Adriana Hidalgo, la última editora del siglo XX

Pedro García, fundador de El Ateneo.

Según ella misma ha contado, la editora argentina Adriana Hidalgo no llegó a conocer al impulsor de lo que llegaría a ser el enorme e influyente entramado editorial y librero El Ateneo, Pedro García Fernández, pues este murió antes de que su hija, Delia García Rueda, se casara. En cuanto al padre de Adriana Hidalgo, el diplomático militante de la UCR (Unión Cívica Radical) Héctor Hidalgo Solá, lo secuestraron el 18 de julio de 1977, durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (esto es, la considerada como «la dictadura más sangrienta de la historia argentina») mientras era embajador en Venezuela; al parecer, había viajado a Buenos Aires para, entre otras cosas, asistir a la boda de su hija Adriana.

El punto de inflexión en la carrera de esta editora se produce a finales de los años noventa, cuando la entonces ya prestigiosa editorial y librería El Ateneo donde trabajaba fue adquirida por el Grupo Ilhsa (que había pasado del negocio petrolero a introducirse en el del libro mediante la compra de la cadena de librerías Yenny). Según ella misma explicó: «Mientras se hacía la venta, me dije: “Algo tengo que hacer. A mí me gusta mucho este trabajo. Voy a empezar otra vez”.». El dinero obtenido con la venta, por otra parte, le proporcionaba además el capital inicial para poder hacer realidad ese proyecto.

Adriana Hidalgo.

Para ello se asoció con el crítico de arte Fabián Lebenglik, que desde 1989 era el jefe de la sección de artes visuales del periódico bonaerense Página/12 y ese mismo año incluye en Kuitca (Julia Lublin Ediciones) el ensayo El joven Kuitca (premiado por la Asociación Argentina de Críticos de Arte).

Así, en agosto de 1999 aparecen ya los cuatro primeros libros de Adriana Hidalgo Editora, y, en palabras de José Luis de Diego, a partir de ahí «consolidó un catálogo a partir de reediciones de grandes autores olvidados, como Guimarâes Rosa y Clarice Lispector, ensayos poco conocidos de Harold Bloom y George Steiner, y cuidadas ediciones de poesía argentina». Ya en el año 2000 era premiada por la CAPLA (Cámara Argentina de Papelerías, Librerías y Afines) como Editor del Año.

También casi desde el primer momento se sumó a la tendencia a unir esfuerzos tan característico de las pequeñas editoriales estéticamente ambiciosas, en particular con el propósito de exportar sus libros, y en la presentación pública de Edit.ar, creada con el apoyo de la Fundación ExportAr y la Fundación BankBoston, su nombre figuraba al lado de los de Julio Acosta (de Ameghino Editora), Juan Carlos Ugerman (Ugerman Editor), Graciela Rosenberg (Lugar Editorial), José Néstor Pérez (Homo Sapiens), Héctor Dinsmann (Editorial Biblos), Carlos Samonta (Galerna Editorial), Rodolfo Hamawi (de Grupo Editorial Altamira) y Manuel Traba (Latinoamericana Editora) cuando en 2001 se presentó la asociación, una de cuyas primeras iniciativas visibles fue la edición de un catálogo colectivo. Del mismo modo, se unió también a Los Siete Logos (con Eterna Cadencia, Beatriz Viuterbo, Mar Dulce, Entropía, Caja Negra y Katz Editores) para trabajar conjuntamente en la visualización de sus propuestas editoriales en ferias y otras iniciativas similares, tanto nacionales como internacionales.

Tras un arranque en 1999 en el que alternaban La mano del teñidor y El mundo de Shakespeare, de W.H Auden (1907-1973), con Ochenta poemas y canciones, de Bertolt Brecht (1898-1956) y el Marat-Sade, de Peter Weiss (1916-1982), y Cuentos claros, Los suicidas y El silenciero, de Antonio Di Benedetto (1922-1986), con El mundo de Mahler, de Norman Lebrecht (n. 1948) y El mundo de Ravel, de Roger Nichols (n. 1939), el aterrizaje de la editorial en España se produjo en 2002 con La asesina de Lady Di, la novela del debutante Alejandro López (n. 1968). Sin embargo, encomendar la distribución en la Península a Melisa (Mensajerías del Libro, S. A.), una empresa estrechamente vinculada a Edhasa y que ya por entonces daba muestra de profundas deficiencias de gestión, no tardó en demostrarse un error morrocotudo.

