Una broma rara: la falsa atribución de un libro durante guerra civil

José M. Camps (1916-1975)

Hasta de 1998 no se estrenó en España, por iniciativa de César Oliva, la intensa obra del barcelonés Josep M. Camps Víznar o Muerte de un poeta, después de haberla publicado en su etapa de exilio en México (en 1960) y estrenarse durante la continuación de su exilio en lo que por entonces era la República Democrática Alemana (en 1963). Hacía años que el retraso en este estreno en su tierra no podía achacarse ya a la censura franquista, sino más bien a la desmemoria o la desidia hacia quien en 1973 había obtenido el galardón más prestigioso que se concedía en España a una obra dramática (con la no menos intensa y crítica El Edicto de Gracia).

Romances del combatiente.

Como fácilmente se deduce del título, la muerte en cuestión es la del poeta y dramaturgo Federico García Lorca (1898-1936), y en la obra tiene un papel fundamental un militar que, curiosamente, figura en la cubierta de uno de los libros más extraños y asombrosos publicados durante la guerra civil española, Los versos del combatiente, cuyo título puede evocar los Romances de un combatiente que Leopoldo de Luis (Leopoldo Urrutia de Luis, 1918-2005) firmó como Leopoldo Urrutia, publicaron las Ediciones Soldado del Pueblo en Gandía en 1937 y cuyos beneficios se destinaron al Socorro Rojo Internacional y a Solidaridad Internacional Antifascista. Es decir, nada que ver.

Quien figura en la cubierta de este curioso libro y es presentado como «Sargento de Morteros» José R. Camacho no es otro que José Rosales Camacho (1911-1978), uno de los siete hermanos del célebre poeta falangista Luis Rosales (1910-1992), pero una de las curiosidades del caso es que, salvo error, ninguno de los textos que componen el poemario salió de la pluma del joven militar.

José Rosales Camacho.

Al parecer, este librito de pequeño formato (12 x 17) y muy limitada extensión (52 páginas), impreso en diciembre de 1938 en los bilbaínos «Talleres Tipo-litográficos de José A. de Lerchundi» y publicado con pie de Ediciones Arriba por la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, iba destinado a los bolsillos de los combatientes insurgentes en el frente (tenía una clara vocación propagandística y doctrinal, pues), y de ahí sus características formales, así como la enorme tirada (se han mencionado, quizás un poco a bulto, «medio millón de ejemplares»). Por su contenido pero no por su sesgo o signo ideológico, se ha puesto en relación de contraste algunas veces con la Corona de sonetos en honor de José Antonio Primo de Rivera (1939), mucho más lujosa, en respuesta a unos objetivos muy distintos.

Que no figure el autor de la ilustración de la cubierta, impresa a dos tintas, es casi lo de menos, pues el origen del libro estuvo en una idea del entonces director nacional de Propaganda, Dionisio Ridruejo (1912-1975), quien tal vez pretendía contrarrestar el efecto de las antologías poéticas que en el bando republicano aglutinaban a autores hoy tan conocidos como Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, José Bergamín, Rafael Dieste, Ramón Gaya, Juan Gil-Albert, José Herrera Petere, Emilio Prados… Acaso esa posible comparación explicara que se recurriera al nombre de José Rosales Camacho como parapeto tras el que ocultarse un grupo de autores que quizá temieran no estar a la altura, pero esa hipótesis no resulta muy convincente.

Ninguno de los treinta y nueve poemas de Los versos del combatiente van firmados, pero sí se sabe con certeza, según declaración propia, que el grueso de los textos se deben a Luis Rosales, que fue quien recibió el encargo de Ridruejo. Tampoco hay duda ya de que el romance dedicatoria inicial al Caudillo lo escribió Manuel Machado (1874-1947), que resulta particularmente interesante, en lo que aquí nos interesa, porque concluye con un envío que se inicia del siguiente modo: «Príncipe: De estas canciones / nunca el autor se sabrá / son de nadie y son de todos / los que las quieran cantar». El interés por adscribirse a una literatura popular es más que evidente, lo que por un lado contribuiría quizás a explicar el anonimato colectivo, por otro estaría más en consonancia con la modestia formal del volumen y, por último, tiene además confirmación en las formas métricas predominantes.

