Ediciones, traducciones y universalidad de Terra Baixa

El protagonista de la obra teatral de Àngel Guimerà Terra Baixa, Manelic —que se ha interpretado como un remedo de «el buen salvaje roussoniano» y como el único que se atreve a enfrentarse al poderoso terrateniente y subvertir así el orden establecido—, es quizá el arquetipo más poderoso que ha legado la dramaturgia catalana decimonónica al teatro universal.

Página de créditos de la primera edición en catalán de Terra Baixa.

La obra, que se había estrenado inicialmente en Madrid a finales de noviembre de 1896 en traducción de quien sería sorprendente Premio Nobel de Literatura José de Echegaray (1832-1916), subió por primera vez a las tablas en la lengua en que había sido escrita el 7 de febrero de 1897 en el Teatre Principal de Tortosa y a cargo de la compañía de Teodor Bonaplata (1841-1904), quien después de haberse dedicado con ahínco y éxito al teatro de Frederic Soler (1839-1895), había interpretado ya otras obras de Guimerà, como Mar i cel en 1888, Rei i monjo en 1890 o Ànima morta en 1892.

Primera edición de las Poesías, de Guimerà, con prólogo de Josep Yxart.

Del mismo año del estreno en Madrid existe una edición de Florencio Fiscowich y Díaz de Antoñana (1851-1915), que desde 1879, al casarse con María Loreto Gullón, gestionaba la empresa Hijos de Alonso Gullón, y que con el tiempo se convertiría en el líder en el ámbito de la edición de zarzuelas y se haría célebre por sus leoninos contratos con los autores. Pero lleva asimismo pie de ese año la de la también madrileña Sucesores de Rodríguez y Odriózola, que edita la misma traducción.

Como es lógico tratándose de Guimerà, la primera edición de Terra Baixa en catalán corrió a cargo de la Imprenta de la Renaixensa, que era resultado de un movimiento de promoción de la cultura catalana que ya se había puesto de manifiesto con la creación de la efímera revista La Gramalla. Setmanari Català (1870) y sobre todo con la más longeva revista La Renaixensa. Periodich de literatura, ciencia i arts (1871-1880), de la que en 1873 Guimerà se había convertido en jefe de redacción y que luego dirigiría hasta 1903.

Enric Borràs (Manelic) y Margarita Xirgu (Marta).

Manuel Llanas sintetiza, en el volumen dedicado al siglo XIX de su imprescindible L’edició a Catalunya, el nacimiento de esa imprenta del siguiente modo:

Empezó a funcionar en 1873 tanto para satisfacer las necesidades propias [de la revista] como para cumplimentar encargos externos. Situada en la calle Xuclà, pronto especializada en la producción de textos en catalán y abierta hasta 1938, esta imprenta la fundan cuatro socios, tres en calidad de capitalistas (Pere Aldavert, Àngel Guimerà y Iu Bosch) y uno de industrial (Tadeu Monge).

Tras una primera etapa en que se ocupaba básicamente de la revista, a partir de 1893 la imprenta subsiste precisamente gracias sobre todo a la edición de obras teatrales de Guimerà, que ya en 1879 había publicado en ella Gala Placídia y que por entonces se había convertido en todo un fenómeno mediático.

Indicativo del resonante éxito de la obra es que ya el 17 de mayo de 1897 Joaquim Montero Delgado (1869-1942) estrenara en el Teatre Romea una parodia de Terra Baixa con el título Riera Baixa (y que se publicó en la Tipografia La Académica). Es poco conocida la primera versión operística, con partitura de Fernand La Borne y libreto de Paul Ferrier y Lous Tiercelin, titulada La catalane y estructurada en cuarto actos y un prólogo. Sin embargo, lo que por lo menos en un primer momento le dio un impulso internacional fue precisamente el estreno el 15 de noviembre de 1903 en Praga de Tiefland, una adaptación operística con música del compositor escocés Eugen d’Albert y libreto del escritor austríaco Rudolf Lothar (1865-1943), que constituyó además el primer gran triunfo de D’Albert y ese mismo año la publicaba en Berlín Bote und Bock, en Leipzig Peters Verlag y en Zürich Apollo. La adaptación catalana, publicada por Alvar Verdaguer en 1910, corrió a cargo del musicólogo y célebre traductor de Wagner Joaquim Pena (1873-1944).

