José Donoso y el sector editorial chileno de su tiempo

Pienso con remordimiento en cuántos quedaron afuera [del libro Los nuestros] por ignorancia o por prejuicios del momento, o simplemente por limitaciones de espacio. Paco Porrúa, el editor, decía que las omisiones eran tan escandalosas que el libro tendría éxito.

Luis Harss, «Nota a la nueva edición» de Los nuestros, 2012
De izquierda a derecha: García Márquez, Sarduy, Vargas Llosa, Balcells, Donoso y Ricardo Muñoz Suay en 1974.

La importancia del trabajo de Carmen Balcells (1930-2015) en la difusión internacional de la obra de García Márquez (1927-2014) o Vargas Llosa (n. 1936) es difícilmente discutible, pero en ocasiones parece haberse magnificado la trascendencia de Barcelona como capital y de Seix Barral como editorial en la gestación de lo que llamamos «boom latinoamericano», como si de repente hubieran salido una serie de conejos de la chistera de Balcells, y que además todo empezara de pronto con La ciudad y los perros (1962) y Rayuela (1963) y llegara a su punto culminante con Cien años de soledad (1967). En este fenómeno, más sociológico y económico que estrictamente literario, mal delimitado y de nómina fluctuante, ha ocupado siempre un lugar problemático José Donoso (1924-1996) ‒es estruendoso el silencio sobre él en el seminal Los nuestros, de Luis Harss‒, cuya inclusión convierte a veces el póker García Márquez-Vargas Llosa-Cortázar-Fuentes en un repóker ‒de ahí que se le haya llamado también «el quinto beatle»‒, pero a quien inicialmente se encuadró, con su aprobación o incluso su entusiasta participación directa, en la promoción renovadora que se conoció como generación del 50.

José Donoso.

Hay que remontarse a principios de 1950 para hallar los que se tienen por los primeros textos publicados por Donoso, coincidiendo además cronológicamente con el inicio de sus diarios personales: el cuento «The Blue Woman», publicado en el segundo número de la revista de Princeton MSS (noviembre de 1950), al que seguiría en la misma revista «The poisoned pastries» (mayo de 1951).

No obstante eso, pasarían varios años antes de que arrancara la carrera literaria de Donoso, cuando participó en una iniciativa de Enrique Lafourcade (1927-2019) destinada a poner en primer plano a una nueva hornada de narradores chilenos, la mayoría de ellos inéditos, que se concretaría en 1954 con la publicación en la poderosa editorial Zig Zag de la polémica Antología del nuevo cuento chileno, que incluye el relato de Donoso «China», además de cuentos de Enrique Lihn (1929-1988), de la actriz María Elena Gertner (1926-2013) y de Guillermo Blanco (1926-2010), entre otros.

Lafourcade, que se ocupó de la selección, el prólogo y las notas biográficas que presentaban a cada autor, justificaba la iniciativa y la resultante antología del siguiente modo:

Diversas circunstancias permiten hablar de una nueva generación de escritores. El hecho de que sean todos, o en su mayor parte, inéditos. El de que ninguno sobrepase los treinta años. y el de que gran número se conozcan, vivan en un medio cultural univoco, estén en contacto y beligerancia permanentes. Los escritores que integran esta Antología cumplen todos con las condiciones antedichas.

En el quinto escalón, de izquierda a derecha: Nicanor Parra, José Donoso, Jorge Teillier, Enrique Lafourcade, Pablo Huneeus, Virginia Cox y Carlos Iturra; en el cuarto escalón: Enrique Campos Menéndez; en el segundo escalón, y también de izquierda a derecha: Enrique Gómez-Correa, Francisco Coloane, José Luis Rosasco y Roque Esteban Scarpa.

A Donoso lo encuadraba estéticamente además ya solo a partir de ese cuento en el mismo grupo que a Jorge Edwards con los siguientes argumentos:

actitud puramente sensible, próxima al poema en prosa, pródiga en descubrimientos formales, metafóricos. con un lirismo fresco y diáfano. Obras como las de Jorge Edwards, Félix Emerich, Gloria Montalvo, Margarita Aguirre, Luis Alberto Heiremans, Yolanda Gutiérrez, José Donoso, Pilar Larraín, Fernando Balmaceda, tienden, más bien, a una comunicación de orden poético, en donde el relato va acompañado de una carga metafórica, alusiva, más pura y de mayor lirismo que el grupo antes nombrado..

