Biblioteca Argentina de Arte (1942-1946)

En un interesante estudio sobre la creación del canon artístico en Argentina, centrado en las líneas editoriales de Poseidón y Nueva Visión, la profesora María Amalia García establece una sugerente comparación entre 33 pintors catalans (1937), el clásico libro escrito por el creador de Poseidón, Joan Merli (1901-1995), durante su etapa barcelonesa, y el que en 1944 publicó el crítico Julio E. Payró con el título 22 pintores. Facetas del arte argentino, aparecido precisamente bajo el sello de Poseidón. Una coincidencia que, pese al evidente paralelismo de títulos, estructura y planteamiento, no me consta que fuera advertido con anterioridad.

 

Cubierta, de Josep Obiols, de 33 pintors catalans.

Escribe la profesora de la Universidad de Buenos Aires:

 Merli estaba reactivando desde el exilio argentino la maquinaria utilizada en Cataluña aunque bajo otra clave estética. Allí, además de editar revistas y realizar exposiciones, en 1937 publicó 33 pintors catalans

recuperando un grupo de artistas noucentistas en línea con los gustos asentados en el público catalán. 22 pintores y 33 pintors catalans presentan estrechas similitudes en su planteo: la selección de un conjunto de artistas

vivos, un ensayo general y apreciaciones individuales sobre cada artista y un apartado con reproducciones de obras.

La enorme influencia que la obra editorial de Joan Merli tuvo en la configuración del gusto artístico en la Argentina de la segunda mitad del siglo XX –y más concretamente en los años cuarenta y cincuenta– es hoy muy raramente puesta en cuestión, pero no suele subrayarse esa continuidad entre la labor que Merli desarrolló en los años veinte y treinta en Barcelona (mediante revistas como La mà trencada, Les arts catalanes o ART)  y la llevada a cabo en la capital argentina, centrada en las diversas colecciones de Poseidón, además de en las revistas Saber Vivir, Cabalgata y Catalunya.

Cubierta de la primera edición en español de Vida secreta de Salvador Dalí (Poseidón, 1944).

Desde el primer momento, la editorial Poseidón nace con los temas artísticos como eje vertebrador, y más específicamente la pintura y la escultura, si bien con el tiempo se abrirá también con inusitado éxito a la arquitectura. Las colecciones iniciales Historia, Todo para Todos, Aristarco, Vidas y Obras, Tratados o Críticos e Historiadores de Arte son ya indicativas de esta orientación, y en todas ellas pueden encontrarse algunos títulos de primer orden, ya sea la primera traducción de la autobiografía de Salvador Dalí en Vidas y Obras o La teoría de los colores de Goethe (que también se publicaba en español por primera vez) en Tratados.

Aun así, una de las más influyentes colecciones de Poseídón, nacida también con la editorial, fue la Biblioteca Argentina de Arte (BAA), en cuyo nombre ya se insinúa esa voluntad de establecer un cierto canon del arte válido en esos momentos (los clásicos que seguían vigentes y los creadores vivos dignos de consideración y, sobre todo, de colección).

Sebastián de Amorrortu.

Se trata de una serie de libros encuadernados en tapa dura amarilla o verde (con solo la firma del artista en cuestión), con sobrecubierta o camisa, con un formato en octavo (23 x 18 cm), que solía rondar el centenar de páginas y alrededor de una cincuentena de ilustraciones en blanco y negro, además de una,  o a veces dos, en color. La impresión, en buen papel, corría a cargo de la veterana Imprenta de Sebastián de Amorrortu e Hijos, que por esos mismos años se ocupaba también de las ediciones en lengua vasca de Ekin y que por entonces gozaba ya de un prestigio más que asentado. Aun así, el precio de venta al público, tratándose de libros de estas características, era muy razonable: 7 dólares.

Ramón (1888-1963) con el escritor argentino Francisco Muñoz Azpiri (1915-1968).

La BAA nace en 1942 con el ensayo del escritor español Ramón Gómez de la Serna dedicado a Don Francisco de Goya y Lucientes, que desde luego no es un libro cualquiera. Al genial pintor aragonés había dedicado ya Gómez de la Serna un interesante biografía en 1928 en la que lo reivindica como un ”pintor humorista”. Su aparición original en Ediciones La Nave coincidía con el centenario de la muerte del pintor, pero su éxito hizo que se reeditara en la editorial chilena Ercilla en 1940 y en Madrid en Espasa Calpe en 1950, y posteriormente se incorporaría al volumen de Biografías completas publicada en la colección  Biblioteca de Autores Modernos de Aguilar.

Los vínculos entre las series de grabados goyescos “Los caprichos” y “Los disparates” con los microrrelatos y las greguerías de Gómez de la Serna no han pasado desapercibidos a la crítica literaria, con lo que este primer volumen de la BBA resulta preñado de interés y da continuidad a los trabajos de Gómez de la Serna sobre el gran pintor aragonés.

Simultáneamente al nacimiento de la colección, se publicaron los cuatro títulos de Ana María Berry (1887-1947) de la sección Biblioteca Argentina de Arte Religioso, todos ellos en 1942 y finalmente comercializados también en una caja (Infancia de Jesús a través del Arte, Vida pública de Jesús a través del arte, Pasión, muerte y resurrección de Jesús a través del arte y Leyendas de las vidas de los santos). A Ana María Berry ese mismo año le publicaba Losada el volumen de literatura infantil Las aventuras de Celendín y otros cuentos, ilustrado por Manuel Ángeles Ortiz (1895-1984), quien en los años veinte había formado parte de la conocida como Segunda Escuela de París (Emili Grau-Sala, Hernando Viñes, Francisco Bores, Orlando Pelayo…).