Esas versiones propiciaron la publicación en 1907 de la obra de Guimerà en checo, traducida por Antonin Pickhart y editada por Máj, y de ese mismo año es la primera adaptación cinematográfica, dirigida que dirigió Fructuós Gelabert (1874-1955) con la compañía del Romea —Emilia Baró (1882-1964), Miquel Sirvent (¿?-1930), Maria Llorente y Enric Guitart (1863-1933)…— y que obtuvo un resonante éxito tanto de crítica como de público.

Sin embargo, ya en 1903 se había estrenado en Broadway Marta of the Lowlands, la versión inglesa de la obra, con Corona Riccardo (1878-1917) en el papel de Marta, a quien luego sustituiría Fernanda Eslicu (1888-1968), que luego tendría un cierto papel en el cine de la época. Tras este arranque, tanto Terra Baixa como otra de las más conocidas obras del dramaturgo catalán, Maria Rosa, iniciaron una presencia continuada del teatro de Guimerà a lo largo y ancho de los escenarios estadounidenses, así como en los de Canadá.

Primera edición en Doubleday.

En 1909 se publica la versión italiana de la ópera de Eugen d’Albert, con el título Terra bassa: dramma lirico in un prologo e due atti y firmada por F. Fontana, y al año siguiente la traducción al ruso de la obra teatral, a cargo de Isaac Pawlosski y A.E. Nikifotaki, en San Petersburgo. Ese año, en un homenaje de la ciudad de Barcelona al dramaturgo celebrado el día de San Jordi, interviene en una puesta en escena de Terra Baixa la legendaria actriz Margarita Xirgu (1888-1969). Pero más importante es sin duda el estreno en 1913 de Tierra baja, la versión cinematográfica argentina dirigida por Mario Gallo (1878-1945) y protagonizada por Pablo Podestà (1875-1923), que se producía cuatro años después del estreno teatral en ese país.

De 1914 es la primera gran versión cinematográfica, dirigida por el pionero J. Searley Dawley (1877-1949), que entonces ya se había hecho famoso como el primer adaptador de Frankenstein a la gran pantalla, con Bertha Kallich (1874-1939) y Wellington A. Playter (1879-1937) en los papeles principales. Ese mismo año, en Nueva York Doubleday and Page Co. publica una versión de la obra teatral firmada por Wallace Gilpatrick (guionista para Cecil B. DeMille de Maria Rosa) y hecha a partir de la versión de Echegaray, precedida de una introducción del dramaturgo John Garret Underhill (1876-1946), traductor a su vez de Jacinto Benavente y Gregorio Martínez Sierra. Era el octavo volumen de la luego prestigiosa colección Drama League (con Victorien Sardou, Thomson Buchanan, Gerhart Hauptmann, etc.)

Guimerà con los actores de Terra baixa con motivo del homenaje que le dedicó la ciudad. A su derecha, en el suelo, la Xirgu.

Antes de morir, y mientras las ediciones en catalán y en español se sucedían sin pausa, Àngel Guimerà aún tendría ocasión de ver estrenada en 1923 la primera versión cinematográfica en alemán, producida por los Wiener Studiofilm y dirigida por Hans Rhoden y Friedrich Rosenthal con Marie Marchal en el papel de Marta y el prolífico Anton Endhofer (1883-1971) en el de Manelic, así como, al año siguiente, la versión cinematográfica de la ópera, dirigida por Adolf Edgar Licho (1876-1944) y con Lil Dagover (1887-1980) en el papel de Marta.

Durante la guerra civil española Terra Baixa fue llevada a las tablas en diversas ocasiones, quizá porque permitía hacer una relectura del enfrentamiento entre el terrateniente y el pastor, ante la inacción de los campesinos. En Barcelona, por ejemplo, no se interrumpió su habitual presencia en los escenarios, y el 15 de agosto de 1936 Enric Borràs (1863-1957) sigue interpretando a Manelic con su compañía en el Poliorama, la repone en noviembre de 1937 (cuando pasa a llamarse Teatre Català de la Comèdia) y durante el verano de 1938, e incluso la interpreta en castellano en el Partenón a finales de noviembre de 1938; en Madrid, Enrique Martí la puso en escena en el Teatro Libertad en el verano de 1937 y el 19 de marzo de 1938 la montó la compañía de Pepe Romeu (1900-1986).

