El magisterio de Manuel Borrás y la editorial Pre-Textos

La biografía de un editor es su catálogo, reza lo que se ha convertido ya casi en un adagio, que en expresión de Manuel Borrás se convierte en que «el mejor libro que un editor puede escribir es su catálogo». No sólo por su catálogo, que también, Manuel Borrás se ha ido convirtiendo en las últimas décadas en una de las voces más respetadas entre los editores con vocación literaria. Su proverbial generosidad ha hecho además que haya ido acumulando una notable cantidad de textos en los que reflexiona sobre el oficio y que andan diseminados en revistas y publicaciones, a menudo bisoñas o de corta vida, a las que aun así jamás entrega textos de compromiso para cumplir el expediente, sino más bien textos comprometidos y bien meditados; y a ello hay que añadir incontables entrevistas en publicaciones periódicas y blogs en los que ha dejado también sus agudas y siempre interesantes reflexiones sobre el panorama editorial en lengua española. Muuchos de ellos están disponibles en la sección Palabra de Editor del web de la editorial Pre-Textos.

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Ya el hecho de surgir en Valencia, en un momento en que la edición española estaba muy acusadamente concentrada en Madrid y Barcelona –o viceversa– anunciaba la singularidad de su talante. Según cuenta Sergio Vila-Sanjuán en Pasando página, Manuel Borrás fue un editor muy precoz cuyos primeros intentos, a principios de los años setenta, quedaron frustrados por problemas administrativos debido a que todavía no era mayor de edad (en la España franquista la mayoría de edad estaba fijada en los 21 años).

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Manuel Borrás, Silvia Pratdesaba y Manuel Ramírez.

Con Manuel Ramírez, a quien conocía desde sus tiempos en el colegio alemán de Valencia y que se ocupó de la producción, y Silvia Pratdesaba, a quien conoció en la Universitat de València y se hizo cargo de la parte administrativa, tras un primer intento que fracasó por el suicidio de uno de los socios (el joven poeta Eduardo Hervás, conocido entre sus amigos como La Bola), Manuel Borrás puso en pie Pre-Textos en 1976 (ahora cumple cuarenta años, por tanto) con unas líneas bastante claramente definidas, en las que ocupaba un papel central la recuperación de la cultura republicana que el franquismo había extirpado de la tradición española, lo que enfrentó a la inicial Pre-Textos a un problema inesperado que el propio Borrás contaba del siguiente modo:

Para nosotros era determinante recuperar la tradición española interrumpida por el franquismo. Así que escribimos a todos los pensadores españoles dispersos que nos parecieron interesantes. Al principio no encontramos respuesta. Todos nos animaban, pero para enviarnos originales nos pedían un catálogo confirmado, y nosotros no lo teníamos.

La excepción fue el singular poeta y ensayista Juan Larrea (1895-1980), a quien en 1980 publicaron su edición de Al amor de Vallejo (obra y comentarios), y al que se añadiría más adelante Rubén Darío y la nueva cultura americana (curso en seis lecciones dictado en las universidades de Santiago de Chile y de Córdoba [Argentina]):

LarreaEn la primera etapa fue muy importante que un personaje como Juan Larrea confiase en un proyecto que llevaban unos jovencitos entusiastas en España –contaba Borrás a Emma Rodríguez–. Él fue el único, dentro de esa estela de la diáspora republicana del exilio español, que confió sin condiciones en nosotros. Otros como Jorge Guillén, María Zambrano, Julio Caro Baroja (que no estaba en el exilio, pero sí pertenecía al exilio interior, que también queríamos reivindicar) nos animaron y nos dijeron que el proyecto les parecía estupendo, pero que nos darían con mucho gusto un libro cuando tuviésemos un catálogo. Pero, ¿cómo íbamos a construir ese catálogo si ellos no nos confiaban sus obras?, les respondíamos.

