Edición colaborativa de buenos libros: ABB

A Margarida Trias Pareja, agradecido y admirado.

Lo que podríamos llamar «edición colaborativa», si bien es cierto que toda modalidad de edición lo es, tiene una larguísima tradición en el ámbito hispánico, que ya en el siglo XIX se manifestó mediante la creación de las asociaciones de bibliófilos, que dieron pie (y nombre) a un tipo específico de edición.

A la zaga de la edición francesa (e inspirados concretamente en Las aventuras del último Abencerraje, de Chateaubriand), uno de los primeros ejemplos en la península Ibérica tal vez sean los doce volúmenes aparecidos entre 1839 y 1872 de los Recuerdos y bellezas de España, del pintor, litógrafo y dibujante barcelonés Francesc Xavier Parcerisa (1803-1875), cuyos textos fueron escritos sucesivamente por el escritor Pau Piferrer (1818-1848), el traductor y político Francesc Pi i Margall (1824-1901), el crítico de arte Pedro de Madrazo (1816-1898) y el archivero e historiógrafo Josep Maria Quadrado (1819-1896), que se vendía por suscripción a medida que iban apareciendo.

De 1866 data la fundación de la Sociedad de Bibliófilos Españoles, y dos años después nace en Sevilla la Sociedad de Bibliófilos Andaluces.

Francesc Xavier Parcerisa.

Poco posterior es la creación de La Protecció Literaria, creada en octubre de 1877 por el humorista Francesc Manuel Pau (1845-1908) y cuyo objetivo era sobre todo la compra de ejemplares, de modo que las ediciones fueran rentables, por lo que su funcionamiento, más allá de sus objetivos iniciales, fue más parecido al de un club del libro. A esta sigue, en Barcelona, la Societat Catalana de Bibliòfils (1903-1915), entre cuyos fundadores se cuentan el célebre bibliófilo Ramon Miquel i Planas (1874-1950) y el coleccionista de Reus Pau Font de Rubinat (1860-1948), colaborador habitual de la Revista Ibérica de Exlibris (1903-1906), y su objetivo es ya muy específicamente la edición de libros, como explicita el artículo 1 de sus estatutos: «Publicar o reproducir obras catalanas inéditas o raras que tengan interés en Cataluña y en el resto de reinos y territorios de lengua catalana». Con Els XIII, una asociación de coleccionistas también de corta vida (1927-1932), que encabezaba el arqueólogo Epifani de Fortuny (1898-1989)  y que publicó algunos almanaques, catálogos y facsímiles de manuscritos, acaban los antecedentes de la Associació de Bibliòfils de Barcelona, de más extensa e importante trayectoria.

Pau Piferrer.

Si bien ya desde 1940, con la guerra civil aún muy reciente, habían empezado a resurgir en España algunas asociaciones de bibliófilos (ese año inician una segunda etapa la Asociación de Bibliófilos Españoles, Acción Bibliográfica Valenciana y la tertulia madrileña La Arcadia), fue en 1943 cuando empezó a gestarse la que, en palabras de Germán Masid Valiñas:

Se sitúa esta entidad en la cúspide de todo el entramado de las sociedades de bibliófilos. El número y la calidad de sus ediciones, la amplitud de las actividades desarrolladas, la activa participación de sus asociados y la renovación que supuso en el horizonte de la bibliofilia le confieren un indudable primer puesto entre todas las entidades [españolas y posteriores a 1940]

Josep Porter i Rovira.