Por otra parte, la versión cinematográfica más célebre de Terra Baixa en alemán es la dirigida en 1940 por Leni Riefenstahl, realizada también a partir de la ópera de D’Albert, en la que ella misma encarnó a Marta y seleccionó a los extras entre los presos gitanos del campo de Auschwitz para contar con rostros de aspecto mediterráneo, pero esta versión, absurdamente flamencoide, no pudo estrenarse hasta 1954. Anterior, de 1951, es la versión cinematográfica mexicana dirigida por Miguel Zacarías (1905-2006) a partir de un guión propio basado en la obra teatral, e interpretada por Pedro Armendáriz (1912-1963) en el papel de Manelic y Zully Moreno (1920-1999) en el de Marta.

En lo que se refiere a las ediciones, es reseñable la traducción que publicó en 1930 Orbis, salida de la Imprenta Altés, con ilustraciones de Mauricio de Vassal, doce de ellas a color, y de la que se hizo una tirada de trescientos ejemplares, doscientos de ellos numerados. De 1943 es la que se publica en la editorial bonaerense de Joan Merli (1901-1995), Poseidón, como volumen 26 de la colección Pandora y con traducción firmada el traductor y guionista barcelonés exiliado en Buenos Aires Francisco Madrid (1900-1952), que asimismo es autor del prólogo que la precede.

La edición en la colección Pandora de Poseidón.

Durante el franquismo, en Cataluña se publicó una edición en catalán con pie de imprenta de J. Sabater Bros, y en 1955 la de la editorial Selecta, como segundo volumen de las obras de Guimerà, con prólogo del erudito y editor Josep Miracle (1904-198) e incluyendo además María Rosa y Mossèn Janot. Más tarde, en 1971, Selecta la publicaría individualmente como undécimo número de la Biblioteca Teatral Popular, y las ediciones se sucedían ya entonces en bajo muy diversos sellos. Aun en 1975 aparecían sin embargo nuevas traducciones, en ese caso al esperanto (Malsupra tero), firmada por el dramaturgo y activista Ricard S. Güell(1916-2008), así como adaptaciones a diferentes medios (de 2011 es una nueva versión cinematográfica dirigida por Isidro Ortiz e interpretada por Ernest Villegas y Marina Gatell).

Fuentes:

Base de datos de Filmafinity.

Estatua de Àngel Guimerà en Santa Cruz de Tenerife.

Internet Movie Database.

Worldcat.

Catálogos de la Biblioteca Nacional de España.

Manuel Llanas, con la colaboración de Montse Ayats, L’edició a Catalunya: el segle XIX, Barcelona, Gremi d’Editors de Catalunya, 2004.

Robert Marrast, El teatre durant la guerra civil espanyola. Assaig d’història i documents, Barcelona, Publicacions de l’Institut del Teatre- Edicions 62 (Monografies de Teatre 8), 1978.

Los planes de Josep M. Cruzet, editor de Josep Pla

El gran exemple de la lluita tenaç de Josep M. Cruzet

 és una cosa que impressiona pel seu dramatisme.

Jordi Rubió i Balaguer

 

Josep M. Cruzet.

Es lamentable, ante la evidencia del brillante material archivístico que legó el editor Josep M. Cruuzet (1903-1962), que no dispongamos todavía de una biografía de este sensacional promotor de la cultura catalana en los años más negros de la censura franquista, pero hay quien ha sabido sacar un enorme rendimiento a los papeles que dejó Cruzet.

El profesor Manuel Llanas tuvo el acierto de recopilar y poner a disposición de los lectores el epistolario entre el alma máter de Edicions Selecta y Agustí Calvet (1887-1964), Gaziel, y ya puso de manifiesto también el interés de ese enorme conjunto de cartas de Cruzet al publicar en 1997 en la Revista de Catalunya una exigua selección de las remitidas por Josep Pla (1897-1981) al editor.

María Josepa Gallofré Virgili, a quien nunca se agradecerán bastante sus afinados estudios sobre la censura de libros en catalán, dotó a los investigadores de una herramienta –una navaja suiza, en realidad–, para conocer los entresijos de la relación entre uno de los prosistas más importantes del siglo xx y Josep M. Cruzet.