Cubierta del volumen dedicado a Vermeer.

En los dos primeros años alternan como protagonistas de la BAA artistas como Bruegel el Viejo (a cargo de Ana M. Berry), Aristide Maillol (por Julio E. Payró), Toulouse Lautrec, Monet y Auguste Rodin (los tres a cargo de Julio Rinaldini, que se convierte en el escritor más representado) con algunos de los más reconocidos españoles, caso del pintor barroco Juan de Valdés Leal (por Pedro Massa), además del ya mencionado de Goya.

Interior del Manuel Ángeles Ortiz.

Sin embargo, pronto se incorpora también a artistas argentinos vivos, y ya en en número 12 de la colección, Julio E. Payró –que junto a Rimaldini es el autor más habitual– publica un volumen dedicado a Alfredo Guttero (1943) y el propio Joan Merli escribe el dedicado a Juan del Prete (1946); el arco se ampliará a otros artistas americanos, como el uruguayo Joaquín Torres-García (a cargo de Claude Schaeffer, en 1945). Tal como lo resume  María Amalia García en otro artículo dedicado a la impronta de  Merli en el arte argentino:

Considerando los primeros cuarenta números editados de 1942 1 1946, observamos que el 30 % ha sido dedicado al arte latinoamericano en la recuperación de los siguientes artistas: Guttero, Fader [a cargo del galaico-argentino José González Carbalho, autor de Idioma y poesía gallega, publicado por el Centro Gallego de Buenos Aires en 1953], Figari [Carlos A. Herrera McLean], Lorenzo Domínguez [por Jorge Romero Brest], Torres-García, Emilio Pettoruti [por Julio E. Payró], Gómez Cornet [por Romualdo Brughetti], Larco [quien a su vez escribe para la colección el volumen dedicado a Piero de la Francesca y es estudiado por Geo Dorival], Juan del Prete y Lucio Fontana [por Juan Locchi].

Interior del Juan del Prete.

Muchos de los autores de estos estudios habían acompañado a Merli en aventuras anteriores, como Saber Vivir o Cabalgata, con los que en cierto sentido puede decirse que formaba grupo. Es notable,  junto a la prestigiosos críticos de arte argentinos, la presencia de escritores españoles exiliados a raíz del desenlace de la guerra civil, como es el caso, particularmente, de Luis Seoane (Jules Pascin, en 1945), Lorenzo Varela (Murillo, 1946) o Arturo Serrano Plaja, quien además de ocuparse del volumen dedicado a El Greco, es autor del Manuel Ángeles Ortiz (artista ya mencionado en relación al libro infantil de Ana Berry), que se cierra con un poema del poeta y pintor, por entonces aún afincado en Argentina, Rafael Alberti.

Cubierta del Juan del Prete.

Al igual que hiciera en Barcelona, pues, Merli encabezó un movimiento destinado a orientar el coleccionismo de arte en Buenos Aires, situando en primer plano, mediante colecciones alejadas del lujo y la exuberancia pero de presentación muy digna, a aquellos artistas que le parecían dignos de atención, pero no con un criterio excesivamente personal, sino dejándose asesorar por los mejores conocedores del ambiente cultural argentino. La irrupción del abstracto, sin embargo, añadido a la crisis del sector editorial argentino de finales de los años cuarenta, hizo que esta iniciativa no tuviera mayor continuidad.

Interior del Jules Pascin.

Fuentes:

Xose Luis Axeitos, “Cabalgata, outra publicación do exilio galego”, en Rosario Álvarez y Dolores Vilavedra Fernández, eds., Cinguidos por unha arela común: homenaxe ó profesor Xesús Alonso Montero, Universidad de Santiago de Compostela, 1999, vol. 2, pp. 153-159.

María Amalia García, “Poseidón y Nueva Visión o cómo leer las artes plásticas en la Argentina a través de los proyectos editoriales”, XXVI Coloquios CBHA, pp.166-175.

María Amalia García,   “El señor de las imágenes. Joan Merli y las publicaciones de artes plásticas en Argentina en los 40”, en Patricia Atundo, ed., Arte en Revista. Publicaciones Culturales en la Argentina, 1900-1950, Rosario, Beatriz Viterbo, 2008, pp. 167-195.

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El editor Joan Merli y el exilio republicano gallego en Buenos Aires

Joan Merli

Joan Merli

Casi desde su misma llegada a Buenos Aires, como consecuencia del resultado de la guerra civil, Joan Merli (1901-1995), que había desarrollado una interesante labor como editor de revistas de arte Barcelona, entró en contacto con destacados miembros del exilio cultural gallego con los que impulsó diversas iniciativas.

Quizá el primero cronológicamente sea una revista muy atractiva y poco conocida –salvo para los expertos en Ramón Gómez de la Serna–, Saber Vivir, de la que existe una colección completa (116 números) en la Fundación Espigas de Buenos Aires.

En 1939, el diplomático y gourmet chileno José Eyzaguirre Herzl, casado con Juana del Carril, había ideado una lujosa revista de tema gastronómico en colaboración con el escultor Alberto Lagos. Pronto reclutaron para tal proyecto a una joven periodista y editora, Carmen Valdés, quien no veía del todo clara la idea. Con la entrada de Joan Merli en tal iniciativa, la idea derivó hacia una revista con un abanico más amplio de temas, y si el editor catalán se convirtió en director artístico, se reclutó a Celestino Rosas para que se ocupara de la publicidad y un personaje tan enigmático y fascinante como el gallego Álvaro de las Casas (1901-1950) en calidad de director literario.

