les Chateaux de la Loire con prefacio de H. Bunjes. Entre 1944 y 1946 aún publicaría algunos otros títulos: uno de Henry Bordeaux en una colección llamada Les Grandes Favorites, ocho de Classiques Illustrés (Perrault, Balzac, Georges Sand…) y otro más ya en 1948 en una colección sobre Les Grands Peintres Modernes et le Livre que es quizás uno de los más interesantes que publicaría en la inmediata postguerra Charles Orengo, Vingt poèmes de Góngora traducidos por Zdislas Milner con veinte grabados de Pablo Picasso. Se tiraron de este último libro 275 ejemplares sobre distintos papeles, y en cada caso numerados. La maqueta de la encuadernación se conserva y puede verse con el ejemplar existente en la Bibliothèque Nationale de France.

André Maurois con Jean Duhamel

Volviendo al otoño de 1943, en noviembre funda las Éditions de Rocher con su madre (Leontine Jaspard), el impresor Jean Bétinas (1914-1984), Jean Mistler (que pone 20.000 francos), Alice Chauvet y con un prestamo de 500.000 francos (¡sin intereses!) de la editorial francesa Plon. La jugada resulta bastante buena: Domiciliada en un país (Mónaco) que no está sometido a las duras restricciones de papel ni a la censura que imperan en Francia, Éditions du Rocher puede mantener vivo el catálogo de Plon mediante un sistema de cesiones que le permite, por ejemplo, estrenarse en enero de 1944 con una obra del por entonces prestigioso Jean Duhamel, Paroles de Médecin. No se trata de un libro literariamente brillante, pero sí de un cierto interés bibliográfico (quinientos ejemplares en cuarto impresos por Jean Betinas sobre papel de hilo fabricado por Johanot), que contiene siete artículos acerca de la vida como médico de Duhamel y que habían aparecido previamente en publicaciones periódicas. Luego vendrían, aún durante la guerra, Baudelaire (Poèmes, ilustrados por Paul Charlemagne y con introducciones de Jean-Daniel Maublanc y Charlemagne), Ronsard (Poèsies, ilustradas por Couturier), Pierre Emmanuel (Hymne à la France, ilustrado a color por Jean Zack), Charles-Ferdinand Ramuz (Passage du poète), Jean Giraudoux (Écrits dans l´ombre, Sans pouvoirs), Racine (una Phèdre ilustrada por Zack), Mauriac (Pages de Journal), Colette (cuatro nouvelles con el titulo Broderie ancienne), Aldous Huxley (L´Eminence gris, traducida por Jean Castier), Chamfort, Merimée, Stendhal… Es decir, obras libres de derechos o ya editadas previamente por Plon pero cuya reimpresión en Francia estaba prohibida o topaba con dificultades debido a los cupos de papel asignados.

Placa de Éditions du Rocher en su sede monegasca. Foto de Eric Dulière publicada originalmente en Nice Matin.

Lo que resulta más curioso es que este censor que propiciara la entrada en Francia de libros prohibidos por izquierdosos o judeizantes, o que incluso los publicaba él mismo, al conlcuir la guerra y una vez restablecida la democracia se convertiría en uno de los principales puntales de la divulgación de autores de extrema derecha, a menudo cedidos por editoriales como Plon o Stock, que, debido a su pasado colaboracionista, hasta 1948 no podrían recuperar su actividad más o menos normal.

Fuentes:

Pierre Assouline, L´Épuration des intellectuells, Bruselas, Complexe, 1985.

Jérome Dupuis “Le livre noir de l´édition“, entrevista a Jean-Yves Mollier en L´Express. Existe una traducción en Anaclet Pons, “Historia del libro y de los editores que lo publican“,  en Clionauta. Blog de historia, fechada el 20 de octubre de 2008.

Pascal Fouché, L´Édition Française sous l´Occupation 1940-1944, Bibliothèque de Littérature Française Contemporaine (Université de París-7),vol. I, 1987.

Pascal d´Ory, Les collaborateurs. 1940-1945, París, Seuil, 1976.