Tras unas reuniones preliminares en las que intervinieron el industrial Cayetano Vilella (1898-1966), el cervantista Joan Sedó i Perís-Mencheta (1908-1966),  el librero y bibliógrafo Josep Porter i Rovira (1901-1999), el pintor José Pedro Gil Moreno de Mora y Plana (1892-1945), el dirigente deportivo Alfons Macaya (1878-1950) y el aristócrata y bibliófilo Ramon de Dalmases Villavechia (1897-1983) –autor de una obra de sugerente título: Pequeñas sorpresas del bibliófilo: un caso de estraperlo en el siglo XVII (1945) –, entre algunos otros amantes de los libros, se consiguió convencer a Josep Porter de que encabezara una nueva asociación de bibliófilos, cosa que aceptó con las siguientes condiciones en cuanto a la edición de obras: «No serían como eran habitualmente aquellas que publicaban las asociaciones españolas de bibliófilos, meras exhumaciones de libros raros, sino que, sin desdeñar el texto, nuestras ediciones debían tener tanta importancia en el contenido como en el continente».

El 21 de marzo de 1944 se celebraba una primera reunión cuyo éxito llevó a ampliar la idea inicial de cincuenta socios a cien, y el 17 de junio se aprobaban oficialmente los estatutos de la Associació de Bibliófils de Barcelona (ABB), que incluso tuvo que crear veinticinco plazas adicionales para dar cabida a asociaciones y socios colectivos como la Biblioteca del Congreso de Washington, la Biblioteca de l’Abadia de Montserrat o la Hispanic Society of America. Indicaban entre los objetivos principales esos ambiciosos estatutos:

La Asociación procurará difundir el conocimiento de los tesoros bibliográficos existentes en España, en colecciones generales o particulares, velando por su conservación; organizar exposiciones de obras impresas, grabados, láminas, exlibris, encuadernaciones, manuscritos, y, en general, de todas las manifestaciones del arte del libro o de la imprenta; facilitar a las bibliotecas la adquisición de ejemplares raros, mediante la aportación económica de sus asociados a suscripciones organizadas al efecto; y, en una palabra, ejercitar todas aquellas actividades encaminadas a incrementar la afición a los libros y al mejoramiento de la producción española.

Más allá de conferencias (por lo menos anuales), encuentros o tertulias mensuales, encuadernaciones y organización de exposiciones importantes (Bibliofilia Española, en 1974; Aureum Opus en el 2000; la exposición en el marco del XXII congreso de la Association Internationale de Bibliophilie, en 2001), así como de congresos internacionales,  el legado más palpable de la ABB son, evidentemente, sus publicaciones, que se concretaron en una serie de libros en tiradas de unos cien ejemplares (más algunos para colaboradores), impresos sobre papel de hilo con filigrana de la sociedad y de las que se ocuparon las empresas más sobresalientes del país (Oliva de Vilanova, Horta, Joan Sallent, SADAG, Seix y Barral, Miquel Rius…). El tipo de textos y autores escogidos son muy variados, y se inician en 1945 con El Capitán Veneno, de Pedro Antonio de Alarcón, con ilustraciones de Mallol Suazo (1910-1986) y cabeceras de Teodoro Miciano (1903-1974).

J.V. Foix.

Estas publicaciones enseguida toman un ritmo anual, y entre ellas se cuentan, por ejemplo, unas Rimas de Gustavo Adolfo Becquer ilustradas con grabados al buril de José Luis Sánchez Toda (1901-1975) a partir de dibujos de Carlos Sáez de Tejada (1897-1958) en 1973; una edición bilingüe de XL Sonets de J.V. Foix, con la traducción al español obra del poeta Enrique Badosa (n. 1927) y un aguafuerte de Antoni Tàpies (1923-2012), en 1986; una muy vistosa de Les històries naturals de Joan Perucho, ilustrada por Ramon Herreros con un aguafuerte-aguatinta e ilustraciones  litográficas, precedida de una introducción de Carlos Pujol (1936-2012) y una nota acerca de Herreros de Francesc X. Puig Rovira (n. 1934), en el año 2001, o, al año siguiente, una compilación de 20 contes de Pere Calders, ilustrados con xilografías de Enric Cluselles (1914-2014) y acompañados de una introducción de Joan Triadú (1921-2010) y una semblanza de Cluselles escrita por el ya mencionado Puig Rovira.

Enric Cluselles.

