Salvador Espriu, editor

En su estudio de la vida y la obra de quien sin duda fue el mejor amigo de juventud del escritor Salvador Espriu (1913-1985), Roberto Mosquera cita tres fragmentos de su epistolario que permiten atisbar algunos aspectos del funcionamiento de la colección que, junto con algunos compañeros de universidad, puso en marcha Espriu.

Salvador Espriu.

En el último número de 1934, la revista Mirador hacía balance de lo que había sido el año literario y anunciaba ya la aparición de esta iniciativa, destinada a dar a conocer a la nueva promoción de jóvenes escritores que estaba gestándose en los aledaños de la Universitat de Barcelona, mencionando específicamente la próxima aparición de novela breve de Espriu Miratge a Citerea y explicando que se sostendría económicamente mediante un sistema de suscripción. La publicación del pequeño y distinguido volumen de poemas El veler de Ignacio Agustí (1913-1974), que había empleado este mismo sistema, probablemente les había servido de banco de pruebas, así que se intentó aplicar a una colección que en principio estaba abierta a todos los géneros literarios y en cuyo nombre convivían las resonancias de la cultura clásica con el acrónimo de Les Edicions D´Ara (las ediciones de ahora), así como el título de un poema reciente de Rosselló-Pòrcel (1913-1938). Muy poco después, el 18 de enero de 1935, aparece una nota en la cuarta página del periódico La Publicitat en que se presenta de nuevo esta colección, no vinculada a ninguna editorial y en la que, con Espriu a la cabeza, participan también Ignasi Agustí, Joan Teixidor (1913-1992), Bartomeu Rosselló-Pòrcel  y Tomàs Lamarca.

Joan Teixidor (1913-1992)

Joan Teixidor (1913-1992)

En Rosselló-Pòrcel. Vida y poesía, Mosquera reproduce el siguiente fragmento de una carta del poeta mallorquín fechada el 22 de julio de 1935, que sin duda es respuesta a una anterior de Espriu:

Y segundo, pasemos a LEDA. Todo lo que me cuentas me parece muy juicioso y lo apruebo in totum y por escrito, si es que hacía falta, porque ya sabes hasta qué punto estoy de tu parte. De mi propuesta, vista tu intención de publicar dos libros al año, y teniendo en cuenta nuestra lamentable situación administrativa, olvídalo. Se trataba de un proyecto para este mismo verano.

A falta de la carta previa de Espriu, Mosquera deduce con buen criterio que muy probablemente Espriu había puesto a disposición de Rosselló-Pòrcel la colección para que diera a conocer su nueva obra, pero no podrían publicarla hasta el año siguiente (1936), puesto que en ese momento, además de la novela breve del propio Espriu, acababa de salir también la pieza teatral de Agustí Benaventurats els lladres, y el sistema de financiación elegido no debía de dar para muchas alegrías.

Benaventurats els lladre, de Ignasi Agustí.

Benaventurats els lladre, de Ignasi Agustí.

En otra carta del mes siguiente (1 agosto de 1935), Rosselló-Pòrcel proporciona información adicional y se refiere a esa aparición de la obra de Agustí:

De LEDA, no se hable más. Eres el amo. Haz lo que quieras. ¡Ojo!, si hay dinero. Dime en qué situación estamos, porque quizá te haría una propuesta. De los otros qué podría decirte que no fuera repetirme. Tú mismo abrevias el capítulo, así que yo te sigo. Espero los lladres benaventurats.

Pero más interesante que esta alusión es el postscriptum a esta misma carta escrita desde Mallorca, que permite constatar la intención de Espriu de ampliar el sistema de distribución, o acaso buscar salida a libros impresos y no vendidos, mediante un sistema de goteo a librerías que estuvieran en disposición de quedarse en depósito ejemplares, contando quizá con que del transporte de los ejemplares se ocuparan los propios miembros del grupo, pues de otro modo no podía ser en ningún caso rentable: «De ledas no venderíamos muchos por aquí. Manda algunos a la Librería Escolar. Plaza Cort. Es la mejor y vende los Quaderns Literaris.»

Letizia en los míticos Quaderns Literaris de Janés.

Letizia, otra de las obras de Espriu, en los míticos Quaderns Literaris de Janés.