Pascal d´Or y Jean François Sirinelli, Los intelectuales en Francia: del caso Dreyfus a nuestros días, Universitat de València, 2007.

Winock, Michel, Le siècle des intellectuels, París, Éditions du Seuil (Points, Série Histoire), 1999. Existe traducción al castellano de Ana Herrera (El siglo de los intelectuales, Barcelona, Edhasa, 2010.

De las dos partes de este texto se hizo una edición en papel que se publicó en diciembre de 2013 en la revista Trama & Texturas, número 22.

Janés, Chardonne doblemente censurado, una muerte muy libresca y otras minucias

Sobrecubierta de El amor es mucho más que el amor en Cristal, una colección de corta vida que se presentaba en la publicidad del siguiente modo: “Una colección de novelas especialmente seleccionadas para un público femenino. La originalidad y riqueza de la presentación va unida a la calidad excepcional de sus textos. Todos los volúmenes están impresos a dos tintas y decorados con orlas especiales para cada uno de ellos”. Se trata de elegantes volúmenes de 16,2 x 11,6 cm., encuadernados en tapa dura y con sobrecubierta, e ilustrados muchos de ellos por artistas con los que Janés venía trabajando desde antes de la guerra (Mallol Suazo, Miquel Planas i Bach, Narro, Francesc Domingo…).

En la inmediata postguerra, José Janés publicó en muy breve espacio de tiempo tres obras de Jacques Chardonne (Jacques Boutelleau, 1884-1968): Menos que un sueño (1942) fue el sexto número de la colección Aretusa, El amor es mucho más que el amor (1942) apareció en la colección Cristal y Canto nupcial (1943) se publicó en las Ediciones de la Gacela.

Además, en la solapa de La última alegría, de Knut Hamsun, cuyo colofón lleva fecha de marzo de 1942, se anuncia como en preparación la novela de Chardonne Eva, y en mayo del mismo año sigue figurando como pendiente de publicar en la solapa de Las Quintaesencias, de Bernard Shaw. La solicitud de publicación de esta obra remitida a la Vicesecretaría de Educación Popular está fechada en marzo de 1942. Jacqueline Hurtley, que es quien ha analizado mejor el expediente de esta edición (expediente 2-548 [1942]) reproduce, además de dos juicios contradictorios acerca de la calidad literaria de esta obra, pasajes de una carta de Janés dirigida al por entonces delegado nacional de Prensa, Patricio González de Canales, en que se subraya la importancia de esta novela en las letras francesas, y propone hacer “una edición de pocos ejemplares, en papel de hilo, numerados y a un precio elevado, de suerte que el libro no pudiese ir a parar a todas las manos, lo que parece que surtió efecto, porque la obra se autorizó con fecha del 6 de abril, indicando sin embargo que debía “constar visiblemente en la edición su calidad de Gran Premio de Novela de la Academia Francesa”. Constituye éste otro ejemplo ilustrativo de cómo, mediante un engorroso juego de prueba-error, los editores que se enfrentaban al capricho de la censura franquista tenían que ingeniárselas para atisbar brechas por las que colar sus obras. Abundan los casos en que el precio elevado (y/o la tirada reducida) posibilita la edición de una obra, y, además del prestigio literario y los premios, esta parece ser la baza que jugó Janés en esta ocasión. Pero, de todos modos, la exigencia de la censura le ponía en un brete, pues, al fin y al cabo, Eva nunca había sido galardonada con el Gran Premio de la Academia (sí lo había sido su anterior novela Claire, en 1931, que en 1945 publicaría Luis de Caralt).