Álvaro de las Casas/Alvaro das Casas.

Del dramaturgo y escritor bilingüe Álvaro de las Casas resulta particularmente curiosa su ambigua trayectoria política, que le llevó de militar en el Partido Galeguista y fundar los primeros grupos de Ultreya (organización similar a los boy scouts que tomaba como modelo la catalana Palestra de Josep Maria Batista i Roca), a crear en 1933 una efímera Vangarda Nazionalista (independentista de derechas) que tuvo como medio de expresión el único número de la revista Mais. Tanto el cierto sesgo paramilitar de Utreya como la elección del nombre asignado a la nueva formación dan ya idea de una cierta tendencia ideológica.

Sin embargo, Saber Vivir, que  no estaba marcado por una línea ideológica muy marcada, se ha considerado a veces como un equivalente de la revista Sur pero  más decantada a las artes plásticas que por la literatura. Quizá la tradición política diversa a la que pertenecían sus colaboradores ha creado cierta confusión. Patricia Antundo ha descrito ideológicamente esta vistosa y profusamente ilustrada publicación de 35 x 17 cm y 64 páginas en los siguientes términos:

Revista de cultura e interesse geral, de apresentaçao cuidadosa e elegante, buscaba pôr ao alcance de un publico educado notas que o mantivessen actualizado en diversas áreas –arte, literatura, arquitetura, história, estética, fotografia, moda, eventos sociais e receitas da boa cozina– mas sem realizar maiores esforços em leituras mais comprometidas ideológicamente, embora a maioria dos colaboradores atuasse proficcionalmente de forma mnais engajada em outros meios.

 

María Amalia García ha dividio la procedencia de los principales colaboradores de Saber Vivir en dos grandes categorías: los procedentes de la revista Sur y el periódico La Nación (Jorge Luis Borges, Nora Borges, Manuel Mújica Laínez, Amado Alonso) y los llegados a Buenos Aires como consecuencia de la guerra civil española, entre los que a su vez pueden distinguirse un relativamente nutrido grupo de catalanes (Xavier Benguerel, Joan Oliver, Domènec Guansé, Manuel Valldeperas, Cèsar August Jordana y Jaume Pahissa entre los escritores, y Andreu Dameson y Francesc Fábregas Pujadas entre los ilustradores) y otro de intelectuales gallegos muy notables (Luis Seoane, Arturo Cuadrado, Lorenzo Varela, Otero Espasandín, Rafael Dieste).

Página interior de Saber Vivir.

No duró mucho tiempo Merli al frente del departamento artístico de Saber Vivir, y a partir del número 29 (enero de 1942), coincidiendo con la fundación de su propia editorial (Poseidón), deja esa tarea en manos de otro catalán singular y poco conocido, el caricaturista Andreu (o Andrés) Dameson (1897-1968), que venía colaborando en la revista desde su primer número.

Dameson se había estrenado como dibujante profesional en la revista satírica comarcal El Xàfec. En 1923, embarcado como polizonte y dejando atrás una novia con expectativas de boda  y el servicio militar por cumplir, había hecho una primera estancia de un año en Buenos Aires, donde colaboró en La Acción, La Unión y el Diario del Plata. Sin embargo, fue a su regreso a Barcelona, y través de las revistas de López-Lausàs L´Esquella de la Torratxa y La campana de Gracia. como en los años veinte se haría un nombre en la profesión. En 1927 hizo un segundo viaje a la capital argentina, durante el cual publicó sus dibujos en La República, La Nación y El Hogar, además de ejercer de director artístico de la revista Atlántida, pero regresó a Barcelona poco después de proclamarse la República.

Una de las caricaturas más famosas de Dameson.

A su regreso a Buenos Aires al término de la guerra civil, se convirtió en uno de los pilares del Centre Català de Buenos Aires, así como en uno de los más notables colaboradores de las revistas del exilio catalán Ressorgiment y Catalunya (que en 1947 pasaría a dirigir Joan Merli), además de reemprender sus colaboraciones periodísticas y codirgir con Borges Los Anales de Buenos Aires, hasta que en 1951 se convirtió en jefe del Departamento de Publicaciones Técnicas del Ministerio de Educación.

Respecto al contingente de escritores y artistas plásticos gallegos que durante los primeros años de la segunda guerra mundial colaboraron en Saber Vivir, se trataba más o menos del mismo que por esas mismas fechas pondría en pie las excepcionales revistas De mar a mar (1942-1943), Correo Literario (noviembre de 1943- septiembre de 1945) y, en colaboración con Joan Merli, para quien muchos de ellos habían trabajado en Poseidón, Cabalgata (1946-1948). Y también de los que se ocupaban de la Editorial Nova, nacida precisamente en 1942.

Luis Seoane (1910-1979).

De Cabalgata (50 x 32 cm; 24 pp.), cuya sección “Mundo editorial” resulta muy útil, se ocupaban Varela como director, Luis Seoane como director artístico y Merli como editor (tarea que compagina con la de director de Poseidón), y en sus páginas se encuentran firmas del calibre de Guillermo de Torre, Francisco Ayala, Arturo Serrano-Plaja, Eduardo Mallea, Ernesto Sabato, José Herrera Petere o Rafael Alberti, junto a la del editor del Fondo de Cultura económica Arnaldo Orfila Reynal.