Aun así, una de las ediciones que más resonancia tuvo fue, en 2015, la edición de Set cartes de Dalí a Pere Corominas, en edición de Vicent Santamaría de Mingo, autor también del texto introductorio y de las notas, y de textos complementarios de Albert Balcells y Enric Casasses, de cuya realización se ocupó Edicions de l’Eixample. Se trata de cinco cartas hasta entonces inéditas, fechadas en 1930, vinculadas a la espectacular y escandalosa conferencia que el artista ampurdanés dio en el Ateneu Barcelonès, del que tuvo que huir por piernas,  a las que acompañan otras dos ya aparecidas previamente en el catálogo de la exposición celebrada 2004 en la Biblioteca de Catalunya Dalí. Una vida de libro y que aluden a un encargo de ilustraciones para una edición de lujo del libro de Corominas Les gràcies de l´Empordà y que nunca llegó a buen puerto. No es empresa fácil (ni barata) la edición de obras de bibliófilo y son muchos los buenos proyectos que, por los más diversos motivos, no llegaron a realizarse. De momento.

Fuentes:

Web de la Associació de Bibliòfils de Barcelona.

AA.VV., Bibliofilia a Catalunya, Barcelona, Fundació Jaume I, 2001.

Germán Masid Valiñas, La edición de bibliófilo en España (1940-1965), Madrid, Ollero & Ramos, 2008.

Anuncios

Primera aproximación a la obra de Joan Palet como ilustrador de libros

En la vieja sede de Plaza & Janés hubo en un tiempo un enorme cuadro al óleo, casi un mural, que bajo el título Los importantes de la literatura catalana presentaba una escena imposible, un encuentro entre Jacint Verdaguer (1845.1902), Joan Maragall (1860-1911), Ángel Guimerà (1845-1924) y Carles Riba (1893-1959), que nunca pudieron coincidir por razones cronológicas obvias. Es un misterio, al menos para mí, dónde fue a parar ese cuadro cuando se abandonó la sede, pero tiene mucho sentido que se tratara de una obra fechada en 1970 por el pintor y excelente dibujante Joan Palet Batiste (28 de marzo de 1911-19 de agosto de 1996), pues su labor como ilustrador de libros y su papel en la edición española es extraordinaria e, incomprensiblemente, muy poco reconocida.

Autorretrato de Joan Palet (1911-1996) en 1976 (óleo sobre madera, 30 x 41 cm).

Nacido en el seno de una familia de escultores y tallistas de la madera con taller en Barcelona, Palet se inició muy pronto en el mundo artístico en la pequeña empresa familiar, y su precocidad le llevó con apenas dieciocho años a participar en la Exposición Internacional de Barcelona (1929) y a hacer unas primeras colaboraciones para la celebérrima revista infantil Patufet.

A la derecha, cabecera de Joan Palet para Patufet.

Matriculado en 1930 como alumno nocturno en la Escola de Belles Arts de Barcelona, conocida popularmente como La Llotja, no tardó en formar grupo, una “colla”, con algunos jóvenes que no tardarían en destacar en el mundo de la ilustración y el diseño, como Josep M. Mallol Suazo (1910-1986), Manuel Ricart Serra (1913-2014) o Ricard Giralt-Miracle (1911-1994), entre otros. Dos años después, el fallecimiento de su padre le llevó a iniciarse profesionalmente en el mundo de la publicidad en una de las agencias pioneras catalanas, Publicitats, al tiempo que, sin abandonar los estudios nocturnos en La Llotja, se hizo socio del Reial Cercle Artístic de Barcelona y del Cercle de Sant Lluc.

Giralt per Palet

Ricard Giralt-Miracle (1951), retratado por Joan Palet (pluma sobre papel, 14 x 11 cm).