Jacques Chardonne

En aquella época, y pese a ser el mundo de la pareja su tema dilecto, Jacques Chardonne, autor hoy casi olvidado por completo, no parecía un escritor susceptible de chocar con la censura franquista. Perteneciente al llamado “Grupo de Barbezieux”, del que también en esos años publicaría Janés a Geneviève Fauconnier (Claudia en Aretusa y Las Lagunas de la Double en Ánfora, ambas en 1942) y su hermano Henri (Malasia en Rosa de los Vientos en 1944), Jacques Chardonne era tenido por un notorio colaboracionista. De hecho, ese mismo año 1942 había aceptado presidir un viaje de escritores franceses a la Alemania nazi, que por si fuera poco venía a sumarse al que el octubre anterior había realizado con Jouhandeau, Drieu La Rochelle, Brasillach, Ramon Fernandez, André Fraigneau y Abel Bonnard, invitados por el Instituto Alemán, que les llevó a Viena y Berlín para participar en el Congreso de Escritores Europeos de Weimar y durante el que fueron recibidos por el ministro de la Propaganda nazi, Joseph Goebbels. Es de suponer que la deportación de su hijo Gérard al campo de Oranienburg-Sach-Senhausen en marzo de 1943 enfriaría el ardor filonazi de Chardonne, pero al parecer no demasiado, acaso porque fue precisamente gracias a las gestiones del teniente de la Propaganda Staffel y encargado de la censura de libros Gerhard Heller que Gérard Boutelleau recuperó finalmente la libertad (relativa, claro está, pues regresó a la Francia ocupada).

Jacques Chardonne

A la altura de 1942 había transcurrido ya mucho tiempo desde que Chardonne había entrado en el mundo editorial, y lo había hecho de la mano de Stock, una empresa legendaria que guarda ciertos puntos de contacto con las de José Janés (atención preferente a la literatura traducida y en particular a la escandinava, por ejemplo, o publicación de antologías poéticas).

La asombrosa historia de Stock se remonta al 8 de mayo de 1708, cuando André Caillou se estableció como librero-editor en París, y tal vez el célebre hecho de que el sucesor de Caillou, Nicholas Bonaventure Duchesne (¿!711?-1765), tuviera un final tan libresco como es morir aplastado por una pila de publicaciones periódicas cayendo en avalancha haya relegado a lo anecdótico el hecho de que esta germinal Stock fue la casa que publicó las primeras ediciones de libros de autores tan importantes como Voltaire, Rousseau, Diderot, Paul de Kock, Maupassat o traducciones de Goldoni y Tolstoi.

Sede de la legendaria librería Stock.

Con apenas veintidós años, Jacques Chardonne (por entonces aún sólo Boutelleau) se había iniciado en el mundo de los libros como secretario del editor que dio nombre definitivo a la empresa, Pierre-Victor Stock (1861-1943). Y cuando Stock se ve acuciado por las deudas (era un habitual de las soirées de póquer en el Cercle de la Presse), Chardonne se postula para entrar como socio en la empresa aportando 300.000 francos, que no tardan en perderse por el mismo azaroso método. El nuevo socio solicita entonces a los tribunales la disolución de la sociedad, y con el tiempo Stock acabaría arruinado (y empleado en el casino). En 1921 nacía, pues, la Societé Stock, Delamain, Boutelleau et Compagnie, en la que entraba el cuñado de Chardonne, Maurice Delamain, y algunos otros amigos, para dedicarse principalmente a la edición en su sede de la parisina rue du Vieux-Colombier. Mientras que Delamain se ocupó de la parte administrativa y financiera, Chardonne estuvo al frente de las cuestiones literarias en el extenso período que va de 1921 a 1961 (si bien desde 1941 figuraba el hijo de su segunda esposa, André Bay, como director literario), en el que surgieron colecciones como Les Contemporains, La Culture Moderne o los Cent Romans Français, donde, además de Romain Rolland, Jean Cocteau o François Mauriac, aparece en 1930 el gran éxito de Henri Fauconnier Malaisie, que Janés incorporaría a Rosa de los Vientos. La importancia de Malaisie para el prestigio de Stock fue enorme, pues contra todo pronóstico esta primera novela del amigo de la infancia de Chardonne Henri Fauconnier (1879-1973) se llevó el codiciado Premio Goncourt y al poco tiempo, en 1933, la editorial se llevaría el Premio Fémina con otra obra también publicada luego por Janés, Claude, escrita nada más y nada menos que por la hermana de Henri, Geneviève Fauconnier (1886-1969), en lo que es un caso bastante singular de familia galardonada.

