Ada Martí, una barcelonesa entre los boquinistas parisinos (II)

Los avatares de la periodista, narradora y pedagoga anarquista Ada Martí desde que al término de la guerra civil española cruzó la frontera hasta que se estableció como librera de lance en París son más difíciles de seguir que los años anteriores porque llevó una vida nómada y semiclandestina que en buena medida estuvo marcada por su compleja e intensa vida sentimental.

Al parecer, pasó una breve primera etapa en Francia en el campo de refugiados de Argelés, pero en cuanto pudo salir, si no colaboró con la Resistencia fue acaso por considerarla una organización marcada excesivamente por un sentimiento nacionalista francés con el que de ninguna manera podía congeniar, pero dedicó sus esfuerzos a ayudar a los exiliados republicanos mediante la colaboración con diversas organizaciones creadas para este fin, y en particular con el SIA (Solidaridad Internacional Antifascista), así como con sus contactos entre las organizaciones estudiantiles en diversos países americanos. Como explicó Abel Paz en el periódico de la CNT en el exilio Solidaridad Obrera:

Ada desde Orleans fue tejiendo un rosario de correspondencia entre ella y los antiguos afiliados a la Federación Ibérica de Estudiantes Revolucionarios. Confortó a todos con su correspondencia optimista, ayudó cuanto pudo haciendo gestiones en uno y otro lado para dulcificar la vida de los que no tenían otro horizonte que el mar y más lecho que la arena.

También es Abel Paz quien relata un encuentro con una de las mejores amigas de Ada Martí, Eva Cascante, en 1941, en este caso en Burdeos, quien le proporcionó su dirección en el París ocupado, donde inicialmente vivió con un enigmático Frédéric Sylveire, baron de Osten Laken (¿profesor danés?). No parece haber muchas trazas de cómo se ganó la vida Ada Martí durante la segunda guerra mundial, pero una vez concluida esta intentó reingresar en la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), contando para ello con el aval de dos amigos y personajes de peso, Antonio García Birlán (1891-1984) y Gaston Leval (Pierre Robert Pillier, 1895-1978). El periodista y traductor García Birlán, que a menudo firmaba como Dionisios, había sido un miembro destacado de Tierra y Libertad y posteriormente había dirigido la revista valenciana Estudio, en la que había colaborado Ada, y en 1939 había entrado a formar parte del consejo general del Movimiento Libertario Español, antes de empezar dirigir y colaborar en cabeceras anarquistas y a trabajar como corrector de la Enciclopedia Larousse. Por su parte, el historiador Gastón Leval, a quien es muy posible que Martí conociera también a través de las publicaciones periódicas en que ambos habían colaborado durante la guerra (Estudios, Ruta, Tierra y Libertad), desde que en agosto de 1940 había logrado evadirse de la prisión de Clairvaux (Aube) vivía clandestinamente con nombres falsos (entre ellos, Nicasio Casanova); el hecho de haber trabajado episódicamente en los restaurantes comunitarios creados por el Socorro Nacional del gobierno Petain propició que en 1945 fuera apartado de la Federación Anarquista, pero como Nicasio Casanova representó a la CNT en el mitin que esta organización celebró en París el 14 de octubre de 1944 bajo la presidencia de Albert Cané (de la CGT).

Ada Martí Vall.

Poco después de la muerte de su padre en Barcelona (1947), Ada se casa con Sylveire y en febrero de 1948 nace su hijo Fréderic, y a los seis meses aproximadamente se divorcian y el niño queda a cargo de ella. Una década después del fin de la guerra civil española, aislada de la mayor parte de quienes habían sido sus compañeros de militancia en el antifascimo, vinculada a muchas de sus amistades solo epistolarmente y alejada de su familia y de su entorno cultural natural, en septiembre de 1949 escribe una estremecedora carta a Adora Sánchez, que Manel Aisa reproduce en su biografía:

Acaso una de las razones de mi dificultad para expresarme sea banal, estúpida, he perdido la costumbre de hablar español. Tanto más de escribir en castellano. Más todavía, en catalán, mi lengua materna.

[…]

He dejado de escribir –en absoluto– a no ser para pedir trabajo, etc. Ni teatro, ni conciertos. Vendí la TSF [el radio transistor]. Juan se llevó el fonógrafo, con los mejores discos (Bach, Vivaldi, etc.). El cine me interesa poco, así que tampoco voy, ni siquiera invitada. Y –eso es lo peor– llevo unos meses alejada de mi chuiquitín, que voy a ver cada quince días, pues el precio del viaje no me permite hacerlo más a menudo. El médico exigió esa separación, momentánea, para que pueda reposarme un poco, mejorar mi salud, harto quebrantada, buscar trabajo, arreglar ciertos asuntos…

Georges Orwell.

Es difícil leyendo la biografía de Ada Martí en París no evocar el libro de Georges Orwell (1903-1950) que en España se tradujo como Sin blanca en París y Londres o algunos de los relatos de Henry Miller (1891-1980) del tipo Días tranquilos en Clichy. La carencia de otros datos acerca de las fuentes de ingresos de Asa (que busco empleo en el periodismo y en la docencia) llevan a suponer al lector que en esos años dependió de su relación con otros hombres, si bien en la misma carta a Adora Sánchez recién citada escribe:

A menudo he pensado prostituirme, hacerme entretener, por lo menos, hasta que mi salud se rehaga y pueda trabajar normalmente. Me es imposible, hasta la fecha, por lo menos. Repugnancia física, por un lado. […] Pero más todavía por la mentira permanente que implica la prostitución. […] De ahí que hacerme entretener me sea todavía más difícil que conseguir trabajo. Sin embargo, eso sería una solución para tener al chiquillo junto a mí, para que nada le falte y mi salud se rehaga.