Como sucedió a tantos miembros de su generación, la guerra civil española hizo picadillo su prometedora carrera ascendente. Tras ver morir a su hermano en sus propios brazos en los primeros compases de la contienda, fue movilizado y pasó la guerra en el servicio cartográfico, para cruzar en febrero de 1939 la frontera con Francia y ser internado en el campo de refugiados de Barcarès. No volvió a cruzarla, en sentido contrario, hasta cinco meses después.

Janés per Palet

Retrato de Josep Janés i Olivé, grabado a la punta seca (1952).

A su regreso, al parecer, el reencuentro con sus compañeros, y en particular con el poeta y editor Josep Janés i Olivé (1913-1959), fue fundamental para su integración en el entonces muy asfixiado mundo editorial y cultural catalán. Según lo cuenta perfectamente su hija Olga:

Palet encuentra en el oficio de ilustrador una salida a sus necesidades artísticas, pero con Janés y su círculo también descubre una calidez humana y cultural que, recién terminada la guerra, parece un milagro. Conoce un ambiente que, a pesar de las dificultades del momento, se mantiene fuerte gracias a la colaboración entre pintores, poetas y escritores catalanes […] Janés se rodeó de colaboradores de gran valía artística y con inquietudes y cualidades manifiestas que habían quedado un poco huérfanos tras la guerra. Grau Sala, Giralt-Miracle, Mallol Suazo… los viejos amigos de la Llotja son algunos de los artistas que coinciden en aquella época en torno al editor; entre todos potencian un interesante clima creativo. Fruto de este ambiente son las ediciones de bibliófilo en las que colaborarán artistas plásticos –que realizan los grabados– y escritores. Todos ellos son hijos de una tradición novecentista, cuentan con un gran bagaje literario y cultural y son grandes lectores y amantes de la poesía, con Maragall y Carner como referentes.

En la década de los cuarenta Palet se dedica más a ilustrar libros y portadas de libros comerciales que a la edición propiamente de bibliófilo (en la que trabajará sobre todo a partir de los años cincuenta), pero fue muy destacada ya en la inmediata posguerra su edición de Retrato en un espejo, de Charles Morgan, que en El Español Darío Fernández Flórez describió como “un libro perfecto que acaso hoy día valga la capitanía maestra, la flor espléndida de la edición actual española”.

Forntispicio y portada de Retrato en un espejo.

Sin embargo, más interesante e ilustrativo de la singularidad de esta edición resulta el relato que hizo el muy estimado impresor Joan Bonet acerca del momento en que el libro se puso a la venta:

 Un libro caro, de literatura, una maravilla de presentación, a dos tintas, el precio del cual pronosticaban los entendidos en la materia que era inaccesible a la disponibilidad del público al que iba destinado. Lo miraban [a Josep Janés] como si fuera un demente. Era Retrato en un espejo, de Charles Morgan, con estuche y celofán, y, en el interior, unas ilustraciones exquisitas [litografiadas] de Joan Palet. El libro llevaba una sobrecubierta que era una maravilla. En apenas un mes se agotó esa edición.

A esta edición seguirían algunas otras muy notables, como las muchísimas sobrecubiertas que ilustró para la colección Leda, diseñada por Giralt Miracle para la editorial Lauro también de Janés, o las excelentes ilustraciones para el libro de Planas i Bach La meva vida en el llac (de la renacida colección Rosa dels Vents), o la sobrecubierta y el fronstispicio de Elisabeth vuela conmigo, Walter Ackerman, de la colección La Pleyade, que incorporaba en el interior dibujos de Ernst Daniel, o tantos otros títulos de colecciones janesianas como La Rosa de Piedra, La Pleyade o de las Ediciones de la Gacela para las que dibujó memorables forntispicios.

Portada de La meva vida en el llac (José Janés, 1948).