 

No es empresa menor escribir un prólogo a la altura de un material tan interesante, sugestivo y jugoso como el que ofrece Gallofré Virgili en Amb les pedres disperses (Destino, 2003), pero a ese mérito añade además una metodología de anotación que tiene en mente sólo al lector, ofreciéndole únicamente los datos útiles e imprescindibles, sin hojarasca ni florituras, e incluso tiene el buen criterio, por su genuino interés, de intercalar allí donde corresponde cronológicamente un texto ajeno en sentido estricto al epistolario, pero de innegable pertinencia, como es una sentida dedicatoria de Josep Pla en el libro de firmas de Josep M. Cruzet.

Logo de Editorial Selecta.

Del principal editor de sus obras en catalán, Josep Pla dejó una magnífica estampa en su serie de Homenots, en la que se percibe la estrecha coincidencia de visión respecto a la vida cultural catalana en los años que comprende el epistolario recopilado por Gallofré Virgili, y además, cosa rara en Pla, una genuina admiración por la labor cultural llevada a cabo. Escribe Pla, por ejemplo:

Desde el primer momento estableció como método de trabajo un pesimismo que se demostró muy sano. Fue de este modo como Cruzet, obseso frío y apasionado, se lanzó a la aventura de la edición en un momento depresivo, cerrado y bajo.

Josep Pla (1897-1981).

 

De entre los muchos puntos de interés y las vías de estudio que señala Gallofré Virgili en su introducción, uno de los más atractivos es advertir hasta qué punto la empresa de Cruzet responde a un perfecto y muy meditado plan a largo plazo, que en algunos aspectos recuerda el que estableció Josep Janés (1913-1959) y que se vio truncado por la guerra civil. Retomando palabras de Pla en su Homenots, “Cruzet había elaborado un plan. Lo había elaborado minuciosamente con su letra clara, pequeña y alineada de un modo perfecto y indesviable”. En el caso de Cruzet, fueron sobre todo la imposibilidad de crear instrumentos para ampliar el público lector (revistas, actos públicos, presencia en radio, publicidad) y la censura de libros los elementos que impidieron que llevara a cabo una obra aún mayor que la que puso en pie. Y también para su modo de enfrentarse a la censura tiene unos comentarios el escritor ampurdanés:

Cuando no le autorizaban la edición de una obra que consideraba lo suficientemente importante que le aprobasen, no se resignaba nunca. Organizaba entonces una ofensiva abrumadora para conseguir lo que quería. No escatimaba nada: cartas, visitas, viajes, recomendaciones, presiones coincidentes, gestiones de todo tipo…

Pla saludando a Sagarra.

A lo largo de 463 cartas recopiladas en el volumen preparado por Gallofré Virgili, es posible ver cómo va alterándose y adaptándose a las necesidades de autor y editor el famoso proyecto de las Obras Completas de Pla, que de por sí tiene un enorme interés, y además puede advertirse cómo Cruzet va ingeniándoselas para llevar a cabo su muy ambicioso plan, que parte de una premisa ineludible que no es otra que la necesidad de poner a disposición de los lectores cuanto antes las grandes obras y los textos de los grandes autores de la literatura catalana: “las circunstancias por las que atraviesa el país obligaban a poner en el mercado el mayor número de libros catalanes y en el menor tiempo posible” (carta de Cruzet a Pla del 10 de noviembre de 1952).

En una carta del 10 de enero de 1949, Cruzet afirma que aspira a convertir la Selecta en “una larga colección clásica (tipo Austral de Espasa-Calpe, Crisol de Aguilar, etc.)”, y dos años más tarde concreta algunos aspectos adicionales:

La Selecta tiene que ser la colección catalana más extensa de todas las publicadas y en ella han de ir los títulos más importantes que aún faltan en ella (La febre d´or [de Narcís Oller], Les multituds [de Raimon Casellas], Solitud [de Victor Català], Laura [Laura a la ciutat dels sants, de Miquel Llor] y la obra conjunta de los autores que pueda incluir en cada uno de sus volúmenes (Duran i Reynals, Arxiduc, Raventós, toda la obra poética de Manent, etc., etc.). ¿Me comprende?

Narcís Oller (1846-1930).

Sin embargo, a lo largo de las cartas se hace evidente que si bien, pese a las trabas que Censura pone al proyecto, poco a poco va afianzando la publicación de los grandes nombres de la literatura catalana (Verdaguer, Eugeni d´Ors, Santiago Rusiñol, Carles Soldevila), las piedras de toque serán, por un lado, el descubrimiento de nuevos autores catalanes y, por otro, conseguir que la censura permita la reedición de las grandes traducciones al catalán y traducir a autores contemporáneos.