Al año siguiente, sin embargo, publica la primera traducción al español, de Pablo Giameti, de la novela de un autor tan marcadamente anagramático como Jack Kerouac (1922-1969) Big Sur, lo que para el lector español era un dato muy orientativo, y que si bien en un principio se vendió muy modesta y lentamente, el estreno de la película homónima de Michael Polish en 2013 dio un espaldarazo a este libro de culto cuya inercia parece no haberse agotado todavía. Adriana Hidalgo, conocedora de la resistencia de los lectores argentinos a las traducciones españolas –resistencia de la que la propia Anagrama, y en particular de las traducciones en las que abunda el argot como es el caso de las de la beat generation, ha sido víctima–, puso desde el primer momento especial énfasis en la búsqueda de un registro lingüístico que pudiera ser aceptado sin irritación tanto por el lector argentino como por el chileno, el mexicano o el español; empresa nada fácil.

Esa misma constancia y resistencia a la descatalogación acelerada que propició las constantes reediciones de Big Sur reportó también recompensa en el caso del primer volumen de crónicas inéditas de Clarice Lispector (Descubrimientos, traducción de Claudia Solans, 2004), por ejemplo, o con las ya mencionadas obras de Di Benedetto, una de las grandes apuestas de la casa y autor acerca del cual explicó Hidalgo: «al principio se vendía poco, y luego salió de ese lugar de “escritor de escritores” y pasó al gran púbico».

En 2007 apareció otro libro decisivo para la editorial, y además lo hizo en el momento idóneo, la traducción de Juana Bignozzi de  El africano, de J.M. G. Le Clézzio (n. 1940), gracias a la mediación de uno de los agentes fundacionales de International Editors, Nicolás Costa. Así lo contaba la propia Adriana Hidalgo:

Le Clézio publicaba en Tusquets, habían publicado todas sus obras hasta un cierto momento, pero él escribe muchísmo. Entonces Nicolás Costa, de International Editors, nos propuso El africano, de Le Clézio. Lo leímos y decidimos hacerlo. La Alliance Française lo trajo a Buenos Aires, ese mismo año lo volvimos a publicar y en octubre, en [la Feria del Libro de] Frankfurt, nos enteramos de que había recibido el Nobel. ¡No lo podíamos creer! Era una pegada única, era el único libro que estaba recién impreso.

Nos es sorprendente, pues, que a partir de la segunda década del siglo XXI empezara a ser objeto de reconocimiento por parte del sector: En 2012 obtuvo el Reconocimiento al Mérito Editorial de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, dos años después recibía el Premio de la Fundación Konex a la Labor Editorial de la Década, así como el reconocimiento a la trayectoria ortorgado por la Legislatura Porteña.

Por el camino, en el proceso de diversificación y creación de nuevas colecciones, en 2009 (al cumplir la editorial diez años) había creado un sello destinado a la literatura infantil ilustrada, Pípala, con Clara Huffman (hija de Adriana Hidalgo) como directora editorial, que a diferencia de la casa madre empezó imprimiendo sus libros en China y que en 2015 fue destacada en la sección Nuevos Horizontes en la prestigiosa Feria del Libro de Bolonia por el libro del debutante Mariano Díaz Prieto Mondo Babosa.

En el enorme y activo pelotón de editoriales no vinculadas a grandes grupos surgidas en el cambio de siglo (de ahí el epíteto de «última editora del siglo XX» que se le ha dado a menudo), Adriana Hidalgo se cuenta sin duda entre las que un mayor crecimiento y una mayor expansión internacional experimentaron desde el primer momento, como pone de manifiesto, por ejemplo, la apertura de sede en España y su presencia en librerías; acaso el síntoma de una tendencia que no se producía desde los tiempos en que se asentó en la Península el Fondo de Cultura Económica.

Fuentes:

Catálogo de Adriana Hidalgo 2018.

Anónimo, «Adriana Hidalgo: “Editar libros es un modo de expresión, es transmitir algo que nos haga mejores”» (entrevista) Revista Ñ. Clarín, 27 de noviembre de 2011.

Lydiette Carrión, «Adriana Hidalgo: Adicción a la edición», Replicante, 11 de mayo de 2010.