Y más concretamente sobre «China» y el momento en que se encontraba su autor explicaba:

El cuento que aquí antologamos es un relato simple, lleno de ternura, con una prosa liviana y directa, Nos muestra el cambio profundo que existe entre la infancia y las otras edades del hombre. Su estructura es clásica, con un desenlace violento y, a la vez, imperceptible. José Donoso tiene en preparación un volumen de cuentos titulado «Coronación», que publicará próximamente.

Es también interesante otra observación de carácter general sobre las coincidencias temáticas de los cuentos reunidos, que han servido también para agrupar o señalar afinidades entre escritores y escritoras de Chile más actuales:

Llama la atención la preferencia que se muestra por situar el argumento en torno al mundo infantil. Es lo que sucede con los cuentos de Margarita Aguirre, de Fernando Balmaceda, de José Donoso, de Mario Espinosa, de María Elena Gertner y otros, en los cuales el tema de la infancia ocupa el centro del relato o se refiere tangencialmente a él.

Enrique Lafourcade

Retrospectivamente, Donoso reivindicó la importancia y la utilidad de esa antología de Lafourcade, que generó un intenso debate y una agria polémica; por ejemplo, en el artículo «Jornadas para la Nueva Generación», publicado en la revista Ercilla el 26 de diciembre de 1962, escribe:

Por mucho que se haya vapuleado a la Antología del Nuevo Cuento Chileno, de Enrique Lafourcade, nadie puede negar que tuvo el mérito de que a través de ella se reveló una generación o promoción literaria, la del 50, que aunque se considere discutible en cuanto a méritos, ha ocupado últimamente un lugar sobresaliente en el quehacer literario chileno.

La polémica generada en su momento por la selección de Lafourcade hizo que el nombre de Donoso empezara a mencionarse con cierta insistencia en algunos círculos, y para aprovechar la inercia intentó publicar una compilación con los cuentos «Veraneo», «Tocayos», «El Güero», «Una señora», «Fiesta en grande», «Dos cartas» y «Diamanquero» con el título Veraneo y otros cuentos, pero Zig Zag se la rechazó, y luego sucedió lo mismo con Nascimento y Pacífico, así que apareció con el sello de la Editorial Universitaria, en 1955, con ilustración de cubierta de Carmen Silva. Esta edición, de mil ejemplares, se financió mediante el socorrido método del crowdfunding (cuando aún no se llamaba ni siquiera micromecenazgo). Se da la circunstancia curiosa de que el primero que se ocupó de reseñar este libro, en la revista Ercilla, fue el exiliado español Darío Carmona de la Puente (1911-1976), que había estado al frente de la Librería del Pacífico (en la calle Ahumada  57) y que añadido a la atención elogiosa que le dedicó Alone (Hernán Díaz Arrieta, 1891-1984) en las páginas de El Mercurio propició que la edición se agotara, pese a la tosca distribución que tuvo. El espaldarazo que supuso que Veraneo y otros cuentos fuese galardonado con el Premio Municipal de Santiago parecía definitivo, pero el mayor problema del sector editorial chileno para las aspiraciones de Donoso sería su dificultad para trascender fronteras.

Al año siguiente aparece una edición ilustrada por Nemésio Antúnez (1918-1992) de Dos cuentos («El hombrecito» y «Ana María») para la que se inventan el sello Guardia Vieja, y cuyo colofón reza del siguiente modo:

Este libro se terminó de imprimir en Santiago de Chile, el 19 de diciembre de 1956 en los talleres de la Editorial Del Pacífico. La edición consta de 500 ejemplares numerados del 1 al 500 con tres grabados a buril de Nemésio Antúnez. Estos han sido impresos a mano por Antúnez y Donoso en la prensa del Taller 99 con la colaboración de miembros de este taller.

De nuevo es Nemésio Antúnez quien diseña la cubierta del siguiente libro de Donoso, la novela Coronación, que publica Nascimento en 1957 después de haberla rechazado la otra gran editorial del momento, Zig Zag. Según escribió el propio Donoso en su Historia personal del boom, «El editor en jefe de Zig Zag opinó que sería una inversión demasiado grande para un libro difícil […], y por lo tanto de improbable venta. Los directores de Editorial del Pacífico, a quienes acudí para ofrecerles Coronación, ya que eran escritores de mi generación, también rechazaron esta novela, aconsejándome mucha poda, mucha atenuación». El trato con  Zig Zag lo describe Donoso como «curioso», pues de la tirada inicial, de tres mil ejemplares, setecientos debía venderlos el propio autor (que además no cobraba adelanto ni royalties, según dice). De nuevo gracias a una crítica elogiosa de Alone en El Mercurio ‒«como técnica y lógica estética, conocemos pocos libros tan armoniosamente construidos, no solo en nuestra literatura», escribió‒ esta edición tuvo buenas ventas.