Así pues, tras unos Materiales para la historia de las ciencias en España (siglos XVI-XVII) fimados en 1976 por J.M. López Piñero, V. Navarro Brotons y E. Portela Marco del que tiraron 3.000 ejemplares (y se pillaron los dedos), Posiciones, de Jacques Derrida (1930-2004) y Rizoma, una introducción, de Gilles Deleuze y Félix Guattari, en 1977 seguían sin poder incorporar a ninguno de estos escritores silenciados por la dictadura Debordfranquista, pero confeccionaron los fundamentos de un catálogo bastante elocuente: El jabón, del surrealistizante creador del poema ensayístico, Francis Ponge (1899-1988); El cuerpo lesbiano, de la teórica del feminismo Monique Witting (1935-2003); El metro blanco, del inclasificable experimentalista beat William Burroughs (1914-1997); Falsos pasos, texto de crítica y teoría literaria publicado en 1943 por el filósofo y narrador francés Maurice Blanchot (1907-2003), a quien tanto deben Gilles Deleuze y Michel Foucault; Teoría y práctica revolucionarias, libro construido a partir de las cuestiones planteadas por Jean Louis Houdebine a Ch Bettelheim a propósito de su libro Las luchas de clases en la URSS (1917-1923); un ensayo colectivo titulado Artaud; El pequeño, del magistral pensador Georges Bataille (1897-1962); Lautrémont, de Marcelin Pleynet (n. 1933), por entonces director de la influyente revista Tel Quel… Como se ve, una mirada muy teñida por el pensamiento francés y por una serie de autores que se convertirían en referentes de las corrientes postestrtucturalistas, pero que, como era de esperar, no atrajo a un público mayoritario:

Durante bastante tiempo –prosigue Vila-Sanjuán– los impulsores de Pre-Texto vivían de las ayudas familiares. El padre de Borrás les daba de cuando en cuando cien mil pesetas «que reponía cuando se agotaban, porque quería que aprendiéramos a administrarnos». Pero el resultado era gratificante, la editorial marchaba.

 

IstratiSin embargo, la intención de recuperar la cultura republicana, tras el impulso que dio al catálogo un nombre como el de Larrea, finalmente consiguió abrirse paso y se materializó en una enorme lista de autores sobre todo exiliados en la que figuran tanto epistolarios como ensayos, memorias, obras para la escena, narraciones y poemarios de Ramón Gaya (del que publicaron la obra completa en tres volúmenes), María Zambrano, Juan Gil-Albert, Teresa Gracia, Vicente Aleixandre, Enrique de Rivas, Pedro Salinas, José Moreno Villa, Emilio Prados, Francisco Ayala, Tomás Segovia, así como ensayos sobre la materia tales como La patria imagina de Máximo José Kahn y Una poesía de la presencia: José Herrera Petere en el surrealismo, la guerra y el exilio, de Mario Martín Gijón o Vanguardia, revolución y exilio, la poesía de Arturo Serrano Plaja, de José Ramón López García.

Prados

Uno de los grandes éxitos de la editorial llegó de la mano de la concesión del Premio Nobel de Literatura de 1981 a Elias Canetti (1905-1994), a quien ese mismo año habían publicado Las voces de Marrakesh, al que añadirían luego otros galardonados con el mismo premio, como Iván Bunin, Juan Ramón Jiménez, Yeats, Eliot o Kippling, entre otros. Pero el caso de Canetti, a quien venía publicando por entonces Mario Muchnik (n. 1931), llegó en un momento particularmente oportuno, cuando, después de cinco años de batallar para establecer unos ciertos valores literarios, los impulsores de Pre-Textos se encontraban al borde del desaliento:

Nosotros estábamos ya casi a punto de tirar la toalla porque veíamos que seguíamos dependiendo del apoyo económico de nuestras familias respectivas y que no encontrábamos la forma de consolidar un espacio autosuficiente. Además, habíamos sufrido una serie de contratiempos. La distribuidora que nos llevaba fracasó y nos dejó colgados con un débito importante, sin poder recuperar tampoco parte del fondo

