Una oleada de pequeñas editoriales españolas

«Todo eso de la independencia no es más que marketing, una forma de vender.»

Enrique Murillo

En la primera década del siglo XXI se produjo en España una cierta eclosión de nuevas pequeñas editoriales, muchas de ellas con una marcada vocación literaria, que a menudo se presentaban a sí mismas como independientes ante un momento en que se estaba produciendo un proceso de concentración de sellos en unas pocas grandes empresas y escaseaban las de —en términos empresariales— tamaño medio (Anagrama, Tusquets, Salamandra y no muchas más). En realidad, quizás ese proceso podría rastrearse ya en la década anterior, con la aparición de pequeñas iniciativas casi unipersonales, como fue el caso de las Ediciones Carena de Jesús Membrive, que obtuvo el resonante éxito con Mujeres para la historia, de Antonina Rodrigo; Lengua de Trapo, que batió récords de ventas con Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, de Pablo Tusset; las primero reconvertidas y luego fenecidas Ediciones del Bronce de Miriam Tey, que después de publicar al premio Nobel Gao Xingjian saltó escandalosamente a las páginas de la prensa amarillista a raíz de la polémica publicación de Todas putas, de Hernán Migoya (novela que fue calificada de «apología de la violación», entre otras lindezas); la ya desaparecida editorial de Sergio Gaspar, centrada inicialmente en la publicación de nuevos poetas, DVD, o, ya en 1999, la editorial Páginas de Espuma de Juan Casamayor y Encarnación Molina, dedicada a la publicación casi exclusivamente de narrativa breve o muy breve, en ocasiones en forma de muy útiles antologías panorámicas.

Sin embargo, fue a partir del año 2000 cuando se inició un período en el que no había año en que en España no irrumpiera con ímpetu una o más editoriales con propuestas que muy a menudo suponían una auténtica novedad, ya fuera por cubrir nichos de mercado pequeños y desatendidos por las grandes empresas, por centrarse en géneros más o menos marginalizados o incluso por la presentación misma de los libros como objeto. Aceptando esta periodización, abrieron fuego la madrileña Ocho y Medio, especializada en cine, que en realidad era una continuación de Alphaville y a cuyo frente estaba Jesús Robles, y la editorial unipersonal Minúscula (nacida el año anterior), que ya con su nombre hacía toda una declaración de intenciones, y que con el tiempo se ha convertido en punto de referencia en cuanto a, entre otras cosas, la publicación de escritores centroeuropeos del siglo XX. Explicaba sobre esta pequeña oleada de nuevas editoriales su responsable, Valeria Bergalli: «Las propuestas de los grandes grupos no nos satisfacían, y las editoriales medianas –Anagrama, Tusquets– tenían una línea muy estable, asentada. Reinaba, pues, una cierta uniformidad que los lectores inquietos exigían romper. Luego, el fenómeno se ha ido multiplicando…».

En el ámbito de la edición de libros sobre temas musicales (biografías, estudios, historias, letras ded canciones, etc.), nacía al año siguiente en Barcelona Global Rhythm, con Julián Viñuales a la cabeza y entre cuyos primeros éxitos importantes estuvieron las Crónicas de Bob Dylan (proyecto hoy subsumido en Malpaso Editores), y en una combinación de ensayo y narrativa predominantemente europea, Barataria, con Carola Moreno como editora, que alternaba los servicios editoriales con la publicación de libros con su sello (de la espléndida novela Un asunto privado, de Beppe Fenoglio, al ilustrativo libro de entrevistas Cosas de la Cosa Nostra, del juez Giovanni Falcone, pasando por el libro testimonial y la recuperación de obras olvidadas).