Del 1 de junio de 1946 es el número 0 de Cabalgata (no venal) con el subtítulo  “Quincenario popular, espectáculos, literatura, noticias, ciencias, artes”, y su trayectoria corre paralela a las colaboraciones de algunos de estos artistas gallegos en Poseidón. Seoane, por ejemplo, hizo los 35 dibujos del Renacimiento (1945)  de Arturo de Gobineau que Merli publicó la colección Laberinto e ilustró también una edición de Los sueños de Quevedo aparecida ese mismo 1945.

Enorme interés también tiene la presencia en Cabalgata de los diseñadores Adolfo Pastor y, sobre todo, de Atilio Rossi, estrechamente vinculado también a las iniciativas editoriales de los exiliados gallegos con los que había coincidido ya en De mar a mar como maquetista (o diagramador) y en Saber Vivir. Rossi debía su fama a la creación de la vanguardista Revista di estetica e tenica grafica (1933-1939), aunque en Argentina era más conocido como crítico de la sección de arte en la revista Sur y como excelente tipógrafo y diseñador gráfico, lo que le llevaría a convertirse, con Gonzalo Losada y Guillermo de Torre, en uno de los puntales de Losada.

Interior del célebre libro de Rossi (1909-1994) “Buenos Aires en tinta china”, con prólogo de Borges y poemas de Alberti (Losada, 1951).

Joan Merli creó Poseidón con un amplio bagaje en el ámbito de las publicaciones periódicas de temas artísticos y culturales que arrancaba ya en su Barcelona natal, pero no hay duda de que los contactos que estableció en esos primeros años en Buenos Aires, y en particular con los artistas gallegos, contribuyeron de un modo decisivo a que Poseidón se convirtiera en una de las editoriales argentinas que más influencia ejerció en el panorama artístico argentino en la segunda mitad del siglo XX.

Catálogo de Poseidón ilustrado por Fábregas Pujadas.

Catálogo de Poseidón ilustrado por Fábregas Pujadas.

 Fuentes

Xose Luis Axeitos, “Cabalgata, outra publicación do exilio galego”, en Rosario Álvarez y Dolores Vilavedra Fernández, eds., Cinguidos por unha arela común: homenaxe ó profesor Xesús Alonso Montero, Universidad de Santiago de Compostela, 1999, vol. 2, pp. 153-159.

Patricia Antundo, Mario de Andrade e a Argentina: um país e sua produçâo cultural como espaço de reflexâo, Editora da Universidade de Sào Paulo, 2004.

Teresa Férriz, “De mar a mar. La cultura española en la Argentina de los años cuarenta”, Scriptura (Lleida), núm. 8/9 (1992), pp. 341-357.

María Amalia García,   “El señor de las imágenes. Joan Merli y las publicaciones de artes plásticas en Argentina en los 40”, en Patricia Atundo, ed., Arte en Revista. Publicaciones Culturales en la Argentina, 1900-1950, Rosario, Beatriz Viterbo, 2008, pp. 167-195.

María Amalia García, “Poseidón y Nueva Visión o cómo leer las artes plásticas en la Argentina a través de los proyectos editoriales“, en XXVI Congreso del Comité Brasileiro de História del Arte, 206.

Jerónimo Ledesma, “Política en la sombra“, reelaboración de una ponencia leída el 19 de agosto de 2004 en el IV Congreso Internacional de Teoría y Crítica Literaria en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad de Rosario.

José Ramón López García, “Amistad a largo plazo: el epistolario entre Arturo Serrano Plaka-Claude Broch y Rafael Dieste-Carmen Muñoz Manzano (1940-1951)”, en Manuel Aznar Soler. Ed., Escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Gexel-Renacimiento (Bibllioteca del Exilio Anejos IX), 2006, pp. 627-646.

Ana Martínez García, “El final de la impronta editorial española en Argentina a través de la revista Cabalgata (1946-1948)”, en Manuel Aznar Soler y José Ramón López García, El exilio republicano de 1939 y la segunda generación, Sevilla, Gexel-Renacimiento (Biblioteca del Exilio Anejos XV), 2011, p.. 967-974.

Lluis Solà i Dachs i Jaume Capdevila, Andreu Dameson. Geni de la caricatura, Barcelona, Fundació Josep Irla, 2011.

Emilia de Zulueta, Españoles en la Argentina: el exilio de 1936, Buenos Aires, Atril, 1999.

Joan Merli, agitador artístico y editorial

Joan Merli

Joan Merli

Joan Merli (1901-1995), tuvo un papel muy destacado en por lo menos tres iniciativas editoriales muy importantes: la revista barcelonesa ART (1933-1936), la editorial Poseidón, nacida en Buenos Aires (1942) y subsumida en los años noventa en la editorial barcelonesa Apóstrofe, y la revista también  bonaerense Cabalgata (1946-1947), que ha pasado a la historia, entre otros motivos, porque en sus páginas apareció uno de los primeros cuentos de Julio Cortázar, “Lejana” (en el número de febrero de 1948) y albergó textos también de eminentes republicanos españoles exiliados en Argentina, como Francisco Ayala, María Teresa León o Rafael Alberti por poner algunos ejemplos.