La labor de Palet para las ediciones de Janés y algunos otros editores en la década de los cuarenta (Aymà, Selene) fue enorme, pero, además de para su obra pictórica, aun encontró tiempo para intervenir además en algunas de las más destacadas ediciones emprendidas por la resistencia cultural catalana, como es el caso de la obra de Ramon Tor L´hereu Riera, de la que, con prólogo de Maria Aurèlia Capmany, variaciones melódicas de Joan Massip y cuatro láminas coloreadas a mano por Joan Palet, salieron de la Imprenta Joan Sallent 500 ejemplares numerados y falsamente fechados en 1938 (con lo que se pretendía engañar a la censura haciéndolo pasar por un libro anterior a la derrota republicana).

Interior de La meva vida en el llac.

De unos pocos años después es la colaboración con Josep Palau i Fabre (1917-2008), que conoció a Palet a través de Janés, para la revista clandestina Poesia, de la que entre marzo de 1944 y diciembre de 1945 (aunque evidentemente sin indicación de fechas) se publicaron veinte números con pie editorial de La Sirena impresos en la imprenta Gràfica Catalana, de cien ejemplares numerados en papel de hilo Guarro. De Palet es el diseño y realización de la cabecera, así como alguna que otra ilustración de esta mítica revista.

Cubierta de Novenari líric, con unas golondrinas que recuerdan las de los Quaderns Literaris de Janés.

De 1945 es la muy singular edición que hizo Aymà de Tú y yo, de Paul Géraldy, con cuatro láminas a color de Palet y de la que se tiraron tan solo 36 ejemplares. Por esas mismas fechas, ya mediada la década y gracias a una ayuda económica del Instituto Francés, se planteó salir clandestinamente del país y establecerse en París, donde contaba con reunirse con sus amigos Josep Palau i Fabre y Antoni Clavé (1913-2005), pero el contacto que debía ayudarle a traspasar los Pirineos no se presentó a la cita y Palet ya nunca más volvió a intentarlo.

A los trabajos ya mencionados puede añadirse aún la colaboración con la revista clandestina dirigida por Josep Romeu (1917-2004) Ariel. Revista de las Arts, o su participación como uno de los diversos ilustradores del Primer llibre de goigs firmado por Hilari, pare d´Arenys de Mar, publicado en 1949 por Montaner y Simón.

Quizá sea muy osado o ambicioso en exceso pretender crear un registro de todos los trabajos editoriales llevados a cabo por el muy prolífico Joan Palet, y son de prever ya grandes dificultades para localizar sus trabajos de preguerra, pero probablemente en algún momento, alguien, debería intentarlo para poder justipreciar la labor de un hombre importante en la ilustración de libros en los años cuarenta y cincuenta, tanto en ediciones de bibliófilo como en ediciones corrientes.

 Fuentes:

Joan Palet. Una mirada íntima, libro catálogo con textos de Josep Palau i Fabre (“Presentació”), Olga Palet (“Joan Palet. Una mirada íntima” y “Joan Palet. Notes biogràfiques”), y Pere Secorún (“Un estiu a Mallorca”), con bibliografía y traducciones de los textos al español y al inglés de Discobole, Caldes d´Estrac, Fundació Palau-Centre d´Art, 2006.

Página web a medio crear dedicada a la memoria y obra de Joan Palet Batiste.

Fernando Gutiérrez, “Juan Palet en Galería Anglada”, La Vanguardia, 6 de abril de 1974, p. 49.

Joan Bonet i Martorell, Josep Janés i Olivé: Poeta i editor present en el record de l´amistat. Dietari de les hores grises, Barcelona, Imprenta Moderna, 1963.

Darío Fernández Flórez, “Trance y fortuna de la edición actual española”, El Español, 2 de enero de 1943, p. 11.

Juan Ramón Masoliver, “Salones jóvenes, “Artes y Artistas”, La Vanguardia, 29 de septiembre de 1949, p.40.

J.V., “El facsímil de Poesía, primer revista clandestina impresa en català”, La Vanguardia, 13 de enero de 1977, p. 40.

Ignacio Vidal-Foclh, “Palet, Palau i Picasso”, El País, 26 de diciembre de 2011.

Plaza & Janés Editores, S.A.”, en el blog Fotogramas del Pasado.