Carles Soldevila.

Cruzet es muy consciente de ello, y a la altura de 1951 escribe a quien ya se había convertido en su autor estrella:

Todo obedece a un plan preconcebido y ahora –publicados más de ochenta títulos en le Biblioteca Selecta– puedo empezar a respirar, porque estará en mis manos ir afinando la proporción entre los antiguos y los nuevos que valgan la pena, cosa que reconozco que hasta el momento ha sido uno de mis puntos déblies como editor de libros catalanes (Cruzet a Pla, 12 de junio de 1952).

Artur Bladé i Desumvila.

Gracias sobre todo a los premios literarios que en esos años empezaron a autorizarse muy tímidamente y siempre y cuando no tuvieran una excesiva repercusión pública, poco a poco pudo ir incorporando a la colección autores como Sebastià Juan Arbó (1902-1984), Artur Bladé i Desumvila (1907-1995), exiliado en México, Maria Aurèlia Capmany (1918-1991), Joan Fuster (1922-1992)  o Josep M. Espinàs (n. 1927), que sin duda se encuentran entre los más importantes de sus respectivas generaciones.

Sin embargo, con buena parte de lo que publicaba, y en particular con los jóvenes, que constituían una apuesta a largo plazo, perdía mucho dinero: “Yo trato de mantener un amplio plan de conjunto, pero la edición de libros tipo [Ramon] Raventós, [Eudald] Duran i Reynals, etc., y la de la mayor parte de los otros, principalmente los jóvenes, me producen cuantiosos déficits, unas angustias económicas terribles.”

Jerome K. Jerome (1859-1927).

En cuanto a las traducciones, la censura era inflexible, salvo con lo clásicos griegos y latinos, y dura en particular cuando existía una traducción al español. Sin embargo, Cruzet informa a Pla en carta del 12 de enero de 1952 que tiene aprobadas traducciones de El llibre de la jungla, de Rudiyard Kipling (en traducción de Marià Manent),  Maria Chapdelaine, de Louise Hemon (traducción de Tomàs Garcés, abogado de la Selecta) y la de Tres anglesos s´esbargeixen de Jerome K. Jerome (traducción de M. Ferrando y J. M. Mustieles), un autor que gracias sobre todo a las ediciones de Janés era junto con Wodehouse uno de los humoristas británicos más exitosos en España en esos años. Y explica:

Mi intención era incluir las traducciones en la Biblioteca Selecta, al estilo de las grandes colecciones en otras lenguas. Al fin y al cabo, si en el primer centenar de la Selecta no hay traducciones ha sido por causa de fuerza mayor, pero, cuando hayan salido unos cuantos centenares más, sería la cosa más natural del mundo.

A esas alturas la introducción de autores extranjeros en la colección la hubiera descompensado, por lo que contra su voluntad inicial, Cruzet se ingenió una Biblioteca Selecta Universal, sólo de traducciones pero con la misma apariencia que la colección destinada a la literatura catalana.

Tampoco fallaba Cruzet al señalar el mayor problema, junto al de la censura, con el que debía enfrentarse, las enormes dificultades para ampliar el público lector en lengua catalana. La imposibilidad de normalizar la enseñanza de la lengua entre los niños y jóvenes, la ausencia de conferencias y otros actos públicos de promoción de la lengua y la literatura, las sucesivas prohibiciones a la publicación de revistas y periódicos en catalán, etc., hacían inviable el proyecto, que ya tenía en mente, de ganarse al público de menor recursos económicos, pero eso implicaba la necesidad de hacer grandes tiradas:

No he tenido más remedio que subir el precio de la Biblioteca [de 30 a 35 pesetas); la subida de la composición, el papel y, en general, de todos los costos, me han obligado a ello. Pero ahora quisiera atrincherarme en el nuevo precio y aguantarlo hasta allí donde las circunstancias me lo permitan.

[…] Haré los máximos esfuerzos en este sentido. De todos modos, si algún día la cosa cambiara y hubiera las posibilidades que había antes de la guerra de que las clases más modestas pudieran interesarse por el libro en catalán, yo tengo una buena carta en la manga y es la de destinarles una edición en rústica de la Selecta. Pero, hoy por hoy, eso es impensable. (Cruzet a Pla, 1 de marzo de 1952)

Conciso y sentencioso como siempre, Pla dejó uno de las definiciones más acabadas del talante y de la consideración de la labor cultural de Cruzet en muchas menos palabras: “Su tenacidad le hará resolver lo que se proponga” (Pla a Cruzet, 23 de diciembre de 1960).