José Luis de Diego, «Editores, políticas editoriales y otros dilemas metodológicos», en Los autores no escriben libros. Nuevos aportes a la historia de la edición, Buenos Aires, Ampersand, 2019.

Mariela González Rosso,«La editorial argentina Adriana Hidalgo llega a España», El País, 2 de noviembre de 2002.

Laura Ventura, «Adriana Hidalgo y el espíritu de los primeros editores argentinos», El Estado Mental, núm. 15 (febrero de 2016).

Patricio Zunini, «El verdaderamente importante es el autor» (entrevista), Blog de Eterna Cadencia, 24 de noviembre de 2015.

Antecedentes de la editorial Adriana Hidalgo: el riojano Pedro García y El Ateneo

El eminente historiador de la edición José Luis de Diego describe con particular acierto la transición que supuso la compra en 1998 de la librería y editorial argentina El Ateneo por parte de la petrolera Ilhsa hasta la posterior conformación y consolidación del catálogo de la editorial Adriana Hidalgo como un reciclaje de capital simbólico.

Pedro García Fernández.

Para entonces, El Ateneo tenía una ya más que longeva historia. Su fundador, Pedro García Fernández (1884-1948), había nacido en Anguiano (La Rioja) en el seno de una familia numerosa cuyo hijo mayor, Martín (maestro de profesión), había emigrado en el cambio de siglo y había abierto una librería en La Plata.

Diez años más tarde emigraron también sus hermanos Francisco, Manuel y Pedro y, después de trabajar unos meses con Martín, por entonces embajador español en Argentina, Pedro García abrió en 1913 la librería El Ateneo, originalmente en el número 651 de la calle Victoria (luego rebautizada como Hipólito Yrigoyen) y caracterizada como «Librería Científica y Literaria» y «Casa Editora». El rápido éxito de esta iniciativa hizo que ya en 1917 se trasladara a la muy cosmopolita y transitada calle Florida (inicialmente al número 371 y más adelante al 340), y que se convirtiera en punto de referencia. Los viajes que llevó a cabo el muy activo Pedro García contribuyeron a acrecentar su prestigio tanto entre sus nuevos compatriotas como entre las principales editoriales francesas y españolas.

Lo cierto es que la fundación de El Ateneo coincidía con un momento pujante del mercado librero argentino en las primeras décadas del siglo XX, en el que la presencia de españoles emigrados era bastante notable: en 1914 el madrileño Tomás Pardo había abierto la Librería General y el gallego Julio Sánchez la Cervantes, dos años después el también madrileño Calixto Perlado puso en funcionamiento su librería, coincidiendo con la apertura también de la Librería de los Estudiantes, del asimismo español Francisco García López, y en 1918 el compostelano Jaime Moreira abre las puertas de la Librería Argentina. Por el camino, además, el hijo del periodista y crítico literario mallorquín Joan Torrendell i Escalas (1869-1937), Joan Carles Torrendell, había puesto en marcha en 1916 la editorial Tor.

En el ámbito propiamente editorial, son los años en que se ponen en marcha editoriales más o menos efímeras, como La Cultura Argentina (1915), de José Ingenieros; la Biblioteca Argentina (1915), de Ricardo Rojas; las Ediciones Mínimas (1915), de Leopoldo Durán, las Ediciones Selectas América (1919), de los hermanos Glusberg (Samuel y Leandro) y poco después el emigrante español Antonio Zamora creará la Cooperativa Editorial Claridad (1922).

En uno de sus viajes a la Península, Pedro García se casó con Francisca Rueda (nacida en Argentina pero residente desde niña en España), lo que en buena medida explica que, entre los muchos familiares a los que integró en su pujante negocio, se encontrara un joven destinado a convertirse en otro de los grandes editores en Argentina, Santiago Rueda (1905-1968), que después de casi veinte años en El Ateneo y alcanzar el puesto de encargado de la sección de literatura fundó la editorial con su nombre muy cerca de la librería. Otro fichaje trascendente fue el del pontevedrés Francisco Gil Cota, que entró en 1931 (a los dieciséis años) como recadero y, con el tiempo, no sólo se convertiría en «el librero favorito de Borges», sino que llegaría a ser Librero Mayor de Buenos Aires y fundador de la Feria del Libro de la capital argentina.