Dos años después, en 1959, Lafourcade incluye la narración de Donoso «La puerta cerrada» en Cuentos de la Generación del 50, en el que repiten trece de los veinticuatro autores de la antología anterior. En ese momento se inicia también la incipiente internacionalización de la obra de Donoso, con la inclusión del cuento «Pasos en la noche» en la revista de Washington Américas (núm. 3, de mayo de 1959), donde Dorothy Hayes de Huneeus había reseñado Coronación, que ese mismo año reseña también Raúl Silva Castro en la Revista Iberoamericana (núm. 47), a lo que se añade la publicación del cuento «Paseo» en el número 261 (noviembre-diciembre de 1959) de la prestigiosa revista bonaerense Sur, donde Donoso comparte número con Salvatore Quasimodo, Thomas Merton y André Malraux, entre otros.

De 1960 es El charleston, publicado por Nascimento y que compila cuentos ya conocidos: «A puerta cerrada», «Ana María», «Paseo» y «El hombrecito».

La vida de los libros tenía entonces otro ritmo, y en 1962 se concede a Coronación el Premio Iberoamericano, un galardón creado por William Faulkner con los beneficios obtenidos por el Premio Nobel y destinado a estimular la traducción al inglés de obras de jóvenes autores latinoamericanos; ese año lo obtuvieron también Eduardo Mallea (Argentina), Miguel Ángel Asturias (Guatemala), Augusto Roa Bastos (Paraguay), José María Arguedas (Perú) y Juan Carlos Onetti (Uruguay), entre otros.

También de 1962 es el inicio de la relación de Donoso con Carlos Fuentes, a quien el escritor chileno atribuye una enorme responsabilidad en el despegue internacional de su obra. Esta se materializa sobre todo mediante el contacto con el agente literario estadounidense Carl D. Brandt (1935-2003), que por entonces ya se ocupaba de la obra de Fuentes.

Carl D. Brandt había abandonado una inicial carrera como editor para entrar en 1957 en la agencia literaria de su padre y formar Brandt & Brandt, entre cuyos clientes se contaron Theodore Dreisser y John Dos Passos, si bien su especialidad era sobre todo la literatura ensayística (filosofía, ecologismo, geopolítica, historia militar…). Su legado es hoy Brandt & Hochman (agentes de Scott Turow, Flann O’Brien y Robert D. Kaplan, entre otros).

Brandt empezó a buscar editor en inglés para Coronación por recomendación de Fuentes y antes incluso de haber firmado contrato con Donoso, y tras un tímido interés inicial de Simon & Schuster, la colocó en la exquisita Knopf en Estados Unidos y en la Bodley Head de John Lane en Gran Bretaña (se publicó en 1965 en traducción de Jocasta Goodwin, famosa a finales de los sesenta como traductora de las novelas romanticoides de Juliette Benzoni).

Aún en 1962, el 15 de julio, se publica en el chileno El Mercurio el que se tiene por uno de los mejores cuentos de Donoso de esos años, «Santelices», que casi simultáneamente (en julio y por intercesión de Fuentes) aparece en la Revista de la Universidad de México, y a principios del año siguiente en el número 280 de la argentina Sur.

Así pues, cuando en junio de 1963 Cortázar publica en la Editorial Sudamericana Rayuela ya hacía un cierto tiempo que se había iniciado el proceso de difusión internacional de la obra de Donoso, quien además contaba ya con el apoyo de un agente literario importante, cuyas gestiones harían que en 1966 se publicara en la editorial Dall’Olio Incoronazzione, en traducción de la hispanista Giovanna Maritano (conocida por sus traducciones de Gonzalo de Berceo y de Cervantes) y fuera traducida también al portugués y al checo.