Este último pasaje permite aventurar que quizá en algún sentido uno de los modelos de este grupo de escritores metidos a editores fueran los Quaderns Literaris de Josep Janés i Olivé (1913-1959), que en realidad ni en presentación (mucho más modesta), ni en catálogo (mucho más abierto) ni en distribución (mucho más profesionalizada) se parecía en nada a LEDA, si bien muy pronto empezó a acoger tanto obra propia como traducciones de este grupo de escritores, hasta el punto que sabemos que el 21 de julio de 1934 Espriu ya había revisado pruebas de la reedición en los Quaderns janesianos de su obra Laia (cuya primera edición es del año anterior) y, a decir de la estudiosa de Espriu Rosa Delors, «Con Josep Janés, Espriu entra en la nómina de los escritores del momento».

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Josep Janés i Olivé.

Con estos breves pasajes del epistolario basta para ver hasta qué punto Espriu llevaba las riendas de este proyecto más o menos colectivo, que no tardó en fracasar estrepitosamente. Pese a lo esmerado de las ediciones, de las tiradas numeradas y firmadas impresas sobre papel especial, etcétera, lo más probable es que el sistema de suscripción no fuera sostenible, y que para los autores implicados publicar en LEDA fuera poco menos que autofinanciarse la edición, algo que no todos los implicados en esta aventura podían permitirse con la misma despreocupación con que sí podía hacerlo Espriu, cuyas primeras ediciones (Israel, El doctor Rip, Laia y Aspectes) corrieron a cargo de su padre, si bien en algunos casos se hizo cargo de la distribución la Llibreria Catalònia de Antoni López Llausàs. Rosselló-Pòrcel, por ejemplo, estaba viviendo en la Residencia de Estudiantes y cursando estudios en la Universitat de Barcelona gracias a una beca, y Agustí estaba también solo en Barcelona porque su familia, a raíz del descalabro del negocio paterno, se había trasladado a Madrid, así que en principio el sistema de las suscripciones podía parecer muy oportuno. El problema es que, siendo el público potencial el grupo de estudiantes y profesores amigos, pese a la difusión de la obra que pudieran llevar a cabo en las plataformas periodísticas a las que estaban vinculados algunos de estos posibles suscriptores (Guillermo Díaz-Plaja, Teixidor, Agustí, etc.), difícilmente el proyecto tenía posibilidades de crecer y establecerse como negocio. Por ello, es muy lógico que, cuando estos jóvenes escritores empezaron a entrar en tratos con editoriales bien dirigidas, abandonaran este proyecto. No deja de ser también significativo que los autores hayan postergado estas obras iniciales al olvido, e incluso en el caso de Espriu dejó constancia de los defectos en la edición de estas obras, muy resultonas como objetos pero con más errores de los aceptables en una edición profesional. Escribía en el volumen de sus obras completas acerca de El doctor Rip:

No sabía apenas nada del catalán gramatical. No lo había aprendido porque nadie, durante la dictadura de Primo de Rivera, nos lo había enseñado […] La venta, a tres pesetas el ejemplar –un precio no precisamente barato–, y la distribución en la Llibreria Catalònia, salió el año 1931 […] Además de tratarse de un error en esencia, está llena de descuidos, de errores de lenguaje, a pesar del anónimo corrector de pruebas, que no fue muy escrupuloso.

Ignacio Agustí (1913-1974).

Ignasi Agustí.

Por supuesto, no faltó quien se cebara en esos errores e incluso los especificara en el momento de escribir las primeras reseñas a este estreno de Espriu en el panorama de las letras catalanas.

A veces, echando la vista atrás en la historia editorial uno se encuentra con situaciones e iniciativas que resultan muy actuales. Sólo que ahora empleamos términos como «crowdfunding», «indy» y «autoedición» y así parecen más novedosas.

 

Fuentes:

Rosa M. Delors i Muns, Salvador Espriu. Els anys d´aprenentatge, 1929-1943, Barcelona, Edicions 62 (Estudis i Documents 47), 1993.

Salvador Espriu, Obres completes 3 (Narrativa 1), edición a cargo de Francesc Vallverdú, Barcelona, Edicions 62, 1986.

Roberto Mosquera, Rosselló-Pòrcel. Vida i poesía, Palma de Mallorca, Documenta Balear (Menjavents 111), 2013.