 

 

El grueso de la documentación acerca de la labor editorial de Josep M. Cruzet se encuentra, en el momento de publicar este texto pendiente de reordenación y descripción, en la Biblioteca de Catalunya. Sin embargo, en un incendio en la sede de la Editorial Selecta y la Casa del Libro el 22 de agosto de 1979 se perdió parte, en apariencia no substancial, del material que formaba el archivo Cruzet original.

Tanto las traducciones de las citas de “Josep Maria Cruzet, editor”, de Josep Pla, como las de las cartas entre Pla y Cruzet son mías.

 

Josep Pla-Josep M. Cruzet, Amb les pedres disperses. Cartes 1946-1962, edición y prólogo de Maria Josepa Gallofré Virgili, Barcelona, Destino (L´Àncora 172), 2003.

 

Bibliografía adicional:

Manuel Llanas, ed., Gaziel i Josep M. Cruzet (i l´Editorial Selecta). Correspondència (1951-1964), Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Textos i Estudis de Cultura Catlana 189), 2013.

Miracle, Josep, Quatre coses del meu temps (Memòries), Barcelona, Edicions de la Paraula Viva, 1976.

Josep Pla, “Josep Maria Cruzet, editor (1903-1962)”, en Homenots. Segona Serie, volumen 16 de Obra Completa de Josep Pla, Barcelona, Edicions Destino, 1970 (depósito legal de 1966), pp. 561-595.

Jordi Rubió i Balaguer, “L´exemple de Josep M. Cruzet”, en Mestres, companys i amics, Barcelona, Publiacions de l´Abadia de Montserrat, 1991.

 

Acuerdos y desacuerdos entre autor y editor (Gaziel y Cruzet).

Mediado el siglo XX, Gaziel (Agustí Calvet, 1887-1964) formaba una tríada de periodistas catalanes forjadores de una prosa fuera de serie con Eugeni Xammar (1888-1973) y Josep Pla (1897-1981). Curiosamente, en las primeras décadas del siglo XXI, ha sido Gaziel quien con más frecuencia ha sido objeto de traducciones al castellano, pues si bien Guillermo de Torre le había publicado en la colección de Edhasa El Puente Castilla adentro (1963) y Portugal lejano (1964), fue a partir de 2005 cuando aparecieron sus obras Meditaciones en el desierto (Destino, 2005), En las trincheras (Diéresis, 2009), De París a Monastir (Libros del Asteroide, 2014) y Diario de un estudiante. París, 1914 (Diéresis, 2014). Quizás en parte este interés renovado se explique por haberse localizado en la obra de Gaziel algunas claves interesantes para evaluar y enjuiciar las relaciones entre las diversas naciones ibéricas (Portugal, España, Galicia y Cataluña en particular).

Manuel Llanas, a quien los aficionados a la historia editorial debemos una más que notable bibliografía sobre la materia (publicada en su mayor parte por el Gremi d´Editors de Catalunya, y por consiguiente no muy fácilmente accesible), después de haber publicado una monografía sobre la labor periodística y literaria de Gaziel (Gaziel: Vida, periodismo i literatura) se ocupó de reunir y anotar el excepcional epistolario que éste mantuvo con su editor en la Editorial Selecta, Josep Maria Cruzet (1903-1962).

Tres rasgos principales son los que quizá dotan de un interés particular a este epistolario.

Agustí Calvet, Gaziel.

Por un lado, permite un acercamiento de primera mano a lo que eran los procesos editoriales de la época, muy condicionados por la dificultad, por ejemplo, para obtener copias de las obras, ya que, salvo en el caso de las mecanografiadas con papel carbón, a cada nueva copia existía el riesgo de que se introdujeran nuevos errores. Y una vez fijado el definitivo, los componedores y cajistas podían también hacer de las suyas. Otra cosa poco usual es asistir a las negociaciones acerca de quién debía cubrir los gastos de edición del texto, que para las empresas editoriales en lengua catalana en la época que cubre este epistolario (1951-1964) no era un problema menor. El interés de estas conversaciones se ve incrementado por el hecho de que en este caso el autor (Gaziel) es alguien que tiene ya una sólida experiencia no sólo como autor, sino además como gerente de la editorial radicada en Madrid Plus Ultra, y por lo tanto sabía muy bien de lo que hablaba y estaba en condiciones inmejorables para comprender las razones de Cruzet cuando tomaba determinadas decisiones.