Si en el bando republicano la poesía de combate se inspiró en formas de clara raigambre tradicional y popular (con preferencia sobre todo por el romance), este volumen del bando franquista aparece trufado de cuartetas, seguidillas, soleás, pero también en él predomina el romance; resulta altamente significativo que no figure ni un solo soneto, que será el elemento común de la mencionada Corona de sonetos. Sobre otros rasgos que se podrían aducir como explicación a la autoría colectiva asignada a un sargento de morteros, Miguel d’Ors planteó hace ya algún tiempo otras hipótesis sugerentes, aunque tampoco a él le convencían:

¿Acaso la intención propagandística de aquellos versos los disminuían estéticamente a ojos de sus mismos autores hasta el punto de que éstos prefirieron disimular su paternidad? ¿Cómo podría aceptarse esta explicación si la mayoría —por lo menos— de los colaboradores del libro publicaron sin rebozo poemas igualmente propagandísticos y de calidad no superior?

Sin embargo, previamente apunta D’Ors en otra dirección más convincente: puesto que el libro iba destinado a los soldados, quizá a estos les resultara más fácil y natural identificarse con su contenido si los poemas se atribuían a un militar en lugar de a unos escritores más o menos conocidos. En cualquier caso, la identificación de la autoría de los poemas también trajo cola. Rosales recordaba en un artículo en Abc de 1981 que colaboraron en el libro Agustín de Foxá (1906-1959), Leopoldo Panero (1909-1962), José María Pemán (1897-1981), Dionisio Ridruejo (1912-1975) y Luis-Felipe Vivanco (1907-1975), a los que podemos añadir Manuel Machado, y tendríamos ya al grueso de lo que los hermanos Mónica y Pablo Carbajosa llamaron con singular acierto «la corte de José Antonio [Primo de Rivera]».

En un artículo publicado en la revista Ejército en junio de ese mismo año por el teniente de Infantería (y premio Nacional de Literatura en 1961) Luis López Anglada (1919-2007) se añaden como coautores hipotéticos a Antonio de Zubiaurre (1916-2004) y Ernesto Giménez Caballero (1899-1988), a partir de algunos rasgos estilísticos de los textos, pero sin apoyo documental que lo avale, y luego se han añadido entre otros a José María Souvirón (1904-1973). El típico enigma que proporciona trabajos y alegrías a los filólogos, pero que hasta ahora no parece haber logrado explicar por qué ese colectivo empleó como nombre, muy poco disimulado, el del hermano de Luis Rosales, quien se refirió a ello como una broma; según contó:

En nuestra propagada evitamos hacer campaña de menoscabo para el adversario, evitamos el odio y el insulto. No hay más que leer nuestra publicación Versos del combatiente, un folleto del que se repartieron medio millón de ejemplares y que aparecía firmado por el sargento José R. Camacho, las iniciales de mi hermano, al cual así le gasté una broma.

Pues ahí sigue el enigma.

Fuentes:

Bremaneur, «Adoctrinamiento poético», La biblioteca fantasma: reseñas de libros viejos (2005-2012), 1 de noviembre de 2011.

Javier Cuesta Guadaño, «Por Dios y por España Poesía y propagandapoesía y propaganda del bando nacional durante la Guerra Civil», en Francisco Sáez Raposo y Emilio Peral Vega, eds., Métodos de propaganda activa en la Guerra Civil española. Literatura, arte, música, prensa y educación, Fráncfor del Meno, Vervuert, 2015, pp. 279-331.

Luis Rosales.

José María García de Tuñon Aza, «La poesía de Luis Rosales», El Catoblepas. Revista Crítica del Presenta, núm. 141 (noviembre de 2013), p. 9.

Luis López Anglada, «Literatura y Milicia. Los versos del combatiente», Ejército. Revista de las Armas y Servicios, núm. 497 (junio de 1981), pp. 77-80.

Miguel d’Ors, «”¡La sonrisa de Franco Resplandece!” (Notas sobre un topos de la literatura “nacional” de la guerra de 1936-1939», Revista de Filología Hispánica, 8 (1992), pp. 9-21.

José María Rondón, «Sublime poesía fascista», Letra global, 28 de diciembre de 2017.

Gonzalo Santonja, Los signos de la noche. De la guerra al exilio. Historia peregrina del libro republicano entre España y México, Madrid, Castalia (Literatura y Sociedad), 2003.

Andrés Trapielo, Las armas y las letras. Literatura y guerra civil, Barcelona, Destino (Imago Mundi 167), 2010.