Tanto de la revista Mirador como del periódico La Publicitat publicados en los años treinta puede accederse a una edición digitalizada en ARCA.

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Firmar obra ajena para esquivar la censura franquista

Sobrecubierta de la antología de poesía catalana preparada por el poeta y editor Josep Pedreira y firmada por Fernando Gutiérrez, publicada por Josep (con P) Janés, Editor.

Sobrecubierta de la antología de poesía catalana preparada por el poeta y editor Josep Pedreira y firmada por Fernando Gutiérrez, publicada por Josep (con P) Janés, Editor.

Que La poesía catalana. Antologia històrica. Els contemporanis que publicó  Josep Janés en 1947 la había elaborado en realidad el editor Josep Pedreira (1917-2003) –pese a que la firmara Fernando Gutiérrez (1911-1985)– era cosa bastante sabida desde hace ya algunos años. Joan Samsó, por ejemplo, en su brillante estudio sobre La cultura catalana: entre la clandestinitat i la represa pública insiste en ello y lo menciona tanto en el primer volumen (p. 120) como en el segundo (p. 41), y ya antes, en otro libro muy útil sobre la materia (L´edició catalana i la censura franquista, 1939-1951), Maria Josepa Gallofré i Virgili había explicado que, ante la petición de una tirada de 2750 ejemplares de esta antología, a cien pesetas el volumen, el correspondiente informe de censura consideró que era una “obra de valor literario en el idioma original” y no encontró en ella “nada censurable”, por lo que en septiembre de 1947 se autorizó a Janés su publicación.

Premiado con el Carles Rahola de ensayo en 2011 y publicado por Proa como número 87 de la colección La Mirada ese mismo año.

Lo que probablemente era casi por completo desconocido es que en su momento Pedreira ni siquiera se cuestionara firmar el libro: “Yo ya me daba por pagado con mi trabajo y, además, me había incluido como uno de los [poetas antologados] novísimos” (la traducción es mía). Pedreira no era precisamente un “bienquisto del régimen”, mientras que Fernando Gutiérrez era poco sospechoso y había firmado algunas peticiones a censura para Janés. Aun así, la declaración de Pedreira resulta bastante asombrosa, pero es sólo una de las muchas sorpresas que contiene el excelente estudio que sobre la obra editorial de Pedreira publicó Mireia Sopena (Barcelona, 1975), quien entre otras cosas encomiables ha hecho un uso muy fructífero del impresionante fondo Pedreira (del que se ha hecho cargo la Universitat Autònoma de Barcelona), que contiene varios textos memorialísticos y autobiográfcos inéditos de enorme interés. Escribe Mireia Sopena que a Pedreira le disgustó que Janés “le confirmara que los poemas de tres simpatizantes del régimen (Ignasi Agustí, Sebastià Sánchez Juan y Joan Prats) tenían que aparecer en la antología”, a lo que se añadía el hecho de que firmara el libro Fernando Gutiérrez, sobrino del conocido escritor y falangista Luys Santa Marina. De ello se desprendería quizá que Pedreira sintió algún resquemor hacia Janés y Gutiérrez, pero no parece que así fuera.

Roja&Negra

Soldats catalans a la Roja i Negra (1936-1939), de Pedreira.

Recoge también este suculento libro sobre Pedreira el despectivo epíteto que en carta a Xavier Benguerel dedicó Joan Oliver a quien por entonces pensaba que realmente era el autor de la antología, “un esbirro de Janés”. Pedreira, en cambio, reconocía a Gutiérrez el mérito de, al concluir la guerra y mientras era lector de censura en la Jefatura de Propaganda y se ocupaba de evaluar los fondos antiguos, haberse opuesto “(y lo consiguió) a la pira que las autoridades que nos impusieron en los primeros años de la Victoria querían hacer con los fondos editoriales de la Fundació Bernat Metge”, célebre por sus esmeradísimas traducciones de los clásicos grecolatinos.