KalmanBarsyPreTextosMás o menos por entonces empezó a afianzarse la voluntad también inicial de actuar como puente con la literatura americana y de descubrir a nuevos autores peninsulares (a menudo a través de la colaboración con premios literarios) o afianzar carreras un poco sinuosas o en ciernes (de Andrés Trapiello a Kalman Barsy, de Darío Jaramillo a Juan Bonilla), aun cuando a menudo esos descubrimientos desembocaron en algunos casos en que, en palabras del propio Borrás, se sintieron “ojeadores” de editoriales económicamente más fuertes:

levantamos las piezas para que otros las abatan –contaba a Nuria Azancot en 2001–. Por ejemplo, nosotros «descubrimos» a Bonilla, pero Ediciones B le hizo una oferta mareante que no pudimos igualar. Nos pidió consejo y sólo le dimos uno: que no dejara que las presiones le pudieran. ¡Es terrible lo que llegan a hacer! Me asquea saber que hay autores a sueldo de las editoriales, obligados por contrato a escribir un libro al año, bueno o malo. Es una perversión deleznable que condena al lector, al editor, y, sobre todo, al autor.

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Beatriz de Moura.

Si en algo insiste Manuel Borrás en su obra escrita es en la necesidad de tiempo, de ahí que durante muchos años hayan llegado a vender un 70 % de obras de fondo frente al 30 % de novedades, lo cual tiene varias lecturas posibles. Por un lado, que la inversión inicial quizá tardaban mucho más en cubrirla de lo que era habitual en editoriales mayores (y eso generaba unos gastos de almacenamiento), pero por otro lado, lo que también les diferenciaba del grueso de editoriales de finales del siglo XX, que eran más constructores de long sellers que de best sellers, el importante puñado de títulos que han reeditado, algunos reiteradamente, confirman que sus elecciones eran al fin y al cabo acertadas, si bien en algunos casos incluso se avanzaban en mucho al interés de un número suficiente de lectores. Del mismo modo que Borrás reconoce en editoriales como Visor, Hiperión y en editores como Jorge Herralde, Esther Tusquets y Beatriz de Moura a sus “hermanos mayores”, aun siendo muy consciente respecto a la diversidad de su proyecto con los mencionados, tanto la obra editorial como los textos y las entrevistas que Borrás ha ido dejando por el camino son un material muy útil, y probablemente muy inspirador, para los editores de literatura de las generaciones posteriores. Valga un último ejemplo, en una entrevista con el poeta y narrador ecuatoriano Fernando Escobar Páez:

Está muy bien publicar a Shakespeare, está muy bien publicar a Balzac, a Carrera Andrade, pero esos son valores ya consensuados por la propia historia de la literatura. Si nosotros no sabemos apostar por jóvenes valores, el editor no sirve. Aquí es donde espero entren los jóvenes editores, esos editores incipientes, quienes todavía no pueden apostar porque carecen de los medios suficientes, porque apostar por un joven autor conlleva una apuesta económica que hay que saberla mantener. Yo he tenido montón de autores que no han vendido ni lo mínimo para amortizar el costo, pero los hemos publicado, uno y otro y otro libro, hasta que al final esos autores no solo han amortizado, sino que con ellos hemos ganado plata y nos han permitido publicar a otros talentos emergentes.

Auserón

Fuentes y sugerencias de lectura (una selección):

Nuria Azancot, «Manuel Borrás “Hay demasiados caínes en la edición española [entrevista]», El Cultural, 12 de septiembre de 2001, pp. 26-27.

Manuel Borrás, «Líneas de sentido de la edición», Diablotexto, núm. 1 (1994), pp. 127-134.

Manuel Borrás, «25 años de Pre-Textos», Palabra de Editor,  diciembre de 2001.