En 1966 aparece también en la influyente revista parisina de Emir Rodríguez Monegal (1921-1985) Mundo Nuevo «Los juegos legítimos», un fragmento de la novela Este domingo que Zig Zag publica en Chile, y la misma editorial se ocupa de la «selección» que Luis Domínguez hizo de Los mejores cuentos de José Donoso (todos los publicados hasta entonces), mientras en México Joaquín Mortiz publicaba El lugar sin límites. Además, habían empezado a publicarse ya fragmentos de lo que acabaría siendo El obsceno pájaro de la noche en la revista uruguaya Marcha (agosto de 1964), en la mexicana Diálogos (1965)… La primera edición de Donoso en Seix Barral no aparecería hasta 1968 (Coronación, con una ilustración en la cubierta de Núria Pompeya [1931-2016])

Fuentes:

Sitio dedicado a José Donoso (1924-1996) en Memoria Chilena (Biblioteca Nacional de Chile).

María Laura Bocaz Leiva, «La integración de José Donoso a la plataforma del boom: intercambio epistolar inédito de José Donoso con Emir Rodríguez Monegal y Carlos Fuentes en al década del 60», Revista Iberoamericana, vol. LXXIX, núms. 244-245 (julio-diciembre de 2013), pp. 1049-1068.

Paula Brown, «Nemesio Antúnez en el centenario de su natalicio», Revista Universitaria, núm. 155.

Homero Castillo, La literatura chilena en los Estados Unidos de América. Ensayo bibliográfico, Santiago de Chile, Ediciones de la Biblioteca Nacional, 1963.

Jaime Concha, «Los mejores cuentos, de José Donoso» (reseña), Atenea, núm. 413 (julio-septiembre de 1966), pp. 219-231.

Filebo (Luis Sánchez Latorre), «Una antología sin sangre o la revolución traicionada», Las Últimas Noticias, 22 de agosto de 1969.

Cecilia García-Huidobro, «José Donoso y su Historia personal del boom. La autobiografía de un lector», Acontracorriente, vol. 19, num. 3 (primavera de 2022), pp. 163-184.

Dunia Gras, «José Donoso y Carlos Fuentes. Otra historia personal del boom», Anales de Literatura Chilena, núm. 29 (junio de 2018), pp. 83-108.

Eduardo Godoy Gallardo, «Lafourcade y el cuento chileno (En torno a las Antologías de 1954 y 1959)», Signos, núm. 43-44, pp. 65-73.

Luis Harss, en colaboración con Barbara Dohmann, Los nuestros, Madrid, Alfaguara, 2012.

Andrés Sabella, «Los héroes de medio pelo», Vea, 62 (22 noviembre de 1966), p. 27.

Origen y primera época de la editorial chilena Nascimento

Es bien sabido que en el origen de una de las más importantes editoriales chilenas del siglo XX, Nascimento, está la iniciativa de un portugués originario de isla Corvo (en las Azores) llegado a América a finales del siglo XX, Juan Nascimento.

Fachada de la librería en la calle Ahumada.

Al poco tiempo de llegar a Chile, en 1875 Juan Nascimento fundó una librería en el número 265 de la calle Ahumada, que sigue el trazado del Qhapaq Ñan (Camino del Inca) pero debe su nombre a Juan de Ahumada (capitán de la hueste de García Hurtado de Mendoza, nombrado regidor perpetuo, alférez real y alcalde la ciudad) y que tal vez sea la única calle de Santiago que mantiene el nombre que le dieron los conquistadores españoles.

La librería Nascimento no tardó en ganar creciente prestigio entre la gente de letras por disponer de uno de los más surtidos y mejor seleccionados stocks de libros franceses y españoles, lo que a su vez le convirtió en una empresa comercialmente sólida y en polo de atracción de la intelectualidad santiaguina, que en la misma zona donde se ubicaba la librería tenían a su disposición numerosos cafés (justo enfrente de la librería estaba el Astoria, por ejemplo) que le servían de punto de encuentro.

Interior de la librería y editorial.

Sin embargo, hubo que esperar a la muerte del más o menos olvidado Juan Nascimento para que arrancara el negocio editorial. Del fundador de la librería se conservan cartas en que intenta atraer a algunos de sus familiares a Chile: «Este es un país magnífico ─escribe en una de las cartas conservadas─. Es muy fértil, tiene un clima admirable, las gentes son buenas, sobrias, sencillas. El chileno es muy honrado. Da su palabra y no falla». Uno de sus sobrinos, Carlos George-Nascimento, siguió su consejo. Así lo contó Enrique de Santiago:

En 1905, [Carlos George-Nacimento] decide abandonar su isla, para dirigirse primeramente a EEUU, a visitar a sus hermanos y meses después viaja hacia Chile en busca de nuevos horizontes. En noviembre de ese año llega a Valparaíso, desde donde toma un tren hacia nuestra capital. Acá llega en busca de un empleo donde su tío Juan Nascimento, quien era dueño de una librería en calle Ahumada. En esa ocasión no tiene buena acogida y decide trasladarse a Concepción al día siguiente.