Edición fachista durante la guerra civil española: Jerarquía

Es muy probable que las enormes diferencias entre las características físicas de los libros y revistas editados durante la guerra civil española en la zona controlada por el gobierno y las capturadas por las fuerzas sublevadas merezca un análisis más pormenorizado de los que, al parecer, se han publicado hasta el momento, pues la mayoría de los estudios en este ámbito se han centrado sobre todo en los títulos, los autores y la ideología subyacente en los textos que se publicaban en una y otra zona. Pero quizá no sea menos indicativo que mientras en la zona republicana abundaron los libros en encuadernados en rústica, en papel barato y de mala calidad, en la controlada por las fuerzas rebeldes se pusiera mayor esmero en el libro como objeto, en la calidad del papel y la impresión, en el uso del color, al margen de que el diseño tomara también como referentes tradiciones muy distintas.

La revista Jerarqvía, fundada y dirigida en Pamplona por el cura falangista Fermín Yzurdiaga (1903-1981) inspirándose en la Gerarchia de Mussolini y subtitulada «Revista Negra de la Falange», es un excelente ejemplo de atención a esos detalles de impresión y encuadernación. Además de una muy característica cubierta en riguroso color negro y con el título estampado en oro, el primoroso cuidado en la tipografía, el empleo del color y la generosidad en los márgenes convierten esta publicación en algo muy fuera de lo común. Así lo resume Antonio Duplá Ansuategui:

 Ofrecía una presentación muy cuidada, con impecable tipografía de fuerte impronta clasicista (versales muy cesáreas y romanas, sustitución de las U por V, números romanos, etc.), formato de infolio, cuatro tintas (rojo, azul, negro y purpurina) y buen papel, de modo que su precio era alto (5 ptas. cada número).

 Se publicaron cuatro números con una cadencia irregular, sin duda como consecuencia de los avatares de la guerra: invierno 1936-1937, octubre de 1937, marzo de 1938 y el último fechado simplemente 1938. A Yzurdiaga lo caracteriza Andrés Trapiello como «un cura energúmeno» y añade que «más que un cura, era un curita, joven gerifalte, pálido e inquisitorial, violento y remontado, con mucha afición a echar sermones» , mientras que, según José-Carlos Mainer, «en la figura de Yzurdiaga confluían elementos falangistas y simplemente reaccionarios pero expresados en un tono de exaltación mística que llegaban a lo ridículo». Sin embargo, también hay que atribuir buena parte del mérito de la revista al periodista y escritor Ángel María Pascual (1911-1947), que se había formado como tipógrafo en el Diario de Navarra y que en Jerarqvia actuó como editor. Ese mismo 1937 se acabó en la Imprenta de Regino Bescansa (de Pamplona) un libro ornamentado y con viñetas de Pascual que se cuenta entre sus méritos más reconocidos, El coqueto don Sancho Sánchez, del diplomático de origen uruguayo Gabriel de Biurrun Garmendia (1889-1969). También el resto del equipo de colaboradores de Jerarqvia (autodenominado «escuadra») tenía cierto fuste y prestigio: Agustín de Foxá, Rafael García Serrano, Ernesto Giménez Caballero, Pedro Laín Entrando, Eugenio Montes, Eugenio d’Ors, Dionisio Ridruejo, Luis Rosales…

En esta revista está el origen de la editorial homónima, cuyo plan de publicaciones se anuncia en las páginas finales desde el primer número y que se planteó la creación de cuatro colecciones o líneas: La Sabiduría, Las Letras, Las Artes y La Vida Nueva, bajo la dirección del poeta Luis Rosales (1910-1992), con Francisco García Valdecasa como segundo. Si bien no completamente, el plan anunciado se cumplió en cierta medida, y en 1937 ya aparecieron con pie de Jerarquía Discurso al silencio y Voz de la Falange, discurso pronunciado por Yzurdiaga en Vigo en diciembre de 1937, y Exaltaciones sobre Madrid hechas a los pueblos de España y a los pueblos del mundo, de Giménez Caballero. Sin embargo, poco tenían que ver formalmente con el cuidado puesto en la revista y, en general, ya el diseño de las cubiertas, incluso cuando aludía inequívocamente a la orientación ideológica de los textos, era más sobrio y alejado del churriguerismo cargante de la revista.