Segunda edición en RqueR de las Confesiones de una editora…

De 2002 son Candaya, con Olga Martínez y Paco Robles al frente, que saltaron a la fama con Nocilla dream, de Agustín Fernández Mallo, si bien las siguientes novelas del mismo ciclo (Nocilla experience y Nocilla Lab) las publicó ya una gran editorial, Alfaguara; Melusina, de José Pons, que se centró en el ensayo inesperado y que abrió en su seno el sello UHF («con vocación irascible, iconoclasta e incombustible»); Nowtilus, pilotada por el experimentado editor Santos Rodríguez (procedente del grupo Anaya) y centrada en la ciencia y la tecnología, y RqueR, el proyecto que pusieron en marcha la entonces ya veterana Esther Tusquets, 1936-2012) y Milena Busquets, quien el año anterior, estando todavía en el grupo Bertelsman, ya había advertido de su intención de seguir intentando y publicar y vender buena literatura (en su breve trayectoria como editorial, además de las muy citadas memorias profesionales de Esther Tusquets, RqueR publicó a Conan Doyle, Umberto Eco, Mercè Rodoreda, Gustavo Martñín Garzo, Juan Abreu…).

Solo una larga espera (Menoscuarto).

Sin ánimo de ser exhaustivo, a las mencionadas pueden añadirse, sólo en 2004, la exquisita y luego malograda Gadir (Dino Buzzati, Merimée, Turguéniev) del execonomista del Banco de España Javier Santillán, Alpha Decay, nacida con el padronazgo (y la participación) de Carme Balcells, Travel Bug, centrada en el libro de viajes y de gastronomía, en diversas lenguas, Menoscuarto, la muy polémica y ya desaparecida Inédita Editores y, con unas dimensiones sensiblemente mayores, la Roca Editorial de Blanca Rosa Roca (exdirectora de Ediciones B) y con el apoyo como editora de Patricia Escalona (hoy en Malpaso), que enseguida se desdobló en diversos sellos. Y en años posteriores los muy exitosos Libros del Asteroide de Luis Solano en 2005; Nórdica Libros, con Diego Moreno al frente (con amplia experiencia como librero y tras un primer intento con la editorial Joseph K, y cuyo hermano Daniel crearía más adelante Capitán Swing), en 2006; la Fragmenta del profesor Ignasi Moreta y la diseñadora gráfica Inês Castel-Branco, dedicada a los «libros no religiosos sobre religión», y la andaluza El Olivo Azul de Iria Rebollo y Eduardo Moreno, entre cuyos títulos destacó su Entre mareas de Joseph Conrad, en 2007; los Libros del Lince del veterano Enrique Murillo, hoy en el seno de Malpaso, y Ediciones Alfabia, iniciativa de Diana Zaforteza cuando abandonó Alpha Decay, en 2008; y fue muy productivo en este sentido el año 2009: la ya mencionada Capitán Swing, Los libros del Silencio del malogrado Gonzalo Canedo (1955-2013), la muy efímera Barril & Barral, del polifacético periodista Joan Barril (1952-2014) y Malcolm Otero (hoy en Malpaso), los rompedores y heterogéneos Blackie Books, Sajalín Editores (Dani Osca y Julio Casanova) y Versátil (con Consuelo Olaya como directora editorial e Irene Muzas Calpe como editora y destinada a la novela de género)… Y vale la pena insistir en ello: sin ánimo de ser exhaustivo.

Es evidente que se trató de proyectos muy distintos, que han corrido suertes muy diversas y que nacían también con objetivos diferentes, pero a lo largo de su trayectoria se fue creando desde el ámbito de la prensa cultural una imagen de editoriales en cierto modo descendientes de lo que Jorge Herralde había bautizado como el mohicanismo editorial, pues muchas de ellas se autoproclaman incluso en sus páginas de presentación como independientes, aunque no queda del todo claro que todas se estén refiriendo a lo mismo con este epíteto.

André Schiffrin con Jorge Herralde en el programa televisivo de Emili Manzano L´hora del lector.