En la ciudad penquista, encuentra trabajo y conoce a Rosa Elena Márquez con quien contrae matrimonio en mayo de 1915. Ella pertenecía a la Sociedad La Ilustración de la Mujer, de la Confederación Obrera de Concepción. La participación activa en estas sociedades de lectura de quien será su esposa y compañera de aventura editorial, tendrá a futuro suma importancia, ya que siempre él escuchaba los comentarios literarios que le hacía Rosa Elena.

Por su parte, en Concepción Carlos se afilia a la Sociedad de Socorros Mutuos Lorenzo Arenas, entre cuyas prestaciones a sus socios se contaba la asistencia educativa mediante bibliotecas y escuelas nocturnas, lo que sin duda tuvo que contribuir a una formación intelectual de la que él siempre hablkó con quizás excesiva modestia.

En cualquier caso, a la muerte de su tío, en 1916, se vio heredero de una parte de la librería, así que viajó a Santiago con el propósito inicial de liquidarla y repartir los beneficios, pero en el último momento cambia de opinión, decide tomar las riendas del negocio y pagar la parte que les correspondería a los otros herederos con lo que obtenga del negocio.

Carlos George-Nascimento.

Enseguida su idea es potenciar un aspecto que para su tío había sido ya no secundario sino excepcional, así que en 1917 recupera el librito de Luis Caviedes Jeografía Elemental [sic] que en 1909 había aparecido con pie editorial «Casa Editora Juan Nascimento» y lo publica bajo la rúbrica «Casa Editora Librería Nascimento, 1917. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile». A este libro inicial le sigue aún en 1917 una antología con la Poesía del bohemio Pedro Antonio González (1863-1903), y pone los cimientos de lo que será una de las editoriales más importantes de Chile y una de las más influyentes en la proyección de su literatura.

Acaso inseguro de su formación, ante el éxito de esta iniciativa Nascimento buscó el asesoramiento de Eduardo Barrios (1884-1963) y Raúl Simón (1894-1969), ambos por entonces profesores en la universidad de Chile, y poco después aparecían la novela El hermano asno, de Eduardo Barrios, que tenía a sus espaldas ya una cierta obra como dramaturgo además de El niño que enloqueció de amor (1915) y la novela Un perdido; La señorita Ana, del periodista y escritor Rafael Maluenda (1885-1963), de quien escribe Luis Alberto Sánchez que «tenía fama de ser uno de los mejores cuentistas chilenos», y Cien nuevas crónicas firmadas con un seudónimo sacado de Julio Verne, César Cascabel, que correspondía a Raúl Simón.

La privilegiada localización de la librería, cercana al vetusto Café Hevia (fundado en 1831), la Confitería Torres y otros cafés famosos como el Lucerna, el Waldorf, la Novia, el Santos o el Haití, propició que los sábados se convirtiera en punto de reunión y de tertulia, lo que no hizo sino consolidar y acrecentar su posición, y con el viento en popa, Nascimento compró en 1923 una antigua máquina Marinori y alquiló un local en la calle Arturo Prat 1434 para instalar un taller de impresión propio.

Fachada de la librería en la calle San Antonio, 390.

Quizá fuera Bernardo Subercaseaux quien estableciera la idea ampliamente compartida de que entre 1930 y 1950 se produce una «época de oro de la industria editorial y del libro en Chile», pero en cuanto a la promoción de autores chilenos Nascimento se anticipó un poco y en 1923 publicaba a autoras que luego serían tan importantes como Gabriela Mistral (1889-1957),de quien edita por primera vez en Chile una edición aumentada del poemario Desolación (publicado el año anterior en Nueva York) y Marta Brunet (1897-1967), de quien publica el libro de relatos Montaña adentro.