Jacques Chardonne

Si embargo, lo que caracterizó esa etapa de Stock con Chardonne al frente fue la promoción en Francia de la mejor novela contemporánea extranjera, y ahí sus pasos vuelven a cruzarse con los de Janés, pues el tándem Chardonne-Delamain publica a Virginia Woolf (Mrs Dalloway en 1927 y La promenade [Al faro] en 1928), Katherine Mansfield (La Garden party en 1926, Felicité y Journal en 1928 y Cahier de notes en 1940), Kenneth Roberts (Le grand passage en 1926), Charles Morgan, Stefan Zweig, Hans Carossa, Kipling o Pearl S. Buck. Otra coincidencia entre las empresas de Janés y la de Chardonne reside en el convencimiento con que apuestan por la literatura escandinava. Bajo el consejo de la traductora Lucien Maury se creó dentro de Cosmpolite una Bibliothèque Scandinave en la que figuran autoras importantes también en el catálogo de Janés, como las premio Nobel Selma Lagerlöf y Sigrid Undset. Hasta tal punto es importante en Stock la edición de literatura extranjera que Chardonne explica en carta a Michel Décon que de la cuarentena de novelas extranjeras que publican cada año dos o tres llegan a los 200.000 o 300.000 ejemplares y que la editorial vive de estos tres o cuatro libros, mientras que el resto no significan económicamente nada.

Henri Fauconnier

Otra afinidad curiosa la constituye la serie de antologías de poesía italiana, española, griega, rusa, etc. de Chardonne, que puede recordar alguna de las iniciativas janesianas. En el caso de Stock, sin embargo, el nacimiento de esta serie de antologías puede interpretarse también como un gesto de ingenio, pues se desarrolló a partir de una Anthologie de la poesie allemande bilingüe con la que pretendían dar respuesta a las exigencias de la propaganda nazi establecida en París de publicar en francés a los autores alemanes bienquistos por Berlín (y después de la guerra se sacó a relucir como una de las pruebas del colaboracionismo de Stock).

Portada de la polémica antología publicada en Stock por presión de (o para complacer a) la censura alemana.

Pero todavía puede añadirse un paralelismo más entre la editorial Stock y las de Janés, pues ambas acabaron en manos de un gran grupo, en el caso de Stock en las de Hachette en 1961.

La paradoja estriba en el hecho de que, después de ser (con Bernard Grasset) uno de los editores considerados más abiertamente colaboracionistas (de hecho, Chardonne figuraba ya en la lista de autores colaboracionistas que en su número del 24 de agosto publicaba en Estados Unidos la revista Life) Jacques Chardonne fue detenido en Jarnac y permaneció varias semanas en la prisión de Cognac hasta que pasó a un régimen de libertad vigilada. Pero estaba en la lista de los escritores a los que “se negaría todo contacto en el plano profesional”. Se prohibió vender e imprimir sus libros en Francia hasta 1946, cuando obtuvo un veredicto absolutorio.

Portada de la biografía de Jacques Chardonne, subtitulada “l´ incandescence sous le givre”, publicada en 2000 por Albin Michel y escrita por Ginette Guitard-Auviste, quien en 1953 ya había publicado en Grasset La Vie de Jacques Chardonne et son Art.

No habrá muchos autores cuya obra haya debido enfrentarse, por un lado, a la censura franquista tras la guerra civil y, por otro, al Consejo Nacional de Escritores y a la Comisión de Depuración de la Edición franceses al término de la guerra mundial. La gran diferencia es que en la Francia liberada lo que pesó sobre Chardonne fue el talante filogermano y petainista de su Chronique privée de l´an 40 (Stock, 1940), que colaborara en la colección del mismo signo de Grasset Á la Recherche de la France (con Voir la figure. Reflexions sûr le temps, 1941) y que se contara entre los participantes o colaboradores de iniciativas como la revista alemana Deutschland Frankreich o en Nouvelle Revue Française en la etapa en que la dirigía Drieu La Rochelle, además de los ya mencionados viajes.