El episodio de la antología janesiana no sólo no enturbió las relaciones entre Pedreira y Gutiérrez, que siguieron siendo compañeros en la editorial de Janés, sino que, según registra también Mireia Sopena, por lo menos en dos ocasiones Gutiérrez tuvo una intervención decisiva ante las autoridades para que los ambiciosos proyectos editoriales de su compañero llegaran a buen puerto. Uno de los muchos problemas a que se enfrenta Pedreira cuando en 1949 crea la legendaria colección de poesía en catalán Els Llibres de l´Óssa Menor (proyecto en el que inicialmente debía participar también Janés) es sin duda la censura. Galderich dedicó una espléndida entrada en Piscoabis Librorum al delirante caso de Les Elegies de Bierville, de Carles Riba, a sus sucesivas ediciones y a los obstáculos censorios con que topó ese libro antes de que Pedreira lo publicara en 1951. Las intervenciones de Fernando Gutiérrez para ayudar a Pedreira se concretan en cambio ya en el primer título que programa, Les cançons d´Ariadna, de Salvador Espriu, con prólogo de Joan Perucho e ilustración de Francesc Espriu, que Fernando Gutiérrez avaló mediante una carta dirigida a Juan Beneyto (director general de Inspección de Libros) que Mireia Sopena reproduce íntegra antes de relatar también los avatares que pasó tanto el texto poético (objeto de un informe denegatorio de Miguel Piernavieja), como el prólogo (que mandó a censura el propio Fernando Gutiérrez meses más tarde).

Portada del libro con que Pedreira pudo, gracias a la colaboración de Fernando Gutiérrez, iniciar legalmente Els Llibres de l´Óssa Menor.

Pocos años más tarde, en 1953, la intervención de Fernando Gutiérrez evitó que Pedreira, que no nadaba precisamente en la abundancia, se viera en la necesidad de pagar una dura multa (6.000 ptas.) por haber publicado Cant espiritual, de Blai Bonet. Al margen del interés intrínseco de la casi heroica obra de Pedreira que este libro de Mireia Sopena pone de relieve, al sacar a la luz aspectos de las relaciones y la colaboración entre estos dos editores de ideologías tan radicalmente opuestas suscita además una cuestión bastante sugerente acerca de la convivencia en el mundo editorial barcelonés en los años cuarenta y cincuenta. Y no es este sin embargo el mayor valor de Josep Pedreira, un editor en terra de naufragis, que ofrece una espléndida y muy completa imagen tanto de la trayectoria de Els Llibres de l´Óssa Menor como de las circunstancias que rodearon cada uno de sus títulos.

Fuentes:

El vídeo del homenaje que se tributó a Josep Pedreira en el Ateneu Barcelonès el 10 de julio de 2012 (en catalán) puede verse completo aquí. Intervienen en él Joana y Ricard Pedreira Font (hijos de Josep Pedreira), Mireia Sopena, Josep Lluch y Alfred Sargatal, y le sigue una lectura de poesía a cargo de David Castillo, Manuel Forcano, Francesc Garriga, Susanna Rafart y Màrius Sampere.

Galderich, “La també rara segona edició de les Elegies de Bierville, de Carles Riba“, en Piscolabis Librorum (12 de julio de 2009).

Maria Josepa Gallofré i Virgili, L´edició catalana i la censura franquista (1939-1951), Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Biblioteca Abat Oliva, 99), 1991.

Joan Samsó, La cultura catalana: entre la clandestinitat i la represa pública, Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, dos vols. (Biblioteca Abat Oliva 141 y 147), 1994 y 1995.

Mireia Sopena, Josep Pedreira, un editor en terra de naufragis. Els Llibres de l´Óssa Menor (1949-1963), Barcelona, Proa (La Mirada 87), 2011.

Any Espriu (y los otros)

Curiosamente en el año 2013 se cumple el centenario de unos cuantos escritores barceloneses (de nacimiento o adopción) muy aficionados a los libros, con una acusada predilección por los libros bellos, bien acabados, pulcramente impresos y encuadernados con esmero, y todos ellos tuvieron una cierta de importancia como editores en diferentes momentos. Por orden de desaparición de escena: Bartomeu Rosselló-Pòrcel (1913-1938), Josep Janés i Olivé (1913-1959), Ignasi Agustí (1913-1974), Salvador Espriu (1913-1985) y Joan Teixidor (1913-1992).