Manuel Borrás, «Pretextos para el goce», Archipiélago. Cuadernos de Crítica de la Cultura, núm. 51 (2002), pp. 11-15.

Quimera 223 (diciembre de 2002) Los mundos de la edición

Quimera 223.

Manuel Borrás, «Editar de orilla a orilla», Lateral, núm. 90 (2002), p. 17.

Manuel Borrás, «De las cartas matutinas a las lecturas de tarde», El Ciervo. Revista mensual de pensamiento y cultura, núm. 29 (marzo de 2002), pp. 29-30.

Manuel Borrás, «Un vendedor de palabras ajenas», Quimera núm. 223 (diciembre de 2002), pp. 11-13.

Manuel Borrás, «A editar se aprende editando», Palabra de editor, 5 de noviembre de 2001.

Manuel Borrás, «La posesión del miedo», Palabra de Editor, 25 de julio de 2002.

Manuel Borrás, «La soledad del editor», Palabra de editor, 30 de noviembre de 2002.

Manuel Borrás, «Carta a un joven editor», Palabra de editor, 28 de mayo de 2003.

Manuel Borrás, «Nosotros los solitarios solidarios», Palabra de editor, 1 de abril de 2003.

Manuel Borrás, «El mejor libro que puede escribir un editor es su catálogo», Quimera, núm. 281 (abril de 2007), pp. 80-83.

Manuel Borrás, «Discurso de agradecimiento por el Premio de la FIL de Guadalajara», 28 de noviembre de 2008.

Manuel Borrás, «Aprender a aprender», Alabe. Revista de Investigación sobre Lectura y Escritura, núm. 1 (2010), p. 3.

Manuel Borrás, «Desde las dos orillas o mi pasión americana», Lateral, vol III, núm 2 (2010), pp. 1-3.

Pasando páginaFernando Escobar Páez, «La cultura no es una cuestión de egotistas», La barra espaciadora.

Jorge Fronderbider, «Manuel Borrás, fundador de Pre-Textos [entrevista]» Función Lenguaje. Centro de Literatura Aplicada de Madrid, s/f.

Luis García, «Manuel Borrás-Pre-Textos», Péndulo del milenio, núm. 20 (2001), pp. 40-44.

Alfons García, «Hoy no existe justificación para la incultura [entrevista]», La Opinión e Málaga, 7 de diciembre de 2015.

Daniel Heredia, «Manuel Borrás. “Un editor o lo es por vocación, ama la lectura y apuesta por los valores sin consensuar, o no es nada [entrevista]», ¡A los libros!, 1 de julio de 2014.

Emma Rodríguez, «Se ha desvirtuado la naturaleza lenta de la literatura [entrevista]», lecturasumergidas.com,. 29 de enero de 2016.

Solodelibros, «Nosotros no editamos para el público, nosotros lo hacemos para los lectores», 3 de octubre de 2009.

Sergio Vila-Sanjuán, Pasando página. Autores y editores en la España democrática, Barcelona, Destino (Imago Mundi 26), 2003.

Alfonso Villa Francés, «Editar en tiempos revueltos: Pre-Textos», Jot Down, s/f.

Pero… ¿hubo alguna vez «editoriales independientes» en España?

Al poner de moda este término [«edición independiente»], se intenta vaciar las palabras de su sentido, para valorizar su imagen y sentirse en paz con su conciencia.

Gilles Colleu

 

Amparo Soler

Amparo Soler, fundadora y editora de Castalia.