Josep M. Cruzet.

Igualmente rico es este cruce de misivas en cuanto a las prácticas censorias, tanto en lo referente a los procedimientos existentes para salvarla (búsqueda de recomendaciones, negociaciones con los órganos censorios, dilaciones interminables, etc.) como acerca de un aspecto del que es raro encontrar rastro, como es la autocensura. Las cartas de Gaziel a su editor son una fuente riquísima para ver cómo el autor retocaba sus originales teniendo muy presentes la posibilidad de que le tacharan determinados pasajes, e hizo todo lo posible para evitarlo, y planteándose sólo la posibilidad de publicar fuera de España (con lo que su obra tendría mucha menor repercusión entre los lectores a los que pretendía dirigirse), cuando lo que deseaba expresar era inaceptable de plano para el régimen. Además, una vez hecho esto, la experiencia de Cruzet como editor curtido en mil batallas contra la censura solía instarle a añadir todavía nuevas correcciones que hicieran digeribles sus textos (en particular su conocida como Trilogía Ibérica (forrnada por los libros Castella endins, Portugal enfora y La península inacabada).

Como es fácil suponer, otro de los puntos fuertes es poder leer los entresijos de la relación entre autor y editor, en este caso basada en una confianza de tal grado que permite, por ejemplo, ver cómo se establece un plan de publicaciones, que ha de moverse necesariamente entre los deseos del autor y las conveniencias del editor (que por su parte ha de contentar a diversos autores); o nos permite también enterarnos de cómo se iniciaban  trabajos de edición (con el consecuente gasto) antes no ya de firmarse el contrato, sino incluso antes de haberse pactado siquiera sus condiciones (algo que hoy en día es, creo, impensable). Y esa confianza no quita que queden por escrito también las negociaciones, las peticiones del autor, las contrapropuestas del editor, todo un conjunto de diálogos epistolares que son fuente de información muy valiosa para cualquier interesado en la materia. Manuel Llanas tiene el acierto además de adjuntar la copia final de los acuerdos e incluso contratos de edición.

Tampoco es menor la información que se ofrece a la organización interna de la Editorial Selecta (a la que en una intempestiva carta al autor el asesor literario Josep Miracle pone de vuelta y media) y a las funciones que en ella desempeñaban célebres colaboradores como Bartomeu Bardagí (1915-2003), Tomás Tebé, Josep Miracle (1904-1998), Maria Borràs de Quadras, Manuel Borràs Tey (1930-1993), Maria Victòria Sandiumenge, Jesús Piña Coma y Jesús Vernís.

Constituye esta aportación de Llanas a la historia editorial el complemento idóneo al epistolario de esa misma época entre Josep Pla y Cruzet que hace ya unos años editó Maria Josepa Gallofré y publicó Destino (Amb les pedres disperses. Cartes, 1946-1961), pero al estudioso de la obra de Gaziel, además, le ofrece muchas pistas acerca de manuscritos originales que fueron podados para presentarse a censura (y que al parecer, por lo menos en su mayoría, han desaparecido para siempre) y acerca de aquellas ideas que nunca publicó por temor a las decisiones de los  órganos censorios.

Aunque, como cualquier epistolario, hay pasajes que no puede decirse que sean amenos, la recuperación de semejante material es un festín para los lectores interesados en Gaziel, pero sobre todo para quien desee conocer de primera mano cómo eran los hábitos y costumbres editoriales en la segunda mitad del siglo XX en España en el ámbito de la literatura catalana.

Fuentes:

Manuel Llanas.

Pere Guixà, “Gaziel i l´arrelament”, Núvol, 18 de septiembre de 2014 (publicado originalmente en la revista Serra d´Or (junio de 2014)).

Manuel Llanas, ed., Gaziel i Josep M. Cruzet (i l´Editorial Selecta). Correspondència (1951-1964), Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Textos i Estudis de Cultura Catlana 189), 2013.

Albert Manent, “Tomàs Tebé i els temps de la Selecta”, en Solc de les hores. Retrats d´escriptors i de polítics, Barcelona, Destino, 1988, pp. 141-148.