Cubierta de una edición facsímil de la primera de Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

Por aquellos mismos años, a un jovencito Pablo Neruda (1904-1973), el responsable de publicaciones de la Universidad de Chile, Carlos Acuña (1886-1963), le había rechazado la singular copia de Veinte poemas de amor y una canción desesperada que el venerable poeta y bibliotecario Augusto Winter (1868-1927) había mecanografiado sobre hojas cuadradas de papel de embalar cortadas a serrucho, así que Neruda se lo ofreció a Nascimento, que ya empezaba a parecer destinado a convertirse en el gran editor de los jóvenes literatos chilenos. Tras una primera negativa, al parecer fue la intercesión del poeta Pablo Prado y sobre todo la de Eduardo Barrios lo que acabaron por convencerlo. Y si bien descartó la posibilidad de cortar el papel a sierra, sí adoptó el formato cuadrado, que acabaría por convertirse en distintivo de las ediciones de poesía de Nascimento. Así lo contaba el propio Nascimento, según lo atestigua Volodia Teitelboim: «me convenció y hasta tuve que hacer el libro a la medida que él pidió: un formato grande, cuadrado, que no era nada económico porque se perdía mucho papel». El libro apareció en el mes de junio, cuando apenas faltaba un mes para que el poeta cumpliera los veinte años, y no tardó en convertirse en uno de los libros más famosos, editados, pirateados y leídos de Neruda, a quien además Nascimento proporcionó de inmediato trabajos editoriales, como es el caso de la traducción y prólogo de unas Páginas escogidas (1924) de Anatole France, además de encargarle una novela, El habitante y su esperanza (1926) y publicarle en los años posteriores el grueso de su obra: Tentativa del hombre infinito (1926), Anillos (1926), una segunda y definitiva versión de Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1932), Residencia en la tierra (1925-1931) (1933)…

Sin embargo, esto cambió cuando Neruda regresó de España, por entonces sumida en la guerra civil. A la propuesta que le hizo el director literario de la editorial Ercilla, Luis Alberto Sánchez, de reeditar algunos de sus libros, el poeta respondió cuando se lo planteó en el café Viena:

«Con mucho gusto autorizaré la edición de mis libros por Ercilla. Nascimento no difunde sus libros en el exterior, ustedes sí, pero impongo una condición: que lo primero que salga sea España en el corazón y que me haga un adelanto sustancial». Asentí. Al día siguiente tenía en mis manos el original del libro, que yo conocía fragmentariamente, y le entregué un cheque por quince mil pesos; que entonces era una suma apreciable; yo ganaba en ese momento unos cinco mil pesos mensuales, juntando sueldos, traducciones y royalties.

Fuentes:

Anónimo, «Editorial y Librería Nascimento (1875-1986)», en Memoria Chilena.

Anónimo, «Nascimiento, el editor de la literatura chilena»,  Atenea. Revista de Ciencia, Arte y Literatura de la Universidad de Concepción,  núm 436 (segundo semestre de 1977), p. 333-334.

AA.VV. ¡Adiós Nascimento! Asimpres Informa (Revista de la Asociación Gremial de Impresores de Chile), núm 35 (número especial dedicado a Nascimento), con artículos de Martín Cerdá, Roque Esteban Scarpa, Braulio Arenas, Andrés Sabella, Rosa Cruchaga de Walker, Alfonso Calderón y otros sin firma.

Chilenostálgico, «Librería y Editorial Nascimento, Ahumada, 125», Chile Nostálgico. Pasado y Presente en una Fotografía, 5 de mayo de 2016.

Marisol García, «Carlos George Nascimiento: el editor fecundo», Revista Dossier (Universidad Diego Portales), núm 6.

Joaquin Pérez Arancibia, «Calidad literaria nacional y edición. La importancia de la editorial Nacimiento en la creación de un campo literario nacional, 1930-1950» (I y II), Mito. Revista Cultural, 22 de septiembre y 9 de octubre de 2004.

Milton Rossel, «Evocación de la Librería Nascimento », El Mercurio, 26 de enero de 1966, p. 5.

Luis Alberto Sánchez, Visto y vivido en Chile, prólogo de Miguel Laborde, Santiago, Tajamar Editores (colección Alameda), 2004.

Enrique de Santiago, «Nascimento, de mar a mar, una aventura editorial», Escáner Cultural, 20 de noviembre de 2014.

Daniel Schidlowsky, Neruda y su tiempo: las furias y las penas, Santiago, RIL Editores, 2008.

Subercaseaux, Bernardo. Historia del libro en Chile (Alma y cuerpo), Santiago, Lom Editores, 2000.