Una de las curiosidades del catálogo de El Ateneo de la primera mitad del siglo XX es el libro pionero (¿fundacional?) del longevo bibliófilo Domingo Buonocore (1899-1991) Libreros, editores e impresores de Buenos Aires (1944). Sin embargo, al principio el crédito de El Ateneo se basó sobre todo en el libro científico (Biblioteca de Semiología, Biblioteca de Terapéutica Clínica, Biblioteca de Patología Médica, etc.) y en particular de obras vinculadas a las ciencias de la salud. Acaso como consecuencia del republicanismo socialista de Pedro García, el higienismo fue uno de sus principales puntos de interés, campo en el que contó con el asesoramiento de los eminentes Bernardo Houssay (1887-1971), premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1947, y Luis Federico Leloir (1906-1987), premio Nobel de Química en 1970.

Uno de los primeros libros de El Ateneo, Organización de la Confederación Argentina (1913), de Juan Bautista Alberdi (1810-1884).

Entre los autores en lengua española a los que publicó El Ateneo destacan por ejemplo el psiquiatra exiliado Emilio Mira y López (1896-1964), que durante la guerra civil española había dirigido el Institut d’Adaptació Professional de la Dona de la Generailtat de Catalunya y desde 1938 había asumido la jefatura de los Servicios Psiquiátricos del Gobierno Español. Ya en 1940 publicó en El Ateneo Problemas psicológicos actuales, al que seguirían en rápida sucesión Psicología evolutiva del niño y del adolescente (1941), Manual de Psicología jurídica (1942, publicado originalmente en 1932 por Salvat), Manual de Psiquiatría (1943, reedición del publicado por Salvat en 1935), Cuatro gigantes del alma (1947), Psiquiatría básica (1948), Compendio de Psiquiatría (1948), Factores psicológicos de la productividad (1961), Psicología de la vida moderna (1963)…

Tras la muerte de Pedro García la madrugada del 29 de noviembre de 1948, sus hijos Pedro y Eustasio garantizaron la continuidad e incluso el crecimiento de la empresa (cuyo catálogo se había enriquecido con literatura tanto traducida como en español), y en los años sesenta alcanzó fama como centro aglutinador de la intelectualidad bonaerense, con el ya mencionado Gil Cota como protagonista principal, y sus tertulias y «peñas de escritores», en las que eran habituales Victoria Ocampo (1890-1979), el polifacético Conrado Nalé Roxlo (1898-1971), Jorge Luis Borges (1899-1986), el bibliotecario y escritor Leopoldo Marechal (1900-1970), Eduardo Mallea (1903-1982), el pintor y muralista Antonio Berni (1905-1981), el artista hispanoargentino Luis Seoane (1910- 1979), Manuel Mujica Lainez (1911-1984), la poeta Olga Orozco (1920-1999), el dramaturgo Carlos Gorostiza (1920-2016), el actor barcelonés Alberto Closas (1921-1994), la actriz Analia Gadé (1931-2019)…

En estas tertulias y encuentros se ha identificado el germen de lo que sería a partir de septiembre de 1969 la Primavera de las Letras, caracterizada por la firma de ejemplares por parte de los más destacados escritores bonaerenses, que a su vez está en el origen de lo que acabaría por desembocar en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

En el ámbito más puramente editorial, los años sesenta culminan en El Ateneo con la aparición en 1967 de una de los más ambiciosos proyectos de la casa, la Enciclopedia El Ateneo, en un momento en que tanto la editorial como la librería no dejaban de crecer y diversificarse (con sedes en diversas ciudades argentinas y capitales sudamericanas, así como en México, Barcelona, Houston…).

Fuentes:

José Luis de Diego, «Semblanza de Santiago Rueda (1905-1968)», en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIXXXI) – EDI-RED, 2018.

José Luis de Diego, «Editores, políticas editoriales y otros dilemas metodológicos», en Los autores no escriben libros. Nuevos aportes a la historia de la edición, Buenos Aires, Ampersand, 2019, pp. 13-32.

Eustasio García, El Ateneo, vida y obra de Pedro García, Buenos Aires, Editorial Dunken, 2004.

Hugo Klappenbach, «Dos aspectos de la influencia española en la psicología argentina. Autores y editores», Revista de Historia de la Psicología, vol. 28, núm. 4 (2007), pp. 35-48

Antonio Lago Carballo y Nicanor Gómez Villegas, eds., Un viaje de ida y vuelta. La edición española e iberoamericana (1936-1975), Madrid, Siruela (El Ojo del Tiempo 9), 2006