Debemos también a Joan Merli que vieran la luz unos cuantos libros singulares, como Óssa menor: fi dels poemes d´avantguarda (1925), obra póstuma del gran poeta vanguardista catalán Joan Salvat-Papasseit (1894-1924), que se publicó con dibujos de su buen amigo Josep Obiols (1894-1967), o la influyente antología 33 pintors catalans (1937), de enorme importancia para la crítica artística en aquellos años, entre otros.

Estatua en homenaje a Salvat- Papasseit en el puerto de Barcelona.

Ya antes de su exiliarse a Buenos Aires al término de la guerra ciivil española, Joan Merli había destacado en Barcelona desde muy joven como un incombustible agitador cultural, que vivía a medio camino entre las artes plásticas, el mundo del libro y la escritura, sin olvidar la rica vida de tertulias culturales, y que había puesto en puso en pie iniciativas muy interesantes que revelaron a grandes artistas.

Un volumen de Els Poetes d´Ara (Edicions LIRA), prologado por Carles Riba.

Nieto por línea materna del famoso dibujante Jaume Pahissa i Laporta (1846-1928), Joan Merli no se libró de iniciarse de muy joven en la fabrica textil familiar, pero la vocación le llevó muy pronto a los libros, y con apenas veintidós años creó dentro de las Edicions Lira la prestigiosa colección Els Poetes d´Ara (1923-1924), destinada a dar a conocer a los nuevos poetas catalanes del momento, bajo la dirección literaria de Tomàs Garcés (1901-1993), amigo desde la infancia y muy influenciado por Joan Salvat Papasseit. Junto a una modesta pero cuidada presentación, un poco en la línea de lo que poco más tarde haría Josep Janés con sus Quaderns Literaris, y precedidos de estudios preliminares de firmas muy reputadas en esos tiempos (Alexandre Plana, Carles Riba, Manuel de Montoliu, Josep Mª Junoy), Els Poetes D´Ara llegó a publicar treinta y seis volúmenes, todos ellos a tan sólo 75 céntimos, el primero de los cuales estuvo dedicado a Josep Pijoan (1881-1963), y al que seguirían otros dedicados a Salvador Albert, Gabriel Alcover, Joaquim Folguera, Maria Antonia Salvà, Millàs-Raurell, Josep Sebastià Pons (o Joseph Sébastien Pons), Marià Manent, Clementina Arderiu…

Con La mà trencada, el 6 de noviembre de 1924 las flamantes Edicions Joan Merli se lanzan a la edición de pequeñas revistas. Se trata de una muy elegante y  cuidada publicación dedicada a la literatura (prosa y poesía) y al arte (con numerosas reproducciones), en cuyas páginas pueden encontrarse colaboraciones de los grandes escritores y críticos catalanes del momento, como Josep Maria de Sagarra, Josep Carner, Carles Soldevila, Joan Crexells Josep M. López-Picó o Agustí Esclasans, así como reproducción de obras de Gargallo, Nogués, Obiols y Picasso, entre otros, y fue escenario de una interesante polémica acerca de poesía vanguardista entre Esclassans y Soldevila. Publica desde breves ensayos de arte, pasando por poemas, fragmentos de novela y fotografías de obra artística, y se vendía a una peseta el ejemplar único, con la posibilidad de suscribirse trimestralmente (seis números) a un duro (cinco pesetas). Lamentablemente, aparecieron seis números solo, el último fechado el 31 de enero de 1925.

Agustí Esclasans.

Sin embargo, el 16 de marzo de ese mismo año Merli vuelve a la carga, con una propuesta formalmente tan sobria y elegante como la anterior pero más modesta, Quatre coses. Se trata, literalmente, de cuatro páginas que combinan como su predecesora géneros literarios y reproducción de obra artística. A título de ejemplo, en el primer número las páginas 1 y 2 están dedicadas a un  texto en prosa de Josep Maria Millàs Raurell (1896-1971), la tercera a la reproducción de una pintura al óleo de Jaume Gurdia (1875-1935) y cierra un poema de Rosend Llates (1899-1973). Al precio de una peseta la suscripción mensual (dos números), Quatre coses llegó a publicar dieciséis entregas, siendo Llates y Millàs Raurell los autores más asiduos, a los que se añadieron Agustí Esclasans, Carles Soldevila o Carles Riba, que en el número 6 (31 de mayo de 1925) publicaba su interesantísimo y largamente debatido ensayo “Una generació sense novel·la”.

Poco posterior es la edición del hoy mítico libro Óssa menor: fi dels poemes d´avantguarda (1925), de Joan Salvat-Papasseit (1894-1924), que se preparó a partir de un corpus de textos inéditos que se halló bajo la almohada del poeta, y que Agustí Esclasans se ocupó de ordenar, preparar y editar para su publicación.

Caligramas de Óssa Menor, de Joan Salvat-Papasseit.

En los años siguientes, Joan Merli se centra su energía en el arte (pintuar y escultura) como coleccionista, marchante y promotor. Establece inicialmente en la calle Avinyó de Barcelona una Sala Joan Merli, que enseguida traslada a las prestigiosas Galeries Laietanes propiedad de Santiago Segura. Allí crea una Organización Joan Merli, con un por entonces novedoso sistema mediante el cual los socios coleccionistas podían hacerse con la obra de nuevos valores de la pintura catalana mediante un sistema de cuotas (de 25 pesetas mensuales). Cuando en octubre de 1928 aparece el primer número de la revista Les Arts Catalanes (en buena medida destinada a promocionar a sus autores), Joan Merli tenía ya como clientes a una extensa pléyade de artistas catalanes o establecidos en Cataluña: Carme Cortés, Bosch-Roger, Camps-Ribera, Francesc Gimeno, Marquès Puig, Josep Prim, E.C. Ricart, Miquel Vila, Julián Castedo, Jaume Mercader, Josep F. Ràfols, Joan Rebull, Isidre Nonell, Josep Granyer y Rafael Barradas.