Algunas prácticas, como el asociacionismo, ya sea con editoriales de rasgos más o menos similares en el extranjero (como es el caso de Minúscula con Les Allusifs, Nottetempo y Voland), ya sea entre ellas también ha sido más o menos común, destacando en este caso el proyecto Contexto que aglutinó a Libros del Asteroide, Barataria, Global Rhythm, Impedimenta, Nórdica, Periférica y Sexto Piso. Otros de los modos de proceder más o menos generalizados, como fue la recuperación de autores valiosos descatalogados (en particular si estaban ya libres de derechos), llegó a irritar a los lectores veteranos, en particular cuando se sirvieron de las mismas añejas traducciones que en ocasiones incluso habían sufrido los recortes de la censura franquista. Probablemente, en realidad el tamaño de estas editoriales no sea tan determinante ni en sus filosofías ni en sus modos de trabajar (y tampoco en sus resultados, tanto culturales como económicos), pero quizá fuera entonces cuando en España se generalizó un empleo muy discutible del término “editoriales independientes”, hasta el punto de convertirse en poco menos que un falso marchamo de savoir faire. De todo hay, por supuesto.

Fuentes:

Marc Andreu, «Unos editores poco gubernamentales», Libros El Periódico, núm. 81 (28 de enero de 2000), pp. 2-3.

Javier Aparicio Maydeu, «De los demasiados libros y sus consecuencias», Quimera, núm. 223 (diciembre de 2002),  pp. 27-29.

Nuria Azancot, «Enrique Murillo: “He fracasado tantas veces… y ni así aprendo”», (entrevista) El Cultural, 6 de marzo de 2002, p. 23.

Nuria Azancot y M. López-Vega, «Autores, editores y agentes fuera del sistema», El Cultural, 17 de octubre de 2002, pp. 6-9.

Mauricio Bach, «El relevo en la edición literaria», La Vanguardia, 30 de abril de 2001, pp. 16-18.

Valeria Bergalli, «Una minúscula esperanza», Quimera, núm. 223 (diciembre de 2002),  pp. 18-20.

Manuel Borrás, «Un vendedor de palabras ajenas», Quimera, núm. 223 (diciembre de 2002), pp. 11-13.

Toni Capilla, «Nuevos valores. Los bebés del sector editorial español», Qué Leer (septiembre de 2004), pp. 38-41.

Juan Casamayor, «Tengo una impresión, luego edito», Quimera, núm. 223 (diciembre de 2002), pp. 14-17.

Laura Hernández, «Enrique Murillo: “Intento explicarme la crueldad”»(entrevista), Lateral, mayo de 20002, p. 8.

Sonia Hernández, «Aires nuevos en el sector editorial», La Vanguardia, 23 de febrero de 2001, pp. 8-9.

Alberto Olmos, «Cómo acabar de una vez por todas con las pequeñas editoriales», Zenda, 23 de diciembre de 2016.

Fernando Palmero, «Juan Casamayor y Encarnación Molina, vivir del cuento», Leer (abril 2005), pp. 30-33.

Anuncios

El eco de los Libros del Silencio

Logo de la editorial, obra de Frederic Amat.

En los últimos años, pocas editoriales habrán dejado oír su eco con tanta fuerza, después de desaparecidas, como los Libros del Silencio, la aventura emprendida por Gonzalo Canedo (1955-2013) y que se desarrolló en apenas tres años (2009-2013).

Si bien llevaba desde los dieciocho años vinculado al mundo del libro, en su vertiente comercial, no fue hasta cumplidos los treinta y siete que Canedo decidió poner en marcha su proyector personal, que desde el primer momento fue muy bien acogido tanto por la prensa como por los libreros y lectores. Desde su base en Barcelona (ciudad a la que se había trasladado en 1992, desde su Galicia natal), desplegó una intensa actividad como escaparate de nuevas voces literarias (sobre todo narrativas, pero también ensayísticas y poéticas), así como de divulgador de textos olvidados.