En 1950 vendió las pocas posesiones que todavía le quedaban, entre ellas los últimos restos de su biblioteca de libros en catalán y español, y tres años después nació su hija Claudia, cuyo padre, un librero al que sólo se ha identificado por el nombre de Boris, le proporcionó un medio para cuanto menos subsistir, un puesto en el quoi des Grandes Augustins, junto al Pont Neuf, con su correspondiente caja para vender libros. En contrapartida, en cuanto el padre de su hija se marchó tuvo que dejar a  su hija en un pensionado de monjas.

Hacia 1956 vivió, por lo menos episódicamente, con un contable de cierto nivel cultural llamado Roland, y poco tiempo después con Georges Vila, a quien había conocido a través de unos músicos húngaros de paso por París, y que a partir de 1956, con el fracaso de la revolución en Hungría, a todos los efectos se había convertido también en un exiliado.

Como es fácil suponer, el puesto de Ada Martí, que ocupaba normalmente de diez de la mañana a nueve de la noche y a la que sus compañeros conocían como «la librera española», se caracterizó por la amplia presencia de libros en lengua española (en mucha menor medida en catalán), que obtenía tanto a través de ocasionales subastas como, en algunos casos, a través de los medios libertarios que en la década de los cincuenta desarrollaron una notable labor editorial en el sur de Francia. Según Agustí Guillamón, uno de esos viajes a Toulouse sirvió para que se reencontrara con el anarcosindicalista Ginés Alonso (1911-1988), creador en 1931 del Ateneo Racionalista de La Torrassa (L’Hospitalet) y que por entonces se había establecido como carpintero en L’Avelhanet (departamento de Arieja), que entre 1957 y 1960 sería secretario del subcomité nacional de la CNT en el exilio y en calidad de tal entraba clandestinamente en España.

No es casual sino más bien bastante significativo que el encuentro fortuito con Ada a orillas del Sena en el mes de diciembre de 1958 que Abel Paz narró lo propiciara una edición de Siete domingos rojos (muy probablemente la edición barcelonesa de 1932 de Balagué), la novela en que Sender narra una huelga anarquista en Madrid y cuyo título se ha interpretado en ocasiones como una resurrección de la lucha obrera.

A finales de la década de 1950, por lo menos ocasionalmente, la firma de Ada Martí vuelva a aparecer en la prensa anarquista, y Manel Aisa consigna la aparición de artículos suyos en los números de la Solidaridad Obrera del 30 de enero de 1958 y el 2 de febrero de 1960, aunque es probable que haya otros por descubrir. En el excelente número especial de la edición mexicana de Tierra y Libertad de julio de 1970 (formato revista) se recuperaron algunos textos suyos (firmados como Nina), que apareceron en compañía de otros de figuras señeras del antifascismo, como Diego Abad de Santillán (1897-1983), Sebastian Faure (1852-1942), León Felipe (1884-1968), Emma Goldman (1869-1940), Federica Montseny (1905-1994), José Peirats (1908-1989), Ángel Samblancat (1885-1963)…

Como escribe Georges Paul Vila en las páginas finales de la biografía que Aisa ha dedicado a Ada Martí:

Vender libros en los muelles de París le pareció una solución posible, pero resultó un fiasco o fracaso. Su vocación era escribir pero no era verdaderamente un oficio, la rutina de la vida cotidiana le mataba poco a poco las fuentes de inspiración, sin ingresos económicos regulares, sin hogar, los hijos se convertían en una pesada carga, bajo la cual corría el riesgo de hundirse todos los días.

Georges Vila, que ya lo había logrado en dos ocasiones, no pudo evitar el tercer intento de suicidio, con somníferos, que acabó con la vida de Ada Martí la madrugada del 1 de diciembre de 1960.

Manel Aisa Pàmpols, Ada Martí Vall. El sueño de la conciencia libre, Barcelona, El Lokal (Col·lecció Històries del Raval 9), 2019.

Fuentes adicionales:

AA. VV., La Barcelona rebelde. Guía de la ciudad silenciada, Barcelona, Octaedro (Límites), 2003.

Ariane y Joël, «Abel Paz à Lausanne» (entrevista), L´Affranchi. Periodique des Amis de l´Association Internationale des Travailleurs, núm. 6 (julio-agosto de 1993), pp. 18-21.

Txema Bofill i Okupem les Ones, «La revolució que vam viure no cal somiar-la» (entrevista a Conxa Pérez), Revista Catalunya. Òrgan d´expressió de les CGT de Catalunya i Balears, núm. 125 (febrero de 2011), pp. 16-17. También en versión videográfica en  TV Sants.

Espai de Llibertat, «Abel Paz, escriptor», Espai de Llibertat, septiembre de 1997.

Ada Martí.

Agustí Guillamón, «Martí, Ada (1915-1960)», Revista Catalunya. Òrgan d´expressió de les CGT de Catalunya i Balears, núm. 154 (octubre de 2013), p. 30 y reproducido en diversas webs.

Alejandro Lora Medina, «El poder de la lectura como herramienta revolucionaria. El caso del anarquismo español de los años treinta», Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, núm. 17 (2018), pp. 335-360.

Puyol, «La hija de Ada Martí», Solidaridad Obrera (Portavoz de la CNT Española en el Exilio), año XVII, núm 836 (30 de marzo de 1961), pp. 4 y 2.

Milan Rátkovic, La légende des bouquinistes de Paris, París, L’Age d’Homme, 2000.