Pudiera parecer que todos nos entendemos cuando hablamos de «editoriales independientes», o de «editores independientes», pero quizás habría que ver hasta qué punto es una distinción pertinente para describir el funcionamiento, el éxito cultural o la calidad de los catálogos de esas editoriales. Históricamente, en el ámbito de la edición española, ha sido frecuente la absorción de editoriales así llamadas «independientes» por parte de grupos, e incluso podría fecharse con cierta precisión los años en que una serie de procesos de concentración, con condicionantes diversos, hicieron que la editorial Crítica de Gonzalo Pontón (n. 1944) entrara en la órbita del Grupo Planeta o la Lumen de Esther Tusquets (1936-2012) entrara en la órbita de lo que por entonces era Bertelsmann. Más recientemente, fueron sonados los pasos de Tusquets a Planeta o de Alfaguara y Taurus a Penguin Random House. Por supuesto, cada caso ha tenido sus particularidades, pero qué define a una editorial “independiente”, ¿el hecho de no pertenecer a un grupo? ¿Eran la Castalia de Amparo Soler (1921-2004) y Antonio Rodríguez Moñino (1910-1970) o la Gredos de Hipólito Escolar (1919-2009), Julio Calonge (1914-2012), Valentín García Yebra (1917-2010) y Dámaso Alonso (1898-1990), entre otros, editoriales independientes antes ser absorbidas por Edhasa y RBA respectivamente? Edhasa y RBA, ¿son editoriales independientes? Caso curioso y que ejemplifica una práctica no muy inusual entre las llamadas editoriales independientes fue el de las Ediciones del Cobre de Miriam Tey, quien en cuanto –a raíz de la publicación del inesperado Premio Nobel de Literatura Gao Xingjian (n. 1940) – vendió la editorial al Grupo Planeta, se asoció con la exAlba Menchu Solís para crear la editorial El Cobre (2002-2006), que no tardó en acabar diluyéndose en las publicaciones de la Casa Asia. Y no menos curioso es el de Caballo de Troya, que, nacida con una vocación muy propia de las llamadas «editoriales independientes», hizo honor a su nombre apareciendo en el seno de, por entonces (2004), Random House Mondadori.

En realidad, si la diferencia estriba en formar o no parte de un grupo empresarial, habría que ver en qué afecta eso al resultado, es decir, al catálogo de un determinado sello o a la calidad con que éste edita los libros, porque, como dejó escrito el veterano editor Enrique Murillo, «Diga lo que diga la leyenda, ni las chapuzas son exclusivas de los grandes grupos, ni los así llamados independientes son hermanitas de la caridad», pero aun así no son pocos los editores pretendidamente independientes que se arrogan implícita o explícitamente un marchamo de calidad intrínseca por el hecho de no formar grupo de un conglomerado de empresas. Sin embargo, sobre este aspecto el creador de Caballo de Troya, Constantino Bértolo (n. 1946), ya puso los puntos sobre las íes en un acerado artículo publicado en 2002 con el título «Acerca de la edición sin editores y el capitalismo sin capitalistas»

Las llamadas editoriales independientes no dejan de ser en realidad empresas de capital familiar o personal que basan su estrategia comercial en la apariencia de unas señas de identidad cultural ficticias buscando rentabilizar el plusvalor, crédito o «capital simbólico» que todavía hoy la cultura humanista conlleva.

Colleu

Edición argentina del libro de Colleu.

En uno de los libros que más directamente abordó esta cuestión, Éditeurs indépendants: de l´âge de raison vers l´offensive? (Alliance des Éditeurs Indépendents; La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad, La Marca Editora, 2008), el intrépido editor de Vents d´Ailleurs Gilles Colleu subraya acerca de esa independencia económica, que en parte excluiría a las editoriales que dependen de créditos bancarios, así como a las que se sustentan con subvenciones y a las institucionales: «Algunos editores económicamente independientes no son sólo tontos redomados, sino también incompetentes notorios que publican obras lamentables», y a ello podría añadirse, por propia experiencia lectora, que con más frecuencia de la deseable, aun cuando construyen un catálogo no lamentable, sus libros adolecen de traducciones muy endebles o con calcos que claman al cielo, de editings descuidados, desconsiderados con el lector en español (sobre todo cuando se trata de traducciones de no ficción) o claramente insuficientes, o bien de un exceso abrumador de erratas, lo que, en cualquier caso, se contradice con la calidad editorial que se arrogan, contraponiéndola además a la de las editoriales pertenecientes a grandes grupos. El reputado creador y editor de la valenciana Pre-Textos, Manuel Borrás, ya hace tiempo advertía que en este bombo a las autoproclamadas «editoriales independientes» también ha desempeñado un papel distorsionador, y sigue haciéndolo, la prensa más o menos especializada: «Vemos a “primeras espadas” de nuestra crítica ponderar como ejemplares traducciones o ediciones que no pasarían el más elemental examen filológico». Por su parte, Jorge Herralde, cuya empresa desmiente la equivalencia que a veces se propuso entre independencia y dimensiones (o tamaño), dejó también una inequívoca reflexión al respecto durante el Encuentro Internacional Los editores independientes del mundo latino y la bibliodiversidad (FIL, 2005):