Cubierta de 33 pintors catalans (1938).

Les Arts Catalanes, profusamente ilustradas, con números casi monográficos sobre los artistas, notas de prensa, información sobre novedades bibliográficas y muchas reproducciones de obras pictóricas y escultóricas, llegó sólo al número 8 (mayo de 1929), pero de nuevo Merli se apresuró a sustituirla, en ese caso por un proyecto más ambicioso y de más larga vida: los veinte volúmenes de las Monografies d´Art (donde un famoso escritor escribía sobre un prometedor artista)  y por el semanario de artes y letras L´Horitzó.

El logo de la colección Biblioteca a Tot Vent (editorial Proa), es obra de Josep Obiols, uno de los artistas más ligados a Merli.

En 1932 Joan Merli se convierte en secretario de la Junta Municipal d´Exposicions d´Art, y en condición de tal crea la celebérrima revista ART (1933-1936), en cuyo primer número ya destaca el citadísimo artículo “Picasso y Barcelona”, de Rafael Benet,  acompañado además de La vida (1903) y otras obras del artista malagueño. De hecho, a este texto de Benet lo acompañan sólo “Xavier Nogués, decorador”, de Josep Llorens i Artigas, “El pintor Feliu Elias”, de Joan Cortés i Vida, y “La pintura d´Ignasi Mallol”, por Josep Maria Capdevila, y de las 32 páginas de la revista sólo 8 están destinadas a texto, mientras que el resto se reserva para la reproducción de obra artística. Sobre todo en la importancia concedida a la parte gráfica, ART toma como modelo evidente los Cahiers d´Art fundados en 1926 por Christian Zervos en París, que habían contribuido a dar a conocer a artistas como Kandinsky, Klee, Arp, Matisse, Bracque o Picasso (de quien publica el primer catálogo), pero también a importantes poetas, como Paul Éluard.

Una portada de los Cahier d´Arts de Christian Zervos (1889-1970), que incluyó textos de René Char, Georges Duthuit y Paul Éluard, entre otros.

 

El poeta y editor Agustí Esclasans se encontraba a menudo con Merli en el café Euskadi (inaugurado la Nochebuena de 1932 en Caspe/Paseo de Gracia y rebautizado en 1939 como Navarra), donde en aquellos años coincidían dos tertulias de jóvenes escritores y artistas bastante importantes. El editor Josep Janés (1913-1959) se reunía a menudo allí con algunos de sus autores y colaboradores, como Joan Vinyoli, Josep Maria Miquel i Vergés, Xavier Benguerel, Emili Grau Sala, Joan Teixidor, Sebastià Juan Arbó, Ramon Xuriguera, Martí de Riquer o Ignasi Agustí. Y, estableciendo vasos comunicantes, Joan Merli capitaneaba una tertulia en la que había varios artistas muy prometedores: Josep Maria Prim, José Miguel Serrano, Ricard Serra, Emili Bosch-Roger, Martí Llauradó, Montserrat Fargas, Carme Cortés, Josep Viladomat, Emili Grau Sala… En sus memorias Esclasans describe al Merli de aquellos años como “ágil, nervioso, vivo como una centella, manejaba proyectos constantemente, y, peor todavía, los llevaba a cabo”.

Joan Merli

Joan Merli

La guerra civil española truncó en buena medida esta trayectoria tan prometedora de Joan Merli. Durante el período bélico Merli fue autor de una de las muy escasas novelas propiamente bélicas escritas en catalán, La mort m´ha citat demà (Llibreria Nova, 1938), así como de la primera monografía dedicada a Isidre Nonell (1938) y el drama en tres actos L´amor es una altra cosa (1936), colaboró como jefe de redacción en la revista Meridià y preparó uno de sus mejores libros, 33 pintors catalans (Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya, 1937) que, en palabras de Maria Lluïsa Borràs, “definía las bases de un estilo de pintura figurativa de base noucentista” y que estableció un canon de la pintura figurativa catalana que triunfó (Rafael Benet, Emili Bosch-Roger, Xavier Nogués, Feliu Elias, Josep Mompou, Josep Togores, Josep Obiols, etc.).

La obra creativa de Merli no retomaría la línea ascendente que había descrito durante los años veinte y treinta hasta su llegada a Buenos Aires.

Decoración mural de Xavier Nogués de la bodega de las Galeries Laietanes, sede de célebres tertulias artísticas.

Fuentes:

Arca. Arxiu de Revistes Catalanes Antigues: http://www.bnc.cat/digital/arca/index.php

Maria Lluïsa Borras, “El canon de la pintura figurativa catalana”, La Vanguardia, 18 de mayo de 2001, pp. 8-9.

Agustí Escasans, La meva vida, vol I (1920-1945), Barcelona, Selecta (Biblioteca Selecta 222), 1957.

María Amalia García,   “El señor de las imágenes. Joan ¡Merli y las publicaciones de artes plásticas en Argentina en los 40”, en Patricia Atundo, ed., Arte en Revista. Publicaciones Culturales en la Argentina, 1900-1950, Rosario, Beatriz Viterbo, 2008, pp. 167195.

Enric Jardí, “Joan Merli, un acte de justícia”, La Vanguardia, 25 de junio de 1981, p. 25.