Libos del Silencio también sirvió a Canedo para estrechar lazos con sus raíces, y quizá la mejor y más exitosa expresión de esta vertiente sea la publicación de la obra poética de Lois Pereiro (Luis Ángel Sánchez Pereiro, 1958-1996), que había ido publicando con regularidad su obra en las coruñesas Ediciós Positivas y de quien aparecieron en el catálogo de Libros del Silencio la Obra completa (2011) en edición bilingüe y Poesía última de amor y enfermedad, 1992-1995 (2012) (ambos con prólogos de Pere Gimferrer, introducciones de Xosé Manuel Pereiro y en traducciones de Daniel Salgado. Y no sólo por la importancia intrínseca de estos libros, sino sobre todo porque abrieron el camino a otros de Pereiro, como Antoloxia poética (2011) y Naufragos do paraíso (2011), editados por Daniel Salgado para Galaxia (aparecidos originalmente en Positivas), Poesia completa (2011), preparada por Ana Acuña, y Modesta proposición para renunciar a facer xirar a roda hidráulica dunha cíclica historia universal da infamia e outros ensaios (2011), ambas en Xerais o  Akaberako poesia amodioaz eta gaitzaz, 1992-1995 (2013) en Berriozar (en traducción al euskera de Joxemari Sestorain).

El escritor y editor Carlos Casares.

Sin embargo, la presencia en Libros del Silencio de escritores gallegos –ya sean de expresión gallega o española– es también significativa: De Carlos Casares (1941-2002) se publicó, en traducción del propio Casares y de Xesús Rábade Paredes, un volumen de Narrativa breve completa precedida de un prólogo de Juan Cruz; de Julio Camba (1882-1962) se recuperaron Haciendo de República y artículos de la guerra civil, que contiene textos escritos originalmente para el periódico Abc de Sevilla que no llegaron a publicarse en su momento, y mención aparte merece Celso Castro, que si bien había publicado ya Dos noches (Ópera prima, 2001) y El cerco de Beatrice (Ediciones del Viento, 2007). tuvo por primera vez una repercusión crítica y de lectores de veras importante con las novelas El afinador de habitaciones (que incluye además el relato “La Cuervo”) (2010) y Astillas (2011); ya bajo la égida de la agencia literaria ACER y desaparecidos los Libros del Silencio, su siguiente obra, Entre culebras y extraños (2015), la publicó Destino.

Celso Castro.

Sin embargo, este “galleguismo” es sólo uno de los aspectos interesantes de Libros del Silencio. Si los casos de Celso Castro, Donald Ray Pollock y Patrick de Witt  pueden ejemplificar esos aludidos descubrimientos de nuevas voces para el lector español, la recuperación de autores incluye a escritores tan singulares y alejados estéticamente entre sí como Francisco de Quevedo (1580-1645), de quien se publicó Poesía inédita de cuya atribución existían dudas, Anton Chéjov (1860-1904), de quien se reunió Sobre el teatro: artículos y cartas, Ladislav Klima (1878-1928), Las desventuras del príncipe Sternenhoch, Der Nister (1884-1950)…

En cuanto a las recuperaciones, como unos pocos ejemplos significativos, de Colin Wilson se reeditó Ritual en la oscuridad (de la que Luis de Caralt había publicado en 1976 una traducción de Francesc Elías), de Francis Wyndham se reunieron El otro jardín y relatos completos (que acaso sólo se habían publicado parcialmente en catalán y dispersos) y Francisco Rico se ocupó de prologar la reedición de Función en el colegio, en la traducción de Ángel M. Bécquer que con el título Festival en el colegio José Janés había publicado ya en 1942 (con ilustraciones del nunca suficientemente justipreciado Jaume Pla).

Esta enumeración quizás un poco caótica de títulos pudiera dar a entender una cierta diversidad desordenada, pero salvo en la colección Singular la estructura era muy clara y la filosofía (o política editorial) se centraba en la búsqueda de textos valiosos e insólitos y los organizaba básicamente por géneros literarios: Miradas (narrativa), El Arte de la Discusión (ensayo), Contracorriente (textos narrativos y ensayísticos heterodoxos) y Preciosa y el aire (poesía).

Vista con esta distancia, aún corta, resulta asombroso que en tan poco tiempo se lograra publicar algo más de un centenar de títulos, con un abanico tan amplio de intenciones. Menos sorprendente es que, una vez fallecido Canedo, la editorial resultara financieramente inviable y desapareciera en enero de 2013. Como suele decirse de los grandes creadores, y en este caso con toda razón, siempre quedará su obra.

Recomendación final en forma de vídeo, aquí.