El «secreto» del editor independiente es un proyecto definido y coherente, sostenido en el tiempo y sin bajar (al menos conscientemente) la guardia de la calidad. No sólo debe construir un catálogo intentando escoger los mejores libros posibles, sino también publicarlos pulcra y bellamente y luego promocionarlos con la intensidad que merecen.

Probablemente, como señaló con agudeza Martín Gómez, quizá el concepto clave sea sostenido en el tiempo, pues algo que debería calibrarse es cómo y hasta qué punto el paso de una editorial independiente a un gran grupo afecta a qué y cómo publica antes y después de dar ese paso, y considerar en qué medida eso tiene que ver con el hecho de que siga como editor o no la misma persona (piénsese, por ejemplo, en el caso de las muchas o pocas diferencias que hay entre el catálogo de la Lumen de Esther Tusquets cuando iba por libre, la Lumen de Tusquets en Bertelsman y la Lumen de Silvia Querini; adviertan cuántos autores han sido más fieles al sello que a su editora; o en los casos de Tusquets Editores, Destino, Crítica y tantos otros). Por otra parte, es evidente y no hace falta insistir en que la sostenibilidad de la empresa es condición indispensable para tener tiempo para construir y mantener vivo un catálogo; de nuevo: los únicos independientes del mercado son las editoriales institucionales.

Primera edición de las Confesiones de una editora en Ediciones B

Primera edición de las Confesiones de una editora en Ediciones B (del Grupo Z).

En cuanto al planteamiento de Colleu, una de las diversas aportaciones valiosas de su libhro es especificar y dar nombre al «editor independiente creador [o creativo]», que tal vez se contrapondría, aunque él no lo plantee así, tanto al «editor de gran grupo creador» como al «editor independiente no creador» (o, en ambos casos, “creativo”). Aun así, la vinculación quizá más explicativa es la que establece ya en el título entre edición independiente y bibliodiversidad. Pero, ¿son en todos los contextos las «editoriales independientes» las garantes de la bibliodiversidad? Habría que demostrarlo, pues algunas de las definiciones al uso dejan fuera de ese marchamo de «independientes» a editoriales como Austral, Debate, Crítica, Lunwerg, Minotauro, Destino, Taurus, Seix Barral…

Sin embargo, el concepto de bibliodiversidad se encuentra también en el núcleo mismo del manifiesto de una de las más interesantes asociaciones de editores autoproclamados independientes (en la que se encuentran por ejemplo la vasca Txalaparta, la valenciana Contrabando y la canaria Baile del Sol, junto a JC Sáez Editor, LOM, Ediciones del Ermitaño, Trilce, etc.), la Alianza Internacional de Editores Independientes:

