El agente literario más afortunado, Christopher Little y Joanne Rowling

¿A cuántas editoriales es razonable mandar un manuscrito y ver cómo lo rechazan antes de abandonar el empeño? En el ámbito de la música es bastante conocido el caso de Joan Jett, quien después de disolverse el grupo The Runaways y de grabar un primer disco en solitario que en 1980 la discográfica Ariola comercializó en Europa, no consiguió que ninguna de las veintitrés —¡¡veintitrés!!— compañías estadounidenses a las que lo mandó lo contratara. Eso la llevó a crear, con su colaborador el compositor y productor Kenny Laguna, Blackheart Records y con el tiempo publicar uno de los singles más famosos de todos los tiempos, I love rock n roll. Es probable que más de un escritor autopublicado haya encontrando inspiración en esa anécdota de peculiar tesón y confianza en el trabajo propio.

Kenny Laguna y Joan Jett.

No menos conocido es —aunque es evidente que sólo los afanes de quienes finalmente logran éxito trascienden— el caso de la escritora británica Joanne Rowling, que en 1996 vio su novela rechazada por hasta doce editoriales distintas, una cifra que tampoco está nada mal. En realidad, no fue ella personalmente quien mandaba el original. Una vez terminado, lo remitió a una primera agencia literaria que rechazó la oportunidad de representarla, pero luego mandó una carta de presentación y los tres capítulos iniciales a la modesta agencia de Fulham Christopher Litle Litterary Agents, donde a Bryony Evans le hicieron gracia y los dio a leer a un colaborador free lance, Fleur Howle, quien estuvo de acuerdo en que valía la pena representar a la autora de Harry Potter and the Philosopher’s Stone. Cuatro días después, solicitaban a la autora que les remitiera el original completo, un texto de unas doscientas páginas, y empezaron a moverlo entre las principales editoriales británicas.

Sin embargo, la agencia, como era habitual por aquel entonces, pasaba por un momento económico bastante dramático, como reflejaba bien una sede que los clientes han descrito como dickensiana, y así contaba Evans las consecuencias de ello:

Cuando tuvimos el manuscrito final del primer libro de Harry Potter, Chris [Christopher Little] me dijo que podía enviarlo, pero sin gastar mucho en ello, así que sólo pude hacer un par de copias, en lugar de hacer una presentación con diez copias; al final creo que envié tres, porque en una de las editoriales quien debía leerlo estaba enferma y tuve que hacer una copia adicional.

Christopher Little.

Esta agencia también tenía por entonces una historia peculiar digna de ser contada. El inglés Christopher Little tenía a sus espaldas dos décadas dedicadas a la industria textil en Hong Kong, donde se había establecido en 1958, cuando ya de regreso a su país natal en 1979 decidió montar, más bien a modo de hobby, una minúscula agencia literaria cuyo único objetivo era gestionar la publicación de un libro de su buen amigo Philip Nicholson. Se trataba de Man on Fire, que firmó como A. J. Quinell, publicó en 1981 William Morrow and Company (por entonces aún propiedad de Scott Foresman) y se convirtió en un extraordinario best seller de larga vida (más de 7,5 millones de copias vendidas), sobre todo cuando años más tarde la adaptaron al cine Élie Chouraqui (con Scott Glenn y Joe Pesci en el reparto) y posteriormente Tony Scott (con Denzel Washington, Dakota Fanning, Mickey Rourke…). Eso animó a Nicolson a crear toda una serie (The Perfect Kill, 1992; The Blue Ring, 1993, Black Horn, 1994; Message from Hell, 1996…).

Philip Nicolson, más conocido como A. J. Quinell.

Diez años más tarde, Christopher Little, centrándose sobre todo en géneros de ficción, pero sin desdeñar la autobiografía (representó al general sir Mike Jackson, por ejemplo) y el ensayo, tenía ya dieciocho clientes y vendió su otra empresa (una consultoría dedicada a la caza de talentos llamada City Boys) para centrarse en su apasionante aunque maltrecho negocio, al que incorporaría con el tiempo a autores como el irlandés Darren Shan o la exitosa ensayista Janet Gleeson y su El Arcano, por ejemplo.

Finalmente, la llegada de Rowling, de quien Little fue agente personal hasta 2011, acabaría por cambiarlo todo —añádase que tras abandonar a Little Rowling fichó por la agencia que acababa de crear Neil Blair, exempleado de Little: The Blair Partnership; Litle se asoció entonces con la megagencia Curtis Brown—. Así juzgaba en 2007 el trabajo de Christopher Little Ed Victor (1939-2017),  editor en Osborne Press y posteriormente en Weidenfield & Nicolson, donde fue editor de Saul Below y Nabokov, antes de establecerse como agente de Stephen Shephard, Eric Clapton y John Banville, entre otros:

 Fue el agente más afortunado de todos: cuando te cae entre manos algo así [Harry Potter], se trata de suerte, pero él [Christopher Little] lo aprovechó al máximo. Ha dirigido la marca de un modo admirable. Tuvo que crear una organización para defender, potenciar y promover los derechos de autor y lo hizo todo con mucho gusto. Es un tipo afable, de trato encantador, pero granítico por dentro.

De izquierda a derecha, la actriz Jill Bennett, Ed Victor y la por entonces ensayista Jilly Cooper.

Se ha contado en muchas ocasiones cómo el primer Harry Potter acabó en la editorial Bloombsbury de Nigel Newton (con experiencia previa en Macmillan y Sidgwick and Jackson) y David Reynolds (editor de las revistas Oz, Humanist y Freethincker), quienes se habían rodeado de las brillantes mentes de la reputada Liz Calder (editora en Victor Gollancz de Salman Rushdie, Angela Carter y John Irving, entre otros) y Alan Wherry (director de ventas en Penguin), porque Harper Collins tardó más de lo razonable en dar una respuesta a la agencia acerca del Harry Potter. A los editores de Bloomsblry, que pagaron 2.500 libras por la obra, suele atribuirse la sugerencia de firmar con un nombre en el que no estuviera implícito si el autor era hombre o mujer, pero ese fue en realidad el inicio de otra larga historia.

La conocida página 53 que, por la errónea repetición de «1 wand», es uno de los datos que permite identificar la primera edición de Harry Potter and the Philosopher’s Stone (uno de los quinientos ejemplares en tapa dura, de los cuales solo unos doscientos se comercializaron en librerías, pues el resto están en bibliotecas, puede cotizarse en decenas de miles de libras esterlinas si está en buen estado) .

Fuentes:

Web de Christopher Little Literary Agency.

Chris Hastings y Susan Biset, «Literary agent made £ 15 m because J.K. Rowling liked his name», The Telegraph, 15 de junio de 2003.

Stephen McGinty, «The J.K. Rowling Story», The Scotsman, 16 de junio de 2003.

Richard C. Morais, «Bloombury blooms», Forbes, 27 de junio de 1997.

Nigel Reynolds, «Bloomsbury, the publisher with a magic touch», The Telegraph, 24 de junio de 2000.

Rob Sharp, «Harry Potter and the furious feud: Rowling vanishes her literary agent», Independent, 4 de junio de 2011.

David Smith, «Harry Potter and the man who conjured up Rowling’s millions», The Observer, 15 de julio de 2007.

Charlotte Williams, «Rowling leaves Christopher Little Agency», The Bookseller, 30 de junio de 2011.