Josep Janés i Olivé

Josep Janés i Olivé

El primero en convertirse en editor, lo que en buena medida acabó por truncar su prometedora carrera como poeta, fue Josep Janés i Olivé, quien a Ignasi Agustí ya lo había acogido en las páginas del periódico que creó en 1933, Avui. Diari de Catalunya, y a Joan Teixidor le había publicado el año anterior en las páginas de cultura del Diari Mercantil, del que antes de cumplir los veinte años ya era director.

Es la época en que Agustí publica por suscripción los veinte poemas que componen El veler en la Editorial Branca (1932), al cuidado de Espriu, quien a su vez publica la primera edición de Laia en la Catalònia (1932), o Rosselló-Pòrcel una primera edición no venal en papel hilo de cien ejemplares de 44 páginas numerados (impresos en la Altés, que poseía una vieja Marioni para imprimir en plano) de Nou poemes (1933), dos de cuyos sonetos (“Brollador” y “Ocell en corba”) ya habían sido publicados por Joaquim Xirau en una reducidísima edición (25 ejemplares) conmemorativa de una lectura pública. En él se incluye, como octavo poema, el dedicado “A Ignasi Agustí, quan va publicar El veler”.

Los clubs de poesía y las ediciones mediante suscripción empezaron a tomar un cierto impulso entre los jóvenes escritores catalanes. Y ese es por ejemplo el método del que se sirve al año siguiente Rosselló-Pòrcel para publicar Quadern de sonets (1934), un breve libro de 28 páginas que recoge doce sonetos y del que se hace una tirada de cien ejemplares.

Quadern de sonets (1934), de Rosselló-Pòrcel, antes de cambiar el modo de escribir su apellido.

Quadern de sonets (1934), de Rosselló-Pòrcel, antes de cambiar el modo de escribir su apellido.

Ese mismo año 1934 Josep Janés se convierte en Cataluña en la gran figura literaria del momento al ser galardonado con la Flor Natural en los Jocs Florals y publicar en la Catalònia una primera edición de Tu. Poemes d´adolescència, a la que seguiría casi de inmediato una segunda de 300 ejemplares numerados en su propia editorial, Quaderns Literaris, sobre papel Bernat Metge de Torras Domènech, con un prólogo del poeta Agustí Esclasans e ilustraciones al boj de Enric Cluselles. En los mismos Quaderns Literaris de Janés aparece la segunda edición de Laia, de Espriu, con grabados de Fermí Altimir, que incorpora por primera vez el subtítulo, más tarde cambiado, de “Retaule de siluetes d´arran la mar”, y al año siguiente en la misma colección janesiana le publica Ariadna al laberint grotesc. Caben pocas dudas acerca de que, junto con Sebastià Joan Arbó, por aquellos años Salvador Espriu era uno de los escritores jóvenes en quien Janés más confiaba para crear un catálogo de grandes escritores catalanes.

Por entonces es cuando Salvador Espriu lleva a cabo la que quizá sea su más importante aportación como editor, la creación en 1935 de la colección Les Edicions d´Ara, en cuyas portadas campean con muy buen gusto las iniciales Leda, y que se estrena con la novela de Espriu Miratge a Citerea, magníficamente ilustrada por Emili Grau Sala y de la que se hace una tirada de quinientos ejemplares más 25 numerados en papel de hilo Guarro. Acerca de esta edición no conozco mejor  análisis que el de Galderich en Piscolabis Librorum.

Benaventurats els lladres, de Ignasi Agustí.

Benaventurats els lladres, de Ignasi Agustí.

El segundo número de Leda está dedicado al poemario de Joan Teixidor Joc partit, del que se tiran 225 ejemplares, y el tercero y muy probablemente último a la obra teatral de Agustí Benaventurats els lladres, de la que se tiraron 500 ejemplares, y que el 27 de diciembre se estrenaría comercialmente en el Novedades. Ese mismo año también se había estrenado en la más alternativa Sala Studium la traducción de Rosselló-Pòrcel de Histoire du soldat, de Charles-Ferdinand Ramuz y con música de Stravinski, en la que Ignacio Agustí intervino como actor. En la misma Sala Studium la Asociación de Estudiantes de Arquitectura preparó el 5 de febrero de 1936 una gala benéfica en la que, junto a Spinoza i els gentils, de Martí de Riquer, se puso en escena La Coronela de Agustí.