Merli49Joan Merli, “Papers vells”, Ressorgiment (Buenos Aires), núm. 294 (enero de 1941), pp. 4.744-4.745.

Olga Spiegel, “El centenario de Joan Merli rescata la figura de un promotor de arte olvidado”, La Vanguardia, 11 de mayo de 2001, p. 43.

 

Editorial Sudamericana, vista por “Joan Ferrer”

A David Paradela, traductor, profesor y bloguero Malapartiano.

Cèsar August Jordana (1893-1958) fue en los años treinta el detonante de una anécdota libresca bastante curiosa. Con una obra ya notable a sus espaldas, a finales de 1931 publicó lo que fue calificado por algún crítico como “pornografía literaria estéticamente digna”, Una mena d´amor (Proa, 1931) una novela que en la literatura catalana tenía pocos antecedentes (se ha meencionado Fanny, de Carles Soldevila, por ejemplo) y que se ha comparado en ciertos aspectos con la obra de D. H. Lawrence. Lo más interesante, sin embargo, no es que Jordana incursionara en ese género y lo dotara de cierta dignidad literaria (algo que en esa época estaba sucediendo también con otros géneros, como el policíaco), sino que esta obra fuera mencionada en una de las novelas catalanas de esos años que mejor han resistido el paso del tiempo, Aloma (1938), de Mercè Rodoreda (1908-1983). La protagonista de esa novela, de un nivel cultural limitado, compra el libro de Jordana en un quiosco, lo que ya resulta indicativo, y procura leerlo a escondidas. Pero Jordana recibiría otro inesperado impulso promocional cuando el esperantista Delfí Dalmau (primer descubridor de Rodoreda, a quien abrió las páginas de la revista Clarisme), publicó una réplica titulada Una altra mena d´amor (Edicions Clarisme, 1933). Poco después, en 1934, Jordana traduciría para las Edicions de la Rosa dels Vents de Josep Janés Flush, de Virginia Woolf (cuya primera edición en castellano es de 1944, en Destino), entre otras obras que requieren un buen traductor.

Jordana en Barcelona, antes de la guerra civil.

Sin embargo, mucho más interesante es la obra póstuma de Jordana, El món de Joan Ferrer, publicada originalmente por Joan Olivé en Aymà, en 1966, y no recuperada hasta 2009 por Edicions de 1984, que incorporó a Jordana a una colección (Mirmanda) en la que convive con Doctorow, Dino Buzzati, Hans Fallada, Claudio Magris o Ford Madox Ford; es decir, entre grandes autores de alcance universal y de interés permanente. Resulta un poco extraño que El món de Joan Ferrer no se haya publicado en lengua española (e idealmente en una editorial bonaerense), sobre todo a tenor de su tema (o más bien de su hilo conductor).

Joan Ferrer es un catalán que a raíz del resultado de la guerra civil, tras un paso episódico por Francia y Chile, se ha instalado como traductor literario y editor en Buenos Aires, para una editorial tras la cual se oculta (y se oculta muy poco) la Editorial Sudamericana de Antonio López Llausàs (hoy en el Grupo Penguin Random House). Como señala Maria Campillo en el texto introductorio, esta obra de Jordana propone muchos niveles de lectura, pero leerla como novela en clave resulta particularmente divertido, porque además Jordana sabe muy bien de lo que habla. Después de haber traducido durante mucho tiempo al catalán antes de la guerra civil (sobre todo para Barcino y Proa, donde publicó la de Mrs. Dalloway), en Chile y en Argentina Jordana tradujo muchos libros para Editorial Sudamericana, además de muchos otros para Poseidón (del exiliado catalán Joan Merli) y la chilena editorial Ercilla, lo que hace más evidente si cabe el fuerte componente autobiográfico de esta novela. De Jordana son por ejemplo las traducciones de La vida secreta de Salvador Dalí (Poseidón, 1944) o La filosofía perenne, Mono y esencia, Adonis y el alfabeto y otros ensayos y Esas hojas estériles, entre otras, de Aldous Huxley (Sudamericana, 1947, 1951, 1958 y 1959). Obra suya son también algunas de las traducciones que Sudamericana publicó de Thomas Merton, Will Durant, Hubert Wilkins, Roger Caillois, Julian Huxley…

Sede de Sudamericana en los años cuarenta.

Joan Ferrer escribe informes de lectura, traduce, e incluso rechaza, por razones de conciencia, un puesto en el servicio de prensa en la época en que la “Editorial Andina” (léase Sudamericana), que dirigen Pau Vallès (Antonio López Llausàs) y Arturo Rabínez (¿Rafael Vehils?) está lanzada en la lucrativa racha de libros de autoayuda (léase de Dale Carnegie), al tiempo que publica la obra literariamente más valiosa de aquellos autores británicos, franceses e italianos que la censura franquista impide que publiquen las editoriales españolas. De Vallès, se dice, por ejemplo, que lo concocía “desde hacía muchos años, había tenido tratos con él como escritor y sabía muy bien hasta qué punto se podía uno fiar de él, cuánto podía obtener o cuánto podía perder con él. Incluso cuando le prometía una cosa y hacía otra, Joan no se consideraba muy engañado, porque siempre se le veía venir y se lo esperaba” [la tarducción es mía].

Proa, 1966.