Al año siguiente, 1938, se publicó media docena larga de títulos, entre ellos la famosa novela de Agustín de Foxá (1903-1959) Madrid de corte a cheka, en abril, que se publicó simultáneamente en la Librería Internacional de San Sebastián pero impresa en Aldus, S. A. de Artes Gráficas de Santander, y Genio de España. Exaltaciones a una resurrección nacional, y del mundo, de Ernesto Giménez Caballero, que al mismo tiempo aparecía en Zaragoza en las prensas del periódico El Heraldo de Aragón; según ha explicado Ana Martínez Rus:

 Este fenómeno fue muy común en la zona sublevada debido a la fragmentación de la industria editorial. El mismo título salía en prensas de distintos lugares para fomentar su difusión, y además, según iban conquistando nuevas localidades, iban ampliando su radio de acción para contrarrestar la enorme labor editora de la España controlada por el gobierno republicano.

 También de ese mismo año es el primer libro de Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999), la pieza teatral El viaje del joven Tobías, «milagro representable en siete coloquios», de cuya primera lectura pública dejó escrito Laín Entralgo que durmió a todos sus amigos; se publicó con ilustraciones de Juan Cabanas y su colofón reza del siguiente modo: Gundisalvus auctor fecit * Ioannes Cabanas pinxit * Typis Griielmi in Bilbao * Anno Dom. MCMXXXVIII

Aún de 1938 es el Poema de la Bestia y el Ángel, de José María Pemán (1897-1981), ilustrado con diez láminas alegóricas a plumilla fuera de texto del ilustrador tangerino Carlos Sáenz de Tejada (1897-1958), impresas en Industrias Gráficas Uriarte Zaragoza. Y de 1939 destaca sobre todas la Corona de sonetos en honor de José Antonio Primo de Rivera, impresa en el Instituto Gráfico Oliva de Vilanova y del que se hizo la siguiente tirada:

Uno, numerado con el núm. 1 editado en papel de hilo verjurado agarbanzado dedicado al Excelentísimo señor don Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado y Caudillo de España.

Uno, numerado con el núm. 2, editado con el mismo papel que el anterior y dedicado al Excelentísimo señor don Ramiro Serrano Suñer, Ministro de la Gobernación.

Uno, numerado con el núm. 3 editado también papel de hilo verjurado agarbanzado dedicado el Excelentísimo señor don Raimundo Fernández Cuesta, Ministro de Agricultura y Secretario General de Falange Tradicionalista y de las J.O.N.S.

250, numerados del 4 al 253, editados en papel de hilo blanco verjurado y encuadernados en tela.

6000, sin numerar y con márgenes reducidos, editados en papel dibujo superior acremado alisado.

La producción de las Ediciones Jerarquía prosiguió hasta un poco más allá del fin de la guerra, hasta que en 1941 se subsumió en la Editora Nacional, al igual que pasaría con las Ediciones Fe que dirigía Luis Felipe Vivanco (1907-1975). Es muy probable que el último de los títulos publicados fuera el segundo volumen de las obras completas de José Antonio Primo de Rivera (1903-1936) Frente el Parlamento (1941).

 Títulos identificados:

Fermin Yzurdiaga Lorca, Discurso al silencio y Voz de la Falange, discurso pronunciado en Vigo en diciembre de 1937, Pamplona, 1937 (tuvo cinco ediciones).

Ernesto Giménez Caballero, Exaltaciones sobre Madrid hechas a los pueblos de España y a los pueblos del mundo, 1937.

Rafael García Serrano, Eugenio o proclamación de la Primavera [ésta es como la historia del muerto que yo hubiera querido ser], 1938.

Paul Claudel, El libro de Cristóbal Colón, versión de Felipe Vivanco, dibujos de Pedro Pruna, Bilbao, 1938.

José María Pemán, Poema de la Bestia y el Ángel, ilustrado con láminas fuera de texto con diez alegóricos plumilla de Carlos Saez de Tejada, Industrias Gráficas Uriarte Zaragoza, 1938.

José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, Discursos, prólogo de Raimundo Fernández Cuesta, ilustrado con un retrato de José Antonio Primo de Rivera y un autógrafo facsímil de Francisco Franco, Santander, Aldus, junio de 1938. (1938).

Gonzalo Torrente Ballester, El viaje del joven Tobías. Milagro Representable en Siete Coloquios, ilustraciones de Juan Cabanas, Bilbao, 1938.

Agustín de Foxá, Madrid de corte a checa. Episodios Nacionales I, simultáneamente en Librería Internacional de San Sebastián, Aldus, S. A. de Artes Gráficas de Santander abril de 1938.

Ernesto Giménez Caballero, Genio de España. Exaltaciones a una resurrección nacional, y del mundo, 1938, simultáneamente en Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1938.

José María Castroviejo Blanco Cicerón, Altura. Poemas de guerra, introducción de Juan Aparicio, 1939.