Fuentes:

Una sintética caracterización videográfica del estilo literario de Chardonne, aquí

Pierre Assouline, Gaston Gallimard, València, Edicions Alfons el Magnàmim, 1987, traducción de Anna Montero Bosch, 1987. Hay una edición en Península, 2003, que recupera el subtítulo, Medio siglo de edición en Francia, y mantiene el prólogo de Rafael Conte.

Pierre Assouline, L´Épuration des intellectuells, Bruselas, Complexe, 1985.

Pascal Fouché, L´Édition Française sous l´Occupation 1940-1944, Bibliothèque de Littérature Française Contemporaine (Université de París-7),vol. I, 1987.

Jacqueline Hurtley, La literatura inglesa del siglo xx en la España de la posguerra: la aportación de José Janés, tesis de doctorado, Universitat de Barcelona, 1983.

Pascal d´Ory, Les collaborateurs. 1940-1945, París, Seuil, 1976.

Pascal d´Or y Jean François Sirinelli, Los intelectuales en Francia: del caso Dreyfus a nuestros días, Universitat de València, 2007.

Winock, Michel, Le siècle des intellectuels, París, Éditions du Seuil (Points, Série Histoire), 1999. Existe una muy pulcra traducción al español, de Ana Herrera (El siglo de los intelectuales, Barcelona, Edhasa, 2010).

Antoine Augereau, maestro de Claude Garamond

El que inventa un nuevo tipo tiene ganado el cielo

Max Aub

La maître de Garamond, de A. Cuneo, en la edición de Stock.

Le maître de Garamond, de A. Cuneo, en la edición de Stock.

No creo que haya muchas novelas que tengan a tipógrafos por protagonistas, no parece una profesión muy dada a la aventura. Pero lo que singulariza Le maître de Garamond, de Anne Cuneo, no es sólo eso, sino que en mi opinión constituye la forma más inteligente y original de convertir en novela el nacimiento del reformismo en Francia. El argumento de esta obra (subtitulada “Antoine Augereau, graveur, imprimeur, éditeur, librarire”), se inicia cuando, una vez muerto Augereau, Claude Garamond abandona París para esclarecer las circunstancias que desembocaron en la condena y ejecución de su maestro, y se encuentra en Suiza con el editor Pierre de Vingle (h. 1495-¿1536?), a quien entrega un librito que acaba de imprimir en París contando lo que sabe acerca de la vida de Augereau.

Portada de Le Miroir des tres christienne princessse Margarite, con el pie de Antoine Augereau

Portada de Le Miroir des tres christienne princesse Margarite, con el pie de Antoine Augereau

Claude Garamond (1499-1561) entró en contacto con Augereau (h. 1490-1534) cuando tenía sólo doce años y ambos trabajaban con el reputado impresor Henri Estienne (1528/1531-1598). De su mano empezó a estudiar latín, griego y el oficio de cajista, y conoció de primera mano el debate que enfrentaba amistosamente a Estienne con Augereau: Mientras el primero abogaba por introducir cambios y mejoras en la letra gótica, bajo los efectos de la lectura de Elogio de la locura Augereau estaba convencido de la necesidad de publicar en francés y, consecuentemente, en una letra latina (debate que actuará en la novela como correlato de la disputa entre ortodoxos católicos y reformistas). Garamond viaja a Venecia con  Augereau en busca de textos latinos y conocen durante el viaje a Francis de Montcorbier (más tarde, François Villon, a quien publicará). En Venecia trabajan en la Biblia traducida por Erasmo, conocen a Aldo Manuzio (1449-1515) y al grabador Franceso Griffo (1450-1518), quien está en ese momento perfeccionando la “cancelleresca” (cursiva). Entretanto, acaba el Concilio de Letrán (1512-1517) y Lutero cuelga las tesis.