El editor independiente [éditeur indépendant de création en la versión en francés] concibe su política editorial en plena libertad, de modo autónomo y soberano. No es el órgano de expresión de ningún partido político, religión, institución, grupo de comunicación o empresa. Tanto la estructura del capital del editor como la identidad de sus accionistas brindan información sobre su independencia: la adquisición de editoriales por grandes empresas que no están para nada vinculadas con el oficio editorial, y la implementación de una política de alta rentabilidad implican una pérdida de independencia y una remodelación de la línea editorial. [A lo que se añade para completar la definición:] Su enfoque no es únicamente comercial. En este aspecto es el garante, junto con otros actores de la cadena del libro, de una creatividad renovada, de la memoria, y de los saberes de los pueblos. En tanto privilegia criterios de calidad y duración sobre criterios de cantidad y velocidad y obra por la democratización del libro y por una edición que sea plural y critica. Por lo tanto, es el artesano de la bibliodiversidad.

A la vista de su recorrido, no es fácil dar una respuesta a esta “polémica” ni aceptar sin discusión los diversos intentos de definición de lo que es, si acaso existió alguna vez, la edición independiente en España, y tal vez lo más sensato sea –aceptando que tal vez en contextos socioeconómicos y políticos diversos el término puede tener un significado sensiblemente distinto– concluir de un modo que quizá sea paradójico: con los criterios que no son válidos para definirla, expuestos por el Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI):

Criterios como el tamaño de su estructura, el volumen de sus ventas o de su facturación, el enfoque de su línea editorial, las características de su fondo editorial, la calidad de su catálogo, el cuidado puesto en ciertos detalles del proceso de producción editorial o su orientación política son poco determinantes a la hora de establecer si una editorial puede considerarse independiente o no.

 

Fuentes:

Alianza Internacional de Editores Independientes, «Declaración internacional de los editores independientes para contribuir a la defensa y promoción de la Bibliodiversidad», fechada en Ciudad del Cabo el 20 de septiembre de 2014, Trama&Texturas, núm. 27 (septiembre de 2015), pp.128-133. Puede leerse la versión en francés aquí y su traducción al español aquí.

Manuel Borrás, «Un vendedor de palabras ajenas», Quimera núm. 223 (diciembre de 2002), pp. 11-13.

Quimera 223 (diciembre de 2002) Los mundos de la edición

Quimera 223 (diciembre de 2002)
Los mundos de la edición

Gilles Colleu, La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad, Buenos Aires, La Marca Editora, 2008.

Serge Dontchueng Kouan, «Los asuntos de la edición independiente en el África francófona: el caso de Camerún», Trama&Texturas, núm. 27 (septiembre de 2015), pp. 143-154.

Andrés Gómez, «La independencia en la edición colombiana: ¿una fuente de valor añadido o un simple eslogan?», Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. XLVIII, núm. 86, pp. 15-27.

Sophie Noël, «Édition et engagement. D´Autres façons d´etre editeur?», Bibliodiversity, núm. 4 (febrero de 2006), pp. 3-8.

Sophie Noël, «Edición independiente y globalización editorial. El caso de los editores de ensayos “críticos” en Francia», Trama&Texturas, núm. 23 (mayo de 2014), pp. 81-94.

OBIEI (Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente), «La edición independiente como alternativa para fortalecer la diversidad de la oferta editorial», Trama&Texturas, núm. 10 (diciembre de 2010), pp. 89-96.

ODEI (Observatorio de la Edición Independiente), «Manifiesto ODEI», Trama&Texturas, núm 23 (mayo de 2014), pp.105-122.

Karina Sainz Borgo, «Esta burbuja no es tan grave; que hablamos de libros, no de hipotecas», Vozpópuli, 18 de enero de 2014.

Paulo Stachevsky, «Desafíos y amenazas para la edición independiente y la bibliodiversidad en Chile y América Latina», Trama&Texturas, núm. 27 (septiembre de 2015), pp. 134-142.

Gabriela Torregrosa, «La edición pobre», Trama&Texturas, núm. 23 (mayo de 2014), pp. 75-80.

Michel Valensi, «Una propuesta de definición», Trama&Texturas, núm. 23 (mayo de 2014), pp. 95-104.