Ernesto Giménez Caballero, Roma madre, Madrid, Talleres Gráficos E. Giménez, 1939.

Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco, La mejor reina de España. Figuración dramática en un prólogo y tres actos en verso y en prosa, Madrid, Imprenta de Silverio Aguirre, 1939.

Constantino Bayle, S. I., España en Indias, Barcelona, 1939.

Germán Prado, Antología litúrgica de las distintas liturgias orientales y occidentales, Burgos, Imprenta Aldecoa, 1939.

Ramón de Basterra, Antología poética, Los navíos de la ilustración, Papeles inéditos y dispersos, edición de J.M.B. [¿José Manuel Blecua Teijeiro?] y prólogo de José María de Areilza, Barcelona, 1939.

Fuero del Trabajo, Ed. Jerarquía en el colofón y Ed. Nacional en la cubierta poste, Barcelona, 1939. También: Pamplona, 1938. 54 p, 1 h. Cuidada impresión a dos tintas.

Varios autores, Corona de sonetos en honor de José Antonio Primo de Rivera, Barcelona, 1939. Autores: Antonio Tovar, Ignacio Agustí, José María Alfaro, Manuel Augusto, Álvaro Cunqueiro, Gerardo Diego, Manuel Díez Crespo, Carlos Foyaca, Román Jiménez de Castro, Pedro Laín Entralgo, Eduardo Llosent y Marañón, Manuel Machado, Eduardo Marquina, Eugenio Montes, Alfonso Moreno, Eugenio D Ors, Leopolso Panero, José María Pemán, Fray Justo Pérez de Urbel, P. Pérez Clotet, Dionisio Ridruejo, Félix Ros, Luis Rosales, Juan Sierra, Adriano del Valle, Luis Felipe Vivanco.

Varios autores, Dolor y memoria de España en el segundo aniversario de la muerte de José Antonio, con textos de José Mª de Areilza, Francisco Casares, Melchor Fernández Almagro, Raimundo Fernández Cuesta, Agustín de Foxá, Rafael Garcerán, Ernesto Giménez Caballero, Antonio Goicoechea, José Antonio Jiménez Arnau, Pedro Laín Entralgo, Lula de Lara, Luis Legaz, José Féliz de Lequerica, Juan Ignacio Luca de Tena, Manuel Machado, J. Miquelarena, Eugenio Montes, José Pemartín, José Mª Pemán, Dionisio Ridruejo, Samuel Ros, Nieves Sáenz de Heredia, José Mª Salaverría, Ramón Serrano Suñer, Antonio Tovar, Mercedes Werner, Felipe Ximénez de Sandoval, y Barcelona, 1939.

de Iriarte, S. I., El doctor Huarte de San Juan y su examen de ingenios. Contribución a la Historia de la Psicología Diferencial, 1940.

Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco, antología y prólogos, Poesía heroica del imperio, dos volúmenes, Barcelona, Institución Gráfica Oliva de Vilanova y Madrid, Gráficas Ultra, 1940-1943.

Dionisio Ridruejo, Poesía en armas, Madrid, 1940.

Manuel Machado, Poesía. Opera Omnia lyrica, contiene elogios, en forma poética de Gerardo Diego, Enrique Frax, Pedro Laín Entralgo, Eduardo Llosent y Marañón Alfonso Moreno, Leopoldo Panero, José María Pemán, Luis Rosales, Dionisio Ridruejo, Luis Felipe Vivanco y Antonio de Zayas 1940.

José Antonio Primo de Rivera, Obras completas tomo II, Frente el Parlamento, 1941.

Fuentes:

Antonio Duplá Ansuátegui, «La revista falangista Jerarqvia y el modelo imperial romano», Vasconia, núm. 38 (2012), pp. 813-837.

José-Carlos Mainer, Falange y literatura, Barcelona, Labor, 1971.

Índice de autores de la Corona.

Ana Martínez Rus, «Expolios, hogueras, infiernos. La represión del libro (1936-1951)» Represura, núm. 8 (febrero de 2013).

Eduardo Ruiz Bautista, «La Editora Nacional (1941-1945): primeros pasos y traspiés», Historia y política: ideas, procesos y movimientos sociales, núm. 13 (2005), pp. 99-120.

Andrés Trapielo, Las armas y las letras. Literatura y guerra civil, Barcelona, Destino (Imago Mundi 167), 2010.

Andrés Trapiello, Imprenta moderna. Tipografía y literatura en España, 1874-2005, València, Campgràfic, 2006.