La imprenta de Aldo Manuzio en Venecia, por François Flameng

La imprenta de Aldo Manuzio en Venecia, por François Flameng

De regreso a París, Garamond continúa su progresión en el gremio (entre otros, trabaja para el célebre Simon de Colines [1480-1546]), al tiempo que se va acentuando la polémica entre luteranos y ortodoxos y el peso de la censura sobre los impresores y editores va incrementándose (La Sorbona prohíbe a Lutero, quema pública de Biblias en francés, huida de impresores, arrestos, ejecuciones…). Francisco I emprende un pulso con los católicos más intransigentes, pero haber impreso la segunda edición de Le miroir de l´âme pechereuse…, de Margarita de Navarra, le cuesta a Augereau serios problemas con la censura (registros, prisión, multas) en cuanto da el más mínimo pretexto (uno de ellos, publicar la primera edición de Gargantúa, considerado inmoral). La gota que colma el vaso es la aparición de unos pasquines que se atribuyen a Augereau y que le llevan a la hoguera sin que nadie pueda hacer nada por él. En una conversación posterior en Neuchatel con Pierre de Vingle, Garamond se entera de que Augereau, contra lo que su círculo de amistades creía, no sólo estaba al corriente de la impresión de los pasquines, sino que era uno de los pocos impresores que apoyaban la causa reformista, aunque, para protegerlos, a sus amigos y familiares se lo ocultara.

Claude Garamond

Claude Garamond

Siendo como es interesante la trama, lo que me parece que convierte esta en una novela excepcional es el correlato que establece entre ideas religiosas, publicación en latín y otras lenguas y debates entre tipógrafos de vieja escuela y renovadores, con el discurso subyacente además de que se trata, en el fondo, de un mismo y único debate: Por un lado, los que desean preservar el conocimiento del riesgo de la sobreinterpretación; por el otro, aquellos que pugnan por acercarlo al común de los mortales mediante todas las estrategias a su alcance (una religiosidad no mediatizada ni por ritos ni por sacerdotes, una lengua como transmisora de conocimiento y arte al alcance de todos y, particularmente, una tipografía que minimice el esfuerzo que para algunos puede suponer la actividad de leer).

En muy escasos y mínimos detalles, la autora se aparta de lo que es la historia documentada, y luego revela esas libertades mínimas en un encantador postfacio con una argucia de lo más ingeniosa: remite a la sección 4772 o 4773 de la Biblioteca Real (hoy Bibioteca Nacional de Francia): como recordarán los buenos lectores de Dumas, la misma en que éste dijo haber encontrado las memorias del duque de La Fère (es decir, el Athos de Los tres mosqueteros). Y la novela, en la edición de Stock de 2003 (antes en Bernard Campiche, 2002), se enriquece además con un prólogo acerca de las fuentes Garamond (h. 1530) y el desplazamiento de la letra gótica en el siglo XVI, un retrato de Garamond (p. 453), un breve artículo titulado “Decouvrir Antoine Augereau”, que recurre a estudios especializados para reforzar la tesis presentada en la novela (un detalle curioso: una de las últimas fuentes, creada por el maestro tipógrafo George Abrams [1920-2001] lleva el nombre augereau), la biografía de los personajes que aparecen en la novela más allá del momento en que se cierra la historia, una muestra facsímil de un libro de Augereau (pp. 475-478), una bibliografía de las obras impresas, “editadas”, por Augereau y una amplia y muy útil bibliografía empleada para documentar la novela.

La polifacética artista, cineasta y escritora Anne Cuneo

La polifacética artista, cineasta y escritora Anne Cuneo

Es un poco triste que la extensa y variada obra de la polifacética Anne Cuneo, traducida al alemán, al italiano y al neerlandés, entre otras lenguas, siga inédita en español. ¿Será que las novelas históricas duras e inteligentes no es exactamente lo que buscan los lectores?

Fuentes:

Anne Cuneo, Le maître de Garamond, París, Stock, 20003 (editado bajo la dirección de Françoise Roth). Otras ediciones: Bernard Campiche Éditeur, 2000; Le Grand Livre du Mois, 2003, y, en italiano, Sironi Editore, 2010.

Renaissance-France.org: www.renaissance-france.org

Garamond: www.garamond.culture.fr

Página personal del increíble Luc Devroye (McGill University, Montreal): http://luc.devroye.org/designers.html