Antes aún del inicio de la guerra civil, Josep Janés había creado una excelente revista literaria, La Rosa dels Vents, en la que firmó una reseña muy elogiosa de la obra de Martí de Riquer y en cuyo primer número (de abril) se publicaba el texto de Agustí “Santa Maria del Vallès” y en el segundo (de mayo) el ensayo de Joan Teixidor “La poesia de Guerau de Liost”. A este último le publica además Janés en los Quaderns Literaris, para celebrar la llegada a los cien números de esta colección, la Antología general de poesía catalana que había preparado junto con Martí de Riquer y Josep M. Miquel i Vergés.

Después de una breve estancia en Madrid en la que estuvo en contacto con el grupo de la revista Cruz y Raya y aprendió el oficio de tipógrafo, Rosselló-Pòrcel, al frente del servicio de publicaciones de la Residencia de Estudiants de l´Instiutut d´Acció Social Universitària i Escolar de Catalunya edita en 1937, además de Primer desenllaç, de Joan Vinyoli, y Versions de l´anglès, de Marià Manent, L´aventura frágil, de Joan Teixidor. Póstumamente, bajo este mismo sello aparecería en 1938 Imitació del foc, del propio Rosselló-Pòrcel. Y en julio de ese mismo año aparecía en Quaderns Literaris un nuevo título de Salvador Espriu, Letizia i altres proses, siendo estas prosas Fedra y Petites proses blanques, mientras que a Rosselló-Pòrcel le publica Janés su traducción del libro de André Gide Le Prométhée mal enchaîné, traducción que los Quaderns Crema de Jaume Vallcorba recuperaron en 1982.

Joan Teixidor

Joan Teixidor

En los años cuarenta, Agustí y Teixidor al frente de Destino y Janés encabezando diversas iniciativas, estaban destinados a dejar una huella indeleble en la historia editorial española. En la inmediata posguerra, Janés es el primero en reemprender su labor como editor, inicialmente en compañía de Félix Ros, y no tarda en sumársele Joan Teixidor, quien en 1942 funda con José Vergés la editorial Destino, donde tendrá que vérselas nada menos que con las Obras completas de José Pla. Dos años más tarde, la novela de Ignacio Agustí Los Surcos (1944) será uno de los primeros intentos –no muy exitoso– de Janés por dar a conocer nuevas voces literarias. La publicación de esta novela coincide con la iniciativa que le ha valido también a Ignacio Agustí un puesto importante en esa misma historia editorial, la creación del Premio Nadal, en el seno de Destino, en la que le acompañó como miembro del primer jurado Joan Teixidor.

El año 1913, pues, hubo pues una buena cosecha de editores, y aparte de las relaciones editoriales señaladas, no sería difícil rastrear otras. Josep Palau i Fabre, por ejemplo, ha contado en sus memorias que, entre finales de 1935 y prinicipios de 1936, después de coincidir con algunos de ellos en una conferencia de Carles Riba sobre Goethe, conoció al grupo que formaban Ignasi Agustí, Tomàs Lamarca, Martí de Riquer, Salvador Espriu, Joan Teixidó y Josep Maria Boix i Selva. El motivo fue el entierro del padre de Josep Janés.

Fuentes

 Ignacio Agustí, Ganas de hablar, Barcelona, Planeta (Espejo de España 3), 1974.

Antoni Batista, Salvador Espriu: Itinerari personal, Barcelona, Empúries (Tros de paper 8), 1985.

Rosa M. Delor i Muns, La mort com a intercanvi simbòlic. Bartomeu Rosselló-Pòrcel i Salvador Espriu. Diàleg intertextual (1934-1984), Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Biblioteca Serra d´Or), 1993.

Galderich, “Miratge a Citerea, una delicada obra de Salvador Espriu i Grau Sala”, entrada del 22 de febrero de 2010 en el blog & picolabis librorum.

Jacqueline Hurtley, Josep Janés. El combat per la cultura, Barcelona, Curial (Biblioteca de Cultura Catalana 60), 1986.

Roberto Mosquera, L´àngel adolescent. Vida i poesia de Bartomeu Rosselló-Pòrcel, Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Biblioteca Miquel dels Sants Oliver 30), 2008.

Josep Palau i Fabre, Obra literaria completa II, Assaigs, articles i memòries, Barcelona, Galaxia Gutenberg-Cercle de Lectors, 2005.