Las interioridades del funcionamiento de la editorial, las triquiñuelas de sus empleados para ascender, las pugnas entre los propietarios y las chapuzas del disparatado y enloquecido responsable del departamento editorial son fuente inagotable de carcajadas para quien conozca un poco el mundillo editorial por dentro. Las escenas, por ejemplo, en que el protagonista se ve en la necesidad de justificar un informe de lectura muy negativo acerca de un libro de viajes disparatado del autor estrella de la casa, ha lidiar con la revisión de una prueba de traducción que ha realizado una “enchufada” muy poco talentosa o tiene que defender su traducción, una vez ya publicada, que ha sido objeto de una corrección completamente absurda y torpe se cuentan entre las más graciosas de la novela. Y la cosa cobra más trascendencia y retranca si uno sabe que antes de la guerra Jordana fue jefe de la Oficina de Estilo de la Generalitat de Catalunya. Seguro que a más de un traductor o redactor de informes de lectura son escenas que le resultarán familiares y difícilmente podrá reprimir, cuando menos, una sonrisa.

Sin embargo, más interesantes si cabe son sus atinadas e irónicas reflexiones sobre la tarea de traducir, sobre la eufonía, sobre los “falsos amigos”, sobre la traslación del ritmo de la prosa, y sus asociaciones de ideas a partir de la comparación entre palabras de diferentes lenguas. Harán las delicias de los profesionales en la materia.

C.A. Jordana

Incluso tras los títulos y autores que menciona Jordana sería posible investigar si no se ocultarán a algunos escritores y libros reales: Un Don Felipe´s Heart, de un tal Cought, una Sikorsky´s New Theory: Superegos at Work, unas graciosas Réflexions sur la cuisine française, o La theorie de la relativité sans mathematiques, de Jean Remi, Christopher Sullivan… De lo que no hay duda es del carácter autobiográfico del pasaje en que Joan Ferrer, un poco a modo de balance, contempla su biblioteca de traducciones. Ahí están Marlow, Sterne, Lessage, Hugues, Charles Morgan, Martin de Gard…, e incluso sus propias obras como narrador, entre las que aparecen una recopilación de cuentos titulada Tot de misteris (Tot de contes, 1929), Els tripijocs dels inmortals, protagonizada por un tal detective Sam Weller (El collar de la Núria, 1927), una biografía de Plaerdemanvida (?), la recopilación de artículos Esplais i cabòries y unas Excursions literàries.

Carles Riba (1893-1959)

También en sus miradas retrospectivas al pasado encontramos algunos guiños bastante evidentes: un tal Carmel Margenat (Carles Riba), por ejemplo, o un antólogo tras el que es fácil reconocer a Joan Triadú y su Antologia de la poesia catalana. 1900-1950 (Selecta, 1951)

Sería interesante y divertido contar con una traducción al español de El món de Joan Ferrer, en la que se investigaran y anotaran todos esos guiños, que a menudo remiten a editores y escritores reales. Y la calidad de la obra, con sus espléndidas introspecciones joyceanas y sus pinceladas costumbristas bien distribuidas, lo justificaría sobradamente.

César August Jordana, El món de Joan Ferrer, prólogo de Maria Campillo, Barcelona, Edicions de 1984, 2009.

Nota de octubre de 2015: La editorial Entre Mundos ha publicado la versión en español, con el título El mundo de Joan Ferrer, en traducción de Palmira Feixas.

Fuentes:

En el Arxiu Nacional de Catalunya se conserva el epistolario de Cèsar August Jordana, que incluye abundante correspondencia entre la que se cuenta la mantenida con las editoriales Ercilla, Sudamericana y Aymà.

Miquel Adam, “El món de Joan Ferrer vist per un ignorant”, Núvol, 7 de febrer de 2013.

Montserrat Bacardí, La traducció catalana sota el franquisme, Lleida, Punctum-Trilcat-Gettcc (Quaderns 5), 2012.

Josep M. Benet i Jornet, “C.A. Jordana, més enllà de la pulcritud”, Els Marges, núm 1 (1974), pp. 110-114.

Helena Bonals, “Ressenya d´El món de Joan Ferrer, Anticànons, 1 de agosto de 1007.

Lluis Busquets i Grabulosa, “Epistolaris d Xavier Benguerel. Un pou d informacions”, en Manuel Aznar Soler, ed., El exilio literario español de 1939.  Actas del Primer Congreso Internacional (Bellaterra, 27 de noviembre-1 de diciembre de 1995), Barcelona, Gexel, 1998.

Lluis Busquets i Grabulosa, «Cèsar August Jordana, un epistològraf a l’exili», Revista de Catalunya, n. 178 (octubre de 1993), pp. 103-112.

Maria Campillo, “Situació i sentit d´ Una mena d´amor”, Els Marges, n. 11 (1977), pp. 101-109.

Maria Campillo, “Cèsar-August Jordana, El món de Joan Ferrer,  Quaderns. Revista de Traducció, n. 16, (2009), pp. 29-42.

Júlia Costa, “Cèsar August Jordana, oblits i recuperacions“, La panxa del bou, 5 de abril de 2013.

Cèsar August Jordana, “L’art de traduir. Justificació d’un assaig“, Revista de Catalunya, n. 88 (15 de julio de 1938), reproducido en Montserrat Bacardí, Joan Fontcuberta y Francesc Parcerisas, eds., Cent anys de traducció al català (1891-1990). Antologia, Vic, Eumo, 1998, pp. 117-125.

Montserrat Majó i Ubach, Cèsar-August Jordana i la traducció. Repàs biobibliogràfic, trabajo de investigación dirigido por Montserrat Bacardí y fechado en septiembre de 2004.